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Gálatas 5:5

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 5 Porque nosotros por el Espíritu, por la fe, pacientemente aguardamos la esperanza de la justicia [rectitud].1 [La fe viene al recibir el fruto del Espíritu. Gal 5:22-23 más adelante. Sólo cuando usted haya producido fruto, caminando en amor, cumpliendo la ley, entonces usted es imputado como justo; y entonces ninguna ley se aplica a usted. Gal 5:23 más adelante. Después, cuando usted ha nacido otra vez para llegar a ser una nueva criatura que está en unión con Cristo y el Padre, entonces usted posee la justicia de Dios; ese es el fin de la imputación y la creencia. Vea la definición de justicia en la nota 3 de 1 Juan 3.]

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1 nosotros por el Espíritu aguardamos pacientemente por la fe la esperanza de la justicia.

nosotros por el Espíritu aguardamos pacientemente por la fe

¿Cómo esperamos? Leyendo libros, mirando televisión, jugando juegos, leyendo la Biblia, etc. ¡No! Esta espera es como buscamos la salvación y justicia de Dios, la cual Jesús nos dijo que debería ser la prioridad más importante en la vida. Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia. Mat 6:33. Esta es la espera que los profetas del Antiguo Testamento y los creyentes del Nuevo Testamento observaron. Esperar en Dios es sentarse persistentemente en silencio humilde, escuchar su voz y sus palabras, velar esperando sus revelaciones, oír sus mandatos, y después obedecerle. Esta es la clave para el crecimiento espiritual: esperar a Dios, escuchar, y velar; esto es parte de la cruz. Así es como nos sentamos a los pies del Espíritu de Jesús y escuchamos sus palabras, las cuales Jesús nos dijo que eran la "buena parte" y "lo único necesario:"

Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual se sentó a los pies del Señor y escuchaba su palabra.
Pero una sola cosa es necesaria. Pues María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. Lucas 10:39,42

Oímos su palabras desde el interior de nuestros corazones. Rom 10:8,17. Las palabras que él nos habla son espíritu y vida. Juan 6:63

La única cosa necesaria es sentarse a los pies de Jesús y escuchar sus palabras, las palabras que él nos habla desde el interior de nuestros corazones que son espíritu y son vida. Nosotros también debemos sentarnos silenciosamente y esperar al Señor, para oír, escuchar, y obedecer.

Note también: lo que ella oye no le será quitado. Aquellas enseñanzas sobrevivirán el pasar por el fuego que todos deben soportar.

Todos tus santos están en tus manos. Ellos se sientan a tus pies y cada uno recibe tus palabras. Deut 33:3

Esperar a Dios, escuchar, velar, y obedecer es la cruz, la cual es el camino a la pureza y la salvación, la liberación de todo pecado.

aguardamos la esperanza de la justicia.

Aquí Pablo está hablando de una esperanza de justicia a la cual debemos esperar pacientemente por medio del Espíritu en fe. Vea  la definición de justicia en la nota 2 de 1 Juan 3.

Hay una justicia imputada que viene con la medida de la fe recibida con el fruto del Espíritu, el cual es dado a aquellos que han crucificado su espíritu egoísta e impío en la cruz interna de la negación propia, pero no antes. Creer en Jesús no es la fe que imputa la justicia; vea la nota 2 de Romanos 3 para detalles acerca la justicia imputada.

Juan nos advierte: Hijitos, nadie os engañe. El que practica justicia es justo, como él es justo. 1 Juan 3:7. Jesús sólo habló, juzgó, e hizo lo que Dios le inspiró y ordenó; para practicar justicia también debemos ser capaces de sólo hablar lo que le oímos a Él ordenarnos a que digamos y sólo hacer lo que Dios nos ordene hacer. Esta habilidad sólo viene después de que hemos crucificado nuestro espíritu egoísta y el pecado ha sido destruido por el Espíritu por medio de llevar la cruz interna de la negación propia; entonces estamos caminando por el mismo camino que Él caminó y estamos en el mundo como Él estuvo con perfección, pureza, y santidad. Debemos ser restaurados a la imagen de Dios que Adán perdió en el jardín del Edén; para ponernos la naturaleza recién creada [de Cristo], quien es creado a la imagen de justicia y santidad verdaderas de Dios. Cuando somos justos, todo lo que decimos y hacemos es justo, moralmente correcto, perfecto, verdadero, santo, virtuoso, bueno, y puro. Cuando somos justos, todo lo que decimos y todo lo que hacemos es correcto — justicia.

Pablo está hablando del fin de la justicia imputada, con la posesión de Cristo y su justicia, lo cual viene de haber nacido otra vez en unión con Cristo, así Él es entonces nuestro Rey que nos controla, quien gobierna nuestros pensamientos, palabras, y acciones. Esta es la justicia en la nueva criatura, la resurrección de usted junto con Cristo en el creyente crucificado. Y Pablo ha definido la fe como la obediencia a la guía del Espíritu, y esta fe viene con el fruto del Espíritu, (versículo 22), y este fruto viene a aquellos que han crucificado sus naturalezas pecaminosas. Vea también las notas de Gal 3:24-25. De la Palabra del Señor en el interior:

La justicia es imputada cuando usted recibe la fe con el fruto del Espíritu, en contra de lo cual no hay ley, para entonces caminar en amor, obedeciendo los mandatos continuos de Cristo; esto ocurre en el momento de la muerte de su espíritu egoísta en la cruz interna de la negación propia. Cuando usted posee la plenitud de Cristo, que termina en la imputación, y usted es justo como Él es justo. Hasta entonces nosotros, por medio del Espíritu, aguardamos la esperanza de la justicia por la fe, Gal. 5:5. Esperamos al oír al Señor hablarnos desde el interior de nuestro corazón y creyendo lo que él dice. Nosotros ejercitamos nuestra fe para cargar la cruz interna de la negación propia, la cual es obedecer los mandamientos que oímos a Dios que nos habla a medida que esperamos, velamos, y escuchamos en silencio sus instrucciones, enseñanzas, mandatos, palabras de aliento, convicciones, y la destrucción del pecado en nuestros corazones.

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