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Isaías 64

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 1 ¡Oh, si desgarraras los cielos y descendieras! Ante tu presencia temblarían los montes,

 2 como cuando el matorral es abrasado por el fuego o como cuando el fuego hace hervir el agua; para dar a conocer tu nombre a tus adversarios, de modo que las naciones se estremezcan ante tu presencia.

 3 Descendiste, haciendo cosas temibles que no esperábamos; ante tu presencia temblaron los montes.

 4 Desde la fundación del mundo no se ha escuchado, ni el oído ha percibido, ni el ojo ha visto a ningún Dios fuera de ti, que actúe a favor del que en él espera.1 [Pablo cita este versículo en 1 Corintios: "Cosas que ojo no vio ni oído oyó, que ni han surgido en el corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman." La diferencia clave es: Isaías dice espera, 1 Cor 2:9 dice aman. Por lo tanto amar a Dios es esperarle: nosotros le esperamos para oír sus palabras que nos enseñan, nos convencen, nos animan, y nos guían — eso es amar a Dios.]

 5 Sales al encuentro del que con alegría hace justicia, de los que te recuerdan en sus caminos. He aquí, tú te airaste cuando pecamos. En esta situación hemos permanecido desde hace mucho tiempo, ¿y seremos salvos?

 6 Todos nosotros somos como cosa impura, y todas nuestras obras justas son como trapo de inmundicia. Todos nosotros nos hemos marchitado como hojas, y nuestras iniquidades nos han llevado como el viento.

 7 No hay quien invoque tu nombre ni se despierte para asirse de ti. Ciertamente escondiste tu rostro de nosotros y nos has entregado al poder de nuestras iniquidades.

 8 Pero ahora, oh Jehovah, tú eres nuestro Padre. Nosotros somos el barro, y tú eres nuestro alfarero; todos nosotros somos la obra de tus manos.

 9 No te enojes sobremanera, oh Jehovah, ni guardes para siempre memoria de la iniquidad. Por favor, mira; todos nosotros somos tu pueblo.

 10 Tus santas ciudades se han vuelto un desierto. Sion ha llegado a ser un desierto, Jerusalén una desolación.

 11 La casa de nuestro santuario y de nuestra gloria, en la cual te alabaron nuestros padres, ha sido consumida por el fuego. Todas nuestras cosas más estimadas han sido destruidas.

 12 Con todo lo ocurrido, ¿vas a contenerte, oh Jehovah? ¿Vas a callar y a afligirnos sin medida?


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1 No se ha escuchado, ni el oído ha percibido, ni el ojo ha visto a ningún Dios fuera de ti, que actúe a favor del que en él espera. Esperar en Dios es un acto de amor a Dios. Note el parecido con la declaración de Pablo: Cosas que ojo no vio ni oído oyó, que ni han surgido en el corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. 1 Cor 2:9. (Esperar es escuchar en silencio y en humildad). Isaías dice, del que en él espera; 1 Corintios dice, los que le aman. Amar a Dios es esperarle: nosotros le esperamos para oír sus palabras que nos enseñan, nos convencen, nos animan, y nos guían — eso es amar a Dios. Como dijo Jesús:

"El que tiene mis mandatos y los obedece, él es quien me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.
(tenemos que esperar a Dios para oír sus mandamientos)

El que me ama, mi palabra guardará [me obedecerá, practicará mis enseñanzas]. Y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos nuestra morada con él. Juan 14:21,23.

Por lo tanto, bienaventurado el hombre que me escucha velando ante mis entradas cada día, guardando los postes de mis puertas. Porque el que me halla, halla la vida y obtiene el favor de Jehovah. Prov 8:34.

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