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Job 25

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 1 Entonces intervino Bildad el sujita y dijo:

 2 --El dominio y el terror son de Dios; él hace la paz en sus alturas.

 3 ¿Tienen número sus tropas? ¿Sobre quién no se levanta su luz?1 [La luz de los justos brilla con alegría, pero la lámpara de los impíos se apagará. Pro 13:9]

 4 ¿Cómo puede el hombre ser justo ante Dios? ¿Cómo será limpio el que nace de mujer?2

 5 Si ni la misma luna le resplandece ni aun las estrellas son puras ante sus ojos,

 6 ¡cuánto menos el hombre, que es una larva; el ser humano, que es un gusano!3


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1 Bildad dice que todos tenemos la luz de Dios. La luz que todos tenemos es semejante al grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su campo — si es regada y alimentada. El Espíritu de Dios dentro de nosotros está encadenado por el espíritu de Satanás sembrado en cada hombre; que es el espíritu de egoísmo, avaricia, codicia, inmoralidad, impureza, ira, odio, etc. Haber visto la luz una vez no es haber nacido del espíritu, nacido de Dios — es sólo el llamado de Dios para que le busquen. Debemos buscarle con todo nuestro corazón, como la prioridad más improtante de nuestras vidas; y entonces, si obedecemos las palabras que oímos dentro de nuestro corazón, la luz se levantará para revelar el rostro de Cristo Jesús, la gloria de Diosel lucero de la mañana se levanta en nuestros corazones. Entonces la luz es nuestra guía y nuestra regla, pero no antes de esto.

2 Ningún hombre se puede limpiar a sí mismo. Pero Dios puede y lo hace, con aquellos que le buscan, escuchan, oyen, y obedecen:

Lavaos, limpiaos, quitad la maldad de vuestras acciones ... y después venid a mí, Isa 1:16-18.

¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti. Sal 119:9,11. (Guardar tu palabra, es escuchar, poner atención y obedecer las palabras que oímos.)

Esposos, amad a vuestras esposas, así como también Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, a fin de santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua con la palabra, Efe 5:25-26. (De modo que al escuchar sus palabras, y obedecerlas, usted es limpiado y santificado).

Santifícalos — purifícalos, conságralos, sepáralos para tí, hazlos santos — en la verdad. Tu palabra es verdad. Juan 17:17. (La palabra de Dios que oímos, la cual es la verdad, que santifica.)

Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Juan 15:3. (La palabra definitivamente no se refiere a la Biblia)

Jesús dijo: Si no te lavo, no tienes parte conmigo. Juan 13:8.

Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado. 1 Juan 1:7.

Por ellos yo me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad. Juan 17:19.

Él ha perfeccionado para siempre a los santificados. Heb 10:14
.

3 Bildad está completamente equivocado en esta declaración que el hombre no puede ser purificado; el hombre puede ser purificado por Dios.

Muchos serán limpiados, emblanquecidos y purificados; pero los impíos obrarán impíamente, y ninguno de ellos entenderá. Pero los sabios, sí entenderán. Dan 2:10.
Sus almas han sido purificadas en obediencia a la verdad, por medio del espíritu. 1 Ped 1:22. Su corazón es purificado por la fe. Hechos 15:9.
Así que, amados, ya que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda impureza de cuerpo y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. 2 Cor 7:1
.
Cuando él sea manifestado, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, como él también es puro. 1 Juan 3:2-3.
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Mat 5:8.
Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Limpiad vuestras manos, pecadores; y purificad vuestros corazones, vosotros de doble ánimo. Santiago 4:8.
quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí mismo un pueblo propio, ferviente para buenas obras. Tito 2:14.

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