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Juan 5:19

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 19 Por esto, respondió Jesús y les decía: --De cierto, de cierto os digo que el Hijo no puede hacer nada de sí mismo [por su propia voluntad], sino sólo hace lo que ve hacer al Padre. Porque todo lo que él hace [el Padre], esto también lo hace el Hijo de igual manera.2 [Jesús no hizo nada por su propia voluntad, sólo por la voluntad del Padre; esto es lo que significa cuando usted dice hágase tu voluntad, en el cielo como también en la tierra al orar. Tenemos que aprender y ser cambiados para poder hacer sólo la voluntad del Padre en la tierra, así como la voluntad del Padre es hecha en el cielo por los ángeles.]

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2 De cierto, de cierto os digo que el Hijo no puede hacer nada de sí mismo [por su propia voluntad], sino lo que ve hacer al Padre. Porque todo lo que él hace [el Padre], esto también lo hace el Hijo de igual manera. Aún Jesús no juzgó, ni habló o actuó sin mandatos específica del Espíritu.
Yo no puedo hacer nada de mí mismo. Juzgo sólo según lo que oigo, Juan 5:30
lo que yo hablo, lo hablo tal y como el Padre me ha dicho que hable. Juan 12:49-50
El Hijo no puede hacer nada de sí mismo [por su propia voluntad],
sino sólo hace lo que ve hacer al Padre. Juan 5:19
El que habla de sí mismo busca su propia gloria;
pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero,
y en él no hay injusticia. Juan 7:18

Cualquier hombre que hable de Dios o de Cristo sin mandatos específica del Espíritu está buscando su propia gloria,
y está estimando que es mayor que Cristo,
porque Cristo dijo: El discípulo no es superior a su maestro, mas todo el que fuere perfeccionado [purificado, restaurado a la imagen espiritual de Dios, específicamente autorizado, y perfeccionado] será como su maestro. Lucas 6:40
Los predicadores de la cristiandad son condenados por buscar su propia gloria y después aceptar pago por sus palabras indignas; cuando aún cobrar por palabras verdaderas de vida como Balaam, habladas con el espíritu de Dios, es expresamente prohibido por Pedro, Pablo, y Jesús. Buscando su propia gloria, los predicadores del cristianismo hablan de su mente carnal, la naturaleza de la muerte, y con su imaginación vana proveniente del mal de sus corazones.

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