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Juan 6:63

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 63 El Espíritu es el que da vida; la carne no aprovecha para nada. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y dan vida.6 [Jesús es el pan de vida: la vida de Dios. De la Palabra del Señor en el interior: "Las palabras que yo les hablo imparten vida; el Espíritu da la vida con cada palabra que es oída." Para adquirir más de Jesús, (la vida), usted debe estar en silencio, esperarlo a Él, oír, escuchar las palabras que él le habla a usted, y obedecer lo que él le manda. Sus palabras que él nos habla nos imparten la vida de Dios y están implantadas en nuestros corazones; y debido a que Jesús es la vida de Dios, sus palabras habladas forman a Jesús dentro de nosotros, hasta que finalmente él es resucitado en nosotros para llegar a ser nuestro verdadero Señor, que gobierna nuestros corazones.]

Lucas 10:39,42

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 39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual se sentó a los pies del Señor y escuchaba su palabra. [Oímos su palabra desde el interior de nuestros corazones. Rom 10:8,17.]

 42 Pero una sola cosa es necesaria. Pues María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.4 [Jesús dijo que busquemos el reino de Dios y su justicia como la prioridad más importante de nuestra vida, Mat 6:33; y aquí Jesús nos dice cómo la única cosa que necesitamos hacer: sentarnos a sus pies y escuchar sus palabras, que él nos habla desde el interior de nuestro corazón. Para escucharle hablar, debemos sentarnos en humilde silencio and esperar — a medida que escuchamos para oír y después obedecer; cuando le obedecemos, estamos siguiendo a Jesús. De la Palabra del Señor en el interior: "En humilde silencio nosotros nos sentamos y esperamos. Siéntense conmigo, y haré de ti limpio. Siéntate conmigo, y yo revelaré todo. Sígueme tan rápido como puedas; puedes comenzar sentándote. Si aquellos que oyen después obedecen, su progreso será rápido. Dios no se encuentra al ir a los servicios o leer acerca de él. Hay sólo una cosa que es necesaria. Óiganme, hijitos míos. Vengan a mí, y yo les hablaré a sus almas." Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y [entonces] hallaréis reposo para vuestras almas. Mat 11:29]

Lucas 6:47-50

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 47 Yo os mostraré a qué es semejante todo aquel que viene a mí y oye mis palabras hablada, y las hace [las practica y las obedece].7 [Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida, Juan 6:63; note, no las palabras leídas en un libro, sino las palabras que Cristo le habla a usted, la Palabra en su corazón, para ser oída y obedecida. Jesús nos dijo que estudiar la Biblia no era ir a Él. Juan 5:39-40. Ir a Él es sentarse en humilde silencioy esperar en Él, a medida que usted escucha y vela; cuando usted le oye a Él hablar, si usted le obedece, usted está siguiendo a Jesús. "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí..." Mat 11:29. Esta es la buena parte, la única cosa necesaria: sentarse a sus pies y escuchar sus palabras que Él nos habla, Lucas 10:39-42. "Todos sus santos están en su poder. Ellos se postran a tus pies y reciben tus palabras." Deut 33:3]

 48 Es semejante a un hombre que al edificar una casa cavó profundo y puso los cimientos de manera segura sobre una roca. Y cuando vino una inundación, el torrente golpeó con ímpetu contra aquella casa, y no la pudo sacudir, porque estaba fundada sobre una roca. [El hombre que viene a Él, escucha las palabras que él habla, y entonces obedece lo que él oye, edifica el templo de Dios, (Cristo), en su corazón; y cuando Cristo está complemetamente formado a través de la persistencia hasta el fin, el día del Señor viene mientras él todavía está vivo en la tierra, (lo cual es una ocasión gozosa para la obediencia), y sus obras de obediencia sobreviven el fuego por el cual todos los hombres deben pasar, y estas obras entonces son para siempre acreditadas a él, y son para su reputación y recompensa.]

 49 Pero el que oye y no hace es semejante a un hombre que edificó su casa sobre tierra, sin cimientos. El torrente golpeó con ímpetu contra ella; en seguida cayó, y fue grande la ruina de aquella casa." [Pero aquellos que oyen sus palabras y no obedecen, para ellos el día del Señor en el momento de su muerte (la cual viene a todos los hombres), es una experiencia horrible y aterradora; todas las obras de su vida son quemadas en el fuego por el que todos los hombres deben pasar. Las palabras que ellos oyeron, que les rogaba que se apartaran del mal, pero que ellos no obedecieron, los juzgarán en los últimos días, Juan 12:48. Debido a su desobediencia, su vida terrenal fue gastada sin beneficio para ellos, y sus muchos actos vergonzosos son su remordimiento eterno. De la Palabra del Señor en el interior: "Todos serán conocidos por lo que ellos han hecho y dicho."]

Isaías 55:3

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 3 Inclinad vuestros oídos y venid a mí; escuchad y vivirá vuestra alma .2 Yo haré con vosotros un pacto eterno, las fieles misericordias demostradas a David. [Para venir a Él, nosotros vamos directamente a Él, al sentarnos en humilde silencio a medida que esperamos en Él, escuchando los mandatos y enseñanzas dadas por su voz. De la Palabra del Señor en el interior: "Vamos a él, y él hace llover ayuda sobre nosotros; este ejercicio de Dios purifica bien a aquellos que lo hacen. Ven a mí con la esperanza de hablar y actuar con rectitud."]

Apocalipsis 3:20

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 20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo.6 [La puerta es el corazón de todo hombre; el tocar la puerta es ruego suave y anónimo de él para que usted se aparte del mal. El abrir la puerta es creer que sus ruegos son verdaderos y arrepentirse del mal que él expone, y cambiar su conducta de manera apropiada. El cenar con él es recibir más de su sabiduría que él derrama sobre usted en respuesta a su obediencia cuando usted hace caso a sus reproches.]

Romanos 10:8

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 8 Más bien, ¿qué dice? "La palabra está cerca de tí, en tu boca y en tu corazón [para que la puedas oír y obedecer];" esta es la palabra de fe que predicamos:1 [Esto hace referencia a Deut 30:14, que dice: Ciertamente muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la obedezcas. Los apóstoles predicaron que Cristo habla palabras desde el interior de su corazón, para ser oídas, creídas, y después obedecidas en fe; por eso es llamada la palabra de fe. Los apóstoles predicaron las palabras que ellos oyeron habladas en sus corazones, y predicaron que la fe viene por el oír la palabra en su corazón, Rom 10:17. Aquel que va a Él comes para escuchar la palabras que Él habla (desde el interior de su corazón), y después las obedece, edifica su fe sobre la roca sólida. Lucas 6:47. Usted viene a Él al sentarse en humilde silencio, esperando en Él, a medida que usted oye las palabras que Él habla y vela esperando sus revelaciones.]

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