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Juan 6

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 1 Después de esto fue Jesús a la otra orilla del mar de Galilea, o sea de Tiberias,

 2 y le seguía una gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos.

 3 Jesús subió a un monte y se sentó allí con sus discípulos.

 4 Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.

 5 Cuando Jesús alzó los ojos y vio que se le acercaba una gran multitud, dijo a Felipe: --¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?

 6 Pero decía esto para probarle, porque Jesús sabía lo que iba a hacer.

 7 Felipe le respondió: --Doscientos denarios de pan no bastan, para que cada uno de ellos reciba un poco.

 8 Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:

 9 --Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescaditos. Pero, ¿qué es esto para tantos?

 10 Entonces Jesús dijo: --Haced recostar a la gente. Había mucha hierba en aquel lugar. Se recostaron, pues, como cinco mil hombres.

 11 Entonces Jesús tomó los panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los que estaban recostados. De igual manera repartió de los pescados, cuanto querían.

 12 Cuando fueron saciados, dijo a sus discípulos: --Recoged los pedazos que han quedado, para que no se pierda nada.

 13 Recogieron, pues, y llenaron doce canastas de pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.

 14 Entonces, cuando los hombres vieron la señal que Jesús había hecho, decían: --¡Verdaderamente, éste es el profeta que ha de venir al mundo!

 15 Como Jesús entendió que iban a venir para tomarle por la fuerza y hacerle rey, se retiró de nuevo al monte, él solo.

 16 Cuando anochecía, sus discípulos descendieron al mar,

 17 y entrando en una barca iban cruzando el mar hacia Capernaúm. Ya había oscurecido, y Jesús todavía no había venido a ellos.

 18 Y se agitaba el mar porque soplaba un gran viento.

 19 Entonces, cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús caminando sobre el mar y acercándose a la barca, y tuvieron miedo.

 20 Pero él les dijo: --¡Yo soy; no temáis!

 21 Entonces ellos quisieron recibirle en la barca, y de inmediato la barca llegó a la tierra a donde iban.

 22 Al día siguiente, la multitud que había estado al otro lado del mar se dio cuenta de que no había habido allí sino una sola barca, y que Jesús no había entrado en la barca con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos.

 23 (Sin embargo, de Tiberias habían llegado otras barcas cerca del lugar donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias.)

 24 Entonces, cuando la multitud vio que Jesús no estaba allí ni tampoco sus discípulos, ellos entraron en las barcas y fueron a Capernaúm buscando a Jesús.

 25 Cuando le hallaron al otro lado del mar, le preguntaron: --Rabí, ¿cuándo llegaste acá?

 26 Jesús les respondió diciendo: --De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis de los panes y os saciasteis.

 27 Trabajad, no por la comida que perece, sino [más bien trabajad] por la comida que permanece para vida eterna,1 que el Hijo del Hombre os dará; porque Dios el Padre lo ha autorizado y certificado con su sello.

 28 Entonces le dijeron: --¿Qué haremos para realizar las obras de Dios?

 29 Respondió Jesús y les dijo: --Ésta es la obra de Dios: que creáis [dependan, confíen, obedezcan] en aquel que él ha enviado.

 30 Entonces le dijeron: --¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra [milagrosa] haces?

 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.

 32 Por tanto Jesús les dijo: --De cierto, de cierto os digo que no os ha dado Moisés el pan del cielo, sino mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

 33 Porque el pan de Dios es aquel que desciende del cielo y da vida al mundo.

 34 Le dijeron: --Señor, danos siempre este pan.

 35 Jesús les dijo: --Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás. [Jesús es el pan de vida: la vida de Dios, el Espíritu Santo, la unción. Su palabra que usted le oye hablar a usted, imparte la vida de Dios: Para adquirir más del Espíritu Santo, más verdad, más vida, más de Jesús, usted debe estar en silencio, esperarlo a Él, oír, escuchar, y obedecer. El Espíritu es el que da vida; la carne no aprovecha para nada. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y dan vida. Juan 6:63. Venid — no a los servicios de las sectas, no a las reuniones de oración, no a los llamados al altar, no a un estudio bíblico; Jesús inclujso nos dijo que estudiar la Biblia no era nir a Él. Juan 5:39-40. Debemos venir a Él directamente, al sentarnos en humilde silencio a medida que lo esperamos, escuchando para oír sus mandados y enseñanzas. Creer en Jesús es creer lo que usted le oye decirle a usted y después obecederlo.]

 36 Pero os he dicho que me habéis visto, y no creéis.

 37 Todo lo que el Padre me da vendrá a mí; y al que a mí viene, jamás lo echaré fuera. [Venid — no a los servicios de las sectas, no a las reuniones de oración, no a leer la Biblia, no a los llamados al altar — sino venid directamente a él, al esperarlo en silencio, escuchando sus mandatos y enseñanzas.]

 38 Porque yo he descendido del cielo, no para hacer la voluntad mía, sino la voluntad del que me envió.

 39 Y ésta es la voluntad del que me envió: que yo no pierda nada de todo lo que me ha dado, sino que lo resucite en el día final.

 40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: que todo aquel que ve al Hijo y cree [depende, confía, obedece] en él tenga vida eterna,2 y que yo lo resucite en el día final. [Creer en él es creer lo que él habla y le muestra desde el interior de su corazón, y su creencia debe ser puesta en evidencia por la obediencia a sus mandatos. La persistente espera, el oír, escuchar, creer, y obedecer, resulta en que él lo purifica del pecado por medio de la gracia para que usted pueda ver a Dios en el rostro de Cristo Jesús — lo cual ocurre simultáneamente con ver a Jesús trayéndole su salvación.]

 41 Entonces los judíos murmuraban de él porque había dicho: "Yo soy el pan que descendió del cielo."

 42 Y decían: --¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo es que ahora dice: "He descendido del cielo"?

 43 Jesús respondió y les dijo: --No murmuréis más entre vosotros.

 44 Nadie puede venir a mí, a menos que el Padre que me envió lo traiga y le de el hambre para venir a mí;3 y yo lo resucitaré en el día final. [De la Palabra del Señor en el interior: "Aquellos que tienen hambren son el pueblo escogido de Dios."  Todos son llamados anónimamente por Dios para alejarse del mal; aquellos que hacen caso de su ruego son escogidos para ser atraídos por Él con un hambre por más. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados, Mat 5:6; ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! Porque tendréis hambre. Lucas 6:25. El Padre nos atrae con amor. De la Palabra del Señor en el interior: "La gente no puede venir en el temor; ellos deben venir en el amor." Con una revelación espiritual el Padre nos atrae a sí mismo, lo cual crea un hambre de más en nosotros; sólo ese don de tener hambre puede motivar al hombre para dar su vida en obediencia. Las predicaciones acerca del fuego del infierno y de la condenación, que tratan de asustar a la gente para que se unan a las sectas, es una abominación.]

 45 Está escrito en los Profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oye y aprende del Padre viene a mí. [Aquel que ha oído al Padre desde el interior de su corazón viene a Jesús. Viene — no a los servicios de las sectas, no a las reuniones de oración, no a leer la Biblia, no a los llamados al altar — sino venid directamente a él, al esperarlo en silencio, escuchando sus mandatos y enseñanzas.]

 46 No es que alguien haya visto al Padre, sino que aquel que proviene de Dios, éste ha visto al Padre.

 47 De cierto, de cierto os digo: El que cree [depende, confía, obedece] tiene vida eterna.

 48 Yo soy el pan de vida.

 49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron.

 50 Éste es el pan que desciende del cielo, para que el que coma de él no muera.

 51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre. El pan que yo daré por la vida del mundo es mi carne.

 52 Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: --¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

 53 Y Jesús les dijo: --De cierto, de cierto os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

 54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final.

 55 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

 56 El que come mi carne y bebe mi sangre permanece [continuamente] en mí,4 y yo en él.

 57 Así como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, de la misma manera el que me come también vivirá por mí.

 58 Éste es el pan que descendió del cielo. No como los padres que comieron y murieron, el que come de este pan vivirá para siempre.5

 59 Estas cosas dijo en la sinagoga, cuando enseñaba en Capernaúm.

 60 Entonces, al oírlo, muchos de sus discípulos dijeron: --Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?

 61 Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: --¿Esto os escandaliza?

 62 ¿Y si vierais al Hijo del Hombre subir a donde estaba primero?

 63 El Espíritu es el que da vida; la carne no aprovecha para nada. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y dan vida.6 [Jesús es el pan de vida: la vida de Dios. De la Palabra del Señor en el interior: "Las palabras que yo les hablo imparten vida; el Espíritu da la vida con cada palabra que es oída." Para adquirir más de Jesús, (la vida), usted debe estar en silencio, esperarlo a Él, oír, escuchar las palabras que él le habla a usted, y obedecer lo que él le manda. Sus palabras que él nos habla nos imparten la vida de Dios y están implantadas en nuestros corazones; y debido a que Jesús es la vida de Dios, sus palabras habladas forman a Jesús dentro de nosotros, hasta que finalmente él es resucitado en nosotros para llegar a ser nuestro verdadero Señor, que gobierna nuestros corazones.]

 64 Pero hay entre vosotros algunos que no creen. Pues desde el principio Jesús sabía quiénes eran los que no creían y quién le había de entregar,

 65 y decía: --Por esta razón os he dicho que nadie puede venir a mí, a menos que le haya sido concedido por el Padre.

 66 Desde entonces, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.

 67 Entonces Jesús dijo a los doce: --¿Queréis acaso iros vosotros también?

 68 Le respondió Simón Pedro: --Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. [Sus palabras habladas que usted oye y guarda, (practica, obedece, sostiene como verdaderas), son espíritu e imparten la vida de Dios en usted. Juan 6:63, Santiago 1:21.]

 69 Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios.

 70 Jesús les respondió: --¿No os escogí yo a vosotros doce, y uno de vosotros es diablo?

 71 Hablaba de Judas hijo de Simón Iscariote; porque éste, siendo uno de los doce, estaba por entregarlo.


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1 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna. No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Mat 4:4. Jesús habló acerca del mismo tema en Mateo: Por tanto, no os afanéis diciendo: '¿Qué comeremos?' o '¿Qué beberemos?' o '¿Con qué nos cubriremos?' Porque los gentiles buscan todas estas cosas, pero vuestro Padre que está en los cielos sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia [rectitud], y todas estas cosas os serán añadidas. Mat 6:31-33. El Espíritu es el que da vida; la carne no aprovecha para nada. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y dan vida. Juan 6:63

Jesús nos dice como: no al leer la Biblia, no es ir a un edificio y escuchar a alguien hablar, no es pedirle a Dios lo que usted quiere. Usted debe ir a él. Usted debe esperar en élescuchar en silencio, con la humildad de un pecador con la necesidad de su poder que produce cambio — la gracia. Espere, vele, oiga, escuche, obedezca...espere, vele, oiga, escuche, obedezca....busque, escuche, obedezca. Usted debe permanecer hasta el fin cuando Cristo traiga la salvación. Busque al SEÑOR su Dios, y usted lo encontrará si lo busca con todo su corazón y con toda su alma. Deut 4:29

En Lucas, Jesús enfatizó el oír y el obedecer: Yo os mostraré a qué es semejante todo aquel que viene a mí y oye mis palabras, y las hace [las practica y las obedece].
Es semejante a un hombre que al edificar una casa cavó profundo y puso los cimientos sobre la roca. Y cuando vino una inundación, el torrente golpeó con ímpetu contra aquella casa, y no la pudo mover, porque había sido bien construida.
Pero el que oye y no hace es semejante a un hombre que edificó su casa sobre tierra, sin cimientos. El torrente golpeó con ímpetu contra ella; en seguida cayó, y fue grande la ruina de aquella casa. Lucas 6:46-49

2 todo aquel que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna. Para tener vida eterna, su creencia debe llevarle a ver a Jesús, el rostro de Dios. Cuando su creencia resulta en que usted persistentemente espera a Dios, en humilde silencio, para oírle, y obedecerlesus palabras que usted le oye a Él hablarle a usted imparten la vida de Dios; hasta que finalmente usted es puro y usted ve el rostro de Dios en su corazón. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios, Mat 5:8. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, como él [Jesús] también es puro. 1 Juan 3:3. Esto es después de ser purificado, después de ser liberado de todo pecado, después de ser trasladado al reino de los cielos entonces usted tiene la seguridad de la vida eterna, pero no antes de eso.

Todo hombre comienza en la oscuridad espiritual, caminando en oscuridad, sin la guía de la luz de Dios. La luz resplandece en la oscuridad, exponiendo nuestros pecados. Después del arrepentimiento obediente y después de muchas revelaciones acerca de oír su palabra dentro de nuestros corazones, Dios ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas para darnos la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo Jesús. Jorge Fox explica esto aún más en su documento titulado La luz explicada:

La luz verdadera que ilumina a todos los hombres que vienen al mundo, y esta luz resplandece en la oscuridad, y la oscuridad no lo sabe.

Ahora tomen nota, la luz está allí. ¿Qué? ¿Acaso resplandece en la oscuridad, y sin embargo la oscuridad no la puede extinguir? ¿No es éste el estado en el cual el mundo no lo conoció, y los fariseos no lo conocieron, aunque el reino del cielo estaba dentro de ellos, Lucas 17:21? Y la luz resplandeció en la oscuridad, y la oscuridad no pudo extinguirla; éste es el estado no convertido. De modo que él vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron; la luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la pueden extinguir. Porque antes ustedes eran oscuridad, dijo el apóstol, Efe 5:8, pero ahora ustedes son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz. Ahora, tomen nota, antes era tiempo de oscuridad, pero ahora ellos son la luz del Señor. Ahora, aquí estaban los convertidos y los no convertidos. Ellos no debían tener comunión con las obras infructuosas de la oscuridad. La luz resplandece en la oscuridad, aunque la oscuridad no la puede extinguir, y ustedes una vez fueron oscuridad, y la luz resplandece en la oscuridad, y la oscuridad no la puede extinguir; esto es lo que define el estado no convertido, y el estado convertido.

Dios ha mandado que la luz brille en la oscuridad, y ha brillado en nuestros corazones, para dar la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo. Ahora, tomen nota, aquí está la luz que resplandece de la oscuridad. Dios ha mandado que resplandezca de la oscuridad. ¿Qué? ¿Acaso no estaba allí antes? Ahora ha aparecido; antes estaba en la oscuridad, la luz resplandecía en la oscuridad, y Dios ha mandado que resplandezca de la oscuridad, y antes ustedes eran oscuridad, pero ahora son la luz del Señor, y esta luz que resplandece en el corazón, nos da la luz del conocimiento de la gloria de Dios; éste es el estado convertido. Ahora, cuando la luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad no puede extinguirla, ese es el estado no convertido, 2 Cor 4:4-6, Juan 1:5.

El apóstol fue enviado para convertir a la gente de las tinieblas hacia la luz, del poder de Satanás hacia Dios. Ahora, éste era el estado donde se les predicaba a ellos mientras estaban en la oscuridad, a quienes el Dios de este mundo había cegado. Ellos predicaron de tal manera que la luz del evangelio glorioso de Cristo resplandeciera en ellos. Noten, replandeciera en ellos.

Y de los escritos de otro de los primeros cuáqueros, Francis Howgill: (escrito en 1676)

La aparición de Dios, quien es vida eterna, en su día, en su Luz inmensurable, es un gran gozo, y una fuente de gozo para los justos. Porque él es para su pueblo una luz eterna, y en su luz ellos llegan a ver la luz. Él revela los misterios secretos de su reino en aquellos que ven su día aparecer en sus corazones, el cual pone de manifiesto todas las cosas, aún los secretos del Señor, y su tesoro escondido, y sus riquezas duraderas, que nunca se corrompen ni se oxidan, sino que son frescas, y mantienen su imagen y su impresión pura. Por medio de esta Luz todos los justos, que han esperado la aparición de Dios, ven a verlo. Como está escrito: “He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación.¿Viene en realidad aquel a quien ustedes han esperado? Sí, viene, “y su recompensa con Él;” y los que le ven encuentran satisfacción en Él, y en su recompensa. ¿Y cuál es su recompensa? Gozo, alegría, paz en la conciencia, seguridad del amor de Dios sellado en lo corazones por el puro Espíritu del Señor, las corrientes de la vida que fluyen continuamente de las grandes profundidades, que refrescan y nos mantienen refrescados en los extremos más grandes del calor de la tentación; y aquellos que lo han esperado y lo esperan las esperan; aún en el cuerpo ellos testifican de Él y de su venida. ¿Cuál fue el testimonio de sus discípulos? "El Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento." ¿De qué? De Dios, de su día, de su venida, de su poder, de su sabiduría, de esperanza, de fe, de seguridad, de paz, de gozo, de consolación. ¿Qué? ¿En esta vida? Sí, yo podría traer una nube de testigos de las edades pasadas, y también de esta época, bendito sea el Señor; pero mi testigo que me da seguridad está mas cerca de mí que todos los testigos de ellos, aunque todos ellos son verdaderos. Abrahán, el padre de los fieles, y de los justos, quien creyó en Dios y fue aceptado, vio el día de Cristo y estuvo feliz; esto es, por fe; sí, él y todos los que alguna vez vieron el día de Cristo, o del Padre, lo vieron por fe; por fe ellos lo vieron a aquel que es invisible: "He aquí Dios es mi salvación." Isaías 12:2. ¡Qué! ¿Usted ya lo disfruta? Sí, Él se ha convertido en mi salvación; y Simeón, quien esperó la consolación de Israel, dijo: "Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, porque han visto mis ojos tu salvación." Lucas 2:30. Y ésto dijo aquel que conocía la confortación y el consuelo: "Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación." Ellos fueron hechos partícipes de su naturaleza divina, y se sentaron juntos en los lugares celestiales en Cristo Jesús: y aquellos que están en Él, y disfrutan de Él, quien es el poder de Dios, y la sabiduría de Dios, conocen el reposo; y paz, y salvación, de la culpa y de los pecados.... Y aquellos que no han venido al día, no conocen las obras de Dios en sí mismos; y aquellos que no hacen caso de esto en sí mismos, lo cual pone de manifiesto todas las cosas que son reprochables, y que reprocha, todavía no han llegado a conocer la apariencia de la luz tenue o del día en sí mismos, lo cual los santos testifican en sí mismos, aún todos aquellos que son santificados.

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios, Mat 5:8. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, como él [Jesús] también es puro. 1 Juan 3:3. Esto es después de ser purificado, después de ser liberado de todo pecado, después de ser trasladado al reino de los cielos entonces usted tiene la seguridad de la vida eterna, pero no antes de eso. Esto está totalmente de acuerdo con lo que Jesús dijo en Juan 11:26: Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá para siempre — si usted está en unión con Él y si usted cree en Él, entonces usted nunca morirá. Note que creer en Él es creer mientras estamos en unión. Estas no son dos calificaciones independientes; usted no puede creer en él sin vivir en él y tener la seguridad de la vida eterna.

3 Nadie puede venir a mí, a menos que el Padre que me envió lo traiga y le de el hambre para venir a mí.Toda persona es llamada anónimamente por Dios a apartarse del mal en su día de visitación cuando Cristo, la luz dada a todo hombre para que pueda creer, predica el evangelio en ellos; Él toca la puerta de cada persona (el corazón). La gran mayoría de las personas ignoran su llamado anónimo para alejarse del mal porque aman su estilo de vida egoísta y no tienen amor por la verdad acerca de sus malos caminos. Así ellos niegan y odian la verdad; así ellos niegan y odian a Cristo. Los pocos que sí hacen caso de sus ruegos anónimos, amando la verdad, se alejan del mal para entonces ser escogidos por Dios al recibir más de su Espíritu a cambio; Dios les da a probar de su bondad por medio de la revelación, que crea el hambre y sed en ellos por más de Él — para así buscarle con todo su corazón y su alma.

De la Palabra del Señor en el interior: "La gente no puede venir en temor; ellos tienen que venir en amor;" el Padre tiene que haberlo atraído con una revelación que inculca un hambre de más en usted porque el amor de Dios y el hambre de más de Él es el único motivador que perdura. Aquellos quienes no han sido atraídos por Dios con una experiencia espiritual que le da un sabor y un hambre de más, deben alejarse del mal lo mejor que puedan, distribuir liberalmente a los pobres, y orar a Dios para que les de esa experiencia, prometiéndole a cambio que usted le buscará con su mejor esfuerzo.

4 Vivir en Cristo es haber muerto al yo, crucificar al carne o la naturaleza pecaminosa en la cruz interior de la negación propia. Vivir en Cristo es quitarse el viejo hombre, ponerse lo incorruptible. Vivir en Cristo es sentarse en Cristo en el cielo. Vivir en Cristo es ser uno con Cristo, y uno con el Padre, y uno con todos los otros discípulos de Cristo.

5 ¿Como se come este pan del cielo? Oyendo sus palabras, que son espíritu y vida; usted las guarda, las practica y las obedece. El Espíritu es el que da vida; la carne no aprovecha para nada. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Juan 6:63. El ritual de la "comunión" ha sido sustituído con la verdadera comunión — un diálogo entre usted y Cristo; un diálogo de palabras de él que usted retiene, usted come, de manera que su palabra permanece en usted, y entonces lo controla. Más palabra, más control.  La palabra, quien es Cristo, se está formando en su carne. 
(Se supone que debemos recordar a Cristo cada vez que comemos o bebemos, hasta su regreso, no cuando tomamos el jugo de uva y las hostias en un servicio de alguna secta.)
Y recuerde, Cristo nos dijo: Dejen de trabajar y hacer y producir la comida que perece y se descompone,
sino que esfuércense y trabajen y produzcan la comida que perdura para vida eterna.

Yo os mostraré a qué es semejante todo aquel que viene a mí y oye mis palabras, y las hace [obedece].
Es semejante a un hombre que al edificar una casa cavó profundo y puso los cimientos sobre la roca. Y cuando vino una inundación, el torrente golpeó con ímpetu contra aquella casa, y no la pudo mover, porque había sido bien construida. Lucas 6:47-48

6 El Espíritu es el que da vida; la carne no aprovecha para nada. Las palabras que yo les hablo son espíritu y dan vida. Sus palabras habladas que usted oye y guarda, (practica, obedece, sostiene como verdaderas), son espíritu e imparten la vida de Dios en usted. Las obras de la carne no aprovechan para nada; leer la Biblia es una obra de la carne. Sólo las palabras que usted oye, pronunciadas por el Espíritu Santo, darán vida. Usted puede oír y crecer espiritualmente al oír la Palabra de Vida hablada por el Espíritu Santo en su corazón, si usted espera en humilde silencio, a medida que usted escuchavelaoyecree que es verdad, y entonces obedece lo que se le dice que haga. Son las palabras que usted oye de Dios y obedece las que en realidad crean la nueva vida espiritual en usted, y esta vida es Cristo, la vida. Esas palabras oídas son implantadas para echar raíces en su corazón para cambiarlo de manera que llegue a ser más como él, formando a Cristo dentro de usted; hasta que Cristo esté formado completamente y resucitado en usted para ser su verdadero Señor, gobernando sus pensamientos, sus palabras, y sus acciones.

Jesús le dijo a los apóstoles que ellos habían sido limipiados por las palabras que él les había hablado. Juan 15:3. Y Pablo nos dice que la iglesia de creyentes es santificada y limipiada con el lavamiento del agua de la palabra para llegar a ser gloriosa, sin mancha ni arruga, Efe 5:25-27; y tanto aquel que santifica como aquellos que son santificados son todos uno, Heb 2:11; y aquellos que son santificados son limipiados y perfeccionados para siempre. Heb 10:14. Por lo tanto las palabras que nosotros le oímos persistentemente que Él nos habla a nosotros resultan en ser limpiadosantificado, en unión, y perfeccionado para siempre.

Pero usted debe oírle, no leer acerca de él; no escuchar a alguien más leer acerca de él. Usted debe oírle y obedecerle para que pueda tener progreso espiritual.  La letra mata, pero el Espíritu vivifica. Usted puede leer la Biblia entera; usted puede memorizar la biblia entera, y no le dará vida o crecimiento espiritual. La letra o la ley condena, motivándole a cambiar, motivándole a buscar su ayuda para ser diferente. Pero la Biblia no puede impartir vida, lo cual el espíritu sí hace. La Biblia es buena para entender lo que es el pecado, y buena para mantener la esperanza; pero no es un sustituto para ir a él y ser enseñado y cambiado.  Vosotros escudriñáis las Escrituras, porque os parece que en ellas tenéis vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí. Pero vosotros no queréis venir a mí para que tengáis vida. Juan 5:38-40

De la Palabra del Señor en el interior:

Diez palabras de Él son mejores que leer diez de las cartas del Nuevo Testamento porque sus palabras que usted le oye hablarle a usted le imparten la vida de Dios a su corazón, Juan 6:63; pero leer diez cartas es sólo una obra de la carne, que no aprovecha para nada; de hecho la mayoría de la gente lee las cartas del Nuevo Testamento y piensan que son escritas para ellos, cuando en realidad la mayoría fueron escritas para los creyentes muy avanzados quienes habían alcanzado la primera etapa de la perfección. Leer la Biblia es valioso para entender qué es el pecado y para mantener su esperanza en el verdadero evangelio; sin embargo, para ser valioso, su esperanza debe estar en el verdadero evangelio y en el beneficio de llevar la cruz para hacer cumplir esas promesas.

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