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Malaquías 4

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 1 "Porque he aquí viene el día ardiente como un horno, y todos los arrogantes y todos los que hacen maldad serán como paja. Aquel día que vendrá los quemará y no les dejará ni raíz ni rama, ha dicho Jehovah de los Ejércitos.

 2 Pero para vosotros, los que teméis mi nombre, nacerá el sol de justicia, y en sus alas traerá sanidad. Vosotros saldréis y saltaréis como terneros de engorde.

 3 Pisotearéis a los impíos, los cuales, el día que yo preparo, serán como ceniza bajo las plantas de vuestros pies", ha dicho Jehovah de los Ejércitos.

 4 Acordaos de la ley de mi siervo Moisés, a quien encargué en Horeb leyes y decretos para todo Israel.

 5 He aquí yo envío al profeta Elías antes de que venga el día de Jehovah, grande y temible.

 6 Y él hará volver los corazones de los padres junto con los hijos [a mí], y los corazones de los hijos junto con sus padres [a mí], de otra manera yo vendré y heriré la tierra con destrucción."1


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1 He aquí yo envío al profeta Elías antes de que venga el día de Jehovah, grande y temible. Y él hará volver los corazones de los padres junto con los hijos [a mí], y los corazones de los hijos junto con sus padres [a mí], de otra manera yo vendré y heriré la tierra con su destrucción.

Debido a que el Día del Señor no es comprendido por los traductores como una experiencia personal, su traducción está completamente equivocada, la cual típicamente es: Él hará volver el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres; no sea que venga yo y golpee la tierra con destrucción. Pero La Segunda Venida y El Día del Señor son la misma experiencia personal, que ocurre para todos los hombres en cada generación. Para aquellos que son crucificados para morir espiritualmente en la cruz interna de la negación propia, la segunda venida ocurre a medida que el Señor aparece para quemar por medio del bautismo por fuego el pecado que permanece en ellos. Su cuerpo muere en este bautismo de la muerte, pero el creyente es levantado (resucitado) con Cristo y trasladados al reino de Dios. Aunque resucitados con Cristo para vivir en los cielos, ellos todavía caminan en la tierra, juntos en unión con el Señor, como nueva criatura. Para aquellos que mueren físicamente sin haber sido purificados en la cruz interna y quienes todavía son esclavos del pecado, la venida del Señor cuando mueren físicamente es un terror porque de repente ellos verán cuán irremediablemente impíos son.

Como Jesús dijo en Mateo 17:10-13, Elías vino otra vez como Juan el Bautista a preparar al pueblo de Israel para la venida del Señor, pero Juan no fue reconocido.

Antes de que todo hombre en toda generación experimente el Día del Señor (y la venida del Señor), todo hombre primero tiene su visitación del Espíritu de Dios (así como Juan el Bautista era idéntico al espíritu de Elías, también el Espíritu Santo es idéntico al espíritu de Elías); "Cuando él venga, probará al mundo que están equivocados [reprobará a todos los hombres] con respecto al pecado, y la justicia y el juicio." Juan 16:8-11. El Espíritu Santo convence al pueblo de sus pecados, les muestra la justicia de Cristo que cada uno debe alcanzar, y los juzga.

A aquellos que no se alejan del pecado y no se van más bien a la justicia de Dios, Dios hiere la tierra en cada hombre con destrucción. Hay una pequeña semilla del Reino en cada hombre, un reino que puede crecer para ser un nuevo cielo y una nueva tierra en cada hombre, siempre y cuando ese hombre alimente y riegue esa semilla para que crezca hasta madurar. Si el hombre no busca el reino como la prioridad más importante de su vida y soporta hasta el fin de su vida egoísta, para nacer otra vez y heredar ese reino, entonces esa semilla, esa tierra en él, es destruida. Jorge Fox también tiene un documento detallado que describe el espejo de la tierra en el corazón de cada hombre (vea Una Palabra del Señor, a todo el mundo).

Para aquellos que se alejan del pecado y se van más bien hacia la justicia de Dios (al crucificar su espíritu egoísta e impío en la cruz interna de la negación propia), el mundo dentro de ellos también se destruye, pero ellos heredan un cielo nuevo y una tierra nueva, Apoc 21:1, en el cual el mundo de lenguas y naciones ya no existe, y la justicia mora en todo lugar.

De la Palabra del Señor en el interior:

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