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Mateo 7:21

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 21 "No todo el que me dice 'Señor, Señor' entrará en el reino de los cielos, sino [sólo] el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.9 [Para hacer la voluntad de Dios, usted debe dejar de satisfacer sus propios deseos; usted no puede hacer las cosas que usted desea. Para conocer la voluntad del Padre, usted debe oírle a medida que él le enseña con mandamientos adaptados a las circunstancias de su vida. Para oírle a Él usted debe esperar en humilde silencio mientras escucha y vela; entonces usted debe obedecer lo que Él le mande a hacer. Obedecer los primeros mandatos que usted oiga requerirá su arrepentimiento. Ese es el comienzo de hacer su voluntad. Usted debe progresar hasta que sea totalmente guiado por Él: sólo pensar los pensamientos que Él provee, sólo hablar las palabras que Él le dice que hable, y sólo hacer lo que Él manda; entonces sus palabras y acciones muestran el amor de Dios al mundo y le dan gloria a Dios.]

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9 No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos; sino [sólo] aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

No todo el que me dice 'Señor, Señor' entrará en el reino de los cielos, sino [sólo] el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Muchos me dirán en aquel día: '¡Señor, Señor! ¿No profetizamos en tu nombre? ¿En tu nombre no echamos demonios? ¿Y en tu nombre no hicimos muchas obras poderosas?
Entonces yo les declararé: 'Nunca os he conocido. ¡Apartaos de mí, obradores de inquidad10 [pecado, infracción de la ley o de maldad]!' Mateo 7:21-23


Este pueblo me honra de labios, pero su corazón está lejos de mí. Marcos 7:6

Porque desde adentro, del corazón del hombre, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los robos,
las avaricias, las maldades, el engaño, la falta de restricción, el ojo maligno [envidia], la blasfemia, el orgullo y la insensatez.
Todas estas maldades salen de adentro y contaminan al hombre. Marcos 7:21-23


Y de ninguna manera entrará en por ella [el cielo] ninguna cosa que está contaminada...Apoc 21:27

Usted debe obedecer a Jesús para poder hacer la voluntad del Padre. Y ¿cómo puede uno hacer la voluntad del Padre, y así ir al cielo? Entonces de la nube salió una voz que decía: "Éste es mi Hijo, el Escogido. A él oíd." Lucas 9:35. El Padre nos habla por medio de Jesús, a quien Él ha designado como nuestro Señor. "Escuchad y obedecer mi voz; y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo. Andad completamente en todo camino que os he mandado, para que os vaya bien." Jer 7:23. Jesús no hizo nada por su propia voluntad, sólo de acuerdo a la voluntad del Padre; este es lo que significa cuando usted ora: hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Tenemos que aprender y ser cambiados para poder hacer sólo la voluntad del Padre sobre la tierra, así como la voluntad del Padre es hecha en el cielo por los ángeles. Jesús sólo habló, juzgó, e hizo lo que Dios le ordenó que hiciera. Para ir la cielo, también debemos poder hablar solamente lo que le oímos a Él que nos ordena que digamos y sólo hacer lo que Dios nos ordena hacer  — no hacer nada por nosotros mismos—sólo decir lo que el Padre nos diga que digamos—sólo hacer lo que el Padre nos muestra para que hagamos—sólo juzgar de la manera que el Padre nos diga. Por lo tanto, no debemos pensar por nosotros mismos—sólo debemos seguir las órdenes del Padre, lo cual requiere que nuestra mente carnal sea destruida y reemplazada por la mente de Cristo; entonces debemos hablar y actuar por las órdenes del Espíritu de Dios; este es el fin de la obediencia—pensar, hablar, y actuar de acuerdo a las órdenes de Dios. La voluntad del Padre es que usted sólo piense los pensamientos que él le proporciona, sólo hable las palabras que él le diga que hable, y haga sólo lo que Él le mande.

Con esperanza en la promesa del evangelio, a medida que vamos a Dios para recibir su corazón y su gracia que purifica el alma, por medio de la cruz interna de la negación propia, para ser liberados del pecado, y después recibir a Jesús resucitado en nosotros para que sea nuestro Señor que gobierna nuestros pensamientos, palabras, y accioneslibres del pecado.

Juan lo dijo de otra manera: Hijitos, nadie os engañe. El que practica justicia es justo, como él es justo. 1 Juan 3:7. Jesús sólo habló, juzgó, e hizo lo que Dios le mandó y ordenó. La voluntad del Padre es que usted sólo piense los pensamientos que Él provee, sólo hable las palabras que Él le dice que hable, y sólo haga lo que Él le manda; eso es practicar justicia como Él es justo porque el Padre está ordenando todo en su nueva vida. Esta habilidad sólo viene después que hemos crucificado nuestro espíritu egoísta, a medida que el pecado es destruido por el Espíritu a través de llevar la cruz interna de la negación propia; entonces estamos caminando por el mismo camino que Él caminó y estamos en el mundo como Él estuvo con perfección, pureza, santidad, y justicia.

Al hacer la voluntad del Padre, llegamos a ser esclavos de la justicia, esclavos de la perfección, esclavos del amor perfecto, esclavos de la benignidad, esclavos de la misericordia, esclavos de la bondad, esclavos de la humildad, esclavos de la fidelidad, esclavos de la santidad, esclavos de la paz, esclavos de la sabiduría, esclavos de la gloria, esclavos del poder, y esclavos de la virtud; como siervos cuyas palabras y acciones siempre son perfectas, virtuosas, amantes, misericordiosas, sabias, puras, santas y verdaderas. Como esclavos de la perfección y la justicia, tenemos entusiasmo ilimitado, gozo inefable, paz más allá del entendimiento, confianza eterna, y placeres a su diestra para siempre — para esto fuimos llamados. (¿Hay otra meta comparable para su vida?) Así que, amados, ya que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda impureza de cuerpo y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. 2 Cor 7:1. Porque somos hechos partícipes de Cristo, si de veras retenemos firme el principio de nuestra confianza hasta el fin. Heb 3:14.

¿Por qué me llamáis: 'Señor, Señor', y no hacéis lo que digo? Lucas 6:46. Para que Jesús sea su Señor, usted tiene que obedecerle. Un Señor o Maestro le dice a su siervo qué debe hacer; el siervo escucha a su Señor y Maestro y después le obedece. De la Palabra del Señor en el interior: "Recuerda, cada persona que peca lo niega a Él como Señor y Maestro. El Rey está donde él es rey." Nosotros le llamamos Señor mientras que ni siquiera buscamos oír sus palabras para que nos dirijan; en cambio nosotros le decimos todo lo que queremos que Él haga por nosotros, hablamos acerca de Él, cantamos acerca de Él, y leemos acerca de Él en un libro, pensando que así es como le agradamos. Como dijo Jesús: Vosotros escudriñáis las Escrituras, porque os parece que en ellas tenéis vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí. Pero vosotros no queréis venir a mí para que tengáis vida. Juan 5:37-40. Venir a Él es pensar en su nombre a medida que usted, paciente y persistentemente se sienta en humilde silencio, esperándole a Él mientras escucha, vela, oye, y obedece. Las palabras que usted le oye a Él hablarle a usted son Espíritu y le imparten la vida de Dios cuando son implantadas en su corazón. Juan 6:63, Santiago 1:21. Cuando nosotros le esperamos a Él para oírle y obedecerle, mostramos nuestro amor por Él.

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