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Mateo 5:34-37

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 34 Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios;

 35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey.

 36 No jurarás ni por tu cabeza, porque no puedes hacer que un cabello sea ni blanco ni negro.

 37 Pero sea vuestro hablar, 'sí', 'sí', y 'no', 'no'. Porque lo que va más allá de esto, procede del maligno6 [el espíritu de Satanás dentro de usted].

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6 No juréis. Jurar no es decir malas palabras. Jurar es tomar un juramento, o jurar "decir toda la verdad." Jurar fue prohibido por Jesús y por Santiago: sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento. Más bien, sea vuestro sí, sí; y vuestro no, no; para que no caigáis bajo condenación. Santiago 5:12. La razón por la cual Jesús nos dice que no juremos por el cielo, ni la tierra, (ni la Biblia) ni por Dios, ni tampoco los cabellos en nuestra cabeza, es porque usted no puede controlar ninguna de esas cosas, de modo que pretender poder invocarlos es una completa exageración, aún una mentira.

Pero sea vuestro hablar, 'sí', 'sí', y 'no', 'no'. Porque lo que va más allá de esto, procede del mal. A menos que nuestro espíritu egoísta, el espíritu de Satanás, que cada hombre tiene, sea crucificado, la mayor parte de lo que hablamos es del espíritu de Satanás; aún si usted ha "aceptado a Jesús," su boca sigue siendo controlada por el espíritu de Satanás hasta sea crucificada en la cruz interna de la negación propia, siendo sustituida por el Espíritu de Cristo para reine en sus corazones, pensamientos, palabras, y acciones. A menos que que su corazón haya sido purgado de la maldad que está en él, por la gracia poderosa de Dios, para ser purificado, sus palabras provienen del Espíritu de Satanás. Por eso, Jesús no quería que el hombre diera testimonio de él, porque él sabía lo que estaba en sus corazones. Juan 2:25. Y muchas otras veces, Jesús ordenó a los hombres a que no hablaran de los milagros que había hecho; porque él no quería el testimonio de los hombres que todavía tenían el corazón lleno de maldad, como lo tenemos todos, hasta limpiados por él. Por eso, Jesús dijo: Pero yo os digo que en el día del juicio los hombres darán cuenta de toda palabra ociosa [inefectiva] que hablen. Mat 12:36.

El corazón del hombre está lleno de maldad; la mente carnal es enemistad contra Dios. Lo que un hombre no crucificado habla proviene de su corazón, mente y espíritu, que son malvados; por eso el Seńor nos debe dar un corazón nuevo, una nueva mente y un espíritu nuevo, ya que debemos convertirnos en una criatura completamente nueva, con todas las cosas viejas que ya han pasado. Esta es la cual un discípulo es ciego hasta que Jesús, el Maestro, hace al discípulo perfecto como Jesús es perfecto; para poder ayudar al hermano del discípulo a eliminar la paja de su ojo. Lucas 6:39-45.

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