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Proverbios 1:23,33

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 23 ¡Si os arrepentís con mi reprensión: he aquí, derramaré mi espíritu sobre vosotros, os haré conocer mis palabras!

 33 Pero el que me escuche y haga caso de lo que digo habitará confiadamente; y estará tranquilo, sin temor del mal."3

Juan 16:8,9

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 8 "Cuando él venga, probará al mundo que están equivocados [reprobará a todos los hombres] con respecto al pecado, y la justicia y el juicio.1 [Todo hombre tiene su día de visitación del Espíritu Santo, cuando él oye las reprensiones silenciosas y anónimas del Señor. Aquellos que no creen en él, (sus palabras de reprensión), permanecen en la condenación. Pero si el hombre hace caso de su reprensión, el Señor derrama su espíritu y sus palabras sobre él, Prov 20:23,33; enseña al hombre cómo vivir sobria, justa y piadosamente, en este mundo presente; y después finalmente juzga al hombre, recogiendo su trigo (sus obras de amor, vigorizadas y motivadas por la fe operacional) en el granero y quemando la paja (las obras del pecado) con el fuego que nunca se apagará el bautismo del Espíritu Santo de la muerte al espíritu egoísta de Satanás en el hombre.]

 9 En cuanto a pecado, porque no creen en mí; [Cuando el hombre oye el llamado suave y anónimo para abandonar sus malos caminos, si él se arrepiente, Dios le da más de su espíritu y hambre para buscarlo. Aquellos que no creen en Él, (en las palabras de reprensión del Señor), y continúan pecando hasta la muerte, sufren un juicio duro; y las palabras que el hombre oyó e ignoró serán recordadas, y esa mismas palabras lo juzgará, Juan 12:47-48, para su gran vergüenza y dolor. La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron. Juan 1:5. Porque todo aquel que practica lo malo (pecado) aborrece la luz (por lo tanto aborrece a Cristo, quien es la luz) y no viene a la luz, por temor de que sus obras sean expuestas y reprendidas. Juan 3:20. Si nosotros hacemos caso a sus reprobaciones y buscamos su reino y su justicia como la prioridad más importante de nuestra vida, al hacer la única cosa necesaria, (sentarse a sus pies y escuchar sus palabras habladas, Lucas 10:39-42 ), la gracia primero nos enseña a negar la impiedad y los deseos mundanos, quitando los pecados de nuestro corazón, uno a la vez; esta función del Espíritu Santo es llamada el Ministerio de condenación.]

Juan 12:47-48

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 47 Si alguien oye mis palabras y no las guarda [practica, obedece], yo no le juzgo; porque yo no vine para juzgar al mundo [cada hombre], sino para salvar al mundo [cada hombre].

 48 El que me desecha y no recibe mis palabras tiene quien le juzgue: La palabra que he hablado [a Él] le juzgará en el día final.7 [Él llama a la puerta del corazón de cada hombre; él ruega silenciosa y anónimamente para que nosotros nos apartemos de los caminos impíos y egoístas. Si no guardamos [practicamos, obedecemos] sus palabras, cuando morimos (el último día), recordaremos sus palabras con las que nos rogaba que nos apartáramos del mal, y aquellas palabras nos juzgarán. De la Palabra del Señor en el interior: "Todos los hombres están sin excusa; si yo estuviera en silencio, ellos tendrían una excusa."]

Levítico 26:21

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 21 Y si continuáis siéndome hostiles y no me queréis obedecer, yo aumentaré la plaga sobre vosotros siete veces más, según vuestros pecados.

Juan 3:19-20

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 19 Y ésta es la condenación: que la luz ha venido al mundo [cada hombre], pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. [Todos los hombres tienen una pequeña medida de la luz (Cristo) que brilla en la oscuridad dentro de ellos para exponer el mal en sus corazones a medida que les ruega de manera anónima que alejen de sus caminos egoístas e impíos; pero los hombres, al amar sus caminos impíos, ignoran las suaves súplicas de Dios y por lo tanto permanecen en la oscuridad, cometiendo pecado, caminando de acuerdo con su mente carnal y su imaginación impía. El que me desecha y no recibe mis palabras tiene quien le juzgue: La palabra que he hablado le juzgará en el día final. Juan 12:48.]

 20 Porque todo aquel que practica lo malo [pecado] aborrece la luz [por lo tanto aborrece a Cristo, quien es la luz], y no viene a la luz, por temor de que sus obras sean expuestas y reprendidas. [La verdadera luz es dada a cada hombre que viene al mundo para que pueda creer. Juan 1:9. La luz brilla en las tinieblas pero los hombres no entienden que es Cristo razonando de manera anónima con ellos, trantando de mostrarles (reprenderles) por su impiedad. Juan 1:5, Efe 5:13. Amando su vida egoísta, y odiando la luz (que es Cristo) que intenta corregirlos (reprenderlos), los hombres impíos huyen de la luz (Cristo) y así permanecen en la condenación, caminando en oscuridad, continuando en pecado, satisfaciendo la lujuria y los deseos de su carne.]

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