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Romanos 8:24

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 24 Porque fuimos salvos con esperanza;6 pero una esperanza que se ve no es esperanza, pues ¿quién sigue esperando lo que ya ve? [La salvación debe ser experimentada, vista, no asumida. Esperamos aquello que no hemos visto todavía, la salvación (en el versículo siguiente), pero la esperamos con paciencia, para ver que es traída a nosotros. En esta vida presente somos salvados por la esperanza de: ser enseñados por Dios, ver a Dios, ser liberados por el pecado, ser limpiados, purificados, perfeccionados, llevados a la santidad, y después a la unión con Dios, entrar en el reino, y más. De la Palabra del Señor en el interior: " La esperanza libera el poder de Dios para cambiarte. No hay esperanza para ninguno fuera del poder de Dios."]

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6 fuimos salvos con esperanza. La salvación no se debe asumir, la salvación se debe experimentar y ver.
Somos salvos por la gracia que purifica el corazón y el alma a través de nuestra fe en las promesas de Dios, pero debemos tener la esperanza de poder asegurarlas:

¿Y cómo demostramos nuestra esperanza? Sentarnos a los pies de Jesús y escuchar su palabra es lo único que es necesario en cualquiera que desee experimentar las promesas de la Biblia:

Prosiguiendo ellos su camino, él entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.
Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual se sentó a los pies del Señor y escuchaba su palabra.
Pero Marta estaba preocupada con muchos quehaceres, y acercándose dijo: --Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado servir sola? Dile, pues, que me ayude.
Pero respondiendo el Señor le dijo: --Marta, Marta, te afanas y te preocupas por muchas cosas.
Pero una sola cosa es necesaria. Pues María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. Lucas 10:38-42
.

Jesús no le estaba leyendo las escrituras a María, él le estaba hablando; debemos oírle hablarnos a nosotros también: porque las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Juan 6:63. Nosotros debemos ir a él. Debemos esperar en él escuchar en silencio, con la humildad de un pecador en necesidad de su poder que produce cambio — la gracia. Debemos escuchar, oír, y recibir con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Santiago 1:21. Diariamente debemos esperar, velar, escuchar, oír, obedecer... esperar, velar, escuchar, oír, obedecer..... buscar, escuchar, obedecer. Debemos perseverar hasta el fin, cuando Cristo nos trae la salvación.

Sentarse en silencio, luchando con su mente para oír, es una cruz para su voluntad; obedecer es una cruz para su voluntad — negar su voluntad, y ceder a hágase tu voluntadesta es la cruz interna de la negación propia. De la Palabra del Señor en el interior: "Poco a poco la voluntad del Señor será progresada." Haga esto, y usted estará siguiendo a Jesús.

Ciertamente él ama a los pueblos; Todos sus santos están en sus manos. Ellos se postran a tus pies y reciben tus palabras. Deut 33:3

De la Palabra del Señor en el interior: " La esperanza libera el poder de Dios para cambiarte. No hay esperanza para ninguno fuera del poder de Dios." Sin el poder de Dios obrando en usted, no hay victoria, no se puede vencer. Hay tres fuentes para que el poder de Dios sea liberado para purificarlo: 1) la verdadera esperanza y el evangelio, 2) la cruz interna de la negación propia, y 3) el poder en el nombre de Jesús. Este poder de Dios obra en nosotros, y nos mantiene a través de la fe en la salvación, lo cual es ser liberado del pecado. Hoy el cristianismo está sin la cruz y sin la verdadera esperanza; y así, sin el poder de Dios, dejado sólo como una apariencia (cascarón vacío) del cristianismo original, sin la nueva vida de la nueva criatura, sin santidad, revolcarse en el pecado, haciendo alarde de su imperfección, pereciendo, cuyo fin es la destrucción. Porque sin el poder de Dios liberado para cambiar al hombre, su corazón está lleno de pecado y es inaceptable para Dios, independientemente de lo que sus labios puedan decir en forma de culto. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho por medio del cuerpo, sea bueno o malo. 2 Cor 5:10

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