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Ezequiel 34:2-3

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 2 "Oh hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel. Profetiza y di a los pastores que así ha dicho el Señor Jehovah: '¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿Acaso los pastores no deben apacentar a las ovejas?

 3 Pero vosotros os coméis a las mejores de ellas y os vestís con la lana. Degolláis a la oveja engordada, y no apacentáis al rebaño.1

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1 ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿Acaso los pastores no deben apacentar a las ovejas? Los pastores se alimentan a sí mismos, al tomar el dinero de las ovejas: Pero vosotros os coméis a las mejores de ellas y os vestís con la lana. Degolláis a la oveja engordada, y no apacentáis al rebaño. Las ovejas, (ministros, predicadores, sacerdotes), entonces y ahora ni siquiera saben cómo alimentar a las ovejas, ellos sólo saben cómo ser alimentados por las ovejas; piensan que están alimentando a las ovejas, pero sólo hablan con la naturaleza de la muerte en sus mentes carnales que son enemistad contra Dios. Jesús dijo: Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida;” él no dice las palabras como están escritas, mucho menos las escrituras o escritos, son espíritu y vida. Cuando Cristo mismo le habla a un alma, sus palabras son espíritu y son vida para el alma, porque el espíritu y la vida están en sus palabras, cuando él las habla. Pero cuando otro las lee o las habla sin su espíritu, ellos no ministran ni espíritu ni vida. Por ejemplo, cuando Cristo le dijo a Lázaro que estaba muerto y enterrado, “¡Lázaro, ven fuera!;" sus palabras son espíritu y vida para Lázaro. Pero que otro lea o hable las mismas palabras a un hombre muerto y enterrado, y que le ordene a que salga fuera, esa persona no se levantará a la vida. (Del "Progreso Cristiano").

Alimentar las ovejas es hablar las palabras y enseñanzas que hemos oído del Espíritu de Dios. El Espíritu da vida, por lo tanto las palabras suplidas por el Espíritu de Dios a un maestro o predicador verdadero, aumentan la vida de Dios en sus oyentes. Leer de la letra muerta de la Biblia no da vida a los oyentes. La letra mata, pero el Espíritu vivifica. 2 Cor 2:6. Como dijo Pablo: De estas cosas estamos hablando, no con las palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino con las enseñadas por el Espíritu, interpretando lo espiritual por medios espirituales. 1 Cor 2:13. Como dijo Pedro: Si alguien habla, hable conforme a las palabras de Dios. 1 Ped 4:11.

Ni aún Jesús juzgó, habló, o actuó sin la inspiración específica del Espíritu.

Yo no puedo hacer nada de mí mismo. Como oigo juzgo, Juan 5:30
lo que yo hablo, lo hablo tal y como el Padre me ha hablado. Juan 12:49-50
el Hijo no puede hacer nada de sí mismo [por su propia voluntad],
sino lo que ve hacer al Padre, Juan 5:19

El que habla de sí mismo busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que le envió,
éste es verdadero, y en él no hay injusticia.
Juan 7:18.

Jesús dijo que el hombre que predica con su propia mente busca su propia gloria. Él busca el dinero, la admiración, y la sujeción por parte suya a su autoridad. Los predicadores del cristianismo son condenados por buscar su propia gloria y aceptar pago por sus palabras indignas; cuando aún cobrar por las palabras verdaderas como Balaam, habladas con el espíritu de Dios, está expresamente prohibido por Pedro y por Jesús. Buscando su propia gloria, los predicadores del cristianismo hablan con sus mentes carnales, la naturaleza de la muerte, y predican sus opiniones de las imaginaciones vanas de sus corazones.

No alimente a las ovejas. Ellos son incapaces de alimentar a las ovejas porque no han sido enseñados, perfeccionados ni autorizados por el Señor; ellos se han nombrado a sí mismos. No tienen palabras suplidas por el Espíritu Santo. No han sido designados por el Espíritu Santo. Los predicadores de hoy se alimentan a sí mismos al tomar dinero del rebaño. Predicar por un salario es el error de Balaam, lo cual es adulterio espiritual, amar el dinero y las ganancias — tanto Pedro como Judas tuvieran cosas muy graves que decir en cuanto a aquellos que solicitan donaciones o predican por un salario. ¡Ay de ellos! Porque ellos se han ido por el camino de Caín, han corrido codiciosamente en el error de Balaam para obtener ganancias, y perecieron en la rebelión de Coré. Ellos tienen un corazón ejercitado en la avaricia, y son hijos malditos — para quienes están reservadas las tinieblas más oscuras para siempre. Tanto Pedro, como Pablo, y Jesús, hablaron fuertemente en contra de los predicadores que tomaban dinero del rebaño, alimentándose a sí mismos a expensas de las ovejas.

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