La Cruz Perdida de la Pureza



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Sermon XIV

El reino de Dios en el interior—Todos deben llegar a testificar de su establecimiento en el interior.

Un sermón de Esteban Crisp en el lugar de reunión de la calle Gracechurch, en el día 26 del séptimo mes, el año 1691

USTEDES han leído y oído muchas cosas con respecto al día del Señor, que es un día grande y terrible; muchos de ustedes ahora son testigos vivientes de que el día grande y terrible del Señor viene pronto, en el cual se puede esperar legítimamente la realización de las cosas grandes y terribles, las obras poderosas de Dios, de las cuales se ha profetizado. Es la obra de cada cristiano esperar al Señor en la luz de este día, y de estar familiarizado con las obras del Señor, tanto interior como exteriormente. Porque el día del Señor es un día de poder, y ese poder de Dios obra cosas maravillosas. Si nosotros no nos mantenemos en la Luz de ese día, el Señor podría obrar grandes cosas, y nosotros no lo sabríamos; seríamos vistos como testigos descuidados y negligentes de las obras del Señor, como aquellos que no las consideran. Si ustedes son testigos fieles, ustedes deben considerar las obras del Señor, y la operación de sus manos. Alguno que pretenda ser un testigo fiel tomará nota de lo que se dice y se hace. Ustedes son llamados a ser testigos de las obras del Señor Jesucristo, y de sus acciones. Ustedes deben permanecer donde puedan oír, y ver, y entender lo que el Señor está a punto de hacer en este tiempo.

En su testimonio y testificación, la cosa más grande que podemos esperar en este día del Señor es que Dios establecerá el reino de su hijo Cristo Jesús. De esto testificaron todos los profetas durante su tiempo. Ahora es nuestro turno de dar testimonio de esto por medio de las experiencias vivientes del cumplimiento de aquellas cosas que ellos profetizaron, que el Señor establecerá el reino de Cristo, y derribará y destruirá el reino del anticristo. El Señor le enseñó a sus discípulos a orar por esto, hace mil seiscientos años, para que el reino de Dios pudiera venir. Todos los discípulos de Cristo desde entonces han orado por la venida de este reino, y muchos de ellos han visto su venida, y se han regocijado; y otros han muerto en la fe de ella, y se han unido al reino del cielo.

Pero, amigos míos, lo que nos concierne principalmente en este día, es contemplar el reino de Cristo, el hijo eterno de Dios, dentro de nosotros, para así seguir adelante y prosperar; y que el reino del anticristo sea suprimido y destruido, y arrasado completamente; y esto se produce de dos maneras: 1. Internamente. 2. Externamente.

Primero, internamente. Hay una inclinación más grande en la mente de las personas, a buscar más la operación del poder de Dios en esta gran obra en el exterior, que a buscarla en el interior, pero para esto se debe tomar la cruz diariamente, y es mi obligación en estos momentos decirles en el nombre del Señor, que el deber de ustedes y mío es llevar nuestras mentes hacia el poder de Dios que obra en nosotros, y a procurar que ese otro reino del hombre de pecado haya sido debilitado y derribado dentro de nosotros. Entonces no habrá temor sino que Él llevará a cabo esta obra externamente, y nosotros veremos tanta de esta obra como convenga a esta generación. Pero el asunto más grande y la preocupación principal de ustedes y mía es ver que el reino de Dios sea establecido entre medio de nosotros, los que permanecemos en la santidad y la justicia. Nuestra obligación es caminar hasta que veamos la justicia de su reino establecida dentro de nosotros, en nuestros corazones y almas, y que se produzca un cambio real en nosotros.

Todos sabemos, y debemos confesar, que hemos estado sujetos al hombre de pecado, no importa lo que ahora seamos. Hemos visto el reino y gobierno, la ira y la tiranía del maligno que nos ha llevado a la rebelión y la desobediencia al Señor, nuestro creador. ¿Acaso nos gustaría que ese gobierno fuera liderado por el diablo, y que seamos llevados cautivos, y que se nos obligue a hacer su voluntad, y a rebelarnos contra Dios que nos dio la vida, y nuestro aliento, y nuestro ser? ¿Acaso nos gusta el gobierno de Satanás? Espero que a ninguno de nosotros nos guste. Así también sucedió conmigo. Aquellos que están bajo el gobierno del tirano Satanás tienen muchos clamores y deseos en sus almas, de ser liberados de éste, y ser llevados bajo el gobierno y la obediencia de Cristo Jesús. Ellos quisieran poder servir a Dios como deberían, para poder ser trasladados del reino del pecado y de Satanás, hacia el reino del bendito y amado Hijo de Dios.

Este ha sido el clamor de algunos desde que ellos han conocido el mundo; estoy seguro que es el clamor de muchos hoy en día. Tengo buenas noticias para darles; no que el día de su redención se acerca, sino que ha llegado. Ahora ha llegado el día de la redención , y hay muchos que bendicen y glorifican el nombre de Dios porque han sido redimidos, y liberados de la esclavitud de la corrupción, y tienen más gozo y deleite en el servicio de Dios, que los hizo, que alguna vez tuvieron en el servicio del Dios de este mundo.

Pero acaso algunos no pueden decir: ¿Cómo se puede llevar a cabo esta gran obra; porque es una obra muy grande, y nosotros realmente pensamos que nada más que un poder Omnipotente lo puede efectuar? Porque hay muchos en esta asamblea que han estado tratando sin obtener resultados, y han hecho lo que pueden con sus propias fuerzas, para librar sus propias almas de la muerte, y sin embargo todavía se encuentran en esclavitud; no, ellos han solicitado la ayuda y la asistencia de aquellos que ellos pensaban que eran más fuertes que ellos, y todos han fallado, y todavía son débiles y están enredados, y no pueden encontrar por sí mismos la libertad para servir al Señor como deberían.

Yo pienso que nada más sino el gran poder de Dios puede hacerlo; y cuando ustedes lleguen a tener mi experiencia, a saber esto como yo lo sé, entonces espero que ustedes lo busquen, y ustedes verán que hay buenas razones para hacerlo; y así ustedes llegarán a esta profesión. Si el Señor no me otorga su poder Omnipotente, entonces debo perecer, porque no hay ningún otro poder que pueda liberarme. Cuando ustedes lleguen a saber esto, ¿qué deben hacer? Bueno, deben esperar la revelación del poder que los quitará de la confianza y la seguridad que alguna vez tuvieron en otras cosas. Un hombre que no tiene nada que confiar sino en el poder omnipotente, y la misericordia, y al bondad de Dios, este hombre pone toda su confianza y seguridad en esas cosas, o de otra manera debe perecer.

Cuando un hombre o una mujer llegan a este punto, no tienen nada más en que confiar sino en el Señor, entonces se reunirán para esperar al Señor. Éste fue el primer fundamento o motivo para establecer nuestras reuniones; y yo espero en Dios que este haya sido el uso que le dé cada uno de los que asisten ha ellas, entonces estas reuniones serán utilizadas justa y apropiadamente de acuerdo al propósito con el que se instituyeron al principio. Deberíamos usarlas como la gente pobre, desconsolada, desamparada que se han alejado de su propia confianza y seguridad, y no tienen nada en que confiar sino en la misericordia y la bondad de Dios. Si él se complace en revelar su poder entre nosotros, sabemos que él nos puede salvar; y hemos hallado la revelación del poder de Dios. Cuando nos habíamos reunidos en humildad de corazón, el Señor se complació en comunicarnos su Espíritu, y nos abrió una puerta, y nos descubrió y reveló que éste era el día de su poder. Cuando llegamos a examinarnos a nosotros mismos, si es que estábamos dispuestos a ofrecernos a Dios en este día de su poder, (porque el profeta distingue entre el pueblo de Dios, y otros pueblos; tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, lo cual es lo mismo que decir que Dios les descubre y revela su poder al pueblo que está dispuesto a ofrecerse a sí mismo a su liderazgo, cuando nos dimos cuenta que estábamos sujetos a él), nos gozamos en creer, antes de alcanzar el propósito de nuestra esperanza. Fue una felicidad para nosotros habernos hallado dispuestos. Estoy seguro que cada uno de ustedes estarían felices de hallarse dispuestos a alejarse de aquello que los hace clamar.

¿Qué clamor hay por nuestra esclavitud y corrupción, y porque somos llevados cautivos por nuestros deseos? Podemos escuchar este clamor desde un extremo del reino hasta el otro. La gente clama por la esclavitud de la corrupción, y por su sujeción al pecado y a Satanás. Quisiera que fueran sinceros. No hay esa seriedad ni realidad en los hombres y mujeres que Dios están buscando, de modo que no hay resultados. No hay redención, ni liberación, el Señor no los oye, aunque ellos vienen a su presencia, para ofrecer sus oraciones. Yo quisiera que todos ustedes fueran sinceros; les deseo lo mejor a todos ustedes. Y sería difícil creer que ustedes no quieren lo mejor para ustedes mismos. En esto consiste el bienestar de ustedes, que se hallen dispuestos a estar sujetos al poder que los creó. Ustedes sin duda han estado sujetos al poder que los destruyó; ese poder que nunca les dio vida ni aliento, ha contribuido a su destrucción. El poder del Dios de este mundo nunca le hizo bien a los hombres, sino que los destruyó, los engañó, y los privó de sus vidas.

Ahora, si hubiera una disposición en cada uno de nosotros, para entregarnos libremente a ese poder que nos creó, para obedecer su voluntad, estoy seguro que nunca habrá un hombre o mujer entre nosotros que pase mucho tiempo sin conocimiento de esto. Si estoy dispuesto a estar sujeto a la ley de aquel que me creó, no pasará mucho tiempo antes que él me lo muestre, y me revele su poder en mí, en su gloria y excelencia; ese poder que es más capaz de guardarme que todos los poderes de los hombres sobre la tierra, o que todo el poder de los demonios en el infierno para destruirme. Cuando el Señor les muestre y revele su poder, ustedes estarán dispuestos a estar sujetos a él.

Pero yo pienso que el sonido y el ruido de la cane y la sangre es más fuerte aquí. [Pienso que oigo a alguien decir]: quisiera estar sujeto a Dios, pero no quiero que vaya en contra de mis intereses [mi voluntad], y que me prive de aquello que amo y que deseo. Yo no quiero que él amargue mis deleites y placeres carnales, y destruya mi reputación en el mundo.

Ustedes pueden ver a dónde llega esto, que ustedes puedan hacer un trato, y hacer un contrato con el Dios de sus vidas acerca de estas cosas. Ésta es una cosa sin sentido porque de todos los pueblos del mundo, ustedes son un pueblo que han tenido una veneración por las santas escrituras, las escrituras de la verdad, y han estados familiarizados con ellas como con cualquier libro en el mundo; en el cual ustedes encuentran artículos trazados, fijados y sellados hace mucho tiempo. Ninguno nuevo se debe trazar. Si alguno quiere ser mi discípulo, ya sea Juan o Tomás, Santiago o Pedro, o quien quiera que sea, debe tomar su cruz diariamente, y negarse a sí mismo, y seguirme a mí. Éste es el contrato que se ha hecho, por lo tanto, aléjense de toda clase de razonamientos y consultas con la carne y la sangre.

Si ustedes se convierten en personas espirituales, y toman parte de las bendiciones y beneficios espirituales, yo les aconsejaría que se alejaran de toda clase de razonamientos que vienen del hoyo de la oscuridad, que hasta ahora los han engañado, y que los arruinarán para siempre, si ustedes los oyen. Porque tengan la seguridad de que ningún hombre puede hacer nuevos requerimientos del evangelio. Si alguno viene a predicar un evangelio con nuevos requerimientos, considérenlo un engañador. Porque no hay ninguna posibilidad de ser discípulos de Cristo, sino al tomar la cruz diariamente, y negarnos a nosotros mismos, y seguirlo a él como líder y guía. A él debo ir, y no debo ir por ningún otro camino, ni hablar nada, ni hacer nada aparte de lo que es santo y puro. Él me debe conducir en mi caminar, guiarme en mi camino, y justificarme en él. Esto es lo que significa ser un verdadero discípulo de Cristo.

Tan pronto como el hombre llega a adherirse, y a unirse con el poder de Dios revelado en su alma, él ve la venida del reino de Dios; la ve a distancia y se dice a sí mismo, y llega a esta conclusión: seguiré a mi capitán, y estaré sujeto del reino de Cristo. Si obedezco este principio divino de la gracia de Dios, y del evangelio de Cristo, seré su discípulo. Yo leo en su bendito libro que todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. Yo no debo proponer nuevos requerimientos, sino aceptar los antiguos requerimientos del evangelio de Cristo. Yo veo que el reino de Dios debe ser establecido, y el reino del diablo debe ser derribado en mí. Si sigo su principio divino, nunca más seguiré al diablo. Si el diablo me quiere hacer mentir, rehusaré, y le diré que no puedo. Si él me quiere llevar hacia la comunicación [conversaciones] vana y corrupta, y a las bromas necias, esto será como un freno para mí, porque no lo puedo hacer.

Ahora le hablo a las personas que viven bajo la Luz del evangelio de Cristo, que están dominados por su gracia. Les hablaría de aquello que toda la lógica del mundo no puede derrocar, lo que él lógico más astuto, con todo su ingenio y peculiaridad, no puede refutar o probar que está equivocado. Si un hombre es guiado por el Espíritu de Dios, no puede mentir; esta es una cura común para todos los hombres. Si soy guiado por el Espíritu de verdad, y escucho al Príncipe de la verdad en mi alma, esto me curará y me sanará de las heridas y las enfermedades de mi naturaleza corrupta, y me liberará de mi antiguo amo. No me gusta su servicio.

Espero que si a alguno de ustedes le gusta la servidumbre y esclavitud del pecado y de Satanás, que deseen la libertad antes de morir. ¿Por qué no la desean ahora? Puede que ahora tengan la esperanza disfrutar de un poco de libertad y reputación, y placer en el pecado por muchos años, por seis o siete, nueve o diez años, y entonces desprenderse de él, y arrepentirse y acercarse a Dios. ¿Cómo saben si tienen diez días para vivir? Es de suma importancia para cada uno de nosotros que esperemos descubrir la libertad del evangelio, y de la habilidad y poder en el alma, para poder desprenderse de la servidumbre y esclavitud del pecado y de Satanás, debajo de la cual hemos vivido por tanto tiempo; y para esperar a Dios con paciencia para que él libere el alma, y establezca el Reino de Cristo por dentro, y derribe el Reino de Satanás. Para poder ser llevados al Reino de Cristo, que consiste en paz y justicia y gozo en el Espíritu Santo. Éstas son las cosas que siguen una detrás de otra; cuando la justicia es establecida en mí, yo no seré perturbado, tendré paz; y si tengo paz, tendré gozo, y este gozo está en el Espíritu Santo. El apóstol dijo que el reino de Dios consiste en estas cosas.

Ahora que cada uno debe ser persuadido que Dios ha dado una medida de su gracia para aquellos, así como a otros, que consideren y se digan a sí mismos, Dios no me ha dejado fuera del número de su pueblo. Él ha tocado a la puerta de mi corazón, para llevarme al arrepentimiento; él me ha esperado tanto tiempo, que seguro tiene el deseo de salvarme. ¿Acaso me llamaría a menos que tuviera la intención de que yo me arrepintiera y me acercara a él?

¿Pero dónde está el poder? Ustedes dirán: está tocando a la puerta y la conciencia, y lo entendemos; pero no entendemos dónde está el poder para conformarse a la voluntad de Dios.

La gente nunca lo entenderá mientras estén en el reino de Satanás, y bajo el poder del príncipe de las tinieblas. El apóstol nos dice que el Dios de este mundo ha cegado las mentes de los incrédulos, para que la luz del evangelio glorioso de Cristo, quien es la imagen de Dios, no pueda brillar sobre ellos. Si los hombres vieran la belleza del evangelio, correrían detrás de él, y lo abrazarían; por lo tanto el diablo ciega sus mentes, para que ellos no puedan ver al belleza y la afabilidad del evangelio, y sus otras características. Él tiene el dominio y el gobierno de los hijos de la desobediencia. Mientras viva en sujeción a ese poder diabólico e infernal, que me lleva al pecado, seré extraño al poder de Dios que me permitiría desprenderme de él.

En las escrituras no se menciona de nadie que alguna vez haya sido salvo por el poder de Dios, a menos que estuviera mezclado con fe, que se llega a unir con el poder de Dios. Nuestro Salvador le dijo al hombre impotente: Tu fe te ha sanado; tu fe unida al poder de Dios. Seremos fortalecidos en el Señor, y en su fuerza poderosa, y seremos capaces de soportar las tentaciones.

Tan pronto como el alma del hombre se une con la gracia de Dios, él abandona el servicio de su amo y gobernador antiguo. El pecado ya no tendrá dominio sobre él. Aunque se encuentre con la misma tentación, ésta no tendrá el mismo poder sobre él, sino que él tendrá la capacidad, por medio del la gracia de Dios, de soportarla, y vencerla. Si ustedes le preguntan a un hombre tal, cómo es que él vence esa tentación que antes prevalecía sobre él, les dirá: ahora tengo socorro; ahora me he unido a la gracia de Dios en mi alma, por lo tanto soporto las tentaciones y tengo poder sobre ellas. Entonces el Reino de Cristo viene para ser establecido en el alma, y esto es lo que nos hará aptos y nos preparará para el Reino eterno de Dios: Los que esperan a Dios, verán que esta obra es llevada a cabo en su interior, y saben por fe más de lo que pueden ver por sus sentidos.

Yo sé y estoy seguro, que el poder que el diablo será quebrantado, y la rectitud será exaltada, y la justicia y la equidad prevalecerán en las naciones. Tal vez no viviré para verlo, pero lo puedo ver por fe. He visto suficiente para mi generación, y aquellos que vivan en la próxima generación también la verán. Porque la iglesia de Dios es la misma de generación en generación. Ahora se nos ha permitido ver las cosas que en generaciones anteriores fueron profetizadas, proveyendo Dios (dijo el apóstol) alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.

La iglesia de Dios de generación en generación, tiene su medida y grado de servicio, y lleva su testimonio apropiado, y deja el resto para las generaciones posteriores. Nos concierne en esta generación ver un cambio que sea interno en nuestras almas, y que el Reino de Cristo sea sido establecido dentro nosotros, y el reino de Satanás derribado dentro de nosotros. Esto no le concierne a mi hijo ni a mi nieto, sino que me concierne a mí, y cuando ellos crezcan hasta llegar a la madurez, en el momento apropiado les concernirá. Por lo tanto lo que es de más provecho para nosotros es que tengamos un tiempo así, y que permanezcamos en este lugar durante nuestro tiempo, en el cual podemos ver que la obra de Dios continúa.

He considerado muchas veces que hay muchos hombres y mujeres valientes en este tiempo, que han sido testigos eminentes de Dios en este mundo, y han llevado testimonio de su verdad, pero su fe ha sido débil e ineficaz. Ellos han descubierto sus corazones incrédulos y se han unido con la manada común del mundo porque pensaron que tales cosas maravillosas no eran posibles, que el reino de Satanás nunca podría ser derribado y destruido, y que el reino de Cristo sea establecido dentro de nosotros. Pero yo espero cosas mejores para ustedes, las cosas que acompañan la salvación y que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará; que las vivas alabanzas y las gozosas acciones de gracias pueden ser entregadas a aquel que es el único digno, quien es Dios sobre todo, bendito sea para siempre; a quien sea la gloria y el dominio por toda la eternidad. Amén.

SERMÓN XV

El camino no contaminado al reposo eterno

Predicado por Esteban Crisp en la casa Devonshire, el 29 de julio, 1691

Mis amigos,

EL Señor estará con todo su pueblo, quienes no están contaminados en el camino, y quienes son viajeros espirituales caminando en ese camino no contaminado que lleva al reposo no contaminado. Hay algunos que por este camino han entrado al reposo, ese reposo que Dios ha preparado para ellos. No podemos aplicarnos a nosotros mismos esa promesa que nos es hecha de entrar al reposo, a menos que seamos viajeros reales y verdaderos en el camino que lleva hacia él, porque si no estamos en el camino, engañamos nuestras propias almas.

[¿Cuál es el reposo en el cual debemos entrar? El reposo es haber cesado nuestros propios pensamientos, palabras, y acciones. El reposo es entrar en una unión con Dios, y sentarse con Cristo en el cielo, para llegar a ser parte de Cristo [en su cuerpo], para ser vigorizados por el poder de Dios, para ser suministrados con pensamientos de Dios, con palabras para hablar provenientes de Dios, y para que Dios nos muestre qué hacer; todo nos ordena a hacer acciones nobles de acuerdo a la voluntad de Dios. El reposo es ya no estar luchando en contra de nuestros enemigos: lujuria, orgullo, ira, inmoralidad sexual, avaricia, codicia; sino sentarnos en pureza y poder, viendo como la voluntad de Dios se desenvuelve en frente de nuestros ojos y nuestra mente; la voluntad de cada momento de nuestra vida, suministrada con lo perfecto, noble, puro, constructivo y útil que debemos decir y hacer. Dejamos de ser un individuo y llegamos a ser parte del cuerpo de Cristo, con él, la cabeza, instruyéndonos acerca de qué cosa perfecta hacer después. Dejamos de hacer nuestras propias obras muertas, para hacer las obras de vida, sirviendo al Dios viviente.]

Por lo tanto, ustedes que han tenido una mirada y una visión del camino eterno, que lleva hacia un reposo santo, ustedes son un pueblo comprometido para hacer pasos estrechos en él, y para hacerlo su cuidado diario, y para hacerlo su asunto continuo, para asegurarse que sus rutas y sus pasos sean de la misma naturaleza y clase que el reposo en el que ustedes desean entrar. Porque es un reposo no contaminado, hacia el cual todos estamos, o deberíamos estar viajando; por lo tanto cada uno de nosotros debemos estar no contaminados en el camino, y cada paso debe de la misma clase y naturaleza, y separado de todo lo que contamina y corrompe, para que pueda tener una tendencia a llevar el alma más cerca de su reposo.

Este reposo santo ha sido alcanzado por muchos viajeros que van en este viaje santo, y muchos todavía tienen esperanza de alcanzarlo.

Pero ahora aquellos que están llenos de esperanza de alcanzar este reposo, sus pasos y rutas no son de la misma naturaleza y clase; ellos no son santos y puros, ellos están contaminados. Sus rostros no están mirando hacia Sión, aunque la apariencia de su profesión puede permanecer de esa manera; pero el Señor ve el corazón de cada uno, y él sabe lo que hay en el corazón. Aquellos que tienen sus corazones verdaderamente en el Señor, ellos tienen la marca de santidad en sus ojos, y la marca de pureza y justicia en todos sus proyectos, porque ellos saben que no se puede alcanzar ese reposo divino, sino por un camino y un viaje santo; por lo tanto su confianza y dependencia está solamente en el Señor, que debe guardarlos a todos en su camino; porque si ellos estuvieran claramente convencidos de que la santidad y la justicia es su deber, y es el camino en el cual ellos pueden alcanzar el reino de Dios, aunque ellos estén completamente convencidos de ello, sin embargo allí hay una imposibilidad de caminar sin la asistencia divina de la gracia de Dios; porque aunque ellos han estado convencidos de la aparición de su gracia, y han tenido una luz que les da una visión de estas cosas, no es una mirada ni una visión que les permita correr la carrera que está puesta ante ellos.

Porque las variadas impurezas y obstáculos que están en nuestro camino, entre nuestra salida de la tierra de Egipto, la esclavitud de la corrupción, y nuestra entrada al reino de Dios, son muy poderoso y muy grandes para que cualquier hombre con su conocimiento y fuerza pueda vencer. Los hijos de Israel podrían haber cruzado el Mar Rojo, sin la ayuda de Dios, como el viajero cristiano puede pasar por muchas dificultades, y muchos impedimentos que él puede encontrar en su camino, sin la asistencia del Espíritu Santo de Dios.

Amigos míos, ha sido una labor y esfuerzo durante este tiempo en mi mente, todos quienes Dios ha bendecido singularmente con el conocimiento de la verdad, que ustedes puedan ver su camino, y saber y entender más claramente, que el camino de ustedes lleva a la vida eterna; que todos y cada uno de ustedes en sus reuniones particulares deben tener una dependencia sobre aquello que puede ayudarles en su camino.

Porque yo he visto a demasiados que han tenido una dependencia equivocada, después de lo cual se convencieron como debe ser, y después ellos han tenido un conocimiento verdadero del camino en el cual ellos deben caminar; ellos han confiado mucho en la inspiración y visiones que han recibido en el pasado. Ellos han pensado que su montaña era tan segura, y que sus pies estaban más allá de resbalar, que ha surgido un estado de presunción, que ellos han pensado que nunca se descarriarían, y no han tenido la consideración correspondiente de la renovación del poder divino de Dios en sus almas, que los hijos de Dios siempre deben tener. Ellos se han olvidado (como lo debo decir) lo que dijo nuestro Señor: sin mi nada podéis hacer. Ellos han pasado una sentencia sobre esa doctrina en sus mentes, y ellos han pensado que podían hacer algo; que ellos podían soportar la tentación; que ellos podían hacer alguna obra para Dios, y servicio a Dios, sin la asistencia divina de ese poder que los engendró; y ¡ay! lo menos que han soportado ha sido que ellos han ido hacia el mal, que ellos han contaminado su camino, y han corrido hacia las tentaciones, aunque le agradó al Señor, cuya misericordia es infinita, jalarlos muchas veces fuera de la trampa en la cual han caído, y tomarlos otra vez, y lavarlos, y limpiarlos, y purificarlos, y poner sus pies en un lugar seguro. Esto era más que merecido; pero su misericordia, y bondad, y sensibilidad, está sobre todas sus obras.

Esto él ha obrado por muchos; y no sólo una vez, sino muchas veces; ha sido difícil arriesgarse; hubiera sido mejor si ellos nunca hubieran caído, o que sus pasos nunca se hubieran descarriado de los caminos del Señor, que después de caer, ser renovados otra vez por el arrepentimiento. Esto ha causado un juicio doloroso, y una condenación, y ansiedad de espíritu; y ellos le han dado a su antiguo enemigo la ventaja de susurrar en sus oídos: ustedes han perdido su fundamento; sus pecados han subido a sus cabezas, y nunca encontrarán arrepentimiento. Estas son las palabras del maligno, quien busca ocasión en contra de nosotros; y por medio de nuestro descuido, y de no velar, le dimos una ventaja en sus manos. Ahora, al ver que ustedes saben que él está vigilante, y busca ocasión para que él pueda sacarlos de su camino, antes que llegan al final de él, ustedes deben ser vigilantes para no darle ocasión.

Pero algunos pueden decir: ¿cómo puedo yo dejar de darle ocasión y ventajas al enemigo? Yo les respondo: a ustedes se les ha dicho muchas veces acerca del camino, y me atrevo a decir que la mayoría de ustedes lo ha probado, y han hallado que es verdadero, que mientras ustedes se queden en un estado y postura vigilante, y que sus mentes hayan sido ejercitadas por la gracia de Dios, por la cual ustedes fueron convencidos de su pecado y por la cual su deber fue manifestado a ustedes, ustedes no le dieron ocasión al enemigo de sus almas, y que la verdad los guardó en aquello en lo cual ustedes confiaron, y en lo cual ustedes esperaron y aguardaron la virtud y el poder de ella. ¿Acaso entonces ustedes encontraron una falta de habilidad? ¿Acaso entonces prevaleció el enemigo? Él no dejó de tentar cuando ustedes estaban en el estado más vigilante de un cristiano; el diablo no dejó de tentarlos entonces, pero ustedes encontraron en sí mismos un poder que lo resistió, y dijeron: apártate de mi, Satanás.

[Tal vez sería útil enfocarse en la obediencia. Porque por medio de la obediencia recibimos la gracia para permanecer; por medio de la obediencia a los mandatos y entendimientos que hemos recibido del Señor. Ciertamente debemos ser vigilantes, pero también debemos recordar aquello que estamos obligados a negar y a alejarnos. Cualquier cosa que el Señor nos ordene, debemos realizar, porque él no da su poder para obedecer sus mandatos. Cualquier cosa que él nos mande a negar, él nos da el poder para negarlo; pero debemos estar dispuestos a hacer nuestra parte al alejarnos de ello. Él hace el 90%, nosotros hacemos 10%; pero no podemos esperar que él haga el 100%. Nosotros somos responsables de lo que se nos ha ordenado a negar; nosotros somos responsables de observar sus enseñanzas; nosotros somos responsables de guardar sus palabras; nosotros somos responsables de revisar sus mandatos periódicamente y seguir arrepintiéndonos. Si hacemos eso, no caeremos en la tentación, porque su poder nos cambiará. La misma gracia que nos culpa de pecado, quitará el pecado de nuestro corazón, siempre y cuando nosotros realmente nos arrepintamos de ese pecado; y siempre y cuando continuemos arrepintiéndonos; y finalmente el deseo de ese pecado es quitado de nuestros corazones – por medio de la gracia, la misericordia, la bondad – el pecado es eliminado de nosotros. Y si permanecemos vigilantes, ese pecado se queda fuera de nuestros corazones.]

Siempre y cuando ustedes estén vigilando; mientras ustedes fijen su mente en el divino poder, siempre y cuando ustedes estén en un lugar seguro; y cualquiera que se aleje de esto, ellos sufren gran daño y prejuicio, y si ellos son restaurados otra vez, es con gran pérdida y daño, y ejercicio doloroso; y si ellos no son restaurados, están perdidos por toda la eternidad. Entonces hubiera sido mejor que ellos no hubieran conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, alejarse del mandamiento santo que fue entregado a ellos. Y entonces ellos se dijeron a sí mismos: este debe ser el camino.

Señores, estas cosas conciernen su bienestar eterno; yo les hablo como a un pueblo a quien Dios ha amado abundantemente; y ha ido mucho más allá que cualquier cosa que tenga defecto. Él les ha dado a conocer sus caminos a ustedes; el Señor podría decir con respecto a ustedes en esta ciudad, como en el tiempo antiguo: ¿qué más podría haber hecho por mi viña que no haya hecho? Por lo tanto él puede decir con respecto a ustedes: ¿qué más podría haber hecho para hacerlos un pueblo maduro, un pueblo santo, un pueblo entero, para que ellos puedan llevar mi nombre, y caminar ante mí en santidad y justicia todos los días de sus vidas? ¿Qué más se podría haber hecho por ellos?

Pero esto es un ejercicio para nosotros, a quienes Dios ha bendecido, y ha establecido como centinelas, para contemplar y ver el estado de su pueblo, y sentir y llevar las cargas que deben ser llevadas; y esta es una gran carga, que después de todo lo que Dios ha hecho, y que nosotros hacemos en las manos de Dios, todo lo cual es necesario para el bienestar del pueblo, hay algunos que se apartan, y contaminan su camino; y nosotros testificamos en el nombre del Señor que cualquiera que camine en un camino contaminado, nunca llegará a un reposo no contaminado; por lo tanto que ustedes no alcancen ese reposo no contaminado, es porque ustedes se han contaminado. Ver la conducta santa del pueblo de Dios es el efecto de obrar por su propio poder y Espíritu.

Así viene el reposo, por medio y a través de un Mediador, es decir Jesucristo el justo, quien es el Mediador entre Dios y el hombre, y el líder de todo su pueblo en el camino de santidad y justicia, el cual él ha puesto de manifiesto a aquellos que creen y obedecen el poder. Y él ha comprado la salvación eterna para todos los que creen y obedecen el evangelio. Pero los transgresores no obedecen el evangelio; el Espíritu de Cristo no los lleva a la transgresión; y el poder y la luz que viene de Cristo no los lleva al orgullo, la vanidad, la envidia o la amargura. Donde sea que se llegue a estas cosas, es porque hay otro espíritu, y ese otro espíritu tiene otra tendencia, que lleva hacia la ira de Dios.

Y, amigos míos, esto es lo que mi alma desea de sus manos, y es para el bien y el provecho de ustedes; es mi deber descargar mi conciencia, y hablar claramente como el Señor me dé a pronunciar, para advertirles que deben morar en la verdad; porque si ustedes no son salvos, sino que se apartan según los deseos de sus corazones, según su orgullo y vanidad del mundo, y los deseos de él, ustedes se pueden culpar a sí mismos, y su iniquidad será su ruina. Nosotros que nos hemos entregado a Dios por causa de ustedes, y por causa de las iglesias, hablamos estas cosas que hemos aprendido de Dios, y les rogamos seriamente a ustedes que están convencidos, que caminen en la verdad en la cual ustedes han creído. No hay gran necesidad de más conocimiento, y de la visión de las cosas celestiales y divinas; porque la mayoría de ustedes ha visto más de las cosas de Dios, que lo que han visto y encontrado en sus viajes. Yo le pido a Dios que cada uno de ustedes que están convencidos, venga al tesoro del conocimiento que ustedes han recibido. ¡Oh! que ustedes respondieran al poder del Señor, en abrir y descubrir su mente y su voluntad con respecto a sus viajes, y las cosas que pertenecen a su paz eterna, de modo que sus pasos sean dirigidos así. Si ustedes caminan en este camino no contaminado, ustedes pueden acostarse en la noche, y levantarse en la mañana con paz, y en el favor del Señor, y tener la respuesta de una buena conciencia en su luz.

El medio que debe ayudarnos y conducirnos en este camino debe ser esa conversión familiar que el alma debe tener con algo que es más grande que sí misma; la conversión familiar que el alma debe tener con el poder divino, con esa manifestación de luz y gracia divina, que, por medio de Jesucristo, Dios les ha dado a ustedes. Porque si un hombre aprecia y estima la verdad tanto así, y sufre así por ella, y ama al ministro tanto así, si él no mantiene una conversión familiar con la verdad, a pesar de toda su profesión de amor a las verdades del evangelio y los predicadores de él, no lo reprenderá. Aunque él profese y diga: te amo, te amo; aunque él haya sufrido mucho en el camino, sin embargo si él no ama la verdad en su propio corazón, y no desea sentir la excelencia y virtud de ella, ese hombre ciertamente deshonrará la verdad, y afligirá al Santo Espíritu de Dios.

Les advertimos que se ocupen de su camino, y de sus pies en su camino cristiano, para que ustedes puedan llegar a tener una entrada abundante en el reino de Dios. Oren a Dios para que la obra de regeneración pueda ser obrada en ustedes, para que ustedes puedan nacer en otra semilla, y tomar parte de la naturaleza divina. Entonces, aunque el diablo los asalte, él no podrá vencerlos; él no encontrará nada en ustedes para traicionarlos en su mano; cuando ese cambio sea producido, y cuando Dios haya hecho una alteración, y los haya sacado del amor del mundo, y del amor a las cosas terrenales, y ustedes pongan sus afectos arriba, donde Cristo se sienta a la diestra de Dios. Ahora ustedes pueden decir que una tentación viene con este instrumento, y este otro instrumento, y el diablo pone cosas ante mi que él quiere que yo haya, pero no tengo ninguna inclinación hacia ello, no tengo ningún deseo de mamar del pecho del mundo; sino que mi mente está en esto: que yo pueda llegar a conocer a Dios, quien es un don para ayudarme, y pisotear a Satanás bajo mis pies.

Hay necesidad de que ustedes estén en continuo cuidado y vigilancia, y que ustedes velen y oren para que no caigan en tentación. No es algo fácil que un hombre o una mujer, mientras estén en este mundo, hagan algo sin pecar; pero Dios los ha llamado a una santa profesión; la cual es que ustedes puedan hacer todo lo que pueden hacer, hacer todo lo que ustedes hacen sin pecar. Porque cualquier cosa que ustedes coman o beban, o cualquier cosa que ustedes hagan, deben hacerlo todo para la gloria de Dios. Quisiéramos que este espíritu esté en ustedes, y quisiéramos que todos ustedes que han recibido a Cristo Jesús, el Señor, caminen en él así como le han recibido. Entonces ustedes serán mantenidos sin contaminación en el camino, y liberados de la tentación.

Para este fin ustedes deben estar quietos, esperando al Señor, para que ustedes puedan tener familiaridad con él día a día; ustedes están en el mundo, pero no deben ser del mundo. La oración de nuestro Señor Jesucristo a su Padre celestial por sus discípulos no fue que él los sacara del mundo, sino que los guardara del mal.

Los mercaderes, comerciantes y vendedores siempre tienen algo que hacer en el mundo, pero ellos deben orar fervientemente para que sean guardados del mal del mundo. No hay nada que pueda ser hecho en el mundo, pero el mal existe en él, por el cual podemos ser vencidos si no mantenemos la vigilancia. En el gobierno de una familia hay ocasiones y provocaciones dadas para ser apasionados y furiosos; muchas ocasiones son dadas a los hombres y mujeres; pero no deberíamos ser transportados y vencidos. Nuestra profesión nos obliga a que cuando un hijo o un siervo nos provoca, no debemos comportarnos indecorosamente, ni de manera impropia a nuestra santa profesión; porque no está en el poder de ellos, ni en el poder del diablo tampoco, encender la ira y enojo de ustedes hasta llegar a la vergüenza. Si ustedes están en su vigilancia, y esperan al Señor, él les dará su sabiduría y fuerza para soportar todas las tentaciones que vengan y ordenar su conducta de acuerdo a la voluntad de Dios, y como corresponde al evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

En la mercancía, comprar y vender, hay trampas, y hay mucho mal en el que podemos caer; pero este es nuestro consuelo y gozo, no hay extorsión, no podemos ser forzados a pecar, el diablo sólo puede poner una tentación ante mi; si ustedes quieren decir una mentira, sean ambiguos, disimulen, esto les da ventaja a ustedes; pero el diablo con toda su sutileza, poder y seducciones, no puede decir: tú correrás hacia este pecado, y serás vencido por esta tentación; porque aunque por nosotros mismos no podemos hacer nada, sin embargo en el nombre y la fortaleza de nuestro Señor Cristo Jesús podemos hacer todo; podemos hacer lo que es justo, y estar por encima de la tentación, y pisotearla, y no ser vencidos por el mal, sino vencer el mal con bien. Cuando hayamos comprado y vendido, podemos mirar hacia atrás y ver lo que hemos hecho con mentes puras, y conciencias limpias ante la vista de Dios, y podemos salir victoriosos, y más que vencedores (sobre la tentación) por medio de Jesucristo, quien nos ha amado.

Mientras más un cristiano se mantenga sin macha, y mientras más vigilante sea en su caminar, más él puede ir de día en día, y ver las trampas del diablo, que está en su vanidad, y esta y la otra vanidad y tentación, y sin embargo escaparla.

Yo quisiera decirle a algunos de ustedes que cuando el diablo puso una trampa ante ustedes, ustedes no corrieron hacia ella cuando la vieron. He conocido a algunos que han tenido suficiente entendimiento, de modo que ellos no necesitaron que se les dijera donde estaban las trampas del diablo; sin embargo así ha sido, el diablo y la lujuria de sus propios corazones han estado de acuerdo, y ellos han ido hacia la trampa. Esto es de la antigua confederación que los hombres han tenido con los enemigos de Dios; ustedes son mis amigos, dijo Cristo, si hacen lo que yo les mando. Si ustedes son amigos de Cristo, ustedes serán su sujetos, y le darán obediencia a él; cuando él les muestra una trampa, se mantienen alejados de ella. Esta es la prueba de un verdadero cristiano - que él sea honesto en tiempo de prueba, y que confíe en ese poder divino que lo mantiene alejado de la trampa.

Una cosa más yo diría acerca de la comunión divina que ustedes tienen con Cristo Jesús:
ella consiste en santidad de vida y conducta, y el ejercicio de una buena conciencia hacia Dios, y hacia el hombre. Es en vano que me digan que ustedes caminarán en unidad con la verdad, a menos que tengan unidad con la verdad en sus propios corazones; ustedes no pueden recibir el Señor, ni engañar a su pueblo tampoco por mucho tiempo. Aquí está la comunión que ustedes deben vivir en todos sus días - vivir en comunión con el pueblo de Dios, y en la comunión de los santos. ¿Pueden los santos tener comunión en cualquier otra cosa aparte de la santidad? Y la santidad es una cosa bendecida y santa, llega a ser la casa de Dios para siempre; aquellos que son santos, están santificados; y tanto el que santifica como los que son santificados todos provienen de uno. Por esta razón, él no se avergüenza de llamarlos hermanos, Heb 2:11. Aquellos que son santificados han llegado a ser santos, ellos producen los frutos de la santidad y santificación, y ellos han llegado a la comunión en el espíritu con Dios y los unos con los otros. Toda rama en el árbol, dijo Cristo, que no lleva fruto, él la quita;  y toda rama que está llevando fruto, la limpia para que lleve más fruto. La rama que no lleva fruto es echada al fuego y quemada.

Hay algunos que producen fruto, pero es fruto para la carne y para el maligno; y espero que ustedes no sean de ese número. Estos se separan a sí mismos de la vida de la verdadera vid; estos no tienen comunión o verdadera membresía con la iglesia de Cristo, mientras ellos caminan como cautivos para el diablo, y el pecado; estos son del mundo, y no de la iglesia. Si ustedes quieren tener comunión con la iglesia, no piensen en tenerla por medio de conformidad externa. No piensen que esto mantendrá su comunión con Cristo, sin una vida de santidad y justicia internas; porque el día que ustedes se separen de la verdad en sí mismos, se separarán de la comunión con la iglesia de Dios, y quebrantarán su paz con Dios, y no podrán restaurarla otra vez al favor de Dios, excepto por medio de un arrepentimiento no fingido; porque el misterio de la fe es ser guardado en una conciencia pura. ¿Cómo es contaminada mi conciencia, si no le hago mal a esto, ni al hombre o la mujer? Algunos pueden sostener el misterio de la fe; siempre y cuando consista en una profesión, ellos podrán profesarlo, y ellos lo predicarán; pero ellos no han sostenido el misterio de la fe en Cristo, como para recibir vida, y virtud, y consuelo de él. Ustedes pueden haber obtenido conocimiento de la historia de palabras y doctrinas; pero tan pronto como ustedes contaminen su conciencia, al hacer cosas malas, y se aparten del principio de la gracia, ustedes destruyen la fe.

Pero, amigos míos, así como ustedes tienen en su mente continuar y permanecer en la fe, y en este viaje y caminata celestial, yo les daría esto como una certeza, porque les hará bien aun cuando mi cabeza esté baja. El camino para continuar en la iglesia de Dios, y en la comunión de los santos, y retener su paz con Dios, es mantener una conversión familiar* con la verdad en sus propias almas, y esta los guardará para que no caigan, y los llevará en su camino, en su viaje y caminata al cielo. Como la madre, cuando el hijo llora por ella, pero no puede ir, ella lo toma de la mano y lo guía, así pasa si ustedes se mantienen cerca de la verdad, ella los puede guiar a través de todas las dificultades, a través de asuntos grandes así como pequeños, y liberarlos de las trampas y tentaciones, y cuando ustedes son asaltados, los puede sacar ilesos. Con respecto a la comunión con Dios, y la comunión con los santos y el pueblo de Dios, esta permanece en esa paz, y pureza, y manteniendo un santo estado mental en su viaje santo, en el camino no contaminado, el cual al final los lleva al reposo eterno que permanece para el pueblo de Dios.

[*Una conversión familiar con la verdad, es esperar en Dios, escuchar silenciosamente sus palabras, velar esperando sus revelaciones, oír sus palabras, obedecer cualquier cosa que él le mande, observar sus enseñanzas, y retener sus palabras para siempre.]

SERMÓN XVI

El amanecer del día de gracia y salvación

Predicado por Esteban en la iglesia de la calle Grace, el 2 de abril del año 1691

Amigos míos,

USTEDES no pueden sino saber y ser sensibles, que un día de evangelio, un día de gracia y salvación ha amanecido sobre ustedes, y que la luz de él ha irrumpido a través de muchas nubes de oscuridad, por medio de las cuales ustedes a veces no pueden ver. Esta es la misericordia inestimable e inmencionable de Dios hacia nosotros, que la luz del evangelio de salvación resplandece sobre su pueblo, quien sin él es miserable.

Ha habido un día muy oscuro y nublado sobre nuestros antepasados, y también sobre nosotros, en los días de nuestra ignorancia. Nosotros somos aptos a divagar de acá para allá, y para apartarnos con el viento de la doctrina de los hombres, que no podemos encontrar un reposo, un hogar o un asentamiento para nuestras almas, para vida eterna. Y hay muchos que han clamado a Dios para que revele su camino y para que se los dé a conocer a ellos, y ellos probablemente le han prometido al Señor que si ellos pueden de una vez llegar a la certeza del camino, ellos pueden caminar en él. A los tales el Señor ha inclinado su oído, y él les ha respondido; y en su respuesta al clamor del alma, él ha traído la salvación más cerca, y ha revelado el poder por el cual él la puede producir, en cada alma particular que recibe el evangelio de su Hijo.

[Crisp habla del evangelio como una experiencia individual de Dios que muestra su poder y revela cómo se siente la salvación. Esa es la razón por la cual el evangelio es un misterio, que sólo puede ser revelado por medio de la revelación de Dios. Lo que no ha sido revelado es un misterio, hasta que es revelado: para que les ilumine el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, quien es la imagen de Dios. 2 Cor 4:4. ]

Pero ahora amigos, ustedes que son sensibles a esta visitación bendita y gloriosa del día del evangelio, en el cual la salvación es acercada, es necesario que cada uno examine su propio corazón, si es que realmente han recibido el evangelio; si es que han recibido y aceptado la gran abundancia, e innumerables bendiciones del evangelio, con el cual el Señor Dios de la vida nos ha visitado, o si es que lo han rechazado. Porque aunque es nuestra felicidad conocer la visitación de la vida, sin embargo no prosigue que cada uno que es visitado será hecho heredero de él; porque hay muchos que no lo alcanzan por causa de su incredulidad. Hay muchos que han recibido el evangelio, quienes desobedecen el evangelio de Cristo, y por lo tanto no tienen la vida eterna.

Cuando la gente llega a este serio examen de sí mismos en esto, entonces la luz y la gracia que vienen de Cristo a cada uno de nosotros, tanto a aquel que la rechazó como a aquel que la recibe, esta les dará a conocer su estado y condición, con respecto al evangelio de Cristo. Porque hay muchos que por medio de una separación de sus mentes de la luz de Cristo, son más aptos a equivocarse en su estado, y a hacer un mejor juicio de sí mismos, y de su estado interior, que lo que en realidad llegará a ser en el día que el Señor los escudriñe y los pruebe. Pero aquellos que hacen un juicio de sí mismos, por la apertura y descubrimientos que ellos tienen a través de la luz de Cristo Jesús (porque así debemos hacer en este asunto importante) ellos hacen un juicio de su estado y condición de acuerdo a la evidencia que el Espíritu de Dios pone en sus espíritus, y espero que todos ustedes digan que este es el camino más certero. Porque si vamos a compararnos los unos con los otros, y decir "soy mejor que tú y ese hombre es mejor que yo", somos responsables y estamos sujetos a muchos errores, donde no debería haber ninguno. Pero si llegamos a la medida y determinamos nuestro estado y condición presentes, por la evidencia del Espíritu de Dios, dando testimonio con nuestro espíritu, tenemos un fundamento para dar un juicio infalible y certero. Y aquellos que son obedientes al evangelio de Cristo son capaces de dar un juicio sensato de su estado, porque ellos son hechos partícipes, por medio de Cristo, de esa gracia, y luz, y verdad, a la que ellos quieren ser obedientes, y son llevados a un tipo de conocimiento y entendimiento de su deber, si es que lo hacen o no. Y este conocimiento, y este entendimiento que Dios les ha dado, los hace capaces de emitir un juicio recto de su propio estado. Ellos no lo llamarán un buen estado si es un estado impío; y ellos no lo llamarán un estado impío si es uno bueno. Ellos saben que es bueno por el principio de verdad en su juicio.

Por lo tanto debido a que hay tantas incertidumbres en el mundo, y que los hombres son aptos a asirse a una manera incierta de juzgar y determinar, aun en asuntos relacionados a sus almas; hay una gran aptitud en la gente para asirse de incertidumbres, al juzgar acerca de los asuntos de sus almas, que en cosas relacionadas a sus cuerpos. Debido a que la gente es tan susceptible a ello, no nos puede hacer daño a ninguno de nosotros exhortarnos los unos a los otros, e inspirarnos y conmovernos los unos a los otros, para hacer un cálculo de nuestros estados, por medio de algo que no engañará. Hay una abundancia de gente engañada en este país, como también en otros países; no necesitaremos ir a partes extranjeras para encontrar personas engañadas y alucinadas. No será incorrecto decir que el borracho, el que jura, el mentiroso, el opresor, el orgulloso, y el malicioso, están engañados. Si ellos no estuvieran engañados, nunca serían vencidos por el impío, el autor de todo mal; él los ha engañado, en que ellos piensan continuar en estas cosas, y clamar paz, paz, los unos a los otros, y en sus propias almas. Este es un gran engaño; y el diablo es el gran engañador por medio de quien ellos son engañados. Y valdría la pena saber qué es lo que hace a un hombre pensar que él está en un estado feliz, y esperar disfrutar vida eterna, con Dios y Cristo, y cuando él continúa en pecado e iniquidad; valdría la pena encontrar el engaño.

No hay nada tan apropiado para llevar a todos a la gracia de Dios, como escudriñar sus propios corazones y probar sus caminos. Esto es lo que descubrirá sus pensamientos, y se los dará a conocer a sí mismos. Esta es al gracia de Dios y el don dado a los hombres mientras ellos todavía son pecadores y desobedientes; él no retiene su gracia, sino que entrega su gracia, y luz, y verdad, incluso a los rebeldes. Él les da dones a los hombres, incluso a los rebeldes, para que él pueda tener un lugar y morada entre ellos, para que ellos puedan saber que hay un Dios que escudriña el corazón, y prueba las riendas, y juzga toda injusticia. Si Dios les ha dado tanta gracia para que él pueda tener una morada en su corazón, ¿no debería esto restringirlos a ustedes del pecado, para que el diablo, por medio de sus tentaciones, no los pueda contaminar, y hacerlos inadecuados para el reino de Dios? Cuando el Señor viene a escudriñar el corazón, es para limpiarlo, y para quitar la iniquidad y el pecado, que los haría inadecuados para su reino. Este es un mejor camino, y más excelente que vivir en la carne y satisfacer sus deseos. Dejen que la gente viva tanto en sus propias voluntades corruptas, en orgullo, lascivia, soltura, y la vanidad de sus mentes, que ellos no hallarán tanta satisfacción verdadera y deleite, como al vivir en una vida santa, viviendo en el temor de Dios, y evitar el pecado, y manteniéndose alejados de las tentaciones y trampas del diablo.

Este es un camino más excelente; y es nuestra obra y asunto declarar a la gente este camino más excelente, que todos, en un momento u otro, confesarán."Esto es irritante", algunos dirán "esto reducirá mi placer y deleites en el mundo, y arruinará mi interés secular". Si no fuera por esta razón, ellos admitirían que es mejor vivir una vida santa, y vivir en el temor de Dios, que vivir en el servicio del diablo; y su interés carnal está en el camino, y sobrecarga la balanza, pero es porque ustedes se unen con ello, de otra manera el diablo, y todo el poder del infierno, no la podría sobrecargar. Si la gente considerara estas cosas seriamente, ellos dirían que es mejor servir a Dios que los hizo, y que les dio vida, y aliento, y ser, que a aquel que quisiera destruirlos; y después cuando ellos se encuentran con los placeres y deleites del mundo, que el diablo pone ante ellos, ellos nunca sobrecargarían la balanza en contra de una razón divina. Si ustedes le dan su corazón a esto, y lo consideran seriamente, sobrecargará la balanza en contra de todas las tentaciones para vivir en pecado, y placer, y jovialidad. Si ustedes se unen con esta razón divina, que les dice que estos placeres y gozos carnales no son necesarios para su alma, sino que es necesario vivir una vida santa y celestial, y servir al Señor que les dio la vida, y aliento, y todas las cosas; quien les ha prometido a ustedes guardarlos de gran manera. Si aquello que se une con la razón divina, y hace caso a aquello que les abre la verdad en sus propios corazones, todo lo que el diablo puede hacer, no puede servirle; porque el diablo no tiene extorsión, no tiene poder para forzarlos a cometer pecado; él no puede hacer al hombre obrar iniquidad en contra de su propia voluntad; él debe nublar el entendimiento, y obrar sobre la voluntad, y atraer y persuadir los afectos con cosas terrenales. Por lo tanto ustedes no pueden ser forzados por el diablo en contra de su voluntad, para ceder a sus tentaciones, y cometer cualquier pecado, pero ustedes sí pueden decir: “Yo lo haré.”

Yo confieso que cuando el entendimiento es sobornado, y la voluntad atraída y seducida por las tentaciones del diablo, no se pueden soportar. Pero por otro lado, si los hombres se dan a sí mismos al poder de Dios, ellos tendrían una asistencia divina; y al unirse a ese poder, ellos serán más que vencedores. Por lo tanto no podemos sino ser alentados a mantenernos en el camino del Señor, y a tener un conocimiento del poder de Dios, el cual los preservará, y les dará la victoria sobre todas las tentaciones y los asaltos del diablo; y sin este poder ustedes no pueden vencer; pero si ustedes tienen la asistencia de este poder, nada será muy difícil para ustedes. Cuando ustedes están en aprietos, y en una condición indefensa, ustedes a veces están listos para clamar: “no venceré a mis enemigos espirituales; nunca obtendré la victoria sobre el pecado y el mundo, la carne, y el diablo; y nunca seré capaz de soportar sus tentaciones, sino que ellas prevalecerán sobre mí todos mis días.” Con razón ustedes llegan a esta conclusión, si ustedes se han alejado de la verdad y la dependencia en este poder que puede vencer al diablo, y desconcertarlo en sus pensamientos, palabras y obras.

Ustedes pueden estar listos para decir: “¡ay! por mi mismo no puedo hacer nada; no soy capaz por mi mismo ni siquiera de tener un buen pensamiento; sin embargo por medio de la asistencia divina, muchas veces pienso buenos pensamientos. En mi, esto es en mi carne, no mora nada que es bueno. No en mi carne abstractamente; separado del poder de Dios, y la asistencia que me fue prometida. En mi carne no mora nada que es bueno. Pero si ustedes me toman como uno que tiene fe en Cristo el Mediador, esta fe acepta el tierno amor de Dios en el Redentor. Y cuando tengo esta fe, una cosa buena mora en mi; y de esta cosa buena que mora en mi fluyen buenas palabras y buenas acciones." Entonces ustedes llegan a estar familiarizados con un poder más grande que el de ustedes; si ustedes confían en él, podrán soportar las tentaciones. Cuando ustedes son tentados a cometer algún pecado, no sólo serán capaces de soportar la tentación, sino de vencerla también, y de ser más que vencedores en su guerra espiritual. Esta dependencia y confianza en el poder de Dios es lo que nosotros llamamos fe; y en esta fe está la operación de Dios.

Hablando con palabras claras, Dios operará sobre sus mentes, y les hará saber que este es su poder, luz, verdad y gracia, por la cual él desea salvarlos. Y después que Dios ha obrado y se ha revelado ante ustedes en esta manera, es el deber de ustedes creer en él, poner su creencia y confianza en él, para ser liberados. Pero aunque él me ofrece la fe, esta no es forzada sobre mi; Dios ha ofrecido la fe a todos los hombres, pero él no la fuerza sobre nadie. A todos se les ofrece una oportunidad, si ellos se unen con él, ellos pueden tener la fe obrada en ellos, y ser aptos y preparados para el reino de Dios.

Hay muchos que están convencidos de la verdad de la doctrina que les predicamos a ellos, pero ellos no obtienen el poder de la verdad; ellos nos oirán predicar del poder de la verdad, y oirán lo que dijo este hombre, y lo que dijo el otro hombre; y esto servirá su turno, para que ellos puedan hablar de religión, y hacer una profesión. Pero ellos no buscan ese poder que debería capacitarlos para obrar su propia salvación. Estas personas crecen en conocimiento, pero no crecen en gracia; ellos aceptarán la verdad que tiene que ver con la doctrina y las palabras. Ellos la han profesado, y han sufrido reprensión por ella, y sin embargo no han recibido la verdad en el amor de ella; ellos no pueden alcanzar el poder de ella. Ellos se glorían en su conocimiento y su entendimiento, pero no van hacia lo que los santifica. Ellos no son capaces de resistir el diablo, y permanecer en contra de sus tentaciones; cuando viene una tentación, ellos se unen a ella, pero no pueden soportarla. Ellos llegan al conocimiento de la verdad en palabras, pero no llegan al conocimiento del poder de ella en sus corazones y sus mentes, como para hacerlos vasijas preparadas para el honor de Dios. Dios es más deshonrado por ellos que por aquellos que nunca profesaron su nombre. Ellos caen en la tentación del pecado, y nunca disciernen la operación del poder de Dios en sus propios corazones.

Segundo. No hay otro error tan grande como este: hay muchos que cuando el poder del Señor ha obrado en sus corazones, y han tenido la verdad abierta a ellos en el poder de ella, no han creído en ella; ellos no han tenido la fe obrada en sus corazones, no han confiado en ella, ni han dependido de su poder; por lo tanto son débiles e ineficaces, tienen poca fe, la que no está cerca de ninguno. Sin embargo ellos tienen mucho conocimiento, de cuán fácilmente el diablo puede tentarlos a pecar si ellos no tienen fe; esta es la victoria, dijo el apóstol, que vence el mundo, es decir, su fe. Esta no es mi victoria, el que yo vea las sutilezas y tretas de Satanás, y sepa tanto; pero lo que es mi victoria es mi fe. Mi confianza está en el poder de Dios, y mi dependencia en aquel que es Dios, más poderoso que todos los hombres y demonios más finos; el Dios que conoce mi corazón. Si soy fiel a él, y dependo en él por fe, resistiré al diablo, y soportando sus tentaciones, obtendré la victoria sobre ellos.

[La fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios, la palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que puedas obedecerla; esta es la palabra de fe que predicamos. Usted debe ser obediente a los mandamientos que usted oye, para que su fe sea algo más que palabrería. El padre de la fe fue Abraham, quien obedeció la voz de Dios; su fe era lo suficientemente fuerte que lo llevó a obedecer a Dios, para salir de su país natal, para circuncidarse a si mismo y todos los varones en su familia, y para sacrificar a su hijo (lo cual fue retractado). Abraham no dijo solamente: “sí, Dios me habló, y yo creo en Dios; las cosas que él me ha dicho que haga no son realistas para que yo las haga, pero ciertamente yo sé y creo que hay un Dios.” Oír y obedecer es su fe; esa fe tiene poder. Oír sin obedecer es duda, falta de fe, por lo tanto el poder de Dios no es liberado. Sin obediencia no hay salvación; sin obediencia no hay progreso espiritual. Con obediencia hay poder, salvación, justicia, unión, traslado, pureza, perfección, y santidad. ¡La obediencia a los mandatos que usted oye es la clave!]

Este poder ustedes pueden tener por medio del evangelio; pero entonces ustedes deben ser verdaderos al poder de él en ustedes; porque yo distingo entre el evangelio, como una doctrina y palabra predicada, y un poder invisible y divino obrando sobre los hombres por la predicación del evangelio; ustedes oirán el evangelio predicado, aunque ustedes sean orgullosos y altaneros, y dirán que es verdad; pero ustedes nunca pueden llegar al conocimiento salvador del evangelio mismo, hasta que ustedes lo encuentren obrando internamente en sí mismos.

No tenemos pretensión de ningún poder para abrir los corazones de los hombres, como Dios abrió el corazón de Lidia, excepto cuando la gente llega a esperar a Dios con una mente seria y religiosa, ustedes encontrarán el poder de la palabra obrando efectivamente en ustedes, y así el evangelio llegará a ser el poder de Dios para su salvación. Esta es y será mi oración para todas las asambleas religiosas, que le rogarán al Señor que les enseñe, por medio de su palabra invisible, y que engendre deseos vivientes en ellos hacia él, y que los lleve a un efecto de santidad y justicia, para que ellos puedan adornar el evangelio de Cristo, al vivir vidas de acuerdo al evangelio; por causa de la falta de esto, qué deshonra han traído los hombres a Dios, y qué reproche al evangelio. ¡Oh! Que la gente puede llegar a oír la palabra predicada, con un deseo de beneficiarse por ella, y decir: Señor, hazme un bien este día, dame una refrescante visitación en este momento; dame alguna experiencia viviente de tu gran poder obrando sobre mi corazón, de modo que yo no sea llevado por la palabra de este hombre, o la opinión de este otro; porque si ellos están equivocados, yo estaré equivocado. Pero si yo edifico mi fe sobre lo que Dios en su palabra me revela a mi [¡tomen nota! revela al hablarle a ustedes o mostrarles en su corazón cuando ustedes le esperan], yo infaliblemente sabré lo que debo creer y practicar, y recibiré de Dios alguna cosa buena, y sabré lo que es la buena y aceptable voluntad de Dios. Yo hallaré que hay poder en el evangelio para edificarme en la fe más santa, y que es poderosa por medio de Dios para derribar las fortalezas del pecado y de Satanás, y veré la salvación de Dios que es traída cerca de mi.

Cuando el evangelio llega a ser el poder de Dios, y cuando obra sobre los corazones de los hombres por medio de la operación del poder divino, ellos pueden distinguir entre esa fe que está edificada sobre las declaraciones de los hombres, y la que es obrado por la revelación y descubrimiento de la mente de que Dios está en sus almas; esto es algo en lo que nosotros podemos encallar, y tener un ancla segura y firme en nuestras propias almas; cuando yo dependo de Cristo, la roca eterna, tanto de esta edad como de todas las edades, mi fe debe ser puesta sobre él; y cuando yo oigo la palabra del hombre, debo poner mis ojos en Dios, para que él revele su poder en mi corazón; esto me hará creer en el Señor Jesucristo, y recibir esa palabra implantada que puede salvar mi alma. Yo no sólo oiré la palabra, sino que viviré en obediencia a ella. ¿Qué significa hacer profesión de que yo tengo la luz en en interior, si no le doy obediencia a ella? Porque sin eso, todo es hipocresía; toda pretensión de santidad, o justicia, toda mortificación, no es nada más que hipocresía, más de lo que encontramos el poder de la verdad haciendo una impresión sobre nuestros corazones y nuestras mentes, llevándonos a la obediencia de la fe.

Entonces que aquellos que profesan la justicia, vivan justamente, y aquellos que oyen el evangelio, vivan en obediencia a él; y aquellos que profesan ser cristianos, que vivan verdaderamente como Cristo. Cuando todos lleguen a saber en sí mismos, siempre y cuando el evangelio haya resplandecido sobre ellos, que han recibido la verdad en el amor de ella, y amen la verdad como está en Jesús, y sean obedientes al evangelio, ellos conocerán su salvación. Hay un descubrimiento del poder de Dios en el evangelio, y hay una creencia de él, y confianza en él; esto es lo que corresponde a un cristiano, este es el comienzo y el primer paso de una vida cristiana; debemos creer en Cristo; porque sin fe es imposible agradar a Dios. Aquel que cree debe tener cuidado de caminar en la verdad que ha recibido, y entonces él tendrá un testimonio del poder y virtud de ella en su propia alma. Esta virtud y poder, si él se une a él, tiene el gobierno de su corazón y su vida, y le da la victoria sobre el mundo, y las tentaciones de Satanás.

Ustedes saben que en los tiempos primitivos hubieron creyentes que no sólo sostuvieron la fe, sino que vivieron por la fe; y por esa fe ellos obtuvieron la victoria sobre todas las seducciones, y placeres y vanidades del mundo. He peleado la buena batalla, dijo el apóstol, 2 Tim 4:7-8. He acabado la carrera; he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, el Juez justo, en aquel día. Y no sólo a mí, sino también a todos los que han amado su venida. He obtenido la victoria, y me espera un eterno peso de gloria para mi.

Mis amigos, esta es nuestra ambición, y toda nuestra labor entre ustedes, que ustedes puedan ser edificados en la fe más santa; para que ustedes puedan ser llevados a casa en Cristo, en todas sus reuniones y asambleas. Ustedes deben desear ser enriquecidos con fe, y tener su propia bodega lleno con todos los frutos del Espíritu, y no sólo buscar el conocimiento de la verdad, sino estar sujetos y ser obedientes a lo que ustedes conocen, de otra manera por medio de su religión ustedes sólo se dañarán a si mismos. Y el apóstol Pedro en 2 Pedro 2:20-21, habla acerca de conocer la verdad, y ser establecidos en ella, y de algunos que después que se habían escapado de las contaminaciones del mundo, por medio del conocimiento de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, ellos están otra vez enredados en ellas, y son vencidos, y el último estado les viene a ser peor que el primero. Pues mejor les habría sido no haber conocido el camino de justicia, que después de conocerlo, volver atrás del santo mandamiento que les fue dado. Hay un poder que va con la predicación del evangelio, que los habilitará para hacer lo que ustedes saben; el evangelio es una doctrina poderosa, ya sea que ustedes lo conozcan o no, ya sea que ustedes se sometan a él o no, sin embargo recuerden que el pueblo de Dios es un pueblo dispuesto en el día de su poder; ellos son un cierto tipo de pueblo que está dedicado a Dios, y someten todos sus honores mundanos, sus intereses, ganancias y placeres, a la aprobación de Dios, y no desean ningún otro placer o felicidad, sino disfrutar su presencia y su favor; ellos están satisfechos con esto, y ellos son un pueblo feliz, hechos un pueblo dispuesto en el día del poder de Dios; ellos están dispuestos a negarse a sí mismos, a tomar la cruz diaria y seguir a Cristo, y tener salvación de acuerdo a los términos de él.

Hay muchos profesantes [creyentes profesantes] que tienen nociones, y apariencias externas, pero carecen esta virtud, y vida, y poder, que debería establecerlos en la religión, y en un amor a la verdad. El Señor que conoce nuestros corazones, sabe que nuestra labor y esfuerzo entre ustedes ha sido diseñado para su bien, y lo que nuestros corazones desean es que ustedes puedan ser salvos en el día del Señor Jesús. Nosotros quisiéramos que la gente considerara, y atendiera y escuchara lo que Dios dice, y recordaran lo que él les ha enseñado por medio de los ministros del evangelio. Nosotros que tenemos oídos para oír, agradezcamos a Dios por eso; bendito sea Dios porque hay un poder y una habilidad de oír con un oído externo; pero hay muchos que ni siquiera dan oído a lo que el Señor les puede decir. Aquel que tiene oídos oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias; y lo que él le dice a su propia alma. Oigan lo que el Espíritu dice acerca de su propio estado y condición; si es bueno, bendigan a Dios por eso. ¿Están ustedes en una condición tan buena que no tienen ningún problema, ni aflicción que lamentar, ni necesidades que satisfacer? Benditos ustedes que no tienen ninguna, pero si hallan que han hecho algo mal, y si el Señor les llama esta noche a rendir cuentas, el Señor tiene mucho en contra de ustedes, estoy seguro; y les digo que es su deber ir hacia Dios con un arrepentimiento no fingido, para que por medio de Cristo Jesús, ustedes pueden recibir perdón y remisión de todos sus pecados, y oír lo que el Espíritu les dice a ustedes, y en ustedes.

Oren y hagan que su obra y asunto sea el resto del tiempo que ustedes tienen para vivir, esforzarse por su salvación con temor y temblor, para que cuando Cristo venga, ustedes puedan decir "ven Señor Jesús, ven pronto, purifícame y santifícame, y prepárame para ser presentado al Padre sin mancha ni culpa"; el día viene en el que este será el deseo de cada uno de ustedes.

[El día del Señor viene cuando unos entrarán en el reino. Para aquellos que nunca entrarán en el reino, vine el día cuando ellos morirán. Por lo tanto todos verán a Jesús venir para juzgarlos.]

Y es el sincero aliento y deseo de mi alma que cada uno de ustedes pueda tener sus ojos en el Señor, y él mirará desde el cielo, y tendrá consideración del clamor y los suspiros del alma necesitada. Dios levantará, y encontrará a las personas que suspiran por él, y que desean ser reconciliados con él, por medio del Mediador Jesucristo; el Señor ama hallar a esas personas, y estoy contento de predicar a tales personas las buenas nuevas del evangelio, y de enseñarles lo que Dios me ha enseñado; bueno y recto es el Señor, por lo tanto él les enseñará y los guiará en el camino que ustedes deben seguir. Caminen humildemente con Dios; él resistirá al orgulloso, pero le dará gracia al humilde. Caminen rectamente ante el Señor en este día del evangelio que resplandece sobre ustedes; amen la venida de Dios, y aprécienla; aunque no ha sido tan gloriosa para ustedes, como para algunos otros, sin embargo no desprecien el día por cosas pequeñas. Vivan en sujeción a esa gracia que el Señor les ha dado, y el Señor les dará más gracia, y derramará su Espíritu, y multiplicará sus bendiciones sobre ustedes, el Señor ha comenzado una buena obra en ustedes, y él la llevará a cabo en el día de Cristo, y él prometerá traernos el día glorioso de su visitación.

Al Señor yo les dejo, a su favor y protección yo los encomiendo; recuerden que no hay salvación sino por medio de Jesucristo, no se puede obtener por Cristo a menos que ustedes lleguen a creer en él. A aquel que escudriña el corazón, y prueba las riendas, que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, por el nombre de Cristo Jesús, el Mediador, a él les encomiendo, no dudando sino que aquel que ha comenzado una buena obra en ustedes, al final la completará y la terminará para su propia alabanza y la salvación de ustedes.

Sermón XVII

LA EXCELENCIA DE PAZ CON DIOS

Predicado por Esteban Crisp en la casa Devonshire, en el día 5 del octavo mes, 1691

Mis amigos,

Es la gran felicidad del hombre en este mundo conocer a Dios, al Señor que lo hizo, de quien él tiene la vida y el aliento, y su bienestar eterno de aquí en adelante. Esto sin duda todos reconocerán tarde o temprano, que la paz con Dios es una gran joya, y la mejor propiedad y riqueza. Es el gran deseo de todos poder obtener esto en algún momento; y hay una gran negligencia de la felicidad entre los hijos e hijas de los hombres, al no buscarlo, al no obrar para alcanzarlo mientras se pueda obtener. ¡Oh! Cuántos desperdician su tiempo con objetos que se desvanecen y perecen, y saben al instante que están destituidos del favor de Dios, y de la paz con Él. ¡Oh, amigos! Los pensamientos mismos y la consideración del valor de esta joya, y toda la miseria de estar sin ella, y la incertidumbre de nuestro tiempo mientras se debe alcanzar, podría poner a alguien en una indagación seria y diligente, según el camino y los medios por los cuales ellos pueden obtenerla, para que puedan tener un lugar de descanso para sus almas, y satisfacción para su ser interno; para que a ellos les vaya bien, cuando el tiempo se haya acabado.

Y aquellos que llegan a esta consideración, y están resueltos en sus corazones y sus mentes que trabajarán para obtenerlo, y pondrán todo su empeño en ello, ellos buscarán en primer lugar el reino de Dios y su justicia. Ellos necesitan recibir aliento diariamente en su camino hacia el cielo y no hay nada de parte del Señor que les falte a tales almas, sino que ellas puedan alcanzar su deseo.

Pero, ¡ay! Esto ha sido, y todavía es, la miseria de miles. Ellos están buscando la paz con Dios, pero yerran en la manera de hacerlo, ya que no buscan ese camino, ni se aferran de esos métodos, por medio de los cuales Dios ha prometido la paz. Ustedes escasamente encontrarán a alguien que no quiera tener la vida eterna, ni paz con Dios; no necesitaremos persuadir a la gente a que quieran y deseen tener paz con Dios, cuando lleguen al momento de la muerte, y pongan sus cabezas en el polvo. No hay un Balaam, sino aquel que desea morir la muerte del justo, y que su final sea como el suyo. No hay un escriba, ni fariseo, ni alguien que profese una religión, sino aquellos que están buscando la vida eterna. El Señor Jesús sí dio testimonio con respecto a ellos, que son un pueblo envidioso, orgulloso y perseguidor, sin embargo ellos buscaron la vida eterna, y se concentraron en algunos métodos y maneras por las cuales ellos pensaron que la obtendrían y la disfrutarían, y de la misma manera muchas personas hacen cada día. Ellos están en un estado y condición en el cual no lo podrán disfrutar; los métodos y caminos que ellos han escogido para sí mismos, por los cuales encuentran la vida eterna, y obtienen paz con Dios, nunca responderán al final.

Y a Dios le ha agradado descubrir en nosotros los senderos que la gente ha escogido, por los cuales ellos buscan paz con Dios, por lo tanto estamos dispuestos en todo tiempo a mostrarle a la gente su error en estos asuntos más importantes, lo cual es una preocupación más grande para ellos. Si ellos yerran en su camino al buscar obtener algún bien terrenal, y no alcanzan su fin, ellos conocen su precio; es una pérdida tan grande, la cual, si ellos hubieran tomado el curso correcto, lo hubieran podido alcanzar; pero es una tremenda pérdida, una pérdida inestimable, que ellos pierdan la paz con Dios, y todos los dolores y la labor que buscan obtener.

Les suplico, amigos, consideren estas cosas; son de gran importancia, y ustedes lo dirán algún día. Porque, dijo nuestro salvador, ¿de qué le sirve al hombre si gana el mundo entero y pierde su alma? ¿O qué dará el hombre en rescate por su alma? Oh, ¡qué triste es considerar que el hombre no ha hecho provisión para su alma; que él no tiene un lugar de descanso para su alma inmortal, cuando su cuerpo ya no la puede retener! Si este es el estado del hombre cuando él llegue a morir, hubiera sido mejor que él nunca hubiera nacido. Los hombres pueden vivir y acumular riquezas, y disfrutar de muchas pertenencias; pero si están desposeídos del favor de Dios, si no tienen paz con Él, ¿qué harán con sus gozos perecederos? Ellos no pueden realmente satisfacerse a si mismos con estas cosas transitorias y visibles; pero si estas personas sólo piensan en sus cuerpos, y descuidan sus almas, ¿acaso no viven como las bestias que perecen? La bestia busca su carne, y cuando la encuentra, la come con deleite y placer, y un poco después se acuesta y se muere; así es con las almas descuidadas, ellas no tienen consideración por su estado futuro, sino dicen: Comamos y bebamos, y alegrémonos, que mañana moriremos.

Oh que cada uno de nosotros que estamos aquí aplicáramos nuestros corazones seriamente, a la consideración del peso de estas cosas que conciernen nuestro estado eterno. Si las personas hicieran esto, llegarían a una indagación de sus propias almas, qué método y qué camino es más seguro para alcanzar este fin tan bendito. Porque ustedes saben que hay una abundancia de gente,--si ustedes miran en todo el mundo, verán que casi todos andan cazando por acá y por allá, en algún tipo de religión, y están ocupados en actuaciones religiosas. ¿Cuál es el problema? ¿Qué preferirían ustedes? Nosotros queremos tener paz con Dios aquí, y reposo eterno en el reino del cielo en esta vida y la siguiente. Por lo tanto las naciones han sido esparcidas y llevadas de acá para allá, en la búsqueda de la felicidad y la satisfacción.

Hay una creencia general entre la gente que hay un cielo y un infierno; y que tienen que tener su parte en uno de ellos. No hay nadie que desee una porción en el lago de fuego y azufre. Estos desdichados profanos que claman a Dios para que los maldiga, realmente no quieren decir eso, ellos serían salvos por todo eso; todos clamarían al final: "¡Señor, ten misericordia de mi!" si sólo tuvieran tiempo de decirlo. Clamemos ahora: "¡Señor, ten misericordia de mi! ¡Señor, concédeme tu favor! ¡Señor, eleva la luz de tu rostro sobre mi! ¡Señor, toca mi duro corazón y ablándalo, y quebrántalo por el poder de tu Espíritu; abre mis ojos para que yo pueda ver las maravillosas cosas de tu ley; abre mis oídos, para que yo pueda oír tu voz!" Es bueno que la gente haga buen uso del tiempo que tienen. Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo, y Dios derramará su ira sobre aquellos que no invoquen su nombre. Aquel que invoque el nombre del Señor será salvo; y Dios le da ánimo a los que lo buscan.

¿Qué quieres decir cuando dices buscar a Dios? Yo he ido a la iglesia y he orado; he caminado en ese camino en el cual mis padres me han guiado, y me han dirigido; espero que al final encontraré misericordia. Soy un creyente; creo en Jesucristo que murió por mis pecados; y resucitó otra vez para mi justificación; espero, por medio de los méritos de Cristo Jesús, que seré salvo. ¿Qué quieres decir cuando dices buscar al Señor? ¿Acaso no todos oímos de Él, y le oramos cada día?

Acaso hay algo más común que esto, que las personas discuten generalmente con otros. Con respecto al conocimiento general de Dios, ustedes y yo podemos ver para tristeza de nosotros que hay muchos que claman: ¡Señor, Señor! que no tienen posibilidad de entrar en el reino de Dios. Si todos los que toman el nombre de Dios en sus bocas entran en el reino del cielo, sería un reino muy repugnante. Si todos los borrachos y fornicadores de Inglaterra, y todas las personas profanas e impías, que toman el nombre de Dios en sus bocas, entraran en el reino de los cielos, sería un reino muy sucio e impuro. Nada entrará allí que sea impuro, que sea abominable, que ame la mentira. Por lo tanto, debe haber más personas peculiares que tengan plena entrada en el reino de Dios; y debe haber algo que les de derecho de obtenerlo. Porque ustedes pueden recordar lo que dijo nuestro Salvador: Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Todo lo que se puede conocer de Dios por medio de obras, ustedes y yo lo podemos conocer, sin la revelación de Cristo; no necesitamos esperar este conocimiento; lo podemos tener por medio de libros, lo podemos tener sin la revelación de Cristo. Nada le pudo ayudar a algunos en el tiempo de nuestro Salvador sino la vida eterna; y nuestro Señor Jesús les dice: ustedes escudriñan las escrituras, porque a ustedes, dijo él, les parece que en ellas tienen la vida eterna, y que ellas son las que testifican de mi. Sin embargo, por toda la profesión que ellos hicieron, Él les dice: A Dios nadie le ha visto jamás, ni tampoco han visto su apariencia ni han oído su voz. Ellos eran extraños para Dios, aunque tenían un conocimiento general de Dios.

Así es en este día; hay un conocimiento general de Dios, y la gente espera obtener paz con Dios, y la vida eterna. Sus padres y sus tutores les han instruido en los principios del cristianismo, y acerca de los atributos de Dios; pero esto no los llevará a un conocimiento de Dios que les para salvación, ni a una reconciliación con Él. Porque un hombre que es tan impío como el diablo puede saber estas cosas, y sin embargo ser un siervo del diablo, y hacer su obra. Él no ha nacido otra vez para llegar a ser un niño, con todo su conocimiento externo. No, el que desea llegar al conocimiento verdadero de Dios que trae salvación, nuestro Salvador nos ha dicho que ninguno conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Este es el camino seguro para ir al conocimiento verdadero de Dios el Padre. Cristo tiene la llave de David, la cual abre y nadie puede cerrar; y cierra y nadie puede abrir. Él nos puede llevar a contemplar la gloria de Dios en su propio rostro. Sin Él nunca podremos llegar al conocimiento de Dios que trae salvación.

¡Pobre hombre que está en un estado caducado y caído! Él ha caído en el pecado, y está en un estado de separación de Dios; y por lo tanto él no puede ir a Él sino por medio de un mediador: Hay un mediador entre Dios y el hombre, el Hombre, Cristo Jesús; y Cristo debe hacer las paces con él, de otra manera nunca la obtendrá. ¿Cómo, entonces, podremos venir a Cristo, si Él es el único medio, y no hay otro, por el cual podamos llegar al conocimiento de Dios, como lo declaran las escrituras? Presten oído a esto, ¿cómo podemos llegar a Cristo? Yo respondo: ustedes nunca irán a Él si Él no viene primero a ustedes; ustedes nunca podrán hacerlo. Cuando ustedes dicen que creen que Cristo murió y resucitó, y ascendió al cielo y que Él se sienta a la diestra de Dios, y vive para siempre para hacer intercesión por su pueblo, eso no es venir a Cristo; o cuando ustedes leen esas palabras y doctrinas que Él predicó de allá para acá, en reuniones y asambleas solemnes. Pero si ustedes creen que Él es el eterno Hijo de Dios, y el autor de la salvación eterna para todos los que le obedecen, ustedes deben ir a Él, y completamente entregarse a su gloria y servicio. Sin esto, ustedes no pueden ir a Él, ni Él les traerá a ustedes el Padre. Cristo ha venido para estar cerca de nosotros, Él está en la puerta de nuestros corazones, y Él está tocando. ¡Miren! esa es la palabra que llama la atención, para que el pueblo tome nota, He aquí, estoy a la puerta y llamo. ¿Para qué tocas la puerta? Dijo Cristo, "para que ustedes puedan abrir la puerta de su corazón; porque si alguno oye mi voz, y abre la puerta, vendré a él, y cenaré con él y él conmigo", y esta gracia que trae salvación ha aparecido a todos los hombres. Esta manifestación del Espíritu y luz en el interior, la recibimos de Cristo. Estos son los caminos y métodos que el Señor Jesucristo ha tomado para acercarse a nosotros. Ahora, su propia razón les dirá que si este es el camino y los medios que Cristo toma para acercarse a nosotros, no podemos tomar otro camino para acercarnos a Él. Si Cristo ha tomado, digo yo, este camino para acercarse a nosotros, por la luz y manifestación de su propio Espíritu, lo cual nos convence de pecado; si este es el camino de Cristo para nosotros, no puede haber ningún otro camino para ir a Él, sino por el mismo método de su gracia.

Él dijo: Si ustedes tienen la luz, crean en la Luz. Yo tengo la luz; estoy iluminado; hay algo que descubre sus pensamientos malignos. ¿Por qué debo creer en la luz? "Para que ustedes puedan ser hijos de la luz" como dice nuestro salvador. Aquellos que son los hijos de la luz la tendrán como su herencia; y aquellos que son hijos de la oscuridad, deben tener oscuridad como su herencia. Mientras tenemos la luz, debemos creer en ella, y seremos hechos hijos de la luz. Dios ha enviado a su Hijo, y el Hijo ha enviado a su Espíritu y su gracia celestial a nuestros corazones, para que podamos acercarnos a Él, y ser dirigidos para alcanzar el conocimiento de Él, y para hacer lo que le agrada a Dios, y llegar a estar en unión con Él, y hacer las obras de Dios. Esto es lo que Dios requiere de nosotros, que creamos en Aquel que nos ha enviado; para que podamos aceptar la luz, y creer en el Señor Jesucristo.

Oren, ¿qué quieres decir con creer? Hay algo dentro de mi que me revisa y me reprende por el pecado, y me llama a dejarlo, y me dice que de vuelta la hoja. ¿Debo dar oído a esto? ¿Es esto lo que quieres decir con creer? Con respecto a este grado de creencia, aquellos que la descuidan ahora, creerán después; porque todo el mundo al final, y el maldito en el infierno, ciertamente confesarán que se les dio gracia, y luz, y medios, y ellos podrían haber ido más lejos, y escapado la miseria en la cual han caído.

Pero hay una fe más preciosa de la cual quisiera que ustedes tomaran parte, una fe que obra por amor. Debido a que el Señor ha sido tan benévolo de extender su misericordia y amor a mi, y estoy tan cautivado con el amor de Dios, que seré obediente a Él. Esta fe que obra por amor, es la fe de los elegidos de Dios; para que por ella podamos obtener la victoria sobre nuestras pasiones y deseos, y sobre Satanás y las trampas de este mundo. Cuando hayamos llegado cerca de la gracia de Dios, y a creer en Cristo, esto está bien; pero también debemos dar obediencia y sujeción. Sin embargo cuando la fe haya producido obediencia, ustedes no podrán ser justificados por ella; ustedes no pueden ser salvos por su obediencia, sin Cristo: Él es el Autor y Consumador de nuestra fe, y un mediador de principio a fin.

Ahora, todos los que llegan a estar cerca de la venida de Cristo en sus propios corazones, han tomado el método asignado para que ellos vayan a él. Es a Cristo a quien deben oír. Él se acerca tanto a los hombres que ellos pueden oír su voz, y oírle cuando nos dice cuáles son nuestros pensamientos. ¿Por qué no debería oírle cuando él me revisa y me reprende de pecado? Él se acerca y me dice que he hecho algo mal. Señor, he hecho iniquidad, ya no lo haré más. Así Cristo conversa con su pueblo, y no sólo los revisa y los reprende cuando ellos hacen lo que es malo, sino los persuade y los capacita para hacer el bien. Él es un mediador, Él es un intermediario, y se hizo carne, para que Él pueda reconciliar con Dios a los que creen en Él.

Ahora, cuando hemos llegado a tener un conocimiento de Dios, y le hemos escogido para que sea nuestro Dios, él nos enseña lo que es bueno, y nos reprende por lo malo que hemos hecho. ¿Quién puede escoger una mejor guía para guiarlo al conocimiento de Dios, que Cristo que está familiarizado con nosotros, al penetrar nuestros pensamientos, y al hablarnos? Yo le puedo oír con el oído interno de mi corazón. Cuando hago el mal, Él me examina por eso, y me dice que lo que debo buscar es de valor inestimable; y si, a través de mi incredulidad y descuido, me lo pierdo, sería mejor para mi que nunca hubiera nacido. Ahora que estamos en el camino de llegar a recibir el fin de nuestra fe, la salvación de nuestras almas, no descuidemos esta gran salvación. Ningún hombre se puede salvar a sí mismo, ni salvar el alma de su hermano, ni encontrar un rescate, ni obtener una oferta para la expiación de su pecado; por lo tanto que cada uno que quiera que su pecado sea expiado y perdonado, y que no pueda satisfacer ni acallar hasta que tenga paz con Dios, que vaya hacia Cristo el mediador, y vaya con fe y verdad en las partes internas, y se someta a Él, y esté dispuesto a ser gobernado por Él; entonces Cristo le salvará, y lo presentará sin mancha ni tacha ante su Padre.

Consideren que aquellos que son el pueblo de Dios, son guiados por el Espíritu de Dios; y aquellos que han perdido su camino hacia la reconciliación con Dios, que aman de cualquier otra manera, o piensan ir a Dios de cualquier otra manera que no sea por Jesús, el mediador: su labor se perderá. Por lo tanto debo exhortarles y persuadirles a ustedes que están fuera del camino, que tomen el método de Dios, y vayan al camino de Dios. Los términos, yo les he dicho, ya están hechos; el negocio no es hacerlo ahora, --yo les daré mucho para que estén en paz con Dios, o me separaré de esto o de lo otro que sea importante para mi. No, el acuerdo está hecho entre Dios y Cristo, y su pacto está ordenado en todas las cosas, y es seguro; y su no pacto permanece seguro con nadie, sino aquellos que están en Cristo Jesús. Hay un pacto que está hecho con Abraham: En tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra. La promesa está hecha a la simiente, es decir, a aquellos que están en Cristo; los fieles son contados como la simiente. Ahora, los fieles son aquellos que son obedientes a Cristo, quien es la semilla de la promesa, en quien todas las familias de la tierra son bendecidas. Ellos deben ir a Cristo, la simiente; no deben rebelarse en contra de Él; ellos deben ir a Él, y creer en Él. Aunque nunca hayan tantas naciones y familias en el mundo, la promesa no es para ellos, sino a tantos como el Señor nuestro Dios llama.

Aquí está el camino para que la gente se aferre de él, porque llegar al conocimiento de Dios, que es grandemente necesario antes de que mueran, ellos deben ir a Cristo mismo, por medio de su Espíritu en sus propios corazones. No necesitamos ir a este o el otro hombre erudito, e investigar de este o este otro tipo de persona; sino que nosotros debemos clamar a Dios para recibir ayuda y dirección, e ir a Él, y dejarle todos los poderes y facultades de nuestras almas a Él, para ser gobernados por Él. Dios tendrá siervos que serán obedientes a Él. Si llegamos a obtener la salvación, debemos tener otro maestro: Uno sólo es su maestro, es decir Cristo. Yo debo llegar a estar bajo el gobierno de Cristo, y Él debe guiarme, y gobernarme, si yo soy un hijo de Dios.

Cuando la gente llegue a ver que no hay un camino eficaz, excepto someterse a la gracia de Dios* en sus propios corazones, y entregarse a los dictados del Espíritu de Cristo en sus almas; cuando ellos lleguen a esto, encontrarán muchos peligros y dificultades. Hay una venida de la cruz de Cristo, y nosotros debemos tomar esta cruz si vamos a seguir a Cristo, y ser obedientes a Él en todas las cosas. Esto es lo que matará todos mis placeres, devastará toda mi religión, y destruirá todas mis esperanzas; yo debo ser como un hombre que ha edificado una casa sin un buen fundamento; debo derribarla otra vez, y debo llegar a edificar otra vez sobre un nuevo fundamento.

[Someterse a la gracia de Dios es obedecer lo que la gracia de Dios nos enseña a negar: Porque la gracia de Dios que trae salvación se ha manifestado a todos los hombres, enseñándonos a negar la impiedad y a los deseos mundanales, y cómo vivir sobria, justa y piadosamente, en este mundo presente; Tit 2:11-12]

Aquí muchos se han apartado; la cruz de Cristo ha parecido tan afilada, y dura e intolerable, que ellos no pudieron soportarla; ellos no estarían a cargo de una religión así. ¡Qué! ¿Debo alejarme de todos mis deleites, y mis amadas lujurias y placeres, y todos mis intereses en el mundo, por Cristo? No puedo apartarme de ellos; estas cosas están en mi camino, y yo prefiero perder mi alma que apartarme de lo que es tan agradable para mí, y unirme con la luz de mi propia conciencia, y la verdad en mis partes internas. ¡Qué! ¿Acaso no debo tener esta libertad de pensamiento? ¡Qué! ¿Deben ser mis pensamientos regulados por lo que es tan molesto y repugnante para mi mente? ¿Acaso debo deshacerme de todos los malos pensamientos de mi corazón, y permitir que nada más sino los buenos pensamientos se queden allí? ¿Quién puede permanecer así? ¿Quién puede soportar algo tan estricto como esto? En vez de soportar esto, yo prefiero perder mi alma. Muchos han perdido la verdad por esta razón; y muchos están en peligro de perder su alma.

Si hay en ustedes algún deseo de paz con Dios, para que ustedes no se puedan ir de aquí antes de que lo hayan alcanzado, aférrense de la oportunidad presente. La dureza del corazón es una plaga desesperada; viene de una continuación larga y obstinada en el pecado. Cuando hemos resistido el día de la paciencia de Dios y su longanimidad, y hemos afligido al Santo Espíritu de Dios, entonces Dios nos entrega a los deseos de nuestros propios corazones, porque escogemos seguir la voz del encantador, no importa lo sabio que él parezca ser. Cuando cerramos nuestros oídos, y no escuchamos los llamados de Dios; cuando los hombres continúan, y nada los puede detener, en la carrera de sus deseos y placeres, pero ellos retienen sus deleites carnales y su amistad con el mundo, esta dureza de corazón llega a ser una plaga desesperada. Hagan caso de esto, para que no los domine, ni les traiga ruina y destrucción. Consideren la paciencia y longanimidad de Dios, y dejen que su bondad los lleve al arrepentimiento. Consideren que Dios ha esperado ser benévolo con ustedes, él ha ejercido mucha longanimidad y paciencia hacia ustedes; mientras que él hubiera podido apartarse de ustedes hace mucho tiempo, y hubiera podido darles su parte con los malditos en el infierno; pero Él ha escuchado la voz del mediador quien ha rogado por ustedes; Él ha extendido su paciencia y longanimidad a los impíos y rebeldes también; y por esta razón, el apóstol nos dice que Cristo es el salvador de todos los hombres, especialmente de aquellos que creen.

Ahora, la paciencia y longanimidad de Dios ha sido extendida a todos, y no la hemos mejorado. La conciencia ha sido sensible a los toques y reprensiones internas de Dios por el pecado, y a los llamados internos de su gracia para llevarnos al arrepentimiento; pero no hemos considerado estos llamados, ni escuchado la voz de Dios, como para oír, para que nuestras almas puedan vivir. ¡Oh, no posterguemos nuestro arrepentimiento por más tiempo! Sino que hoy, mientras aun se dice hoy día, escuchemos su voz, y no endurezcamos nuestros corazones; sino que seamos de corazón sensible; que nuestros corazones sean ablandados y sensibilizados por la palabra de Dios, y bajo los toques de su juicio. Si alguna vez el Señor los lleva a estar bajo un cuadro sensible, ustedes recibirán la palabra de Dios con mansedumbre, y la mezclarán con fe. Entonces obrará efectivamente para enmendar sus vidas; ella obrará fe en aquellos que son incrédulos, y fortalecerá la fe de los que creen. Entonces llegaremos a bendecir al Señor, y adorar y magnificar su gran nombre, por su paciencia, longanimidad, y misericordia, que en este día ha sido expandida, y extendida hacia nosotros.

<Continuación de los sermones>

El propósito de este sitio web es mostrar cómo llegar a estar
libre de pecado
al beneficiarse del poder de Dios que produce cambio por medio de la cruz,
lo cual lleva a la unión con Dios en su reino.


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