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CAPÍTULO XVIII Organización de Juntas Mensuales 1666-1669 Cuando salí del castillo de Scarborough, fui como a unas tres millas de allí, para asistir a una reunión general en casa de un Amigo que había sido jefe de los guardias; y la reunión se celebró en calma. El Cuarto día siguiente volví a Scarborough y, en la ciudad, celebré una reunión en casa de Pedro Hodgson. Asistió a ella una gran dama y otras personas de significación, y también un joven, hijo del alguacil de la ciudad, que se había convencido mientras estuve yo allí en la prisión, el cual empezó a discutir y a hablarme en hebreo, y yo, respondiéndole en el idioma del país de Gales, lo amonesté al temor de Dios. Más tarde fue un buen Amigo. Esta así llamada dama vino a mí y dijo que yo hablaba en contra de los ministros. Yo le dije que así como los profetas y Cristo declaraban en contra anteriormente, así yo declaraba ahora. De allí me fui a Whitby; y habiendo visitado Amigos en ese lugar, pasé a Burlington, donde tuve otra reunión. De allí me fui a Oram, donde tuve otra reunión; de aquí fui a Marmaduke Storr y celebré una reunión en casa de un guardia, en quien el Señor había obrado gran milagro. Al día siguiente, como dos Amigos iban a unirse en matrimonio (allá vinieron cientos de mendigos a quienes los Amigos obsequiaron en lugar de obsequiar a los ricos) se celebró una gran reunión a la que asistí, sintiéndome dirigido a revelar a la gente como eran nuestros matrimonios. Les dije que las gentes de Dios se tomaban uno a otro en la asamblea de los Ancianos, y que Dios había unido a hombre y mujer antes de la caída del hombre; y que, a pesar de que el hombre había asumido el derecho de unirse mientras estaba en pecado, luego, cuando los hombres fueron redimidos, la unión que era obra de Dios era el matrimonio verdadero y honorable; mientras que nunca habíamos leído en las Escrituras, desde el Génesis al Apocalipsis, que ningún sacerdote hubiera jamás unido a nadie en matrimonio. Les dije también cuáles eran los deberes de marido y mujer, y como tenían que servir a Dios, siendo como eran los dos herederos de la gracia y de la vida. Después de la reunión me fui de allí a la casa de Grace Barwick, donde tuve una reunión general, la cual era muy grande. Después fui a la casa de Ricardo, donde tuve otra reunión; y de allí a la casa de un sacerdote, cuya mujer se había convencido, mientras él cada vez era más afable y parecía más contento de volver a verme. Este sacerdote, era aquél que en el año de 1651 amenazó con que, si volvía a encontrarme en su camino, me quitaría la vida, o yo la suya; y dijo además que apostaba la cabeza a que, antes de un mes, me habrían aniquilado. Y ahora, convencido de la Verdad eterna del Señor, estaba lleno de amor. Me fui de su casa hacia el mar, donde varios Amigos vinieron a visitarme; entre ellos estaba Felipe Scarff, quien anteriormente había sido un sacerdotes, pero habiendo recibido la verdad, ahora se había convertido en predicador gratuito de Cristo, y así continuó. Yendo de paso fui a ver a un viejo que se había convencido de la Verdad, el cual tenía más de cien años; y después fui a Howden Dyke. Al entrar en la ciudad los guardianes me interrogaron, y también a los que me acompañaban; mas no teniendo en su poder decreto alguno que los autorizase a detenernos, pasamos por delante de ellos, que enfurecidos nos amenazaron con que luego nos buscarían. Fui a casa de la llamada Lady Montague, donde pasé la noche, y varios Amigos vinieron allí a visitarme. A la mañana siguiente, me levanté muy temprano y me fui a pasear por el huerto desde donde, cuando apenas salía el sol, vi que un hombre, envuelto en una gran capa, entraba en la casa. No se detuvo mucho tiempo y se marchó sin verme; y yo, sintiendo que mi vida corría algún peligro, entré en la casa, donde encontré a la sirvienta que, asustadísima y temblando, me dijo que aquel hombre llevaba un espadín desenvainado debajo de su capa. Al oír esto bien comprendí que había venido con intención de hacerme algún mal; mas el Señor impidió que llevara a cabo sus designios. Fui visitando a los Amigos hasta llegar a York; y fui después a visitar al magistrado Robinson, antiguo juez de paz, que, desde el principio, había sido muy bueno conmigo y con los Amigos. Estaba con él un sacerdote que me contó que se decía de nosotros que no queríamos a nadie más que a nosotros mismos; y le dije que nosotros amábamos a la humanidad por ser obra de Dios y ser todos los hombres hijos de Adán y Eva por generación tras generación; y que amábamos a nuestros hermanos en el Espíritu Santo. Esto le cerró la boca; y después de algunas razones nos separamos amigablemente, siguiendo nosotros nuestro camino. Alrededor de este tiempo escribí un libro titulado "Temer a Dios y honrar al rey," en el cual mostré que nadie podía temer a Dios justamente, y honrar a nuestro rey, sino aquellos que se separaban del pecado y la maldad; este libro impresionó a los soldados y a la mayoría de la gente. Luego que hube visitado a los Amigos en York, fuimos a una ciudad en día de mercado donde celebramos una reunión en casa de Jorge Watkinson, que había sido magistrado. Mucho pudo habernos costado entrar en esta ciudad de no habernos preparado un camino la providencia; pues los vigilantes estaban dispuestos a pararnos. Pero como inmediatamente delante de nosotros iba un hombre cabalgando, lo interrogaron primero, y al saber que era un juez de paz lo dejaron pasar, pasando también nosotros cabalgando detrás de él. De este lugar fuimos a casa de Tomás Taylor, que había sido capitán, y allí celebramos una bellísima reunión. Muy cerca de la casa de Tomás Taylor, vivía un caballero, que había tenido gran disgusto cuando le dijeron que era casi seguro de que me iban a poner en libertad; y amenazó que si el rey hacía tal cosa, al día siguiente, él mismo me volvería a mandar a la prisión. Mas a pesar de estar tan cerca de su casa, el poder del Señor impidió que se metiera conmigo y nuestra reunión se celebró en toda calma. También el coronel Kirkby, que había sido el principal causante de mi encarcelamiento en Lancaster y en el castillo de Scarborough, cuando oyó que me habían puesto en libertad se procuró otra orden para prenderme, y dijo que cabalgaría cuarenta millas para alcanzarme y que daría cuarenta libras al que me prendiese. Sin embargo, poco después, estuve tan cerca de él, que celebré una reunión a menos de dos millas de su casa; pero entonces estaba él enfermo, guardando cama a causa de un ataque de gota, tan mal, que creían que se moría. De casa de Tomás Taylor, fui visitando a los Amigos, hasta llegar a Synderhill Green, donde celebré una gran reunión general. El sacerdote del lugar, al saberlo, mandó al guardia a que fuese a pedir a los magistrados un decreto; y cabalgaron a tal galope que poco faltó para que no reventasen los caballos. Pero como el mensaje que llevaban era corto y largo el camino a recorrer, antes de que estuvieran de vuelta se había terminado la reunión. Nada supe de esto hasta que, cuando me disponía a salir, terminada la reunión, vino un Amigo a decirme que estaban registrando otra casa en busca mía; que era a donde en aquel momento me encaminaba, y, pasando por los cercados en dirección a ella, me encontré con los guardias, guardianes y el escribano del magistrado que de allí venían y, cruzándome con ellos, me miraron siguiendo yo camino de la casa que acababan de registrar. Así fue como el diablo y el sacerdote fracasaron en sus designios, encadenados por el poder del Señor que me salvó de sus manos. Y los Amigos separándose también se les escaparon. De modo que los oficiales se marcharon como vinieron, por obra del Señor que frustró su intento; alabado sea Su nombre eternamente. Después de esto me fui a Derbyshire, donde tuve una gran reunión. Algunos Amigos estaban temerosos de que viniera el guardia porque ellos habían pasado por grandes persecuciones en esa región; pero nuestra reunión estuvo calmada. Había un juez de paz en ese condado que había confiscado muchas de las propiedades de los Amigos; y después de eso Elena Fretwell hizo su apelación ante los tribunales, y el resto de los jueces le concedieron regresarle sus propiedades; y ella le habló al juez perseguidor, diciéndole que él no debería hacer tal cosa otra vez. Cuando ella fue inspirada a hablarle a ese juez y advertirle, él le contestó: 'Ven y siéntate en el banquillo.' 'Muy bien,' dijo ella, 'si yo puedo convencerlo a que haga justicia en esta región, entonces me sentaré con usted.' Él le dijo: 'No, entonces usted no dejará esta corte.' Cuando ella se iba, fue inspirada por el Señor para ir otra vez, y decirle que ella debería estar sentada como juez y no él. Después que se habían acabado las sesiones, él se fue con algunos de sus compañeros de persecuciones, y les dijo que ellos les hubieran quitado más propiedades a los cuáqueros, si el diablo no hubiera levantado esa mujer para estorbarlos. De modo que él se fue a la casa y le quitó los bueyes al hermano de la mujer como multa por ir a las reuniones. Entonces Susana Frith, una Amiga de Chesterfield, fue inspirada por el Señor a decirle que si él continuaba persiguiendo a los inocentes, el Señor ejecutaría sus plagas sobre él. Poco después este juez, cuyo nombre era Clark, se volvió loco y fue amarrado con cuerdas; pero él destruyó las cuerdas con sus dientes, y casi destruyó a su sirvienta; porque cayó sobre ella y la mordió, de modo que estuvieron forzados a poner un instrumento de hierro en su boca para quitarle los dientes de su carne; y después él murió en la locura. Estos eventos me los contó la misma Elena Fretwell. Viajé de Derbyshire hacia Nottinghamshire, y tuve una reunión gande en Skegby; de allí fui a Mansfield, donde también tuve una reunión; y de allí a otra ciudad, donde me encontré con muchos Amigos en la feria. Entonces, atravesando el bosque, un día de tormenta que llovía a torrentes, llegué a Nottingham. Fue tan grande la tempestad que muchos árboles fueron arrancados de raíz y murieron algunas personas que volvían del mercado; mas el Señor nos guardó. El Primer día siguiente, celebré, en la mayor calma, una gran reunión en Nottingham; los Amigos vinieron a recogerse bajo su Maestro, la gracia de Dios, que les dio la salvación y se asentaron sobre la roca y fundación, Jesucristo. Después de la reunión fui a visitar a aquel Amigo que, por el año de 1649, había sido alguacil siendo yo entonces su prisionero. De Nottingham pasé por Leicestershire, y llegué a Syleby, donde tuvimos una reunión grande y bendecida. Después de la cual me fui a Leicester a visitar los prisioneros en ese lugar, y de allí a la casa de Juan Penford, donde tuvimos una reunión general grande y preciosa. De allí pasé por el campo visitando Amigos y a mis parientes, hasta que llegué a Warwick; donde, después de visitar los prisioneros, pasé por Badgley, y tuve una reunión preciosa en ese lugar. Viajé por Northamptonshire, Bedfordshire, Buckinghamshire, y Oxfordshire, visitando Amigos en cada condado. En Oxfordshire el diablo había puesto una trampa para mí, pero el Señor la quebrantó; su poder descendió sobre todos, su bendita verdad se esparció, y los Amigos aumentaron en ese lugar. En esto, luego que, visitando a los Amigos, hube pasado por varios condados, celebrando al mismo tiempo muchas y bellísimas reuniones, llegué a Londres. Pero estaba tan débil, de haber pasado casi tres años de tan cruel encarcelamiento, que tenía las articulaciones rígidas y todo mi cuerpo entorpecido de manera que apenas podía montar a caballo ni doblar las rodillas, no pudiendo soportar el fuego ni la comida caliente, de tanto tiempo como había estado privado de todo ello. Cuando llegué a Londres, anduve un poco por entre las ruinas dejadas por el gran incendio, contemplándolas bien; y vi la ciudad yaciendo igual como, por la palabra del Señor, la había visto unos años antes.
Después de haber estado un tiempo en Londres y de haber visitado reuniones por toda la ciudad, fui al campo otra vez, y tuve grandes reuniones a medida que fui a Kingston, Reading, y en Wiltshire, hasta que llegué a Bristol, donde también tuve grandes reuniones. Tomás Lower salió de Cornwall para encontrarse conmigo y con los Amigos de varias partes del país, porque en ese entonces era tiempo de feria. Después que terminé en Bristol, fui a la casa de Natán Crips y pasando por el campo, fui hacia Londres otra vez, teniendo grandes reuniones en el camino; y todas estuvieron muy calmadas, gracias al Señor. De modo que, aunque estaba muy débil, viajé por todas partes haciendo el servicio del Señor, quien me capacitó para seguir adelante en mi debilidad. Por este tiempo, algunos que se habían apartado de la Verdad, poniéndose en contra de los Amigos, fueron alcanzados por el poder del Señor que les hizo condenar y destruir sus escritos contrarios a la Verdad. Celebramos con ellos varias reuniones y el poder infinito del Señor fue sobre todos ellos, cayendo su juicio sobre la cabeza del que los había descarriado. A estas reuniones, que duraron días enteros, vinieron varios que se habían apartado de nosotros, siguiendo a Juan Perrot y a otros, y condenaron al espíritu que los arrastró a continuar con el sombrero puesto cuando los Amigos oraban y cuando ellos mismos oraban. Hubieron algunos que dijeron que los Amigos eran bastante más rectos que ellos, y que si los Amigos no se hubiesen mantenido firmes en sus creencias, hubieran seguido ellos la senda que los llevaba a la perdición. Así el poder del Señor se manifestó maravillosamente, y descendió sobre todos. Fue entonces cuando, por voluntad del Señor, recomendé que se celebrasen cinco juntas mensuales, de hombres y mujeres, en la ciudad de Londres (además de las reuniones de mujeres y de las que se celebraban cada trimestre) para cuidar de la gloria del Señor y para amonestar y exhortar a aquellos que vivieren, en el desorden y en la indolencia, en desacuerdo con la Verdad. Porque si bien era cierto que en los lugares donde los Amigos no celebraban más que reuniones cada trimestre, también se difundía la Verdad, aumentándose el número de Amigos, a pesar de ello, me sentí dirigido a recomendar, por toda la nación, la organización de juntas mensuales. El Señor me reveló lo que tenía que hacer, para ordenar las juntas mensuales y trimestrales, de hombres y mujeres, en este y otros países; y como tenía que escribir a aquellos Amigos, a los cuales no podía ir a ver, para que hiciesen lo mismo. Luego que en Londres todo estuvo organizado y que, en esta ciudad, la Verdad, poder, semilla y vida del Señor reinaban y resplandecían sobre todos, fui a Essex, y después de que en esta región las juntas mensuales estuvieron organizadas, fui a Suffolk y a Norfolk, en compañía de Tomás Dry. Cuando hubimos visitado a los Amigos por aquellos lugares, y que las juntas mensuales estuvieron organizadas, fuimos a Huntingdonshire, donde celebramos grandes y benditas reuniones, y, a pesar de que encontramos alguna oposición, el poder del Señor fue sobre todos y allí también se organizaron las juntas mensuales. Cuando llegamos a Bedfordshire hubo allí gran oposición, mas el poder del Señor fue sobre todos ellos. Fuimos después a Nottinghamshire, donde se organizaron las juntas mensuales, y en Lincolnshire celebramos una junta de algunos Amigos procedentes de todas las otras juntas del condado, en casa de uno que antes había sido alguacil de Lincoln, y todo transcurrió en gran calma. Después de esto, pasando por Trent, volvimos a Nottinghamshire, estando yo acompañado por el había sido alguacil de Lincoln, y allí reunimos a varios Amigos que provenían de las otras juntas del condado. Nuestras reuniones estuvieron gloriosas y pacíficas, y tuvimos muchas reuniones preciosas en ese condado.
Durante ese tiempo William Smith estaba muy débil y enfermo, y los guardias y otros habían confiscado todas sus propiedades, incluyendo la cama donde se acostaba, por causa de la verdad. Estos oficiales amenazaron con venir y desbaratar nuestra reunión; pero el poder del Señor los encadenó, de modo que ellos no tuvieron el poder de interferir con nosotros, bendito sea su nombre. Después de la reunión fui a visitar a William Smith, y los guardias y los otros estaban vigilando su grano y sus bestias para prevenir que ninguna de sus cosas les fueran quitadas. De allí fuimos a Leicestershire, a Warwickshire, donde tuvimos muchas reuniones bendecidas. El orden del evangelio fue establecido, y las reuniones mensuales de los hombres fueron establecidas en todos esos condados. Entonces nos fuimos a Derbyshire, donde tuvimos varias reuniones grandes y bendecidas. En muchos loguares fuimos amenazados por los oficiales, pero por medio del poder del Señor, escapamos de sus manos. Dejando las cosas bien establecidas en Derbyshire, viajamos por las montañas de Peak, donde hacía mucho frío (estaba helando y nevando), fuimos a Staffordshire. En casa de Tomás Hammarsley, celebramos una junta general de hombres en la que se organizó todo de acuerdo con el evangelio, y también se estableció la costumbre de las juntas mensuales. Estaba yo tan, pero tan débil, que apenas si podía montar o bajar del caballo; pero mi espíritu estaba tan lleno de fervor por la misión que el Señor me había encomendado y en cumplimiento de la cual El me enviaba, que seguí viajando, a pesar de la gran debilidad de mi cuerpo, siempre lleno de confianza en el Señor que me ayudaría a seguir adelante como, por la fuerza de Su poder, así sucedió. Fuimos a Cheshire, donde tuvimos varias reuniones bendecidas, y celebramos una junta general de hombres, en la que se organizaron las juntas mensuales de este condado, de acuerdo con el orden del evangelio, dentro y por medio del poder de Dios. Después de terminar me fui de esa área. Pero cuando los jueces oyeron de la reunión, estuvieron muy turbados porque no la habían desbaratado y no me habían arrestado; fue el Señor quien no se los permitió. Después que terminé el servicio del Señor en ese lugar, fui a Lancashire, a la casa de William Barnes, cerca de Warrington, donde me encontré con representantes de la mayoría de las reuniones en ese condado; y allí también fueron establecidas todas las reuniones mensuales en el orden del evangelio. Desde allí envié escritos a Westmorland por mano de Leonardo Fell y Roberto Widders, y también a Bishoprick, Cleveland, Northumberland, Cumberland y también a Escocia, exhortando a los Amigos a que, en el poder del Señor, organizaran juntas mensuales en todos estos lugares; como así lo hicieron. De modo que el poder del Señor descendió sobre todos, y los herederos de él llegaron a heredarlo. Porque la autoridad de nuestras reuniones es el poder de Dios, el evangelio, el cual trae la vida y la inmortalidad a la luz; para que todos puedan ver por encima del diablo que los oscureció, para que todos los herederos del evangelio puedan caminar de acuerdo con el evangelio, y glorificar a Dios con sus cuerpos, sus almas y sus espíritus, los cuales son del Señor; porque el orden del glorioso evangelio no es del hombre ni viene por medio del hombre. Margarita Fell, siendo prisionera, tuvo la libertad de venir a esta reunión, y fue conmigo de allí a la casa de Jane Milner en Cheshire, donde nos separamos. Fui a Shropshire y de aquí al país de Gales, y tuve una gran reunión general de hombres en la casa de Carlos Lloyd, donde entraron algunos de los que se oponían; pero el poder el Señor los derribó.
Habiendo pasado por Denbighshire y Montgomeryshire, fuimos a Merionethshire, donde tuvimos varias reuniones bendecidas; y entonces nos fuimos hacia la costa, donde tuvimos una preciosa reunión. Dejamos el país de Gales, habiendo establecido allí las reuniones mensuales en el poder de Dios, y regresando a Shropshire, donde los Amigos en el campo se reunían, también se organizaron las juntas mensuales. Fui entonces a Worcestershire y, después de celebrar muchas reuniones con los Amigos en este condado, celebramos una junta general de hombres en la casa de Enrique Gib en Pashur; en la que, en el orden evangélico, también se organizaron las juntas mensuales. Ese día se llevaban a cabo las sesiones de tribunal en la ciudad, y algunos Amigos estaban preocupados que los jueces enviarían oficiales para desbaratar nuestra reunión; pero el poder del Señor los restringió, de modo que estuvo en calma; y tuvimos dominio por medio de este poder. Tuve varias reuniones entre los Amigos de ese condado, hasta que llegué a Worcester; y ya que era el tiempo de la feria, tuvimos una reunión preciosa. El comandante Wild estaba entonces en Worcester, quien era perseguidor de los Amigos. Después que me había ido de la ciudad, algunos de los soldados del comandante estaban preguntando por mí; pero habiendo dejado a los Amigos de ese lugar establecidos en el buen orden, nos fuimos a Droitwich, y de allí a Shrewsbury, donde también celebramos una bellísima reunión; mas el alcalde, al saber que estaba yo en la ciudad, reunió a sus oficiales para consultar con ellos qué era lo que tenían que hacer en contra mía, porque, según ellos decían, "El gran Cuáquero de Inglaterra ha venido a la ciudad;" put cuando se reunieron, el Señor confundió su consejo, de modo que algunos estaban de parte de encarcelarme, pero otros se oponían; y como no se pusieron de acuerdo pude escapar de ellos. Después fuimos a Radnorshire, donde tuvimos muchas preciosas reuniones, y las reuniones mensuales fueron establecidas en el poder del Señor. A medida que salíamos de ese condado, quedándonos por un tiempo en una ciudad de mercado, el secretario de un juez y algunos otras personas groseras se combinaron para atacarnos en el camino. Y por consiguiente nos siguieron al salir de la ciudad, y pronto nos alcanzaron; pero habían tantos mercaderes en el camino que ellos fueron impedidos de hacer lo que intentaban. Sin embargo, al observar a dos de nuestro grupo cabalgando a cierta distancia detrás de nosotros, se fueron encima de ellos, y uno atacó a un Amigo cuyo nombre era Ricardo Moor, el cirujano de Shrewsbury. Mientras tanto otro de estos tipos groseros vino galopando detrás de mí y de los otros Amigos que estaban conmigo. Íbamos cruzando un puente que era muy angosto para que él nos pasara. De modo que en su impaciencia por pasar en frente de nosotros, se fue hacia el arroyo y se zambulló en el agua. Ví su intención, me detuve, y le aconsejé a los Amigos a que tuvieran paciencia, y no les dí ninguna excusa. En esos momentos Ricardo Moor y los otros Amigos nos alcanzaron; ellos conocían a los asaltantes y sabían sus nombres. Entonces seguimos cabalgando, y un poco más allá nos encontramos con otro hombre que iba a pie, borracho con licor, con una espada desenvainada en la mano; y no mucho más lejos habían dos mujeres y dos hombres, y a uno le faltaba un dedo que le había cortado este hombre borracho. El hombre borracho había intentado ser grosero con una de las mujeres, y este hombre se opuso al borracho y rescató a la mujer, pero perdió su dedo. El caballo de este hombre maligno estaba suelto y lo seguía a cierta distancia por destrás. Cabalgué siguiendo al caballo, los agarré, y lo traje al hombre que había perdido el dedo. Le dije que llevara el caballo al juez de paz más cercano, y así ellos pudieran ser informados del incidente y pudieran perseguir al hombre que lo había herido. De allí pasamos a Herefordshire, donde tuvimos muchas reuniones benditas. También tuvimos una reunión general de hombres, en la cual se establecieron todas las reuniones mensuales. Alrededor de este tiempo hubo una proclamacón en contra de las reuniones; y a medida que pasábamos por Herefordshire, se nos dijo acerca de una gran reunión de presbiterianos, quienes se habían comprometidos a seguir reuniéndose, y a perderlo todo, en vez de dejar de reunirse. Cuando oyeron esta proclamación, vino la gente, pero el sacerdote se había ido, y los dejó solos. Entonces ellos se reunieron en Leominster privadamente, y proveyeron pan, queso, y bebidas, en preparación por si venía algún oficial, ellos pudieran guardar sus biblias, y verse ocupados comiendo. El alguacil supo lo que estaban haciendo, vino entre ellos, y les dijo que su pan y su queso no los podían cubrir, y que se llevaría a sus oradores. Ellos clamaron que qué sería entonces de sus esposas y sus hijos. Pero él se llevó a sus oradores y los encerró por un tiempo. El alguacil le dijo esto a Pedro Young y dijo que ellos eran en verdad los peores hipócritas que hayan alguna vez hecho profesión de la religión. Ellos tenían este mismo plan engañoso en otros lugares. Porque había un tal Pocock en Londres, que se casó con Abigail Darcy, quien era una dama; y estando ella convencida de la verdad, yo fui a su casa a verla. Este tal Pocock había sido uno de los jueces de los sacerdotes; y siendo un presbiteriano de alto rango, y un hombre envidioso en contra de nosotros, él solía llamar a nuestros Amigos entrometidos. Y cuando él estaba presente, ella me dijo: 'Tengo algo que decirle en contra de mi esposo.' 'No, (le dije yo), usted no debe hablar en contra de su esposo.' 'Sí, (dijo ella), pero debo hacerlo en este caso. El último primer día de la semana, (dijo ella), él, sus sacerdotes y su gente, los presbiterianos, se reunieron; tenían velas, pipas de tabaco, pan, queso, y carnes frías en la mesa; y ellos se pusieron de acuerdo de antemano, que si los oficiales venían a ellos, ellos dejarían su predicación y sus oraciones, y comenzarían a comer sus carnes frías.' 'Oh,' le dije a él, '¿acaso no es una vergüenza para usted, que nos encarceló y confiscó nuestros bienes, porque no nos uníamos a su religión, y nos llamó entrometidos, y ahora ustedes mismos no respaldan su propia religión? ¿Alguna vez usted ha encontrado nuestras reuniones llenas de pan y queso, y pipas de tabaco? ¿O alguna vez usted leyó en las escrituras acerca de tales prácticas entre los santos?' ‘Bueno,’ dijo el viejo, ‘debemos ser prudentes como serpientes.' Yo le repondí: 'Esta es en realidad la prudencia de las serpientes. Pero ¿quien hubiera pensado que ustedes presbiterianos e independientes, que persiguieron, encarcelaron a otros, encautaron sus bienes, y azotaron a los que no seguían su religión, ahora se acobardan, y no se atreven a respaldar su propia religión, sino que la cubren con pipas de tabaco, jarras de bebida, carnes frías, y pan y queso?' Después entendí que esta y otras prácticas engañosas eran muy comunes entre ellos en tiempos de persecución. Después que viajamos por Herefordshire, y después que las reuniones fueron bien establecidas en ese lugar, pasamos a Monmouthshire, donde tuve varias reuniones maravillosas; y en la casa de Walter Jenkins, que había sido juez de paz, y tuvimos una gran reunión, donde algunos fueron convencidos; esta reunión estuvo calmada. Pero el alguacil había venido a una reunión antes de esta, casi borracho, diciendo que él arrestaría a los oradores. Pero la reunión se llenó del gran poder de Dios, de manera que, aunque estaba furioso, éste lo limitó de modo que no pudo desbaratar la reunión. Cuando se había acabado me quedé un rato, y él también se quedó. Después de un rato hablé con él, y me retiré tranquilamente. En la noche vinieron algunas personas rudas, y dispararon un mosquete en contra de la casa, pero no hirieron a nadie. Así el poder del Señor descendió sobre todos, y encadenó a los espíritus rebeldes, de modo que nosotros escapamos de ellos. Llegamos a Ross esa noche, y tuvimos una reunión en la casa de Jaime Merrick. Después de esto llegamos a Gloucestershire, donde celebramos una junta general de hombres en casa de Nataniel Cripps, en la que se organizaron todas las juntas mensuales en el poder eterno del Señor; y los herederos de la salvación fueron exhortados a tomar sus posesiones en el evangelio, el poder de Dios, el cual era y es la autoridad de sus reuniones. Tuvimos muchas reuniones maravillosas en ese condado, antes de irnos a Bristol. Y después de varias reuniones poderosas, las reuniones de los hombres y la de las mujeres también fueron establecidas en ese lugar. En Bristol, un día, estando acostado, vino a mí la palabra del Señor de que tenía que volver a Londres. A la mañana siguiente Alejandro Parker y varios otros vinieron a verme. Les pregunté que qué sentían. Ellos me preguntaron qué estaba sobre mí. Yo les dije que sentía que regresar a Londres. Ellos dijeron que sentían lo mismo. De modo que dejamos lo que hacíamos y nos regresamos a Londres; porque a donde el Señor nos inspiraba y nos guiaba, allí íbamos en su poder. De Bristol fuimos a Wiltshire, donde organizamos las juntas mensuales en el poder del Señor, y seguimos después, visitando a los Amigos, hasta llegar a Londres. Luego que allí hube visitado a los Amigos en la ciudad, al cabo de algún tiempo de haber llegado, me sentí dirigido a exhortar a los Amigos a que anunciasen sus matrimonios en las reuniones de hombres y mujeres, para que estos lo pudieran hacer saber a los fieles; y así evitar los desordenes que se habían cometido. Pues muchos hubo que contrajeron matrimonio en contra de la voluntad de sus familias, y otros que, jóvenes, recién llegados a nosotros, se habían unido con gentes del mundo, mientras que viudas se habían casado sin proveer para los hijos de su otro marido, antes de contraer matrimonio por segunda vez. Por el año de 1653, cuando aun la Verdad no estaba muy extendida por la nación, había yo publicado un escrito, concerniente al matrimonio, en el cual advertía a los Amigos, que estuvieren en tal caso, que con tiempo lo anunciasen a los fieles, antes de que nada estuviera concluido. Que después al terminarse la reunión lo hiciesen público o también que lo anunciasen en un mercado, según se sintieran dirigidos a hacerlo; y que, cuando todo estuviere lo suficientemente claro, libres los contrayentes de todo impedimento y sus familias satisfechas, podían fijar fecha para una reunión, con objeto de unirse en matrimonio, en presencia cuando menos de doce testigos fieles. Pero como estas instrucciones no se habían observado siempre, y que la Verdad estaba más extendida por toda la nación, se ordenó en consecuencia, por el mismo poder y espíritu de Dios, que los matrimonios se tenían que anunciar en las juntas de hombres, mensuales y trimestrales, o como se celebrasen, y que los Amigos tenían que cerciorarse de que las familias de los contrayentes estaban satisfechas, que las dos partes eran libres y que las viudas habían proveído para los hijos de su primer marido; cerciorándose además de lo que fuere necesario para que todo fuese limpio y puro y se hiciere en la mayor rectitud para gloria de Dios. Más tarde, por la misma sabiduría de Dios, se ordenó que si alguno de los contrayentes, viniere de otra nación, condado o junta mensual, tendría que presentar un certificado de la junta a que perteneciere, para satisfacción de la junta mensual, ante la cual anunciase su intención de contraer matrimonio. Luego que todo esto, junto con muchos otros servicios para el Señor, se ordenaron y se establecieron en la ciudad de Londres, salí de allí guiado por el poder del Señor hacia Hertfordshire. Después que había visitado amigos en ese lugar, y que las juntas mensuales estuvieron bien establecidas, tuve una gran reunión en Baldock con toda clase de gente. Más tarde, de regreso a Londres, pasando por Waltham, recomendé que se organizase allí una escuela para los niños; y también en Shacklewell, aconsejé que se hiciese una escuela de mujeres, para enseñar a las muchachas jovencitas y a las doncellas todo cuanto hay en la creación de útil y agradable. Entonces, después de varias reuniones preciosas en el campo, volví a Londres otra vez, donde me quedé por un tiempo en la obra y el servicio del Señor; y después fui a Buckinghamshire, donde tuve muchas reuniones preciosas. En la casa de Juan Brown, de Weston, cerca de Aylesbury, algunos de los Amigos de cada una de las juntas se habían reunido, y fueron establecidas las reuniones mensuales de los hombres en ese condado, en el orden del evangelio, el poder de Dios; el cual las confirmó en todos los que lo sentían, que vinieron así a ver y sentir que el poder de Dios era la autoridad de sus reuniones. Entonces fui a la casa de Nataniel Ball, en North Newton, cerca de Banbury, en Oxfordshire, quien era un amigo en el ministerio. Y debido a que esta era una reunión general, donde estaban presentes representantes de cada reunión, las juntas mensuales para ese condado fueron establecidas en el poder del Señor; y los Amigos estuvieron muy felices con ellas; porque ellos entraron en sus servicios en la iglesia para darle gloria a Dios. Después de esta reunión pasamos a través del condado visitando Amigos, hasta que llegamos a Gloucestershire, y visitando Amigos a través de ese condado también, llegamos a Monmouthshire, a la casa de Ricardo Hambery; donde, al reunirnos con representantes de todas las reuniones de ese condado, se establecieron las juntas mensuales en el poder del Señor, para que todos los que participen en ellas puedan darle gloria a Dios, y amonestar y exhortar a los que no caminaban como correspondía en el evangelio, {esto hizo una impresión muy grande en los alrededores; tanto así que los jueces dijeron que nunca había venido un hombre así a su región, que hubiera reconciliado a cada uno con su prójimo, y al esposo con su esposa, y que hubiera alejado a tanta gente de sus vidas libertinas}. Y en verdad, estas reuniones provocaron una gran reforma entre la gente, de modo que los jueces notaron su utilidad y servicio. Ricardo Hambery y su esposa nos acompañaron la distancia de un día de viaje, visitando Amigos, hasta que llegamos a la casa de una viuda, donde nos quedamos esa noche. Partimos al día siguiente y pasamos sobre los montes visitando Amigos y declarando la verdad a la gente hasta que llegamos a la casa de otra viuda donde tuvimos una reunión. La mujer no sabía hablar en inglés; sin embargo alabó al Señor por enviarnos a visitarlos. Viajamos hasta que llegamos a Swansey, donde en el primer día tuvimos una reunión grande y preciosa, y la presencia del Señor estuvo eminentemente entre nosotros. Al día siguiente tuvimos una reunión general más allá de Swansey, de Amigos varones de Swansey, Tenby, Haverford oeste, y otros lugares; y las juntas mensuales fueron establecidas en el orden del evangelio, y recibidas por los Amigos en el poder del Señor; cuya verdad estuvo sobre todos. Para poder cruzar las aguas hacia Cornwall fuimos otra vez a través de Swansey a Mumbles, con la intención de cruzar allí en un bote. El dueño del bote nos había prometido llevarnos, pero él nos engañó porque cuando llegamos allí se negó. Fuimos a otro lugar, donde había un transbordador, y ya habíamos subido nuestros caballos sobre la embarcación cuando algunos hombres groseros que estaban arriba, que se llamaban caballeros, amenazaron con dispararle al capitán si nos llevaba. El capitán, teniendo miedo de ellos, hizo bajar a nuestros caballos; lo cual derrumbó nuestras esperanzas de llegar de esta manera. Por lo tanto, volviéndonos hacia el campo, nos quedamos despiertos toda la noche; y alrededor de las dos de la mañana tomamos un caballo y viajamos hacia las cercanías de Cardiff, donde nos quedamos por una noche. Al día siguiente llegamos a Newport, y siendo que era un día de mercado, varios Amigos vinieron a vernos, con los cuales nos reunimos; y después de pasar un buen tiempo juntos, nos separamos de ellos y seguimos nuestro camino. Más allá de esta ciudad de mercado alcanzamos a un hombre que andaba despacio por el camino, como si estuviera esperando a alguien; pero cuando nosotros llegamos donde él estaba, cabalgó con nosotros y nos hizo muchas preguntas. Finalmente nos reunimos con dos que parecían ser pajes de alguna persona de importancia, y el que nos acompañaba los conoció; y lo oí decirles que él nos detendría, y nos arrestaría. Seguimos cabalgando, y cuando él llegó a nosotros y nos quería detener, yo le dije que nadie debería detenernos en el camino del rey, porque era tan libre para nosotros como lo era para ellos; y fui inspirado a exhortarlo a que temiera al Señor. Entonces él galopó alejándose de nosotros, y ví que su intención era detenernos en Shipton, que estaba en el país de Gales, una ciudad de guarnición por la cual nosotros pasaríamos. John-ap-John estaba conmigo. Cuando llegamos a Shipton, fuimos caminando por la colina hasta llegar a la ciudad, conduciendo a nuestros caballos. Siendo que en esa ciudad era el día del mercado, varios Amigos se reunieron con nosotros, y querían que nos quedaramos en una posada. Pero pero no podíamos ir a ninguna posada, de modo que caminamos directamente a través de la ciudad hasta el puente, y entonces salimos de los límites de la ciudad. Así el brazo eterno del Señor y su poder nos guardaron, y nos llevaron en su obra y su servicio. El siguiente primer día de la semana tuvimos una gran reunión en el bosque de Dean; y todo estuvo en calma. Al día siguiente cruzamos sobre las aguas hacia Oldstone. Después que habíamos visitado a los Amigos en ese lugar, fuimos otra vez a la casa de William Yeoman en la corte de Jubb en Somersetshire. De allí fuimos a una reunión en Posset, donde varios Amigos de Bristol vinieron a nosotros. Después de eso fuimos más allá en el campo, y tuvimos varias reuniones grandes. La presencia viviente del Señor estuvo con nosotros, apoyándonos y refrigerándonos en nuestra obra y nuestros viajes en su servicio. Fuimos después a un lugar cerca de Minehead, donde celebramos una junta general de hombres, todos Amigos de Somersetshire. Allí compareció un ladrón que algunos simpatizantes querían que lo dejase venir conmigo; mas viendo yo que era un ladrón les pedí que lo trajesen a donde yo estaba para ver si sería capaz de mirarme a la cara, pues algunos Amigos creían que era yo muy duro de corazón por no quererlo en mi compañía. Cuando estuvo delante de mí, no se atrevió a mirarme a la cara, desviando la mirada de un lado para otro, debido a que tenía sobre la conciencia el haber engañado a un sacerdote a quien le había dicho que era un ministro para cogerle sus ropas y escaparse con ellas. Después de la reunión fuimos a Minehead, donde pasamos la noche; y aquella noche la pasé en grandes inquietudes acosado por la idea de que un espíritu tenebroso estaba trabajando con gran empeño para conseguir elevarse y causar disturbios en la iglesia de Cristo. A la mañana siguiente me sentí dirigido a escribir unas líneas a los Amigos advirtiéndoles del peligro, de la manera siguiente.
Al día siguiente, varios Amigos de Minehead nos acompañaron tan lejos como Barnstable y Appledon en Devonshire, donde tuvimos una reunión. Barnstable había sido una ciudad de persecuciones sangrientas. Habían dos Amigos de esa ciudad que habían pasado mucho tiempo en altamar; y llendo a casa a visitar a sus parientes (uno de ellos tenía una esposa e hijos), el alcalde de la ciudad los mandó a buscar, bajo el pretexto de querer tener una discusión con ellos. Entonces les ofreció los juramentos de lealtad y supremacía. Debido a que ellos no podían jurar, los envió a la cárcel de Exeter, donde el juez Archer los acusó, y los dejó allí hasta que uno de ellos murió en la cárcel. Cuando oí esto fui inspirado a escribir una carta al juez Archer, y otra al alcalde de Barnstable, poniendo sus acciones impías y no crisitanas sobre sus cabezas; y dejándoles saber que tendrían que dar cuenta de la sangre de ese hombre. Después de una preciosa reunión en Appledon entre algunos Amigos fieles de ese lugar, pasamos a Stratton, y nos que damos en una posada toda la noche. Al día siguiente cabalgamos hacia la casa de Humphrey Lower, donde tuvimos una preciosa reunión; al día siguiente fuimos a Truro, visitando Amigos así hasta que llegamos a Land's End. Entonces, siguiendo por el Sur de este condado, fuimos a Tregangeeves, donde, en casa de Loveday Hambly, celebramos una junta general de todo el condado, en la que se organizaron las juntas mensuales en el poder del Señor y en el bendito orden del evangelio; para que la casa de Dios pueda ser mantenida limpia, la justicia pueda reinar, y toda injusticia pueda ser quitada. Varios que se habían apartado de la Verdad volvieron a nosotros y llenos de arrepentimiento condenaron su error; y por medio del arrepentimiento se unieron a nuestra compañía otra vez. Después de acabar en ese condado, fuimos a Devonshire, y tuvimos una reunión entre los Amigos en Plymouth. Pasando a la casa de Ricardo Brown, llegamos a la casa de la viuda Philips, donde tuvimos hombres de todas las reuniones juntos en ese lugar; y allí se estableció la junta mensual de hombres en el orden celestial del evangelio, el poder de Dios; el cual respondió al testimonio de Dios en todos. Hubo un gran rumor que una tropa a caballo que venía a perturbar nuestra reunión; pero el poder del Señor lo impidió, y nos guardó en paz y seguridad. Después que las cosas estuvieron bien establecidas, y la reunión se había terminado, llegamos al puente del rey y visitamos Amigos en esa área. Dejando a los Amigos en el área bien establecidos en el poder de Dios, pasamos a Topsham y Membury, visitando Amigos y teniendo muchas reuniones en el camino hasta que llegamos a Ilchester en Somersetshire. Allí tuvimos una reunión general de hombres, y allí establecimos las juntas mensuales de hombres para ese condado en el poder eterno del Señor, el orden del evangelio. Después que las reuniones estuvieron establecidas, y los Amigos fueron refrigerados, consolados en el poder del Señor, y establecidas sobre Cristo, su roca y su fundamento, pasamos a Puddimore; donde, en la casa de William Beatons, tuvimos una reunión bendita y todo estuvo en calma; aunque los guardias habían amenazado antes de la reunión. Cuando habíamos visitado la mayoría de las reuniones en Somersetshire, pasamos hacia Dorsetshire, a la casa de Jorge Harris, donde tuvimos una gran reunión de hombres. Allí fueron organizadas todas las reuniones mensuales de los hombres para ese condado en el glorioso orden del evangelio; para que todos puedan buscar en el poder de Dios aquello que se había perdido, y traer otra vez aquello que había sido alejado; apreciar lo bueno y reprender lo malo. Después de haber visitado las reuniones de los Amigos a través del condado, fuimos a Southampton, donde tuvimos una gran reunión en el primer día. De allí nos fuimos a la casa del capitán Reaves, donde se fijó la fecha para la junta general de hombres en Hampshire; a la cual vinieron personas de todas partes del condado, y tuvimos una reunión muy bendecida. Las juntas mensuales de los hombres fueron organizadas en el orden del evangelio, el cual había traído la vida y la inmortalidad a la luz en ellos. Pero allí vino un grupo de gentes brutales que habían caído en el Ranterismo oponiéndose y perturbando en gran manera a nuestras reuniones. Una de las mujeres había dormido con un hombre que lo había declarado en el cruce del mercado, así glorificándose en su impiedad. Un grupo de esta gente obscena vivían juntos en una casa cerca del lugar de nuestra reunión. Fui a la casa y les dije la verdad acerca de su impiedad. El hombre de la casa me preguntó por qué hacía tanto alboroto de eso. Otro de ellos dijo que era para hacerme tropezar. Yo les dije que su impiedad no me haría tropezar porque estaba por encima de ella. Y fui movido por el Señor a decirles que las plagas y los juicios de Dios los alcanzarían y vendrían sobre ellos. Después ellos fueron de allá para acá en el campo, hasta que por fin ellos fueron echados en la cárcel de Winchester; donde el hombre que había dormido con la mujer apuñaló al carcelero, pero no mortalmente. Después que fueron liberados de la cárcel, este tipo que había apuñalado al carcelero se ahorcó. La mujer también había aparentemente cortado a un niño en el cuello. Esta gente había vivido anteriormente en Londres; y, cuando la ciudad se incendió, ellos profetizaron que todo el resto de Londres se quemaría dentro de catorce días, se fueron rápidamente. Aunque eran Ranters, y se oponían grandemente a los Amigos, y perturbaban nuestras reuniones, aún así las gentes del mundo creían que eran Cuáqueros, ante lo cual, fue voluntad del Señor que enviase un escrito a los magistrados y a los habitantes de Hampshire, purificándonos, así como a la Verdad, del contacto con esas gentes disolutas y de sus malas acciones. Después de haber organizado las juntas mensuales en esas partes, y el poder bendito del Señor estuvo sobre todos, fuimos a una ciudad donde tuvimos una reunión con los Amigos. De allí nos fuimos a Farnham, donde nos encontramos con muchos Amigos, ya que era un día de mercado. Tuvimos muchas reuniones preciosas en esa región. Los amigos en esas partes habían anteriormente sido saqueados por los magistrados, y mucha de su propiedad había sido confiscada para pagar los diezmos y por asistir a las reuniones; pero el poder del Señor en este tiempo los guardó tanto a ellos como a nosotros de caer en las manos de los perseguidores. Tuvimos una reunión general de hombres en la casa de un Amigo en Surry; quien había sido tan extremadamente saqueado que apenas le quedaba una vaca, un caballo, o un cerdo. Los guardias amenazaron con venir y desbaratar nuestra reunión; pero el Señor los contuvo. En esta reunión se organizaron las juntas mensuales de los hombres en la autoridad del poder celestial. Después de haber visitado Amigos en ese condado, y de tener muchas reuniones grandes y preciosas, fuimos a la casa de un Amigo en Sussex, donde se fijó la reunión general para los Amigos varones de ese condado; y varias personas de Londres vinieron a visitarnos. Tuvimos una reunión muy bendecida; y la junta mensual de los hombres para ese condado fue organizada en el poder eterno del Señor, el evangelio de la salvación; para que todos en él puedan mantenerse en el orden del evangelio. Hubieron muchas amanazas de disturbios; pero la reunión estuvo calmada. Tuvimos varias reuniones grandes en ese condado, aunque los Amigos de ese lugar pasaban por grandes sufrimientos, y muchos estaban en la cárcel. Se me pidió que visitara a un Amigo que estaba enfermo, y fui a ver a los Amigos que estaban prisioneros. Había peligro que fuera detenido; pero fui en la fe del poder de Dios, y así el Señor me guardó con seguridad. Después nos fuimos a Kent, donde, después que tuvimos varias reuniones, tuvimos una reunión general para los Amigos varones de ese condado. Allí también se organizaron las juntas mensuales para ese condado en el poder de Dios, y fueron establecidas en el orden del evangelio, para todos los herederos de él entren en su servicio y cuidados en la iglesia para la gloria de Dios. Los Amigos se regocijaron en el orden del evangelio, y estuvieron felices por el establecimiento del orden que no es del hombre, ni por el hombre. Después de esto visité las reuniones en Kent; y cuando había terminado mi servicio para el Señor en ese condado, me fui a Londres. Así fueron establecidas las juntas mensuales de los hombres a través de la nación; porque yo había estado antes en Berkshire, donde la mayoría de los Amigos antiguos de ese condado estaban en la cárcel; y cuando les informé de los servicios de las juntas mensuales, también fueron organizadas entre ellos. Las juntas trimestrales ya habían sido organizadas de manera general anteriormente. Escribí también a Irlanda, por medio de Amigos fieles, y a Escocia, Holanda, Barbados y otros lugares de América, recomendando a los Amigos que organizasen las juntas mensuales de hombres en aquellos países; pues antes sólo celebraban juntas cada trimestre; pero ahora que la verdad había aumentado entre ellos, debían establecer esas juntas mensuales de hombres en el poder y el espíritu de Dios que los convenció al principio. Y desde que estas reuniones fueron establecidas, todos los fieles que son herederos del evangelio, se han reunido en el poder de Dios. Y este poder es la autoridad de aquellos que realizan el servicio del Señor en estas reuniones. Muchas bocas se han abierto en agradecimiento y acción de gracias, y muchos han bendecido al Señor Dios, porque él me envió a hacer este servicio; sí, con lágrimas muchos lo han alabado. Porque todos han llegado a tener una preocupación y un cuidado por el honor y la gloria de Dios, para que su nombre no sea blasfemado, el cual ellos profesan; y para asegurarse que todos los que profesan la verdad, caminen en la verdad, en la justicia y en la santidad, la cual se convierte en la casa de Dios, y para que el todo el orden de sus conversaciones sea correcto, para que ellos puedan ver la salvación de Dios; y cuando todos tengan este cuidado por la gloria de Dios, y estén en el ejercicio en su santo poder y espíritu, en el orden de la vida celestial y el evangelio de Jesús, todos ellos puedan ver y saber, poseer y tomar parte del gobierno de Cristo, y el aumento de éste no tiene fin. Así el renombre y la alabanza son establecidos en el corazón de todos los que son fieles; para que podamos decir que el orden del evangelio que fue establecido entre nosotros no es del hombre, ni por el hombre, sino de Cristo Jesús, y por él, en el Espíritu Santo y a través de él. Este orden del evangelio, el cual es de Cristo, el hombre celestial, estará por encima de todos los órdenes de los hombres que estén en la caída, ya sean judíos, gentiles, o cristianos apóstatas, y permanecerá cuando ellos se hayan ido. Porque el poder de Dios, que es el evangelio eterno, existía antes que existiera el diablo, y existirá y permanecerá para siempre. Y así como el evengelio eterno fue predicado en los días de los apóstoles a todas las naciones, para que todos puedan venir al orden de él, por medio del poder divino, que trae vida e inmortalidad a la luz, para que los que son herederos de él, puedan heredar el poder y la autoridad de él; de modo que ahora, desde que todas las naciones han bebido de la copa de la ramera, y todo el mundo ha adorado a la bestia, (excepto aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo, quienes han adorado a Dios en espíritu y en verdad, como Cristo lo mandó), el evangelio eterno debe ser, y es predicado otra vez, como Juan el divino vio que debía ser, a todas las naciones, pueblos, lenguas y gentes. Este evangelio eterno atormenta a la ramera, y la hace enfurecer a ella y a la bestia, aún la bestia que tiene el poder sobre las lenguas que son llamadas las originales, para ordenarlas, por las cuales ellos hacen lo divino, como ellos le llaman. Pero todos los que reciben el evangelio, el poder de Dios, que lleva la vida y la inmortalidad a la luz, llegan a ver por encima de la bestia, el diablo, la ramera y el falso profeta, que los oscureció a ellos y a todas sus adoraciones y órdenes, y llegan a ser herederos del evangelio, el poder de Dios, el cual existía antes que la bestia, la ramera, el falso profeta, y el diablo, y existirá cuando todos ellos se hayan ido y sean echados en el lago de fuego. Y aquellos que son herederos de este poder y de este evangelio heredan el poder el cual es la autoridad de este orden y de nuestras reuniones. Éstos llegan a poseer el orden gozoso del evangelio gozoso, el orden cómodo del evangelio cómodo, el orden glorioso del evangelio glorioso, y el orden eterno del evangelio eterno, el poder de Dios que perdurará para siempre, y perdurará más que todos los órdenes del diablo, y de aquello que es de los hombres y por los hombres. Éstos verán el gobierno de Cristo, a quien se le ha dado todo el poder en el cielo y la tierra; y el aumento de su gobierno glorioso, justo, santo y recto no tiene fin; pero su gobierno y su orden permanecerán; porque su autor es el primero y el último, el comienzo y el final, el fundamento de Dios, que permanece seguro sobre todo, Cristo Jesús, el Amén. De vuelta en Londres, me detuve allí algún tiempo, visitando las reuniones de los Amigos, en la ciudad y por los alrededores; y por aquellos días fui a visitar a Esquire Marsh que tanto a mí como a los Amigos nos había dado pruebas de gran afección. Dio la casualidad de que llegase a su casa cuando estaba comiendo, y tan pronto oyó mi nombre me mandó a buscar para que subiese y quería que me sentase a su mesa; mas no me sentí libre de hacerlo. Varias personas de importancia estaban allí comiendo, y Marsh le dijo a uno, que era un gran papista, "He aquí un Cuáquero a quien ustedes nunca habían visto antes." Este papista me preguntó si estaba yo conforme con lo de bautizar a los niños; y le respondí que nada decían las Escrituras de tal práctica. "¡Cómo!" exclamó "¿No bautizar a los niños?" Le dije que no y le expliqué del único bautismo por obra del solo Espíritu en nuestro cuerpo; pero que en cuanto a lo de echar un poco de agua por la cabeza del niño, y decir que entonces estaba bautizado y era cristiano, nada decían las Escrituras. Me preguntó entonces si reconocía la fe católica. Le dije que sí y le añadí que ni el papa ni los papistas poseían esa fe católica; porque la verdadera fe obra por el amor y purifica el corazón, y que si ellos poseyeran esa fe, que da la victoria y por la cual tendrían acceso a Dios, no le hablarían a la gente del purgatorio, después de la muerte. Y entonces me propuse probarles que ni el papa ni los papistas, que sostienen la existencia de un purgatorio, después de esta vida, poseían la verdadera fe; porque la fe de Cristo, verdadera, preciosa y divina, da la victoria sobre el diablo y sobre el pecado que ha apartado de Dios al hombre y a la mujer. Y que si ellos (los papistas) poseyeran la verdadera fe, jamás hubieran echo uso de torturas y prisiones persiguiendo y exigiendo, a los que no compartían sus mismas creencias, que abrazasen su religión. Pues esto no fue lo que hicieron los apóstoles ni los primeros cristianos, que fueron testigos y gozaron de la verdadera fe de Cristo; sino que eran estas prácticas de descreídos, judíos y paganos. "Pero," proseguí, "ya que tú eres de los grandes y prominentes entre los papistas, habiendo sido enseñado y criado bajo la autoridad del papa, y dices tú que sólo en tu iglesia se obtiene la salvación, quisiera yo que tú me explicaras qué es lo que da la salvación en la iglesia de ustedes." "Una vida honesta," me respondió, "¿Y nada más?" Le pregunté, "Sí," me dijo, "las buenas obras." "¿Es esto lo que da la salvación en su iglesia?" Le pregunté, "¿Una vida honesta y las buenas obras? ¿Es ésta la doctrina de ustedes y son éstos sus principios?" "Sí," me respondió, "Entonces," le repliqué, "ni tú, ni el papa, ni ningún papista sabe qué es lo que da la salvación." Y al oír esto me preguntó él qué era lo que daba la salvación en nuestra iglesia. "Lo que daba la salvación en la iglesia," le respondí, "en los días de los apóstoles, es lo mismo que a nosotros nos salva, y no otra cosa; o sea, 'La gracia de Dios que, según las Escrituras, da la salvación y vino a todos los hombres.' Ella enseñó a los santos, en aquel entonces, y hoy día nos enseña a nosotros; y esta gracia, que da la salvación, es la que enseña a condenar la impiedad y la concupiscencia del mundo y a vivir una vida piadosa, sobria y recta. De modo que no son las buenas obras ni una vida honesta lo que da la salvación, sino la gracia." "¡Cómo!" exclamó el papista, "¿La gracia que da la salvación vino a todos los hombres?" "Sí," le respondí, "Eso," me dijo, "yo lo niego." Y yo le dije, "Todos los que esto niegan, no son más que unos fundadores de sectas, que no poseen la fe universal, la gracia ni la verdad que los apóstoles poseyeron. Entonces él me habló acerca de la iglesia madre. Yo le dije que muchas sectas del cristianismo nos habían acusado, y él dijo que nosotros nos habíamos separado de nuestra iglesia madre. El papista nos acusó con abandonar su iglesia, diciendo que Roma era la única iglesia madre. Los episcopales nos culpaban con dejar la antigua religión protestante, alegando que la de ellos era la iglesia madre reformada. Los presbiterianos y los independientes nos culparon de dejarlos, cada uno de ellos pretendiendo que la de ellos era la iglesia reformada correcta. Pero, yo le dije que si nosotros podíamos reconocer algún lugar externo como la iglesia madre, reconoceríamos a Jerusalén, donde el evangelio fue predicado al principio por Cristo mismo y los apóstoles, donde Cristo sufrió, donde se llevó a cabo la gran conversión al cristianismo por medio de Pedro, donde estaban los tipos, figuras, y sombras, con las que Cristo terminó, y donde Cristo le mandó a "sus discípulos a esperar hasta que fueran llenos con el poder de lo alto." De modo que si algún lugar merecía ser llamado la madre, ése era el lugar, donde se había llevado a cabo la primera gran conversión a la cristiandad. Pero el apóstol dijo, en Gal 4:25-26. "Jerusalén, que ahora está en esclavitud con sus hijos; mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos, es libre. Porque está escrito: Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz; prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto; porque más son los hijos de la desolada, que da la que tiene marido." versículo 27. Ahora vemos esto, que la Jerusalén de abajo, (que era el lugar más alto de adoración), y todas las que son como ella, en la profesión sin posesión, tiene más hijos que la mujer libre, que tiene esposo, la cual es la Jerusalén de arriba, la madre de todos nosotros, que somos cristianos verdaderos. De modo que el apóstol no dice que la Jerusalén externa era la madre, aunque la primera y gran conversión a la cristiandad ocurrió allí; y hay todavía menos razón para que el título de "madre" se le de a Roma, o a cualquier otro lugar externo o ciudad por los hijos de la Jerusalén de arriba que es libre: ni tampoco son ellos los hijos de Jerusalén, (de la ciudad que está arriba y es libre), que le dan el título de madre a la Jerusalén externa, a Roma, o a cualquier otro lugar o secta de gente. Y aunque este título [madre] se le ha dado a lugares y sectas por los cristianos degenerados, sin embargo nosotros decimos todavía, como dijo el apóstol en el tiempo antiguo, "la Jerusalén de arriba es la madre de todos nosotros;" y no podemos reconocer a ninguna otra, ni a la Jerusalén externa, ni a Roma, ni a ninguna secta como nuestra madre, sino a la Jerusalén de arriba, la cual es libre, la madre de todos los que nacen otra vez, que llegan a ser verdaderos creyentes en la luz, y son injertados en Cristo, la vid celestial. Porque todos los que por la palabra de Dios han vuelto a nacer de la semilla inmortal, que vive y permanece para siempre, se alimentan de la leche de los senos de la vida, que es la Palabra, y por ella más y más crecen en la vida, no pudiendo reconocer como madre a otra que Jerusalén, que está allá arriba." "¡Oh! Usted no conoce a este hombre," dijo Esquire Marsh al papista, "si sólo fuere a la iglesia de vez en cuando, sería el hombre mejor que jamás haya existido." Después de algunas razones más, fui con Esquire Marsh a otra habitación para hablar a solas de lo concerniente a los Amigos, debido a que, siendo él juez de paz en Middlesex, como era un palaciego los otros magistrados lo dejaban en gran libertad de manejar los asuntos a su gusto. Me dijo que estaba en gran aprieto con respecto a como tenía que actuar con nosotros y otros no-conformistas, "Porque," prosiguió, "ustedes no pueden jurar y también los Independientes, Bautistas y Monárquicos dicen que no pueden jurar, de modo que, ¿Cómo he de hacer para distinguir entre ustedes y ellos, siendo que ellos dicen igual que ustedes que no pueden jurar por ser caso de conciencia?" Y a esto le respondí, "Yo te enseñaré como puedes distinguirlos de nosotros. Esos de que tú hablas, todos o casi todos, pueden jurar en ciertos casos, como así lo hacen, mientras que nosotros no podemos jurar nunca. Si alguien les robare sus vacas y sus caballos, y tú les dijeres que juren que son suyos, enseguida lo harán. Mas si tú pones a prueba a nuestros Amigos, no jurarán ni aun para recuperar sus bienes. De modo que cuando pongas a cualquiera de ellos en el caso de prestar el juramento de Lealtad, pregúntale si juraría en otra circunstancia, por ejemplo para recuperar su vaca o su caballo; y si verdaderamente es de los nuestros no lo hará, con todo y que puede dar testimonio en favor de lo que es verdad." Y después de haberle dicho esto, le di el ejemplo de un juicio que se había celebrado en Berkshire, que fue el caso siguiente. "Un ladrón robó dos animales a un Amigo, de los nuestros, y éste compareció ante el tribunal haciéndose parte en contra del ladrón. Pero como alguien había ya dicho al juez que el denunciante era cuáquero y que por consiguiente no podía jurar, el juez, antes de oír al Amigo, dijo, "¿Es este hombre un cuáquero? ¿Y no puede jurar? Entonces que presté los juramentos de Lealtad y Supremacía." Y metió al Amigo en la prisión, poniendo en libertad al ladrón que le había robado." Cuando hube terminado, el magistrado Marsh, dijo "Ese juez era un malvado." "Si nosotros pudiéramos jurar, en algún caso," continué, "prestaríamos el juramento de Lealtad al rey, que guarda la ley, que guarda a todos los hombres en sus estados. Mientras que los otros, los que pueden jurar sólo en ciertos casos, lo hacen cuando se trata de salvar parte de sus bienes si se los roban, y en cambio no pueden hacerlo para prestar el juramento de Lealtad al rey que guarda sus bienes y sus cuerpos. De modo que ante esto bien puedes ver la diferencia que hay de nosotros a esas gentes." Más tarde el magistrado Marsh nos fue muy servicial, en aquella ocasión como en otras, consiguiendo que varios, Amigos y no Amigos, se libraran de castigo en los lugares donde él era magistrado; y cuando en tiempos de persecución le llevaban Amigos a juicio, ponía en libertad a los más, y cuando no tenía más remedio que mandarlos a la prisión, era por algunas horas o todo lo más por una noche. Finalmente, fue a ver al rey y le dijo que habiendo mandado a la prisión a algunos de los nuestros, como ello era en contra de su conciencia no quería hacerlo más. Y sacando a su familia de Limehouse, donde vivía, fue a alojarse cerca del parque de San Jaime. Le dijo también al rey que de placerle dar libertad de conciencia, esto acabaría con todas las cuestiones de un golpe, porque entonces nadie tendría pretexto para sentir desasosiego. Y en verdad era un hombre muy servicial para la verdad y para los Amigos durante sus días. Este año, hicimos en Londres grandes servicios para el Señor. La Verdad se elevó sobre todos y se organizaron unas reuniones que tenían por objeto el de oír a todos aquellos que, arrepentidos de haberse apartado de la Verdad, volvieran para confesar y condenar su error; y fueron muchos los que así lo hicieron. Después que me había quedado algún tiempo en Londres, visité Amigos en Surry, Sussex, y otros lugares en esa región, y entonces viajé hacia le norte, estando Leonardo Fell conmigo. Visitamos Amigos hasta que llegamos a Warwich, donde había muchos en la cárcel. Tuvimos una reunión en la ciudad. De allí me fui a Birmingham y Badgely. En Badgely tuve una reunión grande. Después de allí pasé por el campo visitando Amigos, hasta que llegué a Nottingham, donde en el primer día tuvimos una reunión preciosa, pero no sin el peligro de ser detendidos porque los guardias habían amenazado a los Amigos. Me fui de allí, visitando Amigos hasta que llegué a Balby, y de allí a la junta trimestral de York. Tuvimos una reunión bendecida. Los Amigos en Yorkshire se habían reunido en siete juntas mensuales antes, y ellos eran tan sensibles a sus servicios, que desearon añadir siete más; porque la verdad se había esparcido mucho en esa región. Consiguientemente en esa junta trimestral éstas se establecieron; y ahora tienen catorce juntas mensuales en esa región. Debido a que era tiempo de las sesiones de los tribunales en York, me reuní con el juez Hotham, quien era admirador de los Amigos, y había sido muy tierno y amable conmigo al comienzo del esparcimiento de la verdad. Después que había terminado mi servicio por el Señor en York, me fui al campo. A medida que iba, sentí una gran carga sobre mí; pero no supe inmediatamente la razón de esto. Llegué a una reunión en el primer día, en la casa de Ricardo Shipton, la cual fue muy grande. Hubo una reunión el mismo día en otro lugar, y el sacerdote de ese lugar, estando malinformado de que yo estaría allí, obtuvo una orden y causó un gran disturbio en esa reunión; de lo cual Isaac Lindley me dio un informe por medio de la siguiente carta:
Entonces visité Amigos en Whitby y Scarborough. Cuando estaba en Scarborough, el gobernador, oyendo que yo había venido, me invitó a su casa, diciendo que por seguro yo no sería tan poco amable de no ir a verlo a él y su esposa. Después de la reunión lo fui a visitar, y él me recibió muy cortés y amablemente. Habiendo visitado la mayoría de las reuniones en Yorkshire, Woulds, y Holderness, llegué a la casa de Enrique Jackson, donde tuvimos una reunión grande. De allí me fui a la casa de Tomás Taylor, y a la casa de Juan Moore en Eldreth, {donde Sara Fell y Susana Fell se encontraron conmigo por primera vez} y donde tuvimos una reunión muy grande; el poder del Señor y su presencia estaban de manera eminente entre nosotros. Después de esto llegamos a Staffordshire y Cheshire. Allí vivía Sir Jeffrey Shaker, quien había sido cruel perseguidor de los Amigos. Éste tuvo una escena con un joven de 18 a 19 años de edad, quien había estado en el molino con dos caballos cargados. El joven no podía sacar a los caballos, y Shakerly comenzó a golpearlo con su bastón. El joven se lo quitó de sus manos y lo puso a su lado. Shakerly sacó sus pistolas, y el joven se las quitó de las manos y las depuso, (a un lado de él porque el camino era angosto). Y entonces Shakerly sacó su espada, y el joven también se la sacó de las manos y la depuso. Su criado estaba detrás de él. Ambos estaban borrachos. Shakerly llamó a su criado, y dijo que este cuáquero lo había desarmado. El criado le dijo al Amigo que le devolviera sus armas, lo cual no quiso hacer, porque temía que tratara de hacerle daño otra vez. Así el criado le pidió al Amigo que le diera las armas a él, lo cual dijo que haría, si prometía mantenerlas lejos de su amo de modo que éste no le pudiera hacer daño. Así Shakerly envió a su siervo a buscar al guardia, y a traer una Biblia para darle el juramento de Lealtad y Supremacía. Shakerly se sentó en su caballo mientras que tenía los caballos del joven cargados hasta que su siervo regresara. Cuando volvió el siervo, dijo que no pudo encontrar un guardia, y ya que la gente de alrededor era pobre, tampoco pudo obtener una Biblia. El amigo le dio al siervo las armas de su amo, y ambos se fueron a buscar un guardia. Este siervo era más considerado que su amo. Le dijo al Amigo que se quedara en el taller del herrero hasta que se fueran y estuvieran fuera de la vista. De modo que el Amigo se quedó allí por un tiempo, y cuando ellos no regresaron, él se fue para irse a los comunes con sus caballos cargados. Después que Shakerly había estado cabalgando buscando un guardia, él lo vio y lo siguió hasta la ciudad. Un sacerdote y un guardia llegaron a él y Shakerly quizo emitir una orden y enviarlo a la cárcel por haberlo desarmado. Pero el guardia y el sacerdote lo persuadieron para que no lo hiciera porque podía poner al Amigo en sus ropas viejas; el sacerdote dijo que su padre era un hombre muy honesto, aunque su padre era uno de los borrachos más grandes en la ciudad, y solía golpear a su hijo. En su borrachera, su hijo se había acostumbrado a desarmar al padre durante su borrachera, lo cual hizo al hijo un experto en esta obra. Después de esto Shakerly se fue cabalgando sin darle una orden judicial al guardia. Pero esto creó tantos rumores en la región, que los Amigos convencieron al joven de que se fuera a Londres a vivir, y así estar lejos de Shakerly. Esta historia la escuché de la boca misma de Will Gandy. En Staffordshire y Cheshire tuvimos muchas reuniones grandes y preciosas. Tuve una reunión muy grande en casa de William Barns, que estaba alrededor de dos millas de Warrington; y aunque sufría de gota, el coronel Kirby ahora estaba viajando otra vez, tan violento como antes al desbaratar las reuniones, y estaba entonces en Warrington, pero el Señor no permitió que viniera a esta reunión; de modo que fuimos guardados para no caer en sus manos. |
