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CAPÍTULO XIX Visita a Irlanda 1669 En esto fue voluntad del Señor que fuese a Irlanda para visitar en esta nación la semilla de Dios. Iban conmigo Roberto Lodge, Jaime Lancaster, Tomás Briggs y Juan Stubbs; y cerca de Liverpool esperamos viento favorable para embarcar. Después de esperar algunos días enviamos a Jaime Lancaster a buscar los pasajes, y cuando volvió trajo la nueva de que ya el buque estaba dispuesto y de que teníamos que ir a embarcar a la Roca Negra. Allá fuimos a pié y como estaba algo lejos y el tiempo era muy caluroso, casi me asfixié de calor por el camino. Cuando llegamos no estaba allí el buque, de modo que nos vimos obligados a ir a la ciudad para embarcar; y cuando estuvimos a bordo dije a los que me acompañaban, "Vengan y vean como van a triunfar en el Señor, porque tendremos un tiempo sereno y viento favorable." Se marearon muchos pasajeros pero ninguno de nosotros cinco. Como el capitán y muchos pasajeros eran muy afables, llegado el Primer día de la semana me sentí dirigido a declararles la Verdad; ante lo cual el capitán dijo a los pasajeros, "Vengan que van a oír algo que jamás han oído en su vida." De allí a unas veinticuatro millas de camino, llegamos a otro lugar donde también celebramos una bellísima reunión, que enfureció a unos papistas que allí vivían. Cuando lo supe mandé a buscar a uno, que era maestro de escuela, pero se negó a venir; por lo cual lo desafié a que junto con todos los frailes y monjes, curas y jesuitas, compareciese a probar que eran verdaderos, su Dios y su Cristo que ellos habían hecho de pan y vino; mas no conseguí de ellos respuesta alguna. Y entonces les dije que eran peores que los sacerdotes de Baal, porque los sacerdotes de Baal se atrevían a probar la veracidad del Dios de madera, que ellos mismos habían hecho, mientras que estos no se atrevían a discutir su Dios de pan y vino; y los sacerdotes y los fieles de Baal no se comían a su Dios, como estos hacían, para después hacer otro. De allí nos fuimos a Newgarden, donde había una reunión grande. Después seguimos viajando, viendo a los Amigos, hasta llegar al puente de Bandon y Land's end, teniendo muchas reuniones en el camino, en las cuales el gran poder de Dios se manifestó, los Amigos se regocijaron, y mucha gente fue afectada por la verdad. En Bandon la mujer del alcalde, que estaba convencida, quería que su marido asistiera a la reunión; mas él le pidió, por su propia vida, que no dijese a nadie que estaba yo allí para asistir a una reunión. Como el entonces alcalde de Cork, era un hombre lleno de envidia, de la Verdad y los Amigos, habiendo metido a muchos en la prisión, cuando supo que yo estaba en la región expidió cuatro decretos en virtud de los cuales me prendiesen, y en vista de ello, los Amigos no querían que cabalgase por las calles de Cork. Pero estando en Bandon, una mañana al levantarme, cuando me vestía, se me apareció la visión de un hombre, de cara muy fea, negra y tenebrosa. Lo ataqué, en el poder del Señor, y pasando por encima de él a caballo, mi caballo puso su pata sobre su mejilla. Cuando bajé le dije a un Amigo, que estaba conmigo, que era voluntad del Señor que cabalgásemos hasta Cork, pero le prohibí que lo dijese a nadie. Montamos a caballo junto con muchos Amigos que me acompañaban, y cuando estuvimos cerca de la ciudad querían enseñarme un camino que pasaba por detrás de ella; mas les dije que mi camino era a través de las calles. Me dijeron que ese camino era tan resbaladizo, cuando se celebraba mercado, que no podría pasar porque mi caballo no se sostendría. Les respondí que era eso muy poca cosa para detenerme, y llamando a uno, cuyo nombre era Pablo Morris, para que me guiase a través de la ciudad, dejé que el resto se quedara atrás. Seguimos cabalgando, y, cuando cruzábamos la plaza del marcado, al pasar por delante de la puerta del alcalde, éste dijo al verme dijo: "Ahí va Jorge Fox," sin que se atreviera a pararme. Mas ¡Oh! que fuego había en el corazón y en el espíritu de aquella gente, cuando a caballo pasé por la ciudad, porque todos me conocían y me miraban y se asomaban por las ventanas. Y cuando estuve cerca de la prisión, los presos, que me vieron y me reconocieron, temblaron de temor de que me prendiesen. Cuando hubimos pasado por entre los centinelas y estuvimos al otro lado del puente, fuimos a casa de un Amigo, donde nos alojamos; y allí me dijeron los Amigos del furor que poseía a la ciudad y de cuantos decretos se habían autorizado para prenderme; y mientras estaba sentado con los Amigos, sentí que el espíritu diabólico estaba haciendo de las suyas, en la ciudad, incitando al mal en contra mía; y sentí el poder de Dios que acometía en contra de ese espíritu maligno. Me puse en pié y lo ataqué, en el poder del Señor, e inmediatamente vinieron unos Amigos a decirme que ya toda la ciudad y los magistrados andaban diciendo que estaba yo allí; y yo al oírlo les dije, "Dejen que el diablo cumpla sus peores designios." Al cabo de un momento, pedí mi casaca y mi caballo y un Amigo que me guiase, y nos fuimos por nuestro camino. Pero bien lastimosa debía de ser la ira que poseía al alcalde, y a otros de la ciudad, cuando me dejaron escapar; tomándose después mil molestias para ver si conseguirían detenerme, poniendo a sus batidores por los caminos, según luego me enteré, para que espiasen por donde pasaba. Más tarde, apenas si asistí allí a una reunión pública, mas los espías siempre fueron a ver si estaba. Los magistrados y sacerdotes envidiosos, se mandaron unos a otros mis señas personales, describiendo mi cabello, sombrero, ropas y mi caballo, de modo que cuando estaba a cerca de cien millas de Cork, tenían ya en su poder, antes de que yo llegase, un informe referente a mí con la descripción de mi persona. Un magistrado muy envidioso, que además de magistrado era sacerdote, se procuró un decreto de prisión del juez del tribunal de lo criminal; cuyo decreto iba a ser publicado en todos los lugares de su jurisdicción que se extendía cerca de cien millas. Sin embargo el Señor hizo fracasar todas sus maquinaciones y, frustrando sus designios, nos dio muchas dulces y benditas oportunidades de visitar a los Amigos y de difundir la Verdad por aquella nación. Eran las reuniones muy numerosas, asistiendo a ellas Amigos, que venían de cerca y de lejos, y también gentes del mundo que venían en muchedumbre. La presencia poderosa del Señor se sintió entre nosotros y a nuestro lado, siendo alcanzados por ella muchos del mundo que se con vencieron y se regocijaron en la Verdad; y se aumentó el rebaño del Señor, sintiendo gran consuelo los Amigos que se reconfortaron al sentir el amor de Dios. ¡Oh! qué emoción la suya ante el fluir de la vida; tanta, que, en el poder y espíritu del Señor, muchos prorrumpieron en cantos, incluso en alta voz, creando en sus corazones bella melodía. Fui a otra provincia y asistí a la junta general, que duró dos días, viniendo los de a pié y a caballo como a una feria. Y de aquí fui al país de los Fox, que decían ser mis parientes; mas les dije que parientes míos eran todos aquellos que vivían en el poder y en la vida de Dios. Fui entonces hacia el Norte, y una noche, en casa de un Amigo, mientras dormía, sentí que otra vez el espíritu diabólico estaba entregado a sus maquinaciones para lograr sus malos propósitos. Siempre atento, vi algo así como un individuo negro y horrendo que me ataba las piernas con una cuerda, de modo que mucho me costó librar mis pies de sus ligaduras. De una manera lastimosa me sentí oprimido por el mal espíritu. Siguiendo nuestra jornada llegamos a Grange, donde celebramos una gran reunión; y yendo después casi treinta millas más lejos sentí allí que el mal espíritu estaba enfurecido. Como antes dije, el decreto del juez iba a publicarse en toda su jurisdicción, que alcanzaba cerca de cien millas, y en el decreto se describía mi cabello, mis ropas y mi caballo. Llegué a una ciudad y los Amigos vinieron a verme; y yo les dije, "Dejen que el diablo cumpla sus peores designios; pero, no obstante, estén dispuestos por la mañana a la hora de las dos, porque no esperaré a nadie." Muchas veces era esta nuestra hora acostumbrada, a pesar de que no nos acostábamos antes de la hora de las once. Seguí adelante, en compañía de un Amigo, dejando que los demás viniesen después; y este Amigo me dijo, "Jorge, mejor será que no comamos en la ciudad, porque en ella viven el obispo y su diácono"; el cual obispo tenía buena parte en la persecución de que era yo objeto. Cuando estuvimos alojados vi venir a los Amigos; y uno exclamó, "¡Ay! Que el obispo vive aquí y el diácono en la casa de al lado." Mas yo les dije, "No tengan cuidado alguno, que el poder del Señor Dios está por encima de ellos." Al poco tiempo seguimos adelante y alcanzamos a los otros. Pasé, cruzando la región, hasta llegar a donde alcanzaba la jurisdicción del juez que había dado el decreto de prisión, que allí estaba en vigor; mas la calma reinaba por todo. Diez millas más allá fuimos a una posada, y en toda la noche no pude dormir pensando en los Tories, de tan preocupado como me tenían. Finalmente, crucé un río muy peligroso y viendo a mis perseguidores en la otra orilla, les sonreí porque no consiguieron prenderme. Cuando hube terminado con todo cuanto tenía que hacer, regresé a Dublin, porque esperábamos que después de celebrada la gran reunión cambiaría el viento. Salí a la calle y le dije a Jaime Lancaster, "Ya se ha terminado nuestra misión en esta nación, porque el viento nos es favorable"; pues aun aquella mañana el viento nos era contrario. Cuando llegué a Dublin me alojé cerca de Lazy Hill y, habiendo enviado antes a Jaime Lancaster a buscar los pasajes, al día siguiente el buque estaba dispuesto a hacerse a la mar. Por el camino, Jaime Lancaster, encontró a un hombre, que era soldado, el cual estaba muy disgustado por no haber asistido a la gran reunión y dijo a Lancaster que había oído de un hombre como jamás había salido otro igual de Inglaterra. Tal era la fragancia que entre todos despedía la Verdad.
Muchas personas importantes vinieron a casa de Jaime Hutchinson en Irlanda, deseando discutir conmigo acerca de la Elección y Condenación. Yo les dije que aunque ellos juzgaran nuestro principio como algo necio, era algo muy elevado para ellos, que ellos no podían comprender con su sabiduría; por lo tanto discutí con ellos de acuerdo a su capacidad. "Ustedes dicen," les dije, "que Dios ha destinado a la mayoría de los hombres para el infierno, y que ellos fueron destinados desde antes de la fundación del mundo; y la prueba de esto está en Judas. Ustedes dicen que Esaú y los egipcios fueron condenados, y el linaje de Cam. Pero Cristo le dijo a sus discípulos que fueran y enseñaran todas las naciones; y que fueran a todas las naciones y predicaran el evangelio de la vida y la salvación." Si ellos debían ir a todas las naciones, ¿no debían ir al linaje de Cam, y al linaje de Esaú? ¿Acaso Cristo no murió por todos? Entonces también murió por el linaje de Cam, de Esaú, y de los egipcios. ¿Acaso no dicen las escrituras: "Dios quiere que todos los hombres se salven"? Noten que dice "Todos los hombres;" entonces también el linaje de Esaú, y el de Cam. ¿Acaso Dios no dijo "Egipto pueblo mío," y que él tendría un altar en Egipto? Isa 19:25. ¿Acaso no estaban muchos cristianos en Egipto antes? ¿Y acaso no dice la historia que el obispo de Alejandría habría sido papa anteriormente? ¿Y no tenía Dios una iglesia en Babilonia? Confieso que "la palabra vino a Jacob, y los estatutos a Israel;" estas cosas no eran para la otras naciones. Porque la ley de Dios fue dada a Israel. Pero el evangelio debía ser predicado a todas las naciones, y debe ser predicado. El evangelio de paz y las buenas nuevas deben ser dadas a todas las naciones. "Aquel que cree es salvo, pero el que no cree ya está condenado;" de modo que la condenación es por la incredulidad. Y mientras que Judas habla de algunos que fueron destinados antiguamente (de los cuales se escribió antes), a la condenación, él no dice, desde antes de la fundación del mundo; sino que dice "escrito desde antes"; lo cual se puede referir a los escritos de Moisés, quien escribió acerca de aquellos a quien menciona Judas, esto es, de Caín, Coré, Balaam, y los ángeles que no se mantuvieron es su primer estado; y tales cristianos que siguieron en sus pasos, y apostataron del primer estado de la cristiandad, que fueron y son destinados a la condenación por la luz y la verdad, de la cual se han alejado. Y aunque el apóstol habla de que Dios amaba a Jacob y aborrecía a Esaú, aún así él le dice a los creyentes: "Todos somos por naturaleza hijos de la ira, así como los otros." Esto incluye el linaje de Jacob, del cual era el mismo apóstol y los judíos creyentes. Así, tanto los judíos como los gentiles fueron todos incluidos bajo el pecado, y así bajo la condenación, y que Dios pueda tener misericordia de todos por medio de Jesucristo. De modo que la elección y la selección están en Cristo: "y el que cree en él es salvo, y el que no cree ya está condenadao." Jacob tipifica el segundo nacimiento, el cual Dios amó; y tanto los judíos como los gentiles deben nacer otra vez, antes que puedan entrar en el reino de Dios. Cuando ustedes nacen otra vez, conocen la elección y la condenación; porque la elección está en Cristo, la semilla, antes de la fundación del mundo; pero la condenación está en la semilla maligna desde la fundación del mundo.' De esta manera, pero algo más detalladamente, discutí con aquellas personas importantes acerca de este asunto, y ellos confesaron que nunca habían oído tanto cosas antes. Después que había viajado por Irlanda, y visitado Amigos en sus reuniones, como también en el asunto de la adoración, y después de responder a varios documentos y escritos de los monjes, frailes, y sacerdotes protestantes, (porque ellos estaban todos furiosos en contra mía, y procuraron detener la obra del Señor, y algunos jesuítas juraron para que los oyéramos, que nosotros habíamos venido a propagar nuestros principios en esa nación, pero no debíamos hacerlo), regresé a Dublin para poder partir a Inglaterra. Después de quedarme en una reunión en el primer día de la semana, la cual fue muy grande y preciosa, debido a que había un barco que estaba listo, y el viento era favorable, nos separamos de los Amigos; partiendo con mucha pena y dolor, en el sentido de la vida y el poder del cielo, que fue manifestado entre nosotros. Habiendo embarcado nuestros caballos y equipajes por la mañana, por la tarde fuimos nosotros a embarcar, y muchos Amigos nos acompañaron hasta el barco; y, a pesar del peligro, muchas personas amistosas nos siguieron en barcas por cerca de tres millas, llevados por su amor. {Sin embargo yo sentí el poder de las tinieblas por veinte millas al salir de Irlanda mar adentro}. En ese país hay un pueblo bueno, serio, y verdadero, sensible al poder del Señor Dios, y perceptivo a su verdad, y gran orden hay en sus reuniones; porque defienden la justicia y la santidad, las cuales detienen el camino a la impiedad. Tuvieron una preciosa visitación, y tienen un espíritu excelente dentro de ellos, digno de ser visitado. Podría escribir muchas cosas más acerca de Irlanda y de mis viajes allí, los cuales si detallara sería muy largo; pero pensé que sería bueno declarar la importancia por lo menos de esto, para que los justos se gocen en la prosperidad de la verdad en ese lugar. Jaime Lancaster, Roberto Lodge y Tomás Briggs, regresaron conmigo, mas no así Juan Stubbs que se quedó teniendo aun servicios que cumplir. Pasamos dos noches en el mar, y una de ellas se levantó una violenta tempestad que puso al buque en gran peligro. Llovía y soplaba un viento fuertísimo, y yo me plací en contemplar la tempestad como había estado contemplando los sacerdotes de los Torios; y vi como el poder del Señor se sobreponía a vientos y tempestades. En su mano las tenía y Su poder las encadenó, Y el mismo poder que nos llevó nos trajo, y en Su vida nos dio el dominio de todos los espíritus diabólicos que allí se nos opusieron. Desembarcamos en Liverpool y fuimos a casa de Ricardo Johnson, a la de William Barnes, y a la de William Gandy, visitando Amigos, y teniendo reuniones preciosas en Lancashire y Cheshire. Y el capitán del buque inventó un escándalo, de que me acusó, diciendo que yo había pasado la noche bebiendo en Liverpool, y así lo explicó cuando llegó a Dublin. Los Amigos al oírlo (dos, que eran hombres eminentes, habían venido conmigo y sabían que no me había detenido más de un cuarto de hora en aquella ciudad) lo hicieron arrepentirse de su calumnia; y cuando volvía de Dublin, su buque naufragó, siendo así como lo alcanzó el juicio cierto del Señor. Proseguimos hacia Bristol, y cuando llegamos a Gloucestershire, oímos acerca de un reporte en Nailsworth que había llegado a esa región, diciendo que "Jorge Fox se había vuelto presbiteriano, que un púlpito fue preparado para él y puesto en un patio, y que habría mil personas allí al día siguiente para oírlo." Yo pensé que era extraño que se levantara un rumor así acerca de mí; sin embargo, a medida que continuábamos de la casa de un Amigo a otra, seguíamos oyéndolo vez tras vez. Pasamos por el patio donde estaba el púlpito, y lo vimos, y fuimos al lugar donde se llevaría a cabo la reunión de los Amigos al día siguiente, y pasamos la noche allí. Al día siguiente, siendo el primer día de la semana, tuvimos una reunión muy grande, y el poder del Señor y su presencia estaba entre nosotros. No mucho tiempo después de esto se presentaron quejas en contra de Juan Fox en la cámara de los Comunes, 'por haber tenido una reunión tumultuosa, en la cual se hablaron palabras de traición;' lo cual (de acuerdo a la mejor información que pude conseguir), fue así: Juan Fox había sido previamente sacerdote de Mansfield, en Wiltshire; y después de haber sido sacado de ese lugar, un sacerdote de la oración común le permitió predicar a veces en su iglesia. Finalmente este sacerdote presbiteriano, presumiendo mucho de la concesión anterior del sacerdote de la parroquia, comenzó a ser más audaz que bienvenido, e intentó predicar allí ya sea que el otro sacerdote quisiera o no. Esto causó un gran conflicto y competencia en la iglesia entre los dos sacerdotes, y entre los oyentes que estaban de un lado o el otro; y en esta lucha el libro de las oraciones comunes fue roto en muchos pedazos, y, como se había dicho, se dijeron palabras traicioneras por parte de algunos seguidores de Juan Fox. Esto se puso rápidamente en las noticias, y algunos presbiterianos maliciosos hicieron que se dijera de tal manera como si hubiera procedido de Jorge Fox el cuáquero, aunque yo estaba a más de docientas millas del lugar donde sucedió este conflicto. Cuando lo escuché, pronto procuré los certificados de algunos miembros de la casa de los Comunes, que conocían a este hombre, y reconocieron que era Juan Fox, quien previamente había sido párroco de Mansfield, en Wiltshire, del que se quejaron en la casa de los Comunes, que él era el líder en esta asamblea ilegal. Y en verdad este Juan Fox se había descubierto a sí mismo como un hombre enfermo; porque algunos de los que eran sus seguidores se habían convencido de la verdad, y por lo tanto lo dejaron; después de lo cual él fue a algunas de sus casas para hablar con ellos; y ellos le dijeron que 'él estaba caminando en las pisadas de los profetas falsos, predicando por dinero y por ganancias deshonestas, como aquellos contra quienes Criso dijo ayes, y contra quienes los apóstoles declararon que no servían al Señor Jesucristo sino a sus propios vientres, y Cristo les dijo: de gracia recibisteis, dad de gracia, y por lo tanto él no debía aceptar dinero de la gente por predicarles, especialmente ahora que los tiempos eran difíciles;' el respondió que 'Dios bendice la predicación; porque produce dinero, sean como sean los tiempos. Llenen mi vientre con buenas viandas, y después llámenme profeta falso, o lo que ustedes quieran, y patéenme en la casa después de hacerlo, si quieren.' Recibí este relato de un hombre y su esposa, quienes anteriormente habían sido sus oyentes, y a quienes Juan Fox (con otros), les causaron sufrimientos. Porque él, y algunos otros sacerdotes presbiterianos, llendo hacia la casa de una mujer viuda, quien tenía los derechos a los ingresos de los diezmos de su esposo, y que tomaba los diezmos de la parroquia; ella les dijo que había 'un cuáquero en esa parroquia que no quería pagar diezmos;' y preguntó que debía hacer con él. Ellos le aconsejaron que ‘enviara obreros para que cortaran y se llevaran su maíz;' lo cual ella hizo, y así empobrecieron al hombre. Pero procedieron. |
