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CAPÍTULO IV
Juicio en Lancaster y Encarcelamiento en Carlisle
1652-1653
Habiendo llegado el tiempo fijado para la celebración del juicio, en Lancaster, allá fui con el juez Fell que, por el camino, me dijo que nunca se le había presentado un caso semejante; y que, en cuanto a este asunto, no sabía exactamente lo que iba a hacer. Yo le dije, que cuando Pablo fue llevado ante los tribunales, y los judíos y sacerdotes comparecieron a acusarle, diciendo muchas cosas falsas en contra suya, Pablo se estuvo quieto, mientras los otros hablaron y, cuando terminaron, Festo, el gobernador, y el rey Agripa, le dieron licencia de que hablara en su propia defensa; lo cual hizo justificándose de todas aquellas acusaciones falsas; de manera que él podía hacer lo mismo conmigo. Cuando llegamos a Lancaster, supe que el juez Sawrey y el juez Thompson habían autorizado un decreto de prisión en contra mía y, a pesar de que no me habían prendido, comparecí en la sesión, donde se presentaron a acusarme cerca de cuarenta sacerdotes. Habían estos escogido a un tal Marshall, sacerdote de Lancaster, para que hablase por ellos, y se habían procurado un joven sacerdote y dos hijos de otro sacerdote, que testificaran en contra mía habiendo jurado de antemano que yo había blasfemado. Los jueces, una vez sentados, oyeron todo cuanto los sacerdotes y sus testigos quisieron decir, acusándome; y estaba Marshall, su orador, sentado cerca de ellos, aclarando con explicaciones lo que decían; pero los testigos estaban tan confundidos, que ellos mismos se descubrieron ser testigos falsos, porque sucedió que cuando el tribunal había interrogado a uno, bajo juramento, y empezaba ya a interrogar a otro, dijo el primero que, en realidad, él no podía contestar directamente, mientras que el otro sí podría; y esto hizo que los jueces le dijeran, "¿Ha jurado lo que acaba de manifestar, bajo juramento, y ahora sale con que éste es el que puede decirlo? Parece como si no hubiera oído las palabras que usted mismo ha hablado, con todo y haberlas jurado."
Estaban presentes en la sala varias personas que habían asistido a la reunión donde, según decían los testigos, bajo juramento, había yo dicho aquellas blasfemias de que los sacerdotes me acusaban, y, siendo éstos hombres íntegros y de reputación en el país, declararon y afirmaron ante el tribunal que todo cuanto habían declarado los testigos, bajo juramento, en contra mía, era falso, y que yo no había dicho en aquella reunión las palabras de que ellos me acusaban; y lo mismo dijeron otros hombres, los más serios de por aquel lugar, que me habían oído en aquella reunión y también en otras. El coronel Guillermo West que, por ser juez de paz, formaba parte del tribunal, se enteró de esto; y dijo, bendiciendo al Señor, que habiendo sido desde tiempo débil de cuerpo, el Señor lo había curado aquel día de la reunión, y añadió, que en toda su vida nunca viera reunidas tantas personas pacíficas ni tantas caras de bondad, como en aquel día; y luego volviéndose hacia mí, dijo. "Jorge, si tienes algo que decir a la gente, libremente puedes declararlo en las sesiones públicas." Fue la voluntad del Señor que yo hablara, y así que empecé, el sacerdote Marshall, que tenía la palabras por todos los otros sacerdotes, se marchó. Lo que yo, por inspiración divina, les declaré, fue esto: que las Sagradas Escrituras habían sido inspiradas por el Espíritu de Dios, y que todos tenían primero que llegar al Espíritu de Dios, en sí mismos, por el cual podrían conocer a Dios y a Cristo, de quiénes aprendieron los profetas y los apóstoles, para que por este mismo Espíritu comprendieran las Sagradas Escrituras; porque así como el Espíritu de Dios fue en aquellos que dieron a la luz las Escrituras, así también el Espíritu de Dios tiene que estar en todos los que llegan a comprender las Escrituras, pudiendo así, por este Espíritu, estar en armonía con el Hijo y con el Padre y con las Escrituras, y en armonía los unos con los otros; mas sin este Espíritu, ni podían conocer a Dios, ni a Cristo, ni comprender las Escrituras, ni entre ellos reinaría la armonía. Apenas terminara de decir estas palabras, cuando media docena de sacerdotes, que estaban tras de mí, se exaltaron en gran manera, y, uno, llamado Jackus, dijo, entre otras cosas en contra de la verdad, que el Espíritu y la letra eran inseparables; a lo cual le repliqué, "Entonces todo aquél que posee la letra posee el Espíritu, pudiendo así comprar el Espíritu al comprar la letra de las Escrituras." Esto, que descubría claramente las tinieblas en que estaba este sacerdote, hizo que el juez Fell y el coronel West les reprendieran abiertamente, diciéndoles que, de acuerdo con este criterio, se podría llevar el Espíritu en el bolsillo igual como se llevaban las Escrituras; sobre que los sacerdotes, confundidos y reducidos al silencio, se rebelaron, llenos de ira, en contra de los jueces, por no poder llevar a cabo sus fines perversos. Viendo los jueces que los testigos no estaban de acuerdo; comprendiendo que habían sido llevados allí para declarar en favor de la envidia de los sacerdotes, y, encontrando que toda su evidencia no era suficiente, legalmente, para sostener su acusación en contra mía, me absolvieron. Y luego que el juez Fell hubo hablado al juez Sawrey y al juez Thompson, concerniente al decreto de prisión que habían autorizado en contra mía, y al error de tal acción, él y el coronel West, autorizaron su sobreseimiento, evitando así que se ejecutara.
Y de este modo, fui aclarado en sesión pública de todas aquellas acusaciones falsas que los sacerdotes, llenos de malicia, habían expuesto a mi cargo; y aquel día, multitud de personas ensalzaron al Señor, por ser aquél día de salvación eterna para cientos de seres. Y aquel día, el Señor abrió muchas bocas que hablaran Su palabra a los sacerdotes; y varios, simpatizantes, y también profesantes, reprendieron a los sacerdotes, por las posadas y por las calles, de modo tal, que se derrumbaron como casa podrida, y la gente clamó que los cuáqueros poseían el día y que los sacerdotes caían. Muchos se convencieron aquel día, entre quienes se encontraba Tomás Briggs. Antes él había sido tan hostil con los Amigos y la verdad, que cuando él y John Lawson, un Amigo, estaban disctiendo la perfección, Tomás le dijo a él: '¿Tienes la perfección?' Y él levantó sus manos como si le fuera a dar al Amigo un puñetazo en el oído. Pero Tomás, estando convencido de la verdad ese día, declaró en contra de su propio sacerdote, Jackus; y después se convirtió en un fiel ministro del evangelio, y permaneció así hasta el fin de sus días.
Cuando se hubieron acabado las sesiones, James Naylor, quien estaba presente, dio un breve reporte de los procedimientos ocurridos en una carta, la cual él escribió a los Amigos un poco después, y que está incluida aquí para la satisfacción del lector:
Estimados Amigos y hermanos en el Señor Jesucristo, que mi amor y aprecio esté con todos ustedes, deseando que ustedes puedan ser guardados firmes en el Señor Jesucristo, y en el poder de su amor, audazmente para testificar de la verdad, como es revelada en ustedes por la poderosa obra del Padre: ¡para él solamente sea la alabanza eterna y el honor para siempre! Estimados Amigos, el Señor muestra grandemente su amor y poder en estas partes. En el segundo día de la última semana mi hermano Jorge y yo estábamos en Lancaster. Habían muchos Amigos de todas partes; y muchos que estuvieron de lado de los sacerdotes; quienes dejaron saber que ellos ahora esperaban ver que se pusiera un fin a nosotros; esa gran obra que había ocurrido tan rápidamente, y con tal poder, que el dominio de ellos había sido sacudido de gran manera. Fuimos llamados ante el juez Fell, el coronel West, el juez Sawrey, etc. a contestar los cargos en contra de Jorge. Habían tres testigos para ocho particulares, pero ellos estaban muy confundidos; lo cual dio mucha luz a la verdad; por la cual los jueces vieron claramente que esto era envidia, y se lo dijeron varias veces. Uno de los testigos era un sacerdote joven, quien confesó que él no había sido un participante, y no hubiera estado envuelto si otro sacerdote no lo hubiera enviado y le hubiera dicho que lo hiciera. Los otros testigos eran dos hijos de sacerdote. Fue probado allí por muchos que oyeron a uno de ellos decir que si tuviera la capacidad, él hubiera hecho que Jorge negara su profesión y que lo hubiera matado. Había un solo testigo de una de las mentiras más grandes dichas en contra de Jorge. Los jueces le dijeron que ellos creían que debido a que no podía asesinar a Jorge, que él estaba tratando de quitarle la libertad. Hubo un juez escogido de todo el grupo, como vocero, para declarar en contra de nosotros; quienes no escatimaron ninguna angusta para mostrar su envidida en contra de la verdad: y cuando no pudo prevalecer, él se fue enfurecido; y un número de ellos entró entonces en el salón; entre los cuales estaba Jackus. Jorge estaba entonces hablando en el salón; (uno de los jueces le había pedido que hablara si él tenía algo que decir); en ese momento, el sacerdote Jackus estaba tan enfurecido, que comenzó a decir muchas expresiones altas en contra de la verdad que había sido hablada por mi estimado hermano Jorge; una de las cuales era que la letra y el espíritu eran inseparables. En este momento los jueces se levantaron y le dijeron que probara esto antes que él continuara. Entonces, al verse sorprendido, trató de negarlo; y cuando no pudo con sus palabras despistarlos del error que había cometido, el resto de los sacerdotes trataron de ayudarle a ponerle sentido a sus palabras: pero los jueces no admitían ningún otro significado que el sentido claro de las palabras y le dijeron que él había sostenido una posición y que era adecuado que la probara, poniendo de esta manera mucha presión sobre él. En este momento los sacerdotes, habiendo sido silenciados, perdieron el caso con una furia más grande que la que habían expresado antes. Después de haber perdido el caso, y cuando se les preguntó lo que habían hecho, algunos de ellos mintieron y dijeron que ellos no podían entrar en el salón; tratando de esconder su vergüenza y de mantener a la gente en la ceguera. Los magistrados, el juez Fell, y el coronel West, estaban muy convencidos de la verdad y dictaminaron a favor de la justicia y la equidad; su dictámen fue grandemente silenciado por la furia de la gente. Muchos espíritus amargos estaban en Lancaster para ver el evento; pero ellos se fueron a su casa llorando porque los sacerdotes habían perdido ese día. ¡Alabanzas eternas sean dadas a aquel que peleó la batalla por nosotros, quien es nuestro rey para siempre! Hubieron muchos otros que fueron llamados, quienes los testigos confesaron que estaban en el salón cuando los cargos en contra de Jorge fueron pronunciados; pero todos ellos, como un solo hombre, negaron que tales cosas hayan sido dichas: lo cual le dio mucha luz a los jueces, y ellos dependieron de lo que ellos testificaron; porque ellos dijeron que ellos sabían que muchos de ellos eran hombres honestos. Había una orden de aprensión en contra de nosotros en Appleby; pero el Juez Benson les dijo que no estaba de acuerdo a la ley; y por lo tanto cesó. Ahora he escuchado que él es un hombre fiel a la verdad. Los sacerdotes comenzaron a predicar en contra de los jueces, y dijeron que ellos no debían entrometerse en estas cosas, sino que ponerle fin a la controversia entre prójimos. Ellos no estaban complacidos con la ley, porque no estaba en los estatutos el ponernos en la cárcel, como los sacerdotes que habían declarado en contra de nosotros habían dicho. Los sacerdotes le pidieron que lo pusiera en un estatuto, si podía; el sacerdote dijo que él no debería tener que hacer eso. Ellos tenían mucho temor de perderlo todo. Ellos están muy descontentos en esas partes; y algunos de ellos lloran diciendo, "Todo se ha perdido".
Estimados Amigos, moren en la paciencia, y esperen en el Señor, quien hará su propia obra. No miren al hombre, en las obras; ni al hombre que se opone a las obras; sino que descansen en la voluntad del Señor, para que puedan ser abastecidos con paciencia tanto para hacer como para sufrir lo que han sido llamados a hacer; para que el fin de ustedes en todas las cosas pueda ser su alabanza. Tomen su cruz libremente, la cual mantiene en humildad al hombre carnal; para que Cristo pueda ser establecido y honrado en todas las cosas, para que la luz pueda avanzar en ustedes, y el juicio pueda ser establecido, el cual debe dar sentencia en contra de todo lo que se opone a la verdad. Para que la cautiviad pueda ser llevada cautiva, y los prisioneros puedan ser libres para buscar al Señor; que la justicia pueda gobernar en ustedes, y la paz y el gozo puedan morar en ustedes, donde está el reino del Padre; ¡a quién sea toda la alabanza para siempre! Estimados Amigos, reúnanse a menudo, y tengan cuidado de aquello que se exalta más arriba de su hermando; manténganse en la humildad, y sírvanse los unos a los otros en amor en el nombre del Señor. Díganles a todos los Amigos cómo estamos nosotros, para que Dios pueda recibir la alabanza sobre todo.
James Naylor
Escrito desde Kellet, el día 30 del octavo mes del año 1652.
'''En esta época, yo ayunaba, y decidí no comer hasta que esta obra del Señor, que entonces pesaba sobre mí, se cumpliera. Mas el poder del Señor se sobrepuso maravillosamente a todo, dándome, para Su gloria, el dominio de todos. Aquel día, Su evangelio fue predicado de gracia, sobre las cabezas de cerca de cuarenta sacerdotes asalariados. Después, me quedé dos o tres días en Lancaster, celebrando algunas reuniones; y sucedió que la gente más bruta y de la peor clase, tramaron hacerme salir de casa y tirarme desde el puente de Lancaster, mas el Señor los contuvo. Entonces se les ocurrió otra estratagema, que fue la siguiente. Después de una reunión en Lancaster, trajeron dos hombres, en mangas de camisa, uno perturbado, que llevaban en la mano unos haces de ramos de abedules atados como una escoba, con los cuales iban a azotarme; mas yo sentí la inspiración de hablarles en el fuerte poder del Señor, que encadenando al hombre perturbado hizo de él un cordero, y lo mismo fue con el otro, y, entonces, lo amonesté a quemar sus palos tirándolos al fuego, y así lo hizo; y con el poder del Señor sobre ellos, se marcharon en paz.
Pero los sacerdotes, estando muy agitados al verse derrotados en el tribunal de Lancaster, influyeron al juez Windham en contra mía; lo que dio lugar a que el juez, en sesión pública, hiciera un discurso contra mí, y diera orden al coronel West, que estaba de secretario del tribunal, de que expidiera un decreto en virtud del cual me prendiesen. Mas el coronel West, habló al juez de mi inocencia, expresándose ardientemente en mi defensa, y, con todo y esto, el juez le repitió la orden, de que escribiera el decreto, o de que dejara su puesto; y West le respondió, sencillamente, que no lo haría, y que lo tendría que hacer él mismo, pues él antes daría por mí su fortuna y también su cuerpo. Esto contuvo al juez, y el poder del Señor fue sobre todos, de modo que los sacerdotes y los jueces no pudieron llegar a ejecutar lo que la envidia les dictaba. Aquella misma noche, entré en Lancaster cuando iba a celebrarse sesión del tribunal, y habiendo oído de un decreto de prisión que se iba a autorizar en contra mía, me pareció mejor presentarme yo mismo, en vez de que mis adversarios me buscaran, y me fui a la cámara del juez Fell y del coronel West. Así que entré, me miraron sonriendo, y el coronel West me dijo. "¡Qué! ¿Ha venido a meterse en la boca del lobo?" Me quedé en la ciudad hasta que el juez se marchó, paseándome de un lado a otro sin que nadie se metiera conmigo o me preguntaran algo. Y así fue, como el bendito poder del Señor, que está por encima de todos, me sacó a través de esta prueba, me dio el dominio sobre Sus enemigos, e hizo posible que siguiera adelante en Su obra gloriosa y a Su servicio por la causa de Su nombre. Porque, a pesar de que la bestia hacía la guerra a los santos, siempre el Cordero ha tenido, y tendrá, la victoria.
De Lancaster me volví a casa de Roberto Widder. De allí me fui a la casa de Tomás Leper, a una reunión en la tarde; y tuvimos una reunión muy bendecida allí, después de la cual, yo me fui caminando en la noche a la casa de Roberto Widder otra vez. Tan pronto como me había ido un grupo de hombres disfrazados vino a la casa de Tomás Leper con espadas y pistolas. Estos hombres entraron de repente a la casa, apagaron las velas, y agitaron sus espadas entre las personas de la casa, de manera que ellos estuvieron forzados a sostener las sillas en frente de sí como escudos para que no fueran cortados o heridos. Después los hombres disfrazados sacaron a toda la gente de la casa y buscaron por todo el interior de la casa tratando de encontrarme a mí, por lo cual parecía que yo era la única persona a quien buscaban. Antes de entrar en la casa ellos se habían escondido a un lado del camino que yo hubiera usado si me hubiera ido a caballo a la casa de Robert Widder. Como no pasé por la carretera, ellos pensaron que me encontrarían en la casa de Tomás Leper, pero el Señor no lo permitió. Poco después de haber llegado a la casa de Robert Widder, algunos Amigos que vivían en la misma ciudad que Tomás Leper nos dijeron acerca de este intento maligno. Ellos tenían temor que estas mismas personas también pudieran venir a la casa de Robert Widder a hacerme daño; pero el Señor los contuvo porque no vinieron. Estos hombres estaban disfrazados, pero los Amigos percibieron que algunos de ellos eran franceses, y concluyeron que eran criados que pertenecían a Sir Robert Bindlas: porque algunos de ellos dijeron que en Francia ellos amarraban a los protestantes a los árboles y los latigaban y los mataban. Los criados de este hombre a menudo abusaban de los Amigos tanto en las reuniones como en el camino de ida o de vuelta de sus reuniones. Una vez ellos arrastraron a Richard Hubbertborn y varios otros para sacarlos de su reunión, los llevaron por un camino largo a los campos, los ataron, y los dejaron en el campo cuando era la época de invierno. Otra vez uno de sus criados vino a la casa de Francis Flemming, y empujó su estoque desenvainado por la puerta y las ventanas; pero un pariente de Francis Flemming, que no era Amigo, vino con un garrote corto, y le dijo al criado que guardara su estoque. El criado rehusó hacerlo y en cambio lo amenazó con el estoque y fue muy grosero. El pariente de Francis lo derribó, le quitó el estoque, y si no hubiera sido por los Amigos, se lo hubiera clavado. De manera que los Amigos le conservaron la vida, a pesar que él hubiera destruído la de ellos.
De la casa de Robert Widder me fui a visitar al juez West, en compañía de Ricardo Hubberthorne. No conociendo el camino, ni el peligro de las dunas, pasamos a caballo, por donde según luego nos dijeron, nadie había pasado antes, haciendo nadar a nuestros caballos por un sitio muy peligroso. Cuando llegamos, nos preguntó el juez Kest, si no habíamos visto a dos hombres a caballo, por las dunas, "Es preciso que tenga sus ropas inmediatamente," dijo, "porque es imposible que se hayan salvado, se habrán ahogado y yo soy el juez de instrucción." Y cuando le dijimos que aquellos hombres éramos nosotros, se quedó atónito, y maravillado de que hubiésemos escapado al peligro. Sobre este hecho, los sacerdotes y eclesiásticos envidiosos, forjaron toda una historia de calumnias concerniente a mí; de que ni el agua podía anegarme, ni se podía sacar de mí una gota de sangre, y que por consiguiente yo era un brujo, añadiendo además que, cuando me pegaban con grandes tablas de barril, no me corría mucho la sangre, aunque ellos me causaron mucho dolor. Pero todas estas calumnias no tenían importancia, en cuanto a mí, a pesar de en mí estaba involucrada la causa de la verdad; pues bien veía que, por este medio, intentaban llenar a la gente de prejuicios en contra de ella. Yo consideré que sus antepasados, los judíos apóstatas, llamaron al padre de familia Beelzebú; y estos cristianos apóstatas de la vida y el poder de Dios no podían menos con los verdaderos seguidores del Señor. Pero el poder del Señor me llevó por encima de sus lenguas difamadores, y sus espíritus asesinos sanguinarios, que tenían los cimientos de la hechicería en ellos mismos, lo cual no les permitía venir a Dios y a Cristo.
Habiendo visitado al juez West, me fui a Swarthmore, visitando Amigos, y el poder del Señor estaba sobre todos los perseguidores en ese lugar. Fui inspirado a escribir cartas a los magistrados, sacerdotes, y profesantes del área, quienes habían levantado la persecución anteriormente. La que era para el juez Sawrey decía lo siguiente:
Amigo,
Usted comenzó todas las persecuciones en el norte. Usted fue el que las empezó y el que agitó a la gente. Usted fue el primero que los incitó en contra de la simiente justa, y en contra de la verdad de Dios; el primero que fortaleció las manos de los malignos en contra de los inocentes y los inofensivos: y usted no prosperará. Usted fue el primero que incitó a los golpeadores, apedreadores, perseguidores, torturadores, burladores, y encarceladores en el norte, y a los injuriadores, difamadores, recriminadores, acusadores falsos y calumniadores. Esta era su obra, y usted la incitó. De manera que sus frutos declaran su espíritu. En vez de incitar la mente pura en la gente, usted ha incitado lo malvado, malicioso y envidioso; y se ha asociado con los malvados. Usted ha hecho que las mentes de las personas por todas partes del país se vuelvan envidiosas: ésta era su obra. Pero Dios ha acortado sus días, lo ha restringido, y le ha puesto límites, ha roto sus mandíbulas, ha expuesto su religión a los simples y los recién nacidos, y ha llevado sus obras a la luz. ¡Cómo ha caído su casa y se ha convertido en una casa de demonios! ¡Cómo ha mostrado usted su maldad, de manera que usted ha servido a Dios solamente con sus labios, mientras que su corazón está lejos de él, y usted es un hipócrita! ¡Cómo se ha descubierto que la forma de sus enseñanzas es la marca de los falsos profetas, los frutos de quienes se declaran a sí mismos! Por sus frutos los conocerán. ¡Cómo son echados hacia atrás estos hombres sabios! ¡Tenga conciencia de sus caminos! Tome nota de quienes son las personas con las cuales ustedes se ha unido. Aquello que es de Dios y que está en su conciencia se lo dirá. El Anciano de Días lo reprenderá. ¡Cómo ha se ha demostrado que su celo es el celo ciego de un perseguidor, y Cristo y sus apóstoles prohibieron a los cristianos que siguieran a personas como usted! ¡Cómo ha fortalecido usted las manos de los malignos, y ha sido una alabanza a ellos, no a aquellos que han hecho el bien! ¡Cómo usted, como si fuera un hombre loco o ciego, volvió su espada en contra de los santos, en contra de los cuales no hay ley! ¡Cómo será usted roído y quemado algún día, cuando usted sentirá las llamas, y cuando las plagas de Dios serán derramadas sobre usted, y usted comenzará a morderse la lengua por causa del dolor, debido a las plagas! Usted recibirá su recompensa de acuerdo a sus obras. No se puede escapar; el juicio justo del Señor lo encontrará, y el testigo de Dios en su conciencia lo responderá. ¡Cómo ha causado usted que los paganos blasfemen, se vayan con la multitud para hacer el mal, unidos mano con mano con los malvados! ¡Cómo será su fin peor que su comienzo, ya que ha llegado con el perro a morder, y se ha vuelto como un lobo para devorar los corderos! ¡Cómo se ha mostrado usted como un hombre más apto para estar en un lugar para ser nutrido, que establecerse en un lugar para nutrir! ¡Cómo fue usted exaltado y se ha engreído con orgullo! Y ahora usted ha caído con vergüenza, de manera que usted está cubierto con aquello que usted agitó y creó. Que John Sawrey no tome las palabras de Dios en su boca hasta que él se haya reformado: que no tome su nombre en su boca, hasta que él se aparte de la iniquidad. Que ni él ni su maestro hagan una profesión de las palabras de los santos, a menos que ellos se proclamen a sí mismos como hipócritas, las vidas de quienes son contrarias a las vidas de los santos; la iglesia de quienes ha manifestado ser una jaula de pájaros inmundos. Usted tiene apariencia de piedad, pero no su poder, usted se ha burlado de los que están en el poder, los ha hecho su refrán, y su tema de conversación en los banquetes. Su olor enfermizo, John Sawrey, se ha olido en toda el área de alrededor, y todo lo que teme a Dios ha sido avergonzado de su manera de comportarse no cristiana; y para ellos usted ha sido un dolor; en el día del juicio usted lo sabrá, aún en el día de su condenación. Usted ha montado y ha establecido su nido en lo alto, pero nunca ha llegado más alto en el aire que las aves de corral. Mas ahora usted ha corrido entre las bestias de rapiña, y ha caído hacia la tierra; de manera que la mundanalidad y la codicia se han hinchado en usted. Su vanidad no lo hará salir adelante; el principio egoísta en usted ha cegado sus ojos. Su espalda debe estar siempre inclinada; porque su mesa se ha convertido en su trampa.
Jorge Fox
Este juez Sawrey, quien era el primer perseguidor en esa área, más tarde se ahogó. La venganza de Dios sorprendió al otro juez, el juez Thomson; él fue golpeado con una parálisis mortal mientras estaba sentado en el tribunal y fue sacado de allí y murió.
También le escribí a William Lampitt, el sacerdote de Ulverstone, de esta manera:
La palabra del Señor a usted, ¡oh Lampitt! Usted es un engañador, lleno de excesos y borracho con el espíritu terrenal, divagando de arriba para abajo por las escrituras, y mezclando su espíritu entre la condición de los santos. Usted tenía una profesía, como su padre Balaam tenía; pero usted erró y se alejó de ella, así como lo hizo su padre. Usted es una persona de quien el fruto se ha marchitado (de lo cual yo soy testigo), y muchos de los que han conocido su fruto han visto el fin de éste, que se ha marchitado; han visto dónde está usted, en el mundo ciego, un ciego guia de ciegos; una bestia revolcándose y cayéndose en la tierra y en la lujuria; usted es alguien que ha errado del espíritu del Señor, desde hace tiempo ordenado a la condenación. Usted está en el asiento de los fariseos, es llamado maestro por los hombres, está de pie orando en las sinagogas, y tiene el asiento principal en las asambleas; un correcto hipócrita en los pasos de los fariseos, y en los caminos de sus padres, los hipócritas, contra los cuales nuestro Señor Jesucristo clamó ayes. De manera que usted es visto con la luz como es, y por la luz es comprendido; y lo que usted odia será su condenación, y lo será eternamente a menos que usted se arrepienta. Para usted ésta es la palabra de Dios; porque usted no está en el camino de Cristo, sino en el camino de los fariseos, como usted lo puede leer en Mateo 23. Todos los que tienen las palabras de Cristo pueden ver que usted está en los caminos de los fariseos. Cristo, que murió en Jerusalén, clamó ayes en contra de los de su clase; y Cristo es el mismo ayer, hoy y para siempre. El ay permanece sobre usted, y usted no podrá escapar de él, a menos que sea por medio del juicio, condenación y arrepentimiento verdadero. Para usted ésta es la palabra de Dios. Yo le hablo a aquello que es de Dios en usted, lo cual testificará de la verdad que yo escribo, y le condenará. Y cuando usted esté en el tormento (aunque usted ahora se hinche en su vanidad, y viva en la impiedad), recuerde que usted fue advertido durante su vida. Cuando la condenación eterna sea desplegada sobre usted, usted testificará que esta es la palabra del Señor para usted; y si alguna vez sus ojos llegan a ver el arrepentimiento, usted testificará que yo fui un amigo de su alma.
Jorge Fox
Habiendo aclarado de esta manera mi conciencia con la justicia y con el sacerdote de Ulverstone, quien había levantado la primera persecución en esa comarca, vino sobre mí la idea de enviar esta advertencia escrita a la gente de Ulverstone en general.
Consideren, Oh pueblo, que están dentro del distrito de la parroquia de Ulverestone, que el Señor me inspiró a venir a sus lugares públicos a hablar entre ustedes, habiendo sido enviado de Dios a encaminar sus mentes hacia él, para que ustedes puedan saber dónde encontrar a su maestro; para que sus mentes puedan permanecer solamente en Dios, y que ustedes no anden vagando de un lado a otro sin buscar al maestro; porque solamente el Señor Dios instruirá a su pueblo; él ha venido a enseñarles, y a reunir a su pueblo para alejarlos de los templos de los ídolos, y de las adoraciones acostumbradas en la cual está adiestrado todo el mundo. Y Dios ha dado a cada uno de ustedes una medida de su espíritu de acuerdo con su capacidad; mentirosos, borrachos, fornicarios, y ladrones, y aquellos que siguen a todos los placeres, ustedes todos tienen esta medida en ustedes. Y esta es la medida del espíritu de Dios que nos muestra el pecado, la maldad y el engaño; la cual nos deja ver que mentir es pecado; que el robo, la borrachera y la impureza, son obras de la oscuridad. Por lo tanto piensen en su propia medida, (porque nada que sea impuro entrará en el reino de Dios), y aprecien su tiempo mientras lo tengan, y teman el tiempo que vendrá cuando ustedes dirán con dolor: tuvimos tiempo, pero ya se ha pasado. ¡Oh! ¿Por qué morirán? ¿Por qué escogen sus propios caminos? ¿Por qué siguen el rumbo del mundo? ¿Por qué siguen la envidia, malicia, borracheras y placeres necios? ¿Acaso no saben en su conciencia que estas cosas son impías y que son pecado? ¿Y que aquellos que obran tales cosas nunca entrarán en el reino de Dios? Oh, que ustedes consideraran y vieran cómo pasan su tiempo, y pensaran acerca de cómo han gastado su tiempo, y observaran a quién sirven; porque la paga del pecado es muerte. ¿No saben ustedes que cualquier cosa que sea más que un sí y un no viene de lo impío? Oh borrachos, que viven en la borrachera, ¿piensan que se van a escapar del fuego, del juicio de Dios? Aunque ustedes se hinchen en el veneno, y vivan en lujuria por un tiempo, aún así Dios los encontrará, y les traerá a juicio. Por lo tanto amen la luz con la cual Cristo los ha iluminado, quien dijo: Yo soy la luz del mundo, quien ilumina a cada uno que viene a este mundo. Uno ama la luz, y trae sus obras a la luz, y no hay ninguna ocasión para el tropiezo; el otro odia la luz, porque sus obras son impías, y la luz lo reprenderá. Ustedes que odian esta luz, la tienen. Ustedes saben que mentir es malo, que las borracheras son malas, que jurar es malo, y la fornicación, el robo, toda impiedad, y toda injusticia, son malas. Cristo Jesús les ha dado suficiente luz para dejarles saber que estas cosas son malas. Esta luz, si ustedes la aman, les enseñará santidad y justicia, sin la cual nadie verá a Dios; pero si ustedes odian esta luz, ella será su condenación. De esta manera encontramos que las palabras de Cristo son verdad, y se han cumplido entre ustedes. Ustedes, que odian esta luz, establecen asalariados y templos a los ídolos, y aquellos sacerdotes que gobiernan por causa de su posición; aquellos pastores que sostienen tales cosas, los cuales son llamados maestros por los hombres, y tienen el lugar principal en las asambleas, contra los cuales Cristo pronunció los ayes, Mat 23, los cuales se van por el camino de Caín, en envidia, y tras el error de Balaam, por paga, regalos y recompensas. Estos han sido sus maestros, y a estos ustedes han apoyado. Pero aquellos que aman la luz son enseñados por Dios, y el Señor viene para enseñar a su pueblo él mismo, y a reunir a aquellos que son suyos y alejarlos de aquellos que enseñan por dinero, de aquellos que buscan ganancia por causa de su posición, y de los que mantienen su autoridad por sus propios medios. El Señor está abriendo los ojos de la gente necia, para que ellos vean quién gobierna sobre ellos. Pero todos los que tienen los ojos cerrados, son aquellos de los cuales habló el profeta cuando dijo "que tienen ojos, pero no ven; pero que son necios al sostener tales cosas." Por lo tanto, pobre gente, así como ustedes aman sus almas, consideren el amor de Dios hacia sus almas mientras tengan tiempo, y no transformen la gracia de Dios en libertinaje. Aquello que les muestra la impiedad y las lujurias mundanas debería ser el maestro de ustedes, y lo sería si ustedes le prestaran atención; porque los santos de antaño testificaron que la gracia de Dios era su maestro, la cual les enseñaba a vivir sobria y piadosamente en este mundo presente. Y ustedes que no son sobrios, esta gracia de Dios ha aparecido en ustedes; pero ustedes la transforman en libertinaje, y de esa manera establecen maestros en el exterior, los cuales no son sobrios, ni santos, ni piadosos. Así ustedes son dejados sin excusa, cuando los juicios justos de Dios serán revelados sobre todos los que viven impíamente. Por lo tanto le hablaré a la luz que está en ustedes; y cuando el libro de la conciencia sea abierto, entonces ustedes testificarán que lo que yo digo es verdad, y serán juzgado por él. Por lo tanto que el Dios Todopoderoso dirija sus mentes, (especialmente a ustedes que aman la honestidad y la sinceridad), para que ustedes puedan recibir la misericordia en el tiempo de necesidad. Su maestro está dentro de ustedes; no lo busquen afuera: éste les enseñará, tanto cuando estén acostados como cuando anden por afuera, a rechazar toda ocasión de pecado y de maldad.
Jorge Fox
Así como lo anterior fue dirigido a todos los habitantes de Ulverstone en general, también fui inspirado a escribirle más en particular a aquellos que seguían más constantemente a W. Lampitt el sacerdote de ese lugar. A éstos les escribí de la siguiente manera:
Esta es la palabra del Señor Dios para toda la gente que sigue al sacerdote Lampitt, quien es un guía ciego: Ustedes se han alejado de la luz de Cristo que está dentro de ustedes, con la cual él los ha iluminado. Ustedes son los que siguen aquello contra lo cual Cristo clamó ayes, que no andan por el camino de Cristo, sino en el de los fariseos, como ustedes pueden leer, Mat 23, contra lo cual el Señor clamó ayes. Él es el mismo ayer, hoy y para siempre; pero ustedes no lo tienen, mientras ustedes siguen a aquel en contra de quien él clamó ayes, aunque ustedes tienen la apariencia de creencia, y Lampitt, su sacerdote, comercia con las palabras de Cristo y de los santos, como sus padres, los fariseos, hacían profesión de las palabras de Moisés y de los profetas. La aflicción vino sobre aquellos que no tenían la vida, y así la aflicción vendrá sobre ustedes que no tienen la vida que nos dio las escrituras, como han manifestado los frutos de ustedes. Porque cuando el Señor inspiró a algunos a venir entre ustedes, a predicar la verdad libremente, ustedes los derribaron, los golpearon, les pegaron, y los arrastraron para sacarlos de sus asambleas. Tales personas te sirven a tí, Oh Lampitt, para transformarlos en presa; y estos son tus frutos. ¡Oh! que la vergüenza los golpee a todos ustedes en la cara, ustedes que hacen profesión de las palabras de Cristo, pero que son apedreadores, torturadores, burladores y mofadores. Que todos puedan ver si es que esta no es una jaula de aves impuras, de la cual hablaron aquellos que tenían la vida de las escrituras. Ustedes engañan a tal compañía de personas, los alimentan con sus caprichos, comercian con las escrituras, y los toman como si fueran capas. Pero ustedes son hechos manifiestos a todos los hijos de la luz, porque esa capa no los cubrirá, sus faldas son vistas, y aparece la desnudez de ustedes. El Señor hizo que uno anduviera desnudo entre ustedes, una figura de la desnudez individual de ustedes, como de su desnudez colectiva, y es una señal entre ustedes, antes que venga su destrucción; para que ustedes puedan ver que estaban desnudos y no estaban cubiertos con la verdad. Yo le hablo a la luz en todas sus conciencias, con la cual Cristo Jesús los ilumina. Ésta les mostrará el tiempo que ustedes han gastado, y todas las obras impías que ustedes han hecho en ese tiempo, que siguen a tal maestro, que actúa contrario a esta luz, y los lleva hacia la acequia. Cuando estén juntos en la acequia, tanto el maestro como el pueblo, recuerden que ustedes fueron advertidos durante sus vidas. Y si es que algún día los ojos de ustedes van hacia el arrepentimiento, y obedecen la luz de Jesucristo que está en ustedes, entonces ustedes testificarán que yo fui un amigo para sus almas, y que yo he bucado su bien eterno, y he escrito esto en amor hacia ustedes. Entonces ustedes tendrán la condenación, la cual todos ustedes deben tener antes que puedan venir a esa vida bendita, la cual no tiene fin. Pero ustedes que odian la luz, porque sus obras son malas, esta luz es la condenación de ustedes, y lo será: y cuando su condenación venga sobre ustedes, recuerden que fueron advertidos. ¡Oh, que ustedes puedan amar esta luz, y escucharla! Ésta les enseñaría, a medida que ustedes caminan de arriba hacia abajo en sus ocasiones, y a medida que ustedes se acuestan en sus camas, y nunca dejaría que ustedes dijeran una palabra vana. Al amarla, ustedes aman a Cristo; al odiarla, ustedes traen la condenación sobre ustedes mismos. Para ustedes, esta es la palabra de Dios, bajo la cual ustedes nunca pueden pasar, ni pueden escapar el terror del Señor en el estado en el cual se encuentran, ustedes que odian la luz.
Jorge Fox
Entre los oidores y seguidores principales del sacerdote Lampitt, estaba un tal Adam Sands, un hombre muy malvado y falso, quien hubiera destruído la verdad y a sus seguidores si hubiera podido. A él fui inspirado a escribir de esta manera:
Adam Sands,
A la luz que está en su conciencia apelo yo, usted hijo del demonio, enemigo de la justicia; el Señor lo derribará, aunque ahora por un tiempo usted pueda reinar en su impiedad. Las plagas de Dios ya están para caer sobre usted, ya que usted se ha endurecido en su impiedad en contra de la verdad pura de Dios. Con la verdad pura de Dios, la cual usted ha resistido y perseguido, usted está a punto de ser trillado, la cual es eterna y lo comprende. Y usted es visto con la luz que usted desprecia, y ésta es su condenación. Usted como un hombre bruto, su esposa como una hipócrita, y ambos como asesinos de los justos, de esta manera son vistos y comprendidos en aquello que es eterno; y su corazón es buscado, probado y condenado por la luz. La luz en su conciencia le testificará de la verdad y le dejará ver que usted no ha nacido de Dios, sino que está fuera de la verdad, en la naturaleza bestial. Si alguna vez sus ojos llegan a ver el arrepentimiento, usted testificará que yo soy amigo de su alma, y uno que busca su bien eterno.
Jorge Fox
Después de esto Adam Sands murió miserablemente.
También fui inspirado a escribirle al sacerdote Tatham.
La palabra del Señor para usted, sacerdote Tatham, quien se encuentra fuera de la doctrina de Cristo; teniendo el lugar más alto en la asamblea, siendo llamado maestro por los hombres, y estando de pie orando en la sinagoga, siguiendo los pasos de los fariseos, contra los cuales el Señor Jesucristo clamó ayes. Usted no está en el camino de él, sino que en el camino de los escribas y los fariseos; como usted lo puede leer, Mat 23. Allí las palabras de Cristo lo juzgan, y las escrituras de la verdad lo condenan. Porque usted es uno de los que demandan a los hombres ante la ley por los diezmos, y sin embargo profesa ser ministro de Cristo; lo cual Cristo nunca le otorgó autoridad para hacer: ni tampoco ninguno de sus apóstoles o ministros lo hicieron. Aquí yo lo acuso en la presencia del Dios viviente que usted está fuera de la doctrina de ellos, y que usted es una de esas bestias malignas de las cuales hablan las escrituras, que se preocupa de las cosas terrenales contra las cuales se encuentra la vida de las escrituras. Usted está a punto de ser destruido en el estado en que usted se encuentra; y ésta será su porción eternamente, si usted no se arrepiente. Yo le hablo a aquello que es de Dios que está en su conciencia, lo cual testificará de la verdad que yo hablo. Usted es de los que andan en el camino de Caín, en la envidia, un enemigo de Dios, que se ha alejado del mandamiento de Dios. Usted es de los que caminan en el camino de Balaam, alejándose del espíritu de Dios, para conseguir regalos y recompensas, la paga de la injusticia. Usted hijo de Balaam, usted es peor que su padre: porque aunque él amó la paga de la injusticia, aún así él no se atrevió a tomarla; pero usted no solamente la toma, sino que demanda a los hombres ante la ley si ellos no se la dan: lo cual ningún ministro verdadero de Cristo hizo jamás. Por lo tanto cierre su boca para siempre, y no haga mención de ellos, ni profese que usted es uno de ellos. Con la luz usted es visto y es comprendido; usted que es ligero y vano, y que habla adivinaciones de su propio cerebro, y engaña a la gente. Lo que está en su conciencia testificará de lo que yo digo, y lo condenará. Usted que es uno de los que gobierna por causa de su posición, contra lo cual el Señor envió a Jeremías para que hablara en contra de eso, Jer 5:31 y por lo tanto usted apoya la "cosa horrible y asquerosa, que se comete en la tierra." Y aquellos que no tiemblan con la palabra del Señor son la gente necia que lo apoyan a usted; ellos son hijos torpes sin entendimiento. Aquellos que son engañados por usted son sabios para hacer el mal pero no para hacer el bien. Usted es uno de los que buscan ganancias a partir de su posición. Su práctica muestra un perro codicioso y necio que nunca tiene suficiente, contra los cuales Isaías fue enviado por el Señor para hablar en contra de ellos. Isa 56:11. Y usted es como aquellos en contra de quienes Ezequiel fue enviado a hablar, quienes se alimentan de grasa, y quienes están vestidos con la lana, y que convierten en presa a la gente. Pero el Señor está juntando a sus ovejas para alejarlas de su boca, para que ellos ya no puedan ser presa suya. La profecía en Ezequiel 34 es cumplida en usted, uno de los enemigos de Dios. Yo lo acuso con las acusaciones de la profesía en la presencia del Dios viviente. Usted es un asalariado, y usted prepara guerra en contra de aquellos que no lo alimentan. Usted odia el bien, y ama el mal; contra lo cual el Señor mandó a Miqueas a hablar. Miqueas 3. Cubra sus labios, y cierre su boca para siempre, usted hijo de la oscuridad; porque usted es comprendido con la luz, y es visto entre aquellos en contra de quienes hablaron los hombres santos de Dios; y usted es juzgado por el espíritu del Dios viviente. Usted es comprendido en la luz, la cual es su condenación. Usted que está fuera de los mandamientos de Cristo y fuera de la doctrina y la vida de los apóstoles, su linaje espiritual es visto, y conocidos sus límites. Usted es probado y comprobado. Para usted esta es la palabra del Señor; para usted ésta será un martillo, un fuego y una espada; y usted nunca saldrá de debajo de ella, a menos que se arrepienta; usted está con la luz para ser condenado, y en ese estado usted permanece. Y si sus ojos alguna vez ven el arrepentimiento, usted debe tener esta condenación.
Jorge Fox
También le escribí a Burton, el sacerdote de Sedberg, con casi el mismo propósito ya que el se encontraba en el mismo impío fundamento, naturaleza y práctica en la cual estaban los otros sacerdotes. A medida que me inspiró el Señor, yo escribí muchas otras epístolas y escritos durante este tiempo, los cuales envié entre los sacerdotes, profesantes y gente de todo tipo. Mi propósito era exponerles sus caminos impíos para que ellos puedan verlos y dejarlos; y abrirles el camino de la verdad para que ellos puedan llegar a caminar en él. La naturaleza de lo cual es muy grande para ser incluída en este lugar.
Después de haber aclarado mi conciencia con los sacerdotes y el pueblo de Swarthmore, me fui otra vez a Westmoreland. Un grupo de hombres armados con picas y tablas me estaban esperando en un puente en el camino; y ellos se encotraron con algunos Amigos, pero no me vieron a mí. Después ellos fueron a la reunión con picas y tablas; pero el juez Benson estaba allí, y además mucha gente importante, y no permitieron que aquellos hombres llevaran a cabo la maldad que tenían planeada. Por lo tanto se fueron muy enfurecidos, sin haberle hecho daño a nadie.
Me fui de la reunión hacia Grayrigg y tuve una reunión en la casa de Alexander Dickson. Un sacerdote de una capilla bautista vino a la reunión para oponerse a nosotros, pero el Señor lo confundió con su poder. Algunas de las personas tiraron unos baldes con leche que estaban afuera de la casa (la cual estaba muy llena de gente), lo cual fue la base para que el sacerdote levantara una calumnia, después que él y su grupo se fueron, en la que él dijo 'Que el diablo lo había asustado, y se llevó un lado de la casa, mientras que él estaba en la reunión'. Aunque todos sabían que esto era una falsedad, sirvió para dar ímpetu a los sacerdotes y profesantes por un tiempo; y tan sinvergüenza son ellos, que lo imprimieron y lo publicaron. En otra ocasión vino este sacerdote a una reunión y cayó en la disputa doctrinal sobre algunas palabras.
Primero él dijo: 'Las escrituras son la palabra de Dios'. Yo le dije, ellas son las palabras de Dios, pero no son Cristo, el verbo; y le dije que probara lo que él había dicho con las escrituras. Entonces él dijo que no eran las escrituras las que eran la palabra; y poniendo su pie sobre la Biblia, él dijo que solo eran copias que han sido encuadernadas juntas. Muchas palabras desagradables salieron de él, pero después que él se fue tuvimos una reunión bendecida; el poder y la presencia del Señor fueron manifestados y sentidos de manera preciosa entre nosotros. Poco después, él me desafió a reunirme con él en Kendal. Yo le envié el mensaje de que él no necesitaba ir tan lejos como Kendal porque yo me reuniría con él en su propia parroquia. Después de acordar la hora, nos reunimos; y un gran número de personas groseras se juntaron, (aparte de la gente bautizada que eran sus propios miembros), con la intención de hacer una maldad, pero Dios lo impidió. Yo les declaré el día del Señor a ellos, y los dirigí hacia Cristo Jesús. Entonces el sacerdote sacó su Biblia, y dijo que era la palabra de Dios. Yo le dije que era las palabras de Dios, pero no Dios el verbo. Su respuesta fue que él probaría que las escrituras son la palabra de Dios ante todo el pueblo. Yo lo dejé seguir adelante, teniendo un hombre allí que podía escribir tanto lo que decía él como lo que yo decía. Cuando él no pudo probarlo, (porque yo lo limité a la prueba bíblica, con capítulo y versículo), la gente rechinó sus dientes de rabia; y él dijo que me lo mostraría más tarde. Pero al tratar de probar esa afirmación errónea, él hizo muchos errores más. Y cuando por fin él vió que no podía probarlo, él dijo que lo probaría como a Dios. De manera que él comenzó otra vez hasta que comenzó a sudar nuevamente; pero no pudo probar lo que había afirmado. Y él y su grupo estaban llenos de rabia; porque yo lo mantuve a él y a ellos conciente de sus afirmaciones y les dije que estaba de acuerdo con lo que las escrituras decían de ellos, que eran las palabras de Dios, pero que Cristo era el verbo. Y así el poder del Señor vino sobre todos y ellos se fueron habiendo sido avergonzados y silenciados. El Señor detuvo sus intenciones malignas en contra mía; los Amigos fueron establecidos en Cristo, y muchos de los seguidores de los sacerdotes vieron la insensatez de su maestro.
Después de esto el sacerdote Bennet, de Caremel, me envió un desafío para tener una disputa conmigo. Yo fui a su iglesia un Primer-Día, y lo encontré predicando. Cuando él había acabado, yo le hablé a él y a su pueblo; sin embargo el sacerdote no pudo aguantar la crítica y se fue. Después que él se había ido, yo tuve una gran discusión con la gente; y cuando me fui al patio de la iglesia, discutiendo más con los profesantes y declarándoles la verdad, uno de ellos puso su pie detrás mío, y dos de ellos corrieron y me empujaron en el pecho, lo cual me tiró hacia atrás en contra de una lápida, impía y maliciosamente buscando cómo herirme; pero yo me levanté otra vez y fui movido por el Señor a hablarles. Entonces me fui a la casa del sacerdote, y le pedí que saliera para que yo pudiera convesar con él, ya que él me había desafiado; pero él nunca apareció. Por lo tanto el poder del Señor vino sobre todos ellos, lo cual fue grandemente manifestado en esos momentos. Entre la congregación del sacerdote había un tal Richard Roper, uno de los profesantes más amargos que tenía el sacerdote, quien era muy feroz y acalorado en sus discuciones; pero después él llegó a convencerse de la verdad eterna de Dios, llegó a ser un ministro de la verdad eterna, y continuó fiel hasta su muerte.
Era cerca de los comienzos del año de 1653, cuando volví a Swarthmoor. Grandes revelaciones recibí del Señor, no solamente en cuanto a lo divino y espiritual, sino también en cuanto a cosas externas, con relación al gobierno del país. Estando un día en Swarthmoor Hall, en una ocasión en que los jueces Fell y Benson estaban comentando las últimas nuevas del parlamento, entonces reunido, y que era llamado el parlamento largo, cuando sentí la inspiración de decirles que de allí a dos semanas el parlamento se desharía y saltaría el presidente de su silla. Y a las dos semanas, el juez Benson dijo al juez Fell, en aquel mismo sitio, que estaba convencido de que Jorge era un verdadero profeta, pues Oliver Cromwell había disuelto el parlamento. Y tuve muchas revelaciones sobre varias cosas, que serían largas de explicar.
Por este tiempo, ayuné por cerca de diez días, pues mi espíritu estaba muy inquieto por la causa de la verdad. Jaime Milner y Ricardo Myer, se habían lanzado a toda clase de imaginaciones y todo un grupo los seguía. Este Jaime Milner y algunos de los suyos, tuvieron, al principio, verdaderas revelaciones, mas cayendo en la soberbia y exaltándose su espíritu, se apartaron de la verdad. Me mandaron a buscar y, por voluntad del Señor, fui y les mostré sus errores, y traídos a la razón vieron su locura, la condenaron y volvieron a la senda de la verdad. Pasado algún tiempo fui a Arnside, a una reunión donde estaba Ricardo Meyer, que desde hacía mucho tiempo tenía un brazo lisiado. Por voluntad del Señor, le dije delante de la gente, "Profeta Meyer, ponte sobre tus piernas" (pues estaba sentado), y poniéndose en pié extendió su brazo lisiado, y dijo entonces. "Sepan todos los que aquí están, que este día me he curado." Con todo y esto, sus parientes apenas podían creerlo, mas cuando se hubo terminado la reunión lo llevaron a una casa y quitándole la chaqueta vieron que era verdad. Poco después, vino a la reunión de Swarthmoor, y allí declaró como lo había curado el Señor. Al poco tiempo, el Señor le ordenó que fuese a York con un mensaje Suyo, y él desobedeció al Señor, que volvió a herirlo de manera que murió, aproximadamente nueve meses después.
En esto, los de Cumberland, me amenazaron públicamente de que si yo jamás volvía por allá, me costaría la vida. Cuando lo supe me sentí dirigido a ir allí, a casa de Miles Wennington, que pertenecía a la misma parroquia de donde habían salido tales amenazas, mas no tuvieron valor de ponerme la mano encima.
Por esta época, Antonio Pearson se convenció, el cual se había opuesto mucho a los Amigos, y vino a Swarthmoor, donde yo estaba en casa del coronel West; me mandaron a buscar, y el coronel West me dijo, "Ve Jorge, porque puede que ello sea un gran servicio para ese hombre," y fui, siendo él penetrado del poder del Señor.
Alrededor de este tiempo el Señor también abrió varias bocas para declarar la verdad a los sacerdotes y la gente, y muchos fueron echados en prisión. Volví otra vez a Cumberland, y Antonio Pearson y su mujer, con varios Amigos, fueron conmigo a Bootel, donde Antonio Pearson me dejó para ir a la sesión del tribunal de Carlisle; pues era juez de paz en tres condados.
Un Primer día, fui a la iglesia de Bootel, y cuando el sacerdote acabó de hablar yo comencé. Pero la gente era muy grosera, y me empujaron y en el patio me pegaron dándome uno tan gran golpe, en la muñeca, con una estaca de seto, que la gente creyó que me había destrozado la mano. Sin embargo, por el poder del Señor, no sentí dolor. El guardia tenía grandes deseos de poner paz y, de haberlo yo querido, hubiera colgado, a más de uno, por los pies con que me habían pateado.
Después de mi servicio entre ellos se había acabado, yo me fui a la casa de Joseph Nicholson, y el guardia nos acompañó, para mantener alejada a la multitud grosera. En la tarde yo fui otra vez; y esta vez el sacerdotes había conseguido otro sacerdote, que había venido de Londres y era muy respetado, para ayudarle. Antes de irme a la iglesia, yo me senté un rato sobre la cruz, y los Amigos conmigo; pero ellos fueron movidos a entrar en la iglesia, y yo los seguí. El sacerdote de Londres estaba predicando, quien había reunido todos los pasajes de las Escrituras, en que pudo pensar, que hablaban de los falsos profetas, de los anticristos y de los impostores, y nos los tiró a la cara; mas cuando terminó, recogí yo todos estos pasajes y se los devolví. En esto, el pueblo cayó sobre mí de una manera brutal, pero el guardia les pidió que guardasen la paz en nombre del bien público, y así consiguió que se aquietasen.
El sacerdote, lleno de ira, dijo que yo no tenía que hablar allí, y le respondí que el tenía su reloj de arena por el cual él había hablado, y que, habiendo él terminado, yo podía disponer del tiempo, como también él; porque él era como un extraño para sí mismo. Por lo tanto yo les abrí las escrituras, y les dejé ver, 'que esas escrituras, las que hablaban de los falsos profetas, anticristos, y engañadores, los describían a ellos y su generación, y pertenecían a aquellos que eran hallados caminando en sus pasos, y teniendo sus frutos; y no a nosotros, que no somos culpables de tales cosas'. Yo les manifesté que ellos estaban fuera de los pasos de los verdaderos profetas y apóstoles; y les mostré claramente, por los frutos y por las marcas, que ellos, y no nosotros, eran aquellos de los cuales hablaban las escrituras. Y yo les declaré la verdad y la palabra de vida a la gente, y los dirigí a Cristo su maestro. Todo estuvo en calma mientras yo hablaba; mas cuando hube terminado y me disponía a salir, los dos sacerdotes estaban en tal ira, que la cólera contra mi que les salía espuma por la boca. El sacerdote del lugar habló a la gente en el patio de la iglesia, y dijo: "Este hombre se ha conseguido a todas las personas honestas, hombres y mujeres, de Lancashire, y ahora," continuó, "viene aquí a hacer lo mismo," entonces le repliqué. "¿Qué quieres que haya quedado? ¿Qué quieres que les haya quedado a los sacerdotes, más que los que son semejantes a ellos? Porque si son los honestos los que reciben la verdad, y vuelven a Cristo, entonces tienen que ser los deshonestos los que te siguen a ti ya los que son como tú." También algunos de los de la gente del sacerdote comenzaron a rogar por su sacerdote, y por los diezmos. Yo les dije a ellos que sería mejor que ellos rogaran por Cristo, quien había acabado con el sacerdocio de los diezmos junto con los diezmos, y había enviado a sus ministros para que dieran gratuitamente, así como ellos habían recibido gratuitamente. De manera que el poder del Señor vino para silenciar y contener a las personas groseras para que ellos no pudieran hacer la maldad que planeaban hacer. Cuando yo había venido otra vez a la casa de Joseph Nicholson, ví un gran hoyo en mi abrigo, el cual estaba cortado con un cuchillo, pero no había atravesado mi chaleco, porque el Señor había prevenido su maldad. El día siguiente había un hombre impío y grosero que quería cometer violencia con un Amigo, pero el poder dle Señor lo detuvo.
Después fui inspserado a pedirle a Jaime Lancaster que organizara una reunión en la iglesia de un tal John Wilkinson cerca de Cockermouth; un predicador de gran reputación, quien tenía tres parroquias bajo su dirección; por lo cual yo me quedé en Milholm en Bootel hasta que él regresó. Mientras tanto algunos aristócratas de esa área habían tramado un plan en contra mía, y le habían dado un estoque a un niño para que me hiciera daño con él. Ellos vinieron con el niño a buscarme a la casa de Joseph Nicholson; pero el Señor ordenó las cosas de tal manera que yo me había ido al campo. Ellos se encontraron con Jaime Lancaster, pero no abusaron mucho de él; y al no encontrarme en la casa, se fueron otra vez. Así que yo estuve caminando por todos los campos esa noche, y no me fui a acostar, como solía hacer a veces. Al siguiente día, fuimos a la iglesia donde Jaime Lancaster había organizado la reunión. Estaban allí doce soldados y sus mujeres que habían venido de Carlisle, y vino la gente de aquel lugar como si hubiera sido para una feria. Yo me albergué en una casa cerca de la plaza, de modo que muchos Amigos llegaron antes que yo a la iglesia, y cuando yo llegué, encontré a Jaime Lancaster hablando bajo un árbol, al que se había subido tanta gente que tuve miedo de que se doblegara; y yo me puse a buscar un lugar donde subirme para hablar a la gente, que estaba esparcida por todos lados como en un congreso; luego que me descubrieron, vino a mí un profesante que me preguntó si no querría ir a la iglesia, pues no veía otro lugar conveniente donde hablar a la multitud, y yo le respondí, "Sí," y al oírlo, el pueblo se precipitó dentro de tal modo, que cuando entré en el recinto estaba tan atestado de gente, que tuve gran dificultad para introducirme en él; y los que no pudieron entrar se quedaron por fuera de los muros: cuando la gente estuvo sosegada me subí a una silla, y el Señor abrió mi boca para que yo declarase la verdad infinita, y su día eterno; y a poner en descubierto a sus maestros, con sus rudimentos, tradiciones, e invenciones, bajo los cuales ellos habían estado en la noche de la apostasía desde los días de los apóstoles. Yo los dirigí hacia Cristo su verdaero maestro, y hacia la verdadera adoración espiritual; mostrándoles dónde encontrar el espíritu y la verdad, para que ellos puedan adorar a Dios en ese lugar. Yo les expliqué las parábolas de Cristo, y los dirigí hacia el espíritu de Dios en sí mismos, el cual les abriría las escrituras. Yo les mostré cómo todos pueden llegar a conocer a su salvador, sentándose bajo sus enseñanzas, llegando a ser herederos del reino de Dios, y conociendo la voz de Dios y de Cristo, por la cual ellos pueden conocer a todos los falsos pastores y maestros bajo los cuales habían estado, y para reunirse con el verdadero pastor, sacerdote, obispo y profeta, Cristo Jesús, a quien Dios mandó a todos a oír.
Y cuando les hube hablado, por cerca de tres horas, la palabra de vida, pasé por entre la gente, que se marchó muy contenta. De entre los que se quedaron, me siguió un profesante, ensalzándome y alabándome; pero sus palabras me hacían el efecto de un cardo silvestre, y finalmente, volviéndome hacia él, lo amonesté a que temiera al Señor, por lo que me dijo el sacerdote Larkham, de Cockermouth, pues varios sacerdotes se habían reunido por el camino y se acercaban a mí terminada la reunión. "Señor, ¿Por qué juzga así? Usted no debe juzgar." Y yo volviéndome a él, le repliqué. "Amigo, ¿No disciernes tú una exhortación de un juicio? Yo lo amonesté a que temiese a Dios y tú dices que yo lo juzgo." Y entrando en discusión con este sacerdote le manifesté que él estaba entre los falsos profetas y los asalariados, y, como varias personas se sintieran impelidas a hablarle, se marchó enseguida junto con otros dos. Luego que se fueron, Juan Wilkinson, predicador de esta parroquia y de otras dos parroquias más, en Cumberland, empezó a discutir por varias horas contra su propia conciencia, hasta que toda la gente se volvió contra él; y aunque pensó que me había cansado, el poder del Señor, antes lo cansó a él y la verdad del Señor fue sobre él y sobre todos. Muchos cientos se convencieron, llenos de júbilo, recibiendo aquel día al Señor Jesucristo, y también sus enseñanzas de gracia; algunos han muerto en la verdad y muchos continúan testigos fieles de ella. Los soldados también se convencieron así como sus mujeres, y continuaron conmigo hasta el Primer día.
El Primer día, fui a la iglesia de Cumberland, donde vivía el sacerdote Larkman. Cuando él hubo terminado, yo empecé a hablar, y la gente empezó a mostrarse violenta, pero al decir los soldados que nosotros no habíamos faltado a la ley, se calmaron; y volviéndome hacia el sacerdote lo puse de manera manifiesta entre los falsos profetas y los asalariados; a cuya palabra el sacerdote, marchándose, dijo. "El me llama asalariado." Lo cual era absolutamente cierto y sabido de todo el mundo. En esto, algunos de los hombres importantes de la ciudad, se acercaron a mí, y dijeron. "Señor, no tenemos un hombre lo bastante preparado que discuta con usted." Y yo les respondí que no había venido a discutir, sino a mostrarles la senda de salvación, la senda de vida infinita. Largamente les mostré el camino de vida y verdad, dirigiéndolos a Jesucristo, su Maestro, que por ellos había muerto, habiéndolos rescatado con su sangre.
Cuando hube terminado, anduve unas dos millas de camino hasta Brigham, para ir a otra iglesia de Juan Wilkinson, situada en un campo donde la gente, que había asistido a la otra reunión, estaba muy afectada por la verdad, y querían poner mi caballo en el patio de la iglesia, pero yo les dije. "No, el sacerdote no quiere, llévenlo a una posada." Cuando entré en el patio de la iglesia, vi que la gente llegaba en grandes grupos, como a una feria, y abundancia se había ya reunido por las callejuelas, y cerca de la iglesia. En esto, tuve mucha sed, y anduve como un cuarto de milla, hasta un arroyo donde me refresqué bebiendo un poco de agua; y cuando volvía encontré al sacerdote Wilkinson, que, al pasar por mi lado, me dijo, "Señor, ¿Va hoy a predicar? Si quiere," continuó, "no me opondré, ni de palabra ni de pensamiento, a cuanto usted diga." Yo le repliqué, "Oponte si quieres, yo tengo que hablar a la gente, y," proseguí, "tú te comportaste sin juicio, hablando, el otro día, en contra de tu conciencia y de tu razón, de tal manera, que tus mismos feligreses protestaron de lo que decías." Y dicho esto, lo dejé, siguiendo él su camino, pues había comprendido que era en vano el oponerse, de tan afectados como estaban todos por la verdad del Señor. Cuando volví a entrar en el patio de la iglesia, se me acercó un profesante y me preguntó si no querría entrar en el templo del Señor (como él lo llamaba), y viendo yo que no había sitio más conveniente donde hablar, entré, y me subí a una silla, luego que todos estuvieron sosegados. El sacerdote también entró, mas no subió a su púlpito.
'El Señor abrió mi boca, y yo declaré su verdad eterna y su palabra de vida a la gente; dirigiéndolos al espíritu de Dios en sí mismos, por el cual ellos pueden conocer a Dios, a Cristo y las escrituras, y llegar a tener una comunión celestial en el espíritu. Yo les declaré que todo el que viene al mundo es iluminado por Cristo, la vida; y por esta luz ellos pueden ver sus pecados y a Cristo, quien había venido a salvarlos de sus pecados, y a morir por ellos. Y si ellos llegan a caminar en esta luz, dentro de ella ellos pueden ver a Cristo como el autor de su fe, el consumador de su fe, su pastor que los alimenta, su sacerdote que les enseña, su gran profeta que les revela los misterios divinos, y que siempre está presente con ellos. También les expliqué, en las revelaciones del Señor, el primer pacto, mostrándoles las figuras, y la sustancia de esas figuras; llevándolos a Cristo, el nuevo pacto. También les manifesté que ha habido una noche de apostasía desde el tiempo de los apóstoles; pero que ahora el evangelio enterno se predica otra vez, el cual trae la vida y la inmortalidad a la luz; y el día del Señor había venido, y Cristo había venido a enseñar a su pueblo él mismo por medio de su luz, gracia, poder y espíritu.' El Señor me dio una excelente oportunidad para predicar la verdad ese día por cerca de tres horas, y todos estaban en silencio. Muchos cientos de personas fueron convencidos; y algunos de ellos alabaron a Dios, y dijeron 'Ahora conocemos el primer paso a la paz.' El predicador también le dijo en privado a algunos de los de su congregación que yo los había quebrado y derrocado.
Después de esto, fui a un pueblo, en compañía de mucha gente; y, estando sentado en una casa llena de gente, declarándoles la palabra de vida, puse mis ojos en una mujer y vi en ella un espíritu inmundo. Por voluntad del Señor, le hablé con severidad, diciéndole que era una bruja, y la mujer se marchó de la habitación. Ante esto, se quedaron todos maravillados, pues siendo forastero en aquel lugar no sabía nada de la vida de esta mujer, y luego me dijeron que había hecho un gran descubrimiento pues ya todos la tenían por bruja. El Señor me había dado poder espiritual de discernir, por el cual muchas veces comprendía los estados y condiciones de las personas, pudiendo juzgar sus espíritus. No mucho antes de esto, iba un día a una reunión, cuando, en un campo, vi a unas mujeres y adiviné que eran brujas; y sintiéndome dirigido a decírselo, dejé mi camino e internándome en el campo me acerqué a ellas y les declaré su condición de brujas. En otra ocasión, entró una mujer de estas en el Swarthmoor Hall mientras se celebraba una reunión, y sintiéndome dirigido a hablarle con severidad le dije que era una bruja, y después me dijeron, que, en general, por tal la tenían. Otra vez, entró en aquel mismo sitio otra mujer que se mantuvo alejada de mí, y poniendo mis ojos en ella, le dije, "Tú has sido una ramera," pues había visto perfectamente la condición y la vida de esta mujer. Entonces ella respondiéndome, dijo, que muchos podían decirle de sus pecados externos, mas nadie de sus pecados internos; a lo cual le repuse que su corazón no era recto ante el Señor, y que lo externo era reflejo de lo interno. Esta mujer se convenció más tarde de la verdad del Señor, convirtiéndose en Amiga.
Desde el pueblo mencionado anteriormente nos fuimos a la casa de Tomás Bewley, cerca de Coldbeck. Tuve algunos servicios por el Señor en la casa de Tomás Bewley y de allí me pasé a un pueblo con un gran mercado, donde tuve una reunión en la cruz. Todo estuvo bastante pacífico y cuando yo les hube declarado la verdad a ellos y los hube dirigido a Cristo su maestro, algunos recibieron la verdad. Entonces nos fuimos más lejos, y tuvimos otra reunión en las fronteras en un patio de iglesia, a la cual vinieron muchos profesantes y contendientes; pero el poder del Señor estaba sobre todos; y cuando la palabra de vida había sido declarada entre ellos, algunos recibieron la verdad allí también.
De este lugar, fuimos a Carlisle, y vino a verme a la abadía el pastor de los bautistas con la mayor parte de sus feligreses; celebramos una reunión, les declaré la palabra de vida y se convencieron muchos bautistas y soldados. Después de la reunión, el pastor de los bautistas, hombre carnal lleno de nociones, se acercó a mí y me preguntó qué era lo que se condenaría, y, obedeciendo a un impulso inmediato, le dije que lo que hablaba en él sería condenado; y surgiendo en él el testigo de Dios, se convenció.
Entonces subí al castillo, junto con los soldados que estaban tocando el tambor, llamando a la guarnición que se reuniera. Les prediqué la verdad, encaminándolos a Jesucristo, para que él fuera su Maestro, y les hablé también de la magnitud de Su Espíritu en ellos, por el cual podían alejarse de la oscuridad a la luz, y del poder de Satanás para ir a Dios. Les advertí que no debían usar violencia con ningún hombre, sino dar pruebas de una vida cristiana, diciéndoles que Él, que sería su Maestro, los condenaría si le desobedecían. Luego los dejé no habiendo encontrado en ellos oposición alguna, excepto en los sargentos, que después también se convencieron.
Llegó el día de mercado, y allá me fui, cuando en esto, los magistrados, que me habían amenazado, mandaron sus alguaciles, y, también las mujeres de los magistrados habían dicho que si jamás iba por allí me arrancarían los pelos de la cabeza, y que los alguaciles deberían de prenderme. No obstante, obedecí al Señor y me fui al mercado; allí les declaré que el día del Señor venía a cernirse sobre todos sus engaños, sus malas acciones y su mercancía fraudulenta, y, que aquel mismo día, debían de empezar a no decir más mentiras ni falsedades; a pronunciarse Sí o No, y a decirse siempre la verdad entre ellos; de esta manera les fue expuesta la Verdad y el poder de Dios. Luego que les hube hablado la palabra de vida, fue tal la muchedumbre de gente que me rodeó, que los alguaciles no pudieron acercárseme, ni tampoco las mujeres de los magistrados, pudiendo seguir tranquilamente mi camino. Mucha gente y soldados se acercaron a mí, y también algunos bautistas, que eran mordaces contendientes, y uno de sus diáconos, hombre viejo, al ver que el poder de Dios estaba por sobre todos ellos, se puso a gritar de verdadera cólera. En el poder del Señor, fijé en él mis ojos con severidad, y él gritó. "No me penetres con tus ojos, aparta de mí tus ojos."
El Primer día siguiente fui a la iglesia, y luego que el sacerdote hubo terminado, prediqué al pueblo la verdad, y le declaré la palabra de vida. El sacerdote se marchó, y los magistrados estaban deseosos de que yo también saliera de la iglesia; mas yo continué mostrándoles el camino al Señor, y les dije que venía del Señor para hablarles la palabra de vida y salvación. El poder del Señor se manifestó terriblemente en la iglesia, de tal modo que la gente tembló y se estremeció y les pareció como si la iglesia también temblara, temiendo algunos que se desplomara sobre sus cabezas. Las mujeres de los magistrados, llenas de ira, se esforzaban con gran empeño en llegar hasta mí, pero los soldados y otros simpatizantes se lo impedían los soldados, los cuales formaban una muralla a mi alrededor.
Finalmente, la gente grosera de la ciudad se sublevó, y entraron en la iglesia con tablillas y piedras, gritando, "Abajo con estos pícaros de cabeza rapada," y nos tiraron piedras. Ante esto el gobernador mandó a la iglesia una fila o dos de mosqueteros para que apaciguasen el tumulto, con orden de que hiciesen salir a los soldados. Y entonces estos soldados me tomaron de la mano amistosamente y me dijeron que querían que saliese con ellos. Cuando salimos a la calle, la ciudad estaba en un gran tumulto, y presentándose el gobernador, fueron encarcelados algunos de los soldados por haber estado conmigo, y por mí, en contra de la gente de la ciudad. Un teniente, que se había convencido, vino y me llevó a su casa donde se celebraba una reunión de bautistas, y viniendo también Amigos celebramos en paz una reunión. Oyeron con júbilo la palabra de vida y muchos la recibieron.
Al día siguiente, reunidos los jueces y magistrados en el ayuntamiento, autorizaron un decreto en contra mía y me mandaron a buscar para que compareciese ante ellos. Esto supe, cuando me dirigía a casa de un bautista, y fui al ayuntamiento donde estaban muchas personas brutales, habiendo jurado algunas cosas extrañas y falsas en contra mía; y después de un largo interrogatorio me condenaron a prisión por blasfemo, hereje y seductor, a pesar de que en justicia no podían acusarme de tales cosas. Había en la cárcel de Carlisle dos carceleros, uno de categoría superior al otro, que tenían el aspecto de dos mastines. Cuando me llevaron a la cárcel, el carcelero jefe me hizo subir y me llevó a una gran habitación, y me dijo que allí podía tener cuanto quisiere; mas yo le respondí que de mí no tenía que esperar dinero alguno, porque ni me acostaría en ninguna de sus camas, ni comería ninguno de sus alimentos. Entonces me llevó a otra habitación donde, unos momentos después, conseguí algo sobre qué acostarme, y allí estuve hasta que llegaron las sesiones. Entonces fue cuando corrió el rumor de que iba a ser ahorcado. El primer alguacil, cuyo nombre era Wilfredo Lawson, incitaba a que me ejecutasen diciendo que él mismo me custodiaría para llevarme al suplicio. Estaban poseídos de una ira tenebrosa, y me pusieron tres mosqueteros que me guardasen, uno a la puerta de mi celda, otro al pie de la escalera, y un tercero a la puerta de la calle; no dejando que nadie viniese a verme, excepto, alguna vez, una sola persona que me trajese las cosas necesarias. Por la noche hacían subir sacerdotes, en muchedumbres, que me viniesen a ver, alguna vez tan tarde como a la décima hora, los cuales eran brutales y diabólicos en gran manera. Hubo un grupo de sacerdotes escoceses, presbiterianos, mordaces y llenos de envidia y de malicia, que de tan impura como era su boca, no debían de hablar de las cosas de Dios; mas el Señor me dio dominio sobre todos ellos y les hice ver así sus frutos como sus espíritus. También grandes damas y condesas, vinieron a ver al hombre que, según decían, iba a morir. En esto, mientras así el juez como los diputados y el alguacil estaban de acuerdo tramando como me llevarían a la muerte, el Señor frustró sus designios, por un camino inesperado, debido a que el secretario del juez (según me informaron) suscitó entre ellos una cuestión que produjo la confusión en todos sus consejos, de manera que después de esto no pudieron llamarme que compareciese ante los jueces.
Antonio Pearson, que entonces estaba en Carlisle, al ver que no tenían la intención de permitirme que, según se esperaba, asistiera al proceso, escribió una carta a los jueces, de la siguiente manera:
A los jueces de los tribunales y las cárceles en las partes del norte, que se encuentran en Carlisle.
Ustedes están en puestos elevados para que puedan hacer rectitud y justicia, y son enviados a castigar a los que hacen maldad, y a animar a los que hacen el bien, y a liberar a los oprimidos. Por lo tanto yo he sido inspirado para poner ante ustedes la condición de Jorge Fox, a quien los magistrados de esta ciudad han puesto en prisión por ciertas palabras que él ha sido acusado de haber dicho, las cuales ellos llaman blasfemia. Él fue enviado a prisión hasta ser entregado por medio del proceso correcto de la ley; y se esperaba que su caso fuera procesado de acuerdo a los procedimientos comunes de la ley en este tribunal. La información en contra de él fue entregada en la corte, y la ley permite y designa el tipo de juicio. Yo no les mencionaré ahora la manera dura y poco cristiana en la que él ha sido tratado hasta ahora; pero ustedes pueden considerar que nada de lo que él ha sido acusado hasta ahora es difícil de juzgar. Y, que yo sepa, él aborrece completamente y detesta cada opinión blasfema que la ley identifica como un acto digno de castigo. Y él difiere tanto de la gente contra la cual fue escrita la ley, como la luz de las tinieblas. Aunque él fue encerrado en la prisión, no ha sido llevado a corte para pasar por un juicio, ni se ha enfrentado a sus acusadores para que ellos puedan repetir sus acusaciones en su cara, de lo cual ellos ya lo han acusado; ni él ha oído acerca de los particulares de su acusación, ni parece que ninguna de las palabras con las cuales lo acusan se encuentran dentro de la ley. En realidad yo no he sido capaz de ver la información, ni siquiera en la corte, aunque la he solicitado tanto del secretario de los tribunales como del secretario del magistrado; ni tampoco él ha obtenido copias de ello. Esto es muy difícil; y el hecho que él esté bajo tal restricción, que ni sus amigos pueden hablar con él, yo no conozco ninguna ley ni razón para ello. Por lo tanto yo exijo para él una audiencia debida y legal ante el juez, y que él pueda obtener una copia de sus cargos, y la libertad de responder por sí mismo; y que sea en cambio ante usted, en vez de ser dejado con los gobernantes de esta ciudad, quienes no son jueces competentes para juzgar la blasfemia, como lo demuestra su orden judicial; ellos lo han encerrado por una ley del parlamento, y mencionan palabras que se supone que él dijo durante su interrogación, las cuales no aparecen en la ley, y las cuales él niega completamente. Él niega haber pronunciado las palabras mencionadas en la orden judicial, y ni las ha profesado ni confesado.
Antonio Pearson
A pesar de esta carta, los jueces continuaron resueltos a no permitir que me llevaran ante ellos, y difamándome y mofándose de mí, a mi espalda, me dejaron a merced de los magistrados de la ciudad, alentándolos tanto como pudieron para que ejercitasen su crueldad sobre mí. A consecuencia de esto (a pesar de que me habían puesto tan cerca de la casa del carcelero que a los Amigos no les era permitido visitarme, habiéndosele negado al coronel Benson y al juez Pearson que pudieran verme) al día siguiente, después que los jueces salieron de la ciudad, el carcelero recibió una orden, que fue cumplida, de que me bajara al calabozo y me metiera allí entre cuadrillas de merodeadores, ladrones y asesinos. Era este un lugar sucio y sórdido, donde hombres y mujeres convivían indecentemente, no habiendo siquiera una letrina, y los presos tan piojosos que una mujer casi murió comida de los piojos. Sin embargo, con todo y lo horrible de este lugar, los presos me amaron y se sometieron a mí, convenciéndose muchos de la verdad, como los publícanos y las rameras de antaño, de modo tal, que hubieran podido confundir a cualquier sacerdote que se acercara a las rejas con ánimo de discutir. Pero los carceleros eran muy crueles, y el subalterno abusaba mucho de mí y de los Amigos que venían a verme; pegando con un gran bastón, como si apaleara a un fardo de lana, a los Amigos que, a pesar de ello, se acercaban a mirar por la ventana para ver si me verían. Podía yo encaramarme a la reja, de donde algunas veces cogía mi comida, lo cual más de una vez, había irritado al carcelero, y en una ocasión, lleno de ira, pegándome con su garrote, gritaba. "Salte de la ventana," a pesar de que en aquel momento no estaba a la reja, sino bastante lejos de ella. Mientras me apaleaba yo me puse a cantar, en el poder del Señor, y como esto aun lo irritó más, se fue a buscar a un violinista y, trayéndolo a donde yo estaba, lo hizo tocar, creyendo que así me vejaba, pero mientras él tocaba, el infinito poder del Señor me impulsó a cantar y mi voz ahogando el sonido del violín hizo que el músico suspirando, dejase de tocar, y se marchase avergonzado.
La mujer del juez Benson vino a visitarme, por inspiración del Señor, y no comía otras viandas que las que comiera conmigo a la ventana del calabozo. También ella después fue encarcelada en York estando embarazada, por haberle hablado a un sacerdote; y la metieron en la cárcel sin permitirle que saliera cuando le llegó la hora del alumbramiento, por donde su hijo nació en la prisión. Era una mujer honesta y piadosa que continuó fiel a la verdad, hasta la hora de su muerte.
Mientras yo estaba en Carlisle, en el calabozo, vino a verme un joven de unos dieciséis años, llamado Jaime Parnell; se convenció, y el Señor enseguida hizo de él un gran ministro de la Palabra, siendo muchos los que por él volvieron a Cristo, a pesar de lo poco que vivió; pues sucedió que viajando por Essex, en la obra de su ministerio, en el año de 1655, lo encerraron en el castillo de Colchester, donde pasó muchas penalidades y sufrimientos. Un carcelero cruel lo metió en un agujero horadado en el muro del castillo, llamado el horno, tan alto desde el suelo que tenía que subir a él por una escalera que, por ser seis pies demasiado corta, estaba después obligado a trepar de la escalera al agujero por una cuerda que estaba atada arriba. Cuando los Amigos querían echarle una cuerda con una cesta atada para que se subiera el alimento, el inhumano carcelero, no lo consentía, obligándolo a que bajara a buscar el cesto y después volviera a subir por la escalera corta y por la cuerda, lo que hizo por mucho tiempo, pues de no ser así hubiera muerto de hambre en su agujero; finalmente, como sus miembros estaban muy entorpecidos de estar siempre echado en aquel sitio, y que a pesar de ello estaba obligado a descender para subir algunos alimentos, aconteció que, subiendo un día por la escalera, con el cesto en una mano, fue con la otra a coger la cuerda, se le escapó y cayó desde muy alto sobre las piedras; y esta caída le causó tan grandes heridas en la cabeza y en los brazos, y todo su cuerpo quedó tan magullado que murió poco después. Cuando él había muerto, los profesantes impíos, para cubrir su crueldad, escribieron un libro acerca de él y dijeron que 'él había ayunado hasta la muerte', lo cual era una falsedad abominable, y fue mostrado que era de esta manera por otro libro, escrito en respuesta a aquel llamado 'La defensa del Cordero en contra de las mentiras'.
Viendo en esto, que no me dejarían comparecer en la audiencia pública ni en el juicio, sentí la inspiración de mandar el escrito siguiente (a pesar de que antes había contestado ya, por escrito, a las acusaciones precisas que me hicieron cuando fue mi primer interrogatorio y encarcelamiento) desafiando públicamente a todos aquellos que negaban la verdad y me calumniaban por la espalda, para que compareciesen y sostuviesen su acusación.
"Si alguien en Westmorland, o en Cumberland, o donde fuere, que profese el cristianismo y pretenda amar a Dios y a Cristo, no está de acuerdo concerniente a lo que yo, Jorge Fox, he dicho y declarado de las cosas de Dios; que publique su descontento por escrito, y no difamando por detrás ni mintiendo y persiguiendo en secreto. Esto les pido a todos en presencia de Dios viviente a quien responderán. Esto proclamo para exaltación de la verdad y confusión de la mentira, y hablo a aquello que de Dios haya en la conciencia de ustedes. Declaren o escriban su descontento a cualquiera de los que ustedes llamn cuáqueros, que así la verdad pueda ser exaltada y que todos puedan venir a la luz con la cual Cristo ilumina a todos los que vienen al mundo; que nada pueda quedar oculto en las tinieblas, en prisiones, en agujero o en rincones, sino que todas las cosas puedan ser traídas a la luz de Cristo y que en ella puedan ser probadas.
Esto yo escribo, por inspiración del Señor, y lo envío para que se haga público en los mercados de Westmorland, y donde sea. Yo hablo a la luz de Cristo que hay en ustedes; que nadie puede hablar mal de las cosas de Dios que no conoce, ni tampoco hacer contrariamente a la luz que inspiró las Escrituras, por temor de que sea probado que ustedes luchan contra Dios, y que la mano del Señor se vuelva contra ustedes."
Jorge Fox
Mientras estaba en el calabozo de Carlisle, el rumor que se levantó durante el tiempo de la sesión del tribunal de que yo sería condenado a muerte, se había extendido, de manera que sabiéndose en el pequeño parlamento, entonces reunido, que un hombre joven iba a morir en Carlisle por cuestiones de religión; esto hizo que se mandara una carta, concerniéndome, al alguacil y a los magistrados.
Alrededor del mismo tiempo les escribí a los jueces en Carlisle, quienen me habían puesto en prisión, y habían perseguido a los Amigos siendo instigados por el sacerdote a causa de los diezmos, razonando de la siguiente manera acerca de la moderación de su conducta:
Amigos, Tomás Craston y Cuthbert Stadholm,
El ruido de ustedes lo han oído en Londres la gente sobria. ¡Qué encarcelamiento, qué amordazamiento, qué caos y qué manera de arruinar los bienes de las personas, han hecho ustedes en los últimos años! Ustedes obran como si nunca hubieran leído las escrituras, ¡o como si no les importaran! ¿Es este el fin de la religión de Carlisle? ¿Es este el fin del ministerio de ustedes? ¿Es este el fin de su iglesia y de su profesión de cristiandad? Ustedes la han llenado de vergüenza por causa de su insensatez, locura y celo ciego. ¿No fue siempre la obra de guías ciegos, guardias, líderes, y falsos profetas, el preparar guerra en contra de aquellos que quisieran proveer alimento para sus bocas? ¿No han sido ustedes los caballos de carga y verdugos de los sacerdotes? Cuando ellos los incitan a sacar la espada en contra del justo, ¿acaso ustedes no se van en contra del los que rehusan apoyar a los hipóctritas de los cuales testifican las escrituras? Pero aún así ustedes levantan sus manos impías, y llaman a Dios con sus labios contaminados, y prentenden ayunar, cuando están llenos de contiendas y debates. ¿Alguna vez su corazón ha ardido dentro de ustedes? ¿Alguna vez llegaron a cuestionar su condición? ¿Se han entregado completamente a hacer las concupiscencias del diablo para perseguir? ¿Dónde está el amor de ustedes por sus enemigos? ¿Dónde está su hospitalidad con los forasteros? ¿Dónde está el vencer el mal con el bien? ¿Dónde están sus maestros, quienes pueden callar la boca de los predicadores que predican por paga, que pueden convencer y conviertir a tales predicadores y a cualquiera que se les opone? ¿No tienen ustedes ministros del espíritu, no tienen soldados con armas espirituales, desplegando los colores de Cristo? En cambio ustedes tienen los colores del dragón, los del asesino, el brazo carnal del perseguidor, las armas de Caín, los sacerdotes principales que toman consejo, Judas y la multitud con espadas y tablas, la multitud de Sodoma enfurecida en contra de la casa de Lot, como los sacerdotes y príncipes estaban en contra de Jeremías, como el dragón, la bestia, y la gran ramera, y la iglesia falsa, la cual Juan vió que echaría a los justos en la prisión, los mataría y los perseguiría. ¿Las armas de quién llevan ustedes? ¿Acaso la iglesia falsa, la ramera, no hace mercancía del ganado, el grano, el vino y el aceite, aún con las mismas almas de los hombres? ¿No ha sucedido todo esto desde el momento en que la verdadera iglesia se fue al desierto? Lean Apocalipsis capítulo 12, junto con el capítulo 18: ¿no pueden leer y ver de qué espíritu son ustedes, y en qué abismo se encuentran ustedes? ¿No han deshonrado ustedes el lugar de la justicia y la autoridad? ¡Qué fue lo que hizo volver la espada de ustedes hacia atrás, como si fueran hombres locos, que son una alabanza para el maligno, y que prefieren ser un terror para lo bueno, con toda la fuerza y el poder para detener el camino de la justicia! ¿Ustedes piensan que el Señor no puede ver sus acciones? ¿A cuántos han ofendidos? ¿A cuántos han encarcelado, perseguido, y expulsado de sus sinagogas? ¿Son ustedes los que tienen que cumplir la profecía de Cristo en Mateo 23:34 y Juan 16:1-3? Lean las escrituras, vean lo diferente que son ustedes de los profetas, de Cristo y sus apóstoles, y qué semblante tienen ustedes, como el de aquellos que persiguieron los profetas, a Cristo y a sus apóstoles. Ustedes siguen los mismos pasos, luchando con carne y sangre, no con principados y potestades, y maldad espiritual. Los maestros de ustedes encarcelan y persiguen por cosas externas, siendo ustedes sus verdugos; y no se ha visto nada parecido en todas las naciones. El caos que se ha sucedido, la toma de la propiedad de las personas, al llevarse sus bueyes y ganado engordado, sus ovejas, su grano, su lana, y sus bienes; y al dárselos a los sacerdotes que no han hecho nada por ellos. Ustedes son más como los saqueadores que los ministros del evangelio. Ustedes toman propiedades de los Amigos, los llevan a corte, y los multan porque ellos rehúsan romper un mandamiento de Cristo; es decir, porque ellos no juran. De esa manera ustedes actúan en contra de aquellos que no levantan ni un dedo en contra de ustedes, y cuando ustedes están en contra de ellos, ustedes están en contra de Cristo. Pero ha resucitado aquel que peleará por la causa de ellos, y ustedes no se pueden esconder. Las obras de ustedes están bajo la luz, y el propósito del ministerio de ustedes se ve como realmente es, por ganancia. Ustedes han deshonrado la verdad, el evangelio; y ustedes son de los que los que toman dinero por él. Ustedes han perdido su gloria. Ustedes se han deshonrado a sí mismos. La persecución siempre ha sido ciega y loca. Lean lo que el apóstol Pablo dice de sí mismo cuando era Saúl en la misma naturaleza que ustedes. La exaltación y el orgullo, y el que ustedes se alaben a sí mismos, los ha traído a esto; el no ser humildes, el no hacer justicia, el no amar la misericordia. Cuando aquellos que han sido golpeados y magullados por el grupo de indecentes de ustedes (para quienes ustedes son una alabanza y un estímulo), han venido y han traído sus súplicas ante ustedes teniendo esperanza de justicia y de que ustedes preservaran y mantuvieran la paz; ustedes, sabiendo que ellos no pueden jurar, les exigieron que tomaran un juramento. Ésta ha sido la trampa y cubierta de ustedes para que ustedes puedan ser injustos con los justos; pero con estos medios ustedes siguen más allá para alentar a los que hacen el mal. ¡Pero el Señor ve sus corazones! Si ustedes no fueran hombres sin sentimientos, ustedes temerían y temblarían ante el Dios de toda la tierra; quien se ha levantado, y pondrá una mancha en la gloria de ustedes, estropeará su orgullo, desfigurará su belleza, y la pondrá en el polvo. Aunque por un tiempo ustedes se puedan hinchar de orgullo, glorificarse en su vergüenza, y hacer burla de los mensajeros de Dios quienes se han convertido en víctimas de ustedes por reprender el pecado en la puerta; ustedes sentirán la mano de Dios y sus juicios al final. Esto viene de un amante de la verdad, de la justicia, y de sus almas; pero que es un testigo en contra de los que hacen comercio con las palabras de los profetas, las de Cristo y las de los apóstoles, y se encuentran en los pasos de aquellos que persiguen la vida de los profetas, de Cristo y de los apóstoles; quien persigue a quienes no los apoyan, ponen comida en sus bocas, y les otorgan ganancias. Los diezmos estaban antes de la ley, y los diezmos estaban en la ley; pero los diezmos, desde los días de los apóstoles, han existido solamente desde que se levantó la iglesia falsa. Cristo, quien vino a terminar con la ley, a terminar con la guerra, redime a los hombres de sus décimas (1/10 de sus entradas eran necesarias), y de los otros nueve décimos también. Los redimidos del Señor reinarán sobre la tierra, y conocerán la elección que existía desde antes de la fundación del mundo. Desde los días de los apóstoles, los diezmos han sido exigidos por los papistas, y por aquellos que salieron de los apóstoles para ir al mundo; establecido por la iglesia falsa que comerciaba con la gente, desde que la verdadera iglesia se fue al desierto. Pero ahora viene el juicio en contra de la gran ramera; la bestia y el falso profeta (el antiguo dragón) serán tomados y echados en el fuego, y el Cordero y sus santos obtendrán la victoria. Ahora ha venido Cristo, quien hará guerra en justicia, y destruirá con la espada de su boca a todos estos inventores y sus invenciones que han sido establecidos desde los días de los apóstoles, desde que la iglesia verdadera se fue al desierto. Y el evangelio eterno, el cual es el poder de Dios, será predicado otra vez a todas las naciones, tribus y lenguas, en este día del Cordero; ante quien ustedes aparecerán en el juicio. Ustedes no tienen forma de escapar. Porque ha aparecido aquel que el el primero y el último, el Alfa y el Omega: el que estaba muerto vive otra vez, ¡y vive para siempre!
Mencioné anteriormente que Gervasio Benson y Antonio Pearson, aunque ellos eran jueces de paz, no se les permitía que vinieran a verme en la prisión; por lo cual ellos juntos escribieron una carta a los magistrados, sacerdotes, y la gente de Carlisle, con respecto a mi encarcelamiento, de la siguiente forma:
Aquel que se llama Jorge Fox, quien es perseguido por los gobernantes y magistrados, por los jueces, sacerdotes, y por la gente, y quien sufre el encarcelamiento de su cuerpo en estos momentos como si fuera un blasfemo, un hereje, y un seductor, de él testificamos, (ya que en la misma medida somos hechos partícipes de la misma vida que vive en él), de que es un ministro de la palabra eterna de Dios, por medio de quien el evangelio eterno es predicado; por esta poderosa predicación el Padre eterno de los santos ha abierto los ojos ciegos, ha destapado los oídos sordos, ha dejado libre a los oprimidos, y ha levantado a los muertos de las tumbas. Cristo ahora es predicado entre los santos, así como siempre ha sido; y debido a que su imagen celestial es elevada en éste su siervo fiel, el hombre caído (gobernantes, sacerdotes y la gente) lo persigue. Debido a que él vive fuera de la caída, y testifica en contra de las obras del mundo que los actos del mundo son impíos, él sufre por causa de ustedes, magistrados, pero no como un hacedor del mal. Así fue siempre donde quiera que la semilla de Dios era prisionera bajo la naturaleza maldecida, esa naturaleza buscaba encarcelar aquellos en quienes surgía. El Señor hará que él sea para ustedes como una piedra molesta; porque la espada del espíritu del Todopoderoso es puesta en las manos de los santos, la cual herirá a todos los impíos; y no será levantada hasta que haya cortado a todos los jueces corruptos, magistrados, sacerdotes y profesantes; hasta que él haya permitido que su acto maravilloso suceda en la tierra, lo cual es hacer cielos nuevos y tierra nuva, donde morará la justicia; lo cual ahora él está a punto de hacer. Por lo tanto teman al Señor Dios Todopoderoso ustedes jueces, magistrados, comandantes, sacerdotes, y personas; ustedes que olvidan a Dios, de repente vendrá el Señor y los destruirá con una destrucción completa, y echará sus nombres fuera de la tierra, y restaurará a su pueblo como jueces así como era en el principio, y a los consejeros como era al comienzo. Y todos los perseguidores tomarán parte en las plagas de la ramera, quien ha emborrachado a los reyes de la tierra y a los hombres grandes con el vino de sus fornicaciones, y ha bebido la sangre de los santos; y por lo tanto ustedes tomarán parte de sus plagas. A nosotros no se nos permite ver a nuestro amigo en la prisión, a quien nosotros testificamos que es un mensajero del Dios viviente. Ahora, pueblos todos, piensen si esto está de acuerdo a la ley, o si viene de la voluntad maligna, perversa, y envidiosa de los gobernantes y magistrados, quienes son de la misma generación que persiguió a Jesucristo: porque él dijo "como ellos me han hecho a mí, así harán con ustedes". Y así como él tomó el amor, la bondad y el servicio que fue mostrado y obrado en cualquiera de sus afligidos en sus sufrimientos, y en la angustia, como si fuera hecho a él; así las heridas y las ofensas que han sido hechas por cualquiera a cualquiera de sus más pequeños, él lo resintió como si se le hubiera hecho a él también. Por lo tanto ustedes, que están tan lejos de visitarlo a él ustedes mismos en su siervo sufriente que ustedes no permiten que sus hermanos lo visiten, ustedes se deben ir, obradores de iniquidad, al lago que arde con fuego. El Señor viene pronto a trillar las montañas, y las golpeará hasta que se conviertan en polvo; y todos los gobernantes corruptos, los oficiales corruptos, las leyes corruptas, el Señor se vengará con ellos, por medio de quienes las conciencias delicadas de su pueblo son oprimidas. Él le dará a su pueblo su ley, y juzgará a su pueblo él mismo, no de acuerdo a la vista de los ojos y a lo escuchado por los oídos, sino que con justicia y equidad. Ahora sus corazones son hechos manifiestos de que están llenos de envidia en contra de la verdad viviente de Dios, la cual es hecha manifiesta a su pueblo, quienes son condenados y despreciados por el mundo, y son llamados cuáqueros de manera desdeñosa. Ustedes son peores que los paganos que encarcelaron a Pablo, porque a ninguno de sus amigos o conocidos se les impidió que vinieran a él: por lo tanto ellos serán testigos en contra de ustedes. Ustedes son mostrados ante los santos que son de la misma generación que le quitó la vida a Cristo, y que puso al apóstol en la prisión, con el mismo pretexto bajo el cual ustedes actúan; al llamar error a la verdad, y blasfemos a los ministros de Dios, como lo hicieron ellos. Pero el día terrible y espantoso vendrá sobre ustedes, magistrados, sacerdotes y pueblo maligno, que profesan la verdad en palabras externas, y sin embargo persiguen el poder de la verdad en aquellos que están de pie en la verdad y por la verdad. Mientras que ustedes tengan tiempo, aprécienlo, y recuerden lo que está escrito en Isaías 14:17.
GERVASIO BENSON,
ANTONIO PEARSON.
No mucho después de esto, el poder del Señor descendió sobre los jueces, haciendo que me pusieran en libertad. Mas poco antes, el gobernador y Antonio Pearson bajaron al calabozo, para ver el sitio donde me habían tenido y darse cuenta del trato que me habían dado; y encontraron tan malo aquel sitio y su hedor tan nauseabundo que no pudieron menos que avergonzar a los magistrados por haber consentido al carcelero que hiciera tales cosas. Estando en el calabozo, llamaron a los carceleros y les requirieron a que encontrasen garantía de su buena conducta; y al carcelero subalterno, que había sido tan cruel, lo metieron en el calabozo conmigo, entre los delincuentes.
Después que fui puesto en libertad me fui a la casa de Tomás Bewley, donde un maestro bautista vino a oponerse a mí; quien fue convencido. Estando Roberto Widders conmigo fue inspirado a ir a la iglesia de Coldbeck, y el maestro bautista lo acompañó ese mismo día. El pueblo cayó sobre él, casi mató a Roberto Widders, y tomó la espada del bautista de él y lo golpeó gravemente. Este bautista recibió la herencia de una usurpación de diezmos, y se fue a su casa y la dejó atrás libremente. Roberto Widders fue enviado a la cárcel de Carlisle, donde después de estar por un corto tiempo fue puesto en libertad. William Dewsbury también se fue a una iglesia de por ahí cerca, y la gente casi lo mató de lo mucho que lo golpearon; pero el poder del Señor estaba sobre todos y los sanó otra vez. En ese día muchos Amigos fueron a las iglesias a declarar la verdad a los sacerdotes y a la gente; y ellos sufrieron grandemente, pero el poder del Señor los sostuvo.
Después me fui al campo y tuve reuniones muy poderosas. El evangelio eterno y la palabra de vida florecieron; miles se entregron al Señor Jesucriso y a sus enseñanzas. Varios de los que habían tomado los diezmos como si fuera su derecho decidieron no recibirlos más, y se los entregaron libremente a los feligreses. Al pasar por Westmoreland tuve muchas magníficas reuniones. En Stricklandhead tuve una gran reunión, donde vino Henry Draper, un juez de paz de Bishoprick, y muchos contendientes estuvieron allí. Los sacerdotes y los magistrados estaban muy furiosos conmigo en Westmoreland, y tenían una orden de arresto en contra mía; la cual ellos renovaban de tanto en tanto. Sin embargo el Señor no permitió que ellos me la entregaran. Yo viajé entre Amigos, visitando reuniones hasta que llegué a Swarthmore, donde escuché que los bautistas y profesantes en Escocia me habían mandado a decir que tendrían una disputa conmigo. Yo les envié un mensaje de que me reuniría con ellos en Cumberland en la casa de Tomás Bewley, donde fui como corresponde, pero ninguno de ellos vino. Pasé por algunos peligros en mis viajes durante este tiempo. Al pasar por Wigton en un día de mercado, la gente de la ciudad habían puesto una guardia con horcas, y aunque algunos de sus propios vecinos estaban con nosotros, nos mantuvieron fuera de la ciudad y no nos dejaban pasar por ella, bajo el pretexto de prevenir que entrara la enfermedad, para la cual no había ni la menor oportunidad. Sin embargo, ellos cayeron sobre nosotros, y casi nos hirieron a nosotros y a nuestros caballos: pero el Señor se los impidió de manera que ellos no nos hirieron demasiado; y nos fuimos de allí. En otra ocasión, cuando íbamos pasando entre las dos casas de los Amigos, unos tipos groseros estaban esperando en un sendero, y nos apedrearon y nos abusaron extremadamente; pero al final, por medio de la ayuda de Dios, pasamos a través de ellos, y salimos sin heridas serias. Pero esto puso al descubierto los frutos de las enseñanzas de los sacerdotes, los cuales avergonzaron su profesión de cristiandad.
Después de que hube visitado Amigos en esa comarca, me fui a Bishoprick, teniendo grandes reuniones por el camino. Tuve una gran reunión en la casa de Antonio Pearson, donde muchos fueron convencidos. De ahí me fui por Northumberland a Derwentwater, donde tuvimos grandes reuniones; y los sacerdotes me amenazaron que ellos vendrían, pero ninguno vino. La palabra eterna de vida fue predicada libremente, y recibida libremente; cientos se acercaron a Cristo, su maestro.
En Northumberland muchos vinieron a discutir. Algunos alegaron en contra de la perfección; a quienes declaré 'que Adán y Eva eran perfectos antes de la caída: y todo lo que Dios hizo era perfecto; y que la imperfección vino por el diablo y la caída: pero Cristo, quien vino a destruir el diablo, dijo: "Sed perfectos". Uno de los profesantes sostuvo que Job dijo: '¿Será el hombre mortal más puro que su Creador? Los cielos no están limpios a su vista. Y notó necedad en sus ángeles'. Yo le enseñé su error, y le hice ver 'que no fue Job el que lo dijo, sino uno de los que contendían con él; porque Job representaba la perfección, y mantuvo su integridad; y ellos fueron llamados consoladores miserables'. Estos profesantes dijeron: el cuerpo externo era el cuerpo de la muerte y el pecado. Yo les mostré su error en eso también, mostrándoles 'que Adán y Eva ambos tenían un cuerpo externo, antes que el cuerpo de muerte y pecado entrara en ellos; y que el hombre y la mujer tendrán cuerpos externos [] cuando el cuerpo de pecado y muerte sea quitado otra vez; cuando ellos sean renovados otra vez a la imagen de Dios por medio de Cristo Jesús, en la cual estaban antes de la caída'. Ellos cesaron de oponerse en ese momento, y tuvimos reuniones gloriosas en el poder del Señor.
Entonces nos fuimos a Hexam, donde tuvimo una gran reunión arriba de una colina. El sacerdote nos amenazó que él vendría y se opondría a nosotros, pero no vino; de manera que todo estuvo calmado: y el día eterno y la renombrada verdad del Dios viviente fue anunciada en esas comarcas oscuras, y su Hijo fue exaltado sobre todo. Fue proclamado entre la gente que el día había llegado, donde todos los que hicieran una profesión del Hijo de Dios, lo podrían recibir; y que a los que lo recibieran, él les daría postestad de llegar a ser hijos de Dios, como él lo había hecho conmigo. Además fue declarado, 'que el que tiene al Hijo de Dios, tiene la vida eterna; pero el que no tiene al Hijo de Dios (aunque profesara todas las escrituras, desde el principio de Génesis hasta el fin del Apocalípsis) no tiene la vida.' De manera que después que todos fueron dirigidos a la luz de Cristo, por la cual ellos lo podrían ver, recibir, y saber dónde estaba su verdadero maestro, y la verdad eterna había sido declarada en gran parte entre ellos, pasamos por Hexam pacíficamente, y llegamos a Gilsland, una comarca conocida por los robos y los ladrones.
Allí un Amigo vio al sacerdote y fue a hablar con él, y él vino a nuestra posada, donde la gente del pueblo se había reunido alrededor de nosotros. El sacerdote dijo que él probaría con la Biblia que éramos engañadores, pero no pudo encontrar ninguna escritura para este propósito. Entonces él se fue a la posada, y después de un rato salió otra vez, y trajo algunas frases entrecortadas de las escrituras que mencionaban las doctrinas y mandamientos de los hombres, como por ejemplo "y no toques, no gustes, cosas que se destruyen con el uso". Todo lo cual, ¡pobre hombre!, estaba en su propia condición; porque en nuestra condición, nosotros fuimos perseguidos porque no quisimos gustar, ni tocar, ni manejar sus doctrinas y tradiciones las cuales sabíamos que serían destruídas con el uso. Yo le pregunté, cómo llamaba él a la iglesia. 'Oh,' dijo él, 'La casa espantosa de Dios, el templo de Dios.' Yo le mostré, y a la pobre gente que estaba en las tinieblas, 'que sus cuerpos deberían ser templos de Dios, y que Cristo nunca mandó a hacer esos otros templos, sino que terminó con ese templo en Jerusalén el cual Dios había mandado a hacer'. Mientras yo estaba hablando, el sacerdote se fue; y después la gente actuó como si ellos temieran que les tomaríamos sus carteras, o que les robaríamos sus caballos; juzgándonos a nosotros como a ellos mismos, ya que ellos eran naturalmente inclinados a robar.
Volvimos, cruzando el país, a Cumberland, donde en la cima de una montaña, cerca de Langlands, celebramos una reunión general de varios miles de personas. Reunión que fue gloriosa y celestial, brillando la gloria del Señor sobre todos; y era tal la multitud, que uno podía hablar a tantos como buenamente le era posible. Fijos sus ojos en Cristo, su Maestro, allí vinieron a sentarse bajo Su vid, de modo tal, que cuando más tarde Francisco Hogwill fue a visitarlos, encontró que no necesitaban de palabras, por estar reunidos bajo su Maestro, Jesucristo, y él también se sentó entre ellos, sin decir nada. Grande fue el convencimiento en Cumberland, Bishoprick, Northumberland, Westmorland, Lancashire y Yorkshire; y descendiendo la lluvia divina, las plantas del Señor crecieron y dieron flores, brillando sobre todo la gloria del Señor, de tal manera, que muchas bocas abrió el Señor en alabanza Suya; y también a niños y a niños de teta les dio El fuerza.
Luego que hube salido de la prisión de Carlisle,
fui a la cámara de la abadía y allí entró una mujer loca que, algunas veces, se ponía muy furiosa; y cayendo sobre sus rodillas se puso a gritar. "Quítese el sombrero de gracia, la gracia cuelga de tu cuello," y de tal modo el poder del Señor pasó a través de toda ella, que se dio cuenta de su estado y luego se lo confesó a los Amigos.
Y fui a otro lugar, en Cumberland, donde una mujer casada estaba perturbada y tan furiosa que algunas veces había intentado matar a sus hijos y a su marido; mas por voluntad del Señor, fui a hablarle y, cayendo sobre sus rodillas desnudas, dijo que andaría sobre sus rodillas desnudas si pudiera venir conmigo; y el poder del Señor hizo en ella su obra, marchándose curada a su casa.
Estando en Bishoprick, me trajeron a otra mujer, que un hombre llevaba atada tras él, la cual no podía hablar ni comer, estando así desde hace bastante tiempo. Me la trajeron a casa de Antonio Pearson, y, por voluntad del Señor, yo le hablé y ella comió y habló y se puso bien, y se fue detrás de su marido sin que la obligaran, marchándose completamente curada.
Saliendo una vez de Cumberland, en compañía de la joven Margarita Fell y de Guillermo Caton, fuimos a Hawkshead y entramos a descansar en casa de un Amigo. Como hacía un tiempo muy frío, nos sentamos y la criada nos encendió el fuego, pues su amo y su señora estaban en el mercado. Estaba allí, acostado en una cuna, que estaban meciendo, un muchacho que tendría unos doce años y no había crecido más que el doble desde que nació; puse mis ojos en el muchacho y viendo que estaba sucio pedí a la joven que le lavara la cara y las manos y que lo levantara y me lo trajera; me lo trajo y le pedí que se lo llevara y lo volviera a lavar pues no lo había dejado bien limpio. Entonces, por inspiración del Señor, puse mis manos sobre él, le hablé, y amonesté a la joven a que lo vistiera y luego nos marchamos.
Algún tiempo después, llamé a esta casa y encontré a su madre, pero no me detuve, "¡Oh! ¡Quédese!" dijo, "y celebre una reunión en nuestra casa, pues todo el país se ha convencido a causa del gran milagro que usted hizo en mi hijo, que ya habíamos llevado a los manantiales y a los baños, y todos los doctores lo habían desahuciado; y su abuelo y su padre tenían gran temor de que muriera, extinguiéndose su nombre con él pues no tenemos más que este hijo; pero luego que usted se marchó," continuó, 'cuando volvimos a casa, encontramos a nuestro hijo jugando por las calles, por consiguiente," añadió, "todo el país vendrá a oírlo," de querer yo volver y celebrar allí una reunión; lo cual aconteció tres años después de haberme ella dicho esto; el mozo estaba crecido y convertido en un joven hecho y derecho. ¡Alabanzas sean dadas al Señor!
En Cumberland, fui inspirado a ir a la iglesia del sacerdote Wilkinson otra vez; y habiendo entrado antes que él, cuando él llegó, yo le estaba declarando la verdad a la gente, aunque sólo había unos pocos; porque la mayoría y los mejores de sus oyentes se habían ido hacia las enseñanzas gratuitas de Cristo; y tuvimos una reunión de Amigos por ahí cerca, donde Tomás Stubbs estaba declarando la palabra de vida entre ellos. Tan pronto como entró el sacerdote, él se opuso a mí: y allí nos estuvimos la mayor parte del día; porque cuando yo comencé, él se opuso a mí; de manera que si se quebrantó alguna ley, él la quebrantó. Cuando su gente me estaba arrastrando hacia afuera, yo manifesté que sus frutos eran como los que Cristo había hablado, cuando dijo: 'Ellos los expulsarán de sus sinagogas'; entonces él se avergonzó, y ellos me soltaron. Él estuvo allí hasta que ya era casi de noche, discutiendo y oponiéndose a mí; y no quiso ir a cenar, porque pensó que así me cansaría. Pero al fin el poder y la verdad del Señor vinieron sobre él de tal manera que dejó a su gente. Cuando se había ido, yo me fui a la reunión de los Amigos, quienes se habían acercado al Señor, y estaban establecidos por su poder en Cristo, la roca y el fundamento de los verdaderos profetas y apóstoles.
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