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CAPÍTULO V
Discusiones con Sacerdotes y Eclesiásticos
1653-1654
En esta época, empezaron los eclesiásticos y sacerdotes a profetizar de nuevo en contra nuestra. Habían ya dicho, mucho antes, que todos seríamos destruidos antes de un mes, después prolongaron el plazo hasta medio año; pero como también este plazo hacía ya mucho que había expirado, habiendo nosotros aumentado mucho en número, entonces proclamaron que nos devoraríamos mutuamente. Esto debido a que muchas veces, después de las reuniones, sucedía que personas piadosas que tenían mucho camino que andar, se albergaban, de paso, en casa de Amigos, y más de una vez se dio el caso de que fueron más las personas que las camas y algunos tuvieron que dormir sobre montones de paja, y por todo esto, el temor de Caín poseyó a los eclesiásticos y a las gentes del mundo, que temían que cuando nos hubiésemos devorado, acabaríamos por tener que ser mantenidos por las parroquias, siéndoles una carga.
Mas pasando el tiempo, cuando vieron que el Señor bendecía y aumentaba a los Amigos, igual que con Abraham, así en el campo como en la canasta, en sus idas y en sus venidas, cuando se levantaban y cuando se acostaban, y que todo les prosperaba; vieron entonces lo falso de sus profecías en contra nuestra; y que era en vano maldecir lo que de Dios era bendito.
Al principio de las conversiones, cuando los Amigos no se quitaban el sombrero ante nadie, ni trataban de usted a las gentes, sino de tú, ni usaban de reverencias y lisonjas cuando saludaban, ni adoptaban las modas y usos del mundo; muchos de los Amigos que eran comerciantes diversos, perdieron al principio sus clientes; pues la gente se apartaba no queriendo tener tratos con ellos, de manera que hubo un tiempo en que algunos Amigos apenas ganaban dinero con que comprar un pedazo de pan. Pero después, cuando la gente se dio cuenta de la honestidad y sinceridad de los Amigos, viendo que su Sí era Sí y su No era No, que en sus tratos no faltaban a su palabra, ni los engatusaban y engañaban sino que si mandaban a un niño a comprar algo a sus tiendas era como si fueran ellos mismos; el ejemplo de la vida que llevaban los Amigos y de su comercio, habló por ellos, y habló al testigo de Dios que existe dentro de todo hombre y, entonces, las cosas cambiaron de tal manera, que todo era decir, "¿Hay por aquí algún pañero, sastre o zapatero, o cualquier otra clase de mercader que sea cuáquero?" y ello fue que los Amigos tuvieron más comercio que la mayoría de sus vecinos y donde había algún comercio ellos tenían la mayor parte. Ante esto, los eclesiásticos envidiosos cambiaron su estribillo y empezaron a clamar, "Si dejamos en paz a estos cuáqueros nos quitarán de las manos el comercio de toda la nación." Esta prosperidad era la obra de Dios para su pueblo y por su pueblo. Y mi deseo es que todos los que profesan su santa verdad puedan ser mantenidos verdaderamente sensibles a ella; y que todos puedan ser preservados en y por su poder y su espíritu, fieles a Dios y al hombre. Fieles primero a Dios al obedecerle en todas las cosas; y después hacer con todos los hombres aquello que es justo y recto, en todas las cosas que tienen que hacer con ellos o lidiar con ellos; para que el Señor Dios pueda ser glorificado en su práctica de la verdad, santidad y justicia entre la gente, en sus vidas y sus conversaciones.
Ya que los Amigos habían llegado a ser muy numerosos en las partes del norte de esta nación, y varios de los jóvenes que estaban convencidos venían diariamente a nosotros, fui inspirado por el Señor a escribir la siguiente epístola, y a enviarla entre ellos, para despertar las mentes puras, y hacer surgir un cuidado y una vigilancia santa en ellos sobre sí mismos, y los unos con los otros, para el honor de la verdad.
*A todos ustedes, Amigos en todas partes, esparcidos en el exterior.
En la medida de la vida de Dios esperen la sabiduría de Dios, la cual proviene de él. Y todos ustedes, que son hijos de Dios, esperen el alimento viviente del Dios viviente para ser alimentados para vida eterna por la fuente de donde proviene la vida. De manera que todos ustedes puedan ser guiados y puedan caminar en orden; los sirvientes en su lugares, los muchachos y las muchachas en sus lugares, y los que son cabeza de familia; que todos, en sus respectivos lugares, puedan adornar la verdad en la medida de ella. Con ella dejen que sus mentes se mantengan en el Señor Jesús, de quien proviene; para que ustedes puedan ser un sabor dulce para Dios, y en sabiduría ustedes puedan ser ordenados y gobernados; para que puedan ser corona y gloria los unos a los otros en el Señor. Y para que no aparezca ninguna contienda, amargura o voluntad propia entre ustedes; sino que todo lo que pueda ser condenado con la luz en la cual se encuentra la unidad. Y que todos, en unidad, puedan asegurar y cuidar el orden y el gobierno de sus propias familias. Para que sus familias puedan ser gobernadas en justicia y sabiduría. Que el temor y el terror del Señor pueda residir en el corazón de cada uno. Espero que todos puedan llegar a recibir los secretos del Señor. Espero que ustedes puedan llegar a ser mayordomos de su gracia; para repartirla a todos de acuerdo con su necesidad. Y que de esa manera ustedes puedan ser mantenidos en el sabor y el discernimiento correcto; que nada contrario a la vida pura de Dios sea introducido en ustedes, o entre ustedes; sino que todo lo que es contrario a ella pueda ser juzgado. Para que todos ustedes puedan vivir en la luz, en la vida y en el amor; y que todo lo que es contrario a la luz, la vida y el amor pueda ser traído a juicio, y pueda ser condenado por esa luz. Y que no haya árboles sin fruto entre ustedes; sino que todos sean cortados, condenados por la luz, y echados al fuego; que todos puedan llevar y producir frutos para Dios, y puedan crecer fructíferos en su conocimiento y en su sabiduría. Y que ninguno pueda aparecer en palabras más allá de lo que son en la vida que nos dio las palabras. Así ninguno será como los inoportunos higos; ninguno será como esos árboles que producen frutos que se marchitan; los tales se van por el camino de Caín, alejándose de la luz; y por ella son condenados. Que ninguo de ustedes haga alarde de sí mismo por encima de su medida; si lo hacen, ustedes estarán excluídos del reino de Dios; porque el hacer alarde aumenta el orgullo y la contienda, las cuales son contrarias a la luz que lleva al reino de Dios; mientras que la luz nos da una entrada el reino y un entendmiento de las cosas que pertenecen al reino. En el reino todos reciben la luz y la vida del hombre, y reciben a aquel que existía antes de la fundación del mundo, y por quien todas las cosas fueron hechas; quien es la justicia de Dios, y su sabiduría. A quien pertenecen toda la gloria, el honor, el agradecimiento, y la alabanza - quien es Dios, bendito para siempre. No dejen que se haga ni imagen ni semejanza; sino que esperen en la luz, la cual traerá condenación a esa parte que preferiría hacer imágenes; porque aquello que hace las imágenes encarcela a los justos. No cedan a los deseos de los ojos o los deseos de la carne; porque la vanagloria de la vida permanece en los desos los cuales mantienen fuera el amor del Padre; y con el orgullo permanecen sus juicios y su ira, donde el amor del mundo es buscado, y una corona mortal es buscada. En este terreno entra la maldad, la cual es maldecida; la cual trae zarzas y espinas, donde reina la muerte y la tribulación y la angustia están sobre cada alma, y se oye la lengua egipcia; todo lo cual es condenado por la luz. Allí está el mundo, el cual debe ser eliminado. El mundo se ve por medio de la luz, y el mundo es eliminado por el poder, y es sacudido fuera de lugar; a lo cual los truenos hacen sonar sus voces, antes que los misterios de Dios sean abiertos, y Jesús sea revelado. Por lo tanto todos ustedes, quienes han acercado sus mentes a esta luz, esperen en el Señor Jesús por esa corona que es inmortal, la cual no se desvancece.
Jorge Fox
Como los Amigos estaban por el Norte del país, un cierto sacerdote de Wrexham, en Gales, llamado Floyd, que oyó hablar de nosotros, mandó al Norte a dos de sus predicadores para que se enterasen de quienes éramos, nos probaran y luego volvieran a contárselo. Pero cuando éstos, que nos venían a probar, se nos reunieron, se apoderó de ellos el poder de Dios y se convencieron de la verdad. Quedaron con nosotros algún tiempo, regresando después a Gales, donde más tarde uno se apartó de la verdad, mas no así el otro, cuyo nombre era Juan, que viviendo en ella recibió su parte en el ministerio al cual se mantuvo fiel.
Entonces los sacerdotes llegaron a estar muy preocupados en Newcastle, Kendal, y en la mayoríade los condados del norte. Un hombre llamado Gilpin a veces se había reunido con nosotros en Kendal. Poco después que él se había alejado de la verdad para ir a las vanas imaginaciones, y los sacerdotes lo usaron en contra nosotros de cualquier manera impía en que pudieron; pero el poder del Señor los confundió a todos. Y el Señor Dios cortó a dos de esos jueces perseguidores en Carlisle; después de un tiempo el tercer juez fue sacado de su lugar y se fue de la ciudad.
Alrededor de este tiempo el juramento de compromiso a Oliverio Cromwell fue ofrecido a los soldados; mucho de los cuales se desunieron, porque no podían jurar en obediencia a Cristo: uno de los soldados era Juan Stubbs quien se convenció cuando yo estuve en la prisión de Carlisle. El llegó a ser un buen soldado en la guerra del Cordero, y un ministro fiel de Cristo Jesús; viajando mucho en el servicio del Señor en Holanda, Irlanda, Escocia, Italia, Egipto y America. Y el poder del Señor lo preservó fuera de las manos de los papistas, aunque hubieron muchas ocasiones en que estuvo en gran peligro por causa de la inquisición. Pero algunos de los soldados habían sido convencidos en su juicio pero no habían venido a la obeciencia, y ellos tomaron el juramento de Cromwell. Después, camino a Escocia, ellos se acercaron a una guarnición que estaba allí. La guarnición les disparó, pensando que ellos eran enemigos, y muchos fueron muertos, lo cual fue un evento muy triste.
Cuando las iglesias fueron establecidas en el norte, y los Amigos estaban bajo la enseñanza de Cristo, y la gloria del Señor brillaba sobre ellos; yo me fui de Swarthmore a Lancaster en el comienzo del año 1654, vistando Amigos, hasta que llegúe a Synderhill-green. Se había acordado una reunión tres semanas antes, y la reunión dejó al norte fresco y verde bajo Cristo su maestro. Pasamos por Halifax, una ciudad de profesantes groseros, y llegamos a la casa de Tomás Thomas Taylor, quien había sido capitán, donde nos encontramos con algunos argumentadores doctrinales: pero el poder del Señor estaba sobre todos porque yo había viajado por el movimiento del poder de Dios. Cuando llegué a Synderhill-green, había una gran reunión. Se estimaba que había varios miles de personas en la reunión, incluyendo muchas personas de posición tales como capitanes y otros oficiales. Había un convencimiento general, el poder y la verdad del Señor estaba sobre todos, y no había oposición.
Alrededor de este tiempo el Señor se movió sobre el espíritu de muchos de los que él había levantado. Él los envió a trabajar en su viña, a viajar hacia el sur; y a esparcirse en el servicio del evangelio hacia las "partes en el este, sur y oeste de esta nación: Francis Howgill y Eduardo Burrough a Londres; Juan Camm and Juan Audland a Bristol; Ricardo Hubberthorn y Jorge Whitehead hacia Norwich; Tomás Holmes hacia Wales, y muchos otros hacia lugares diferentes: porque el Señor había levantado más de sesenta ministros, y él los envió hacia el exterior del norte del país. El sentido de su servicio pasaba mucho sobre mí y fui inspirado a producir el siguiente escrito:
A los Amigos en el Ministerio.
Amigos todos en todas partes, conozcan la semilla de Dios, la cual hiere a la semilla de la serpiente, y está sobre ella; y esta semilla de Dios no peca, sino que hiere la cabeza de la serpiente, la cual sí peca y tienta a pecar; la promesa y la bendición de Dios son para esta semilla, y esta semilla es una en el hombre y la mujer. Ustedes han llegado al comienzo donde la semilla de Dios es la cabeza y ha herido la cabeza del otro; y el nuevo hombre es conocido, y el que es siervo del nuevo hombre es conocido; y la promesa de Dios a la semilla es cumplida y satisface; y las escrituras llegaron a ser abiertas y poseídas; y se sabe que la carne de Cristo es aquel que tomó sobre sí la semilla de Abraham de acuerdo a la carne; el sacerdocio eterno es conocido, y en el pacto eterno Cristo toma sobre sí la semilla de Abraham, y él es el sacerdote de la orden de Melquisedec; sin padre, sin madre, sin comienzo de días o fin de la vida; él es el sacerdote que vive para siempre; el pacto de vida, luz y paz. La ofrenda eterna es conocida una vez y para siempre, la cual destituye la naturaleza que hizo la ofrenda; de lo cual surgió el sacerdocio, el cual no pudo continuar por razón de muerte. Y así se conoce la otra ofrenda, la ofrenda eterna; la cual perfecciona para siempre a los que son santificados; esta ofrenda borró la letra de las ordenanzas, triunfó sobre ellas, y ascendió sobre todos los principados y potestades. El que tiene el espíritu de Jesús ve esto; y así se recibe el amor de Dios, el cual no se regocija en la iniquidad, sino que lleva al arrepentimiento de ella. Esta es la palabra del Señor Dios para todos ustedes Amigos en todas partes esparcidos en el exterior: conozcan el poder de Dios los unos en los otros, y regocíjense en esto; porque entonces ustedes se regocijan en la cruz de Cristo, quien no es de este mundo; esta cruz es el poder de Dios para todos los que son salvos. Ustedes que conocen y sienten el poder, sienten la cruz de Cristo; ustedes sienten el evangelio, el cual es el poder de Dios para salvación a todos los que creen. Aquel que cree en la luz, cree en el pacto eterno, en el que hace la ofrenda; aquel viene a la vida de los profetas y de Moisés, llega a ver a Cristo, la esperanza, el misterio, y esta la esperanza no perece. La luz les permite ver la esperanza que perece, la cual no es un misterio; y el hecho de que en esa esperanza perecedera se desvanece la expectativa. Donde es testificada esta esperanza que nunca falla, el Señor viene para ser santificado en el corazón, y ustedes llegan al principio, a Cristo quien es la esperanza, la cual no perece; pero la otra esperanza y la otra expectativa perecen. De manera que todos ustedes saben que la otra expectativa perece, y saben acerca de la debilidad de la expectativa interna; y conocen la esperanza que no perece; para que ustedes puedan estar listos para dar razón de esta esperanza, con mansedumbre y temor, a todas las personas que les pregunten. Cristo la esperanza, el misterio, que no perece; el fin de todas las cosas que perecen, el fin de todas las cosas cambiantes, el fin del pacto decadente, el fin de aquello que envejece y decae; el fin del primer pacto, de Moisés, y de los profetas; la justicia de Dios, Cristo Jesús el hijo; ustedes conocerán su trono, serán herederos con él; quien hace a sus hijos reyes y sacerdotes para él, y los lleva a conocer su trono y su poder. No hay justificación fuera de la luz, fuera de Cristo; la justificación está en la luz, en Cristo. Éste es uno que hace la voluntad de Dios; aquí está la entrada al reino. El que cree en la luz, llega a ser hijo de la luz; y aquí es recibida la sabiduría, que es justificada de sus hijos. Así al creer en la luz, ustedes no permanecerán en la oscuridad, sino que tendrán la luz de la vida; y todos llegarán a testificar de la luz que brilla en sus corazones, la cual les dará la luz del conocimiento de la gloria de Dios, en el rostro de Jesucristo. Ustedes lo verán reinar con esta luz, a aquel quien es el príncipe de la vida y la paz; esta vida nos aleja de aquel que está fuera de la verdad, y que no permaneció en ella; donde no está la paz.
Amigos, no sean precipitados, porque el que cree en la luz no se apuran. Así se recibe la gracia por la cual ustedes llegan a ser salvos; así se conoce la elección que obtiene la promesa; así se ve la voluntad que desea; se conoce la mente que corre pero que no obtiene, sino que se detiene y se embota. Cuando la luz ve, ésta juzga y detiene el apuro, se forma la paciencia que obtiene la corona; y la inmortalidad es traída a la luz. De manera que todos los que actúan de manera contraria a la luz y no creen en ella, no llegan a la justificación. Y, Amigos todos, si ustedes se alejan de la luz y dejan de desear la promesa de Dios cumplida en la semilla que está en ustedes, para que puedan saber que Cristo reina en ustedes, entonces ustedes llegan a tener prendas cambiantes, y llegan a usar las prendas cambiantes, la carne extraña, la cual lleva al adulterio espiritual, el cual es tomado por la ley. Esto deja fuera al reino; y se producen las obras que están fuera del reino, las cuales son para el fuego, por el cual ustedes pueden llegar a sufrir pérdida. Por lo tanto amen la luz, la cual condena la apatía que está en ustedes; y reciban el poder del Señor, con el cual ustedes permanecen por encima de la apatía, y la condenan; así ustedes sienten y ven aquello que les da la victoria sobre el mundo, y para ver más allá del tiempo, antes que existiera el tiempo. Nuevamente, Amigos, conozcan a Abraham, quien obedeció la voz de Sara; el que tuvo un hijo y echó fuera a la sierva y a su hijo. No se aparten de este principio para que no se vayan a lo salvaje. Conozcan la fuente del hijo salvaje, y de su madre, quien no es Sara; porque la promesa es para la semilla, no de muchos, sino de uno; y esta semilla es Cristo: y ahora ustedes llegan a testificar de que esta semilla permenece sobre todo, sí, sobre la cabeza de la serpiente. De manera que todos los que sienten y testifican de esto, como dije antes, llegan al comienzo; y al comienzo llegan todos los que son la semilla de Dios, la iglesia, para que todos ustedes puedan llegar a conocer el comienzo, donde no hay imperfección, ni mancha, ni arruga, ni ninguna cosa por el estilo. Esto es lo que es comprado por la sangre de Jesús, y presentado al Padre para sacarlo de todo lo que contamina; lo cual es el pilar y el cimiento de la verdad. Ninguno alcanza esto, sino los que vienen a la luz de Cristo, quien compró su iglesia. Los que se alejan de la luz, son echados fuera y condenados, aunque ellos profesen todas las escrituras que son declaradas por ella. Por lo tanto caminen en la luz, para que puedan tener comunión con el hijo, y con el Padre; y todos vengan a testificar de su imagen, de su poder, y de su ley, la cual es su luz, que ha convertido a sus almas, y las ha llevado a someterse al poder más alto, por encima de aquello que está fuera de la verdad: para que ustedes conozcan así la misericordia y la verdad, y la fe que obra por amor, de la cual Cristo es el autor, que ilumina a cada uno de ustedes: esta es al fe que da la victoria. Aquello que da la victora es perfecto; y aquello que los ministros de Dios reciben de Dios, es aquello que es perfecto; y aquello que ellos han de ministrar es para el perfeccionamiento de los santos; hasta que todos ellos vengan a la unidad de la fe hasta llegar al hombre perfecto. Esta es la palabra de Dios para todos ustedes. Todos los que están en la medida de la vida, esperen, para que con ella sus mentes sean guiadas hacia el Padre de la vida, el Padre de los espíritus; para recibir poder de él, y sabiduría, para que con ella ustedes puedan ser ordenados para su gloria, ¡a quien sea toda la gloria para siempre! Manténganse todos ustedes en la luz y en la vida, que juzga a todo lo que es contrario a la luz y la vida. De manera que el Señor Dios Todopoderoso esté con todos ustedes. Y sigan adelante con sus reuniones en todas partes, siendo guiados por aquello que es de Dios; para que por medio de esto ustedes puedan ver al Señor Dios entre ustedes, quien ilumina a cada hombre que viene a este mundo; para que todos los hombres del mundo puedan llegar a creer. La luz condena al que no cree: pero el que cree sale de la condenación. Esta luz, que ilumina a todo hombre que viene al mundo; con la cual tropiezan aquellos que la odian, es la luz de los hombres.
Amigos todos que hablan en público, asegúrense que sea en la vida de Dios; porque esto engendra para Dios; los frutos de esto nunca se marchitarán. El hablar a partir de la vida siembra para el espíritu que está en prisión, y cosecha vida del espíritu; y el hablar fuera de la luz siembra para la carne, y cosecha corrupción de la carne. Ustedes pueden ver esto sucediendo en todo el mundo entre aquellos que hablan fuera de la vida; ustedes pueden ver lo que cosechan en los campos, lo cual es el mundo. Por lo tanto esperen en el espíritu del Señor, el cual corta y echa fuera todo esto, su raíz y sus ramas. De manera que esperen en la luz para recibir poder, y que el Señor Dios Todopoderoso los preserve en él; a través del cual ustedes pueden llegar a sentir la luz, que comprende el tiempo y el mundo, y lo penetra; creer en la verdad les da la victoria sobre el mundo. Así es recibido el poder del Señor, el cual domina todo lo que es contrario, y quita las prendas que manchan y contaminan. Con esta luz ustedes llegan a alcanzar la luz en cada hombre, con la cual Cristo ilumina a cada hombre que viene al mundo; y así las cosas de Cristo llegan a ser conocidas, y la voz de Cristo llega a ser oída. Por lo tanto manténganse en la luz, el pacto de paz; y caminen en el pacto de la vida. Allí está aquello que se regocija con el testiminio de Dios, y allí está lo que se regocija en el Señor; lo cual está por encima de lo que ha estado feliz con ello: tomen nota de esto, ustedes que están en la luz. El Señor embellece a los que confían en su fortaleza; y el Señor ve a aquellos que confían en su fortaleza y aquellos que están en su luz. Pero aquellos que no son de la luz y los ojos de quienes van tras sus abominaciones y sus ídolos, sus ojos han de ser cegados; sus hermosos ídolos y sus abominaciones han de ser destruídas, y condenadas por la luz, lo cual ellos han hecho de la vida en su propia fortaleza; la cual es vista con la luz, y derrocada por el poder de Dios. "Si pudieran cambiar mi pacto," dijo el Señor, “el cual mantiene el día en su tiempo, y la noche en su tiempo, (tomen nota, mi pacto - la luz), si pueden cambiar esto, entonces podrán cambiar el pacto de Dios con su semilla". De manera que todos los Amigos que son llevados a la luz que viene de aquel que hizo el mundo, quien existía antes que fuera hecho, Cristo Jesús, el salvador de sus almas, permanecen en la luz, y ustedes verán que su salvación es como murallas y baluartes contra aquello que la luz descubre que es contrario a ella. Esperando en la luz ustedes recibirán el poder de Dios, el cual es el evangelio de paz, para que ustedes puedan ser herrados con él. Y cononzcan los unos en los otros aquello que eleva la semilla de Dios, y la establece sobre el mundo y la tierra, y crucifica las pasiones y los deseos: entonces llega a reinar la verdad, la cual es la banda que rodea.
Jorge Fox
En esta época, Rice Jones de Nottingham (que había sido bautista convirtiéndose luego en Ranter), y los suyos, comenzaron a profetizar contra mí, de que en aquel momento yo estaba en la cúspide y que pasado este momento caería con la misma rapidez. Rice Jones mandó un rollo de papeles, llenos de burlas, de Nottingham a Mansfield, Clawson y ciudades de alrededor; juzgando a los Amigos por declarar la verdad en los mercados y en las iglesias; a cuyos papeles yo contesté. Mas sus profecías cayeron sobre ellos, ya que poco después se dividieron y sus reuniones se disolvieron, aparte de que algunos se encontraban los Primeros días para jugar a la pala. Muchos de sus prosélitos se convirtieron en Amigos y así continuaron. Por el poder bendito de Dios aumentaron la verdad y los Amigos, y aumentaron en el engrandecimiento de Dios, y yo, por el mismo poder, fui y soy guardado y preservado en la semilla eterna que nunca cambia ni cae. Mas Rice Jones había jurado cuanto le pidieron, desobedeciendo con ello el mandamiento de Cristo. Muchos profetas falsos, como éste, se levantaron contra mí, mas el Señor los confundió como confundirá a todos los que se levanten en contra de la semilla bendita y de mí en ella. Mi confianza está en el Señor, y todo aquel que hiciera como aquellos, yo veo su fin y como el Señor los confundiría antes de que Él me mandase hacia adelante.
En esto, estaba yo en Synderhill-Green, donde había celebrado una reunión durante el día; y por la noche volvimos a celebrar otra gran reunión en casa de Tomás Stacey, por razón de que la gente vino de lejos y no podía marcharse enseguida. El primer alguacil del condado había dicho, al capitán Bradford, que tenía la intención de presentarse en la reunión con media docena de sus soldados de tropa, pero el Señor lo contuvo. Cuando hube atendido a algunas reuniones de por allí cerca, viajé por Yorkshire, de un lado a otro, llegando tan lejos como a Holderness, y, por este camino, hasta donde la tierra acaba; visitando Amigos y las iglesias de Cristo, que finalmente se habían establecido bajo sus enseñanzas. Finalmente fui a casa del capitán Bradford, a donde habían ido muchos Ranters de York, para discutir, mas quedaron confundidos y no continuaron. Allí vino también Lady Montague, que se convenció entonces y vivió y murió en la verdad.
Entonces volví a casa de Thomas Taylor, a tres millas de Halifax, donde se celebró una reunión de cerca de doscientas personas, entre las que había muchas personas muy groceras y varios carniceros; de los cuales algunos se habían comprometido, bajo juramento (según me dijeron), a matarme antes de salir de la casa. Uno de estos carniceros había ya matado a un hombre y a una mujer. Entraron de una manera muy descortés, produciendo gran confusión en la reunión, que se celebraba en un cercado, y Tomás Taylor, poniéndose en pie, les dijo, "Si se quieren comportar civilmente, pueden quedarse, mas de no ser así yo les exijo que salgan de mi propiedad." Mas como eran de lo peor, dijeron que se comportarían allí como en una tierra comunal; y se pusieron a aullar, haciendo tal ruido, como si estuvieran en una pelea de gallos; empujaron a los Amigos de un lado a otro, y por ser los Amigos pacíficos fue sobre ellos el poder del Señor. Varias veces me echaron de mi sitio, empujado por el tropel de gente que caía sobre mí, mas a pesar de ello apenas me tiraban me levantaba, por voluntad del Señor. Finalmente, el Señor me impulsó a que les dijera que si querían razonar sobre las cosas de Dios, que se acercaran a mí, uno por uno, y, que de tener algo a decir o a objetar, les contestaría a todos, uno después del otro; mas todos quedaron silenciosos. Entonces el poder del Señor fue de tal modo sobre ellos, respondiendo al testigo de Dios, en sí mismos, que quedaron atados por su poder y celebramos una reunión gloriosa, y Su poder fue sobre todos; y las mentes se volvieron a Dios, por el Espíritu de Dios en ellos, y a Cristo, su Maestro. Aquel día fue grandemente declarada la poderosa palabra de vida, terminándose nuestra reunión en el poder de Dios; y aquel grupo grosero siguió su camino hacia Halifax. Les preguntaron todos porque no me habían matado, de acuerdo con lo que habían jurado; a lo cual respondieron maliciosamente que yo los había embrujado de tal manera que no pudieron hacerlo. Así fue encadenado el diablo, aquella vez. Los Amigos me dijeron que acostumbraban a venir otras veces comportándose siempre muy mal y sin freno, hasta llegar más de una vez a romper sus bancos y sus asientos, conduciéndose entre ellos de una manera espantosa; pero ahora el poder del Señor los había encadenado.
Poco tiempo después de esto, el carnicero que había sido acusado de matar a un hombre y a una mujer y que era uno de los que se habían comprometido a matarme bajo juramento, mató a otro hombre y lo mandaron a la cárcel de York. Otro de estos carniceros brutales, que también había jurado matarme, y que acostumbraba a sacar la lengua a los Amigos, cuando pasaban cerca de él, la sacó un día de tal manera que no la pudo volver a meter y así murió. Sería demasiado largo el relato de los muchos juicios que, de manera extraña y repentina, fueron sobre muchos de los que conspiraban en contra mía; la venganza de Dios baja del cielo para caer sobre el sediento de sangre que corre tras ella. Yo puse a todos los espíritus ante el Señor, dejando que El, más fuerte que todos, los juzgara, en cuyo poder yo estaba guardado para seguir adelante en su obra. El Señor conmovió a personas finas en aquellos lugares, que Él llevó a Cristo y reunió en Su nombre, los cuales sintieron a Cristo entre ellos y se recogían bajo sus enseñanzas.
Después de esto fui a Balby, de donde varios Amigos fueron conmigo a Lincolnshire, yéndose algunos a las iglesias y otros a las reuniones de los Independientes. El alguacil de Lincoln vino a la reunión donde yo estaba, y junto con él otros varios que por unos momentos provocaron altercados y riñas. Mas finalmente, el poder del Señor lo conmovió, de tal modo, que convenciéndose de la verdad, recibió la palabra de vida, y lo mismo sucedió con otros que también se nos habían opuesto y que continuaron luego entre los Amigos hasta el día de su muerte. Se celebraron grandes reuniones y muchos se convencieron, por aquellos lugares; muchos se volvieron al Señor Jesús, y vinieron a recogerse bajo sus enseñanzas, dejando a sus sacerdotes y las sendas de superstición; y el día del Señor floreció sobre todos. Entre los que venían a nuestras reuniones, en aquel lugar, había uno llamado Sir Ricardo Wrey, que se había convencido, como también su hermano y su cuñada que vivió y murió en la verdad, a pesar de que su marido se apartó de ella.
Habiendo visitado estos lugares, fui a Derbyshire, en compañía del alguacil de Lincoln, que últimamente se había convencido. En una reunión encontramos alguna oposición, mas el poder del Señor nos dio dominio sobre todos. Por la noche vino un grupo de alguaciles y siervos que me llamaron para que saliera, lo que hice en compañía de algunos Amigos. Eran sumamente brutales y violentos; y según parece habían tramado llevarme con ellos, por la fuerza, en la oscuridad de la noche, para hacerme algún daño; pero el poder del Señor fue sobre ellos y los encadenó de modo que no pudieron efectuar sus designios y finalmente se marcharon. Al día siguiente, Tomás Aldam, enterado de que los siervos pertenecían a uno llamado "el caballero," que no vivía muy lejos de allí, fue a su casa y le expuso la mala conducta de sus sirvientes. El caballero los reprendió y no permitió que se comportaran mal con nosotros.
Después de eso fuimos a Skegby, en Nottinghamsbire, donde tuvimos una gran reunión con muchas personas diferentes; y el poder del Señor fue sobre ellos, y todo estuvo en silencio. La gente fue dirigida al espíritu de Dios, por el cual muchos llegaro a recibir su poder, y a sentarse bajo la enseñanza de Cristo, su salvador. El Señor ahora tenía ahora un gran número de personas en esas partes.
Pasé hacia Kidsley Park, adonde vinieron muchos Ranters, mas el poder del Señor los destruyó. De aquí al país de Peak, a la casa de Tomás Hammersley, donde vinieron los Ranters de por allá y muchos profesantes ilustres. Los Ranters me hicieron oposición y empezaron a jurar. Cuando los reprobé por jurar, ellos sacaron escrituras para apoyarse, alegando que Abraham, Jacob y José juraron; y los sacerdotes, Moisés, los profetas y los ángeles juraron. Yo confesé que todos ellos lo hicieron, como lo registra las escrituras; pero yo les dije que Cristo (quien dijo: Antes que Abraham fuera, yo soy), mandó a no jurar en ninguna manera. Cristo pone fin a los profetas, el antiguo sacerdocio, la dispensación de Moisés, y reina sobre la casa de Jacob y José, y él nos dice que no juremos en ninguna manera. Y Dios, cuando trajo al primogénito al mundo, dijo: 'Adórenlo todos los ángeles de Dios', que es Cristo Jesús, quien dijo: 'No jurés en ninguna manera'. En cuanto al alegato que hacen los hombres por jurar, para terminar con la contienda, Cristo, quien dice que no juremos en ninguna manera, destruye al diablo y sus obras, quien es el autor de la contienda; ya que ésta es una de sus obras. Y Dios dijo, "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd". De manera que el hijo ha de ser oído, quien prohíbe jurar, y el apóstol Santiago, quien oyó al hijo de Dios, lo siguió, y predicó de él, prohíbe todos los juramentos. Santiago 5:12. De manera que el poder de Dios estuvo sobre todos ellos, y su Hijo y su doctrina fue establecida sobre ellos. La palabra de vida fue predicada completa y ricamente, y muchos fueron convencidos en ese día.
Este Tomás Hammersley fue requerido a que sirviera de jurado, siéndole permitido que lo hiciera sin prestar juramento; y cuando él, como presidente del jurado, dio el veredicto, el juez afirmó que, habiendo sido juez por tantos años, nunca oyera un veredicto tan justo como el que había dado aquel cuáquero. Mucho pudiera escribirse de cosas de esta naturaleza que el tiempo no podría aclarar. Pero el poder bendito y la verdad del Señor fueron exaltados, siendo Él merecedor de toda alabanza y gloria, eternamente.
Viajando a través de Derbyshire, fui visitando Amigos hasta que llegué a Swannington, en Leicestershire, donde se celebraba una reunión general a la que asistían muchos Ranters, bautistas y otros profesantes; pues había habido allí grandes disputas, con ellos y con los sacerdotes de esta ciudad. Los Ranters provocaron disturbios, comportándose muy rudamente, mas al final el poder del Señor fue sobre ellos, y quedaron confundidos. Al día siguiente Jacob Bottomly, un Ranter importante, vino de Leicester; pero el poder del Señor lo detuvo, y estuvo sobre todos ellos. También llegó allí un sacerdote, mas él también fue confundido por el gran poder del Señor. Alrededor de este tiempo, los sacerdotes, bautistas, Ranters y otros profesantes se comportaron de manera muy grosera y provocaron a la gente indecente en contra de nosotros. Nosotros enviamos un mensaje a los Ranters solicitándoles que vinieran a la reunión para que su Dios pudiera ser probado. Muchos de ellos vinieron y se comportaron muy groseramente al cantar, silbar, y bailar; pero el poder de Dios los confundió de tal manera que mucho de ellos fueron convencidos.
Después de esto me fui a Twycross, donde algunos de los mismos Ranters que habían cantado y bailado delante de mí vinieron, pero yo fui inspirado en el temor del Señor a reprenderlos; y el poder del Señor vino sobre ellos, de manera que algunos de ellos fueron convencidos y recibieron el espíritu de Dios; ellos se conviertieron en personas hermosas, viviendo y caminando sobriamente en la verdad de Cristo. Me fui a la casa de Antonio Brickley en Warwickshire donde hubo una gran reunión; varios bautistas y otros vinieron e hicieron discordia, pero el poder del Señor estuvo sobre ellos.
En esto fui a Drayton, para visitar a mis parientes, y así que llegué, Nathaniel Stephens, el sacerdote, se procuró otro sacerdote; y, habiendo dado noticia por toda la región, me mandó recado de que fuera, pues ellos no podían hacer nada sin mí. Habiendo estado separado de mi familia por tres años, no sabía cuales eran sus designios; mas al fin, fui al patio de la iglesia donde estaban los dos sacerdotes, que habían reunido abundancia de gente. Cuando llegué querían que entrara en la iglesia. Pregunté por qué razón tenía que entrar, y me respondieron, "El señor Stephens no puede resistir el frío," a lo cual les respondí que lo podía resistir tan bien como yo. Finalmente entramos en un gran vestíbulo, Ricardo Farnsworth estaba conmigo, y tuvimos una gran discusión concerniente a los sacerdotes y a sus prácticas y a cuan contrarias eran a Cristo y a Sus apóstoles. Los sacerdotes querían saber en donde estaba escrito que se prohibían los diezmos o se suprimían, y les mostré como, en el capítulo séptimo de la epístola de Pablo a los Hebreos, no solamente se suprimían los diezmos sino también el sacerdocio que los tomaba, y era suprimida y anulada la ley que instituía el sacerdocio y que ordenaba que los diezmos fueran pagados. En esto los sacerdotes incitaron a la gente a que se comportara ligeramente. Como yo conocía al sacerdote Stephens desde niño, pude bien explicar su condición, como predicaba, y como él, igual que el resto de los sacerdotes, aplicaba las promesas al primer nacimiento, que tiene que morir. Mas yo le mostré que las promesas eran a la semilla, no a muchas semillas, sino a una sola, Cristo, que es uno en el hombre y en la mujer, ya que todos tienen que volver a nacer antes de entrar en el reino de Dios. Entonces, él dijo que yo no tenía que juzgar así; mas yo le respondí que aquél que fuese espiritual podía juzgar todas las cosas. Y confesó que esto era verdaderamente las Escrituras, "Pero, vecinos," dijo, "he aquí la cuestión; Jorge Fox que viene en la luz del sol, cree ahora que debe extinguir mi luz de estrella." Mas yo respondí, "Nathaniel, dame tu mano," y entonces le aseguré que yo no extinguiría en nadie el más pequeño don de Dios, mucho menos su luz de estrella, si era verdadera luz estelar, luz de la Estrella de la mañana; y le añadí que si había él recibido de Dios, o de Cristo, algo que decir, debía decirlo de gracia sin tomar diezmos por predicar, viendo que Cristo mandó a sus ministros que dieran de gracia como de gracia habían recibido. Y le insistí en que no predicara más por diezmos o cualquier otro beneficio. Mas él retirando bruscamente su mano de la mía, dijo que en esto no cedería. Al poco rato la gente empezó a comportarse ligera y brutalmente, ante lo cual dimos por terminada la reunión; sin embargo, aquel día algunos se sintieron llenos de amor por la verdad. Antes de que nos separásemos les dije que, si era voluntad del Señor, tenía intención de estar de vuelta en la ciudad, aquel mismo día, a las siete de la noche.
Entre tanto, fui por el campo, celebré algunas reuniones y luego volví a la ciudad a las siete de la noche, y, mientras, este sacerdote se procuró siete más que lo ayudaran; debido a que el sacerdote Stephens había notificado durante una plática en Atherstone, el día de mercado, que en tal día se celebraría allí una reunión y habría controversia conmigo. Yo nada sabía de esto, habiéndome dicho solamente que aquel día tenía que estar en la ciudad a las siete de la noche. En esto, los ocho sacerdotes reunieron varios cientos de personas, los más de los campos de por allí cerca, y querían que yo entrara en la iglesia a lo que me negué, y subiendo a una montaña les hablé, y también a la gente. Conmigo estaban Tomás Taylor, que había sido sacerdote, Jaime Parnell, y otros varios Amigos. Los sacerdotes creían que aquel día pisotearían la verdad, mas la verdad fue sobre ellos. Entonces se mostraron más vanos y la gente más grosera, y los sacerdotes no querían sostener la prueba conmigo, sino que querían andar contendiendo de acá para allá, ahora un poco con un Amigo luego con otro. Finalmente, un sacerdote trajo a su hijo que discutiera conmigo, el cual enseguida quedó en silencio; cuando no sabía como responder, iba y le preguntaba a su padre, quedando éste confundido al contestar por su hijo; y cuando estuvieron exhaustos se marcharon, llenos de ira, a beber a casa del sacerdote Stephens. Cuando se marcharan, dije, "Nunca estuve en lugar alguno donde tantos sacerdotes juntos no fueran capaces de sostener una prueba conmigo," y, ante esto, ellos y algunas de sus mujeres, se acercaron a mí y empezaron a celebrarme y a adularme servilmente; diciendo a cuanto hubiera podido llegar de no haber sido por los cuáqueros; y empezaron a empujar a los Amigos, de un lado para otro, separándolos de mí y tirando de mí hacia ellos. Al poco rato vinieron unos individuos depravados que cogiéndome en sus brazos me llevaron hasta el pórtico de la iglesia, con la intención de hacerme entrar en ella, por la fuerza; pero como la puerta estaba cerrada, cayeron en un montón sosteniéndome sobre ellos. Así que pude me levanté de encima de ellos y me fui otra vez a la montaña. Entonces, sacándome de aquel sitio, me llevaron junto al muro de la iglesia y me pusieron sobre un pedestal, como un taburete, y, volviendo todos los sacerdotes, se mezclaron con el gentío, y se pusieron a gritar, "Vengan, den argumentos, den argumentos," y yo les dije que no prestaba oído a sus voces, que eran voces de asalariados y extraños; y al oír esto, gritaron, "Pruébelo, pruébelo," para lo cual les indiqué el capítulo diez del evangelio de Juan, donde podían ver lo que Cristo había dicho de los que eran como ellos. Él declaró que era el buen Pastor, que daba la vida por Sus ovejas y que Sus ovejas conocían Su voz y le seguían, mientras que el asalariado, ve al lobo que viene y deja a las ovejas y huye, porque él es asalariado. Y me ofrecí a probar que ellos eran todos asalariados. Entonces los sacerdotes me echaron del pedestal y se subieron poniéndose ellos sobre otros, al lado del muro de la iglesia.
En esto sentí que el gran poder de Dios se levantaba sobre todos, y, a pesar de que la gente empezaba a comportarse de una manera un poco ruda, les dije, que si querían escucharme en calma les probaría con las Escrituras el por qué negaba yo a aquellos ocho sacerdotes o maestros, que estaban ante mí; y a todos los maestros asalariados del mundo, quienquiera que fueren; y que yo les probaría con las Escrituras cuanto les dijera, en lo que consintieron sacerdotes y laicos. Entonces les mostré, como según los profetas Isaías, Jeremías, Ezequiel, Miqueas, Malaquías y otros, ellos seguían los mismos pasos de aquellos contra los cuales Dios envió a sus verdaderos profetas, porque, añadí, "Ustedes son como aquellos contra los cuales clamó el profeta Jeremías, capítulo 5, cuando dijo, 'Los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos;' lo que él calificó de asombroso y horrible. Ustedes son los que usan sus lenguas y dicen: Así dice el Señor, cuando el Señor nunca dijo tales cosas. Son como los que siguieron en sus propios espíritus; y no vieron nada; sino que hablaron adivinaciones de sus propias mentes; y por sus mentiras y su ligereza causaron que la gente errara. Jer 14:14-17. Ustedes son como los que buscaron sus ganancias por propio su lado; que eran como perros necios comilones, que nunca tienen suficiente, a quienes el Señor envió su profeta Isaías para hablar en contra de ellos: Isa. 56:11. Ustedes son como los que enseñaron por puñados de cebada y por pedazos de pan, que cosen vendas mágicas para todas las manos, para que puedan estar tranquilamente en sus pecados. Eze 13. Ustedes son como los que enseñaron por lana, y convirtieron al pueblo en rapiña. Eze 34. Pero el Señor está reuniendo a sus ovejas, sacándolas de las bocas de ustedes, y de sus montes baldíos; y los está llevando a Cristo, el único pastor, a quien ha puesto sobre sus rebaños; como lo ha declarado por su profeta Ezequiel que lo haría. Ustedes son como los que adivinaban por dinero, y predicaban por paga; y al que no les da de comer, proclaman guerra contra él, como se quejó el profeta Miqueas en el capítulo 3." Y así repasé los profetas de manera muy larga para repertirlo aquí. Y al llegar al Nuevo Testamento, les mostré a partir de él que ellos eran como los principales sacerdotes, escribas y fariseos, a quienes Cristo había declarado sus ayes. Mat 23. Y que ellos eran apóstoles tan falsos que los verdaderos apóstoles hablaron en contra de ellos, como los que enseñaron por ganancias deshonestas; como los anticristos y engañadores contra los cuales proclamaron, que se ocupaban de las cosas terrenales, y no sirvieron al Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres; porque los que sirvieron a Cristo lo hicieron gratuitamente y predicaron gratuitamente, como él se los mandó. Pero los que no predican sin paga, ni diezmos, ni medios externos, sirven a sus propios vientres, y no a Cristo; y por medio de las buenas palabras de las escrituras, y las palabras fingidas de ellos mismos, ellos hicieron mercadería con el pueblo en ese entonces, así como (yo digo) ustedes hacen ahora. Cuando hube citado mucho las escrituras, y les hube mostrado cómo ellos eran como los fariseos, deleitándose al ser llamados maestros, al andar con ropas largas, y al estar de pie orando en las sinagogas, al tener los primeros asientos en las cenas , y cosas por el estilo; y cuando los hube asociado a la vista de la gente con los falsos profetas, engañadores, escribas y fariseos, y les hube mostrado sin excepción cómo las tipos como ellos serían juzgados y condenados por los verdaderos profetas, por Cristo y por los apóstoles; los dirigí a la luz de Jesús, quien ilumina a cada hombre que viene al mundo; para que con ella ellos puedan ver si estas cosas son ciertas como yo las había dicho. Y cuando apelé a aquello de Dios en sus conciencias, la luz de Jesús en ellos, ellos no pudieron soportar oírlo. Ellos estuvieron todos en silencio hasta ese momento; pero entonces un profesante dijo: 'Jorge, ¿no vas a terminar nunca de hablar?' Yo le dije que terminaría pronto. Así que seguí por un poco más de tiempo, y aclaré las cosas con ellos en el poder del Señor. Cuando hube terminado, todos los sacerdotes y la gente estuvieron en silencio por un momento; por lo menos uno de los sacerdotes dijo que ellos quisieran leer las escrituras que yo había citado. Yo les dije que aceptaba con agrado que ellos las leyeran. Ellos comenzaron a leer el capítulo 23 de Jeremías, y allí ellos vieron las señales de los profetas falsos contra los cuales él habló. Cuando hubieron leído un versículo o dos, yo les dije: 'Tomen nota, ustedes en el pueblo', pero los sacerdotes dijeron: 'Calla tu boca, Jorge'. Yo les pedí que leyeran todo el capítulo, porque todo el capítulo hablaba en contra de ellos. Entonces ellos se detuvieron, y no quisieron leer más; sino que me hicieron una pregunta. Yo les dije que les contestaría su pregunta, habiendo admitido lo primero que yo les dije y los acusé: que ellos eran profetas falsos, maestros falsos, anticristos, y engañadores, como lo habían dicho los verdaderos profetas, Cristo y los apóstoles. Un profesante dijo que No a esto; pero yo dije: 'Sí: porque el que ustedes dejen ese tema para ir a otro, parece dar prueba de la primera acusación'. Entonces yo les contesté su pregunta, la cual era: Siendo que esos falsos profetas eran adulterados, si es que yo juzgaba que el sacerdote Stephens era un adúltero. A lo cual yo les respondí que él era adulterado de Dios en su práctica, como esos falsos profetas y como los judíos. Ellos no se opusieron para vindicarlo sino que terminaron la reunión. Entonces los sacerdotes susurraron algo entre ellos, y Stephens vino a mí y me pidió si mi padre, mi hermano y yo podíamos ir adentro con él para que él pueda hablar conmigo en privado mientras que el resto de los sacerdotes mantenían a la gente lejos de nosotros. Yo me resistí mucho a ir adentro con él; pero la gente gritaba 'Ve Jorge, hazlo, ve con él adentro.' Teniendo temor de que si no iba sería desobediente a mis padres, me fui mientras el resto de los sacerdotes mantendrían a la gente afuera; pero ellos no pudieron porque la gente quería oír y se acercaron a nosotros. Yo le pregunté al sacerdote qué era lo que él tenía que decir. Él dijo que si él estaba fuera del camino que yo orara por él, y que si yo estaba fuera del camino, que él oraría por mí, y que él me daría una forma de palabras para que yo orara por él. Y le contesté: ‘Me parece que usted no sabe si está en el camino correcto o no; pero yo sé que yo estoy en el camino eterno, Cristo Jesús, del cual usted está fuera. Y usted me quiere dar la forma de las palabras para que yo ore, sin embargo usted niega el Libro Común de la Oración para orar con él también como yo, y yo lo niego como también la forma de las palabras. Si usted quisiera que yo orara por usted con una forma de palabras, ¿no es esto negar la doctrina y la práctica del apóstol de orar por el espíritu, a medida que éste da palabras y sonidos?' En esos momentos la gente comenzó a reírse, pero yo fui inspirado a hablar más con Stephens. Cuando hube aclarado las cosas con él y con ellos, nos separamos; antes de irme yo les dije que, si Dios lo permite, yo estaría en esa ciudad otra vez esa tarde a las siete. Así que los sacerdotes se fueron, y muchas personas fueron convencidas ese día; porque el poder del Señor vino sobre todos.
A pesar de que, aquel día, creían haber confundido la verdad, muchos se convencieron y muchos que ya lo estaban, ante lo que vieron aquel día, se confirmaron en ella y en ella vivieron; todo lo cual fue un gran choque para los sacerdotes. Mi padre en la carne, a pesar de que oía y seguía a los sacerdotes, dio un golpe en el suelo con el bastón, y dijo, "Bien veo que él está que por la verdad será vindicado."
Me fui, viajando por la región, hasta aquel día a las siete de la noche y entonces volví porque debíamos celebrar una reunión en casa de mis parientes. En esto, el sacerdote Stephens, que lo sabía de antemano, se había procurado otro sacerdote, y, teniendo con ellos un grupo de soldados, me mandaron a buscar para que fuera a verlos; mas yo les mandé unas palabras de que se iba a celebrar nuestra reunión, a la que podían asistir si querían. Los sacerdotes no vinieron, pero sí los soldados y mucha gente grosera. Habían ellos tramado que los soldados tomaran el nombre de cada uno y después les dieran orden de que se fueran a su casa; llevándose con ellos al que no quisiera obedecerles. Empezaron de acuerdo con lo tramado, y tomaron varios nombres de los allí reunidos, mandándoles después que se fueran a su casa, mas cuando llegaron a mí, para tomar mi nombre, mis parientes les dijeron que yo estaba ya en mi casa y que por lo tanto esta vez no podían llevarme. A pesar de esto tomaron mi nombre, mas el poder del Señor fue sobre ellos y se marcharon, así tanto los profesantes como los soldados, estaban irritados y humillados de no haber conseguido su objeto. No obstante, varios se convencieron, admirando el amor y el poder de Dios. Y uno estaba allí, que era aquel que dijo de mí al sacerdote Stephens, "Nunca creció en Inglaterra planta como esta." Y, sin embargo, luego fue contando que yo había sido elevado en las nubes y lo encontraron otra vez lleno de oro y plata, e hizo correr sobre mí, muchas mentiras y noticias falsas: mas el Señor las destruyó todas. La razón por la cual yo no quería ir a la iglesia, era porque yo iba a dar testimonio en contra de ella y a sacar a todos de tales lugares para llevarlos al Espíritu de Dios, para que así pudieran saber que sus cuerpos eran los templos del Espíritu Santo; y a sacarlos de sus maestros asalariados para llevarlos a Cristo, su Maestro gratuito, que murió por ellos y los rescató con Su sangre.
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