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UN DIARIO
Siendo este un breve informe de las muchas bendiciones de Dios a los hombres, Por William Penn, el querido amigo de Jorge Fox,
William Penn, fundador de Pensilvania and West Jersey, era un intelectual en su época, de clase alta y muy educado, quien hablaba varios idiomas. En pago por la deuda que el rey tenía con su padre, el rey le dio territorios muy grandes en el nuevo mundo, los que ahora son Pensilvania y Nueva Jersey. Sin embargo, todos fueron infructuosos, y a la edad de veinticuatro él se convirtió en ministro de la Sociedad d eAmigos, y a través de su larga vida sirvió fielmente a su Maestro. Antes que el almirante Penn mueriera, sus creencias cambiaron en gran manera, y confesó que su hijo había sido sabio al escoger el servicio de Cristo, antes que el aplauso del mundo. EL PRÓLOGO MUCHAS han sido las dispensasiones de Dios desde la creación del mundo hacia los hijos de los hombres; pero el gran fin de todas ellas ha sido el prestigio de su propio nombre excelente en la creación y la restauración del hombre. El hombre restaurado, emblema de sí mismo, como un dios en la tierra, y gloria de todas sus obras. El mundo comenzó con inocencia. En aquel entonces todo lo que el buen Dios había hecho era bueno; y a medida que él bendijo la obra de sus manos, sus naturalezas y su armonía magnificaron a su Creador. Entonces las estrellas de la mañana cantaron juntas con gozo, y todas las partes de su obra dijeron amén a su ley. No había discordia en todo el orden de cosas; sino el hombre en el paraíso, las bestias del campo, las aves en el aire, los peces en el mar, las luces en los cielos, los frutos de la tierra. Sí, el aire, la tierra, el agua, y el fuego adoraron, alabaron y exaltaron su poder, su sabiduría y su bondad. ¡Oh santo día de reposo! ¡Oh santo día del Señor! Pero la dispensasión exterior que prosiguió al oscuro estado del hombre después de su caída, especialmente entre los patriarcas, era generalmente la de los ángeles; como las escrituras del Antiguo Testamento expresan en muchos lugares, como a Abrahán, Jacob, etc. La siguiente dispensasión fue la ley de Moisés, la cual, como dice el apóstol, también fue entregada por ángeles. Esta dispensasión era externa, y apropiada para un estado bajo y servil; llamada, por lo tanto, por el apóstol Pablo, la de un maestro, para señalar y preparar a la gente para que miren y anhelen al Mesías, quien los libraría de la servidumbre de la dispensasión ceremoniosa e imperfecta, al conocer las realidades de aquellas representaciones misteriosas en ellos mismos. En ese tiempo la ley fue escrita en piedra, el templo fue construído por manos, atendido por un sacerdocio externo con ritos y ceremonias externas que eran sombra de las cosas buenas que habrían de venir. Estas sombras sólo servirían hasta que viniera la simiente (la manifestación más excelente y general de Cristo). La simiente, Cristo, habiendo sido prometida a todos los hombres, en quienes siempre fue el 'sí y el amén'; y aún vida de la muerte, para inmortalidad y vida eterna. Los profetas previeron esto, y consolaron a los judíos creyentes en la certeza de su promesa. Cristo sucedió a la dispensasión mosaica, la cual terminó con el ministerio de Juan, el precursor del Mesías. Porque el ministerio de Juan terminó en Cristo, la plenitud de todo. Dios, quien en varias ocasiones y de varias formas en el pasado había hablado a los padres, ahora le habló a los hombres por medio de su hijo Jesucristo, 'quien es heredero de todas las cosas'. Siendo Cristo el día de las buenas nuevas, lo cual es la dispensasión de la heredad de Dios. Cristo trajo un testamento más cercano y una esperanza mejor, y aún el comienzo de la gloria de los últimos días, y de la restitución de todas las cosas; sí la restauración del reino de Israel. Ahora el espíritu, que había sido comunicado más moderadamente en las dispensasiones antiguas, comenzó a ser 'derramado sobre toda carne' de acuerdo con el profeta Joel, y la luz que resplandece en las tinieblas, sólo sutilmente antes, el Dios más misericordioso causó que brillara en al oscuridad, y el lucero de la mañana comenzó a salir en los corazones de los creyentes, dándoles el conocimiento de Dios en el rostro (o la apariencia en ellos) de su hijo Cristo Jesús. Ahora los pobres en espíritu, los mansos, los verdaderos dolientes, los que tienen hambre y sed de justicia, los pacificadores, los puros de corazón, los misericordiosos y los perseguidos, venían más especialmente a la memoria del Señor, y fueron buscados y bendecidos por el verdadero pastor de Israel. La vieja Jerusalén con sus hijos llegó a ser obsoleta, y la nueva Jerusalén llegó a tener demanda, la madre de los hijos del día del evangelio. Por esta razón Dios no sería adorado sobre otros lugares en la vieja Jerusalén o en las montañas de Samaria; porque, he aquí, él es, de acuerdo con su hijo, declarado y predicado como un espíritu, y será conocido como tal, y adorado en espíritu y verdad. Él se acercará más que en el tiempo antiguo, y escribirá su ley en el corazón, y pondrá su temor y su espíritu en el interior, de acuerdo con su promesa. Entonces las señales, tipos y sombras desaparecieron, cuando el Día descubrió sus insuficiencias al no haber alcanzado la parte interior de la copa, para limpieza de la conciencia; y todos los servicios elementales se terminaron en él y por él, quien es la sustancia de todo. Y los apóstoles testificaron de este fin grande y bendito de la dispensasión del hijo de Dios; estos apóstoles, a quienes él había escogido y ungido con su espíritu para hacer volver a los judíos de su prejuicio y su superstición, y para hacer volver a los gentiles de su vanidad e idolatría, a la luz y el espíritu de Cristo que brillaba en ellos; para que ellos pudieran recibir vida y rehuir la muerte en que se encontraban por causa de sus pecados y transgresiones, para servir al Dios viviente en la novedad del espíritu de la vida, y para que caminaran como hijos de la luz, y del día, incluso del día de santidad. Porque ellos son los que se han 'revestido de Cristo', la luz del mundo, 'y no proveen para los deseos de la carne.' Para que la luz, el espíritu y la gracia que vienen de Cristo, y que aparecieron en el hombre, fueran ese principio divino a partir del cual los apóstoles ministraron, y al cual hicieron que se volvieran las mentes de las personas, y en el cual ellos se reunieron y edificaron las iglesias de Cristo en sus días. Para realizar esta gracia, ellos les aconsejaron que no ahogaran el espíritu, sino que esperaran al espíritu, y hablaran por el espíritu, y oraran por el espíritu, y también caminaran en el espíritu; porque tales acciones controladas por el espíritu mostraban que eran verdaderos hijos engendrados por Dios, 'nacidos no de carne ni de sangre, ni de la voluntad del hombre, sino de la voluntad de Dios'; al hacer su voluntad y negar la de ellos, al beber de la copa de Cristo, y ser bautizados con su bautismo de negación propia; este era el camino y el sendero por el cual todos los herederos de la vida siempre han caminado hacia la bendición. Pero ¡ay! Aún en el tiempo de los apóstoles (esas estrellas brillantes de la luz del evangelio de primera magnitud), algunas nubes (prediciendo un eclipse de su gloria primitiva), comenzaron a aparecer; y varios apóstoles dieron una advertencia temprana acerca de los cristianos de su tiempo; que aún entonces había, y después hubo más y más, un deterioro del poder de santidad y la pureza de esa dispensasión espiritual, por aquellos que pensaban que eran rectos en la carne, evitando las privaciones de la cruz. En consuelo, ellos vieron más allá de la caída hacia un tiempo más generoso que nunca, a la iglesia verdadera. Su visión era certera, y lo que ellos predijeron acerca de las iglesias, unidas por ellos en el nombre y poder de Jesús, se hizo realidad; porque los cristianos se corrompieron llendo hacia las observancias exteriores: en días, en comidas, y en varias otras ceremonias. Y lo que era peor, ellos entraron en disputas y contiendas acerca de estas cosas, separándose unos de otros. Ellos se tuvieron envidia unos a otros, y a medida que obtuvieron poder, se persiguieron unos a otros, para vergüenza y escándalo de la cristiandad común. Tales persecusiones se convirtieron en una grave piedra de tropiezo que ofendía a los paganos; habiendo el Señor por tanto tiempo y tan maravillosamente preservado a los cristianos entre los paganos. Cuando al final los cristianos obtuvieron el poder terrenal en sus manos, por medio de reyes y emperadores que adoptaron la profesión cristiana, cambiaron el concepto del reino de Cristo, que no es de este mundo, a un reino mundano; o por lo menos diseñaron el reino mundano que estaba en sus manos como si fuera el reino de Cristo. De esta manera se hicieron mundanos, y no cristianos verdaderos. Las innovaciones y novedades humanas, tanto en doctrina como en adoración, fueron introducidas rápida y masivamente dentro de la iglesia. La puerta estaba abierta a estas novedades por la vulgaridad y carnalidad que apareció entre los cristianos en general, quienes hace tiempo habían dejado la guía del espíritu manso y celestial, y se habían entregado a la superstición, a la adoración de la voluntad, y la humildad falsa. Y como la superstición es ciega, también es violenta y furiosa; porque todos deben inclinarse a su celo ciego y sin límites, o morir por él. En el nombre del espíritu, la misma apariencia del espíritu de Dios en otros fue perseguida y opuesta; lo mismo que ellos resistían en ellos mismos, a saber, la luz, gracia y espíritu del Señor Jesucristo. Esto siempre se hizo bajo la acusasión errada de la innovación, herejía, cisma, o algún otro nombre convincente. A pesar que la cristiandad no permite excusas o pretensión alguna por perseguir a cualquier hombre por cuestiones de religión, ciertos así llamados cristianos persiguieron a otros hombres. La naturaleza misma de la verdadera cristiandad es mansa, suave y tolerante, y consiste de fe, esperanza, y caridad; ningún perseguidor puede reclamar que tiene esto. El hombre no puede creer bien, o esperar bien, o tener una consideración generosa y sensible por otros, mientras viola la mente de otra persona o persigue a otra persona por cuestiones de fe o adoración hacia la persona de Dios. Así surgió y montó su trono la iglesia falsa. Pero aunque había perdido su naturaleza, ella trataba de de mantener su buen nombre como la esposa del Cordero, la cual es la iglesia verdadera y madre de los fieles. Esta iglesia falsa forzaba a todos a recibir su marca, ya sea en la frente o en la mano derecha; esto es, pública o privadamente. Pero en hecho y en verdad ella era la Babilonia misteriosa, la madre de las rameras; madre de aquellos quienes, con todas sus demostraciones y religión externa, habían adulterado y se habían salido del espíritu, la naturaleza y la vida de Cristo; y habían comenzado a ser más vanidosos, mundanos, ambiciosos, codiciosos y crueles, los cuales eran los frutos de la carne, y no del espíritu. Ahora la iglesia verdadera huyó al desierto; de la superstición y la violencia a un estado retirado y solitario. Ahí la iglesia verdadera estaba escondida y fuera de la vista de los hombre, pero no fuera del mundo. De acuerdo al juicio del Espíritu Santo, su visibilidad usual no era esencial para que fuera la iglesia verdadera. Ella de la misma manera una iglesia verdadera en el desierto, aunque no era tan visible y reluciente, como cuando estaba en el esplendor de su profesión anterior. En este estado ella hizo muchos intentos de regresar, pero las aguas del mundo estaban muy altas, y su camino estaba obstruído. Muchos de sus excelentes hijos, en muchas naciones y siglos, cayeron bajo la crueldad de la superstición, porque no se desviaron de su fidelidad a la verdad. La reforma de la última era hizo a la iglesia regresar ligeramente a la iglesia verdadera, tanto en doctrina, como adoración y práctica. Pero su práctica falló rápidamente, porque su maldad fluyó rápidamente entre los profesantes de la reforma, ya que la maldad existía en la iglesia que ellos trataron de reformar. Ellos no se distinguieron por los frutos de su conversación. Y los hijos de la reforma, sino los reformadores mismos, cayeron muy pronto en el uso de la política y el poder mundanos para defender y continuar su reforma, la cual se había comenzado sólamente con armas espirituales. Yo he pensado muchas veces que su uso del poder y políticas mundanas era una de las razones más importantes por la cual la reforma no progresó más hacia la vida y el alma de la religión. Porque mientras los reformadores eran modestos y con una mente espiritual, y confiaban en Dios y lo miraban a Él, y vivían en su temor, y no consultaban a la carne ni la sangre, ni buscaban la liberación por sus propios medios, cada día se agregaban a la iglesia aquellos que, uno podría decir razonablemente, deberían ser salvos. [Penn está diciendo de manera diplomática que la gente que dice que creen en Jesús y se unen a una iglesia, aún necesitan ser salvos]. Ellos tenían cuidado de evitar la persecución, en vez de ser fieles e inofensivos bajo ella. En vez de estar más preocupados de esparcir la verdad por su fe y paciencia bajo la tribulación, ellos se enfocaron en tomar el poder mundano de las manos de aquellos que les infligían sufrimiento; y todo hubiera estado bien mientras el Señor no los dejara caer de la misma manera que decidieron levantarse, a través de cambios de poder mundano. En la doctrina estaban cortos en algunas cosas; en otras cosas, para evitar un extremo, se fueron al otro. Y en cuanto a su adoración, generalmente ésta se derivaba más y más del hombre que de Dios. En verdad ellos tenían el espíritu, inspiración y revelación, y fundaron su separación y reforma en el sentido y el entendimiento que recibieron del espíritu, al leer las escrituras de la verdad; y éste era su pretexto: las escrituras eran su texto, el espíritu el intérprete, y cada uno fue dejado a interpretar por sí mismo. Pero aún había mucha intervención humana, tradición y arte que todavía quedaba tanto en la oración como en la predicación. También había mucha autoridad mundanal y grandeza mundanal en sus ministros, especialmente en Inglaterra, Suecia, Dinamarca y algunas partes de Alemania. Por lo tanto Dios estaba contento de transferir la gente de Inglaterra de una secta a otra. Y el cambio siguiente de secta estaba caracterizado por un ministerio humillado, de manera que eran más estrictos en sus predicaciones, devotos en la oración, y celosos de guardar el día del Señor, y de darles el catequismo a los niños y los siervos, y repitiendo en sus hogares a sus familias lo que habían escuchado en público. Pero aún a medida que esta secta creció en poder, no estaban solamente de parte de forzar algunos fuera del templo, sino también de forzar algunos hacia el templo. Y ellos parecían ser rígidos en sus espíritus, en vez de estrictos en sus vidas; y defendían más una secta que la piedad. Esto dio paso a otra gente, que eran aún más retirados y selectos. Ellos no se comunicaban de manera general o en particular con otras personas; pero formaban iglesias entre ellos mismos de aquellos que podían testificar de alguna manera de conversación, por lo menos de experiencias muy prometedoras de la obra de la gracia de Dios sobre sus corazones, y bajo acuerdos mutuos y pactos de hermandad, se mantenían juntos. Estas personas eran algo más suave de temperamento, y parecían promover la religión por las virtudes de su amor, misericordia y bondad, en vez de por los terrores de su juicio y castigos; por los cuales la secta previa aterrorizaba a la gente para que entraran en la religión. Ellos también permitieron más libertad para profetizar que la que permitieron aquellos que estuvieron antes; ya que le permitieron a cualquier miembro hablar u orar además de su pastor, a quienes ellos siempre elegían en vez de ser elegidos por el gobierno. Si alguno tenía algo apremiante que orar o decir, tenían libertad de hablar en la asamblea, aún sin la distinción del clero o de laicos; incluyendo personas de cualquier oficio, no importa lo bajo o mecánico que fuera. Pero ¡ay! Aún estas personas sufrieron gran pérdida; porque al recibir una probada del imperio mundano, y el favor de los príncipes, y la ganancia resultante, se degeneraron demasiado. Habían menospreciado iglesias nacionales, y ministerios, y su mantenimiento. Pero cuando fue su turno de ser probados, algunos de ellos cayeron bajo el peso del honor y la ventaja mundana, habiendo obtenido parroquias muy rentables, y sobrevivieron y contradijeron sus propios principios. Aún peor, algunos de ellos se convirtieron en perseguidores absolutos de otros hombres en el nombre de Dios, habiendo sido perseguidos ellos mismos anteriormente. Aquellos que eran perseguidos se rebelaban en contra de sus perseguidores hacia una nueva fórmula de salvación, y ésta era hacia el agua: otro bautismo; creyendo que no habían sido bautizado de acuerdo a las escrituras, y teniendo la esperanza de encontrar la presencia y el poder de Dios, al someterse a la ordenanza del agua, la cual deseaban y querían. Estas personas también negaban el aprendizaje humano como calificación para el ministero, al renunciar o censurar cualquier calificación que no fuera la ayuda y los dones del Espíritu de Dios, y esos dones que por naturaleza eran comunes a los hombres; y por un tiempo ellos se parecían a Juan Bautista de antiguo, una luz candente y brillante, para las otras sociedades. Ellos eran muy diligentes, simples y serios, fuertes en las escrituras, y valientes en la profesión, soportando muchos reproches y oposición. Pero aquello por lo cual otros cayeron, también resultó ser el origen de su fracaso. Porque el poder mundano también los estropeó, ya que tenían suficiente de éste como para probarlos, para mostrar que harían si tuvieran más; y ellos también confiaron mucho en su dispensasión del agua, en vez de pasar más completamente a aquella que es por fuego y por el espíritu, el cual era Su bautismo, quien vino con un 'rastrillo en su mano, para limpiar completamente (y no en parte solamente) su era', y quitar la escoria y el estaño de su pueblo, y hacer al hombre más fino que el oro. Por lo tanto, ellos se elevaron a sí mismos, se hicieron toscos y con pretensiones de superioridad moral, oponiéndose a los logros adicionales; perdiendo de vista su infantilidad y su pequeñez, las cuales les habían dado algo de verdadera belleza. Tantas personas los dejaron, como también iglesias visibles y sociedades, para vagar de arriba hacia abajo como ovejas sin pastor, y como palomas sin sus parejas, buscando a su amado. Pero no pudieron encontrarlo, como sus almas deseaban conocerlo, a quien sus almas amaban más que su gozo más grande. Estas personas fueron llamados Buscadores por algunos, y la Familia de Amor por otros. Cuando se dieron cuenta los unos de los otros, algunas veces se reunian; pero no formalmente para orar o predicar, en lugares y horarios fijos, en su propia voluntad, como habían estado acostumbrado en el pasado; sino que esperaban juntos en silencio, y cuando algo surgía en sus mentes que ellos pensaban que era de Dios, a veces hablaban. Después de una abundancia de revelaciones, algunas de estas personas, al no mantenerse en la humildad y el temor de Dios, fueron exaltadas más allá de su medida; y por no mantener sus mentes en una dependiencia humilde de aquel que les abrió el entendimiento para ver grandes cosas en su ley, ellos se salieron en sus propias imaginaciones. Mezclando sus imaginaciones con sus revelaciones divinas, produjeron un nacimiento monstruoso, para escándalo de aquellos que temían a Dios, y que esperaban diariamente en el templo, no hecho con manos, para la consolación de Israel; el Judío en el interior, circuncidado de espíritu. Estas personas obtuvieron el nombre de Ranters (habladores) por sus discursos y prácticas extravagantes. Porque ellos interpretaron el cumplimiento de la ley por parte de Cristo para nosotros, para liberarnos de cualquier obligación y deber que la ley requería de nosotros. En vez que la fe y el arrepentimiento reemplazaran la ley, ellos creían que no era pecado hacer aquello que antes había sido pecado cometer. Ellos creían que el temor servil de la ley fue quitado por Cristo, y que cualquier cosa que el hombre hiciere estaba bien, si así lo creía él. Tantos cayeron a la inquidad flagrante y masiva; pretendiendo como excusa que ellos podían cometer los mismos actos que eran pecados para otros; así haciendo de la intención el juez del pecado. Esto aumentó el pecado por el aumento de la gracia, y convirtió la gracia de Dios en falta de restricción del mal, dando licencia a una manera de pecar más segura que antes; como si Cristo hubiera venido, no para salvaros de nuestros pecados, sino para salvarnos mientras pecamos; no para quitar nuestros pecados, sino para que podamos pecar más libremente a costas de Él, con menos peligro para nosotros. Esto interesó a muchos, y los trajo a una pérdida triste y completa de su estado eterno; y se hicieron muy problemáticos a las personas responsables. Ellos también le dieron a las personas que practicaban el pecado una excusa para su comportamiento malvado. Alrededor de este tiempo, como uster verá en los siguientes escritos, que al Dios eterno, sabio y bueno le agradaba, en su amor infinito, honrar y visitar este mundo confuso y falto de luz con su día glorioso - primavera de lo alto. Dios proveyó un seguro y certero sonido de su palabra de luz y vida, por medio del testimonio de un instrumento escogido. Este testimonio era efectivo y benditamente resuelto, del cual muchos miles pueden decir ¡Gloria sea al nombre del Señor para siempre! Porque a medida que este testimonio llegó a la conciencia, y quebrantó el corazón, trajo a muchos a un sentido y una búsqueda. Lo que la gente había buscado vanamente en el exterior, con mucho dolor y costo, por este ministerio encontraron en el interior lo que habían querido y buscado: el camino correcto a la paz con Dios. Porque fueron dirigidos a la luz de Cristo Jesús dentro de ellos, como la simiente y levadura del reino de Dios; cerca de todos, porque está en todos, y el talento de Dios para todo. Siendo la luz de Cristo dentro de ellos un fiel y verdadero testimonio y monitor justo en cada corazón. Siendo la luz de Cristo el don y la gracia de Dios para vida y salvación, que aparece a todos, aunque pocos lo consideran. El cristiano tradicional despreció esta luz como una cosa baja y común, o se le opuso como a una novedad, bajo muchos nombres y términos duros. Por causa de la presunción tradicional del cristiano acerca de sí mismo, siendo fuerte en su voluntad y justicia propia, y embargado de celo ciego y pasión; él negó, en su mente ignorante y airada, cualquier manifestación del poder y el espíritu de Dios en estos días, aunque nunca fue más necesario para hacer verdaderos cristianos. Esta negativa era similar a la de los Judíos antiguos, quienes rechazaron a Dios al mismo tiempo que ciegamente profesaron estar esperando la venida del Mesías; porque él no se había aparecido como sus mentes carnales habían esperado. Esta confianza en la luz de Cristo produjo muchos libros abusivos, que llenaron a mucha gente de envidia, y algunos con rabia. Para aquellos que recibieron la luz de Cristo, esta rabia y envidia hizo que el camino y el progreso de este bendito testimonio fuera en realidad angosto y estrecho. Sin embargo, Dios era dueño de su obra; este testimonio alcanzó, reunió, consoló y estableció eficazmente a los cansados y cargados, los hambrientos y sedientos, los pobres y necesitados, y los afligidos y enfermos de muchos males, que han gastado todo en médicos sin valor, y han esperado el alivio del cielo, siendo su única ayuda proveniente de arriba. Después de intentar todo, estas personas vieron que nada más les puede ayudar sino Cristo mismo, la luz de su semblante, un toque de su túnica, y ayuda de su mano. La única ayuda verdadera viene de aquel que curó la enfermedad de la pobre mujer, levantó al siervo del centurión, el hijo de la viuda, la hija del gobernante, y la madre de Pedro. Y, como ella, apenas habían sentido su poder y efecto sobre sus almas, se entregaron para obedecerle como testimonio a su poder; obedeciéndole con su voluntad resignada y corazones fieles, a pesar de todas las burlas, contradicciones, confiscaciones, golpizas, prisiones, y muchos otros riesgos que enfrentaron a causa de su bendito nombre. Y verdaderamente, sus problemas eran muchos y muy grandes; de manera que de acuerdo a toda la probabilidad humana ellos debieran haber sido tragados rápidamente por las olas orgullosas y tempestuosas que se subieron contra ellos y los golpearon, si no fuera que el Dios de todas sus misericordias estaba con ellos en su autoridad gloriosa, de manera que los montes a menudo huyeron, y las montañas se derritieron ante el poder que las llenaba; obrando poderosamente por ellos, como también en ellos, una cosa siempre después de la otra. Por lo cual ellos vieron claramente, para su gran confirmación y consuelo, 'que todas las cosas eran posibles en Cristo.' Y mientras más requería Dios, lo cual parecía contrariar la sabiduría del hombre y exponerlos a la ira humana, más parecía Dios ayudarlos y llevarlos a través de toda la oposición para su gloria. La ayuda de Dios era tan grande que si algún pueblo alguna vez hubiera podido decir en verdad 'Tú eres nuestro sol y nuestro escudo, nuestra roca y santurario, y contigo hemos asaltado murallas, y contigo hemos nos hemos lanzado contra un ejército, y contigo hemos puesto en fuga los ejércitos extranjeros,' esta gente tenía el derecho a decirlo. Y cuando Dios había liberado sus almas de las cargas pesadas del pecado y la vanidad, y enriquecido su pobreza de espíritu, y satisfecho su gran hambre y sed de justicia eterna, y los había llenado de cosas buenas provenientes su propia morada, y los había hecho mayordomos de sus múltiples dones; así ellos fueron a todas partes en estas naciones, para declararles a sus habitantes lo que Dios había hecho por ellos. Ellos declararon a todos lo que habían encontrado, y dónde y cómo lo habían encontrado: el camino a la paz con Dios; invitando a todos a que vinieran y vieran y probaran por sí mismos la verdad de lo que les habían declarado. Y su testimonio era para el principio de Dios en el hombre, la perla preciosa y levadura del reino, como los únicos medios benditos designados por Dios para dar vida, convencer y santificar al hombre. Ellos les explicaron lo que era el espíritu de Dios en el hombre, y por qué les había sido dado, y cómo podían distinguirlo de su propio espíritu, y la apariencia sutil del maligno. Y ellos explicaron lo éste haría por todos aquellos que debían volver sus mentes de la vanidad del mundo, y sus caminos y maestros sin vida. Ellos explicaron cómo adherirse a esta bendita luz por sí mismos, la cual descubre y condena el pecado en todas sus apariencias, y muestra cómo vencerlo, si se obedece en sus santas manifestaciones y convicciones. Ellos mostraron cómo la luz daba poder para evitar y resistir aquellas cosas que no agradan a Dios, y cómo fortalecerse en amor, fe y buenas obras. Las acciones de la luz proveían al hombre, a quien el pecado había hecho como un desierto, invadido por cardos y espinos, la oportunidad para llegar a ser como el jardín de Dios, cultivado por su poder divino, y rellenado con las plantas más virtuosas y hermosas plantadas por la propia mando derecha de Dios, para su alabanza eterna. Pero éstos, quienes habían experimentado las operaciones de la luz y eran predicadores de las buenas nuevas de la verdad y el reino de Dios, no podían correr cuando ellos escogieran, ni podían orar o predicar cuando quisieran; sino sólamente cuando Cristo su redentor los había preparado y movido por su propio bendito espíritu, al cual esperaban en sus servicios y reuniones, y hablaban cuando el espíritu les daba palabras. Su manera de hablar era como la de aquellos que tienen autoridad, y no como los fariseos somnolientos, secos y formales. Y así era claramente evidente a los que eran serios, el ojo espiritual de los cuales había sido abierto en alguna medida por el Señor Jesús. A uno fue dado la palabra de exhortación, a otro la palabra de reprensión, a otro la palabra de consolación; y a todos por el mismo espíritu en su buen orden, para convencer y edificar a muchos. Y ellos verdaderamente se hicieron más fuertes y audaces por medio de la fidelidad; y por el poder y espíritu del Señor Jesús se hicieron muy fructíferos. En un corto tiempo miles se volvieron a la verdad por medio del testimonio de su ministerio y sus sufrimientos. Así en muchos condados y muchas ciudades considerables en Inglaterra se establecieron reuniones; y diariamente se añadían aquellos que iban a ser salvos. Porque ellos eran diligentes en plantar y regar, y el Señor bendijo sus esfuerzos con aumento súmamente grande, a pesar de toda la oposición a su bendito progreso, por rumores falsos, calumnias, y amargas persecuciones. Esta oposición vino no sólo de los poderes de la tierra, sino de todos aquellos que quisieron dañarlos y abusarlos; así ellos parecían como pobres ovejas señaladas para la matanza, y como un pueblo asesinado durante todo el día. Tomaría un volumen completo en vez de un prólogo repetir los contenidos de sus sufrimientos crueles, causado por los "cristianos" como también por los irreverentes, y por magistrados como también por la muchedumbre. Bien se podría decir de este pueblo abusado y despreciado que ellos salieron llorando y sembraron en lágrimas, llevando el testimonio a la preciosa semilla, la semilla del reino, la cual no se sostiene con palabras (palabras que ni siquiera lo más fino y más alto del intelecto humano puede proveer), sino en poder. El reino se sostiene en el poder de Cristo Jesús, a quien Dios el Padre ha dado todo el poder en el cielo y la tierra, para que pueda reinar sobre los ángeles en el cielo, y los hombres en la tierra. Cristo les confiere poder, como testifica su obra, por los muchos que se volvieron de las tinieblas a la luz por medio de su ministerio, y del camino ancho al camino angosto de vida y paz. Esto trajo a mucha gente a una conversación seria y piadosa; la práctica de la doctrina que enseñaban. (Nota: Jesús dijo de sus verdaderos seguidores: 'Ningún siervo es más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán. Si han obedecido mis enseñanzas, también obedecerán las de ustedes.' (Juan 15:20). En el tiempo de Penn, hubieron cuatro gobiernos en Inglaterra: los de Carlos I, Oliver Cromwell, Carlos II y Jacobo II. Solamente durante el reino de Carlos II, 13,562 cuáqueros fueron encarcelados; 338 murieron de heridas infligidas en reuniones o encarcelamientos, y 198 fueron enviados a la esclavitud a otros países (Fuente: La Enciclopedia Católica). Una cantidad innumerable de otros sufrieron la confiscación de sus bienes personales como 'botín' tomado por las cortes, después de su condena por: rehusar jurar, no quitarse el sombrero en la corte, viajar en domingo, no asistir a los servicios religiosos aprovados por el estado, no pagar diezmos a las parroquias aprovadas por el estado, y por reunirse en grupos de más de cinco personas. De acuerdo con Fox en su Diario: "Los amigos nunca tuvieron temor de sus acciones, prisiones, cárceles, correccionales, destierros, o confiscación de sus bienes personales; no, ni de la pérdida de la vida misma; ni nunca hubo una persecución, pero vimos cómo resultaría en bien; ni nunca hubieron prisiones en las que yo haya estado, o sufrimientos, excepto por sacar a las multitudes de la prisión; aunque aquellos que encarcelaban la verdad, y apagaban el espíritu en sí mismos, lo encarcelarían y apagarían aún sin ellos; y hubo un tiempo en el cual tantos estaban en prisión, que se convirtió en un dicho: 'la verdad es escasa en todas partes, mas se encuentra en las cárceles'." Los sufrimientos de los primeros cuáqueros es un testimonio importante de la autenticidad de su fe, porque Cristo nos ha dicho que sus discípulos siempre encontrarían el odio en el mundo, particularmente los profesos religiosos del mundo. H.W. ) No hay un despierte y ni una regeneración de las almas muertas sin este poder secreto y divino. De manera que la falta de esta vida y poder generador y engendrador es la causa de la cantidad pequeña de fruto que producen muchos otros ministerios, tanto ahora como en el pasado. ¡Ah! ¡Que tanto los ministerios como la gente fueran sensibles a esto! My alma a menudo está consternada por ellos, y siento pesar y gran pena por ellos. ¡Ah, que ellos fueran sabios! ¡Que ellos pudieran considerar y poner en su corazón las cosas que verdadera y sustancialmente les producen una paz duradera! Hay dos cosas que debemos tratar brevemente: 1) la doctrina que ellos enseñaron, y 2) el ejemplo por el cual guiaron a muchos. Ya he tocado el punto de sus principios fundamentales, lo cual es la piedra angular de su género; y en realidad su característica, o punto principal o principio distintivo: la luz de Cristo dentro de cada hombre que viene al mundo, como el regalo de Dios para la salvación del hombre. Esto, digo yo, es la raíz del árbol piadoso de las doctrinas que crecieron y se ramificaron, lo cual ahora mencionaré en su orden natural y experimentado. El arrepentimiento de las obras muertas para servir al Dios viviente consiste en tres operaciones: Esto lleva al galardón del elevado llamado de todos los cristianos verdaderos: la perfección que se produce al no pecar, de acuerdo con las escrituras de la verdad, las cuales testifican que la perfección es el fin de la venida de Cristo, y la naturaleza de su reino, y para lo cual su espíritu es dado y fue dado. Pero esto no es una perfección en sabiduría y gloria en esta vida, o de padecimientos naturales o la muerte, como algunos han imaginado o insinuado con una mente enferma o débil. Este es un estado redimido, regenerado, o el nuevo nacimiento; y a menos que esta obra fuera conocida, no se heredaba el reino de Dios. Tercero, esto lleva a un entendimiento de los galardones y castigos eternos. Esto ellos obviamente creen. De otra manera, de toda la gente, ellos deben ser los más miserables, quienes por más de cuarenta años han sufrido en gran manera por su profesión; y en algunos casos son tratados peor que el peor de los hombres - sí, como la escoria y el desecho de todos. Este era el propósito de su doctrina y ministerio, el cual, más que nada, es lo que otros profesantes de la cristiandad pretenden tener en palabras y formas, pero no en el poder de la piedad. Lo cual, generalmente hablando, se ha perdido por mucho tiempo por hombres que han dejado aquel principio y semilla de vida que está en el hombre, y que el hombre no ha considerado, si no que ha perdido el sentido de esto. Solamente por medio de esta semilla de vida él puede ser estimulado en su mente para servir al Dios viviente en novedad de vida. Porque a medida que se perdió la vida de la religión, la mayoría de la gente vivía y adoraban a Dios de acuerdo con su propia voluntad, y no de acuerdo con la voluntad de Dios, ni la mente de Cristo, la cual estaba en las obras y los frutos del espíritu santo. Por lo tanto los cuáqueros no expresaban opiniones, sino testificaban de su experiencia, ni tampoco expresaban forma alguna de religión sino que mostraban piedad. Ellos eran sensibles en sí mismos, por medio de la obra de los juicios justos de Dios, y que sin la santidad ningún hombre verá a Dios cómodamente. Además de estas doctrinas, y a partir de ellos por ser las ramas más grandes, salieron varias doctrinas particulares, que ejemplificaron y explicaron más la verdad y la efectividad de la doctrina general observada en sus vidas y ejemplos, como se muestra a continuación: I. Comunión y amarse los unos a los otros: Este es un comentario notable de toda clase de gente concerniente a ellos mismos: 'Ellos se reunirán, ellos se ayudarán y se mantendrán juntos'. Donde es común oír a alguien decir: 'Miren como los cuáqueros se aman y cuidan unos de otros.' Otros menos moderados dirán: 'Los cuáqueros no aman a nadie sino a sí mismos.' Y si amarse unos a otros, y tener una comunión íntima en la religión, y cuidado constante de reunirse para adorar a Dios y ayudarse unos a otros es una marca de la cristiandad primitiva, ellos lo tenían en abundancia, bendito sea el Señor. II. Amar a los enemigos: Esto tanto enseñaron como practicaron; porque nunca buscaron venganza por las heridas que recibieron, y condenaron la venganza como algo de espíritu no cristiano. Pero ellos perdonaron libremente, sí, y ayudaron y aliviaron a aquellos que habían sido crueles con ellos. Ellos perdonaron y ayudaron, aún cuando la venganza estaba dentro de sus posibilidades; de lo cual se pueden dar muchos ejemplos; esforzándose, por la paciencia, a vencer toda la injusticia y la opresión, y predicar esta doctrina como cristiana para que otros la sigan. III. Ellos pensaron que era suficiente siempre decir la verdad, siguiendo el propio mandamiento de palabras de Cristo: Sea vuestro hablar: "Sí, sí" o "No, no". Ellos siguieron la prohibición expresa de Cristo, 'No juréis en ninguna manera' Mat 5:34. Estando ellos mismos bajo las ataduras y cadenas de la verdad, no había necesidad de un juramento, y hubiera sido un reproche para su honestidad cristiana garantizar su verdad por tal extraordinaria manera de hablar. Al mismo tiempo ellos ofrecieron ser castigados por hablar falsamente, de la misma manera que otros por perjurio, si es que eran culpables de ello. Ellos excluyeron todas las maldiciones, por las cuales la tierra está desierta, y el gran Dios estaba y está ofendido de manera no pequeña. IV. No pelear, sino sufrir, es otro testimonio peculiar de este pueblo. Ellos afirman que la cristiandad le enseña a la gente a 'forjar espadas de sus azadones y lanzas de sus hoces, a no aprender más de guerra, para que el lobo pueda morar con el cordero, y el león con el becerro, y nada que destruya estará en el corazón de la gente'; exhortándolos a usar su celo contra el pecado, y volver su ira contra satanás, y ya no pelear unos con otros; porque todas las guerras y los pleitos vienen de las pasiones de los corazones de los hombres, de acuerdo con el apóstol Santiago, y no del espíritu manso de Cristo Jesús, quien es capitán de otra guerra, la cual se lleva a cabo con otras armas. Y así, como el hablar la verdad cancelaba los juramentos, también la fe y la paciencia cancelaban los pleitos, en la doctrina y práctica de estas personas. Ni tampoco debían ser fastidiosos con el gobierno civil a causa de esto, ya que si no pueden pelear por él, tampoco pueden pelear en contra de él, lo cual no es una seguridad pequeña para cualquier estado; ni es razonable que la gente sea culpada por no pelear por otros cuando ellos no pueden pelear por sí mismos. Y, dejando la cristiandad a un lado, si los costos y los frutos de la guerra fueran bien considerados, la paz, con sus inconveniencias, sería generalmente preferible. Pero aunque no estaban por parte de pelear, estaban por parte de someterse al gobierno; y no sólo por temor, sino por su conciencia, ya que el gobierno no interfiere con la conciencia, creyendo que era una ordenanza de Dios, y donde se administra justamente, un gran beneficio a la humanidad. Aunque ha sido su suerte, a través del celo ciego en algunos, y el interés en otros, haber sentido los golpes de esto con más peso y rigor que cualquier otra persuación de su época; mientras que ellos, de todos los otros (poniendo la religión a un lado), no le han dado al magistrado civil ni la menor ocasión de problema en el desempeño de su cargo. V. Otra característica de estas personas es su negativa a pagar los diezmos o a mantener un ministerio nacional. Ellos rehúsan hacer esto por dos razones: 1) ellos creen que todo mantenimiento obligatorio, aun de los ministros del evangelio, es ilícito y claramente contrario al mandamiento de Cristo, 'Lo que recibieron gratis, denlo gratuitamente'; creyendo que por lo menos la mantención de los ministros del evangelio debería ser libre y no forzada; y 2) porque esos ministros no son del evangelio, ya que el espíritu santo no está en sus cimientos, sino que en vez está el aprendizaje y los principios humanos. Su negativa no es a causa de mal humor o de hosquedad, sino de la pura conciencia hacia Dios. Ellos no pueden ayudar a mantener los ministerios nacionales donde ellos viven, porque tales ministerios nacionales tienen mucho y muy visiblemente llegan a ser parte de los caminos de la ventaja y la promoción mundana. VI. El no honrar a las personas era otra de sus doctrinas y prácticas por las cuales a menudo fueron golpeados y abusados. Afirmaron que era pecaminoso dar títulos halagadores, o usar gestos vanidosos y cumplidos honrosos. Ellos sí le daban honor a la virtud y autoridad, pero de manera simple y acogedora. Su trato aún era sincero y considerado, recordando los ejemplos de Mardoqueo y Eliú; pero más especialmente el mandamiento del Señor y maestro Jesucrito, quien le prohíbe a sus seguidores llamar algún hombre rabí, lo que implica Señor y maestro. Ellos también se negaron y rehusaron los saludos de moda en esos tiempos; para que el amor propio y el honor, a los cuales la mente orgullosa del hombre está inclinada en su estado caído, no sean permitidos sino reprendidos. VII. Ellos también usaron el lenguaje sencillo de decir "tú" y "usted" a la persona singular, cualquiera fuera su posición entre los hombres. Y en realidad, la sabiduría de Dios se veía mucho al levantar un pueblo de apariencia tan sencilla; porque era una prueba cercana y distintiva sobre los espíritus de aquellos a quienes ellos encontraron; exponiendo lo que estaba dentro de ellos y lo que predominaba, cualquiera fuera su profesión alta y grande de religión. Para muchos de ellos este lenguage era duro, y estaban tan afectados que decían "¿Me tuteas a mí? ¿Tuteas a mi pero? Si tú me tuteas, te tutearé los dientes por la garganta!", olvidándose del lenguaje que usaban para Dios en sus propias oraciones, y el estilo común de las escrituras, y que es una propiedad esencial y absoluta del habla. Y ¿qué bien les había hecho su religión, si eran tan sensibles y se indignaban con esta manera sencilla, honesta y verdadera de hablar? VIII. Ellos recomendaron el silencio por medio de su ejemplo, teniendo muy pocas palabras en todas ocasiones. Ellos tenían una palabra cuando hacían negocios, y las muchas palabras de sus clientes no los podían tentar, teniendo más consideración de la verdad que de las costumbres, del ejemplo que de las ganancias. Buscaron la soledad, pero cuando estaban en compañía, ellos ni usaban ni oían a propósito discusiones innecesarias o ilícitas. De esa manera conservaron sus mentes puras y sin las perturbaciones provenientes de pensamientos o diversiones inútiles. Ellos también se negaron a usar los acostumbrados 'Buenas noches, buenos días y buena suerte'. Porque ellos sabían que la noche era buena y que el día era bueno, sin haberlos deseado; y que en otras expresiones, el nombre santo de Dios era usado de manera muy ligera o sin pensar, y por lo tanto tomado en vano. Además éstas eran palabras y deseos por supuesto, y tenían poco significado; como tampoco hay amor ni servicio en la costumbre de ponerse el sombrero sobre las rodillas e inclinarse. Estas costumbres y palabras excesivas, como también otras cosas, eran gravosas para ellos; y por lo tanto ellos no sólo prefirieron no usarlas, sino también las denunciaron. IX. Por la misma razón ellos se negaron a brindar (beber para la gente), o a tomar primero y ofrecer la copa a otro, como era la manera del mundo. Prácticas que ellos juzgaban que no sólo eran innecesarias, sino impías, porque alentaban a la gente a tomar más de lo que era beneficioso para ellos, como también a ser vanidosos y paganos. X. Su forma de casarse de ellos es muy peculiar, y muestra un cuidado distintivo más allá que todas las otras sociedades que profesan cristianismo. Ellos dicen que el matrimonio es una ordenanza de Dios, y que sólamente Dios tiene el derecho a unir a un hombre y una mujer en matrimonio. Por lo tanto ellos no usan ni sacerdote ni magistrado, sino que el hombre y la mujer interesados se toman el uno al otro como marido y mujer en presencia de un número de testigos confiables, 'prometiéndose el uno al otro, con la ayuda de Dios, para amarse y ser fieles en esa relación hasta que la muerte los separe'. Pero antes de casarse, ellos primero se presentan ante la junta mensual de los asuntos de la iglesia donde ellos viven, donde declaran sus intenciones de casarse, siempre y cuando la junta no tenga nada en contra de ello. Se les hacen las preguntas necesarias, como por ejemplo si los padres o tutores han dado su consentimiento a sus intenciones. El método que se utiliza en la junta es registrar la declaración de sus intenciones, y designar personas apropiadas para informarse acerca de su conversación y su claridad con otros, y si han cumplido su deber con sus padres o tutores. Estos investigadores elaboran un reporte para la próxima junta mensual, en la cual está presente la pareja en cuestión. En el caso que ellos parezcan haber procedido de manera ordenada, la junta aprueba su propuesta, y lo registra en su libro de reuniones. Y en caso que la mujer sea una viuda con hijos, se toma el cuidado debido para que se haga provisión para sus hijos antes del nuevo matrimonio. Entonces ellos aconsejan a la pareja para que escojan una fecha y un lugar conveniente, y para dar el aviso apropiado a sus parientes, y a los amigos y vecinos que ellos deseen que sean testigos de su matrimonio. En la reunión ellos se toman de la mano, y por nombre se prometen amor recíproco y fidelidad como fue expresado anteriormente. Un certificado narrativo es elaborado sobre el cual primero firman los que se están casando, así haciendolo su acta y escritura; y entonces los parientes, espectadores, y oyentes firman sus nombres como testigos de lo que la pareja ha dicho y firmado. Este cerficado posteriormente se registra en el registro oficial de la reunión en que el matrimonio fue solemnizado. Después que este método de matrimonio ha sido cuestionado y refutado por falta de las formalidades acostumbradas de sacerdote y anillo, como lo merece, fue juzgado en las cortes que es un estilo apropiado de matrimonio. Esta sociedad rehúsa las ceremonias de anillo y de sacerdote basados en su conciencia, apoyados razonablemente con los ejemplos de las escrituras, las que muestran que el sacerdote no tenía ninguna parte en el matrimonio aparte de ser testigos, ante los cuales los Judíos acostumbraban realizar sus matrimonios. Estas personas ven la necesidad de un sacerdote en el matrimonio como una imposición para avanzar el poder y las ganancias del clero. Ellos consideraban el uso del anillo como una costumbre pagana y vanidosa, la cual nunca se practicaba entre el pueblo de Dios, los judíos o los primeros cristianos. Las palabras en la forma común, como 'con mi cuerpo te adoro', etc., son difícilmente justificables. En resumen, su método es más cuidadoso, exacto y regular que cualquier otra forma usada ahora, y está libre de las inconveniencias de otros métodos. Su cuidado y su control son tan grandes que no se pueden practicar matrimonios clandestinos entre ellos. XI. Haré mención de sus nacimientos y entierros, los cuales muchos de los así llamados cristianos asisten con mucha pompa y solemnidad. Para los nacimientos, los padres nombran a sus propios hijos, lo cual generalmente sucede unos días después de su nacimiento, en la presencia de la partera (si ella puede estar allí), y aquellos que estaban presentes en el nacimiento, etc. Estos testigos más tarde firman un certificado de nacimiento previamente preparado y nombran al niño o niños, lo cual es registrado en el libro apropiado de la junta mensual a la cuales pertenecen los padres, todo lo cual se hace sin las ceremonias y festivales acostumbrados. XII. Sus entierros se hacen con la misma simplicidad. Si el cuerpo del difunto está cerca de un lugar público de reunión, generalmente se lleva a cabo allí, para la recepción más conveniente de aquellos que lo acompañan al lugar de entierro. Mientras se reune la gente para el entierro, ocasionalmente alguien tiene una palabra de exhortación para el beneficio de las personas asistentes. Después de lo cual el cuerpo es llevado por los hombres jóvenes, o aquellos que son del vecindario, o aquellos que eran más cercanos al difunto. El cuerpo es depositado en un ataúd simple y sencillo, sin ninguna cubierta o escultura sobre él. En el cementerio, ellos pausan por un tiempo antes de bajar el ataúd a la tumba, permitiendo que cualquiera que tenga la inclinación de exhortar al pueblo no se quede desilusionado. Esto permite que los parientes sean más reservados y solemnes al despedirse por última vez del cuerpo de su familiar difunto. Esta ocasión también le permite a los espectadores tener un sentido de mortalidad y reflejar acerca de su propio fin posterior. Aparte de esto, ellos no tienen ningún rito o ceremonia establecidos. Ni tampoco los parientes del difunto usan ropas de duelo, lo cuales ellos ven como una ceremonia mundana presuntuosa. Ellos consideran que el único duelo cristiano apropiado es tener una mente sensible a la pérdida, y al amor que ellos tenían por los que han muerto, y su recuerdo de ellos. Este duelo debía ser expresado exteriormente por medio de un respeto a su consejo, y cuidado por los que han dejado atrás, y su amor a los que ellos amaban. Tal conducta, aunque fuera de moda, no deja nada importante en el descuido o sin hacerse. Ya que el objetivo de ellos es la simplicidad en la vida, esto es lo que ellos observan con gran satisfacción, aunque a veces el mundo vanidoso en el que viven se burlaba de ellos. Estas prácticas parecían duras y desagradables para la mayoría de la gente, quienes pensaban que ellos eran radicales, y en realidad en un sentido lo eran; pero no más de lo que Pablo fue así acusado, a saber, por traer las cosas de vuelta a su orden primitivo y correcto. Porque las prácticas como esta y otras parecidas de ellos no eran el resultado del humor, como algunos han creído, sino un fruto del sentido interno, el cual Dios, por medio de su temor, había creado en ellos. Ellos no consideraban cómo contradecir al mundo, o distinguirse; esto no les importaba, no era su interés. No era su propósito declarar o recomendar un cisma o novedad. Pero Dios, habiendoles dado una visión de sí mismos, ellos vieron todo el mundo a través del lente de la verdad; y percibieron sensiblemente las afecciones y las pasiones de los hombres, y el surgimiento y tendencia de las costumbres que gratificaban 'los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, los cuales no provienen del Padre, sino del mundo'. Estas y otras costumbres vanidosas resultaron de las afecciones y pasiones de los hombres, que estaban en esa noche de tinieblas y apostasía que ha estado sobre la gente, por su degeneración de la luz y el espíritu de Dios. Tales costumbres vanidosas son vistas por el día celestial de Cristo, quien atrae al alma, para reconocer que están equivocados, o sufrir el dolor de su práctica. Y aunque estas cosas parecían triviales a algunos, y hacían que esta gente parecieran tacañas y vanidosas en la opinión de tales personas, había más vanidad en aquellos que los juzgaban así que lo que ellos se daban cuenta. No era muy fácil para los primeros Amigos hacerse vista y espectáculos, y el 'Desprecio y escarnio del mundo'; lo cual ellos previeron fácilmente sería el resultado de sus prácticas poco convencionales. Pero en la insensatez de estas cosas al mundo, se veía la sabiduría de Dios. Algunos de los que estaban entre ellos no querían ni riquezas, ni conocimientos, ni bienes. Aunque como en los tiempos antiguos, no muchos sabios ni personas con títulos fueron llamados, o por lo menos aceptaron el llamado celestial, debido a la cruz de Cristo, la cual es un requisito de aquellos que profesan sinceramente estas creencias. Pero ni las riquezas ni el conocimiento hacen a los hombres mejores cristianos, aunque los pueden hacer mejores oradores y argumentadores. Es la ignorancia de la gente acerca del don divino de la limpieza lo que causa el error vulgar y malicioso de la profesión en la carne que no está limpia. Teoría y práctica, especulación y placer, palabras y vida, son dos cosas. ¡Ah! Es el penitente, el reformado, el modesto, el que está alerta, el que se niega a sí mismo y el alma santa lo que hacen al cristiano; y ese esquema es el fruto y obra del espíritu, lo cual es la vida de Jesús. La vida de quien (aunque escondida en la plenitud de ella), en Dios el Padre, es derramada por fuera en los corazones de aquellos que realmente creen. ¡Ah! ¡Que la gente supiera que ésto los limpia, los circuncida, los despierta, y los hace en realidad nuevas criaturas! Recreados y regenerados para Cristo Jesús para buenas obras; para que puedan vivir para Cristo, y no para sí mismos. Para que puedan ofrecer oraciones vivientes, y alabanzas vivientes, al Dios viviente, por medio de su propio espíritu viviente, en el cual solamente él ha de ser alabado en este día del evangelio. ¡Ah! Que aquellos que leen esto puedan sentir lo que siento; porque mi corazón está afectado con esta visitación misericordiosa del Padre de las luces y los espíritus a esta pobre nación, y a todo el mundo, por medio de este mismo testimonio. ¿Qué razón tienen los habitantes para rechazarlo? ¿Por qué tienen que perder los benditos beneficios de él? ¿Por qué no se vuelven al Señor con todo su corazón, y dicen del fondo de su corazón 'Habla, Señor, porque tu pobre siervo escucha'? ¡Ah! ¡que se haga tú voluntad, tu gran, tu buena y santa voluntad, así en la tierra como en el cielo! Hazla en nosotros, hazla sobre nosotros, haz lo que quieras con nosotros; porque somos tuyos, y deseamos glorificarte, nuestro Creador, como nuestro Creador y porque eres nuestro Redentor. Porque nos estás redimiendo de la tierra, de las vanidades y las corrupciones de ella, para ser un pueblo peculiar para tí. ¡Ah! este sería un día magnífico para Inglaterra, si ella pudiera decir esto en verdad. Pero desafortunadamente, el caso es otro. Lo que ha resultado en que algunos habitantes de Inglaterra, Oh tierra de mi nacimiento, estén de luto por tí con llantos y lamentos amargos. Sus cabezas han sido realmente como aguas, y sus ojos como fuentes de lágrimas, debido a tus transgresiones y dureza de cerviz. Porque tú no quieres oír, ni temer, ni regresar a la Roca, Oh Inglaterra, de la cual tú fuiste extraído. Jerusalén resistió al hijo de Dios en la carne, y tú resistes al hijo de Dios en el espíritu. Él la hubiera juntado, así como la gallina junta a los polluelos debajo de sus alas, ¡y ella no quiso! Así él te hubiera juntado a tí para sacarte de tu profesión religiosa sin vida, y traerte a una herencia de sustancia; para que conocieras su poder y su reino, por el cual él ha golpeado a menudo desde adentro, por su gracia y espíritu, y por fuera, por medio de sus siervos y testigos; pero tú no quisiste que te juntara. Sino al contrario, como Jerusalén de antiguo persiguió la manifestación del hijo de Dios en la carne, y lo crucificó, y latigó y encarceló a sus siervos; así has hecho tú, Oh tierra, que has crucificado de nuevo al Señor de vida y gloria, y actuaste con malicia hacia su espíritu de gracia. Has desairado la visitación paternal al perseguir las benditas personas que proveen la visitiación, por tus leyes y oficiales de gobierno. Y tú los has perseguido, aunque ellos te han suplicado previamente y últimamente en el poder y el espíritu del Señor, en amor y mansedumbre, para que puedas conocer al Señor, y servirle, y llegar a ser la gloria de todas las tierras. Pero tú los has tratado impíamente y has tomado represalias en contra de ellos. Tú has ignorado todo sus consejos, y no quisiste saber nada de sus reproches, así como debías haber hecho. Su apariencia era muy estricta, y su calificaciones eran muy humildes para que tú las recibieras, como los Judíos de antes, que decían '¿No es éste el hijo del carpintero? ¿Y no están sus hermanos entre nosotros? ¿Quién de los escribas, de los eruditos (las iglesias) creen en él?' Tú has profetizado su eliminación en uno o dos años, y has elaborado y ejecutado leyes severas para que esto se llevara a cabo, al tratar de aterrorizarlos para que se salgan de su camino santo, o de destruirlos por permanecer fieles a él. Pero tú has visto como muchos gobiernos que se han levantado en contra de ellos, y determinado su caída, han sido derrocados y eliminados. Ellos todavía son preservados, y se han convertido en un pueblo grande y considerable entre la clase media de tus numerosos habitantes. Y a pesar de las muchas dificultades, por afuera y por adentro, bajo las cuales han obrado, desde que el Señor Dios Eterno primero los juntó, son un pueblo en aumento. El Señor todavía está aumentando el número, en varios lugares, de los que han de ser salvos, si perseveran hasta el fin. Y a tí, Oh Inglaterra, ellos han sido y son levantados como un baluarte, y como una ciudad asentada sobre un monte, y a las naciones alrededor tuyo. Levantada, para que en su luz tú puedas llegar a ver la luz, en Cristo Jesús, la luz del mundo; y así ver tu luz y vida también, si tú te volvieres de tus caminos impíos, y recibieras y obedecieras la luz. Porque en la 'luz del cordero deben caminar las naciones que han de ser salvas', como testifican las escrituras. Recuerda, Oh nación de gran profesión, como el Señor te ha esperado desde los días de la reforma, y las muchas misericordias y juicios con los cuales él te ha suplicado; y despierta y levántate de tu profundo sueño, y escucha todavía sus palabras en tu corazón, para que puedas vivir. No dejes que éste, tu día de visitación, pase sobre tu cabeza, ni desatiendas tan grande salvación como la que ha llegado a tu casa, ¡Oh Inglaterra! ¿Por qué has de morir, Oh tierra que Dios desea bendecir? Ten la seguridad de que el que ha estado en medio de este pueblo, está en medio de tí; y esto no es un engaño, como tus maestros equivocados te han hecho creer. Y esto encontrarás por sus señales y sus frutos, si tú los consideras en el espíritu de moderación. Porque: I. Ellos mismos eran hombres que habían cambiado antes de que anduvieran tratando de cambiar a otros. Sus corazones fueron rasgados así como también fueron cambiadas sus ropas, y ellos conocían el poder y la obra de Dios sobre ellos. Esto se veía por la gran alteración que éstos causaron, y el rumbo de vida más estricto que ellos tenían, y la conversación más recta que venía a continuación. II. Ellos no salían ni predicaban en su propio tiempo o por su propia voluntad, sino el la voluntad de Dios. Ellos no hablaban por haber estudiado las escrituras, sino que hablaban a medida que recibían revelación y eran movidos por el Espíritu de Dios, con el cual estaban muy familiarizados en su propia conversación; lo cual no se puede expresar a los hombres carnales con ningún tipo de informe comprensible; porque para los tales es, como dijo Cristo 'como el viento que sopla, el cual ningún hombre sabe cuando viene, o donde va'. Sin embargo esta prueba y sello acompañaba a su ministerio. Y así muchos se volvieron de sus profesiones muertas, y de la maldad de sus caminos, a un conocimiento interno y experimental de Dios y una vida santa, como miles pueden testificar. Y así como ellos recibieron gratuitamente lo que tenían del Señor, así también ellos administraron gratuitamente a otros. III. La dirección y esfuerzo de su ministerio era la conversión a Dios, regeneración, y santidad; no los esquemas de doctrinas ni credos verbales, o formas nuevas de adoración. En vez de esto ellos abandonaron lo innecesario en la religión, y redujeron las partes ceremoniosas y rituales. Ellos enfatizaron la parte sustancial, necesaria y provechosa para su alma; así como todos los que refleccionan seriamente deben reconocer y lo hacen. IV. Ellos dirigieron a la gente al principio por el cual ellos afirmaron, predicaron y exhortaron a otros a lo mismo. Y así ellos sabían por experiencia que era cierto; lo cual es una señal superior y distintiva de la verdad de su ministerio; tanto de que estaban seguros por su experiencia de lo que habían dicho, como de que no tenían temor de ser probados. Porque eran audaces por su seguridad, y no necesitaban ninguna sanción de la autoridad humana. Ellos dependían de la convicción de la seguridad por la experiencia, la cual ellos afirmaban que tenían, y dirigieron a otros a lo mismo, para que ellos también puedan examinar y probar su realidad, como estaba revelada y obrada en el hombre. Y esto es más de lo que muchos ministerios en el mundo pretenden hacer. Otros hablan de religión; dicen muchas cosas que son verdad en las palabras registradas de Dios, y el espíritu, concernientes a la santidad y el cielo; que todos los hombres se deben arrepentir y enmendar sus vidas, o terminarán llendo al infierno, etc. Pero, ¿qué otra religión habla de su propio conocimiento y experiencia directamente del Espíritu; o dirigen a los hombres a un espíritu divino puesto en el hombre por Dios, para ayudarle; o dirigen a los hombres para enseñarles cómo conocer al Espíritu y esperar para sentir su poder para obrar esa buena y aceptable voluntad de Dios en ellos? Otros en verdad han hablado del espíritu, y de sus operaciones para la santificación, y la adoración a Dios. Pero dónde y cómo encontrarlo todavía era un misterio, y también cómo esperar en él para realizar nuestros deberes hacia Dios. Un misterio reservado para nuestro grado más avanzado de reforma. De manera que este pueblo no sólo en palabras exigió arrepentimiento, conversión y santidad, sino que lo hicieron con conocimiento y experiencia; y dirigieron a aquellos a quienes les predicaron a un principio básico, y les dijeron dónde estaba, y por medio de cuales evidencias lo podían conocer, y cómo podían experimentar el poder y su efectividad para la felicidad de sus almas. Esto es más que teoría o especulación, sobre la cual dependen la mayoría de los ministerios; porque esta es la certeza: una base sobre la cual el hombre puede confiadamente presentarse delante de Dios en el gran día del juicio. V. Ellos alcanzaron a comprender el estado y condición interior de la gente, lo cual es evidencia de la virtud de sus principios, y de su ministerio por medio de ella; y no en sus propias imaginaciones, palabras pulidas, o comentarios sobre las escrituras. Porque nada alcanza el corazón sino aquello que proviene del corazón, ni penetra la conciencia sino aquello que viene de una conciencia viva. Ha sucedido varias veces, que las personas han revelado en secreto su estado o condición a algún amigo cercano para ser aconsejado o para desahogarse; después su estado fue tratado tan específicamente por los ministros de este pueblo, que han desafíado a sus amigos a que descubran sus secretos, y han revelado sus estados a los ministros. Los mismos pensamientos y propósitos de los corazones de muchos han sido detectados tan claramente que ellos han, como Natanael, han afirmado por esta aparición interna de Cristo 'Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.' Y aquellos que han adoptado este principio divino, han encontrado esta señal de su veracidad y divinidad, como hizo la mujer de Samaria con Cristo cuando estaba en la carne, que era el Mesías. 'Él les había dicho todo cuanto habían hecho'; les mostró lo que estaba dentro de ellos, los secretos más internos de su corazón, y los había juzgado completamente con las profundidades de su justicia; de lo cual miles pueden testificar hoy en día. El poder y la virtud de este principio celestial ha sido afirmado por este pueblo, ya que aquellos que se volvieron a él encontraron que era cierto, y más; ellos encontraron el doble de lo que se les había dicho que esperaran del poder, la pureza, sabiduría, misericordia y bondad de Dios en esto. VI. El cumplimiento de este principio correspondió incluso con algunos de los más pobres de este pueblo por causa de su obra y servicio. Proveyó algunos de ellos con un entendimiento extraordinario de las cosas divinas, una fluidez admirable y una manera cautivadora de expresión. Esto dio ocasión para que algunos se preguntaran, diciendo de ellos como había sido dicho de su maestro: '¿No es esta persona solamente un hijo de mecánico? ¿Cómo puede saber tanto?' Algunos incluso sospecharon e insinuaron que eran jesuitas disfrazados, quienes tenían la reputación de ser hombres de conocimientos en las edades pasadas, aunque el conocimiento de los jesuitas no era verdad en lo más mínimo. No tenían deseo carnal de esta obra: exponerse a sí mismos al desdén y el abuso, para agotar y ser agotados; dejando esposa e hijos, casas y tierras, y todo lo que puede ser contar como apreciado por los hombres, con sus vidas en sus manos. Estaban diariamente en peligro, para declarar este mensaje desde el principio, (1 Juan 1:5), revivido en sus espíritus por el buen espíritu y poder de Dios: 'Que Dios es luz, y en él no hay tinieblas; y que él ha enviado a su hijo como luz para el mundo, para iluminar a todos los hombres para salvación; y que aquellos que dicen que tienen comunión con Dios, y son sus hijos y pueblo, y aún así caminan en tinieblas (en desobediencia a la luz en sus conciencias, y tras la vanidad de este mundo), ellos mienten y no obran en verdad. Pero todos los que aman la luz, y traen tus obras a ella, y caminan en la luz, así como Dios es luz, la sangre de Jesucristo su hijo los limpia de todo pecado.' VIII. Ellos sufrieron por su testimonio con perseverancia y paciencia, en todas formas de persecución; a veces para muerte, en azotes, contusiones, cárceles largas y atestadas, y calabozos fétidos. Cuatro de ellos fueron ahorcados en Nueva Inglaterra por manos de los verdugos, puramente por haber predicado entre la gente. Ellos sufrieron destierros, y saqueos excesivos, y tomas de sus bienes y propiedades, casi en todas partes. Tales sufrimientos no se pueden expresar fácilmente, y menos fácilmente soportar, excepto por aquellos que tienen el apoyo de una causa buena y gloriosa; rehusando ser liberados por cualquier medio o manera inmoral, como a menudo se les ofreció. IX. Ellos no solamente no mostraron ninguna disposición a la venganza, aún cuando estaba en su poder exigirla, sino que perdonaron a sus crueles enemigos, mostrando misericordia por aquellos que no tenían misericordia de ellos. X. Ellos hablaron francamente a aquellos que estaban en autoridad, así como los profetas de la antigüedad. Sin temor les dijeron en su cara sus pecados privados y públicos, y les profetizaron acerca de sus aflicciones y su caída, cuando estas autoridades estaban en la cúspide de su gloria y poder. Ellos también profetizaron de algunos juicios a nivel nacional, como la plaga y el incendio de Londres; y de la misma manera dieron profesías particulares a varios perseguidores, las cuales sucedieron como fue predicho; y que fueron muy notables para los que estaban en la región donde ellos vivían. Con el tiempo estas profesías cumplidas podían hacerse públicas para la gloria de Dios. (Nota: hubo un libro publicado acerca de los juicios de Dios a los perseguidores de los cuáqueros, que describía las frecuentes muertes tempranas y ruinas de las familias así como de los bienes de muchos de los perseguidores de los cuáqueros.) Por lo tanto lector, usted ve a este pueblo en su surgimiento, principios, ministerio y progreso, tanto en su forma general como particular; por medio de los cuales usted puede ser informado acerca de cómo llegaron a ser un pueblo tan considerable. (Nota: para el año 1700 habían 650,000 sólamente en Inglaterra.) Ahora queda que yo muestre también su cuidado, conducta y disciplina, como una sociedad cristiana y reformada, para que ellos puedan ser hallados viviendo de acuerdo con sus principios y su profesión. Ellos han sufrido tanto por las acusaciones falsas de error como por las acusaciones falsas de desorden. Tales calumnias, en realidad, siempre han seguido a la reforma verdadera, y bajo tales acusaciones, nadie sufrió más que los primeros cristianos, quienes fueron el honor de la cristiandad, y las grandes luces y ejemplos de su época y de las posteriores. A medida que este pueblo aumentaba diariamente tanto en la ciudad como en el campo, un cuidado santo cayó sobre algunos de los ancianos entre ellos para el beneficio y el servicio de la iglesia. Y el primer asunto a su parecer, siguiendo el ejemplo de los primeros santos, era el ejercicio de la caridad, para suplir las necesidades de los pobres, y aliviar necesidades similares. Por esta razón se hicieron colectas temprana y liberalmente para ese y varios otros servicios en la iglesia, las cuales fueron encargadas a hombres fieles, temerosos de Dios, y de buen testimonio, quienes no estaban cansados de hacer el bien; a menudo añadiendo sumas importantes ellos mismos, las cuales nunca registraban o deseaban que fueran conocidas, mucho menos devueltas a ellos, para que ninguno tenga necesidad, y para que ningún servicio haga falta o sea muy lento. También fueron muy cuidadosos para que todos los que pertenecían a ellos se comportara de la manera que profesaban entre los hombres en todas las ocasiones; que vivieran pacíficamente, y fueran buenos ejemplos en todas las cosas. Ellos registraron sus sufrimientos, y servicios como también sus matrimonios, los cuales no podían efectuar con los métodos comunes de la nación, sino sólo entre ellos mismos. Ellos tenían cuidado de que ninguno de los que tuvieran intenciones de casarse tuviera ninguna obligación que no fuera atendida entre ellos mismos ni con ninguna otra persona. Era entonces raro que cualquier persona tuviera este tipo de intenciones de casarse a menos que él o ella se lo haya comunicado en secreto a alguno de los Amigos más importantes y eminentes entre ellos, para que así tengan un sentido del asunto; viendo el consejo y la unidad de sus hermanos como algo de gran importancia para ellos. La responsabilidad hacia los pobres, el número de huérfanos, matrimonios, sufrimientos, y otros asuntos multiplicados, y las iglesias necesitaban alguna manera o algún método de proceder en tales asuntos entre ellos, y con el fin de poder corresponder mejor, en ocasiones en que algún miembro de alguna reunión tenga algo que ver con uno de otra. Le agradaba el Señor en su sabiduría y bondad abrir el entendimiento a un anciano acerca de una manera buena y ordenada de proceder; y el sentía una santa preocupación de visitar las iglesias en persona por toda la nación, para comenzar y establecer comunicación y cooperación entre ellas. Y por sus epístolas esto también se hizo en otras naciones y provincias en el extranjero, las cuales él también visitó más tarde y les ayudó en ese servicio, como se observará cuando yo hable de él. Ahora la conducta y la disciplina, de la cual he estado hablando, y que ahora se practica entre este pueblo, es como sigue: En estas reuniones cualquiera de los miembros de las iglesias podía venir, si ellos deseaban, y libremente decir lo que estaba en su mente en el temor de Dios acerca de cualquier asunto; pero los asuntos de cada reunión trimestral son emitidos por las personas escogidas y autorizadas de cada reunión. Además se debe hacer notar que en estas solemnes asambleas para los servicios de la iglesia, nadie preside entre ellos así como se acostumbra en las asambleas de otras personas; sólo Cristo es su presidente, ya que él se complace en aparecer en vida y sabiduría en cualquiera de ellos, ya sea a uno o más. Cualquiera sea su capacidad o rango, los demás escuchan con una firme unidad, no de autoridad, sino de convicción, la cual es la autoridad divina y el camino del poder y espíritu de Cristo en su pueblo; cumpliendo su promesa: ‘Que él estaría en medio de los suyos, donde fuere y cuando fuere que ellos se reúnan en su nombre, aún hasta el fin del mundo.' Que así sea. Ahora se puede esperar que yo mencione qué autoridad es ejercida por estas personas sobre los miembros de su sociedad, las vidas de los cuales no corresponde a su profesión, estando fuera de este buen y sano orden establecido entre ellos. Esta sociedad no ha querido el reproche y el sufrimiento de parte de algunas lenguas y plumas con respecto a su mal comportamiento. El poder que ellos ejercen es el que Cristo le ha dado a su propio pueblo hasta el fin del mundo, en las personas de sus discípulos: para 'supervisar, exhortar, reprender', y después de sufrir y esperar un largo tiempo para que los desobedientes se arrepientan, para ser rechazados por su sociedad; resultando esta expulsión en que ellos ya no son acusados ante la vista y juicio de Dios o de los hombres, con su conversación y comportamiento como uno de su asamblea. Esta autoridad es ejercida: primero, relacionado con la virtud general y común de la comunidad; y segundo, con respecto a las cosas que más estrictamente se refieren a su propio carácter y profesión y los distinguen de todos los otros profesantes del cristianismo. Esta autoridad se ejerce mientras se evitan los dos extremos sobre los cuales muchos se dividen: persecución e inmoralidad. Siendo la persecución un poder represivo para obligar a la gente a ir al templo; mientras que aquellos que no cumplieran, aunque estuvieran en contra de la fe y la conciencia, eran perseguidos y castigados personalmente o por pérdida de propiedad. Siendo la inmoralidad el otro extremo: dejando a todos libres para que hagan lo que sea, sin responder a nadie sino a Dios y el magistrado. Esto se hace con reservación ya que nada es peor que el abuso del poder de la iglesia por aquellos que permiten que sus pasiones e intereses privados lleguen al uso de la fuerza externa y castigo corporal: una práctica que se les ha enseñado a despreciar por sus sufrimientos extremos, como también por su principio conocido de una libertad de conciencia universal. Por otro lado ellos igualmente desprecian la independencia en la sociedad; una que no rinde cuentas en práctica ni conversación a los términos de su propia asamblea, y a aquellos que son los miembros de ella. Ellos distinguen entre: 1) imponer cualquier práctica que tenga que ver inmediatamente con la fe o la adoración, lo cual nunca se debe hacer, ni sufrirse, ni ser sometido a ello; y 2) requerir conformidad cristiana con esos métodos que sólo se refieren a los negocios de la iglesia en su parte y negocio más civil, y que se refieren a la mantención discreta y ordenada del carácter de la sociedad, como una comunidad sobria y religiosa. Su uso y límite del poder de la iglesia tiene como fin asegurar que sus miembros practiquen lo que predican, que vivan de acuerdo con sus propios principios, y no que no estén en libertad de ser hipócritas sin ser reprochados; todo lo cual se hace para promover la santidad y la cardidad. Ellos no fuerzan a nadie a que se una con ellos, pero obligan a los que ya son de ellos a que caminen como es debido, y si no lo hacen los niegan; esta es toda la señal que ellos ponen sobre aquellos, y el poder que ejercen, o juzgan que una sociedad cristiana puede ejercer sobre los que son miembros de ella. La forma que ellos proceden en contra de aquellos que han cometido un error o transgredido es la siguiente: Él es visitado por algunos de ellos; y se le presentan los hechos, ya sea alguna práctica impía en contra de la virtud conocida y general, o cualquier rama de su testimonio particular, la cual él profesa con ellos en común. Ellos trabajan con él con mucho amor y celo por el bien de su alma, el honor de Dios, y la reputación de su profesión, para admitir su falla, y condenarla, de manera suficiente como para reparar el mal o escándalo creado por él; lo cual por lo general, se hace por medio de un testimonio escrito bajo la mano de la parte interesada. Y en caso dado de que el interesado sea obstinado, y no esté dispuesto a aclarar al verdad que ellos profesan del reproche de sus obras impías o infidelidad, ellos, después de repetidas súplicas, y la debida espera por alguna señal de arrepentimiento, producen un documento para rechazar tal comportamiento, y la persona que comete la ofensa; registrando aquello como testimonio de su cuidado por el honor de la verdad que profesan. Y si él o ella hace una clarificación de su profesión y de sí mismo, por un sincero reconocimiento de su falla, y dolor piadoso por haberlo hecho, ellos son recibidos y mirados otra vez como miembros de su comunión. Porque así como Dios, su pueblo veradero no critica a ningún hombre después de haberse arrepentido. Este es el informe que yo tenía que dar del pueblo de Dios llamados los cuáqueros; acerca de su surgimiento, aparciencia y prácticas en esta edad del mundo, con respecto a su fe y adoración, disciplina y conversación. Y yo juzgo que es algo muy apropiado en este lugar, porque es el prólogo del diario de este primer y glorioso instrumento de su obra. Este informe es un testimonio de él en sus excepcionales calificaciones y servicios, en los cuales sobresalió abundantemente en este día. Estas prácticas son dignas de ser expuestas como ejemplo a todas las épocas posteriores, para la gloria del Altísimo Dios, y como un justo conmemorativo a ese hombre digno y excelente, su siervo fiel y apóstol a esta generación del mundo.
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