La Cruz Perdida de la Pureza





La continuación de la introducción
del Diario por William Penn

El testimonio de Penn para Jorge Fox

Ahora he llegado a la tercera cabeza o rama de mi prólogo: el autor. Porque es natural para algunos decir: "Bueno, aquí está el pueblo y la obra, pero ¿dónde está y quién era el hombre, el instrumento, el que en esta época fue enviado a comenzar esta obra y este pueblo?" Yo declararé, a medida que Dios me lo permita, quién y qué era él, no sólo por el informe de otros, sino de mi propia larga y muy interna conversación y conocimiento íntimo de él; por lo cual mi alma bendice a Dios, como lo ha hecho muchas veces; y no dudo que cuando yo haya terminado esta parte del prólogo, mis lectores serios creerán que yo tenía buena razón para hacerlo.

El instrumento bendito de Dios, en este día de Dios, y del cual ahora yo estoy a punto de escribir, era Jorge Fox, quien se distingue de otro que tenía ese mismo nombre por la adición de la expresión más joven después de su nombre en todos sus escritos; no que lo era en años, sino que lo era en verdad. Pero también era un hombre digno, testigo y siervo de Dios en su tiempo.

Pero este Jorge Fox había nacido en Leicestershire, alrededor del año 1624. Él descendía de padres honestos e idóneos, quienes procuraron criarlo, como lo hicieron con el resto de sus hijos, en la forma y la adoración de la nación; especialmente su madre, quien era una mujer dotada más que la mayoría de las de su grado en el lugar donde ella vivía. Pero él, que desde que era niño parecía ser de una mentalidad diferente que el resto de sus hermanos, siendo más religioso, interno, quieto, sólido y observador, más allá de sus años, como las respuestas que daba, y las preguntas que en ocasiones manifestaba, para sorpresa de aquellos que lo escuchaban, especialmente en cosas divinas.

Su madre notó su temperamento singular, y la gravedad, sabiduría y piedad que desde muy temprano brilló a través de él, rehusando las competencias y compañías infantiles y vanas cuando era muy joven. Ella era tierna e indulgente con él, por lo cual él encontró muy pocas dificultades por parte de ella. Con respecto a su empleo, él fue criado en el negocio del campo; y se deleitaba en gran manera con las ovejas. Él era muy hábil con las ovejas; un empleo que venía muy bien con su mente en varios sentidos, tanto por su inocencia como por su soledad; y eran un buen emblema de su ministerio y servicio posteriores.

No interrumpiré su propio informe, el cual es lo mejor que se puede dar; y por lo tanto deseo, mientras pueda, evitar decir cualquier cosa de lo que ya se ha dicho en sus escritos, describiendo el comienzo de su ministerio. Pero, en general, cuando él tenía un poco más de veinte años, dejó a sus amigos, y visitó las personas más retiradas y religiosas. Había algunos en esos tiempos en esta nación, especialmente en aquellas partes, que esperaban la consolación de Israel día y noche, como Zacarías, Ana, y el buen Simeón lo hicieron en la antigüedad. A aquellos él fue enviado, y a ellos buscó en los condados vecinos, y vivió entre ellos hasta que comenzó su ministerio más amplio.

En este tiempo él enseñaba y era un ejemplo de silencio, tratando de apartar a la gente de la confianza propia. Él testificaba y los hacía volver a la luz de Cristo dentro de ellos. Él los animaba a esperar en silencio para sentir el poder de la luz que movía sus corazones, de manera que su conocimiento y adoración a Dios pudiera permanecer en el poder de una vida sin fin. Él enseñaba que esta vida sin fin se debía encontrar en la luz, si se obedecía de la manera en que fue revelada en el hombre. 'Porque en la palabra estaba la vida, y esa vida era la luz de los hombres.' Vida en la palabra, luz en los hombres, y vida también, a medida que se obedece la luz. Los hijos de la luz viviendo por la vida de la palabra, por la cual la palabra los engendra otra vez para Dios. Esto es la regeneración y el nuevo nacimiento, sin el cual no se puede entrar en el reino de Dios. Quien venga al reino es más grande que Juan; esto es, el ministerio de Juan, el cual no era el del reino, sino de la consumación de lo legal y el comienzo de la dispensación del evangelio. Por consiguiente, se hicieron varias reuniones en aquellas partes; y así se empleó su tiempo por algunos años.

En 1652, estando él en su retiro acostumbrado, su mente se ejercitó hacia el Señor estando sobre una montaña muy alta, en algunos de los lugares cerca de Yorkshire, donde él tuvo una visión de la gran obra de Dios en la tierra, y de la manera en que él debía proceder para comenzarla. Vio a personas tan gruesas como polvo en el sol, quienes a su tiempo eran traídos a casa con el Señor; y que habría un solo pastor, y un solo redil en toda la tierra. De allí su vista fue dirigida hacia el norte, donde contempló un gran número de personas que lo recibirían a él y su mensaje en aquel lugar. Sobre esta montaña él fue movido por el Señor para sondear su día grande y notable, como si él hubiera estado en frente de una gran audiencia; y de allí se fue hacia el norte, como el Señor le había mostrado. Y en cada lugar donde él llegó, si no antes que él llegara, se le mostraba la obra y el servicio que en particular él debía hacer, de manera que el Señor era verdaderamente su líder. Porque no en vano viajaba. Dios, en la mayor parte de los lugares, sellaba su comisión con el convencimiento de la gente de todas clases, desde gente mundana hasta sobrios profesantes de religión. Algunos de los primeros y más eminentes de ellos, quienes ya se han marchado de este mundo fueron: Richard Farnsworth, Jaime Naylor, William Dewsberry, Thomas Aldam, Francis Howgil, Edward Burrough, John Camm, John Audland, Richard Hubberthorn, T. Taylor, T. Holmes, Alexander Parker, William Simpson, William Caton, John Stubbs, Robert Widders, John Burnyeat, Robert Lodge, Thomas Salthouse, y muchos otros hombres dignos, que no se pueden nombrar todos aquí. Aquellos que ya se han marchado, junto con los que todavía viven desde el primer y gran convencimiento, sintieron los movimientos divinos de Dios; después de experimentar los juicios purificadores de Dios en ellos mismos, y después de un tiempo considerable esperándole en silencio, para sentir y recibir poder de lo alto para hablar en su nombre, (el cual nadie más puede mencionar correctamente, aunque usen las mismas palabras). Ellos fueron llevados al norte frecuentemente, especialmente para visitar las asambleas públicas, para reprender, informar y exhortarlos. A veces ellos llamaron a la gente a arrepentirse en los mercados, ferias, calles, y por los lados de las carreteras, instándolos a ir al Señor con sus corazones como también con sus dichos. Los dirigieron a la luz de Cristo dentro de ellos; hacia la luz para ver, examinar y considerar sus caminos. Y ellos dirigieron a la gente a rechazar el mal y hacer la buena y aceptable voluntad de Dios. Por causa de esto, de su amor y buena voluntad, ellos a menudo sufrieron grandes privaciones, siendo a menudo apedreados, golpeados, azotados y encarcelados. Ellos fueron tratados pobremente, aunque eran hombres honestos y de buena reputación donde ellos vivían, quienes habían dejado esposas e hijos, casas y tierras, para visitar a aquellos con un llamado viviente al arrepentimiento. Los sacerdotes generalmente se oponían a ellos, escribían en contra de ellos, e insinuaban muchas historias falsas y escandalosas para calumniarlos; provocando a los magistrados para que los suprimieran, especialmente en esas partes del norte. Sin embargo, a Dios le agradaba llenarlos con su poder viviente y darles tal puerta abierta de palabras para su servicio, que un gran número de personas fueron convencidas del camino en esas partes de la nación.

En los primeros días, debido a la indulgencia compasiva y singular del juez Bradshaw y el juez Fell, los sacerdotes nunca pudieron ganar el punto por el cual trabajaron; el cual hubiera procedido al derrame de sangre. Como Herodes, ellos buscaron el ejercicio cruel del poder civil, para cortarlos y erradicarlos del país. Pero especialmente el juez Fell [quien permaneció un calvinista puritano, aún después de el convencimiento de su esposa], quien era no solamente un control de su furia en los procedimientos legales, sino que al final apoyó a esta gente. Su esposa había recibido la verdad desde temprano, y había influenciado su espíritu; debido a que él era un hombre justo y sabio, él vio todos los levantamientos populares en contra del camino de la verdad, como acusaciones falsas en contra de su propia esposa y su familia. Él los protegió como pudo, y abrió libremente su puerta y dio su hogar a su esposa y los amigos de ella, ignorando el reproche de la gente ignorante o de mente perversa. Menciono esto para el honor de él y ella, el cual yo creo, será un honor y bendición para aquellos de su nombre y familia que tienen compasión, humildad, amor y celo por la verdad y el pueblo del Señor.

Al principio, hasta que la verdad había abierto su camino en las partes del sur de esta isla, ese hogar fue por algunos años un prominente lugar de reuniones de para este pueblo. Otros de buen nombre y sustancia en aquellos países del norte también habían abierto sus hogares con sus corazones a los muchos publicadores de la verdad, los cuales el Señor había levantado en un corto tiempo para declarar su salvación a la gente. Las reuniones de los mensajeros del Señor se llevaban a cabo frecuentemente en estos hogares, para comunicar sus servicios y ejercicios, y consolarse y edificarse unos a otros en su bendito ministerio.

Pero por temor a que se piense que esto es una desviación, habiendo tocado este punto antes, vuelvo a este hombre excelente. Por sus cualidades personales, tanto naturales, como morales y divinas, como aparecían en su conversación con los hermanos y en la iglesia de Dios, considere lo siguiente:

I. Él era un hombre que Dios dotó con una profundidad clara y maravillosa, con la capacidad de discernir el espíritu de otros, y con mucho dominio de sí mismo. Y aunque su entendimiento de los asuntos mundanos, y especialmente sus expresiones con respecto a ellos, pueden sonar incultos y fuera de moda para los oídos decentes, sin embargo su centro era profundo; y mientras más lo examinaba uno, más grandes parecían las cualidades que él mostraba y enseñaba por su ejemplo. Y aunque sus frases sobre cosas divinas a veces eran abruptas y quebradas, es bien conocido que a menudo se usaban como texto para muchas declaraciones más aceptables. Y en verdad, había sido mostrado más allá de cualquier contradicción que Dios lo había enviado, y que nada humano tenía parte en el asunto y la manera de su ministerio. Tantas verdades grandes, excelentes y necesarias que él predicaba a la humanidad, mostraban que no tenían nada del conocimiento o sabiduría humana para validarlos. De manera que como hombre, él era original, no siendo copia de nadie. Y su ministerio y sus escritos muestran que eran de alguien que no era enseñado por el hombre, ni tampoco había él aprendido por medio de los estudios lo que él decía. Ni eran sus enseñanzas imaginarias o especulativas. Sus enseñanzas eran verdades sensibles y prácticas, ocupándose de la conversión y la regeneración, y el establecimiento del Reino de Dios en el corazón de los hombres; y el camino al Reino era su obra. De manera que muchas veces yo me he sentido abrumado en mí mismo, y he llegado a decir con mi Señor y maestro en esas ocasiones: 'Te agradezco, oh Padre, Señor del cielo y la tierra, que has escondido estas cosas de los sabios y los entendidos de este mundo, y las has revelado a los niños'. Porque mi alma se ha inclinado muchas veces en un agradecimiento humilde al Señor, porque él no escogió ninguno de los sabios y estudiados de este mundo para ser los primeros mensajeros de nuestra era de esta bendita verdad a los hombres. Sino que tomó a uno que no era de clase alta, o de habla elegante, o estudiado en los caminos de este mundo. El le escogió para que su mensaje y su obra, que él le envió a realizar, puedan ser realizados con menos sospecha o celos por la sabiduría e interés humano. Y así el mensaje puede tener más fuerza y claridad sobre las conciencias de aquellos que sinceramente buscaban el camino de verdad en el amor por él. Yo vi, contemplando con el ojo de mi mente que el Dios del cielo me había revelado, las marcas del dedo y la mano de Dios mostradas visiblemente en este testimonio. Era evidente por la claridad del principio, el poder y la efectividad de esto en su ejemplar sobriedad, sencillez, celo, firmeza, humildad, gravedad, puntualidad, caridad, y cuidado prudente en el gobierno de los asuntos de la iglesia, los cuales brillaron en él y en las vidas de ellos, y el testimonio que él empleó en esta obra. Por lo tanto me confirmó grandemente que era Dios, y envolvió mi alma en un profundo amor, temor, reverencia y agradecimiento por su amor y misericordia a la humanidad; y permanezco en esta opinión, y lo haré, espero, hasta el fin de mis días.

II. En su testimonio o ministerio, él trabajó mucho para abrir la verdad al entendimiento de la gente, y para basarlos sobre el principio y principal, Cristo Jesús, la luz del mundo. Para que al traerlos a algo que era de Dios en sí mismos, para que puedan conocerlo y juzgarlo mejor a él y a sí mismos.

III. Él tenía un don extraordinario para abrir las escrituras. Él iba al corazón de las cosas, y mostraba el espíritu, armonía y cumplimiento de ellas, con mucha claridad y para gran consolación y edificación.

IV. Mucha de la sustancia y flujo de sus testimonios concernía: el misterio del primer y segundo Adán, la caída y restauración, la ley y el evangelio, sombras y sustancia, el estado del siervo y el hijo, y el cumplimiento de las escrituras en Cristo; y por Cristo la luz verdadera, en todos los que son suyos por medio de la obediencia de la fe. Todo lo que él testificó era de Dios, obligado a hablar lo que había recibido de Cristo, y lo que había sido su propia experiencia; tal manera de hablar nunca se equivoca ni falla.

V. Pero más que nada él sobresalía en la oración. La interioridad y peso de su espíritu, la reverencia y solemnidad de su discurso y comportamiento, y la escasez y plenitud de sus palabras, a menudo han llenado aún a los extraños con admiración, y alcanzado a otros con consolación. Debo decir que en su oración él era cuadro más tremendo, viviente y reverente que he sentido o contemplado. Y verdaderamente era testimonio que él conocía y vivía más cerca del Señor que cualquier otro hombre; porque los que lo conocen más, tendrán más razón para acercarse a Él con reverencia y temor.

VI. Él era de una vida inocente, no entrometido, ni egoísta, ni sensible, ni criticón; lo que salía de él era muy inofensivo, como también muy edificador. Tan manso, conforme, modesto, fácil, estable y sensible, que era un placer estar en su compañía. El no ejercía autoridad alguna excepto sobre el mal, y fue así en todas partes y con todos; pero con amor, compasión y paciencia. Un hombre muy misericordioso, estaba tan listo a perdonar, como también era poco probable que ofendiera o fuera ofendido. Miles pueden decir verdaderamente, él tenía un espíritu y gusto excelente entre ellos, y por causa de esto, los espíritus más excelentes lo amaban con un amor genuino y duradero.

VII. Él era un obrero incesante; ya que cuando era más joven, antes que sus muchos grandes y profundos sufrimientos y viajes hayan debilitado su cuerpo por causa de los servicios ambulantes, él obró mucho en la palabra, doctrina y disciplina de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Él hizo volver a muchos hacia Dios, y confirmó a aquellos que estaban convencidos de la verdad, estableciendo un buen orden en los asuntos de la iglesia entre ellos. Y hacia la conclusión de sus servicios ambulantes, entre los años 1671 y 1677, él visitó las iglesias de Cristo en las plantaciones en América, y en Holanda y Alemania, como relata el siguiente Diario; para el convencimiento y consolación de muchos. Después de ese tiempo él residió mayormente en y cerca de Londres, y además de los servicios de su ministerio, los cuales eran frecuentes, él escribió mucho tanto a aquellos que están dentro como a los que están fuera de la comunión. Pero el cuidado que él tuvo de los asuntos de la iglesia en general era muy grande.

VIII. Él estaba a menudo donde se guardan los registros de los negocios de la iglesia, donde se recibían las cartas de las muchas reuniones del pueblo de Dios en todo el mundo; habiendo él leído estas cartas a él, y entonces habiéndolas comunicado a la reunión que se lleva a cabo semanalmente para tales servicios. Y él se aseguraba de animarlos para contestarlas, especialmente en casos de sufrimiento; mostrando gran simpatía y compasión en todas las ocasiones, investigando cuidadosamente los respectivos casos, y buscando un alivio rápido de acuerdo a la naturaleza de ellos. De manera que si él estuviera allí, las iglesias y cualquiera de sus miembros en sufrimiento estaban seguros de no ser olvidados o demorados en sus deseos.

IX. Y él no estaba cansado, así que no se desanimaba en sus servicios para Dios y su pueblo. Él no era movido más al temor que a la ira.

Su comportamiento en Derby, Litchfield, Appleby, ante Oliver Cromwell, en Launceston, Scarborough, Worcester, y Westminster Hall, y en muchos otros lugares y ejercicios, era clara evidencia de su dedicación al servicio de Dios, tanto con sus enemigos como también con sus amigos.

Pero como en la iglesia primitiva, algunos se levantaron en contra de los benditos apóstoles de nuestro Señor Jesucristo, aún entre aquellos que ellos habían llevado a la esperanza del evangelio, y que llegaron a ser su problema más grande. De manera similar este hombre de Dios recibió sufrimientos por parte de algunos que habían sido convencidos por él, quienes por el prejuicio o el error, se opusieron a él como a alguien que busca dominio sobre la conciencia; porque él presionaba, por medio de su presencia o sus epístolas, a una conformidad presta y celosa con tales cosas buenas y sanas como las que llevaban a una conversación ordenada acerca de los asuntos de la iglesia, y en su caminar ante los hombres. Aquello que contribuía mucho a esta hostil oposición, era en algunos una envidia del amor y la estima que él tenía y que se merecía en los corazones de la gente; sus sugerencias infundadas de su imposición y obediencia ciega se debe atribuir a su debilidad.

Ellos hubieran querido que cada hombre fuera independiente, que como él tenía el principio en sí mismo, él sólo debía permanecer o caer en ello y nadie más; sin considerar que el principio es el mismo en todos. Aunque la medida de luz o gracia puede ser diferente, aún así la naturaleza de ella era la misma; y siendo así, ellos atacaron la unidad espiritual, a la que es llevado naturalmente un pueblo guiado por el mismo principio. De manera que lo que es malo para uno es malo para todos, y lo que es virtuoso, honesto, y de buen nombre para uno, lo es así para todos, a partir del sentido y gusto de un principio universal que es común a todos. Aún los desleales profesan que este principio es la raíz de toda la comunión cristiana, y ese espíritu en el cual el pueblo de Dios bebe, y llega a ser de mente espiritual, y de un corazón y un alma.

Comentario del editor del sitio: Pero estas personas inmaduras y de mente independiente no podían aceptar que otros fueran más maduros en Cristo, y que por lo tanto fueran dirigidos por el Espíritu Santo, y que tuvieran conocimiento con respecto al plan de Dios para el orden y la unidad en el cuerpo de Cristo, y que por lo tanto eran dignos de que ellos se sometieran a su juicio. Ellos eran tan inmaduros que el Espíritu de Dios no podía ni siquiera corregirlos. Vea varios escritos de Jorge Fox acerca de aquellos que clamaron: "No hay que juzgar la conciencia, no hay que juzgar los asuntos de fe, no hay que juzgar a los espíritus, o religiones." Estos cuáqueros inmaduros, cuando se hicieron insistentes en sus errores, y a medida que los cuáqueros maduros se hicieron menos expertos en corregirlos, llevaron a la decadencia de la fe de los cuáqueros de la unidad de Espíritu. Uno de los primeros principios de la fe de los cuáqueros fue: no realizar ningún cambio en sus reuniones ni sus normas, a menos que los miembros maduros lo consintieran; cuando esto fue ignorado, la caída fue inevitable. Fox pasó los últimos diez años de su vida mayormente rogándole a estos jóvenes, quienes pensaban que eran más aptos para emitir juicios que aquellos que habían crecido en Cristo. La mayoría se dio cuenta del error en su camino y volvieron a la unidad; pero después que Fox murió, los inmaduros comenzaron a gobernar. Y casi todos los primeros ministros (los sesenta valientes) habían muerto años antes, más que nada en la cárcel. Sólo un puñado permaneció después de la muerte de Fox. Fue como la decadencia de la Iglesia primitiva, cuando Pablo dijo: Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonarán la vida al rebaño.

Algunos débilmente confundieron el buen orden en el gobierno de los asuntos de la iglesia con la disciplina en la adoración, y erróneamente creyeron que él y otros hermanos enfatizaban y recomendaban la disciplina en la adoración. De manera que estaban listos para repetir las mismas acusaciones en contra de las cuales los disidentes habían objetado muy razonablemente, concerniente a las iglesias a nivel nacional, las cuales habían presionado a la conformidad con sus respectivos credos y adoraciones. En cambio, los asuntos que él recomendó y con los cuales hizo hincapié tenían relación completamente con la conversación, y la parte externa y (como yo diría) civil de la iglesia, de manera que los hombres caminaran de acuerdo con los principios de su creencia, y no estuvieran carentes de cuidado y caridad. Algunos han tropezado erróneamente y caído con una obstinación irrazonable, aún al prejuicio. Sin embargo, bendito sea Dios, la mayoría han regresado a su primer amor, y han visto la obra del enemigo. Un enemigo que no pierde ninguna oportunidad o ventaja por la cual él puede frenar o estorbar la obra de Dios, e inquietar la paz de su iglesia, y enfriar el amor de su pueblo por la verdad, y de unos por otros; y todavía hay esperanza para varios de los pocos que todavía están en rebelión.

En todas estas ocasiones, aunque Jorge Fox era el blanco de este descontento, él llevó todas sus debilidades y prejuicios, y no respondió con aspereza o con acusaciones por lo que él recibió de ellos. En cambio, él los perdonó por sus palabras débiles y amargas, orando por ellos para que puedan tener un sentido de su dolor, y ver la sutileza del enemigo para desgarrar y dividir, y para que regresaran a su primer amor que no trajo ningún mal.

Y verdaderamente, debo decir que aunque Dios le había vestido visiblemente con una preferencia y autoridad divina, y en verdad su misma presencia expresaba una majestad religiosa, aún así él nunca abusó de ella, sino que mantuvo su lugar en la iglesia de Dios con gran mansedumbre, y una humildad y moderación muy agradable. Ya que en todas las ocasiones, como su bendito maestro, él era un siervo a todos, llevando y ejercitando su posición de anciano de iglesia en el poder invisible que los había unido, con reverencia a la Cabeza y cuidado por el cuerpo. Su posición de anciano fue recibida sólo en el espíritu y poder de Cristo, como el primer y principal anciano de su época. Él era, por lo tanto, digno de doble honor, por la misma razón por la cual era dado a los fieles de esta época; porque su autoridad era interior y no exterior, y porque él la recibió y la mantuvo por el amor a Dios y el poder de una vida eterna. Yo escribo de mi propio conocimiento y no de rumores, y mi testimonio es verdadero, habiendo estado junto a él por semanas y meses en muchas ocasiones; y habiendo estado cerca de él en esas ocasiones en las circunstancias más difíciles. Y que de día y de noche, por mar o por tierra, en éste y otros países en el extranjero; puedo decir que nunca lo vi fuera de su lugar, o que no estuviera a la altura de cada servicio y ocasión.

Porque en todas las cosas él se defendía como un hombre; sí, un hombre fuerte, un nuevo hombre con pensamientos celestiales. Un divino, y un naturalista, y todo hechura del Dios Todopoderoso. Yo me he sorprendido de sus preguntas y respuestas sobre cosas naturales; y aunque era ignorante de la ciencia inútil y sofisticada, tenía en él los cimientos de un conocimiento útil y elogiable, el cual apreciaba en todas partes. Cortés más allá de todas las formas de crianza en su comportamiento; muy templado, comía poco y dormía menos, aunque era una persona voluminosa.

De esta manera él vivió y estuvo entre nosotros; y así como vivió también murió, sintiendo el mismo poder eterno que lo había levantado y preservado en sus últimos momentos. Él estaba tan lleno de seguridad, que triunfó sobre la muerte; y así hasta el final, como si la muerte fuera apenas digna de notar o mencionar; recomendando a algunos de nosotros dentro de él el despacho y la distribución de una epístola, justo antes habiendo dictado una a las iglesias de Cristo a través del mundo, y despachando sus propios libros. Pero sobre todo, recomendando Amigos; y de todos los Amigos, particularmente aquellos en Irlanda y Norteamérica; dos veces, diciendo 'Preocúpense de los Amigos pobres en Irlanda y Norteamérica.'

Y para algunos que vinieron y le preguntaron cómo se encontraba, él les respondió: 'No presten atención, el poder del Señor está sobre toda debilidad y muerte; la semilla reina, bendito sea el Señor'; lo cual fue alrededor de cuatro o cinco horas antes de su partida de este mundo. Él estaba en la gran reunión cerca de la calle Lombard en el primer día de la semana, y fue en el tercer siguiente, como a las diez de la noche, que él nos dejó; estando en la casa de H. Goldney en la misma corte. Se fue a una buena edad avanzada, después de haber vivido para ver a los hijos de sus hijos por muchas generaciones en la verdad. Tuvo la consolación de una enfermedad corta, y la bendición de un sentido claro hasta el final; y podemos decir verdaderamente, con un hombre de Dios de la antigüedad, que 'estando muerto, él aún habla'; y aunque ausente en el cuerpo, está presente en espíritu. Ni el tiempo ni el espacio pueden interrumpir la comunión de los santos, o disolver el compañerismo de los espíritus de los justos. Sus obras lo alaban, porque deben adorar al que obró por él; por lo cual su memoria es y será bendita. Y a esta parte de mi prólogo, he acabado, cuando haya dejado este breve epitafio a su nombre. 'Muchos hijos han vivido virtuosamente en este tiempo, pero tú, estimado Jorge, los superas a todos.'

Una solicitud a aquellos así llamados cuáqueros

Y ahora que ustedes, amigos, profesan caminar en el camino que este bendito hombre fue enviado por Dios para volvernos a él, les ruego que permitan que mis palabras de exhortación lleguen a los padres y a los hijos, tanto a los ancianos como a los jóvenes. La gloria de este día y el cimiento de la esperanza (que no nos han avergonzado desde que somos un pueblo), es ese principio bendito de la luz y la vida de Cristo, las cuales profesamos, y a las cuales dirigimos a la gente, como el gran instrumento y agente de la conversión del hombre a Dios. Fue por él que fuimos tocados al principio, y fuimos efectivamente iluminados, como a nuestro estado interior; y nos hicimos conscientes de nuestro fin posterior, lo que nos causó que nos enfocáramos en el Señor, y contáramos nuestros días, para que aplicáramos nuestros corazones a la sabiduría. En ese día no juzgamos de acuerdo a la vista del ojo, ni al oír del oído. Sino de acuerdo a la luz y el sentido que este bendito principio nos dio, juzgamos y actuamos en referencia a las cosas y personas, nosotros mismos y otros, sí, hacia Dios nuestro creador. Porque habiendo sido despertados por él en nuestro hombre interno, pudimos fácilmente discernir la diferencia de las cosas, y sentir lo que era correcto y lo que era incorrecto, y lo que era apto y lo que no lo era, tanto en referencia a los asuntos religiosos como civiles. Siendo éste el cimiento de la comunión de todos los santos, sobre el cual estaba nuestra comunión. En éste deseamos tener un sentido los unos de los otros, y actuamos unos con otros y con todos los hombres, en amor, fidelidad y temor.

En el sentir de los movimientos de esto, nos acercamos al Señor, y esperamos ser preparados, para que podamos sentir esos acercamientos y movimientos, antes de acercarnos al Señor en oración, o abrir nuestras bocas en el ministerio. Y en nuestro comienzo y final, con estos movimientos y acercamientos del Señor, estuvo nuestro consuelo, servicio y edificación. Y cuando nos adelantamos, o quedamos cortos en nuestros servicios, fabricamos cargas para llevar nosotros mismos; encontrando en nosotros un reproche, en vez de aceptación; y en vez de "Bien hecho", escuchamos "¿Quién ha pedido esto de tus manos?" En ese día éramos un pueblo dirigido, y nuestros mismos semblantes y conducta lo declaraban.

El cuidado por otros estaba en ese entonces muy sobre nosotros, como también por nosotros mismos, especialmente los recién convertidos. A menudo sentíamos la responsabilidad de llevar la palabra del Señor a nuestros vecinos, parientes y conocidos, y a veces también a los extraños. Estábamos atribulados por nuestra preservación mutua; no buscando, sino rehuyendo cualquier ocasión de frialdad o malentendido. Tratándonos unos a otros como aquellos que creían y sentían la presencia de Dios; lo cual mantuvo nuestra conversación inocente, seria, e importante, cuidando de no caer en los cuidados y amistades del mundo. Mantuvimos la verdad en el espíritu de ésta, y no en nuestros propios espíritus carnales, ni tras nuestra voluntad o afectos. Nuestros espíritus carnales eran controlados y puestos en sujeción; tanto así que era visible para aquellos que nos conocían. No pensábamos que nosotros mismos estábamos a disposición nuestra, para ir a donde quisiéramos, o para decir o hacer lo que quisiéramos, o cuando quisiéramos. Nuestra libertad estaba en la libertad del espíritu de la verdad; y ningún placer, ni ganancia, ni temor, ni favor nos podía alejar de este estado mental retirado, estricto y alerta. Estábamos tan lejos de buscar ocasiones de compañía, que las evitábamos cuando podíamos, encargándonos de nuestros propios negocios con moderación, en vez de entrometernos en los negocios de otros innecesariamente.

Nuestras palabras eran pocas y con sabor, nuestra apariencia compuesta y seria, y todo nuestra conducta era muy evidente. La verdad es que nuestro estilo de vida estricto y retirado de la libertad de conversación del mundo, nos exponía a la censura de muchos, de personas vanidosas y con pretensiones de superioridad moral, etc. Pero era el hecho que nos cuidábamos de muchas trampas, a las cuales otros estaban expuestos continuamente por la prevalencia de los deseos de los ojos, los deseos de la carne, y la vanagloria de la vida, que no necesitaban excusa o tentación para entusiasmarlos en la conversación del mundo.

No puedo olvidar la humildad y el celo casto de aquellos tiempos. ¡Ah! ¡Qué constantes en las reuniones, qué retirados en ellas, qué firmes en la vida de la verdad, como también en los principios de la verdad, y qué enteros y unidos en nuestra comunión, como de verdad llegan a ser aquellos que profesan una cabeza, Cristo Jesús el Señor!

Siendo este el testimonio y ejemplo del hombre de Dios mencionado anteriormente, quien fue enviado a declararlo y dejarlo entre nosotros; y habiendo nosotros adoptado éste como la visitación misericordiosa de Dios a nosotros, la palabra de exhortación en este tiempo es: que continuemos siendo hallados en el camino de este testimonio con celo e integridad, y tanto más por cuanto el día del Señor se acerca.

Y primero, en cuanto a ustedes, mis amados y muy honrados hermanos en Cristo que están en el ejercicio del ministerio. ¡Oh, sientan la vida en su ministerio! Dejen que la vida sea su comisión, su fuente y tesorería en todas tales ocasiones; de otra manera ustedes saben bien que no se engendra para Dios, ya que nada puede despertar o revivir a la gente a Dios, sino la vida de Dios. Y debe ser un ministerio en la vida y de la vida, que reviva a cualquier persona a Dios. Hemos visto el fruto de todos los otros ministerios, por las pocas personas que se vuelven del mal de sus caminos. No son nuestras partes o nuestra memoria, o la repetición de las revelaciones anteriores por nuestra propia voluntad o nuestro tiempo lo que realizará la obra de Dios. Un ministerio doctrinal seco, no importa lo sensato que sea en palabra, no puede alcanzar más que el oído, y no es más que un sueño. Hay otra sensatez, que es la más sensata de todas: Cristo el poder de Dios. Esta es la llave de David, que abre, y nadie cierra; y cierra, y nadie abre; como el aceite a la lámpara y como el alma al cuerpo, así es como mejor se puede describir. Lo cual hizo que Cristo dijera: 'Mis palabras son espíritu, y son vida'. Esto es, son de la vida, y por lo tanto nos reviven si las recibimos. Si los discípulos, que habían vivido con Jesús, debían quedarse en Jerusalén hasta que recibieran poder del Espíritu; así nosotros debemos esperar para recibir poder antes de ministrar, si queremos hacer volver a la gente de las tinieblas a la luz, y del poder de satanás a Dios.

Doblo mis rodillas fervientemente al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, para que ustedes puedan ser siempre de la misma opinión, para que siempre esperen reverentemente la venida y la revelación de la palabra de vida, y para que la atiendan en el ministerio y servicio, para que puedan servir a Dios en su espíritu. Y sea poco, o sea mucho, está bien; porque mucho no es demasiado, y lo menos es suficiente, si viene del espíritu de Dios; y sin él, verdaderamente, poco es demasiado, porque no es de provecho.

Porque es el espíritu del Señor el cual inmediatamente, o por medio del ministerio de sus siervos, le enseña a su pueblo a sacar provecho. Y de seguro, mientras lo llevemos a él a nuestros servicios sacaremos provecho, pero de otra manera no. Porque si es el Señor el que tiene que obrar todas las cosas en nosotros para nuestra salvación, cuando más es el Señor quien debe obrar en nosotros para la conversación con otros. Si, por lo tanto, era una cruz para nosotros hablar cuando el Señor lo exigía de nosotros; estemos en silencio cuando él no nos pida que hablemos.

Comentario del editor del sitio: Que no haya confusión acerca de qué se requiere para enseñar, predicar, orar o adorar sin incurrir en condenación para si mismo. La mente carnal es enemistad contra Dios, y no puede ceder a la ley de Dios; por lo tanto, antes de cualquier predicación, enseñanza, adoración u oración, para que no sea una abominación a Dios, la mente e imaginación carnales deben ser destruidas en la cruz interna de la negación propia. Entonces usted ya no piensa sus propios pensamientos, ni habla sus propias palabras, ni decide qué se debe hacer, (obras muertas); más bien el Señor proporciona sus pensamientos, sus palabras para hablar inmediatamente antes de hablar, y dirige sus obras que traen placer, honor y gloria a Dios y gozo a usted.

Si usted enseña, testifica, predica, adora u ora a partir de los pensamientos de su propia mente, eso es muy desagradable para el Señor. Si usted enseña, testifica, o predica usted: 1) no progresará en lo más mínimo aparte de crecer en orgullo y vanidad, y 2) si usted abandona este error, su progreso será retrasado en proporción al daño que usted ha ocasionado a sus oyentes con sus palabras, no las de Él. Entienda que si usted viola esto, la oposición puede llegar a ser muy activa en imitar la voz del Señor y llevarle aun más al error, junto con la condena por el daño espiritual que usted le causa a sus oyentes, no importa qué tan accidental sea.

Basado en el consejo de Edward Burrough, (haga clic para leerlo), un gigante de los primeros cuáqueros, no deberíamos hacer nada sino arrepentirnos hasta que podamos distinguir entre la voz del Señor y la voz del enemigo; y William Penn escribió: "Aunque es el deber de todos caminar en la luz, y esperarla, para que por ella puedan ser instruidos en el camino de la vida y la salvación, sin embargo son solamente los que realmente son guiados por ella* (la luz), los que pueden discernir correctamente entre los espíritus falsos y los verdaderos."

* A modo de repaso: para ser guiado o dirigido por la luz, la luz primero debe surgir en su corazón como una estrella magnífica, de modo que se le muestre todo lo que debe hacer y se le diga todo lo que debe decir; el inequívoco surgimiento de la luz viene de la fe en la voz.

A menos que usted pueda oír lo que el Señor desea que usted ore, siéntese y espere en humilde silencio, con la esperanza de eventualmente llegar a ser justo: capaz de orar, alabar, adorar, hablar, y actuar perfectamente de acuerdo la voluntad de Dios, lo cual trae placer, honor y gloria a Dios.

Es una de las cosas más terribles que se encuentran en el Apocalipsis, la que dice que el que añadiere a las palabras del libro de esta profecía, Dios traerá sobre él las plagas escritas en este libro. Mantenerse alejado del consejo de Dios es igual de terrible; porque el que quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida. Y verdaderamente tiene una gran advertencia para aquellos que usan el nombre del Señor, para que estén muy seguros de que el Señor está hablando, para que ellos no se encuentren en el número de aquellos que añaden a las palabras del testimonio de la profecía que Dios les da para que lleven; que no las corten lo las disminuyan, ya que ambas cosas son muy ofensivas para Dios.

Por lo tanto, hermanos, seamos cuidadosos de no adelantarnos de nuestro guía, ni de holgazanear detrás de él; porque el que se apura puede perderse de su camino, y el que se queda atrás puede perder de vista a su guía. Porque aún aquellos que habían recibido la palabra del Señor necesitaban esperar la sabiduría, para que pudieran ver cómo aplicar la palabra correctamente. Lo cual implica claramente que es posible para uno que ha recibido la palabra del Señor no entender la aplicación de ella; lo cual viene de la impaciencia del espíritu y de una obra propia, lo cual produce una mezcla inestable y peligrosa, que no producirá un pueblo con una mente correcta viviendo para Dios.

Más allá de todas las consideraciones soy celoso con respecto a la conducta en público de los hermanos en el ministerio; sabiendo bien cuánto su comportamiento determina su estado presente, su estado futuro, y la preservación de la iglesia de Cristo Jesús, la cual ha sido reunida y edificada por un ministerio viviente y poderoso. Yo deseo intensamente que el ministerio sea mantenido, preservado, y continuado en las manifestaciones, movimientos y provisiones de la misma vida y poder de Dios para todo el tiempo.

Y donde se observe que alguien ministra más de dones y partes que no son de la vida y poder de Dios, aunque tengan un entendimiento iluminado y doctrinal, dejen que con el tiempo sean aconsejados y amonestados para su preservación; porque por la ignorancia los tales llegarán a depender de la auto-suficiencia, abandonando a Cristo, la fuente viviente, cavándose cisternas para sí mismos que no contienen aguas vivas. Tal auto-suficiencia hará que por grados otros sean desviados de esperar el don de Dios en sí mismos, y de sentirlo en otros, y de esperar la fortaleza y el refrigerio; y que eventualmente se vuelvan de Dios otra vez hacia el hombre, haciendo un naufragio de la fe que una vez liberó a los santos,* y de buena conciencia hacia Dios. La fe sostenida en una buena conciencia hacia Dios puede solamente mantenerse por un don divino de vida que al principio creó la fe, y debilitó y santificó el alma.

* Comentarios del editor del sitio: Ambiciosos para enseñar y/o predicar, pero sin la paciencia para ser crucificados en la cruz interna de la negación propia para que sus pensamientos, palabras, y acciones sean todas ordenadas por el Señor, tales personas llegaron penetrar las asambleas de los cuáqueros, completamente destruyendo la religión cuáquera, la cual ya se había deteriorado para entonces en sólo otra secta deficiente, (la que en realidad se separó formando varias sectas deficientes).

No es suficiente que hayamos conocido el don divino, y que en él hayamos alcanzado los espíritus en prisión, y que hayamos sido los instrumentos de la conversión de otros al camino de Dios. Debemos mantenernos tan bajos y pobres en nosotros mismos, y tan dependientes del Señor como siempre; ya que ninguna memoria, ni repeticiones de revelaciones o gozos anteriores, traerá el alma a Dios, o dará pan al hambriento, o agua al sediento, a menos que la vida vaya con lo que decimos; y debemos sentarnos quietamente y esperar la vida.

Puede que no tengamos ninguna otra fuente, tesoro o dependencia; para que ninguno suponga que en alguna manera actúa para Dios porque previamente han actuado por largo tiempo de parte de Dios; para que no sustituyamos nuestra propia sabiduría por la espera de la sabiduría de Dios, o pensemos que podemos cuidar menos y tomar más libertad en hablar que antes. Y si no sentimos al Señor abriéndonos y agrandándonos por su poder, no importando lo que la gente espere de nosotros, o lo que haya sido nuestra provisión y carácter habituales, para que no nos excedamos ni llenemos el tiempo con nuestra sabiduría y palabras.

Espero que siempre recordemos quién fue el que dijo: 'Ustedes no pueden hacer nada por sí mismos.' Nuestra suficiencia está en él. Y si no debemos hablar de nuestras propias palabras, ni pensar lo que debemos decir a los hombres en defensa propia cuando seamos expuestos por nuestro testimonio, entonces de seguro no debemos hablar nuestras propias palabras, o preparar lo que debemos decir en nuestro testimonio y ministerio en el nombre del Señor a las almas de las personas. Porque entonces en todo el tiempo, y en todas las otras ocasiones, debe ser cumplido en nosotros: ‘Porque no serán ustedes los que hablen, sino que el Espíritu de su Padre hablará por medio de ustedes.'

Y ciertamente el ministerio del espíritu debe mantener y mantiene su acuerdo con el nacimiento del espíritu; que así como ningún hombre puede heredar el reino de Dios a menos que haya nacido del espíritu, también ningún ministerio pueda generar un alma para Dios a menos que sea por el espíritu. Porque, como dije anteriormente, los discípulos esperaron esto antes de salir al mundo, y en éste nuestros hermanos mayores y mensajeros de Dios en nuestro día esperaron, visitaron y tocaron nuestro espíritu. Y habiendo comenzado en el espíritu, no dejen que nadie espere o busque ser perfecto en la carne; porque, ¿qué es la carne al espíritu, o la paja al trigo? Y si nos mantenemos en el espíritu, nos mantendremos en su unidad, lo cual es el cimiento de la verdadera comunión. Porque al beber de ese espíritu único, somos hechos un pueblo para Dios, y por él continuamos en la unidad de la fe y el vínculo de la paz. Ninguna envidia, ninguna amargura, ninguna disputa puede tener lugar en nosotros. Siempre debemos buscar lo bueno y nunca lo malo en otros, y gozarnos en gran manera; y no tener envidia del aumento de las riquezas de la gracia en otros, con la cual Dios vuelve a llenar sus siervos fieles.

Y, hermanos, como a ustedes fue encargada la dispensación de los oráculos de Dios, la cual les da oportunidades frecuentes y un gran lugar con la gente entre las cuales ustedes viajan, les ruego que no piensen que es suficiente declarar la palabra de vida en sus asambleas, no importa lo edificantes y confortantes que sean tales oportunidades para ustedes y para ellos. Pero como era la práctica del hombre de Dios en gran medida mencionado anteriormente, cuando estaba entre nosotros, él preguntaba acerca de las iglesias visitadas, quién entre ellos estaba afligido o enfermo, quién estaba siendo tentado, si alguien había sido infiel u obstinado. Obra que estaba similarmente en la sabiduría y el poder de Dios, lo cual será una corona gloriosa sobre su ministerio. Tal progreso prepara su camino en el corazón de las personas para que le reciban como hombres de Dios, y le da a usted credibilidad entre ellos, permitiéndole que los aconseje para su bien, en otros aspectos. El afligido será consolado por usted, el tentado será fortalecido, el enfermo será refrescado, los infieles serán convertidos y restaurados; y aquellos que son obstinados serán suavizados y hechos aptos para la reconciliación, la cual le da credibilidad por el cuidado que usted muestra hacia aquellos que tienen necesidades particulares.

Aunque hombres buenos y sabios, y ancianos también, pueden residir en tales lugares, quienes son dignos e importantes, a veces no tienen el respeto que se merecen de la gente entre las cuales habitan, o en algunos casos puede que no sea apropiado para ellos usar tal autoridad. Pero ustedes que viajan como mensajeros de Dios, si ellos les aceptan para la responsabilidad más grande ¿les rechazarán para la más pequeña? Y si son dueños del testimonio general, ¿podrán ellos resistir su aplicación particular en sus propios casos? Así serán conocidos como obreros aprobados de verdad en la alabanza de Su nombre, quien los ha llamada de las tinieblas a la luz, para que ustedes puedan volver a otros del poder de satanás hacia Dios y a su reino que se encuentra en el interior. Y ¡Oh! ¡Que hubieran más obreros fieles en la viña del Señor! ¡Desde el comienzo nunca ha habido más necesidad!

Razón por la cual, no puedo sino llorar y clamar en alta voz a ustedes, quienes han sido por mucho tiempo profesantes de la verdad, y conocen la verdad en el poder convincente de ella, y han tenido conversaciones sobrias entre los hombres; y aún así están conformes de conocer la verdad para sí mismos. Yo les imploro a ustedes quienes se limitan a ir a las reuniones, ejercitando la caridad ordinaria en la iglesia y el comportamiento honesto en el mundo; sintiendo poco o nada de preocupación en sus espíritus por la gloria del Señor en la prosperidad de su verdad en la tierra. Yo les imploro para que estén más que felices que otros tuvieron éxito en tal servicio. ¡Levántense en el nombre y poder del Señor Jesús! ¡Vean cómo los campos están blancos con semilla, esperando la cosecha en ésta y otras naciones, y cómo hay tan pocos obreros capaces y fieles para recoger la cosecha! Su gente del campo, vecinos y parientes quieren conocer al Señor y su verdad, y caminar en ella. ¿Acaso no sienten nada de sus cargas en la vida? Busquen y vean, y no pierdan el tiempo, les imploro, porque el Señor está cerca. Yo no los juzgo; hay uno que juzga a todos los hombres, y sus juicios son verdaderos. Ustedes han aumentado extremadamente en sus posesiones materiales, espero que aumenten de la misma manera en riquezas internas, y que hagan el bien con ambas mientras tengan tiempo de hacer el bien. Previamente sus enemigos se tomaron las propiedades de ustedes por el bien de Su nombre en el cual ustedes han creído; por lo tanto él les ha dado mucho de lo del mundo en frente de sus enemigos. Pero ¡Oh, dejen que sus riquezas sean sus siervos y no sus señores, su diversión en vez de su negocio! Dejen que el Señor esté principalmente en sus ojos, y consideren sus caminos, y vean si Dios tiene algo más para que ustedes hagan. Y si se encuentran cortos en sus cuentas con él, entonces esperen su preparación, y estén listos para recibir la palabra del mandamiento. Cuando hayan puesto sus manos en el arado, no se cansen de hacer el bien; y si no desmayan, de seguro cosecharán el fruto de su labor celestial en el reino eterno de Dios.

Los jóvenes convencidos *
y los hijos naturales de los primeros cuáqueros que habitaban en el reino

* Comentario del editor del sitio: Estar convencido significaba llegar a estar seguro del evangelio verdadero y el camino de la cruz necesario para la salvación, pero no haber recibido la salvación misma. Todos estos primeros cuáqueros recién convencidos habían sido antes devotos lectores de la Biblia, habían profesado que Jesús era el Hijo de Dios, habían sido bautizados, asistían servicios de las sectas, etc.; pero todavía eran cautivos del pecado, y ellos sabían que tenía que haber un camino para llegar a ser libres aún del deseo de pecar. Cuando ellos escucharon del camino de la cruz proclamado para llegar a ser puro, para llegar a ser libre de pecado, sus corazones dieron testimonio de esa verdad; por lo tanto ellos se unieron a otros que buscaban ser libres del pecado, al esperar en humilde silencio para oír del Maestro en el interior, para obedecerle, y recibir su gracia que produce cambio que les enseñó a negar la impiedad y los deseos mundanos, y cómo vivir sobria, justa y piadosamente en su mundo en aquel entonces; para ser redimidos de toda iniquidad, y purificados — y después para tener un celo de buenas obras que son vigorizadas y ordenadas por Dios. Este proceso, desde el convencimiento hasta la pureza, requería que ellos continuaran esforzándose por su salvación a través del tiempo con temor y temblor. Debido a que ellos temblaron en la presencia del Espíritu de Dios obrando en su corazones, mostrándoles sus pecados, convenciéndolos de los secretos en sus corazones, ellos temblaron — o "quaked" en inglés — y así llegaron a ser conocidos como cuáqueros.

¡Y ustedes, convencidos jóvenes! Les urjo y los exhorto a que esperen diligente y castamente a Dios en el camino de su bendita manifestación y su aparición a ustedes. No miren lo de afuera sino lo de adentro; no dejen que la libertad de otro sea su trampa; ni tampoco actúen por imitación, sino que noten y sientan el poder de Dios en ustedes mismos. No aplasten los tiernos comienzos de éste en sus almas, ni invadan sus suaves y santos movimientos con sus deseos y el calor de sus afectos. Recuerden que es un suave susurro lo que nos habla en este día, y que no se escucha en los ruidos y los apuros de la mente; pero se entiende claramente en un estado retirado. Jesús amó y escogió la soledad, a menudo yendo a las montañas, los jardines y la orilla del mar, para evitar las multitudes y los apuros, y para enseñarle a sus discípulos que era bueno estar en soledad y estar separado del mundo. Dos enemigos están cerca de su estado: la imaginación y la libertad. Pero la verdad clara, práctica, viviente y santa que los ha convencido los preservará; si la consideran en ustedes mismos, y traen todos los pensamientos, inclinaciones y afectos a la prueba de ella, para ver si están forjados en Dios, o en el enemigo, o en ustedes mismos. Así será preservado en ustedes un verdadero gusto, discernimiento y juicio, de lo que deben hacer y dejar sin hacer; y si andan en este camino con diligencia y fidelidad, llegarán a heredar sustancia; y Cristo, la sabiduría eterna, llenará sus tesorerías. Y cuando ya estén convertidos,* como también convencidos, entonces confirmen a sus hermanos, y estén listos para toda palabra y obra buena que el Señor los llame a hacer, para que ustedes sean su alabanza, quienes fueron escogidos para ser partícipes, con los santos en la luz, de un reino que no puede ser sacudido, una herencia incorruptible, en habitaciones eternas.

*Comentario del editor del sitio: Todo hombre comienza no convertido en oscuridad espiritual, caminando en oscuridad, sin la guía de la luz de Dios. La verdadera luz brilla en la oscuridad de nuestro corazón, pero el hombre en su oscuridad no la entiende. Juan 1:4,7,9, Juan 1:5. Con una fe persistente y obediente a lo que usted oye al Señor que le manda a hacer a medida que espera en Él, usted eventualmente experimentará la luz que se levanta en su corazón como una estrella brillante; este es un estado convertido; y entonces esta luz, Cristo, guiará sus pensamientos, palabras, y acciones. A menos que esta luz se haya levantado para resplandecer en su corazón para dar la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo, 2 Cor 4:6, usted está en el estado no convertido.

Y ahora, en cuanto a ustedes que son los hijos del pueblo de Dios, hay una gran preocupación sobre mi espíritu por ustedes, y a menudo están mis rodillas dobladas al Dios de sus padres por ustedes, para que ustedes lleguen a ser partícipes de la misma vida y poder divinos, que han sido la gloria de este día. Que ustedes puedan ser una generación para Dios, una nación santa y pueblo peculiar, celosos de buenas obras, cuando todos los de nuestra generación estén muertos. ¡Ah! ¡Jóvenes y jovencitas, no se contenten solamente con que son hijos del pueblo de Dios! Ustedes también deben nacer de nuevo, si quieren heredar el reino de Dios. Sus padres son sólo padres en la carne, y sólo pueden producirlos en la semejanza del primer Adán; pero ustedes deben nacer en la semejanza del segundo Adán, por medio de una regeneración espiritual, o no serán, y no podrán ser sus Hijos o su descendencia. Y por lo tanto, ¡miren cuidadosamente alrededor de ustedes, Oh, hijos de Dios! ¡Consideren su posición, y vean lo que son en relación con estos parientes, familia y nacimiento! ¿Han obedecido la luz, y recibido y caminado en el espíritu, que es la semilla incorruptible de la palabra y el reino de Dios, del cual deben nacer otra vez? Dios no hace acepción de personas; el padre no puede salvar o responder por el hijo, ni el hijo por el padre. Porque 'en el pecado que pecas, morirás, y en la justicia que haces', por medio de Cristo Jesús, 'vivirás'. Porque son los que están dispuestos y son obedientes los que comerán de la buena tierra.

No sean engañados, Dios no puede ser burlado; como todas las naciones y las gentes siembran, así cosecharán a la mano del Dios justo. Si no escogen el camino del Señor, sus muchos y grandes privilegios más que todos los hijos de otras gentes añadirán peso en la balanza en contra de ustedes. Porque ustedes han oído línea tras línea de enseñanzas correctas, mandato tras mandato, y no sólo buena doctrina sino buen ejemplo. Lo que es más, ustedes han sido llevados, y han conocido, un principio dentro de ustedes mismos, del cual otros han sido ignorantes. Y ustedes saben que ustedes se pueden conducir con tanta bondad como ustedes quieran, sin temor de malas miradas o golpes, o de ser echados fuera, o rechazados por padre y madre por el nombre de Dios y su santa religión, como ha sido el caso con sus padres el día que ellos entraron por primera vez en su camino santo. Si después que ustedes han oído y visto las maravillas de Dios en la liberación y preservación de sus padres a través de un mar de problemas, y las muchas bendiciones temporales así como espirituales con las cuales los ha llenado a la vista de sus enemigos; si ustedes descuidan y le dan la espalda a tan grande y cercana salvación, no solamente serán los hijos más malagradecidos con Dios y con ellos, sino también deben esperar que Dios llamará a los hijos de aquellos que no lo conocieron, para tomar las coronas de las manos de ustedes, y que la suerte de ustedes será un juicio espantoso en la mano del Señor. Pero ¡Oh, que nunca sea así con ninguno de ustedes! Que Dios no lo permita, dice mi alma.

¡Por lo tanto, jóvenes y jovencitas! Miren a la roca de sus padres; escojan el Dios de sus padres. No hay otro Dios sino él, no hay otra luz sino la de él, ni otra gracia sino la de él, ni espíritu sino el suyo, para convencerlos a ustedes, y consolarlos, guiarlos y preservarlos para el reino eterno de Dios. De esa manera ustedes serán tanto poseedores como también profesantes de la verdad, abrazando la verdad no sólo por educación, sino por juicio y convicción; de un sentido creado en sus almas por la operación del espíritu eterno y el poder de Dios. Por medio de esto ustedes llegarán a ser la simiente de Abraham por fe, y la circuncisión hecha no con manos, y herederos así de la promesa de una corona incorruptible hecha a los padres. Para que, como dije antes, ustedes puedan ser una generación para Dios, sosteniendo la profesión de la bendita verdad en la vida y el poder de ella. Porque la formalidad en la religión es repulsiva para Dios y para los hombres buenos; y es más repulsiva cuando cualquier forma o apariencia de religión ha sido nueva y peculiar, y se ha comenzado y practicado sobre un principio, con un celo y una rigurosidad poco común. Por lo tanto, yo digo, el que ustedes caigan en la formalidad, y continúen la profesión sin esa sal y sabor por los cuales se obtiene un buen informe entre los hombres, es no responder al amor de Dios, o a los cuidados de sus padres, o a la mente de verdad en ustedes mismos, ni en aquellos que están fuera. Porque aunque la gente de afuera no obedecen la verdad, tienen suficiente visión y sentido para ver si aquellos que sí hacen profesión de ella la obedecen o no. Porque donde la virtud divina de ella no se siente en el alma, ni si espera, ni se vive, las imperfecciones brotarán rápidamente, y se manifestarán. La infidelidad de aquellas personas se detecta; y sus interiores se ven como no sazonados con la naturaleza de ese principio santo que profesan.

Por esta razón, estimados hijos, déjenme que los urja para que cierren sus ojos a las tentaciones y los encantos de este mundo bajo y perecedero, y no permitan que sus afectos sean cautivados por esos deseos y vanidades a los cuales sus padres, en el nombre de la verdad, hace tiempo que dieron la espalda. Pero a medida que ustedes creen que es la verdad, recíbanla en sus corazones, para que lleguen a ser hijos de Dios; para que nunca se diga de ustedes, así como Juan escribió de los judíos de su tiempo, que Cristo, la luz verdadera, 'vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron; mas a cuantos le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios; los cuales no eran nacidos de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios'. Este versículo es muy apropiado para esta época. Ustedes son exacta y peculiarmente como esos judíos profesantes, porque llevan el nombre del pueblo de Dios, al ser los hijos y llevar la forma del pueblo de Dios. Y él, por su luz en ustedes, bien se puede decir que ha venido a los suyos. Y si ustedes no obedecen la luz, sino que le dan la espalda, y caminan tras las vanidades de sus mentes, serán iguales a esos judíos que no le recibieron, lo cual le oro a Dios que nunca sea el caso y juicio de ustedes. En cambio, que ustedes sean completamente sensibles a las muchas y grandes obligaciones bajo las cuales están hacia el Señor por su amor, y hacia sus padres por su cuidado. Que ustedes con todo su corazón, y con toda su alma y toda su fuerza, se vuelvan al Señor, a su don y su espíritu en ustedes. Para que ustedes puedan oír su voz y la obedezcan, sellando de esta manera el testimonio de sus padres por la verdad y la evidencia de su propia experiencia. Para que los hijos de sus hijos los bendigan, y bendigan al Señor por causa de ustedes, como aquellos que dieron un ejemplo fiel, como también un registro de la verdad de Dios en ellos. Así los cabellos grises de sus queridos padres, quienes todavía viven, bajarán a sus tumbas con gozo, al verlos a ustedes ser la posteridad de la verdad, como también de ellos; y que no sólo sus naturalezas, sino su espíritu de Dios, vivirá en ustedes cuando ellos ya no estén.

Concluiré este prólogo con unas pocas palabras para aquellos que no son de nuestra comunión, a las manos de quienes puede llegar esto, especialmente los que son de nuestra nación.

La apelación de Penn a los no cuáqueros

Amigos, ya que ustedes son hijos e hijas de Adán, y mis hermanos por la carne, frecuentes y serios han sido mis deseos y oraciones a Dios por ustedes. Para que ustedes puedan llegar a conocerle a él que los ha formado como su redentor y restaurador de la imagen santa (la cual ustedes han perdido por medio del pecado); por el poder y espíritu de su hijo Jesucristo, quien él a ha dado como la luz y la vida de este mundo. Y Oh, ¡que ustedes, que son llamados cristianos, lo reciban en sus corazones! Porque es en sus corazones donde ustedes quieren que él esté, y él está tocando a la puerta, así que ustedes deben abrir la puerta y dejarlo entrar. Pero ustedes no han abierto la puerta de sus corazones a él; sus corazones están llenos de otros invitados, de manera que la suerte de él entre ustedes ahora es la de un pesebre, como lo fue entonces. Sin embargo ustedes están llenos de profesión religiosa, como lo estaban los judíos cuando él vino a estar entre ellos; quienes no lo conocieron, sino que lo rechazaron y lo trataron impíamente. A menos que ustedes vengan a poseer y experimentar aquello que profesan, todas sus formalidades en la religión no les servirán de nada en el día del juicio de Dios.

Yo les exhorto, consideren su condición eterna, y vean lo que poseen; que cimientos y fundamentos tienen ustedes para su cristiandad. ¿Es ésta más que una declaración de creencia; es ella más que una creencia en la exactitud histórica del evangelio? ¿Han conocido ustedes el bautismo de fuego y del espíritu santo, y la pala de Cristo que avienta la paja, los deseos y afectos carnales? ¿Han conocido ustedes la levadura divina del reino, la cual después de recibirla, cambia el hombre por completo, santificándolo completamente en el cuerpo, el alma y el espíritu? Si esta no es la base de su confianza, ustedes están en un estado miserable.

Y ustedes dirán, tal vez, que aunque son pecadores, y viven diariamente cometiendo pecado, y no están santificados como he estado diciendo, sin embargo tienen fe en Cristo, quien ha llevado la maldición por ustedes, y en él ustedes están completos por la fe; siendo su justicia imputada en ustedes.

Comentario del editor del sitio: La justicia es imputada de Cristo viene sólo después de la muerte de su espíritu egoísta en la cruz interna de la negación propia, cuando usted recibe la fe con el fruto del Espíritu, en contra de lo cual no hay ley, para entonces caminar en amor, obedeciendo los mandatos continuos de Cristo. Hasta entonces nosotros, por medio del Espíritu, aguardamos la esperanza de la justicia por la fe, Gal. 5:5. Esperamos al oír al Señor hablarnos desde el interior de nuestro corazón y creyendo lo que él dice. Nosotros ejercemos nuestra fe para cargar la cruz interna de la negación propia, la cual es obedecer los mandamientos que oímos a Dios que nos habla a medida que esperamos, velamos, y escuchamos en silencio sus instrucciones, enseñanzas, mandatos, palabras de aliento, convicciones, y la destrucción del pecado en nuestros corazones. De la Palabra del Señor en el interior: "Hay una justicia imputada sólo después de la muerte;" la cual es la muerte de su espíritu egoísta (naturaleza pecaminosa) sobre la cruz interna de la negación propia.

Pero, mis amigos, permítanme que los urja a que no se engañen a sí mismos en un punto tan importante como el de sus almas inmortales. Si ustedes tienen una fe verdadera en Cristo, su fe los hará limpios, los santificará; porque la fe de los santos era su victoria en lo antiguo; por fe ellos vencieron el pecado dentro de ellos y los hombres pecaminosos por fuera. Y si ustedes están realmente en Cristo, ustedes no caminarán en la carne, sino en el espíritu; los frutos del cual se ven claramente. Sí, ustedes son una nueva criatura, hecha nuevamente, creada nuevamente, de acuerdo a la voluntad de Dios y su imagen espiritual. Las cosas viejas han pasado, y he aquí todas son hechas nuevas: nuevo amor, deseos, voluntad, afectos y prácticas. Ya no es el yo desobediente, carnal y mundano de ustedes el que vive; sino que en cambio ahora es Cristo el que vive en ustedes. Y vivir es Cristo, y morir es para ustedes ganancia eterna; porque ustedes están seguros, de ‘que lo corruptible de ustedes será vestido de incorrupción, y su mortalidad de inmortalidad;' y que ustedes tienen un hogar glorioso, eterno en lo cielos, que nunca envejecerá ni perecerá. Todo esto viene al seguir a Cristo, así como el calor viene con el fuego, y la luz con el sol.

Por lo tanto, tengan cuidado de cómo presumen confiar de tal opinión, que ustedes están en Cristo mientras todavía están pecando en sus naturalezas viejas caídas. Porque '¿qué comunión tiene la luz con las tinieblas, o entre Cristo y Belial?' Escuchen lo que les dice el amado discípulo: 'Si decimos que tenemos comunión con Dios, y caminamos en las tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad.' Esto es, si seguimos en un camino pecaminoso, somos cautivados por nuestros afectos carnales, y no somos convertidos a Dios, caminamos en tinieblas, y en ese estado no podemos tener ninguna comunión con Dios. Cristo viste con su justicia a aquellos que reciben su gracia en sus corazones, y se niegan a sí mismos, y toman su cruz diariamente, y lo siguen. La justicia de Cristo los hace hombres interiormente santos, de mentes, voluntades y prácticas santas. Aunque tengamos justicia, es la de Cristo; porque es nuestra, no por naturaleza, sino por fe y adopción. Es el don de Dios. Pero aún así, no es nuestra como si viniera de nosotros, por que es de Cristo, siendo de él y por él. Sin embargo es nuestra, y debe ser nuestra en posesión, poder y gozo, para que nos pueda ser de algún beneficio; si no la justicia de Cristo no será de ningún provecho para nosotros. De esta manera él fue hecho justificación, santificación y redención a los primeros cristianos; y si alguna vez ustedes tendrán el consuelo, la semilla, y la médula de la religión cristiana, de la misma manera deben llegar a conocerla y obtenerla.

Ahora, mis amigos, por lo que han leído (y leerán en lo que sigue), ustedes pueden percibir que Dios ha visitado un pueblo pobre entres ustedes con su conocimiento y testimonio de salvación; a quienes él ha sostenido y aumentado hasta este día, a pesar de la feroz oposición que han encontrado al mismo tiempo. No desprecien el estado humilde de esta apariencia. Era y todavía es, sabemos, un día de cosas pequeñas, y de informe pequeño con muchos; y se le da muchos nombres duros negativos. Pero esto es de Dios; vino de él porque conduce a él. Esto sabemos, pero no podemos hacer que otro lo conozca como nosotros lo conocemos, a menos que esa persona lo tome de la misma manera para conocerlo que nosotros. El mundo habla de Dios, pero ¿qué hacen? Oran para recibir poder, pero rechazan el principio en el cual se encuentra el poder. Si ustedes conocen a Dios, y le adoran y le sirven, como debieran hacer, ustedes deben aceptar la manera en que él fue ordenado y dado para ese propósito. Algunos le buscan en los libros, otros en hombres educados; pero lo que buscan se encuentra dentro de ellos mismos, y aún así lo pasan por alto. La voz es muy silenciosa, la semilla es muy pequeña, y la luz brilla en la oscuridad. Ellos están muy ocupados, de manera que no pueden cosechar los beneficios; pero la mujer que perdió su moneda, la encontró en su casa, después que ella había encendido su vela y barrido su casa hasta que estuviera limpia. Si ustedes hacen lo mismo, encontrarán lo que Pilato quería conocer, a saber, la verdad.

La luz de Cristo está adentro, quien es la luz del mundo, y así es una luz para ustedes, la cual les dice la verdad de su condición, lleva a todos a obedecerla para salir de la oscuridad y entrar en la luz maravillosa de Dios; porque la luz crece en los obedientes. Se siembra para los justos, y su camino es una luz brillante que va en aumento hasta que el día llega a ser perfecto.

Por esta razón, Oh amigos, ¡vuélvanse hacia adentro, vuélvanse hacia lo interno, se los ruego! Donde está el veneno, allí está el antídoto: allí quieren a Cristo, y allí lo deben hallar; y bendito sea Dios, allí lo pueden hallar. 'Buscad y hallaréis', yo testifico para Dios. Pero entonces ustedes deben buscar bien, con todo su corazón, como hombres que buscan por sus vidas, sí, por sus vidas eternas: diligente, humilde y pacientemente, como aquellos que no pueden probar los placeres, el consuelo o la satisfacción en nada más, a menos que encuentren a aquel que sus almas añoran, y desean conocerle y amarle sobre todo. ¡Oh! ¡Es una labor, una labor espiritual! Dejen que el mundo carnal maligno piense y diga lo que quiera. Y por este camino ustedes deben caminar hacia la ciudad de Dios, que tiene fundamentos eternos, si es que llegas a ese lugar.

¡Bueno! ¿Y qué hace esta luz bendita por ustedes?

1. Pone todos sus pecados en forma ordenada en frente suyo. Detecta el espíritu mundano en todas sus trampas y encantos, y muestra como el hombre cayó de Dios, y el estado caído en que se encuentra.

2. Crea un sentido y un pesar en aquellos que creen, por este temible lapso. Entonces ustedes le verán (Cristo) claramente como al que traspasaron, y verán todos los golpes y heridas que le han hecho con su desobediencia; y le han hecho servir con sus pecados, y llorarán y se lamentarán, y su dolor será un dolor piadoso.

3. Después de esto ella los traerá a la santa vigilancia, para cuidar que no hagan nada más, y que el enemigo no los sorprenda otra vez. Entonces los pensamientos, así como también las palabras y las obras, llegarán hasta el juicio, que es el camino a la santidad, en el cual los redimidos del Señor caminan. Aquí llegarán a amar a Dios sobre todas las cosas, y a sus prójimo como a ustedes mismos. Nada duele, nada daña, nada hace temer en esta santa montaña. Ahora llegan a ser verdaderamente de Cristo, porque ustedes son de él en naturaleza y en espíritu, y no son de ustedes mismos. Y cuando sean así de Cristo, entonces Cristo será de ustedes, y no antes. Y aquí conocerán la comunión con el Padre y el hijo, y la efectividad de la sangre de la purificación, es decir la sangre de Jesucristo, el cordero inmolado; la que habla cosas mejores que la sangre de Abel, y que por medio de la fe viviente limpia todo pecado; sus conciencias son rociadas con su sangre, dejando las obras muertas para servir al Dios viviente.

Para concluir: ¡Observen el testimonio y la doctrina del pueblo llamado los cuáqueros! ¡Vean su práctica y su disciplina! ¡Y vean al hombre bendito y los hombres que fueron enviados por Dios para esta excelente obra y servicio! Todo lo cual será más particularmente expresado en los siguientes escritos de ese hombre de Dios; los cuales recomiendo de corazón a mis lectores más serios, y suplico al Dios Todopoderosos que esta bendición vaya con ellos, para convencer a muchos que todavía son extraños de esta santa dispensación, y también para la edificación de la iglesia de Dios en general. Quien, por sus múltiples y repetidas misericordias y bendiciones a su pueblo, en este día de su gran amor, es tan digno de recibir gloria, honor, acción de gracia y renombre; y que sea presentada y atribuida, con temor y reverencia, a través de aquel en quien él se agrade, su amado hijo y cordero, nuestra luz y vida, que se sienta con él sobre el trono, en el mundo sin fin. Amen.

Escribo como uno a quien Dios ha favorecido misericordiosamente por mucho tiempo desde entonces con su visitación paternal, y quien no fue desobediente a la visión y el llamado celestial. Para quien el camino de la verdad es más encantador y precioso que nunca, y que, sabiendo que la belleza y el beneficio de este camino son más allá que todos los tesoros terrenales, lo ha escogido como su gozo principal; y por lo tanto lo recomienda al amor y la elección de ustedes, porque él es con gran sinceridad y afecto el amigo de sus almas,

William Penn

____________________________________________

Un epílogo a la Introducción de Penn

Uno no puede más que ser afectado por el amor a Dios y a su prójimo que William Penn transmite a través de sus escritos. Que todos conozcamos el mismo amor.

Penn era probablemente la persona más cercana a Fox de todos sus hermanos. Margaret Fox le escribió a Penn acerca de los esfuerzos de Penn para recobrar a esos cuáqueros que se habían salido de la unidad, oponiéndose a la guía espiritual corporativa de las reuniones trimestrales y anuales, mientras estaban enfocados y peleando acerca de las reuniones de mujeres, pero pensando realmente que cualquier regla de conducta en sus vidas personales eran una imposición sobre su conciencia. Como se presenta a continuación:

A William Penn:

Estimado y fiel: a quien el Señor a escogido, poseído, y honrado con su verdad eterna, quien se ha manifestado como verdadero seguidor del Cordero. Bendito sea usted para siempre, que ha escogido la buena parte, que nunca le será quitada, sino que en ella usted amará, crecerá, prosperará y será vestido con hermosura, gloria y majestad. El amor de mi corazón y mi alma lo recuerda con cariño, y mi espíritu se regocija en su fidelidad y diligencia en la obra y el servicio del Señor. Usted es un instrumento original y fiel en las manos del Todopoderoso para esparcir la verdad y para la exaltación de su Reino. ¡Oh! su nombre estará en la memoria eterna de todos los fieles, a medida que ellos llegan a ese mismo espíritu de gracia, vida y poder por el cual usted fue movido y llevado para el buen servicio que usted hace por el Señor, por su verdad, y por la reunión de su semilla escogida. Él lo recompensará multiplicado cien veces en su seno. ¡Ah! Hermosos son los pies predican las buenas nuevas a los abatidos y libertad a los cautivos (Isa 61:1-2). Hijos que todavía no han nacido bendecirán al Señor por usted. Recibí su dulce y bendita carta, la cual fue de mucho gozo para mí y muchos más, al escuchar acerca de ese buen servicio para el Señor. El día que llegó a mis manos aquí, yo estaba en una reunión; y fui movida por el Señor a leerla en la reunión. Fue un gran consuelo, gozo y felicidad en los corazones de los Amigos, escuchar de su buen servicio y de la prosperidad de la Verdad. ¡Oh! bendito y honrado por el santo Señor para siempre, quien está agrandando los bordes de su santuario y esparciendo la verdad hacia el extranjero. Benditos son los que publican esto.

Estimado William: Los Amigos están muy felices, y refrigerados en el Señor aquí por usted, porque usted ha tenido un cuidado compasivo de los Amigos en sus muchos viajes y recorridos; pero ni el mar, ni la tierra, ni hay altura ni anchura, que pueda separarnos del amor de Dios, el cual es en Cristo Jesús nuestro Señor, el cual él ha derramado en los corazones de los de su pueblo. Su epístola impresa fue muy servicial, y muy bien recibida entre los Amigos. Recuérdele de mi muy estimado y eterno amor a su esposa, a quien honro en el Señor por su fidelidad, constancia e inocencia. El brazo del Todopoderoso lo preserve y los mantenga (a ambos) en ese vínculo y pacto de amor y vida que nunca se puede romper. Con amor es que mis hijas Sara, Susana y Rachell lo recuerdan cariñosa y fielmente. Y yo sé que es así con mi hijo y mi hija Lower pero ellos no saben que estoy escribiendo esto ahora. Robert Widdlers estuvo aquí hoy, quien lo recuerda con mucha estima. Y Tho Langhorne también le recuerda con mucho cariño.

Y así, estimado y apreciado, esto es todo lo que tengo que decir presentemente, pero mi Amor eterno permanece con usted, y que yo soy su,

Estimada Amiga y Hermana en el Señor,

Margaret Fox

Bajo el liderazgo de gigantes como Fox y Penn, los primeros cuáqueros iniciaron reformas sociales que todavía son beneficiosas para nosotros hoy en día. Ellos forzaron a que los precios fueran marcados en las tiendas, en vez que todos los precios fueran negociables, aún los de la comida y la ropa. Ellos reformaron el tratamiento de los enfermos mentales para que ya no estuvieran encadenados en calabozos. Ellos iniciaron la educación en los oficios para las mujeres. A partir de sus muchos encarcelamientos severos, ellos iniciaron la reforma en las prisiones. Ellos proveyeron hogares de asilo para los ancianos incapaces de trabajar. Ellos insistieron en la igualdad de la mujer en la iglesia. En 1671, Fox exhortó a los cuáqueros dueños de esclavos en Barbados a que les dieran la libertad a sus esclavos. En 1688, los cuáqueros de Pensilvania pasaron una resolución en contra de la esclavitud, iniciando la larga caída de la esclavitud en América. Sus sufrimientos y pacientes llamados a los gobiernos resultaron en tolerancia y libertad religiosa en toda Europa. Sus ideales influenciaron aún la constitución de los Estados Unidos en su separación de poderes, la separación de la Iglesia y el Estado, y el "Bill of Rights" de los Estados Unidos. El Marco de Gobierno de William Penn para Pensilvania implementó un sistema democrático con completa libertad de religión, libertad de encarcelamientos injustos, juicios imparciales, representantes elegidos por el pueblo en el poder, y una separación de poderes. Adelantado para su tiempo, Penn también presentó un plan escrito para los Estados Unidos de Europa.

Con respecto al cuidado de los cuáqueros por los Amigos dentro de la Sociedad: viudas, huérfanos, enfermos, pobres, prisioneros, viejos, jóvenes; todos recibían cuidados de los cuáqueros. Si una asamblea estaba sobrecargada con cuidados costosos, otras asambleas,en todo el mundo, contribuían con su ayuda. Su cuidado por los suyos era tan minucioso que "que no había mendigos entre ellos", y cuando un gobierno local descubría que ellos estaban proveyendo ayuda, la cual el gobierno estaba obligado a patrocinar, el gobierno de repente dejaba de oponerse a sus reuniones y asambleas.

Con respecto a su cuidado de todos los hombres: de su Diario: "A veces había docientos pobres de otros pueblos (no cuáqueros) que venían y esperaban hasta que se acabara la reunión (porque todo el país sabía que nos reuníamos para discutir de los pobres); y después de la reunión los Amigos mandaban a pedir pan de los panaderos, y le daban a cada uno de esos pobres una barra de pan, no importa cuántos de ellos hubieran; porque se nos enseñó a 'hacer el bien a todos, aunque especialmente a los de la familia de la fe'".

Las súplicas de Penn a los hijos de estos primeros cuáqueros fueron en gran parte escuchadas, ya que los hijos también obtuvieron la promesa de Dios. Pero las generaciones posteriores se debilitaron. De la Palabra del Señor en el interior: "La última sustancia de la fe cuáquera desapareció en 1880; no hay temor de Dios ni obediencia." La pureza ya no era un requisito. El reino ya no se lograba. Su enfoque ya no estaba en la renovación interna. Pero como Marta, la hermana de María, los cuáqueros llegaron a estar ocupados con lo externo, dejando la mejor parte, la cual no se les puede quitar, para sentarse a los pies de Jesús.

Más de la Palabra del Señor en el interior:
"Ten cuidado con los cuáqueros falsos;
ellos ya están llevando muchos a apartarse;
ellos no entienden como dedicarse a Dios.
Los que se hacen cuáqueros son un anatema;
ellos bloquean mis esfuerzos; ellos sobrecargan la tierra;
ellos son imitadores del evangelio de Cristo;
no hay cuáqueros."

Hoy en día ellos son una amalgama de sectas separadas, más que nada cuáqueros sólo de nombre; habiendo caído todos en la forma y habiéndose enfocado en el cambio social externo, con muchas sectas internas orgullosas de su diversidad de espíritu, fe y creencias, incluyendo ateos y agnósticos. Hoy en día ellos incluso debaten la eliminación de la palabra "religiosa" del nombre Sociedad Religiosa de Amigos, para prevenir ofender aquellos miembros que no lo son.

<Volver><El Diario>