La Cruz Perdida de la Pureza



 

Sermones por Esteban Crisp

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Esteban Crisp (1628-1692) fue un eminente ministro cuáquero por treinta y cinco años, que ministró frecuentemente en Holanda y Alemania, aparte de Inglaterra y Escocia. Sus escritos incluyen detalles con respecto a su lucha de veinte años para encontrar la verdad, a medida que pasó por varias sectas diferentes y continuó regresando frustrado al mundo, siempre teniendo la luz de Cristo para recordarle de su continuo estado no redimido. Sus experiencias son tanto educacionales como alentadoras para cualquiera que busca la plenitud de Cristo. Él fue un ejemplo típico de un cuáquero de clase media, bien educado, y teniendo la capacidad de estar libre para viajar y esparcir la palabra de fe. Los ministros cuáqueros sólo servían sin paga, y manera de ganarse la vida era fabricar bayeta, que era una tela verde como el fieltro que se utilizaba para cubrir las mesas de juego.

En su narrativa, él omite o se salta levemente sus pruebas y dificultades, incluyendo la muerte de dos esposas, la muerte de sus hijos por causa de la plaga, varios encarcelamientos duros. En sus escritos, siempre es cuidadoso de animar y edificar a los creyentes débiles, y su gran fe muestra que: El amor aguanta cualquier cosa que venga, siempre está listo para creer lo mejor de cada persona, y su esperanza no se marchita bajo ninguna circunstancia, y lo soporta todo. 1 Cor 13:7. Siempre le da gracias y alabanzas al Señor por cualquier cosa que haya enfrentado, ya sea algo que el mundo considerara como buena fortuna, o calamidad.

Los ministros cuáqueros, como Esteban Crisp, servían sin salario y nunca hablaban con notas o texto preparado. Muchos ministros era como Esteban Crisp, que no tenía ninguna reunión en particular a la que asistían, sino que viajaba de lugar en lugar para entregar su mensaje de ánimo, exhortación, y reprobación a un gran número de asambleas. Esteban Crisp era conocido por haber visitado casi todas las reuniones en Inglaterra y Escocia. Estos sermones fueron registrados con taquigrafía en tres diferentes lugares de reunión de Inglaterra y Escocia. Los ministros cuáqueros sólo hablaban bajo la inspiración y la dirección del Espíritu Santo de Dios. Todos los sermones eran improvisados y completamente extemporáneos. Aunque Jorge Fox metódicamente hizo que varios de sus sermones fueran registrados por un Amigo, los cuáqueros cien años más tarde rehuyeron los registros de sus sermones, creyendo que estaban destinados sólo para un tiempo y una audiencia en particular. Por esa razón, hay muy pocos registros de sermones que han sido conservados. Para una descripción de los servicios de adoración de los primeros cuáqueros, vea Adoración Apropiada.

Sermón I

El gran mediador del pacto eterno

Predicado en la iglesia de la calle Church [lugar de reunión], el 25 de abril, del 1688

Mis Amigos,

Cómo deberíamos todos admirar la obra del Espíritu Santo. Ustedes pueden saber por su propia experiencia que todas las operaciones del Espíritu Santo, desde el comienzo, han sido para la limpieza, y la purificación, y para prepararlos para el reino de Dios. Esta experiencia es dada a un pequeño remanente, para saber que la manera de su obra, que el fin, objetivo y diseño, de todas las operaciones de su poder, es para nuestro bien, y para nuestra felicidad eterna.

Ahora, este es un gran compromiso sobre las mentes del pueblo de Dios, para que diligentemente le esperen a él, para que a ellos se les pueda mostrar más y más el misterio de la vida y la salvación, que ha estado escondido por las edades y las generaciones, y ahora es revelado por su espíritu.

Y aquellos que son así ejercitados con la medida de gracia que les es dada, crezcan y aumenten en santidad y justicia, por medio de su obra; y ellos aumentan en el conocimiento en las cosas grandes de la ley, y los misterios del reino de gracia. Por el ojo que Dios ha abierto, ellos disciernen que la obra de su poder en todas las edades ha sido para la extirpación, erradicación, y destrucción de esa raíz de iniquidad, que ha producido tal cosecha de pecado y maldad, que él no plantó, ni creó.

Porque desde el comienzo de la creación de Dios, hasta este día, Dios ha tenido un amor singular y favor hacia los hijos y las hijas de los hombres, como si fueran (como yo puedo decir) la obra maestra, o la pieza de creación más grande, más cercanamente relacionada consigo mismo, creados en su propia imagen, en justicia y santidad; y en que ellos ahora no son así, sino que están arruinados, y estropeados de manera que no pueden llevar la imagen celestial, y esto no es obra del Señor, sino que ha sido obrada por el enemigo de Dios y el hombre. Sin embargo el Señor, continuando su amor por la obra de sus manos, ha revelado de tiempo en tiempo su poder y lo ha dado a conocer, para la restauración y para traer otra vez al hombre perdido, el hombre pecaminoso, para ser reconciliado con él para que pueda, como fue la intención, disfrutar y poseer el amor y favor de su Hacedor; pero no se encontró beneficio de su reconciliación con el Dios santo, excepto al hacerlo santo. Porque así como el hacerlo impío, separado de su Hacedor, también el hacerlo santo otra vez, lo uniría otra vez con su Hacedor. De manera que debe haber una manera y un medio para reducirlo a su estado primitivo, antes de que él pueda disfrutar y obtener sus placeres primitivos; esto es, el amor y el favor de Dios. Y ha habido un sentido general y universal sobre los hijos y las hijas de los hombres de este alejamiento y distanciamiento de Dios; y ellos se han puesto sobre muchos caminos y métodos para obtener la reconciliación, y para tratar de restaurarse a sí mismos si pueden. Ellos han buscado maneras y han tratado y probado las intenciones e imaginaciones de sus propias mentes, en su sabiduría caída, lo que ellos deben hacer para agradar a Dios, y ser reconciliados con él.

Somos pecadores, y haremos sacrificio, traeremos un sacrificio por nuestros pecados; y cuando los hombres hayan traído un sacrificio, éste no habrá sido aceptado porque no se ha conocido un Mediador, quien pueda mediar por ellos con el Señor; de manera que todos los sacrificios que ellos han ofrecido nunca han sido aceptados por él para poder obtener una expiación y reconciliación. Ahora él intercede por sólo aquellos que tienen una relación con el Mediador por medio de la fe en él, para poder presentarlos otra vez a Dios; y esta ha sido la diferencia entre el sacrificador y el sacrificio, desde los días de Caín y Abel hasta hoy. Algunos han tenido una relación con el Mediador en todos sus servicios y sacrificios, y algunos han tenido una relación sólo con lo que se ofrece y con el servicio realizado; pero no han sido iguales en todas las edades. Aquellos cuyo servicio y adoración fueron realizados para Dios con una relación con el Mediador, han encontrado aceptación; y aquellos cuya adoración y servicio fueron realizados sólo con una relación con lo que fue ofrecido o hecho, lo cual fue simplemente su propio acto y fue sólo su adoración voluntaria, siempre quedaban cortos y esto fue llevado otra vez en contra de ellos porque no hay nombre bajo los cielos, por el cual alguno pueda ser salvo, sino sólo el nombre de Cristo Jesús; quien es el Mediador del nuevo pacto, por el cual el antiguo fue quebrantado. Cuando Aarón fue establecido como un sumo sacerdote para Dios, él fue designado para ofrecer sacrificios por los pecados del pueblo, y aquel que cometía algún pecado, era designado por la ley para llevar un macho cabrío del rebaño a la puerta del tabernáculo y entregárselo al sacerdote; y él debía hacer una ofrenda por el pecado cometido de tal o tal manera, y debía ser una expiación con Dios por él. De manera que esta era, al parecer, una reconciliación por medio de un sacrificio; y algunos no vieron más que el traer un macho cabrío, un carnero, y la realización del oficio del sacerdote, y ellos contaron todo como bien. Y otros vieron más que esto, mucho antes que el apóstol hablara o escribiera que no era la sangre de los toros o machos cabríos, ni la sangre de los carneros que podía limpiar el pecado de sus conciencias. Y después que el apóstol había abierto el misterio de la divinidad, quien tendía una habilidad divina y espiritual, al revelar la restauración de la humanidad, él declaró claramente que cuando Aarón realizaba una ofrenda por los pecadores, aún en esa situación quedaba todavía una conciencia de pecado; porque no era provechoso que la sangre de los toros y machos cabríos quitara el pecado. De modo que sus acciones externas, y sus servicios externos, sólo apuntaban al Mediador; ellos tenían un dedo que apuntaba, por así decirlo, al real, verdadero y eterno Mediador, Cristo Jesús, quien fue hecho un Mediador entre Dios y el hombre; de modo que por él y por medio de él, el hombre pudiera otra vez reconciliarse con Dios.
 

De modo que ahora en estos días del evangelio, en el cual Dios está abriendo los misterios de la vida y la salvación, y de la intención y propósito que los hijos e hijas de los hombres puedan ser restaurados otra vez a su placer primitivo del favor de Dios; ahora en estos días, es el deber de todos los cristianos, y de todos aquellos que están buscando el bienestar de sus almas inmortales, tener sus ojos y corazones en Jesús, como aquel que puede reconciliarlos con Dios; a él le es asignado, a él la sabiduría y el poder le son asignados, y a él la autoridad le es asignada, para que él pueda ser un sumo sacerdote eterno; y que todos los servicios, y todas las adoraciones y actos religiosos que el pueblo le ofrece a Dios, deberían ser en su nombre, para que por él ellos puedan ser recomendados a Dios. Porque nadie encontrará aceptación con el Padre, a menos que en todas sus acciones ellos tengan un ojo hacia él.

De manera que sucede claramente, de acuerdo a esa afirmación corta y confiada del autor del libro los Hebreos, que sin fe es imposible agradar a Dios. Porque es posible ofrecer sacrificios sin fe, y es posible para el pueblo realizar servicios religiosos sin fe, como una experiencia lamentable nos ha enseñado en nuestros días, que muchos han ejercido en un tipo de servicio religioso, quienes nunca en sus vidas tuvieron suficiente fe para creer las cosas por las cuales oraban; y entonces ellos estaban sin fe. Cuando la gente le ora a Dios para que envíe su Santo Espíritu a sus corazones, de manera que ellos guardan sus mandamientos hasta el fin de sus días, y no tienen fe para creerlo, y cuando oran: Hágase tu voluntad como en el cielo, así también en la tierra, es sólo un acto religioso; y si no es hecho con fe, es sólo un aumento en el pecado y es una adición al pecado. ¿Dónde está el hombre que está ejercitado en orar a Dios quien cree que aquello por lo que está orando sucederá? Vayan donde quieran en esta o en otra nación, y pregúntenle a la gente acerca de su fe; ellos creen que no hay posibilidad de extirpar y desarraigar el pecado mientras están viviendo en la tierra; por lo tanto todas sus oraciones por eso son en vano, y su fe es una fe vana. Y ya es tiempo en un día como este, cuando los hombres no tienen fe y son incrédulos, predicar el objeto de la fe, el Señor Jesucristo. Las personas tienen muchas religiones, y muchas creencias; pero hemos hallado por experiencia, que no les hacen ningún bien, no hacen que sucedan las cosas, que por necesidad deben suceder, antes que ellos puedan ser reconciliados con Dios; su creencia no limpia el corazón, ni se extiende tanto como para creer que ellos serán limpios algún día; en toda la adoración y religión que ellos realizan, ellos no llegan a esta fe: para que puedan ser limpiados. Todo lo que ellos hacen es sólo en pecado e impureza; ellos no pueden sacar un sacrificio limpio de una vasija sucia. Y nuestro Señor Jesucristo dijo con respecto a este asunto: un árbol malo no puede producir buen fruto; pero se debe producir buen fruto; ¿cómo lo podemos hacer? Haced bueno el árbol, y el fruto será bueno. Cuando las palabras vanas de los hombres acerca de la religión y la presunción religiosa llegan a un fin, entonces toda esta religión parecerá ser en vano, y no responderá al fin por el cual fue realizada, hasta que los hombres crean que hará el árbol bueno, y limpie el corazón, y transforme a los hombres por la renovación del espíritu en sus mentes. De manera que la religión debe comenzar en el interior; y no es nuestra manera cambiante de adoración, de una forma a otra, y tomar esta o la otra opinión, lo que resulta en el cambio de nuestros corazones. La triste experiencia nos enseña que los hombres pueden llevar sus antiguos deseos a la nueva religión; nosotros podemos llevar nuestras viejas inclinaciones hacia nuestras nuevas opiniones. Porque aunque la forma de adoración es cambiada, el corazón permanece sin cambio y los deseos no son mortificados, su religión es en vano cualquiera sea su persuasión.

Esta gran calamidad se ha sobre esparcido en todo tipo de personas, porque no hay ningún tipo de persona, sino aquellos que están entre ellos que están bajo esta gran calamidad, de tener una profesión inútil de dios con una mente impía, y la profesión de la verdad con un espíritu falso y traicionero. El remedio de esta gran calamidad es un camino único del cual todos los hombres son sacados para que no fijen sus ojos en sus acciones, y en las doctrinas y principios que ellos sostienen, y hacen, como dijo el apóstol: fijen sus ojos en Cristo, y miren a Jesús. Esto es lo primero que debe comenzar nuestra religión, porque Cristo debe ser el Alfa de nuestra religión, como también el Omega de ella. Si yo no comienzo allí, permítanme comenzar donde yo deseo, entonces comienzo mal. Si yo comienzo en la doctrina más seria y sólida, y en la religión más apostólica; si Cristo y sus apóstoles estuvieran aquí sobre la tierra; si yo caminara entre ellos; si yo creyera todo lo que ellos dicen y hacen, yo comenzaría mal, a menos que yo fijara mis ojos sobre Cristo Jesús, quien es el que quita el pecado, y es el santificador del alma por su Espíritu. Debe haber un comienzo, y debe haber una conclusión; él es el autor, y el consumador de toda fe verdadera. Hay autores de otros tipos de fe. Hombres tienen diferentes tipos de fe, y credos, y artículos, y los han expuesto e impuesto también; pero esto es lo peor, ninguno de ellos está en lo correcto. Aunque dejen que sean expuestos e impuestos con mucha fuerza y violencia, ninguno de ellos limpiará el corazón; sino esa fe que es entregada por Cristo Jesús, quien tienen la habilidad de limpiar y purificar; esa es la fe cuando todo ha acabado, que hará la obra; eso es lo que salvará y santificará, y hará aquello de lo que se encarga todo el mundo. Todos quisieran tener un reconciliador con Dios, y quisieran que el pecado fuera desarraigado, y ser como Dios quiere que sean; esta es la profesión pública del cristianismo; por lo menos ellos quisieran algo que pudiera ser hecho. Aunque muchos están suficientemente dispuestos a continuar en pecado y ebriedad, fornicación, mentira e hipocresía; ellos son un tipo de necios, que hacen burla del pecado, y que nadan en las corrientes del placer; y ¿qué preocupación tienen, mientras hagan profesión del cristianismo?

Pero yo estoy hablando de un tipo de persona que está luchando bajo sus corrupciones; quienes quisieran hacer morir el pecado, y servir a Dios en santidad y justicia, y hacer la voluntad de Dios como en el cielo, así también en la tierra; y hacerlo no en la apariencia, sino quisieran tener el poder para hacerlo; y ellos han intentado muchas maneras de hacerlo, y no está hecho; y muchos han estado en esta obra hasta que las canas aparecen en sus cabezas, y todavía no está hecho. Ahora Dios ha dado a Cristo para hacer reconciliación. Cómo podemos nosotros, que tenemos el amor de Dios que se nos ha extendido a nosotros, hacer otra cosa sino extender nuestra buena voluntad hacia nuestros amigos, y expresarles a ellos que todos los esfuerzos y dolores en los que están, y todas las oraciones que ellos hacen, no harán nada hasta que ellos tengan su fe fija sobre Jesús, quien puede salvarlos y liberarlos, y salvar por completo a todos los que se acerquen a Dios por él.

[Ser salvado es ser liberado. Ser liberado es ser hecho libre de la esclavitud del pecado. Por lo tanto, ser salvado es ser liberado de la esclavitud del pecado. La salvación es ser liberado del pecado, ser liberado del mal, así como usted ora continuamente: líbranos del mal, porque tuyo es el reino, el poder y la gloria para siempre.]

Pero aquí algunos se opondrán y dirán, es cierto lo que usted dice, pero no es necesario que nos prediquen tales doctrinas porque todos creemos en Cristo, es decir, el único Mediador y Salvador. Nosotros sabemos que Cristo Jesús es el único Mediador, y que a menos que él nos encomiende a Dios, no podemos ser aceptados por él. Esta es nuestra doctrina general; por lo tanto, qué necesidad hay de que ustedes nos insten y nos presionen a nosotros, que ya hemos llegado a la fe.

Permítanme averiguar más de este asunto; es de importancia más grande que buscar una oferta de cosas mundanas. Los hombre con gusto quisieran que otros les abrieran y les descubrieran en qué pueden ellos ser engañados, para prevenir que se le imponga una oferta mundana. Yo espero entonces que ellos oigan para saber cómo, y en qué podrían ser engañados por sí mismos, y engañados por otros en materias de asuntos eternos. No hay protestantes, pero ellos rechazan a cualquier mediador excepto a Cristo Jesús, y creen que ningún mediador los puede reconciliar con Dios, sino sólo Cristo, y ellos dicen que él es el objeto de su fe. Yo les haría esta pregunta: si es que ellos creen en Cristo a la distancia, o como presente, realmente presente con ellos. ¿Es su fe histórica y a la distancia, que ellos creen en Cristo, como nacido de la virgen María y que fue crucificado y murió antes que ellos nacieran, y resucitó otra vez, y subió al cielo, y está a la diestra de Dios? Si la razón de mi creencia es que yo he oído de esta historia de Cristo; o si la razón es porque por su Espíritu, él me ha visitado en este tiempo. Una es que yo creo porque hombres buenos me han dicho esto; pero la otra es yo creo porque, por su Espíritu que él había prometido enviar, para llevarme a toda verdad, él me ha visitado. Ahora permítanme examinar si yo estoy consciente de tal visitación espiritual, por su Espíritu vivificador, que es el Señor del Cielo, y no sólo el Señor en el cielo. Si es que yo estoy consciente de tal poder vivificador y virtud, el que he recibido sobre mi espíritu, que él no sólo está a la diestra de Dios en las alturas de los cielos, sino que ahora ha venido a tocar la puerta de mi corazón, y ha hecho surgir en mí una vida; como opuesta al pecado, como era la de él. Permítanme considerar si yo estoy consciente de un toque secreto de su virtud vivificadora sobre mi alma, por la cual él me ha engendrado en una vida opuesta al pecado; de modo que si el pecado permanece, permanece como una carga, y opresión sobre mí, y así yo sufro; porque así como soy vivificado, y sensibilizado a una vida mejor, o una vida piadosa, con gusto estaría en ella, y viviría en ella, pero la iniquidad, la lujuria y la corrupción están entre medio. Él me ha vivificado hasta ahora, como para llevarme a un sentido de la carga del pecado, y mi fe me dice que él quitará la carga, de otro modo mi fe no me servirá, si la corrupción todavía prevalece sobre mí. Si mi fe me dice esto, le dirá lo mismo al hombre más impío en el mundo; pero si mi fe me dice que yo soy un pecador, y mis pecados consisten en esta y la otra cosa impía que hacer, estoy inclinado a hacerlo, me dice otra vez que él me ha vivificado, y me ha llevado a un sentido del pecado, para que pueda quitar la carga de mí.

Aquí ahora está una fe verdadera que comienza en la convicción, y termina en la verdadera conversión; esta es la palabra de la fe, entregada a los santos, y que debemos predicar. Ellos dijeron en el tiempo antiguo que la palabra de fe, que ellos debían predicar, era aquella que estaba cerca de sus bocas, para que ellos puedan recibirla, y hacerla. Yo tengo algo cerca que me reprende por el pecado; si soy obediente a ello, entonces la fe me da la victoria sobre aquello que es pecaminoso, por lo cual el mundo me reprende; y yo veo que la fe me da la victoria sobre la corrupción, bajo la cual he estado luchando, soy alentado a fijar mi fe sobre aquel que así me ha vivificado. De modo que esta es la diferencia entre la fe en Cristo a la distancia, y la fe que me vivifica [que hace que el espíritu de Dios se vivifique en mí] por medio del Espíritu de Dios; y este Espíritu ha sido tan despreciado en nuestros días, por los nocionistas en nuestro tiempo; ellos pensaron que era una mera ficción; algunos se han burlado o ridiculizado, y otros han sido desanimados para no hablar del Espíritu de Cristo y su operación sobre sus almas. Algunos han declarado tanto en la prensa como en el púlpito, que ellos no tenían experiencia de los toques del Espíritu de Dios sobre sus almas. Pero nuestra experiencia nos ha llevado a otro grado de conocimiento. Nosotros sabemos, y ustedes pueden saber si quieren, y antes que duerman, que hay un camino que ha sido abierto; Dios ha hecho un camino para que su Espíritu alcance los espíritus de los hombres, para expresarle inmediatamente a sus espíritus sin otro instrumento: en esto hacen mal, y en esto ustedes pueden tener vida, y buscarla. Ahora el Espíritu que así obra es el Espíritu de Cristo, el Espíritu que procede del Padre y del Hijo, y esta voz en los hombres les dice que ellos pueden creer y ser salvos. Cuando él venga, la fe, Cristo, él los llevará hacia toda verdad. ¿Cómo sabrá el mundo que este es él? Él los convencerá de pecado. Si hay algún convencimiento que surge en el hombre de este o ese pecado, debe ser del camino que el Espíritu Santo tiene sobre sus espíritus; él tiene una manera de hablar con los hombres, y todo el que es amante de su propia alma, está destinado a oír esa voz.

En los postreros días, dijo el Señor, cuando yo levante un profeta en medio de vosotros, el que no oiga a ese profeta, será cortado del pueblo. Todos los comentadores están de acuerdo en este texto, que ese profeta era Cristo Jesús; no era Juan el Bautista, ni Pablo, ni Pedro; sino Cristo, de quien se prometió que resucitaría. Hubo un mandamiento tan absoluto que fue iba junto con la profecía, que todos debían oírle, y tenía una amenaza al final, que todo el que no le oiga será cortado del pueblo. ¿Acaso no son ellos fornicadores, y borrachos, y mentirosos, los que no quieren oír a este profeta? Ellos no quieren oírle porque aman sus pecados. ¿Qué sucederá con ellos? Ellos serán cortados del placer del amor y favor de Dios, y cuando ellos se acerquen a Dios en oración, y otros ejercicios religiosos, es con ellos, como lo fue con Caín, que el pecado está a las puertas. Cuando ellos vayan hacia una tormenta en el mar, o sean apresados con una enfermedad, y la muerte los mire en el rostro, ellos tendrían paz, pero en cambio hay angustia, y problemas. ¿Cuál es el problema? ¿Acaso ustedes no fueron bautizados en la fe cristiana? ¿Acaso el ministro no les dijo que ustedes eran hijos de Dios y herederos del reino de los cielos? ¡Ay! Mi pecado está ante mi puerta. ¡Oh! ¡Que yo tuviera tiempo para vivir una vida mejor! ¿Hombre, qué es lo que aqueja tu vida? Mi vida ha sido una vida de engaño, lujuria, y vanidad, corrupción e hipocresía. ¿Acaso tu maestro no te enseñó que un creyente no tiene culpa sobre él, sino que todos sus pecados son perdonados desde el día que él se convirtió en creyente? Esta doctrina no permanecerá en una tormenta, aunque si aguantará en buen tiempo; cuando los hombres estén nadando en sus placeres, les servirá; pero cuando ellos lleguen a lidiar con su Hacedor, ninguna fe les servirá, sino aquella que purifica el corazón, y aquella que hace un cambio de la imagen terrenal a la imagen celestial.

Sería mejor para ustedes y para mí, y para cada uno de nosotros, tomar estas cosas en consideración mientras tenemos salud y fuerza, y mientras algo de arena (como dijera yo) está en nuestros relojes [relojes de arena - tiempo], para considerar ¿cuál es mi fe? ¿Cuál es el objeto de ella? ¿Tengo yo una dependencia de mis deberes, y limosnas, y buenas obras? Ellas me fallarán. Pero si mi dependencia está en Cristo como salvador, y santificador; y si mi santificación es llevada a cabo gradualmente, aquel que comenzó en mí la buena obra la perfeccionará. Y si la razón por la que voy a las reuniones, y voy a mi habitación y me inclino ante el Señor, es para mantenerme cerca de aquel que lleva a cabo la obra de santificación, no puedo esperar vivir en el mundo, excepto en que allí encontraré tentaciones; el diablo me tentará, pero mi Salvador estará cerca de mí, tan cerca de mí como el diablo puede estar; si yo me mantengo cerca de él, él estará cerca de mí. Mi Padre, dijo Cristo, es mayor que yo, y nadie las puede arrebatar de las manos del Padre. Yo debo esperar ser tentado; porque el adversario, el diablo anda como león rugiente, buscando a quien devorar. ¡Ay! dijo alguien, aunque he avanzado algo en la obra de la santificación, sin embargo a pesar de todo eso, él puede un día traicionarme. ¿Me he fortalecido lo suficiente como para resistir sus tentaciones? ¿Soy suficientemente sabio para prever todas sus tretas y trampas, las cuales él me pone para atraparme? Pero yo sé quién las puede ver, y vencerlas. Yo tengo mi fe fija sobre aquel que puede atar al hombre fuerte, y echarlo fuera. La vida que ahora vivo, no es en mis propias partes, ni por mi propio entendimiento y sentido; sino que la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios. Esta es esa fe que me da la victoria. El apóstol tuvo una batalla por ella; He peleado la buena batalla; por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, el Juez justo, en aquel día. Y no sólo a mí, sino también a todos los que han amado su venida.; y quienes llegan a tener familiaridad con Cristo, su Espíritu y verdad, con su gracia y su palabra, en sus corazones. Aunque estas son varias expresiones, todas significan una semilla inmortal de la vida, por la cual los hombres están unidos a Dios. Es una levadura allí, para leudarlos hacia la naturaleza divina.

Siempre que alguien así es tentado, esa persona no resiste al tentador con su propio poder, sino que espera para sentir el surgimiento de esa vida, y poder, y virtud que estaba en Cristo Jesús, y que todavía está en él. Él espera ese poder, para que en el nombre de Cristo, él pueda decir: quítate de delante de mí, Satanás. Siendo fortalecido por el nombre de Cristo, y armado con su poder, ¿qué es lo que el cristiano no puede hacer? ¿Qué cosas valientes, nobles y maravillosas han hecho ellos, los que han sido protegidos con esta fe? Vean el capítulo once de la epístola a los hebreos. Todas las repeticiones de este capítulo, desde el comienzo hasta el final; en todos ellas el apóstol le atribuye toda la valentía y el coraje de esos actos nobles al poder de la fe. Ellos miraron a Jesús, antes de que la virgen María lo diera a luz. Los profetas trataron encarecidamente de conocer esas cosas, que el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, les expresó, que habría un gran Profeta, antes de que la virgen María naciera. De modo que Cristo siempre fue el objeto de la fe del verdadero creyente. Aunque bajo la ley, ellos tenían un sumo sacerdote, y él fue puesto en el altar, y ellos traían sus ofrendas para que fueran quemadas allí, sin embargo tenían su vista en Cristo, tenían una subestimación de todo lo que sus sacrificios podían hacer por ellos. Si tú hubieras querido holocaustos, dijo David, yo te los hubiera dado; yo no los hubiera retenido de tu altar; tú hubieras recibido suficiente cantidad de ellos. Él fue audaz al decir, con respecto a la aceptación y reconciliación, sacrificios y ofrendas no quisiste; pero me preparaste un cuerpo; porque está escrito en el volumen del libro, heme aquí para hacer tu voluntad, oh Dios. Él tenía su vista en Jesús quien había de venir, sobre quien se dijo que vendría ayuda, que hubo un Redentor que vendría de Sión, y un legislador de Jerusalén. Ellos tenían su vista puesta más allá de los sacrificios, en Cristo. En todas la edades el pueblo de Dios ha tenido la respuesta en sus almas, que es la reconciliación, y el favor de Dios. Aquellos que tenían esta respuesta, nunca la tuvieron, excepto por Cristo. Ningún hombre puede ser aceptado por Dios, o puede tener los deseos de su alma contestados en paz y reconciliación con Dios, hasta que su fe haya sido puesta en Cristo Jesús. Ni tampoco puede ningún hombre tener fe en Cristo a la distancia, y así ser reconciliado con Dios, sino debe conocer su Espíritu. Yo debo tener un conocimiento de su poder y sabiduría basado en la experiencia, y no puedo tener esto sin su Espíritu. Aunque yo crea esto de manera muy tradicional, a menos que yo tenga el Espíritu de Cristo, no me va a servir para nada, no me dará ninguna ventaja.

Esta es la palabra que estaba en mi corazón como un buen deseo para las almas de todos los hombres. Así como Dios le ha dado bondad a mi alma, yo no puedo hacer menos que desear el bien a las almas de otros; eso, así como él ha encontrado un camino para mi redención y salvación, de la misma manera yo deseo lo mismo a otros que son esclavos y esclavas, y están bajo el poder de su corrupción. La obra de Dios ha sido destruir la esclavitud y la opresión, y destruir al tirano que reina sobre las almas del pueblo; habiéndolos creado Dios para su gloria, y el diablo se los ha robado, de modo que ellos no hacen lo que le agrada a Dios. Pero le agrada a Dios que todos los hombres puedan ser salvos, y llegar al conocimiento de la verdad. Y de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Y él es llamado el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Él puede quitar el pecado; si mi pecado no obstruye mi fe y mi confianza en él, él lo quitará, si él lo quita, entonces él hace el árbol bueno. Nada nos separa del gozo de Dios, sino el pecado; y si Cristo lo quita por medio de la sangre en la cruz, no importa todo el desprecio, desdén, dificultad, reproche y persecución del mundo; no importa, porque él no nos ha engañado, sino que nos dijo con anticipación, si queremos ser seguidores de él, y ser guiados por él, debemos esperar estas cosas; sufrimientos, reproches, persecuciones, desdén y envidia. Estas cosas no vienen de manera incierta sobre nosotros porque el mundo ama lo suyo, y no puede amar a aquellos que no son de él; pero aquellos que no son del mundo, pueden ser llevados a los términos de Dios, y ellos ya no pueden estar más en el mundo. Cristo no oró para que sus discípulos fueran quitados del mundo, sino guardados del mal. Por lo tanto Cristo es un Mediador, y una propiciación por todos los hombres, y él está obrando por medio de su Espíritu para la redención de todos los hombres, para que todos los que creen en él, a ellos él les dé poder para llegar a ser hijos de Dios.

El resumen de todo esto es que tenemos una oportunidad que se nos ha puesto en nuestras manos; no lo podemos negar; ustedes deben sobre todo escudriñar, confesar, que la gracia de Dios a menudo obra en sus corazones en contra de cualquier corrupción, en contra de cualquier mal. Que este precio no sea puesto en sus manos en vano, como si fueran manos de necios. Si yo supiera que esto o lo otro es pecado, lo dejaría; tengamos esto en mente, y pronto sabremos; y entonces diremos, si yo supiera que tal cosa es pecado, y pudiera obtener mil libras [esterlinas] por eso, no lo haría. ¿Por qué amar el pecado por provecho o placer? Estoy seguro de que es un mal negocio cuando se hace. Cualquier cosa de la cual yo esté convencido que es pecado, no lo haré.

Resuelvan hacer esto, y entonces la gracia de Dios estará obrando; pronto veremos que tenemos que dejar el pecado. Hay tal cosa que yo debo dejar; Dios ha establecido un juicio en mi mente en contra de ello; aunque trae provecho y placer, Dios ha establecido un juicio en mi mente en contra de él; aunque produce provecho y placer, debe ser eliminado. Aquí hay un paso, un paso para seguir a Cristo. El que se niega a sí mismo seguirá a Cristo. Mi Redentor me muestra que esto es un mal; yo no lo haré, sino lo seguiré, y lo imitaré. Aquí el alma es guiada paso a paso por Cristo, el capitán de nuestra Salvación, hasta que es gradualmente limpiada del pecado, y reconciliada con Dios; y esto no se puede hacer por ningún otro medio, porque las oraciones y limosnas no lo harán, todo lo que nosotros podamos hacer no lo hará; nadie puede hacerlo sino sólo Cristo, a quien Dios le ha ordenado que sea nuestra ayuda, para que todos ustedes puedan esperar la operación divina de su gracia en sus corazones. Esta es la razón por la cual trabajamos y nos esforzamos, sabiendo que Dios ha obrado esto maravillosamente, para la redención de todos aquellos que lo aman más de lo que aman sus placeres, más de lo que aman sus pecados. Se debe concluir que siguiéndolo a él, y dejando a madre y padre, esposo y esposa, hijos, hermanos y hermanas; todas estas cosas que están en competencia con él, y la obediencia de su Espíritu, se debe ver como nada para él. Entonces, sobre todas las cosas, yo no debo desagradarle. Él puede hablar de paz, y nadie la puede quitar; y si él lo quita, nadie la puede dar. Si seguimos a Cristo, cuando esto se hace, entonces todo se hace de acuerdo a la voluntad de Dios; entonces la bendición desciende sobre toda la creación; entonces todo hombre hablará la verdad a su prójimo, y todo hombre gobernará a su familia con discreción; para que Dios sea glorificado, y su nombre llegue a ser exaltado; quien es digno de ser amado, adorado, y exaltado sobre toda bendición y adoración. A él sea la gloria, quien es Dios sobre todo, bendito por siempre y para siempre. Amén.

Su oración después del sermón

¡El más glorioso Dios de vida y poder! y de bondad eterna; un Dios de longanimidad y paciencia, de otro modo no estaríamos aquí hoy en día.

Señor, somos monumentos de tu misericordia. Tú nos has perdonado con amor y nos has llamado en el día cuando nosotros alejamos nuestro oído de ti. Tú has extendido tu mano todo el día, y has reunido un pequeño remanente de las ovejas perdidas de la casa de Israel para ser partícipes de tus pastos de vida; y ahora todas nuestras almas han sido grandemente refrigeradas y consoladas desde que llegamos a entender y comprender con el resto de tus santos la altura y la anchura y la profundidad de tu amor, que en el Hijo de tu amor, tú nos has revelado.

¡Y bendito el Padre de vida! Nuestras almas respiran y claman a ti por causa de los forasteros, quienes son extraños a la comunidad de Israel, quienes todavía están respirando y preguntando por ti, preguntando acerca el camino a Sión.

¡Oh Señor! Acuérdate de ellos y oye su clamor, y permite que sus suspiros y quejas entren en tus oídos; para que en todos aquellos en quienes tú has comenzado a encender santos deseos por ti, puedas hacer que crezcan hasta llegar a ser llamas que quemen toda enemistad hacia ti; para que ellos puedan ser purificados por tus juicios y y reciban tu gracia celestial. Este es el camino que tú has usado con tus hijos; tú les has mandado a adorarte en tu lugar de morada, tú los has llevado a tu casa, y los has alimentado con el trigo más fino; los has refrescado con tu amante bondad, y los has llenado con tu Santo Espíritu.

¡Amado Dios de amor! Este es la razón y el propósito de nuestra reunión, para que podamos disfrutar de tu presencia, y sentir la operación de tu palabra, y tener comunión contigo y tu Hijo Jesucristo, por medio de tu Santo Espíritu; el camino hacia el descanso y la vida es contigo. Tú puedes abrir y nadie puede cerrar. Señor, abre los corazones de este pueblo para que reciba tu bondad y para que reciba tu bendición; de manera que todos puedan ser sensibles al hecho de que tú por lo menos estás tocando a la puerta de sus corazones, para que tú puedas tener una entrada e inclinar los corazones y la voluntad de todos para que reciban lo que tú das y lo ofreces; para recibir la palabra de vida, por la cual tú los estás despertando y encendiendo santos deseos hacia ti para que todos puedan recibir la verdad en el amor de ella. Para que, tan bendito Dios de vida, tu gloriosa obra de redención pueda ser llevada a cabo, y todos nosotros podamos sentir que es llevada a cabo en nuestras almas.

Oye a tu pobre pueblo que está clamando a ti, el Dios de Dioses en Sión; aquellos que son sensibles a sus debilidades y egoísmo y a lo incapaces que son de vencer al enemigo de sus almas. Levántate en tu poder, y estos enemigos serán esparcidos; que las almas de tu pueblo sean levantadas del polvo, y liberadas de su pecado, para que ellas puedan gozarse y adorar tu nombre por su liberación.

¡Dios justo de vida! Nuestros ojos están puestos en ti, para presentar tu gloria, porque tú has descubierto tu brazo para la salvación de las almas pobres y necesitadas, y tú has estado extendiendo las cuerdas de tu amor para reunir a aquellos que estaban esparcidos; y has estado trayendo a casa a aquellos que fueron esparcidos en un día oscuro y nublado.

Tú nos has hecho sensibles a tus operaciones; y has ordenado a tus siervos a trabajar en la palabra y la doctrina para reunir a los tales y llevarlos a casa; para que ellos y nosotros podamos entrar en tu santo pacto, y podamos hacer sonar tus alabanzas por las edades y las generaciones por venir. ¡Que así sea, santo Dios de la vida y el amor! Tú que nos salvaste con una salvación maravillosa, puedas recibir por todas tus misericordias, y bendiciones a tus hijos, alabanzas, gloria, honor, y acción de gracias; porque sólo tú eres digno, quien eres Dios sobre todo, bendito para siempre. Amén.

SERMÓN II

Preparación del corazón para recibir el evangelio

Predicado en Devonshire-House, 12 de febrero del 1687

ESTÁ en mi corazón en estos momentos, desear que el corazón de cada uno esté preparado para ser hecho partícipe de las bendiciones del evangelio; porque hay una cierta preparación que todos deben presenciar en sí mismos, antes de que sean capaces de recibir las bendiciones divinas. Porque en todas las edades del mundo, las bendiciones del Señor han sido múltiples, y su brazo siempre ha estado extendido en todas las edades, hacia los hijos y las hijas de los hombres, quienes son sensibles al amor que él tiene por ellos; y donde estas ternuras del amor de Dios se han encontrado con corazones preparados, ellos las han recibido para su bienestar eterno. Pero esta ha sido la lamentación que se ha manifestado en la mayor parte de la humanidad, que ellos no han estado listos para recibir el amor de Dios; sus corazones y sus mentes han estado tan llenas con el amor de las cosas visibles, y los objetos carnales, que ellos no han sido verdaderamente sensibles a las riquezas de la gracia, misericordia, y amor de Dios hacia ellos.

Ahora, fue dicho antiguamente por el profeta, que la preparación del corazón es del Señor, y hay algo que nos pertenece en nuestra parte, que podemos alcanzar esta preparación, que podemos ser llevados hacia este estado de ánimo espiritual; y esto es, al regresar al Señor, para que el pueblo piense en su nombre, y tenga consideración de su venida. Y aunque esta no es la obra de la naturaleza, porque por medio de la naturaleza las mentes de las personas están afuera, y están clamando como dice el salmista, ¿quién nos mostrará algún bien? Sin embargo para ayudar a ese defecto, el Señor se ha complacido en enviar su gracia y su verdad, y para llamar a los hijos y las hijas de los hombres, para que ellos puedan buscarlo, para que ellos puedan buscar al Señor mientras él puede ser hallado; y aquellos que oyen su voz, ellos confesarán inmediatamente que nada satisface un alma inmortal, como ser reunido en comunión con su Hacedor; y que en un momento u otro, es el deseo de todos los hombres y mujeres, que puedan alcanzar paz con el Señor. Y que ellos saben que no hay paz para el impío; ellos saben que la iniquidad permanecerá hasta que sea abolida y destruida; y ellos saben que no tienen el poder para destruirla; y por no tanto es necesario que haya una espera del Señor, quien es Todopoderoso, para que él pueda revelar su poder en nuestra debilidad.

Y aquellos que están así preparados en sus mentes, se reúnen religiosamente, con expectación de Dios; que él, de acuerdo con su promesa, vendrá y revelará su brazo, y hará en ellos, y por ellos, lo que ellos no pueden hacer por sí mismos; esta es una manera apta para que el pueblo se reúna, y para que tengan su expectación en Dios, y digan: Señor, tú conoces mis debilidades, y tú conoces el enemigo con el cual tengo que lidiar; tú sabes que yo no puedo vencerlos. Por lo tanto ahora nos hemos reunido, en la presencia del Señor, para esperar hasta recibir de sus manos ese poder, esa vida, esa virtud, por la cual podemos ser hechos más que vencedores. Tal reunión espiritual que está así reunida, tiene una promesa; esteré en medio de ellos, dijo el Señor; y por lo tanto, teniendo una promesa, podemos esperar razonablemente que seremos hechos partícipes de la virtud viviente y el poder, por el cual podemos hacer aquello, que por nosotros mismos no podemos hacer.

Y, amigos, es el deseo de mi alma que ustedes fueran así calificados, que todos tuvieran una evidencia en sí mismos de esta preparación correcta; porque donde el ojo está afuera sobre cualquier cosa visible, que busque la satisfacción en cualquier cosa que esté por debajo del Señor mismo, se desgastará y envejecerá. Todos esos objetos que la gente fija en su mente, ellos envejecerán; pero aquellos cuyos deseos, y los suspiros de cuyas almas son, para que ellos puedan crecer en familiaridad con su Hacedor, esto nunca envejecerá. Cuando las mentes de las personas están fijas, como estaba el pueblo del Señor en el tiempo antiguo, cuando ellos hicieron compañía entre el estado de su mente, y la mente de otros, y lo expresaron con estas palabras, ellos están diciendo; ellos están clamando (es decir, aquellos que son del mundo) ¿quién nos mostrará algún bien? Pero en cuanto a nosotros, nuestro clamor es: Señor levanta la luz de tu rostro sobre nosotros, y estaremos más felices por eso de lo que ellos pueden estar con todo el aumento de su grano, y vino, y aceite.

Ahora aquellos que sienten en sí mismos que la razón de su reunión es disfrutar la luz del rostro de Dios, y tomar parte de las bendiciones de Dios, ellos tienen sus expectativas en Dios, sus mentes están retiradas en Dios; sabiendo muy bien que si las lenguas de los hombres y los ángeles son movidas para declarar los misterios celestiales y divinos del reino de Dios, ellos no pueden ser edificados o beneficiados por ellas sin la ayuda divina y la asistencia del Espíritu de Dios; porque hay un sello sobre ellos, y nadie puede abrir ese sello, sino el León de la tribu de Judá; él es el único digno de quitar el sello del misterio, y quitarle el sello a las divinas bendiciones que son del Señor. De modo que la gente debe ir a ese retiro de espíritu, a esa resignación del alma, para ser como niños pequeños esperando al Señor, clamando al Señor, para que él los prepare, para que él les de hambre, y después los alimente, para que él haga surgir una sed en ellos, y después los satisfaga con esos manantiales divinos de vida, los cuales por medio del señor Jesucristo son abiertos en cada persona que cree. Mientras sus mentes sean halladas y establecidas en esperar al Señor, mientras que ustedes sientan en sí mismos que están abiertos y listos, que si el Señor habla, ustedes están listos para oírle, listos para someterse a su palabra, listos para obedecerle; habrá tal apertura en la mente, no hacia las palabras de cualquier hombre, sino a la palabra de Dios, para recibir aquello; porque donde las palabras de los hombres son recibidas, aunque son tan excelentes, no convierten el alma, pero la palabra del Señor es pura, que convierte el alma. Y esta Palabra es lo que puede despertar a aquellos que están muertos en pecados y transgresiones, y llevarlos a ser partícipes de la vida. Porque no es un aumento de conocimiento que lo hará, sino es el aumento de la vida y la virtud, el aumento de la piedad, y someter nuestra voluntad a aquel quien nos hizo. Es esto lo que logrará el cometido, esto traerá paz al alma, y nos llevará hacia el favor de Dios, por medio de nuestro señor Jesucristo. Ahora, espero que todos ustedes puedan sentir lo que prepara al corazón para esta resignación, y silencio, y sujeción, ustedes deben esperar al Señor, para que puedan ser hechos partícipes de las bendiciones de su evangelio eterno, y de su divina presencia. Esto es lo más provechoso y más ventajoso. Y entonces el Señor les abrirá las ventanas de los cielos, y hará caer lluvias de bendiciones sobre ustedes, por medio de las cuales ustedes serán consolados y refrigerados, más allá de todas las obras que nosotros podamos hacer, porque es una obra interna que debe ser hecha en el alma, para convertir a la gente que ha sido excluida y separada de Dios, y llevarlos al estado reconciliado, a través del señor Jesucristo, por medio de lo cual ellos pueden ser partícipes de las virtudes divinas, que santifican y justifican el alma en la luz de Dios.

Su oración después del sermón

¡Justo, glorioso y poderoso Padre! Tu brazo de poder es descubierto en este nuestro día, para traer salvación al pobre.

Señor, tú has levantado la luz de tu rostro sobre un pueblo que ha esperado tu gloria y tu salvación; un pequeño remanente a quien el dios de este mundo no puede satisfacer; pero, oh Señor, en el tiempo aceptable, tú has acercado tu salvación; y la luz y el brillo del evangelio eterno, tú has mandado a que brille en los corazones y las almas de los que lloran y los que agachan la cabeza, quienes están buscando al Dios viviente, no entre las formas externas y los caminos de los hombres.

Pero, ¡oh bendito Padre de vida! Tú ahora nos has llevado al día de tu poder, y has doblegado nuestra voluntad, y nos has hecho un pueblo dispuesto para servirte y hacer tu voluntad en la tierra, como es hecha en el cielo; y para ese fin, oh Señor, tú has puesto en los corazones de tu pueblo el esperarte a ti, en quien están todos nuestros manantiales, para que de ti nosotros podamos recibir la renovación del poder de día a día.

En todas las horas de nuestras tentaciones y pruebas, nuestros ojos, oh Señor, han estado fijos en ti y tu poder; y nosotros reconocemos, para la gloria de tu poder y bondad, que tú has sido un Dios que está cerca, cuando te hemos buscado, y hemos confiado en ti, de modo que somos un pueblo sensible a tu poder y tu presencia entre nosotros; porque ese ojo que mantienes abierto ante tus hijos, trae tu gloria ante nuestra vista y la muestra como penetrando las naciones. Y nosotros tenemos gran gozo y satisfacción al contemplar el progreso de tu gran poder en nuestro día, como tú has quebrantado y confundido y todavía estás quebrantando y confundiendo, todas las oscuras imaginaciones y estratagemas de los hijos y las hijas de los hombres, quienes han conspirado para estorbar la entrada de la gloria de tu Hijo, Cristo Jesús.

¡Oh poderoso Dios de vida! Levántate más y más en la grandeza de tu poder y amor, y danos a conocer tu consejo y tu voluntad entre los habitantes de la tierra; ¡y doblega sus mentes, Señor! Doblega su voluntad, para que nadie pueda atreverse a resistir tu venida, no sea que ellos sean hallados como luchando en contra de Dios y destruyéndose a sí mismos.

¡Oh poderoso Padre! Para este fin, descubre tu brazo ante los soberanos y gobernadores de estas naciones, para que ellos puedan conocer tus consejos, y doblegarse ante tu voluntad celestial, y puedan promover tu ley de justicia en sus propios corazones, y los corazones de otros; para que por tu poder se pueda obrar una bendita reforma, y se ponga fin a la iniquidad; para que ella no pueda correr en una corriente poderosa, como fue hecho en el pasado; sino que la verdad y la justicia, y el juicio sano puedan ser conocidos en la tierra; para que aquellos que tienen hambre y sed de justicia, puedan satisfacer los deseos de su alma; y así alabanzas y acción de gracia puedan surgir de sus almas hacia ti

¡Oh poderoso Padre de la vida! Preserva y guarda a tus hijos, a quienes tú has reunido, y limpiado, y purificado, y a quienes tú has dado a conocer el camino de la vida, y los has hecho un pueblo dispuesto en el día de tu poder, para hacer tu voluntad, y para esperar la venida de ese reino que tú has prometido establecer bajo Jesucristo, el Rey de Reyes y Señor de Señores; y para que pueda crecer, y aumentar y ser esparcido al exterior sobre la tierra, y que el deseo de todos esté sujeto a esto.

¡Poderoso Padre de la vida! El brazo de tu poder y fuerza invisible ha sido revelado, que nada ha podido resistir o permanecer en su contra y prevalecer, por medio del cual tú estás plantado a Sión y edificando a Jerusalén y estableciéndola. Por el mismo poder permite que se lleve a cabo tu obra, y que muchos sean traídos para que estén sujetos a Cristo, por el bien de sus almas inmortales. Así como tú has multiplicado tus bendiciones sobre nosotros, así de día a día ellas nos han hecho sensibles a tu amor por nosotros, reconociendo que somos tus hijos y un pueblo especial por tu presencia en medio de nosotros cuando nos reunimos en tu nombre para esperarte, para que así, Padre viviente, todos tuyos, tanto aquí como en todas partes, podamos ser animados para ponerte atención, y ser fieles a tu poder. Para que esperando la inspiración de tus consejos, y la iluminación de sus entendimientos, ellos puedan comprender con los santos la altura, y la profundidad, y la longitud, y la anchura de tu amor en Cristo Jesús; para que en el sentido de la libertad y la grandeza de él, todos tus hijos aquí y en todas partes, a quienes tú has reunido en un pacto eterno de gracia contigo mismo, puedan tener comunión contigo y tu Hijo y Espíritu; y puedan regresarte el honor, gloria y alabanza de todo tu amor, y misericordia, y gracia; porque sólo tú eres digno, quien eres Dios sobre todo, bendito para siempre y por siempre. Amén.

Sermón III

EL PRIMERO Y GRANDE MANDAMIENTO

Se dice que el siguiente sermón fue predicado por Esteban Crisp, en el lugar de reunión de Devonshire, en el día once del tercer mes, de 1688.

CUANDO Dios entregó su ley en el monte Sinaí, la cual Israel debía oír y obedecer, el primero y grande mandamiento era este: No tendrás dioses ajenos delante de mí. Esta es la suma y la sustancia de toda religión verdadera que ha estado sobre la tierra hasta este día; todos los mandamientos, todos los preceptos, profecías, y el trato de Dios con su pueblo desde ese día hasta hoy, ha estado todo contenido en este corto precepto: No tendrás dioses ajenos delante de mí.

Mientras Israel estuviera en obediencia a este mandamiento, las bendiciones de Dios eran multiplicadas sobre ellos, sus bienes eran aumentados día a día. El Señor estaba con ellos mientras ellos estuvieran dispuestos a ser su pueblo. Se les apareció como su Dios, y como su defensor; obró su liberación, peleó sus batallas por ellos, les dio dominio y fortaleza, valor y sabiduría; ministró de su tesoro todas las buenas cosas para ellos; porque el gran cuidado del Dios Todopoderoso estaba con todo su pueblo. Él tenía consideración por ellos, y los visitaba en todo tiempo, para guardarlos de la idolatría: Yo soy, dijo Él, un Dios celoso; noten que yo soy así; soy celoso de mi nombre; si quieren ser míos, no tendrán ningún otro dios aparte de mí.

Y todos los preceptos acerca de las ofrendas y sacrificios, y de hacer expiación por los pecadores, y los diferentes servicios de adoración, los varios oficios en el templo y el santuario, todos eran medios externos señalados por Dios para mantener a esta iglesia externa en la conformidad interna al mandamiento de Dios. Este mandamiento fue escrito en tablas de piedra, y estas tablas fueron puestas sobre el Arca de Dios, y todo esto tenía que ver con el primer pacto, y era el tipo y figura de la dispensación del pacto nuevo y eterno, que Dios haría con su pueblo, no como el antiguo: ¿Cómo son diferentes? Diferentes en las sombras externas, los tipos y las sombras de las cosas; pero Él quiere producir la sustancia de todos esas sombras y tipos, y quisiera alterar la forma y la apariencia externa de las cosas: Porque, así como Dios no cambia, así también su ley no cambia.

Moisés dijo que el primero y grande mandamiento es: No tendrás dioses ajenos delante de mí. Esto fue escrito en tablas de piedra. Cristo Jesús dijo: El primero y grande mandamiento es: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Mat 22:27. Este mandamiento es puesto en las tablas del corazón. De modo que ésta es una de las diferencias entre el primer mandamiento de Moisés, y el primer mandamiento de Cristo. Ambos reconocen que el primer y grande mandamiento es el sometimiento de la criatura a aquel que lo creó, es decir a Dios, para que puedan servir sólo al Creador, y puedan amarlo con todo su corazón. El judío podía probar esto por medio de sus tablas de piedra, y Cristo prueba esto por medio de las tablas de carne del corazón; porque allí la criatura está constreñida a amar al Señor con todo su corazón, y a servirle sólo a Él: solo a Él servirás.

De esta manera la ley de los judíos es puesta ahora sobre todos los cristianos, sobre el punto más grande de religión que se haya predicado jamás. Ésta deja fuera toda idolatría, toda superstición, toda variedad de religiones—todo es dejado fuera por este mandamiento; y el cristiano que tiene la ley escrita en su corazón, de acuerdo al nuevo pacto, él puede fácilmente ir a su propio corazón y leerla, así como el judío podía ir a su tabla de piedra, y leer la ley allí. Ustedes no pueden negar que si hay algo escrito y grabado en mi corazón, que yo puedo ir fácilmente y leerlo así como puedo leer cualquier libro o tabla, aunque lo tenga guardado; pero los judíos no guardaban la ley porque generalmente estaba guardada en el Arca del pacto de Dios.

Ahora, amigos, lo que está en mi mente para decirles en estos momentos, y a partir del gran amor que yo tengo por todas sus almas preciosas e inmortales, como Dios ha tenido amor por la mía, es que consideren y tomen en cuenta en el temor de Dios, cuya presencia está entre nosotros, cuáles de ustedes, y cuántos de ustedes, han obedecido este mandamiento. Yo no dudo que la mayoría de ustedes pueda recitar todos los mandamientos; pero serán un pueblo dichoso si pueden obedecer aunque sea uno. Me atrevo a pronunciar esa alma, un alma bendita, que pueda efectuar este mandamiento, que pueda o se atreva a estar en frente de su Hacedor y decir: ¡Oh Señor! Yo te amo con todo mi corazón, con toda mi alma y con toda mi fuerza; mi amor es quitado de todas las cosas cuando las comparo contigo; no hay nada en este mundo entero que tenga lugar en mi mente, sino que ella está sujeta a tu amor.

Éste es el primero y grande mandamiento de la ley que no cambia, la ley que era válida en los días de Moisés, y era válida en los días de Cristo, y sigue siendo válida en nuestros días; y en realidad es una ley tan definitiva, que los que la quebrantan no pueden ser ni buenos judíos ni buenos cristianos. Hay una necesidad absoluta que está sobre nosotros, de extraer y alejar nuestras mentes de todos los otros dioses, de todas las imágenes, y toda otra dependencia y confianza, en las cuales la gente es naturalmente propensa a confiar; y a tener toda su confianza puesta en el Señor. Pero ¡ay de mí! Con dolor en mi corazón lo digo, hay sólo unos pocos que han conocido la entrega correcta de la ley; y hay todavía menos que están sujetos a ella. Esta ley no fue entregada primero sin truenos y relámpagos, y un sonido terrible, y humo sobre la montaña, (el que tenga oído para oír, que oiga) de tal modo que Moisés dijo que estaba espantado y temblando debido al trueno del Todopoderoso, y de la montaña que humeaba y ardía en fuego, de tal manera que Israel no se podía acercar.

Ahora yo dijo que hay sólo unos pocos hoy en día que han llegado al conocimiento de la entrega de esta ley, que en realidad han conocido esos truenos, y esa obra terrible que hace el Señor de toda la tierra [dentro del hombre], cuando él llega a poner su ley [en el corazón del hombre]; porque muchos de los que se han acercado a ella, y pueden haber oído y recibido las palabras de la ley de Dios, han retrocedido. Ellos han hecho lo que los judíos de antes; aunque han sufrido mucho, y han pasado por muchas cosas, y han visto las maravillas del Señor, cómo él los guió y los liberó, sin embargo cuando se trató de esto, que tuvieron que escuchar la voz de Dios, dijeron: No podemos soportarlo, no podemos aguantarlo; hemos ideado una manera mejor; porque los truenos y los sonidos terribles los atemorizaron, y les hicieron temblar; y se estremecieron y les sobrevino un gran temor. Pero, dijeron, hemos encontrado una manera más fácil. ¿Cuál era la manera más fácil? Acércate tú, le dijeron a Moisés, y oye todas las cosas que dijere Jehová nuestro Dios; y tú ven y dinos; tú serás un mediador entre nosotros; que Dios te hable a ti, y tú nos lo repites a nosotros, y te oiremos.

Así los judíos, quienes no habían ido más allá de la ley de Dios escrita en tablas de piedra, no la quisieron recibir en sus corazones, como deben hacerlo los cristianos. De modo que Moisés recibió la ley de la boca de Dios. Él fue un fiel siervo en la casa de Dios; y ministró la ley de Dios, y sus preceptos, estatutos y juicios, y testimonios. Él escribió para los judíos un libro de leyes para que todos las siguieran, del más grande hasta el más pequeño; que mostraba cómo debían actuar en cuanto a asuntos criminales, y cómo hacer justicia entre los hombres; y lo que debían hacer en cuanto a la adoración de Dios; y lo que debían hacer en cuanto a los sacerdotes, cuyos labios debían conservar el conocimiento para ellos. Así él presentó una forma de religión, pero su obra era de acuerdo a los preceptos de Dios; y él los llevó al esquema de la religión nacional, y de gobierno y leyes nacionales. De modo que Moisés y los sacerdotes gobernaron sobre ellos, y el sacerdote ofrecía sacrificios por ellos, y hacía expiación por ellos; y Moisés le preguntaba al Señor, y pedía su consejo para ellos, y les enseñaba y los instruía.

¿Qué pasó con todo esto durante la prueba? Cuando esto sucedía, el sacerdote hacía expiación por el pecado, pero no podía arrancar la culpa del pecado. Después que el sacerdote había hecho su ofrenda por el pecado, todavía quedaba la conciencia del pecado. Moisés les enseñó los consejos de Dios, pero no pudo llevar sus corazones a la obediencia de ellos; porque se declaró abiertamente en contra de ellos, que eran un pueblo rebelde y de dura cerviz, a pesar de que tenían una ley externa.

En realidad me faltaría el tiempo para describir los muchos errores de la iglesia de los judíos, con respecto a su idolatría, con respecto a su desprecio y rebelión, tanto de Dios como de su siervo Moisés, quien debía enseñarles y guiarlos. Yo digo que me faltaría el tiempo para mencionar los muchos errores que ocurrieron entre este pueblo, quienes tenían una ley y una religión externa entre ellos, y también un maestro externo.

Ahora, en el cumplimiento del tiempo, le agradó a Dios enviar a su Hijo Cristo Jesús, para levantar un profeta como Moisés con respecto a la fidelidad, aunque más alto con respecto a la dignidad. Porque Moisés fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, pero este hombre como hijo en su propia casa; en la casa de la cual Él era heredero; aquella casa en la cual Él era Rey, Sacerdote, Profeta, y Gobernador. Cuando el Señor indicó, por el espíritu de profecía, la venida del Justo, él le indicó a la gente que su ministerio no debía ser como el de Aarón. La gente no debería tener su religión en el exterior, y sus leyes y preceptos en el exterior, y los sacerdotes en el exterior, y su adoración y la iglesia en el exterior; sino que deberían tenerlos en su interior. Escribiré mi ley en su corazón, y la pondré en su interior; yo seré su Dios y ellos no me abandonarán.

Sus padres quebrantaron mi pacto antiguo, pero yo haré un pacto nuevo en los últimos días; un pacto nuevo, no como el que quebrantaron sus padres. Ellos quebrantaron la ley externa; pero yo escribiré mi ley en sus corazones. Este Profeta, que es como Moisés, él le enseñará a mi pueblo, él será un líder para ellos, y los guiará en el camino que deben seguir, y será el autor de la salvación de ellos; y sucederá que, en el día que yo haga esto, si hay alguno que no haga caso, éste será eliminado del pueblo. Éste es el juicio que vine sobre los que condenan el Evangelio, sobre aquellos que no quieren oír a Cristo Jesús; ellos serán eliminados del pueblo. ¿De qué pueblo? Del pueblo de Dios; ellos no tendrán parte de los privilegios que son disfrutados por medio de Cristo; ellos serán eliminados de los beneficios que otros obtienen por medio de su fe en Cristo.

De modo que ahora nosotros debemos esperar la operación y la obra del ministerio que lleva a la gente hacia una religión interna, una religión del corazón; en la cual el corazón está puesto completamente sobre el Dios verdadero y vivo, como el objeto de su dependencia y su confianza, y ellos no tienen otro. Ésta es una palabra extraña para la carne y la sangre. ¡Qué! ¿depender de nada más que el Dios invisible? La carne y la sangre, y la sensualidad, no pueden nunca llegar a esto: ésta es una religión que ha estado oculta desde los siglos y las edades, y estará escondida de todas las generaciones que están en el mundo, donde prevalece la sensualidad. ¡Qué! ¿Ustedes quieren que ponga toda mi dependencia para la consolación de mi vida aquí, y de la vida que ha de venir, la otra vida—para depender en el Dios invisible—el poder invisible que me creó, y creó al mundo? ¿Cómo puedo yo secuestrarme a mí mismo, y apartarme de todos los objetos visibles? Debo confiar en esto, y confiar en aquello. La carne y la sangre nunca puede alcanzar esto, con toda su inteligencia y razón. Nunca puede separarse de los ídolos. Ellos son niños, son hijos de otro nacimiento, nacidos de otra semilla, que se mantienen alejados de los ídolos.

Amigos, la idolatría es mucho más común, yo pienso, de lo que muchos se dan cuenta. ¿Acaso se me manda a amar al Señor con todo mi corazón, y mi alma, mi mente y mi fuerza? ¿Qué es lo que queda cuando todo es quitado? Si Dios tiene mi corazón completo, ¿qué tengo yo para otorgar al mundo? ¿Qué amor, qué afectos, qué anhelo, que fervor puedo entregar al mundo, o a cualquier objeto en el mundo, cuando todo mi corazón, alma y mente, están ante el Señor, y se han ido hacia él?

Éste es el primero y grande mandamiento, y el segundo es como éste, que dice: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Así es que la ley y los profetas, la fe, los credos, oraciones, religión, y adoración, todo lo que alguna vez estuvo en el mundo, todos pueden ser comprendidos así: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo. De modo que ¿qué necesidad tenemos de disputar acerca de la religión, acerca de este o del otro principio; este texto o del otro texto? Por mi parte, yo sólo deseo que ustedes entiendan este texto; porque si lo hacen, no tengo ninguna duda de que ustedes irán al cielo. Esta es la suma, esto es todo, esta es la esencia de toda religión, de todos los tipos, sombras, figuras, ceremonias, y sacerdocio, y de todo lo que fue o podía ser nombrado o practicado en el mundo. Todo culmina en esto: El corazón entregado a Dios—nuestro amor puesto sobre Él.

¡Qué! ¿Esto es suficiente? dirán algunos; esto lo convertirá en un hombre bueno y honesto; ¿pero qué significa esto para la religión cristiana? Usted podría ser llevado al error y llegar a ser un hereje por causa de esto.

¿Cómo puede suceder esto, que yo no tenga una fe sólida, sino que sea llevado al error y la herejía por causa de todo esto? Cuando la gente deja entrar en el error, y la herejía, y la fe débil, ¿dónde los dejan entrar? ¿Acaso no dejan entrar los principios del error y la herejía dentro de sus corazones? Llego a creer en este, y aquel, y el otro error; todo entra en el corazón, y tiene un lugar en el corazón. Pero ¿cómo podemos dejarlo entrar en el corazón, cuando el corazón está entregado a Dios? ¿Acaso no puedo dejar afuera el error y la herejía, si le entrego mi corazón y mi alma a Él? ¿Acaso no puedo confiarle todo a Él?

Esta clase de afirmación acerca del error y la herejía ha surgido entre los hombres que han guardado sus propias almas. Ellos han tomados sus almas en sus propias manos, y han ordenado su propia religión, o han empleado a alguien para que se las ordenara; y muchos de ellos se han reunido para hacer sus credos y catequismos, y confesiones, y doctrinas ortodoxas que ciertamente podrían ser profesadas y seguidas. De modo que después algunos llegaron y encontraron fallas en esas cosas; y más tarde crearon concilios para juzgarlas. Entonces estas doctrinas fueron quitadas y puestas a un lado, y otras fueron creadas para reemplazarlas. Todas estas doctrinas son las que los hombres han establecidos para sí mismos. No quisieron estar bajo el gobierno y la disciplina de Dios, como los hijos que están bajo el gobierno de sus padres; sino que en cambio establecen su propias religiones, y le dicen al resto del mundo: Si ustedes creen en cualquier cosa que sea contraria a nuestros principios, ustedes son herejes, y al ser herejes deben ser eliminados y echados fuera. ¿Acaso no leen las escrituras, que dicen que el que no oye al profeta (que fue reconocido por algunos en el mundo) debe ser echado fuera? ¡Qué! ¿No oirán a Cristo hablar en la iglesia? ¿No oirán a Cristo hablar? La iglesia no puede hablar sin una cabeza; si ustedes no oyen a la Iglesia, serán echados fuera.

Todas sus crueldades y barbaridades inhumanas, al martirizar y encarcelar a la gente, viene del hecho que ellos mismos crean su propia fe; y de todas las cosas, ninguna es más desesperadamente impía; y ellos no lo sabían. Engañoso es el corazón, más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Los hombres no saben qué orgullosos y arrogantes son ellos mismos, y sin embargo intentan ordenar los corazones, las mentes, y las conciencias de otros. De esto ha surgido todo tipo de superstición—e idolatría, porque los hombres no le entregaron sus corazones a Dios. No tendrás dioses ajenos delante de mí. Este mandamiento es grande en sí mismo, estricto en sus términos: Amarás a Dios con todo tu corazón, y a tu prójimo como a ti mismo. Los prójimos que no pueden ver con sus ojos; por lo tanto se destruirían los unos a los otros.

Pero bendito sea Dios, que ahora produce la verdadera cristiandad, sobre su base y fundamento antiguo, sobre el cual fue puesto al principio; porque la cristiandad ha sido sacada a empujones de su fundamento. Porque en vez de amar a Dios con todos sus corazones, y amar a su prójimo como a sí mismos, los odiaron. Ahora, este es el día, ¡Oh Amigos! Su importancia es muy grande; este, yo les digo, es el día en el cual Dios está llevando a la cristiandad a su antiguo fundamento.

Yo no quisiera que pensaran que estoy aquí para juzgar a nuestros antepasados, quienes están durmiendo; para decir que, por lo tanto, ellos se han ido a la perdición, porque no vieron este día, y no vivieron para ver este beneficio que nosotros disfrutamos. Lejos estoy de eso. Ésta fue la razón por la cual ellos creyeron y oraron: ellos no vieron este día externamente, sino que lo vieron por fe. Cuando yo era niño, recuerdo que el pueblo de Dios se reunían de a tres o cuatro, y se regocijaban en la esperanza de aquello que vieron anticipadamente. Le daban gracias a Dios por los días benditos que él les daría, aunque ellos no sabían cuando. Ellos dijeron y creyeron que Dios disiparía las neblinas y la bruma, y traería un día de felicidad, en el cual su pueblo recibiría el don de su Espíritu. Cuando vieron las imposiciones y las persecuciones de aquellos tiempos; que cuando no se conformaban ni obedecían, eran echados en la cárcel, los calabozos, y las prisiones: Bueno, no siempre será así, dijeron ellos; vienen un día en el que el Señor liberará a su pueblo de todos los yugos de opresión, y de los opresores.

Y en verdad mi alma se regocijó al oír los dichos proféticos de esos hombres buenos. Yo pensé que viviría para ver ese día. ¡Bendito sea Dios, quien ha preservado mi vida hasta este día, y hasta esta hora, para disfrutar aquello por lo cual ellos oraron! Ellos le pidieron a Dios que disipara la bruma y las neblinas, para que ya no pudieran oscurecer y nublar las mentes de los hombres, y así impedirles que disfruten de las enseñanzas de Dios. ¡Bendito sea Dios! Que ahora estamos en el gozo de las oraciones de los fieles, que dejaron el mundo antes que nosotros llegáramos. Ahora ha llegado el día por el cual ellos oraron, e indagaron.

¡De qué manera tan extraña hablan los hombres, dicen algunos, con respecto a la religión cristiana! La religión cristiana está en toda Inglaterra. Vayan a cualquiera reunión en Londres, excepto una, y ellos les dirán que son cristianos. Yo desearía que lo fueran; este es el peor deseo para todos ellos. Pero, ¿por qué hablamos de la religión cristiana, y no de la vida cristiana? A menos que encontremos la vida cristiana entre ellos, ¿de qué sirve tener el nombre y la profesión de ella? Y la doctrina cristiana también está ausente en muchos lugares. Hay muchos en esta ciudad que instan este mismo mandamiento, el de amar a Dios con todo sus corazones, y a su prójimo como a sí mismos, tan fervientemente como yo lo puedo hacer, o cualquier otra persona; y sin embargo ellos dirán aún, en la siguiente afirmación, que ningún hombre en Londres, o en el mundo, puede hacer esto. Ningún hombre puede amar a Dios con todo su corazón; un hombre no puede ser hallado que pueda llevar a cabo un acto así, como el de amar a su enemigo como a sí mismo. No a todo prójimo, sino a algunos asociados que él pueda escoger, que pueda amar, y soportar sus defectos y afrentas, y amarlo como a sí mismo. Ama a tu prójimo, es decir, a todos, para que haya buena voluntad hacia toda la gente en toda la raza de la humanidad. En la tierra paz y buena voluntad para con los hombres. Éste es el fruto del Evangelio. Las palabras cristianas no hacen la religión cristiana, sino que debe haber una vida cristiana; pero ¿dónde la encontraremos, o dónde la buscaremos?

Yo no sé, yo no tengo nada que hacer para juzgara ninguna persona; sino que hay uno que juzga quién vive la vida cristiana y quién no. ¿Quién es éste? Yo respondo: La cabeza de la Iglesia Cristiana. ¿Como? ¿Está aquí? Sí, la Cabeza de la iglesia cristiana está aquí, y Él habla y pasa sentencia. Si tienen oídos, ustedes lo pueden oír. Si dirigen sus mentes hacia su interior, porque él es un ministro interno. Cada uno de ustedes, si dirigen sus mentes al interior, él les dirá si ustedes viven una vida cristiana, o qué clase de vida viven. Si hay un borracho, que pregunte si su vida es una vida cristiana. ¿Acaso algún hombre se irá de aquí siendo todavía ignorante y sin respuesta? Si hay un borracho aquí, que pregunte internamente en su propio seno: ¡Señor! ¿es mi vida una vida cristiana? Me atrevo a afirmar de parte de Dios, que él responderá: ¡No! mi vida no es una vida cristiana, sino una vida vergonzosa y bestial, una vida brutal.

¿Quién les dijo que la cabeza de los cristianos, Cristo Jesús, está presente—que Cristo Jesús está presente?—¿Cómo llegó aquí? El subió a los cielos en cierto día, dicen ellos, así que ¿cómo puede estar aquí? Aunque haya subido al cielo, no lo hizo de tal manera que no pueda estar aquí también. ¿Cómo cumplirá su promesa, si Él está limitado a estar presente ya sea en el cielo o en la tierra? ¿Cómo puede cumplir su promesa si, cuando dos o tres se reúnen en su Nombre, él no está en medio de ellos? Ahora aquí hay muchos más que dos o tres reunidos en el nombre de Cristo, y esa esperanza de aceptación con Dios, por medio de un mediador, Cristo Jesús. Si ustedes piensan que hay dos o tres reunidos en este lugar en el nombre de Cristo, entonces por consiguiente Cristo está en medio de ellos.

Yo no sé qué es lo que ustedes están experimentando y gozando ahora. Algunos pueden decir, yo no encuentro esta presencia de Cristo; oigo de la presencia de Cristo en el sacramento, y he oído acerca de la presencia de Cristo en una reunión; pero he estado en muchas reuniones, y nunca he encontrado una presencia tal de Cristo.

¿Pueden leer las escrituras? Sí, puedo leer las escrituras tan bien como usted, pero éstas no me dan un sentido de ella; sí, leo las escrituras y las creo; pero ¿qué significa mi lectura con respecto a la presencia de Cristo, si no tengo un sentido de ella? He estado en muchas reuniones, pero nunca tuve un sentido de tal presencia divina como las que usted menciona—ni tampoco en el sacramento. ¿Cuál es la razón de que usted no tenga ningún sentido de ella? Si usted acepta mi consejo, y dirige su mente al interior, y pregunta si es que aquello que yo hablo es cierto, si es que hay una voz como la que yo menciono, ésta le dirá cuál es su condición. Si ustedes son honestos consigo mismos, pueden llegar a conocer la presencia divina, y pueden oír a Cristo hablar.

El alma tiene ojos, y oídos, así como el cuerpo. ¿De qué ojos habla el apóstol cuando dice: El dios de este mundo ha cegado los ojos de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, quien es la imagen de Dios? Si el alma tiene ojos y oídos, así como el cuerpo, entonces puede oír y ver como el cuerpo. Así como el ojo del cuerpo puede ver cosas visibles, así el ojo del alma puede ver cosas que son invisibles, y celestiales. Ustedes pueden oír mi voz externamente, y ustedes pueden oír la voz de Cristo internamente. Yo he sabido de algunos que han tenido tanto miedo de oír algo malo acerca de sí mismos, que no querían indagar. Algunos has sido tan culpables en sus propias conciencias, que han tenido temor de oír algo malo, de modo que no indagaban acerca de sí mismos. Así es en el interior; algunos han sido tan conscientes que su vida y su conducta no son lo que deberían ser—que su vida es una vida pecaminosa, que no se atreven a cuestionarla. Ciertamente se les hubiera dicho lo siguiente: La vida de ustedes no es una vida cristiana, ustedes deben reparar sus vidas, antes que ustedes puedan llegar a estar en paz con Dios. Si esta es la porción de ustedes y mía, que al ser escudriñados encontramos que nuestra condición es mala, ¿qué hay de malo en ello?

Yo les quiero hacer una pregunta; consideren esto seriamente. Todos somos por naturaleza hijos de la ira, ninguno de nosotros es diferente en cuanto a esto, y a menos que nazcamos otra vez, no podremos entrar en el reino de Dios. La pregunta es si es que yo soy uno de esos o no. Supongamos que después de indagar se me da a entender que no lo soy, esto sería suficientemente malo; esto es duro, pero no es tan duro como es cierto. Esto es lo que quisiera que ustedes consideraran:— ¿Acaso no es mejor que yo sepa que estoy todavía en el estado natural, que seguir así y perecer eternamente? Mientras haya vida, hay esperanza; mientras el hombre esté sobre la tierra, y cuidando su alma, e indagando acerca del estado de su alma inmortal. Si su alma no está en una condición buena, ¿acaso no es mejor para él que lo sepa, y que busque una cura? Porque no puede sobrecaer ninguna dolencia ni desgracia más grande sobre el hombre, que tener alguna enfermedad oculta o escondida, de la cual él no tiene sensibilidad; porque esto lo desgasta y lo estropea, y no puede ser persuadido a buscar un remedio. Así es en el interior; si un hombre es ignorante de su condición, y sigue adelante con su día y su hora, y no busca un remedio, este hombre sin duda perecerá.

Cuando estén en esta iniquidad, estén contentos de ser controlados; estén dispuestos a que se les diga la verdad, aunque esté en contra de ustedes. Yo podría dar muchos ejemplos de lo que he hablado. Si un hombre está satisfecho de que su vida no es una vida cristiana, yo digo, si el que jura o miente, o si la persona orgullosa, o el afeminado, tan pronto como llega a estar satisfecho que su vida no es una vida cristiana, la que ahora vive, ¿qué puede esperar este hombre? ¿Qué consejo deberíamos darle, y qué consejo debería él tomar? "Continuaré en el camino en el que estoy." ¡Qué! ¿después que ustedes saben que su vida no es una vida cristiana? Que Dios no lo permita. ¿Seguirán ustedes y perpetuarán pecado tras pecado, y acumularán castigo para el día de la ira? "Yo soy un pecador, mi vida es impía, yo doy cuenta de que vivo en pecado, y muero en pecado." ¿Acaso es ésta una buena póliza? Consideren otro texto que pronunció nuestro Señor: Si ustedes mueren en sus pecados, donde yo voy, ustedes no pueden ir.

¡Oh, Amigos! pongan estas cosas en sus corazones. ¿Qué puedo hacer yo aparte de decirles que el amor que tengo en mi alma por todos ustedes, me hace desear en mi corazón que ustedes sean salvos? Ésta es la voluntad de Dios, que todos ustedes sean salvos, y lleguen al conocimiento de la Verdad. Benditos son los que conocen la Verdad; la Verdad que está en Jesús. La verdad en el interior, tiene una voz que habla; y si ustedes la oyen, ésta les dirá que su estado no es lo que debe ser. ¿Pueden creer la Verdad cuando las diga que su estado es malo, y que ustedes sufrirán perdición eterna, a menos que haya un arrepentimiento y una regeneración que la prevenga? ¿Pueden creer esta doctrina, cuando suene en sus propios corazones? Si no la pueden creer, la incredulidad será su ruina.

El Espíritu de Verdad ha venido para convencer al mundo de pecado, porque ellos no creen en Cristo; Él les dice cuál es su condición, y ellos no le creen. El espíritu de Cristo convence al hombre de pecado, y ellos no le creen. El Espíritu de Verdad los convence de sus pecados, pero ustedes no le creen. Ustedes aman sus placeres y sus ganancias, y su honor; entonces ustedes no aman a Dios con todo su corazón, y entonces ustedes no son cristianos, sino que están fuera del pacto con Dios. ¿Se dan cuenta que su condición es mala? ¿No sería mejor que fuera cambiada? Después que estemos convencidos de nuestro propio estado pecaminoso, ¿no es mejor que éste sea reparado? ¿Quién lo reparará? Alguna persona puede decir: he hecho todo lo que puedo para arreglar mi vida, y no puedo arreglarla.

Yo había llegado a esta conclusión en mi juventud; había ayunado, y orado, y pasado tiempo oyendo, leyendo y meditando, e hice todo lo que estaba en mi poder, y todo esto para reparar mi estado; pero no pude repararlo. A medida que aumenté en edad, el pecado y la corrupción prevalecieron más en mí, y no había ayuda. Llegué a creer que no había ayuda para mí, y que si Dios no me ayudaba, yo estaría perdido por toda la eternidad. Muchas veces deseé no haber nacido. Fui a ministerios y reuniones, y a toda clase de gente, y a toda clase de ordenanzas, y toda clase de medios, para reparar este mal corazón mío, para ver si podía obtener el poder que me daría la victoria sobre mis corrupciones; pero mi brazo nunca fue suficientemente largo como para alcanzarlo; estaba muy lejos de mi poder y mi alcance.

Muchos han buscado obtener este poder para reformar sus corazones y sus vidas, para alcanzarlo por sus propias manos, por sus propios esfuerzos, y nunca pudieron hacerlo. Ellos nunca pudieron mejorar su condición, ni producir fruto digno de enmendar la vida. Yo quisiera que todos hubieran llegado a ese punto muerto, que no supieran hacia donde ir, que estuvieran desesperados. Ellos llegarán allí tarde o temprano—mientras más pronto mejor. Yo he hecho todo lo que he podido, no puedo hacer más. Ya no sé qué hacer, y no sé qué pensar acerca de mi estado eterno, pero sí se cómo juzgarlo. Lucho en contra de mis deseos y corrupciones, porque, por todo esto, prevalecen contra mí. Las tentaciones vienen ante mí, pero no puedo conquistarlas. ¡Oh! Estoy contento cuando la gente llega a ese punto muerto; de modo que no saben qué hacer, pero se desesperan por causa de la habilidad de sus propios brazos, de su propia fortaleza, y su propia inteligencia, y su desesperación por toda la otra ayuda en el mundo: estoy contento por esto.

Pero no estoy predicando la desesperación por la gracia y la misericordia de Dios; porque déjenme decirles, cuando los hombres se desesperan por sus propias acciones, y por todos los medios y ayudas externas, entonces son objetos dignos de la misericordia de Dios, y no hasta entonces. Cuando el Señor miró y vio que no había nadie que salvara y liberara, entonces su propio brazo trajo la salvación. Dios no salvará hasta entonces. Dios no revelará su poder hasta que los hombres hayan terminado con su propio poder. Ellos nunca confiarán en Dios, mientras piensen que pueden hacer algo por sí mismos. Todas las formas de religión, de las muchas gentes de esta nación, les servirá muy poco sin el poder.

¿Cuál es el significado de este principio, de tener estas misas, y oraciones y actuaciones? ¿Cuál es el significado de esto? Investiguemos a fondo. Ellos dicen que somos pecadores, cuando oramos a Dios para pedir su bendición y la salvación por medio de Jesucristo. Esto es lo que está en el fondo: ellos piensan que sus deberes y acciones serán muy útiles para su estado, útiles para el conocimiento de esto. Hablando con lenguaje sencillo, éstos son sus dioses. Si hablo de gente profana y impía, diría que sus deseos son sus dioses; pero cuando hablo de [las así llamadas] personas justas que son meramente formalistas, entonces digo que sus deberes, como ellos los llaman, son sus dioses. Cuando ya todo ha terminado con respecto a sus deberes, esto no han hecho nada bueno para ellos; y entonces no tienen ningún dios. Entonces ellos están sin dios; y si Dios no los ayuda, ellos están perdidos por toda la eternidad.

Cuando las pobres criaturas son echadas, como sucede, hacia el campo, para ser odiados por la genteY pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor, y fuiste mía. ¡Qué! Era tiempo de amores cuando yo era un objeto tal en mis propios ojos, que pensé que era la criatura más miserable en el mundo, una que no puede hacer una buena oración, ni disputar por la religión, ni llevar a cabo ningún deber; una pobre criatura echada en el campo, para ser odiada, habiendo perdido todo lo que gané. Mi nombre no estaba entre los vivos; pasé mis días en dolor; y dije: No hay nada más que oscuridad, y muerte, y miseria para mí. Usé todos los medios, e intenté todas las cosas, excepto tener una confianza viva en Dios, una confianza en Dios solamente, y la carne y sangre no lo pueden hacer. La carne y la sangre no lo pueden conocer, por lo tanto la carne y la sangre no pueden confiar en Él. ¡Ay de mí! Dije que no podía confiar en el Señor, no podía echar fuera mi alma, y todas mis preocupaciones, mi fama y reputación en el mundo, no podía echar todo sobre el cuidado del Todopoderoso; no podía conocerlo, ni confiar en Él. ¿Cómo puedo hacerlo? ¡Nadie lo puede hacer! Aquellos que conocen mi nombre, dijo el Señor, pondrán su confianza en mí. Nunca se pronunció una palabra más cierta. Pero cómo podemos conocer a Dios, y confiar en Él, dirá alguien, yo no lo sé.

Cuando ustedes lleguen a este punto muerto, a la desesperación, y a no saber a dónde ir, ni a quién acudir para buscar ayuda, o para pedir consejo para el bien de sus almas; cuando ustedes lleguen al final de todo, y estén sin esperanza, entonces Dios se revelará a sí mismo por medio de su hijo Jesucristo. Cristo, el Hijo de Dios, llega a ser conocido si vamos hacia Él; pero nadie puede ir a Cristo, a menos que el Padre que lo envió, lo atrayere. Cuando ustedes hayan acabado con sus dioses, y hayan arrojado sus ídolos a los topos y los murciélagos, entonces encontrarán al Señor, y clamarán: Oh, ¡que Dios tenga misericordia de mí, y ponga la luz de su rostro sobre mí! ¡Soy una pobre criatura miserable!

Hay muchos que se quejan y se lamentan tanto que se enorgullecen en sus quejas, así de grande es su hipocresía. Yo he conocido algunos que se han orgullecido en describir su condición, y expresar su caso tan miserable ante el Señor. Pero suponga que usted no puede hablar, sino que se encuentra en una condición tan miserable, que no puede expresar su condición. En tiempos como este Dios estaba atrayendo su alma hacia Cristo Jesús, el mediador de ella. Yo he oído de un mediador, y que hay un bálsamo en Galaad para mí, que hay un médico allí, que hay un médico, es decir Jesucristo, el mediador del pacto nuevo. Ustedes han pecado en contra de Él, y lo afligieron, sin embargo él está con los brazos abiertos para ustedes, listo para recibirlos, y abrazarlos. ¿Dónde está él? Él está a la puerta y llama; es un asunto pequeño, podría pensar uno, dejarlo entrar: (Apoc 3:20) He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Estas son buenas noticias para sus almas hambrientas, si es que hay alguna alma tal aquí. Cristo, el mediador, está a la puerta y llama. Él entrará y cenará con ustedes. Entonces nosotros nos reuniremos en la cena del Señor. Este es el Señor, lo esperaré. Él traerá su pan con Él, el pan de vida, y el vino de su reino; y la cena del Señor será celebrada sin distinciones irrelevantes ni discusiones doctrinales.

Ahora, ya que nosotros no tergiversaremos las escrituras, les pediría a ustedes que entienden libros, que lean lo que los comentadores de esto han dicho y lo que se ha dicho en edades anteriores acerca de este texto; si es que ellos no opinan que esto de golpear a la puerta, es Cristo llamando al alma por medio de su gracia; y que esta puerta es la puerta del corazón, donde Cristo está llamando por medio de su gracia y espíritu, para que lo dejemos entrar por fe. Esto es lo que ellos juzgan y sienten, y yo siento lo mismo, y creo en el sentido genuino de este texto; que Cristo quisiera que la gente pensara que Él está cerca, y yo quisiera que abrieran sus corazones, y lo recibieran por fe; para que él sea su salvador.

[Algunos dicen] ¡No! eso, dice la carne y la sangre, no lo puedo aceptar. No puedo consentir que él sea mi salvador. No lo dejaré entrar, porque él es como Micaías con Acab, nunca dijo nada bueno con respecto a mí. Porque, si yo lo tengo como mi salvador, debo abandonar mis deseos y placeres. Si hay algún otro salvador, lo probaré, y no me entrometeré con Él. Porque Él arruinará nuestro júbilo y nuestras buenas amistades. Él me dirá que de cada palabra ociosa que yo hable, tendré que dar cuenta en el día del juicio. ¡Qué! ¿ustedes piensan que a mí me puede gustar un salvador así? ¿Que yo puedo vivir con alguien que me pida cuentas de cada palabra que hablo? Y que, si digo una palabra ociosa, que el juicio vendrá sobre mí. No, yo probaré uno y el otro, antes de aceptarlo a él con esos términos. Yo soy una persona que está unida a una iglesia así, y que disfruto de tales ordenanzas, y tales ayudas. Estoy en el pacto con Dios y bajo el sello de ese pacto; estoy bautizado, y tomo parte de la cena del Señor, la cual es otro sello del pacto. Espero que me vaya bien.

De la voz del Señor: "Aquellos que están reacios a ver su esclavitud dicen: 'Dénme la iglesia.'"

Yo iré un paso más allá. Otro dijo que él debe tener un mediador: Iré a la virgen María, y le ofreceré algo a ella, y le oraré. Otro dice: Iré a San Jacobo, y San Juan, y otros santos para que interceda por mí con Dios. Ellos deben tener un mediador. Este es el retorcimiento y tergiversación de los hijos y las hijas de los hombres, para dejar afuera a Cristo, el gran mediador, quien vino a este mundo con este propósito, para destruir las obras del diablo. ¡Ay de mí! No me queda nada más que sólo mi vida y vivir en este mundo. No me queda nada aparte de un poco de deseo de agradar a Dios; y que él nunca me juzgará y me condenará. Pero mis negocios falsos, y el comprar y vender con engaño, Él juzgará esto, y me condenará; y mis discursos de cosas que están fuera de mí; todas mis amistades carnales del mundo, y mis modas vanas; todo esto es corrupto y profano; Él vino con el propósito de destruir estas cosas. Él vino a destruir tanto al diablo como a sus obras.

¡Qué! ¿Acaso puede vivir un hombre en el mundo y nunca unirse con el diablo? ¿Nunca pecar? ¿Nunca hacer nada que el diablo quisiera que hiciera? No hay perfección en este mundo; no se puede vivir sin pecado aquí. Entonces estoy seguro que no hay unidad con Cristo aquí; si no hay unidad con Cristo, entonces no hay ninguno que esté con Dios el Padre. ¿Qué será de ustedes ahora? ¿Qué dirán ahora todos los que defienden esa opinión? Hay algo que está entre Dios y yo, y nunca tendré paz. ¿Y qué es esto? Es el pecado. Yo quisiera que mi pecado fuera quitado, o si no, quisiera que nunca hubiera nacido. ¿Pueden ustedes quitar el pecado de sus corazones? Yo lo he intentado, pero no lo puedo hacer. He oído de Cristo, el mediador del nuevo pacto. Él nos dijo que vino a este mundo, y que para este propósito fue manifestado, para poder destruir las obras del diablo. Ahora el pecado en mi corazón es la obra del diablo, y veré si Él destruye esto mí, confiaré y contaré con Él, y veré si este gran poder lo puede destruir en mí.

Así la gente llega a creer justamente en Aquel que Dios ha enviado, y a confiar en Él; y Él los tomará, y como un cirujano, abrirá sus corazones, y dejará que salgan sus corrupciones, aunque nunca ha habido tanta putrefacción; y Él los sanará, y los purificará, y los perdonará si ellos van a Él, aunque ellos han sido tan malignos. Cuando sus pecados son puestos en orden delante de ustedes, entonces ustedes claman: ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¿Acaso es Dios quien ha pensado acerca de mí, y a esperado para ser misericordioso, ya ha soportado mis pecados por tanto tiempo? ¡Qué maravillosa es esta paciencia que él tiene conmigo! Todas estas cosas obrando en mi alma, tienden a generar un amor en mí hacia Dios, y deseos fervientes de ser limpiado y purificado del pecado, como también oración hacia el Señor, para que arda un fuego santo, que lo pueda quemar. Mientras más confía el alma en Cristo, más quema este fuego nuestros deseos; y entonces el hombre llega a sentir un cambio grande en su mente. Las cosas, dijo él, en las que me deleitaba, ahora son fastidiosas para mí. Espero que nunca sea hallado en ellas otra vez; mi mente se ha alejado de ellas. ¿Quién la alejó? ¿Acaso no se esforzaron para alejarla? Yo me esforcé, pero no pude hacerlo.

Hay muchos, yo creo, en esta asamblea del Señor, que pueden testificar por mí en este asunto, que cuando ellos vinieron a Cristo, el mediador, Él cambió sus mentes, y desató los grillos del diablo. Ellos estaban atados a sus pecados y deseos; pero Él los ha soltado. Ellos ahora están avergonzados de esas cosas en las que antes se deleitaron. ¿Qué fruto, dijo el apóstol, tenían en aquellas cosas de las cuales ahora se avergüenzan? De modo que yo digo: ¿Qué placeres obtienen de los deportes, los juegos, la bebida, y las compañías? ¿Qué placer obtienen al pensar en sus conversaciones desenfrenadas? ¿Qué placer obtienen en el orgullo y la vanidad? ¿Qué placer obtienen de la ira y la mente amargada? ¿Y qué placer en la malicia y la envidia? ¿Qué placer tienen en estas cosas de las cuales ahora están avergonzados? Mientras se hayan convencido, ustedes se han avergonzado de pensar en ellas. Yo estoy avergonzado de pensar que el diablo en un momento así, por medio de una tentación así, pueda prevalecer en contra mía.

Yo desearía que con el favor de Dios todos ustedes llegaran a este punto; a estar avergonzados; que ustedes puedan recordar sus caminos y acciones malignas del pasado, con dolor y vergüenza. Hay un gozo secreto en esto. Seguramente es mejor estar avergonzado que continuar en el descaro. Dios ha obrado este cambio al fin; y ¿quién será glorificado por esto? Dios será glorificado por esto, porque sus propias obras lo exaltarán. Lo que los hombres hacen, muchas veces lo hacen para su propia exaltación; pero cuando ellos están desesperados, y no saben qué hacer, se van hacia su Maestro, para ver si Él tiene misericordia de ellos. Si no, ellos deben perecer. Entonces, por lo que Él hace, Él es glorificado y exaltado.

Hay algunos aquí que están obligados a exaltar a Dios mientras estén vivos, por lo que Él ha hecho por ellos. Y ellos nunca hubieran podido amar a Dios con todos sus corazones; sino que hubieran continuado siendo extraños para Dios; y el diablo los hubiera llevado cautivos de acuerdo a su voluntad;—ellos no hubieran podido amar a Dios con todo su corazón, si Dios no hubiera derramado primero su amor sobre sus corazones, obligándolos así a amarlo. Es Él quien los amó primero, y obró en ellos tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad. Lo que nosotros somos, lo somos por la gracia de Dios. Esta gracia está magnificada en aquellos que creen y obedecen el Evangelio. Mis amigos, sabemos que hay tanta paz y placer en los caminos de Dios, tanta satisfacción en el alma al caminar con Dios, y al amarle con todos nuestros corazones, que yo estaría feliz si todos ustedes pensaran lo mismo, y lo experimentaran. Nosotros trabajamos diligentemente con este propósito, y quisiéramos poner ante ustedes estas dos cosas.

Primero, cómo podemos llegar a conocer nuestro estado miserable en la naturaleza.

Y, en qué estado bendito y feliz están los que se han convertido y han cambiado; los que han sido trasladados fuera del reino de las tinieblas, hacia el reino del Hijo amado de Dios.

Consideren que su estado en la naturaleza es impío; esperamos que muchos de ustedes crean los reportes del evangelio, con respecto a la bondad del Señor, su gran amor al enviar a su Hijo al mundo, para buscar y salvar lo que se había perdido; y que ustedes crean en Él. Y estamos convencidos de que por medio de la locura de la predicación Dios salvará algunos de ustedes, para que ustedes puedan ser sus redimidos, y que no confíen en ningún otro salvador. Porque no hay ningún nombre bajo el cielo, sino el nombre de Jesús, por el cual podamos ser salvos. Sólo Él puede quitar los pecados del mundo; su Espíritu, el cual Él prometió que enviaría al mundo cuando estaba por irse, éste escudriña la mente, y prueba el corazón. Ahora yo me atrevo a proclamar ese Espíritu Santo, que es el Espíritu del Dios del cielo, quien ahora puede ver de qué propósito son ustedes, y qué están proponiendo hacer; si continuar en el pecado, o regresar a Dios. Puedo decir esto sin blasfemia; es el Espíritu de Dios que escudriña el corazón, y conoce sus pensamientos y propósitos, y los convence de pecado. Dios ha enviado a su Hijo Cristo Jesús al mundo para iluminarlos, para que por medio de su luz ustedes lo puedan ver a Él, y para que por su gracia ustedes lo puedan recibir, y para que por medio de su gracia ustedes puedan ser salvos.

A Él los encomiendo, y estas palabras que hemos pronunciado en la evidencia son una demostración del Espíritu, de acuerdo a lo que Él ha obrado en nosotros. Amén.

<Continuación de los sermones>>>

El propósito de este sitio es enseñar cómo vivir
libre de pecado
al beneficiarse de poder de Dios que produce cambio por medio de la cruz
que lleva a la unión con Dios en su Reino.


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