La Cruz Perdida de la Pureza



 

Sermones por Esteban Crisp

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Esteban Crisp (1628-1692) fue un eminente ministro cuáquero por treinta y cinco años, que ministró frecuentemente en Holanda y Alemania, aparte de Inglaterra y Escocia. Sus escritos incluyen detalles con respecto a su lucha de veinte años para encontrar la verdad, a medida que pasó por varias sectas diferentes y continuó regresando frustrado al mundo, siempre teniendo la luz de Cristo para recordarle de su continuo estado no redimido. Sus experiencias son tanto educacionales como alentadoras para cualquiera que busca la plenitud de Cristo. Él fue un ejemplo típico de un cuáquero de clase media, bien educado, y teniendo la capacidad de estar libre para viajar y esparcir la palabra de fe. Los ministros cuáqueros sólo servían sin paga, y manera de ganarse la vida era fabricar bayeta, que era una tela verde como el fieltro que se utilizaba para cubrir las mesas de juego.

En su narrativa, él omite o se salta levemente sus pruebas y dificultades, incluyendo la muerte de dos esposas, la muerte de sus hijos por causa de la plaga, varios encarcelamientos duros. En sus escritos, siempre es cuidadoso de animar y edificar a los creyentes débiles, y su gran fe muestra que: El amor aguanta cualquier cosa que venga, siempre está listo para creer lo mejor de cada persona, y su esperanza no se marchita bajo ninguna circunstancia, y lo soporta todo. 1 Cor 13:7. Siempre le da gracias y alabanzas al Señor por cualquier cosa que haya enfrentado, ya sea algo que el mundo considerara como buena fortuna, o calamidad.

Los ministros cuáqueros, como Esteban Crisp, servían sin salario y nunca hablaban con notas o texto preparado. Muchos ministros era como Esteban Crip, que no tenía ninguna reunión en particular a la que asistían, sino que viajaba de lugar en lugar para entregar su mensaje de ánimo, exhortación, y reprobación a un gran número de asambleas. Esteban Crisp era conocido por haber visitado casi todas las reuniones en Inglaterra y Escocia. Estos sermones fueron registrados con taquigrafía en tres diferentes lugares de reunión de Inglaterra y Escocia. Los ministros cuáqueros sólo hablaban bajo la inspiración y la dirección del Espíritu Santo de Dios. Todos los sermones eran improvisados y completamente extemporáneos. Aunque Jorge Fox metódicamente hizo que varios de sus sermones fueran registrados por un Amigo, los cuáqueros cien años más tarde rehuyeron los registros de sus sermnes, creyendo que estaban destinados sólo para un tiempo y una audiencia en particular. Por esa razón, hay muy pocos registros de sermones que han sido conservados. Para una descripción de los servicios de adoración de los primeros cuáqueros, vea Adoración Apropiada.

La necesidad de una vida santa y una conversión

Sermón de Esteban Crisp en St. Martin's-Le-Grand, 26 de marzo, del 1687. En él Crisp explica a una asamblea cuáquera que muchos de ellos no habían progresado espiritualmente hacia el bautismo de fuego y muerte, seguido por la resurrección de Cristo dentro de ellos. Él clama que ellos están muy contentos con ir a la iglesia (reuniones), muy satisfechos con haber oído la Voz del Señor—y así todavía con la duda y el temor con respecto a su destino final. Él los exhorta en cambio a tomar el dolor y el reproche de la cruz de la negación propia que lleva a la paz y la confianza eterna de la verdadera justicia y la santidad.

Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
Heb 12:14

¡Oh, qué felices son aquellos que tienen pan en sus propias casas! ¡Y que pueden sacar aguas de sus propios pozos! Éstos tienen un lugar glorioso de morada, éstos son los hijos para los cuales provee el Padre. Todos los tesoros divinos y las riquezas de las cosas celestiales son almacenadas para ellos. ¡Oh! ¡que ellos pudieran ver este estado bendito, y que lo pudieran poseer! Que sus mentes ya no anden vagando; que la gente no sea distraída en sus pensamientos; que cuando ellos se reunan, que puedan tener sus expectativas completamente en aquel Dios a quien profesan adorar. Señor, tú has dicho que enseñarías al pueblo tú mismo. Así sube un clamor al Señor, y sus esperanzas por la fe son echadas sobre Dios. Ellos nunca se reunen en vano, sino que surge un pozo, y el agua de vida viene a ellos, por la cual ellos encuentran refrigerio divino. Porque, ustedes saben, la promesa que nuestro Señor le hizo a sus discípulos, Aquel que bebe del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás. ¿Por qué servirá uno que bebe? Porque he probado el agua viviente que el Señor Jesús me da; ¿servirá esto? No, pero en vez de una probada, él me da un río abundante; esta es la razón por la cual ya no tendré más sed, y habrá dentro de mí un pozo de agua viviente, que brota para vida eterna. Benditos son los testigos de esto. Éstos son los que son satisfechos con respecto a la religión y la doctrina; ellos están satisfechos con respecto a la adoración; ellos no buscan nada nuevo. Cuando se reunen, se reunen en el nombre del Señor, y tienen sus ojos sobre él, quien es una fuente, y disciernen un brillo y una gloria que son indescriptibles.* La gloria que es descriptible, que aparece muchas veces por medio de experiencias provisionales, no los satisfacerá. Hay algo más allá de esto, que debe satisfacer; esto nunca lo logrará: la gente nunca estará satisfecha con oír, ni nunca estará satisfecha con ver, hasta que ellos lleguen a oír y ver lo que es indecible, y entonces serán satisfechos. Cristo ha predicado muchos sermones en el oído de sus discípulos, y hubieron muchos hombres grandes que dijeron que nunca hubo un hombre que habló como él, ni predicó como él. Sin embargo uno de ellos que estaba más cerca a él, y más allegado y conocido por él, después de algunos años de reunirse con él y oír sus sermones, clamó muéstranos al Padre, y esto nos basta.

*Comentario del editor del sitio: Indescriptibles e indecibles no significa revelaciones prohibidas, sino más bien que son imposibles de describir con palabras. Las palabras no pueden describir la dimensión de Dios, porque nuestro vocabulario está limitado a las experiencias de la dimensión más baja de la tierra.

Mis amigos, esto llega cerca al estado de muchos de ustedes. Muchos de ustedes han oído por mucho tiempo, y han escuchado la voz del Señor, lo puede ser pronunciado, lo que puede ser declarado, por la demostración del Espíritu Santo, por aquellos que han recibido del Padre. Ésto ustedes han oído por mucho tiempo, y sin embargo hay muchos de ustedes, que si buscan seriamente, encontrarán una necesidad; encontrarán que todavía no tienen esa satisfacción que los pone más allá de las dudas, más allá del temor. Hay algo que está en el camino, que impide que ustedes gocen de la gloria indescriptible de la palabra viviente indescriptible; y esto nunca será quitado, sino por su sometimiento inocente a la obra del poder de Dios en sus propios corazones, de modo que no sólo sean creyentes, sino que lleguen a ser realmente bautizados, [por fuego con el bautismo de la muerte] y entonces todo estará fuera de la duda; porque nuestro Señor dijo: aquel que crea y sea bautizado será salvo. Él no dice "puede ser salvo," sino, será salvo.

Las experiencias tristes nos han enseñado en nuestros días, que muchos han creído la verdad, y sin embargo nunca se salvarán. Ellos han naufragado en cuanto a la fe; pero si ellos hubieran sido bautizados, si hubieran obtenido el bautismo, si ellos hubieran sido sepultados con Cristo en el bautismo, todos hubieran sido salvos. Y ahora hay muchos que permanecen en la creencia de la verdad, y sin embargo no están bautizados. No están muertos, no están sepultados, a pesar de que ellos han recibido una fe igualmente preciosa que la nuestra; esa fe que es en el poder de Dios, y es preciosa en su naturaleza para todos los que la reciben, la cual tendría el mismo efecto en todos también, si no fuera obstruída. Pero a pesar de que ellos han recibido la fe para la salvación de sus almas, sin embargo sus almas están prisioneras; sus almas están sujetas a los deseos y placeres, y vanidades, y cosas vacías y necias, y las pasiones y las corrupciones, después que han recibido la fe.

Porque si tomamos uno que es creyente de la verdad, que está dominado por sus deseos, pasiones y corrupciones, éste comunmente admitirá que cree en lo contrario; que cree que estas cosas no deberían suceder, que debería ser de otra manera. Ésta es una señal de la verdad en contra de la falsedad. Si debería ser de otra manera, ¿entonces por qué es así? ¿Por qué encuentra una vida que surge en aquello que es corruptible, que siempre es contraria a la vida de Dios, y está en enemistad con ella? ¿Qué haré yo? Creo en la verdad. Yo sé que la verdad es una cosa santa, que lleva a todos los que se someten a ella hacia una vida santa; pero hay una y otra cosa profana, una y otra cosa corrupta que permanece, ¿qué haré?

Esta una demostración evidente de que ustedes no tienen el bautismo de aquel en quien creen. Ustedes han creído en Cristo Jesús, quien vino después de Juan, y existía antes de él; y ahora, aunque han creído en él, no están bautizados por él. Y por causa de la falta del bautismo de fuego, la contaminación y la corrupción ha crecido en la naturaleza de ustedes en el tiempo de la separación que todavía prevalece en ustedes, contraria a su fe. No se puede obtener este bautismo, sino al hundirse en aquello que los destruirá, aquello que los matará. Pero hay tantos cambios para salvar la vida, hay tantas distorciones y tergiversasiones que hace la gente para salvar su vida, que al final las pierden. Pero nadie puede encontrar la vida eterna, salvo aquellos que están dispuestos a entregarse a la muerte, y a somenterse a este bautismo—es decir, por el Espíritu Santo y el fuego. Sólo los tales vienen a la vida; y llegan a la resurrección. Porque no conocemos a nadie que haya muerto por esta muerte, salvo aquellos que llegaron a vivir otra vez; es tan imposible que esta muerte retenga a alguien que ha sido seputado en este bautismo, como fue imposible retener a Cristo, cuando él estaba en la tumba. El mismo poder que levantó a nuestro Señor Jesús de los muertos, es el poder que nos vivifica, mientras nosotros permanecemos en estos cuerpos mortales, después que hemos pasado por esta muerte y crucificción.

¿Pero quién puede creer estas palabras? Porque estas palabras son duras, ¿quién las puede oír? ¿Acaso no es suficiente que yo sea un creyente, lo cual me hace un amigo, y me da derecho a tener comunión con ustedes, y mientras yo sostenga la verdad, y profese la verdad, no soy considerado como parte de la sociedad de ustedes? Esto es muy cierto, esto sí me da derecho a los privilegios externos de la iglesia de Cristo; pero hay otro patio interior, que está debajo de la caña del angel, la caña de medir, que debe ser medido, el templo es medido, y cada adorador en el templo es medido; hay un patio que está afuera, que representa a la iglesia de Dios en general, a diferencia de en particular; el patio exterior no era medido, para que los gentiles pudieran entrar; los que no están bautizados, quienes nunca han sido regenerados, pueden llegar hasta el patio exterior, pero esto no les da derecho a los privilegios de la casa de Dios, ni a ninguna adoración o sacrificio que sea aceptado sobre el altar de Dios.

Comentario del editor del sitio: Todos los que no encuentran la santidad en esta vida "sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor, y de la gloria de su poder;" 2 Tes 1:9  Note que él no habla de destrucción de la vida o de tortura eterna, sólo de estar excluído para siempre de la presencia del Señor y la gloria de su poder. Los adoradores celestiales en el templo están en el patio interior, que ha sido medido, junto con cada adorador que está dentro de él, que también han sido medidos (esto significa que son un número finito). Los gentiles que no han sido circuncidados (espirtualmente) están en el patio exterior, sin medir (infinito). Pero ellos deben pasar por el lago de fuego antes de llegar al patio exterior. (Vea ¿Hay esperanza para todos? para obtener más detalles). Usted puede pasar por el fuego del bautismo purficador y que circuncida, mientras esté en la tierra, o pasar por el lago de fuego purificador en la vida siguiente. Y después de que llegan al patio exterior, para siempre lamentarán no haber aprovechado la oportunidad que tuvieron durante su vida en la tierra para alcanzar la recompensa de la pureza, la unión, y el reino del cielo; aquellos que viven en el templo están unidos celularmente con Cristo, adorando a Dios y contemplando la gloria de Dios y su poder, con todos los placeres y privilegios indefinidos a los que se refiere la Biblia.

Nos concierne a ustedes y a mí (amigos), que pensemos seriamente acerca de los asuntos de estos tiempos, los cuales son de importancia, y que no pasemos nuestros días, como si fueran dichos de memoria, bajo una profesión despreocupada, (aunque sea de la verdad misma), sin considerar el progreso que hemos alcanzado, el beneficio que hemos obtenido, y si hemos llegado no sólo a la sombra de los bienes venideros, sino a la sustancia misma de las cosas celestiales. Porque los que se acercan a la adoración externa nunca pueden, por medio de esos sacrificios, llegar a ser perfectos; los que se acercaron a ellos no fueron perfeccionados en cuanto a lo que se refiere a la conciencia, hablando así de la adoración externa, Heb. 10:1. Pero al acercarse a las cosas celestiales, mientras que las otras eran sólo una sombra, éstas perfeccionaron a la gente, en cuanto a la conciencia, y sí los llevaron a la salvación. El apostol habla de este bautismo, cuando hace referencia a las ocho personas que se salvaron en el arca de Noé. Entonces él derriba la alegoría del bautismo cristiano, no sólo el bautismo de Juan, el precursor de Cristo, sino del bautismo cristiano mismo. El bautismo que ahora corresponde a esto nos salva, dijo el apóstol, no quitando las inmundicias del cuerpo, sino como la aspiración de una buena conciencia. ¿Qué quiere decir con el bautismo que nos salva? El quiere decir la aspiración de una buena conciencia hacia Dios, mediante la resurrección de Jesucristo de los muertos. De modo que el bautismo cristiano sí produjo la limpieza y la purificación de todos los pecados de la conciencia, los cuales los pueden llevar a las dudas y los escrúpulos; y así nos levantamos en Jesús, el salvador de la conciencia, el mediador que nos lleva a responder por ellos ante Dios. Si la gente estuviera conciente del pecado y si restringeran el pecado, aún así esto no limpiaría sus conciencias; porque todavía permanece una conciencia de pecado. No es el restringir el pecado lo que produce nuestra expiación ante Dios, o que expía nuestra culpa, o que quita la culpa de los pecados que hemos cometido. No, sino que debemos abandonar y evitar el pecado por medio del poder del Espíritu, por el cual somos capacitados no sólo para evitar el pecado, sino que somos guiados y dirigidos hacia el mediador, cuya sangre es la única que nos puede reconciliar con Dios, y nos limpia de todo pecado. Si yo nunca cometiera pecado por el resto de mi vida, ésto no me llevaría a la aspiración de una buena conciencia ante Dios. Porque todavía permanece la culpa del pecado en los días de la incredulidad, la cual es un obstáculo y un impedimento para que nadie se pueda acercar al Santo Dios, sino por medio de la expiación y la salvación que viene de Cristo Jesús. Porque todos los que creen y obedecen el evangelio son aceptados en Cristo, y por medio de la sangre preciosa de Cristo, que nos limpia de todo pecado e injusticia. ¿A quién limpia? Sólo a aquellos que abandonan sus pecados, y por medio de su poder son llevados a una vida santa. Entonces, en virtud de su poder, y la purificación de su sangre, llegan a ser alejados de sus pecados, tan lejos como está el oriente del occidente.

¿Pero qué significa esto para aquellos que permanecen en sus pecados? ¿Qué significa para aquellos que no están bautizados? Porque los muertos que no se han despojado del viejo hombre, ni se han vestido el nuevo hombre, sino que sólo se han vestido del nombre y la profesión de Cristo, sólo se han vestido de su exterior, su vestido, pero no se han vestido de él; ellos no son creados nuevamente en Cristo Jesús para buenas obras, para que puedan andar en ellas. Con razón todavía perdura una conciencia de pecado en ellos, hay un obstáculo que impide que estén ante la gloria de Dios, y en la satisfacción real y verdadera, con respecto a su expiación y reconciliación con Dios, y esto les impide encontrar el gozo de esa paz que sobrepasa todo entendimiento. Esto no sorprende, porque ellos no han llegado a este bautismo que produce la aspiración de una buena conciencia ante Dios; ellos no han resucitado con Cristo; ¿cómo podrían? si no están seputados con él, Rom 6:3. ¿O no saben que todos (dijo el apóstol) los que hemos sido bautizados en Cristo, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva; así se produce un cambio entre aquellos que han tomado parte en el bautismo espiritual, y han llegado otra vez a la participación de la vida en la resurrección de Jesucristo, y aquellos que no son bautizados.

Así es ahora con todos los que llegan a creen en la verdad, y hacen profesión de ella. Hay un camino preparado, y hay una puerta abierta para la salvación; pero la gran pregunta que todos deberían estar haciendo y preguntándose a sí mismos es: ¿Qué progreso han hecho en este camino? ¿Están bautizados o no? ¿Se han despojado del hombre viejo con sus hechos, y revestido con el hombre nuevo, y las obras del hombre nuevo, las cuales son justicia y santidad? Ellos hallan que, aunque son creyentes, quedan cortos de esto. Ellos también en encuentran que sus defectos son su obstáculo, sus defectos al no llegar al patrón que se les ha mostrado. Éste es su obstáculo, de modo que ellos no disfrutan la cosas de las que se habla aquí de el ser en este sentido, y realmente sentados en este sentido en una reunión. Aunque no debería haber ningún hombre que les hable externamente, sin embargo, al venir a esta fe, y al ser hechos partícipes de este bautsimo, la gente encontraría en sus propios pechos la palabra escondida de la vida ministrando a su condición. Ellos tendrían suficiente; no tendrían hambre de la palabra, ni necesitarían estar a la expectativa de salir de este o del otro instrumento. Ellos estarían satisfechos cuando estuvieran unidos juntos en la presencia del Señor, ya que el Señor está en medio de ellos, ministrándoles la palabra de la vida, en sus operaciones y sus obras, hablando en una lengua que todos puedan entender, hablando con una voz y un lenguaje amable, para que cada uno pueda entender su propio estado y condición. Esta es la manera en que Dios ha enseñado a su pueblo desde el principio, en el conocimiento de las cosas celestiales, y abriendo los misterios de la salvación. Nosotros no lo recibimos de ningún hombre, sino de Jesús nuestro Señor. Él fue nuestro gran ministro; nosotros lo esperamos, y confiamos en él, y él nos enseñó. El ha ministrado a nosotros en nuestra espera quieta y silenciosa de él, por estas cosas que eran convenientes para nosotros. Nosotros bien podríamos decir: Él nos dio nuestra comida a su tiempo. Él no sólo les ha dado alimento sólido para hombres maduros, sino que ha ministrado de la leche sincera de su palabra a los niños, que vivieron en la sinceridad y la negación propia, amando a Dios sobre todas las cosas; y él nos enseñó y nos condujo en nuestro camino, este camino de simplicidad, hasta que nuestros entendimientos llegaran a estar abiertos, hasta que nuestras almas lleguen a ser preparadas para recibir los misterios de su reino.

En aquellos días habían algunos que comenzaron en el conocimiento, y esto elevó sus nidos hacia lo alto, y tomaron lino y lana, y plata y oro, y se adornaron con ellos; pero el Señor los descubrió y los derribó, y tomó la corona de su cabeza, y los vistió con deshonor. Esto hace Dios de tiempo en tiempo, su juicio comenzará en su propia casa. Si ustedes desean crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, entonces crezcan en humildad y negación propia, y vigilen constantemente sus corazones. Examinen sus corazones, y mediten en sus corazones estando en su cama, y callen. Tengan esto en cuenta para que no pequen en contra del Señor, y lo provoquen. Algunos provocaron al Señor en el tiempo antiguo, y cometieron dos grandes males. ¿Cuáles son? Se alejaron y abandonaron la fuente de agua viva; tanto como para decir que ellos no dependen del poder invisible, como deberían depender. Porque yo soy una fuente viviente, y es por medio de un poder invisible que yo puedo aconsejar y enseñar, dirigir, y purificar y abrir sus entendimientos; pero me han abandonado, y este es un gran mal; y el otro es que ellos no querían estar sin una cosa que era pequeña. Ellos han abandonado al Señor, y prefieren tener una cosa pequeña en vez de Dios. Ellos se cavaron para sí cisternas rotas, que no retienen agua. ¿Y cuántos en esta era han cometido estos dos grandes males?

Amigos míos, examínense a sí mismos; ¿acaso no hay muchos que son culpables de estos dos grandes males? Ellos no mantienen su dependencia cercana, su confianza en el poder invisible de Dios, como ellos profesan que deben hacer, sino que son alejados rápidamente de él; algunos por el amor al mundo, algunos por los deseos y placeres, algunos por las pasiones, y otros por los intereses mundanos, son alejados del poder, para hacer y decir aquellas cosas en contra de las cuales está el poder. ¿Acaso esto no es abandonar al Señor, quien es la fuente viviente? ¿Qué hacen ellos entonces? ¿Acaso no están de parte de este, y de aquel, y del otro hombre? ¿No están de parte de oír la palabra de este y del otro hombre, y de cavar para sí cisternas rotas? ¿Acaso no han puesto su confianza y seguridad en ir a las reuniones, en elogiar este o el otro camino? ¿Acaso no han puesto su confianza en su profesión externa, cuando ésta no ministra para nada a sus almas, de modo que secretamente se marchitan por causa de esto? Si ustedes tuvieran a todos los hombres y ángeles que alguna vez fueron enviados por Dios, designados para que les predicaran a ustedes, que no pueden ministrar la vida a ustedes, a menos que sea en esa fe que permanece en el poder de Dios. La fe que permanece en las palabras del hombre, no vencerán sus deseos; pero la fe que permanece en el poder purifica el corazón, y no permitirá que ninguna cosa impura esté allí. En cuanto a la predicación, que los hombres prediquen en contra de estos y los otros deseos y corrupciones. Allí permanecerá durante todas sus predicaciones, a menos que los hombres conozcan el poder de Dios y la vida en la cual hay justicia; porque las palabras y el conocimiento, y la vista y la especulación, nunca le darán a la gente la victoria sobre sus pecados.

Por lo tanto, ustedes saben, todos los que son establecidos deben ser establecidos donde está el fundamento de la religión. No es ir a las reuniones, y defender esta o la otra doctrina, el fundamento de nuestra religión. Dios ha revelado su poder a cada uno de nosotros. Dios no ha dado su Espíritu a predicadores y profetas solamente, porque entonces habría hambre en el mundo, como la hubo en Israel, Los labios del sacerdote guardaron la sabiduría. Si ustedes quitaran al sacerdotes, ustedes quitarían su conocimiento. Los profetas tenían la palabra de Dios, y solamente ellos hablaron la palabra de Dios. Si el profeta era quitado, entonces la palabra de Dios era quitada. El Señor amenazó con enviar hambre entre ellos, ellos se lamentaron y se desconcertaron, y mataron y destruyeron a los sacerdotes y los profetas; por lo tanto el Señor dijo: Enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de ciudad en ciudad, buscando la palabra de Jehová.

Esto era en la iglesia judía; si había un profeta, ellos viajaban 30, 40 o 100 millas para ir a hacia aquel que tenía la palabra de Dios; ellos iban errantes de ciudad en ciudad, buscando la palabra del Señor. Pero, bendito sea Dios, nosotros vivimos en una época diferente; porque ahora la palabra del Señor es manifestada en los corazones de todos los que creen. Ellos conocen la palabra. Yo no digo que todos los que creen predican la palabra, o que deben predicarla, sino que la palabra les predica a ellos; ellos no son como cisternas rotas que no retienen agua. Cuando encuentran la palabra y la oyen, ellos hablan en el presente de lo que es ministrado a su propia condición, lo cual le dicen a otras personas. Cuando la gente se acerca a la bendición de esta dispensación que la palabra de Dios revela en sus corazones, ellos entonces conocen lo que es el significado de esto, ellos entienden la doctrina de esto; la doctrina les predica santidad a ellos, no para que ellos puedan predicar santidad y aún así permanecer en la impiedad; no para que ellos puedan predicar de la humildad, y aún así permanecer en el orgullo. Predica santidad, humildad y unidad de corazón al remanente, para que como buenos estudiantes y discípulos, aprendan las lecciones y la doctrina de la palabra de Dios.

Ahora, cuando ustedes las han aprendido bien, y llegan a ver su efecto en el mundo, y producen los actos y las obras que son los frutos de la santidad, perfeccionando la santidad en el temor de Dios, y con humildad han conocido y testificado en Cristo Jesús, y no sólo son mansos en apariencia, sino mansos y humildes de corazón. Cuando la gente llega a ser mansa y humilde, y de conciencia limpia, purificadas de todas las obras muertas para servir al Dios vivo; entonces si el Señor les da una palabra de exhortación, de doctrina o de consejo, es muy bienvenida, y tiene un sabor agradable por medio de la bendición de Dios, y por medio de ella, ellos llegan a ser edificados en su fe más santa. Esta palabra es producida en santidad y justicia en sus vidas, y se manifiesta a sí misma en una vida de santidad. Entonces todos ustedes brillarán en su conducta con todos, de modo que ellos puedan ver que ustedes son hombres y mujeres que han estado con Jesús, y han aprendido de Jesús, y reciben la palabra implantada. Cuando ustedes reciben la palabra en sus corazones, ésta es implantada. Si ésta no tiene raíz allí, entonces, dijo Cristo, mi palara no permanece en ustedes. Si ustedes sienten que hay algo de esta palabra invisible en sus corazones, ésta los lleva a hacer una resolución para servir a Dios, y a alejarse del pecado, y a responder a la profesión que ustedes han hecho de Dios. Éste es el efecto de la palabra de Dios, si ésta permanece en ustedes. ¿Y permanece? Ustedes lo sabrán en un poco tiempo o mañana, tan pronto como la tentación llegue a provocarlos a tener orgullo o pasión, a la estafa o al engaño, entonces ustedes sabrán si la palabra permanece; Si permanece, ustedes no pecan.

Esta es una escritura, una cierta doctrina de fundamento, que puede ser tan seguramente predicada como cualquier doctrina. Si la palabra permanece en ustedes, ustedes no pecan. ¿Qué hay con esto? Si permiten que la palabra se aleje, ustedes pecarán cuando sean tentados. Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al maligno, ustedes son fuertes, y la palabra de Dios permanece en ustedes, y han vencido al maligno. Veremos tan pronto como la tentación los encuentre, si la palabra permanece en ustedes. Si ésta permenece, ustedes no pecarán, sino que resistirán al tentador. Pongan su pie sobre la tentación, y pasen sobre ella, y tendrán el dominio; y ésto los hará hombres y mujeres libres, y ustedes estarán firmes en la libertad con la que Cristo los hizo libres. El apóstol supone que ellos son libres, y que han obtenido el dominio; entonces estén firmes, dijo él, en la libertad con la cual Cristo los ha hecho libres. Es una libertad no de los deseos y del pecado, sino una libertad del alma; el alma ahora no está en la voluntad ni el llamado del diablo.

Porque es una vergüenza para la doctrina de la cristiandad, que profesemos cosas, y después las neguemos en la práctica. Profesameos que hay un poder en Cristo para guardarnos y preservarnos fuera del pecado, y profesamos que creemos que este poder es comunicado a aquellos que creen en el Señor Jesucristo para su conservación; es decir, que él no lo retiene de ellos. Profesamos estas cosas en frente de todo el mundo; y, sin embargo, cuando el diablo lleva a un hombre a la codicia, y a otro a estafar a su prójimo, y a otro a contaminarse a sí mismo, son llevados por esto. ¿Qué hipocresía es esta, profesar algo, y actuar contrario a ello? Yo no me pregunto si aquellos que profesan que no pueden vivir un día sin pecado, caerán o no; pero aquellos que profesan que creen que hay suficiente poder en Cristo, y que se le es ofrecido; para ellos vivir en pecado y rendirse a la tentación, es una impiedad horrenda. Aquellos que son de mente unida y justa, prefirirían morir antes de pecar, sabiendo que Dios es Omnipotente y lleno de gracia, y dispuesto a otorgar su poder y su sabiduría, y gracia a aquellos que la piden; ellos preferirían morir antes de pecar contra Dios presuntuosamente: que me cueste mis bienes, mi hacienda, mi libertad, o mi vida, ¿Cómo puedo hacer este gran mal, y pecar contra Dios? Ellos aman a Dios sobre todo; nunca se les oye quejándose de que quieren poder, porque el Señor está a su diestra, y no serán conmovidos. No pueden caer; aunque sean tentados, ellos no caerán en la tentación. Ellos tienen poder cuando ven al diablo ante ellos, para ponerlo por detrás de ellos; la nobleza de su extracción, de su nuevo nacimiento y regeneración pone a este tentador y disposición en sus almas, que ellos desdeñan el estar al mandato del diablo, como si fueran sus hijos.

¡Oh! Es una cosa noble y honorable el ser un hijo de Dios, una dignidad muy alta el estar en una reliación tan honorable con Dios, y tener derecho a las manciones celestiales, para sentarse en los lugares celestiales con Cristo Jesús. Yo espero que ustedes estén listos para ellos, que ustedes tengan puesto el vestido de bodas, para que no sean atados de pies y manos, y echados en las tinieblas. ¿Cuál es la razón que ustedes no se sientan en este esquema y temperamento celestial, y sacan las aguas de salvación de sus propias almas? ¿Podría el Señor hacer alguna otra cosa más de lo que ha hecho, y podrían sus siervos hacer más de lo que han hecho para obtener su ayuda? ¿Acaso no son sus labores demostraciones de esto? Hemos sido como epístolas de Cristo escritas en sus conciencias: Hemos estado testificando que hay algo que falta en muchos: la falta de resignarse al bautismo de la cruz. La gente está dispuesta a ser considerada como amigos; pero los amigos de Dios son aquellos que hacen lo que él les manda; esa es la lección cristiana, no decir 'yo seré un amigo para tí, y un amigo de la iglesia, y de este tipo de personas'; sino decir 'yo seré un amigo de Dios, y haré lo que él me manda'; cualquier mandamiento que Dios ponga sobre ustedes, ya sea tomar la cruz, o negarse a sí mismos y seguirle a él.

Aprendan esta lección, y ustedes serán en verdad discípulos, y miembros de la iglesia también; no miembros de una iglesia privilegiada sólo exteriormente, sino miembros de la congregación de los primogénitos, y sus nombres estarán inscritos en el cielo. Cuando uno llega a tener su nombre inscrito en el cielo, llega a conocer su nombre, el cual es una piedrecita blanca, no una manchada; aquellos que la tienen lo conocen, no son ignorantes de los nombres que están escritos en este libro. Tienen una comunión que nadie puede declarar. Su comunión está en ese pan y esa copa. Ésta es de verdad la copa de la bendición, y nos ha bendecido, y nos bendecirá. Dios guardará un pueblo en esta comunión. Ustedes que ahora están a una distancia, ahora deberían venir más cerca de él. Dios escogerá un pueblo por medio de quien su nombre sea magnificado. Ya que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, no podemos hacer menos que desear esto para todos, especialmente a los de la familia de la fe; no podemos hacer menos que desear su perfección, su crecimiento en la gracia de Dios, para que puedan ser partícipes del cielo. Y además, nuestro amor es para toda la gente, en todo lugar. Estaríamos felices de que todos fueran salvos. Aquellos que nos desprecian cuando estamos hablando de cosas celestiales, hablando como un niño, como un niño tartamudo, hablando de la gloriosa excelencia de Dios, de la misericordia de Dios, hablando de aquellas cosas que Dios ha hablado a sus almas, aquellos que desprecian estas cosas, estaríamos contentos de que fueran salvos. Si ellos fueran partícipes de estas cosas, ellos serían tan felices como nosotros, y ellos estarían más felices con respecto a este mundo, durante el tiempo que ellos deben vivir aquí; ellos vivirían una vida más feliz, aún en este mundo, y tedrían vida eterna en el siglo venidero.

El amor de Cristo constriñe a los hombres para que juzguen así, para que cada uno que lo ha recibido como una fe preciosa, responda a aquella gracia y fe con la cual Dios a ministrado a ellos, en una vida y conducta santa, y a todos los que son extraños de esta cosa, que deben tener una mente inquisitiva y un corazón abierto para esperar el día cuando Dios los visitará con la misma gracia. Cuando ustedes se entreguen a la cruz diariamente, como discípulos de Cristo, no irán detrás de ninguno que les enseñe acerca del Señor, porque todos ustedes conocerán al Señor, desde el menor hasta el mayor. Yo que estoy un poco convencido, ¿conoceré al Señor? Ustedes conocerán al Señor, ustedes que están muertos en sus pecados y sus delitos; ustedes que no han conocido la sangre que limpia, ustedes conocerán que el Señor es su juez y su legislador, que les enseña cómo deben vivir, caminar y actuar; y ¿acaso éste no es buen conocimiento? Ésta es la manera en que aquellos dependían en el tiempo antiguo. Es una notable expresión la que dice: El Señor es nuestro juez; hay un comienzo, ya que él comenzó allí. El juicio comenzó en la casa de Dios; aquellos que él lleva a su casa, él los pone bajo la disciplina de su casa. El Señor es nuestro juez, él es nuestro Rey y legislador, y él nos salvará. Éste es el mismo ejercicio de disciplina bajo el juicio que les trajo la fe y la experiencia de que él es un legislador, y esto los llevó a tener fe en la última sentencia: seremos salvos; y el Señor les responde a tales personas, que él les traerá la salvación, la salvación será por muros y baluartes. Si sólo la gente de esta nación supieran que la salvación es puesta cerca de ellos, y que es su baluarte, no pedirían que esta o la otra cosa podrida sea su baluarte.

Hablamos de un baluarte así como los otros; tenemos un baluarte, bendito sea el Dios del cielo, hecho de cosas mejores que los de ellos. Porque es la salvación de Dios, quien nos ha guardado de la contaminación del pecado, y de correr hacia todos los desenfrenos de disolución a la cual otros han corrido. Ésto nos ha guardado del mal, ha mantenido a los males lejos de nosotros, y hemos visto que es realmente cierto, que todas las cosas les ayudan a bien a los que aman a Dios, y que temen a Dios; que todas las providencias de Dios han obrado para nuestro bien; y este es el baluarte en el cual hemos confiado, y ha servido hasta ahora, y nos servirá a nosotros y a nuestra posteridad hasta el fin del mundo. Este es un baluarte que nunca será asaltado, que nunca será derribado ni abandonado. Aunque todos los poderes de la tierra, y todos los gobernantes del mundo se pusieran de acuerdo, ellos no prevalecerían en contra de él. Tenemos a la salvación como muralla y baluarte. Si yo estoy en estas murallas, la salvación está alrededor mío. Si yo he entrado en este baluarte eterno, estoy seguro en contra del diablo y sus instrumentos. Éste es un baluarte en el que se puede confiar.

Muchos se preguntan por qué diferimos con ellos en algunas opiniones. Nosotros tenemos confianza en este baluarte, de modo que no deseamos otro. Dios permanecerá y vivirá para siempre, y así también este baluarte. Toda mi preocupación, y toda la preocupación de ustedes debería ser mantenerse dentro de estas murallas. No se atrevan a salir. Si se salen, el diablo está vigilando, y bucando constantemente a quien devorar; él alcanzará a los rezagados. Si la gente se sale por ganancia, o por placer, o por interés, el diablo los agarrará. ¿Qué, aún cuando esta gente habla de la salvación como murallas y baluartes? El diablo los ha atrapado en su trampa, y ellos son sorprendidos en su borrachera, impureza y otros pecados. La razón es que ellos se han salido de su baluarte; se han atrevido a salirse de sus murallas, porque el diablo nunca los podría haber sacado.

Oh, tengan cuidado, dice el apóstol, para que no haya en ninguno de ustedes un corazón tan malo e incrédulo que se aparte del Dios vivo. Es como si él hubiera dicho: Ustedes ahora son cristianos, ustedes son un pueblo que ha llegado a estar en un buen lugar en Cristo; pero consideren que no tienen fuerza para permanecer en ningún otro lugar sino en él, ningún poder para guardarse a sí mismos sino en él. Tengan cuidado en todo tiempo para que no surja en ustedes un corazón tan malo e incrédulo, que se aparte del Dios vivo. Tengan cuidado para que no surja en ustedes pensamientos como estos: quisiera tener este placer, o esa ganancia. Consideren que morirán y se marchitarán si se separan del Dios vivo. Tengan cuidado de tomar libertades por encima del temor de Dios. No son nuestros discursos acerca de la salvación como muralla y baluarte lo que nos ayudará, sino que nos mantengamos dentro de estas murallas.

Recuerdo un dicho notable del apóstol, que pone un gran énfasis en esto, y mucha doctrina, y le escribe a la iglesia después de que se han convertido en un pueblo de cristianos profesantes, tengan cuidado para que no sean engañados por la serpiente, así como Eva fue engañada. Él no estaba hablando de Jezabel, la mujer impía; sino que habla de Eva, una mujer buena, creada de acuerdo a la imagen de Dios, en justicia y santidad. Ellos habían llegado a una vida de santificación, a una vida que estaba oculta desde los siglos y edades. Ustedes deben mirarse a sí mismos, y verse en el estado de su madre Eva, una mujer creada en rectitud y santidad, que hubiera podido permanecer en ese estado primitivo, a pesar de toda la sutileza de todas las serpientes en el mundo. Pero cuando dejó que sus oídos oyeran a la vieja serpiente, fue engañada; así surgió una pregunta en su razonamiento. Puede ser como él dijo, lo probaré.

De modo que yo les digo a ustedes que han llegado a este estado de santificación, y en alguna medida han llegado a conocer el poder de Dios, y que no han creído en él en vano, sino que en efecto éste ha creado algún cambio o alteración en ustedes, y todavía está llevando a cabo la obra de su salvación: muchas tentaciones les asaltarán, y muchas trampas serán puestas en su camino, pero Dios los ha guardado hasta este día. Yo sé que las tretas y tentaciones del diablo son múltiples; ellas están adaptadas a las inclinaciones de cada uno, ajustadas a cada oportunidad, y a cada ocasión de este mundo. Los hombres son probados de todas formas por el tentador, para ver de qué manera los puede atrapar. Él intenta de todas formas atrapar y enredar a los simples, para poder llevaros hacia la derecha o la izquierda, para que sus almas puedan ser destruídas y que perezcan.

No les puedo hablar con palabras más enfáticas, con una exhortación más familiar que esta: Tengan cuidado de no ser engañados como lo fue Eva. Muchos serán tentados como ella lo fue; pero yo no quisiera que ustedes hicieran como ella hizo, y que no cedieran a la tentación. Tengan cuidado de no contaminarse, sino que mantengan sus vestiduras blancas. Ustedes que han sido lavados y limpiados, esfuércense para guardarse sin mancha en el mundo. Esta es la religión pura y sin mancha, que ha iluminado a muchas naciones, e iluminará a muchos de aquellos cuya religión debe ser pura, para guardarse sin manchas en el mundo. Le pido a Dios que aumente el número de ellos, para que la bendita obra de la santificación, que ha comenzado en esta manera, pueda ser llevada a su adoración, y a la salvación de nuestras almas, para propagar su gloria, y exaltar su nombre; que los forasteros que están dispersados y desconsolados, puedan ser llevados hacia su camino santo, para que caminen en él; para que todos nosotros, unidos en comunión, caminando en ese camino santo, podamos por el Espíritu eterno, rendir alabanzas y acción de gracias a Dios, quien en es digno de recibir gloria y honor, poder y dominio, eternamente y para siempre. Amén.

 

 

EL PRIMERO Y GRANDE MANDAMIENTO

Se dice que el siguiente sermón fue predicado por Esteban Crisp, en el lugar de reunión de Devonshire, en el día once del tercer mes, de 1688.

CUANDO Dios entregó su ley en el monte Sinaí, la cual Israel debía oír y obedecer, el primero y grande mandamiento era este: No tendrás dioses ajenos delante de mí. Esta es la suma y la sustancia de toda religión verdadera que ha estado sobre la tierra hasta este día; todos los mandamientos, todos los preceptos, profecías, y el trato de Dios con su pueblo desde ese día hasta hoy, ha estado todo contenido en este corto precepto: No tendrás dioses ajenos delante de mí.

Mientras Israel estuviera en obediencia a este mandamiento, las bendiciones de Dios eran multiplicadas sobre ellos, sus bienes eran aumentados día a día. El Señor estaba con ellos mientras ellos estuvieran dispuestos a ser su pueblo. Se les apareció como su Dios, y como su defensor; obró su liberación, peleó sus batallas por ellos, les dio dominio y fortaleza, valor y sabiduría; ministró de su tesoro todas las buenas cosas para ellos; porque el gran cuidado del Dios Todopoderoso estaba con todo su pueblo. Él tenía consideración por ellos, y los visitaba en todo tiempo, para guardarlos de la idolatría: Yo soy, dijo Él, un Dios celoso; noten que yo soy así; soy celoso de mi nombre; si quieren ser míos, no tendrán ningún otro dios aparte de mí.

Y todos los preceptos acerca de las ofrendas y sacrificios, y de hacer expiación por los pecadores, y los diferentes servicios de adoración, los varios oficios en el templo y el santuario, todos eran medios externos señalados por Dios para mantener a esta iglesia externa en la conformidad interna al mandamiento de Dios. Este mandamiento fue escrito en tablas de piedra, y estas tablas fueron puestas sobre el Arca de Dios, y todo esto tenía que ver con el primer pacto, y era el tipo y figura de la dispensación del pacto nuevo y eterno, que Dios haría con su pueblo, no como el antiguo: ¿Cómo son diferentes? Diferentes en las sombras externas, los tipos y las sombras de las cosas; pero Él quiere producir la sustancia de todos esas sombras y tipos, y quisiera alterar la forma y la apariencia externa de las cosas: Porque, así como Dios no cambia, así también su ley no cambia.

Moisés dijo que el primero y grande mandamiento es: No tendrás dioses ajenos delante de mí. Esto fue escrito en tablas de piedra. Cristo Jesús dijo: El primero y grande mandamiento es: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Mat 22:27. Este mandamiento es puesto en las tablas del corazón. De modo que ésta es una de las diferencias entre el primer mandamiento de Moisés, y el primer mandamiento de Cristo. Ambos reconocen que el primer y grande mandamiento es el sometimiento de la criatura a aquel que lo creó, es decir a Dios, para que puedan servir sólo al Creador, y puedan amarlo con todo su corazón. El judío podía probar esto por medio de sus tablas de piedra, y Cristo prueba esto por medio de las tablas de carne del corazón; porque allí la criatura está constreñida a amar al Señor con todo su corazón, y a servirle sólo a Él: solo a Él servirás.

De esta manera la ley de los judíos es puesta ahora sobre todos los cristianos, sobre el punto más grande de religión que se haya predicado jamás. Ésta deja fuera toda idolatría, toda superstición, toda variedad de religiones—todo es dejado fuera por este mandamiento; y el cristiano que tiene la ley escrita en su corazón, de acuerdo al nuevo pacto, él puede fácilmente ir a su propio corazón y leerla, así como el judío podía ir a su tabla de piedra, y leer la ley allí. Ustedes no pueden negar que si hay algo escrito y grabado en mi corazón, que yo puedo ir fácilmente y leerlo así como puedo leer cualquier libro o tabla, aunque lo tenga guardado; pero los judíos no guardaban la ley porque generalmente estaba guardada en el Arca del pacto de Dios.

Ahora, amigos, lo que está en mi mente para decirles en estos momentos, y a partir del gran amor que yo tengo por todas sus almas preciosas e inmortales, como Dios ha tenido amor por la mía, es que consideren y tomen en cuenta en el temor de Dios, cuya presencia está entre nosotros, cuáles de ustedes, y cuántos de ustedes, han obedecido este mandamiento. Yo no dudo que la mayoría de ustedes pueda recitar todos los mandamientos; pero serán un pueblo dichoso si pueden obedecer aunque sea uno. Me atrevo a pronunciar esa alma, un alma bendita, que pueda efecutar este mandamiento, que pueda o se atreva a estar en frente de su Hacedor y decir: ¡Oh Señor! Yo te amo con todo mi corazón, con toda mi alma y con toda mi fuerza; mi amor es quitado de todas las cosas cuando las comparo contigo; no hay nada en este mundo entero que tenga lugar en mi mente, sino que ella está sujeta a tu amor.

Éste es el primero y grande mandamiento de la ley que no cambia, la ley que era válida en los días de Moisés, y era válida en los días de Cristo, y sigue siendo válida en nuestros días; y en realidad es una ley tan definitiva, que los que la quebrantan no pueden ser ni buenos judíos ni buenos cristianos. Hay una necesidad absoluta que está sobre nosotros, de extraer y alejar nuestras mentes de todos los otros dioses, de todas las imágenes, y toda otra dependencia y confianza, en las cuales la gente es naturalmente propensa a confiar; y a tener toda su confianza puesta en el Señor. Pero ¡ay de mí! Con dolor en mi corazón lo digo, hay sólo unos pocos que han conocido la entrega correcta de la ley; y hay todavía menos que están sujetos a ella. Esta ley no fue entregada primero sin truenos y relámpagos, y un sonido terrible, y humo sobre la montaña, (el que tenga oído para oír, que oiga) de tal modo que Moisés dijo que estaba espantado y temblando debido al trueno del Todopoderoso, y de la montaña que humeaba y ardía en fuego, de tal manera que Israel no se podía acercar.

Ahora yo dijo que hay sólo unos pocos hoy en día que han llegado al conocimiento de la entrega de esta ley, que en realidad han conocido esos truenos, y esa obra terrible que hace el Señor de toda la tierra [dentro del hombre], cuando él llega a poner su ley [en el corazón del hombre]; porque muchos de los que se han acercado a ella, y pueden haber oído y recibido las palabras de la ley de Dios, han retrocedido. Ellos han hecho lo que los judíos de antes; aunque han sufrido mucho, y han pasado por muchas cosas, y han visto las maravillas del Señor, cómo él los guió y los liberó, sin embargo cuando se trató de esto, que tuvieron que escuchar la voz de Dios, dijeron: No podemos soportarlo, no podemos aguantarlo; hemos ideado una manera mejor; porque los truenos y los sonidos terribles los atemorizaron, y les hicieron temblar; y se estremecieron y les sobrevino un gran temor. Pero, dijeron, hemos encontrado una manera más fácil. ¿Cuál era la manera más fácil? Acércate tú, le dijeron a Moisés, y oye todas las cosas que dijere Jehová nuestro Dios; y tú ven y dinos; tú serás un mediador entre nosotros; que Dios te hable a tí, y tú nos lo repites a nosotros, y te oiremos.

Así los judíos, quienes no habían ido más allá de la ley de Dios escrita en tablas de piedra, no la quisieron recibir en sus corazones, como deben hacerlo los cristianos. De modo que Moisés recibió la ley de la boca de Dios. Él fue un fiel siervo en la casa de Dios; y ministró la ley de Dios, y sus preceptos, estatutos y juicios, y testimonios. Él escribió para los judíos un libro de leyes para que todos las siguieran, del más grande hasta el más pequeño; que mostraba cómo debían actuar en cuanto a asuntos criminales, y cómo hacer justicia entre los hombres; y lo que debían hacer en cuanto a la adoración de Dios; y lo que debían hacer en cuanto a los sacerdotes, cuyos labios debían conservar el conocimiento para ellos. Así él presentó una forma de religión, pero su obra era de acuerdo a los preceptos de Dios; y él los llevó al esquema de la religión nacional, y de gobierno y leyes nacionales. De modo que Moisés y los sacerdotes gobernaron sobre ellos, y el sacerdote ofrecía sacrificios por ellos, y hacía expiación por ellos; y Moisés le preguntaba al Señor, y pedía su consejo para ellos, y les enseñaba y los instruía.

¿Qué pasó con todo esto durante la prueba? Cuando esto sucedía, el sacerdote hacía expiación por el pecado, pero no podía arrancar la culpa del pecado. Después que el sacerdote había hecho su ofrenda por el pecado, todavía quedaba la conciencia del pecado. Moisés les enseñó los consejos de Dios, pero no pudo llevar sus corazones a la obeciencia de ellos; porque se declaró abiertamente en contra de ellos, que eran un pueblo rebelde y de dura cerviz, a pesar de que tenían una ley externa.

En realidad me faltaría el tiempo para describir los muchos errores de la iglesia de los judíos, con respecto a su idolatría, con respecto a su desprecio y rebelión, tanto de Dios como de su siervo Moisés, quien debía enseñarles y guiarlos. Yo digo que me faltaría el tiempo para mencionar los muchos errores que ocurrieron entre este pueblo, quienes tenían una ley y una religión externa entre ellos, y también un maestro externo.

Ahora, en el cumplimiento del tiempo, le agradó a Dios enviar a su Hijo Cristo Jesús, para levantar un profeta como Moisés con respecto a la fidelidad, aunque más alto con respecto a la dignidad. Porque Moisés fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, pero este hombre como hijo en su propia casa; en la casa de la cual Él era heredero; aquella casa en la cual Él era Rey, Sacerdote, Profeta, y Gobernador. Cuando el Señor indicó, por el espíritu de profecía, la venida del Justo, él le indicó a la gente que su ministerio no debía ser como el de Aarón. La gente no debería tener su religión en el exterior, y sus leyes y preceptos en el exterior, y los sacerdotes en el exterior, y su adoración y la iglesia en el exterior; sino que deberían tenerlos en su interior. Escribiré mi ley en su corazón, y la pondré en su interior; yo seré su Dios y ellos no me abandonarán.

Sus padres quebrantaron mi pacto antiguo, pero yo haré un pacto nuevo en los últimos días; un pacto nuevo, no como el que quebrantaron sus padres. Ellos quebrantaron la ley externa; pero yo escribiré mi ley en sus corazones. Este Profeta, que es como Moisés, él le enseñará a mi pueblo, él será un líder para ellos, y los guiará en el camino que deben seguir, y será el autor de la salvación de ellos; y sucederá que, en el día que yo haga esto, si hay alguno que no haga caso, éste será eliminado del pueblo. Éste es el juicio que vine sobre los que condenan el Evangelio, sobre aquellos que no quieren oír a Cristo Jesús; ellos serán eliminados del pueblo. ¿De qué pueblo? Del pueblo de Dios; ellos no tendrán parte de los privilegios que son disfrutados por medio de Cristo; ellos serán eliminados de los beneficios que otros obtienen por medio de su fe en Cristo.

De modo que ahora nosotros debemos esperar la operación y la obra del ministerio que lleva a la gente hacia una religión interna, una religión del corazón; en la cual el corazón está puesto completamente sobre el Dios verdadero y vivo, como el objeto de su dependencia y su confianza, y ellos no tienen otro. Ésta es una palabra extraña para la carne y la sangre. ¡Qué! ¿depender de nada más que el Dios invisible? La carne y la sangre, y la sensualidad, no pueden nunca llegar a esto: ésta es una religión que ha estado oculta desde los siglos y las edades, y estará escondida de todas las generaciones que están en el mundo, donde prevalece la sensualidad. ¡Qué! ¿Ustedes quieren que ponga toda mi dependencia para la consolación de mi vida aquí, y de la vida que ha de venir, la otra vida—para depender en el Dios invisible—el poder invisible que me creó, y creó al mundo? ¿Cómo puedo yo secuestrarme a mí mismo, y apartarme de todos los objetos visibles? Debo confiar en esto, y confiar en aquello. La carne y la sangre nunca puede alcanzar esto, con toda su inteligencia y razón. Nunca puede separarse de los ídolos. Ellos son niños, son hijos de otro nacimiento, nacidos de otra semilla, que se mantienen alejados de los ídolos.

Amigos, la idolatría es mucho más común, yo pienso, de lo que muchos se dan cuenta. ¿Acaso se me manda a amar al Señor con todo mi corazón, y mi alma, mi mente y mi fuerza? ¿Qué es lo que queda cuando todo es quitado? Si Dios tiene mi corazón completo, ¿qué tengo yo para otorgar al mundo? ¿Qué amor, qué afectos, qué anelo, que fervor puedo entregar al mundo, o a cualquier objeto en el mundo, cuando todo mi corazón, alma y mente, están ante el Señor, y se han ido hacia él?

Éste es el primero y grande mandamiento, y el segundo es como éste, que dice: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. Así es que la ley y los profetas, la fe, los credos, oraciones, religión, y adoración, todo lo que alguna vez estuvo en el mundo, todos pueden ser comprendidos así: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, y a tu prójimo como a tí mismo. De modo que ¿qué necesidad tenemos de disputar acerca de la religión, acerca de este o del otro principio; este texto o del otro texto? Por mi parte, yo sólo deseo que ustedes entiendan este texto; porque si lo hacen, no tengo ninguna duda de que ustedes irán al cielo. Esta es la suma, esto es todo, esta es la esencia de toda religión, de todos los tipos, sombras, figuras, ceremonias, y sacerdocio, y de todo lo que fue o podía ser nombrado o practicado en el mundo. Todo culmina en esto: El corazón entregado a Dios—nuestro amor puesto sobre Él.

¡Qué! ¿Esto es suficiente? dirán algunos; ésto lo convertirá en un hombre bueno y honesto; ¿pero qué significa esto para la religión cristiana? Usted podría ser llevado al error y llegar a ser un hereje por causa de esto.

¿Cómo puede suceder esto, que yo no tenga una fe sólida, sino que sea llevado al error y la herejía por causa de todo esto? Cuando la gente deja entrar en el error, y la herejía, y la fe débil, ¿dónde los dejan entrar? ¿Acaso no dejan entrar los principios del error y la herejía dentro de sus corazones? Llego a creer en este, y aquel, y el otro error; todo entra en el corazón, y tiene un lugar en el corazón. Pero ¿cómo podemos dejarlo entrar en el corazón, cuando el corazón está entregado a Dios? ¿Acaso no puedo dejar afuera el error y la herejía, si le entrego mi corazón y mi alma a Él? ¿Acaso no puedo confiarle todo a Él?

Esta clase de afirmación acerca del error y la herejía ha surgido entre los hombres que han guardado sus propias almas. Ellos han tomados sus almas en sus propias manos, y han ordenado su propia religión, o han empleado a alguien para que se las ordenara; y muchos de ellos se han reunido para hacer sus credos y catequismos, y confesiones, y doctrinas ortodoxas que ciertamente podrían ser profesadas y seguidas. De modo que después algunos llegaron y encontraron fallas en esas cosas; y más tarde crearon concilios para juzgarlas. Entonces estas doctrinas fueron quitadas y puestas a un lado, y otras fueron creadas para reemplazarlas. Todas estas doctrinas son las que los hombres han establecidos para sí mismos. No quisieron estar bajo el gobierno y la disciplina de Dios, como los hijos que están bajo el gobierno de sus padres; sino que en cambio establecen su propias religiones, y le dicen al resto del mundo: Si ustedes creen en cualquier cosa que sea contraria a nuestros principios, ustedes son herejes, y al ser herejes deben ser eliminados y echados fuera. ¿Acaso no leen las escrituras, que dicen que el que no oye al profeta (que fue reconocido por algunos en el mundo) debe ser echado fuera? ¡Qué! ¿No oirán a Cristo hablar en la iglesia? ¿No oirán a Cristo hablar? La iglesia no puede hablar sin una cabeza; si ustedes no oyen a la Iglesia, serán echados fuera.

Todas sus crueldades y barbaridades inhumanas, al martirizar y encarcelar a la gente, viene del hecho que ellos mismos crean su propia fe; y de todas las cosas, ninguna es más desesperadamente impía; y ellos no lo sabían. Engañoso es el corazón, más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Los hombres no saben qué orgullosos y arrogantes son ellos mismos, y sin embargo intentan ordenar los corazones, las mentes, y las conciencias de otros. De esto ha surgido todo tipo de superstición—e idolatría, porque los hombres no le entregaron sus corazones a Dios. No tendrás dioses ajenos delante de mí. Este mandamiento es grande en sí mismo, estricto en sus términos: Amarás a Dios con todo tu corazón, y a tu prójimo como a tí mismo. Los prójimos que no pueden ver con sus ojos; por lo tanto se destruirían los unos a los otros.

Pero bendito sea Dios, que ahora produce la verdadera cristiandad, sobre su base y fundamento antiguo, sobre el cual fue puesto al principio; porque la cristiandad ha sido sacada a empujones de su fundamento. Porque en vez de amar a Dios con todos sus corazones, y amar a su prójimo como a sí mismos, los odiaron. Ahora, este es el día, ¡Oh Amigos! Su importancia es muy grande; este, yo les digo, es el día en el cual Dios está llevando a la cristiandad a su antiguo fundamento.

Yo no quisiera que pensaran que estoy aquí para juzgar a nuestros antepasados, quienes están durmiendo; para decir que, por lo tanto, ellos se han ido a la perdición, porque no vieron este día, y no vivieron para ver este beneficio que nosotros disfrutamos. Lejos estoy de eso. Ésta fue la razón por la cual ellos creyeron y oraron: ellos no vieron este día externamente, sino que lo vieron por fe. Cuando yo era niño, recuerdo que el pueblo de Dios se reunían de a tres o cuatro, y se regocijaban en la esperanza de aquello que vieron anticipadamente. Le daban gracias a Dios por los días benditos que él les daría, aunque ellos no sabían cuando. Ellos dijeron y creyeron que Dios disiparía las neblinas y la bruma, y traería un día de felicidad, en el cual su pueblo recibiría el don de su Espíritu. Cuando vieron las imposiciones y las persecuciones de aquellos tiempos; que cuando no se conformaban ni obedecían, eran echados en la cárcel, los calabozos, y las prisiones: Bueno, no siempre será así, dijeron ellos; vienen un día en el que el Señor liberará a su pueblo de todos los yugos de opresión, y de los opresores.

Y en verdad mi alma se regocijó al oír los dichos proféticos de esos hombres buenos. Yo pensé que viviría para ver ese día. ¡Bendito sea Dios, quien ha preservado mi vida hasta este día, y hasta esta hora, para disfrutar aquello por lo cual ellos oraron! Ellos le pidieron a Dios que disipara la bruma y las neblinas, para que ya no pudieran oscurecer y nublar las mentes de los hombres, y así impedirles que disfruten de las enseñanzas de Dios. ¡Bendito sea Dios! Que ahora estamos en el gozo de las oraciones de los fieles, que dejaron el mundo antes que nosotros llegáramos. Ahora ha llegado el día por el cual ellos oraron, e indagaron.

¡De qué manera tan extraña hablan los hombres, dicen algunos, con respecto a la religión cristiana! La religión cristiana está en toda Inglaterra. Vayan a cualquiera reunión en Londres, excepto una, y ellos les dirán que son cristianos. Yo desearía que lo fueran; este es el peor deseo para todos ellos. Pero, ¿por qué hablamos de la religión cristiana, y no de la vida cristiana? A menos que encontremos la vida cristiana entre ellos, ¿de qué sirve tener el nombre y la profesión de ella? Y la doctrina cristiana también está ausente en muchos lugares. Hay muchos en esta ciudad que instan este mismo mandamiento, el de amar a Dios con todo sus corazones, y a su prójimo como a sí mismos, tan fervientemente como yo lo puedo hacer, o cualquier otra persona; y sin embargo ellos dirán aún, en la siguiente afirmación, que ningún hombre en Londres, o en el mundo, puede hacer esto. Ningún hombre puede amar a Dios con todo su corazón; un hombre no puede ser hallado que pueda llevar a cabo un acto así, como el de amar a su enemigo como a sí mismo. No a todo prójimo, sino a algunos asociados que él pueda escoger, que pueda amar, y soportar sus defectos y afrentas, y amarlo como a sí mismo. Ama a tu prójimo, es decir, a todos, para que haya buena voluntad hacia toda la gente en toda la raza de la humanidad. En la tierra paz y buena voluntad para con los hombres. Éste es el fruto del Evangelio. Las palabras cristianas no hacen la religión cristiana, sino que debe haber una vida cristiana; pero ¿dónde la encontraremos, o dónde la buscaremos?

Yo no sé, yo no tengo nada que hacer para juzgara ninguna persona; sino que hay uno que juzga quién vive la vida cristiana y quién no. ¿Quién es éste? Yo respondo: La cabeza de la Iglesia Cristiana. ¿Como? ¿Está aquí? Sí, la Cabeza de la iglesia cristiana está aquí, y Él habla y pasa sentencia. Si tienen oídos, ustedes lo pueden oír. Si dirigen sus mentes hacia su interior, porque él es un ministro interno. Cada uno de ustedes, si dirigen sus mentes al interior, él les dirá si ustedes viven una vida cristiana, o qué clase de vida viven. Si hay un borracho, que pregunte si su vida es una vida cristiana. ¿Acaso algún hombre se irá de aquí siendo todavía ignorante y sin respuesta? Si hay un borracho aquí, que pregunte internamente en su propio seno: ¡Señor! ¿es mi vida una vida critiana? Me atrevo a afirmar de parte de Dios, que él responderá: ¡No! mi vida no es una vida cristiana, sino una vida vergonzosa y bestial, una vida brutal.

¿Quién les dijo que la cabeza de los cristianos, Cristo Jesús, está presente—que Cristo Jesús está presente?—¿Cómo llegó aquí? El subió a los cielos en cierto día, dicen ellos, así que ¿cómo puede estar aquí? Aunque haya subido al cielo, no lo hizo de tal manera que no pueda estar aquí también. ¿Cómo cumplirá su promesa, si Él está limitado a estar presente ya sea en el cielo o en la tierra? ¿Cómo puede cumplir su promesa si, cuando dos o tres se reúnen en su Nombre, él no está en medio de ellos? Ahora aquí hay muchos más que dos o tres reunidos en el nombre de Cristo, y esa esperanza de aceptación con Dios, por medio de un mediador, Cristo Jesús. Si ustedes piensan que hay dos o tres reunidos en este lugar en el nombre de Cristo, entonces por consiguiente Cristo está en medio de ellos.

Yo no sé qué es lo que ustedes están experimentando y gozando ahora. Algunos pueden decir, yo no encuentro esta presencia de Cristo; oigo de la presencia de Cristo en el sacramento, y he oído acerca de la presencia de Cristo en una reunión; pero he estado en muchas reuniones, y nunca he encontrado una presencia tal de Cristo.

¿Pueden leer las escrituras? Sí, puedo leer las escrituras tan bien como usted, pero éstas no me dan un sentido de ella; sí, leo las escrituras y las creo; pero ¿qué significa mi lectura con respecto a la presencia de Cristo, si no tengo un sentido de ella? He estado en muchas reuniones, pero nunca tuve un sentido de tal presencia divina como las que usted menciona—ni tampoco en el sacramento. ¿Cuál es la razón de que usted no tenga ningún sentido de ella? Si usted acepta mi consejo, y dirige su mente al interior, y pregunta si es que aquello que yo hablo es cierto, si es que hay una voz como la que yo menciono, ésta le dirá cuál es su condición. Si ustedes son honestos consigo mismos, pueden llegar a conocer la presencia divina, y pueden oír a Cristo hablar.

El alma tiene ojos, y oídos, así como el cuerpo. ¿De qué ojos habla el apóstol cuando dice: El dios de este mundo ha cegado los ojos de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, quien es la imagen de Dios? Si el alma tiene ojos y oídos, así como el cuerpo, entonces puede oír y ver como el cuerpo. Así como el ojo del cuerpo puede ver cosas visibles, así el ojo del alma puede ver cosas que son invisibles, y celestiales. Ustedes pueden oír mi voz externamente, y ustedes pueden oír la voz de Cristo internamente. Yo he sabido de algunos que han tenido tanto miedo de oír algo malo acerca de sí mismos, que no querían indagar. Algunos has sido tan culpables en sus propias conciencias, que han tenido temor de oír algo malo, de modo que no indagaban acerca de sí mismos. Así es en el interior; algunos han sido tan concientes que su vida y su conducta no son lo que deberían ser—que su vida es una vida pecaminosa, que no se atreven a cuestionarla. Ciertamente se les hubiera dicho lo siguiente: La vida de ustedes no es una vida cristiana, ustedes deben reparar sus vidas, antes que ustedes puedan llegar a estar en paz con Dios. Si esta es la porción de ustedes y mía, que al ser escudriñados encontramos que nuestra condición es mala, ¿qué hay de malo en ello?

Yo les quiero hacer una pregunta; consideren esto seriamente. Todos somos por naturaleza hijos de la ira, ninguno de nosotros es diferente en cuanto a esto, y a menos que nazcamos otra vez, no podremos entrar en el reino de Dios. La pregunta es si es que yo soy uno de esos o no. Supongamos que después de indagar se me da a entender que no lo soy, esto sería suficientemente malo; esto es duro, pero no es tan duro como es cierto. Esto es lo que quisiera que ustedes consideraran:— ¿Acaso no es mejor que yo sepa que estoy todavía en el estado natural, que seguir así y perecer eternamente? Mientras haya vida, hay esperanza; mientras el hombre esté sobre la tierra, y cuidando su alma, e indagando acerca del estado de su alma inmortal. Si su alma no está en una condición buena, ¿acaso no es mejor para él que lo sepa, y que busque una cura? Porque no puede sobrecaer ninguna dolencia ni desgracia más grande sobre el hombre, que tener alguna enfermedad oculta o escondida, de la cual él no tiene sensibilidad; porque esto lo desgasta y lo estropea, y no puede ser persuadido a buscar un remedio. Así es en el interior; si un hombre es ignorante de su condición, y sigue adelante con su día y su hora, y no busca un remedio, este hombre sin duda perecerá.

Cuando estén en esta iniquidad, estén contentos de ser controlados; estén dispuestos a que se les diga la verdad, aunque esté en contra de ustedes. Yo podría dar muchos ejemplos de lo que he hablado. Si un hombre está satisfecho de que su vida no es una vida cristiana, yo digo, si el que jura o miente, o si la persona orgullosa, o el afeminado, tan pronto como llega a estar satisfecho que su vida no es una vida cristiana, la que ahora vive, ¿qué puede esperar este hombre? ¿Qué consejo deberíamos darle, y qué consejo debería él tomar? "Continuaré en el camino en el que estoy." ¡Qué! ¿después que ustedes saben que su vida no es una vida cristiana? Que Dios no lo permita. ¿Seguirán ustedes y perpetuarán pecado tras pecado, y acumularán castigo para el día de la ira? "Yo soy un pecador, mi vida es impía, yo doy cuenta de que vivo en pecado, y muero en pecado." ¿Acaso es ésta una buena póliza? Consideren otro texto que pronunció nuestro Señor: Si ustedes mueren en sus pecados, donde yo voy, ustedes no pueden ir.

¡Oh, Amigos! pongan estas cosas en sus corazones. ¿Qué puedo hacer yo aparte de decirles que el amor que tengo en mi alma por todos ustedes, me hace desear en mi corazón que ustedes sean salvos? Ésta es la voluntad de Dios, que todos ustedes sean salvos, y lleguen al conocimiento de la Verdad. Benditos son los que conocen la Verdad; la Verdad que está en Jesús. La verdad en el interior, tiene una voz que habla; y si ustedes la oyen, ésta les dirá que su estado no es lo que debe ser. ¿Pueden creer la Verdad cuando las diga que su estado es malo, y que ustedes sufrirán perdición eterna, a menos que haya un arrepentimiento y una regeneración que la prevenga? ¿Pueden creer esta doctrina, cuando suene en sus propios corazones? Si no la pueden creer, la incredulidad será su ruina.

El Espíritu de Verdad ha venido para convencer al mundo de pecado, porque ellos no creen en Cristo; Él les dice cuál es su condición, y ellos no le creen. El espíritu de Cristo convence al hombre de pecado, y ellos no le creen. El Espíritu de Verdad los convence de sus pecados, pero ustedes no le creen. Ustedes aman sus placeres y sus ganancias, y su honor; entonces ustedes no aman a Dios con todo su coraón, y entonces ustedes no son cristianos, sino que están fuera del pacto con Dios. ¿Se dan cuenta que su condición es mala? ¿No sería mejor que fuera cambiada? Después que estemos convencidos de nuestro propio estado pecaminoso, ¿no es mejor que éste sea reparado? ¿Quién lo reparará? Alguna persona puede decir: he hecho todo lo que puedo para arreglar mi vida, y no puedo arreglarla.

Yo había llegado a esta conclusión en mi juventud; había ayunado, y orado, y pasado tiempo oyendo, leyendo y meditando, e hice todo lo que estaba en mi poder, y todo esto para reparar mi estado; pero no pude repararlo. A medida que aumenté en edad, el pecado y la corrupción prevalecieron más en mí, y no había ayuda. Llegué a creer que no había ayuda para mí, y que si Dios no me ayudaba, yo estaría perdido por toda la eternidad. Muchas veces deseé no haber nacido. Fuí a ministerios y reuniones, y a toda clase de gente, y a toda clase de ordenanzas, y toda clase de medios, para reparar este mal corazón mío, para ver si podía obtener el poder que me daría la victoria sobre mis corrupciones; pero mi brazo nunca fue suficientemente largo como para alcanzarlo; estaba muy lejos de mi poder y mi alcance.

Muchos han buscado obtener este poder para reformar sus corazones y sus vidas, para alcanzarlo por sus propias manos, por sus propios esfuerzos, y nunca pudieron hacerlo. Ellos nunca pudieron mejorar su condición, ni producir fruto digno de enmendar la vida. Yo quisiera que todos hubieran llegado a ese punto muerto, que no supieran hacia donde ir, que estuvieran desesperados. Ellos llegarán allí tarde o temprano—mientras más pronto mejor. Yo he hecho todo lo que he podido, no puedo hacer más. Ya no sé qué hacer, y no sé qué pensar acerca de mi estado eterno, pero sí se cómo juzgarlo. Lucho en contra de mis deseos y corrupciones, porque, por todo esto, prevalencen contra mí. Las tentaciones vienen ante mí, pero no puedo conquistarlas. ¡Oh! Estoy contento cuando la gente llega a ese punto muerto; de modo que no saben qué hacer, pero se desesperan por causa de la abilidad de sus propios brazos, de su propia fortaleza, y su propia inteligencia, y su desesperación por toda la otra ayuda en el mundo: estoy contento por esto.

Pero no estoy predicando la desesperación por la gracia y la misericordia de Dios; porque déjenme decirles, cuando los hombres se desesperan por sus propias acciones, y por todos los medios y ayudas externas, entonces son objetos dignos de la misericordia de Dios, y no hasta entonces. Cuando el Señor miró y vió que no había nadie que salvara y liberara, entonces su propio brazo trajo la salvación. Dios no salvará hasta entonces. Dios no revelará su poder hasta que los hombres hayan terminado con su propio poder. Ellos nunca confiarán en Dios, mientras piensen que pueden hacer algo por sí mismos. Todas las formas de religión, de las muchas gentes de esta nación, les servirá muy poco sin el poder.

¿Cuál es el significado de este principio, de tener estas misas, y oraciones y actuaciones? ¿Cuál es el significado de esto? Investiguemos a fondo. Ellos dicen que somos pecadores, cuando oramos a Dios para pedir su bendición y la salvación por medio de Jesucristo. Esto es lo que está en el fondo: ellos piensan que sus deberes y acciones serán muy útiles para su estado, útiles para el conocimiento de esto. Hablando con lenguaje sencillo, éstos son sus dioses. Si hablo de gente profana y impía, diría que sus deseos son sus dioses; pero cuando hablo de [las así llamadas] personas justas que son meramente formalistas, entonces digo que sus deberes, como ellos los llaman, son sus dioses. Cuando ya todo ha terminado con respecto a sus deberes, ésto no han hecho nada bueno para ellos; y entonces no tienen ningún dios. Entonces ellos están sin dios; y si Dios no los ayuda, ellos están perdidos por toda la eternidad.

Cuando las pobres criaturas son hechadas, como sucede, hacia el campo, para ser odiados por la genteY pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor, y fuiste mía. ¡Qué! Era tiempo de amores cuando yo era un objeto tal en mis propios ojos, que pensé que era la criatura más miserable en el mundo, una que no puede hacer una buena oración, ni disputar por la religión, ni llevar a cabo ningún deber; una pobre criatura echada en el campo, para ser odiada, habiendo perdido todo lo que gané. Mi nombre no estaba entre los vivos; pasé mis días en dolor; y dije: No hay nada más que oscuridad, y muerte, y miseria para mí. Usé todos los medios, e intenté todas las cosas, excepto tener una confianza viva en Dios, una confianza en Dios solamente, y la carne y sangre no lo pueden hacer. La carne y la sangre no lo pueden conocer, por lo tanto la carne y la sangre no pueden confiar en Él. ¡Ay de mí! Dije que no podía confiar en el Señor, no podía echar fuera mi alma, y todas mis preocupaciones, mi fama y reputación en el mundo, no podía echar todo sobre el cuidado del Todopoderoso; no podía conocerlo, ni confiar en Él. ¿Cómo puedo hacerlo? ¡Nadie lo puede hacer! Aquellos que conocen mi nombre, dijo el Señor, pondrán su confianza en mí. Nunca se pronunció una palabra más cierta. Pero cómo podemos conocer a Dios, y confiar en Él, dirá alguien, yo no lo sé.

Cuando ustedes lleguen a este punto muerto, a la desesperación, y a no saber a dónde ir, ni a quién acudir para buscar ayuda, o para pedir consejo para el bien de sus almas; cuando ustedes lleguen al final de todo, y estén sin esperanza, entonces Dios se revelerá a sí mismo por medio de su hijo Jesucristo. Cristo, el Hijo de Dios, llega a ser conocido si vamos hacia Él; pero nadie puede ir a Cristo, a menos que el Padre que lo envió, lo atrayere. Cuando ustedes hayan acabado con sus dioses, y hayan arrojado sus ídolos a los topos y los murciélagos, entonces encontrarán al Señor, y clamarán: Oh, ¡que Dios tenga misericordia de mí, y ponga la luz de su rostro sobre mí! ¡Soy una pobre criatura miserable!

Hay muchos que se quejan y se lamentan tanto que se enorgullecen en sus quejas, así de grande es su hipocresía. Yo he conocido algunos que se han orgullecido en describir su condición, y expresar su caso tan miserable ante el Señor. Pero suponga que usted no puede hablar, sino que se encuentra en una condición tan miserable, que no puede expresar su condición. En tiempos como este Dios estaba atrayendo su alma hacia Cristo Jesús, el mediador de ella. Yo he oído de un mediador, y que hay un bálsamo en Galaad para mí, que hay un médico allí, que hay un médico, es decir Jesucristo, el mediador del pacto nuevo. Ustedes han pecado en contra de Él, y lo afligieron, sin embargo él está con los brazos abiertos para ustedes, listo para recibirlos, y abrazarlos. ¿Dónde está él? Él está a la puerta y llama; es un asunto pequeño, podría pensar uno, dejarlo entrar: (Apoc 3:20) He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Estas son buenas noticias para sus almas hambrientas, si es que hay alguna alma tal aquí. Cristo, el mediador, está a la puerta y llama. Él entrará y cenará con ustedes. Entonces nosotros nos reuniremos en la cena del Señor. Este es el Señor, lo esperaré. Él traerá su pan con Él, el pan de vida, y el vino de su reino; y la cena del Señor será celebrada sin distinciones irrelevantes ni discusiones doctrinales.

Ahora, ya que nosotros no tergiversaremos las escrituras, les pediría a ustedes que entienden libros, que lean lo que los comentadores de esto han dicho y lo que se ha dicho en edades anteriores acerca de este texto; si es que ellos no opinan que esto de golpear a la puerta, es Cristo llamando al alma por medio de su gracia; y que esta puerta es la puerta del corazón, donde Cristo está llamando por medio de su gracia y espíritu, para que lo dejemos entrar por fe. Esto es lo que ellos juzgan y sienten, y yo siento lo mismo, y creo en el sentido genuino de este texto; que Cristo quisiera que la gente pensara que Él está cerca, y yo quisiera que abrieran sus corazones, y lo recibieran por fe; para que él sea su salvador.

[Algunos dicen] ¡No! eso, dice la carne y la sangre, no lo puedo aceptar. No puedo consentir que él sea mi salvador. No lo dejaré entrar, porque él es como Micaías con Acab, nunca dijo nada bueno con respecto a mí. Porque, si yo lo tengo como mi salvador, debo abandonar mis deseos y placeres. Si hay algún otro salvador, lo probaré, y no me entrometeré con Él. Porque Él arruinará nuestro júbilo y nuestras buenas amistades. Él me dirá que de cada palabra ociosa que yo hable, tendré que dar cuenta en el día del juicio. ¡Qué! ¿ustedes piensan que a mí me puede gustar un salvador así? ¿Que yo puedo vivir con alguien que me pida cuentas de cada palabra que hablo? Y que, si digo una palabra ociosa, que el juicio vendrá sobre mí. No, yo probaré uno y el otro, antes de aceptarlo a él con esos términos. Yo soy una persona que está unida a una iglesia así, y que disfruto de tales ordenanzas, y tales ayudas. Estoy en el pacto con Dios y bajo el sello de ese pacto; estoy bautizado, y tomo parte de la cena del Señor, la cual es otro sello del pacto. Espero que me vaya bien.

De la voz del Señor: "Aquellos que están reacios a ver su esclavitud dicen: 'Dénme la iglesia.'"

Yo iré un paso más allá. Otro dijo que él debe tener un mediador: Iré a la virgen María, y le ofreceré algo a ella, y le oraré. Otro dice: Iré a San Jacobo, y San Juan, y otros santos para que interceda por mí con Dios. Ellos deben tener un mediador. Este es el retorcimiento y tergiversación de los hijos y las hijas de los hombres, para dejar afuera a Cristo, el gran mediador, quien vino a este mundo con este propósito, para destruir las obras del diablo. ¡Ay de mí! No me queda nada más que sólo mi vida y vivir en este mundo. No me queda nada aparte de un poco de deseo de agradar a Dios; y que él nunca me juzgará y me condenará. Pero mis negocios falsos, y el comprar y vender con engaño, Él juzgará esto, y me condenará; y mis discursos de cosas que están fuera de mí; todas mis amistades carnales del mundo, y mis modas vanas; todo esto es corrupto y profano; Él vino con el propósito de destruir estas cosas. Él vino a destruir tanto al diablo como a sus obras.

¡Qué! ¿Acaso puede vivir un hombre en el mundo y nunca unirse con el diablo? ¿Nunca pecar? ¿Nunca hacer nada que el diablo quisiera que hiciera? No hay perfección en este mundo; no se puede vivir sin pecado aquí. Entonces estoy seguro que no hay unidad con Cristo aquí; si no hay unidad con Cristo, entonces no hay ninguno que esté con Dios el Padre. ¿Qué será de ustedes ahora? ¿Qué dirán ahora todos los que defienden esa opinión? Hay algo que está entre Dios y yo, y nunca tendré paz. ¿Y qué es esto? Es el pecado. Yo quisiera que mi pecado fuera quitado, o si no, quisiera que nunca hubiera nacido. ¿Pueden ustedes quitar el pecado de sus corazones? Yo lo he intentado, pero no lo puedo hacer. He oído de Cristo, el mediador del nuevo pacto. Él nos dijo que vino a este mundo, y que para este propósito fue manifestado, para poder destruir las obras del diablo. Ahora el pecado en mi corazón es la obra del diablo, y veré si Él destruye esto mí, confiaré y contaré con Él, y veré si este gran poder lo puede destruir en mí.

Así la gente llega a creer justamente en Aquel que Dios ha enviado, y a confiar en Él; y Él los tomará, y como un cirujano, abrirá sus corazones, y dejará que salgan sus corrupciones, aunque nunca ha habido tanta putrefacción; y Él los sanará, y los purificará, y los perdonará si ellos van a Él, aunque ellos han sido tan malignos. Cuando sus pecados son puestos en orden delante de ustedes, entonces ustedes claman: ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¿Acaso es Dios quien ha pensado acerca de mí, y a esperado para ser misericordioso, ya ha soportado mis pecados por tanto tiempo? ¡Qué maravillosa es esta paciencia que él tiene conmigo! Todas estas cosas obrando en mi alma, tienden a generar un amor en mí hacia Dios, y deseos fervientes de ser limpiado y purificado del pecado, como también oración hacia el Señor, para que arda un fuego santo, que lo pueda quemar. Mientras más confía el alma en Cristo, más quema este fuego nuestros deseos; y entonces el hombre llega a sentir un cambio grande en su mente. Las cosas, dijo él, en las que me deleitaba, ahora son fastidiosas para mí. Espero que nunca sea hallado en ellas otra vez; mi mente se ha alejado de ellas. ¿Quién la alejó? ¿Acaso no se esforzaron para alejarla? Yo me esforcé, pero no pude hacerlo.

Hay muchos, yo creo, en esta asamblea del Señor, que pueden testificar por mí en este asunto, que cuando ellos vinieron a Cristo, el mediador, Él cambió sus mentes, y desató los grillos del diablo. Ellos estaban atados a sus pecados y deseos; pero Él los ha soltado. Ellos ahora están avergonzados de esas cosas en las que antes se deleitaron. ¿Qué fruto, dijo el apóstol, tenían en aquellas cosas de las cuales ahora se avergüenzan? De modo que yo digo: ¿Qué placeres obtienen de los deportes, los juegos, la bebida, y las compañías? ¿Qué placer obtienen al pensar en sus conversaciones desenfrenadas? ¿Qué placer obtienen en el orgullo y la vanidad? ¿Qué placer obtienen de la ira y la mente amargada? ¿Y qué placer en la malicia y la envidia? ¿Qué placer tienen en estas cosas de las cuales ahora están avergonzados? Mientras se hayan convencido, ustedes se han avergonzado de pensar en ellas. Yo estoy avergonzado de pensar que el diablo en un momento así, por medio de una tentación así, pueda prevalecer en contra mía.

Yo desearía que con el favor de Dios todos ustedes llegaran a este punto; a estar avergonzados; que ustedes puedan recordar sus caminos y acciones malignas del pasado, con dolor y vergüenza. Hay un gozo secreto en esto. Seguramente es mejor estar avergonzado que continuar en el descaro. Dios ha obrado este cambio al fin; y ¿quién será glorificado por esto? Dios será glorificado por esto, porque sus propias obras lo exaltarán. Lo que los hombres hacen, muchas veces lo hacen para su propia exaltación; pero cuando ellos están desesperados, y no saben qué hacer, se van hacia su Maestro, para ver si Él tiene misericordia de ellos. Si no, ellos deben perecer. Entonces, por lo que Él hace, Él es glorificado y exaltado.

Hay algunos aquí que están obligados a exaltar a Dios mientras estén vivos, por lo que Él ha hecho por ellos. Y ellos nunca hubieran podido amar a Dios con todos sus corazones; sino que hubieran continuado siendo extraños para Dios; y el diablo los hubiera llevado cautivos de acuerdo a su voluntad;—ellos no hubieran podido amar a Dios con todo su corazón, si Dios no hubiera derramado primero su amor sobre sus corazones, obligándolos así a amarlo. Es Él quien los amó primero, y obró en ellos tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad. Lo que nosotros somos, lo somos por la gracia de Dios. Esta gracia está magnificada en aquellos que creen y obedecen el Evangelio. Mis amigos, sabemos que hay tanta paz y placer en los caminos de Dios, tanta satisfacción en el alma al caminar con Dios, y al amarle con todos nuestros corazones, que yo estaría feliz si todos ustedes pensaran lo mismo, y lo expermimentaran. Nosotros trabajamos diligentemente con este propósito, y quisiéramos poner ante ustedes estas dos cosas.

Primero, cómo podemos llegar a conocer nuestro estado miserable en la naturaleza.

Y, en qué estado bendito y feliz estan los que se han convertido y han cambiado; los que han sido trasladados fuera del reino de las tinieblas, hacia el reino del Hijo amado de Dios.

Consideren que su estado en la naturaleza es impío; esperamos que muchos de ustedes crean los reportes del evangelio, con respecto a la bondad del Señor, su gran amor al enviar a su Hijo al mundo, para buscar y salvar lo que se había perdido; y que ustedes crean en Él. Y estamos convencidos de que por medio de la locura de la predicación Dios salvará algunos de ustedes, para que ustedes puedan ser sus redimidos, y que no confíen en ningún otro salvador. Porque no hay ningún nombre bajo el cielo, sino el nombre de Jesús, por el cual podamos ser salvos. Sólo Él puede quitar los pecados del mundo; su Espíritu, el cual Él prometió que enviaría al mundo cuando estaba por irse, éste escudriña la mente, y prueba el corazón. Ahora yo me atrevo a proclamar ese Espíritu Santo, que es el Espíritu del Dios del cielo, quien ahora puede ver de qué propósito son ustedes, y qué están proponiendo hacer; si continuar en el pecado, o regresar a Dios. Puedo decir esto sin blasfemia; es el Espíritu de Dios que escudriña el corazón, y conoce sus pensamientos y propósitos, y los convence de pecado. Dios ha enviado a su Hijo Cristo Jesús al mundo para iluminarlos, para que por medio de su luz ustedes lo puedan ver a Él, y para que por su gracia ustedes lo puedan recibir, y para que por medio de su gracia ustedes puedan ser salvos.

A Él los encomiendo, y estas palabras que hemos pronunciado en la evidencia son una demostración del Espíritu, de acuerdo a lo que Él ha obrado en nosotros. Amén.

El reino de Dios en el interor—Todos deben llegar a testificar de su establecimiento en el interior.

 

Un sermón de Esteban Crisp en el lugar de reunión de la calle Gracechurch, en el día 26 del séptimo mes, el año 1691

USTEDES han leído y oído muchas cosas con respecto al día del Señor, que es un día grande y terrible; muchos de ustedes ahora son testigos vivientes de que el día grande y terrible del Señor viene pronto, en el cual se puede esperar legítimamente la realización de las cosas grandes y terribles, las obras poderosas de Dios, de las cuales se ha profetizado. Es la obra de cada cristiano esperar al Señor en la luz de este día, y de estar familiarizado con las obras del Señor, tanto interior como exteriormente. Porque el día del Señor es un día de poder, y ese poder de Dios obra cosas maravillosas. Si nosotros no nos mantenemos en la Luz de ese día, el Señor podría obrar grandes cosas, y nosotros no lo sabríamos; seríamos vistos como testigos descuidados y negligentes de las obras del Señor, como aquellos que no las consideran. Si ustedes son testigos fieles, ustedes deben considerar las obras del Señor, y la operación de sus manos. Alguno que pretenda ser un testigo fiel tomará nota de lo que se dice y se hace. Ustedes son llamados a ser testigos de las obras del Señor Jesucristo, y de sus acciones. Ustedes deben permanecer donde puedan oír, y ver, y entender lo que el Señor está a punto de hacer en este tiempo.

En su testimonio y testificación, la cosa más grande que podemos esperar en este día del Señor es que Dios establecerá el reino de su hijo Cristo Jesús. De esto testificaron todos los profetas durante su tiempo. Ahora es nuestro turno de dar testimonio de esto por medio de las experiencias vivientes del cumplimiento de aquellas cosas que ellos profetizaron, que el Señor establecerá el reino de Cristo, y derribará y destruirá el reino del anticristo. El Señor le enseñó a sus discípulos a orar por esto, hace mil seicientos años, para que el reino de Dios pudiera venir. Todos los discípulos de Cristo desde entonces han orado por la venida de este reino, y muchos de ellos han visto su venida, y se han regocijado; y otros han muerto en la fe de ella, y se han unido al reino del cielo.

Pero, amigos míos, lo que nos concierne principalmente en este día, es contemplar el reino de Cristo, el hijo eterno de Dios, dentro de nosotros, para así seguir adelante y prosperar; y que el reino del anticristo sea suprimido y destruído, y arrasado completamente; y esto se produce de dos maneras: 1. Internamente. 2. Externamente.

Primero, internamente. Hay una inclinación más grande en la mente de las personas, a buscar más la operación del poder de Dios en esta gran obra en el exterior, que a buscarla en el interior, pero para esto se debe tomar la cruz diariamente, y es mi obligación en estos momentos decirles en el nombre del Señor, que el deber de ustedes y mío es llevar nuestras mentes hacia el poder de Dios que obra en nosotros, y a procurar que ese otro reino del hombre de pecado haya sido debilitado y derribado dentro de nosotros. Entonces no habrá temor sino que Él llevará a cabo esta obra externamente, y nosotros veremos tanta de esta obra como convenga a esta generación. Pero el asunto más grande y la preocupación principal de ustedes y mía es ver que el reino de Dios sea establecido entre medio de nosotros, los que permanecemos en la santidad y la justicia. Nuestra obligación es caminar hasta que veamos la justicia de su reino establecida dentro de nosotros, en nuestros corazones y almas, y que se produzca un cambio real en nosotros.

Todos sabemos, y debemos confesar, que hemos estado sujetos al hombre de pecado, no importa lo que ahora seamos. Hemos visto el reino y gobierno, la ira y la tiranía del maligno que nos ha llevado a la rebelión y la desobediencia al Señor, nuestro creador. ¿Acaso nos gustaría que ese gobierno fuera liderado por el diablo, y que seamos llevados cautivos, y que se nos obligue a hacer su voluntad, y a rebelarnos contra Dios que nos dio la vida, y nuestro aliento, y nuestro ser? ¿Acaso nos gusta el gobierno de Satanás? Espero que a ninguno de nosotros nos guste. Así también sucedió conmigo. Aquellos que están bajo el gobierno del tirano Satanás tienen muchos clamores y deseos en sus almas, de ser liberados de éste, y ser llevados bajo el gobierno y la obediencia de Cristo Jesús. Ellos quisieran poder servir a Dios como deberían, para poder ser trasladados del reino del pecado y de Satanás, hacia el reino del bendito y amado Hijo de Dios.

Este ha sido el clamor de algunos desde que ellos han conocido el mundo; estoy seguro que es el clamor de muchos hoy en día. Tengo buenas noticias para darles; no que el día de su redención se acerca, sino que ha llegado. Ahora ha llegado el día de la redención , y hay muchos que bendicen y glorifican el nombre de Dios porque han sido redimidos, y liberados de la esclavitud de la corrupción, y tienen más gozo y deleite en el servicio de Dios, que los hizo, que alguna vez tuvieron en el servicio del Dios de este mundo.

Pero acaso algunos no pueden decir: ¿Cómo se puede llevar a cabo esta gran obra; porque es una obra muy grande, y nosotros realmente pensamos que nada más que un poder Omnipotente lo puede efectuar? Porque hay muchos en esta asamblea que han estado tratando sin obtener resultados, y han hecho lo que pueden con sus propias fuerzas, para librar sus propias almas de la muerte, y sin embargo todavía se encuentran en esclavitud; no, ellos han solicitado la ayuda y la asistencia de aquellos que ellos pensaban que eran más fuertes que ellos, y todos han fallado, y todavía son débiles y están enredados, y no pueden encontrar por sí mismos la libertad para servir al Señor como deberían.

Yo pienso que nada más sino el gran poder de Dios puede hacerlo; y cuando ustedes lleguen a tener mi experiencia, a saber esto como yo lo sé, entonces espero que ustedes lo busquen, y ustedes verán que hay buenas razones para hacerlo; y así ustedes llegarán a esta profesión. Si el Señor no me otorga su poder Omnipotente, entonces debo perecer, porque no hay ningún otro poder que pueda liberar