La Cruz Perdida de la Pureza



 

EDUARDO BURROUGH
1634-1662

Eduardo Burrough fue considerado generalmente como uno de los gigantes ente los primeros cuáqueros. Cuando el Señor levantó la primera generación de ministros tras las predicaciones de Fox, Eduardo Burrough fue uno de los sesenta que fueron enviados (los sesenta valientes) por Cristo a través de toda Inglaterra para predicar la Palabra de Vida. El hecho de que él fue enviado a Londres, la ciudad con más población que tenía el potencial más grande de cosecha, es evidencia de la gran consideración que le tenía el Señor. Tenemos un registro de primera persona de su temprana fe que lo llevó a la unión con Cristo en el libro Eduardo Burrough, Una Memoria: (la obra completa está disponible para la lectura en este sitio)

Eduardo BURROUGH nació en el año 1634, en Underbarrow o sus alrededores, la cual era una aldea en la baronía de Kendal, en Westmoreland. Sus padres eran respetados por su virtud y honestidad; y debido a que tenían suficientes posesiones, le dieron a su hijo la mejor educación que se podía obtener para él en el lugar donde residían. Él dio muchas muestras de carácter varonil a temprana edad, absteniéndose en gran medida de las entretenciones juveniles, y mostrando un deleite por la compañía y la conversación de personas piadosas que tenían mentes engrandecidas y maduras. Era muy aficionado a leer las Santas Escrituras, y debido a que tenía una buena memoria, llegó a ser muy versado en ellas. Sus padres eran miembros de la iglesia episcopal, y lo criaron en las prácticas de las ceremonias que eran prescritas por sus rituales. Él describe su religión durante ese tiempo como consistente en "ir un día de cada siete a oír a un hombre predicar, a leer y a cantar, y a pronunciar una oración; mientras que yo era disipado y ligero, y vivía en los placeres sin el temor de Dios; sin conocer a Dios sino a través de los rumores y la tradición."

Burrough fue favorecido tempranamente con la visitación de la gracia divina, haciendo que se incomodara con sus placeres sensuales y su condición pecaminosa, e incitándolo a ir en busca de cosas mejores. Él dice: "Cuando llegué a tener alrededor de doce años de edad, algo se movió dentro de mí, y me mostró que había una religión más alta que la cual yo había ejercido." Visitó varios lugares de adoración, con el propósito de encontrar un camino más puro que aquel en el cual él se encontraba; y pensó que los presbiterianos tenían lo que parecía más como la verdad en ese entonces, que aquellos con los cuales él había sido educado. "De modo que me hice presbiteriano," dice él, "y seguí a los predicadores y profesantes más altos en esa forma, y crecí en favor ante ellos. Entonces dejé algo de mi vanidad y mi ligereza, y se creció mi orgullo, y algunos de mis antiguos amigos comenzaron a desdeñarme. Y trabajando allí, adquirí conocimientos de las cosas externas, pero todavía era ignorante de la verdad viviente."

Cuando yo tenía alrededor de diecisiete años de edad, le agradó a Dios mostrarse un poco más a mí, y me llenó de terror. Cuando había estado orando, oí una voz frecuentemente que me decía: "Tienes ignorancia de Dios; no sabes dónde Él está; ¿qué propósito tiene tu oración?" De modo que me vino un gran temor, que causó que muchas veces dejara de orar. La aflicción se engrandeció en mi mente, y el temor cayó sobre mí, y fui alejado de mis deleites, los cuales anteriormente amaba, y las cosas de las que yo me había llenado, así como de Dios, murieron. Dejé de leer las Escritura, ya que algo me mostró que era muy ignorante, y que no conocía al Dios verdadero; y la hermosura de todas las cosas se desvaneció. Fui a algunas personas preguntando qué era Dios, el cual ellos profesaban; porque dije 'no lo conozco;' pero no obtuve satisfacción de ninguno.

Durante este tiempo, continúa él, fui muy separado de los caminos vanidosos del mundo, y de la gente mundana; y se me hizo que reprendiera a muchos por causa de la iniquidad en palabras y acciones; y fui ridiculizado, y muchos me miraron con desdén. La predicación de aquellos en quienes yo me había deleitado mucho anteriormente, se marchitó y se deterioró. Sin embargo le agradó al Señor mostrarse a sí mismo en amor hacia mí, y tuve un dulce refrigerio, que vino de Él hacia mi alma, y tuve gozo y paz en abundancia; y revelaciones de la verdad viviente en mí, las cuales el mundo no conocía; y vi muchas cosas gloriosas en ello, las cuales están escondidas en las escrituras. Tuve un gran gozo en muchas ocasiones, y canté alabanzas, porque fui sacado de la tierra de la oscuridad, y podía decir, que ahora estaba en la luz.

Pero no conociendo la cruz de Cristo, seguí corriendo, comprendiendo en mi sabiduría los misterios de Dios. Teniendo una luz que brillaba en mí, crecí en nociones, para hablar de cosas elevadas, porque era mi deleite comprenderlas en mi mente ocupada. Siendo de ese modo ignorante de la cruz, para mantenerme humilde en ella, corrí delante de mi guía hacia la comprensión, y entonces fue que estuve por encima de muchos de los sacerdotes y profesantes, y seguí solamente para oír a aquellos que tenían las nociones más altas, que predicaban cosas elevadas. Pero el hombre carnal estaba en libertad dentro de mí, y así me convertí en uno de ellos en sus discusiones, y fui visto por ellos como alguien que sabía mucho. El terror anterior se había ido, y me levanté de debajo del juicio; el orgullo creció más que nunca, la presunción, la vanidad, y la libertad carnal a la mente carnal; y me deleitaba mucho en dar discursos; en los cuales le di cosas santas a los perros, y eché mis perlas delante de los cerdos. La sabiduría estaba escondida de mí. Viví placenteramente, porque tenía la verdad de Dios, y la verdad en mi comprensión, la cual por mi sabiduría en la luz yo había comprendido, pero tenía el mundo en mi corazón. El orgullo, la codicia, y el espíritu carnal gobernaban, y mi deleite había aumentado en esas cosas, en las cuales anteriormente no había encontrado deleite, y la belleza de las cosas mundanas aumentó, la cual había parecido anteriormente que se había desvanecido. Así yo había abandonado a mi compañero para ir detrás de otros amantes, y había dejado al Señor mi Creador quien se había con tanta gracia hecho manifiesto a mí. Me llené de oscuridad, perdí lo que una vez tuve, y tuve en la memoria lo que antes había disfrutado. Podía hablar de experiencias, pero éstas estaban muertas en mí; y algo adentro comenzó a cuestionar cómo me encontraba yo. Porque me vi como más ignorante que en tiempos anteriores, y vi que no sabía nada.

En este punto él sintió el serio deseo de recobrar el estado del cual había caído; sin embargo no se había humillado suficientemente como para buscar la restauración en esa humillación del yo que lo hubiera preparado para conocer la promesa llena de gracia cumplida en él, "Buscad y hallaréis." Se esforzó en consolarse a sí mismo en el recuerdo de los períodos de comunión interna con el Señor que había disfrutado anteriormente, diciendo: "Al que el Señor ama una vez, ama para siempre." Esta doctrina, que era muy prevalente entre los puritanos calvinistas, es eminentemente impía en sus tendencias, al tranquilizar la angustia por el pecado, que el Señor en misericordia, así como en juicio, trae sobre sus hijos que han caído, para inducirlos a buscar la reconciliación con Él a través de Cristo, por medio del arrepentimiento y la enmienda de la vida. Eduardo Burrough no podía, sin embargo, descansar satisfecho para confiar en las experiencias anteriores, sabiendo por las convicciones del Espíritu Santo en sí mismo, que su corazón no estaba bien ante la vista de Dios. De qué le hubiera servido si hubiera sido llamado a otro estado de existencia, que él haya sido alguna vez favorecido con la aprobación divina, cuando, para usar su propio lenguaje: "lo que era la cabeza y que gobernaba en mí, era aquello que Dios nunca había amado." El testigo por la Verdad en su corazón no le permitió sentirse cómodo descansando. Se empezó a cansar de la predicación de los sacerdotes, aún de aquellos que hacían la profesión más alta, y a través de los descubrimientos de la luz divina que todavía brillaba en su corazón, percibió la ignorancia espiritual y el vacío de los profesantes del nombre de Cristo.

Mientras estaba en este estado inquieto, él nos informa que "le agradó al Señor enviar a las partes donde él vivía, su fiel siervo y mensajero, Jorge Fox. Quien habló el lenguaje que yo no conocía, a pesar de todo mi hablar elevado." Era alrededor del día primero del cuarto mes, del año 1652, que Jorge Fox vino a Underbarrow, donde Eduardo Burrough lo conoció. Él había estado previamente en Kendal, y había predicado en una reunión en ese lugar con tal tremendo poder, que un buen número de personas recibió su doctrina; y varios de éstos vinieron a verlo en Underbarrow.

La doctrina de la luz de Cristo Jesús, manifestada en el corazón, que reprueba el mal, da un entendimiento correcto de las Santas Escrituras, y lleva a los humildes y obedientes al conocimiento de aquel que murió por ellos, fue calculada para producir una fuerte impresión en las mentes de aquellos que habían estado buscando la verdad y la estabilidad religiosa por mucho tiempo sin resultados, entre las formas vacías y las ceremonias. Sin embargo la verdad que fue declarada así a ellos, estando en la cruz de la sabiduría natural del hombre, no fue recibida sin oposición y argumento; y entre los que contendieron contra ella estaba Eduardo Burrough. Su habilidad en el argumento, y su deseo de salvarse de reconocer el error fueron, sin embargo, sin provecho. Porque a través del poder del Espíritu Santo que acompañaba a la palabra predicada, la cual dio una fuerza que despertó el lenguaje de la verdad en la boca de Jorge Fox, este joven decidido fue llevado a confesar acerca de la sensatez de la doctrina que había escuchado, y su consistencia con el testimonio de las santas escrituras. Pero más importante aún para él que todo esto, su corazón fue tocado y suavizado, mientras que su mente fue iluminada, y fue llevado a reconocer su condición desdichada y pecaminosa. Él nos dice que el Señor se agradó de mostrarle que él estaba en el estado del hijo pródigo, por encima de la cruz de Cristo, fuera del temor puro del Señor, y lleno de corrupción y de la vieja naturaleza. Se sintió como un hijo de la ira, y "no más digno de ser llamado hijo." "Un día de llanto, de lamentación y miseria," dice él, "y un día de venganza y recompensa vino sobre mí, como yo nunca había visto. Una copa de ira tras otra (fue derramada), y entonces me separé de toda la gloria del mundo, y de todos mis conocidos y parientes, y me asocié con la compañía de la gente pobre, despreciada y condenada, llamados los cuáqueros. Ahora soy uno de la generación que es odiada en el mundo; y he escogido mejor sufrir la aflicción con ellos, que disfrutar de los placeres del pecado con la gran multitud, aunque los placeres mundanos no me querían a mí. Y testifico en contra de todas las formalidades en la religión, y de los asalariados falsos, y los sacerdotes principales, que caminan en los pasos de los escribas y los fariseos, y de los profetas falsos de Israel, que nunca fueron enviados por Dios a declarar su palabra. Soy despreciado por mis vecinos y mis conocidos en la carne, y no soy más grande que mi Señor, quien fue llamado un blasfemo y un engañador, como ahora soy yo. Pero alabado, alabado sea el Señor para siempre, que me ha separado del mundo y de las glorias mundanas, y me ha hecho partícipe de su amor, en quien mi alma tiene completa satisfacción, gozo y contentamiento."

Mientras que él así pasó por el bautismo del Espíritu Santo que lo prepararía para el Servicio del Señor, él también tuvo tomó parte de las aflicciones y el conflicto exterior. Sus padres, habiendo sido educados en la creencia que la religión consistía en gran manera en la observancia de los rituales de las iglesia, no estaban preparados para tolerar en su hijo una profesión que los clasificaba como meros rituales y ceremonias externas, y por lo tanto contrarios a la espiritualidad de la religión cristiana. Sin duda ellos consideraban a los cuáqueros como herejes, porque negaban la eficacia salvadora de aquellos rituales, los cuales muchos creían (aunque no se encuentra en las Escrituras) que era parte del cristianismo mismo, y una obligación para todos. Otros disidentes, no importa cuánto discreparan en ciertos puntos de doctrina o disciplina, se aferraron a lo que ellos llamaban las ordenanzas, [bautismo por agua, vino y pan]. Ellos consideraban la administración externa de agua como el bautismo cristiano, y el partir el pan y el vino, después que era supuestamente consagrado [nuevamente algo que no se encuentra en las Escrituras] por el sacerdote, como la Santa Cena del Señor. Los cuáqueros, por lo tanto, fueron condenados por todos los otros profesantes del nombre de Cristo; y los padres de Eduardo Burrough se enfurecieron tanto con él por unirse a un pueblo tal, que se negaron a permitirle permanecer en su familia. Después que lo habían rechazado como hijo, le ofrecieron quedarse y trabajar para ellos en la capacidad de siervo, pero en esto también lo negaron. Habiendo entonces literalmente abandonado a su padre y madre por causa del Señor y del evangelio, él se esforzó por caminar en fiel obediencia a Aquel que lo había llamado, y quien él había encontrado que era un rico "galardonador de aquellos lo buscan diligentemente." Aquel que declaró, "porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre," estaba con él en esta separación de su parentela, sosteniéndolo bajo el sacrificio que el había hecho del cariño de su familia.

Habiendo entonces dado todo por causa de Cristo, y habiendo pasado por varios ejercicios y bautismos que lo prepararían para el servicio y la estación para la cual él estaba designado a llenar en la iglesia, recibió el llamado divino a la obra solemne del ministerio del evangelio; y a lo cual se dedicó entonces alrededor de dos meses después de haber sido convencido.

En un prólogo que él posteriormente escribió para una de las obras de Jorge Fox, habló así de este período:

Habían ahora pasado alrededor de siete años desde que el Señor nos había levantado en el norte de Inglaterra, y había abierto nuestras bocas (para predicar el evangelio) en su Espíritu. Lo que éramos antes, en nuestra profesión y práctica religiosa, es bien conocido en esa parte del país; cómo generalmente éramos hombres de las sectas más estrictas, y del celo más grande en cuanto a la justicia externa. Visitamos y probamos muchas clases de maestros, y corrimos de montaña a montaña, y de hombre a hombre, y de una forma a otra, como muchos hacen en este día, y no permanecimos unidos al Señor. Así eran aquellos que buscaban al Señor, y deseaban el conocimiento de sus caminos más que cualquier otra cosa. Porque puedo hablar como uno que desde niño, de unos pocos años de edad, se decidió a buscar y encontrar al Salvador, y más que la vida, tesoro o cualquier corona, buscar con todo su corazón la única cosa que es necesaria, a saber, el conocimiento de Dios.

Después de nuestra larga búsqueda, el Señor se nos apareció, y reveló su gloria en nosotros, y nos dio de su espíritu y de su sabiduría para guiarnos, por la cual vimos todo el mundo, el verdadero estado de las cosas, y la verdadera condición de la iglesia. Primero, el Señor nos llevó a ver que Dios nos había dado a todos una luz de sí mismo brillando en nuestros corazones y conciencias, con la cual Cristo, el Salvador del mundo, había iluminado a todos los hombres. Encontramos que esta luz era suficiente para reprendernos y convencernos de cada obra, palabra o pensamiento malo. Por medio de ella llegamos a diferenciar entre el bien y el mal, y entre lo que es de Dios y lo que es del diablo. Esta luz nos dio discernimiento entre la verdad y el error, y entre todos los caminos falsos y los verdaderos. De ese modo llegamos a conocer lo que el hombre era antes de la transgresión, cómo el fue engañado y vencido por el diablo; cómo el fue echado de la presencia del Señor, y el dolor y la aflicción por la cual debió pasar. Por medio de esta luz llegamos a conocer el camino y los medios de la restauración, y el estado del hombre que ha salido de la transgresión y es restaurado. Estas cosas fueron reveladas en nosotros por la luz que Cristo nos había dado, y con la cual nos iluminó.

Encontramos que esta luz era una guía suficiente para llevarnos a Cristo, de quien provino; y nos permitió recibir a Cristo, y a testificar que Él moraba en nosotros. Por medio de él llegamos a entrar en el nuevo Pacto, para llegar a ser herederos de la vida y la salvación. En todas las cosas encontramos la Luz, la cual es Cristo, con la cual fuimos iluminados nosotros y toda la humanidad, la cual era suficiente para dar vida y salvación eterna; y que todos los que tenían esta luz en sí mismos, no necesitaban que ningún hombre les enseñara, sino que el Señor era su maestro, por la luz en sus conciencias, y ellos recibieron el ungimiento santo. De modo que nos alejamos de todas las enseñanzas de los hombres, de sus alabanzas, templos y bautismos, y de nuestras propias palabras, profesiones, y prácticas de la religión, en el tiempo antes que el celo obrara por medio de nosotros, y llegamos a ser ignorantes por la causa de Cristo, para que pudiéramos llegar a ser verdaderamente sabios. Por medio de esta luz de Cristo en nosotros fuimos sacados de todos los caminos falsos, las predicaciones falsas y los ministerios falsos, y nos reunimos frecuentemente y esperamos al Señor en puro silencio. Escuchábamos la voz del Señor, y sentíamos su palabra en nuestros corazones, que quemaba y derribaba todo lo que era contrario a Dios, y obedecíamos la luz de Cristo, y seguíamos los movimientos del espíritu puro del Señor - tomamos la cruz para crucificar todas las glorias terrenales, las coronas y los caminos, y nos negamos a nosotros mismos, nuestras relaciones, y todo lo que estaba entre nosotros y el Señor. Escogimos sufrir con Cristo y por su nombre, en vez de disfrutar de todos los placeres de la tierra, o todas nuestras profesiones y prácticas anteriores, sin el poder y el espíritu de Dios.

Mientras esperamos al Señor en silencio, como lo hicimos a menudo juntos por muchas horas, con nuestros corazones hacia Él, estando en la luz de Cristo alejados de todos los movimientos y deseos carnales, frecuentemente recibimos el derramamiento de su espíritu sobre nosotros, y nuestros corazones estaban muy felices, y nuestras lenguas se soltaron, y nuestras bocas se abrieron, y hablamos en nuevas lenguas, como el Señor nos dio a que pronunciáramos, y su espíritu nos guió, el cual fue derramado sobre sus hijos e hijas. Por medio de esto, cosas indecibles fueron hechas manifiestas, y la gloria del Padre fue revelada. Entonces comenzamos a cantar alabanzas al Señor Dios Todopoderoso, y al Cordero, quien nos ha redimido para Dios, y nos sacó de la esclavitud del mundo, y le puso fin al pecado y a la muerte.

Todo esto por medio y a través de la luz de Cristo dentro de nosotros; y mucho más se puede declarar acerca de esto (lo cual no se creería), de la manifestación del espíritu eterno que nos fue dado. Pero éste es el resumen: la vida y la inmortalidad fueron llevadas a la luz, poder de lo alto y sabiduría fueron manifestados, y el día eterno se apareció a nosotros. El Sol gozoso de justicia se levantó y brilló para nosotros y en nosotros, y recibimos la unción santa, el Consolador eterno. El heredero de la promesa fue llevado a reinar sobre la tierra, y sobre el infierno y la muerte, por medio del cual entramos en una unión eterna, y una comunión, y un pacto con el Señor Dios, cuyas misericordias son seguras y sus promesas nunca fallan. Fuimos llevados de la muerte a la vida, y fuimos cambiados del poder de Satanás a Dios, y nos unimos alejándonos de todos los malos pastores, y nos sacó de las áridas montañas, para llevarlos al redil de paz y descanso eterno; y el Señor ha obrado cosas poderosas y maravillosas por nosotros, por medio de su propio brazo extendido.

Habiendo sido preparados por el Señor, y habiendo recibido el poder de lo alto, fuimos hacia adelante como el Señor nos mandó, dejando todas las relaciones, y todas las cosas del mundo atrás, para que podamos cumplir la obra del Señor, a la cual Él nos ha llamado. No consultamos carne ni sangre, ni cualquier criatura, ni tomamos consejos de los hombres, sino solamente del Señor, quien levantó nuestras cabezas sobre el mundo y todos los temores y las dudas, y estaba con nosotros en poder y dominio sobre todo lo que se nos oponía, lo cual era grande y poderoso. Pronunciamos la palabra del Señor, y no dejamos nada afuera; y hicimos que los sordos oyeran, que los ciegos vieran, y que el corazón que estaba endurecido fuera despertado; y el temor del Señor estaba delante y detrás de nosotros, y se apoderó de nuestros enemigos.

Primero viajamos saliendo de Westmoreland a través de Cumberland, Northumberland y hacia algunas partes de Escocia y Durham, Yorkshire, Lancashire, Cheshire, etc., y en todos esos lugares encontramos mucha oposición, sufrimientos y tratamiento cruel de parte de hombres de todas clases. Cada cárcel puede testificar acerca cuánto tiempo pasaron sin tener a alguno de nosotros encarcelado estos seis años; y escasamente una iglesia o mercado puede hacer menos que testificar acerca de qué golpizas, magulladuras, arrastradas y peligros hemos sostenido. Que el testimonio de Dios en todas las conciencias de los hombres testifique de la crueldad que sufrimos, y también de nuestra paciencia e inocencia después de todo lo que ellos nos habían hecho.

Cuando estaba en Londres, una noche él vio a un grupo de jornaleros que trabajaban en el campo teniendo competencias de lucha libre después del trabajo. Burrough fue hacia ellos. Cuando se había terminado el combate, preguntaron si alguien quisiera entrar en el cuadrilátero para desafiar al ganador. Burrough se metió en medio de esos rufianes, e inmediatamente comenzó a predicar el evangelio. Los sorprendidos hombres escucharon atentamente, siendo muchos de ellos convencidos y uniéndose con los cuáqueros. De manera que este ministro de Cristo predicó tan convincentemente que para 1676 habían 10,000 cuáqueros en Londres.

¡Pero qué adversidades pasó él! Fue frecuentemente injuriado, difamado, bofeteado y golpeado con varas; y conocía lo que era el encarcelamiento, los grandes peligros, y las amenazas a su vida. Pero nada podía hacer que este héroe retrocediera; siempre estaba trabajando, y rara vez tenía tiempo para descansar. En su predicación era muy bien recibido, y elocuente en sus discursos, y tenía la lengua (de acuerdo con lo que un autor eminente relata, que lo conocía desde su juventud) de un orador erudito, para declararse a sí mismo hacia los entendimientos y conciencias de todos los hombres que él conocía. También era un gran escritor, y frecuentemente participaba en discusiones con aquellos que eran de otras persuasiones, no escatimando ningún dolor, donde él pensaba que podía servir al Señor y la iglesia.

Eduardo Burrough le escribió una carta al Protector, en la cual le dijo que la controversia del Señor estaba en su contra, porque no había sido fiel en la obra de Dios; más bien había llevado su reposo y su tranquilidad hacia una sublime montaña de orgullo y vanagloria; habiéndose establecido a sí mismo para ser adorado, y cantando sus propias alabanzas, sin dar gloria ni honor hacia Dios. Más aún, él no había llevado a cabo los votos que le había hecho al Señor en un día de angustia; y ahora él permitió que la grave opresión, la crueldad, y la tiranía actuaran en su nombre, por medio de encarcelamientos y persecuciones injustas del pueblo del Señor. Le dijo que por lo tanto el Señor traería sus juicios sobre él, a menos que se arrepintiera y dejara de perseguir al pueblo de Dios. No importa cuán audazmente Burrough escribiera esta carta para Cromwell, sin embargo yo no creo que él haya mostrado ira con esto. Aún así Cromwell escuchó demasiado los halagos de esos maestros, [congregacionalistas puritanos, bautistas, y presbiterianos] los que ahora estaban en el poder en vez de los episcopales, y lo exaltaban como su ídolo por medio del aplauso. Y él, reverenciándolos como si fuera alguien que puede fortalecer su autoridad con la gente, pasaba por alto las graves persecuciones, que por su instigación siguieron en contra de los cuáqueros.

Burrough era un ministro tan efectivo que se le había dado el sobrenombre de Boanerges, el mismo que Jesús le dio a Juan y a su hermano Jacobo, que significaba Hijos del Trueno.

Lo que sigue son varias de sus carta más destacadas. También en este sitio se encuentran sus Memorias que contienen muchas otras cartas.

UNA DECLARACIÓN PARA TODO EL MUNDO ACERCA DE
Nuestra fe, y lo que creemos.

Esto es escrito para que toda la gente de la tierra pueda saber por medio de quién, y cómo somos salvados, y puedan tener esperanza de vida eterna; y lo que creemos con respecto a Dios, Cristo y el Espíritu, y de las cosas que son eternas, que toda la humanidad necesita conocer y creer.

Con respecto a Dios, Cristo, y el Espíritu, esto creemos.

Primero: Que sólo hay un Dios verdadero, quien es Espíritu, y su presencia llena el cielo y la tierra, y él es eterno y perpetuo, el creador y preservador de todas las cosas, y el cielo, la tierra y todas las cosas que en ellos hay, por él fueron formados y creados, y todas las cosas permanecen hasta este día por su Poder; y lo que él desee en el cielo y la tierra, él lo puede realizar por su palabra y poder. Nosotros creemos que este Dios es, y debe ser temido, amado, obedecido y adorado por todas las criaturas, y ninguna otra cosa aparte de él en el cielo o la tierra. Y creemos que su adoración, y obediencia, y temor y amor, deben ser dados en el espíritu, incluso hacia aquello a lo cual su propio espíritu inspira y guía su pueblo. Creemos que su verdadera adoración, exigida y aceptada por él, no es por medio de las tradiciones de los hombres, en observanzas externas, o días o lugares establecidos, sino que él es adorado sólo en espíritu y en verdad, sin consideración del tiempo, lugar, o cosas, y que nadie lo puede adorar en justicia sino sus hijos que han nacido del espíritu, y son dirigidos y guiados de ese modo. Creemos que este Dios ha dado a su Hijo Cristo Jesús al mundo, un don gratuito para todo el mundo, y que cada hombre que viene a este mundo ha sido iluminado por él, para que todos los hombres puedan creer, y ser salvos. Creemos que él ha sido dado al mundo, y ninguna nación, país, o pueblo ha sido dejado fuera, sino que él ha sido dado de Dios a toda la humanidad, y él los ha iluminado, y cada hombre a través del mundo, que cree y recibe a Cristo, quien es la sabiduría y el poder del Padre, será salvo con salvación eterna; y que todos los que no creen en él, serán condenados, y poseerán miseria eterna.

Creemos que la salvación, justificación y santificación sólo se encuentran en él, y son obradas por él y nadie más, porque no hay otro nombre bajo el Cielo sino sólo el de él, por medio del cual se encuentra la salvación. Creemos que todos los que lo reciben, y creen en él, son reconciliados con Dios, y son vivificados con Dios, para vivir con él en todas las cosas, y reciben el perdón de los pecados, y son liberados de toda injusticia, y del cuerpo de pecado y muerte, y tienen el testigo del Espíritu en ellos; y ellos han recibido el Espíritu del Padre, y éste testifica en ellos del Padre y del Hijo, y de las cosas que pertenecen a su paz; y que es las arras de la herencia, y el sello de la promesa de vida eterna; y por él son reveladas las cosas profundas de Dios a la humanidad; y por medio de él el Padre y el Hijo moran en los santos; y por él ellos tienen comunión los unos con los otros; y el Padre, el Hijo, y el Espíritu son uno. Esto creemos fielmente.

Nuevamente, con respecto a Cristo: Creemos que él es uno con el Padre, y que estaba con él antes de la fundación del mundo; y que lo que el Padre obra, es por medio del Hijo, porque él es el brazo de la salvación de Dios, y el poder mismo y la sabiduría del creador, y que era, es y ha de venir, que no tiene comienzo ni fin. Creemos que todos los profetas han dado testimonio de él, y que él fue manifestado en Judea y en Jerusalén, y que hizo la obra del Padre, y fue perseguido por los judíos, y fue crucificado por sus enemigos, y que fue sepultado, y que resucitó, de acuerdo con las escrituras. Creemos que ahora él ha subido a lo alto, y es exaltado a la diestra del Padre por la eternidad; y que él es glorificado con la misma gloria que él tenía antes de la fundación del mundo; y que el mismo que descendió del Cielo, ha subido hacia el cielo; que el mismo que descendió, es el que ascendió.

Creemos que aquel que estaba muerto, ahora vive, y vive para siempre; y que él viene, y vendrá otra vez para juzgar a todo el mundo con justicia, y a toda la gente con equidad, y que dará a cada hombre de acuerdo con sus obras en el día del juicio, cuando todos se levantarán para condenación o justificación, aquel que ha hecho bien recibirá la vida, y el que ha hecho mal, para condenación eterna. Creemos que debemos esperarlo en espíritu, para ser conocidos por el Espíritu, como él lo fue antes de la fundación del mundo; y que ese el conocimiento para vida eterna, que todos los que creen en él reciben. Él somete a la muerte y destruye a aquel que tiene el poder de ella, y restaura de muerte a vida, y despierta por medio de su Espíritu a todos los que su Padre le ha dado; y creemos que a los tales él justifica y santifica, y que son enseñados de él; pero que condena a todos los que no creen, sino que continúan en la incredulidad, y no son enseñados por él. Esto creemos fielmente.

Creemos que para toda la gente sobre la faz de la tierra, es dado un tiempo y un día de visitación, para que ellos puedan volver y ser salvados por Cristo Jesús, quien es dado por el Padre para llamar a los peores hombres al arrepentimiento, y los pecadores más impíos son convencidos por él de sus obras impías, para que puedan creer, y ser convertidos, y ser salvos. Creemos en el amor de Dios manifestado a toda la humanidad, y que nadie es rechazado por él antes de nacer en el mundo; pero que a todos los hombres es dada una visitación, y a aquellos que perecen, es porque no creen en Cristo. Y la destrucción es del yo del hombre, pero la salvación es de Dios, por medio de creer en su Hijo, que quita el pecado, y renueva a los hombres a su propia imagen, para que ellos puedan llegar a ser herederos con él. Creemos que hay una corona de gloria eterna, y una herencia de vida eterna para ser disfrutada para siempre por todos los que creen y son escogidos por Dios. Y que hay miseria y destrucción eterna que han de poseer todos los que no creen, sino que continúan en el estado de reprobación, y no son cambiados de sus caminos de pecado y muerte, sino que caminan tras los caminos de los deseos de sus propios corazones, cumpliendo el deseo de la carne, en la impiedad de este mundo, y no siguen a Cristo, la Luz del mundo, para que puedan ser salvos. Y creemos que sobre los tales habita toda la ira de Dios, y que ellos no tienen parte en la herencia de Dios. Creemos que sólo aquel que ha nacido otra vez en el Espíritu, y que camina tras el Espíritu, es cambiado de muerte a vida, y es redimido del mundo y todos caminos. Sólo los tales deben heredar el Reino de Dios, y sólo ellos tienen el derecho a éste, y nadie más, excepto aquellos que son lavados y limpiados de toda injusticia por la sangre de Jesús, por la cual sus pecados son remitidos. Porque su sangre limpia de toda injusticia y pecado, en aquellos que caminan en la luz con la que Cristo Jesús ha iluminado a todo el mundo.

Creemos que los santos sobre la tierra pueden recibir el perdón de los pecados, y pueden ser perfectamente liberados del cuerpo del pecado y la muerte, y en Cristo pueden ser perfectos, y sin pecado, y pueden tener victoria sobre todas las tentaciones por fe en Cristo Jesús. Creemos que todos los santos que son llamados por Dios, deben esforzarse para ser perfectos, y para vencer al diablo y todas sus tentaciones sobre la tierra; y creemos que aquellos que esperan por esto lo obtendrán, y serán presentados sin pecados en la imagen del Padre, y que éstos no caminan conforme a la carne, sino conforme al espíritu, y están en un pacto con Dios, y sus pecados son borrados y ya no son recordados, porque ellos cesan de cometer pecado, habiendo nacido de la semilla de Dios. Y creemos que el Evangelio de Cristo es el Poder de Dios para salvación, y que debe ser predicado gratuitamente a toda las gente, y que Cristo debe ser mostrado a toda la humanidad por el ministerio que él ha enviado. Creemos que este ministerio es recibido como un don del Espíritu Santo y que todos los que lo reciben, son llamados legítimamente al ministerio, y que ellos pueden predicar el evangelio de Cristo gratuitamente, así como lo recibieron gratuitamente; y que este ministerio no es del hombre, sino de Dios, y es poderoso para la conversión de los pecadores, y para traer gente a Dios, y para el conocimiento de sus caminos. No creemos que ningún hombre pueda ser ministro de Cristo sin tener el don del Espíritu Santo, o que el evangelio se pueda recibir por enseñanza o educación natural. Creemos que cualquiera que predique por salario, no es legítimamente son llamado al ministerio del evangelio de Cristo; pero que aquellos que son hombres orgullosos, infatuados, y codiciosos, no le son de provecho a la gente en lo absoluto. Aquellos que predican por dinero pueden correr hacia adelante, y nunca haber sido enviados por Cristo, que hace el llamado por medio de su espíritu a la obra del ministerio; y así como cada uno ha recibido el don de su Espíritu, así lo puede administrar a otros.

Con respecto a los gobernantes y gobernadores: Creemos que debe haber gobernantes y gobernadores en cada nación, ciudad, condado o aldea, y que ellos deben ser hombres que temen a Dios, y que evitan toda cosa impía. Ellos deben juzgar para Dios, y no para el hombre, y juzgar rectamente, y equitativamente, y justamente, y dar un juicio verdadero y sensato a todos los hombres, sin soborno, sin hacer acepción de personas, ni considerando al rico más que al pobre, sino que siendo alabanza para todos los que hacen el bien, y un terror a todos los que hacen cualquier mal, teniendo conocimiento de la Ley pura de Dios, y ejercitándola en sí mismos continuamente. Creemos que toda ley del hombre debe estar establecida sobre la Ley de Dios, siendo la razón pura y la equidad la fundación de ella, para que el testimonio de Dios en cada persona pueda responder a ella; y que la ley debe ser conocida por todos los hombres antes que cualquier hombre sea acusado o castigado por alguna transgresión. Creemos que toda transgresión debe ser castigada de acuerdo a su naturaleza, y que el castigo no debe exceder la grandeza de la transgresión; ni tampoco debe ningún transgresor escapar sin ser castigado; ni tampoco debe ninguna persona estar bajo sospechas falsas o celos sin el testimonio de hombres veraces, o la confesión de un grupo de personas. Creemos que los ejecutores de la ley deben ser hombres justos, no dados a la borrachera, o a cualquier otro mal, y deben ser elegidos cada año, o de alguna otra manera, por el consentimiento común de toda la gente, y que ningún hombre sea impedido de elegir libremente. Creemos que todos los gobernantes y gobernadores deben rendir cuentas a la gente, y a los gobernantes que vengan después, de todas sus acciones, sobre las cuales se puede pedir información en cualquier ocasión; y que los gobernadores más altos deben estar sujetos a la ley, y ser castigados si la transgreden, así como los más pobres. Y así se producirá en la tierra verdadero juicio y justicia, y que todos los que hacen bien deben tener alabanza, y vivir en reposo y paz y todos los hacedores del mal estarán maravillados, y temerosos de Dios, y de los hombres justos, y la ejecución de las buenas leyes.

Con respecto a la religión: Creemos que es sólo el Espíritu del Señor que hace que los hombres sean verdaderamente religiosos, y que ningún hombre debe ser obligado a serlo, o tener cualquier ejercicio o práctica de la religión, por cualquier ley externa, o poder, sino que cada hombre debe ser dejado en libertad, ya que el Señor lo convencerá en su propia mente para hacer, o dejar aquello sin hacer, o de la otra práctica de la religión; y cada hombre de cualquier profesión religiosa debe ser protegido en paz, siempre y cuando él sea un hombre de paz, y que no busque el mal de ninguna persona o bienes.

Creemos que el reprender las opiniones falsas, y las doctrinas y principios sin fundamento, buscando convencer a aquellos que se oponen a sí mismos, por exhortación, o por fuerte reproche, por palabra o por escrito, no debe ser contado como una brecha de la paz; o que el procurar las cosas del Reino de Dios, por hombres de mentes o juicios contrarios, no debe ser considerado como crimen por los jueces y sus leyes; porque creemos que ley y los poderes externos de la tierra son sólo para preservar las personas y los bienes de los hombres, y no para preservar a los hombres en sus opiniones; ni tampoco debe la ley de la nación ser puesta sobre las conciencias de los hombres, para atarlos, o como juicio o práctica tal de la religión. Creemos que Cristo es, y sólo él debe ser Señor y que sólo él debe cambiar las conciencias de los hombres, y su Espíritu debe ser el único que los lleve a toda verdad.

Creemos que la obediencia y la sujeción en el Señor corresponde a los superiores y que los súbditos deben obedecerlos en el Señor que gobierna sobre ellos; y que los hijos deben obedecer a sus padres, y las esposas a sus maridos, y los siervos a sus amos en todas las cosas, lo cual está de acuerdo con Dios, que está en el ejercicio de la conciencia pura hacia Dios. Pero cuando los gobernantes, padres, o amos, o cualquier otro, manda o requiere sujeción en cualquier cosa que sea contraria a Dios, y no de acuerdo con él, en tales causas todas las personas son libres, y deben obedecer a Dios en vez del hombre; y creemos que así Dios los justificará, siendo guiados y dirigidos por su espíritu en todo lo que es bueno, y fuera de todo lo que es malo.

Nuevamente: Creemos con respecto a la elección y la reprobación, que hay un estado de elección, y un estado de reprobación; un estado escogido por Dios; y un estado rechazado por Dios, y que toda la humanidad está en uno de estos estados; todos los que son escogidos, son escogidos en Cristo, y todos los que están fuera de él están en el estado de reprobación, produciendo frutos de muerte y oscuridad, siendo hijos de la ira y la desobediencia, en aislamiento y separación de Dios, en la transgresión, no reconciliados con Dios, gobernando la enemistad en sus corazones, estando en la caída, y no restaurados con Dios otra vez, sino ignorantes de su poder, y de su sabiduría, teniendo sus entendimientos oscurecidos de tal manera que no pueden ver ni percibir las cosas que son eternas; y en esta condición sus mejores obras son pecado, y en cualquier cosa que hagan, no puede ser aceptado por Dios porque están muertos para Dios, y vivos para todo mal, produciendo todo su fruto a partir del suelo que está maldito. Esta es la condición de toda la humanidad sobre la faz de la tierra, en el primer Adán; y este es el estado de reprobación, y todo lo que habita allí es rechazado por Dios, y nunca heredará la vida eterna, sino que se va a la perdición. Sin embargo todos reciben un día de visitación para que puedan volver del estado de reprobación. Pero odiando el conocimiento, y despreciando el amor de Dios, ellos continúan en el estado de reprobación, y la ira de Dios habita sobre ellos. Pero aquellos que son escogidos por Dios son librados de la ira, porque ellos creen en la luz, y llegan a ser hijos de la luz, y son renovados en la mente y en el corazón, y reciben el amor del Padre, y son plantados en Cristo, el segundo Adán, y son escogidos por él para producir fruto para el Padre, y todos sus frutos brotan de ese suelo que es bendito, porque ellos son guiados por el Espíritu del Padre, y los tales están en el estado de elección, quienes son hechos herederos con Cristo de la herencia eterna que nunca se desvanece. Esto creemos fielmente, que la misericordia no es mostrada a los que son reprobados, ni el juicio a los que son escogidos por Dios.

Esto debe ir a todo el mundo para que toda la gente pueda entender lo que creemos, y lo que hemos recibido de Dios; y que aquellos que creen esto serán salvos por el Espíritu del Padre; pero aquellos que no creen, sino que son desobedientes a la verdad, serán condenados porque no creen. Mucho más puede ser escrito, pero en amor, esto es dado por uno que ha creído y ha recibido el conocimiento de estas cosas a partir de Dios;

Un amigo para toda la gente,

Eduardo Burrough.

Londres, 1657

UNA EPÍSTOLA GENERAL A LOS AMIGOS EN LONDRES

Mis estimados amigos y hermanos, en la Verdad eterna que es sin error, de la cual ustedes han sido hechos partícipes, que son llamados por Dios a testificar de su nombre, y de su Verdad; con mi amor los saludo, con cariño y estima, y a todo el resto de los que han sido engendrados por Dios, en esa ciudad, por quienes sufre mi alma, [aún por] el crecimiento de ustedes en el hombre interno. El Padre eterno los fortalezca, y los refresque con las corrientes vivas de su presencia; y su amor y poder y gracia se multipliquen entre ustedes, a quienes Él ha abierto una puerta, y para quienes ha hecho una entrada hacia el verdadero reposo, el cual permanece en ustedes, para lo cual el Señor de gloria los está juntando, y los está guiando, y los está llevando como a corderos en sus brazos, hacia el redil del refrigerio eterno.

Mis estimados de corazón, caminen como dignos del amor de Dios, con el cual Él los ha amado, y dejen que sus luces brillen en el mundo, para que ellos puedan ver sus buenas obras, aquellos que los ven a ustedes con ojos impíos. Queridos Amigos, para ustedes que creen, Aquel que es la luz del mundo es precioso. Por lo tanto esperen en la luz, para que el entendimiento de ustedes pueda ser abierto y sus pies preparados para caminar en los caminos del Señor, los cuales son caminos placenteros para todos los hijos de la luz. No se enreden con ningún yugo de servidumbre, que pueda impedir que ustedes corran la carrera que está puesta ante ustedes; sino que permanezcan en la muerte de todo [lo que es] mortal. Y allí ustedes verán y serán testigos de la vida de inmortalidad, y recibirán el alimento diario; aquella vida que el amor del mundo crucifica.

Acaso ustedes no saben que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios; pero ustedes no son llamados a servir al mundo, sino a Dios, que es la luz, y el mundo debe servirlos a ustedes. De modo que hagan caso por temor que sus afectos, y deseos, y corazones, sean apartados del camino puro de la vida hacia lo que es visible, lo cual no durará para siempre; porque esa vida es muerte, y esa gloria es vergüenza. Yo los leo en la luz, y contemplo muchas plantas agradables brotando en el jardín de Dios; y les puedo decir que algunos de ustedes han echado sus coronas a los pies del cordero, y algunos han despreciado la gloria de Babilonia y Egipto. Seguramente el galardón de ustedes será eterno, y el Señor llenará sus copas a la vista de sus enemigos, y la gloria de ustedes estará por encima de la gloria de la tierra, y sus coronas nunca se marchitarán.

Por lo tanto sigan adelante, y no miren hacia atrás, y no tiren la gordura, ni lo mejor de la matanza, sino que llevan a todos sus enemigos a la espada, los cuales han sido aquellos que están en su propia casa [dentro de ustedes], los cuales han prevalecido sobre ustedes. Pero ahora el Señor se está levantando entre ustedes, y ustedes han visto como la tierra ha sido sacudida, y los cielos también, y han visto la oscuridad del sol, y la caída de las estrellas; por lo tanto esperen hasta el fin, para que puedan tener la corona de inmortalidad. El día comienza a amanecer entre ustedes, por lo tanto desechen todas las obras de la noche, y caminen todos en el día; porque ustedes son la luz del mundo, y son una ciudad asentada sobre un monte, la cual no se puede esconder. Que el Señor los prospere, y los guarde, y sea con sus espíritus, y los establezca. Amén.

Eduardo BURROUGH

Dublín, el día 14 del quinto mes, del año 1655

UNA ADVERTENCIA PARA TODA CLASE DE PERSONAS

Ustedes mercaderes, y comerciantes, y traficantes, y todos ustedes que compran y venden, sean sencillos y limpios de corazón; no mientan, no juren, no sean deshonestos para obtener ganancias para sí mismos, porque el Señor maldice eso, como también las ganancias que se reciben así. Que cada hombre hable con verdad a su prójimo; no halaguen a aquellos con los cuales hacen negocios usando palabras fingidas de engaño, mientras que secretamente la falsedad se aloja en sus corazones, para acosar a sus prójimos o hermanos, porque esto es malo ante el Señor. Sino que hablen la verdad en todas las cosas, y que el sí de ustedes sea sí, y el no sea no, en todas las ocasiones cotidianas, porque lo que es más que esto procede del mal. ¿Qué ventaja obtienen del engaño, o de la mentira, o de la multitud de palabras vanas? Serán una maldición para ustedes, y no una bendición ni para ustedes ni para sus hijos. Dejen que la verdad los guíe en todos sus negocios los unos con los otros, y dejen que el temor de Dios esté en sus corazones en todas sus empresas tanto por mar como por tierra. Yo les advierto a todos, no busquen enriquecerse por medios impíos, ni se opriman los unos a los otros en ninguna cosa en la que negocien. Porque no saben cuánto será su tiempo sobre la tierra, ni cuándo vendrá el día de rendir cuentas, en el cual cada palabra y cada obra será llevada a juicio, sí, porque ustedes darán cuenta de toda palabra ociosa, y todas las palabras que no se hablan en el temor del Señor son palabras ociosas; por lo tanto vivan y actúen en el temor de Dios, para que puedan ser bendecidos en todo lo que hacen.

Y todos aquellos a quienes el Señor ha bendecido con riquezas y abundancia, asegúrense que no abusen de la bendición con la que Dios los ha bendecido, sino que sean usadas en todas las cosas para la gloria del Señor, y que no sean malgastadas en exceso en los deseos de sus mentes. Porque la creación es del Señor, y todas las cosas son dadas por Él, y son quitadas de acuerdo con su voluntad, y él hace rico o hace pobre a quien que Él quiere. Por lo tanto que cada hombre esté contento con lo que tiene, y no codicie lo que es de otro, ni se defrauden los unos a los otros para enriquecerse, porque esto es maldecido por el Señor.

Y todos ustedes artesanos, y obreros, teman al Señor continuamente, y no usen engaño, ni destrezas, ni políticas deshonestas en lo que hagan. No busquen cegar a los hombres por medio de apariencias externas, ni estafar a los simples por medio de trabajo negligente; sino que dejen que la Verdad los guíe, y ella les enseñará a hacer con otros lo que ustedes quisieran que ellos hicieran con ustedes, y esto es aceptable ante la vista de Dios. Hagan que sus mercancías sean justas y correctas, y hagan que su trabajo sea con un corazón limpio, y hagan todas las cosas como si estuvieran ante la vista del Señor, entonces no podrán hacer mal, si el temor de Dios está ante sus ojos. El mal en todas las cosas será negado, y la corrupción en la que se entra en todos los llamados y comercios, será juzgado. Y sean ejemplos los unos a los otros de verdad y justicia; y no defrauden, ni se engañen los unos a los otros, ni usen muchas palabras, ni gestos vanos, sino que el Señor sea el maestro de ustedes, quien les enseñará la verdad, para practicarla, y para hablarla en todas las cosas.

Y todos ustedes muchachos jóvenes y aprendices, aprendan el temor del Señor, y tengan cuidado con las tentaciones, por temor de que vayan a ser destruidos por ellas, tanto su alma como su cuerpo. Aprendan a no disimular, ni a defraudar, ni tomen instrucciones en cuanto a cómo engañar o estafar, sino que busquen primero el reino de Dios y su justicia, y después todas las cosas externas les serán añadidas. No se den a sí mismos a ningún mal. Tengan cuidado con el vino y las mujeres, los cuales se roban los corazones de muchos. No se den a la vanidad, ni cumplan los deseos de sus propias mentes en ninguna cosa. No codicien las riquezas, ni estudien cómo ser orgullosos ni vanagloriosos. No se entreguen a las destrezas ni las políticas humanas, ni engañen a nadie; sino que teman a Dios y guarden sus mandamientos, y sean sumisos a sus maestros, y obedézcanles en todas las cosas que son buenas, y sean obedientes con ellos en lo que es justo y recto, pero niéguenlos en cualquier cosa que sea mala. No aprendan engaño ni astucias de ellos, ni vicios, ni borracheras, ni fraudes, ni ninguna otra cosa que sea mala, sino que reprendan esas cosas y no las sigan en lo más mínimo. Si ustedes practican la verdad, y hablan la verdad en todas las cosas, y se mantienen alejados de cualquier cosa que sea impía, entonces el Señor los bendecirá externamente, e internamente, y el conocimiento de Dios será la corona de ustedes en la edad avanzada. Dejen de participar en todos los juegos [apuestas] y deportes vanos, y de todos los comportamientos irrestringidos y placeres vanos, y de todas las obras de la carne; porque aquellos que siguen tales cosas no prosperarán en este mundo, ni serán bendecidos en el mundo por venir. Por lo tanto hagan caso de esto todos ustedes que son jóvenes en el mundo; no sean vencidos por el mal, ni sigan las ardides pecaminosas, sino que estén siempre sobrecogidos, y no ofendan a Dios, quien les da la vida, y la salud, y todas las cosas buenas.

Y todos ustedes amos y jefes de familia, esta es una advertencia para ustedes. Sean ejemplos de todo lo bueno en sus familias para sus hijos y sus siervos. Gobiernen en autoridad en el temor de Dios, pero no en tiranía ni con una mente severa; enseñen e instruyan en temor, y no en crueldad. No den un mal ejemplo en orgullo, vanagloria, borrachera, hipocresía, ni ninguna otra cosa mala, sino que infundan el temor a todos los que hacen el mal, y animen todo lo bueno. No limiten la conciencia de ninguno que esté bajo su poder, sino que sólo contengan el mal, y no reprendan la justicia. Busquen ser enseñados por Dios, y entonces ustedes podrán instruir a todos los que estén debajo de ustedes de esta manera; sean comprensivos con sus hijos y sus siervos, y dejen pasar las ofensas en vez de castigarlas con crueldad. Y no acosen a sus siervos, para que sirvan sólo sus fines, buscando sólo el bien de ustedes, y no el de ellos; porque tales cosas son impías ante la vista de Dios, y han de ser condenadas. No dejen que hayan excesos ni necesidades en sus familias, sino aquello que es honesto y correcto. Amen esto en todas las cosas, y síganlo. No dejen que su ira y pasión sea excesiva cuando les ofendan, y no corrijan con crueldad, sino en un buen entendimiento. Caminen en la Verdad, y cumplan la voluntad de Dios, y no la de ustedes; y esto será de gran precio y aceptable ante la vista del Señor.

Y todos ustedes taberneros y mesoneros, teman al Señor Dios, y no opriman a sus huéspedes, ni alimenten la lujuria de ninguno de ellos hasta emborracharlos, porque esto es maldecido por Dios tanto en ustedes como en ellos, y algo de lo cual Él se vengará. Oh, grande es esa abominación entre ustedes. Muchas de las buenas criaturas son desgastadas y abusadas vanamente en sus moradas. [Ustedes piensan] que sus ventajas [ganancia de dinero] están en el abuso de las criaturas por el exceso, y el Señor es afligido con ustedes por causa de esto.

Y toda clase de personas, ricas y pobres, altas y bajas, amos y siervos, padres e hijos, compradores y vendedors, comerciantes y obreros, escuchen el consejo de Dios, y busquen conocer su voluntad para ustedes en todas las cosas, para que puedan practicarla, al seguir todo lo que es bueno, y negando todo lo que es malo, para que sus almas puedan vivir. No dejen que el diablo los guíe, ni que sus tentaciones los venzan en ninguna cosa, sino que resístanlo en cualquier cosa que él los lleve a hacer, que esté en contra de Dios y sea contrario a Él.

Arrepiéntanse de todo mal que ustedes hayan hecho, y dejen que el Señor los guíe, para que no perezcan completamente, ni sus ciudades sean destruídas por causa de ustedes. El amor del Señor es hacia ustedes, y Él espera darles su gracia, y desea que ustedes vuelvan, en vez de que sean destruidos, y quiere sanarlos si es que ustedes lo esperan, y quiere bendecir sus ciudades, y hacerlos felices en ellas, si ustedes hacen su voluntad, y niegan la de ustedes.

Yo soy amigo de las almas de ustedes, y un publicador de la paz, y de buenas noticias a todos los que tienen sed del Señor; y Él me ha dado poder para advertirles de todas sus iniquidades y abominaciones, para negarlas; y para advertirles que sigan lo que es bueno. Oh, que ustedes supieran en este su día las cosas que pertenecen a la paz de ustedes, las cuales ahora ustedes pueden conocer, antes de que estén totalmente escondidas de sus ojos, y no haya lugar para el arrepentimiento, ni tiempo para regresar. Este día vendrá sobre muchos, y ellos no podrán escapar, quienes ahora endurecen su corazón en contra el camino de su propia paz, e incluso desdeñan la reprensión por causa de sus transgresiones. Mi alma se compadece de los tales, quienes van por el camino de la destrucción, y corren rápidamente hacia la perdición. Muchas veces he estado triste a causa de ellos, cuando he medido la condición de toda la gente. Sobre mi cama he considerado las abominaciones que estaban en ustedes, y cuál sería el fin de ellas y no he deseado ninguna cosa más que poder fielmente advertirles, y liberarme a mí mismo y al Señor de la sangre de todos los hombres. Pensamientos profundos han estado sobre mí, con respecto a cuál es el consejo del Señor para todos ustedes, para que yo pueda manifestar la Verdad, y descubrir las abominaciones, y no he dejado de clamar arrepentimiento a los pecadores, para que los pecadores puedan ser convertidos, y puedan volverse hacia el Señor. Y hasta ahora estoy libre de la sangre de todos los hombres, y el Señor está libre, y si los impíos perecen, es por causa de su incredulidad y su oposición al Señor. Éste es el testimonio que yo les doy a ustedes, y a todo el pueblo de ustedes.

¡Oh Londres, escucha y considera! Este es el día de tu visitación, y no hay otro camino hacia la vida, ni para escapar de la muerte y la destrucción, que el que el Señor les ha mostrado. Bendito es aquel que puede recibirlo, y aquellos que lo niegan perecen completamente sin misericordia. Yo soy un extraño entre ustedes, y aún así soy bien conocido para el Señor, y el testimonio de Dios con respecto a ustedes permanecerá para siempre, porque es verdadero, y no será confundido, aunque los impíos lo rechacen para su propia destrucción.

Eduardo BURROUGH

Londres, el día 15 del sexto mes, del año 1657

A todos los que son llamados y elegidos para ser fieles en Cristo Jesús, y a los que son hallados dignos de sufrir.
(Esta carta fue enviada para apoyar a los cuáqueros después que Naylor había caído públicamente).

Que la comunión de ustedes sea en la vida y el poder de Dios, y no se conozcan los unos a los otros sólo en palabras, y en apariencia externa, sino que testifiquen los unos de los otros en el espíritu y en la Verdad, y tengan comunión en eso, en partir el pan de vida, en que el día de Cristo Jesús ha sido oído por ustedes, y en sus miembros para servirle, y para servirse los unos a los otros, así recibiendo todos sabiduría de la cabeza, y virtud de la vid, Cristo Jesús, para que ustedes puedan abundar en amor, misericordia y paz, y todos en los frutos de justicia para el Padre. Moren en el temor y el consejo de Dios, y sean sumisos a su voluntad, no despreciando la cruz, la cual es el poder de Dios, que da muerte al nacimiento de la carne, el cual no hereda la promesa; sino que caminen en la cruz diariamente, para que sus entendimientos sean abiertos, para probar y discernir todos los espíritus, si es que son de Dios.

No crean a todos los espíritus, porque espíritus mentirosos se pueden levantar entre ustedes, y salir de la luz, de los que no están en la Verdad, sino en la pretensión y la hipocresía, con visiones falsas, e imaginaciones mentirosas, adulterando la palabra de Dios, y corrompiendo y pervirtiendo el camino puro de Dios; teniendo la apariencia, pero no el poder, habiendo dejado el poder y habiéndose alejado de la luz. Los tales pronuncian las palabras de la Verdad sin la vida, y son como la paja para el trigo, y deben ser negados y resistidos, y nadie se debe unir a ellos, por temor a que la inocencia y la simplicidad sea traicionada, y la fe de ustedes sea anulada, y así sea destruida de la vida de Dios, y la muerte los sorprenda, y la oscuridad entre en sus moradas, y así la incredulidad, y las dudas y murmuraciones, y los deseos por el mal surjan en ustedes, y que ustedes sean pervertidos para alejarse de la adoración del Dios verdadero, y aflijan así su espíritu justo al inclinarse a los ídolos, y al seguir a los otros amantes. Y así el verdadero Dios, que los ha sacado de Egipto, y que manifestó en ustedes su poder, sea olvidado, y la fe de su Hijo sea hecha como un naufragio, y el fin de ustedes sea peor que el comienzo, y el nombre del Señor sea deshonrado en ustedes; y entonces ay de ustedes, su ira repentina se vendrá en contra de ustedes. "Por lo tanto oigan y teman, y escuchen la palabra del Señor. Él ha hecho que su luz brille, y que su voz sea oída; Él ha proclamado su nombre entre ustedes, y ha causado que su maravillosa luz se acerque cuando ustedes se sientan en la oscuridad, en la tierra de las sombras de muerte. Cuando ustedes estaban perdidos, Él los buscó, y cuando ustedes estaban alejados y esparcidos, Él los encontró, y los trajo a casa. Cuando ustedes estaban en sus propias sangres y ningún ojo tenía compasión de ustedes, Él tuvo misericordia de ustedes, y los vendó, y los sanó. Cuando ustedes estaban muertos, Él les dijo: vivan; y así fue. Cuando ustedes fueron llevados cautivos por el diablo bajo el poder de la muerte, Él rompió sus cadenas y los liberó; y cuando no había nadie que los ayudara y los salvara, su propio brazo trajo liberación y salvación, y Él puso ante ustedes el camino de la vida y la paz." Y ahora su brazo a logrado hacer todo esto, para que ustedes sean alabanza a Él para siempre. Si ustedes caminan en el camino que Él ha puesto ante ustedes, y guardan su pacto que Él ha hecho con ustedes, y cumplen su voluntad, y caminan en rectitud, en amor y unidad, en mansedumbre, humildad, modestia, y en sobriedad, y vigilancia, y en temor de su nombre; entonces su presencia nunca los abandonará, ni su brazo estirado cesará de defenderlos y guardarlos. Él ira delante de ustedes, y será su galardón; y será su Dios, y ustedes serán su pueblo; y ustedes morarán en Él; y Él será su escondedero, y Él será un padre para ustedes, y ustedes serán sus hijos, y su bendición y su paz permanecerá en sus moradas para siempre. No crean en el espíritu, ni lo sigan, que ministra a otros lo que no ha aprendido del Padre, sino que tiene las palabras sin el poder, y no vive en el poder de aquello que dice en palabras, ni está en aquello que declara, sino que hace una demostración externa, en hipocresía y pretensión, y no alcanza a la vida de Dios, sino que la tapa con un velo y la cubre; ese espíritu no es del Padre, sino que debe ser negado y no debe ser recibido.

No crean ese espíritu, ni tampoco lo sigan, que está en libertad en la carne, y que hace cesar la ofensa de la cruz, la cual es exaltada por el temor del Señor, en la libertad de lo terrenal, que crucifica la vida, y oscurece el ojo. Ese espíritu se jactará del gozo y la paz, y de la experiencia y el conocimiento, y hablará palabras altaneras en la mente despreocupada, y los llevará a gloriarse por encima de la cruz, hasta que ustedes estén más allá de sentir la vida; y el espíritu produce amor por el mundo, el cual pasa y se acaba.

Tengan cuidado con ese espíritu, porque no viene del Padre, sino que ha de ser condenado.

No crean en ese espíritu, ni lo sigan, que se apresura y es precipitado; porque se sale del consejo de Dios y traiciona al justo, y se esfuerza por ser el más grande, y por estar encima del débil, y lo desprecia a Él, y quiere ser el amo y no el siervo, y quiere gobernar, y no ser gobernado en el gobierno humilde y manso de Cristo. Ese espíritu juzgará de manera imprudente y desagradable, y condenará a otro en secreto de lo que él mismo es culpable. Tengan cuidado con ese espíritu, porque no es de Dios, sino que debe ser juzgado con la vida de Dios.

No crean en ese espíritu que lleva hacia el mundo, hacia su deseos y libertad, y las modas que perecen. Ese espíritu olvida a Dios y hace retroceder, lo cual no agrada a su alma, sino que la enfada, con lo cual la cruz no tiene efecto, y se camina en las libertades falsas, las cuales eliminan la vida. Ese espíritu es del diablo, y debe ser condenado.

Y ahora, amigos de Dios en todas partes, que lo conocen a Él, y que son conocidos por Él, quien ha recogido a su pueblo de esta generación desfavorable, sean diligentes en sus llamados, y mantengan fielmente sus reuniones, esperando al Señor, para que todos ustedes puedan recibir su plenitud, y puedan ser alimentados por él mismo; como árboles de justicia, plantados por su propia mano derecha, para esparcir su nombre y su gloria, como un pueblo salvado para Él. Y sepan y entiendan esto, ese espíritu no es del Padre, aquel que no confiesa que el Hijo ha venido en la carne, quien destruye las obras del diablo, y quita el pecado. Crean y sigan al espíritu que condena el pecado, y lo destruye, y lo quita, y así les da paz con Dios en sus conciencias, y los guía hacia la verdad, y los guarda de todo mal. Ustedes que son testigos de esto, el Hijo que ustedes conocen, y el Padre que conocen, para que more con ustedes, y en ustedes; y él es el primero y el último. Crean en Él, y síganlo, y no busquen nada más; y que este Padre de vida y gloria, el dominio de quien no tiene comienzo ni fin, los establezca, y los guarde; amén y amén.

Eduardo BURROUGH

Londres, el día segundo del mes tercero, del año 1657

La muerte de Eduardo Burrough: (nuevamente de Sewel)

Por muchos años Eduardo Burrough había pasado tiempo en Londres, y había predicado allí el evangelio con declaraciones penetrantes y poderosas. Y esa ciudad estaba tan cerca de él que a veces, cuando las persecuciones se hicieron más fuertes, él le dijo a Francis Howgill, su amigo del alma: 'puedo ir libremente a la ciudad de Londres, y poner mi vida por testimonio de la Verdad, la cual he declarado a través del poder y el Espíritu de Dios.' Estando en este año en Bristol, y por los alrededores, y habiendo sido inspirado a regresar a Londres, le dijo a muchos de sus amigos, cuando se alejó de ellos, que él no sabía si vería sus rostros otra vez; y por lo tanto les exhortó a ser fieles y firmes, en aquello en lo cual habían encontrado reposo para sus almas. Y a algunos les dijo: 'Ahora me voy a la ciudad de Londres otra vez, para dar mi vida por el evangelio, y sufrir entre los Amigos en ese lugar.' No mucho tiempo después de eso, al llegar a Londres, y predicando en el lugar de reunión llamado el Toro y la Boca, fue quitado violentamente por algunos soldados, y llevado ante el concejal Richard Brown, y encerrado en la prisión de Newgate. Varias semanas después, siendo llevado al lugar de sesiones en Old Bailey, fue multado por cantidad de veinte marcos por la corte, y a quedarse encarcelado hasta que pagara. Pero juzgando que esto era altamente irrazonable, no podía dar su brazo a torcer por causa de su conciencia. Fue dejado en la prisión alrededor de ocho meses, con varias docenas de prisioneros junto con él, encarcelados por las mismas razones. Pero estaban tan asinados en ese lugar, que sus naturalezas estaban sofocadas por falta de espacio. [Él murió por causa de la fiebre de la cárcel, probablemente tifus, que se contagiaba fácilmente por causa de los piojos en condiciones frías y antihigiénicas]. Muchos otros cuáqueros en la cárcel también se habían enfermado y habían muerto. Y aunque el rey había enviado una orden especial a los alguaciles de Londres, para que se le diera libertad a él y a otros prisioneros, aún así había una enemistad tan grande de parte de algunos de los magistrados de la ciudad, especialmente de Brown, que ellos hicieron lo que pudieron para prevenir la ejecución de la orden del rey. Y así Eduardo Burrough continuó siendo prisionero, aunque aumentó su enfermedad. Durante el tiempo de su debilidad él continuó en oración ferviente, orando también por sus amigos como por sí mismo; y muchas expresiones consoladoras y gloriosas procedieron de su boca. Una vez se le oyó decir: 'He tenido el testimonio del amor del Señor hacia mí desde mi juventud; y mi corazón, Oh Señor, lo he dado para hacer tu voluntad. He predicado el evangelio libremente en esta ciudad, y a menudo he dado mi vida por causa del evangelio; y ahora, Oh Señor, abre mi corazón, y mira si es que no es recto ante ti.' En otra ocasión dijo: 'No hay iniquidad que esté a mi puerta; sino que la presencia del Señor está conmigo, y siento que su vida está justificada en mí.' Otro día se oyó que él decía lo siguiente durante una oración a Dios: 'tú me has amado desde que estaba en la matriz; y yo te he amado desde mi cuna; y desde mi juventud hasta ahora; y te he servido fielmente en mi generación.' Y a sus amigos que estaban alrededor de él, les dijo: 'Vivan en amor y paz, y ámense los unos a los otros.' En el Diario de Cambridge, también hay una cita de él que dice: 'si él [Jorge Fox] hubiera estado conmigo aunque fuera por una hora, yo estaría bien.' (Fox estaba fuera de Londres durante ese tiempo). Y en otra ocasión él dijo: 'El Señor toma a los justos de los malos que están por venir.' Y orando por sus enemigos y perseguidores, dijo: 'Señor, perdona a Richard Brown, si él puede ser perdonado.' Y siendo consciente que su muerte se acercaba, dijo: 'Aunque este cuerpo de barro se convierta en polvo, aún así tengo el testimonio de que he servido a Dios en mi generación; y ese espíritu que ha vivido y actuado, y a gobernado en mí, todavía irrumpirá en miles.' La mañana antes que él se fuera de esta vida (lo cual sucedió hacia los fines de este año), él dijo: ‘Ahora, mi alma y mi espíritu están centrados en su propio ser con Dios; y esta forma de persona debe regresar de donde fue tomada.' Y después de un poco tiempo él entregó su espíritu.

Este fue el final de Eduardo Burrough, quien en sus años prósperos, esto es, alrededor de la edad de veintiocho años estando soltero, cambió esta vida inmortal por una incorruptible, y cuya flor juvenil de verano fue cortada en la temporada de invierno, después que él había predicado el evangelio celosamente por alrededor de diez años. Cuando tenía alrededor de diecinueve años de edad, él llegó a Londres por primera vez con un testimonio público, y continuó por casi ocho años predicando la palabra de Dios en esa ciudad, con gran éxito; de modo que muchos llegaron a convencerse, y se añadieron muchos a la iglesia en ese lugar. En su juventud él sobrepasó en conocimiento a otros de su misma edad. No tenía mucha habilidad con los lenguajes, sin embargo tenía la lengua de una persona educada; y en era muy elocuente en su ministerio público, y elegante en sus discursos, aún de acuerdo con el juicio de hombres cultos. Sus enemigos ahora comenzaron a regocijarse, porque ellos parecían imaginarse que el progreso de esta doctrina, la cual él había predicado tan poderosa y exitosamente, sería detenido o retrasado por su muerte; pero ellos estaban equivocados.

Tomas Ellwood, editor del Diario de Jorge Fox,
y un gran poeta cuáquero, recuerda a Eduardo Burrough

Burrough fue la persona que convenció a Ellwood por primera vez de la Verdad, mientras predicaba en la casa de Isaac Penington. Con respecto a la muerte de Burrough, Ellwood dice: "el resultante gran afecto por él afectó mi mente de tal manera, que pasó un buen tiempo antes que mi pasión pudiera prevalecer para expresarse a sí misma en palabras, tan ciertas eran aquellas acerca de la tragedia:

 

Los pequeños dolores irrumpen, y fácilmente se descargan,
Los grandes son confinados a través del asombro.

Finalmente, mi inspiración, no pudiendo estar muda por más tiempo, se expresó en el siguiente acróstico, [un poema en el cual la primera letra de cada línea forman un mensaje - el cual es LA LAMENTACIÓN DE ELLWOODS POR SU QUERIDO Eduardo BURROUGH, en inglés: ELLWOODS LAMENTATION FOR HIS ENDEARDED BURROUGH] la cual ella llamó:

UN ELOGIO PATÉTICO ACERCA DE LA MUERTE
DE ESE QUERIDO Y FIEL
SIERVO DE DIOS,
Eduardo BURROUGH,

Quien murió el día 14 del doceavo mes, del año 1662.
Y así ella se introdujo:-

¿Cuánto tiempo estará sofocado el dolor? ¡ah! ¿por cuánto tiempo
silenciará mi lengua el sello del dolor?
¿Por cuánto tiempo me sofocarán los suspiros, y harán
que mis labios tiemblen y mi corazón duela?
¿Por cuánto tiempo ahogaré mi llanto con dolor,
y buscaré oyos para limpiar mis ojos de las lágrimas?
¿Por qué no podré yo, por medio del dolor así oprimido,
derramar mi lamento en el pecho de otro?
Si es que es cierto lo que una vez fue dicho de mí por una persona,
Que "El que llora solo, llora verdaderamente:”
Entonces podré decir realmente, mi dolor es verdadero,
Ya que todavía es conocido por muy pocos.
Ni tampoco es mi meta darlos a conocer
Para aquellos a quienes estos versos pueden ser enseñados;
Sino para apaciguar mi corazón hinchado de dolor,
Cuyo silencio causó que probara profundamente lo inteligente.
Este es mi fin, para que yo pueda prevenir
Que la vasija se reviente por un desahogo oportuno.

¿Quién puede abstenerse, cuando tales cosas habladas se oyen,
la tumba regada con una inundación de lágrimas?

E Hagan eco los bosques, suenen ustedes lugares vacíos,
L Que las lágrimas y la palidez cubran los rostros de los hombres.
L Que los gemidos, como truenos, penetren el aire,
W mientras que declaro la causa de mi dolor.
O h, que mis ojos pudieran, como arroyos del Nilo,
O desbordarse de sus riberas; mientras que tú
D bebiendo de mis lágrimas, oh suelo sediento.
S ea así hallado en ti fruto más pleno.

L amenta, alma mía, lamenta; tu pérdida es grande,
A Y que todos los que aman a Sión se sienten y lloren
M Lleven luto, ustedes vírgenes, y dejen que el dolor sea
E La dote de cada doncella, y (¡ay de mí!)
N Que mi alma y suspiros nunca lleguen a su fin
T Hasta que yo pueda abrazar otra vez a mi amigo ascendido;
A Y hasta que yo sienta la virtud de su vida
T Para consolarme y reprimir mi dolor:
I nfundiendo mi corazón con el aceite de la felicidad
O necesitaré más, y por su fortaleza se quitará la tristeza
N Que ahora presiona mi espíritu, y restaura

F Tuve ese gozo completamente en él anteriormente;
O De quien voluntariamente hubiera balbuceado una palabra,
R Para calmar mi corazón en vez de mostrar su dignidad:

H Su dignidad, mi dolor, para lo cual las palabras son muy huecas
I Para demostrar completamente en declaración,
S Suspira, solloza, y ahora son mis mejores intérpretes.

E Cuando se ha ido la envidia, Momo negro deja el lugar;
N Nunca más, Zoilo, muestres tu rostro arrugado.
DAcérquense, ustedes corazones ensangrentados, cuyos dolores son E Igual al mío; en él ustedes compartieron de la misma manera.
A Cuenten todas sus pérdidas, y verán
R El remanente será nada, pero el ay es para mí.
E Queridos corderos, ustedes que tienen las piedras blancas,
D Conocen bien su nombre - porque es el de ustedes.

E Que ese nombre recto sea eterno;
D La muerte ha eliminado su cuerpo, pero no su fama,
W El cual en su brillo morará para siempre,
A Y como un frasco de ungüento tienen dulce olor.
R La rectitud era su túnica; brillante majestad
D Adornado su frente; su aspecto era celestial.

B Osado era él en la lucha de su Maestro, y era
U Inconmovible; fiel al mandamiento de su Señor.
R Compensado con bien el mal; dirigiendo a todos
R En el camino que nos aleja de la caída.
O Abierto y gratuito para todos los corderos sedientos;
U Sin manchas, puro, limpio, santo y sin culpa.
G Gloria, luz, esplendor, brillo, eran su corona,
H Felicidad le trae a él su cambio; la pérdida es para nosotros.

La virtud por sí misma, evidencia de la cual debemos tener,
Hace felices a los hombres, aunque sea más allá de la tumba.


Mientras que yo había estado exhalando mi dolor,
esperando recibir algún tipo de alivio,
pensé que había oído su voz decir: "Deja de llorar:
yo vivo; y aunque el velo de carne que un día fue usado
sea ahora quitado, disuelto, y echado a un lado,
Mi espíritu está contigo, y así permanecerá.”
Esto me complació; y tiré mis plumas de ave,
Deseando resignarse a la voluntad de Dios.

Tomas Ellwood

La muerte de Burrough fue un golpe tan grande para los Amigos que Jorge Fox escribió en su Diario:

No me quedé mucho tiempo en Londres, sino que me fui a Essex y seguí hacia Norfolk, teniendo grandes reuniones. Cuando fui a la casa del capitán Lawrence en Norwich, había allí una gran amenaza de disturbios; pero la reunión estuvo calmada. Pasando de allí a Sutton y más allá hacia Cambridgeshire, oí que Eduardo Burrough había muerto. Y estando consciente del gran dolor y angustia que su partida causaría en los Amigos, les escribí las siguientes líneas para calmar y asentar sus mentes.

Amigos,

Estén en silencio y quietos en su propia condición, y asentados en la semilla de Dios, que no cambia; para que así puedan sentir al querido Eduardo Burrough entre ustedes en la semilla, en la cual y por medio de la cual él los concibió para Dios, con quien él ahora está. Y para que en la semilla todos ustedes lo puedan ver y sentir, en lo cual se encuentra la unidad con él en la vida; de modo que disfrútenlo en la vida que no cambia, que es invisible.

Jorge Fox

Tal vez la obra más leída de Eduardo Burrough es su excepcional Testimonio e Introducción, disponible en este sitio para su lectura, el cual precedió a El gran misterio de la gran ramera descubierto y el Reino del Anticristo revelado de Jorge Fox.

La más completa Memoria de la vida Eduardo Burrough está disponible en este sitio.

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que lleva a la unión con Dios en su Reino.

 


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