La Cruz Perdida de la Pureza



 

El progreso cristiano

de Jorge Whitehead

Introducción

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Jorge Whitehead nació en Sun-rigg en Westmorland, Inglaterra en 1636. Él se convirtió a los principios cuáqueros cuando sólo tenía 14 años de edad, y comenzó a predicar de manera limitada bajo la dirección del Señor a los 16 años de edad. Él era parte de la notable banda de los Sesenta Valientes; sesenta hombres y mujeres quienes, habiendo predicado primero en el Norte, comenzaron a llevar a cabo una misión evangelística para esparcir la verdad por toda Inglaterra. De estas sesenta almas dignas, Jorge Whitehead tenía entre 17 y 18, Jaime Parnell tenía 16, y Eduardo Burrough tenía 18. Estos hombres jóvenes habían sido convencidos y enseñados personalmente por Cristo, y cuando fueron suficientemente maduros, fueron enviados por Cristo a predicar su verdadero evangelio a través del poder de su espíritu. Sus duros testimonios son una prueba del poder del Espíritu Santo para enseñar aún a los jóvenes, lo cual resulta en que sus conocimientos son vastamente superiores a lo que los ministros y predicadores de entonces y de ahora aprenden en sus universidades bíblicas o seminarios. Su juventud, conocimiento, y poderosos ministerios testifican que Dios mora poderosamente en los jóvenes que buscan su rostro, y son recordatorios de las siguientes escrituras:

¡Refúgiense en el Señor y en su fuerza, busquen siempre su presencia! 1 Cro 16:11

Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan.
Prov 8:17.

Como William Penn, el fundador de Pensilvania, dijo en su consejo de despedida a su familia y sus hijos:

En sus días de juventud busquen al Señor, para que lo puedan encontrar; recordando su gran amor al crearlos; que ustedes no son bestias, ni plantas, o piedras, sino que Él los ha guardado, y les ha dado su gracia en el interior, y sustancia en el exterior, y proveyó abundantemente para ustedes. Recuerden esto en su juventud, que ustedes puedan ser guardados del mal del mundo; porque con la edad será más difícil vencer sus tentaciones.

Jorge Whitehead era hábil para las controversias, y está registrado que en una reunión que tuvo en Norfolk... "casi toda la congregación se convenció por el gran poder de Dios, a través de su oración y testimonio animado y penetrante." Él dedicó mucho tiempo y fuerza a las súplicas de la causa de los oprimidos. En 1661 (a la edad de 24 años), acompañado de Eduardo Burrough y otros Amigos, él compareció ante el tribunal de la Cámara de los Comunes con la esperanza de prevenir que pasaran el Acto de Uniformidad. En esto ellos no tuvieron éxito, pero la delegación dejó una impresión profunda en la Cámara. Después, Jorge Whitehead tomó el liderazgo para obtener un Perdón general de Carlos II, por el cual más de 490 personas fueron dejadas libres de la prisión, entre los cuales estaba Juan Bunyan, (un opositor de los cuáqueros). Él también tuvo éxito en obtener alivio de las muchas penurias en el reino de Jaime II y William y María. Aunque había nacido en el reino de Carlos I, Jorge Whitehead vivió para ver a Jorge I coronado como rey, y tomó parte como vocero en la delegación de Amigos que esperaron al Rey y el Príncipe de Gales para presentar un discurso de bienvenida de la Sociedad. En 1723, a los 87 años de edad él murió, y fue enterrado a un lado de Jorge Fox en el terreno de los cuáqueros en Bunhill Fields.

Jorge Whitehead fue uno de los pocos de los Sesenta Valientes que no murieron por la persecución en los acalorados días de los sufrimientos de los primeros cuáqueros. Y cuando usted lea de sus logros a través de su vida, verá que obviamente él era un instrumento importante en las manos del Señor, destinado a servir de una manera tan magnífica. Uno tiene que estar impresionado de cuan grande era el servicio de Jorge Whitehead a la causa, no sólo como un ministro, como un predicador, como un evangelista, en un sin fin de debates, en encarcelamientos, y en severos sufrimientos — sino también con la paciente dedicación a un flujo copioso de cartas, peticiones, y ruegos personales a las cortes, magistrados, alcaldes, jueces, parlamentos, reyes, oficiales de la corte, sacerdotes, obispos, autoridades eclesiásticas, etc. En todos estos esfuerzos, como todos los ministros cuáqueros, él sirvió sin salario ni paga, simplemente ganándose la vida como un almacenero en una tienda en Londres. Haciendo numerosos ruegos largos y personales al rey Carlos II, Jaime II, y Guillermo III, Jorge Whitehead siempre habló sin acusaciones, sarcasmo, ni amargura; sino que habló con amor, ternura, humildad y respeto. Él era un estadista cristiano, que representaba magníficamente al pueblo de Dios; y cuando él obtuvo las muchas concesiones del rey, fue incesante en seguir el caso, sin importar lo angosta que fuera la puerta que se habría, hasta la conclusión de: 1) varias liberaciones masivas de las cárceles, con muchos relevos individuales, 2) libertad para reunirse a adorar, propuesta por los tres reyes, y finalmente aprobada por el Parlamento, 3) libertad de ser forzado a jurar, y 4) relevo de multas por no pagar los diezmos, lo cual resultaba en encarcelación. Su pacientes apelaciones son la evidencia clásica de la verdad en los Proverbios:

Con paciencia se convence al gobernante. ¡La lengua amable quebranta hasta los huesos! Pro 25:15

La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego. Pro 15:1

Sin rehuir nunca el trabajo humilde, después de su gran éxito en obtener las concesiones de varios reyes, él no se durmió en sus laureles — sino que después continuó sin cansancio hasta que todos fueron liberados, o hasta que la legislación necesaria fuera pasada por el Parlamento. Por ejemplo, después que él había persuadido personalmente al rey Carlos a perdonar a más de 490 cuáqueros, algunos de los cuales habían sufrido en la cárcel hasta diez años, él trabajó día y noche por seis meses llevando y distribuyendo los perdones a las cárceles y cortes por toda Inglaterra y Gales, para asegurarse de que ninguno se quedara en la cárcel hasta el siguiente invierno, en el cual tantos de los prisioneros habían muerto previamente.

Cuando la plaga de la peste negra estalló en Londres, mató a más de cien mil personas, incluyendo muchos cuáqueros. La mayoría de la gente se escapó hacia el campo; pero no Jorge Whitehead. Sin temor, y con una magnífica fe, Jorge Whitehead personalmente ministró a los cuáqueros moribundos en cárceles que estaban severamente infectadas, en sus hogares, y sobre barcos, donde ellos se contagiaron de la enfermedad y murieron, mientras esperaban una deportación forzada a tierras extranjeras. Él era incansable en todo, incluyendo muchas tareas de poca importancia, el proverbial y humilde cargador de agua, y maravillosamente exitoso — un eminente siervo del Señor, uno que es notablemente digno de su Maestro, quien debería ser una inspiración para todas las generaciones futuras. De la Voz del Señor: "Y muchos fueron convencidos por este guerrillero extraordinario y poderoso, como un ministro digno y capaz del Señor."

El siguiente documento es el primer párrafo del diario de Jorge Whitehead, titulado El progreso cristiano de Jorge Whitehead.

Esta primera parte, escrita en como una reseña y un prefacio al diario de su vida, es particularmente instructiva con respecto a su caminata espiritual hacia la plenitud de Cristo.

Que este registro de su increíble vida le sirva para alcanzar la misma plenitud de Cristo que Jorge Whitehead obviamente disfrutó.

Hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento
del Hijo de Dios, a un varón perfecto,
(la completa personalidad que es nada menos que la estatura estándar de la misma perfección de Cristo)
hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
Efe 4:13


Una Progreso Cristiano

Los comienzos de su caminata espiritual hacia Sión

Recuerdo al Señor nuestro Dios misericordioso en sus caminos, y su trato misericordioso conmigo en mi juventud; cómo Él me encontró entre sus ovejas perdidas y extraviadas, en las montañas baldías de las profesiones infructuosas; y cómo Él me llevó hacia una experiencia interior de su Poder y su obra santificadora en mi corazón; y para conocer sus enseñanzas y su ministerio espiritual. Así él me permitió gradualmente ministrar a otros por experiencia. Como también él me obligó a vivir como corresponde; y a sufrir pacientemente, con resignación con respecto a la libertad y la vida por causa de Cristo. Cuando yo fui llamado a sufrir, fui apoyado por su Poder y alegremente pasé por muchas pruebas y profundos sufrimientos por causa de su Nombre. Debido a que yo me beneficié desde mi juventud por causa de mis eminentes liberaciones y preservaciones, he estado más preocupado por mis amigos y hermanos, quienes por causa de la conciencia han sufrido profundamente por encarcelamientos y confiscación de bienes; y en las suaves entrañas de Cristo Jesús he simpatizado verdaderamente con los fieles en sus sufrimientos y aflicciones. En Su amor muchas veces he sido movido y llevado a rogar por la causa de los inocentes ante varias autoridades gubernamentales, como también a abogar por ellos con gran diligencia. A menudo he estado en la mano del Señor, y su Presencia y consejo me han fortalecido, en respuesta a mis oraciones y súplicas. Su Poder ha prevalecido gradualmente para aplacar los corazones de muchos en los varios gobiernos hacia nosotros. ¡Gloria al Nombre del Señor nuestro Dios, quien rogó por la causa del inocente!

Por estas razones, una preocupación ha estado por mucho tiempo sobre mi espíritu, para dejar algunos comentarios y pasos, de acuerdo con el relato histórico, de mi progreso bajo la ayuda del Señor y la conducta en su obra y servicio. Para hacer esto yo recopilé varios documentos, notas, y memorias que había reservado, con respecto a algunos de esos ejercicios y transacciones, en los cuales yo he estado preocupado tanto activa como pasivamente por causa de la Verdad. Entonces tuve que compilar brevemente éstos en una forma que fuera sencilla y más comprensible, en hechos y doctrinas. Mi buena intención al relacionarme con estas observaciones era que condujeran hacia la Gloria de Dios, su honor y su nombre excelente, y para ventaja del serio lector; para más considerar su gracia y bondad divina, que perduran para siempre, hacia aquellos que lo aman y le temen.

Con tempranas inclinaciones y deseos el Señor se agradó gentilmente en mover mi corazón hacia su bendita Verdad, como está en Cristo Jesús; para ser llevado a ser inquisitivo tras el conocimiento de la Verdad; y cómo llegar a ser verdaderamente penitente, y testificar una verdadera enmienda de vida por tal conducta vana. Desde mi niñez he estado propenso a esto, siendo parcialmente educado bajo un ministerio presbiteriano, que el Señor me mostró se quedaba corto en varias cosas que ellos profesaban y pretendían en sus servicios de adoración, sus predicaciones y oraciones. Con esos entendimientos yo no podía unirme a ellos cordialmente. Antes de oír acerca del pueblo llamado los cuáqueros, yo estaba perdido en mi espíritu por causa de lo que yo a veces deseaba y quería. Yo estaba como desconcertado, y me alejé aún más, buscando entre otra gente que tenía nociones más altas refinadas con respecto a los dones espirituales. En ese entonces tenía alrededor de catorce años de edad.

Después de un corto tiempo, oí acerca de un pueblo llamado los cuáqueros, quienes temblaban ante la palabra de Dios. Noté que ellos eran injuriados y reprendidos por gente disoluta e impía. Ellos despertaron aún más mi curiosidad, después de lo cual el Señor me llevó a creer que ellos eran Su pueblo. Antes de que yo asistiera a una de sus reuniones, u oyera a alguno de ellos predicar, los defendí a ellos y sus principios, mientras éstos me fueran presentados de manera favorable.

Y aunque el Señor había despertado buenos deseos en mí hacia Él, para que yo pudiera conocer el verdadero arrepentimiento hacia la vida, aún así esos deseos fueron frecuentemente apagados; y mi mente fue llevada por una disposición despreocupada y ligera, tras la música, el júbilo vano, y otras vanidades. Sin embargo, el Señor se agradó gentilmente de seguirme con juicio y reprensión en mis años de juventud; y renovó deseos en mí de andar en el camino correcto. Sin embargo yo no tenía paz en mi mente, mientras escuchaba a los ministros y los otros creyentes; ni conociendo, o siguiendo la luz de Cristo en mí, la cual me convenció y me reprobó por los pecados de mi juventud.

La luz brilló en la oscuridad, como un lugar oscuro, antes de brillar fuera de la oscuridad. El Espíritu del Señor se movió sobre las aguas, aún cuando las tinieblas estaban sobre la faz de la gran profundidad, antes que sus obras en la antigüedad fueran obradas; y ahora, para poder producir sus obras en la nueva creación, y para hacernos nuevas criaturas en Cristo Jesús, su Espíritu se mueve sobre los corazones de las personas, aún cuando es inestable como las aguas. Su luz brilla en ellos antes que que ellos conozcan a Dios o a Jesucristo, para darles el conocimiento de la gloria y poder de Dios, y de su amado Hijo Jesucristo.

Después de algunas discusiones religiosas con algunos jóvenes inclinados a la sobriedad, y habiendo justamente oído de algunas personas llamadas los cuáqueros en Sedbergh, en Yorkshire, y en Kendal Barony en Westmoreland, yo quería ir a una de sus reuniones. Una reunión de estas personas se llevó a cabo en Captain Ward's, en un área llamada SunnyBank, cerca de la capilla Grayrigg.

La primera vez que fui, cuando llegué a la reunión y me senté seriamente entre ellos, después de un pequeño espacio de silencio, un amigo, un Tomás Arey, habló un poco acerca de las liberaciones espirituales, los viajes, y el progreso del pueblo del Señor en su camino y su obra; aludiendo a la liberación de Israel de la tierra de Egipto, que estaban bajo el faraón y sus mandones. Todo esto yo pensé que entendía fácilmente de manera alegórica, como estaba espiritualizada, pero lo que era más aparente para mí era que apareció ante mí una gran obra en el Poder del Señor en la reunión, quebrantando los corazones de muchos en una gran lamentación, llanto, y espíritu contrito; lo cual yo creí que era dolor piadoso por el pecado, para llevar al arrepentimiento no fingido.

Fui más confirmado en esto cuando vi a una mujer joven salir llorando de la reunión. La seguí seriamente para observar su dolorosa condición; y la encontré sentada en el suelo con el rostro hacia la tierra como si no considerara a nadie presente, a medida que ella, amargamente lloró diciendo: "¡Señor! Límpiame." Esto afectó mi corazón mucho más tierna y profundamente que lo que había oído decir. Contó más para mí que toda la predicación que había oído de todos los hombres; y fue ciertamente un testimonio para mí, con el Espíritu de Dios dándole evidencia a mi espíritu que esto era una obra real de su poder sobre el corazón de ella. Su poder también operó sobre los corazones de otros, causando temblor, dolor, y contrición; para poder llevarlos hacia el verdadero arrepentimiento de la vida, y así experimentar verdaderamente la obra de regeneración, y santificación del pecado y la inmundicia. Por consiguiente, este terminó siendo el resultado para muchos, ¡gloria sea a nuestro Dios para siempre! Y después que estas cosas hicieron una profunda impresión en mi mente, yo fui más confirmado en la creencia que antes había tenido, que el Señor estaba obrando entre este pequeño pueblo despreciado; y que Él estaba a punto de reunir y levantar un pueblo para sí mismo, para que le adorare en espíritu y en verdad. Porque Él busca adoradores, y esta adoración no es en los muertos y las apariencias vacías establecidas en la voluntad y las mentes de los hombres.

Bajo estas consideraciones fui inducido a dejar a los sacerdotes de las parroquias, o ministros que estaban autorizados por la voluntad del hombre, sin tener autoridad divina de Dios, ni comisión de Cristo para enseñar a otros. Estos sacerdotes y ministros ni siquiera eran buenos ejemplos para el redil, porque su orgullo y codicia eran contrarias al mandamiento de Cristo y al ejemplo de sus ministros. Después que el Señor por medio de su luz abrió mis ojos, para ver la ceguera de esos guías a quienes yo había seguido por medio de educación y tradición, era obvio; yo sabía que debía alejarme de ellos.

Y aunque encontré oposición y duros discursos de algunos parientes cercanos y de otros, por confesar y vindicar la verdad de acuerdo a aquella pequeña medida de entendimiento que yo tenía en ese entonces; yo todavía era débil y joven de edad, y acosado con muchas tentaciones y desánimos. Sin embargo el Señor mi Dios me ayudó y me persuadió para tomar una resolución, no sólo para dejar completamente a los sacerdotes, sino también para asistir constantemente a las reuniones de este pueblo despreciado llamado los cuáqueros, y a sentarme entre ellos. Eran sólo unos pocos en número en ese entonces, comparados a lo que han aumentado ahora. Por algún tiempo las reuniones que yo frecuenté eran en la parroquia de Sedbergh en Yorkshire, y a veces en Grayrigg, cerca de Kendal, en Westmoreland, el condado donde yo nací.

Oí a mi estimado amigo Jorge Fox, después de haber sido persuadido por algún tiempo y resuelto a perseverar entre los Amigos y completamente convencido con mi mente dirigida hacia la Luz. La primera vez que le oí ministrar fue en una reunión de un Amigo en la casa del capitán Ward en Sunny Bank. En ese entonces yo era muy humilde, serio y resuelto en mi mente; dispuesto a ver y probar por mí mismo, para mi propia satisfacción interna. Yo vi y sentí que el testimonio de Fox era de peso y profundo, y que procedía de la vida y la experiencia. Sus palabras hablaban revelación divina, y tendía a llevar hacia un sentimiento interno y sentido de la vida y el poder de Cristo con una operación santificadora en el corazón. Su discurso no estaba afectado con la elocuencia de la oratoria, ni la sabiduría humana, sino en la simpleza del Evangelio, para llevar la mente a la Luz y Vida de Cristo; y el Señor abundantemente bendijo su ministerio para muchos.

Nuestras frecuentes reuniones en Sedbergh se llevaron a cabo en varios lugares, incluyendo la casa de Tomás Blaykling, cuya familia era honesta y de buena reputación; en la casa de Gervasio Benson, quien había sido un juez de paz; en la casa de Ricardo Robinson en Brigflats, quien era un hombre inocente y fiel; y en otros lugares cercanos en esas partes.

Habiéndome unido con el pueblo, que con escarnio es llamado los cuáqueros, y estando resuelto por la gracia de Dios a continuar y perseverar en su comunión, y a esperar a Dios en su Luz, con la cual Él había iluminado mi entendimiento en una buena medida, yo obtuve gran satisfacción en ello. Éramos sensibles que nuestra asociación y conversación los unos con los otros, como habíamos recibido el amor de la Verdad, era útil y alentadora para nosotros, y tendía a nuestra edificación y consuelo. Yo amé de gran manera y me deleité en la libre conversación y comunión de los sobrios y fieles Amigos. Cuando yo era un niño y era estudiante en la escuela gratuita de Blencoe en Cumberland, me gustaba retirarme con estudiantes sobrios y aplicados, aunque eran simples y pobres en el mundo, mejor que la compañía de niños disolutos y extravagantes, aunque de la pequeña nobleza y las clases acaudaladas, quienes eran dados a mucho juego. A esa compañía yo le tenía más cariño, nosotros éramos los más provechosos los unos con los otros en nuestro aprendizaje, y comunicábamos los efectos de nuestros estudios los unos a los otros. En un sentido espiritual y más alto, nosotros fuimos mucho más beneficiosos los unos a los otros, cuando habíamos llegado a conocer un poco la bendita verdad en la Luz de nuestro Señor Jesucristo. Nuestra sociedad cristiana y la comunicación de nuestras experiencias internas redundaron a nuestra ayuda mutua y la edificación en el amor de la Verdad. La Verdad está en Cristo, la Luz y la Vida, y nuestro gran Apóstol y ministro; quien le enseña a sus verdaderos seguidores a beneficiarse, en ese amor y esa vida que fluyen de Él, la Fuente y el Fundamento de todas nuestras misericordias; ¡a quien solamente sea toda la adoración y la gloria para siempre!

Después que llegué a estar establecido en mi mente y mi conciencia para unirme en comunión con los cuáqueros, frecuentando sus asambleas, por asistencia divina mi progreso fue experimentar la obra del Señor Jesucristo en mí. El Señor por su Luz y la gracia de su Santo Espíritu, me persuadió completamente que sin estar convertido como también convencido, y sin ser regenerado, santificado, y nacido otra vez, yo no podía entrar en su reino ni ser heredero de él; y que el dolor piadoso que lleva al verdadero arrepentimiento, con una enmienda real de la vida, debe ser obrado por su Gracia y su buen Espíritu en mí; y que sin santidad nadie puede ver a Dios.

Después de éstas y tales serias consideraciones cristianas, fui persuadido por la gracia de Dios, a darme en obediencia para seguir a Cristo Jesús; a creer y obedecer la Luz que él me da; y a esperar allí diligentemente, para recibir poder de Él para llegar a ser un hijo verdadero de Dios; porque tantos como reciben verdaderamente a Cristo el Hijo de Dios, Él les da poder para llegar a ser hijos de Dios.

Yo vi que era mi deber retirarme hacia el interior hacia la Luz, hacia la Gracia de Dios, la semilla inmortal e incorruptible, la Palabra implantada, que es nuestro Divino Principio; y frecuentemente testificada entre el dicho pueblo, de acuerdo a las Santas Escrituras.

Y al ser mi mente dirigida hacia esta Luz, llegué a ver claramente mi estado interior y exterior; cuánto había caído en un estado de degeneración, y cuán depravado, corrupto, y aislado estaba de la vida de Cristo y de Dios. La misma vanidad de mente y pensamientos, en la que había estado vagando y había estado separado de la Luz y la Vida de Cristo, llegó a ser mi gran carga y ejercicio del cual debía ser liberado, para que pudiera ser verdaderamente renovado en el espíritu de mi mente, y así unido al Señor. Siendo persuadido a esperar en la Luz, en el camino de sus juicios, y a soportar y someterme a sus castigos paternales y reprensiones de instrucción y creencia, porque Sión debe ser redimida por medio del juicio, y sus convertidos con justicia. Los pensamientos vanos, las imaginaciones, y el vagar de la mente, llegaron a ser un sufrimiento y una carga para mí, y yo busqué al Señor de todo corazón para obtener poder para suprimirlos, y para que Él me diera victoria sobre todos ellos, y guardara mi mente sobre Él, para que yo pudiera disfrutar la paz interior con Él.

Tuve que pasar por una guerra espiritual, y un cuerpo de pecado para quitar y destruir, aunque no había crecido a esa madurez, como muchos de años más avanzados, quienes son culpables de muchos terribles males, por su costumbre y su continuación en el pecado; sin embargo yo sabía que había una verdadera necesidad de la obra de la santificación, la limpieza interna del pecado, y ser nacido otra vez. Ese es el nuevo nacimiento que es nacido de arriba, que sólo es otorgado al reino de Cristo y de Dios, el cual ninguna persona inmunda puede heredar.

Al esperar a Dios, y buscarlo a él sinceramente con mi menta retirada hacia el interior, y mi alma deseando y respirando tras su nombre y poder, él gentilmente se agradó en renovar frecuentemente sus misericordiosas visitaciones a mi pobre alma. En el medio del juicio y las reprensiones, él me mostró misericordia, para que él pueda ser temido. El sentido de esto frecuentemente quebrantó y ablandó mi corazón, y me causó que le pusiera más atención a la obra del Señor nuestro Dios, y más conciencia de la operación de su mano divina, cuyo trato conmigo fue en juicio y misericordia. Por el juicio, Su palabra eterna me causó temor y temblor en su presencia; al mostrarme misericordia, sentí quebrantamiento y verdadera sensibilidad del corazón. En el recuerdo vivo, yo todavía encuentro mucha causa para atribuirle la adoración y gloria a su nombre excelente, su poder y bondad divina, manifestada por medio de su amado Hijo, el Hijo de su amor, nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo.

Muchos de los sacerdotes presbiterianos en Westmoreland, y otras partes del norte de Inglaterra, parecieron tener mucha envidia en contra de nosotros, en los años 1652, 1653, y 1654. En sus discursos y sermones ellos injuriaron y reprobaron a los cuáqueros y sus ministros, llamándolos engañadores y anticristos, que habían venido en los últimos tiempos; reuniendo los reportes impíos y falsos que pudieron para enfurecer a sus seguidores en contra de nosotros. Ellos eran como los sembradores ingratos [con prejuicios], poniendo a los prójimos y a las familias en desacuerdo y discordia.

Algunas personas en su congregación incluso eran mis propios parientes. Ellos y otros, cuando habían venido de su servicio público de adoración, donde habían oído esta predicación en contra de los cuáqueros, llegaban llenos de sus enseñanzas, para hablar en contra de ellos, con frecuencia sólo tonterías. A veces yo les constesté con una respuesta cristiana; la cual, cuando fue rechazada, muchas veces sentí que era mi deber estar en silencio, y dejarlos clamar y mofarse. Los líderes del pueblo, aún esos sacerdotes, les causaron que erraran, y con su levadura agria, amargaron los espíritus de muchos a la enemistad, por la cual ellos hirieron a muchos.

Mis padres fueron heridos por ellos e influenciados en contra de mí hasta que el Señor cambió sus corazones y abrió su entendimiento, para que vieran mejor que lo que ellos verían si siguieran a sus guías ciegos, cuya obra era causar división. Sin embargo a su propia manera, mis padres y mis relaciones tenían un gran afecto y cuidado de mí. Porque cuando ellos parecían más opuestos y ofendidos, lo cual fue una prueba para mí, porque yo dejé su iglesia y sus ministros, y me uní al pueblo llamado los cúaqueros, su molestia y aflicción vino más por parte de que los sacerdotes los influenciaban en contra de nosotros y por temor a mi desgracia, o de perder el favor del mundo, que de algún prejuicio en contra de mí o mi profesión religiosa.

Ellos retuvieron un amor afectuoso natural y real hacia mí, mientras yo estaba ausente de ellos en el ministerio y servicio de la Verdad. Esto sucedió por alrededor de tres años, y en ese tiempo yo había sufrido varios duros encarcelamientos, y otros por lo mismo, en Norfolk y en Suffolk. Cuando regresé a visitarlos, ellos estaban reconciliados y eran afectuosos hacia mí, y su entendimiento y su corazón se había abierto hacia mí y mis amigos, quienes vinieron a visitarme, cuando yo estuve en la casa de ellos.

Mi madre, algunos años antes de su fallecimiento, se convenció realmente de la Verdad, y se convirtió en una Amiga en el corazón; y mi padre viendo la corrupción, el orgullo y la avaricia de los sacerdotes, retuvo un amor hacia los Amigos hasta el fin de sus días. De la misma manera mi hermana Aone, antes de la muerte de su madre, se convirtió en una amiga de la Verdad y los Amigos, y continuó siéndolo, una mujer honesta, amante y servicial hasta la muerte.

Es fácil de observar que cuando los sacerdotes o ministros de parroquias no podían prevalecer para detener el progreso y la propagación de la bendita Verdad y el poder de Cristo, ni prevenir el aumento de nuestros amigos por medio de todos sus discursos y sermones injuriadores y sus predicaciones en contra de nosotros, su obra fue enfurecer a los magistrados, jueces y al gobierno en contra del pueblo llamado los cuáqeros. Esta discordia resultó en que varios jueces y oficiales fueron instigados a la persecución y el encarcelamiento de muchos de nuestros Amigos en las cárceles de Kendal y Appleby en Westmoreland por dar testimonio en contra de ellos. Yo fui inspirado en el temor y pavor de Dios, a dar testimonio público en contra de su maldad en varios de sus lugares de adoración en Westmoreland, [entre los 16 y los 18] antes de viajar a las partes del sur de Inglaterra, sin embargo el Señor se agradó de guardarme de cualquier daño o encarcelamiento, ya que tenía más trabajo para mí en otras partes de la nación.

Por algún tiempo entre los años de 1652 y 1654, yo era versado entre nuestros amigos y frecuentaba las reuniones a las cuales pertenecía en Westmoreland y Yorkshire. Yo estaba muy ejercitado interiormente en esperar al Señor entre ellos, donde teníamos poca predicación. Nuestras reuniones a menudo se llevaban a cabo principalmente en silencio, o con pocas palabras. El Señor a veces se agradaba por su poder y la palabra de vida, de abrir mi corazón y mi entendimiento, dándome a mí y a algunos otros unas pocas palabras de vida para que pronunciáramos. [A los 16 años él estaba haciendo una cantidad limitada de predicación en las reuniones, pero fue dos años después que él fue enviado por Cristo como evangelista viajero]. Estas palabras del Señor, que a mí se me decía que anunciara en la reunión, eran para consuelo de ellos y mío, en Aquel que abrió nuestros corazones en gran amor los unos a los otros, lo cual después aumentó y creció entre nosotros; bendito sea el Señor nuestro Dios para siempre. Fue de estas, y otras reuniones que con frecuencia eran silenciosas, que el Señor se agradó de levantar y traer a la luz un testimonio vivo, ministros fieles, y verdaderos profetas, en los primeros días en Westmoreland, y otras partes del norte, en los años 1654 y 1656.

El Señor nuestro Dios, que en estos últimos días y tiempos se ha agradado en visitar esta isla con su evangelio y su poder, de acuerdo a la promesa dada a los gentiles, y las islas que deberían esperar su ley; y que su elegido, su Cristo, en quien se complace su alma, debía traer juicio a las naciones; Isaías 42:1. Al esperarlo a él en verdadero silencio, y observando su venida en el interior en el espíritu, y la obra de su poder en nosotros, podemos realmente venir a ver y sentir que nuestra fuerza es renovada, en la fe viviente, el amor verdadero y el celo santo por su nombre y su poder; de manera que el Señor gradualmente nos llevó a experimentar lo que se decía en la antigüedad, por su santo profeta; “"¡Guardad silencio ante mí, oh costas; y renueven fuerzas las naciones! Acérquense y entonces hablen. Acerquémonos juntos para juicio."

Por lo tanto guardar silencio ante el Señor, y acercarse a él en un espíritu verdaderamente silencioso, para primero oír lo que el Señor nos dice a nosotros antes que hablemos con otros, ya sea juicio o misericordia, es la manera de renovar nuestra fortaleza, y ser sus ministros, para hablar con otros sólo lo que él nos diga primero. ¡Oh! Que la gente fuera realmente consciente de esto; que ellos consideraran esto seriamente; entonces no seguirían ni irían tras tales ministros, sacerdotes o profetas como los que tienen, quienes corrieron a predicar cuando Dios nunca los había enviado; y quienes dicen, '"Así dice el Señor,” cuando Dios no les ha hablado; y, "quienes no serán de ningún provecho para el pueblo."

Antes de que yo fuera considerado un cuáquero o que me hubiera unido en comunión con ellos, se me dio algún entendimiento con respecto a esos ministros de parroquias, o sacerdotes. Yo entendía que ellos no habían sido enviados por Dios o por Cristo, y no tenían ningún mandato divino o llamado al ministerio, sino que fueron hechos y establecidos solamente por la voluntad del hombre, [sin la guía de Cristo, ni siquiera su aprobación]. Ellos no eran experimentados en Cristo, sino predicadores artificiales de aquello que habían estudiado u oído de otros. Ellos predicaban lo que habían preparado con anticipación, sin esperar ni recibir inspiraciones inmediatas o instrucciones del espíritu de Cristo. Ellos no tenían una creencia real en Cristo, ni ninguna necesidad de ayuda inmediata del espíritu y poder de Cristo Jesús para su ministerio, o para predicarlo así a Él en esos días. Sino que al contrario, ellos habían negado esto, y se habían opuesto al testimonio cristiano de esto, que ninguna de las ovejas de Cristo o redil de Cristo hará, porque ambos oyen y conocen la voz de Cristo, y lo siguen; y él es su líder y comandante, y no seguirán a un extraño.

Su propio orgullo y codicia pone a mucha gente de buenas intenciones en contra de ellos, y hace que algunos de alejen de ellos. Aún más gente se alejó de ellos cuando muchos mostraron su envidia y codicia al perseguir, encarcelar, y oponerse en gran manera al pueblo llamado los cuáqueros porque conscientemente se rehusaron a pagar los diezmos, ya sea pequeños o grandes, o satisfacer la codicia del sacerdote. Por el valor de un cerdo o ganso, etc. de diezmo, ellos han procesado a varios hombres honestos para encarcelarlos en las prisiones; como si valoraran al cerdo o al ganso de un prójimo, que ellos han codiciado, más que la libertad o la vida de su prójimo. ¡Oh! ¡Qué inhumanos y despiadados eran! Pero cuando los sacerdotes se convirtieron en nuestros rígidos perseguidores y opresores, llegó a ser una gran desventaja para ellos, y desgracia y vergüenza, e hizo que la gente sensible se fuera en contra de ellos; y el número de los cuáqueros aumentó aún más. Aunque nosotros somos débiles, llegamos a estar más confirmados en contra de aquellos ministros perseguidores, sabiendo que la religión cristiana verdadera no es una religión cruel ni perseguidora, sino sensible, amante, y compasiva, y no sin afectos naturales; porque no puede ser una buena religión aquella que desprovista de humanidad, de los unos a los otros. También sabemos que los verdaderos cristianos fueron perseguidos, pero nunca fueron perseguidores; que ellos sufrieron pacientemente, y no fueron opresores; ellos oraron por sus enemigos y sus perseguidores, y no trataron de vengarse de ellos.

Nota del editor del sitio: Así comienzan las muchas y muchas veces horriblemente crueles persecuciones de Fox y los primeros cuáqueros, cuyas creencias se diferenciaban de las religiones protestantes establecidas de aquellos días. Juan Calvino fue uno de los fundadores principales del protestantismo. Calvino hizo que arrestaran a Miguel Servet, escribió las acusaciones de herejía en su contra, y testificó en contra de él durante su juicio; el crimen de Servet fue haber negado el apoyo bíblico de la trinidad y el bautismo infantil. Las acusaciones de Calvino y su arresto resultaron en que Servet fuera quemado en la estaca. Calvino también hizo que treinta y cuatro mujeres fueran quemadas en la estaca por ser brujas, acusadas de ser responsables de una plaga, mientras que otro relato culpa a su teocracia en Ginebra con 58 sentencias de muerte. Calvino justificó la ejecución de herejes al escribir: Quien quiera que afirme que se le hace mal a los herejes y blasfemos al castigarlos, se hace a sí mismo cómplice en su crimen y tan culpable como ellos. No hay duda aquí en cuanto a la autoridad del hombre; es Dios quien habla, y está claro qué ley él hubiera guardado en la iglesia, aún hasta el fin del mundo. Porque él demanda de nosotros tan extrema severidad, si no para mostrar que se le debe a él el debido honor, entonces para que no perdonemos a familiares, ni sangre de nadie, y olvidemos toda humanidad cuando el asunto es combatir por su gloria. Los que defienden que Calvino derrame sangre y se olvide de toda humanidad señalan que muchos otros protestantes mataron herejes también - (la defensa que dice todos lo hicieron; se puede decir mejor así: todos los grandes hombres de Dios(?) entonces eran asesinos.)

La teología puritana de Calvino afectó a los presbiterianos, bautistas, y puritanos independientes [congregacionalistas]. Aún Lutero fue influenciado por Calvino. Los puritanos ya ejercían una fuerte influencia sobre el gobierno a través de Inglaterra, y tomarían la corona brevemente durante su guerra civil de los puritanos parlamentarios en contra del rey y sus partidarios monárquicos. Al tener un fundador que fomentaba el asesinato de aquellos que estaban en desacuerdo con sus opiniones religiosas, los puritanos estaban predispuestos a matar, encarcelar, y robarle a los cuáqueros.

Otro fundador principal del protestantismo fue Martín Lutero, quien tenía un gran odio por los judíos. Lutero inicialmente abogó por demostrar amabilidad hacia los judíos, pero sólo con el fin de convertirlos al cristianismo: lo que en ese entonces era llamado Judenmission. Cuando sus esfuerzos para convertirlos fracasaron, él se fue haciendo cada vez más resentido hacia ellos. Lutero fomentó la quema de las sinagogas, destruir los libros de oración de los judíos, prohibirle a los rabinos que predicaran, la toma de las propiedades y el dinero de los judíos, la destrucción de sus casas, y asegurarse que estos "gusanos venenosos" fueran forzados a trabajos pesados o fueran expulsados "para siempre." Él también pareció sancionar el que fueran asesinados, al escribir: "Nosotros tenemos la culpa por no darles muerte." Lutero también creó la nueva doctrina protestante de la salvación instantánea, criticando e ignorando los libros de Hebreos, Judas, Ester, Santiago y Apocalipsis; su doctrina alegaba que cualquiera que creyera en Jesús era salvo, un santo, y un hijo de Dios, no importando su comportamiento subsiguiente. Poco después, los déspotas religiosos inspirados por Lutero mataron a 100.000 personas de la nobleza y católicos romanos en la guerra de los campesinos en Alemania.

Los anglicanos (episcopales), fueron fundados por el rey Enrique VIII, quien mató a 72.000 personas, mayormente católicos. La muerte al ser quemados, decapitados, y ahorcados eran comunes para aquellos que estaban en desacuerdo con las doctrinas de la secta episcopal.

Muchas persecuciones de los católicos romanos (que mataron a 9.000.000 de personas entre el año 900 y 1400 d. C.) fueron justificadas por las famosas palabras de San? Agustín: ¿Por qué ... no debería la iglesia usar la fuerza para obligar a sus hijos perdidos a regresar, si los hijos perdidos llevaron a otros a su destrucción?" - lo cual es un ejemplo clásico de el fin justifica los medios, que pierde de vista el mandato principal de Cristo de "amar a nuestros enemigos," no destruirlos. Otro supuesto santo,? Tomás de Aquina, escribió: Por parte de la Iglesia, sin embargo, hay una misericordia que busca la conversión del perdido, por la cual condena pero no inmediatamente, sino "después de una primera y segunda amonestación," como el apóstol indica: después de esto, si todavía es obstinado, la Iglesia ya no espera su conversión, y busca la salvación de otros, al excomunicarlo a él y separarlo de la Iglesia, y más aún lo entrega a un tribunal secular para ser allí exterminado del mundo por medio de la muerte.

Estos venerados santos? ignoran la respuesta de Cristo a sus discípulos cuando ellos deseaban castigar a la gente que no quería escucharlo, al reprenderlos severamente cuando dijo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois. Si alguien está violando las normas de la iglesia (pecando), ellos deben ser advertidos por una persona, después advertidos por dos o tres, después ser censurado por el cuerpo entero de creyentes, y si ellos no se arrepienten de su error, deben ser expulsados y rechazados - no asesinados, ni encarcelados, ni torturados, ni perder sus propiedades.

Así se creó el marco para los actos de la que Fox llama "la generación más brutal de perseguidores religiosos en la historia de la tierra," todas estas persecuciones dirigidas a los cuáqueros quienes nunca pelearon, nunca se vengaron, oraron por sus perseguidores, y razonaron con ellos - pero nunca protestaron ni se opusieron a los cinco gobiernos que estuvieron en el poder durante sus persecuciones. Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos; y así ellos lo recibieron. Decenas de miles de cuáqueros fueron encarcelados; miles fueron muertos en la cárcel o asesinados por furiosas turbas protestantes; decenas de miles perdieron sus propiedades que fueron confiscadas; y varios cientos de ellos fueron desterrados de sus países. Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos; y así ellos lo recibieron.

Desde un principio yo estuve convencido y persuadido acerca de que los diezmos no se deben exigir ni pagar bajo la dispensación del evangelio. Aquellos llamados los cuáqueros, quienes son fieles a sus principios cristianos, no pueden por causa de la conciencia pagar los diezmos en esta era del evangelio porque:

Primero, porque el ministerio de Cristo es, y debe ser, un ministerio gratuito, como él le mandó a sus ministros; “De gracia habéis recibido, dad de gracia."

Segundo porque Jesucristo, la única ofrenda, y gran Apóstol, y Sumo Sacerdote de nuestra profesión cristiana, al ofrecerse y sacrificarse a sí mismo, ha puesto fin a los diezmos y las oblaciones, u ofrendas, y las ganancias de los sacerdotes, junto con ese sacerdocio y primer pacto bajo el cual ellos eran defendidos y mantenidos; de acuerdo a los razonamientos y argumentos que el apóstol da y exhorta a los hebreos, en el capítulo 7, 8, 9 y 10. De modo que demandar los diezmos, los ingresos, o ganancias de un ministro es una negación de Cristo crucificado, y el hecho que fue ofrecido una vez para todos, y consecuentemente una negación de los privilegios de la nueva dispensación y ministerio del pacto, ratificado por él por medio de la muerte en la cruz.

Regresar a mi propio estado interno, y experimentar mi travesía y progreso espiritual- cuando el Señor se agradó gentilmente de guiarme a través de la ley, el juicio y la condenación en contra del pecado en la carne, que Cristo vino a condenar, para poder llevarme a la más gloriosa ministración y ley del espíritu de la vida en Cristo Jesús, el fundamento de los profetas, y experimentar espiritualmente el misterio del ministerio de arrepentimiento de Juan, la purificación de la regeneración, el hacha ha sido puesta en la raíz de los árboles, como también el cortar las ramas superfluas, para que una regeneración completa pueda ser obrada; estas cosas eran espirituales, y de a poco experimentadas en el interior, a través de la obediencia de la fe, esperando y perseverando en la gracia, luz y verdad recibida de Cristo, para poder obtener victoria sobre el pecado y sobre Satanás, para que su obra de pecado, y el cuerpo de él, pueda ser destruido, raíz y rama. Y cualquier inspiración divina, profecías, visiones, o descubrimientos, el Señor se agradó en cualquier momento de darme por su Espíritu Santo, para mi ánimo, el aumento de la fe y la esperanza, yo vi que debo se consciente de su obra interior de gracia, santificación y santidad, para que pueda continuar y prosperar. Aunque muchas debilidades y tentaciones son atendidas, su gracia fue suficiente para mí, y él frecuentemente me dio fortaleza y victoria sobre el enemigo de mi alma, y frustró sus designios malignos. Cuando el enemigo hubiera querido venir como una inundación, con múltiples tentaciones y artefactos, el espíritu del Señor levantó un estándar en contra de él, y lo rechazó: "Gloria a nuestro Dios, y al Cordero, en quien está nuestra salvación y fortaleza para siempre, cuyo reino es un reino eterno, y su dominio es sin fin."

Como declaró nuestro bendito Señor Cristo Jesús: "Si alguien quiere hacer su voluntad, conocerá mi doctrina." Fue durante el día de su poder cuando apareció la luz, que un deseo nació en mi corazón para hacer su voluntad, cuando esto llegó a ser conocido por mí, y a seguirle en negación propia, y tomando mi cruz diaria, por lo cual todo hombre debe hacer su voluntad para ser su discípulo; por cuya luz y enseñanzas yo llegué de la vida a creer, entender, y recibir aquellas doctrinas y principios esenciales para la vida cristiana y la salvación, especial y particularmente las siguientes:

1. El amor libre de Dios en su amado Hijo Cristo Jesús, y su gracia universal en él hacia la humanidad; y que Cristo murió por todos los hombres que estaban muertos en sus pecados; él se dio a sí mismo como rescate por todos, por testimonio, en el tiempo debido, del amor libre de Dios hacia la humanidad en general; porque fue por la gracia de Dios que Cristo probó la muerte por todo hombre. De modo que la gracia libre y el amor de Dios hacia la humanidad, son testificados y son evidentes, tanto en la muerte de Cristo por todos los hombres, y porque él es la "Luz del mundo, que ilumina a todo hombre que viene al mundo."

2. La necesidad de arrepentimiento de los hombres, y de creer verdaderamente en el evangelio, y de estar tan convertidos a Cristo, al punto de recibir a Cristo, y experimentar una fe viviente e inquebrantable en él, en su luz, su nombre y su poder, para llegar a ser los hijos de Dios, y esto por medio de su poder, a través de la fe, que los hombres llegan a ser hijos de Dios; y no por una profesión externa, o una creencia tradicional sin Cristo, o sin recibir espiritualmente a Cristo en sus corazones, para conocer la obra de fe y poder en ellos, que los lleva a la conversión, y un cambio real de sus corazones y sus mentes, por medio del lavamiento de la regeneración que es santificación, el único bautismo, que es el bautismo salvador del espíritu, para lavarnos de nuestros pecados, y restaurarnos a la novedad de vida en Cristo Jesús. Para entender y testificar que la adoración verdadera y aceptable de Dios "es en espíritu y en la verdad;" y no según las tradiciones humanas, o las formas de las prescripciones de los hombres; esta fue una gran satisfacción para mi alma, y para estar retirado en mi mente y mi espíritu, en ese espíritu y verdad santa, la Palabra viviente, en la cual Dios es adorado verdaderamente, en la cual nos inclinamos ante él, y lo esperamos con verdadera humildad, porque en ella él consuela y le da refrigerio a su pueblo. Todo lo cual cada creyente verdadero en Cristo, quien es nuestra luz y nuestra vida, entiende y cuya necesidad conoce, de estas cosas que son de acuerdo al testimonio de las santas escrituras.

Yo siempre tuve un amor por la Biblia, y a su lectura, desde mi niñez, sin embargo no entendí verdaderamente, ni experimenté estas doctrinas esenciales para la salvación, ni la dispensación del nuevo pacto, hasta que mi mente se abrió a la luz de Cristo, la Palabra viviente y eterna, la entrada de la cual da vida y entendimiento a los simples. Sin embargo yo considero que fue algo ventajoso para mí leer frecuentemente las santas escrituras cuando yo era ignorante, y no entendía las cosas grandes y excelentes que ellas testifican. Porque cuando el Señor había abierto mi entendimiento de la vida en alguna medida en las santas escrituras, al yo antes leerlas frecuentemente, teniendo el mejor recuerdo, muchas veces fue de ayuda y ventaja para mis meditaciones secretas, cuando un sentido viviente y consuelo de las escrituras me fue dado en medida por el Espíritu, y así yo fui más inducido a la seria lectura y consideración de lo que leía en las santas escrituras, y el consuelo dado a conocer por el Espíritu Santo que ilumina el entendimiento. Todas las promesas de Dios, que son sí y amén en Cristo Jesús, son verdaderamente consoladoras cuando son aplicadas por el mismo Espíritu, porque ese espíritu no hará ninguna aplicación equivocada; ese Espíritu nunca aplicará paz a los impíos, ni a las personas que están viviendo en sus pecados; ni le dirá al injusto que es justo, o recto ante Dios. Es por medio de la fe que está en Cristo, que se dice que las santas escrituras hacen al hombre de Dios, “sabio para salvación, útil para aspirar, para doctrina, reprensión, corrección, e instrucción en justicia, para que él sea perfecto y enteramente capacitado en toda buena palabra y obra." Sin duda, Pablo consideró que el conocimiento de Timoteo de las santas escrituras desde que era niño, como algo ventajoso y de ayuda para él, pero fue principalmente por la fe, que está en Cristo Jesús [particularmente la parte acerca de ser perfecto - para lo cual las escrituras no ayudan para nada - ser perfecto sólo puede suceder por medio del poder de la gracia recibida mientras esperamos al Señor en su Luz].

Comentario del editor del sitio: Antes de que usted necesite ser experto en las escrituras, usted necesita ser perfecto. Pero usted necesita saber lo que las escrituras dicen que es pecado y que es malo. Este conocimiento es esencial para evitar las voces falsas y las luces que se hacen pasar por el Señor. La voz del Señor es amable, suave, pura, fácil de entender, pacífica, completa, siempre moralmente correcta, alentadora - nunca tiene ni un poco de sarcasmo, amargura, o condenación - nunca es incompleta ni lo deja adivinando qué es lo que él quiere; más bien sus palabras están llenas de amor mismo - su espíritu de Amor - porque él es Amor. También, su voz siempre será la misma voz. Hay muchas otras voces que se pueden oír; pero amargas, sarcásticas, incompletas, confusas, condenadoras, burlona, cuestionadora - la voz del Señor no es así. Distinguir la voz del Señor de aquellas que son engañosas es dividir correctamente la palabra de Verdad. Todo lo que venga de Él también será moral y probado con las escrituras de la Biblia. Él me dijo: "Es bueno saber lo que la Biblia dice que es malo; todos mis grandes hombres conocían las escrituras."

Leer y estudiar la Biblia no es buscar a Dios, ni morar en Él.
Leer la Biblia es una obra de la carne, que no aprovecha para nada.

Leer la Biblia es como estudiar la Ley. La voz del Señor
Las palabras que yo les hablo son espíritu, y son vida. Juan 6:63
La Biblia ni siquiera se imprimió hasta el año 1516, pero los primeros cristianos prosperaron hasta el año 320 d. C.
La voz del Señor me dijo: "El mundo se esconde en la Biblia." El mundo se esconde de Dios en la Biblia.
Leer la Biblia es un sustituto de que Dios le enseñe directamente, examine su corazón, lo convenza, y lo limpie.
El mundo se esconde de Cristo, la Palabra viviente quien juzga los pensamientos y actitudes del corazón. Hebreos 4:12
Se esconde de Cristo, la Luz, quien trae a la luz lo que está escondido en la oscuridad y expone los motivos del corazón de los hombres. 1 Cor 4:5
Qué triste que nosotros pensemos que estamos buscando a Dios al leer la Biblia, cuando Él ve que nos estamos escondiendo de Él.
Estamos cubriendo nuestra desnudez con la Biblia y escondiéndonos en el árbol del conocimiento. Gen 3:8-10
"Yo te digo esto para vergüenza tuya. Aunque tienes un gran conocimiento de las escrituras y las profesas,
no posees a aquel de quien ellas hablan
." (la voz del Señor)
Vosotros escudriñáis las Escrituras, porque os parece que en ellas tenéis vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí. Juan 5:39
Pero vosotros no queréis venir a mí para que tengáis. Juan 5:39-40

Antes de que el hombre llegue a un estado espiritual que le permita entender la profundidad del significado de las escrituras, leer las escrituras es de provecho para: 1) edificar la esperanza, 2) obtener una definición de lo que es el pecado, y 3) obtener las promesas de Dios. Es un serio error descartar las escrituras por completo; aún para los que son espiritualmente inmaduros, su lectura es muy útil; pero el error muy común es no buscar a Aquel del cual testifican las escrituras, sólo leer acerca de Él, en vez de experimentarlo al esperarle a Él en silencio para recibir sus enseñanzas y su gracia que produce cambio. Cualquiera sea la cantidad de tiempo que usted dedique a la lectura de la Biblia, usted debe dedicar mucho más tiempo a esperar silenciosamente al Señor.

Considerando estas cosas, yo todavía exhortaría a los padres cristianos a que fueran responsables en educar a sus hijos, haciéndoles que lean las santas escrituras; tanto induciéndolos a aprender como a leer la Biblia frecuentemente. Cuando el entendimiento de ellos llega a ser iluminado por el Espíritu y ellos llegan a conocer la Verdad como está en Cristo Jesús, esto puede ser una verdadera ventaja y puede ser provechoso para ellos. Yo he visto que los niños que leen la Biblia han sido afectados con las cosas buenas que han leído; y de un conocimiento secreto de ellas, que ha tenido una impresión tal, que ellos han sido inducidos a tener una consideración más seria, cuando el Señor ha abierto sus entendimientos en alguna medida, por la luz de su gracia en ellos.

Aún para los profetas evangélicos de Dios era sin duda una ventaja que ellos conocieran la Ley de Moisés, y entendieran los juicios declarados de Dios y las amenazas dentro de ella. Cuando el Espíritu le reveló a estos profetas que Israel estaba en peligro de cualquiera de esos juicios, ellos tuvieron una ventaja tanto para advertirles como para declarar tales juicios por sus grandes transgresiones; y su ventaja sobre la gente era aún más grande porque ellos tenían la Ley de Moisés, la cual era leída entre ellos, quienes profesaban lo mismo. Por lo tanto los ministros de Cristo que conocían las santas escrituras, tienen una ventaja más grande sobre los profesantes hipócritas de la Biblia, la cual es su única regla y quienes exhiben conversaciones no controladas, corruptas, y desordenadas.

Pero lo que yo he declarado en elogio de las santas escrituras, y sus ventajas, no sería yo entendido como si estuviera limitando el don del Espíritu de Dios, o su ministerio, o alguna de sus gracias divinas, por parte de los analfabetos, los ignorantes, o de personas con poca educación, - - como labradores, vaqueros, pastores, pescadores, etc. Porque Dios ha dado de su buen Espíritu, y dones espirituales a los tales, y ha prometido "derramar su Espíritu sobre toda carne; y que los hijos e hijas profetizarían." Y Moisés dijo: “¡Ojalá que todos fuesen profetas en el pueblo de Jehovah, y que Jehovah pusiese su Espíritu sobre ellos!" Entre quienes, él quiso decir tanto hombre como mujeres, los educados y los ignorantes están incluidos.

Mi entradas y comienzos en el espíritu, y la creencia en la luz de nuestro Señor Jesucristo, fue en realidad con el objetivo de entrar en el nuevo pacto y la nueva dispensación; Cristo, quien fue dado como una luz y un pacto, y para ser la salvación de Dios hasta los confines de la tierra. Este nuevo pacto es el pacto de la gracia, de misericordia y paz con Dios, en su amado Hijo Jesucristo. Es esa reconciliación, ese casi acuerdo con Dios y con Cristo, al cual el hombre debe venir, si quiere disfrutar la verdadera paz algún día. Todo el pueblo del Señor y los verdaderos cristianos lo conocen en su pacto, desde el más pequeño hasta el más grande; y todos son enseñados por Dios, teniendo también sus leyes escritas en su corazón y puestas en sus mentes por su santo Espíritu. Su dedo divino está en este pacto de modo que el Señor borra sus transgresiones anteriores y ya no recuerda sus pecados y sus iniquidades, siempre y cuando ellos continúen en este pacto eterno y en su bondad. A aquellos que realmente le temen, él es un Dios que guarda ese pacto y misericordia para siempre, ¡Oh! Mi clamor, la respiración de mi alma, mi penalidad espiritual interna, mi vigilia y mis oraciones han sido: "Oh Señor, mantenerme y guárdame en tu santo temor, en humildad, en el sentido de tu poder; para que yo nunca me aparte de ti, ni de tu pacto; para que yo nunca deshonre tu Verdad, nuestra santa profesión." Antes de esto el Señor me había ayudado en mi caminata y carrera espiritual hacia el premio: Yo le atribuyo la gloria y adoración sólo a Él, quien le da poder al débil; y a los que no tienen poder, él les aumenta las fuerzas, como frecuentemente me encuentro yo en mi estado débil, Él ha manifestado fuerza. La salvación y la fortaleza vienen de Aquel que es el Dios de nuestra salvación, para que sus redimidos puedan cantar acerca de la salvación; sí, de su juicios y misericordias, y atribuir la salvación a nuestro Dios, y al Cordero que se sienta con él en el trono, en gloria y majestad para siempre.

Como fue en mi primera creencia y persuasión, cuando fui convencido de la bendita Verdad, que aquellos que verdaderamente son llamados hacia el ministerio de Cristo, para ser ministros del evangelio eterno, y predicadores de justicia, deben ser santificados, divinamente inspirados, y dotados para esa obra sagrada y ese servicio de nuestro bendito Señor Jesucristo. Ellos deben ser cuidadosos para que sus conversaciones sigan siendo un honor para el evangelio; ellos deben vivir buenas vidas, como también hablar buenas palabras; ellos deben ser hombres que temen a Dios, y evitan el pecado; que verdaderamente temen a Dios, y odian la codicia, y no ofenden en nada, para que el ministerio no sea censurado. El Señor ha puesto sobre mí un piadoso cuidado, que todavía permanece sobre mí, tanto para mí mismo como para otros, para que nuestro ministerio no sea culpado; ni sea creada ninguna ofensa, que resulte en culpa o descrédito. ¿De qué nos sirve llamarnos cristianos, cuando ellos están muertos? ¿De qué les servirá a ellos, o a personas disolutas, vanas, orgullosas, codiciosas, o no santificadas, pretender estar en órdenes santas, cuando ellos mismos son completamente impuros, contaminados, y pecaminosos? Cuando era muy joven fui completamente persuadido que Cristo Jesús no usaría personas impías o corruptas en el servicio sagrado del ministerio, ni les daría a ellos su presencia en su predicación, sin importar lo que ellos pretendieran o profesaran en su nombre. Los fieles ministros de Cristo son aquellos que le obedecen verdaderamente y siguen su ejemplo, para que él los pueda acompañar con su divina presencia y ayudarles en su ministerio y su testimonio del evangelio. Fue a los tales que él les dio este gran ánimo y promesa: "Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" o a través de las edades.

Aquello por lo cual oró ese profeta rey David de todo corazón a Dios, en el salmo cincuenta y uno, verdaderamente expone el estado y la condición de los verdaderos ministros del evangelio, cuyo ministerio es atendido con su poder y presencia, y así es hecho efectivo para la conversión de los pecadores hacia él. "Lávame completamente de mi iniquidad, y límpiame de mi pecado. Crea en mí un corazón limpio, oh Dios; y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de tu presencia; y no quites tu santo Espíritu de mí. Devuélveme el gozo de tu salvación; y sosténme con tu espíritu libre. Entonces le enseñaré a los transgresores tus caminos; y los pecadores se convertirán a ti."

Estas cosas he aspirado sinceramente y he deseado de todo corazón del Señor, viajando internamente en mi espíritu con mi alma y con todo mi corazón. Y el Señor en medida me respondió en ellas, antes que yo viajara hacia el exterior en el ministerio del evangelio de Cristo, el evangelio de la gracia de Dios; que gradualmente él dio y aumentó de los pequeños comienzos en mí y a mí; bendito sea su nombre más excelente para siempre. Porque él le prometió a su pueblo diciendo: "Os daré pastores según mi corazón, y ellos os pastorearán con conocimiento y discernimiento." A ellos él les da verdaderamente los verdaderos pastores y ministros, y él les ha dado muchos de ellos y continuará dándoles en este día del evangelio, de acuerdo con lo que fue testificado por un predicador, [el apóstol Pablo] tanto de Cristo como había venido en la carne, como del misterio de Cristo como él había venido en espíritu. "El misterio de Dios que había estado oculto desde los siglos y generaciones, pero que ahora ha sido revelado a sus santos. A éstos, Dios ha querido dar a conocer cuáles son las riquezas de la gloria de este misterio entre las naciones, el cual es: Cristo en vosotros, la esperanza de gloria. A él anunciamos nosotros, amonestando a todo hombre y enseñando a todo hombre con toda sabiduría, a fin de que presentemos a todo hombre, perfecto en Cristo Jesús. Por esto mismo yo trabajo, esforzándome según su potencia que obra poderosamente en mí."

De acuerdo con una creencia real y una persuasión de que Dios revelaría este misterio de Cristo en nosotros, tuve una tierna preocupación de esperar esto mismo, para que yo pudiera experimentar, testificar y sentir el poder y venida de Cristo interiormente en el espíritu, tanto para santificar mi corazón, como para recibir entendimiento para hacer su voluntad. Y cuando él me llamó a dar testimonio por su nombre y poder, y también por su obra interna y espiritual en el hombre, fui llevado en espíritu a esperar que su poder y espíritu se movieran y obraran en mí; y para que yo pudiera trabajar en su servicio de acuerdo con su obra en mí por su Espíritu, y no de otra manera correr o esforzarme en mi propia voluntad, sabiduría o fortaleza, como sabiendo que esas cosas sin Cristo, sin su poder o presencia, ayuda y consejo, yo no puedo hacer nada por mí mismo, como tampoco nadie más. Y cuando mi habilidad era pequeña, y yo estaba en mucha debilidad, temor y temblor muchas veces, el Señor me ayudó y aumentó mi fortaleza y mi habilidad en mis labores más allá de lo que yo había esperado. Este cuidado todavía está sobre mí, aún en mis primeros viajes, para ministrar sólo de acuerdo a la habilidad y el don que me es dado por mi Padre celestial; para así estar dentro de la competencia de mis propios dones y habilidades. Cuando el Espíritu de Dios inspira y se mueve sólo en unas pocas palabras, yo no debo hablar más de lo que se me ha ordenado; sino hablar sólo lo que se me ha instruido y después sentarme en silencio. Muchas veces al esperar al Señor, y suspirar secretamente a él en silencio, el manantial de vida surgía, y abría el consejo de nuevo para consuelo y refrigerio de mi propia alma y la de otros. Mi alma ha sido humillada a menudo, y el Señor me ha ayudado y ha renovado mi fortaleza para perseverar en su servicio; siendo sensible de que mientras más me humillo en mí mismo, y mientras en más temor hacia Dios, aunque sólo débil y simple en mí mismo, más él manifiesta su poder, y bendice mis esfuerzos y mi servicio. Que él reciba la adoración de todos, quien es digno para siempre.

Las misiones evangelísticas comienzan

Después de muchas temporadas bendecidas y cómodas y de refrigerios en la presencia de nuestro Padre celestial, que nosotros disfrutamos en nuestras reuniones en las partes del norte; y habiendo aclarado mi conciencia en testimonio por la Verdad, tanto en palabra y conversación cristiana hacia mis padres y parientes, estando con ellos un tiempo antes, viajé al exterior hacia las partes del sur de Inglaterra. Una preocupación importante vino sobre mí para dejar la casa de mi padre y el condado de Westmoreland, y a viajar hacia el sur. Le dejé saber a algunos Amigos de mis planes, y mi estimado amigo Eduardo Edwards, quien en ese entonces era un hombre joven, y vivía en la casa de Gervasio Benson, cerca de Coatley Cragg, arriba de Sedbergh, aunque en ese entonces él no había sido llamado al ministerio, dejó todo para viajar conmigo, y para mantenerme compañía hacia York, a más de sesenta millas, y era tiempo después de la cosecha, en el año 1654. Nosotros dos viajábamos a pie, y fuimos juntos directamente a York, donde nos quedamos por dos o tres noches, y estábamos en una reunión de Amigos allí en el primer día, la cual era pequeña, y yo tenía unas pocas palabras dadas a mí por la Vida para declarar entre ellos.

Entonces viajamos hacia el sur en Yorkshire, y nos encontramos con nuestro estimado amigo y hermano en Cristo, Jorge Fox, en la casa de un capitán Bradrord, donde estuvimos en una reunión con él en la noche; y después viajamos hacia East Holderness, a la casa de José Storr, donde nuevamente nos encontramos con Jorge Fox, y varios otros Amigos, y fuimos consolados juntos, y viajamos un poco mientras estábamos en ese lugar a algunas reuniones donde él estaba, quien entonces estaba dedicado completamente al servicio público allí, para el fortalecimiento y el establecimiento de los Amigos en la Luz y en la Verdad.

Yo tuve algún testimonio en mí para dar en dos iglesias, antes de dejar ese condado, y no sufrí ningún daño excepto que fui forzado a salir; mientras el Señor me apoyó en la fe y en la esperanza para el servicio que él tenía para mí más al sur. Mi honesto, estimado amigo, Eduardo Edwards y yo nos separamos en Holderness; y Tomás Ralison, quien viajó con Jorge Fox, vino a mí a Hull, donde fuimos esa noche sobre el río Humber en su bote, que estaba a unas cuatro millas de distancia, hacia Lincolnshire. En el bote había un grupo de personas groseras, abusivas, y ebrias, quienes nos amenazaron y abusaron de nosotros, pero el Señor nos guardó de ser lastimados por ellos.

Cuando íbamos a pie, Jorge Fox y Alejandro Parker se adelantaron a nosotros en camino hacia Lincoln. Encontramos un lugar esa noche donde había una reunión al día siguiente, que era el primer día de la semana. Me vino una impresión de ir y dar testimonio de la Verdad en dos iglesias, una en la mañana, y la otra en la tarde. No experimenté ningún daño ni violencia en ninguna de las dos iglesias, excepto que fui sacado y expulsado. Pero Tomás Ralison estaba allí esa tarde y fue abusado, golpeado, y después seguido hacia el campo por un grupo de jovencitos. Yo me lamenté de que había sido tratado tan mal.

Al siguiente día él y yo nos separamos, y yo me aparté de Jorge Fox y los Amigos que estaban con él. Viajé hacia Lincoln, pasando por una reunión en el camino, donde el Señor abrió mi boca en un testimonio viviente. Después, viajando unas pocas millas más, llegué a Lincoln esa noche y me encontré con Juan Whitehead. Él había tenido experiencia en el servicio público en esa ciudad, y encontró algo de aceptación; y dio algo de cuentas. Yo sólo me quedé una noche en Lincoln, siendo presionado en espíritu a viajar hacia Cambridge y Norwich, aunque fui dejado para viajar solo y todavía a pie. Me fui de Cambridge a Lincoln en menos de tres días; los días eran cortos en ese entonces. Aunque mis pies estaban irritados y ampollados aún antes de haberme ido de Yorkshire, se curaron mientras viajaba, antes de que yo llegara a Norwich, y fui guardado en salud durante todo el camino; lo cual yo estimé con agradecimiento como una gran misericordia de Dios, siendo yo todavía menor de dieciocho años de edad.

En Cambridge fui amablemente recibido por el concejal Blakeling y su esposa, y por los pocos Amigos que viven allí. Jaime Parnell se encontró conmigo antes de que yo llegara, y fuimos consolados el uno en el otro como también entre los otros Amigos. Después de una estadía de dos o tres días en ese lugar, yo todavía sentía la presión en el espíritu de ir de Cambridge a Norwich. Tomás Lightfoot viajó conmigo hacia Norwich. Antes que nos detuviera el clima lluvioso y húmedo, llegamos a tres millas de Thetford en Norfolk. Fui muy difícil encontrar alojamiento por el dinero que teníamos en el pequeño pueblo donde nos quedamos, ya que ellos eran tan tímidos y medrosos con nosotros; sin embargo en una casa donde vendían cerveza, nosotros prevalecimos con ellos para que nos dejaran quedarnos esa noche. El cuarto donde nos alojamos era frío y pobre, y la ventana estaba tan destrozada que nos entró la nieve. Al día siguiente viajamos hacia Windham, que está alrededor de seis millas de Norwich, donde Roberto Constable y su esposa nos recibieron amablemente. Ellos habían sido convencidos un poco tiempo antes por nuestro estimado amigo
Ricardo Hubberthorn, quien en ese entonces era prisionero en el castillo de Norwich por dar testimonio público de la Verdad en la iglesia de Windham, donde aquellos que se llaman Independientes se reunían con Juan Money como su predicador.

De Windham nos fuimos a Norwich al día siguiente, y visitamos a Ricardo Hubberthorn en la prisión, donde alegremente nos abrazamos con afecto y cariño, y fuimos consolados juntos en el Señor. Habían unos pocos Amigos en la ciudad que habían sido convencidos por su testimonio y sufrimiento; cuando lo habían visitado en la prisión, fueron convencidos de la Verdad y se hicieron Amigos. El más notable y servicial de los Amigos que en ese entonces vivían en esa ciudad, era Tomás Symonds, un maestro tejedor, quien recibía a los Amigos viajeros. Era un hombre cariñoso y honesto, quien había recibido un don en el ministerio y fue fiel hasta la muerte. Él vivió y murió en la fe, y fue partícipe de las promesas, que son sí y amén en Cristo Jesús. Fue ejemplar en la Verdad, y servicial tanto en la ciudad de Norwich como en el condado de Norfolk, donde él vivió.

Aunque yo esperaba ser encarcelado en esa ciudad, sin embargo como ordenó el Señor, yo tuve la libertad por varias semanas de tener varias reuniones en la casa de Tomás Symonds en Norwich, y en Windham en la casa de Roberto Harvey, un fabricante de guantes, quien era un hombre honesto e inocente, que recibió la Verdad en el amor por ella. El capitán Juan Lawrence vino a una reunión en su casa, quien estaba entonces tiernamente afectado con la Verdad y pidió que yo tuviera una reunión en su casa en Wramplingham, lo cual yo estaba muy dispuesto y feliz de hacer.

Tres ministros vinieron a esa reunión, Jonatán Clapham, el ministro del pueblo, y dos más, para oponerse a mí; ellos se quedaron en el salón hasta que se terminó la reunión. Al principio ellos me espiaron para verme, juzgando que yo sólo era un niño; y debido a que yo era joven, en sus ojos yo era algo despreciable como para que discutieran conmigo; y yo entendí que ellos me desairaron más por causa de esto. Sin embargo, Jonatán Clapham comenzó a oponerse a mí y a interrogarme acerca de que nosotros no respetábamos a las personas inclinándonos hacia ellas, etc.; él era una persona ambiciosa, y más todavía con respecto al honor mundano, y para respetar a las personas, que en buscar el honor que viene de arriba. Alegó lo mejor que pudo y el Señor me dio respuestas apropiadas y bíblicas, que con espíritu manso yo le respondí a él y a su compañía, poniendo al descubierto así algunas de sus prácticas que no estaban basadas en las escrituras y que eran injustificadas. Sintiendo el poder del Señor y su consejo sobre mí, sentí que se me dio dominio para vindicar la Verdad, desconcertando así a los opositores. Después de un poco tiempo, Jonatán Clapham y otro ministro, llamado Purt, se retiraron; pero el tercero se quedó hasta que la reunión se había acabado. Después que la contienda con los otros dos predicadores se había acabado, tuve una buena y bendita oportunidad de declarar la Verdad, y de abrir varios asuntos de importancia, a medida que el Señor se agradaba en abrírmelos a mí, y de agrandar mi espíritu para demostrarlos, tanto así que en la misma reunión la mayoría de la familia de Lawrence, junto con varios otros, fueron convencidos y persuadidos acerca del camino de la Verdad. El Señor me dio gran consuelo y ánimo, por su divina asistencia en su obra y servicio en ese día; y los Amigos que estaban presentes se sintieron grandemente satisfechos. El desprecio de los ministros hacia mí, su pobre siervo y débil instrumento, terminó siendo el desprecio y la desgracia de ellos mismos. De modo que tuve que entonces, y he tenido que frecuentemente atribuir la gloria y la alabanza al Señor nuestro Dios, y declarar que "De la boca de los pequeños y de los que todavía maman has establecido la alabanza frente a tus adversarios, para hacer callar al enemigo y al vengativo;” los ministros prominentes están muy descontentos por estas cosas.

Juan Lawrence recibió la Verdad, que yo y otros mensajeros del Señor habíamos dado libremente con gran amor y afecto en obediencia. Cuando él comenzó a andar en el Espíritu, no se alejó otra vez, sino que perseveró, y dio un fiel testimonio en el sufrimiento por la verdad, tanto en su persona como en sus bienes. Cuando él y su familia se convirtieron hacia la verdad y los Amigos, esto atrajo a muchos a ir tras ellos y alejarse de los ministros mercenarios, hacia Cristo, su luz y su libre ministerio; para que ellos pudieran saber que él es su ministro, su Sumo Sacerdote, su Pastor, y el Obispo de sus almas.

Alrededor de ese tiempo, en el noveno y décimo mes del año 1654, tuve varias reuniones en Windham y sus alrededores y en Norwich. El Señor estaba conmigo y me ayudó a publicar su nombre y su verdad; a predicar el evangelio eterno; y a sacar a muchos de la oscuridad hacia la luz, del poder del pecado y de Satanás, hacia Dios y su poder. Por medio de esto la gente cesó de practicar su religión de apariencias vacías y de sombras, y se acercaron a la vida y la sustancia de la verdadera religión; y al poder de la piedad, para saber que Cristo es su maestro y su líder, cuya voz sus ovejas oyen y no seguirán la voz de un extraño. Muchos en esas partes fueron convencidos de la verdad de estas cosas y se acercaron a la luz de Cristo en ellos. Que la obra del Señor lo alabe, la cual comenzó en aquellos días y ha prosperado desde ese entonces en ese lugar, tanto en los hijos de muchos que al principio recibieron el amor de la verdad, como en muchos otros, quienes el Señor ha bendecido en su obediencia y su buena disposición para servirle; ellos han ido hacia el amanecer del día del poder de Cristo, en el cual su pueblo es un pueblo dispuesto.

La primera oposición con la cual me encontré fue en una reunión en la ciudad de Norwich en la casa de Tomás Symond, por parte del predicador antinomiano, quien defendió que el pecado continúa, aún en los mejores de los santos, a través de la vida. Él citó la batalla de Pablo, en Rom 7, y que aunque ellos todavía continúan siendo pecadores, no están bajo la ley, sino bajo la gracia, y son reconocidos como justos en Cristo. Encontramos mucha doctrina que excusaba el pecado en los profesantes [creyentes] en aquellos días, quienes en el nombre del Señor nosotros resistimos, como lo hicimos con el antinomiano; y con la ayuda del Señor, prevalecimos sobre él y sus argumentos perversos, para confusión de él. Yo vi que esos antinomianos estaban en mucha oscuridad y doctrina corrupta, contrario a la obra de Cristo, que es destruir el pecado y salvar a su pueblo del pecado y la transgresión.

En esa reunión habían algunas personas que eran consideradas Ranters,* quienes argumentaban a favor de la libertad para pecar. Uno de los principales de ellos parecía reconocer lo que yo dije en contra del antinomiano; entonces yo recibí la impresión de que él tenía un espíritu corrupto, y le dije, también negué su espíritu, como negué el espíritu de los opositores, porque sentí un celo del Señor en contra de ambos. El poder del Señor estaba sobre todo, en cuyo servicio él me alentó de una reunión a otra, tanto así que yo estaba seguro que el Señor estaba conmigo y fortalecía mi espíritu en su obra y su servicio. Mientras yo más viajaba y trabajaba para Él, más aumentaba mi fortaleza en Él; por lo cual mi alma frecuentemente alababa su glorioso nombre, y cantaba alabanzas a Él aún en lugares solitarios. Un poco tiempo después tuve otra reunión en la casa de Tomás Symonds en Norwich, en un primer día de la semana, y vino un grupo de Ranters; incluyendo a la misma persona que parecía tomar mi lado en contra del opositor antinomiano. El poder y el temor del Señor Dios fue derramado en gran manera sobre mí para dar testimonio en contra del pecado y la maldad, su raíz y su rama - en contra de los deseos de la carne, los deseos de los ojos, la vanagloria de la vida, y el amor al mundo - de manera que la poderosa palabra del Señor penetró las reuniones y abatió maravillosamente el espíritu de esos Ranters, y otros espíritus disolutos, que ellos vinieron a mí esa noche como hombres que habían sido golpeados grandemente y que habían sido derribados de sus altas nociones de Ranters. Ellos cuestionaron su salvación, en la cual antes ellos habían pensado que estaban seguros, como si su montaña nunca pudiera ser removida; sin embargo ahora ellos estaban con dudas y temores, y preguntas tales como: “Hombres y hermanos, ¿qué haremos para ser salvos?”

*Los Ranters eran muy numerosos en Inglaterra. Ellos creían que Cristo había destruido la ley, por lo tanto ya no había pecado. Ellos también creían que eran hijos de Dios, con libertad de hacer lo que quisieran, mientras ellos no pensaran que era pecado. Eran muy similares a aquellos que creen que una vez salvo - siempre salvo, sin importar qué o cuántos pecados fueran cometidos después. La mayoría de los Ranters eventualmente se convirtieron en cuáqueros, al darse cuenta del error de sus creencias.

Con compasión por sus pobres almas, yo los exhorté de todo corazón a aceptar el juicio del Señor y su indignación porque ellos habían pecado grandemente en contra de Él; para que ellos pudieran encontrar la misericordia de él por medio de la verdadera humillación y el arrepentimiento; con más consejo y advertencias de este tipo que eran necesarias, como el Señor por medio de su luz me mostró entonces que era más adecuado para su condición. Yo nunca había tenido conocimiento de este tipo de gente antes de ir a Norwich. La mayoría de ellos se convencieron de la verdad, y varios de ellos reformaron sus vidas y sus conversaciones; aunque algunos volvieron a sus libertades carnales corruptas, por medio de la negligencia, y la falta de vigilancia, no manteniéndose en el temor de Dios.

Hemos visto en nuestro día que donde estaba la herida mortal en la bestia, o la naturaleza bestial, ha sido sanada, en aquellos que no han avanzado en el proceso de morir, ni han esperado pacientemente para ver el juicio que produce victoria, ellos han malogrado, y se han alejado de la gracia de Dios hacia la inmoralidad, o a aceptar el mundo, y así a vender la verdad, y a sí mismos también, aún sus propias almas, por sus iniquidades. "He aquí que por vuestras maldades fuisteis vendidos."

Un poco después de la reunión mencionada anteriormente en al casa de Juan Lawrence, fui a visitarlo a él y a su familia y parientes que estaban con él. Su esposa, y su cuñada, Elizabeth Bedwell, y otras personas de la familia que habían sido convencidas, eran verdaderamente cariñosas con los Amigos, como también lo eran sus hijos. Ellos estaban contentos con el buen servicio que yo tuve en esa reunión, donde los tres sacerdotes estuvieron grandemente desilusionados por la conquista que se habían asignado y fueron muy confundidos. Elizabeth Bedwell me dijo que la esposa de otro sacerdote del pueblo y ella tuvieron una discusión antes de la reunión, y esperaron que hubieran algunas disputas entre los sacerdotes y el cuáquero. La esposa del sacerdote le había preguntado, diciendo: "Señora Bedwell, ¿de qué lado va a estar usted?" Elizabeth le contestó amablemente: "Yo voy a estar con el lado más fuerte." Después que la reunión había terminado, la esposa del sacerdote le dijo a Elizabeth: "Ahora, señora Bedwell, yo se que usted va a estar del lado de los cuáqueros, o por los cuáqueros, porque usted dijo que estaría con el lado más fuerte."

Juan Lawrence a menudo hablaba acerca de esa reunión con gran placer, recordando el servicio a la verdad y la desilusión de los tres sacerdotes, y lo pobremente que a veces ellos se veían. Elizabeth Bedwell, quien estaba de parte del lado más fuerte, continuó siendo una Amiga fiel, inocente, y amante de la verdad, y un ejemplo de humildad hasta la muerte; y su esposo era un hombre amante y un amigo de la verdad y los Amigos, especialmente en sus últimos años. Es digno de recordar que tanto la propia madre de Juan Lawrence, como la madre de su esposa, quienes eran mujeres muy ancianas, llegaron a estar convencidas y recibieron la verdad al mismo tiempo, y continuaron siendo Amigas en su ancianidad hasta lo último.

También José Lawrence, quien era hermano de Juan Lawrence, y su esposa, recibieron la verdad y a los Amigos en verdadero amor, y llegaron a ser muy serviciales. Antes de morir José sufrió considerablemente por causa de la verdad por medio de encarcelamientos. Su esposa no vivió muchos años después de recibir la verdad, pero durante su vida fue una mujer muy virtuosa, sobria, ingeniosa, y amante Amiga; y por su vida sobria y buen ejemplo, dejó un dulce sabor tras ella.

Nuestro viejo y fiel amigo, William Barber, de Gissing, en el condado de Norfolk, y su esposa, habían recibido anteriormente la verdad y a los Amigos en gran amor y cariño en el año 1654. Yo lo conocí por primera vez en Diss, en Norfolk, y le declaré la verdad a él y a algunos otros presentes, abriendo algo del misterio de Cristo y del ministerio y obra de su Espíritu en el interior; y también hablando de la obra contraria del enemigo en el hombre, como el Señor se agradó de inspirarme y permitirme. William fue tiernamente afectado y derramó lágrimas, y su espíritu fue humillado, aunque él había sido un gran hombre y capitán del ejército; la verdad estaba cerca de él. Yo lo sentí cerca de ella, y mi corazón estaba abierto y sensible hacia él en el amor de Cristo. Un tiempo después vi a su esposa. Ella era una mujer honesta y sobria, que recibía la verdad y a los Amigos con mucho amor y cariño; y continuó siendo una Amiga fiel, inocente y amante hasta el día de su muerte. Observé que el Señor la había dotado con mucha paciencia, considerando el largo y grande sufrimiento que su esposo había soportado al ser encarcelado en el castillo de Norwich, durante veinte años, o más, principalmente por no pagar los diezmos a un viejo sacerdote de parroquia, quien parecía implacablemente malicioso en su acusación, o más bien persecución y venganza. William Barber dio un fiel testimonio a través de la paciencia. Yo no se de nadie que haya sufrido como él en esas partes, aunque muchos Amigos de ese lugar han sufrido profundamente por la misma causa, y el Señor los apoyó en sus sufrimientos.

Después que yo había trabajado y viajado por algunas semanas en ese condado, en la obra del Señor y su evangelio, en el invierno del año 1654, una preocupación muy importante vino sobre mí para viajar hacia el condado de Suffolk, y primero hacia alguna parte de High Suffolk. A medida que íbamos, Roberto Constable, el Amigo que fue conmigo, organizó una reunión para la noche en el pueblo llamado Budsdale, donde la gente era bastante cortés y tranquila. Al día siguiente fuimos a Mendlesham en Suffolk, a la casa de Roberto Duncan, de quien yo antes tenía un buen reporte, y de su deseo de que algunos Amigos lo visitaran en esos lugares; porque una reunión de personas honestas había se había estado haciendo por algún tiempo en su casa, quienes discrepaban con los sacerdotes de la parroquia y sus servicios de adoración; y sin embargo tenían varios predicadores, o a quienes se estimaban a sí mismos como hasta cierto punto dotados espiritualmente para predicar y orar entre ellos.

Cuando llegué a la casa de Roberto, me recibió amablemente. El siguiente día era el primer día de la semana, y yo fui a la reunión en su casa. Nos sentamos en silencio por algún tiempo, esperando al Señor en su santo temor para ver y sentir lo que Él se agradara por su poder de inspirarme para declararle a la gente, quienes estaban esperando oír lo que se les hablaría. Algunos de sus maestros parecían un poco molestos porque estábamos en silencio por tanto rato. Entonces Roberto Duncan habló unas pocas palabras con este propósito: que tal vez ellos habían estado demasiado en las palabras, o dependiendo de las enseñanzas de los hombres; y por lo tanto ahora Dios consideraba apto llevarlos al silencio, para que ellos puedan llegar a depender más de él para la enseñanza.

Algunos de sus predicadores estaban instando a que uno o más de ellos orara. Yo los dejé solos y pacientemente escuché lo que decían sin la inspiración del Espíritu, su devoción voluntaria. Después de una pequeña pausa, el Señor abrió e hizo un camino para que yo les predicara la verdad; para llevar sus mentes a la luz verdadera. Yo prediqué de manera que ellos puedan conocer la semilla inmortal y su nacimiento, que viene de arriba, para la cual es el amor eterno de Dios; que es opuesta a esa semilla y nacimiento que odia, somete, crucifica y asesina. Yo verdaderamente deseé que todos ellos puedan ir hacia la obra interna de su Espíritu, y al conocimiento de Cristo en espíritu; y que ellos puedan conocer las enseñanzas de Dios por su Espíritu.

Yo estaba verdaderamente entre ellos en gran humildad, mansedumbre, y pobreza de espíritu; en lo cual el Señor estaba conmigo, y por su poder invisible me ayudó, por causa de su propio nombre - sí, y por causa de su semilla, la cual yo sentí entre esa gente. El Señor tenía una tierna semilla y un pueblo entre ellos, hacia quienes mi alma estaba verdaderamente afligida, en el amor y las entrañas de Cristo Jesús mi Señor y guía, quien obró antes de mi en su obra del evangelio y su servicio; para él sea la gloria para siempre.

La reunión se llevó a cabo y se terminó con mucha sobriedad y seriedad, y no hubo oposición a lo que el Señor me dio para declarar entre ellos. En su mayor parte ellos estaban bien inclinados y convencidos de la verdad, la cual ellos confirmaron por medio de la testificación. La reunión continuó llevándose a cabo en ese lugar. La gente estaba tan satisfecha con la verdad y la dispensación del espíritu, como era profesada y mantenida entre el pueblo llamado los cuáqueros, que los amigos estaban contentos de esperar al Señor juntos en silencio, para conocer y recibir la vida, el poder y las enseñanzas también de él. El Señor los prosperó por muchos años. Al principio, a medida que sus reuniones fueron reducidas para llegar a conocer el estado del silencio, algunos de sus antiguos predicadores se fueron por un tiempo; sin embargo regresaron después, especialmente aquel que era el más notable, a saber Eduardo Blumsted, padre. Él, su esposa, y su familia todos llegaron a ser Amigos afectuosos en nuestra sociedad; y él llegó a ser un predicador entre los Amigos por algunos años antes de morir.

Durante mi primera visita a la casa de Roberto Duncan, su esposa fue convencida y recibió la verdad con mucho amor y ternura, lo cual ella también me mostró a mí. Ella era una mujer débil de cuerpo y había estado confinada a su recámara por algún tiempo. Por el poder del Señor ella fue restaurada en salud y fuerza, de modo que podía caminar varias millas a pie, y continuó siendo una Amiga inocente, amante y fiel hasta la muerte. Roberto mismo fue muy instrumental en la mano del Señor durante su día, en el apoyo y el ánimo de esa reunión que se llevaba a cabo en su casa, como también por su gran amor a los amigos en que frecuentemente les permitía quedarse también en su casa. Él era un supervisor que era realmente dado a la hospitalidad, y el Señor lo bendijo tanto interior como exteriormente.

Después de esa reunión yo sentí una preocupación en el espíritu nuevamente para regresar hacia Norwich, donde habíamos tenido un servicio efectivo en la bendita verdad, entre los Amigos convencidos y otras personas bien inclinadas. También visité a mi estimado amigo y hermano, Ricardo Hubberthorn, tan a menudo como pude. Él todavía estaba detenido como prisionero en el castillo de Norwich, donde él sólo tenía un pobre hoyo para alojarse al final de una muralla. Era un pequeño hoyo o cuarto de piedra con forma de arco; y se quebró, desplomándose no muchos años después. Fue por la misericordia del Señor que no se cayó mientras Ricardo Hubberthorn estaba adentro.

Mi estimado amigo, Tomás Symonds, era el cuñado de Roberto Robert Duncan. Tomás tenía un gran amor por Roberto y deseaba su bien. Él había estado en la reunión en la casa de su cuñado, y regresamos a Norwich juntos.

Unos pocos días después, ya cerca del final del décimo mes del año 1654, hubo un discurso en un lugar llamado la iglesia de Pedro en Norwich. Yo sentí que el Señor me exigió que fuera allí para dar testimonio de acuerdo a lo que a él le agradara darme. Fui dotado con un santo celo en contra de la iniquidad y el orgullo y la codicia que aún los sacerdotes de prestigio mostraban en aquellos días; y también, tuve compasión por la ignorancia y la ceguera de la gente que era engañada por los sacerdotes.

Cuando el sacerdote, llamado Boatman, había terminado su sermón, se me permitió decir sólo unas pocas palabras en contra de la iniquidad, etc., cuando algunos de la audiencia del sacerdote vinieron a mí violentamente para sacarme, algunos tirando de un brazo, y otros del otro, en direcciones opuestas; algunos esforzándose para sacarme por la puerta del norte, y otros por la terraza del sur. Por su violencia yo fui herido con dolor interno en un lado de mi pecho al ser estirado demasiado con sus jalones en direcciones opuestas; pero en unos pocos días le agradó al Señor sanar el daño y dolor que recibí por su trato cruel. De la iglesia fui llevado a Guild-hall; ante Tomás Toft, el alcalde, quien después de examinarme acerca del bautismo por agua, y algunas otras cosas, me envió a la cárcel de la ciudad.

El alcalde parecía buscar alguna acusación en contra de mí porque no tenía ninguna. Me cuestionó acerca del bautismo por agua, preguntándome si "el bautismo de Juan era del cielo o de los hombres". A lo cual yo le contesté si ellos, "quienes defendían ahora el bautismo por agua podían probar, o hacer parecer que ellos tenían un encargo del cielo para bautizar, como lo había hecho Juan, yo lo reconocería." Pero yo supuse que él no pretendía hacer eso; sino que estaba defendiendo la práctica de rociar a los bebés. Sin embargo, aunque él no pudo obtener una ventaja en contra mía, me quiso enviar a la prisión.

El propósito de este sitio web es mostrar cómo llegar a estar
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el cual lleva a la unión con Dios en su Reino.

 


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