La Cruz Perdida de la Pureza



 

FRANCIS HOWGILL
1618-1669

Francis Howgill era un ministro de la Verdad, que se convirtió después de haber sido un ministro de la letra. Él fue uno de los primeros ministros cuáqueros después de Jorge Fox, parte del grupo denominado los Sesenta Valientes, a quienes el Señor envió por toda Inglaterra a proclamar la Verdad. El Señor envió a Francis y Eduardo Burrough a Londres, donde la cosecha era más grande. Él sirvió de manera eminente, haciendo que muchos se convirtieran a la Verdad, para disfrutar de los frutos de la santidad de la comunión en el cielo con el Padre y con el Hijo.

Francis Howgill nació cerca del año 1618. Su residencia estaba en Todthorne, cerca de Grayrigg, en Westmoreland. Recibió una educación universitaria como preparación para el ministerio en la iglesia episcopal. Se convirtió en ministro de la iglesia episcopal, pero después la dejó, estando descontento con la superstición que vio que todavía quedaba en ella, y se unió con algunos independientes, llegando a convertirse en un maestro entre ellos. Debido a que todavía sentía la falta del consuelo espiritual del cual su alma tenía sed, se fue con los anabautistas, pensando que ellos caminaban más de acuerdo con el Evangelio de Cristo. Aún así el seguía destituido de la paz mental que tanto necesitaba; y al fin, cuando tenía unos treinta y cuatro años de edad, se unió con la perseguida sociedad llamada la de los cuáqueros, entre los cuales él se convirtió en un celoso miembro. En la prisión murió en comunión con ellos, después de haber sido una persona eminente entre ellos por unos dieciséis años, como ministro, dejando un registro de sus escritos y sus sufrimientos.

Él nos ha dejado un registro en particular acerca de su experiencia religiosa en los primeros años, en una obra titulada "La herencia de Jacob descubierta después de su regreso a Egipto;" de la cual presentamos un extracto a continuación:

"Desde los doce años yo me propuse en mi corazón conocer a Dios a quien el mundo profesaba, y acerca de quien leí en las Escrituras; a quien alabaron Abraham, Noé, Moisés, los profetas y el resto de los padres. Llegué a tener la adoración más estricta que existía en el lugar donde yo vivía; y a menudo deseaba estar solo, y me ocupaba mucho en la lectura y la meditación. Y debido a que yo era una persona sobria y seria, comencé a ver que todos los deportes y pasatiempos, y tales cosas en las que la juventud se deleita naturalmente eran vanidad, y que no duraban más que un momento. Y cuando yo estaba en la necedad y la lascivia haciendo estas cosas, la naturaleza que se había ido a la transgresión se complacía de hacerlas; pero tan pronto como yo me alejé de ellas, fui juzgado en mí mismo por lo que había hecho; y esto a menudo me hacía llorar. Entonces decidí en mi voluntad que nunca más haría tales cosas; y durante un tiempo me abstuve de practicar tales cosas en las que antes había caminado; pero tan pronto como me acerqué a ellas comencé a practicarlas otra vez, lo cual antes yo había visto como vanidad. Pero mucho antes de eso fui probado en muchas cosas; y así a menudo me condenaba a mí mismo, y no tenía paz cuando era serio; y entonces, no sabiendo qué hacer, me ponía muy triste cuando estaba solo. Tenía un deseo de estar solo para no ver ni padecer ninguna de las necedades del mundo, y no llegué a los excesos de antes, aunque a veces había algo en mí que todavía las deseaba; pero cuando no cedía, me sentía feliz y con paz. Comencé a oponerme a mis amigos, con quienes yo había caminado en la falta de restricción; y ellos me comenzaron a injuriar, y a odiarme, y a desdeñarme; y sin embargo no me importó.

Después leí mucho, y oré con palabras, a menudo tres o cuatro veces en el día, y sin embargo no lo hacía donde Dios estaba, sino que imaginaba a Dios en la distancia; y así seguí. Entonces comencé a crecer en el conocimiento externo, el cual es sensual; y me llené del orgullo por saber, porque el mundo me admiraba. Pero todavía era condenado por las palabras y acciones vanas; y la raíz de la iniquidad creció en mí. Seguí un curso más estricto, a menudo viajando cinco o seis millas para oír cosas más excelentes, como eran llamadas, y así crecí más en palabras; pero todavía era el mismo, y hasta peor, porque el conocimiento continuó elevando mi orgullo. Entonces cuando tenía alrededor de quince años de edad, busqué por medio de los viajes oír los sermones más excelentes; y así me familiaricé con todos los así llamados cristianos eminentes de la región donde yo vivía. Mis padres me despreciaban, y me hicieron un asombro para el mundo; y vino un gran reproche sobre mí; pero yo todavía veía que ellos no sabían nada, y por lo tanto no me importó. De modo que tuve una gran tristeza por un período de cuatro o cinco años; y cuando me volví hacia mi interior fui juzgado por todas mis iniquidades pasadas, y se me mostró lo que estaba en mi corazón, que era corrupto; pero a medida que me mantuve en el interior, a la Luz de mi conciencia, fui restringido de hacer muchas cosas que tenía la voluntad de hacer; y al instante, cuando yo cometía cualquier injusticia de acción o de palabra, a menudo fui detenido. Y cuando vi que podía resistir y no seguir la tentación, surgió un gran gozo en mí; pero cuando hacía cualquier cosa precipitada o sin pensar, era juzgado. Pero los maestros externos decían que esto era la conciencia natural, que me mantenía alejado del pecado, y lo restringía; y así yo oía sus imaginaciones y cómo desairaban a la Luz como si fuera algo muy bajo, que no era nada más que la gracia común que nos mantiene alejados de los grandes males. Pero ellos decían que los santos tenían una gracia y fe peculiar; y yo los oí, y aún así fui convencido de pecado. Después me dijeron que los santos creían en Cristo, y que por eso no se les imputaba el pecado, sino que todos eran justos basados en su justicia; así que yo tenía que buscarle en los medios, como la oración, y recibir el sacramento, como le llamaban ellos; y ellos me juzgaron como un comunicador digno; y yo lo era, por el gran temor que tenía que pudiera comer indignamente. Nadie podía instruirme acerca de qué era el cuerpo de Cristo.

En una ocasión leí todas las escrituras que hablan de los sufrimientos de Cristo. Los maestros dijeron que yo debía creer que él sufrió por mí; y yo creía todo lo que ellos llamaban fe; sin embargo no podía ver cómo él podía haber muerto por mí, y haber quitado mi pecado; porque el testigo de mi conciencia me decía que mientras yo cometiera pecado era siervo de él. Ellos me dijeron que yo no debía omitir la ordenanza (o el así llamado sacramento de la comunión), porque así la fe era confirmada y se obtenía más fortaleza. De modo que por un lado ellos insistían que era un deber, y por el otro lado yo veía que las escrituras decían: "El que come indignamente, come maldición para sí mismo." Yo tenía temor, aunque nadie podía acusarme por mi conducta externa; sin embargo después me vino un gran temor, y pensé que había pecado en contra del Espíritu Santo, y me vino una gran aflicción. Entonces ellos dijeron que yo no me había preparado apropiadamente para el sacramento; sin embargo yo tenía toda la preparación de la cual ellos habían hablado; pero todos ellos eran médicos que no valían nada.

Así que yo ayuné y oré, y caminé en dolor y lamento, y pensé que nadie era como yo, tentado en todas formas. Y corrí a uno y otro hombre; y ellos me aplicaban las promesas; pero era sólo en palabras, porque el testimonio de Cristo me mostraba que la raíz de la iniquidad todavía permanecía, y que el cuerpo de pecado estaba completo. Y a pesar de esto, fui mantenido alejado de los grandes males, sin embargo la tristeza me embargaba, y cuestioné todo lo que alguna vez tuve, lo cual ellos decían que era gracia, arrepentimiento y fe.

Entonces les dije que había culpa en mí; y ellos dijeron que Cristo había quitado el pecado, pero que la culpa todavía quedaría en mí mientras yo viviera, y que me llevaba a la condición de los santos en la batalla, para confirmarla. Entonces me dije a mí mismo que esta era una salvación miserable, porque el pecado y la condenación del pecado todavía permanecían en mí. Entonces fui tirado de un lado para otro, y oí cómo predicaban confusión; y por lo tanto ellos no se preocuparon de mí, y dijeron que seguramente este no era el ministerio de Cristo. De modo que dejé esto por un tiempo, excepto por cortos períodos de caídas, y no me preocupé de ellos; pero me mantuve en soledad en el hogar y en lugares desiertos, en llanto. Todo lo que tenía fue puesto delante de mí, y cada pensamiento fue juzgado; y yo estaba muy sensible, y mi corazón estaba quebrantado. Cuando sentía la mayor cantidad de dolor, estaba en la mayor paz; porque algo hablaba dentro de mí de parte del Señor; pero yo no lo conocía a Él en ese entonces. Y ellos dijeron que era una herejía terrible pensar que la palabra de Dios se podía hablar en estos días, porque la palabra estaba sólo en la Biblia. Así que yo ignoré esto; sin embargo muchas veces fui llevado a hacer cosas justas, por el poder inmediato y la Palabra de Dios. Así la paz y el gozo surgieron en mí, y promesas me fueron dadas de que Él mismo me enseñaría y sería mi Dios. A menudo le obedecí contrario a mi voluntad, y negué mi propia voluntad. Pero ellos me dijeron que el obedecer por temor era el legalismo de la ley, y que esto me hacía un esclavo de la ley; sino que en cambio yo debería actuar por la obediencia evangélica. De modo que yo tenía temor, y sin embargo practicaba las cosas antiguas, las cuales ellos llamaban ordenanzas; y ellos decían que esto era la obediencia de un hijo, y que Cristo ya había hecho todo; que no había nada que yo pudiera hacer.

Entonces apareció más atractivo en aquellos llamados los independientes [congregacionalistas puritanos]; y los amé, y me uní a ellos; y con todo el dinero que yo pude obtener compré libros; y caminé con ellos y consideré a los independientes como más separados del mundo; y ellos enfatizaban la separación. Pero al fin vi que era sólo en palabras, y que ellos mismos escogían los oficiales y los miembros; y de esa manera hacían una imagen y se inclinaban a ella y la alababan. Sin embargo había algo de sensibilidad en ellos al principio; pero la doctrina era la misma que la del mundo, las palabras externas, acerca de la condición de otros; [la simple lectura y el hablar de las experiencias en la Biblia].

Y aquellos que se llamaban los anabautistas parecían tener más gloria, y caminar más de acuerdo a las escrituras, observando las cosas escritas en el exterior; y fui con ellos; y había algo que yo amaba de ellos. Pero después ellos negaron todo menos a los que estaban en el camino de ellos, diciendo que estaban fuera de la comunión de los santos, y de la doctrina de Cristo. Y vi que el fundamento era el mismo; y su doctrina fuera de la vida, con el resto de los maestros del mundo; y que ellos se habían separado a sí mismos, y habían hecho otra semejanza. Pero todavía todos ellos decían que la Biblia era la palabra y la regla; y que Cristo, que estaba a una distancia en el exterior, había hecho todo por nosotros; que no había nada que un individuo pudiera hacer. Algunos de ellos defendían el libre albedrío, otros se oponían, pero todo fue hecho en sus propias voluntades.

De todos modos yo amaba a aquellos que caminaban honestamente entre ellos. Pero a pesar que yo había visto y aceptado todo lo que oí, excepto la figura, la cual yo vi que era externa; y que ésta era su gloria más grande, y vi que se inclinaban todos a ella, de otra manera no había comunión; sin embargo no encontré paz ni guía. Entonces algunos predicaban la doctrina de la gracia gratuita, como ellos la llamaban, que todo el pecado se había eliminado, el pasado, el presente y el por venir; que al sólo creer esta doctrina todo está terminado; y así predicaban la salvación a la primera naturaleza, y a la serpiente que llevó la regla. Yo escuché esto por un tiempo, y así perdí mi condición interior. Pero aún así donde quiera que fuera, se me decía esto: “Eres siervo de quien sea que obedezcas;” y siendo así vencido por el pecado, no tuve ninguna justificación testificada en mí.

Entonces algunos predicaban de Cristo en el interior, pero ellos mismos estaban en el exterior; sin embargo decían que todos debían estar en el interior, ante lo cual su alma debía partirse. Y ellos hablaban de la redención y la justificación, y todo en el interior; y de Dios apareciendo en el hombre, y venciendo el poder del diablo; y la Luz en mi conciencia me dio testimonio que así debía ser; y fui presionado en gran manera a esperar y ver que así era; y algo en mí buscaba el aliento del Dios viviente. Y yo tenía un verdadero amor para todos aquellos que caminaban honestamente, cualquiera fuera su profesión; y odié el que algunos se injuriaran los unos a los otros, y que se golpearan los unos a los otros, y se persiguieran los unos a los otros; y siempre tuve parte con el sufriente. Pero de todas maneras ví, que aunque hablaban de cosas internas, y del poder que estaba por venir, ellos no disfrutaban aquello de lo cual hablaban; porque se producían los mismos frutos.

Al fin vi que aquellos que caminaban como los ministros de Cristo, que ninguno que pretendía tener el ministerio tenían tal don, ni los pastores, ni los maestros; ni era ninguno de esos miembros como eran en los tiempos de los apóstoles.

Y así, habiendo pasado de arriba para abajo, habiendo ido de acá para allá, ví que todos los maestros del mundo se buscaban a sí mismos, y alimentaban a la gente pobre con nombres muertos y engaño; y que ellos no eran ministros de Cristo. Los ví a todos en el engaño, quienes no permanecieron en la doctrina de Cristo; y dejé de asociarme con la mayoría de ellos para siempre. Debido a que yo no estaba de acuerdo con el juicio de ellos, me odiaron y me persiguieron.

Entonces me fue revelado que el Señor quiere enseñar al su pueblo él mismo. Así que esperé, y muchas cosas me fueron reveladas acerca del tiempo presente. A veces hubiera querido oír a un sacerdote; pero cuando lo oí a él, fui inspirado por el Señor, y su palabra en mí me ordenó a hablar en oposición; y muchas veces a medida que un fuego ardía dentro de mí, y me venía un temblor, y aún así temía la reprensión, y negaba así el dictamen del Señor.

Me fue revelado que esperara, y que así sabría cuál era su consejo; y que la palabra del Señor estaba en mí, y que el tiempo estaba cerca, cuando los muertos podrían oír la voz del Hijo de Dios. Esto ardía dentro de mí como un fuego, que el día estaba cercano, cuando no se oiría decir, "Helo aquí, o helo allá;" sino que todo el pueblo del Señor sería enseñado por Él. Pero aún así mi mente se escapaba, para salir del temor hacia el descuido; porque yo no conocía la cruz de Cristo. Sin embargo, digo yo, que yo era más sabio que los maestros con los que me encontré en esa generación. No me glorío en ello, porque la condenación es pasada sobre todo eso para siempre. Aún así a medida que mi mente se acercaba a la Luz, siempre tenía revelaciones puras; y profecías de cosas por venir; y la creencia de que yo podría ver el día, y llevar testimonio de su Nombre. De modo que cuando las cosas eran reveladas tan rápidamente, la sabiduría de la carne se asía de ellas; y fui de arriba hacia abajo, predicando en contra de todo el ministerio; y también me adelanté a mi guía en aquello que era revelado en mí mismo. Prediqué por todos lados en la comarca, acerca de la plenitud que se encontraba en la vieja botella; y así que muchos me seguían, y fui admirado por muchos, que habían ido de arriba para abajo como yo. Nos alimentamos los unos a los otros con palabras; y nos sanamos los unos a los otros en engaño; y todos se llenaron de dolor cuando el día del Señor fue manifestado. Porque yo fui derrocado, y mi fundamento fue quitado; y toda mi justicia y mi injusticia fue juzgada, y pesada, y se encontró que era muy liviana.

Tan pronto como oí a uno* declarar que la Luz de Cristo en el hombre es el camino a Cristo, creí la palabra eterna de la verdad; y la luz de Dios en mi conciencia lo selló. De modo que no sólo yo, sino que muchos cientos más, que tenían sed del Señor, pero que fueron traicionados por la sabiduría de la serpiente, todos se veían fuera del fundamento. Todas nuestras bocas fueron calladas en el polvo; y todos permanecimos condenados en nosotros mismos, y vimos nuestra desnudez, y fuimos avergonzados; aunque nuestra gloria era grande en los ojos del mundo, todo era vanidad.

* Jorge Fox en la feria de Sedburgh, lo que se explicará más adelante.

A medida que volví mi mente hacia el interior, a la luz de Jesucristo, con la cual fui iluminado, la cual anteriormente me reprendió por toda mi vanidad, y también cuando la tuve me guió hacia toda justicia, ví que era el testigo fiel y verdadero de Cristo Jesús. Mis ojos fueron abiertos; y todas las cosas que yo había hecho alguna vez fueron traídas a la memoria; y el día temible del Señor cayó sobre mí; pena y dolor; temor y terror, por lo que ví con mis propios ojos. En la mañana deseé que fuera la tarde, y en la tarde deseé que fuera la mañana; y no tenía descanso, sino aflicción por todos lados. Todo lo que hice alguna vez fue juzgado y condenado; y todas las cosas fueron maldecidas. Entonces el león sufrió hambre. Mis ojos fueron opacados por el llanto; mi carne falló debido a la gordura; mis huesos se secaron, y mis tendones se encogieron. Me convertí en un proverbio para todos; sí, para aquellos que me habían conocido; ellos se alejaron de mí. Los pilares del cielo fueron sacudidos; una aflicción vino sobre otra. Busqué la muerte durante el día, y no la pude encontrar; se escapó de mí. Busqué cubrirme de todas maneras, o con cualquier cosa, pero no pude. Y Babilonia, la madre de las rameras, vino a la memoria ese día; y el mar se secó, y todos los mercaderes que comerciaron con ella permanecieron a distancia, porque la copa de la ira había sido derramada. Hubiera corrido a cualquier lugar para esconderme; pero no había nada más que llanto, y crujir de dientes, y lamento, y terror. Clamé por la falta de quietud en mi corazón; y el reino estaba lleno de oscuridad. No sabía la diferencia entre mi mano derecha y mi izquierda. Me convertí en un perfecto tonto, y no supe nada; y fui como un hombre distraído. Todo fue volcado; y sufrí pérdida de todo. Y todo lo que alguna vez hice, ví que era en la naturaleza maldita.

Entonces algo en mí clamó, "justo y verdadero es Su juicio." Mi boca fue acallada; y no me atreví a mencionar Su nombre. Pero a medida que sufrí la indignación del Señor, algo en mí se regocijó; la cabeza de la serpiente había comenzado a ser herida; y a medida que el juicio fue pronunciado, algo clamó: "justo eres, Oh Señor, en todos tus juicios.” Y a medida que abandoné todo al juicio, los cautivos fueron liberados de la prisión, y se gozaron. Mi corazón estaba lleno de gozo; y llegué a ver a Aquel a quien yo había traspasado. Mi corazón estaba quebrantado. Ví la cruz de Cristo, y permanecí a un lado de ella; y el enemigo fue eliminado por ella. El nuevo hombre fue creado; y así vino la paz; y la vida eterna fue traída, a través de la muerte y el juicio. Entonces recibí el don perfecto, que me fue dado por Dios; y la santa ley de Dios me fue revelada; y fue escrita en mi corazón. Su temor, y Su palabra, la cual dio muerte, ahora vivía.

"'Ahora le agradaba al Padre revelar al Hijo en mí a través de la muerte; y así llegué a testificar de la limpieza por medio de su sangre, la cual es eterna. ¡Gloria a su nombre para siempre! Y tengo descanso y paz al hacer la voluntad de Dios; y he entrado en el verdadero descanso, y me he sentado con el rebaño de Dios, con los corderos de Dios, donde los hijos de Dios se regocijan juntos, y los santos guardan los días santos. ¡Gloria a Él para siempre!"

Parece que el gran cambio que se acaba de mencionar, sucedió en la mente de Francis Howgill en el año 1652. Él estaba en una ferio, en Sedburgh, al este de Yorkshire, a través de la cual había pasado Jorge Fox, declarando el día del Señor. Jorge Fox después se fue al patio de la iglesia; y mucha de la gente que estaba en la feria fue a verlo, junto con varios de los sacerdotes, y los profesantes de la religión. Allí él les declaró la verdad eterna del Señor, y la palabra de vida, por varias horas: mostrándoles que el Señor había venido, a enseñar a su pueblo él mismo; y a sacarlos de los caminos del mundo, y de sus maestros; mostrándoles que estos maestros eran como los maestros antiguos, condenados por los profetas, por Cristos, y por los apóstoles. Él exhortó a la gente a salir de los templos hechos por manos; y a esperar para recibir el Espíritu del Señor, para que ellos puedan conocerse a sí mismos como templos de Dios. Ni uno solo de los sacerdotes abrió su boca en contra de lo que él declaró; pero un capitán dijo: "¿Por qué no entras adentro de la iglesia? ¿Acaso este no es un lugar apto para predicar?" Jorge Fox le dijo que él negaba su iglesia. Entonces Francis Howgill se puso de pie, quien nunca había visto a Jorge Fox antes, y asumió el deber de contestarle al capitán; y pronto lo silenció, y dijo: "este hombre habla con autoridad y no como los escribas."

El siguiente reporte de la extraordinaria reunión en la cual Francis Howgill, John Audland, John Camm, Richard Hubberthorn, y muchos otros fueron convencidos de la verdad eterna, ha sido extraído del Diario de Jorge Fox:

Al siguiente Primer día fui la capilla de Firbank, en Westmoreland, donde Francis Howgill y John Audland habían estado predicando en la mañana. La capilla estaba llena de gente, de modo que no pude entrar. Francis dijo que él pensaba que yo había mirado hacia dentro de la capilla, y su espíritu estaba casi desmayándose, ya que así lo sorprendió el poder del Señor; pero yo no miré hacia dentro. Ellos se apresuraron y terminaron rápido, y fueron a cenar con algunas de las personas; pero la mayoría se quedó hasta que ellos volvieron. John Blakelin y otros vinieron a mí, y no querían que yo los reprendiera públicamente; porque ellos no eran maestros de la parroquia, pero eran hombres bastante sensibles. Yo no les podía decir si es que yo lo haría o no, aunque en esos momentos no tenía ninguna inclinación para declarar públicamente en contra de ellos; pero les dije que tenían que dejar que la inspiración del Señor obrara en mí. Mientras los otros se habían ido a cenar, me fui a un arroyo, tomé un poco de agua, y después fui y me senté sobre una roca cerca de la capilla. En la tarde la gente se reunió alrededor mío, junto con varios de sus predicadores. Estimamos que habían más de mil personas en ese lugar, a quienes les declaré la verdad eterna de Dios y la palabra de vida, libre y gratuitamente por cerca de tres horas. Los dirigí a todos hacia el espíritu de Dios dentro de sí mismos para que ellos puedan ir de la oscuridad hacia la luz. Y creyendo en la luz, que ellos puedan llegar a ser hijos de ley, y que ellos puedan ser llevados del poder de Satanás hacia Dios; y ser llevados hacia toda la verdad por el espíritu de la verdad, y entender sensiblemente las palabras de los profetas, de Cristo, y de los apóstoles; y que todos puedan llegar a conocer a Cristo como su maestro que los instruye, su consejero que los dirige, su pastor que los alimenta, su obispo que los supervisa, y su profeta que abre los misterios divinos ante ellos; y que sus cuerpos puedan estar preparados, santificados, y hechos aptos para que Dios y Cristo puedan morar en ellos. En las revelaciones de la vida celestial, les revelé a los profetas, y las figuras y sombras, y los dirigí hacia Cristo, la sustancia de todo. Entonces les revelé las parábolas y los dichos de Cristo, y las cosas que habían estado ocultas por mucho tiempo; mostrándoles la intención y el alcance de los escritos de los apóstoles, y que sus epístolas habían sido escritas para los elegidos. Cuando les había revelado el estado de los apóstoles también les mostré el estado de la apostasía que existía desde los días de los apóstoles. Les dije que los sacerdotes habían olvidado las escrituras, y que no estaban en el espíritu las inspiró; y que las han puesto en capítulos y versículos, para hacer comercio con las palabras de los hombres santos; que los maestros y sacerdotes ahora se encuentran en los pasos de los profetas falsos, los principales sacerdotes, los escribas, y los fariseos de antaño, y que son como aquellos contra los cuales clamaron los profetas verdaderos, Cristo y los apóstoles, y que por lo tanto son juzgados y condenados por el espíritu de los profetas verdaderos, de Cristo, y de sus apóstoles: y que nadie que estuviera en el espíritu y guiado por él ahora podía tenerlos. Mucha gente de edad fue a la capilla, y miraban hacia afuera por las ventanas, pensando que era extraño ver a un hombre predicar sobre un monte o montaña, y no en su iglesia, como ellos la llamaban; por lo cual fui inspirado a informar a la gente que la iglesia y el terreno donde ésta se encontraba no eran más santos que esa montaña; y que esos templos, a los que ellos llamaban casas temibles de Dios, no fueron establecidos por el mandamiento de Dios o de Cristo; ni sus sacerdotes habían sido llamados, como lo había sido el sacerdocio de Aarón; ni sus diezmos habían sido señalados por Dios, como lo habían sido los de los judíos; sino que cuando Cristo había venido, había acabado tanto con el templo y su alabanza, como con los sacerdotes y sus diezmos; y que ahora todos debían oírlo a él: porque él dijo, "Aprendan de mí;" y Dios dijo de él: "Este es mi hijo amado, en quien tengo contentamiento; óiganlo a él." Les declaré que el Señor Dios me había enviado a predicar el evangelio eterno y la palabra de vida entre ellos; y a sacarlos de esos templos, diezmos, sacerdotes, y rudimentos del mundo, los que habían surgido desde los días de los apóstoles, y que habían sido establecidos por los que habían errado del espíritu y el poder que estaba en los apóstoles. Muchas cosas me fueron reveladas en esta reunión, y el poder convincente del Señor acompañó mi ministerio, y alcanzó los corazones de la gente; con lo cual muchos fueron convencidos, y todos los maestros de la congregación (los que eran muchos), fueron convencidos de la verdad eterna de Dios ese día.

En un testimonio con respecto a Francis Howgill, por Jorge Fox, él declara:

"Francis Howgill era uno de los dignos del Señor, que predicó Su palabra eterna de vida, desde alrededor del año 1652, hasta el año 1668. Que él estaba muy familiarizado con los sacerdotes de clase más alta; y que después que él había recibido el poder del Señor, y la palabra de vida, él fue un tormento para ellos. Y él le confesó a algunos de los sacerdotes, acerca del conocimiento de Dios y su verdad, “él no sabía mientras estaba entre ellos, acerca de el gozo interior de éste, más que un niño de cinco años de edad."  

En una carta a Margarita Fell, Howgill dijo lo siguiente acerca de Jorge Fox: "Salude con mucha estima a Jorge Fox; una hora con él sería un gran gozo para nosotros. [para Burrough y él]." A pesar de la magnitud de la medida que Howgill mostraba de Cristo en todos los escritos mencionados anteriormente, él claramente defiere a Fox con aún más, lo que también muestra su humildad.

A medida que el Hijo de Dios se le reveló, él comenzó a conocer sus mandamientos para predicar de él poderosa y libremente, y de su palabra de vida. John Audland y él viajaron juntos. Todos los días de su vida, después de haber sido convencidos, predicaron de Cristo Jesús libremente, como ellos lo recibieron, y llevaron a muchos hacia Dios. Pero tan pronto como se había abierto su boca, los sacerdotes, magistrados, y profesantes comenzaron a airarse en contra de él, y a ofenderse con la palabra de Dios, y del evangelio. John Audland y él habían recibido algo de dinero en el pasado por predicar en una parroquia llamada Colton, en Furnace Fells. Ahora que ellos habían recibido el evangelio gratuitamente, y por medio de la palabra de vida de Cristo, el Señor les mandó a ir y regresar el dinero a la parroquia y a la gente, de quienes lo habían recibido; lo cual ellos hicieron; y esto hizo que los sacerdotes y profesantes se airaran aún más.

Más tarde Francis fue enviado a Londres con Eduardo Burrough. Juntos ellos trabajaron por alrededor de 10 años, sobre todo en Londres, haciendo visitas a Irlanda, Bristol, y a otras partes de Inglaterra. Ellos tuvieron mucho éxito, con más de 10,000 cuáqueros encontrándose solamente en Londres.

De Valiente por la Verdad:

Entre los sesenta ministros (que llegaron a ser conocidos como los Sesenta Valientes), habían dos que eran muy diferentes en edad y carácter, pero que estaban unidos en su celo por la verdad. Éstos eran Francis Howgill y Eduardo Burrough. Ambos vinieron de Yorkshire, y su apariencia simple y dialecto provincial no hicieron una impresión muy grande al principio sobre los sutiles londinenses. Su sabiduría y celo, sin embargo, produjo un gran efecto; y producidos por fortaleza que no era de ellos mismos, los frutos de su ministerio aumentaron de tal manera que después de tres meses de servicio muchas otras reuniones fueron establecidas, aparte de las dos en las casas de los hermanos Dring, y apenas había espacio para aquellos que se reunían.

Al fin se organizó una gran reunión, conocida como el Bull and Mouth, en la cual se reunían mil personas. En ella, entre riñas y discusiones, algunos ensalzando a los cuáqueros y algunos acusándolos de herejía, Eduardo Burrough, el más joven de los dos evangelistas, se ponía de pie sobre una banca, con una Biblia en su mano, y hablaba a la tumultuosa asamblea ante él, con tanto poder que todos se calmaban y ponían atención. Tanto como Francis Howgill y Eduardo Burrough dieron sus vidas por su religión. Howgill en la cárcel de Appleby, donde fue encarcelado por el resto de su vida; Eduardo Burrough en Newgate. Después de diez años de ministerio exitoso el joven "Hijo del Trueno", como se le llamaba, fue encerrado con cientos de otros en un lugar tan pequeño que muchos murieron de la fiebre de la cárcel; uno de ellos fue ese celoso evangelista Eduardo Burrough, a la edad de veintiocho.

Francis Howgill fue enviado por el Señor a Londres, la ciudad más grande y con el mayor potencial para los que cosechaban la semilla; esto fue una indicación de la estima que el Señor tenía por Francis. Él causó una gran impresión, ya que en 1676 había 10,000 cuáqueros en el área metropolitana de Londres.

Mucho del material a continuación ha sido tomado de La Historia del pueblo llamado los cuáqueros de William Sewell. Sewell escribió durante un tiempo cuando los registros todavía estaban frescos y muchos testigos podían ser entrevistados. Por esa razón él es considerado el historiador definitivo del movimiento cuáquero durante sus comienzos, y fue la fuente para muchos libros escritos en los 1800s con respecto a los cuáqueros.

Howgill entrega un mensaje proveniente de Dios que declaraba que los primeros cuáqueros serían recordados para siempre

Durante un tiempo de gran persecución en Londres, Francis Howgill escribió a partir de su experiencia profunda y extática en el cielo:

‘Los movimientos de mi corazón han sido muchos, profundos e importantes por algunos meses, semanas, y días, con respecto a este pueblo que el Señor a levantado para dar testimonio, en este día, de su poder; y se ha hecho intercesión por ellos muchas veces ante el Señor, con una espera paciente para conocer sus pensamientos acerca de ellos en el tiempo por venir; por lo cual recibí satisfacción como para mí mismo, sin embargo el Señor me llevó a esperar algo, para que yo pudiera consolar y fortalecer a su rebaño por medio de un testimonio seguro. Y mientras estaba esperando todas las cosas visibles, y estando muy fuera del mundo en mi espíritu, y con mi corazón sobre nada más que el Dios viviente, el Señor abrió los manantiales de la gran profundidad, y rebosó mi corazón con luz amor; y mis ojos eran como fuentes debido a las lágrimas de gozo, por causa de su heredad, lo cual él me mostró, y me dijo con un poder completo, fresco y viviente y un testimonio santo y completo, para que mi corazón fuera embelesado con un gozo indescriptible, y yo estaba fuera del cuerpo, con Dios en su paraíso celestial, donde ví y sentí cosas indecibles, más allá de cualquier descripción o palabra. Al fin la vida se cerró con mi entendimiento, y mi espíritu lo oyó a él; y el eterno Dios dijo: "¿Esconderé algo de aquellos que buscan mi rostro en justicia? No, sino que lo manifestaré a aquellos que me temen; hablaré y ustedes me oirán, y lo publicarán entre todo mi pueblo, para que ellos puedan ser consolados, y ustedes puedan ser satisfechos."

Y así dijo el Dios viviente de los cielos y de la tierra, en el día 28 del tercer mes, del año 1662.

'El sol dejará de brillar, y dejará de dar luz al mundo; y la luna llegará a ser una completa oscuridad, y no alumbrará la noche; las estrellas dejarán de conocer su oficio o su lugar; mi pacto con el día, con la noche, con los tiempos y las estaciones, terminará antes que el pacto que he hecho con este pueblo, en el cual ellos han entrado conmigo, terminará o se romperá. Sí, aunque los poderes de la oscuridad y el infierno se combinen en contra de ellos, y las garras de la muerte los envuelvan, aún así yo los libraré, y los guiaré a través de todo. Confundiré a sus enemigos como lo hice con Jacob, y los esparciré como lo hice en los días del Israel antiguo. Tomaré a sus enemigos; los arrojaré de aquí para allá, como piedras arrojadas con una honda; y el monumento conmemorativo de esta nación, [los primeros cuáqueros] el cual es santo para mí, nunca será erradicado, sino que vivirá a través de las edades, como una nube de testigos, en las generaciones por venir. Los he llevado al nacimiento, sí, los he llevado hacia adelante; los he envuelto, y ellos son míos. Yo los nutriré y los llevaré, como sobre las alas de un águila; y aunque las nubes se reúnan en contra de ellos, yo pasaré a través de ellas; aunque la oscuridad se amontone, y se generen tempestades, los esparciré con un viento del este; y las naciones sabrán que ellos son mi heredad, y ellos sabrán que yo soy el Dios viviente, que defenderá su causa con todos los que se levanten en oposición en contra de ellos.'

Estas palabras son santas, fieles, eternas, buenas y verdaderas; benditos son aquellos que oyen y creen hasta el fin; y gracias a ellos no tuve fortaleza en mí por un tiempo; pero al fin mi corazón estaba lleno de gozo, así como cuando el arca fue llevada de la casa de Obed-edom, cuando David danzó ante ella, e Israel clamó de gozo.

Francis Howgill

Howgill escribe la Palabra del Señor a Cromwell en una advertencia

Francis Howgill, cuando estaba en Londres, fue a la corte a entregar una seria advertencia del Señor a Oliverio Cromwell, el que era entonces el gobernante en Inglaterra, con muchas palabras directamente de Dios. Esta carta también es un testimonio de la vida en Cristo que disfrutaba Francis Howgill; porque la larga declaración del Señor por mano de Howgill pone en evidencia que él era un verdadero profeta de Dios. Después de haber hablado con Cromwell, Howgill pensó que sería conveniente expresarse a sí mismo por escrito; como lo hizo con la siguiente carta.

‘Amigo,

Fui inspirado por el Señor a venir a usted, a declarar la palabra del Señor con el amor del Señor. Y cuando estaba hablando con usted, se me mandó a que no le pidiera nada; sino que declarara lo que el Señor me había revelado con respecto a usted; y cuando yo había entregado el mensaje que se me había mandado a entregar, usted lo cuestionó, si es que era la palabra del Señor o no, y buscó hacerlo a un lado por medio de su razón; y hemos esperado algunos días desde entonces, pero no he podido hablar con usted. Por lo tanto fui llevado a escribirle, y a aclarar mi conciencia, y a dejarlo. Por lo tanto escuche la palabra del Señor.

Así ha dicho el Señor: Los escogí a ustedes de todas las naciones, cuando ustedes eran pequeños ante sus propios ojos, y derribé las montañas y los poderes de la tierra ante ustedes, los que habían establecido la maldad por medio de la ley, y los corté y rompí el yugo y las cadenas del opresor, e hice que ellos se rebajaran ante ustedes, y los hice como una planicie ante ustedes, para que ustedes pasen sobre ellos, y pisoteen sus cuellos. Pero así dice el Señor, ahora el corazón de ustedes no es recto ante mí, sino que ustedes toman consejo, y no de mí; y ustedes están estableciendo paz, y no por medio de mí; y ustedes están estableciendo leyes, y no por medio de mí; y mi nombre no es temido, y yo no soy buscado; sino que ustedes establecen su propia sabiduría. ¿Qué? dice el Señor, yo he derribado a todos los opresores, y quebrantado sus leyes, ¿y ahora ustedes están tratando de establecerlas otra vez, y van a edificar otra vez, aquello que yo he destruido?

Por lo cual, así dice el Señor: ¿Acaso ustedes me limitarán, y me pondrán límites, y me dirán cuándo, y dónde, y cómo, y por medio de quién me declararé a mí mismo y publicaré mi nombre? Entonces romperé su cordón, y quitaré su estaca, y me exaltaré a mí mismo en el derrocamiento de ustedes.

Por lo tanto esta es la palabra del Señor para ustedes, si es que ustedes la oyen o se abstienen de hacerlo: si ustedes no quitan todas esas leyes que han sido hechas con respecto a la religión, a través de las cuales la gente que yo estimo son oprimidos, ustedes no serán establecidos; pero así como ustedes han pisoteado a mis enemigos por medio de mi poder, así ustedes serán pisoteado por mi poder, y ustedes sabrán que yo soy el Señor; porque mi evangelio no será establecido por la espada de ustedes, ni por sus leyes; sino por mi fortaleza, y por mi poder, y por mi Espíritu.

Para ustedes esta es la Palabra del Señor: No restrinjan al Espíritu eterno, por medio del cual yo publicaré mi nombre, y cuando y donde, y cómo lo haré; porque si ustedes lo hacen, ustedes serán como polvo en el viento; la boca del Señor lo ha dicho, y él llevará a cabo su promesa. Porque esto es lo que yo busco en sus manos, dice el Señor, que ustedes deshagan las cargas pesadas, y liberen a los oprimidos. ¿Acaso no son muchos de ellos encerrados en la prisión, y algunos puestos en el cepo, algunos apedreados, algunos tratados de manera vergonzosa? Y algunos son juzgados como blasfemos por aquellos que no conocen al Señor, y por aquellas leyes que han sido hechas por la voluntad del hombre, y que no están en la voluntad de Dios. Y algunos sufren ahora porque no pueden sostener los tipos, y así niegan que Cristo ha venido en la carne; y algunos han sido encerrados en la cárcel, porque no podían jurar, y porque habitan en la doctrina de Cristo; y algunos, por declarar en contra del pecado abiertamente en los mercados, han sufrido como los que hacen el mal. Y ahora, si ustedes los dejan sufrir en esta naturaleza por medio de esas leyes, y lo cuentan como justo; los visitaré por esas cosas, dice el Señor, romperé el yugo de sus espaldas en otra manera, y ustedes sabrán que yo soy el Señor.

Inspirado por el Señor para declarar y escribir esto, por un siervo de la verdad por causa de Jesús, y uno que ama sus almas, llamado,

Francis Howgill

No estoy enterado de cómo esto fue recibido; pero tengo entendido que algunos de los siervos de Cromwell, Teofilio Green, y Mary, que después se convirtió en la esposa de Henry Stout, fueron alcanzados de tal manera por el discurso de Francis, que después se convirtieron en miembros de la Sociedad de los Amigos.

Pero debido a que Cromwell ignoró esta advertencia y muchos otros mensajes de advertencia de los cuáqueros, provenientes de Dios para él, murió durante su cargo. Después su cadáver sufrió la indignidad de ser desenterrado, colgado en la horca, y decapitado, siendo su cabeza después puesta sobre una pica en el Westminster Hall. Él había sido advertido muchas, muchas veces por un Dios paciente, la ira del cual es lenta para encenderse.

La carta de Howgill a Margarita Fell,
recordando la comunión espiritual que habían tenido anteriormente en Swarthmore

La siguiente hermosa carta fue dirigida a Margarita Fell en Londres, de parte de Francis Howgill, quien también después murió en la cárcel, para testimonio de la verdad: (Margarita Fell estaba casada con el juez Fell durante este tiempo, y había abierto su hogar a los primeros cuáqueros. Francis y muchos otros crecieron y maduraron en Cristo en ese lugar, en las reuniones diarias que tenían los que se quedaban allí. Podemos leer las palabras de Francis para entender la profundidad de su fe y ver cómo él se convirtió de ser un ministro de la letra a un ministro del Espíritu. También podemos ver el crucial papel que Swarthmore jugó en el desarrollo de los primeros gigantes cuáqueros. Una carta similar y complementaria fue escrita por William Caton, quien también se convirtió en un ministro importante de la Verdad, carta en la cual él alaba el cuidado y afecto que recibió en el cultivo espiritual de su fe por parte de Margarita Fell en Swarthmore, un lugar de refugio, refrigerio, comunión, amor, y crecimiento para los primeros cuáqueros.)

Grayrigg, día 29 del noveno mes, año 1661

ESTIMADA MARGARITA

En Él, quien se ha convertido en un lugar de ríos y arroyos anchos para nosotros, y una porción de nuestra copa, y el pedazo de nuestra herencia, los saludo con toda estima. Los días pasados no han sido olvidados por mí, ni los años pasados, cuando todos tomamos de una copa, y fuimos bautizado en la muerte y el sufrimiento de Cristo: y se nos hizo que lo bebiéramos voluntariamente, sabiendo que era nuestra porción asignada a nosotros por el Señor, la cual no pasará, sino que debemos beber de ella. Y aunque era molestoso and penoso para nosotros, cuando nuestra fortaleza era pequeña, aún así Dios, por causa de su amor y misericordia infinitos, nos fortaleció para soportar, y para sufrir, y para negar aquello que escondía la inmortalidad y la vida de nosotros. Y Él nos llevó en sus brazos, y nos hizo soportar con paciencia los sufrimiento y la muerte; para que podamos obtener la resurrección de la muerte; lo cual en realidad fue un tiempo bendito; aunque por un momento parezca penoso. Pero ahora, habiendo obtenido la resurrección de los muertos, siendo bautizados en la resurrección y en la vida, hemos conocido más bendición, aún bendiciones espirituales, las cuales Dios nos ha dado para disfrutar en los lugares celestiales en Cristo Jesús: para que así como nosotros sufrimos los unos por los otros, y los unos con los otros, así nosotros podamos regocijarnos los unos con los otros, y los unos por los otros, y sólo en Él; en quien están todos nuestros manantiales frescos, y de quien brotan nuestro gozo, y felicidad, y consolación. Él ha abierto los manantiales de la gran profundidad, y ha hecho brotar la vida, con la cual sus pequeños son refrescados, y los hombres jóvenes son fortalecidos, y los ancianos y honorables son confirmados y establecidos. Santo y reverenciado sea su nombre por la eternidad, quien está exaltando su gloriosa montaña sobre toda la tierra; y que Jerusalén sea hecha la alabanza y la gloria y la admiración de toda la tierra. Y déjeme decirle, no estoy más cansado que el primer día que la hoz fue puesta en la cosecha; cuando salimos a sembrar la semilla llorando y con lágrimas: pero viendo que las gavillas eran traídas a casa, y las cargas llenaban el granero, y corrientes llenas atrapadas en las redes, me ha hecho mirar más allá desmayándome - bendito sea al Señor. Estoy feliz que ustedes se quedaron tanto tiempo en esa ciudad (Londres), en la cual hemos tenido muchas cargas y días agotadores; pero ese fruto es traído hacia Dios, balaceando abundantemente todo, y hace que me olvide de las tribulaciones. He estado en el norte en Northumberland, Bishoprick, y sobre el mar del este, y de vuelta en York; verdaderamente el jardín es más que nada placentero, y da un buen aroma, ahora cuando el viento del sur sopla sobre él.

Me despido cariñosamente en el pacto santo de la vida,

Francis Howgill

La muerte de Howgill en la prisión:

Arrestado y encarcelado por no jurar, siendo su propiedad confiscada y su vida sentenciada, él murió en la cárcel.  Lo injusto de su juicio también es detallado en sus memorias.

En el día 20 del primer mes llamado enero, en el año 1668-9, Francis Howgill, después de una enfermedad de nueve días, murió en la prisión en Appleby, donde él había estado por más de cinco años. Durante su enfermedad él estaba en perfecta condición mental, y muy a menudo se encontraba en oración ferviente, pronunciando muchas expresiones reconfortantes, para el gran consuelo de los que estaban alrededor de él. A menudo se le oía decir que él estaba contento de morir, y alababa a Dios por los muchos dulces gozos y refrigerios que había recibido en esa prisión, en esa casa, en esa cama, donde estaba acostado, perdonando libremente a todos los que tuvieron parte en su detención. Y él dijo, 'Este fue el lugar de mi primer encarcelamiento por causa de la verdad, aquí en esta ciudad, y si es el lugar donde mi cuerpo ha de yacer, estoy contento.' Varias personas notables, habitantes de Appleby, como el alcalde, y otros, vinieron a visitarlo; y algunos de ellos orando para que Dios pueda hablar paz a su alma, él les contestó: 'Él lo ha hecho.' Alrededor de dos días antes de su partida, siendo atendido por su esposa, y varios de sus amigos, él les dijo a ellos: 'Amigos, como un asunto de palabras, ustedes no deben esperar mucho de mí, ni tampoco hay una gran necesidad de ello, o de hablar de las cuestiones de fe a ustedes que están satisfechos: sólo que recuerden mi amor por todos los amigos que preguntan por mí; porque yo siempre amé mucho a los amigos, o a cualquier persona en la que apareciera la verdad. Verdaderamente Dios será dueño de su pueblo, como lo ha hecho siempre hasta ahora, y como lo hemos testificado diariamente; porque tan pronto como ellos habían llevado a cabo el acto de destierro, que causó gran sufrimiento en muchos buenos amigos, el Señor había movido a los enemigos en contra de ellos, a través de lo cual la violencia de sus manos fue quitada. Yo digo, otra vez, Dios será dueño de su pueblo, aún de todos aquellos que son fieles. Y en cuanto a mí, yo estoy bien, y contento de morir. No tengo nada de temor de la muerte; pero una cosa ha estado últimamente en mi corazón, y que yo tenía la intención de escribirle a Jorge Fox y a otros, aún lo que yo he observado, esto es, que ha medida que esta generación pasa rápidamente, vemos muchos amigos buenos y preciosos que en los últimos pocos años han sido llevados; y por lo tanto los amigos tienen necesidad de velar, y ser muy fieles en dejar un buen aroma, y no uno malo, para la próxima generación; porque vemos que es corto el tiempo que cualquiera de nosotros tenemos para estar aquí.' Unas pocas horas antes de pasar al descanso, algunos amigos de otros lugares vinieron a visitarlo, y él les preguntó acerca de su bienestar, y oró fervientemente, con muchas expresiones celestiales, que el Señor, por medio de su gran poder, pudiera preservarlos alejados de todas tales cosas que puedan mancharlos y corromperlos. Su voz entonces, por causa de su gran debilidad, se le iba, y un poco después de recobrar algo de fuerza, él dijo, ‘He buscado el camino del Señor desde niño, y he vivido inocentemente entre los hombres; y si alguien pregunta acerca de mis días finales, déjenles saber que muero en la fe en la cual viví, y por la cual sufrí.' Después de estas palabras, él dijo algunas otras, en oración a Dios, y así acabaron sus días discretamente en paz con el Señor, a los cincuenta años de edad.

Él dejó un buen nombre entre todos los que lo conocieron. Algún tiempo antes de su enfermedad, considerando su estado cambiante, y encontrándose en algo de decadencia de su naturaleza, él hizo su testamento, en el cual, como su amor era muy grande por sus hermanos, con los cuales él había trabajado en el ministerio, así él les dio a cada uno de ellos un recuerdo de su amor; él también dejó un legado a sus amigos pobres en aquellas partes donde él vivió.

Porque aunque sus bienes móviles fueron confiscados por el rey para siempre, aún así la confiscación de sus bienes raíces fue sólo por vida; de modo que entonces teniendo todavía algo, él pudo disponer de ello en su testamento.

Durante su encarcelamiento, él no dejó de consolar y fortalecer a sus hermanos por escrito, efectuando por medio de la pluma lo que no pudo hacer por medio de la palabra hablada: él también defendió su doctrina en contra de todos lo que se opusieron a ella, y entre otros, escribió un largo tratado en contra de los juramentos, contradiciendo la opinión de aquellos que consideraban que era legítimo jurar bajo el evangelio.

El destacado consejo paternal de Howgill a su hija:

Mientras todavía estaba encarcelado bajo sentencia de por vida, alrededor de dos años antes de su fallecimiento, Howgill escribió una epístola de consejo y recomendación como su último testamento y voluntad a su hija Abigail, una niña a la que él amó mucho, quien había nacido durante un tiempo de grandes pruebas y aflicciones, a través de las cuales sin embargo, por la bondad del Señor, él fue llevado pacientemente; por lo cual él nombró a su hija Abigail, significando, el gozo del padre. Esta carta fue re-impresa muchas veces, porque hablaba entonces, y ahora, con sabiduría y simplicidad. El consejo es tan sólido ahora en el 2007 como lo fue en el año 1666. En este testamento él le dio instrucciones para su conducta futura en la vida, como sigue a continuación:

Hija Abigail,

Esto es para que tu observes y guardes, y hagas caso, todos los días de tu vida, para regular tu vida y tu conversación en este mundo, para que tu vida pueda ser feliz, y tu fin sea bendecido, y Dios sea glorificado por ti en esta generación. Estas cosas te dejo como legado y te aconsejo que siempre las observes, porque estas cosas son las únicas cosas principales que yo tengo para otorgarte, las cuales yo aprecio más aún que las riquezas exteriores. Observa y guarda mis dichos; y te encargo ante Dios, y por la venida de nuestro Señor Jesucristo, que tu observes lo que digo, lo cual he sido inspirado por el Señor a dejar para ti, y en tierno amor y afecto para ti, mi hija, que el Señor te pueda dar sus bendiciones y hacer tus caminos prósperos, y que tu fin sea en paz.

Yo no nací con grandes posesiones, ni heredé grandes cosas en este mundo; pero el Señor siempre me ha dotado con suficiente y bastante, y ha sido un tierno Padre para mí, porque mi corazón confió en él, y amó el camino de la justicia desde que yo era un niño. No tengo una gran porción para otorgarte de las cosas de este mundo; de lo poco que tengo, y con lo cual Dios me ha bendecido, algo te dejaré, lo cual no mencionaré aquí, pero tú lo sabrás después de mi fallecimiento; pero prefiero encargarte a tu querida madre, quien yo confío que proveerá suficientemente para ti, delante de quien mi corazón ha sido siempre recto ante el Señor. Ella tenía una porción y dote suficiente cuando me casé con ella, la cual lamento haber disminuido o perjudicado; y lo que era de ella, si es que le place al Señor que yo muera antes que ella, le dejo libremente, como siempre ha sido mi intención y propósito, lo cual no se ha alterado ni se alterará, por medio del poder de Dios, como sólo Dios sabe, y tiene por registro; y será hecho manifiesto a todos en el tiempo apropiado, como lo es ante el Señor, quien ha estado conmigo en medio de muchas aflicciones, pruebas, y sufrimientos, y ha levantado mi cabeza sobre mis adversarios, porque yo confié en su Nombre; el cual a veces consideré como un refugio, y una ayuda presente en tiempos de necesidad; y así será contigo, si tú temes su Nombre, y confías en Él para siempre.

Y ahora mi querida hija, escucha las palabras de mi boca, y escucha mi consejo; considera estas cosas que dejo tras de mí, para que tu observes, para que tus días se puedan alargar sobre la tierra, y que sean benditos y cómodos para ti, y un honor para Dios en esta generación. El tiempo cuando tú naciste y viniste a este mundo, fue un tiempo de gran aflicción y pruebas para mí, no de parte del Señor, quien siempre me habló paz a mí, y me sustentó; pero por causa del adversario de la humanidad, quien siempre busca devorar el bien que se encuentra en todos, y es el sembrador de la discordia y de la malicia en los corazones de aquellos que no temen al Señor ni habitan en su consejo; en los cuales él entra, ya que cualquier lugar es dado a sus tentaciones, y él corrompe la mente. Pero aunque fue una gran prueba que vino sobre mí, el Señor guardó mi corazón en rectitud hacia Él y me dio mucha paciencia; de modo que aunque la tierra haya sido echada al mar, y todas las cosas exteriores se hayan convertido en confusión, y la naturaleza haya cambiado su curso, el Señor me dio fortaleza para no ser afligido, ni ofendido; porque él me sustentó.

Durante este tiempo naciste tú, y por lo tanto yo llamé tu nombre Abigail, el cual significa el gozo o deleite del padre, porque en ti yo fui consolado, y entonces mis pruebas fueron mitigadas.

Mi consejo para ti es que recuerdes a tu Creador en los días de tu juventud, y temas al Señor en tu juventud, y aprendas a conocerle y a servirle todos tus días. Busca primero el reino de Dios y su justicia; no está lejos de ti; está dentro de ti Éste consiste en la vida y el poder, y permanece en la justicia, la verdad, y la equidad; justicia, misericordia, mansedumbre, paciencia, amor, luz y santidad; éste el el ser y su centro. Por lo tanto no busques a Dios en este o aquel lugar, fuera de ti, en esta o la otra observanza externa, porque muchos buscan en ese lugar y nunca lo encuentran; pero tú busca y encontrarás, espera y recibirás.

Si tú te preguntas, ¿qué debo buscar? Y ¿qué debo esperar? Y ¿cómo debo buscar? Yo te informo que debes poner en silencio todos tus pensamientos, y debes llevar tu mente a lo que es puro, y santo, y bueno dentro de ti misma, y debes buscar y esperar en ello, en la luz de Jesucristo, por medio de la cual tú eres iluminada, la cual te muestra cuando tú haces el mal, y te prueba y te reprende. Haz caso de esto, y te mostrará tus inclinaciones y pensamientos malignos; y a medida que lo amas, los destruirá, y te guardará durante el tiempo para que salgas del mal. Porque aunque nazcas en el mundo como una criatura razonable, aún así debes nacer otra vez, y ser una nueva criatura, de otra manera no puedes entrar en el reino de Dios. Tú debes conocer la semilla del reino dentro de ti, a partir de la cual tú debes nacer y ser formada otra vez a la imagen de Dios. Yo te he dicho que Dios la ha sembrado en ti, un grano de ella, una medida de ella, una porción de ella, una medida de luz y verdad, de justicia y santidad; mantén tus pensamientos enfocados en esto, y ámalo, y sentirás al Padre celestial obrando en ti, y formándote para vida a través de Jesucristo quien te ha iluminado. Haciendo esto, sentirás el poder del Señor fortaleciéndote, a partir de tu pequeño comienzo, y haciéndote crecer en la semilla inmortal de su reino, mientras que creces más que todo el mal. De modo que tú morirás diariamente al mal, y no encontrarás placer en él; sino que tu placer estará en el Señor, y en su bondad y virtud que ha sido esparcida por fuera en tu corazón, lo cual tú probarás y sentirás dentro de ti, y en lo cual tendrás gozo y consuelo.

Ama al Señor con tu corazón y tu alma, a aquel que te hizo, y te dio la vida, y todas las cosas en el cielo y en la tierra. Quédate quieta y espera el conocimiento de él en ti misma. Él no está lejos de ti, sino que está cerca, y está cerca de todos los que lo llaman con un corazón recto. Busca el conocimiento de tu querida madre; ella te informará; ella te conoce, y conoce el camino de la vida y la paz; y escucha sus instrucciones.

Dios es un espíritu, de luz, y vida y poder, que escudriña el corazón, y te muestra cuando haces, o piensas, o hablas el mal, y le muestra al hombre y a la mujer sus pensamientos. Lo que muestra el mal es bueno; y lo que muestra una mentira es verdad; esto está en el interior, hazle caso. Esto es llamado el Espíritu de Dios en las Escrituras; créelo, ámalo, y despertará tu corazón a la bondad, y sujetará el mal. Aquí está tu maestro cerca de ti; ámalo, y si actúas contrario a él, te condenará. Por lo tanto haz caso de este espíritu de verdad, y te iluminará y te animará, y abrirá tu entendimiento, y te dará a conocer lo que Dios es, y te ayudará a hacer lo que es bueno y aceptable ante su vista; este espíritu nunca se equivoca, sino que guía para salir del error hacia toda la verdad.

¡Oh Abigail, cree mis palabras! Son las palabras de Dios, y la Verdad. Sé sobria de mente durante tu juventud, y espera al Señor en el interior; escúchalo. Dios es una luz inmortal, vida inmortal, verdad inmortal, un espíritu eterno y perpetuo; él habla de manera espiritual e invisible dentro de los corazones y las conciencias de los hombres y las mujeres: escucha lo que él dice, y obedece su voz, y tu alma vivirá; ten temor de ofenderlo, o de pecar contra de él, porque la paga del pecado es muerte. Por lo tanto aprecia su amor en tus delicados años de juventud, y lee las escrituras y los libros de los Amigos, y haz caso de lo que lees para obedecerlo, tanto como tú entiendas; y ora con frecuencia al Señor, para que él te dé su conocimiento, y abra tu entendimiento en las cosas de su reino; escudriña tu corazón frecuentemente con la luz de Cristo en ti; manifiesta y lleva tus obras a ella, para que puedan se probadas. Examínate a ti misma para ver cómo está tu caso entre el Señor y tú; y si ves que estás en el error, humíllate a ti misma y laméntate, y ve hacia él, y él te mostrará misericordia. Ten cuidado después de no repetir los mismos males otra vez. Mantén tu corazón limpio, y vigila el mal en ti por medio de la luz que pone el mal de manifiesto; ya que en esta luz hay poder, y por lo tanto tú tienes poder para vencer todo el mal.

Y, querida hija, no pongas tu mente en los placeres del pecado, los que duran sólo un momento, y su fin es miseria; sino que mantente humilde y crucifica tu voluntad y tus afectos, para que tu mente no encuentre placer en el mal, sino en el bien; y sentirás que la semilla inmortal brota en ti, la cual es para la paz y el amor de Dios.

¡Oh Abigail! Estas son cosas grandes e importantes, que no se deben desairar. Busca la compañía de personas que temen al Señor, adóralo en espíritu y en verdad, y lleva una vida y una conversación santa y sin mancha; no niegues a estas personas, sino que ámalas, y sufre con ellas. Ten cuidado de que tú no sigas a los maestros y predicadores asalariados, quienes predican por ganancias y por dinero, y no habitan en la doctrina de Cristo. No les creas, no les hagas caso, ellos no le hacen ningún bien a la gente. Pero tú los verás por ti misma. Ellos a veces hacen una muestra externa de piedad, pero niegan el poder de Dios y la verdadera santidad; recuerda, yo, que he tenido un conocimiento perfecto de ellos, te lo he dicho. No dejes que nada separe tu amor de Dios y de su pueblo. Su pueblo fue odiado y se ocultó, y fue perseguido, y se habló mal de él, siempre por parte de gente maligna y libertina. Su pueblo son aquellos que guardan su ley, y obedecen la voz de Cristo, y llevan una vida santa; éstos son el pueblo de Dios, y su amor, paz y bendición está con ellos. Ama y asóciate con su pueblo a medida que tu creces como una rama natural (entre ellos), de la vid viviente, y continúa todos tus días en obediencia a la voluntad de Dios, y sentirás gozo y amor en tu corazón; lo cual tú debes desear sobre todas las cosas, y tú alcanzarás y obtendrás la paz eterna, la cual el Señor te garantiza, de acuerdo a las riquezas de su misericordia y amor, el cual dura para siempre. Amén.

Y ahora, Abigail, con respecto a tu bienestar en esta vida, éste es mi consejo y sugerencia para ti: ama a tu querida madre, y siempre obedécela y hónrala, y asegúrate de no afligirla. No seas testaruda ni terca, sino que sé sumisa a ella, y compórtate como una niña obediente con ella, ya que su amor hacia ti y tus hermanas ha sido demasiado grande, lo cual le ha causado mucha aflicción a ella. Aprende en tu juventud a leer y escribir, y a coser y tejer, y aprende todas las cosas buenas que corresponden a una doncella, y huye de la ociosidad y la pereza, las cuales alimentan el pecado. Y a medida que aumentas en años, trabaja en los asuntos del país, y ten cuidado con el orgullo, y con revelarte, y con la curiosidad, sino que conténtate con la ropa que tu madre te permita, para que puedas ser un buen ejemplo para otros. No seas libertina, ni desenfrenada, ni ligera, sino temperada, moderada, y casta; y no seas rápida con las palabras, ni con el habla, sino rápida para oír, y lenta para hablar; y siempre vive con tu madre, y sé de ayuda para ella, y tenle mucho cariño en su vejez y en sus días posteriores, para que ella encuentre consuelo en ti, y su alma te bendiga. Ama a tus hermanas, y siempre sé cortés con ellas y con tu hermano; anímense los unos a los otros en el bien.

Y si llegas a ser una mujer de nacimiento perfecto, mantente sin corrupción, y no dejes que tu mente sea distraída por los deportes o los pasatiempos; el fin de todas esas cosas es dolor; y no sigas detrás de los jovencitos. Si tienes deseos de casarte, no busques un esposo, deja que un esposo te busque a ti Y si vives en el temor de Dios, y tienes una vida honesta y virtuosa, aquellos que temen a Dios te buscarán; no le des tus afectos a cualquiera que profese amor, sino que sé considerada. Y sobre todas las cosas, escoge a uno (si es que te casas) que ame y tema al Señor, cuya conversación y manera, y curso de vida, tú conozcas bien, antes de dar tu consentimiento. Sé discreta y sabia, no escondas nada de tu madre, y ella te aconsejará, sin duda, para tu propio bien; y si ella está con vida, no te cases sin su consentimiento. Y si te unes a un hombre, asegúrate de amarlo en tu corazón, y sé obediente a él, y hónralo por sobre todas las cosas, así su corazón estará más contigo, y su amor aumentará. No lo aflijas, sino que sé cariñosa, y fácil de rogar, y ocúpate de tus propios asuntos; y si el Señor te da hijos, críalos en el temor del Señor, y en buen ejercicio, y mantenlos sujetos a ti, y sé un ejemplo de virtud y santidad para ellos, para que puedas tener la bendición del Señor en tu juventud y en la edad avanzada, y durante toda tu vida.

Oh, Abigail, recuerda estas cosas, mantén tu mente en estas cosas, lee este escrito frecuentemente, cópialo, y graba mis palabras en tu corazón, y ponlas en práctica, así serás feliz en esta vida, y en la vida por venir. Estas cosas te encargo que observes, así mi mente y voluntad, y el consejo inalterable para ti, he puesto como testigo en la presente por medio de mi mano.

Tu querido padre,

Francis Howgill

El 26 del quinto mes, del año 1666

El elogio de Howgill por la muerte de su estimado amigo Eduardo Burrough:

Cuando su querido amigo y compañero de predicaciones, Eduardo Burrough, murió en la cárcel de Newgate, Francis Howgill dio el siguiente hermoso y poderoso testimonio: [el cual también describe los propios logros de Francis]

¿Acaso los días, o los meses, o los años, desgastarán tu nombre, como si tú no existieras? ¡Oh no!
¿Acaso no vivirán en las generaciones por venir tus acciones nobles y valientes, y las poderosas obras que tú has obrado por medio del poder de aquel que te apartó desde el vientre? ¡Oh sí!
Los niños que todavía no han nacido te tendrán en sus bocas,
y tus obras testificarán de ti, en las generaciones que todavía no nacen, y te considerarán bendito.
¿Acaso tu vida se fue como una vela que se apaga? ¡Oh no!
Tú has penetrado en los corazones de muchos, y en la memoria de muchos vivirás para siempre;
y tendrás renombre entre los hijos de los hombres para siempre.
Porque tú has llevado a muchos a la justicia,
y brillas como una estrella de Dios en el firmamento del poder de Dios, para siempre por la eternidad;
y los que están allí te verán y se gozarán de ti,
aunque tú te hayas ido de aquí, y no puedas ser visto en constante cambio;
aún así tu vida y tu espíritu permanecerán paralelos con la inmortalidad.
¡Oh, Eduardo Burrough!
No puedo hacer menos que llorar por tu muerte,
pero no como alguien sin esperanza o sin fe,
sabiendo y teniendo un testimonio perfecto de tu bienestar en mi corazón, por medio del Espíritu del Señor;
sin embargo tu ausencia es grande, y en los años por venir se sentirá tu falta.
¿No me lamentaré como David se lamentó por un hombre peor que tú, por Abner;
cuando él pereció en la ira por mano de Joab, sin causa justa, aunque él era un hombre valiente?
¿Se lamentó David por Abner, y acaso no dijo que si Abner había de morir como un villano? (¡Oh No! Sino que él fue traicionado durante su vida.)
Aún así tú has sido despojado de tu vida por la mano del opresor, cuyas habitaciones están llenas de crueldad.
Oh alma tuya, no entres en su secreto,
porque tu sangre será demandada de las manos de aquellos que tuvieron sed de tu vida;
y clamará como la de Abel, quien estaba en la fe;
así eras tú, y esto pesará como una piedra alrededor de sus cuellos,
y los aplastará, y será como un gusano que roe, y no morirá.
Cuando pienso acerca de ti, me lleno de lágrimas de verdadero dolor;
y debido a la necesidad que la heredad de Dios tiene de ti, mi sustancia está también disuelta.
Acaso no diré como dijo David acerca de Saúl y Jonatán, cuando murieron en el monte de Gilboa,
la hermosura de Israel ha muerto en los lugares altos;
aún así tú fuiste sofocado en horribles hoyos, y cárceles, y muchos más que eran preciosos ante los ojos del Señor:
y fuiste por seguro preciado para mí, oh querido Eduardo;
estoy angustiado por ti, hermano mío, tú has sido muy amable conmigo,
y mi amor por ti fue maravilloso, sobrepasando el amor de una mujer:

Oh tú, cuyo arco nunca se devolvió, ni la espada fue limpiada de la sangre de los que murieron;
de la matanza de los poderosos;
que hiciste temblar a las naciones y a las multitudes con la palabra de vida en tu boca.
Tú fuiste muy temible para los enemigos del Señor, porque cortaste como una navaja.
Y aún así para la semilla de Dios que ha sido traída adelante, tus palabras cayeron como el aceite, y tus labios como la colmena.
Tú serás recordado entre los valientes de Israel, quienes alcanzaron el grado más alto,
por medio del poder del Señor, que obró poderosamente en ti durante tu vida,
y fuiste digno de doble honor, por causa de tus obras.
Fuiste experto en llevar tu arma,
y por medio de ti cayeron los poderosos,
y los que han muerto por el Señor han sido muchos.
Muchos han sido atravesados en el corazón por el poder de la palabra de vida;
y los carbones de fuego de tu vida salieron de tu boca,
para que fueran encendidos en muchos matorrales, y entre muchas zarzas y espinas,
el cual devoró mucho rastrojo que estorbaba el suelo, y ensuciaba la tierra.
¡Oh, que sonido certero dio tu trompeta!
¡Y qué grande alarma diste durante tu vida,
que hizo que todos los incircuncidados fueran grandemente afligidos!
¡Qué hombre tan valiente, aunque Goliat de Gat no se hubiera encontrado con tu valor,
mientras que muchos despreciaron tu juventud!
¡Y cómo te he visto que con tu honda y tu piedra, (armas que son despreciadas en la guerra), heriste a los poderosos!
Y aquello que había parecido despreciable a los aliados del dragón, así como la quijada de un asno,
con ello tú has dado muerte a los filisteos de a montones, como lo hizo Sansón.
Tú has puesto tu mano sobre el martillo del Señor,
y con frecuencia has clavado clavos en la cabeza de los enemigos del Cordero, como lo hizo Jael a Sísara;
y has pulido y enderezado muchas piedras ásperas, y las has hecho encajar en los edificios de Dios;
y labraste mucha madera nudosa durante tus días, la cual no era apta para el edificio de la casa de Dios.
Oh tú, profeta del Señor,
para siempre estarás registrado en el libro de la vida del Cordero, entre los más dignos del Señor,
que han seguido al Cordero a través de grandes tribulaciones,
como muchos pueden testificar por ti desde el principio;
y por fin has vencido,
y has sido hallado digno de estar de pie ante el Cordero sobre el monte de Sión, el monte de Dios;
como frecuentemente te he visto,
y tu corazón está bien entonado como un arpa, para adorar al Señor, y para anunciar su gran salvación;
la cual muchas veces ha hecho llorar de alegría a los que creyeron,
y la cual fortaleció su fe y su esperanza.
Bueno, ahora estás descansando, y estás enrollado en el bulto de la vida;
y yo sé que las lágrimas fueron secadas de tus ojos, porque no había causa para tu dolor:
porque sabemos que tú testificaste que las cosas antiguas habían pasado, y que no había maldición,
pero las bendiciones fueron derramadas sobre tu cabeza como la lluvia, y la paz como un poderoso chubasco,
y los problemas estaban lejos de tu morada;
aunque en el hombre externo habían problemas por todos lados,
y has tenido una porción más grande de aquello, por causa del evangelio, (aunque eras joven), durante tu vida, que muchos otros;
pero ahora estás liberado de eso, y has obtenido un nombre a través de la fe, con los santos en luz.
Bueno, ¿acaso tú tenías algo más que dar en este mundo que tu vida por el nombre de Jesús ? No;
y sellar el testimonio que fue dado por ti con tu sangre,
como tú dijiste a menudo durante tu vida, lo cual permanecerá como una corona sobre ti por siempre.

Y ahora tú estás liberado de las tentaciones de aquel que tiene el poder de la muerte;
y de los enemigos externos, que te odiaron por causa del amor que moraba en ti;
y que permanece a la mano derecha de Dios, donde hay gozo y placer para siempre en la luz eterna;
acerca de la cual tú testificaste a menudo, de acuerdo con la palabra de la profecía en tu corazón,
la cual fue dada a ti por el Espíritu Santo;
y tú estás descansando en la perfección del mismo, en la belleza de la santidad;
aún así tu vida y tu espíritu los siento como presente, y tengo unidad con ellos, y en ellos,
más allá de todas las cosas creadas y visibles, las cuales están sujetas a cambios y mutaciones;
y tu vida entrará dentro de otros, para testificar de la misma Verdad, la cual va de la eternidad a la eternidad;
porque Dios ha levantado, y levantará a los hijos de Abraham, de entre los que han sido como piedras muertas;
su poder es Todopoderoso, grande en su pueblo en medio de sus enemigos.'  

Con estas expresiones sublimes Francis Howgill lamentó la muerte de su querido amigo Eduardo Burrough.

Nota del editor de este sitio: Quisiera dirigir la atención de ustedes al elogio descrito anteriormente, donde Howgill le dijo a Eduardo: mi amor hacia ti fue maravilloso, sobrepasando el amor de una mujer. Como Cristo dijo:

Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros. Juan 13:24-25

Recuerdo que cuando estaba buscando evidencia en la historia Cristiana de algo cercano a lo que se describe en la Biblia, en amor y poder, y me encontré con un libro llamado Primeros escritos cuáqueros, que no fue escrito por cuáqueros, donde se menciona que los primeros hombres cuáqueros se escribieron cartas los unos a los otros, expresándose su amor los unos por los otros - algo que los autores decían era único en todas su investigaciones históricas. Esto para mí fue un indicio para investigar más profundamente el registro cuáquero. La declaración de Howgill refleja el amor cristiano que todos los hermanos y hermanas en Cristo sentían los unos por los otros - un amor puro, limpio y santo que ponía en evidencia su cristianismo verdadero. Cuando uno añade el amor que ellos se tenían a las persecuciones que sufrieron, y cuando uno considera el poder que ellos exhibieron - la autenticidad de la promesa de su fe es indudable. Y también lo es, por lo tanto, su promesa de perfección y pureza, porque la gracia que trae salvación nos muestra nuestros pecados, y la misma es la que los quita.  

Francis fue arrestado y enviado a la cárcel de por vida, por no jurar durante el juicio que le hicieron debido a cargos no especificados. Él soportó esto alegremente, y murió en cadenas, después de más de cinco años de encarcelamiento, [como se relata anteriormente]. Howgill fue un hombre estudiado, y un gran escritor entre los creyentes; a tal punto que durante su encierro él escribió no sólo varias epístolas edificadoras para exhortarlos a ser constantes y resueltos en la doctrina de la Verdad, sino también algunos libros para contradecir a los oponentes de ella. Francis Howgill fue un gigante en la verdadera Iglesia de Cristo. Sus escritos vivirán para siempre, particularmente su mensaje de Dios con respecto a los cuáqueros y la carta a su hija. Su temprana muerte en a cárcel fue un gran golpe para todos durante su tiempo, pero su espíritu vivió en aquellos que continuaron teniendo comunión con esas almas en el cielo, perfeccionadas en el pasado, en la compañía de los santos ángeles, Cristo y Dios.

Esta página no es más que una muestra de sus escritos, muchos más están disponibles en sus memorias y sus excelentes cartas doctrinales.

El propósito de este sitio es enseñar cómo vivir
libre de pecado
al beneficiarse de poder de Dios que produce cambio por medio de la cruz
que lleva a la unión con Dios en su Reino.

 

 


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