La Cruz Perdida de la Pureza



 

La decadencia de la iglesia verdadera hacia lo que ahora es Babilonia

SECCIÓN II.

De la entrada en la apostasía,
y la disminución de la pureza de la doctrina, la adoración, y la práctica
– desde ese tiempo hasta el presente

Cristo dijo: "Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conocerán." Mat 7 15-16; y, "muchos profetas falsos se levantarán y engañarán a muchos." Mat 24:11. Esto se cumplió en el tiempo de los discípulos. Juan testificó: “Queridos hijos, ésta es la hora final, y así como ustedes oyeron que el anticristo vendría, muchos son los anticristos que ya han surgido. Por eso nos damos cuenta de que ésta es la hora final. Aunque salieron de entre nosotros, en realidad no eran de los nuestros;" 1 Juan 2:18-19. Y Pedro dijo: “habrá falsos maestros que encubiertamente introducirán herejías destructivas." 2 Ped 2:1. Y Pablo le escribió a Timoteo: "Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; mintiendo en la hipocresía; que prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos;" 1 Tim 4:1-2; quienes eran enemigos de la cruz de Cristo. Éstos se fueron hacia el mundo; y esto sucedió hace más de 1,400 años atrás, cuando el misterio de la iniquidad comenzó a obrar: ellos fueron y predicaron a Cristo en palabras, pero negaron la cruz, y hablaron las cosas que no debían ser habladas, para obtener ganancias deshonestas. Este fue el comienzo de los asalariados que no se preocuparon del rebaño: ellos mantuvieron la apariencia, pero negaron el poder, porque estaban fuera del poder y fuera de lo que mortifica las obras de la carne; y ellos se esparcieron por las naciones, las familias, las leguas, y los pueblos, los cuales ahora tienen el nombre de la iglesia. Juan dijo que estas eran las aguas sobre las cuales él vio que se sentaba el misterio de Babilonia; y ella y todas sus hijas se fueron en contra de la mujer libre, la esposa del Cordero, y causaron que ella huyera al desierto por un tiempo, tiempos y medio tiempo; y el misterio de Babilonia tomó la copa de oro llena de sus abominaciones, y reclamó que Cristo era su esposo, y se sentó como una reina, y los reyes de la tierra tomaron de su copa, y fueron hechizados con sus brujerías. Entonces todas las naciones llegaron a ser como agua, y fueron inestables, ebrias con las abominaciones de esta copa, tambaleándose de un lado para otro, estando fuera del poder de Cristo que debía haberlos establecido. Entonces, una gran bestia surgió de estas aguas, que tenía siete cabezas y diez cuernos; y estos ministros apóstatas, quienes predicaron por ganancias deshonestas, y aquellos que creyeron en ellos, se refugiaron en esta bestia, y dijeron: "¿quién puede hacer guerra contra la bestia?" Y los reyes de la tierra le dieron su fortaleza a ella; y la iglesia falsa se subió sobre ella, y se monta en ella, y lo ha hecho por todos estos años; y ella ha viajado en la grandeza de su fortaleza; llamándose a sí misma con el nombre de la mujer libre, y poniéndose su atavío externo, ella dijo "yo soy ella"; y así ha engañado a las naciones. Entonces las leyes comenzaron ha pronunciarse con respecto a la religión; entonces comenzaron a forzar los asuntos de la conciencia, lo cual era contrario a la práctica de la iglesia verdadera. Ahora, Roma, mira tus comienzos y mira tu antigüedad. Si las naciones, familias, lenguas, y los pueblos han bebido la copa del misterio de Babilonia desde los días de Juan, entonces ¿qué razón tienen ustedes para jactarse de su antigüedad o universalidad? Esto prueba más rápidamente que ustedes son la ramera en vez de la iglesia verdadera; porque si las naciones, familias, lenguas, y pueblos, universalmente, son como las aguas sobre las que ella se sienta y la bestia se levantó de las aguas; lean por sí mismos y aléjense de la apostasía si pueden. Al ver que Juan vio la iglesia verdadera, la mujer vestida con el Sol, quien dio a luz al niño hombre, huyendo al desierto, ¿qué razón tienen ustedes para jactarse de su visibilidad o universalidad? ¿Cuándo estuvieron ustedes en el desierto? Si la iglesia de ustedes no ha estado allí, entonces esto demuestra que la iglesia de ustedes no es la mujer vestida con el sol; porque ella huyó al desierto como si tuviera las alas de un águila.

Si la bestia hizo guerra con todos los que no llevaron su imagen, entonces nosotros los tenemos a ustedes como en una prensa, entre nosotros y el tiempo de los apóstoles; porque no había tal obligación en la iglesia verdadera. Encuentren algún ejemplo de esto, si pueden, de sus escritos; ¿dónde estaban los hombres y las mujeres que fueron eliminados por la espada, o por tormentos persistentes, en el tiempo de ellos? Tales prácticas no se han encontrado en ninguna otra iglesia excepto la de ustedes [Roma], y en aquellas que, en el mejor de los casos, están en los suburbios donde ustedes viven, [los protestantes]. Y es sabido que la iglesia de ustedes ha sido sostenida más por fuerza y crueldad que por una doctrina sólida; aunque ustedes puedan decir: "Estoy tranquilo, no he perseguido a nadie hasta la muerte. En cambio, tengo una bestia sobre la cual montarme, quien hará guerra por mi ciudad, y obligará a otros a seguir mi adoración y mis instituciones. Clamaré al poder de lo alto y diré, el que resista esto, resiste las ordenanzas de Dios; y Él obligará y destruirá por mí, y me llamará la iglesia santa; de modo que estaré tranquilo."

Entonces está claro que la iglesia de Roma está en la apostasía; y esto también es evidente por sus practicas, ya que:

Primero. Sus ministros no están de acuerdo con los ministros de Cristo, de los tiempos primitivos; el llamado de ellos no era así, ni tampoco su práctica. Los ministros de Cristo fueron hechos ministros por el Espíritu Santo; pero los de ella son hechos por la ordenanza humana y por el estudio.

Segundo. Los ministros de Cristo predicaron el evangelio gratuitamente; pero ella ha traído los diezmos del judaísmo para el mantenimiento de los sacerdotes; y también ha inventado las oblaciones, los legados, y las funerarias para mantener sus ministros.

Tercero. Los ministros de Cristo no obligaron a nadie a mantenerlos por la fuerza, ya sea que hayan recibido su doctrina o no; pero ella obliga a todos donde sea que ella tenga poder, así cobrando por lo que ella llama el evangelio.

Cuarto. El sacrificio sin sangre de la misa no es de beneficio para nadie; porque donde no hay derramamiento de sangre, no hay remisión de pecados. Heb 9:22; por lo tanto su sacrificio es abominable, y un ídolo.

(El hecho que el sacrificio de la misa es completamente inútil debe ser obvio para todos los que reciben la doctrina de los apóstoles: "Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados." Heb. 10:14. "CRISTO es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo."   1 Juan 2:2. "Ya no queda más sacrificio por los pecados." Heb 10:26. La ineficacia de las penitencias también es obvia a partir de estas doctrinas; y es evidente que una dependencia en ellas, y en las misas, para la expiación de los pecados, y para ser aceptados por Dios, es idolatría; porque aquellos que confían en ellas buscan otros objetos para la propiciación de sus pecados y para ser aceptados por Dios, en vez de buscar a Aquel a quien Dios ha establecido, que es Cristo: Rom 3:25, por medio de quien tenemos únicamente acceso al Padre. Juan 14:6.)

Quinto. Sus liturgias y oraciones en la lengua desconocida para la congregación no tienen provecho y son adoraciones vanas, y son contrarias a las palabras del apóstol Pablo quien dijo: "Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros; pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida. 1 Cor. 14:18-19. (Tristemente, debido a que nunca aprendieron, en el año 2007, la misa en Latín fue restituida por el Papa Benedicto, poniendo de evidencia su continua ceguera con respecto a las escrituras que ellos profesan tan fuertemente.)

Sexto. Su doctrina de un purgatorio para limpiar del pecado es una cosa inventada e imaginaria, y contraria a la doctrina primitiva, que dice que "la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado;" 1 Juan 1:7. Y su distinción entre el pecado mortal y el venial, tiende solamente a cegar a la gente; porque "la paga del pecado es muerte." Rom 6:23.

Séptimo. La adoración y la invocación de los ángeles y los santos, como mediadores entre nosotros y Dios, es contraria a la doctrina primitiva: "hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre," 1 Tim 2:5; y sólo Él hace intercesión por todos los que creen. El ángel reprendió a Juan cuando él quiso adorarlo, diciéndole: "Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo," Apoc. 22:8-9.

Octavo. Sus reliquias y sus imágenes son contrarias a lo que el Señor mandó a sus profetas: "No haréis para vosotros ídolos, ni escultura, ni os levantaréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra piedra pintada para inclinaros a ella." Lev 26:1, Deut 5:8-9, Eze 6. Y en Rom 1:23, los que cambiaron la gloria del Dios incorruptible por la imagen semejante al hombre corruptible, fueron condenados. Por lo tanto la iglesia de Roma puede ver que la adoración de las imágenes era prohibida por la ley, los profetas, y el Nuevo Testamento. Y con respecto a la adoración de las reliquias, no hay ni un mandato ni un ejemplo de ello por Cristo ni sus apóstoles.

Noveno. Las prácticas de mandar a abstenerse de alimentos en ciertos días, y de prohibir casarse, son enumeradas entre las "doctrinas de demonios" por el apóstol Pablo, 1 Tim 4:1-3.

También hay muchas cosas que pueden ser enumeradas, las cuales se encuentran en la iglesia de Roma, y que son prueba de su apostasía; como su doctrina de la presencia real del cuerpo y la sangre de Cristo, en el pan y el vino después de la consagración por el sacerdote; su observación de días particulares dedicados a ciertos santos, la venta de perdones e indulgencias, etc.

SECCIÓN III

Acerca de la separación de la iglesia de Roma

Ahora que Cristo es la cabeza de la iglesia verdadera, quien debe gobernar por medio de su cetro espiritual en los corazones y las conciencias de la gente, a quien todo el poder en el cielo y la tierra es dado por el Padre, quien no desea que nadie más tenga esa gloria - - la separación de las iglesias protestantes, que han negado que el papa es la cabeza, está establecida sobre buen terreno. Sin embargo la reforma es muy imperfecta; porque muchas de las doctrinas y prácticas de éstos no están de acuerdo con la doctrina y la práctica primitiva: como establecer una ordenación externa, y una forma de poner las manos sin el Espíritu Santo; y ordenar a los que tienen alguna habilidad en lenguajes y oratoria para que sean ministros, confinarlos en las parroquias, predicar por salario, arrancar los diezmos, etc., y usar música instrumental en los servicios religiosos, lo cual pertenecía a la adoración judía; en considerar algunos días en particular como santos; en limitar el uso de ciertas porciones de las escrituras en ciertos días, y en muchas otras cosas; una breve historia de la introducción de la cual, entre aquellos que profesan ser cristianos, viene a continuación:

Acerca de las fiestas de ayuno y los días santos

Los judíos, en el primer pacto, tenían muchos ayunos, fiestas, y días santos; como el sábado, la pascua, el pentecostés, la fiesta de las lunas nuevas, de los panes sin levadura, de los tabernáculos, y de la dedicación, que se muestran más que nada en los libros de Moisés; y todas estas cosas, como dijo el apóstol a los hebreos, no eran más que una sombra de las cosas por venir, y no las cosas en sí mismas; lo cual sólo continuó hasta el tiempo de la reforma, y hasta la llegada de una esperanza mejor, la cual estaba basada en mejores promesas.

En las iglesias cristianas primitivas, ellos llegaron a ver el fin de todas estas cosas; y fueron llevados a Aquel quien era la sustancia, en quien terminan todas las figuras y sombras. El apóstol dice por lo tanto: "nadie os juzgue en asuntos de comida o de bebida, o respecto a santos día, lunas nuevas o sábados. Todo ello es sólo una sombra de lo porvenir, pero la realidad pertenece a Cristo,” Col 2:16-17. Ahora, después, cuando la gente se preocupa más acerca de la apariencia que del poder, ellos se encontraron con estas cosas otra vez, con muchas adiciones; algunos copiaron de los paganos y algunos de sus inventos, y después se los pasaron a los cristianos como ordenanzas apostólicas. Y estas cosas permanecen firmes con muchos hasta este día, ¡aún entre aquellos que se llaman reformados! El guardar los días fue inventado para conmemorar cualquier cosa sobresaliente que estuviera relacionada con Cristo, los apóstoles, etc., y sin ninguna autoridad divina; y por los eventos importantes, como la natividad, la circuncisión de Cristo, la purificación de María, llamada la fiesta de las candelas. La pascua, y el pentecostés son celebrados por los judíos. Fe decretado y ratificado en el concilio de Lyons en Francia, que tales días cuando los santos dejaron esta vida, o hicieron algún acto notable, debían ser guardados como santos para el aumento de su religión. Silvestre asignó el día de Advincula Sancti Petri, comúnmente llamado Lammas, en memoria de los dolores y persecuciones de Pedro. Félix primero, para poder magnificar el encomio de los mártires, hizo un estatuto de que una oblación anual debía tenerse en memoria de ellos; y Gregorio dijo que debía hacerse una misa por las tumbas y los sepulcros. Él también ordenó que ninguna carne ni ninguna cosa que tuviera afinidad con ella, como el queso, la leche y los huevos, debían comerse en tales días ya que eran ayunos.

Bonifacio el cuarto instituyó la fiesta de San Esteban y de los inocentes, Juan el bautista, de la señora Day Lawrence, Miguel, Martín, etc.

Lo que es llamado el día de Corpus Christi, fue hecho un día santo, y dedicado por Urbano el cuarto. El día de la misa del alma fue comenzado por Odilo, rector o provincial del orden Cluniacensio, porque él oyó los grandes clamores, lamentaciones, y llantos que fueron oídos acerca del monte Etna, la montaña encendida en Sicilia, que él pensaba era el llanto de espíritus malignos, que se lamentaban porque las almas de los hombres muertos que les fueron quitadas, por los pedidos y sacrificios de cristianos bien dispuestos; él por lo tanto designó, en su convento, una oblación general por todas las almas, el día después de la fiesta de todos los santos; esto fue alrededor del año 1002.

Telesforo designó que la cuaresma debía celebrarse antes de la Pascua, y le añadió otra semana, la cual es llamada la quincuagésima; y en esta semana se le ordena a los sacerdotes ayunar más que los laicos. Aquellas llamadas iglesias parroquiales e iglesias con patios parroquiales, que permanecen hasta hoy tanto en la iglesia de Roma y en las llamadas iglesias reformadas, fueron ordenadas, construidas, y dedicadas a los santos en la apostasía. Los apóstoles y ministros de Cristo, quienes publicaron la Palabra de Reconciliación, y Cristo la sustancia de todas las figuras, juntaron a aquellos que creyeron de los judíos del templo y la adoración del templo, y de los gentiles que antes creían a sus tempos e ídolos, a adorar a Dios en espíritu; y ellos se juntaron en casas y a veces a un lado del mar. No hay iglesias parroquiales dedicadas a los santos mencionados en las Escrituras. La primera iglesia o templo del que leemos que fue consagrado, fue por Pío, arzobispo de Roma, alrededor de la mitad del segundo siglo, en honor a la virgen Pudenciana. Después, se dice que Calisto le hizo un templo a la virgen María en un lugar más allá del Tibris, e instituyó un lugar de entierro y lo llamó con su propio nombre. Alrededor del año 226, se ordenó que los cementerios fueran santificados, por Urbano dieciséis, obispo de Roma. Dionisio, en el año 267, asignó a los diversos presbiterios en la ciudad de Roma, las iglesias y cementerios; y a los otros en otros lugares distribuyó sus respectivas parroquias y diócesis, para que cada uno pudiera estar limitado a sus propias fronteras y límites.

Estos fueron los comienzos de las iglesias parroquiales, patios de iglesia, y terrenos consagrados; pero no leemos acerca de ningún terreno consagrado durante el tiempo de los apóstoles. Los cristianos primitivos sabían que la tierra es del Señor, y la plenitud de ella, y que era limpia, y buena, y bendita, para aquellos que creen.

Ahora los protestantes, quienes han negado la iglesia de Roma, miran alrededor de ustedes y ven que ustedes están pegados en Babilonia, y que todavía están comprando mercadería de ella. Con respecto a sus terrenos santos, llamados patios de iglesia, los cuales son los únicos que ustedes consideran aptos para enterrar personas, y que quisieran obligar a todos a que fueran allí, no es porque hay muchos oficiales en ellos o a su alrededor, que son codiciosos de obtener recompensas; por lo tanto ellos no pierden nada que sea de beneficio para ellos; entonces ¿obligarían a todos a ir allí para ganancia propia?

Desde que entró la apostasía, y el poder de la piedad comenzó a ser negado, hay muchos nombres que han entrado a la iglesia, que no se habían oído antes de ese tiempo, de hombres buscando puestos, grandes títulos, grandes beneficios, y grandes ganancias, en vez de servir al Señor gratuitamente y voluntariamente y no para obtener obsequios y recompensas. De estos títulos están algunos como: el papa, su santidad, el vicario de Cristo, obispo universal, obispo metropolitano, señores cardenales, arzobispos, señores obispos, archidiácono, decanos, prebendas, doctores de divinidad, bachilleres de divinidad, vicarios, curas, etc., como también varias órdenes de monjes y monjas los cuales, si son comparados con las escrituras, escasamente tendrán algún paralelo con el oficio, la obra o la doctrina.

Hay ministros suficientemente literales mientras dura el mantenimiento; pero con el ministerio del Espíritu, pocos están familiarizados.

Durante la entrega de la Ley, después que Israel salió de Egipto, Dios escogió a Aarón y a sus hijos para el oficio del sacerdocio; y al resto de la tribu de Leví para el servicio del tabernáculo, y les dio a los levitas por mandamientos, por su servicio, toda la décima parte en Israel como heredad. Y los levitas, de sus diezmos, debían ofrecer al Señor una décima parte, y dársela a Aarón para él y para sus hijos; de modo que los sacerdotes levitas no tenían ninguna otra porción aparte de la décima de la décima; y el resto era para los levitas que servían en el tabernáculo, y para los forasteros, los huérfanos, y las viudas. Los sacerdotes también tenían, además de la décima parte de los diezmos, los primeros frutos maduros de la tierra; del maíz, el vino y el aceite, y la primera lana. Pero, ¿cómo puede ser que aquellos que pretenden ser de otro sacerdocio, aún ser sacerdotes de la iglesia cristiana, deben recibir la décima parte de todo, aún de las bestias inmundas, como los cerdos y los potros? De seguro ellos no pueden distinguir ni el tiempo ni la ministración, o ellos estarían avergonzados de reclamar un derecho a los diezmos de Aarón y de los levitas, quienes no tenían ninguna porción en la tierra entre sus hermanos, pero estos obispos, sacerdotes, etc., tienen una gran parte de algunos países para sus ganancias. ¿Es esto algo más que una broma del papa? ¿Se debe recibir esto como una doctrina apostólica? Que nunca se mencione entre aquellos que se llaman a sí mismos ministros de Cristo, o de alguien que se profese a sí mismo como cristiano.

El apóstol ordenó en las iglesias primitivas que se hiciera una ofrenda semanal por los santos; que todos debían ofrecer libremente de aquello con que Dios los había bendecido, lo cual se ponía en las bandas de los diáconos, y de allí se servía a los pobres y los servicios necesarios.

En la siguiente era se hacían ofrendas mensuales, no exigidas, sino dadas libremente. Tertuliano dice: "Lo que sea que tengamos en la tesorería de nuestras iglesias, no es recaudado por impuestos, como si pusiéramos a los hombres a pagar rescate por su religión, sino cada hombre, una vez al mes o cuando él mismo quiera, da lo que él piensa que es bueno; porque ningún hombre es forzado, sino es dejado a su propia discreción; y esto no es dado con vanidad, sino para aliviar a los pobres, y para la mantención de los pobres hijos indigentes sin padres, y para las personas de edad, y para aquellos que son echados en las cárceles por profesar la fe cristiana." Este modo de contribución continuó hasta alrededor del año 304, de acuerdo con Eusebio, Tertuliano, Orígenes, Cipriano y otros.

Orígenes dice: No es lícito para ningún ministro poseer tierras dadas a la iglesia para su propio uso.

El concilio en Antioquía, en el año 340, al haber encontrado que había muchas faltas entre los diáconos, a quienes les correspondía distribuir las ofrendas de las dádivas, donde hubiera necesidad, y quienes habían retenido para sus propios intereses codiciosos, ordenó que los obispos pudieran distribuir los bienes; pero se les requirió que ellos no tomaran parte de estas cosas para sí mismos, o para el uso de los sacerdotes; usando la exhortación del apóstol: "Teniendo el sustento y con qué cubrirnos, estaremos contentos con esto."

Crisóstomo, quien vivió alrededor del año 400, presionó mucho a la gente a dar contribuciones abundantes para usos santos, y dice: "Yo no digo estas cosas como mandamientos, o prohibiendo que den más, y aún así pensando que es adecuado que no den menos de la décima parte." Ambrosio, obispo de Milán, alrededor del mismo tiempo, predicó que se debían ofrecer los diezmos para usos santos, como decía en ese entonces el dicho; pero él obtuvo su autoridad completamente de los escritos de Moisés. Agustín, obispo de Hipona, se unió con Ambrosio, y amenazó a aquellos que no dieron sus diezmos, con grandes multas y juicios de Dios; quienes, ellos dijeron, los habían reservado para el uso de los pobres. Antes de esto, [por cuatrocientos años,] no fue puesta como una doctrina positiva el pagarlos como los judíos los pagaron; sino que los judíos fueron puestos como un ejemplo, que los cristianos no debían dar menos. Leo, alrededor del año 440, era muy ferviente en despertar la devoción de los hombres para dar ofrendas a la iglesia; pero no dice ni una palabra de la cantidad. Gregorio no sólo aconsejó el pago de los Diezmos de la Ley de Moisés; sino también la observancia de la Cuaresma, la cual él consideró como la décima parte del año, diciendo: "Se nos da el mandato en la Ley de dar la décima parte de todas las cosas a Dios."

Alrededor del año 600, el papa Gregorio primero, envió a Agustín el monje a Inglaterra, por medio de quien Ethelberto rey de Kent fue convertido, como ellos dicen; pero fue sólo al papado. Agustín y sus clérigos por mucho tiempo siguieron el ejemplo de las edades anteriores, viviendo en común con las ofrendas de sus conversos; pero después, habiendo llevado una gran parte de la nación hacia su fe, ellos comenzaron a predicar que los diezmos debían ser pagados; y habiéndole enseñado a la gente que el perdón del pecado era ameritado por medio de buenas obras, y los tormentos del infiernos evitados por medio de la caridad, "no era un asunto difícil persuadirlos a dar, no sólo su décima parte, sino sus tierras y otras riquezas; de manera que, con el pasar del tiempo, el clero tenía alrededor de la tercera parte de toda la tierra en sus manos. Aunque de acuerdo a la ley de Moisés, ellos no debían poseer tierras, excepto los muy limitados suburbios de los levitas.

El rey de Mercia y Ethelwuflo rey de Northumberland, quienes también fueron convertidos al papado, dictaron decretos de que los dos reinados debían pagar diezmos.

A pesar de las amenazas de algunos grandes obispos, no fue hasta el año 800 que la doctrina de que se debían pagar los diezmos fue recibida de manera general; y después ellos se recibieron en una tesorería común y fueron usados de esta manera: una cuarta parte a los sacerdotes, de lo cual cada uno tenía una porción; una cuarta parte para ayudar a los pobres, los enfermos, y los forasteros; una cuarta parte para la construcción y reparación de los lugares de adoración pública; y una cuarta parte al obispo, quien generalmente vivía en algún monasterio y sus clérigos junto a él; de donde él los enviaba a predicar en los lugares de donde ellos recibían tales ofrendas que se hacían, y las traían a la tesorería.

Ninguno de los primeros ocho concilios generales mencionan el nombre de los diezmos; pero el noveno, que se llevó a cabo en Lateran, bajo el papa Calixto segundo, en el año 1119, habla de los que habían sido dados a la iglesia por una consagración especial; porque en ese tiempo, la gente que creía que se debían dar los diezmos a los pobres, se los daban a los líderes y gobernantes de los lugares religiosos, quienes los repartían; manteniendo una casa abierta para los pobres y los forasteros, y eran estimados como santos y buenos tesoreros para los pobres, como Casión testifica. Pero el concilio que se llevó a cabo bajo el papa Alejandro tercero, en el año 1180, viendo que mucho era dado a los pobres y poco a los sacerdotes, hizo un decreto para restringir la libertad de las personas.

No había ley, no canon, ni constitución de ningún concilio general que ordenara dar diezmos, o los suponiera expresamente como un deber, antes que aquel que se hizo en Lateran, en el año 1215, bajo el papa Inocencio tercero; durante el cual el poder del papa se había agrandado mucho. Y después el pueblo tuvo la idea intención de darle más a los pobres que a los sacerdotes; lo cual hizo que Inocencio clamara en contra de aquellos que le daban su diezmos y primicias a los pobres, y no a los sacerdotes, como terribles delincuentes.

En el concilio que se llevó a cabo en Lyons, bajo el papa Gregorio décimo, en el año 1274, se constituyó que no sería lícito de ese momento en adelante que los hombres dieran sus diezmos como se les plazca, como lo habían hecho antes, sino que debían pagarlo todo a la iglesia madre. El gran decreto que habla más claramente de esto fue dictaminado en el concilio de Trent, bajo el papa Pío cuarto, en el año 1560. Éste mandó a que se pagaran los diezmos bajo pena de excomunión.

Por lo que se ha dicho, se puede ver que los diezmos ni siquiera eran reconocidos como un deber por muchos años después de Cristo; y que en verdad ellos nunca se debían pagar bajo el segundo pacto, ya que Cristo puso fin al primer sacerdocio, con todas sus sombras y ordenanzas carnales.

Acerca de los salmos, maitines, letanía, y misa

Los judíos tenían muchos oficiales que pertenecían a la adoración del templo, entre los cuales estaban los cantantes, como los ezrabitas, y los hijos de Korab, y Asaf, etc. Esto fue bajo el primer pacto, y perteneció a ese sacerdocio que no pudo continuar por sus fallas.

Por los cristianos en los tiempos primitivos, quienes habían recibido el Espíritu Santo, se regocijaron en esto; y aquellos que cantaron, cantaron con el Espíritu y con el entendimiento de sentir la presencia y la seguridad de Dios, que ellos tenían en sus corazones. Y aquellos que vencieron y fueron redimidos de la tierra, aquellos que siguieron al Cordero, quien les había dado la victoria sobre el pecado, la muerte y al tumba; cantaron un nuevo cántico, que ninguno podía aprender sino aquellos cuyos nombres estaban escritos en el libro de vida del Cordero. Éstos eran los cánticos de los redimidos, a quienes Dios había liberado de las manos de sus enemigos; y aquellos que los cantaron fueron testigos de sus maravillosas obras, y lo alabaron en el Espíritu y con entendimiento; ellos no tenían una forma de palabras.

Los cristianos primitivos también oraron en el Espíritu, y con entendimiento, como eran inspirados por el Espíritu Santo; y no estaban limitados por la cantidad de tiempo, o a las horas, o a tiempos señalados, sino sólo a cuando el Espíritu les daba algo que pronunciar; y entonces sus oraciones eran aceptadas, y eran un incienso dulce.

Pero desde que entró la apostasía, el Espíritu y el poder se han perdido en muchos, y ellos han establecido imitaciones. Hierónimo designó maitines a ciertos tiempos señalados, como dice Polidoro Virgilio; y Pelagio segundo fue el primero que le mandó a los sacerdotes a decirlas diariamente, diciendo: “Así como el hombre justo cae siete veces, así con oraciones instantáneas y maitines, él puede tan frecuentemente levantarse y enmendar."

Ponciano, el decimoséptimo obispo de Roma, ordenó que los salmos y los maitines debían cantarse en la iglesia día y noche, para alejar a los espíritus malignos.

Dámaso, obispo de Roma, dio el mandato de que los maitines debían ser cantados en todas las iglesias; y añadió “Gloria Patri” al final de cada salmo. Él también instituyó que los salmos y los maitines debían cantarse por curso.

Urbano segundo ordenó que los llamados maitines de la Señora se dijeran diariamente, y los confirmó en un concilio que él sostuvo en el Monte Claro en Francia.

A la larga los maitines y las oraciones eran tan numerosas en la iglesia romana, que ellos estaban felices de recibir cuentas de rosario para decirlas con ellas.

Con respecto a la misa y la letanía, han estado en tantos autores que las arreglan que casi son más de lo que se puede contar. Celestino ordenó que algunas oraciones fueran dichas por el sacerdote cuando se revistiera a sí mismo a la misa, comenzando con "Judica me Domine." Dámaso instituyó la confesión al comienzo de la misa; y Gorgias hizo que la confesión fuera dicha nueve veces en la iglesia latina. Telesforo ordenó que los evangelios y las epístolas fueran leídas; y Dámaso las dividió a medida que eran leídas en este día en algunas iglesias que profesaban ser reformadas. Anastacio ordenó que la gente debía estar de pie durante la lectura del evangelio; Marco ordenó que la primera parte del credo fuera leída, después fue hecho por el concilio de Nicea. La segunda parte, y Spiritum Sanctum fue compuesta por el concilio en Constantinopla. Eutiques instituyó que el ofertorio fuera cantado mientras la gente ofrecía algo para los pobres. Gelasio hizo algunos de los prefacios; Leo tercero ordenó que se quemara incienso, lo cual pertenecía a Aarón en el primer pacto; lo que comúnmente se llama Conocimiento de la Misa, fue hecho por varias personas; Gelasio hizo "Te igitur;" y Alejandro añadió "Qui pridie;" Leo añadió “Hanc igitur;" y Gregorio añadió tres peticiones en la misma. "Dies qui nostras, etc." Inocencio instituyó que los sacerdotes en la parte superior del coro debían besarse unos a otros, y que se debía dar pax a la gente. Sergio ordenó que el clero cantara “Agnus Dei" durante la comunión, setecientos años después de la ascensión de Cristo; mientras el sacerdote muchas veces se volteaba hacia el altar y se giraba mientras decía: "Dominos vobiscum," u "Oratis Fratres."

Félix decretó que la misa debía hacerse sólo en lugares consagrados; y nadie debía entrometerse con los misterios de la consagración sino el sacerdote. Anacleto ordenó que no se hicieran misas a menos que fuera en la presencia de por lo menos dos personas, por temor a que el sacerdote le dijera a las paredes vacías y en vano “Dominus vobiscum," "El Señor esté contigo," cuando no hubiera ninguna persona presente.

Así un pedazo ha sido añadido a otro, por los cuales las mentes de las personas han sido alejadas del Espíritu de Dios, para oír estas ceremonias necias y encantos inventados, y así han sido llevados hacia la ignorancia y la sombra de muerte, donde muchos han hechos sus moradas; y los mercaderes de Babilonia han comerciado con estas cosas por muchos cientos de años, con tal mercancía, bajo el nombre de las ordenanzas apostólicas y santas instituciones.

Comentarios del Editor del Sitio: Tal vez usted está comenzando a ver lo alejadas que están las iglesias protestantes y católicas modernas. Ellas han perdido de vista muchas cosas, incluyendo lo que dijo Jesús: Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos (genuinos) adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre busca a tales que le adoren. Juan 4:23
Dios es espíritu, y los que le adoran, deben adorarle en espíritu y en verdad. Juan 4:24
Para estar en espíritu y en verdad, usted debe primero ser cambiado por Dios mientras mora en la Palabra que él le habla y en su Luz.
De modo que todo los adoradores que no estén en el Espíritu Santo, y con la verdad dentro de sí también, desagradan a Dios.

Vea Adoración Apropiada para obtener una guía de cómo volver a los principios de la iglesia primitiva.

Jurar

En el primer pacto, a los judíos se les mandó a jurar por el Señor, y los juramentos eran observados por ellos. Pero la doctrina de Cristo, quien vino a ponerle fin a ese pacto, y a establecer un pacto eterno, era: "No juréis en ninguna manera,” ni por la cabeza ni por ninguna otra cosa; y que el sí sea sí y el no un no en todas las cosas. Y Santiago, un apóstol de Cristo Jesús quien conocía el nuevo pacto que es eterno y vio las ordenanzas del primer pacto, dijo: “sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento. Más bien, sea vuestro sí, sí; y vuestro no, no; para que no caigáis bajo condenación." Santiago 5:12. Y esta era una doctrina apostólica y católica en las iglesias primitivas. Pero después la gente comenzó a establecer juramentos otra vez; imitando a los judíos, quienes estaban bajo el primer pacto, y justificando sus acciones con los mandatos dados a los judíos. Justiniano, (San Justiniano, el déspota), el emperador de Roma, fue el primero en establecer una regla por la cual los hombres debían jurar por el evangelio, o el libro llamado el evangelio, al poner sus manos sobre él mientras lo besaban y decían “con la ayuda de Dios.”

Muchas personas, en vez de jurar y provocar una condenación para sí mismos, lo cual era la consecuencia de que ellos se rehusaran a jurar, han perdido sus posesiones y su libertad; y felices serán los que no han participado en provocar a los rectos, y en esforzarse para quitarlos del camino del camino de Cristo; porque sin duda vendrán los ayes sobre aquellos que participan en esto.

Para que podamos ver que el rehusarse a jurar no es algo nuevo, aquí se exponen unos pocos ejemplos de personas fieles, quienes sufrieron como mártires en edades pasadas; y sería fácil mostrar una nube de testigos de las autoridades eclesiásticas, quienes negaron todos los juramentos en varias edades; unos pocos testimonios de tales personas son aquí introducidos.

Basílides, quien sufrió el martirio, ya que se le exigió que jurara, afirmó claramente que no era legítimo para él jurar, ya que él era un cristiano: por lo tanto parecía que la marca del cristiano era no jurar. Walter Brute, un mártir, un maestro entre el pueblo de Dios llamado los lolardos, dio este testimonio: "Con respecto a los juramentos, yo creo y obedezco la doctrina del Dios Todopoderoso, y mi Maestro Cristo Jesús, quien enseña que un hombre cristiano, al afirmar una verdad, debía sobrepasar la justicia de los escribas y fariseos o del Antiguo Testamento, de otra manera se excluye del reino de los cielos. Y con respecto a los juramentos, Él dice: "habéis oído que fue dicho a los antiguos: No jurarás falsamente; sino que cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios;  ni por la tierra,.. Pero sea vuestro hablar, 'sí', 'sí', y 'no', 'no'. Porque lo que va más allá de esto, procede del mal.” Por lo tanto, así como la perfección de los hombres de la antigüedad en el Antiguo Testamento era no jurar por sí mismos, así la perfección de los hombres cristianos es no jurar por nada, porque así les manda Cristo, cuyo mandamiento no debe ser quebrantado en ningún caso.”

Los valdenses o leonistas, quienes eran protestantes antiguos y verdaderos, profesaban que jurar no era de ninguna manera legítimo para un cristiano; cuyo caso el arzobispo Usher, primado de Irlanda, rogó por esto mismo, señalando ese mandamiento de Cristo: "No juréis en ninguna manera," Mat 5:34 era una petición suficiente para ellos.

Es uno de los artículos de Juan Wickliff, cuyas obras eran tan estimadas por los protestantes de Inglaterra, como odiadas por los papistas: "Que los Juramentos que se hacen para cualquier contrato o acuerdo civil entre hombres son ilícitos."

"La queja del labrador," en las oraciones, dice: "Señor, tú nos das un mandato de Verdad, al decirnos que digamos sí, sí, y no, no, y no jurar en ninguna manera. Tú nos das un mandamiento de mansedumbre y otro de pobreza; pero, Señor, aquel que se llama a sí mismo vicario sobre la tierra, ha quebrantado ambos mandatos, porque él hace una ley que obliga los hombres a jurar." Acts and Mon. fol. vol. 1 p, 459. 9th. Edit.

Crisóstomo, obispo de Constantinopla, culpa grandemente a aquellos que traen un libro para jurar con él; encomendándoles al clero que de ninguna manera obliguen a nadie a jurar, ya sea que ellos crean que es cierto o falso que el hombre debe jurar, diciendo: "Es pecado jurar bien."

Acerca del alcance del poder de los reyes y magistrados en materias de la conciencia

Cuando el Señor sacó a Israel de la tierra de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, hizo un pacto con ellos, y les dio la ley, y estatutos, y ordenanzas en el Monte Sinaí, por mano de Moisés, el juez de Israel. Las leyes y estatutos que en ese entonces le fueron dados a Israel para caminar en ellos, eran con respecto a las cosas morales y civiles, y también con respecto a la adoración del Dios verdadero. Vea Éxodo, Números, y Deuteronomio. Y aquellos que no adoraron al Dios verdadero de acuerdo con el mandato que les fue dado en ese pacto, debían ser juzgados de acuerdo a la Ley; y Moisés y el resto de los jueces sobre Israel, debían asegurarse que las leyes y los estatutos fueran ejecutados sobre los transgresores; si alguno era idólatra y adoraba un dios falso, o blasfemos, o quebrantadores del sábado, ellos debían ser apedreados hasta la muerte; y su sangre debía estar sobre sus cabezas. Esto era de acuerdo a la Ley de Dios.

Y cuando Israel deseó tener un rey, Dios les dio uno; y ellos tuvieron muchos reyes, quienes fueron ungidos por Dios, nombrados por él, quienes debían gobernar de la misma manera en que Moisés, Josué, y el resto de los jueces había gobernado. Esto fue antes de que Cristo fuera manifestado en la carne; esta era la manera antigua, estos eran los antiguos caminos en los que Israel debía caminar; pero este pacto era defectuoso, como dijo el apóstol, y los ministros de él no podían continuar por razón de muerte. La Ley, el sacerdocio, las ordenanzas y la adoración fueron cambiadas, cuando Cristo, el fin de la Ley por la justicia, fue manifestado.

Ahora, a medida que Aarón y el resto de los sumos sacerdotes estaban bajo la ley, no eran más que tipos y figuras de Cristo, Rey de Reyes, el Rey de los santos, el dador de la ley y el Juez; y su poder exterior al ordenar la adoración verdadera, o al restringir la idolatría bajo ese pacto sólo continuó hasta el tiempo de la reforma, y no era más que un tipo del poder espiritual de Cristo, y sus armas, y la ejecución del juicio sobre sus enemigos, quienes no están sujetos a su gobierno y su poder.

El primer pacto y sus ordenanzas, y el poder de ordenar la adoración, y castigar la idolatría, pertenecían sólo a los judíos, quienes estaban bajo ese pacto, y no a los gentiles; como está escrito: "Ha manifestado sus palabras a Jacob, sus leyes y sus decretos a Israel. No ha hecho esto con otras naciones, y no han conocido sus juicios." Sal 147:19-20. Por lo tanto aquellos que llevan a la gente ahora hacia este pacto, y el poder de él, están prácticamente negando el segundo pacto eterno.

Los ministros del anticristo han tratado de convencer a los reyes y los gobernantes, de que Dios exige que hagan que todo el pueblo adore, aunque ellos mismos están divididos entre ellos; unos por una cosa y otros por otra. Y debido a que los reyes de Israel hicieron esto, y tenían el poder de hacerlo, ellos han concluido que los príncipes y jueces deben hacerlo también; y por este medio les han hecho que pongan sus cuellos en un yugo, el cual es muy pesado para ellos; lo cual el Señor no ha pedido de sus manos. Por medio de estas órdenes y obligaciones, muchos hipócritas han sido creados; y muchas conciencias del pueblo de Dios han sido heridas y quemadas: y por causa de ellos muchos reyes y gobernantes han perdido sus dominios bajo los jueces del Señor. Todos los que se han inmiscuido con la prerrogativa y la soberanía de Cristo, no son más que usurpadores de ese poder que el Padre le ha dado a su Hijo, y que él no le dará a nadie más, para ser Juez y dador de la ley en los corazones y las conciencias de su pueblo.

Se puede objetar que los apóstoles exhortaron a la sumisión de toda ordenanza del hombre en nombre del Señor; 1 Ped 2:13-14: "ya sea al rey como quien ejerce soberanía, o a los gobernantes como quienes han sido enviados por él;" y Rom. 13:1-2 "Sométase toda persona a las autoridades superiores, porque no hay autoridad que no provenga de Dios; y las que hay, por Dios han sido constituidas. Así que, el que se opone a la autoridad, se opone a lo constituido por Dios." Ahora, de estas escrituras se han hecho muchas deducciones incorrectas; como por ejemplo que los reyes y gobernantes debían ser obedecidos en todas las cosas; y que ellos tenían poder en las cosas espirituales, para hacer leyes en cuanto a algún tipo de adoración que ellos prefirieran, y a prohibirles a otros; y que todos estas cosas debían ser obedecidas. En la apostasía, los ministros del anticristo han introducidos muchos inventos, tradiciones, e instituciones humanas, como adoración divina; y han presionado a los gobernantes ha hacer leyes, y obligar a toda la gente a recibirlas, aunque han sido repugnantes para la verdadera adoración de Dios. Tales maestros han presionado a la gente a obedecer como un deber, con el motivo de que así lo dicen las escrituras.

Ahora, se debe entender que estas Escrituras hablan de la sumisión en las cosas que son justas e iguales, que son sólo de naturaleza civil o moral, y de las ordenanzas para el buen y sano gobierno de un estado; y no se pueden entender como cosas espirituales, o relacionadas con la adoración de Dios; de otra manera Pedro y Juan fueron transgresores también, como también los otros apóstoles, quienes cuando enseñaron valientemente en el nombre de Jesús, y los gobernantes les ordenaron que ya no hablaran más en ese nombre, desobedecieron el mandato, diciendo: "Juzgad vosotros si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios."

Acerca de la adoración de imágenes, los decretos de los concilios,
y la inefabilidad de la Iglesia de Roma
.

Leo, emperador de Roma, mandó que todas las imágenes y cuadros de santos debían ser quitados de las iglesias, para evitar la idolatría, en el año 726; pero Gregorio segundo lo resistió; y Leo, para confirmación, convocó un concilio de obispos, alrededor de 800 en número; y ellos, en el año 730, decretaron que todas las imágenes debían ser quitadas y destruidas. Pero Gregorio segundo convocó otro concilio en Roma, de alrededor de mil obispos, y condenó a Leo y los trescientos obispos por quitar las imágenes de las iglesias; y decretó que ellas debían ser adoradas con toda reverencia. Sin embargo, el primer concilio y este concilio eran ambos de una fe, y de esa iglesia católica que ellos dicen que no puede errar.

El concilio eliberino decretó que ninguna imagen debía ser establecida en las iglesias, ni adorada; y que las paredes no debían ser pintadas. El concilio de Constantinopla decretó que no se debían permitir las imágenes en las iglesias, o en los lugares de reunión. Pero el segundo concilio de Nicea determinó que las imágenes no sólo debían ser puestas en las iglesias, sino también adoradas.

En el comienzo del séptimo siglo, Gregorio primero culpó a Sereno de Marsella, un obispo, por hacer que todas las imágenes fueran quitadas, y echadas fuera de los lugares de adoración y destruidas; por los Francos, quienes se habían establecido en el sur de Galia, quienes habían consentido en el uso de ellas en el momento de su conversión, habían sido regresadas insensiblemente, por ellos, para la idolatría. Gregorio dice en esa ocasión: “Aunque las imágenes no fueron puestas en las iglesias para ser adoradas, aún así sirven para instruir a los ignorantes." Pero el concilio de Trento dice: "Las i imágenes fueron establecidas en las iglesias, para tener un debido honor y adoración hacia ellas." Si por lo tanto la doctrina de Trento fuera sólida, la doctrina de Gregorio era herética. Sin embargo, las doctrinas de ambos son contrarias a la doctrinas de las Santas Escrituras; y sería bueno que todos los que están en la práctica de inclinarse ante imágenes y cuadros, o de adorarlas, consideraran cómo estarán ellos en el día del juicio, ante Dios, quien ha mandado: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehovah tu Dios, soy un Dios celoso." Exodo 20:4-5.

El último concilio, bajo Julio segundo, revocó los decretos del concilio de Pisa. El concilio de Basilio determinó que un concilio de obispos estaba por encima del papa, y que aquellos que juzgaran de otra manera eran herejes; pero el concilio Laterano, bajo Leo, decretó que el papa estaba por encima del concilio; y que cualquiera que pensara de otra manera debía ser considerado hereje.

El concilio de Trento ordenó que los obispos debían enseñarle a la gente, y que no debían tener más beneficio por promoción, que algún lugar; pero desde entonces han invalidado este decreto, y ahora países completos son muy pequeños para ellos; y los protestantes imitan lo mismo.

¿Cuál ha sido la validez de estos concilios de hombres, que actúan fuera de la vida y el poder de Dios, que llevan a la semilla de Dios hacia la servidumbre? Ahora, Roma, mira a tu infalibilidad, universalidad; y unidad, que tú tanto clamas, una mientras estableces una cosa, y la otra derrumbándola otra vez, cuando no te sirve a tus intereses particulares.

Por lo tanto la gente ha sido llevada de un lugar a otro por muchas generaciones; y ha habido persecución por causa de cosas que se pueden cambiar y alterar; y la Vida, que nos redime para sacarnos del mundo y llevarnos a Dios, no ha sido buscada. Que todos los que desean tener paz, y disfrutar el testimonio del bendito Espíritu de Dios, salgan de esta Babilonia, esta ciudad de confusión, cuyo estrado es edificado sobre la arena, cuyo fundamento está puesto en las aguas, y cuya fe está puesta sobre las instituciones humanas; que son variables y están sujetas al cambio. Que ellos lleguen a conocer a "la Roca de la Eternidad," y el concilio inalterable del Señor, y la sabiduría del Altísimo, para que gobierne en sus corazones. Que ellos esperen en la Luz inmortal de Dios, que está en el interior, para que ellos puedan ver por encima de todas estas montañas de oscuridad, que son levantadas en la apostasía; y sobre todas las instituciones, decretos, estatutos, ordenanzas, e inventos de los hombres; y vayan a Aquel quien es "el Comienzo de la creación de Dios," quien es ese espíritu vivificante, por el cual todos los que creen son levantados de la muerte, y hechos partícipes de la Vida, la cual es inmortal, que no se marchita; y entonces ellos podrán adorar al Señor en espíritu y en verdad.

Que se quiten todo los tipos, figuras, sombras, y velos, con las instituciones humanas y las ordenanzas de los hombres, las ceremonias y supersticiones y tradiciones vanas, en las cuales Dios no se agrada, que no benefician para nada; porque la Vida se ha levantado; "el velo que cubre, que ha sido puesto sobre todas las naciones," es rasgado; la noche se ha ido; el día ha llegado, y ha aparecido en brillo; las sombras han pasado, y la mañana de la justicia ha aparecido; el Hijo de Dios, quien le ha dado a su rebaño un entendimiento, ha venido, en quien residen la vida, la bendición, y el consuelo eterno; que Él hace que descanse sobre su pueblo para siempre.

SECCIÓN IV

Como todos pueden salir de la apostasía
y llegar a ser miembros de la iglesia verdadera,
la esposa del Cordero, quien está en Dios

Hasta ahora Dios se ha aparecido, o se ha manifestado a sí mismo con los hijos de los hombres en cualquier edad, por medio de sombras, figuras, u otras apariciones externas, el espíritu maligno, la simiente de la serpiente, y hacedor del mal, siempre tomó la forma del objeto, cuando se trataba de la reputación.

Los judíos sostuvieron los tipos, figuras, y ordenanzas del primer Pacto, y se opusieron a Cristo, la Luz y el Pacto Eterno, y también a aquellos que predicaron o publicaron acerca de Él. Y cuando el nombre de Cristo llegó a ser esparcido en el exterior, los profetas falsos y obreros engañosos, quienes eran enemigos de Cristo, y del Poder de Dios, predicaron de Cristo por causa de la controversia y la envidia, y para obtener ganancias deshonestas [dinero]; y por sus prácticas impías hicieron que el nombre de Cristo fuera odiado entre los paganos; y, por medio de sus acciones impías, hicieron que el digno nombre por el cual los santos eran salvos, fuera blasfemado.

Cuando los apóstoles juntaron a muchos de los que creyeron, y los establecieron en el orden del Evangelio, y ese orden y la conversación de los santos llegó a ser bien considerada, se levantaron los falsos apóstoles y los obreros engañosos; y cuando los apóstoles y santos se reunieron en las casas, los apóstoles falsos se metieron en sus casas, y sostuvieron la apariencia pero negaron su poder; y de los tales debemos alejarnos, de acuerdo con la exhortación del apóstol a Timoteo.

Desde que la iglesia verdadera huyó hacia el desierto la iglesia falsa llegó a ser visible, para sentarse como una reina sobre las aguas, las naciones y los pueblos; otras cosas han sido traídas, que no eran instituciones de Cristo o de las iglesias primitivas; y el mundo se ha ido detrás de éstas, en la noche oscura de la apostasía, en la cual la adoración ha sido compuesta parcialmente por la de los judíos, parcialmente por la de los paganos, y parcialmente por los inventos de aquellos que estaban en la apostasía; ellos estaban corrompidos, y las escrituras habían sido pervertidas de todas las formas, para confirmar todo este engaño.

Muchos han juzgado que renunciar a las prácticas supersticiosas antiguas, y tomar la forma y la práctica otra vez en lo exterior, como era en los días de los apóstoles, es salir de la apostasía. Pero déjenle a todos saber esto, que la adoración y el servicio que Dios pide ahora, y en la cual Él se manifestará, es en el Espíritu; la cual toda la gente debe esperar, para que puedan llegar al fin de la noche del error, y testificar la restauración de la Novia, la Esposa del Cordero.

Ahora una medida del Espíritu de Dios es dada a todos para su provecho, la cual, a medida que es atendida, muestra lo que es el pecado, la transgresión, la adoración formal, y las transformaciones del engaño, y lleva a aquellos que creen en ella, a salir de aquello que está contaminado, hacia Cristo, el fundamento seguro, y el gran poder de Dios; y hace que ellos conozcan la paz de Dios, y la buena voluntad hacia todos los hombres. Aquello que restaurará a todos aquellos que creen, todos deben esperarlo, y testificarlo para que sea manifestado en sus corazones, y recibirlo. Esto los sacará de la apostasía; pero sin esto ellos no pueden salir, ni ver el fin de aquellas cosas que deben ser abolidas; porque es sólo el gran poder de Dios, que debe ser testificado y recibido por todos los hombres el que llega a ser una piedra viviente de la santa ciudad, un hijo viviente de la mujer libre, y un verdadero miembro de la Jerusalén celestial, la cual es de arriba.

Estos dichos son fieles y verdaderos; y bendito es aquel que los oye, los cree, los recibe

El propósito de este sitio web es mostrar cómo llegar a ser
libre de pecado
al beneficiarse del poder de Dios que produce cambio a través de la cruz,
que lleva a la unión con Dios en su Reino.

 


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