La Cruz Perdida de la Pureza



 

SELECCIONES DE

LAS OBRAS DE FRANCIS HOWGILL

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Francis Howgill, (1618-1669), recibió una educación universitaria como preparación para su ministerio episcopal. Él se convirtió en un ministerio de la iglesia episcopal; pero después se alejó de ella, descontento con la superstición que todavía había en ella, y se unió con algunos independientes, entre los que se convirtió en maestro. Mientras todavía sentía la falta de consuelo espiritual del cual su alma tenía sed, se fue con los anabautistas, pensando que ellos caminaban más de acuerdo con el evangelio de Cristo. Aún así se sentía destituido de esa paz mental que tanto deseaba; al fin, cuando tenía alrededor de treinta y cuatro años de edad, se unió con la perseguida sociedad llamada la de los cuáqueros; entre los cuales se convirtió en un miembro ampliamente respetado y un evangelista. En la prisión murió en comunión con ellos, después de haber sido una persona eminente entre ellos por unos dieciséis años, como ministro, dejando un registro de sus escritos y sus sufrimientos. Las memorias en este sitio relatan su vida y sus experiencias. Escrita desde la prisión, anticipando su muerte, está una carta preciosa a su joven hija, en la cual el da los consejos más excepcionales para la vida y la conducta que yo jamás he leído, incluyendo la siguiente acción principal para el éxito cristiano:

¿Y cómo debes buscar a Dios? Yo te informo que tú debes acallar todos tus pensamientos, y debes llevar tu mente hacia lo que es puro, y santo, y bueno dentro de ti misma y buscar y esperar en eso, en la luz de Jesucristo, por la cual tú eres iluminada, la cual te muestra cuando haces mal, y te controla y te reprende. Hazle caso a ella, y te mostrará tus malas inclinaciones y pensamientos; y a medida que la ames, los destruirá, y te guardará para el tiempo para salir de lo malo.

Lo que sigue a continuación son los más instructivos y definitivos escritos de doctrina
que el editor de este sitio ha encontrado entre todos los primeros cuáqueros.

CAPÍTULO I

UNA SINOPSIS DE UN ENSAYO
TITULADO "ALGUNOS DE LOS MISTERIOS DEL REINO DE DIOS DECLARADOS."

Para EL LECTOR:

En tiempos pasados, en la noche de la ignorancia, desde los días de los apóstoles, muchos han andado a tientas en la oscuridad como los ciegos; y de la densa oscuridad han hablado oscuramente de las cosas de Dios, y de su reino; y han escrito acerca de las cosas de Dios, y de su reino, y han alimentado las mentes oscuras de muchos que no se han convertido a Dios. Yo veo cuantas personas están confundidas en sus mentes, y se equivocan en sus juicios, y han perdido la clave del conocimiento, lo que debería dar una entrada hacia los misterios del reino de Dios, y abrir sus corazones. Por lo tanto, en compasión por aquellos que tienen sed por el Señor, y por causa de aquellos que no tienen un lugar para descansar, he escrito estas cosas a medida que eran reveladas a mí, y en mí, por su espíritu puro; y si ustedes salen del mundo que está en la impiedad, y esperan en la manifestación del espíritu, ustedes verán que es la Verdad.

No he escrito para complacer a los hombres de mente corrupta, que se glorían en las palabras y apariencias externas, y partes y sonidos naturales, y se han alejado de la Vida; sino que me dirijo a los de corazón simple, para el fortalecimiento de los débiles. Lo que ustedes vean en el siguiente discurso que ustedes no puedan aceptar, dejen que se quede como una pregunta en su mente, y no juzguen nada antes de tiempo en la sabiduría terrenal. Sino que esperen para juzgar por medio de aquello que es de Dios en ustedes, en lo cual yo deseo ser aprobado, y en nada más.

Yo soy amigo de ustedes en la Verdad, y deseo el bien para todos los hombres.

Francis Howgill

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SECCIÓN I

Algunos de los misterios del reino de Dios declarados.

El Señor Dios de toda la tierra, que vive para siempre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob; el trono de quien es establecido en justicia, quien viaja sobre los cielos y brilla en su excelencia eterna desde el firmamento de su poder, se está manifestando a sí mismo como en los días antiguos, y está revelando su justicia como en los años pasados; y está derramando su espíritu sobre sus hijos e hijas, de acuerdo con su promesa; y de la bendición de los montes eternos. El Señor, que apareció en el Sinaí a Moisés, su siervo, en la zarza ardiente; quien se levantó del monte de Seir; y brilló con su brillo desde el monte de Parán; y viene con diez mil de sus santos; aún aquel cuya mano derecha fue a una ley ardiente, para que la gente no pudiera contemplar su gloria, ahora ha aparecido en este día, el día de su poder, y su aparición; el brillo de quien opacará toda la gloria del mundo, y manchará su sabiduría, y la encerrarán en terrible oscuridad. La sombra de la muerte se escapará; y todos los príncipes altivos y sublimes de este mundo estarán terriblemente atemorizados; las bestias se irán a sus guaridas cuando venga el día; y los corderos del rebaño eterno saldrán, y serán alimentados en los valles de gordura, donde las corrientes de vida rodearán todas las riberas de los ríos; y ellos se regocijarán en su Pastor, y dirán: "El Señor es mi pastor;" lo cual muchos en este tiempo, quienes han visto sus maravillas como en los días antiguos, y sus actos nobles de los cuales han hablado los padres, quienes se han dormido y están descansando en el Señor, admiran esto, y dicen: "¡Lo que ha hecho Dios!" Dios ahora está llevando a muchos a ver aquello que ellos testificaron que era cierto; y para hacer que lo mismo se cumpla en sí mismos. Honor y alabanza para Él para siempre, quien es la estancia y la fortaleza de todo su pueblo para siempre. El día del Señor ha amanecido, y la luz ha aparecido que manifiesta todas las cosas que son reprochables; el lucero de la mañana ha salido en los corazones de muchos. Este día cuando aparece, descubre todas las cosas, y manifiesta todas las cosas a aquellos a quienes se aparece; como es declarado por el Espíritu de la Verdad en las Escrituras de la Verdad; "la obra de cada uno se hará manifiesta.” Y este día ha aparecido a muchos quienes lo han esperado; ¡alabado sea el Señor! Y ahora ellos ven todo en su fundamento y se levantan; y todo árbol y fruto es visto de acuerdo con su clase, ya sea bueno o malo; y la obra de cada hombre es obvia para todos los que están en el día, y sobre los cuales la mañana de justicia ha aparecido, y el Sol de Justicia ha brillado, a través del cual se ve lo que es reprobable y condenable, y también aquello que es justificable e irreprochable.

SECCIÓN II

Lo que es el día del Señor,
Cómo se puede ver,
y a quien ha aparecido.

Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto [es revelado],
pues Dios se lo manifestó.
Rom 1:19

Dios es espíritu, su día es espiritual, y se ve con el ojo espiritual. Es luz pura, brillo puro; lo puro que brilla del Señor en su excelencia gloriosa; la santidad se derrama a sí misma exteriormente en su gloria - la pureza se esparce a sí misma en su excelencia inmensurable. Sólo se puede ver como es en sí misma por los hijos de la luz, que nacen de ella. El día natural recibe su brillo del sol; el día espiritual recibe su brillo del Hijo de Justicia, por medio de quien es traído, quien causa que venga de lo alto, quien es la fuente de vida, sin él nada es, ni es hecho. Como el día natural recibe su claridad del sol natural, y es discernido por el ojo natural del hombre natural; y todas las cosas naturales se ven y se descubren por el día natural y en el día natural, y son obvios para aquel que tiene su vista; ¡aún del Sol de Justicia! el Señor de gloria, luz, y pureza, el día de Dios recibe su brillo; y es discernido por el ojo espiritual del hombre espiritual, quien es la imagen del Padre, llevado a la vida por Dios el Padre de la vida, por Cristo Jesús la Vida de los hombres, la Luz del mundo. Este es el nacimiento que ha nacido de lo alto, que es de la naturaleza del Padre, y del Hijo, y del día. Sólo él, que es de este nacimiento, llega a contemplar este día, y discierne todas las cosas del reino del Padre por medio de él, y de la misma manera las cosas escondidas de la deshonestidad, las obras de la oscuridad, que son provocadas por el príncipe de la oscuridad, quien está encerrado en oscuridad completa y eterna; la cual es su residencia, y será su residencia para siempre, y de todos los que obran iniquidad que llevan su imagen.

Y aún así algunos pueden decir que este día no ha aparecido a ninguno en esta época. Pero si un hombre que es naturalmente ciego dice que no hay luz en el día ni en el sol, porque él no la ve; ¿quiere decir eso que no hay luz en el día, ni en el sol? Y si todas las cosas son parecidas para él, día y noche, de modo que él no puede distinguir entre los dos; ¿acaso esto anula la afirmación de aquellos que tienen un ojo natural, que pueden ver tanto el sol como el día? Y si ellos están ciegos espiritualmente, y son hijos de la noche, dicen que no ven nada del día del Señor, o del descubrimiento de las cosas de Dios, o de su gloriosa aparición, la cual muchos testifican, ¿hace esto que la vista de los que han visto las cosas del reino de Dios sea nula? La incredulidad de algunos no anula la fe de aquellos que sí creen - que Dios no lo permita.

Judas (no el Iscariote) le dijo: —
¿Por qué, Señor, estás dispuesto a manifestarte a nosotros, y no al mundo?
Le contestó Jesús: —El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él.
Juan 14:18-23

SECCIÓN III

Lo que es el día del Señor,
y lo que será para los impíos.

Aunque el día del Señor es luz y brillo puro, y no se mezcla con la noche, la cual es de naturaleza contraria; sin embargo es un día de oscuridad y sombras, y un día muy terrible para los impíos, quienes odian su aparición, y odian la luz, y son hijos de falsedad, y del engaño; cuyos actos son malignos. Esta los muestra y los pone de manifiesto a ellos y a sus acciones; como está escrito en Job 24:17: “Porque la mañana es para todos ellos como sombra de muerte.” La venida del Señor los aterroriza; y ellos se quieren alejar de ella como un ladrón que excava a través de una pared y penetra una casa en la noche mientras los hombres están durmiendo; tal hombre maligno tiene miedo cuando aparece el día que descubre sus acciones. Y el día del Señor tomará por sorpresa a aquellos que viven sin restricción sobre la tierra; cuyos corazones están listos para buscar la malicia, como si fuera un tesoro escondido; y vendrá sobre ellos como un ladrón. Siendo ellos hijos de la noche, y produciendo frutos de oscuridad, tendrán su porción en la oscuridad completa. Así perecerán los impíos, y tendrán su porción con los hipócritas. Piensen en esto, todos ustedes recriminadores, e injuriadores de la Luz y de la venida de Dios, y arrepiéntanse. Porque el asna montés olfatea el viento cuando quiere, y los que la buscan no se fatigarán, porque viene el tiempo cuando ella será hallada y tomada; lo mismo sucederá con todos los impíos, aunque corran como una asna montés, y atraviesen sus caminos como un rápido dromedario, entonces vendrá el día cuando ellos serán superados en el medio de su seguridad; y ellos no se escaparán.

Y aunque los niños, maestros, y creyentes de este mundo, que profesan las escrituras, hayan orado por el día del Señor, cuando venga será como un fuego consumidor y devorador, y ellos caerán como rastrojo ante él; porque cualquier cosa reprochable es manifestada por el día en el cual Dios aparece; y aparecerá, aún a los impíos y a los irreverentes. De modo que todos ustedes asalariados que predican por paga, y ustedes que aman el hecho que es así, ustedes no se esconderán; y todos los oponentes de la Verdad serán hallados, y serán convencidos de todas las cosas duras que dicen, y sus obras impías. Lo que pone de manifiesto sus obras es el día, y éste los convencerá; porque aún los impíos verán su aparición, aunque sea para condenación, vergüenza y menosprecio.

He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron;
y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.
Apoc. 1:7.

2000 años atrás, al sumo sacerdote de los judíos y a los fariseos durante su juicio, Jesús dijo:
Y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo. Mar 14:62

Esta no es una generación en particular miles de años después.

"Y le verán los que le traspasaron." Porque aún en los impíos Dios tiene un testigo que es puro, que controla a menudo, aunque ellos no lo consideren, porque el dios de este mundo ha cegado sus ojos; pero cuando Cristo, la Luz, aparezca, el hará que eso se vea en el impío, que el dios de este mundo sea cegado; y ellos lo contemplarán en temor; y su aparición pura hará que ellos estén terriblemente atemorizados. Aunque ellos no vean, serán obligados a ver; y serán obligados a oír lo que no querían oír, cuando Dios haga sonar su trompeta, para advertir a todos, que lo muertos, tanto pequeños como grandes, se pueden levantar, "algunos para vida eterna, y otros para vergüenza y menosprecio eterno.”

SECCIÓN IV

Lo que el día del Señor es para los justos,
y cómo aparecerá a ellos,

y si es que alguno de ellos lo debe buscar mientras esté en el cuerpo.

La aparición de Dios, quien es vida eterna, en su día, en su Luz inmensurable, es un gran gozo, y una fuente de gozo para los justos. Porque él es para su pueblo una luz eterna, y en su luz ellos llegan a ver la luz.

Él revela los misterios secretos de su reino en aquellos que ven su día aparecer en sus corazones, el cual pone de manifiesto todas las cosas, aún los secretos del Señor, y su tesoro escondido, y sus riquezas duraderas, que nunca se corrompen ni se oxidan, sino que son frescas, y mantienen su imagen y su impresión pura. Por medio de esta Luz todos los justos, que han esperado la aparición de Dios, ven a verlo. Como está escrito: “He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación.¿Viene en realidad aquel a quien ustedes han esperado? Sí, viene, “y su recompensa con Él;” y los que le ven encuentran satisfacción en Él, y en su recompensa. ¿Y cuál es su recompensa? Gozo, alegría, paz en la conciencia, seguridad del amor de Dios sellado en lo corazones por el puro Espíritu del Señor, las corrientes de la vida que fluyen continuamente de las grandes profundidades, que refrescan y nos mantienen refrescados en los extremos más grandes del calor de la tentación; y aquellos que lo han esperado y lo esperan las esperan; aún en el cuerpo ellos testifican de Él y de su venida. ¿Cuál fue el testimonio de sus discípulos? "El Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento." ¿De qué? De Dios, de su día, de su venida, de su poder, de su sabiduría, de esperanza, de fe, de seguridad, de paz, de gozo, de consolación. ¿Qué? ¿En esta vida? Sí, yo podría traer una nube de testigos de las edades pasadas, y también de esta época, bendito sea el Señor; pero mi testigo que me da seguridad está mas cerca de mí que todos los testigos de ellos, aunque todos ellos son verdaderos. Abrahán, el padre de los fieles, y de los justos, quien creyó en Dios y fue aceptado, vio el día de Cristo y estuvo feliz; esto es, por fe; sí, él y todos los que alguna vez vieron el día de Cristo, o del Padre, lo vieron por fe; por fe ellos lo vieron a aquel que es invisible: "He aquí Dios es mi salvación." Isaías 12:2. ¡Qué! ¿Usted ya lo disfruta? Sí, Él se ha convertido en mi salvación; y Simeón, quien esperó la consolación de Israel, dijo: "Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, porque han visto mis ojos tu salvación." Lucas 2:30. Y esto dijo aquel que conocía la confortación y el consuelo: "Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación." Ellos fueron hechos partícipes de su naturaleza divina, y se sentaron juntos en los lugares celestiales en Cristo Jesús: y aquellos que están en Él, y disfrutan de Él, quien es el poder de Dios, y la sabiduría de Dios, conocen el reposo; y paz, y salvación, de la culpa y de los pecados. Y el apóstol, escribiéndole a los Hebreos, dijo que "cuando el Hijo de Dios nos ha quitado nuestros pecados," (hablando de la expiación,) "Él se sentó a la diestra de la Majestad de lo alto:" él miró más allá del pecado, aún hacia aquel que ha quitado el pecado: y cuando el pecado es quitado se pone de manifiesto hacia aquellos y dentro de aquellos que creen, por el Espíritu de Jesús, quien es Cristo el Cordero, el brazo que trae la salvación, quien es el autor de la salvación eterna para todos los que creen. Él la comienza y la perfecciona en su día, porque Él obra en el día, como Él mismo dijo: "Mi Padre obra aquí en esto, y yo obro." Él destruye las obras del diablo; ésta es su obra en el hombre, la cual ven y sienten aquellos que han venido a su día, aún la obra de Dios en sí mismos; y sus propias obras lo alaban, porque sólo ellas pueden. Y aquellos que no han venido al día, no conocen las obras de Dios en sí mismos; y aquellos que no hacen caso de esto en sí mismos, lo cual pone de manifiesto todas las cosas que son reprochables, y que reprocha, todavía no han llegado a conocer la apariencia de la luz tenue o del día en sí mismos, lo cual los santos testifican en sí mismos, aún todos aquellos que son santificados.

SECCIÓN V

Dónde aparece el día del Señor,
Cómo viene,
y cómo se busca.

El reino de Dios no es algo que pueda verse.
Tampoco se puede decir: "¡Aquí está!" o "¡Allí está!"
Porque el reino de Dios ya está entre ustedes.

Lucas 17:20-21

Aquellos que miran a lo exterior [buscando una venida visible y externa] no pueden ver la aparición del Señor, ni su día. Aquel que no sabe en qué consiste, no sabe cómo buscarla más de lo que lo sabían los judíos, quienes eran expertos en las escrituras y hombres educados, en qué consistía el reino de Dios. Y los creyentes literales, cuya fe está fundada en la letra [la Biblia/las Escrituras], y en lo que es visible, ya no saben dónde se encuentra el reino de Dios. Este día del Señor, el cual es brillo eterno, aparece en el corazón; y aquí se debe esperar su amanecer y su venida; y a medida que se testifica, manifiesta lo maligno, y lo lleva a la luz, y declara en contra de lo que es contrario a su propia naturaleza. Cristo, el pacto de la luz, el don de Dios, quien es enviado y ungido por Dios, para predicar y proclamar el año aceptable del Señor, y el día de venganza de nuestro Dios, lo proclama en el corazón; porque Él no viene a traer paz, sino espada, y su espada es la espada del Espíritu. Es lo que divide, y discierne lo pensamientos y las intenciones del corazón, y descubre su desesperada maldad. En los corazones terrenales donde él no encuentra fe, Él enciende un fuego y ejecuta su venganza; y su día, para aquellos sin fe, es un día de gran perplejidad. Sus espíritus llegan a estar heridos; sus corazones se fatigan, y el dolor los llena, y conocen la aflicción; y Él encuentra en este estado a todos los que están descubiertos; sin fe, sin esperanza, y por lo tanto Él quita la paz. Muchos han hablado del día del Señor; pero cuando aparezca, ellos no podrán soportarlo; sino que correrán hacia cualquier cosa, [el refugio de la continua oscuridad] para no ver al Señor de la vida aparecer para ejecutar venganza sobre sus enemigos.

Aquellos que no han visto todavía este día de la venganza del Señor en sí mismos, nunca han visto el día de la salvación. El profeta clamó: "¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste?" Y muchos han sido testigos oculares del día terrible del Señor, que ha aparecido en ellos, en el cual toda la paz ha sido escondida de sus ojos: y todos los que alguna vez llegaron a ver el día de gozo y felicidad, primero conocieron el terror y el día terrible del Señor en sí mismos. Por lo tanto el apóstol dijo: "Conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres." Ahora este día del Señor no viene con observación, "Helo aquí, o helo allá;" por lo tanto los fariseos esperaban que el reino del cielo vendría, cuando Cristo les dijo "como dentro de ellos." Yo digo que si alguno contempla el brillo de la vida eterna, debe esperar en lo que es de Dios, por medio de lo cual Él manifestará su día y su poder en ellos; y a medida que ellos mantienen su atención puesta en aquello que les manifiesta lo que es maligno, y les muestra lo bueno, ellos verán como aparece; así como el relámpago brilla del este hasta el oeste, así es la venida del día del Señor; y el ojo que es espiritual la ve. El poder y la gloria del Señor son vistos en el día que es puro y espiritual en el corazón; y el ojo que es puro descubre cuando viene, donde viene, y cómo viene; mientras está escondido de los ojos de los buitres, y está escondido de los ojos que no pueden dejar de pecar.

Ahora, el día del Señor no viene donde la mente carnal pueda imaginar, ni cuando el hombre lo desee; ni de acuerdo con el deseo carnal del corazón carnal; ni puede ser visto de acuerdo al ojo maligno que mira.

Y como el día del Señor es un misterio, el Espíritu del Señor es el único que lo descubre; porque nadie puede saber las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. El día del Señor, aún su brillo en el corazón del hombre, es una de las cosas gloriosas de Dios, de lo cual sólo el Espíritu de Dios da conocimiento al hombre, y en el hombre. Mientras más se alejen los hombres de la Luz, más oscuros se hacen sus corazones; y siendo que sus entendimientos están cerrados, ellos no pueden contemplar al Señor, ni su gloria, que sólo es revelada por el Espíritu Santo de Dios; el cual está cerca del hombre, aunque él no lo vea.

SECCIÓN VI

Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa;
y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos,
y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón.
Heb 4:12

Qué es el Espíritu de Dios, que descubre las cosas de Dios,
y cómo se llega a recibir.

El Espíritu del Señor es uno con el Padre, y con el Hijo; (el Padre, la Palabra, y el Espíritu son uno;) es vida, pureza, santidad, poder, y fortaleza; y ninguno de ellos se mezcla, ni se une con ninguna cosa, sino con lo que es de su propia naturaleza. Es un poder eterno, viviente y activo, que no cambia sino que mantiene su santidad para siempre, y no se puede escudriñar, es insondable, indeclarable, excepto cuando sale de aquellos que creen, y se abre a sí mismo, y se esparce en el exterior en aquellos que lo esperan. Es revelado en su propia pureza, manifestado en su propio poder, recibido en su propia luz, y sentido en su propia virtud. El mismo Padre viviente es manifestado por él, y aparece en su poder, majestad, y excelencia, a través de él hacia el hombre, a los justos y los injustos. Es lo que escudriña el corazón del hombre, y mira a través de todas las cosas y pone de manifiesto todas las cosas, aún las cosas escondidas de Dios, y también las obras secretas de la oscuridad, y reprende toda la iniquidad, y convence a todos los hombres; y cuando la criatura se une a él, se levanta y brilla más claramente, haciéndose a sí mismo conocido en su poder y la revisión de la operación, reprendiendo, juzgando y condenando acciones que están en el pasado, y trayéndolas a la memoria. Ahora hay un tiempo en que esperamos su venida pura, estando la mente quieta y callada, la criatura llega a sentir y a conocer sensiblemente su propia condición; que uno está vivo para otras cosas, y no para Dios, ni las cosas de su reino; y que uno está en la caída y la transgresión; y a medida que amamos y obedecemos esta operación del Espíritu, nos acerca a él, y convierte el corazón hacia el Señor, saliendo de la impiedad, y de estar bajo el poder de la oscuridad; y derriba estas cosas, y así se levanta en su propia fortaleza. Y es el que descubre la mente del Señor hacia los hijos de los hombres; porque por medio de Él el Padre da a conocer su mente en las criaturas, y les descubre las cosas que son eternas en su verdadera naturaleza y propiedad; las cuales cosas no se pueden ver con el ojo natural, ni son recibidas por el espíritu del mundo; el cual nunca recibe las cosas de Dios, ni el testimonio de aquellos que están en la vida. Ahora todos los que reciben este Espíritu de la Verdad deben esperar en lo que es puro, con lo cual se unen; porque no se unen con el hombre corrupto, ni con la voluntad de la criatura; pero aunque no se unen a ellos, ni al hombre natural, hacen brillar su luz, poniendo de manifiesto lo maligno. Hasta ahora ha aparecido a todos los hombres; pero mientras está en el corazón del hombre, que está tomado por el pecado, y unido a aquello que la Luz reprende, este hombre no ha recibido el Espíritu, ni lo ha llegado a poseer; sino que está a una gran distancia, mostrándole sus obras de oscuridad, y dejándole ver con quién está unido. Sin embargo hasta ahora, a medida que el hombre se niega a sí mismo, al actuar y unirse con lo que es reprobado en él por la manifestación de Espíritu de Dios, de modo que él llega, en alguna medida, a unirse con el Espíritu Santo, y a recibirlo; y aunque esté obrando débilmente en él, está quitando esas cosas que le dejan ver que es maligno. Por lo tanto, en alguna medida, él siente en sí mismo lo que debe esperar, dónde, y en qué esperar; que es aquello que le da a todos un sentido de su propia condición interna, y abre su entendimiento.

 

SECCIÓN VII

Como el Espíritu de Verdad opera
en aquellos que están convencidos,
y aún no han obedecido.

Aunque Dios ha aparecido por la manifestación de su Espíritu a todos, sin embargo no todos han recibido su Espíritu: el que hace el mal no lo ha recibido; "La mañana es para él como la sombra de muerte:" aún está muerto en sus transgresiones y pecados, y está en aquella oscuridad en la cual brilla la Luz, la cual lo convence; porque la Luz brilla en la oscuridad. Esto puede convencer a todos los que dicen que no todos están iluminados, y que el Espíritu de Dios no ha aparecido a todos. Los hombres buenos lo tienen; está cerca de los hombres malos, quienes están en la oscuridad, y son oscuridad, así como los efesios estaban en un estado no convertido, Efe 5:8, quienes, al acercarse a la manifestación del Espíritu, llegaron a ser Luz en el Señor, quien no se ha quedado sin un testigo; pero aquellos que no tienen el testimonio de Dios, no tienen la fe de Dios, ni la seguridad de salvación, porque aquello que trae seguridad de salvación, les asegura su condenación, y les revela el dolor. Y aunque por un momento puede que no se oiga, o, al ser desobedecido, pueda parecer como muerto; sin embargo si la mente está quieta, y el hombre es sobrio y tranquilo, y se preocupa de lo que está haciendo, aparece otra vez en él encendiendo su tormento. Y aunque un hombre pueda tomar y llevar a cabo algo que es llamado religioso, y alguna ordenanza carnal externa, y aunque oran en palabras, y leen y hablan acerca de las escrituras, y así encuentra contentamiento en sí mismo por un tiempo; aún así el testimonio del Espíritu Santo de Dios les muestra su hipocresía, y el hecho de que busca una cubierta para refugiarse bajo ella en su desobediencia, para poder estar en paz en la carne; todo lo cual es en vano, porque no hay paz en el interior; pero la medida del Espíritu de Dios todavía le muestra que él sirve al pecado y sigue su propia voluntad, y en esta voluntad produce una adoración la cual es una adoración de la voluntad. No, si tal hombre practicara todas esas cosas que otros hombres llevaban a cabo que estaban en la vida y que fueron aceptados; aún así esto no satisfacería a Dios más que si él adorara un ídolo, o besara a Baal. Y aunque un hombre pecara tanto en contra de la Luz de Cristo en su propia conciencia, y, en su voluntad rebelde, persiste en seguir las imaginaciones de su propio corazón, como para apagar el Espíritu y sus movimientos, y llega a no tener ningún sentido de las cosas de Dios, y endurece su corazón, para que la Luz pueda ser para él como si no hubiera tal cosa; no obstante, ay de aquellos; porque aunque el Espíritu luche por mucho tiempo, aunque todavía le desobedezcan, la paciencia de Dios llega a su fin; la ira de Dios se encenderá contra él como un fuego, la cual se quemará hasta el infierno más bajo; al cual serán echados todos los rebeldes y los de dura cerviz, y allí tienen su porción para siempre; porque ellos encuentran placer en lo injusto, y se han vendido a sí mismos a la maldad, crucificando la imagen de Dios en sí mismos; la cual vive en la fuente de la Vida; y aunque es crucificada por aquellos que están fuera de la Vida, sin embargo vive para siempre en sí mismo para ser su condenación eterna.

SECCIÓN VIII

Cómo el Espíritu del Padre obra en aquellos que se acercan a él,
y hacen caso de sus manifestaciones,
y son, en alguna medida, partícipes de su poder.

"Hay una diversidad de dones, pero son lo mismo en el Espíritu; hay diferencias en la administración, pero son lo mismo en el Señor; y hay diversidad de operaciones, pero el mismo Dios obra en todos." No, el Espíritu de la Verdad opera no sólo para convencer y detectar aquel que transgrede en contra de su venida, y para manifestar el pecado que se ha cometido; sino también, cuando el hombre se acerca y espera en él, le muestra cuando se levantan en él las tentaciones y los movimientos hacia el pecado, y mientras la criatura esté quieta y espere en lo que manifiesta, y mantenga su mente en esto, él esparce su poder exteriormente, y domina esos deseos que se levantan, y condena el fundamento del que se levantan, y atrae la mente hacia sí mismo. Trabaja secretamente, y exhala su vida pura en aquel que espera en paciencia y silencio, sin hacer caso a los pensamientos vanos y las imaginaciones que se levantan en el corazón; sino de la manifestación del Espíritu, que extingue los deseos vanos, y crea en el interior un hambre de ser partícipes de su pureza, y de su naturaleza; porque Dios, por medio de la operación del Espíritu Eterno, nos da su poder que cambia el corazón, y separa al hombre de esos amantes a los que se ha unido; y causa una separación en el interior; y lo aleja más de aquellas cosas que el Espíritu reprende, y lo lleva más cerca de Dios. Por lo tanto, aquellos que creen en la medida del Espíritu de Dios, llegan a sentir lo que es el arrepentimiento de las obras muertas.

No hay nada que pasa por la mente de aquel que espera silenciosamente en el Espíritu en un solo corazón, sino lo que él discierne; sin embargo después que el Espíritu de Verdad y su testimonio vivo se sienten en algunas cosas, y en alguna medida, puede pasar mucho tiempo antes que haya un discernimiento claro en el entendimiento, para que uno pueda discernir claramente sus movimientos de todos los movimientos falsos, y las imaginaciones elevadas; y así es que las mentes precipitadas y adelantadas siguen los movimientos vanos que los engañan; y entonces ellos cuestionan todo lo que el Espíritu les había manifestado anteriormente, que pone un velo sobre ellos; y el enemigo se aloja en la oscuridad que ha venido sobre ellos. Tan pronto como cualquier persona escucha su voz, él les presenta movimientos para que ellos obedezcan, y son engañados por él. Por lo tanto, todos deben velar, para que puedan ser sensibles a la diferencia entre los movimientos puros y la atracción del Espíritu, y los pensamientos vanos que surgen del corazón terrenal; y cuando cualquier cosa se levanta que la Luz no testifica, no debe ser seguido ni se le debe hacer caso; sino que se debe observar una espera silenciosa y quieta, para que las cosas puedan ser claras al entendimiento. Por falta de esto muchos se han salido, y han actuado adelantadamente en su propia voluntad, y han traído la obra de Satanás; y así han perdido el verdadero sentido de lo que debería haber guiado sus mentes. Los tales han seguido el espíritu del error, y han causado que se hable impíamente del Espíritu puro del Señor.

Pero existe una actitud de quedarse atrás, y esperar en silencio, y alejarse de los deseos y de correr, y de apresurarse, así el espíritu surge de manera pura y silenciosa en el corazón, y da perfecta evidencia y completo testimonio de sí mismo; de manera que no es necesario dudar ni cuestionar sus movimientos; porque se muestra a sí mismo con completa seguridad de su propia voluntad. Y cuando esto se vea y se sienta claramente, que todo razonamiento sea derribado, y todos los cuestionamientos se mantengan afuera, y no den lugar a la tentación. Lo que mueve al Señor nos llevará, por su propia operación y poder, a lograr la voluntad de Dios. De manera que, al ser obedientes, recibiremos la paz, y nuestra fortaleza será renovada; porque cuando cualquier persona sea llevada a someterse a la voluntad de Dios, y a obedecer, por virtud de su propio poder, cualquier cosa que sea contraria al Espíritu de Dios en ellos, perderá su fortaleza; pero por la desobediencia al movimiento puro del Espíritu Santo de Dios, después de ser conocido, el enemigo es fortalecido, y lo que es de la carne es alimentado; y el Espíritu que da la fortaleza, si nos sometemos a él, es apaciguado; sin embargo el Espíritu en sí mismo nunca pierde su pureza sino que lleva su testimonio puro. Así es conocida la diversidad de la operación del Espíritu; y cuando es escuchado, obedecido, amado y creído, entrega su poder puro, y nos da fortaleza, y sella la paz en los obedientes; pero cuando es desobedecido y resistido, juzga, reprende, y sella la condenación para los desobedientes. Causa que el suelo bueno produzca fruto bueno para Dios; y en el suelo maldito, enciende el fuego que no será apagado; pero, cuando nos sometemos a su operación pura, quema y destruye aquello que entorpece el crecimiento de la semilla; y limpia el corazón de aquellos que tienen confianza en él, de toda su suciedad, tanto de la carne como del espíritu; y moldea la criatura en su propia constitución y naturaleza; y crea y modela todos los que están en la fe, a la imagen del Padre; y así el amor del Padre llega a ser esparcido en el exterior en sus corazones. Así como la ira y la condenación fueron revelados a través del Espíritu, así ahora la paz de Dios es disfrutada, y su consolación es esparcida en el exterior en gran manera por él; en el cual hay gozo puro para siempre.

SECCIÓN IX

A quien el Espíritu da testimonio
y sella la seguridad del amor del Padre;
y la justificación con Dios.

Ninguno de los que no han creído en Cristo "la Luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene al mundo," cuyas palabras son espíritu y vida, tiene el testimonio del Espíritu de Dios, dándoles testimonio a ellos y dentro de ellos; y por medio de Cristo la nueva criatura es formada en aquellos que creen, y Él pone de manifiesto su poder sobre los tales; porque todo el poder en el cielo y en la tierra es de Él, quien es la luz de los hombres; y nada fue creado sin Él, ni tampoco ninguno es alejado del pecado sino por medio de Él; sin Él hay muerte - en Él está la Vida. Y ninguno sino aquellos que han nacido de la Luz, pueden tener el Espíritu de Cristo que les testifica; porque sólo aquellos que "han nacido del Espíritu," y "caminan conforme al Espíritu," son justificados por el Espíritu del Señor; porque la seguridad de su amor no es manifestada a sus enemigos; sino en aquellos que han nacido en su imagen - en su propia semejanza y naturaleza; para la Simiente Santa que es heredera de la promesa, que conoce la esperanza pura que limpia el corazón; y da la respuesta de una buena conciencia; para aquellos que testifican del lavado de la regeneración, habiendo conocido en sí mismos el agua pura derramada sobre ellos, que ha quitado las manchas y la corrupción; porque donde estas cosas no son lavadas, y donde el corazón no está limpio, y donde aquello no es creído, en lo cual se siente la suficiencia completa de Dios, y en su poder se hacen manifiestas, allí no puede existir la seguridad del amor del Padre; ni su Espíritu asegura la justificación de los tales; sino al contrario, donde permanece el pecado descontrolado, el Espíritu del Padre condena el pecado y la criatura a la cual se ha unido, y se hace uno con él. Porque ningún pecado es cometido, sino que hay un consentimiento a las instigaciones del diablo. Porque cuando se levanta la tentación, ya sea en el interior o en el exterior, y se resiste y se lucha en contra de él por un tiempo, pero aún así si el corazón no está cerca del Espíritu, el enemigo entrará y cautivará el entendimiento; entonces habrá un acuerdo y una unión con el adversario. Y el Espíritu pronunciará una sentencia de condenación sobre aquel que se una a los impíos. Y aquel que consiente en tomar de su copa, debe beber la copa de la indignación del Señor, y soportar el golpe de la justicia divina, y quedarse pacientemente debajo de ella, hasta que sea cortado aquello que se ha unido al engaño; antes de que pueda haber una remisión de la transgresión, o la criatura sea justificada ante la vista de Dios. Porque el pecado no ha sido borrado del libro de las memorias de Dios hasta que nos hayamos arrepentido de él, y nos hayamos alejado de él; ni la criatura puede estar claramente ante la vista de Dios, cuando Dios condena en su juicio justo aquello ante lo cual responderá la Luz en la conciencia de cada uno.

Ahora, "Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él,” la cual es Vida; y a medida que la criatura se une a la simiente que es heredera del reino, y de la corona inmortal, llega a ser partícipe de su virtud y operación; y esta simiente es Cristo, a quien pertenece todo el poder; y quien, por su poder, a medida que creemos en él, limita la simiente de la serpiente, y debilita su fortaleza en el criatura, y anula el pacto que él ha hecho con la muerte. Y a medida que la criatura llega a ser liberada de la corrupción, y el nuevo hombre llega a vivir, la nueva criatura, que es nacida de Dios, llega a ser formada y modelada en la imagen del Padre; y el amor del Padre es manifestado hacia él y en él, y él tiene la seguridad en sí mismo. Aquel que es engendrado del Padre en Cristo, la simiente, a través del Espíritu, él, y solo él, llega a sentir el amor del Padre manifestado en sí mismo, y es justificado ante el Padre; y tiene su seguridad y su evidencia cerca de él y dentro de él. Y cuando llega el adversario a tentar y asaltar, y quiere levantar dudas en la mente de aquel que tiene esta evidencia, él está cerca para asegurarle que está en el amor de Dios.

Benditos y felices son todos aquellos que han esperado, y han sentido estas cosas, y quienes son testigos de ellas; porque la carne y la sangre no se las ha revelado.

Ahora, que cada hombre que lea esto pruebe en sí mismo e intente en sí mismo, para ver si es que está en la fe o no, y si es que tiene la evidencia de haber nacido en el Espíritu o no, y si conoce el nacimiento que no peca; porque la simiente permanece en aquel que es guardado por el poder, para que el maligno no lo toque; y así él es mantenido vivo para Aquel que lo ha traído a la vida, y le ha dado a beber al copa de la salvación; la cual alimenta para vida eterna a todos los que continúan en la fe.

SECCIÓN X

Lo que es la gracia gratuita de Dios;
qué tan suficiente es como guía;
a quien ha aparecido,
y cómo todos deben esperarla y recibirla.

Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres,
enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos,
vivamos vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente,
aguardando la esperanza bienaventurada, y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo,
quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad,
y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. Tito 2:11-14

La gracia de Dios es su don gratuito; es la aparición de Cristo; es aquello por medio de lo cual nos da a conocer su voluntad, y por medio de lo cual nos enseña. Él revela su salvación por medio de ella hacia aquellos que son enseñados por ella; y aquellos que son enseñados por ella, son edificados en la Verdad a través de ella, y llegan a ser morada para Dios. Ningún hombre puede comprarla; ninguno necesita decir ¿dónde la puedo obtener? o ¿cómo puedo obtener sus enseñanzas? Está cerca de todos, está dentro de todos, se ha aparecido a todos; ella nos muestra la impiedad en el corazón del hombre por medio de su brillo; sí, le muestra a todos lo hombres los movimientos del pecado; atrae los corazones de los hombres; nos muestra los deseos del corazón y de la mente, y los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida; nunca se une con el pecado; nada puede alterar su pureza o propiedad; y aunque algunos de los que se acercaron a ella, otra vez se han alejado de ella, y se pueden en sí mismos ir hacia la lascivia; aún así mantiene su pureza y reprende la lascivia de ellos. Muchos han hablado de la gracia en esta edad de la profesión, quienes no saben de lo que hablan, ni han informado las mentes de los hombres acerca de dónde se debe esperar la gracia, ni cómo se puede llegar a conocer la gracia, ni cómo, ni cuáles eran las operaciones de la gracia; sino que han clamado, en sus propias imaginaciones: "Somos justificados por su gracia gratuita de todos los pecados pasados, presentes y por venir;" y, en esta presunción, miles han sido llevados al hoyo de la oscuridad; imaginando que estaban justificados por la gracia gratuita de Cristo, mientras estaban fuera del temor de Dios, el cual les hubiera enseñado; y mientras no hacen caso de esta gracia, sino que se entregan a la vanidad, al descuido, y la presunción; y así pretenden estar justificados mientras que son siervos del pecado y esclavos de la corrupción - esto es, todos ustedes que han estado predicando la gracia gratuita con palabras. Y ahora, cuando Dios les ha dado a aquellos que esperan en Él un entendimiento para declarar el asunto mismo, del cual ustedes han hablado, el cual ustedes ahora claman que no es suficiente maestro, déjenme hacerles una pregunta: ¿Es aquello que enseña a negar la impiedad una guía insuficiente? Si no lo es, ¿por qué los apóstoles les encomendaron a los creyentes acerca de la palabra de su gracia, la cual podía salvar sus almas? Hechos 20:32, Santiago 1:21. ¿Acaso no es guía suficiente aquello que puede salvar el alma?

Viendo entonces que la gracia gratuita de Dios, la cual es su venida pura, se ha manifestado a sí misma de esta manera; o que Dios por medio de ella nos muestra el pecado, y nos aleja de él; y que Dios ha amado de tal manera al mundo que ha enviado a su Hijo al mundo, quien era y es la Luz del mundo, y ha enviado su gracia hacia el exterior y la ha hecho aparecer a todos; y todos los que la esperan, llegan a ser enseñados por ella y a sentir su seguridad, por lo tanto todos están sin excusas. Esperen, por lo tanto, en aquello que ha aparecido en ustedes; porque aquello que les muestra el deseo y los pensamientos y movimientos del pecado es el regalo de Dios, la gracia de Dios, y es suficiente; y aunque todos los hombres en el mundo no lo quieran decir, esto no invalida nuestra fe. Ni se preocupen de estas declaraciones, ustedes que la han recibido; porque nosotros tenemos el testimonio de nuestra fe en nosotros mismos, el cual da un sentido puro y perfecto de la operación del Espíritu del Señor; el cual salva de todo pecado a todos los que creen en él, y nos da dominio sobre él.

SECCIÓN XI

Si es que hay una distinción en la gracia o no.
No está separada de Cristo.
Una exhortación para aquellos que esperan su venida

Las mentes de las personas han sido confundidas por las distinciones hechas por aquellos cuya sabiduría está por debajo de la sabiduría de Dios; y que dicen que hay una gracia doble. Primero, aquella que ellos llaman común, la cual ha aparecido a todos. Y segundo, la que ellos llaman especial y salvadora, la cual ellos dicen ha aparecido a los santos.

Al hacer caso de estas distinciones, muchos años atrás, me salí de la aparición de la Luz en mí mismo, a escuchar algo que estaba lejos de mí; y a no hacer caso de aquello que estaba en casa y cerca, porque era llamada común e insuficiente, me perdí a mí mismo y mi guía; sin embargo después de muchos años de profesión, se me hizo volver a aquello que era llamado común e insuficiente, antes de hallar favor en el Señor, o sentir su poder viviente otra vez. La primera ellos la han deshecho sobre la letra donde dice: “Él hace que el sol salga sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos" y "en Él vivimos, y nos movemos, y somos;" y ellos dicen que por medio de esto descubrimos los pecados más grandes.

La segunda, a la cual ellos llaman especial, ellos dicen, es aquella por la cual los santos son salvados, establecidos en la justicia, y reciben remisión de pecados.

Ahora, Aquel que causa que salga el sol, y que caiga la lluvia; y da salud y fortaleza a todos en la creación externa y visible; quien le descubre al hombre sus pecados más grandes, es el mismo que es la Vida del alma, quien santifica, purifica y salva aquellos que creen. El mismo Poder que sostiene al hombre natural, sostiene al hombre espiritual. El mismo Poder (yo no estoy diciendo la misma medida de él), por medio del cual todas las cosas visibles subsisten en sus estaciones, mantiene a todos los que creen y son despertados por Él, quien es el Poder de Dios. El mismo Poder que descubre los lugares oscuros del hoyo horrible, lleva a todos los que creen hacia la tierra de los vivientes. La misma gracia que descubre sus pecados abiertos, también descubre los escondidos; sin embargo brilla menos en aquellos que están en la incredulidad, porque el velo es grueso y las nubes son muchas sobre ellos; pero en aquellos que creen en esta Gracia, desgarra el velo, y esparce las nubes, e irrumpe en su brillo.

El hecho de que esta gracia ha aparecido en alguna medida a todos los hombres, es una verdad que será testificada por toda la tierra en el día de la aparición del Señor y ahora es testificada por todos los hijos de la Luz, que creen; por lo tanto todos son dejados sin excusas. Y dentro de esto es manifestado el maravilloso amor de Dios a toda la humanidad, y todos los que se acercan a su gracia verán que Él ha esperado entregar su gracia por mucho tiempo, para que toda la humanidad pueda ser partícipe de su generosidad, amor, misericordia, favor y gracia gratuita. Por lo tanto, en amor para todos sobre la faz de la tierra donde esto pueda llegar, escribo esto, para que ellos también puedan llagar a ser partícipes conmigo del amor y la gracia gratuita de Dios, por medio de quien soy salvo, y conozco las murallas que son la salvación, y las puertas que son alabanza; por las cuales han entrado los santos, y con las cuales son rodeados.

Cuando hablo de la suficiencia de la Gracia, y digo que es una guía suficiente, no hablo como si fuera diferente a Cristo; ni como si fuera una cosa separada del Poder de Dios, sino como una con él y con Aquel de quien proviene. Porque Él es la salvación misma, en la gracia de Dios, por medio de la cual se manifiesta a sí mismo, y su salvación, a todos los que creen, y son de la misma naturaleza. Porque donde es manifestada la venida y la presencia de Cristo, allí se manifiesta su poder, ya sea para condenación o para salvación. Y aunque su venida sea una en sí misma, aún así aquellos que han herido su semblante y lo han traspasado, su presencia siempre ha sido, y será muy temible y terrible; pero para aquellos que lo han anhelado, y creen en Él, y han continuado con Él, y han sufrido con Él; su venida será dulce y gloriosa. ¡Oh! que todos los que lo anhelan, puedan esperarlo con paciencia, en aquello en lo cual aparecerá; y ellos lo verán, y el verlo será una recompensa para todos sus anhelos, su sed, deseos, y su espera; lo cual será quitado cuando Él aparezca, quien alegra el corazón; quien hace brillar la luz en su semblante, y completa a aquellos cuyos corazones han sido quebrantados por Él. Por lo tanto, esperen todos, y no piensen que el tiempo es largo; mantengan sus mentes en su gracia, la cual es su venida, y ustedes lo sentirán y lo verán, y serán satisfechos, y serán capaces de decir: "Este es nuestro Dios; le hemos esperado y Él nos salvará. Éste es el Señor; lo hemos esperado, estaremos felices y nos regocijaremos en su salvación." Pero, aunque Dios en su amor eterno a los hijos de los hombres, los ha seguido, y los ha llamado a regresar; aún así la naturaleza que está en el hombre, la cual ha transgredido en contra de la Luz, siempre resiste los llamados del Señor; y no está sujeta a la ley de Dios, ni a la gracia de Dios que enseña a negar toda la impiedad y los deseos mundanales, que han rodeado a la criatura como una densa nube, hasta que oigan aquello que muestra la impiedad, que tiene poder en sí mismo; porque ninguno tiene poder, ni dominio, por sí mismo, sobre aquello que lleva a la transgresión. Por lo tanto, aunque Dios haya aparecido en su gracia pura y perfecta a todos los hombres, sin embargo no todos los hombres han recibido la gracia. Porque aunque el Señor ofrezca su don para que la criatura lo reciba, y para tomen parte de su virtud y operación; mientras esto que tiene preeminencia en el hombre que es contrario a la gracia, él nunca lo recibirá; porque la gracia es contraria a aquello que se opone, lo cual mortifica, y quita la vida, y da muerte a la enemistad. Por lo tanto todos deben estar en silencio y quietos, para que puedan sentir aquello que recibe la gracia, y levanta por encima de los pensamientos corruptibles y los deseos de la mente carnal.

Muchos que hablan de la gracia gratuita, no hacen diferencia entre lo precioso y lo vil; pero establecen a la gente en el hacer y el obrar, quienes están en la enemistad, y la maldición, y en la muerte; y por lo tanto ellos han traído obras muertas, a pesar de todas sus realizaciones. Debido a que ellos están muertos a la vida de Dios, otro actúa en ellos; esto es, aquel que tiene poder sobre la muerte, el cual es el diablo. Y al no saber lo que es precioso en sí mismos, ellos no pueden ministrar sobre aquello que es precioso en otros, sino que son ministros de la muerte.

Ahora, aunque no todos han recibido la gracia, para ser salvados de cometer pecados, la culpa no es de Dios; ni es tampoco la culpa de la gracia, "la cual aparece a todos los hombres;" ni tampoco es por su imbecilidad ni su debilidad; sino debido a que no la oyen, ni la esperan ni creen en ella, ni la reciben, ni la obedecen. Porque esta es una verdad eterna, que permanece para siempre. La medida más pequeña de la gracia de Dios tiene poder en sí misma para salvar al hombre de cometer ese mal o ese pecado, el cual le muestra; y cuando se recibe, el poder es manifestado más y más, en el cual todos los que creen llegan a ser alejados del mal.

No hay variación ni cambio en el don de Dios, sino a medida que obra sobre objetos diferentes. La fe y la incredulidad son dos cosas diferentes, como la luz y la oscuridad son diferentes. Por lo tanto, la palabra de la gracia de Dios es olor de vida para vida, para aquellos que creen; y es olor de muerte para muerte, para aquellos que están en la incredulidad; quienes en verdad están muertos en vida. Aquí está la misma gracia pero una operación diferente. El Señor mata y da vida; sin embargo es el mismo Señor. El Espíritu convence de pecado, y reprende el pecado; y también consuela y conforta; aquí hay diversidad de operaciones, sin embargo el mismo Espíritu.

Y aunque los descuidados y aquellos que no creen digan: "No sentimos poder ni suficiencia en la gracia para salvarnos del pecado;" esto no anula la confianza de aquellos que la han recibido y conocen su poder, la cual les ha dado poder para hacer la voluntad de Dios. Aunque los incrédulos, que están en el alejamiento, digan: "no hay hermosura, ni forma ni atractivo en Cristo;" esto no anula su gloria, quien es la imagen misma del Padre, lleno de gracia y de verdad. Los discípulos, quienes estaban en la fe, vieron su gloria, y guardaron registro de Él; y los fariseos, quienes estaban en la incredulidad, dijeron: "Él tiene un demonio."

Pablo, quien era un ministro de la palabra de reconciliación, fue abofeteado por el mensajero de Satanás; y él oró a Dios tres veces por esta causa; y su respuesta le fue dada: "Mi gracia es suficiente para ti." De modo que esto es evidente para todos los entendimientos, que son abiertos por el Señor; que lo que le mostró el abofeteo del mensajero de Satanás era suficiente para guardarlo. Y así es para todos los que se mantienen así, suficiente para mostrar la impiedad por su pureza; y para alejar de los deseos mundanos, y para enseñar la voluntad de Dios, y para vivir píamente en el mundo presente por medio de su poder. Yo doy este testimonio a esto, y de esto; aún de lo que he sentido, probado, e intercambiado acerca de su suficiencia y virtud, y del poder de su operación, por la información de aquellos que tienen sed por el Señor; y por la oposición de los que discuten y se oponen a ella; y encomiendo este testimonio a aquello de Dios en cada hombre; y esto dará testimonio de mí en el día del Señor, cuando todos los corazones se abran, y toda la falsedad y la verdad se pongan de manifiesto.

SECCIÓN XII

Una palabra para los hombres sabios del mundo,
quienes se glorían en el sonido de las palabras,
y están adorando las apariencias externas;
y a todos los creyentes liberales que tratan de
escudriñar las cosas profundas de Dios;
y de adorar a Dios correctamente por su
sabiduría natural, aprendizaje, partes y estudio.

Dios está esparciendo en el exterior su poder y su gloria, y haciéndola fluir hacia sus pequeños, por medio de la cual todos ustedes son pesados - todas sus partes, lenguas, interpretaciones, lenguajes, significados, y sabiduría; los cuales son solamente naturales. Porque aunque hay muchos lenguajes, y cada uno tiene una interpretación, y significado, todos son muy limitados para declarar la vida, el ser inmensurable de la vida eterna: sus lenguas, y el significado de todas las lenguas, no pueden conocer la mente del Espíritu; ni pueden conocer el origen de la salvación eterna por medio de todas estas cosas. Pero al no conocer el significado del Espíritu viviente y eterno en ustedes mismos, ustedes inventan, estudian, conciben, forman y crean cosas en sus mentes carnales; y han llenado el mundo con sus conceptos oscuros y turbios; y han alejado a la gente de buscar la sabiduría del Dios viviente, la cual viene de lo alto; la cual existía antes de las lenguas y los lenguajes; y ellos han encerrado sus conceptos, y distinciones, y sus fábulas concebidas, y sus adoraciones imaginadas; y muchos han perdido el sentido de cualquier cosa de Dios en sí mismos para guiarlos. Es lamentable ver cómo la gente se ha alejado de la simplicidad pura que está en Cristo, hacia la sutileza y el engaño; y se han llenado de eso, que debe ser derramado como agua, antes que lleguen a la medida más pequeña del conocimiento verdadero y salvador de Dios. ¡Oh! un día terrible ha venido sobre muchos; y no perdurará, sino que vendrá rápidamente como un ladrón sobre ustedes, quienes han quitado la llave del conocimiento, y le han dado a la gente lo que no abre: ustedes, y aquellos que los siguen a ustedes, serán dejados afuera juntos como los necios, aunque ustedes se consideran a sí mismos como sabios; su sabiduría perecerá, y su honor será dejado en el polvo.

Y ustedes, profesantes literales, quienes tienen las escrituras en sus cabezas, y en sus mentes carnales para hablar de eso; y han tomado, y están exaltando una práctica visiblemente oscura, y ustedes ignoran la Vida, y están haciendo ídolos de esas cosas que eran nada más que una figura y una representación. En su tiempo más puro, ustedes, como los fariseos, están limitando al Señor; en que si Él no aparece a ustedes en aquellas cosas que ustedes se han prescrito a partir de la letra, entonces no lo pueden recibir. Espero que el Señor abra sus entendimientos, para que ustedes se puedan ver a sí mismos; y lo superficiales, vanidosos, y ligeros que ustedes son; uno con el mundo en el terreno mismo; fingiendo libertad en Cristo, cuando ustedes pueden ver que son siervos de la corrupción, y de muchos deseos nocivos.

Nuevamente, qué son todas las apariencias externas, sino una cortina, o velo, o sombra, con respecto a Cristo, la justicia de Dios en el interior; pero ustedes están tan llenos de sus aprensiones acerca de Su justicia desde la distancia, que se han olvidado de todo lo demás que está en casa; la justicia de Él no será una cubierta para la justicia propia y la injusticia de ustedes. Y si Cristo no es formado en ustedes, y no vive en ustedes, y no obra sus obras en ustedes, entonces ustedes están en la justicia propia. Hablar de la imputación no los salvará, mientras no estén en la capacidad, la naturaleza, y la fe, en la cual su justicia es imputada. ¿Acaso no ven que la tierra de ustedes se ha hecho baldía, y la profesión de ustedes se ha secado, y la adoración de ustedes está muerta? ¿Cuándo buscarán aquello que perdura para siempre? Tengo lástima de ustedes que han respirado después de Dios, y se han puesto cómodos en aquello que no es eterno. Sean advertidos, regresen a casa, consideren, vean aquello sobre lo cual ahora ustedes tienen poder, lo cual una vez tuvo poder sobre ustedes. ¿Acaso ustedes descansan en esa fe de que ustedes nunca serán limpiados aquí? Más bien es la incredulidad; no es la fe en los elegidos de Dios, por medio de la cual ellos son santificados, y vencen al maligno en sí mismos, por el poder de Cristo; y son redimidos de la servidumbre de la corrupción para servirle a Él en el Espíritu de Dios, en el cual los hijos son liberados del pecado, del acto y de la culpa, y llegan a ser templos del Espíritu Santo. Consideren lo lejos que ustedes están de esto, que todavía son templos de la impureza. Arrepiéntanse, y pongan sus mentes en aquello que los vacía de sus pensamientos y vanidad, para que puedan conocer la pobreza del espíritu; para que el reino de Dios pueda venir a ustedes, y sea poseído por ustedes.

Este es el verdadero estado de muchos de ustedes; reconózcanlo y arrepiéntanse; para que si es posible, ustedes puedan encontrar la puerta de la misericordia abierta para ustedes; y para que puedan entrar por ella. Porque no se está estableciendo y conformando a la práctica visible externa, que justificará; mientras que aquello que está en la transgresión, y ha desobedecido la Luz en la conciencia es una cabeza en ustedes; esto no los recomendará a Dios; ni ustedes pueden tener ningún acceso a Dios, ni aceptación con él en ese estado. Ustedes deben venir a la Roca antes que puedan saber cualquier cosa que perdurará; "y la roca es Cristo." Todos ustedes deben venir a esto antes que puedan conocer la salvación de Dios, o la redención en sí mismos, o tener el testimonio del Espíritu Santo de Dios; sin el cual no hay ni un celo verdadero, ni evidencia, ni seguridad del amor de Dios que se pueda disfrutar.

Ha llegado el tiempo de la restauración, y muchos son restaurados otra vez hacia el pacto de Dios; y son liberados de las garras de la muerte; y lo sienten a Él, que es el sanador de las brechas, y el restaurador de los lugares desiertos. Pero todos deben llegar a ver el lugar que es desierto, donde se aloja la naturaleza salvaje, antes que lleguen a tener una parte en la restauración. Salgan entonces de estas montañas baldías donde se están alimentando, hacia Cristo, la Vida de los hombres, quien los ha iluminado, para que ustedes puedan sentir su mente en sí mismos; o de otra manera ustedes errarán por falta de conocimiento, y perecerán por falta de entendimiento, así que bajen su cabeza en dolor.

SECCIÓN XIII

El reino de Dios y Cristo declarados.

El Señor ha preparado su trono en los cielos; y su reino gobierna sobre todo. Su dominio es un dominio eterno. Él es espíritu; su reino es espiritual. Él es inmortal; su reino también lo es. Él es Luz; su lugar de morada también lo es. En el reino no hay impureza, ni nunca lo habrá. Es eternamente glorioso; una morada tranquila. No es posible escudriñarlo ni declararlo. En el reino, todos los que creen llegan a disfrutarlo a Él, quien es la plenitud de todas las cosas; ya sean visibles o invisibles; quien es eternamente, la bendición misma; quien hace que todos los que creen en Él sean partícipes de su reino, gracia, poder, dignidad, dominio y gloria celestial. Pero estas cosas están escondidas para el mundo; para aquellos que no son redimidos de la tierra. Cuando Cristo le enseñó a sus seguidores, Él los exhortó a "Buscar primeramente el reino de Dios y su justicia," Mat 6:33, aún cuando todavía estaban en el cuerpo. Él le dijo a los fariseos: "El reino de Dios está entre ustedes." Algunos pueden preguntar: ¿Entonces necesitamos buscar lo que ya está dentro de nosotros? Sí, porque es como un tesoro escondido en un campo. Es como un grano de mostaza entre muchas semillas grandes, que no se puede encontrar fácilmente. Es como una pieza de plata perdida en una casa entre muchos escombros; hasta que todos los escombros hayan sido limpiados, no se podrá encontrar. Todos deben cavar profundamente, buscar cuidadosamente, y barrer hasta limpiar completamente antes que lo puedan encontrar; porque aunque Cristo le dijo a los fariseos: "El reino de Dios está entre ustedes,” no les dijo que ellos lo poseían. A los discípulos a quienes Él enseñó a orar con fe: "Venga tu reino," Él les dijo: "Bienaventurados los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios." Lucas 6:20. Ellos lo habían visto y lo poseían. Y Él también le dijo a ellos “Hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder." Marcos 9:1. Y sus palabras se cumplieron; y ellos declararon lo que habían experimentado, y dijeron: "Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder." Y Pablo, escribiéndole a los Romanos, quienes fueron hechos partícipes del mismo poder y reino, dijo: "El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo." Rom 14:17. Y a los colosenses, quienes lo habían esperado y habían creído en él, les dijo: "El Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz. Él nos ha librado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su amado Hijo." Y a los hebreos Él les dijo: "los que hemos creído entramos en el reposo." Estas cosas fueron testificadas mientras estaban en el cuerpo, y se sintieron en el interior por medio de la semilla inmortal, por aquellos que testificaron el nacimiento inmortal para que viviera en ellos. Y todos los que llegan a ver el reino de Dios, el cual es espiritual, deben esperar en el Espíritu, para que Dios y su reino, y las cosas de su reino, se pueden sentir y ver, y son disfrutadas, las cuales son gloriosas.

Los santos no buscaron otra gloria, sino que aquella que estaba en la vida eterna. Y buscaron la ciudad, de la cual Dios era el arquitecto y constructor; ellos buscaron y esperaron recibir su poder, en el cual estaba el reino en esta vida; y, para saber y disfrutar su dominio eterno y autoridad: yo no digo el peso completo de la gloria, la cual es aquella que todos los santos en esta medida testifican, y en el tiempo correcto llegan a disfrutar a través de la fe. Porque por la fe ellos llegaron a ver a Aquel que es invisible; y las cosas de este reino que son invisibles, espirituales, y eternas.

El reino de Dios ha llegado a estar cerca de muchos; y su poder y la salvación de Cristo son vistos por muchos. Honor y alabanza sean dados a Él eternamente, quien es el único Soberano; que pone toda la autoridad bajo sus pies, ¡que Dios sea todo en todos! Pero todos deben llegar a sentir el reino en Él primero, el cual es como un pequeño grano; y a creer en Él antes que puedan saber en qué consiste. Y después que es conocido en alguna medida, todavía está muy corto del peso eterno de la gloria. Sin embargo el que cree ha entrado en el reposo, y es hecho partícipe del don celestial, del poder y la gracia, la cual es gloriosa, y testifica de un lugar celestial en Cristo Jesús; pero todavía permanecen muchos enemigos que deben ser dominados, y muchas habitaciones celestiales, las cuales ellos no ven, que deben ser reveladas; y hay una permanencia en el poder de Dios, en el cual está el reino. Porque Israel, el tipo verdadero, después que habían cruzado el Jordán, y habían tomado Jericó y Hai, y habían entrado en la tierra, tenían muchos enemigos que todavía tenían que dominar; y había mucha de la tierra que ellos no tomaron posesión por mucho tiempo. Así también, después que se hace una entrada en el verdadero reposo, y se disfruta por un tiempo su posesión, todavía hay muchos enemigos que deben ser dominados; y mucha más de la heredad celestial para ser disfrutada por aquellos que están en el Poder, el cual nos da dominio sobre el pecado y el diablo, infierno y la tumba; y éstos llegan a ser partícipes de Dios, y reciben, en el tiempo adecuado, la corona inmortal.

Y así, para concluir, les digo a todos los que anhelan estar con Dios, y esperando sentir su poder: Guarden sus mentes en la medida pura del Espíritu Santo de Dios, y en eso esperen para ver su reino, y su dominio, y para ser hechos partícipes de él, y de Aquel que es glorificado con el Padre, en su reino, con la gloria que Él tenía con el Padre antes de la fundación del mundo; porque cualquiera que llegue a disfrutar el reino de gloria, el cual no se desvanece, es eternamente feliz.

CAPÍTULO II

SELECCIONES ABREVIADAS DE LA OBRA TITULADA:

"LA GLORIA DE LA IGLESIA VERDADERA ES DESCUBIERTA."

AL LECTOR,

Dios, en su gran sabiduría, en todas las edades ha manifestado su voluntad a sus siervos; y, en cada generación, Él les ha mostrado cómo quería que le adorasen; y aquellos que habían sido obedientes a lo que se les había sido manifestado, encontraron aceptación con el Señor en cada época; y han tenido la paz de Dios en sus corazones. Después que el hombre había transgredido en contra de la voluntad de Dios, y que había quebrantado su pacto, la ceguera vino sobre él; y deseó las cosas mundanales; y la imagen de Dios, en la cual el que fue creado, se perdió. Sin embargo tal era el amor de Dios hacia el hombre, que no lo echó fuera completamente para siempre; sino lo siguió para atraerlo otra vez hacia él, para sacarlo de la transgresión hacia la unidad consigo mismo. Y cuando el hombre se fue a la oscuridad, el Señor se agachó tan bajo, suficiente para llegar a estar cerca de él y al estado en el que él estaba. Él hizo un pacto con el hombre cuando su corazón era externo, y estaba sobre cosas externas; y le dio mandamientos externos, y estatutos y ordenanzas externas, para así pudiera adorar; las cuales cosas sombras y tipos de cosas mejores que iban a venir. Estas eran ordenanzas del primer pacto, el cual iba a ser cambiado; pero ellos tipificaron más las cosas celestiales, las cuales debían ser reveladas en su debido tiempo; y cuando vino Cristo, la simiente, quien restaura a todos los que creen en Dios, ellos encontraron un fin y murieron; porque Dios se manifestó más claramente en la carne por medio de su Hijo, quien tenía la voluntad del Padre, y la declaró; quien le puso fin a las sombras, y borró la escritura de las ordenanzas, que consistían en tipos y figuras, y se ofreció a sí mismo en la cruz, como propiciación por los pecados de todo el mundo. Y aquellos que creyeron en Cristo y lo recibieron, llegaron a ser hijos de Dios, y declararon la mente de Dios a medida que les era revelada a ellos, y el Espíritu les dio lo que debían hablar. Y ellos llegaron a ser uno en el corazón y la mente, y adoraron a Dios unánimes, en el Espíritu y en el poder del Padre; y separados de la adoración de los judíos, y de sus formas, y se unieron en el poder de Dios, y lo glorificaron a Él, y hablaron gratuitamente de las cosas de su reino, a todos los que lo esperaban.

Pero poco tiempo después de que fue revelado el misterio de la piedad, el misterio de iniquidad comenzó a obrar, y se opuso a la obra del Señor; sin embargo se transformó a sí mismo en la semejanza, la apariencia externa, y la forma de la justicia, y vivió en la carne; y comenzó una apostasía y una desviación de la gloria y del poder que existió una vez; y el anticristo obró con señales y prodigios mentirosos; y tenían las palabras de los justos, pero odiaban la vida y el poder de la piedad, y aquellos que aparecieron en ella. Entonces aquellos que estaban bajo el gobierno del anticristo odiaron el reino de Cristo, y dijeron en sus corazones: "no permitiremos que gobierne sobre nosotros," aunque en palabras ellos lo confesaban. Y persiguieron a la iglesia verdadera, y la condujeron hacia el desierto; y establecieron imitaciones, invenciones, tradiciones, y costumbres vanas, las cuales ellos llamaron apostólicas e instituciones santas; pero que son contrarias a las instituciones primitivas y las ordenanzas de la Cristiandad.

Y así los he guiado a ustedes por diversas edades y tiempos, para distinguir el origen y los comienzos de estas cosas, las cuales ahora son consideradas instituciones santas; y para mostrar quienes fueron los primeros que las ordenaron, entre los días de los apóstoles y el tiempo presente. Ustedes pueden ver, en el siguiente tratado, el estado y la gloria de la iglesia verdadera antes de la apostasía, y su estado durante la apostasía; cómo ella se escapó hacia el desierto; y cómo surgió el misterio de Babilonia, y la iglesia falsa se llamó a sí misma visible. Muchas de sus doctrinas y prácticas, las cuales son contrarias a la iglesia primitiva, aquí también son descubiertas, a través de lo cual ustedes pueden llegar a ver una diferencia entre las ordenanzas de la iglesia verdadera, y las tradiciones y los inventos de la iglesia falsa; lo cual es muy disputado en este día, por aquellos que dicen que han venido en la reforma verdadera, de acuerdo con los tiempos primitivos; pero cuyas prácticas, cuando ustedes las comparan con aquellas de los tiempos primitivos, ustedes verán que son muy contrarias, y que no son más que humo, y que oscurecen el aire, y anublan el entendimiento de la gente, y los llevaron hacia la ignorancia y oscuridad, e impidieron que descubrieran el camino hacia la Verdad. Pero el Señor se había levantado; y lo que se ha levantado en la apostasía es visto y expuesto abiertamente a la vista de todos, para que se puedan separar de las cosas que son nada más que invenciones y tradiciones de los hombres; en la cual no se puede tener la Vida Eterna.

Lean con mansedumbre, y en lo que es espiritual en ustedes mismos, a través de aquello por medio de lo cual las cosas de Dios son manifestadas; porque con esto yo tengo unidad: y, a medida que ustedes viven y caminan en esto, yo me despido de ustedes.

F. HOWGILL

SECCIÓN I

El estado de la iglesia verdadera,
desde la manifestación de Cristo en la carne,
hasta el fin de los días de los apóstoles,
descubiertos brevemente.

Dios, de acuerdo con su voluntad determinada y su eterno consejo, en la plenitud del tiempo, envió a su Hijo unigénito hacia el mundo, para ser la Luz del mundo, un líder del pueblo, y una propiciación para ayudar a todo el mundo. Él obedeció la voluntad del Padre en todas las cosas, de acuerdo a lo que fue testificado de Él por Moisés y los profetas, y como fue dicho acerca de Él por David: "En el volumen del libro que se ha escrito de mí, vengo a hacer tu voluntad, Oh Dios." Hebreos 10:7. El cumplió toda la justicia, y terminó con todos los tipos, figuras, sombras, y adoraciones del primer pacto, como el apóstol testifica de Él, Heb 7:18. La ley y el sacerdocio fueron cambiados, los cuales eran nada más que figuras y sombras de cosas por venir, y eran defectuosas, y no hacían que los que venían al pacto fueran perfectos en la conciencia. Pero él nos trajo una esperanza y un pacto mejores, a saber, el pacto de la vida y la paz; del cual testificaron los profetas por medio del espíritu, desde Moisés hasta Samuel, y hasta Juan. De la misma manera Juan dio testimonio de Aquel que es "el Cordero de Dios" que "quita el pecado del mundo." Juan 1:29, 36.

Debido a que ahora Él ha venido, quien no fue hecho “por la ley del mandamiento carnal," como lo fueron Aarón y el resto de los sacerdotes bajo la ley, sino por "el poder de la vida eterna," y "habiéndose ofrecido a sí mismo una vez por todos," para el perfeccionamiento de aquellos que son santificados, Él le puso fin a todas las ofrendas del primer pacto. Heb 10:14. Él cumplió todas las cosas que los profetas dijeron de Él; y sus obras testificaron que Él era el Hijo de Dios. Él predicó la palabra del reino, y declaró en contra y reprendió a aquellos que estaban estancados detrás de las figuras, los tipos y las sombras; [escudriñando las Escrituras con la esperanza de encontrar la vida eterna], y dijo: "Ustedes no quieren venir a Mí para que puedan tener vida," "Yo soy el pan de vida." Él vino a cumplir la ley y toda la justicia, y a publicar la palabra de la fe, la cual no invalidó, sino que estableció la Ley.

Él dijo: "Mientras ustedes tengan la Luz, crean en la Luz; para que ustedes puedan llegar a ser hijos de la Luz." Esto le dijo a los fariseos, quienes tenían la ley y los profetas, y estaban actuando en los tipos y las figuras, las cuales son sombras de las cosas, pero no en las cosas verdaderas; pero Él predicó de las cosas verdaderas, la palabra del reino, del poder y la vida; y muchos de los que oyeron su voz, que no pudieron ser vivificados al ejercitarse a sí mismos en las ordenanzas, fueron despertados por ellas en sus propios corazones y sus mentes, y así llegaron a vivir; y Él escogió discípulos para sí mismo, y los envió a predicar del arrepentimiento; y les encargó que comenzaran en Jerusalén. Después de esto él otra vez envió a sus discípulos y les dio el mandato de predicar a todas las naciones, y hacer discípulos o conversos de todos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Él les dio poder para quitar demonios, y obrar milagros. Estos, después de un tiempo, profetizaron la palabra del reino, y recibieron dones del Espíritu Santo para la obra del ministerio. Ellos no predicaron de las ordenanzas del primer pacto, sino de Cristo, el pacto eterno, el poder de Dios, y la sabiduría de Dios, para la remisión de pecados; y ellos declararon la palabra de la fe en la boca y en el corazón, para llevar a la gente a creer en Aquel que es la Luz del mundo, que ilumina a cada hombre que viene al mundo; y muchos, tanto entre los judíos como entre los gentiles, creyeron; y se juntaron en ciertos lugares. Y las muchas congregaciones eran todas un cuerpo, del cual Cristo, la vida, era la cabeza; cuyo poder ellos habían probado. Cuando se juntaban, ellos se exhortaban y se amonestaban los unos a los otros; y proveían para la edificación, elevación, y consolación de los unos a los otros en la fe más santa, la cual les dio la victoria sobre el pecado; y esta fue obrada en ellos por el oír la Palabra que estaba cerca de ellos, en la boca y en el corazón, la cual era la Palabra de la consolación que estaba en el comienzo. Aquellos que creyeron el el Evangelio, crecieron en grandes gozos y logros en la vida justa de Cristo. Y aunque ellos primero conocieron el ministerio de la condenación, la sentencia de la muerte, después llegaron a conocer el ministerio del Espíritu, llevando el testimonio de que ellos eran hijos de Dios. Ellos fueron hechos herederos de acuerdo a la promesa, y herederos junto con Cristo, en el reino que es inmortal.

Aquellos que fueron enviados, quienes habían recibido gratuitamente del Padre, de Cristo, y del Espíritu, ministraron gratuitamente, sin hacer ningún pacto o búsqueda de las ganancias mundanales, sino que fueron de ciudad en ciudad predicando el Evangelio. De manera que no leemos acerca de ninguna obligación, ni de mantenimiento forzado en ninguna de las ciudades, ya sea que creyeran o no. El Padre se encargó de esos segadores; y lo que ellos recibieron les fue dado gratuitamente, y no hubieron quejas; pero su cuidado no debía hacer que el Evangelio de Cristo fuera una carga o algo que se cobrara, sino que sus manos pudieran ministrar para sus propias necesidades. Hechos 18:3.

<Continúa SECCIÓN I>>

El propósito de este sitio es enseñar cómo vivir
libre de pecado
al beneficiarse de poder de Dios que produce cambio por medio de la cruz
que lleva a la unión con Dios en su Reino.

 


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