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2 Corintios 3:9

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 9 Porque si el ministerio de condenación2 era con gloria, ¡cuánto más abunda en gloria el ministerio de justicia! [El Ministerio de Condenación es el Espíritu que condena los pecados en usted, ordenando su arrepentimiento; y con su arrepentimiento, entonces el Espíritu destruye los pecados en su cuerpo, circuncidando su corazón. Cuando usted ha (por medio del Espíritu) mortificado los pecados en su cuerpo, entonces usted recibe el Ministerio de Justicia, el cual consiste en aprender cómo caminar y hablar justamente, caminar por medio de la Luz de la Vida, caminar según el Espíritu.]

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2 El ministerio de la condenación: Algunos de ustedes pueden estar diciendo: "pero no hay condenación en Cristo Jesús." Sí, es verdad; pero a menos que usted sea limpiado del pecado, usted no puede estar en Cristo Jesús. El versículo completo dice: "Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Rom 8:1. Si usted todavía peca, usted está caminando conforme a la carne. Andar conforme al Espíritu es ser llevado por el Espíritu en pensamientos, palabras, y acciones. Si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Gál 5:19. Andar conforme a la carne es caminar de acuerdo a su mente carnal y corazón impío, antes de haber sido limpiado y purificado; hasta entonces usted no está en Cristo Jesús porque todavía está caminando en la carne — en sus deseos, afectos, placeres, orgullo, enojo, vanidad, temor, preocupaciones, planes, etc. Para poder ser libre de pecado, y entonces entrar en el reino, el Espíritu Santo le tiene que enseñar sus pecados y ordenar su arrepentimiento. El Espíritu no lo condena a usted, condena los pecados en usted.

Estas cosas has hecho, y yo he callado. Ciertamente pensabas que yo sería como tú,
pero yo te reprenderé y las pondré mis cargos [de tus pecados] contra ti orden ante tus ojos. Salmos 50:21

El corazón de todo hombre comienza lleno de maldad, lleno de pecado, contaminado, y descalificado para el cielo. A menos tu corazón esté limpio por el Espíritu del Señor que destruye el pecado dentro un hombre, todos los hombres caminan de acuerdo a los caminos del mundo y al dios de este mundo, satisfaciendo sus deseos y la lujuria de su carne de acuerdo a sus pensamientos, de acuerdo a su imaginación maligna, de acuerdo a sus mentes carnales que son enemistad en contra de Dios y no pueden estar sujetas a la ley de Dios. Rom 8:6-7. Todo hombre es juzgado por sus palabras y obras, incluyendo aquellos que dicen ser cristianos; Dios no le muestra parcialidad a ningún hombre. De la Palabra del Señor en el interior: "Sólo un corazón que es limpiado del pecado es aceptable ante Dios. Todos están esperando que Jesús sea su excusa. Si tú todavía estás pecando, perteneces al pecado y no a mi. Veme a mi — que ningún pecado tiene lugar en mi. Estás sin excusa, oh hombre. El pecado en los creyentes es intolerable. La gente debe soportar el precio de su comportamiento descarado. El puro es inocente de toda contaminación." Usted puede pensar que usted es un cristiano y llamarle "Señor," pero si usted muere mientras todavía está pecando, es expulsado del cielo. Todos los hombres contaminados son expulsados del cielo. Cuando son purificados por la gracia, los hombres son trasladados hacia el cielo mientras todavía están en la tierra, y después para siempre. Para ser liberado del pecado, aún del deseo de pecar, usted debe obedecer los mandatos hablados por el Señor que usted se expone al oír, al espéralo a Él en humilde silencio a medida que usted oye y vela; esa es la única cosa necesaria. Lucas 10:39-42.

Aquello que es condenado por el Espíritu Santo es la mente carnal; y es destruído por el Espíritu junto con la naturaleza terranal del cuerpo que dicta la mente. Jorge Fox escribió de que es necesario que todos los creyentes pasen por este ministerio de la condenación:

Porque Cristo es revelado en la carne, para condenar el pecado en la carne, a todos los que testifican a Cristo en ellos, hombres y mujeres; digo, Cristo esto es revelado en su carne; él condena el pecado que está en su carne; sí, y pone fin al pecado, y termina con la transgresión, y trae justicia eterna en ellos. Pero primero él condena el pecado que está en su carne, la injusticia en su carne, y la impiedad en su carne; el mentiroso, el blasfemo, que está en su carne; el adúltero, el fornicario, el idólatra, y todo pecado, sea cual sea, él lo condena en la carne. Así también Cristo se manifiesta en la carne, para condenar el pecado que está en la carne; todos los que testifican acerca de que Cristo condena el pecado en la carne, que a través de Cristo, quien condena el pecado en la carne, pueden llegar a ser justicia de Dios, y así una nueva persona [criatura] de Dios. Pero cuando el pecado está sin condenar en la carne, ellos son de la serpiente, del injusto, del impío, que adulteró de la verdad, ellos son de él. Pero si el pecado es condenado en la carne, Cristo se manifiesta en la carne, para que sean de Cristo; ellos son de Dios, y están en Cristo, quien destruye el diablo y sus obras, que están fuera de la verdad. Y estos conocen la nueva vida, en la cual sirven a Dios; y éstos conocen la nueva tierra, en la que mora la justicia; y éstos conocen la vieja tierra, en la que habita la injusticia. Y estos pueden traer a la luz las cosas viejas y nuevas.

El Señor condena el pecado en su corazón al revelárselo a usted y mandándole a arrepentirse, de lo cual usted ni siquiera está consciente (el pecado revivió); cuando usted reconoce que las revelaciones de Él son verdad, usted obedece sus mandatos; por gracia Él entonces quita de su corazón incluso el deseo por ese pecado. Este proceso es repetido, primero con sus acciones, después con sus palabras, y después sus pensamientos; hasta que usted ha crucificado su mente carnal y su naturaleza pecaminosa.

"Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos, dice Jehovah. Como son más altos los cielos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más altos que vuestros pensamientos." Isaías 55:8-9.

Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde que anda por un camino que no es bueno, tras sus propios pensamientos. Isaías 65:2.

Una vez que la mente es destruída, entonces comienza el ministerio de la justicia y la vida, también por el Espíritu Santo.

En este Ministero de la Condenación usted debe morir a la ley del pecado y la muerte, siendo condenado por la Ley, hasta que usted es llevado por la ley. Usted verá que todo pensamiento, y toda palabra es impía, arraigada en el juicio, el orgullo, y el enojo. Usted pasará por tribulaciones y después verá que su mente se transforma en una bestia salvaje, que grita con enojo, depresión, y duda. Así usted es quebrantado, su orgullo es eliminado, su confianza propia es destruída, y todos sus viejos deseos mundanos llegan a ser repugnantes; no hay hacia donde correr, no hay donde esconderse, y a usted ya no le queda nada más que depender de Él para que lo libere de sí mismo.

A pesar de que el Espíritu lo convence de sus pecados y condena el pecado dentro de usted, la voz del Señor es amable, bondadosa, pura, fácil de entender, fácil de aceptar, pacífica, completa, moralmente correcta, alentadora — nunca tiene ni siquiera un indicio de sarcasmo, amargura o condenación — nunca es incompleta ni lo deja trantando de adivinar lo que él quiere; en vez, sus palabras están llenas de amor — su espíritu de amor — porque él es amor. Él le dirá cosas acerca de sí mismo. Él le animará. Él es bondad. Él le dirá o le mostrará cosas acerca de usted mismo; algunas cosas serán desagradables. Pero debido a que él es su amigo, usted sabe que él le está mostrando estas cosas por su propio bien. Así que usted escucha y observa. Y usted no corre; está de pie delante del Hijo del Hombre. Y usted se arrepiente de lo que él le muestra. Y a veces él le da mandamientos. Usted está oyendo la palabra de Dios, la palabra viviente. Y tal vez usted obedecerá sus mandatos y le mostrará que lo ama al ser obediente. Si usted obecece sus mandatos, él quitará el deseo de pecar de su corazón.

Más información sobre este tema está disponible en Cómo Esperar en Dios y Beneficiarse de Su Poder Purificador.

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