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1 Pedro 3:15

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 15 Más bien, santificad [apartad] en vuestros corazones a Cristo como Señor4 y estad siempre listos para responder a todo el que os pida razón de la esperanza que hay en vosotros, pero hacedlo con mansedumbre y reverencia.

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4 Santificad [apartad] en vuestros corazones a Cristo como Señor. En su pensamiento, aparte al Señor en su corazón del espíritu egoísta que reina allí. El Señor es santo y puro; su espíritu egoísta es maligno, profano, y es una abominación. No confunda las muchas voces de engaño que usted oirá de parte del mal en su corazón con la voz única y santa del Señor en su corazón.

Toma tiempo, práctica, y paciencia aprender a reconocer la voz del Señor. Sus palabras siempre son bondadosas, amables, pacíficas, fáciles de aceptar, sin sarcasmo, sin amargura, sin condenación, sin dureza, puras, limpias, humildes, maravillosas. Nunca hay palabras emocionales, nunca hay emoción en su voz; sus palabras son sencillas, basadas en los hechos, sabias, fáciles de entender, fáciles de aceptar, y nunca lo dejan adivinando su significado. Las muchas voces del enemigo normalmente* son emocionales, sarcásticas, incompletas, condenadoras, duras, temerosas, y amargas. El enemigo usa muchas voces: la suya, la de sus amigos, parientes, dignatarios, etc. Eventualmente usted lo oirá. Y una vez que usted comience a oír, oirá con más frecuencia. Él tiene una voz suave. A veces, usted no oirá una voz, sino que repentinamente sabrá algo. Jorge Fox llamó esto una 'inspiración.' Una 'inspiración' puede ser expresada en palabras, pero es un sentimiento que llena todo su ser, como el sentirse rodeado o sumergido en el entendimiento inmediato.

* Normalmente, pero no siempre; ten cuidado, hasta la madurez espiritual, La voz de la oposición puede ser indistinguible de la voz del Señor. El enemigo pretenderá ser el Señor, siempre tentándolo a hacer algo malo que usted quiere hacer, o tentándolo a hacer algo que a usted se le ha dicho que no haga. Basado en el consejo de Edward Burrough, (haga clic para leerlo), un gigante de los primeros cuáqueros, no deberíamos hacer nada sino arrepentirnos hasta que podamos distinguir entre la voz del Señor y la voz del enemigo; y William Penn escribió: "Aunque es el deber de todos caminar en la luz, y esperarla, para que por ella puedan ser instruidos en el camino de la vida y la salvación, sin embargo son solamente los que realmente son guiados por ella* (la luz), los que pueden discernir correctamente entre los espíritus falsos y los verdaderos."

* A modo de repaso: para ser guiado o dirigido por la luz, la luz primero debe surgir en su corazón como una estrella magnífica, de modo que se le muestre todo lo que debe hacer y se le diga todo lo que debe decir; el inequívoco surgimiento de la luz viene de la fe en la voz.

Hay una voz del Señor que es como un trueno sobre las aguas descrita en muchos pasajes del Antiguo Testamento. Esto es radicalmente diferente que la voz apacible y delicada que oímos desde el interior de nuestros corazones proveniente del Espíritu Santo. La Palabra del Señor en el interior y el Espíritu Santo nos hablan con palabras de Jesús, por lo tanto, estamos escuchando de el Hijo de Dios. Pero a menos que podamos realmente escuchar la Voz del Señor, no vamos a saber con certeza que es el Señor quien nos habla. De la Palabra del Señor en el interior: "Siempre tendrás dudas hasta que oigas su voz. Mi voz es como un trueno sobre las aguas. Oirás su voz cuando Él te llama". Nosotros escucharemos la voz del Señor como trueno sobre las aguas por primera vez después que nos hayamos sometido al bautismo de fuego y muerte para ser llamados a venir fuera y resucitados como una nueva criatura. Entonces, como Juan 10:3-5 declara: conoceremos su voz, él nos guiará fuera del mundo hacia el reino, y huiremos de otras voces. Cuando oyes su voz por primera vez, has pasado de la muerte a la vida; y una vez que hayas oído su voz como un trueno sobre las aguas, siempre sabrá si el Señor ue le habla o no.

Primero debemos escuchar al Espíritu Santo y la Palabra del Señor en el interior para oír y obedecer sus muchas enseñanzas y órdenes. Luego, con larga persistencia y paciencia en hacer obras de arrepentimiento obediente, experimentamos el bautismo de fuego y muerte, para luego oír la Voz del Señor mientras pasamos de la muerte a la vida. Hasta entonces, tenemos que estar vigilantes para no ser engañados por el enemigo, quien pretende ser el Señor que nos habla.

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