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1 Pedro 3:5-8

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 5 Porque así también se adornaban en tiempos antiguos aquellas santas mujeres que esperaban en Dios y estaban sujetas a sus propios maridos.

 6 Así Sara obedeció a Abraham, llamándole señor. Y vosotras habéis venido a ser hijas de ella, si hacéis el bien y no tenéis miedo de ninguna amenaza.

 7 Vosotros, maridos, de la misma manera vivid con ellas con comprensión [al deferir],2 dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas.

 8 Finalmente, sed todos de un mismo sentir: compasivos, amándoos fraternalmente,3 misericordiosos y humildes.

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3 amándoos fraternalmente. Cuando un hombre y una esposa están libres del deseo, hay un amor que no depende de recibir el placer. Pedro se está dirigiendo a un grupo de cristianos más avanzado del que Pablo se estaba dirigiendo en 1 Cor 7:5-7: No os neguéis el uno al otro, a menos que sea de acuerdo mutuo por algún tiempo, para que os dediquéis a la oración y volváis a uniros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia. Esto digo a modo de concesión, no como mandamiento. Más bien, quisiera que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don procedente de Dios: uno de cierta manera, y otro de otra manera.Hay un don de Dios para ser libres del deseo: y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que puede aceptar esto, que lo acepte. Mat 19:12. Para recibir este don de Dios, el hombre debe odiar apasionadamente sus deseos de los cuerpos de otras personas. Cuando es recibido, usted es capaz de amar a su cónyuge como a un hermano en Cristo, porque en Cristo no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno, todos son hijos de Dios. Cualquier decisión para vivir como hermano y hermana, debe ser de consentimiento mutuo. Si uno de los esposos desea continuar las relaciones sexuales, el otro debe ceder, de acuerdo al principio del amor: el amor no busca lo suyo propio; porque el matrimonio es honroso para todos, y el lecho sin mancilla.

Es imposible vencer nuestros deseos sexuales hasta que una de las siguientes cosas suceda: 1) la persona (casada o no) llega a estar dolorosamente conciente de que sus deseos se aplican a las personas atractivas en general, y este conocimiento lo lleva a tener un fuerte deseo de deshacerse de ellos; o 2) al tener compasión por la debilidad del cónyuge de una persona que se ha comprometido a deshacerse de sus deseos sexuales por personas atractivas en general, que él o ella apoya entusiasmadamente los esfuerzos de su pareja, y este apoyo incluye el consentimiento de no tener relaciones de acuerdo a las instrucciones de Pablo en 1 Corintios 7:2,5-7.

Aun si la persona que está buscando es un no-creyente, o si la persona que está buscando está casado(a) con un creyente que no tiene interés en vencer sus deseos sexuales; si esa persona que está buscando verdaderamente desea vencer sus deseos sexuales, es posible con la ayuda del Señor (porque todo es posible para Dios). Sin embargo, las relaciones sexuales con la persona no interesada no se negarían ya que Pablo afirma firmemente que eso requiere consentimiento mutuo; en ese caso la participación en las relaciones sexuales de la persona que está buscando sería un acto de sumición o deferencia a su cónguye.

Si usted, de forma independiente (sin consentimiento mutuo), se abstiene de tener relaciones sexuales con su cónyuge, corre el riesgo de un aislamiento mayor con su cónyuge. Al diablo le encantaría crear una relación hostil en su matrimonio, destruyendo su paz y confianza, incluso posiblemente su matrimonio. En mi experiencia yo nunca oí al Señor sugerir que dejara de tener relaciones sexuales; y no pienso que usted lo oirá tampoco porque yo sé, basándome en sus mensajes hacia mi, que él quiere que nos cansemos tanto de nuestras debilidades que nosotros mismos decidiremos hacer algo acerca de ello. Mi motivación fue simple — el deseo por cualquier mujer atractiva que yo conocía era adulterio, y tenía que ser vencido para poder entrar en el reino. (En el cielo no hay casamiento ni dar en casamiento, no hay hombres ni mujeres, todos son hijos de Dios, y todos son como los ángeles de Dios). Hubieron muchas instancias de abstinencia, regresando después de un tiempo a tener relaciones. La última vez mi esposa y yo habíamos acordado que había llegado el momento de cesar de tener relaciones sexuales; y cuando eso comenzó, el Señor entonces me animó a continuar esa abstinencia, y los deseos sexuales se desvanecieron en varios meses.

Cualquiera sea la motivación, vencer los deseos sexuales es un don del Señor, dado con el tiempo a aquellos que desesperadamente se quieren deshacer de ellos. De la Palabra del Señor en el interior: "Los deseos sexuales pueden ser vencidos". Esto se aplica tanto a los hombres como a las mujeres, tanto a los deseos heterosexuales como a los deseos homosexuales, siempre y cuando haya un compromiso ferviente de llegar a ser completamente libres de ellos) — pero, como versículos, Mateo 19:11-12, declaran: "no todos son capaces de aceptar, (o creer), esta".

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