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2 Tesalonicenses 2:3-4

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 3 Nadie os engañe de ninguna manera; porque esto no sucederá sin que venga primero la apostasía y el hombre de pecado es revelado, el hijo de perdición.

 4 Quien se opone y se exalta a sí mismo por encima de todo lo que se llama Dios o que se adora, que se sienta como Dios en el templo de Dios [tu corazón] proclamándose como Dios.1

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1 porque esto no sucederá sin que venga primero la apostasía y el hombre de pecado es revelado, el hijo de perdición. Quien se opone y se exalta a sí mismo por encima de todo lo que se llama Dios o que se adora, que se sienta como Dios en el templo de Dios [tu corazón] proclamándose como Dios. Esto es exactamente lo que Jesús le dijo a aquellos que estaban de pie con Él: "cuando ustedes vean la abominación desoladora, de la cual habló el profeta Daniel, establecida en el lugar santo, (el que lee, entienda)," Mat 24:15, Mar 13:14; y a aquellos que estaban de pie con Él para ver la abominación desoladora, tenía que ser una experiencia personal, no algo que todavía está por ocurrir como cree el "cristianismo".

sin que venga primero la apostasía - algunos de aquellos que creen, perderán la paciencia para completar su salvación, y apostatarán: como dijo Jesús: cuando ellos oyen, reciben la palabra con gozo; pero no tienen raíz. Y aunque ellos creen por un tiempo, en momentos de tentación apostatan. Lucas 8:13. Y algunos que apostatan son hombres ambiciosos, ansiosos de enseñar, llegando a ser los profetas falsos y anticristos que dejaron a los verdaderos creyentes para irse hacia el mundo. 1 Juan 2:18-19, 4:1-3.

El hombre de pecado es revelado, el hijo de perdición; Quien se opone y se exalta a sí mismo por encima de todo lo que se llama Dios o que se adora, tanto que se sentará como Dios en el templo de Dios [tu corazón] proclamándose como Dios. Esto se refiere al espíritu maligno en usted, el hombre de pecado, que es revelado. Cada hombre comienza con el espíritu de Satanás que es sembrado en su propio corazón. Este espíritu egoísta debe ser crucificado antes de que Cristo pueda reinar. Antes de que Cristo sea revelado, el hombre de pecado es revelado, que le muestra toda clase de mal sobre la tierra; esta es la la abominación desoladora, que está en el templo de tu corazón, donde no debería estar. Pero este es el fin de su yo carnal, cuando Cristo después viene y destruye lo que queda del espíritu de Satanás dentro de usted con su aliento y el resplandor de su venida; y el Señor aplasta la cabeza de Satanás bajo tu calcañar. El juicio final. El verdadero bautismo del Espíritu Santo: en la muerte de Cristo. El bautismo de la muerte. El compartir su muerte. Entonces Jesús es resucitado en usted para ser su verdadero Señor. 2 Cor 4:14,Col 2:11-12,3:1, Efe 2:6.

Jorge Fox, del Diario de Cambridge:

Si ustedes esperan [en Dios] en aquello que es puro en ustedes, ustedes podrán encontrar y ver, porque Dios les ha dado una medida de su espíritu, por el cual ustedes pueden comprender las cosas y ver los engaños. Ahora cuando la mente se sale de esa medida pura, la cual les permite ver los engaños, la simplicidad es atrapada, y Dios ya no está en los pensamientos de ustedes; en cambio, el hijo de perdición que está en ustedes se sienta en el templo de Dios, donde no debe sentarse. Con el nacimiento del Señor [en ustedes], este hijo de perdición es descubierto, y con el brillo de la venida del Señor [en ustedes], él es consumado; ese hombre de pecado es revelado [en ustedes], y así ustedes testificarán el cumplimiento de las escrituras. Pero ustedes deben esperar en aquello que es puro, lo que les mostrará cuando su mente se aleje en desobediencia, estableciendo los sacerdotes (externos) de Baal ante Dios, y aquello que provee una distracción en la mente donde ha habido una detención entre los dos (ustedes y Dios); porque todas las dificultades están afuera en el mundo, pero Cristo dijo "en mí tendrán paz perfecta." Esperen en Cristo y preocúpense que él esté en ustedes, (allí es donde ustedes esperan su aparición). Manténganse enfocados en su interior, (manténganse buscando a Cristo dentro de ustedes), y no sigan las afirmaciones de he aquí que Cristo está aquí o he aquí Cristo está allá, que los distraen de la búsqueda exterior, ustedes tendrán paz en un corto tiempo. Después ustedes testificarán de Cristo, quien es la sustancia de los profetas y los apóstoles. Las escrituras son enseñadas en ustedes dentro de ustedes (por Cristo) para guiarles al Padre, el Señor Dios del cielo y de la tierra. Al esperar al Espíritu del Señor dentro de ustedes para guiar sus mentes, ustedes encontrarán su fortaleza renovada diariamente por el Espíritu que nos dio las escrituras. No hay confusión, sino paz perfecta. Por este Espíritu somos bautizados en un cuerpo, y este Espíritu es la unidad de los santos, quienes aunque estén ausentes en el cuerpo, están presentes en el Espíritu, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Este Espíritu circuncida y quita el cuerpo de pecado de ustedes, y ustedes son santificados por medio de su obediencia al Espíritu. Ustedes llegarán a testificar que las escrituras son puras y claras, ya que son sin mezcla [de las interpretaciones de los hombres], como los hombres santos que las poseían y nos las dieron. Así los hombres santos las poseen y nos las dan otra vez y las testifican otra vez.

El cristianismo completamente malinterpreta este versículo como el supuesto anticristo, (aunque muchos ya habían aparecido 2000 años atrás), que supuestamente es revelado antes de que Jesús realice su supuesto único regreso a la tierra, y piensan que el templo judío será reconstruido, los sacrificios animales serán restablecidos, y el anticristo aparecerá en ese templo declarándose a sí mismo como Dios — nada de lo cual sucederá nunca. El cristianismo no entiende que antes de que Cristo aparezca en sus corazones, para ser visto, para ser revelado, primero el Señor debe mostrarles qué tan absorbidos ellos mismos están en el pecado — tanto así que a cada hombre se le debe mostrar que su espíritu es el producto de Satanás, que está sentado en el trono de su corazón, declarándose a sí mismo como Dios.

De la Palabra del Señor en el interior: "Cuando veas la abominación desoladora no temas defiendan su posición; yo vendré en cinco minutos para destruirlo."

En su biografía, William Penn escribió cómo el hombre de pecado fue descubierto justo antes de que el Señor regresara en Su resplandor, para así destruir al hombre de pecado:

"Sí, es Cristo la verdadera y única simiente de Dios, quien visitó mi alma, incluso en mi juventud, extendió mis pecados en orden delante de mí, me reprendió y trajo tristeza divina sobre mí, haciéndome a menudo llorar en lugares solitarios, y decir dentro de mi alma: ¡Oh, que yo conociera al Señor como debiera conocerlo! ¡Oh, que yo lo sirviera como debo servirle! Sí, a menudo había una gran preocupación sobre mi espíritu acerca de mi estado eterno, deseando desesperadamente que el Señor le diera reposo a mi alma en el gran día de la angustia. Ahora estaba toda la gloria del mundo como una burbuja; sí, nada me era estimado para ganar a Cristo; porque el amor, el placer y la amistad de este mundo fueron una carga para mi alma. En este estado de búsqueda, fui dirigido al testimonio de Jesús en mi propia conciencia, como la verdadera Luz resplandeciente, que me fue dada para discernir los pensamientos y las intenciones de mi propio corazón. Y apenas me volví yo encontré que era lo que desde mi infancia me había visitado, aunque no lo supiera claramente; y cuando lo recibí en su amor, me mostró todo lo que yo había hecho, y reprendió todas las obras infructuosas de las tinieblas, juzgándome como un hombre en la carne, y poniendo el juicio en la línea, y la justicia en la plomada en mí. Por el resplandor de su venida en mi alma, el Señor Jesús descubrió al hombre de pecado allí, sobre su trono, y por el aliento de su boca, que es la espada de doble filo de su Espíritu, destruyó su poder y reino; y habiéndome hecho testigo [experimentado por mi mismo] de la muerte de la cruz, también me ha hecho testigo [experimentando por mi mismo] de su resurrección— para que, en buena medida, mi alma pueda ahora decir: Yo soy justificado en el espíritu; y aunque el estado de condenación hasta la muerte era glorioso, la justificación para la vida era, y es, más gloriosa".

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