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Gálatas 4:19

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 19 Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros,3 [Toda palabra que el oímos hablar a nosotros nos imparte la vida de Dios, quien es Cristo, a nuestros corazones; cada palabra es implantada en nuestros corazones formando a Cristo en nosotros.]

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3 Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros. De la Palabra del Señor en el interior: "Las palabras que yo te hablo imparten vida; el Espíritu da vida con cada palabra que oímos." Las palabras que él nos habla a nosotros son vida y están implantadas en nuestros corazones. Juan 6:63, Santiago 1:21. Cristo es la vida; por lo tanto cada palabra que Él nos habla aumenta a Cristo en nosotros. Cristo es formado en nosotros por las palabras que le oímos hablarnos a nosotros, hasta que finalmente él es completamente formado y resucitado en nosotros para ser nuestro verdadero Señor, gobernando nuestros pensamientos, palabras, y acciones. En su Catequismo Isaac Penington escribió de esta formación de Cristo en el interior:

...no hay manera de ser salvado por él, sino a través de recibirle en el corazón por medio de una fe viva, y al tenerlo a él formado en el corazón. Cristo no salva cuando está afuera golpeando la puerta, sino que cuando se le deja entrar; al dejarle entrar, él trae consigo esa vida, poder, y misericorida, que derrumba el muro de separación, nos une con Dios, y nos salva. Los judíos no podían ser salvos en el tiempo antiguo por medio de la creencia de un Mesías por venir, con las observanzas de todas las leyes y ordenanzas de Moisés; ni tampoco nadie puede ser salvo por la creencia en un Cristo que ha venido históricamente, con la observanza de todo lo que los apóstoles mandaron o practicaron; sino sólo al recibirle a él en el corazón, donde él obra la salvación.

...no hay manera de recibir a Cristo en el corazón, y de tenerle a él formado allí, sino al recibir la luz de su espíritu, en cuya luz él está y mora. [Si usted] mantiene afuera la luz de su espíritu, [entonces usted] mantiene fuera a Cristo; [si usted] deja entrar la luz de su espíritu, [entonces usted] deja entrar a Cristo; porque el Padre y el Hijo son luz, y sólo son conocidos y recibidos en la luz; pero nunca fuera de ella.

...la manera de recibir la luz del Espíritu en el corazón, (y así unirse con el Padre y el Hijo), es al escuchar, y recibir sus convicciones de pecado allí. La primera operación del Espíritu hacia el hombre que está en pecado es convencerle de pecado; y aquel que no recibe la luz convincente del Espíritu, la obra se detiene en él desde el comienzo mismo; y Cristo nunca puede llegar a ser formado en él, porque esa luz por la cual él debe ser formado es dejada afuera. Y entonces él puede hablar de Cristo, y practicar sus deberes (orar, leer, y contemplar mucho), y obtener consuelo de las promesas, y correr hacia las ordenanzas, y ser excesivamente celoso y afectuoso en todas estas cosas, y sin embargo perecer al final. Sí, el diablo lo dejará tranquilo (incluso tal vez le ayude), en todo esto, sabiendo que él lo tiene más seguro por medio de esto, siendo él (por medio de la estricta observanza de estas cosas), mantenido fuera del temor del peligro de su condición, de la cual de otra manera tal vez él nunca hubiera sido sensible.

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