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Hebreos 12:6

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 6 Porque el Señor disciplina [corrige, reprende] al que ama y flagela a todo el que recibe como hijo.4 [Las marcas de los azotes purifican del mal, y los golpes purifican al corazón, Prov 20:30.]

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4 El Señor disciplina al que ama y flagela a todo el que recibe como hijo. La disciplina es dolorosa. Las marcas de los azotes purifican del mal, y los golpes purifican al corazón [del pecado]. Prov 20:30. Buscar la unión con Dios no siempre es placentero, especialmente la crucificción del yo. Jesús dijo que antes de comenzar, uno debería primero sentarse y calcular el costo, para ver si uno tiene suficientes medios como para terminarlo. De otra manera, cuando él haya sentado el fundamento y no lo pueda completar, todos los que lo vean comenzarán a burlarse y mofarse de él, diciendo: este hombre comenzó a edificar y no pudo (no era digno de) terminar. Él nos está diciendo que ni siquiera comencemos, a menos que estemos comprometidos a ir hasta el final, incluyendo la muerte del yo por medio del sufrimiento y la tribulación. Este compromiso viene de un hambre profunda, un hambre establecida por Dios para atraerlo hacia él. Él ya tiene muchos, que llamándose a sí mismos 'cristianos,' nunca han comenzado, mucho menos terminado, de construir su templo en sus corazones. Pero podemos verdaderamente testificar, que habiendo pasado por mucho sufrimiento y tribulación, el dolor no es nada comparado con la recompensa de conocer a Dios. Porque Dios nos ha creado para ser amados por él y para que nosotros le amemos. Él es puro, limpio, santo, justo, misericordioso, verdadero, fiel, pacífico, lleno de gozo, y con amor abundante por nosotros — ansiosamente esperando la oportunidad de mostrar su amor por nosotros. Pero para estar en su presencia y recibir su amor, debemos ser cambiados para llegar a ser puros, para ser capaces de recibir su espírtu en medida abuntante — nuestros odres viejos no pueden contener el vino nuevo — debemos dejar que él nos prepare un odre nuevo — de manera que podamos poseer y disfrutar el vino superior. De la Palabra del Señor en el interior: "Confía en él. Él te llevará y te guardará continuamente. Nunca te dejará."

Puesto que Cristo ha padecido en la carne, armaos también vosotros con la misma actitud. Porque el que ha padecido en la carne ha roto con el pecado, para vivir el tiempo que le queda en la carne, no en las pasiones de los hombres, sino en la voluntad de Dios. 1 Ped 4:1-2. La tribulación no es un día difícil en la oficina, un accidente automovilístico, o alguna dificultad natural; es sin lugar a dudas algo impuesto sobrenaturalmente.

Pues para esto fuisteis llamados, porque también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas. 1 Pedro 2:21.

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