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Marcos 1

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 1 El principio del evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios.

 2 Como está escrito en el profeta Isaías: He aquí envío mi mensajero delante de ti, quien preparará tu camino.

 3  Voz del que proclama en el desierto: "Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas." [Los corazones malvados de todos los hombres deben estar preparados para que el Señor more en su interior, porque en el corazón malvado se encuentran los malos pensamientos, adulterios, fornicaciones, homicidios, robos, codicia, maldad, falsos testimonios, engaño, falta de restricción, envidia, blasfemia, orgullo y la insensatez. Marcos 7:21-23, Mat 15:18-19. A menos que el corazón del hombre haya sido limpiado y purificado, el Señor y su Padre no vienen con el reino para morar y guiar al hombre a través de la vida. Jesús es "santo, inocente, puro, apartado de los pecadores". Heb 7:26. De la Palabra del Señor en el interior: "Véanme a mí— como el pecado no tiene lugar en mí".]

 4 Así Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón [liberación de la esclavitud] de pecados.1

 5 Y salía a él toda la provincia de Judea y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

 6 Juan estaba vestido de pelo de camello y con un cinto de cuero a la cintura, y comía langostas y miel silvestre.

 7 Y predicaba diciendo: "Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar, agachado, la correa de su calzado.

 8 Yo os he bautizado en agua, pero él os bautizará en el Espíritu Santo." [Así como los 120 discípulos de Jesús fueron bautizados con lenguas de fuego en Jerusalén durante el Pentecostal. Hechos 2:3.]

 9 Aconteció en aquellos días que Jesús vino de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.

 10 Y en seguida, mientras subía del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu descendía sobre él como paloma.

 11 Y vino una voz desde el cielo: "Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia."

 12 En seguida, el Espíritu le impulsó al desierto,

 13 y estuvo en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba con las fieras, y los ángeles le servían.

 14 Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio de Dios,

 15 y diciendo: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado. ¡Arrepentíos y creed en el evangelio!" [El Nuevo Testamento está lleno de referencias a la segunda venida de Jesús como entonces, no miles de años más tarde. En Mateo, Marcos, y Lucas, se registra a Jesús diciendo que algunos de los que estaban con él en ese entonces, 2000 años atrás, verían su gloriosa venida en las nubes con el reino antes de morir. Además Pablo, Jesús predicando, Jesús en Apocalipsis, Pedro, Santiago, y Juan, — todos dijeron pronto, el tiempo está cerca, un corto tiempo, él está a las puertas. El cristianismo despreocupadamente ignora esta enorme incongruencia entre lo que la Biblia dice claramente en contraste con lo que sus propios guías ciegos les enseñan. Sería un engaño cruel estar esperando que Él aparezca, si las 100 generaciones pasadas de creyentes en realidad no tenían ninguna esperanza de verlo alguna vez. De la Palabra del Señor en el interior: "Seis testimonios prueban la existencia del reino. La segunda venida es una experiencia personal. La segunda venida es en los corazones de los creyentes purificados. El Rey es donde él es rey".]

 16 Y pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés hermano de Simón, echando la red en el mar; porque eran pescadores.

 17 Jesús les dijo: "Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres."

 18 De inmediato dejaron sus redes y le siguieron.

 19 Al ir un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo y a su hermano Juan. Ellos estaban en su barca arreglando las redes.

 20 En seguida les llamó; y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca junto con los jornaleros, se fueron en pos de él.

 21 Entraron en Capernaúm. Y en seguida, entrando él en la sinagoga los sábados, enseñaba.

 22 Y se asombraban de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

 23 Y en ese momento un hombre con espíritu inmundo estaba en la sinagoga de ellos, y exclamó

 24 diciendo: --¿Qué tienes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres: ¡el Santo de Dios!2

 25 Jesús le reprendió diciendo: --¡Cállate y sal de él!

 26 Y el espíritu inmundo lo sacudió con violencia, clamó a gran voz y salió de él.

 27 Todos se maravillaron, de modo que discutían entre sí diciendo: --¿Qué es esto? ¡Una nueva doctrina con autoridad! Aun a los espíritus inmundos él manda, y le obedecen.

 28 Y pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región alrededor de Galilea.

 29 En seguida, cuando salieron de la sinagoga, fueron con Jacobo y Juan a la casa de Simón y Andrés.

 30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y de inmediato le hablaron de ella.

 31 Él se acercó a ella, la tomó de la mano y la levantó. Y le dejó la fiebre, y ella comenzó a servirles.

 32 Al atardecer, cuando se puso el sol, le traían todos los enfermos y los endemoniados.

 33 Toda la ciudad estaba reunida a la puerta.

 34 Y él sanó a muchos que padecían de diversas enfermedades y echó fuera muchos demonios. Y no permitía a los demonios hablar, porque le conocían.

 35 Habiéndose levantado muy de madrugada, todavía de noche, Jesús salió y se fue a un lugar desierto y allí oraba.

 36 Simón y sus compañeros fueron en busca de él.

 37 Le encontraron y le dijeron: --Todos te buscan.

 38 Él les respondió: --Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido.

 39 Y fue predicando en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echando fuera los demonios.

 40 Y vino a él un leproso implorándole, y de rodillas le dijo: --Si quieres, puedes limpiarme.

 41 Jesús, movido a compasión, extendió la mano, le tocó y le dijo: --Quiero; sé limpio.

 42 Y al instante desapareció la lepra de él, y quedó limpio.

 43 En seguida, le despidió después de amonestarle

 44 y le dijo: --Mira, no digas nada a nadie. Más bien ve, muéstrate al sacerdote y ofrece lo que mandó Moisés en cuanto a tu purificación, para testimonio a ellos.

 45 Pero cuando salió, él comenzó a proclamar y a difundir mucho el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ninguna ciudad, sino que se quedaba afuera en lugares despoblados. Y venían a él de todas partes.


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1 Así Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón [liberación de la esclavitud] de pecados. El versículo anterior dice: Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas. ¿Qué camino para el Señor se supone que usted debe preparar? El camino hacia su corazón para que él more como el Señor de sus pensamientos, palabras, y acciones — un verdadero rey que gobierna sobre todos los aspectos de su vida. Piénselo - enderezar las sendas del Señor es limpiar su corazón y su cuerpo para que el Señor pueda morar y caminar en usted, porque él quiere que usted sea el templo del Dios viviente.

El original griego para la expresión liberación de la esclavitud del pecado se puede traducir como liberación de esclavitud, perdón o remisión del pecado. Liberación de la esclavitud del pecado es mucho más exacto, y describe perfectamente la purificación que es necesaria para evitar ser excluidos del cielo. La limpieza de la palabra, la limpieza en la Luz, ambos se alcanzan al esperar al Señor, escuchar, oír, velar, y obedecer - una limpieza es una liberación de la esclavitud del pecado. Pero las pobres almas, quienes estaban tratando de traducir la Biblia, no habían experimentado la liberación de la esclavitud del pecado dentro de sí mismos, y por lo tanto obviamente escogieron enfatizar el perdón en vez. Sin embargo la liberación del cautiverio, de la prisión, de la opresión, es lo que Cristo dijo que había venido a hacer:

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a proclamar libertad a los cautivos [del pecado] y vista a los ciegos, para liberar aquellos que están oprimidos [esclavos del pecado], Lucas 4:18-19

 El Espíritu del Señor Jehovah está sobre mí, porque me ha ungido Jehovah. Me ha enviado para anunciar buenas nuevas a los pobres, para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y a los prisioneros apertura de la cárcel; Isa 61:1-2

y la razón por la cual Pablo dijo que Jesús lo había enviado a gentiles:

Para abrir sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz y del poder de Satanás a Dios, para que reciban perdón de pecados, una liberación de la esclavitud del pecado y una herencia entre los santificados y purificados por la fe en mi. Hechos 26:18

Claramente, el perdón no es liberación, recuperación, sanidad, el abrir la prisión, ser liberado, alejado del poder de Satanás, mientras que liberación de la esclavitud del pecado describe todo esto con exactitud.

El hombre no puede preparar su propio corazón; debe ser preparado por el el poder de la gracia de Dios que produce cambio, y obtenemos acceso a este poder al ir a él. Usted debe esperarle a él - esperar en silencio, con la humildad de un pecador que tiene la necesidad de su poder que produce cambio - la gracia. Usted debe esperar, escuchar en silencio, oír, y obedecer, para así recibir con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Santiago 1:21. Por lo tanto esperar, velar, escuchar, oír, obedecer... esperar, velar, escuchar, oír, obedecer..... buscar, escuchar, obedecer. Haga esto repetidamente, siga sus mandatos, y las palabra que usted le oye a él hablar que le impartirán la vida de Dios a usted, a medida que él quita los pecados de su corazón, uno por uno. Negarse a sí mismo es negar su propia voluntad y hacer la voluntad de Dios; seguir es obedecer los mandamientos que usted le oye a él hablar: esto es negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguir a Jesúsla cruz interna de la negación propia, que hace morir su espíritu egoísta, para que sea reemplazado por el Espíritu de Cristo.

Si usted tiene dificultad al creer que su pecado es una servidumbre o esclavitud, entonces considere lo que el Señor y Pablo dijeron acerca de esto:

Jesús les respondió: --De cierto, de cierto os digo que todo aquel que practica el pecado es esclavo del pecado. Juan 8:34

¿No sabéis que a quien os rindáis para obedecerle como esclavos, sois esclavos del que obedecéis; ya sea del pecado que lleva a la muerte o de la obediencia que lleva a la justicia? Rom 6:16

El perdón explicado:

Entonces, ¿qué hay del perdón? ¿Son todos sus pecados perdonados por Jesús? Al comienzo, si usted se aleja del pecado lo mejor que pueda, esas cosas que tienen remordimiento por haber hecho y ha dejado de hacer son perdonadas.

Odie sus malos pensamientos, las palabras profanas, y la esclavitud a sus placeres; éstos son sus enemigos. Al principio, usted no puede hacer que su mente deje de pecar completamente porque su mente es carnal y la mente carnal es enemistad contra Dios, (esta mente es destruida en la cruz y reemplazada con la mente de Cristo). Al principio, usted no puede controlar completamente su lengua para que no peque (este control total viene de la perfección). Sin embargo, usted puede controlar sus pies y sus manos; y usted puede aprender a controlar sus ojos, al practicar apartar la mirada de lo que le tienta. El temor de Dios es apartarse del mal. Si no deja de pecar, estirando sus manos para cometer el mal, y corriendo al mal con los pies, usted no está buscando sinceramente a Dios — no se ha arrepentido de lo básico que está bajo su control. Para apartarse de la maldad con lo mejor de su capacidad es un requisito previo para buscar sinceramente a Dios y su salvación. La obediencia a lo que usted entiende, y lo que es capaz de hacer, lleva a la justicia. Si usted peca deliberadamente, cuando podría haber optado por no hacerlo, entonces usted está traicionando su búsqueda sincera de Dios; y usted puede esperar recibir poco o nada de ayuda, hasta que muestre una verdadera intención de apartarse del mal del cual usted puede apartarse. Dedíquese a librarse de sus pecados de una vez y para siempre, por medio de la gracia de Dios que le salvará completamente de sus pecados.

De la Palabra del Señor en el interior: "Aléjate del mal lo mejor que puedas y pon tu vista en el cielo." Entonces, a medida que espera en Dios, el Señor ordenará su arrepentimiento adicional y le mostrará más de cuáles son sus pecados. A menos que usted esté de acuerdo* con los cargos de Dios por sus pecados y después los abandone, (se arrepienta, y los deje de hacer), no hay perdón. "Si no negamos nuestros pecados, [cuando él nos reprende], él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda injusticia; y la sangre de su Hijo Cristo Jesús nos limpia de todo pecado". 1 Juan 1:7,9; y ¡Si os arrepentís con mi reprensión: he aquí, derramaré mi espíritu sobre vosotros, os haré conocer mis palabras! Pro 1:23; y Jesús nos dijo que teníamos que arrepentirnos. Entonces, los prerequisitos del "perdón" de Dios son: 1) remordimiento* por su pecado, y 2) un arrepentimiento o abandono de ellos. Por lo tanto, si no se abandona el pecado (no hay arrepentimiento, no hay cambio de comportamiento) — ¡entonces no hay perdón!! De la Palabra del Señor en el interior: "Jesús no murió para que tú puedas continuar pecando. Si todavía estás pecando, tú perteneces al pecado y no a mí. A sus pies—sólo entonces yo perdonaré y disculparé —ven, como un niño.

* Tener remordimiento no es confesar. De la Palabra del Señor en el interior: "Mis verdaderos amigos no se preocupan del confesional; no tomes tiempo cuando recibas una visión clara." Cuando la luz le muestre claramente alguna práctica o deseo en su corazón, usted puede pensar que necesita comenzar a disculparse o a confesar el pecado que se le ha mostrado; pero eso sólo lo alejará de la luz e inhibirá su progreso. Es suficiente que usted no niegue que lo que ve es verdad, y el Señor sabe que usted cree que lo que él le está mostrando es cierto sin que usted tome tiempo para confesar; él notará su remordimiento sin que se forme ni un sólo pensamiento en palabras.

Sí, Jesús murió por sus pecados; él murió por los pecados de todo el mundo. Él murió para que usted pueda estar reconciliado con Dios, pero para estar reconciliado con Dios usted tiene que llegar a estar libre de todo pecado, ser puro, y ser santo; y a menos que usted vaya a Jesús para sentarse en humilde silencio a medida que usted espera en Él, escuchando y velando, usted ni siquiera estará consciente de muchas cosas que usted hace que son pecado y deben ser dejadas. Esta acción de sentarse y esperar en Él para que Él le hable a usted es parte de llevar su cruz, y cuando usted obedece lo que él le ordena a cesar de hacer, usted está negando su propia voluntad y siguiendo a Jesús; esta es la cruz interna de la negación propia. Si usted no le cree a Él o lo que Él le muestra que es pecado, usted no es perdonado. Si usted le cree a Jesús y se arrepiente, usted obtiene el poder para cambiar con su mejor esfuerzo; y el deseo por ese pecado se desvanecerá hasta llegar a ser nada con el tiempo. Sin embargo, si usted entonces deliberadamente vuelve a cometer ese pecado otra vez, usted no es perdonado; y será mucho más difícil arrepentirse de ese pecado la segunda vez.

La doctrina del cristianismo con respecto a la falsa gracia ha fomentado el perdón imaginario sin arrepentimiento y entonces estas distorsiones hechas por el hombre alientan una repetición continua del pecado deliberado en sus miembros, lo cual resulta en su gran destrucción. El Señor describe esta repetición del pecado — sacramentos, pecado otra vez — sacramentos otra vez,...... como una conflagración: un gran fuego o gran destrucción. De la Palabra del Señor en el interior:

Las iglesias han llegado a ser el campo de batalla para la simiente de Dios. Este pecado deliberado, perdón, pecado deliberado, perdón, .... crucifica al Hijo de Dios dentro de ellos. Sin embargo, antes de que ellos han destruido su conciencia a través del pecado repetido, ellos todavía pueden oír y posiblemente estar motivados a renovar sus esfuerzos para ejercitar su fe; pero por cada acto de desobediencia que ellos cometen, después de estar convencidos de algún pecado en particular en la luz, ellos deben primero efectuar el mismo número de actos de obediencia antes que ese pecado sea quitado de sus corazones. De la Palabra del Señor en el interior: "Cuando la luz te muestra algo que debes hacer, todo acto de desobediencia debe ser quitado por un acto de obediencia. Cualquier cosa que tú superes y después vuelvas a ello, es mucho más difícil de superar la segunda vez."

2 Aún los demonios llamaron a Jesús "Hijo del Dios Altísimo," postrándose a sus pies, y rogándole que tuviera misericordia. Lucas 8:28,4:41,Mar 5:7,3:11,Mat 8:29. De modo que "creer" que Jesús es el Hijo de Dios, o "decir" que él es el Hijo de Dios, no resulta en la salvación. Santiago dijo: Tú crees que Dios es uno. Bien haces. También los demonios creen y tiemblan. Santiago 2:19.

Note que Jesús en Juan 3:16 no dice si usted cree que Jesús es el Hijo de Dios, él dice si usted cree en él, (simplemente le cree). Hay una gran diferencia: 1) un asentimiento mental de que Jesús el el Hijo versus 2) creer que él manda y aconseja — lo suficiente para obedecerle. Él nos manda a buscar como nuestra primera prioridad el reino de Dios y su justiciaser perfectos — para dar la otra mejilla, venir a él, oírle, y obedecerle — para negarse a sí mismo y llevar su cruz diariamente y para arrepentirse o perecer. Los demonios creen que Jesús es el Hijo de Dios, pero ellos no le obedecen — ellos le desobedecen. La Biblia Amplificada nos da un entendimiento más profundo: el que cree en (confía, se aferra, cuanta con) Él. ¿Obedece usted los mandatos de Jesús, o es como los demonios, que creen que él es el Hijo de Dios resucitado de los muertos, pero desobedecen sus mandatos?

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