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Mateo 9:17

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 17 Tampoco echan vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rompen, el vino se derrama, y los odres se echan a perder. Más bien, echan vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan.1

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1 Tampoco echan vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rompen, el vino se derrama, y los odres se echan a perder. Más bien, echan vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan. El odre es el corazón del hombre; el corazón en el cuerpo es el templo de Dios. A menos que el corazón y el cuerpo del hombre haya sido purificados del mal por medio del arrepentimiento en la cruz interna de la negación propia, el corazón no puede contener al Espíritu de Dios; el Espíritu se perdería porque los malos deseos del hombre combatirían con el Espírtu de Dios y causarían que disminuyera. Además, el hombre que no ha sido purificado primero sobre la cruz, perecería en la presencia de Dios porque sólo le justo con dificultad se salva a medida que el Señor los arrebata del fuego por el que debe pasar cada hombre; la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios. Dios debe darnos un corazón nuevo, que puede sostener al nuevo Espíritu.

Como Jesús dijo en Lucas 5:39, Ninguno que bebe el vino añejo inmediatamente quiere el vino nuevo, porque dice: "El vino añejo es lo mejor." Si el pecador primero no ha purgado lentamente los pecados de su corazón, mientras aprende a odiar todo el mal, incluso si ese pecador fuera trasladado al cielo, no sería feliz porque no podría continuar con todas sus antiguas adicciones. El hombre debe crucificar sus pasiones y afectos en la cruz interna de la negación propia antes de que pueda disfrutar de la comunión en los cielos.

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