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Números 16:1-3,31-35

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 1 Coré hijo de Izjar, hijo de Cohat, hijo de Leví; Datán y Abiram, hijos de Eliab, y On hijo de Pelet, hijos de Rubén, tomaron gente

 2 y se levantaron contra Moisés, junto con 250 hombres de los hijos de Israel, dirigentes de la congregación, nombrados de la asamblea y hombres de renombre.

 3 Ellos se juntaron contra Moisés y contra Aarón, y les dijeron: --¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y Jehovah está en medio de ellos. ¿Por qué, pues, os enaltecéis vosotros sobre la asamblea de Jehovah?1

 31 Aconteció que al acabar él de hablar todas estas palabras, se rompió la tierra que estaba debajo de ellos.

 32 La tierra abrió su boca y se los tragó a ellos, a sus familias y a todos los hombres que eran de Coré, junto con todos sus bienes.

 33 Ellos con todo lo que tenían descendieron vivos al Seol. La tierra los cubrió, y perecieron en medio de la asamblea.

 34 Y todo Israel, los que estaban a su alrededor, huyeron al grito de ellos, porque decían: "¡No sea que la tierra nos trague a nosotros también!"

 35 Después salió fuego de parte de Jehovah y consumió a los 250 hombres que ofrecían el incienso.

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1 Los rebeldes le dijeron a Moisés: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y Jehovah está en medio de ellos. ¿Por qué, pues, os enaltecéis vosotros sobre la asamblea de Jehovah? Este es el clásico error: asumir que todos son iguales en el Señor. Recuerde que Miriam y Aarón ya habían sido reprendidos severamente, Miriam incluso se enfermó de lepra, por desafiar a Moisés. Ahora los líderes de las tribus estaba desafiando a Moisés. Su razonamiento erróneo era: todos somos santos, todos somos iguales, y el Señor está entre todos nosotros. Este es el error de la presunción: yo soy igual de cristiano que Jorge; y el error de la envidia: ¿quién piensa él (un líder verdadero) que es, diciéndonos que no pequemos?

Las personas diferentes tienen medidas diferentes del Espíritu de Cristo, no todos son iguales. Asimismo vosotros, jóvenes, estad sujetos a los ancianos, 1 Ped 5:5-6 [pero sólo si ellos muestran una obvia madurez espiritual y están capacitados para ser un ancianos; Pedro le estaba escribiendo a grupos que tenían ancianos espirituales auténticos]. Sí, y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque:
Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo. 1 Pedro 5:5-6
. Sólo hay un rey, y es Cristo para todos; pero entre sus súbditos, no todos tienen los mismos dones, autoridad, o responsabilidad. Como dijo otro gran hombre digno del Señor, Isaac Penington:

Y, amigos, ustedes que son débiles, bendigan a Dios por los fuertes; ustedes que tienen la necesidad de un pilar para apoyarse sobre él, bendigan a Dios, que él ha proveído pilares en su casa; y, en el temor y la guía de su Espíritu, hagan uso de estos pilares; quienes son fieles, y tienen la habilidad de Dios, en su poder y gloriosa presencia con ellos, para ayudarle a sostener su edificio, aún cuando ellos tenían la habilidad del Señor para unirse con él. Aquel que desprecia al que es enviado, desprecia al que lo envió; y el que subestima cualquier don, oficio u obra, que Dios le a otorgado a alguna persona, desprecia la sabiduría y disposición del Dador. ¿Son todos padres? ¿Han todos vencido al enemigo? ¿Han crecido todos en la vida? ¿Son todos estrellas en el firmamento del poder de Dios? ¿Ha hecho Dios a todos iguales? ¿No están todos en estados diferentes, grados diferentes, crecimientos diferentes, lugares diferentes, etc.?

Entonces, si Dios ha hecho una diferencia, y ha dado grados diferentes de vida, y dones diferentes, de acuerdo con su voluntad; ¿qué sabiduría y espíritu es ese, que no reconoce esto, sino que los hace a todos iguales? ¡Oh mis amigos! Teman ante el Señor; honren al Señor en su venida, y la diferencia que él ha hecho entre los hijos de los hombres, y entre su pueblo. Él nos dio los profetas de antaño, y el resto de la gente no eran iguales a ellos. Él nos dio evangelistas, apóstoles, pastores, maestros, etc., y los otros miembros de las iglesias no eran iguales a ellos. Él nos ha dado padres y ancianos ahora, y los niños y jóvenes no son iguales a ellos. Así es, en verdad, con el Señor; y lo que es de Dios en ustedes lo reconocerá.

Por lo tanto, tengan todos cuidado de sentir y saber cuál es su propio lugar y servicio en el cuerpo, y ser sensibles a los dones, lugares y servicios de otros; para que el Señor pueda ser honrado en todos, y todos sean tenidos y honrados en el Señor, y no de otra manera.

William Caton, un joven ministro cristiano, se estaba lamentando por su pequeña estatura en Cristo, comparado con algunos cuáqueros mayores dignos que él había observado, cuando el Señor le dio este clásico entendimiento:

El Señor me mostró que a aquellos que tenían mucho, no les quedaba nada; y a los que tenían poco, no les faltaba nada — así como fue con los israelitas de antaño. Porque los hermanos que eran sabios y eminentes, que habían recibido mucho del Señor, notaron que se requería mucho más de ellos; de manera que de todo lo que ellos tenían, no les quedaba nada aparte de lo que debían utilizar en la obra y el servicio de Dios.

Otra manera de ver estas medidas diferentes de Cristo es la siguiente: no importa el cuerpo y el cerebro que tengamos, no importa el conocimiento que tengamos de Dios, no importa la sabiduría que tengamos — todo lo recibimos de nuestro creador — y son de él para que los emplee en su servicio como él considere apropiado. Por lo tanto, no hay nada de qué orgullecerse, y no hay nada de qué sentirse deficiente, porque todos somos sólo herramientas en las manos de Dios para que él las pueda usar de la mejor manera. El gozo es ser obediente a su perfecta voluntad, sea lo que sea que él haya escogido para nosotros — que es perfecto, porque viene de la mente perfecta, de la sabiduría perfecta, y del amor perfecto. Y cuando estamos en la unidad del Espíritu, no hay envidia, no hay sentimiento de superioridad o inferioridad; porque todos somos uno, nuestros corazones están entretejidos en el amor, un Espíritu, un cuerpo de Cristo. Si son del mismo cuerpo, ¿cómo puede el brazo resentir al cuerpo, o la mano tener envidia del pie?

No cometan el error de asumir que Pablo, Pedro, Santiago, Juan, o Judas estaban de alguna manera equivocados en sus entendimientos (como Martín Lutero que pensaba que la carta de Santiago no tenía valor; sospechaba de Judas, Ester, y Hebreos; y descartó completamente el Apocalipsis — todo porque sus escritos no apoyaban sus opiniones doctrinales, particularmente acerca de que la fe es la única cosa necesaria, sin ninguna obra de la ley inspirada por Dios).

Ni tampoco cometan el error de asumir que Jorge Fox, William Penn, Isaac Penington, Santiago Parnell, Margarita Fox, Jorge Whitehead, William Dewsbury, Esteban Crisp, Ambrose Rigge, Eduardo Burrough, y Francis Howgill eran imperfectos o que estaban equivocados en sus entendimientos doctrinales; o, como fueron acusados por los cuáqueros posteriores, que eran fanáticos engañados. Un prominente cuáquero conservador (quienes se enorgullecen de ser como los originales) me dijo: "¿Qué tenía Jorge Fox que yo no tengo?" Cuando le respondí "perfección," esta persona dijo: "no me digas eso, aún Pedro negó a Cristo tres veces." En un estado de gran sorpresa, yo le dije: "pero eso fue antes que él hubiera recibido poder del Espíritu Santo en el Pentecostés." La persona respondió: "Oh, ¿acaso eso hace una diferencia?"

Tengan cuidado porque una de las mejores armas de Satanás en contra de cualquier creyente es la tentación de predicar antes de ser específicamente perfeccionado, restaurado y autorizado por Cristo; y de que el Espíritu Santo le diga a esa persona exactamente qué hacer y cuándo hacerlo — y de poder hablar con las palabras recibidas del Espíritu Santo, no las palabras que vienen de la mente carnal, que es enemistad contra Dios. Si usted predica con la mente carnal, sus enseñanzas y predicaciones no sólo son ineficaces, sino que están equivocadas y por lo tanto usted se condena a sí mismo, por lo menos por causa de aquello que es su propio retraso espiritual.

No importa por cuánto tiempo usted haya sido un creyente, no deje que su ambición y orgullo le venzan por medio de peleas y disputas. Se paciente y espere que Cristo le enseñe, le cambie, y le de entendimiento. Si el Espíritu Santo le dice claramente (no por sentimiento, opinión, especulación, una carga, un llamado, una puerta abierta, o una emoción), que declare algo específico, entonces por supuesto hágalo — sólo eso, y después regrese al silencio.

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