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Números 21:5-9

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 5 y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés, diciendo: --¿Por qué nos has hecho subir de Egipto para morir en el desierto? Porque no hay pan, ni hay agua, y nuestra alma está hastiada de esta comida [maná] miserable [ligera, insostenible].

 6 Entonces Jehovah envió entre el pueblo serpientes ardientes, las cuales mordían al pueblo, y murió mucha gente de Israel.1

 7 Y el pueblo fue a Moisés diciendo: --Hemos pecado al haber hablado contra Jehovah y contra ti. Ruega a Jehovah que quite de nosotros las serpientes. Y Moisés oró por el pueblo.

 8 Entonces Jehovah dijo a Moisés: --Hazte una serpiente ardiente y ponla sobre un asta. Y sucederá que cualquiera que sea mordido y la mire, vivirá.

 9 Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y sucedía que cuando alguna serpiente mordía a alguno, si éste miraba a la serpiente de bronce, vivía.

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1 Del libro de Juan: Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que cree [depende, confía, obedece] en él tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree [depende, confía, obedece] no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

Mientras iban a la tierra prometida, ellos se quejaron, y pecaron. De modo que el Señor envió serpientes ardientes entre ellos. El pueblo le pidió a Moisés que orara para que el Señor se las llevara. Pero eso no fue lo que hizo el Señor. Él le dijo a Moisés que preparara una serpiente ardiente y que la pusiera en un asta, para que todos los que fueran mordidos la pudieran mirar, y no murieran. Entienda lo siguiente: las serpientes no fueron quitadas; ellos todavía estaban siendo mordidos por las serpientes a medida que andaban en el desierto, buscando la tierra prometida, su salvación física. Ellos fueron mordidos, pero no murieron, mientras que continuaran mirando la serpiente de bronce sobre el asta.

Por lo tanto, a medida que buscamos la tierra prometida, (el reino de los cielos que está dentro y alrededor de nosotros, nuestra prioridad más importante en la vida) continuaremos pecando, hasta que seamos puros. Parte de esta caminata es el sufrimiento sobrenatural. Somos afligidos con pruebas y tribulaciones ardientes. Cuando suceden estas aflicciones, nuestra naturaleza pecaminosa incluso se enoja y se queja. Como los israelitas, nosotros creemos que somos castigados injustamente con agua de angustia y pan de congoja, los cuales odiamos; y así pecamos en contra de Dios. Somos tentados a darnos por vencidos, a dejar la caminata. Pero si mantenemos nuestro ojo espiritual en el ejemplo de Jesús sufriendo sobre la cruz, y lo que pagó sobre la cruz, continuaremos y no moriremos espiritualmente en el desierto. Y mientras buscamos, muestro camino por el desierto no es sólo seco y sin comida, sino que también incluye sufrimiento, porque debemos participar en sus sufrimientos para llegar al reino del cielo, el final de nuestra caminata. Esta es la cruz de Cristo, en la que debemos seguir buscando, para que sepamos cuales son nuestros sufrimientos y podamos aliviarlos. Por lo tanto, mientras pecamos y sufrimos en el desierto si creemos a Jesús, que murió por nosotros en la cruz, no pereceremos, sino que moriremos al yo carnal, estaremos en unión con Dios, y entraremos en el reino de los cielos, y tendremos vida eterna como hijos de Dios.

No os sorprendáis por el fuego que arde entre vosotros para poneros a prueba, como si os aconteciera cosa extraña. Antes bien, gozaos a medida que participáis de las aflicciones de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con regocijo. 1 Pedro 4:12-13.

Pablo estaba estableciendo y fortaleciendo las almas y los corazones de los discípulos, exhortándoles a perseverar fieles en la fe. Les decían: "Es preciso que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios." Hechos 14:22-23.

Pues para esto fuisteis llamados, porque también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas. 1 Ped 2:21

Si morimos con él, también viviremos con él. Si perseveramos, también reinaremos con él. 2 Tim 2:11-12

Puesto que Cristo ha padecido en la carne, armaos también vosotros con la misma actitud. Porque el que ha padecido en la carne ha roto con el pecado,
para vivir el tiempo que le queda en la carne, no en las pasiones de los hombres, sino en la voluntad de Dios. 1 Ped 4:1-2


porque los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado la carne [la naturaleza pecaminosa] con sus pasiones y deseos [concupiscencias y afectos]. Gál 5:24.

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