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Apocalipsis 14:3-5

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 3 Ellos cantan un himno nuevo delante del trono y en presencia de los cuatro seres vivientes y de los ancianos. Nadie podía aprender el himno, sino sólo los 144.000, (los ciento cuarenta y cuatro mil), quienes habían sido redimidos de la tierra.

 4 Éstos son los que no se contaminan con mujeres, pues son castos. Éstos son los que siguen [en obediencia] al Cordero por dondequiera que vaya [lo que sea que él mande]. Éstos fueron redimidos de entre toda la humanidad [todos los hombres y mujeres], primicias para Dios y para el Cordero. [Todo hombre heterosexual es contaminado por mujeres hasta que el Señor limpia su corazón de todo deseo e inmoralidad sexual, para que así llegue a ser virgen otra vez. De acuerdo con la Palabra del Señor en el interior esas vírgenes son: "hombres o mujeres que han vencido su deseo por el sexo. Los deseos sexuales pueden ser vencidos". En el cielo no hay matrimonio ni dando en el matrimonio, no hay machos ni hembras; todos son hijos de Dios y todos son como los ángeles de Dios.]

 5 Y en sus bocas no se halló engaño; pues son sin mancha delante del trono de Dios.1

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1 Los 144,000 fueron redimidos de entre toda la humanidad [todos los hombres y mujeres] de la tierra como las primicias de Dios. Ellos no estaban contaminados con mujeres. Ellos eran esos que seguían el cordero dondequiera que va. Este versículo habla sólo de hombres "no contaminados", pero de acuerdo con la Palabra del Señor en el interior, esto es: "hombres o mujeres que han vencido su deseo por el sexo"; y la Palabra del Señor en el interior ha declarado además: "los deseos sexuales pueden ser vencidos". Esto se aplica tanto a los hombres como a las mujeres, tanto a los deseos heterosexuales como a los deseos homosexuales, siempre y cuando haya un compromiso ferviente de llegar a ser completamente libres de ellos) — pero, como Mat 19:11-12 declaran: "no todos son capaces de aceptar esta", (porque no creen para vencer deseos sexuales es posible). Piense espiritualmente: vírgenes no contaminados con mujeres, eran aquellos que han llegado a ser como niños, para entrar en el reino de los cielos. Ellos eran castos, habiendo sido hechos vírgenes castas por el espíritu; la lujuria había sido quitada, la contaminación de las mujeres había sido quitada. Ellos eran la novia sin mancha de Cristo. Lo más importante: ellos hacen morir las obras de la carne para llegar a ser hijos de Dios, guiados por el Espíritu de Dios, siguiendo en obediencia, adonde vaya [y cualquier cosa que mande] el Cordero hasta la perfección, sin mancha ante el trono de Dios. Estos son redimidos de la tierra. Ellos son de las tribus de Israel, porque llegaron a ser judíos espirituales, por la circuncisión del corazón: Es judío el que lo es en lo íntimo, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu y no en la letra. La alabanza del tal no proviene de los hombres, sino de Dios. Rom 2:29.

Jesús nos dijo en Mateo y Lucas que aquellos en el reino "no se casan, ni se dan en casamiento, sino que son como los ángeles de Dios en el cielo y son también son hijos de Dios". Entonces, no hay sexo en el reino de los cielos; y entonces, tus deseos sexuales deben ser eliminados para entrar al reino.

En los varios sermones de Esteban Crisp, quien fue uno de los primeros cuáqueros y quien habitó en el reino, él habló acerca de la necesidad de vencer los deseos sexuales, como se presenta a continuación:

La fe que queda corta de la santificación, y la redención del pecado, es la fe que Dios nunca le dio a su pueblo; vino de otro lugar hacia el mundo, y ha cautivado a la mayoría de los hijos e hijas de los hombres, y ellos han expulsado la verdadera fe (tanto como está en ellos), esa fe salvadora que purifica y limpia a los hombres de pecado, y les da la victoria sobre el mundo, y tienen otra fe en su lugar; y ellos viven en sus pecados, y en su lujuria y deseos sexuales, y todavía permanecen en cautiverio.
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Déjenme decirles, hombres de gran sabiduría, valor y fortaleza, que los talentos más excelentes que algún hombre pueda tener, no pueden luchar en contra de su enemigo el diablo por medio de su propio poder; hay semillas de pecado, lujuria, y deseos sexuales que han sido sembradas en todos sus corazones; hasta ahora esta es una doctrina correcta y sólida, el que ningún hombre puede hacer nada por medio de su propio poder y fortaleza.
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Y cuando el hombre encuentra una asistencia divina así, su fe es fortalecida y confirmada, y así él pelea la buena batalla de la fe, y al final obtiene la victoria; victoria sobre su pecado, y su propia lujuria, y deseos sexuales, y victoria sobre los asaltos y tentaciones del adversario; y al final él llega, por medio de la gracia de Dios, a negar toda impiedad y deseos del mundo, y a vivir justa, sobria y piadosamente en este mundo presente.
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Porque mientras los hombres y las mujeres permanezcan en unidad con su lujuria y deseos sexuales, con el espíritu de este mundo y su camino, ellos no son capaces de recibir lo que debería llevarlos al camino de santidad; no, les parece a ellos que no pueden recibirlo porque están con ellos como con otros invitados.
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Que su súplica por lo tanto sea derramada hacia Dios, para dotarlos con el poder y la sabiduría para someter a todos sus enemigos espirituales, y conquistar sus deseos sexuales, y los deseos y afectos desordenados en sus propios corazones, para que ustedes puedan tomar la cruz de Cristo y seguirle como su gran modelo, y en su nombre, y por la ayuda y asistencia de su Santo Espíritu, ustedes puedan saber cómo superar todas las tentaciones.
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Muchos en nuestros días han puesto sus peticiones y oraciones a Dios, para que él les revele el estado y condición de sus almas. El Señor les ha contestado, y a pesar de toda la profesión que ellos han hecho en el pasado de su nombre, y de su fe en su Hijo Cristo Jesús, y de la obra de redención, sin embargo él les ha declarado: ustedes aún no están redimidos, ustedes aún están en sus pecados, y lujuria, y los deseos sexuales prevalecen sobre ustedes; todavía están en esclavitud.
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Ahora, si estos hijos de ira se reúnen con algo que los convence; si ellos son tocados y llegan a ser sensibles, entonces las coronas y diademas no son nada para ellos. Una persona tal dirá: "si soy un hijo de ira, un cautivo del pecado y mi propia lujuria y deseos sexuales, sin embargo por todo eso yo iré a una reunión religiosa, donde espero que la palabra de Dios sea predicada; espero encontrarme con algo allí que me hará bien; y tengo un deseo de poder ser trasladado fuera del estado natural, de ser un hijo de ira a ser llevado al reino de Dios...."

Pablo escribió en 1 Cor 7:5-7: No os neguéis el uno al otro, a menos que sea de acuerdo mutuo por algún tiempo, para que os dediquéis a la oración y volváis a uniros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia. Esto digo a modo de concesión, no como mandamiento. Más bien, quisiera que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don procedente de Dios: uno de cierta manera, y otro de otra manera. Hay un don de Dios para ser libres del deseo: y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que puede aceptar esto, que lo acepte. Mat 19:12. Para recibir este don de Dios, el hombre debe odiar apasionadamente sus deseos de los cuerpos de otras personas.

Cuando es recibido, usted es capaz de amar a su cónyuge como a un hermano en Cristo, porque en Cristo no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno, todos son hijos de Dios. Cualquier decisión para vivir como hermano y hermana, debe ser de consentimiento mutuo. Si uno de los esposos desea continuar las relaciones sexuales, el otro debe ceder, de acuerdo al principio del amor: el amor no busca lo suyo propio; porque el matrimonio es honroso para todos, y el lecho sin mancilla.

Es imposible vencer nuestros deseos sexuales hasta que una de las siguientes cosas suceda: 1) la persona (casada o no) llega a estar dolorosamente consciente de que sus deseos se aplican a las personas atractivas en general, y este conocimiento lo lleva a tener un fuerte deseo de deshacerse de ellos; o 2) al tener compasión por la debilidad del cónyuge de una persona que se ha comprometido a deshacerse de sus deseos sexuales por personas atractivas en general, que él o ella apoya entusiasmadamente los esfuerzos de su pareja, y este apoyo incluye el consentimiento de no tener relaciones de acuerdo a las instrucciones de Pablo en 1 Corintios 7:2,5-7.

Cualquier decisión para vivir como hermano y hermana, debe ser de consentimiento mutuo. Si uno de los esposos desea continuar las relaciones sexuales, el otro debe ceder, de acuerdo al principio del amor: el amor no busca lo suyo propio; porque el matrimonio es honroso para todos, y el lecho sin mancilla. Aun si la persona que está buscando es un no-creyente, o si la persona que está buscando está casado(a) con un creyente que no tiene interés en vencer sus deseos sexuales; si esa persona que está buscando verdaderamente desea vencer sus deseos sexuales, es posible con la ayuda del Señor (porque todo es posible para Dios). Sin embargo, las relaciones sexuales con la persona no interesada no se negarían ya que Pablo afirma firmemente que eso requiere consentimiento mutuo; en ese caso la participación en las relaciones sexuales de la persona que está buscando sería un acto de sumisión o deferencia a su cónyuge.

Si usted, de forma independiente (sin consentimiento mutuo), se abstiene de tener relaciones sexuales con su cónyuge, corre el riesgo de un aislamiento mayor con su cónyuge. Al diablo le encantaría crear una relación hostil en su matrimonio, destruyendo su paz y confianza, incluso posiblemente su matrimonio. En mi experiencia yo nunca oí al Señor sugerir que dejara de tener relaciones sexuales; y no pienso que usted lo oirá tampoco porque yo sé, basándome en sus mensajes hacia mi, que él quiere que nos cansemos tanto de nuestras debilidades que nosotros mismos decidiremos hacer algo acerca de ello. Mi motivación fue simple — el deseo por cualquier mujer atractiva que yo conocía era adulterio, y tenía que ser vencido para poder entrar en el reino. (En el cielo no hay casamiento ni dar en casamiento, no hay hombres ni mujeres, todos son hijos de Dios, y todos son como los ángeles de Dios). Hubieron muchas instancias de abstinencia, regresando después de un tiempo a tener relaciones. La última vez mi esposa y yo habíamos acordado que había llegado el momento de cesar de tener relaciones sexuales; y cuando eso comenzó, el Señor entonces me animó a continuar esa abstinencia, y los deseos sexuales se desvanecieron en varios meses.

Cualquiera sea la motivación, vencer los deseos sexuales es un don del Señor, dado con el tiempo a aquellos que desesperadamente se quieren deshacer de ellos.

De la Palabra del Señor en el interior: "Los deseos sexuales pueden ser vencidos". Esto se aplica tanto a los hombres como a las mujeres, tanto a los deseos heterosexuales como a los deseos homosexuales, siempre y cuando haya un compromiso ferviente de llegar a ser completamente libres de ellos) — pero, como versículos, Mateo 19:11-12, declaran: "no todos son capaces de aceptar, (o creer), esta".

Judas 1:14 habla de la profecía de Enoc: "He aquí, el Señor ha venido en decenas de miles de sus santos;" en la cual decenas de miles significa por lo menos 20.000 pero es menos que cientos de miles, (menos de 200.000); este número, (en decenas de miles), de Judas es compatible con los 144.000 de este versículo.

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