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Romanos 7:1,4-6

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 1 Hermanos (hablo con los que conocen la ley), ¿ignoráis que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que vive? [Hasta que usted pierde su vida al crucificar su naturaleza pecaminosa, su mente carnal y su espíritu impío, usted todavía está bajo la ley; hasta entonces usted todavía está caminando en carne restringida; hasta entonces la ley es su tutor. Hasta que Cristo reemplace su naturaleza, mente, y espíritu con su para que tu naturaleza carnal esté muerta, usted está bajo la ley. Cuando Cristo controla sus pensamientos, palabras, y acciones, entonces la ley ya no tiene dominio sobre usted porque el "yo" egoísta ha muerto. Aún aquellos que no conocen ninguna ley, tienen la ley interna en sus corazones por la cual el hombre es juzgado y que tiene dominio sobre él hasta su muerte. De la Palabra del Señor en el interior: "A menos que tú seas testigo de que recibes la fe de parte de Cristo, estás bajo la ley. A menos que tú atestigües la ley cumplida en ti, estás bajo la ley."]

 4 De manera semejante, hermanos míos, vosotros también habéis muerto a la ley por medio del cuerpo viviente de Cristo en vosotros para que os podáis estar casado con otro y resucitados del muerto para llevar fruto para Dios.1 [Pablo se está dirigiendo a los creyentes que habían sido crucificado, (y por lo tanto habían muerto a la ley), quienes habían sido resucitado de los muertos con Cristo, la nueva criatura en novedad de vida. Cristo había aparecido en ellos y morado en ellos. Ellos habían recibido el fruto del Espíritu de parte de Cristo con la medida de fe que libera de la ley, habilitándolos para ya no caminar en la carne sino caminar según el Espíritu, a medida que él guiaba todas sus palabras y acciones; ellos habían alcanzado la primera etapa de la perfección. La traducción de este versículo ha sido típicamente torcida para decir que la muerte de Cristo y su resurrección hicieron que el creyente estuviera muerto a la ley, pero sólo estamos muertos a la ley por medio de la ley después que hemos sido crucificados y Él está morando en nosotros, controlándonos completamente, y Él está ordenando cada palabra que debemos hablar y cada acción que debemos hacer. A pesar de que la sangre de Cristo hizo a la ley mosaica obsoleta, la ley interna en el corazón de todo hombre todavía está viva, nunca cancelada (y esta ley interna incluye el centro moral de la ley mosaica); y para ser liberado de la ley, por medio de la cual todos los hombres serán juzgados, usted se debe someter a Dios, condenando el pecado en su carne, con los mandatos que usted oye cuando lo espera a Él; y esos mandatos están establecidos como leyes adicionales en su corazón, en el cual están todas las leyes usted debe obedecer y continuar obedeciendo hasta que usted haya sido completamente crucificado, para entonces caminar en amor y libertad bajo ninguna ley.]

 5 Porque mientras vivíamos en la carne, las pasiones pecaminosas, (el mal establecido por la ley), actuaban en nuestros miembros, a fin de llevar fruto para muerte. [Todos somos árboles con fruto corrupto, (adulterio, inmoralidad sexual, impureza, desenfreno, idolatría [codicia], hechicería, odio, peleas, celos, ira, egoísmo, disensiones, envidia, homicidios, borracheras, fiestas, etc.), al comenzar; pero debemos ser cambiados mientras estemos vivos en la tierra para producir buen fruto. El cristianismo quisiera que usted simplemente calificara el árbol malo como bueno, que todavía produce fruto corrupto; pero tales árboles serán cortados y echados al fuego, sin importar la etiqueta que se les ponga. La ley no causa que uno peque; la ley ajusta, regula, y frena el pecado.]

 6 Pero ahora, habiendo muerto a lo que nos tenía sujetos [el pecado], hemos sido liberados de la ley, para que sirvamos en lo nuevo del Espíritu y no en lo antiguo de la letra.2 [¡Tome nota! Pablo habla de haber muerto a la ley por medio de la ley. Las leyes morales sólo terminan cuando el espíritu egoísta del hombre ha sido crucificado en la cruz interna de la negación propia, y Cristo Jesús ha resucitado en él para controlar completamente sus pensamientos, palabras, y acciones con la Ley del Espíritu de la Vida. Vea la nota de Rom 3:28 para más información acerca de por qué la ley interna, en su corazón, la cual incluye el centro moral de la ley antigua, y es su tutor hasta que sus pensamientos, y palabras y acciones están bajo el control completo del Espíritu Santo. De la Palabra de Dios en el interior, con respecto a la novedad de vida: "La nueva vida es tan radicalmente diferente como un hombre que ha vivido en un subterráneo toda su vida, que de repente sale a la superficie para ver el sol, el cielo, las plantas, los animales, el viento, las estrellas." ¡Tome nota! Pablo había muerto a la ley por medio de la ley y fue liberado de la ley; él ya no servía al pecado. Él cumplió y estableció la ley.]

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2 Pero ahora, habiendo muerto a lo que nos tenía sujetos, hemos sido liberados de la ley, para que sirvamos en lo nuevo del Espíritu y no en lo antiguo de la letra. Pablo le está hablando a aquellos que han hecho morir su naturaleza pecaminosa, quienes por lo tanto han sido liberados de la ley, (aún la ley interna). De modo que estos creyentes ahora están sirviendo de acuerdo a la inspiración del Espíritu de Dios, en vez de servir de acuerdo a las regulaciones de la letra (la ley). Cuando el hombre habla de acuerdo a las reglas escritas, camina de acuerdo a la letra, no al Espíritu. Pablo también dijo que eran ministros capaces del nuevo pacto; no de la letra, sino del Espíritu. Porque la letra mata, pero el Espíritu vivifica. 2 Cor 3:6. Jesús nos dice que sus palabras habladas son espíritu y son vida, y por lo tanto las palabras que oímos de él imparten vida. Juan 6:63. Pablo nos dice de qué Palabras nos hablan tanto Pablo como Jesús: Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Ésta es la palabra de fe que predicamos. Rom 10:8.

Pablo dice que la obediencia a la ley interna, que incluye el centro moral de la obsoleta ley mosaica e incluye los mandatos que usted oye de parte del Espíritu para arrepentirse, es necesaria hasta que usted sea totalmente guiado por el Espíritu de Dios:

Jorge Fox escribió acerca de cómo una persona muere a la ley por medio de la ley y de esta transición del tutor de la ley, hacia el Espíritu de Cristo, en su diario.

La ley del espíritu se cruza con la mente, el espíritu y la voluntad carnal, los cuales viven en desobediencia, y no están dentro de la ley del espíritu. Vi que esta ley era el amor puro de Dios que estaba sobre mí, y por el cual debo pasar, aunque fui afligido mientras estaba bajo ella; porque no podía estar muerto a la ley sino a través de la ley, la cual juzgó y condenó aquello que debe ser condenado. Vi que muchos hablaban de la ley, quienes no habían hecho de la ley su tutor; y muchos hablaban del evangelio de Cristo, quienes nunca conocieron la luz y la inmortalidad en ellos que es traída por la luz. Usted que ha estado bajo este maestro, y la condenación de esta ley, sabe estas cosas; porque aunque el Señor en ese día abrió estas cosas a mi por revelación por manera secreta, desde entonces han sido publicadas por su espíritu eterno, como si estuvieran sobre el techo de una casa. Y a medida que usted es llevado a la ley, y a través de la ley para morir a ella, y ser testigo de la justicia de la ley cumple en usted, usted después llegará a conocer lo que debe ser llevado hacia la fe, y por la fe desde abajo de la ley; y permaneciendo en la fe, cuyo autor es Cristo, y usted tendrá paz y acceso a Dios. Pero si usted aparta su mirada de la fe, y de las cosas que le darán la victoria, y pone su mirada sobre las cosas y palabras carnales [hablar sus propias palabras], usted estará otra vez en el cautiverio de la carne, y en la ley que se agarra de la carne y el pecado, y obra la ira divina, y las obras de la carne aparecerán otra vez. La ley de Dios se agarra de la ley del pecado y la muerte; pero la ley de la fe, o la ley del espíritu de vida, que es el amor de Dios, y que viene de Jesús, (quien es el fin de la ley por causa de la justicia), lo hace a usted libre de la ley del pecado y la muerte. Los hombres de mente carnal no conocen esta ley de la vida; pero, aún así, ellos le tentarán para alejarlo del espíritu hacia la carne, y de esa manera hacia el cautiverio. Por lo tanto usted que conoce el amor de Dios, y la ley del espíritu, y la libertad que se encuentra en Jesucristo, manténgase firme en él. Manténgase en la fe divina, el autor de la cual es Él, y no se enrede con el yugo de la esclavitud. Porque el ministerio de Cristo Jesús y sus enseñanzas traen libertad; pero el ministerio que es del hombre, y por el hombre, que se encuentra en la voluntad del hombre, lleva a la esclavitud, y a estar bajo la sombra de la muerte y la oscuridad. Por lo tanto nadie puede ser ministro de Cristo Jesús si no están en el espíritu eterno, que existía antes que las escrituras fueran dadas; porque si no tienen este espíritu, no son de él. Aunque tengan su luz para condenar a aquellos que la odian, no pueden llevar a nadie a la unidad y el compañerismo con el espíritu, a menos que ellos estén en él; porque la semilla de Dios es una carga pesada para la voluntad egoísta, carnal y terrenal, que reina en su propio conocimiento y entendimiento que debe perecer, y su propia sabiduría que es diabólica. El espíritu de Dios es apenado, irritado, y apagado con aquello que lleva a la esclavitud carnal; y aquello que batalla contra el espíritu de Dios debe ser mortificado por el espíritu; porque la carne tiene deseos contra el espíritu, y el espíritu contra la carne, y éstos son contrarios el uno al otro. La carne quisiera su libertad, y el espíritu quisiera su libertad; pero el espíritu tiene su libertad, y la carne no. Por lo tanto si usted apaga el espíritu, se une a la carne, y se hace esclavo de ella, entonces usted es juzgado y atormentado por el espíritu; pero si usted se une al espíritu, y sirve a Dios en el espíritu, usted tiene libertad y victoria sobre la carne y sus obras.

Mientras esperas en Dios, los mandatos que requieren tu arrepentimiento que escuchas del Espíritu son nuevas leyes del nuevo pacto, escritas en tu corazón:

Porque éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor.
Pondré mis leyes en la mente de ellos y en sus corazones las inscribiré. Heb 8:10

Las palabras que nos habla son espíritu y vida, impartiéndonos la vida de Dios a medida que sus palabras habladas se injertan en nuestro corazón, Juan 6:63, Santiago 1:21. Estas palabras son enseñanzas y mandatos; esos mandatos que requieren nuestro arrepentimiento se convierten en leyes que él pone en nuestra mente y las escribe en nuestro corazón. Cada ley que recibe se agrega a la ley interna en tu corazón. De la Palabra del Señor en el interior: "Cuando hayas escuchado las palabras muertas en la Biblia y las recuerdes, presta atención a lo que se dice; siempre obediente a Sus mandatos. Debes obedecer todas las leyes que el Espíritu establece". Cuando obedeces los mandatos de arrepentirte, por gracia Él entonces quita de su corazón incluso el deseo por ese pecado. Este proceso es repetido, primero con tus acciones, luego con tus palabras, y luego con tus pensamientos; hasta que usted hayas crucificado tu mente carnal y tu naturaleza pecaminosa — este es como se mueres a la ley a través de la ley.

Hasta que usted ser testigo de la justicia de la ley cumple en usted, usted debe esforzarse para obedecer la ley interna que incluye el centro moral de la ley externa. Hermanos (hablo con los que conocen la ley), ¿ignoráis que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que vive. Rom 7:1. La ley sólo termina cuando el espíritu egoísta del hombre ha sido crucificado en la cruz interna de la negación propia, y Cristo Jesús ha resucitado en él para controlar completamente sus pensamientos, palabras, y acciones con la Ley del Espíritu de la Vida. De la Palabra del Señor en el interior: "A menos que tú seas testigo de que recibes la fe de parte de Cristo, estás bajo la ley." La fe que nos libera de la ley viene cuando recibimos el fruto del Espíritu, en contra del cual no hay ley. Gál 5:22-23, el cual es el don de Dios y por revelación es proveído por Jesús mismo. Las leyes morales todavía se aplican, las cuales son: ama a tu prójimo como te amas a ti mismo; no robar; no cometer adulterio; no mentir; no codiciar; no matar; y honrar a tu padre y a tu madre; etc.

William Dewsbury explica, además, la ley sobre el corazón:

Por lo tanto, cada uno que desee conocer el único y verdadero Dios y a Jesucristo a quien él ha enviado, lleven sus mentes hacia el interior, y examinen sus corazones, busquen y prueben sus caminos con la luz de Cristo Jesús que los ha iluminado a todos ustedes, que les muestra lo que es pecado en sus corazones, y que el orgullo y la codicia, el mentir y el jurar, la disimulación y el fraude, las conversaciones vanas y ociosas, las bromas necias y la incredulidad, son pecados. Ustedes saben en sus propias conciencias que estas cosas son pecados, por la ley justa de Dios en el corazón, que los reprende por ellos en secreto.

De la Palabra del Señor en el interior: "No hay leyes cuando se está bajo el control completo del espíritu; uno camina en amor en obediencia de la manera que el Señor se lo ordena — uno no camina en la carne restringida."

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