La Cruz Perdida de la Pureza

 Quienes Somos |  Inicio |  Las Cartas |  El Diario | Biblia Comentada Bajar el sitio en español|


La vida de Esteban Crisp

Prefacio del editor del sitio

El texto en azul claro o azul claro “en negrita” se puede hacer clic para obtener la escritura correspondiente o detalles en los escritos.

Esteban Crisp (1628-1692) fue un eminente ministro cuáquero por treinta y cinco años, quien frecuentemente ministró en Holanda y Alemania además de Inglaterra y Escocia. Sus escritos tienen grandes detalles con respecto a su lucha de veinte años para encontrar la verdad, a medida que marchó a través de varias sectas deficientes y siguió volviendo al mundo en frustración, siempre con la Luz de Cristo recordándole de su continuo estado no redimido. Sus experiencias son tanto educacionales como alentadoras para cualquiera que busque la plenitud de Cristo. Él fue un ejemplo típico de un cuáquero de clase media, bien educado, diligente en los negocios, y que tenía una capacidad suficiente como para liberarse y viajar continuamente esparciendo la palabra de fe. Los ministros cuáqueros servían sin salario, y su manera de mantenerse consistía en fabricar "biaze", un material usado como imitación de fieltro verde para mesas de billar y como revestimiento para puertas de cuartos de servicio para amortiguar sonidos.

En su narración él omite o se salta ligeramente sus pruebas y dificultades, incluyendo la muerte de dos esposas, la muerte de sus hijos por causa de la plaga, y varios severos encarcelamientos. Sus escritos siempre eran cuidadosos de alentar y edificar a los débiles creyentes, y su fuerte fe realmente muestra eso: El amor soporta bajo cualquier cosa y todo lo que venga, siempre está listo para creer lo mejor de todos, sus esperanzas no se desvanecen bajo ninguna circunstancia, y soporta todo. 1 Cor 13:7. Él siempre alabó y agradeció al Señor por cualquier cosa que enfrentó, ya sea que el mundo lo considerara buena fortuna o calamidad.

William Tuke, el biógrafo de Crisp en el año 1825, nos da la siguiente descripción de su sujeto:

No es inusual con aquellos que escriben memorias de sí mismos, extenderse con mucha particularidad en aquellos eventos en su historia que son de poco interés para otros; y los editores de tales producciones tienen que ejercer más frecuentemente una amigable discreción en la omisión, que en la adición de esas circunstancias. Pero el bosquejo que Esteban Crisp ha dejado de su vida larga y laboriosa es principalmente la historia de su curso religioso — de los medios por los cuales él nos ha llevado al conocimiento de lo que él creyó que era Verdad — y de las labores en las cuales él estaba ocupado para su promoción. Él no nos ha dicho el nombre de sus padres, el período de su nacimiento, la manera de su educación, ni nos ha dado algún particular con respecto a su familia. Ni ha mencionado más de dos de las ocasiones en las cuales él sufrió encarcelamiento u otro sufrimiento, por su firme adhesión a los principios que él había adoptado, y que él tan celosamente defendía. Aquí hay una indicación de la verdadera grandeza de la mente que distingue a un héroe cristiano. Él está involucrado en un conflicto grande y arduo; y él olvida, en la importancia y gloria de su iniciativa, los pequeños incidentes que afligen principalmente su propia comodidad o distinción.

El relato muy sentido que él ha dado de su propia niñez ofrece un ejemplo sorprendente de impresiones religiosas tempranas, no de una clase temporal, sino ejerciendo de año a año una fuerte influencia en su conducta. El curso de sus reflexiones en una etapa muy temprana de su vida habla de un desarrollo inusual de la mente; y, cuando sólo tenía diez o doce años de edad, él parece haber entrado con seriedad en las discusiones religiosas de ese tiempo. Él dice que “iba con tanta diligencia y alegría a leer y escuchar sermones, como otros niños iban a sus juegos o deportes”.

No se sabe bien en qué profesión religiosa él fue educado; pero yo me inclino a pensar, debido a que él mencionó que supo de las reuniones de los separatistas cuando tenía diecisiete años, y de algunos otros pasajes de su Diario, que él fue criado en la profesión de la iglesia establecida [episcopal].

Al acercarse a la edad adulta, el amor al placer parece haber obtenido una ascendencia temporal y parcial en su mente; pero, durante una porción considerable de este período, él parece haberse dedicado celosamente al mejoramiento de su entendimiento mediante la lectura, y la observación de hombres y cosas. Por un tiempo, sin embargo, él dice que le agradó la compañía de hombres malvados. Después de dos o tres años de permanencia en este estado, fue llevado a lamentarse profundamente por la esclavitud y cautiverio del pecado, bajo el cual él obró; y estuvo dispuesto a hacer cualquier cosa que le permitiera vencer el mal.

Bajo estos sentimientos él parece haberse unido a los bautistas; y, aunque por un corto tiempo fue otra vez atraído a la compañía de los malvados, pronto regresó a sus búsquedas religiosas; y yo comprendí que fue durante este tiempo que él llegó a ser maestro de una congregación separada. Él todavía sentía que tenía una falta de poder, el cual no podía obtenerse con el cumplimiento de cualquier forma externa, ni por la mera realización de rituales religiosos.

Él todavía estaba sufriendo por la incapacidad de conquistar el pecado, cuando James Parnell, quien tenía 17 años de edad, visitó Colchester en 1655. Esteban Crisp en ese entonces tenía veintisiete años de edad. Del efecto que la predicación de este joven tuvo sobre él, y de la influencia de los principios que él fue entonces llevado a absorber, con los varios y profundos conflictos en los cuales su mente fue introducida, su propio diario provee una relación muy notable y conmovedora.

Es una circunstancia notable que se me permite mencionar aquí, que la Sociedad en los condados de Cambridge, Essex, Suffolk, y Norfolk, fue al principio iniciada y llegó a ser muy numerosa principalmente por medio de las labores de tres instrumentos, James Parnell, William Caton, y George Whitehead, ninguno de los cuales había alcanzado la edad de veinte años. Despreciados y perseguidos como lo fueron las personas que habían sostenido los principios que Esteban Crisp había ahora aceptado, él parece no haber vacilado al elegirlos a ellos, tan pronto como él creyó que ellos eran consistentes con la verdad, y calculado para promover su progreso en la justicia. Desde este período hasta su muerte, la firmeza de su carácter fue notable; y ninguna duda parece haber surgido en su mente con respecto a cuán correctos son los principios de la Sociedad de los Amigos, a la cual él se había entonces unido. Por unos pocos años él parece haber estado diligentemente comprometido en los asuntos de la Sociedad, cerca de su lugar de nacimiento; pero, aunque estaba muy ocupado en las ministraciones privadas tanto espirituales como temporales, no parece que él actuó en la capacidad de un ministerio público del evangelio hasta el año 1659, alrededor de cuatro años después de su convencimiento. En este período él creyó que era su deber visitar Escocia para dar testimonio, como él dice, "al nombre del Señor a esa nación de alta profesión."

A partir de este comienzo de sus labores públicas él estuvo dedicado con muy poco intervalo en la gran obra a la cual él había sido llamado; y pronto no estuvo detrás los principales obreros de ese día activo, en tratar de esparcir el conocimiento de Cristo, y de esa redención del poder del pecado en esta vida, que sólo puede ser alcanzada mediante un conocimiento experiencial con su Espíritu.

La causa en la cual él se había embarcado, y el curso de sus labores, lo expusieron a sufrimientos considerables. Joseph Besse lo menciona a él, entre muchos otros, como encarcelado en Essex entre 1656 y 1659. En el curso de su viaje a Escocia, mientras estaba ocupado en oración en la reunión en York, fue bajado violentamente y arrastrado hacia la calle por el alcalde de la ciudad.

Según su descripción de la iglesia de Escocia "él recibió muchos insultos groseros durante el curso de sus ministraciones públicas en ese país; y él menciona de manera particular el comportamiento de la gente en Balfceith, donde, él dice, "mientras más con disturbios los soldados parecían detener sus propósitos asesinos en contra de él, sus obras de maldad fueron más evidentes".

En el año 1661, Esteban Crisp fue sacado de una reunión a la cual había asistido en un hogar privado en Harwich, y encerrado en la cárcel, y el juez había escrito su orden de arresto antes de haberlo examinado. En el año siguiente, el alcalde de Colchester disolvió una reunión en la cual Esteban Crisp estaba presente, y lo envió a la cárcel. En 1663 él fue encarcelado otra vez en Colchester. No hay muchas dudas de que ese encarcelamiento fue por más de un año. En el año 1668 él fue encarcelado en Ipswich; la ocasión o duración no puedo determinar.

Él fue eminentemente útil para fortalecer y confirmar la infantil sociedad. Él parece haber visitado las reuniones de Amigos en cada parte de la nación; y el interés que él tomó en el bienestar de cada parte en particular — el discernimiento y juicio con el cual fue favorecido — y el espíritu de mansedumbre y caridad cristiana que acompañó su celo, lo llevó a ser muy altamente estimado, y a ser visto como un padre en la iglesia. Sus epístolas, algunas de las cuales fueron dirigidas a lugares o distritos particulares, y otras a Amigos en general, una pequeña parte de las cuales han sido impresas, lo exhiben sorprendentemente en este carácter pastoral; y tal vez no había ningún individuo, con la excepción de Jorge Fox, que tuviera sobre él una parte más grande del peso y de la carga de esa nueva sociedad que Esteban Crisp.

Sus sermones son algunos de los llamamientos más fuertes, directos y lógicos que yo he encontrado. Dirigidos particularmente a aquellos que estaban dentro de las filas de los cuáqueros y que no habían muerto en la cruz interna de la negación propia, ellas identifican claramente los errores de la complacencia, los peligros del enemigo, y las recompensas de la diligencia.

UN DIARIO DE LA VIDA DE ESTEBAN CRISP,

QUE NOS DAN UN INFORME DE SU CONVENCIMIENTO,

VIAJES, LABORES Y SUFRIMIENTOS, EN Y POR LA VERDAD

por Esteban Crisp

¡Oh! todos ustedes santos, y todos ustedes habitantes de la tierra, que el nombre de Jehová sea famoso entre ustedes, porque no hay Dios como él; y que sus misericordias y juicios sean recordados y registrados de generación a generación; porque su bondad es infinita, y su misericordia es indescriptible. Y aunque ningún hombre puede relatar completamente la misericordia que le es extendida, que todos los hombres testifiquen de su bondad, y declaren sus misericordias por lo cual él está atrayendo a los hijos de los hombres hacia sí mismo, y ganando y reuniendo otra vez a los esparcidos hacia el verdadero reposo. Por lo tanto David bien dijo "Y pienso: Mi tristeza es que haya cambio en la diestra del Altísimo. Me acuerdo de las obras de Jehovah; sí, me acuerdo de tus maravillas del pasado. Medito en todos tus hechos, y reflexiono en tus actos." Salmo 77:10-12. ¿Quién puede sentir su bondad, y participar de su amor, sin sentirse obligado a dar un testimonio de él? En el dulce recuerdo de sus muchas innumerables misericordias, yo estoy abrumado. Porque mi vida completa ha sido una serie continua de misericordia y bondad, y en todos mis días él ha sido mi sustentador. Cuando no lo conocía él estaba cerca de mi; sí, cuando yo me rebelé en contra de él, él no dejó de ser misericordioso; su pacto permaneció con su semilla, Cristo; y por su nombre él me perdonó. Su longanimidad y paciencia fueron extendidas hacia mí, de otra manera yo hubiera sido cortado en los días de mi pelea. Pero ¡oh!, bien puedo decir que él es un Dios clemente y misericordioso, lleno de compasión. ¡Oh! que su nombre sea proclamado hasta los confines de la tierra, y que los oídos de los paganos sean abiertos para oír el sonido de su adoración.

Ciertamente el Señor ha tenido un ojo de tierna compasión sobre mi, desde el día que él me formó, y me ha designado para su alabanza, y para testificar de su bondad. Porque tan pronto como puedo recordar, y tan pronto como fui capaz de entender, él me hizo entender aquello que no consentía con ningún mal, sino que estuvo en mi alma como un testigo en contra de toda maldad; y me mostró que no debería mentir, ni robar, ni ser obstinado, ni ser desobediente, sino que debería comportarme con mansedumbre y quietud, y poner la verdad ante mi, como mejor que la falsedad. Este mismo testigo, aún en los días de mi niñez, ministró paz y audacia cuando escuché su consejo; pero hubo una naturaleza contraria y una semilla en mi que era de este mundo, y no de Dios, que se inclinó al mal, y al camino y manera de este mundo malvado, como más que nada acomodando la mente carnal; y un ojo comenzó a abrirse en mi que vio lo que era aceptable en el hombre, en vez de lo que era agradable a Dios.

Y siendo ese ojo ministrado diariamente por los varios objetos, y ejemplos de vanidad, un deleite surgió en aquello que era impío, y mis sentidos llegaron a ser ejercitados con vanidad, por la cual la semilla pura fue oprimida y afligida día tras día, y comenzó a clamar en contra de mi; y la condenación comenzó a agitarse en mi, y entró el temor donde antes no había temor, y la inocencia pura se perdió. Y entonces, habiendo en cualquier momento hecho o hablado cualquier mal, la Luz [divina], o el principio puro en mi, me lo manifestó, y me mostró que yo no debía haber hecho eso. Sentí la condenación, la cual no sabía como escapar. Pero entonces el espíritu maligno que me llevó a transgredir siempre estuvo listo para ayudar en esta necesidad. A veces agitó la sutileza en mi, para argumentar una razón por lo que había hecho, o una provocación, o una buena intención, o algo más para negar, o por lo menos mitigar, la maldad de mi acción, y así cerrar la boca del testigo de Dios, y para ver si podía escapar la condenación del testigo de Dios y procurar mi propia paz.

¡Pero ay! esta era una ayuda miserable, porque la luz a menudo brillaba a través de todo esto, y reprimía mis razonamientos; y me mostró cuando yo no era más que un niño que en una razón pura que es de Dios no hay razón para ninguna maldad, no importa cuáles sean las provocaciones, tentaciones o ejemplos. Por lo tanto a menudo fui despojado de todo mis razonamientos y encubrimientos; y entonces aprendí otra manera de liberarme del juicio.

Cuando era muy joven, alrededor de siete u ocho años de edad, cuando el juicio me alcanzó por mal, yo cedí de que así fue; por lo tanto, pensaba que debía hacer algo para agradar a Dios otra vez, y así después de esto aprendí a orar, y a llorar en secreto, y a hacer pacto con Dios por más vigilancia, y así pensé por un tiempo que yo era como alguien deformado y cargado por mi peso. Sin embargo este estado mejor fue acompañado con muchas dudas y cuestionamientos, si es que mis males habían sido borrados o no; especialmente cuando vi que otra vez había sido atrapado por un espíritu malvado, y llevado hacia pensamientos, palabras o acciones malvadas. Porque el testigo [divino] clamó incluso entonces para que entregara mi mente al Señor, y que en pensamiento, palabra y acción yo debía servirle, pero no sabía que venía de Dios; pero esto sabía, que yo carecía del poder para responder a los requerimientos de esto en mi, que testificaban en contra del mal en mi, y esto yo lamenté día y noche.

Cuando tenía unos nueve o diez años de edad busqué el poder de Dios con gran diligencia y seriedad, con fuertes clamores y lágrimas; y si yo hubiera tenido el mundo entero, yo lo hubiera entregado para haber sabido cómo obtener poder sobre mis corrupciones. Y cuando vi el descuido de otros hijos, y su perversidad, y que ellos no pensaban acerca de Dios (por lo que yo podía discernir), ni que estaban en problemas, aunque eran mucho más impíos que yo en sus palabras y acciones. Ah, Señor, yo pensé, ¿qué será de estos? Al ver que había una mano tan pesada sobre mi, no pude encontrar ni paz, ni seguridad de su amor.

Entonces el enemigo me tentó para que reposara y estuviera quieto, porque yo estaba mejor que otros, y mi razón me instaba a estar en paz conmigo mismo. Pero el testigo puro me siguió, y no me dejaba, sino que me buscaba día y noche, y quebrantó mi paz más rápido de lo que yo podía edificarla, porque mi mente estaba en mis propias obras, y no podía ver más allá. Yo oí hablar de un Cristo y Salvador, pero ¡oh! Yo pensaba que ya lo conocía.

Mi oído fue prestado a los discursos y disputas de esos tiempos, que eran muchos; y uno mientras yo era influido en una cosa, y después soplado en otra dirección en otro tiempo. A veces oía a hombres disputar que Dios no ve pecado en su pueblo; entonces dije, seguro no soy uno de ellos; porque él nota todas mis transgresiones. Otros hombres hablaron de una elección y una reprobación de personas antes de tiempo. Yo consideré eso diligentemente y pensé que si era así, y si podía obtener tantas señales y marcas de un alma elegida, que me podía llevar al silencio, entonces lo guardaría; y no sería tan sacudido como había sido. Llegué a ser un oidor y admirador muy diligente de los mejores ministros, como ellos eran considerados; y fui con tanta diligencia y alegría a leer, y a escuchar sermones, como otros hijos iban a sus juegos y deportes.

Y cuando oía a alguien hablar acerca de ese punto o elección; y cómo un hombre puede saber si es elegido, y si en su oscura sabiduría da señales de ser un verdadero creyente, y tener un alma elegida, entonces yo me probaría a mi mismo en su medida, y me pesaría en su balanza, y así obtendría un poco de paz para mi mismo al encontrar tales cosas en mi como lo que dijeron que eran señales; como un deseo en contra del pecado, un odio en mi mismo por el pecado, un amor hacia los que fueron considerados mejores personas, y un anhelo para deshacerme del pecado.

Pero ¡ay! Ellos sólo eran ciegos que guiaban mi pobre alma ciega. Este no era el balance del santuario; y cuando yo había obtenido un poco de paz y silencio, y pensé que lo podría mantener, ¡ay¡ pronto sería destrozado y quebrantado. Cuando el testigo puro de Dios se levantó en mi, para que yo fuera pesado en la verdadera balanza, oh, entonces descubrí que estaba muy bajo de peso. Entonces la angustia se despertó otra vez en mi, y un clamor estuvo en mi: “Oh ¿dónde iré? ¿Y qué haré? Para que yo pueda llegar a un estado establecido, antes de que yo me vaya de aquí y ya no me vean."

En esta lamentable condición, los pensamientos de muerte traían un temor sobre el alma y el cuerpo; y temblor y horror estuvieron a menudo sobre mi, temiendo que yo había sido apartado como una vasija de ira y debía soportar la indignación ardiente de Dios para siempre. Y, oh, esas palabras 'para siempre' a menudo eran terribles para mi, pero yo no sabía cómo prevenirlo.

Ahora comencé a percibir mi propia insuficiencia, y mi falta del poder de Dios, y que no estaba en mi propio poder mantenerme lejos del pecado, y la paga de esto era la muerte, por lo que estaba en un gran dilema, a veces pensando que hubiera sido mejor dejar de buscar, y a veces pensando que si yo perecía mejor sería perecer buscando. Así el bien obtuvo la ventaja por un tiempo, y llegué a ser alguien que buscaba, y oraba, y lloraba diligentemente, y a menudo encontraba los campos más secretos y lugares inusuales, estando allí para derramar mis quejas al Señor.

Cuando sólo tenía doce años de edad, mi clamor general y constante era ir tras el poder por el cual yo podría vencer las corrupciones, y aunque oía a los maestros de esos tiempos decir diariamente que nadie podía vivir sin pecado, y la doctrina de perfección era sostenida como un peligroso error, sin embargo eso no disminuyó mi clamor; aunque de hecho a menudo debilitó mi creencia en que lo obtendría; y así hice mi oración casi sin fe, y sin éxito. Pero yo sabía que sin el poder de Dios yo debía perecer, digan lo que digan, y no podría contarme a mi mismo como salvo mientras estaba cautivo con una naturaleza corrupta y rebelde, y que digan lo que puedan. Recordé las palabras de Cristo “aquel que practica el pecado es esclavo del pecado”, y supe que yo era siervo del pecado.

En este horno de hierro yo me esforcé y trabajé, y nadie conocía mi dolor y aflicción, que a veces eran casi intolerables, de modo que yo deseaba nunca haber nacido, o que cualquier fin fuera como las bestias del campo; porque las consideraba felices, porque no tenían una lucha amarga como la que yo tenía, ni debían soportar el más allá que yo temía que debería soportar después de todo, porque vi mi miseria, pero no vi ninguna manera de escapar.

Entonces pensé que sería mejor no guardar mi miseria tan cercana, sino revelarla a algunos que podrían ayudarme. Pero podría bien decir, encontré que todos eran consoladores miserables; porque ellos me decían que aplicara las promesas por fe, y extrajera consuelo de las escrituras; y me hablaban del estado del apóstol, mencionado en el séptimo capítulo de Romanos,* y me decían que era de tal manera con él, y sin embargo él era un siervo de Jesucristo, y tales cubiertas engañosas como aquellas con las cuales se habían cubierto, de manera similar me trataron a mi; no considerando cómo el apóstol llamó eso un estado miserable y no liberado, como yo podría considerar el mío. Pero todas estas cosas no ocuparon más que un lugar pequeño en mi; mi herida permaneció no sanada, y aquel que me hirió y podía haberme sanado estaba cerca de mi, y yo no lo conocía.

*Hay versículos en Romanos que la gente tuerce para tratar de probar que Pablo era un pecador perpetuo confesado, pero eso es debido a que ellos se confunden con los tiempos de sus verbos. Por ejemplo, al tratar de explicar pacientemente cómo ocurren el pecado y la salvación, él describe una condición antes de la salvación de la siguiente manera: ¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Rom 7:24. Ellos dicen: ¿ves? eso prueba que Pablo todavía pecaba y nadie puede ser perfecto, mientras ignoran el contexto de su afirmación y también ignoran sus afirmaciones posteriores, siendo que cualquiera de ellas niega completamente tal conclusión. Los versículos 14-25 de Romanos 7 usan el tiempo griego "presente histórico", para dramatizar el evento descrito como si el lector estuviera allí viendo el evento. El tiempo griego histórico presente puede ser traducido correctamente como tiempo presente o tiempo pasado; sin embargo el tiempo pasado tiene más sentido en el contexto de las declaraciones anteriores de Pablo en este capítulo, en los versículos 6 y 9 que dicen que él había muerto a la ley, como también en otros escritos de Pablo. Las traducciones de las Biblias han escogido casi universalmente el tiempo presente, sin una explicación de los verbos históricos presentes, y dejando la impresión de que Pablo siguió siendo un pecador, incapaz de dejar de pecar, no espiritual, y vendido como un esclavo al pecado (como los traductores eran ellos mismos y creían que era obligación para todos); por lo tanto la gente tuerce las escrituras para justificar no hacer nada, y así asegurando su destrucción. Citando a Fox: "Pablo, quien clamó acerca del cuerpo de muerte, también 'agradeció a Dios, quien le dio la victoria a través de nuestro Señor Jesucristo.' 1 Cor 15:57. Por lo tanto, había un tiempo de clamar por la falta de victoria, y un tiempo de alabar a Dios por la victoria".

Anduve a tientas en la noche oscura y lúgubre de oscuridad, buscando al que vive entre los muertos, como muchos otros hicieron, pero era tan oscuro que no podíamos vernos los unos a los otros. En cuanto a los sacerdotes y profesantes de esos tiempos, la mayoría de ellos se jactaban de experiencias, y de celo, y de garantías del amor de Dios, y qué consuelo ellos disfrutaron al pensar o contemplar el sufrimiento de Cristo por sus pecados*, etc. ¡Ay! Pensé que podía contemplar esos temas tan bien como ustedes, pero mi herida todavía está fresca, y pude ver que yo era como uno de los crucificadores, mientras vivía en pecado por el cual él murió.

*La contemplación de los sufrimientos de Cristo por los pecados de uno era la prescripción para el crecimiento cristiano establecido por la iglesia católica romana, y exhibe cómo los protestantes mantuvieron muchas de las tradiciones de sus archienemigos.

Mi alma anheló algún otro conocimiento de él que aquello que se podía alcanzar al leer, porque vi que lo peor como también lo mejor podía alcanzarlo. No me atreví a apoyarme en ellos tanto como lo había hecho, pero entonces comencé a estar algo más libre en mi mente para no depender en los sacerdotes, (aunque no los había dejado completamente). Porque ahora comencé a descubrir las reuniones de aquellos llamados separatistas, y a oír sus (así llamados) hombres dotados, cuya doctrina, yo tomé nota, saboreaba más el celo y fervor que la de la mayoría de los sacerdotes. Ni los vi a ellos como tan codiciosos como para obtener ganancias de la predicación ya que aun no había llegado a ver como ellos codiciaban la grandeza y el aplauso de los hombres.

A menudo fui afectado con sus predicaciones, pero las cadenas antiguas aun estaban sobre mi, y ellos incluso las fortalecieron, a saber, que si yo no había sido elegido* no podía ser salvo; y cómo yo podía saber si había sido elegido, ningún hombre me podía decir satisfactoriamente. El temor de esto a menudo sacudía mi consuelo, y entonces comencé a tomar nota de la caminata suelta de esos separatistas, sí, incluso de los maestros entre ellos, como ellos no habían sido todavía redimidos de bromas necias, de palabras ociosas, de ira y pasión, y a veces surgía en hermano contra hermano, y así corría hacia partidos, y a brechas y cismas, y desgarrar sus iglesias, que a menudo ellos tanto edificaron como derribaron con sus propias manos. Yo también vi cuan inconsistentes eran, a veces dejando entrar una doctrina, a veces otra, sacudidos con los vientos; pero no pude oír ni una palabra de cómo podía obtener poder sobre el pecado. Sobre algunos pecados y algunos deseos había oído, pero no sobre todos; y nada más me podría satisfacer.

*Crisp se refiere a la errónea doctrina calvinista de la predestinación, tan popular en ese tiempo en las congregaciones independientes, quienes escogían sus propios predicadores, y con los presbiterianos, cuyos predicadores eran escogidos por su jerarquía eclesiástica. Esta doctrina declaraba que habían algunos (los elegidos), que habían sido predestinados por Dios para ser salvos del infierno. Independientemente de sus pecados, los elegidos irían al cielo; mientras todos los otros estaban predestinados por Dios al infierno, independientemente de lo que hicieron tratando de agradar a Dios.

Comencé cuando tenía alrededor de diecisiete o dieciocho años de edad a buscar más, y oír de un pueblo que sostenía la muerte de Cristo por todos los hombres; fui a oírlos, y después de un tiempo llegué a ver que había más luz y un entendimiento más claro de las escrituras entre ellos, que entre los otros. Entonces comencé a conversar con ellos, y frecuentar sus reuniones, y llegué a estar establecido en esa creencia de que había un estimado Hijo de esperanza, y camino o medios de salvación para todo el pueblo, y nadie positivamente excluido por un decreto eterno, como por nombre o persona, sino como incrédulos y desobedientes.

Esto me ministró consuelo por un tiempo, y me preparé para aliviar y obtener fe en Cristo, y para considerarme como un creyente, y encontré que era trabajo duro, incluso muy duro para mi, aunque clamé en alta voz muchas veces para recibir ayuda por mi incredulidad. Cuando vi que el pecado prevaleció sobre mi, dije ¡ay de mi! ¿dónde está esa fe que purifica el corazón, y da victoria? La mía no es así. Entonces el testigo puro de Dios se levantó y testificó en contra de mi por mi pecado, y mientras más era engrandecido mi entendimiento, más agudo era mi juicio. Ahora había llegado a ser tan agudo que no sabía cómo soportarlo tan bien como lo había soportado en mi niñez. La naturaleza dura y rebelde estaba ahora más fuerte, y yo en la plenitud y fuerza de mi juventud, y viendo como otros pasaban su tiempo en placeres y vanidad, una lujuria y deseo secreto se encendieron en mi para tomar parte de su copa.

Sin embargo por un tiempo fui mantenido como si estuviera en un freno de caballo; y más bien me deleité en notar las variedades de ingenios e inventos que eran del pasado, que encontré por medio de libros, siendo que era muy dado a la lectura, y así reuní muchos dichos y frases de filósofos y eruditos sabios, y en parte obtuve el conocimiento de muchas edades pasadas antes de mi; y estas cosas yo pensé que eran como un ornamento que me hacían aptos para la conducta y la compañía de hombres sabios. Y ¡ay! Todo esto mientras mi yo estuvo sin crucificar, y todo lo que había sido ganado fue solo un sacrificio y ofrenda para mi reputación y orgullo, que deberían haber sido mantenidos en la cruz. Sin embargo esto me sirvió por un tiempo para alimentar esa alma infatigable y buscadora; y muchas cosas que me encontré llegaron a ser como una vida para ella por un tiempo, y comencé a bendecirme, porque no había pasado mi tiempo de manera peor.

En este tiempo encontré dos atracciones, una fuerte atracción y tentación era hacia el mundo, para entregarme completamente a los placeres, deleites y vanidades de él; y la otra atracción era hacia la piedad, vigilancia, seriedad, etc. Yo, pobre hombre, no sabía qué hacer con respecto a la religión. Vi varias, y sentí una inclinación religiosa en mi, como había sentido desde que era niño, y podría haber estado muy contento de tomar alguna forma de religión, pero fui grandemente desalentado porque no podía ver que ninguno de ellos sostuviera lo que yo quería, ya sea en su vida o su doctrina, es decir, poder sobre las corrupciones, sin el cual yo sabía que la religión era en vano, y no responder el fin para el cual yo busqué tomarla.

Así que desistí de tomar cualquier forma, y me mantuve en el campo salvaje de este mundo, y deambulé de arriba hacia abajo, a veces hacia un tipo de personas, a veces a otro; tomando una inspección aguda de sus vidas y doctrinas, aunque confieso que dejé mi propio jardín sin labrar, hasta que muchas malezas nocivas crecieron demasiado.

Comencé a perder la sensibilidad de consciencia que había tenido, y comencé disfrutar de la compañía de los impíos, y en muchas cosas llegué a ser como ellos, y llegué a estar cautivado más que nunca con alegría y júbilo. A menudo cantaba cuando tenía causa para aullar y llorar, y caí en los juegos y pasatiempos, y presumí tener la misericordia de Dios, y tuve una creencia secreta, que Dios algún día mostraría su poder, y me sacaría de este estado. Por lo tanto, a menudo tenía un temor sobre mi, de correr tan lejos hacia la maldad, como otros habían hecho, que me mantuve de muchos grandes males hacia los cuales mis compañeros habían ido; y en esto se mostraba la bondad infinita del Señor, la cual cuando llegué a ver con un ojo verdadero, quebrantó mi corazón; sí, mi corazón y mi alma alaban al Señor por su misericordia, quien me guardó cuando no lo conocía. Y aunque las provocaciones y tentaciones que me atendían eran muchas, sin embargo, fui preservado de muchas abominaciones, y debo decir y reconocer, como el Señor le dijo a Abimelec, fue el Señor quien me preservó o me guardó.

Este tipo de curso de vida continuó así por alrededor de dos o tres años, hasta que me invadió un cansancio por su causa. Muchas veces en el medio de mi alegría, la mano del Señor era pesada sobre mi, y sus juicios justos se encendían en mi, y le ponían un fin a mi curso, y entonces me lamentaba en secreto, y a veces me quejaba con otros de mi doloroso cautiverio y esclavitud al pecado, y a menudo estaba discutiendo y consultando con aquellos que eran considerados cristianos experimentados cómo la paz y la seguridad podían ser alcanzadas. Algunos decían por leer y aplicar las promesas, pero esa manera yo había probado tan a menudo y por tanto tiempo, que ahora sólo lo acepté un poco, porque vi que estaba en otro estado que aquel al cual fueron hechas las promesas. Otros dijeron que la única manera era ser obediente a los mandatos y ordenanzas de Jesucristo, y a conformarse a los santos primitivos, al caminar en el orden y la comunión de la iglesia, donde todos tenían la fortaleza de muchos, y toda la iglesia estaba obligada a velar por cada miembro.

Escuché a estos consejeros y estuve dispuesto a hacer cualquier cosa para encontrar el poder, de modo que el reproche no me podría restringirme. Por lo tanto tomé esa ordenanza, como ellos la llamaban, del bautismo de agua, esperando entonces encontrar más poder que antes. Mi voluntad obró fuertemente para frenar y suprimir esa parte airosa y naturaleza pecaminosa, y por un tiempo me esforcé para sostenerme y mantenerme para estar en un estado mejor que antes, aunque la virtud que debía santificarme y lavarme no sentí, ya que mi mente estaba en el exterior, y las razones que me mantuvieron no eran la operación del amor puro de Dios en mi corazón, y su gracia prevaleció en mi para enseñarme, pero más bien un vistazo a la reputación de mi religión, y parecía que yo no había corrido y hecho todo en vano.

Las razones no duraron por más de un tiempo, antes que la tentación llegara a ser muy fuerte para mi voluntad, y el diablo entrara en su propio terreno, y prevaleciera sobre mi, y me llevara cautivo hacia el pecado y el mal, y me llevara hacia la vana compañía y vanos deportes, y deleites, y pasatiempos otra vez como antes. Entonces vi suficientemente que no tenía lo que quería antes y había agarrado no más que una sombra, y no había atrapado nada más que viento, y que mi bautismo quedó corto comparado con el de Juan, quien de verdad bautizó con un bautismo de arrepentimiento, y preparó el camino del Señor, y enderezó su sendero. Pero el mío no hizo tanto, y por lo tanto quedó muy corto del bautismo de Cristo, en el cual el fuego no fue hallado, que debía quemar lo que era ofensivo a Dios, y afligió su Espíritu Santo, y entonces me llenó con su Espíritu, el cual no se deleita en nada que es corrupto.

Este bautismo [de Juan] yo vi que hacía falta, y por lo tanto, una insatisfacción comenzó a crecer en mi, tanto de mi mismo como de mi camino; y yo testifiqué a los (así llamados) ancianos de la iglesia, que Dios pronto revocaría todas nuestras adoraciones y religiones, que estaban en lo exterior y en cosas carnales, y que haría conocer de alguna manera una parte superior de todos ellos, que debe permanecer para siempre. Cuando ellos preguntaron qué camino debería ser ese, yo confesé que no sabía, pero esperé para ver lo que podría ser.

En aquellos días muchos se ejercitaron hablando y disertando de un pueblo llamado los cuáqueros, los reportes de quienes yo escuché, pero aunque escuché con gran diligencia, no podía oír ningún buen reporte de ellos, sino mucho daño, y muchas mentiras falsas y perversas fueron lanzadas sobre ellos. Sólo de esto tomé nota: que ellos sufrieron burlas crueles, y graves sufrimientos pacientemente. Yo esperaba que cuando el camino de Dios fuera manifestado, que sería odiado y perseguido; sin embargo pensé que eso no me detendría en lo absoluto, ni me asustaría al reconocerlo y caminar en ello si lo conociera de una vez. Pero puesto que escuché que ellos tenían perfección en esta vida, eso fue algo que la sabiduría antigua de la serpiente no podría alcanzar ni unirse con ella, pero razoné en contra de eso fuertemente, en esa sabiduría oscura y caída en la cual muchos todavía están peleando por el pecado, que es el anfitrión del diablo, a quien ahora veo que no es mejor que el anfitrión de Magog, luchando en contra del Cordero, y su vida inocente, diciendo en sus corazones, ustedes pueden gobernar en el cielo si desean, porque sobre la tierra, ustedes no tendrán lugar; no, no podrán tener dominio ni soberanía sobre ni un alma. Sólo puedo tener lástima por los miles que están luchando las peleas del diablo en este asunto, pero al haber trabajado fielmente con ellos en mi generación, yo dejo a los que son opositores obstinados y tercos, quienes en ninguna manera recibirán aquello que es perfecto en esta vida, pero han de recibir la paga de la imperfección en la vida que está por venir.

Pero, yo digo, en esta misma sabiduría caída yo razoné acerca de muchos caminos, demasiados para nombrar ahora, en contra de la verdad, la fama de la cual yo había oído como las escrituras dicen, mientras estaba en la muerte y en el camino de la destrucción. Pero yo no había visto a un mensajero de esta verdad, sino anhelaba mucho ver uno, deseando noche y dí que nuestras partes fueran visitadas por ellos, como había oído que otras habían sido. Al fin el Señor envió a su fiel siervo y mensajero de este evangelio eterno, James Parnell, a nuestra ciudad de Colchester, alrededor del cuarto mes del año 1655, y cuando yo tenía veintisiete años de edad, quien vino en el nombre y poder del Dios Altísimo, en el cual él llevó a muchos a la justicia, tanto allí como en otros lugares anteriormente, de quienes algunos permanecen, y muchos han ido al descanso.

Cuando yo vi a este hombre, que no era más que un joven, y no conocía el poder ni el espíritu que estaba en él, pensé hacerle frente, y comencé a preguntar y tratar de tener un discusión con él; pero rápidamente llegué a sentir [que] el espíritu del juicio sano estaba en él, y el testigo de Dios se levantó en mi, y testificó de este juicio, y significó que yo debía tenerlo, ya que era justo y verdadero. En ese mismo día y hora yo testifiqué que todos nuestras varas de profesión serían perdidas o devoradas por esta vara, aludiendo a aquella de Moisés y los magos de Egipto, lo cual ha tenido y ciertamente tendrá lugar. Ese día yo fui a una reunión, y lo escuché declarar el evangelio eterno, en el nombre y la autoridad del Señor, lo cual no pude enfrentar con toda mi sabiduría y conocimiento, sino fui obligado a reconocer y confesar la verdad.

[De la memoria de James Parnell, tenemos este informe de la reunión y comunicaciones posteriores:

El relato muy interesante e instructivo que Esteban Crisp da de su propia experiencia en asuntos religiosos antes de su reunión con James Parnell, — sus sentimientos al ver a un jovencito, saliendo en contra de los Goliats, quien había sido muy poderoso para sus propios años más maduros, y con reconocimiento más grande de las armas de guerra, - el desprecio interno que sintió, cuando él pensó triunfar sobre él por argumentos, y su posterior convencimiento de la Verdad, nos proporciona una prueba contundente del poder y autoridad del ministerio de James Parnell. Él era joven, de naturaleza diminuta, y de pobre apariencia; sin embargo la sabiduría del hombre fue obligada a inclinarse ante ese Espíritu por el cual él habló, y del cual él era un instrumento. La siguiente carta original, obtenida de la reunión mensual de Colchester, fue dirigida a Esteban Crisp, probablemente un corto tiempo después de su convencimiento. No está fechada:

Amigo, — En esto permanece, y en esto mantén tu mente, que te deja ver que tus enemigos son de tu propia casa; tu imaginación es un enemigo; tu sabiduría es un enemigo; aquello que ha sido precioso para ti es ahora tu enemigo más grande. Por lo tanto, ahora sacrifica lo que es precioso para ti, y cede a la muerte [del yo] para que lo justo pueda ser resucitado a la vida y a la Simiente justa ser llevada para reinar y para que sea tu cabeza; y así la cabeza de la serpiente será herida. Y esto en tu medida tú llegarás a entender, a medida que moras en la Luz que te muestra tu condición; porque cualquier cosa que exponga tu condición es la Luz. Y ese ojo debe mantenerse abierto, que el dios de este mundo ha cegado, pero por el cual los hijos de la luz ven al dios del mundo; y el tentador es conocido, resistido y negado. Por lo tanto con este ojo haz tu vigilancia constante, y no dejes que el ojo del necio divague en el exterior, que lleva a la mente errante tras objetos visibles; sino permanece en la guerra, sin cederle terreno al enemigo ni a sus engaños; pero conténtate con llegar a ser necio, para que todos los pensamientos egoístas puedan ser juzgados. Tú recibirás la sabiduría de parte de Él, quien da liberalmente y no critica para que tú puedas discernir y conocer las trampas del enemigo; pero en la cruz para tu propia voluntad y mente apresurada, el don de Dios es recibido. Por lo tanto, se dice que "Aquel que cree no está apresurado". Por lo tanto, no te canses del yugo; porque en la fe es hecho fácil, y la naturaleza impaciente es crucificada, y la paciencia tiene su obra perfecta: por lo tanto, permanece quieto en la medida de la Luz que ejercita tu mente hacia Dios; y no propongas nada, sino deja que tus pensamientos sean juzgados, y deja que el poder de Dios obre, para que Él pueda ser visto por todos. Sólo por este principio tú puedes ser guiado y puesto en la cruz para la parte carnal de ti mismo, al negar el yo, tanto en específico como en general. Y no pienses en agradar al hombre cuando Dios es agradado; porque al hacer eso, evitas ofenderle a Él, porque el amor del mundo es enemistad contra Dios. A medida que esto te lleva a caminar hacia Dios en fidelidad, así también te lleva a caminar con fidelidad hacia el hombre “con una consciencia vacía de ofensa.” Y entonces en eso mantén tu mente y no te apresures para conocer cualquier cosa que esté más allá de lo que se te ha mostrado, porque por tal deseo Eva perdió su paraíso. Pero recuéstate en la voluntad de Dios, y espera en su enseñanza para que Él pueda ser tu cabeza. Por esto tú encontrarás el camino a la paz y morarás en unidad con todos los fieles; y aunque tú eres odiado por el mundo, sin embargo en Dios está la paz y el bienestar.

James Parnell

Alrededor de diez años después de esto, Esteban Crisp fue llamado a escribir un testimonio del carácter y ministerio de James Parnell, lo cual él hizo en un espíritu que muestra su todavía preciosa memoria de Parnell como un instrumento de Dios, por el cual su larga divagación y alma cansada había sido llevada al Camino, el cual llevó hacia un establecimiento en la Verdad. Después de hablar de la gran obra por la cual el Señor con su propio brazo y poder había creado en esos días, el continúa diciendo:

"Los bebés han sido sus mensajeros, y los niños han sido sus ministros, quienes en su inocencia han recibido la revelación de su Santo Espíritu, por quien las cosas profundas de su ley y de su evangelio glorioso de la vida y la salvación han sido revelados. Y entre esos bebés, quienes llegaron a recibir el conocimiento de los misterios del reino de Dios, por la obra de su poder divino, estaba este niño noble, James Parnell; quien en verdad era una vasija de honor y era grande en el poder y Espíritu de Emanuel, quebrantando y desolando muchas fortalezas y torres de defensa, en las cuales el antiguo engañador se había fortalecido a sí mismo con sus hijos. Mucho se puede decir de este hombre, y un gran testimonio vive en mi corazón, de su vida bendita, y del poder y sabiduría que abundó en él".

Aquí, al principio de mi convencimiento, el enemigo de mi alma creó una prueba para destruirme de esta manera: que viendo que mi sabiduría y razón fueron vencidas por la verdad, yo no podía con esto estar en contra de ella; por lo tanto recibí la verdad, y la sostuve en la misma parte con la cual la opuse, y la defendí con la misma sabiduría por la cual la resistí, y así fui aún un extraño a la cruz que debía crucificarme; y estaba en libertad en el espíritu conocedor para presentar [usar] mi ingenio y partes para la verdad. Pero pronto sentí que mi sacrificio (aunque ofrecí lo mejor que mi tierra podía ofrecer) no fue aceptado, sino que algo más todavía se requería. Un clamor estaba en mi que llamaba al juicio, y la tierra que por mucho tiempo había cubierto su destrucción, comenzó a moverse, pero todavía no fue quitada de su lugar, y grandes fueron las luchas de mis pensamientos, y un gran deseo se encendió en mi de cómo podría comprender la verdad en mi entendimiento, como yo había hecho con las doctrinas y principios de otras religiones. Pero todas mis labores en este sentido fueron inútiles, porque una muerte fue determinada sobre esta sabiduría del Señor. Por lo tanto vi mi labor en vano, mi pesca no pudo atrapar nada toda esa noche mientras trabajé en la oscuridad, y no tuve la guía de la luz.

En este estado yo continué por un mes o dos, pero entonces una espada rápida fue desenvainada en contra de esa sabiduría y mente comprensiva, y una mano fuerte me tocó, y fui talado como un cedro alto, que de inmediato cae al suelo.

¡Pero entonces, oh la aflicción, miseria y calamidad que se abrieron sobre mi! Sí, incluso las puertas del infierno y la destrucción estuvieron abiertas, y me vi casi cayendo en ellas. Mi esperanza y fe y todo huyó de mi. No tuve apoyo para descansar. La lengua que era como un río, ahora era como un desierto seco; el ojo que quería, o por lo menos deseaba ver todo, ahora era tan ciego que no podía ver nada con certeza, sino mi presente estado deshecho y miserable. ¡Oh! entonces clamé en la amargura de cualquier alma, ¿de qué me ha servido toda mi profesión? Soy pobre y ciego, y desnudo, que pensé que había sido rico y bien adornado. Entonces vi que la bien favorecida ramera fue despojada, y llevada a la memoria ante Dios; y su juicio había llegado, y yo no sabía cómo escapar el fuego de la venganza que estalló. Oh, ¡qué tristes fueron mis noches, y dolorosos mis días! Mis deleites se marchitaron incluso en esposa e hijos, y en todas las cosas, y la gloria de todo el mundo pasó como un rollo que es quemado con fuego, y no vi nada que quedó en todo el mundo para darme algún consuelo. Mi sol perdió su luz, y mi luna fue oscurecida, y las estrellas de mi curso habían caído, y yo no sabía como dirigir mi camino, sino fui como uno que estaba abandonado en un desierto aullante en la noche más oscura.

Cuando vi lo que Dios había hecho (porque creí que era la acción de Él), estaba listo para clamar que había sido abandonado para siempre, y nunca hubo un dolor como el mío, mi herida era incurable, y mi enfermedad nadie podía sanar. ¡Ay! Mi lengua o pluma no pueden expresar los dolores de esos días en los cuales me senté en silencio, temor y asombro, y fui rodeado con dolor y oscuridad. No conocía a nadie con quien pudiera gemir. Escuché del gozo y la salvación, pero apenas podía pensar que podía tener parte de eso, ya que todavía me faltaba la fe viviente, que el apóstol dijo era la operación de Dios, quien levantó a Jesús, la verdadera semilla, la cual aún sentía gimiendo en mi para ser liberada de la carga del pecado, y de la opresión de la mente carnal.

Después de un largo esfuerzo, fuertes clamores, y muchas lágrimas y gemidos amargos, encontré un poco de esperanza brotando en mi, que el Señor en su debido tiempo produciría su semilla, su semilla elegida, la semilla de su pacto, para gobernar en mi. Esto me fue dado en un tiempo cuando el sentido de mi propia indignidad me había abrumado tanto en dolor y angustia, que me consideré indigno de cualquiera de las criaturas, puesto que yo estaba fuera del pacto de Dios, y así fui tentado a negarme a mi mismo de ellos. Entonces la esperanza de la resurrección de los justos brotó en mi, y fui enseñado a esperar a Dios, y a comer y beber en temor y vigilancia, mostrando la muerte del Señor hasta que él venga para resucitar y reinar en mi.* Entonces esperé como uno que tenía esperanza que Dios sería misericordioso conmigo; sin embargo algo en mi quería haber sabido cuánto tiempo sería, pero un clamor fiel estaba en mi, que llamó eso a la muerte.

*Era una costumbre judía el partir el pan y compartir una copa de vino después de la cena. Pablo relaciona las palabras de Cristo con respecto al pan y al vino de esta manera: "Haced esto todas las veces que la bebáis en memoria de mí" y él mismo añade, "Todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que él venga." 1 Cor 11:24-27. Cristo nos está diciendo lo siguiente: todas las veces que ustedes rompan el pan y compartan una copa de vino después de una comida, hagan esto en memoria de mí, hasta que Él venga a usted, (aparezca en usted, sea revelado en usted, sea visto en usted).

Una vez que estuve cansado de mis pensamientos en la reunión del pueblo de Dios, pensé que ninguno era como yo, y que no era más que en vano sentarse allí con una mente tan divagante como era la mía, la cual aunque yo me esforcé para detenerla, sin embargo no pude por más que traté. Al final pensé en irme, y cuando me estaba yendo, el Señor tronó a través de mi diciendo que aquello que estaba cansado debía morir. Por lo tanto volví a mi asiento y esperé en la creencia de Dios la muerte de esa parte que estaba cansada de la obra de Dios, y fui más diligente en buscar la muerte, para poder ser bautizado por los muertos; y para que yo pueda saber cómo quitar el hombre antiguo con sus obras y sus palabras, e imaginaciones, sus modas y costumbres, su amistad y sabiduría, y todo lo que le pertenecía a él, y la cruz de Cristo fue puesta sobre mi, y yo la llevé.

A medida que la tomé voluntariamente, encontré que estaba en mi, aquella cosa que yo había buscado desde mi niñez, el poder de Dios; porque por él fui crucificado al mundo, y el mundo a mi, lo cual nada más podía hacer alguna vez. Pero, oh, qué feliz estaba mi alma cuando había encontrado el camino para destruir los enemigos de mi alma. Oh, el gozo secreto que estaba en mi en medio de todos mis conflictos y combates tuvo esta confianza, si yo sólo tomaba la cruz obtendría victoria, porque ese es el poder de Dios por medio de la fe para salvación, y como he encontrado en algunas cosas, así haré en todo en su debido tiempo. Entonces el reproche del evangelio llegó a ser gozoso para mi; aunque en esos días fue muy cruel y grave para la carne y sangre, sin embargo yo lo desprecié, y que por el gozo que ahora estaba puesto en frente de mi, de lo cual yo tenía alguna esperanza que yo en un tiempo sería hecho partícipe, si yo permanecía fielmente. Fue mi gran cuidado día y noche, mantenerme tan humilde y fuera de los funcionamientos de mi propia voluntad, que yo pueda discernir la mente de Dios, y hacerlo, aunque nunca en una cruz tan grande para la mía.

Sin embargo, el enemigo de mi alma me siguió de manera cercana y muy secreta, y notando qué tan dispuesto yo estaba a obedecer al Señor, él se esforzó para subir al trono de Dios, y moverse como un ángel de luz, para traicionarme y llevarme a hacia algo que era como el servicio de Dios. Muchos conflictos dolorosos encontré antes de ser capaz en todas las cosas de distinguir entre las obras del espíritu verdadero y poder, y aquello que estaba transformado. Pero puesto que ahora yo había de seguro probado el amor y bondad de Dios, yo confié en él, y me comprometí a guardar mi alma para él con sencillez de corazón. Muchas y diarias fueron sus liberaciones que me fueron dadas a conocer, más allá de todo recuento o recuerdo del hombre, por lo cual, oh alma mía, alabado sea el Señor para siempre, quien te cuidó en tu infancia, y te guardó en los días de tu angustia.

Mientras más llegué a sentir y percibir el amor de Dios, y su bondad que fluyó hacia mi, más fui humillado e incliné mi mente para servirle, y para servir a los más pequeños de su pueblo entre quienes yo caminaba. A medida que la palabra de sabiduría comenzó a brotar en mi, y el conocimiento de Dios creció, así llegué a ser como un consejero para ellos que fueron tentados en manera similar a la que yo había sido, sin embargo fui humillado tanto que esperé para recibir consejo diariamente de Dios, y de aquellos que estaban sobre mi en el Señor, y estaban en Cristo ante mi, en contra de quien yo nunca me rebelé, ni fui obstinado. Pero mientras más fui mantenido en sujeción, más sujetos estaban los espíritus malvados a mi, y más fui capacitado para ayudar a los débiles y enfermizos; por lo tanto, los ojos de muchos llegaron a estar sobre mi, como uno con quien estaba el consejo y el entendimiento en alguna medida.

La iglesia de Dios en esos días aumentó, y mi cuidado aumentó diariamente, y el peso de las cosas relacionadas tanto a la condición externa e interna de los pobres Amigos vino a mi, y al ser llamado de Dios y su pueblo para cuidar a los pobres, y para aliviar sus necesidades a medida que vi ocasión, lo hice fielmente por varios años con diligencia y mucha sensibilidad, exhortando y reprobando a cualquiera que fuera perezoso, y animando a aquellos que eran diligentes, poniendo una diferencia de acuerdo a la sabiduría que me fue dada por Dios, y todavía ocupado en mi propio estado y condición, y buscando el honor que viene sólo de Dios. Había un clamor en mi para mantener mi armadura espiritual, porque todos los enemigos todavía no estaban bajo mis pies, de modo que mantuve mi vigilancia, sin saber bien dónde podía aparecer el enemigo, pero después de un rato encontré que su apariencia era una vez más muy aguda, y eso en esta ocasión.

Alrededor del año 1659, a menudo sentí la abundancia del amor de Dios en mi corazón, y un clamor para estar entregado a su voluntad, que yo pensé que así estaba, sin saber o prever lo que el Señor tenía la intención de hacer conmigo. Pero su ojo vio más allá que el mío. Su amor y ternura, y entrañas de compasión obraron de tal manera en mi, que se extendió aún a todos los hombres en toda la faz de la tierra, de modo que clamé en espíritu, ¡oh que todos los hombres te conozcan y tu bondad! Y una vez, mientras estaba esperando al Señor, su palabra surgió en mi y me ordenó a abandonar y separarme de mi estimada esposa e hijos, padre y madre, e ir y dar testimonio de su nombre en Escocia, a esa nación de alta profesión. Pero cuando eso sucedió encontré que todos los enemigos en realidad no habían sido destruidos; porque los esfuerzos, luchas, razonamientos y disputas en contra del mandato de Dios, que entonces encontré, no pueden ser relatados o contados. ¡Oh! cómo hubiera defendido mi propia incapacidad, el cuidado de mi familia, mi servicio en esa reunión particular, y muchas cosas más, y todo para que yo pudiera ser excusado de esta única cosa que había venido sobre mi, de la que yo no pensé o no busqué.

Después de muchos razonamientos, días y semanas solo, pensé que sería mejor hablar de esto con algunos de los fieles ancianos y ministros del evangelio eterno; sabiendo que ellos no harían más que desanimarme, y algo allí había que lo esperaba, pero contrariamente ellos me animaron, y me instaron a ser fiel. Entonces yo me di por vencido, e informé a mi estimada esposa con respecto a la orden del Señor, que comenzó en mi un nuevo ejercicio, el enemigo obrando en mi fuertemente para detenerme. Pero en mucha paciencia fui guardado, y en silencio, y fui y visité la reunión de los Amigos alrededor de Essex, y el puerto de Suffolk, principalmente para verlos y para despedirme de ellos. En algunas reuniones el Señor quería abrir mi boca en unas pocas palabras para el refrigerio de los Amigos, pero yo prefería escoger el silencio cuando podía.

El invierno se acercaba, y algo habría postergado [mi viaje] hasta el próximo verano. Pero el Señor me mostró que no era mi tiempo, sino su tiempo. Entonces yo quería ir por mar, pero el Señor me retuvo, y me mostró que no debía ser mi camino, sino su camino; y si yo era obediente él estaría conmigo, y prosperaría mi camino, de otra manera su mano me golpearía. Entonces renuncié a todo, y con mucha alegría por fin obedecí, y alrededor del final del séptimo mes salí y visité las iglesias de Cristo.

A medida que avancé hacia Lincolnshire y Yorkshire, rápidamente percibí que el Señor estaba conmigo más que en otras veces, y mi viaje llegó a ser gozoso, y más porque aunque yo era débil, pobre y humilde, sin embargo el Señor me dio aceptación entre los ancianos de su pueblo, y en todo lugar mi testimonio fue aceptado, y muchos más fueron convencidos de la verdad eterna. Entonces ellos se maravillaron, y dijeron "Señor, la gloria solamente pertenece a ti, porque tú has obrado maravillas por causa de tu nombre, y por causa de tu santa simiente".

Llegué a Escocia en el noveno mes, ese año, y viajé de allá para acá ese invierno, a pie y con alegría. Me atendieron muchas adversidades y dificultades que me niego a mencionar, siendo el tiempo del movimiento de los ejércitos de Inglaterra y Escocia, después de lo cual vino la revolución del gobierno, y el regreso del rey Carlos Segundo a Inglaterra. Alrededor del onceavo o doceavo mes regresé y viajé al oeste hacia Westmoreland, parte de Lancashire, y así hacia el sur, y en alrededor de cinco o seis meses, fui por la buena mano de Dios llevado a mi hogar con mi esposa e hijos, y mis parientes; en todos mis viajes fui acompañado dulcemente con la presencia del Señor, y su poder a menudo llenó mi vasija de barro e hizo que mi copa se desbordara: alabanzas para siempre a su nombre, dijo mi alma.

En todo mi viaje no me faltó nada que fuera bueno para mi, sino como era mi cuidado únicamente servir al Señor, así era el tierno cuidado del Señor sobre mi, y él me proporcionó cualquier cosa que fuera necesaria en mi viaje; sin embargo, todo ese tiempo una esperanza secreta vivió en mi, de que cuando el viaje presente fuera logrado, yo sería liberado de este servicio, y tendría libertad para regresar a mi llamado y mi familia, pero probó lo contrario. Porque cuando yo había estado en casa por unos pocos días, me llevó a ir a Londres, a visitar a los hermanos y la iglesia de Dios allí. Fui en gran temor y terror de Dios hacia esa ciudad; y habiendo continuado allí unos pocos días, partí nuevamente hacia el norte por orden del Señor, y encontré que mi camino prosperaba dondequiera que iba; y gran aliento recibí diariamente del Señor, quien bendijo mi labor de amor, ya que aparte de la paz y el gozo que sentí en mi mismo, vi el efecto de mi labor y esfuerzo de mi alma en muchos lugares, manifestado por muchos que se habían alejado de la oscuridad hacia la luz, y de servir el poder de diablo hacia el poder de Dios. Pero muchas pruebas me atendieron y una prisión llegó a ser mi porción, cerca de doscientas millas de mi hogar, y grandes y graves amenazas fueron pronunciadas en contra de mi, y el mismo espíritu que forjó a los perseguidores, tanto en su crueldad como en su sutileza, se esforzó también para obrar en mi.

Pero clamé al Señor, y él me ayudó, y mi fe no me falló, sino cumplí mi servicio y testimonio; y al final fui liberado [de la prisión], y varios miles más, por una proclamación pública del rey. Entonces regresé a mi propia casa después de una ausencia de alrededor de ocho meses, y mi corazón estaba dispuesto a servir al Señor quien había sido bueno conmigo. Sin embargo, esta esperanza de ser liberado de este tipo de servicio vivió por mucho tiempo en mi, porque cada día encontré que mi trabajo era más pesado, al levantarse muchos espíritus falsos que se transformaron en la semejanza de la verdad, sin embargo eran enemigos de la vida de la verdad, que eran los peores enemigos de todo. Vi que el enemigo de Sión, que no podía prevalecer de otra manera, ahora estaba probando si por una falsa pretensión de santidad y obediencia él podía engañar y cautivar a los simples. Pero yo clamé a Dios para que me diera un corazón discernidor, y un entendimiento para comprender la trampa del enemigo, y que yo pudiera ser una ayuda para los débiles, y él así lo hizo.

Vi que el fundamento fue golpeado por el enemigo, y yo llegué a estar más celoso por el Señor y su casa, y testifiqué libremente en contra de los engaños secretos del enemigo; pero esto me causó aún más ejercicio y también tristeza; muchos que no vieron la profundidad de las obras de Satanás, juzgaron mi celo y fervor en contra de ese espíritu contradictorio como innecesario. Pero en mansedumbre y paciencia el Señor me mantuvo fuera de la mente combativa y luchadora, porque yo no me atreví a golpear a aquellos que yo sabía que eran siervos como yo, sino a aquellos que pretendían serlo, y sin embargo servían y promovían otro interés. Aquellos a quienes yo a menudo herí con las armas que Dios me había dado, y aquellos que llegaron a amar el juicio, fueron sanados, pero muchos perecieron en su rebelión y obstinación. El Señor se levantó y atacó la obra del enemigo, y abrió los ojos de muchos que estaban oscurecidos, y ellos llegaron a ver el fin de aquello que había sido perturbador de Israel, y la paz, la unidad y el verdadero amor fueron restaurados en todas nuestras fronteras. Entonces mi gozo estaba completo, y mi copa rebosaba de alabanzas y agradecimiento a Dios, quien había tenido en cuenta su herencia y su pueblo, y los había liberado de los estratagemas del maligno.

El amor a Sión creció diariamente en mi alma, y no había nada en todo el mundo tan deseable para mí como la prosperidad del evangelio, y el esparcimiento y publicación de su nombre y la verdad a través de la tierra. Este amor me obligó a viajar con gran diligencia de país a país, para dar a conocer lo que Dios había hecho por mi alma, y para publicar el día del Señor; sin embargo, el día de la redención en el cual los cautivos del Israel espiritual debían regresar, probó las buenas nuevas para muchos, quienes recibieron el informe y lo creyeron. Ellos llegaron a contemplar la revelación del santo y poderoso brazo de Dios, para la satisfacción de sus almas. En la mayoría de las partes de Inglaterra donde yo viajé, encontré una adición diaria a la iglesia de los que habían de ser salvos; y así mi gozo aumentó, y comencé a estar más libremente dado a la obra y servicio de Dios, y al ministerio del evangelio.

Alrededor del año 1663 fui llevado a cruzar los mares, y a visitar la simiente de Dios en los Países Bajos*, lo cual hice con alegría; y aunque estaba en una tierra desconocida con un lenguaje desconocido, sin embargo con un intérprete a veces, y a veces en mi propio idioma, declaré la verdad para consuelo de muchos, y para regresar a muchos del error; y habiendo logrado esa visita regresé en paz a Inglaterra. Después de un tiempo, al ser requerido por Dios, fui otra vez hacia la región del norte, y obrando en el mundo y doctrina con gran diligencia y fervor, cerca de la costa, y así hacia Newcastle, y algo más allá. Siendo guiado por el Espíritu, volví otra vez por otro camino más hacia el este por tierra, y encontré todo el camino la planta del renombre de Dios floreciendo y creciendo, las reuniones más grandes, y los corazones de los Amigos engrandecidos en amor por mi y el mio por ellos.

*Los Países Bajos consistían de lo que hoy es Holanda, Bélgica, Luxemburgo y partes de Francia y Alemania.

Al regresar, un gran peso vino sobre mi con respecto a la gran ciudad de Londres, más grande que antes. Fui hacia allá lleno de poder, y diariamente, a medida que el Señor abrió mi boca y me ordenó, les advertí de las abominaciones y maldad que corrían entre ellos como un arroyo, y declaré los juicios de Dios que estaban sobre ellos por su gran maldad, que siguió rápidamente tanto por guerra como por fuego, y muchas más calamidades. Después de esto, alrededor del año 1667, se me ordenó ir otra vez hacia Holanda, y mi estimado compañero, Josiah Coale, fue conmigo; y viajamos de allá para acá, y visitamos las iglesias alrededor de tres meses y regresamos.

Fui otra vez hacia el norte de Inglaterra, estando mi corazón extendido abundantemente hacia la simiente noble de Dios en esas partes, y mi amor y ternura de corazón hacia ellos hizo que todos los viajes y labores, y peligros fueran fáciles. Porque yo todavía vi las plantas tiernas de mi Padre celestial en un camino o condición próspera y creciente, sentí la virtud de la vida diaria brotando en mi, que me fue dada para regar con ella la herencia y jardín de Dios. Tan pronto como tuve claridad, regresé teniendo el cuidado de la iglesia de Dios que venía sobre mi cada vez más quieto, que me llevó a la diligencia, y a ser tan rápido como yo podría ser, para que yo pudiera ser tan servicial como fuera posible en mi generación, y me pudiera mantener despejado de la sangre de todos los hombres, lo cual encontré que no era un trabajo fácil ni leve.

Habiendo regresado seguramente, y encontrando la presencia y poder del Señor, sin embargo llevándome de allá para acá de país a país, a lo cual yo era obediente, ahora no por obligación, sino con una mente dispuesta; contando su servicio como una libertad, sintiendo que yo había sido liberado de los cuidados de esta vida, habiendo ahora aprendido a echar todos mis cuidados sobre él. Después de uno o dos años viajando así a Inglaterra, el Señor puso aún más del peso y cuidado de los asuntos de su pueblo en los Países Bajos sobre mi, y encontré una atracción hacia ellos; y en el año 1669, fui y visité las reuniones, obtuve muchas nuevas reuniones, y ellos establecieron una reunión de hombres entre ellos, para ver el buen orden y gobierno de los asuntos relacionados a la Verdad y los Amigos.

Esta vez le agradó al Señor abrir mi entendimiento abundantemente, de modo que comencé a declarar en su propia lengua las cosas que Dios me había dado para ministrar; y varios recibieron el evangelio eterno, y fueron llevados a sentir el poder de Dios, por el cual ellos son salvados del mundo, y de sus caminos contaminados. Viajando en esas provincias de Holanda, Friesland, y Groningen, etc., fui llevado a pasar a Alemania, a lo cual cedí en el cuarto mes del mismo año; y por el camino me encontré con muchos riesgos y peligros, por razón de la horrible oscuridad, papismo, crueldad y supersticiones de esas tierras y dominios por los cuales viajé. A veces era como si mi vida estuviera en mis manos, para ofrecer como mi testimonio; pero el Señor me guardó, y me llevó el décimo cuarto día de ese mes a Krisheim cerca de Worms, donde encontré a varios que habían recibido la Verdad eterna, y habían estado en un testimonio por Dios alrededor de diez años, en grandes sufrimientos y tribulaciones, quienes me recibieron como un siervo de Dios; y mi testimonio fue como un rocío sobre pasto tierno para ellos. Tuve cinco buenas reuniones entre ellos, y muchos oyeron la Verdad, y muchos fueron alcanzados y convencidos, y los Amigos establecidos en la fe.

[El balance de su ministerio está omitido en esta traducción. Él tuvo mucho éxito en Holanda, Friesland, Alemania — la mayoría de los países bajos. Él hizo muchos viajes por mar a esos países, estableciendo muchas asambleas de los convencidos en muchas ciudades de esos países; y veló por ellos como una pluma, visitándolos frecuentemente y confrontando cualquier decepción del enemigo que había entrado en sus pensamientos. Entre esas muchas visitas, él regresó a Inglaterra, donde continuamente visitó las reuniones de amigos a través del país.]

Después de esto él pasó su tiempo mayormente en Colchester y Londres, en los servicios de la Verdad, y terminó su vida en el día 28 del sexto mes, del año 1692.

A modo de testimonio con respecto a Esteban Crisp y sus siguientes obras.

AUNQUE mi intimidad con nuestro fallecido amigo fue sólo en los últimos años, sin embargo encuentro algo en mi mente para escribir con respecto a él, y una conmemoración del poder bendito de Dios, y registro de vida que lo alcanzó, y lo hizo a través de la fe y la obediencia al Señor Jesucristo, lo que él era; porque esto es lo que es digno de alabanza, y sin esto no somos nada, ni capaces de hacer ninguna cosa que tienda a nuestra propia paz, o el beneficio de otros. Fue por medio de esto que el Señor en la mañana de este bendito día que él causó que brotara de lo alto, visitó su alma en estos últimos días del mundo; en lo cual, después de una noche de oscuridad y tiempo de apostasía, él se complació misericordiosamente con esa luz divina y celestial, en la cual él en el comienzo hizo que resplandeciera en la oscuridad, para resplandecer en los corazones de muchos, y les dio la luz del conocimiento de su gloria, en el rostro de Cristo Jesús, y los hizo poseedores de este tesoro en sus vasijas de barro, quienes eran instrumentos pobres y despreciables en los ojos de los sabios mundanales y los suyos propios, sin embargo equipados y levantados por el poder de aquel que levantó a nuestro Señor Jesucristo de los muertos, comisionados y enviados por el Señor en la evidencia y demostración de su Espíritu eterno, para publicar las buenas nuevas de paz, para predicar el evangelio de vida y salvación, y para llevar a la gente de la oscuridad a la luz, del poder de Satanás a Dios; para que ellos puedan conocer la remisión del pecado, y una herencia entre aquellos que están santificados a través de la fe en el Señor Jesucristo, la verdadera Luz que ilumina a cada hombre que viene hacia el mundo.

Este ministerio, como era de Dios, y a estos instrumentos que estaban siendo levantados y enviados por él, él bendijo sus labores, y les dio éxito para el bien de muchos. Por el ministerio de uno de ellos, aunque sólo era un jovencito y de pocos años de edad, a saber, ese sirvo de Dios, James Parnell, quien terminó su ministerio con su sangre, y dejó muchos sellos de su ministerio en esa ciudad de Colchester y sus alrededores, donde nuestro estimado fallecido amigo, Esteban Crisp nació, vivió, fue alcanzado, y convencido de la bendita verdad; y por la misma palabra que él predicó y fue un ministro capaz a menudo fue vivificado nuestro digno amigo, y hecho un ministro servicial del evangelio de Cristo, y libremente predicó lo mismo por alrededor de treinta y cinco años. Él viajó para ese fin a muchas partes de Inglaterra, Escocia, Holanda, Alemania, y los países bajos, soportó muchas dificultades, estuvo en varios peligros, y sufrió encarcelamiento por su fiel testimonio, por la preciosa verdad (como aparece más en su propio diario de su vida), y por medio de su ejercicio en lo mismo, llegó a ser capaz de aconsejar y asesorar a aquellos que estaban bajo sufrimientos, y estuvo listo para ayudarlos en eso. Él exhortó y practicó la caridad, y estaba atento de hacer el bien y comunicar un sacrificio agradable a Dios; y también a asistir a muchos en sus asuntos temporales y su establecimiento; a veces presionando a los Amigos, y para hacerlo a tiempo, que no surgieran diferencias, descontentos o problemas después de su muerte. Y fue muy servicial en su consejo a muchas viudas, y útil para los huérfanos en varios aspectos; estando dotado con un buen entendimiento tanto como un hombre, así como un Cristiano.

Y aquel que lo dotó y le dio sabiduría, lo guardó en ella, y bendijo sus labores en el evangelio, e hizo su testimonio servicial para muchos, siendo predicado con discurso sólido, con buena demostración, y acompañado con vida y poder. La consciencia de muchos fue alcanzada de tal manera que ellos habían sido llevados a confesar acerca de su validez, y del poder y la verdad de la cual vino; y han sido llevados a ser testigos, y partícipes también, de la vida y verdad de esto, por medio de la fe y la obediencia a ello.

Él también fue un hombre que era celoso por la verdad, y los varios testimonios a los cuales ella llevó, en contra del mundo corrupto, sus caminos, adoración, modas vanas, y costumbres impías, y a menudo exhortó a los Amigos a pensar acerca del Espíritu del Señor, y así a hacer el negocio de Él, y no el de ellos; ni a confundir ni rechazar el testimonio por la verdad, en cualquier aspecto, ya sea en contra de los ministros hechos por los hombres, el mantenimiento forzado, o su unión de personas en matrimonio por causa de las ganancias sucias; o contribuir a la reparación de sus iglesias; o en contra de guerras y peleas; y grandemente detestó que cualquier camino indirecto debía ser obedecido por cualquiera, para cambiar o evadir su testimonio por la verdad, en cualquier aspecto.

Aunque el la última parte de su tiempo él estaba enfermo del cuerpo e incapaz de viajar mucho, sin embargo él fue muy diligente en frecuentar las reuniones y predicar allí el evangelio, y exhortar a los Amigos a tener amor fraternal, provocándolos a las buenas obras y presionándolos a la diligencia, y una conducta ejemplar, y a instruir a sus jóvenes y sus niños en ese camino, y esa sencillez y simplicidad que llegó a ser la verdad, y los humildes discípulos de nuestro Señor Jesucristo. El Señor inclina los corazones de todos los que los tienen estas cosas a hacer eso, para que ninguno pueda contribuir a aquella sustancia con la cual Dios los ha bendecido, y de la cual los ha hecho mayordomos, para satisfacer cualquier cosa en sus hijos, lo cual puede hacerles daño, o tender a impedir que sigan a sus honestos y tiernos padres, en esa preciosa verdad, y la simpleza, humildad, negación propia, amor y ternura a la cual los ha llevado, para que la bendición de Dios pueda continuar en sus hijos; y de edad a edad, y de una generación a la otra, el nombre digno del Señor pueda ser alabado, su verdad exaltada, y él pueda ser renombrado, quien es digno para siempre. Amén.

En esta santa verdad, para nuestro consuelo, y su gran gozo, estoy muy satisfecho, su fiel siervo de Dios terminó su testimonio y curso en este mundo. Y en el día veinticuatro del sexto mes, del 1692, estando bajo mucha debilidad corporal y dolor, él fue visitado por su antiguo amigo y hermano, George Whitehead, quien dio este informe de lo mismo, como la sustancia de algunas palabras pronunciadas por Esteban Crisp, el día veinticuatro del sexto mes, del año 1692, como sigue:

"Veo un fin de la mortalidad, pero no puedo llegar a ella. Deseo que el Señor me libere de este cuerpo molesto y doloroso. Si él sólo dice la palabra, se hace. Sin embargo no hay ni una nube en mi camino. Tengo la completa seguridad de mi paz con Dios en Cristo Jesús. Mi integridad y rectitud de corazón es conocida por el Señor, y tengo paz y justificación en Jesucristo, quien me hizo así (es decir, recto ante Dios). Estimado George, puedo vivir y morir contigo; y mi estimado amor está contigo, y con todos los fieles en la iglesia de Dios."

En el día veintisiete, que fue el día antes de su partida, él dijo: "esperanza estoy reuniendo (como su expresión era entendida), espero, espero"; y apenas podía pronunciar sus palabras. George Whitehead le preguntó casi cerca de su partida: "Estimado Esteban, ¿pudieras tener algo para los Amigos?" Después de una pausa, Esteban Crisp dio su respuesta: "Recuerda mi tierno amor en Jesucristo a todos los Amigos".

En el día veintiocho del mes, él dejó esta vida, y murió en el Señor en Wansworth de Surrey, alrededor de cuatro millas de Londres, a donde fue llevado por causa del aire, de la casa de William Crouch en una camilla, a la casa de William Crouch allí. Estando muy débil, él fue acompañado por varios Amigos a pie con la camilla, no sea que hubiera necesidad de asistencia.

Después de su fallecimiento, su cuerpo fue llevado a la iglesia de la calle Gracechurch en Londres, donde, en el día veintiuno, un gran número de Amigos y otros se reunieron para acompañar su cuerpo al lugar, y muchos testimonios vivientes fueron dados allí, por los fieles hermanos en la verdad. Y entonces su cuerpo fue puesto sobre los hombros de sus amigos y hermanos que lo amaban por causa de la verdad, hacia el cementerio en Bunhill Fields, y allí fue enterrado. Varios testimonios también fueron dados allí en la tumba, para la verdad, por causa de aquellos que todavía permanecen; y que todos puedan amar y vivir en aquello que hace bello y viviente para Dios y ante su vista; y persevera en diligencia y fidelidad en la obra y servicio del Señor, para mantenerse en ese poder, y bajo el gobierno de ese Espíritu que sólo es suficiente para capacitarnos a seguir las pisadas de aquellos que siguieron a Cristo, y que podamos correr nuestra carrera con alegría, terminar nuestro curso con gozo, acostar nuestras cabezas en paz, descansar con el Señor para siempre, y tener un lugar en ese reino que nunca se desvanecerá.

Para que pueda ser así con todos nosotros que aún permanecemos, es mi sincero deseo y sincera súplica al Señor; y que podamos siempre permanecer en ese amor, que es el emblema o marca de nuestro discipulado en ese Espíritu que es el vínculo de nuestra paz, en esa Vida por la cual hemos sido redimidos, en esa gracia y fe por la cual somos salvos, y ser armados con la armadura completa de la luz, y caminar en ella; para que conozcamos la comunión con Dios y los unos con los otros, y podamos experimentar la virtud purificadora de su sangre quien murió por nosotros para limpiarnos de toda injusticia. Y al ser así purificados, podamos poseer nuestras vasijas en santificación, y continuar en la vida de justicia, y en santo temor esperar al Señor para ser llenados con esa sabiduría que es de lo alto, y vestidos con la justicia de Cristo, y cubiertos con celo como un manto, y dotados de un buen entendimiento, y guiados por su consejo, y ser recibidos en la gloria, y tener el fin de nuestra fe, la salvación de nuestras almas; es el aliento sincero, y tierna súplica de aquel que desea el bien de todos los hombres, y ora por la prosperidad de Sión, y la paz de Jerusalén, que Dios pueda darle excelencia eterna, y la adoración de toda la tierra.

Y ahora, habiendo insinuado al autor, conmemorado el poder del Señor, y elogiado su Espíritu, Gracia y Verdad, por medio de quien vino la gracia y la Verdad, le recomendaré, estimado lector, y le rogaré sinceramente que aplique su corazón a ello. Deje que su mente vaya hacia un escrutinio de los siguientes escritos, sea ejercitado rectamente en ellos hacia el Señor para que usted pueda verdaderamente probar de qué espíritu vienen, para qué fin ellos fueron escritos; y así llegue a hacer uso correcto de ellos. Por su diario ejercicio y espera en el Señor, y obediencia viviente a él, usted puede ser calificado y capacitado para tener éxito en esa vida, espíritu y sabiduría, con la cual él fue dotado.

Estimados Amigos, es nuestro gran aliento que todavía permanece ser fieles al Señor, diligentes en su obra y servicio, celosos por su nombre, y nuestros respectivos testimonios por esa causa, porque ese bendito Poder, Espíritu, Vida y Sabiduría, que levantó, capacitó, suministró y dotó esto, y muchos más de nuestros antiguos, dignos y honorables hermanos, y los hizo así, bendito sea su santo nombre, todavía está con nosotros, y tan suficiente como siempre. El Señor está tan dispuesto a llenar los lugares de aquellos que Él ha tomado para si mismo hacia las mansiones de gloria eterna, como él se agradó favorablemente en tierna misericordia para abastecerlos para su obra y servicio, para que pueda ser continuada para alabanza y honor de su digno nombre, a través de las edades, y de generación en generación.

Y, por lo tanto, nosotros que todavía permanecemos, seamos fieles al Señor, entregados libremente a seguirle, y a manifestar nuestro amor y respeto hacia nuestro fallecido amigo y sus obras, al seguir ese consejo sano y cristiano que él nos ha dado por su palabra y escritos libre y frecuentemente; para que podamos ser, por el mismo espíritu y poder, capacitados para seguirle y sucederle en su obra y servicio, por la preciosa Verdad.

Por lo tanto, con las palabras de nuestro Señor Jesús, el Camino y la Verdad, puedo concluir "Si un hombre me ama, guardará mis palabras, y mi Padre le amará, y vendremos él, y habitaremos con él". Y en ese amor deseo siempre permanecer,

Cortés lector,

Su sincero amigo y bienintencionado,

John Field

George- Yard, Londres, el día 14 del tercer mes, 1694.

El propósito de este sitio es enseñar cómo vivir
libre de pecado
al beneficiarse de poder de Dios que produce cambio por medio de la cruz
que lleva a la unión con Dios en su Reino.

 


Arriba | Quienes Somos | Inicio