La Cruz Perdida de la Pureza

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SERMÓN XXVII

El maravilloso amor de Dios a la humanidad

Predicado por Esteban Crisp en St. Martin's-Le-Grand, el 9 de noviembre, 1690

ES nuestra gran preocupación, mientras estamos en este mundo, promover la gloria de Dios, para obrar nuestra propia salvación, para esforzarnos, tanto como podamos, en estar conscientes, y ayudarnos los unos a los otros a estar conscientes del amor de Dios hacia nosotros. Esto es lo único que nos puede dar verdadero consuelo, tener un sentido del amor de Dios para nosotros en Cristo Jesús, el maravilloso amor de Dios a la humanidad, en Jesús. No hay nada más certero que el hecho de que todos nosotros somos partícipes del amor de Dios, el cual es impartido a nosotros diariamente, y no vivimos ni un día sin él. Sin embargo, si no tenemos cuidado, podemos pasar muchos días sin él, y sin un sentido agradable de él; y esa es la razón por la cual muchos de los hijos e hijas de los hombres muestran en sus vidas tan poco amor a Dios, porque ellos tienen tan poco sentido de su amor a ellos; porque el apóstol Juan, quien había alcanzado un gran conocimiento y experiencia en el cristianismo, declaró claramente, que la razón del amor que tenemos hacia Dios es porque él nos amó primero; y yo no creo que ningún hombre tenga un amor verdadero para Dios si no tiene un sentido del amor de Dios a él.

Y con respecto a esas bendiciones temporales que disfrutamos en esta vida, como la salud y la fortaleza, y nuestro mismo aliento y ser, como también nuestro bienestar, que continúan cada día y cada hora, ellos vienen del amor de Dios hacia nosotros, y el alargamiento de nuestras vidas y permitirnos oportunidades para el bien de nuestras almas, como señales evidentes del amor de Dios y su buena voluntad hacia nosotros. Cuando estas cosas no son consideradas ni contempladas, los hombre viven como las bestias que perecen, y no consideran a aquel que los hizo, sino que continúan en desobediencia a él, deshonrando su gran hombre, y acarreando ira sobre sus almas. Y así hace cada hombre, mientras permanece en su estado y condición natural; porque en cada hombre naturalmente se encuentra la semilla y la raíz de todo pecado y rebelión contra Dios, que hace al hombre regresar mal a Dios por el bien que él nos hace.

Y yo creo que todos nosotros estamos conscientes, en alguna medida, de la depravación que ha caído sobre toda la humanidad, y de esa enemistad hacia Dios, y esa aversión que está en los hombres para hacer la voluntad de Dios; y en cada hombre está la impotencia y la incapacidad de reformar sus caminos, y el cambio de su corazón, y dejar sus inclinaciones corruptas y violentas, sin la ayuda y asistencia de la gracia y Espíritu de Dios.

Ahora, aquellos que están hasta ahora conscientes de su separación de la naturaleza del Señor, también están conscientes de que el tiempo que ellos tienen aquí es el único tiempo que tienen para su preparación y para ser hechos aptos para ese reino eterno, el cual todos nosotros queremos disfrutar; ¿cómo puede esto afectar la mente de cada uno, que mientras ellos tienen tiempo, puedan apreciarlo y mejorarlo, y llegar a un sentido interno del amor de Dios, para que puedan tener un amor que surge en sus corazones otra vez hacia Dios? Porque la gente nunca será obediente a Dios, hasta que ellos le amen, o alguna vez le amen, y hasta que sean sensibles a su amor hacia ellos.

Por lo tanto, ¿cuál es el medio y el camino para que Dios se dé a conocer a los hijos e hijas de los hombres? ¿Ese medio y camino que todos deben aceptar? ¿Cuál es la manera en la que todos deben llegar a conocerlo, y ejercitar sus mentes en él, para que podamos llegar al conocimiento de Dios, y podamos conocer, por medio de un sentimiento experimental y sensible, la bondad de Dios hacia nosotros?

Y, verdaderamente amigos, aquellos que tienen la intención de pasar su tiempo y ejercitarse a si mismos en la consideración de la misericordia y la bondad de Dios, tienen suficiente trabajo para todas sus vidas, para considerar y contemplar las muchas misericordias de Dios que les son otorgadas; porque nosotros recibimos nuestra vida y aliento de él, a quien todo el mundo obedece y sirve [excepto el hombre caído]. Dios, quien hizo a todas las criaturas vivas, nos ha creado y guardado; él ha tenido paciencia y longanimidad hacia nosotros hasta ahora, y él es todavía consciente de hacernos bien, lo cual es manifestado de manera evidente por las invitaciones y promesas que él nos ha hecho, y la obra de su Santo Espíritu con quien él nos ha familiarizado.

Porque ¿quién está en esta asamblea, que Dios no haya hecho sensible a las ofertas de su gracia, e invitaciones al arrepentimiento y la reforma, para que aquellos que viven suelta y vanamente en el mundo puedan acercarse al Señor con todo su corazón y consideren sus caminos y sus obras? Dios ha esperado manifestar su gracia hacia los hijos e hijas de los hombres, y su misericordia y paciencia ha ido más allá de la paciencia humana, la cual está más allá que la paciencia que ustedes alguna vez le otorgaron a alguien, la que el Señor les ha otorgado a ustedes; por lo tanto yo les encargo, en el amor de Dios, que permitan que esta consideración penetre profundamente en sus espíritus, para que ustedes puedan ser afectados con la bondad de Dios, y su paciencia hacia ustedes, y su longanimidad, mientras ustedes han estado pecando contra él.

Pero algunos pueden decir: ¿Cómo sabré esto? ¿De qué manera puedo experimentar este amor de Dios hacia mi? ¿Cómo puedo estar seguro de que el Señor tiene amor hacia mi?

Mis amigos, no es sólo una bondad temporal la que disfrutamos de Dios; no es sólo el alargamiento de nuestros días, que es una señal evidente del amor de Dios hacia nosotros; sino que hay una demostración y manifestación de él, que es universalmente extendida a los hijos e hijas de los hombres, en la que él ha sembrado su palabra en ellos, y ha sembrado su verdad y su gracia en sus corazones, para que cada hombre, aunque pueda ser muy impío, muy necio y vano, pueda tener muchas revisiones y reprensiones en su propio corazón. Yo lo sé, y no lo dudo, pero ustedes sí.

Consideren de dónde se origina el principio que los detiene en su camino pecaminoso, y los revisa y reprende por pecar en contra del Señor. Si ustedes le hacen caso, y lo consideran, ustedes encontrarán que procede de Dios; viene de él, y de él viene nuestra vida y aliento; entonces la gente debería ser incitada a recibir la gracia de Dios; el favor y la misericordia de Dios que él les ha otorgado para su salvación. Las escrituras nos dicen que la gracia y la verdad vienen de Cristo Jesús. Si ustedes tienen algo bueno, esto vino por Cristo Jesús, quien es la fuente de la verdad, y la fuente de la gracia de Dios. Es él por medio de quien Dios se ha dado a conocer a los hijos e hijas de los hombres. Es sólo Cristo a quien Dios ha ordenado ser el Mediador entre Dios y el hombre para que pueda ser el ministro de un pacto eterno, al cual somos llevados con Dios; de modo que ahora la gente debe ir a la consideración del camino y los medios que Dios ha ordenado para su redención, a saber, que él le ha dado a Jesús, ese grande y inefable regalo de su amor y bondad, a los hijos e hijas de los hombres; esta es la gracia y la verdad que viene por medio de Cristo Jesús. ¿Cómo viene? Viene a mi corazón. Aunque el pecado, los deseos y las corrupciones tal vez tengan lugar en muchos, sin embargo Cristo también tiene un lugar; él ha dispuesto su sepultura con los impíos, y fue contado con los transgresores; él es como la semilla que está bajo los higos, y es la semilla más pequeña, sin embargo cuando sale de la tierra, crece muy alta, y esparce sus ramas, y produce fruto; este amor de Dios, esta verdad santa que no cambia, está en todos; ¿por qué entonces no debería cada hombre ser gobernado y regido por ella?

Pero algunos hombres dirán: ¿es la verdad mejor que la mentira, y la gracia mejor que los deseos y la corrupción?

Ustedes pueden ver esto, por la luz que es descubierta en las partes interiores. Que cada hombre vaya a su interior, a la gracia de Dios, que vaya hacia esa luz que se manifiesta en cada criatura, y que vea lo que esta luz hará por nosotros. Esta es la doctrina con la cual el apóstol fue enviado; él fue enviado con una misión para alejar a los hombres de la oscuridad hacia la luz, y del poder de Satanás hacia Dios. ¿Por qué lo hizo? Fue para este fin, para que los hombres puedan tener remisión [liberación de la esclavitud] del pecado, y que puedan llegar a tener una herencia entre aquellos que son santificados por la fe en Cristo Jesús nuestro Señor. De modo que este evangelio es el mismo que era antes, aunque los hombres tienen muchas maneras de predicar, y varios métodos y maneras de declarar las verdades del evangelio; bienaventurado sea Dios, la doctrina apostólica es predicada otra vez, y el bendito evangelio tiene el mismo poder que en los días antiguos, y puede tener el mismo efecto; y que esta sea la porción de cada uno de ustedes, eso es el fin de nuestra labor. Y nosotros tenemos en nuestros ojos sólo dos cosas.

Primero, tener una buena consciencia ante la vista de Dios, quien nos ha dado su palabra para predicar, y llevar los hombres de la oscuridad hacia la luz, y del poder de Satanás hacia Dios; para que podamos estar libres de la sangre de todos los hombres.

Segundo, otro fin es el deseo que Dios ha puesto en nuestro corazón de que todos los hombres en todo lugar sean salvos; esta es la voluntad de Dios. Si alguno es maldito, lo es su propia voluntad, y por la voluntad del diablo; esta es la voluntad de Dios, que nadie perezca, sino que todos lleguen al arrepentimiento y sean eternamente salvos. Ahora, en esta obra de la salvación de ustedes, nosotros podríamos tener consideración hacia aquel que nos envió a predicar el evangelio eterno, y quisiéramos quitarnos esa carga fielmente, y tener una manifestación en nuestra conciencia, para que ustedes puedan obtener los beneficios del evangelio; para que ustedes puedan responder al propósito de Dios al enviar a Cristo: ser el Salvador de la humanidad; ustedes deben alejarse del pecado e ir hacia Dios, y entonces encontrarán la bendición que viene de Jesús, la cual es alejar a cada uno de sus malos caminos.

Ustedes pueden leer esto en un libro, y también lo pueden leer claramente en sus corazones. El Señor Cristo Jesús les ha dado luz para distinguir entre el bien y el mal; si hacen bien, ustedes pueden hacer una reflexión agradable de sí mismos, y esto será el gozo de ustedes, el testimonio de su consciencia con respecto a eso; pero si ustedes hacen mal, aunque todos los hombres les justifiquen y les elogien, ustedes serán condenados en sí mismos; para que ustedes tengan en sí mismos lo que distingue entre las cosas que difieren en su naturaleza y su clase, y ustedes tienen un poco de iluminación del conocimiento y entendimiento que ustedes han recibido con respecto a las cosas que son agradables y desagradables para Dios. Si después que ustedes saben esto se van en un camino desagradable para Dios, él al final será muy duro con ustedes, y los precipitará hacia el abismo de su ira para toda la eternidad.

Después que las personas son santificadas e iluminadas con la luz de Cristo, y llegan a la experiencia de las cosas en sí mismos, amarán la luz y caminarán en la luz; pero hay muchos en esta época que han leído las escrituras abundantemente, y sin embargo todavía van por el camino del pecado; ellos no pueden amar la luz que los reprende. Aquel que hace el mal odia la luz, y el amanecer del día es como sombra de muerte para él; y no trae nada más que condena sobre esas personas, de modo que ellos no aman la luz, aunque es evidente que la tienen y la disfrutan; y será su condena, lo quieran o no; si ellos no aman la luz y no la aceptan, ella nunca será para su salvación.

Dios ha dado a Cristo para ser una luz a los gentiles, y su salvación hasta los confines de la tierra. Él es la verdadera luz que ilumina a cada hombre que viene al mundo; el apóstol Juan les da la genealogía de la palabra de Dios: en el principio era el verbo, y el verbo era con Dios, y el verbo era Dios; él era en el principio con Dios; todas las cosas fueron hechas por medio de él, y sin él no fue hecho nada de lo que ha sido hecho; en él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres; la vida de la palabra eterna era la luz de los hombres; ¿a qué hombres te refieres? Yo respondo que él es la verdadera luz que ilumina a cada hombre que viene al mundo. Él extiende su luz a cada hombre, pero es una condena para todo hombre mientras continúen siendo pecadores en contra de Dios. Esta es la condenación: que la luz ha venido al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

Ahora todos los hombres están por naturaleza muertos en pecados y transgresiones; después que nuestros primeros padres cayeron en el pecado, murieron hacia Dios: el día que comas de él, ciertamente morirás; cuando ellos habían comido el fruto prohibido, no murieron en su apariencia externa, pero murieron en esa comunión que tenían con su Hacedor; en este estado muerto están todos los hijos e hijas de Adán; pero, como dice nuestro Salvador, aunque están muertos, ellos vivirán otra vez; Cristo es el Señor del cielo, un Espíritu vivificador; este es el objeto de nuestra fe que ha sido extendido y ofrecido a la humanidad desde la caída; no hay ningún nombre bajo el cielo, ni otro poder o espíritu por el cual el hombre puede ser salvo; este gran Mediador, el Hijo eterno de Dios, es la luz que ilumina a cada hombre que viene al mundo. La fe en Cristo es la misma que era antes, a pesar de las muchas formas de adoración entre los hijos de los hombres; algunas establecidas por Dios, y algunas establecidas por los hombres; sin embargo entre todas estas, el objeto de la fe es el mismo, y dice lo mismo.

[Cristo, el objeto de la fe, es el mismo; pero la fe no es la misma. Está la creencia de que Cristo nació de una virgen, fue crucificado, resucitó, y ascendió – el Hijo de Dios; esa es una fe en eventos históricos que está muerta. Hay una creencia más allá de la concurrencia de la historia en la Biblia, y esta fe viene por el oír, y oír la palabra de Dios, la palabra que está en el corazón y la boca de ustedes, para que puedan obedecerla; la fe viene cuando ustedes son guiados (oyen y obedecen), por el Espíritu de Dios en sus corazones; esta es la fe de la que habla la Biblia, una fe que es por revelación. La fe en la promesa de Dios es necesaria para obtenerlas; fe en el poder de Dios para producir limpieza, purificación, santidad, y salvación, es necesaria para alcanzar cualquiera o todas estas cosas.]

En el capítulo 11 de Hebreos, ese pequeño libro de mártires, el apóstol allí les da un catálogo de las grandes cosas que han sido hechas por la fe del pueblo de Dios. Él comienza con Abel: Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio superior al de Caín. Por ella recibió testimonio de ser justo, pues Dios dio testimonio al aceptar sus ofrendas. Y por medio de la fe, aunque murió, habla todavía. Por la fe Enoc fue trasladado para no ver la muerte y no fue hallado, porque Dios le había trasladado. Antes de su traslado, recibió testimonio de haber agradado a Dios. Y así el apóstol continúa con Noé, Abraham, Isaac, Jacob, José y Moisés. ¿Qué más diré?, dijo él. Me faltaría el tiempo para contar de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, de Samuel y de los profetas. Por la fe éstos conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, sofocaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, sacaron fuerzas de la debilidad, se hicieron poderosos en batalla y pusieron en fuga los ejércitos de los extranjeros. Todas estas cosas grandes y nobles fueron hechas por fe; ella era el aspecto que sus almas tenían en Cristo el Mediador entre Dios y el hombre; era su confianza y dependencia en Dios por medio de Cristo el Mediador que los apoyó y los sostuvo en todo lo que hicieron y sufrieron. Esta fe es todavía la misma.

Además hay muchas creencias en el mundo, pero veremos que ellas son sólo la fe de los hipócritas. Algunos tienen una creencia de que si ellos hacen esta o la otra obra,* entonces ellos dicen que ustedes pueden confiar en sus almas con respecto a esas buenas obras; pero esta no es la fe de Abraham, el padre de los fieles. Sin embargo, algunos que son llamados cristianos se han ido tan lejos en la doctrina de los méritos, que piensan que pueden hacer suficiente para su salvación, y por sus amigos y parientes también; de modo que todavía puede haber aún más mérito de modo que otros pueden tener el beneficio de los méritos de sus obras esforzadas que van más allá de su deber. Pero esta no es la fe de Abraham, ni de los otros santos, por la cual ellos obraron tales maravillas en el mundo. Yo preferiría que los hombres no confiaran en sus propias obras para la salvación, sino que confíen sólo en Cristo, quien es capaz de salvar completamente a todos los que van a Dios por medio de él.

[*se cree que los rituales y ceremonias pueden salvar las almas, y que estas cosas son obras fáciles. El bautismo por agua, comer pan y beber jugo de uva, decir oraciones especiales — son doctrinas fundamentales y obras en el cristianismo de hoy en día, y sin embargo son sólo rituales paganos, inventados por la bestia del hombre, buscando una cubierta para permanecer en su vida egoísta, inmoral, impura, codiciosa y vana de pecado.]

Objeción: Pero algunos tendrán la objeción de que nosotros aprendemos la doctrina de fe en Cristo, y la justificación por medio de él.

Bueno, por mi parte, mi lengua se me caerá pronto de mi boca si me opongo a la doctrina de ser justificado por la fe en Cristo. Pero déjenme que les diga que esto puede ser usado incorrectamente. Si un hombre cree que él es justificado por su fe en Cristo, y sin embargo sabe, en su propia conciencia, que está condenado, él está creyendo una mentira; él está siendo seducido y engañado. Un hombre no puede ser justificado por Cristo cuando el Espíritu de Cristo lo condena. Una persona tal, cuando llega a acostar su cabeza sobre su lecho de muerte, toda su familia sale volando. Me he encontrado con algunos ejemplos, ejemplos lamentables, de aquellos que son llamados cristianos, quienes han hecho una profesión de religión, y al final han recostado sus cabezas en dolor. Si este es el error de ustedes, consideren, mientras tengan tiempo, que ustedes podrían morir en paz.

[Nosotros somos justificados y purificados por la fe en Cristo; pero no somos inmediatamente justificados o inmediatamente purificados al principio cuando recién creemos. Ahora bien, si procurando ser justificados por Cristo, también hemos sido hallados pecadores, ¿será por eso Cristo servidor del pecado? ¡De ninguna manera! Gál 2:17. Noten que dice "buscando", lo cual es esperar en el Señor, se nos muestra los pecados de nuestro corazón; después que estos pecados son quitados, somos santificados y justificados al mismo tiempo. No hay justificación hasta que nuestra fe obediente en Cristo resulte en que él nos limpia, nos redime, nos purifica, nos santifica, y nos perfecciona.]

Ahora la proposición y amor tierno de Dios para la humanidad siempre ha llevado esa limitación, que cada uno en el mundo debe observar; si un hombre espera ser salvo por Cristo, debe ser gobernado por él. Es contrario a todo tipo de razón pensar que el diablo puede gobernar al hombre, y Cristo ser su Salvador. Todo el tono del Nuevo Testamento está en contra de eso (espero que lo lean tan seguido como ustedes deseen, porque es un buen ejercicio), y ustedes hallarán que la fe del verdadero cristiano es esta: que aquel que tiene fe en Cristo recibe una operación obrada en él para la limpieza de su corazón, la purificación de su consciencia que quita las obras muertas, para que él pueda servir al Dios vivo; aunque él haya sido previamente un siervo del diablo, esto lo hará dejar su antigua esclavitud, y lo llevará a estar bajo la influencia de otra ley, la ley del espíritu de la vida en Cristo Jesús, que lo hará libre de la ley del pecado y la muerte. El apóstol establece varias condiciones por las que él había pasado:

Él antes había vivido en una vida profesada, pero fue destruido por el poder del mandamiento, el cual lo derribó en el polvo como un hombre destruido; cuando él estaba en esa condición destruida, halló esa fe en él, la cual era la ley del pecado y la muerte, y esto causó una lucha y una guerra dentro de él; hallo esta ley, dijo él, que queriendo hacer el bien, el mal está en mi; pues según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. Ahora, esto lo llevó a la pobreza del espíritu, hacia un sentido de su miserable condición, y entonces clamó: ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?

Ahora, algunas personas en este tiempo son como el apóstol, ya que tienen una ley en sus miembros que batallan en contra de la ley en sus mentes; el bien que quieren hacer no lo hacen, y no pueden ir más allá. Pero el apóstol Pablo fue más allá, aunque él no conocía la liberación en ese estado; sin embargo él tenía fe de que sería liberado, y que no sería miserable todos sus días. Así, habiendo llevado a los romanos a los varios estados por los cuales él pasó, los lleva a un estado más allá, la ley del espíritu de la vida en Cristo Jesús me ha liberado de la ley del pecado y la muerte. Y no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús. ¿Cómo sabemos esto? Ellos no caminan conforme a la carne, sino conforme al espíritu. Ahora Pablo había llegado a ese estado santificado, ese estado de libertad al cual Cristo Jesús llevará a aquellos que creen en él.

Los hombres santos, en los días antiguos, experimentaron y encontraron un gran conflicto y contienda en sus propios corazones; todos querían hacer el bien, y ejercitar una consciencia, libre de ofensa, hacia Dios y hacia los hombres; pero había una ley de pecado que luchaba en sus miembros. Si cedemos a ella, nos lleva al pecado y la muerte; pero si cedemos a la ley del espíritu de la vida, hay un poder que es derivado del Mediador, que trasladará al alma fuera del reino de oscuridad y pecado, del cual el diablo es el príncipe, y los llevará al reino del amado Hijo de Dios.

Debe haber un verdadero cambio obrado en nosotros antes de que podamos ir a Dios, y a tener comunión con Dios, lo cual por sí mismo puede hacer feliz al alma. Que este sea el ejercicio de cada uno de nosotros, adorar y magnificar la gran misericordia y bondad de Dios, que él no ha quitado su espíritu de ustedes, sino que ha puesto un monitor en sus senos que los llama a dejar de hacer el mal, y aprender a hacer el bien, y a considerar que la paga del pecado es muerte. Este es un pecado que yo puedo cometer; esta es una tentación que está ante mí, pero yo sé que es un anzuelo y una trampa. Yo puedo tragar si quiero, pero si lo hago, será mi ruina. ¿Acaso quiero ir a la muerte eterna, y tener una porción con los mentirosos e impíos en el reino de la oscuridad, donde el gusano no duerme, y el fuego no se apaga? ¿O acaso quiero tener mi porción con los santos y los ángeles? Si quiero tener mi porción con los benditos en el reino de Dios cuando muera, debo caminar en el camino que lleva a él; pero la puerta es angosta y el camino es estrecho, y pocos lo encuentran. Esfuércense para ser uno de esos pocos.

Objeción: Pero ¿qué significa nuestro esfuerzo (dirán algunos) si no podemos hacer nada que sea bueno, ni siquiera pensar un buen pensamiento? ¿Qué significa nuestra labor? Todas las labores y esfuerzos en el mundo entero no pueden hacer al hombre feliz.

Ahora le hablo a las personas a quienes Dios promete la ayuda y la asistencia de su gracia y su Espíritu, y la visitación de su amor y poder; ustedes deben esforzarse para hacer algo. Si el hombre se esfuerza, con la ayuda de Dios, él puede hacer mucho bien, y evitar mucho mal. Aunque todos nuestros esfuerzos, en nuestro propio poder y fortaleza, no pueden significar nada, aún así son requeridos por Dios, y al unirlos con su gracia, y aprovechando las oportunidades, por medio de la asistencia divina, hacemos lo que Dios puede aceptar. Pero si un hombre no hace nada en su propio poder y fortaleza, ya sea orar, oír, leer, meditar, o cualquier otro deber, mejor hubiera sido que no lo hiciera.

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Yo los consideraría a ustedes como aquellos a quien Dios ha seguido con su gracia y la manifestación de su espíritu; esta es dada a todo hombre para su provecho, y todo hombre tiene la oportunidad de obrar con ella; pero él debe obrar mientras es de día, porque la noche viene cuando ningún hombre podrá trabajar.

Que cada uno de nosotros que estamos reunidos ahora, obremos para ser sensibles del amor de Dios a nosotros, y le amemos sobre todo, y expresemos nuestro amor por medio de una obediencia voluntaria y perseverante, para que podamos tener el amor de Dios que es derramado sobre nuestros corazones por el Espíritu Santo, y ofrecer alabanzas viviente a él a través de Jesucristo, quien nos ha amado, y nos ha lavado de nuestros pecados en su propia sangre, y nos ha hecho reyes y sacerdotes ante Dios y su Padre. A él sea la gloria y el dominio por siempre y para siempre. Amén.

SERMÓN XXVIII

La salvación del pecado por medio de Cristo Jesús

Predicado por Esteban Crisp en Devonshire-House el 9 de agosto, 1691

ES una doctrina general en el mundo que ningún hombre por ningún medio puede ser liberado del pecado en esta vida. Esto es recibido universalmente entre todos los cristianos, en todas las iglesias; y aunque ellos difieren tanto en otras cosas, sin embargo ellos están de acuerdo en esto; para que esta doctrina ha llegado a controlar el mundo, y es contada como un gran engaño, una herejía, y un gran error para que cualquiera cuestione la verdad de ella.

Ahora, mientras el hombre tiene esa creencia, es imposible que viva sin pecado, y el reino de Satanás sea derribado en cualquier alma en el mundo, ¿cómo pueden los hombres esperar o creer que la justicia prevalecerá en el corazón del hombre? No hay rey ni mendigo, ni obispo ni un ministro del evangelio, pero el diablo debe tener una regla y gobierno en él, mientras él viva en el mundo. Mientras se crea en esto, no es posible que la otra creencia tenga lugar; es una locura pensar que debo estar bajo la regla y el gobierno de Satanás si estoy bajo el gobierno del Hijo de Dios. Es una locura todavía más grande decir que Cristo y el diablo son ambos mis gobernantes. Es una necedad prodigiosa y locura hablar de esta manera.

Esta creencia prevalece sobre todos los hombres; sobre los sabios, y los poderosos, y los nobles, y los eruditos, de modo que nunca pueden ser liberados del poder del pecado en este mundo, sino que el diablo los llevará hacia el pecado todos los días; que los hombres sean tan sobrios, tan abstemios en sus vidas; que ellos pasen tantas horas en oración cada día, que ellos vengan a las reuniones y oigan sermones, y los escriban, y los repitan, y aunque hagan lo que quieran, esta es una barra de incredulidad que está en el camino, que hace que los hombres se alejen del Dios viviente, y su poder, y pierdan el beneficio que ellos reciben de Cristo. Y por lo tanto ellos van y lo obtienen de otra manera, esto es, tener la justicia de Cristo imputada en ellos. Por la justicia imputada ellos serán puros y santos ante la vista de Dios, cuando ellos están contaminados en sus propios ojos; y cuando ellos ven sus fallas diarias, debilidades y corrupciones, sin embargo puede que Dios nos las vea; sino que él los ve como santos, justos y rectos en su Hijo.

¿Qué clase de doctrina extraña es esta? Debo presumir que Dios me verá en su Hijo, Jesucristo, cuando nunca estaba en Cristo. ¿Cómo puede ser esto? Aquel que está en Cristo es una nueva criatura; las cosas viejas son quitadas y todas las cosas son hechas nuevas. Pero si todavía hay cosas viejas que permanecen todavía, y no he llegado a ser nuevo, ¿debo suponer que estoy en Cristo, y que Dios me verá en su Hijo? Cuando la gente llega a usar el entendimiento que Dios les ha dado, ellos se verán a sí mismos como bloqueados por su incredulidad, en la cual han bebido las naciones; y es tan dulce para ellos como la miel y el panal [lo cual es aquello con lo cual los habitantes de la tierra se han embriagados con el vino de ella (la ramera de Babilonia) la fornicación, el vino de su fornicación es la falsa promesa de vivir en los deseos y el orgullo sin la consecuencia de la furia de Dios.]

Pero, bendito sea Dios, muchos ya lo han vomitado. Si ellos hubieran basado esta doctrina en la inhabilidad natural del hombre, yo hubiera dicho amén; porque yo sé que nadie tiene una habilidad natural ni poder para liberar su propia alma del pecado y de Satanás. Sin embargo, cuando ellos basan su doctrina de pecado perpetuo en el poder de Dios, aunque el Señor desnude su brazo y revele su poder, aunque ellos llegan a tener la gracia de Dios, que ellos todavía no pueden ser liberados del pecado por Dios — esto tiene blasfemia en su fin. Lo previo reflejó en el poder del hombre, pero esto es incredulidad del poder del Dios Todopoderoso. Que el diablo ha llegado a tener tanto poder sobre nosotros, que Dios no tiene poder sobre nosotros, ni puede tener poder ni dominio sobre nosotros, de modo que en una nación entera él no puede tener ni un hombre que le sirva.

Mucho se puede decir como respuesta a esto. Cuando los hombres están dispuestos a servir a Dios, ellos estarán dispuestos a dejar el servicio del diablo. No hay manera de responder ese buen deseo, sino al esperar a Dios para que él revele su poder. Yo le pido a Dios que cuando ustedes vayan a una reunión, ustedes puedan decir: “Señor, que tu poder pueda estar en mi corazón; que tu brazo sea desnudado, y que me liberes del poder y dominio del pecado,” para que algunos digan que sienten el poder de Dios en una reunión; algunos dirán "siento el poder de Dios obrando en mi corazón, para que quite el pecado y la transgresión, y me de victoria sobre él, por medio del Señor Jesucristo." Si ellos sienten este poder de Dios sobre ellos, es su deber creerlo y depender de él. Si yo lo creo, debo esperar los dictados de él, y creer que seré capaz de hacer todas las cosas a través de Cristo que me fortalece. Entonces la fe vendrá hacia las obras, y aparecerá como una fe viviente.

Ustedes pueden recordar lo que dijo el apóstol Santiago, así como el cuerpo sin el Espíritu está muerto, la fe sin obras también está muerta. Tan pronto como el hombre llegue a unirse con el gran poder de Dios, él será capaz de resistir la tentación. Si él llega a estar con compañía de los impíos, él los negará y no los seguirá; él entonces hallará algo de poder y habilidad para servir a Dios; aunque él no ha llegado a la perfección, sin embargo él está caminando en el camino de la santidad, y avanzando hacia la señal del llamado de Dios en Cristo Jesús. Él dirá: Yo me he acercado un poco más de lo que estaba hacia el lugar donde deseo estar, hacia la vida en la cual deseo vivir y morir; entonces que venga la muerte cuando le agrade a Dios, será bienvenida.

Esta es la impiedad de muchos en el mundo: ellos no quieren vivir una vida en la que estarían dispuestos a morir. Ellos no pueden llegar a una vida así a menos que les sea dada para que crean, porque es el don de Dios; ellos deben ir hacia su gobernador y líder, quien va antes que ellos, hacia el don de Dios, que es la vida eterna; entonces que la muerte llegue cuando quiera, si yo tengo el don de la vida eterna.

Es una cosa miserable pensar que hay muchos que no se han aferrado de la vida eterna. Ella es manifestada para que nosotros nos aferremos de ella; hay una mano de fe que se une con ella. Cuando el hombre se aferra de la vida eterna, esta vida lo purificará y lo santificará, por lo menos por grados, hasta que él esté completamente santificado en el cuerpo, el alma y el espíritu. Esto es lo que el apóstol escribe en una de sus epístolas: la salvación de ustedes está más cerca que cuando ustedes creyeron. Cuando ellos creyeron al principio, su salvación estaba bastante lejos. Él describe la salvación como el fin de su fe y su esperanza.

Cuando el hombre llega a ser liberado de sus pecados, él llega a servir a Dios sin temor; pero cuando el hombre llegue a vivir por la fe, entonces él vencerá; él es un buen soldado de Jesucristo, y debe luchar valientemente bajo su estandarte, hasta que él obtenga la victoria sobre todos sus enemigos, y entonces su salvación estará mucho más cerca que cuando él creyó al principio.

Yo podría decir lo mismo acerca de algunos de ustedes; porque me temo que su salvación está más lejos. Algunos andan de allá para acá, como ovejas que no tienen pastor; con esto está ejercitado mi espíritu. Ustedes que viajan hacia el reino de Dios, es por la maravillosa gracia y misericordia de Dios que llegó a sus mentes para buscar primeramente el reino de Dios y su justicia. Aquellos que han obtenido esta misericordia de Dios, recibirán y disfrutarán otras misericordias, porque bienaventurados son aquellos que tienen hambre y sed de justicia. Esta es la única misericordia; pero hay otra misericordia: ellos serán saciados; ellos serán satisfechos. Cuando el hombre llega a esto, debe tomar su cruz diaria, y ejercitar la negación propia; pero si él sigue a Cristo, será saciado; entonces no tendrá nada más que paz y gozo; entonces él cantará alabanzas y gloria a Dios en las alturas, y al Cordero para siempre.

No hay nadie que pueda entender la gloria que es dada a aquellos que toman su cruz y siguen a Cristo, y aman su venida. Esta es la gran bendición que Dios le da a su pueblo; él ha enviado a su Hijo Jesús para que nos bendiga, y nos aleje de nuestras iniquidades. Esta es verdaderamente una bendición. Tengan cuidado de no admitir ningún término nuevo. No piensen llevar al Dios Todopoderoso a nuevos artículos, los términos son ya están declarados y concluidos. Si ustedes obtienen la bendición, deben alejarse, cada uno de ustedes, de sus iniquidades. Los términos ya están hechos, la ley de Dios debe ser escrita en el corazón y los pensamientos interiores, y ustedes deben cerrar con ese poder que escribirá la ley en sus corazones, y al ir hacia el reino de Dios, ustedes verán la venida del reino en ustedes.

Fue el gozo de mi alma para mí ver que el reino de Cristo sería establecido en mi corazón, antes de que fuera establecido allí; entonces vi la obra maravillosa del Señor, y hubo una gran alteración en mi, cuando al Señor le agradó destetarme del pan del mundo, y quitar mi corazón, y destetarlo de los deseos del mundo, de los gozos y placeres del mundo, y modas, y el honor y reputación del mundo. Yo digo que al Señor le agradó destetarme de estas cosas, y me llevó a una santa resignación, para darle mi corazón a él. Si yo tengo gozo, debe ser del Espíritu Santo; si yo tengo placer debe ser en la presencia de Dios, quien en la multitud de los pensamientos que están dentro de mí, hizo que su consuelo deleitara mi alma; y si él no les trae consuelo, ustedes nunca lo obtendrán; ustedes no pueden esperar hasta que ustedes crean; y cuando ustedes tienen fe, pueden sentir el reino de Dios dentro de ustedes. Debe haber un nuevo nacimiento, la obra de la regeneración, porque a menos que el hombre nazca otra vez, no puede ver el reino de Dios; debe haber un traslado de la muerte a la vida, debe haber un alejamiento del antiguo fondo y un arreglo del nuevo fondo, sobre Cristo Jesús, la roca eterna; debe haber una sujeción a su santo poder y gobierno, de otra manera ustedes no pueden ver el reino de Dios.

Muchos han estado en una profesión por muchos años, y nunca vieron la belleza de ella; y cada pequeña insignificancia en el mundo los ha desviado, y los ha alejado. Este, aquel y el otro placer han alejado sus corazones; ellos han visto la gloria del mundo, la cual los ha cautivado. Pero aquellos que hacen una profesión de la verdad, y han visto la belleza y la gloria del reino de Cristo, rehuyen en horror el pensamiento de regresar al mundo otra vez, porque el apóstol dijo que les había sucedido de acuerdo al verdadero proverbio: el perro que regresa a su vómito, y la puerca lavada que se revuelca en el cieno; mejor les habría sido no haber conocido el camino de justicia, que después de conocerlo, volver atrás del santo mandamiento que les fue dado. Ellos hicieron una profesión, y eran miembros de una iglesia visible, y tenían un nombre para vivir, pero estaban muertos en el interior, y a ellos no les es dado ver el reino de Dios, sino a los niños, quienes tienen un nacimiento divino, y quienes desean la leche sincera de la palabra, para que puedan creerla. Dios ha escondido estas cosas de los sabios y prudentes, y las reveló a los niños.

Yo le hablo a aquellos que están aquí este día, que quieren recibir alguna bondad de Dios, y que desean el conocimiento de sus caminos; y desean que los misterios de su reino les puedan ser revelados a ustedes. Que sus mentes se retiren y ustedes encontrarán que las grandes cosas que pertenecen a su paz les son dadas a conocer. Nosotros hemos hablado mucho de esto, pero yo no quiero que ustedes lo sepan sólo por nuestros dichos; yo quisiera que ustedes vayan a su interior y vean si Dios les ha otorgado esta gracia y bendición a ustedes. Si Dios les ha dado su gracia, no se vayan hacia lascivia; no abusen de la gracia de Dios. ¿Qué hacen ustedes cuando la gracia de Dios los ha convencido que esto o lo otro es pecado, y que si ustedes lo hacen, se convertirá en su ruina? ¿Se atreven a cometer ese pecado después de estar convencidos de él? Oh, tengan cuidado de hacerle desprecio al espíritu de gracia, y de afligir el Santo Espíritu, con el cual ustedes son sellados para el día de la redención.

Espero que el peso de esta consideración pueda estar sobre ustedes, y que un santo temor y sobrecogimiento hacia Dios pueda ser obrado en sus corazones, para que puedan ser guardados de pecar contra Dios. Ustedes saben que hay un clamor general en contra del pecado impertinente, del pecado en contra de la luz. ¿No deberíamos todos clamar en contra de él? Es una cosa muy temible para cualquier hombre pecar en contra de su conocimiento y convicción; si alguno de ustedes han sido culpables de pecar en contra de la luz, que diga: “he cometido iniquidad, ya no lo haré más;” y entre en un pacto con el Señor, y diga: “Oh Señor, tanto como tú me has revelado tu voluntad a mi, yo la obedeceré; yo me deleitaré en hacer tu voluntad, oh Dios, aunque vaya en contra de mi propia voluntad. No importa a qué me oponga, no me opondré al Espíritu Santo de Dios, por medio del cual yo puedo ser sellado para el día de la redención. Yo nunca haré esto aunque ponga en peligro mi interés principal en el mundo.” Este es el tentador del verdadero cristiano, y yo le pido a Dios que él les dé a todos ustedes esta mente.

Y ahora, mis amigos, ustedes que desean ver esta gran obra realizada en ustedes, encomienden toda la obra a Dios, y no se preocupen por ella. Estoy seguro de que Dios continuará su propia obra, y derribará el reino del diablo, y reprenderá ese espíritu impuro que se ha esparcido sobre toda la nación, y derramará su Espíritu Santo abundantemente para realizar una reforma gloriosa. Verdaderamente creo que Dios hará esto, por lo que Él ha obrado en mi propia alma. Yo no sé qué instrumentos deben ser empleados en la obra, yo le dejo eso al Señor; pero el reino de Cristo será avanzado, y será de manera externa, y una escoba de destrucción barrerá a todos sus enemigos de la tierra, y la ira de Dios los quemará; pero hay una terquedad y dureza de corazón que ha estado sobre las naciones del mundo, y hay algo que ha estado en el camino en todas las generaciones.

[Esta es la profecía de Crisp del fin del mundo, cuando el Señor destruye todo el mal en la tierra, y deja sólo unos pocos hombres vivos; sólo aquellos que tengan luz se salvarán. El Señor ha dicho que la justicia se esparcirá sobre la tierra por medio de los profetas, y el Apocalipsis nos dice cómo ocurrirá. Para que la justicia pueda esparcirse sobre toda la tierra, todos los pecadores deben ser destruidos; pero el tiempo de angustia de Apocalipsis le dará a algunos la motivación de buscar la gracia que purifica el corazón y el alma que ha sido ofrecida, pero que el cristianismo ha convertido en una cosa impura. El cristianismo cambió el pacto, convirtiendo la sangre de Jesús en promotor del mal, una excusa para el pecado; lo cual Isaías dijo que resultaría en que el Señor devorará la tierra y hará al hombre tan escaso como el oro. Ese tiempo se acerca rápidamente. Edward Burrough tuvo una revelación similar de este evento mundial, que describió de la siguiente manera: los reinos de este mundo deben llegar a ser los reinos del Señor, y de su Cristo [su ungimiento en sus santos]. Isaac Penington también relató esta misma profecía en su documento Protección de los Inocentes: al llegar a la vida y principio del evangelio - y entonces así esparcir por grados, hasta que se ha esparcido sobre la nación, y entonces de nación a nación, hasta que toda la tierra sea leudada, y aún hay un mejor estado, al cual el Señor ya ha llevado a algunos, y que las naciones deben esperar y caminar hacia él.]

Pero, sin embargo, estoy seguro de que todos podemos bien decir que Cristo es el Salvador de todos los hombres, pero especialmente de aquellos que creen. Él ha salvado esta ciudad y esta nación de las plagas y la venganza que están sobre nosotros. Por muchos años el Señor nos ha perdonado, y ha esperado ser misericordioso por mucho tiempo, para ver si nosotros al final nos acercaremos a él. Por cuánto tiempo el Mediador intercederá por nosotros, no podemos saber; llegará un momento cuando la longanimidad de Dios llegará a su fin. Dios ha traído un azote sobre las naciones alrededor de nosotros, y las llamas de su ira se han encendido sobre ellos, y la destrucción los ha sobrecogido; qué tan pronto será esta nuestra suerte, no lo sabemos. Todo nuestro dinero, nuestra plata y oro, y valor y coraje, no podrán rebatirlo, si el Señor sólo sopla sobre nosotros. Esto está a la puerta; hay sólo una manera de salvarnos, y es al acercarnos al Señor, y clamar al Señor por la continuación de sus misericordias y longanimidad, y paciencia hacia nosotros. En este clamor al Señor, unámonos todos, los que amamos esta nación, y juntemos nuestras súplicas fervientes en esta obra, asegurándonos que el Señor nos ha hecho los monumentos de su misericordia y de la bondad que nos guarda.

Nosotros hemos estado continuamente rodeados con guerra y sangre, y llamas y destrucción; y el clamor de los huérfanos ha sido oído desde otras naciones. Y mientras ellos han sido consumidos con llamas, e inundados en chorros de sangre, nosotros nos hemos sentado bajo nuestras propias viñas e higueras; pero los juicios esperan a esta nación, si es que ellos caerán o no, el Señor lo sabe. Pero qué haremos para el bien de nuestra nación, y ciudades y familias, sino obrar en todos, en el temor de Dios, para reformar nuestras vidas, y tener cuidado de no pecar en contra de la luz, para no morir y perecer en medio de esos terribles juicios que están sobre nosotros.

Alejémonos de nuestros malos caminos, y apartémonos de toda iniquidad, para que el reino de Cristo pueda ser establecido en nosotros mismos. Son los justos en la nación a quienes el Señor ve, y por su causa él perdonará a la nación. Hay un pueblo entre nosotros que camina en humildad, y se lamenta y llora por las abominaciones cometidas en medio de nosotros, Dios tendrá consideración de ellos, y él oirá los clamores y las súplicas de un pueblo que ora.

Amigos, ustedes no pueden hacer uso de la espada y la lanza para salvar a la nación; ustedes pueden hacer bien con sus oraciones, y al acercarse al Señor con un corazón genuino, y que su sinceridad esté ante él. Si yo tomo un libro común de oración en mis manos, y oro devota y solemnemente, pero no soy sincero, ¿de qué servirá esto? O si oro sin un libro, o si oro sin una forma, o si rechazo la forma que otros han hecho para mi, ¿de qué servirá esto? Pero el clamor del pobre, y el suspiro del necesitado, y la oración ferviente y efectiva de los justos ha hecho mucho bien para la salvación de esta nación por muchos años.

Por lo tanto, los exhorto a todos, así como ustedes aman la nación, y así como se aman a sí mismos, y a sus familias y parientes, no pequen en contra del Señor; porque él ahora está estableciendo la rectitud, la equidad, la justicia, y ella prevalecerá en la nación. A Dios le ha agradado reunir a muchos, quienes habían sido enemigos y que ahora han ido del pecado hacia Dios, guiados por la verdad. Y su gozo más grande es que ya no son siervos del pecado, sino que ahora se han convertido en siervos de Dios.

Ahora la verdad prevalecerá, y la justicia avanzará como el sol en la mañana, y esperamos que el Señor nos mostrará su misericordia para la gloria de su propio nombre, aunque nosotros somos un pueblo indigno. Será un asunto de gozo y felicidad para nosotros, si el reino de Dios ha venido a nosotros; entonces podremos decir que nuestra oración ha sido contestada. A menudo hemos orado: venga tu reino, y que se haga tu voluntad en la tierra como también en el cielo. Si se hace la voluntad de Dios, entonces yo ya no puedo hacer mi propia voluntad; entonces ya no puedo ser descarriado por Satanás; el diablo tendrá poco poder, si yo hago la voluntad de Dios en la tierra, como es hecha en el cielo; entonces las alabanzas surgirán en los corazones de cada uno que se deleita en hacer la voluntad de Dios, y Dios continuará su obra para la gloria de su propio nombre, y para la redención de su pueblo, para que Cristo pueda ser predicado para salvación hasta los confines de la tierra.

SERMÓN XXIX

El sacrificio aceptable

Predicado por Esteban Crisp en la iglesia de la calle Grace, el 3 de julio, 1692

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios
que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y aceptable para Dios,  
que es vuestro servicio espiritual y adoración. Rom 12:1

Porque si vivís conforme a la carne [la naturaleza pecaminosa], habéis de morir;
pero si por el Espíritu hacéis morir las prácticas de la carne, viviréis. Rom 8:13

Por lo tanto, mortificad [haced morir] las obras del cuerpo que son de la vida terrenal: fornicación, impureza, bajas pasiones, malos deseos de la carne, y la codicia, que es idolatría.
Col 3:5

Despojaos de la vieja naturaleza que controlaba vuestra conducta;
la cual se corrompe a sí misma por medio de lujuria y deseos que surgen del engaño;

pero renovaos en el espíritu de vuestra mente,
 y vestíos de la naturaleza que es creada nuevamente [de Cristo] que ha sido creado a la imagen de Dios en justicia y santidad de verdad. Efe 4:22-24

TODAS las personas que quieren adorar a Dios y reunirse para ese propósito, tienen la necesidad de tener reverencia en sus mentes, y un santo temor sobre sus espíritus, para que cuando ellos entren en la casa del Señor, y se acerquen al Dios viviente no puedan ofrecer el sacrificio de los necios, sino que puedan ofrecer a Dios lo que es aceptable para él. Porque toda adoración, y toda religión, y toda ofrenda y todo sacrificio que han sido ofrecidos a Dios por alguna persona, han producido una remuneración para los que ofrecen y adoran, ya sea porque lo acepten o lo rechacen. Muchos de los que ustedes conocen han sido rechazados aunque han hecho ofrendas, y muchos han sido aceptados por Dios, y sus ofrendas han sido un aroma dulce para él; y yo espero que todos tengamos esa mente, que estemos felices de dar nuestra adoración, servicio, y ofrendas a Dios, y que sean aceptadas ante su vista, y que nuestra asamblea presente pueda ser para bien, y que todos puedan tener una respuesta de paz, y de aceptación en sus senos; pero eso nunca puede suceder a menos que los hombres estén calificados y preparados cuando se acerquen a Dios, y en todas nuestras ofrendas y adoración que realizamos, nuestros corazones estén preparados de acuerdo a la preparación del santuario, la preparación de la morada santa de Dios.

Los adoradores deben ser santos; debe haber un temor de Dios, y una reverencia del gran Dios sobre sus mentes, antes que las personas puedan ofrecer un sacrificio aceptable a él, como dijo el santo apóstol, Heb 11:6: es necesario que el que se acerca a Dios crea que él es; lo cual significa que una preparación debe estar en las mentes y corazones de las personas que quieren acercarse a Dios; o si quieren realizar cualquier servicio o adoración a Dios, ellos deben tener el conocimiento del Dios a quien adoran, deben primero creer que él es, y que es galardonador de los que le buscan diligentemente. Esta es una calificación para los adoradores, para las personas religiosas; así como esperan que sea cuando ellos se reúnen para encontrar al Señor en medio de ellos, ellos deben estar calificados como corresponde, debe haber un asombro en sus mentes.

Yo estoy en la preferencia de Dios; tengo una expectativa de Dios que él abrirá su abundante tesoro y mostrará algún bien sobre mi; o de otra manera, ¿con qué propósito se acerca la gente a Dios?* Es porque ellos quieren tener algo de él; pero ellos deben estar en un estado de petición humilde; él le da gracia a los humildes. Son los altaneros, los orgullosos, aquellos que se exaltan a sí mismos, los gruesos y satisfechos, que no necesitan nada. Estos, dijo el profeta, el Señor los reconoce de lejos. Un hombre o mujer orgullosos no pueden acercarse a Dios, el Señor los ve desde lejos; ni ellos son partícipes de esos consuelos y bendiciones divinos y celestiales, y consejos e instrucciones que la mente humilde recibe como promesa y que ciertamente disfrutará; a los humildes Dios les enseñará. Él instruirá a los mansos en su camino, pero ¿qué es esto para la mente altanera? ¿Qué es esto para el que está exaltado, y es engreído y agrandado, y que se considera a sí mismo como satisfecho y que no necesita nada, mientras que nada en los arroyos de los placeres del mundo, y favorece sólo las cosas del mundo, los placeres de una mente sensual? Estas personas no tienen hambre, y por lo tanto no son alimentados; ellos no tienen sed, y por lo tanto nunca obtienen lo que puede satisfacer el alma. Nuestro Señor Jesucristo pronunció una bendición sobre aquellos que tienen hambre y sed; pero ¿qué es eso para aquellos que están satisfechos y no necesitan nada?

[*Hay otra razón, aparte de buscar alguna recompensa: es conocer y agradar a su creador, o encontrar qué maneras hay para obedecer las enseñanzas de Jesús que se encuentran en el Nuevo Testamento. Esto se puede hacer sin ningún conocimiento o expectativa de recompensa. ¿Qué razón puede tener un ser creado para no querer ver cómo puede agradar a su creador, o por lo menos conocer a su creador quien es infinitamente más grande que él?]

Por lo tanto, mis amigos, en esta y todas las otras asambleas religiosas, debe haber un gran cuidado sobre cada uno, para que su reunión para esperar al Señor pueda hacerse con esa reverencia y temor, y esa esperanza y expectativa que está en las manos de Dios, para que ellos puedan ser mejorados por ello, o de otra manera todos ellos perderán su labor, como Caín; él deseó ofrecer a Dios y ofreció un sacrificio, pero no fue aceptado porque su mente y su corazón no estaban bien con el Señor; su sacrificio fue rechazado. Esto fue antes que él hubiera matado a su hermano. Él sintió mucha culpa antes de matar a su hermano; él quería la calificación de haber hecho bien; si haces lo bueno, ¿no serás enaltecido? Pero si no haces lo bueno, el pecado está a la puerta. Él ya había comenzado a hacer cosas malas, y su mente impía impidió su aceptación con Dios; así sucede con todos los hombres y mujeres en el mundo que usan una adoración religiosa, y un sacrificio hacia Dios, si ellos también hacen cosas malas. Debemos alejar la mente del mal del pecado y la corrupción, y la mente debe ser llevada a algo que ellos han recibido de Dios, antes de poder ser aceptados.

Ustedes saben que la doctrina general de todos los protestantes es que no tenemos aceptación con Dios sino por medio de Jesucristo. No tenemos ninguna manera de agradar a Dios, ni podemos hacer nada que sea aceptable ante su vista, sino sólo por medio de un Mediador. Ahora, si yo quiero ir a adorar a Dios, o realizar algún deber religioso sin respeto ni deferencia al sentido y participación de la virtud y poder de ese único Mediador, ¿cómo puedo ser aceptado? Y también le ha agradado a Dios por su amor infinito a la humanidad, enviar a este gran Mediador al mundo, para que cada hombre que viene al mundo sea hecho partícipe de algo de la vida y la virtud de ese Mediador. Por lo tanto lean Juan 1:4,9, en él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres, la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene al mundo; y que con respecto a los hombres, si es que son buenos o malos, tanto a buenos como malos, aunque todos los hombres son malos por naturaleza. De manera que aunque ellos eran hijos de la ira, y herederos de la condenación eterna en su estado natural, por causa del pecado; sin embargo por todo eso este único Mediador, en quien esta luz ha brillado, ha enviado su luz entre los hijos y hijas de los hombres, es decir, la luz de los hombres, que ilumina a todos. Por lo tanto se hace una ofrenda de algo que se presenta ante la vista de todo hombre; una buena ofrenda que si él aplica su mente a ella, puede recibir el bien que viene por medio de Jesucristo. Él puede acercarse a Dios; tan malo como él es, él tiene algo de bien, que Dios ha otorgado a los hombres, tanto a buenos como a malos. No hay ningún hombre que sea impedido, porque hay algo de verdad en él; no hay ningún hombre tan impío, sino que él sabe lo que es puro y santo, lo que lo ha reprobado, y lo ha revisado y lo ha convencido de su impiedad. Esto se presenta a sí mismo ante la vista de cada hombre y mujer, y los llama al arrepentimiento.

[Porque la gracia de Dios que trae salvación se ha manifestado a todos los hombres, enseñándonos a negar la impiedad y los deseos mundanales, y cómo vivir sobria, justa y piadosamente, en este mundo presente, Tit 2:11-12. El evangelio ha sido predicado a toda la creación debajo del cielo. Col 1:23. Todo hombre ha tenido su día de visitación ante Dios. Aún si el hombre nunca ha oído de Cristo, si él busca la luz, y es completamente obediente a la luz (quien es Cristo), se le mostrará quién es la luz, y al recibirle, él puede ser liberado de todo pecado, lo cual es salvación.]

Ahora, si los hombres hace un espectáculo y pretensión de adoración, y no tienen consideración de la gloria de Dios, ¿cómo pueden ellos acercarse a Dios, o Dios acercarse a ellos? Nuestro Señor Jesucristo dijo que donde dos o tres están congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos; pero si el pueblo se reúne en su pecado e iniquidad, si ellos tienen una mente suelta y vana, y tienen la intención de continuar en la iniquidad y el pecado; si ellos se reúnen, no se reúnen en el nombre de Cristo, sino en el nombre del diablo. [Pensando que adoran a Cristo, ellos sin saber adoran al diablo, quien aprueba a los pecadores], y él está en medio de ellos, y él obra y gobierna en los corazones de los hijos de la desobediencia. De modo que este ha sido el fundamento y la razón por la cual muchas reuniones [de personas que todavía pecan sin remordimiento ni esperanza de dejar de hacerlo] han estado sin fruto con respecto al beneficio de sus almas, y las expectativas de la gente han sido frustradas con respecto a su salvación; ellos no se han reunido con aquello en lo cual está la bendición, y a lo cual se le da la promesa. La promesa no es hecha al pueblo a quien el diablo gobierna; no hay promesa a los tales sino la promesa de ira eterna que debe ser ejecutada sobre ellos, junto con el diablo y sus ángeles para toda la eternidad; si ustedes pueden hacer de eso una promesa.

La promesa de vida y salvación, la cual es registrada por los profetas y apóstoles, siempre se ha aplicado a la semilla que está en el pacto de Dios. El pacto permanece en aquello que Dios le dijo a Abraham: Gen 17:7,  Yo establezco mi pacto como pacto perpetuo entre yo y tú, y tu descendencia después de ti por sus generaciones, para ser tu Dios y el de tu descendencia después de ti. El pacto es hecho con Abraham y su semilla, es decir, con Cristo Jesús el Mediador. Él es quien le lleva a Dios a aquellos que confían en él y llegan a él; quienes van a él, él no los echará fuera; aquellos que no vienen a Cristo, ya han sido echados fuera. Todos los hombres, por naturaleza, ya han sido echados fuera; si alguno de ellos es salvo, es porque han ido a Cristo, quien es capaz de salvar por completo y hacer paz por ellos, y hacer un nuevo hombre a partir de dos, y hacer paz entre Dios y el alma.

Hay una necesidad de que todo el pueblo, quienes tienen un sentido de su estado y condición natural, que de acuerdo a la naturaleza no tienen título en el reino de Dios, sean reconciliados con Dios. Por naturaleza ellos no pueden pretender tener justicia ni vida; ellos no pueden reconciliarse a sí mismos con Dios por medio de todas sus obras; dijo el profeta Micaías, ¿Aceptará Jehovah millares de carneros o miríadas de arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mi vientre por el pecado de mi alma? ¡Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno! ¿Qué requiere de ti Jehovah? Solamente hacer justicia, amar misericordia y caminar humildemente con tu Dios. Aquellos que son salvos deben aferrarse de la salvación de la manera y por el método que el Señor Dios del cielo y la tierra ha ordenado. Él ha ordenado un camino para que todos sean salvos; él no quiere que nadie perezca, sino que todos vayan al arrepentimiento, y obtengan la vida eterna. Dios ha hecho un camino que servirá a todos de la misma manera; a miles igual que a diez; y a todo el mundo igual que a un hombre. Ahora, el camino que Dios ha hecho es salir del estado en el cual ellos han caído, y abandonar ese gobernador que gobierna en los corazones de los hijos de la desobediencia, y cerrar con Cristo, a quien Dios designó para reinar en el corazón de cada persona. Las personas en el cristianismo dirán que ellos han cerrado con Cristo. ¿Acaso ustedes no tienen esperanza de ser salvos por Cristo en los términos del pacto? Esto no es clamar, Señor, Señor, sino hacer la voluntad de Dios; los términos son que todos los hombres crean en Cristo,* el eterno Hijo de Dios; y por medio del poder de esa fe que ellos tienen en él, él llega a gobernar en ellos, y ellos llegan a estar sujetos [que quiere decir que ellos obedecen cada uno de sus mandamientos] a él. Y si un creyente no está sujeto a Cristo, es lo mismo que un incrédulo; ni la circuncisión ni la incircuncisión valen nada, sino la fe, que es vigorizada y demostrada por obras de amor.

[*La creencia es el pre-requisito inicial de la salvación. Pero una creencia inicial no resulta en salvación, como muestra Pablo cuando se dirige a los creyentes en la iglesia:

  1. ahora la salvación está más cercana de nosotros que cuando creímos, Rom 13:11,
  2. continuad obrando para vuestra salvación con temor y temblor, Fil 2:12,
  3. Pero nosotros que hemos de ser del día, seamos sobrios, vestidos de la coraza de la fe y del amor, y con el casco de la esperanza de la salvación. 1 Tes 5:8,
  4. Porque para los que están pereciendo, el mensaje de la cruz es locura; pero para nosotros que estamos siendo salvados, la cruz es poder de Dios. 1 Cor 1:18. (Mientras estén en la cruz interna de la negación propia, ustedes verán que el pecado desaparecerá lentamente de sus vidas, hasta que están libres de pecado.)
  5. la tristeza que es según Dios genera arrepentimiento que lleva a la salvación, 2 Cor 7:10.
  6. Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios en quien fuisteis sellados para el día de la redención [acontecimiento futuro]. Efe 4:30.
    (Pablo está hablando a los creyentes en la iglesia que todavía no han sido redimidos.)
  7. Porque somos fragante aroma de Cristo ante Dios, para los que están siendo salvados. 2 Cor 2:15
  8. Porque os es necesaria la perseverancia para hacer la voluntad de Dios, para que después obtengáis lo prometido; Heb 10:36
    (La voluntad de Dios es obedecer a Cristo totalmente, quien lo liberará del pecado para llevarlo hacia la justicia, pureza, santidad, y al reino.)
  9. somos hechos partícipes de Cristo, si de veras retenemos firme el principio de nuestra confianza hasta el fin. Heb 3:14
  10. Y deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma diligencia al ir logrando plena certidumbre de la esperanza hasta el final,
    a fin de que no seáis perezosos, sino seguidores de los que por la fe y la paciencia heredan las promesas. Heb 6:11-12
    .

Y Pedro repite el mismo mensaje de que la salvación no es sólo creer o tener fe, sino que la salvación es el final de la caminata obediente de la fe:

Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación preparada para ser revelada en el tiempo final. En esto os alegráis, a pesar de que es necesario sufir unas pocas aflicciones ahora por medio de muchas pruebas, para que la prueba de vuestra fe--más preciosa que el oro que perece, aunque sea probado con fuego--pueda resultar en alabanza, gloria y honor cuando Jesucristo se revele. Aunque no le habéis visto, le amáis; y aunque no lo veáis ahora, pero en él creéis, vosotros os alegráis con gozo inefable y glorioso, obteniendo así el fin de vuestra fe — la salvación de vuestras almas. 1 Ped 1:5-9.]

El pacto no permanece en meras palabras: "si yo me conformo a tales artículos, entonces soy un cristiano; si yo creo todos los artículos del credo, entonces soy un cristiano y un hijo de Dios". Si un hombre dice "yo creo", su dicho no es suficiente. La condición del pacto que Dios ha hecho es que Cristo regirá y tendrá el gobierno de las almas que él presenta ante Dios. ¿Cómo podría ser de otra manera, viendo que él no puede presentar a ninguno ante Dios que sea impuro? Cristo no tiene el encargo de presentarle a Dios a nadie que esté en la impureza o la iniquidad. Aquel que cree debe ser limpiado y purificado por él. Si es así, entonces eso no se puede hacer, sino al regir sobre ellos. Si ellos se gobernaran a sí mismos, serían contaminados, y serían como agua, cuyo corriente es detenido por la tierra y el lodo, que no corre en su raudal apropiado. Las personas cometen pecado cuando se gobiernan a sí mismos; pero cuando Cristo le presenta las personas a Dios, y cuando ellos llegan a ser guiados por él, ellos están limpios y purificados.

Cuando el apóstol describe la verdadera fe, él lo hace por medio de esta calidad y propiedad de ella: purifica el corazón. Toda otra fe no es sino la esperanza del hipócrita; pero la fe real es la operación de Dios, dijo el apóstol; y esa fe obra en un corazón sucio para limpiarlo, y en un corazón impuro para purificarlo. Si el corazón llega a ser purificado, entonces por consiguiente la conducta debe ser pura también. Nadie hace una mala obra, o dice una mala palabra, a menos que provenga de un corazón impío. Ahora, si el hacha ya está puesta a la raíz del árbol, y la palabra del Señor opera en el corazón de manera poderosa, si hay algo maligno en él, el hacha que está a la raíz del árbol lo cortará; el poder de Dios ejecutará juicio sobre toda cosa que sea contraria a él; Cristo es santo, inocente, y puro, y apartado del pecado y los pecadores, y aunque él extiende su vida y su virtud a la vida y el alma del hombre más impío del mundo, nunca se une con su impureza, sino que se mantiene inmaculado y no contaminado en el corazón del peor de los hombres.

Ahora, este poder inmaculado que viene de Cristo purificará los corazones de los hombres y los guardará de los malos pensamientos, palabras y acciones. Esta es una manifestación del único Mediador para que ellos puedan ser gobernados por él, de otra manera ellos no pueden ser presentados sin mancha a Dios. Hay una necesidad de ir al Salvador con más que sólo palabras y profesión; debemos ir a él y unirnos completamente con él. Todos nos hemos unido con el diablo; él ha sugerido, propuesto e instigado, y el pueblo ha seguido sus instigaciones y propuestas; no hay ningún hombre que no sea sensible a una propuesta diabólica, ¿entonces por qué no a una propuesta divina? Aunque ahora se ha convertido en una cosa temida decir que somos movidos por el Espíritu de Cristo, ¿por qué no por ese Espíritu, como también por el espíritu del maligno? Ningún hombre duda que hay propuestas del diablo a las cuales son sensibles, que a veces se han unido con él, y a veces ellos lo han resistido. ¿Cuál es la razón de que los hombres se unan con las propuestas impías? No hay razón para eso. La razón por la cual ustedes y yo resistimos las propuestas del diablo es porque encontramos otra propuesta expresada en nuestros corazones por el Espíritu de Dios; si el hombre tiene una propuesta para cometer algo impuro, él tiene otra propuesta para mantenerse puro; si él tiene una propuesta para decir una mentira, tiene otra propuesta para decir la verdad. Si hay dos que proponen al mismo tiempo, en el mismo corazón, ¿con cuál nos uniremos? ¿Me uniré con la propuesta del diablo? Si encuentro algo en el amor de Dios en mi corazón, este me constreñirá a hacerle caso a la buena propuesta, y me hará resistir la propuesta impía; por lo tanto la propuesta del Espíritu de Dios no es tal sorpresa.

No hay nadie que no haya recibido malas propuestas, y también tienen propuestas del Espíritu de verdad; ellos se han unido con las propuestas impías, y las han admirado mucho. Entonces es momento de arrepentirse. Si hay una distinción entre una propuesta del Espíritu de verdad, y una propuesta del espíritu de error, entonces puedo decir valientemente, es nuestro deber unirnos con el Espíritu de verdad, y no con el espíritu de error. Si hay un deseo en nosotros de ser salvos de la ira que está por venir, entonces el camino para ser salvos de la ira de Dios es ser salvos de la causa de esa ira; al quitar la causa, el efecto cesa. La causa de que la ira de Dios se encienda en contra de los hombres es el pecado, porque Dios no tenía ira en contra del hombre cuando lo hizo al principio; porque lo hizo según su propia imagen, y le dio poder para continuar en esa santidad y justicia, en la cual él lo creó; pero él cayó, y fue echado del paraíso, y un ángel fue enviado con una espada incandescente que se movía en toda dirección, para guardar el camino al árbol de la vida. Por lo tanto el hombre cayó bajo la ira de Dios por su pecado; pero ¿cómo apaciguaré la ira de Dios? Al desprenderme del pecado, y regresar a Dios otra vez.

Objeción: Esto me parece un pacto de obras, dicen algunos. ¿Acaso estás diciendo que debemos desprendernos del pecado y así escapar la ira de Dios?

Sí, lo estoy diciendo; pero ningún hombre mortal puede desprenderse del pecado sino al unirse con el Mediador; él es el autor de la salvación eterna la cual él obra en nosotros para desear su voluntad y hacer su voluntad y nos habilita para obrar nuestra propia salvación. Fue el pecado que hizo salir al hombre del paraíso y lo llevó hacia la ira de Dios. El pecado es la obra del diablo. Ahora que Cristo debe ser un Salvador para nosotros, él destruirá la obra del diablo; para esto es revelado, dijo el apóstol, el Hijo de Dios, para destruir las obras del diablo. Ahora, el diablo no era simplemente la destrucción del hombre en sí mismo, sino cuando lo tentaba a pecar, lo cual es la obra del diablo; y Cristo fue manifestado para destruir la obra del diablo, y la tendencia a pecar que está en la naturaleza del hombre, la cual lo hace rebelde en contra de la mente y voluntad de Dios. Cristo, el eterno Hijo de Dios, llegó a ser hombre; él tomó la naturaleza del hombre, para que él pueda llevar al hombre otra vez a su estado primitivo, en el cual él fue creado según la imagen de Dios.

Ahora, ¿cómo realiza el diablo sus obras? ¿Las realiza de manera coercitiva? No, él no usa ninguna fuerza irresistible. Pero, ¿acaso Cristo el Mediador obra de manera coercitiva, con un poder y fuerza irresistible, para llevar al hombre a Dios? No, no más de lo que el diablo hizo para cautivar al hombre para alejarlo de Dios. El hombre podría haber permanecido y continuado en su estado de inocencia si Cristo hubiera hecho eso; él se podría unir con el mal, y ceder a la tentación del diablo, si tuviera una mente; él sabía que si le daba su mente a lo malo, sería arruinado; y así fue. El hombre estaba decidido a probar qué significaba ceder al diablo, y obedecerle. Él les dijo a ellos que si comían el fruto prohibido serían como Dios, pero llegaron a ser más como el diablo. Ellos llegaron a ser así al obedecer al diablo, no porque el diablo ejerciera una fuerza irresistible sobre ellos; "es que Dios sabe que el día que comáis de él, vuestros ojos serán abiertos, y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal;" pero esto sólo se les presentó una vez, y con eso él prevaleció, y así vino la destrucción de la humanidad. Cristo el Mediador, para poder presentarnos a Dios, viene por si mismo y nos presenta sus mandamientos; y su mandamiento es que nosotros debemos desprendernos de esa servidumbre y sujeción a la cual el diablo ha traído al hombre, y debe haber una sujeción a Cristo. Debemos creer en Cristo, escuchar la palabra de Dios, y desprendernos del pecado; pero ¿dónde está el poder para hacerlo? "Si Dios quiere que sea santo, que me haga santo; si él quiere que sea puro, que me haga puro, y me dé la habilidad para hacer lo que no puedo hacer por mi mismo; cuando le agrade a Dios darme su gracia y cautivar mi voluntad, yo seré un buen cristiano." Ahora, este es un gran error, que la gente piense que deben esperar recibir un poder irresistible para que los lleve de vuelta a Dios; hay una presentación de amor y misericordia, e invitaciones sinceras, y la longanimidad y paciencia y bondad de la larga espera de Dios por los pecadores. Porque Dios, quien mandó a que la luz resplandeciera de las tinieblas, ha resplandecido en nuestros corazones, para dar la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo, 2 Cor 4:6. "¿Qué haré con la luz que brilla en mi corazón? Cerraré mis ojos en contra de ella; amaré la oscuridad más que la luz, y el mal más que el bien; esta luz me llevará a la santidad y justicia, reñiré con ella, ya que viene a despojarme de mis comodidades en este mundo, de mi alegre compañía, y de toda mi valentía, no le haré caso." ¡Ay por estas cosas! Esta es la condenación, que la luz ha venido al mundo, y los hombres aman la oscuridad más que la luz porque sus acciones son malas. Dijo nuestro Salvador: Si yo no hubiera venido ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado.

Este es el evangelio predicado por Cristo mismo; esta es la presentación de una oportunidad para cada hombre y mujer de regresar otra vez, pero yo debo estar en el camino de regreso, cuando me una con lo que me presenta santidad, justicia, castidad, y la humildad que presenta y ofrece al alma todas las virtudes y gracias que están en Cristo, y le muestra la luz y la gracia que vienen de Cristo. Debido a que esta luz y gracia se manifiestan en mi alma, tengo un vistazo de ella. ¿Tienen ustedes un vistazo de ella? ¿Han visto la pureza, humildad, sobriedad, mansedumbre, y negación propia, y un estado de espíritu celestial en si mismos o en alguien más? ¿Cuánto les ha gustado? "No me gusta para nada; yo quisiera tener honor y dignidad, poder y dominio, y suficiente espacio en el mundo; yo no amo esta mansedumbre, humildad y severidad de vida en la que el hombre debe tener cuidado de lo que dice, y poner una vigilancia en sus labios, y sobre su corazón, lengua y manos; a mi no me gusta este tipo de vida."

Si a ustedes no les gusta una vida buena, a alguien más le gustará, y vivirá en ella; y a pesar de todas sus vanas jactancias, su odio, y su desprecio por ella. Cuando la gente llegue a vivir este tipo de vida, vivirán más que ustedes; su vida orgullosa, su deseo de tener espacio en el mundo, al final llegarán a tener un límite; la mano de Dios está en contra de eso, y él derribará el orgullo del hombre. Cuando ustedes lleguen a acostarse en su lecho de muerte, esperando en cualquier momento fallecer y respirar su último aliento, entonces dirán: "Oh, si hubiera sido más serio, y hubiera vivido más como un cristiano; ¡si hubiera vivido una vida piadosa, y si le hubiera dado mi corazón a Dios, y si hubiera tenido más cuidado con mis pensamientos, palabras y acciones! Tengo un amigo que ha vivido mejor que yo; y si yo hubiera vivido la vida que él ha vivido, yo hubiera tenido más consuelo;" y aquellos que odian lo piadoso, aunque no les guste una vida así ahora, a ellos les gustará entonces.

Amigos, ustedes que son amantes de sus almas, y se reúnen para que puedan llegar a ser mejores, y tienen la expectativa y esperanza de que ustedes recibirán consuelo y beneficio al reunirse; yo les digo, como siervo de Dios, y un amante de ustedes, en un corto tiempo ustedes desearán haber escogido la vida más santa, inofensiva e inocente, que ustedes alguna vez hayan visto u oído de alguien más; y ustedes desearán haber sido más vigilantes de sus pensamientos, palabras y acciones. Hay un día, un día que está por venir, cuando debemos dar cuenta de toda cosa que hemos hecho, ya sea buena o mala; ustedes deben dar cuanta de su libertinaje, por sus juramentos, mentiras, y pasiones desordenadas; ustedes deben dar cuanta de todo pensamiento vano, y toda palabra ociosa.

Si esto ciertamente llega a suceder, ¿como podré prevenir estas palabras ociosas y acciones impías? ¿Con qué limpiará el joven su camino? dijo el salmista. Al hacer caso y velar por tu palabra. No soy como aquellos que dicen he aquí, o he allá. Yo no digo que ustedes deben ir y aprender la verdad de mi; más bien digo: si ustedes la encuentran, deben encontrarla en sí mismos. "¿Y si yo vivo en la verdad?" Eso no les servirá, y si soy un hombre santo, esto no los santificará a ustedes. Ustedes deben escuchar la verdad que habla dentro de ustedes; ustedes pueden oírla hablando en su propio corazón; ustedes pueden oírla llamándoles a la justicia y santidad; y si ustedes la oyen, lo pueden hacer también, si desean; porque hay un poder que va con ella.

"Yo sé suficiente," ustedes dirán, "pero no puedo hacer lo que sé hacer; no tengo el poder." ¿Qué cosa los aflige que los hace que no tengan poder? "Si tuviera poder, entonces me abstendría de todo pecado, y me desprendería de todos mis caminos impíos, pero el diablo arroja este y el otro objeto en mi camino, y por sus tentaciones él me atrapa; no tengo el poder para resistir. ¿Acaso ustedes quieren que yo haga más de lo que puedo hacer? Y mientras yo no tenga el poder, debo ser excusado."

[Sin el poder de Dios obrando en ustedes, no hay victoria, no se puede vencer. Hay tres fuentes del poder de Dios que es liberado para purificarlos: 1) el poder que está en la verdadera esperanza y evangelio, 2) el poder que está en la cruz interna de la negación propia, y 3) el poder que está en el nombre de Jesús. Este poder de Dios obra en nosotros, y nos guarda a través de la fe para salvación, lo cual es ser liberado del pecado. El poder es liberado al llevar la cruz interna de la negación propia, la cual es obediencia a sus palabras que son habladas y oídas, mientras meditamos en el nombre de Jesús y nos aferramos a la esperanza de pureza, unión, y el reino. La combinación de todo nos da acceso al poder infinito de Dios que produce cambio, para obrar en ustedes, limpiándolos, purificándolos, liberándolos de todo pecado, y llevándolos a una unión con Dios en su reino, mientras estamos en la tierra y después para siempre.]

Ahora, esta es una estrategia del diablo para mantener a la gente todavía en su red. Si los hombres quieren ser honestos consigo mismos, ello no anhelarán el poder. Si ustedes están convencidos del mal de sus caminos, y de que es su deber desprenderse del pecado, hay un poder que es ofrecido a ustedes, que, si ustedes se unen con él, podrán vencer todas las tentaciones, y dejar sus pecados. Yo quisiera que todos ustedes probaran y buscaran, para ver si yo digo la verdad o no. Estoy persuadido de que no hay ningún hombre o mujer aquí, sino aquellos que se han abstenido a veces de hacer una obra mala, a la cual ellos fueron tentados. Cómo fueron ustedes refrenados; porque ustedes sabían que era una mala obra, y no se atrevieron a hacerla; el diablo no tuvo poder coercitivo para forzarlos a hacerlo; "yo sabía que era algo impío, y me uní con aquello que está en mi mente que me disuadió para no hacerlo; y oré a Dios para que me diera poder para abstenerme de ello." El diablo todavía los tentó, ¿entonces quién les ayudó en contra de la tentación? Dios los re-entrenó por medio de su gracia. ¿Acaso aquel que está en ustedes no les ayudará? Él es el mismo ayer, hoy y para siempre; dependan de él todavía, y él siempre estará listo para ayudarles, apoyarles, y fortalecerles; y ustedes serán guardados del pecado en la hora de tentación. Consideren que todo poder en el cielo y la tierra es dado a Cristo; y si él puede guardarlos, ¿acaso caerán en él? Los que vienen a mí, dijo Cristo, nadie los arrebatará de la mano de mi Padre. Mi Padre es mayor que todos. Si ustedes vienen a Cristo, él no los echará fuera, y si ustedes dependen de él, él los guardará, y nadie podrá arrebatarlos de su mano. Si ustedes se unen con la verdad, y con lo que es santo, ustedes tendrán fortaleza y habilidad para soportar la tentación y vencerla; y (puedo decir con reverencia) Cristo se ha unido con aquellos que confían en él; aquellos que guardan la palabra de mi paciencia, yo los guardaré en la hora de la tentación. Si yo sigo esperando su poder, que está listo para ayudarme, y tengo la mente lista para ser purificada y santificada, y para tener justicia en mi alma, y tener mis ojos en Dios, y recibir mis expectativas de él, él obrará en mi el querer y hacer su buena voluntad.

Ahora, aquí el pueblo tiene un fundamento fijo para su fe; pero no hay obra en esto sin llevar una cruz diaria. Hay muchos que pueden recibir la verdad en palabras, y recibir doctrinas, y dogmas, y los reciben con deleite; pero no practican santidad y justicia sin una cruz diaria y negación propia. Hay muchos que han llegado a la verdad, tanto como permanece en palabras; pero cuando se trata de algo que ellos deben hacer, para hablar la verdad, y vivir en la verdad, ellos encuentran tanta tentación del diablo, tanta lujuria y corrupción, e impiedad en si mismos; ellos se encuentran con tales cosas impías con las cuales sus almas se unen y a las cuales ceden, que ellos no pueden continuar en los caminos de santidad, a menos que vean a Jesús, y tengan sus ojos en su Salvador y tomen su cruz y le sigan. Cualquier reproche, sufrimiento, y persecución que soporten, ellos deben tener una resolución piadosa de seguir al Señor Jesucristo y decir: “Obedeceré sus mandatos; él tendrá el gobierno de mi vida y será el guía de mi camino. No importa lo que esté en mi camino, yo tomaré mi cruz y me negaré a mi mismo.” Sin esto no hay buen cristianismo en el mundo.

Hay muchos que parecen ser religiosos y hablan la verdad. Todos sabemos que hay muchos habladores de la verdad en noción, y hablan de eso con gran celo; pero ellos no saben como vivir y caminar en la verdad. Ellos no viven ni caminan en la verdad. Ellos no viven recta y honestamente en la verdad. Ellos no guardan sus palabras; ellos no viven justa y honestamente con todos los hombres, ni hacen con otros como quisieran que otros hicieran con ellos. Ellos pueden describir como hablar y actuar; entonces ¿por qué ellos no lo hacen? Ellos tienen una noción que están por encima de la cruz de Cristo, y que la negación propia está por debajo de ellos. La gente no vivirá en la verdad.

Esto falta en todo el mundo. Si miramos alrededor encontraremos a muchos que están iluminados. Hay abundancia de conocimiento y entendimiento entre los habladores; hay abundancia de aprendizaje, y gran número de hombres eruditos. ¿Cuál es la razón por la cual los juramentos, y maldiciones, y toda clase de iniquidad corren por las calles como un río? Hay orgullo, ira, envidia, venganza, y violencia entre nosotros, lo cual parece traer la venganza sobre nosotros. Ellos han escuchado que se ha predicado en púlpitos mucho acerca de santidad, humildad, paciencia y mansedumbre; y han escuchado que un espíritu manso y quieto es un adorno de gran precio. Los hombres han oído mucha predicación en contra del orgullo, profanidad, borrachera, e impureza, pero ellos lo han oído como un cuento se que cuenta, no están muy preocupados acerca de eso, y han dado poco crédito o consideración a lo que ellos han oído de estas cosas. ¿Por qué las personas son tan impías? La razón al final resulta en esto: los hombres son amadores de los placeres más que de Dios; ellos no son siervos de Cristo, sino que sirven sus muchas lujurias y placeres, y son llevados cautivos por el diablo a su voluntad; y por lo tanto ellos continúan en iniquidad. Ninguna ley puede restringirlos ni contenerlos cuando la ley de Cristo no está escrita en sus corazones; pero cuando los hombres llegan a ver una necesidad de negación propia y de tomar la cruz, esto producirá reforma.

Esto es aquello por lo cual yo trabajo, y todos los buenos hombres y mujeres lo harán. Es tiempo de intentar la reforma. Las vanas modas, y atuendos, y orgullo, han sido denunciados; ¿por qué no deberíamos clamar pidiendo reforma antes de que la ira de un Dios que ha sido provocado se encienda en contra de nosotros, y su venganza se derrame sobre la nación? Debemos reformar nuestras vidas. ¿Cómo se reformarán los hombres? dirán ustedes. Al poner la ley de Dios dentro de sus corazones, la cual es pura, y santa, y celestial, que será como una luz para los pies de los hombres, y una luz para su senda. Ahora, cuando la gente llegue a esto, ellos continuarán en el pecado y la iniquidad hasta que sean arrebatados con algún juicio desbordante y espantoso.

Por lo tanto, mis amigos, en el temor del Señor, y por amor a ustedes, yo busco que ustedes sean llevados a Dios, por medio de Cristo, para que ustedes puedan vivir en el amor y el temor del Señor; y, cuando ustedes lleguen a morir, podrán tener reposo y paz para sus almas. No hay reposo para aquellos que hacen el mal, no hay paz, dijo mi Dios, para los malos. Los impíos claman paz, paz, y hablan de paz, pero no hay paz para ellos; pero la porción de ellos será tribulación, ira, y angustia. Esto ciertamente vendrá sobre todos los que hacen el mal. No importa de qué religión sean, si ustedes no obedecen la verdad, sino que viven en la injusticia.

Ahora, amigos, mi exhortación para ustedes es que regresen a la verdad en sus propios corazones, y lo hagan mientras tienen tiempo. Yo no estoy persuadiendo a la gente a amar mi opinión, sino a amar la verdad de Dios en sus propios corazones; a amarla y obedecerla; y ustedes no pueden hacer esto a menos que resuelvan tomar una cruz diariamente, y ser seguidores de Cristo, quien ha ido ante ellos a preparar un lugar para aquellos que son sus verdaderos discípulos. Entonces él los presentará a Dios, como santos, inofensivos, y no contaminados, porque estos son herederos de ese reino eterno, que Dios ha preparado para aquellos que le aman.

<Continuación de sermones>>>>

El propósito de este sitio es enseñar cómo vivir
libre de pecado
al beneficiarse de poder de Dios que produce cambio por medio de la cruz
que lleva a la unión con Dios en su Reino.


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