CAPÍTULO XI

En Escocia 1657

Después haber pasado dos Primeros días en Swarthmore, y haber visitado reuniones por esos lugares, me fui a Westmoreland haciendo la misma obra, hasta que llegué a la casa de Juan Audland, donde se celebraba una reunión general. La noche anterior tuve una visión de una 'criatura desesperada que venía a destruirme, pero yo obtuve la victoria sobre ella.' Al siguiente día durante la hora de la reunión vino un tal Otway, con algunos individuos groseros. Él se puso a dar vueltas alrededor de la reunión con su espada o estoque, y pasar entre los Amigos para llegar a mí; pero siendo que la reunión era enorme, los Amigos permanecieron amontonados, de manera que él no pudo fácilmente acercarse a mí. Después que había dado varias vueltas enfurecido y vio que no podría entrar, estando también limitado por el poder del Señor, al final él se fue. Fue una reunión gloriosa, terminó pacíficamente, y el poder eterno del Señor descendió sobre todos. Pero este hombre feroz se fue a su casa, estando perturbado, y después de un corto tiempo murió. Yo había enviado un escrito a Juan Blaykling para le leyera a este hombre mientras estaba enfermo, mostrándole su impiedad; y él lo reconoció en parte.

De allí me fui por Kendal, donde había una orden judicial para detenerme; y cuando los guardias me vieron se fueron corriendo para ir a buscar la orden mientras yo cabalgaba por el pueblo; pero antes que se pudieran acercar a mí con la orden, yo ya había pasado y así me escapé. Viajé hacia el norte, visitando reuniones, hasta que llegué a Stricklandhead, donde tuve una gran reunión. Siendo que la mayoría de los de nobleza de esa comarca se habían ido a una carrera de caballos, que quedaba no muy lejos de la reunión, fui inspirado a ir y declararles la verdad; y un guardia principal que estaba allí también los amonestó. Nuestra reunión estuvo tranquila, el Señor estaba con nosotros, y por su palabra y su poder los Amigos fueron establecidos en la verdad eterna.

De allí nos fuimos a Cumberland, donde tuvimos muchas reuniones preciosas y vivientes. Después que habíamos viajado a Gilsland, y habíamos tenido una reunión allí, nos fuimos a Carlisle, donde se solía echar a los Amigos fuera del pueblo; pero hubo una gran inundación mientras estuvimos allí, de manera que no nos pudieron echar; así que tuvimos una reunión allí en el Primer día. Después de lo cual nos fuimos a Abbey-holm, y tuvimos una pequeña reunión en ese lugar. Este es un lugar donde yo le dije a los Amigos mucho antes que habría un gran pueblo que vendría al Señor; lo cual desde entonces ya ha sucedido, y hay una gran reunión que se junta para el Señor en esas partes.

Me fui de allí a una reunión general en Langlands, en Cumberland, en casa de Cristóbal Fell, la cual era muy grande; porque la mayoría de la gente habían abandonado a los sacerdotes de tal manera, que las iglesias en algunos lugares estaban vacías. Y Juan Wilkinson, un predicador, a quien yo he mencionado anteriormente, quien tenía tres iglesias, le quedaban tan pocos oyentes que, al dejar la predicación en las iglesias, primero estableció una reunión en su casa, y les predicó allí a los que todavía le quedaban. Después él estableció una reunión silenciosa (como la de los Amigos) a la cual pocos vinieron, porque la mayoría de sus oyentes se habían hecho Amigos. Así se mantuvo él, hasta que sólo le quedaban media docena de oyentes; el resto de ellos todavía habiéndolo abandonado, y habiéndose convertido en Amigos [cuáqueros]. Al final, cuando a él le quedaban tan pocos, se fue a Pardsey-Crag, (donde los Amigos tenían una reunión de varios cientos de personas, quienes todos llegaron a sentarse bajo las enseñanzas del Señor Jesucristo), y él caminó alrededor de la reunión en los Primeros días como un hombre que andaba con las personas vulgares buscando ovejas. Durante este tiempo, yo vine a esta reunión en Pardsey-Crag, y él, con tres o cuatro de sus seguidores que todavía estaban con él, vinieron a la reunión ese día; y todos fueron completamente convencidos. Después de la reunión, Wilkinson me hizo dos o tres preguntas, las cuales yo respondí a su satisfacción. Durante ese tiempo él se unió a la Sociedad de los Amigos, se convirtió en un ministro capaz, predicó el evangelio libremente, y llevó a muchos a las enseñanzas gratuitas de Cristo. Y después de haber continuado por muchos años en el ministerio gratuito de Cristo Jesús, murió en la verdad en el año 1675.

Hacía algún tiempo que yo había sentido el llamado en mi espíritu de ir a Escocia; y había enviado mensaje al coronel William Osborn de Escocia, deseando que él se reuniera conmigo; y él con algunos otros, habían venido de Escocia a esta reunión. Después que se había acabado, (la cual, él dijo, había sido la reunión más gloriosa que él había visto en su vida), me fui con él y su grupo a Escocia; teniendo a Roberto Widders conmigo; un hombre que estaba ardientemente en contra de la hipocresía, el engaño, y la corrupción de los sacerdotes.

La primera noche que llegamos a Escocia nos alojamos en una posada. El posadero nos dijo que había un conde que vivía como a un cuarto de milla de allí, quien deseaba verme; y había dejado un mensaje en su casa, de que si yo alguna vez venía a Escocia, me enviaría un mensaje. Él nos dijo que habían tres puentes levadizos para llegar a su casa; y que el tercer puente no se levantaría hasta las nueve. Viendo que teníamos tiempo en la tarde, caminamos hacia su casa. Él nos recibió cariñosamente; y dijo que él hubiera ido con nosotros en nuestro viaje, pero que tenía un compromiso previo de ir a un funeral. Después de haber pasado algún tiempo con él, nos separamos amistosamente, y regresamos a nuestra posada. A la mañana siguiente continuamos nuestro viaje y pasamos por Dumfries, llegamos a Douglas, donde nos reunimos con algunos Amigos; de allí nos fuimos a Heads, donde tuvimos una reunión bendita en el nombre de Jesús, y sentimos su presencia en nuestro medio.

Dejando Heads, nos fuimos a Badcow, donde tuvimos un reunión, a la cual asistió una abundancia de personas, y muchos fueron convencidos; entre ellos había una que era llamada una dama. De allí nos fuimos hacia Highlands a la casa de William Osborn, donde enumeramos los sufrimientos de los Amigos y los principios de los sacerdotes escoceses, lo cual puede ser visto en un libro llamado Los Principios de los Sacerdotes Escoceses.

Después regresamos a Heads, Badcow, y Garshore, donde la mencionada dama Margarita Hambleton fue convencida; quien más tarde fue a advertir a Oliverio Cromwell y Carlos Fleetwood que el día del Señor se venía sobre ellos.

En el Primer día tuvimos una gran reunión, y varios profesantes vinieron a ella. Y los sacerdotes habían asustado a la gente con la doctrina de elección y reprobación, diciéndoles que Dios había destinado la mayor parte de los hombres y las mujeres para ir al infierno. Y si ellos estaban destinados para el infierno, cualquier oración, predicación, cantos o buenas obras que ellos hicieran, todo eso no tenía ningún propósito. Les decían que Dios tenía cierto número, los cuales eran elegidos para el cielo; y que no importaba lo que ellos hicieran, de todas maneras irían al cielo; por ejemplo, David, que era un adúltero, y Pablo, un perseguidor; sin embargo ambos estaban elegidos para el cielo. De manera que la culpa no estaba en la persona, ni más ni menos; sino que Dios lo había destinado de esa manera. Fui inspirado a abrirle a la gente la falsedad y necedad de las doctrinas de los sacerdotes, y a mostrarles que los sacerdotes habían abusado de esas escrituras, las cuales ellos habían traído y las citaban, (como en Judas, y otros lugares). Porque mientras ellos decían que "no había nada de culpa en la persona;” yo les mostré que la culpa estaba en Caín, Coré, y Balaam, de quienes Judas dice que fueron destinados en el tiempo antiguo para la condenación. Porque, ¿no les advirtió Dios a Caín y Balaam, y no le preguntó a Caín, "Si haces bien, ¿no serás aceptado?" ¿Y no sacó el Señor a Coré fuera de Egipto, a él y a su grupo? ¿Y sin embargo no estuvo él de acuerdo con Dios ni su ley, ni su profeta Moisés? Así que había culpa en Caín, Coré, y Balaam, como también hay culpa en todo lo que se separa del camino de Dios y que se va por sus propios caminos. Porque si ellos, que son llamados cristianos, resisten el evangelio como Coré resistió la ley, yerran del espíritu de Dios como lo hizo Balaam, y hacen lo malo como Caín lo hizo; ¿acaso no hay una culpa en eso? La culpa está en sí mismos, y es la causa de su reprobación, y no es la culpa de Dios. ¿No dice Cristo: "Vayan, y prediquen el evangelio de salvación a todas las naciones?" Él no los hubiera enviado a todas las naciones, a predicar la doctrina de la salvación, si la mayor parte de los hombres estuvieran destinados para el infierno. ¿No era Cristo una propiciación por los pecados de todo el mundo, por aquellos que fueron reprobados [el pecado todavía vive en ellos], así como por los santos? Él murió por todos los hombres, por los impíos como también por los rectos, como el apóstol declara en las escrituras. 2 Cor 5:15 y Rom 5:6. Y "él alumbra a todo hombre que viene al mundo," para que por medio de él todos puedan creer. Y Cristo les pide que crean en la luz; pero todos aquellos que odian la luz, la cual Cristo les dice a todos que crean, son reprobados. Nuevamente, "a cada hombre le es dada manifestación del Espíritu para el bien de todos;" pero aquellos que irritan y agravan al Espíritu, son reprobados; y la culpa está en ellos, como también está en aquellos que odian la luz. El apóstol dijo, "Porque la gracia de Dios que trae salvación se ha manifestado a todos los hombres, enseñándonos a negar la impiedad y los deseos mundanales, y cómo vivir sobria, justa y piadosamente en este mundo presente." Tito 2:11-12. Ahora todos los que viven impíamente, y en las concupiscencias del mundo, que transforman esta gracia de Dios en negligencia de restricción, y caminan maliciosamente en contra de ella, y así niegan a Dios, y al Señor Jesucristo que lo compró, la culpa está en todos aquellos que transforman la gracia de Dios en negligencia de restricción, y caminan maliciosamente en contra de aquello les trae su salvación, y los salva para sacarlos de la reprobación. Pero parece que los sacerdotes no ven ninguna culpa en los que niegan a Dios y al Señor Jesucristo que los compró, ni culpan a lo que niegan su luz; la luz en cual ellos deben creer, y su gracia, la cual les debe enseñar a vivir rectamente, y que les debe llevar a su salvación. Ahora todos los que creen en la luz de Cristo, como él lo manda, están en la elección; y se sientan bajo las enseñanzas de la gracia de Dios, la cual les trae la salvación. Pero los que se apartan de la gracia en rechazo a la autoridad son rechazados por Dios (la reprobación); y los que odian la luz están en la condenación. Por lo tanto yo exhorté a todos a creer en la luz, como lo manda Cristo, y a poseer la gracia de Dios, su maestro gratuito; la que les traería seguramente su salvación; porque ésta es suficiente. Muchas otras escrituras fueron abiertas con respecto a la reprobación, y los ojos de la gente fueron abiertos; y un manantial de vida se levantó entre ellos.

Nota del Editor del Sitio: Las teorías de la predestinación vienen de las escrituras: Sabemos que a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo; a fin de que él sea el primogénito en muchos hermanos. Rom 8:29. Como es explicado adicionalmente en los escritos cuáqueros: Dios vive fuera del tiempo, de manera que él sabía al principio de la creación, quien escogería alejarse del mal y buscar su rostro. Él nos atrae a todos hacia él, (cada hombre tiene su día de visitación), pero pocos muestran un deseo sincero de buscar persistentemente su presencia hasta verlo y tener comunión con Él; de manera que pocos son escogidos para recibir su gracia purificadora que produce cambio.

Estas cosas llegaron pronto a oídos de los sacerdotes; porque la gente que se sentaba bajo sus oscuras enseñanzas comenzaron a ver la luz y a ir al pacto de luz. Así que se corrió la voz en Escocia, entre los sacerdotes, que yo había venido a su país; y un gran clamor se oyó entre ellos, de que todo se iba a arruinar; porque ellos dijeron que yo ya había arruinado a todos los hombres y mujeres honestos de Inglaterra, (de manera que de acuerdo con este informe, a ellos sólo les quedaba lo peor). A partir de esto ellos se reunieron en grandes asambleas de sacerdotes, y llevaron un número de maldiciones para ser leídas en sus varias iglesias, y que toda la gente debería decir amén a ellas. Algunas pocas de ellas mencionaré aquí; el resto se pueden leer en el libro mencionado anteriormente de 'Los principios de los sacerdotes escoceses.'

La primera era: 'Maldito el hombre que dijo: Cada hombre tiene una luz dentro de sí que es suficiente para llevarle a la salvación; y que todo el pueblo diga Amén.'

La segunda: ‘Maldito es aquel que dijo: la fe es sin pecado; y que todo el pueblo diga Amén.'

La tercera: ‘Maldito el que niega el día de reposo; y que todo el pueblo diga Amén.'

En esta última ellos hacen que la gente se maldiga a sí misma; porque en el día de reposo bíblico (el cual es el séptimo día de la semana, que los judíos guardaban por mandamiento de Dios a ellos), los mercados y ferias de esta gente estaban abiertos; y así la maldición regresaba sobre sus propias cabezas.

Con respecto a la primera, acerca de la luz, Cristo dijo: 'Creed en la luz, para que seáis hijos de luz' y 'el que cree, ése será salvo; el que cree tendrá vida eterna: el que cree ha pasado de muerte a vida, y es injertado con Cristo.' 'Y ustedes hacen bien,' dijo el apóstol, 'al estar atentos a la luz que alumbra en lugar oscuro, hasta el día esclarezca y el lucero de la mañana se levante en vuestros corazones.' De manera que la luz es suficiente para guiar hacia el lucero de la mañana.

Con respecto a la fe, ésta es el don de Dios; y cada don de Dios es puro. La fe, de la cual Cristo es el autor, es preciosa, divina y sin pecado. Ésta es la fe que nos da la victoria sobre el pecado, y acceso a Dios; y por medio de esta fe ellos agradan a Dios. Pero ellos son reprobados [el pecado todavía vive en ellos] en sí mismos con respecto a la fe, y están en su fe muerta, quienes culpan pecado sobre esta fe bajo pena de maldición; y esta es la fe que les da victoria sobre su maldición, y la maldición entra en sus entrañas.
 
Había un grupo de escoceses cerca de Badcow, que desafiaron una disputa con algunos de nuestros Amigos escoceses, porque ellos no querían disputar conmigo. De manera que algunos de los Amigos escoceses se reunieron con ellos en el mercado. La disputa iba a ser con respecto al día de reposo, y algunos otros de sus principios antes mencionados; y habiendo yo recibido sus principios y afirmaciones, le mostraron a los Amigos donde ellos podían se fácilmente derrocados; y un amigo escocés, un herrero, claramente los derrocó.
 
Habían dos iglesias independientes en Escocia, en una de las cuales muchos fueron convencidos; pero el pastor de la otra estaba furioso en contra de la verdad y los Amigos. Ellos tenían a sus ancianos, quienes algunas veces ejercitaban sus dones entre los miembros de la iglesia, y algunas veces eran muy delicados; pero sus pastores hablaban tanto en contra de la luz, y de nosotros, los Amigos de Cristo, que oscureció a sus oyentes; de manera que crecieron ciegos y secos, y perdieron su delicadeza. Él continuó predicando en contra de los Amigos, y en contra de la luz de Cristo Jesús, llamándola natural; al fin un día en su predicación él maldijo la luz, y cayó como muerto en su púlpito. La gente lo cargó hacia afuera, lo pusieron sobre una lápida, y derramaron agua sobre él, lo cual lo trajo a la vida otra vez; y se lo llevaron a su casa, pero él estaba sin espíritu. Después de un rato él se quitó sus ropas, se puso unas ropas de cuadros escoceses, y se fue al campo entre las mujeres de las lecherías. Cuando él se había quedado allí como dos semanas se volvió a su casa, y se fue al púlpito otra vez. Después de lo cual la gente esperaba una gran manifestación o revelación de parte de él; pero, en vez de eso, él comenzó a decirles qué clase de entretenimiento él había visto; cómo una mujer le dio leche descremada, otra le dio suero, y otra le dio buena leche: de manera que la gente se vio obligada a sacarlo del púlpito otra vez, y llevárselo a su casa. El que me dio este reporte fue Andrés Robinson, uno de sus oyentes principales, quien llegó después a ser convencido, y recibió la verdad. Él me dijo que aquel nunca había recobrado el sentido otra vez. Pero esta gente pudo ver lo que le pasó a aquel que maldijo la luz, la cual es la vida en Cristo, el verbo; y pudo ser una advertencia para todos los otros que hablan mal en contra de la luz de Cristo.
 
Ahora los sacerdotes estaban tan furiosos, que presentaron peticiones en contra mía al concilio de Oliverio Cromwell en Edinburgo. El mensaje era que 'todo se había perdido;' porque varios Amigos habían venido de Inglaterra, y se habían esparcido sobre Escocia, anunciando el día del Señor, predicando el evangelio eterno de salvación, y llevando a la gente a Cristo Jesús, quien murió por ellos, para poder recibir sus enseñanzas gratuitas. Después que hube enumerado los principios de los sacerdotes escoceses, y los sufrimientos de los Amigos, y después de haber visto a los Amigos en esa parte de Escocia establecidos por el poder del Señor sobre Cristo su fundamento, me fui a Edinburgo, y por ese camino llegué a Linlithgow, donde me quedé en una posada. La esposa del posadero, que era ciega, recibió la palabra de vida y llegó a estar bajo las enseñanzas de Cristo Jesús su Salvador. Esa noche vinieron un gran número de soldados y algunos oficiales; algunos de los cuales se portaron de manera grosera. Uno de los oficiales dijo que él obedecería los mandamientos de los turcos o de Pilato, si ellos le mandaran a vigilar a Cristo para crucificarlo. Él estaba tan lejos de la ternura de corazón, o de un sentido del espíritu de Cristo, que prefería crucificar al justo, en vez de sufrir por el justo o de sufrir con él; cuando en realidad muchos oficiales y magistrados perdieron sus posiciones antes de volverse en contra del Señor y de su Justo.
 
Cuando me había quedado por un tiempo en Edimburgo, me fui a Leith, donde muchos oficiales del ejército se habían juntado en una reunión con sus esposas; y muchos fueron convencidos. La esposa de Eduardo Billing era una de ellos. Ella trajo una gran cantidad de joyas de coral en su mano y lo tiró sobre la mesa que estaba en frente mío para ver si yo hablaría en contra de esto o no. Yo no me percaté de ello, pero le declaré la verdad a ella, y fue alcanzada. Muchos bautistas se comportaron muy groseramente; pero el poder del Señor descendió sobre ellos, de manera que se fueron confundidos. Entonces llegaron otros de otras creencias, uno de los cuales dijo que él disputaría conmigo; y, con el puro fin de discutir, negaría que había un Dios. Yo le dije que él podría ser uno de esos necios que decían en su corazón que no hay Dios; pero que lo conocería en el día del juicio. Así él se fue por su camino, y después de eso pasamos un rato precioso con varias personas de importancia; y el poder del Señor descendió sobre todos. William Osborn estaba conmigo. La esposa del coronel Lidcot, la esposa de William Welsh, y varios de los oficiales mismos fueron convencidos. Eduardo Billing y su esposa estaban separados durante ese tiempo, y vivían aparte; y ella fue alcanzada por la verdad y llegó a ser cariñosa con los Amigos. Mandamos a buscar a su esposo, quien vino, y el poder del Señor los alcanzó a ambos; y ambos se unieron a él, y acordaron vivir juntos en amor y unidad como marido y mujer.

Después de esto regresé a Edinburgo, donde muchos miles se reunieron, habiendo muchos sacerdotes entre ellos, que estaban discutiendo la quema de una bruja; y yo fui inspirado a declarar el día del Señor entre ellos. Cuando había terminado, me fui de allí a nuestra reunión, donde vino mucha gente, bautistas groseros. Los bautistas comenzaron a jactarse con su lógica y silogismos; pero yo fui inspirado en el poder del Señor a aplastar sus mentes ligeras; y le mostré a la gente que siguiendo su razonamiento erróneo, ellos podían hacer al blanco parecer negro, y al negro parecer blanco: o, porque una gallina tiene dos patas, y porque la gente tiene dos piernas; entonces todos ellos eran gallinas. De manera que ellos podían convertir cualquier cosa en ligereza y vanidad; pero ése no era el camino de Cristo, ni era la manera en que enseñaban, predicaban o razonaban los apóstoles. Y en esos momentos se fueron los bautistas por su camino; y después que ellos se habían ido, tuvimos una reunión bendita en el poder del Señor, el cual descendió sobre todos.

Mencioné anteriormente que muchos de los sacerdotes escoceses, estando muy preocupados por la difusión de la verdad y la pérdida consiguiente de sus miembros, habían ido a Edinburgo a hacer una petición ante el concilio en contra mía. Cuando yo me fui de la reunión a la posada donde me estaba quedando, un oficial que pertenecía al concilio me trajo la siguiente orden:

Jueves, 8 de Octubre de 1657, en el concilio de su Alteza en Escocia:
'ORDENADO,
     ‘Que Jorge Fox comparezca ante el concilio el próximo martes
            18 de Octubre, en la mañana.    E. DOWNING,
                                                                                    Empleado del concilio

Cuando él me había entregado la orden, me preguntó si yo comparecería o no. Yo no le respondí si lo haría o no, pero le pregunté si él no había falsificado la orden. Él dijo que no, que era una orden auténtica del concilio, y que él había sido enviado como mensajero para entregármela. Cuando llegó el momento comparecí, y fui llevado a una habitación grande, donde mucha gente vino y me miró. Después de un rato el portero me llevó hacia la cámara del concilio; y cuando yo entraba, él me quitó el sombrero. Yo le preguntó porqué había hecho eso, y quién estaba allí que yo no podía entrar con mi sombrero. Le dije que yo había estado ante el Protector sin mi sombrero. Pero él colgó mi sobrero y me llevó ante ellos. Cuando había estado de pie por un rato, y ellos no me decían nada, fui inspirado por el Señor a decirles: 'La paz sea entre ustedes. Esperen en el temor de Dios, para que ustedes puedan recibir su sabiduría desde lo alto, por medio de quien todas las cosas fueron hechas y creadas; para que por medio de ella todos ustedes puedan ser ordenados, y puedan ordenar todas las cosas bajo sus manos para la gloria de Dios.' Ellos me preguntaron que cuál era la ocasión de mi venida a esta nación. Yo les dije que había venido a visitar la semilla de Dios, la cual había estado por mucho tiempo en la esclavitud de la corrupción; que en toda la nación, los que profesaban las escrituras, las palabras de Cristo, de los profetas y los apóstoles, pueden venir a la luz, el espíritu, y el poder, en el cual estaban los que hablaron estas cosas originalmente; para que en el espíritu y por medio de éste ellos puedan entender las escrituras, conocer a Cristo y a Dios correctamente, tener comunión con ellos, y los unos con los otros. Ellos me preguntaron si yo tenía algún negocio externo allí. Yo les dije que no. Entonces ellos me preguntaron por cuánto tiempo yo pensaba quedarme en ese país. Yo les dije que podía decir poco en cuanto a eso; que mi tiempo allí no sería mucho; y que yo estaba en mi libertad en el Señor, en la voluntad del que me envió allí. Entonces ellos me dijeron que me fuera; y el portero me tomó de la mano y me guió hacia afuera. En un corto tiempo me mandaron a llamar otra vez, y me dijeron que debía marcharme de la nación de Escocia ese día para las siete de la noche. Yo les pregunté por qué, que qué había hecho. Les pregunté cuál era mi transgresión para que ellos me dieran tal sentencia de marcharme de la nación. Ellos me dijeron que no discutirían conmigo. Yo deseaba que ellos oyeran lo que les tenía que decir. Ellos dijeron que no me oirían. Yo les dije que el faraón oyó a Moisés y a Aarón, a pesar que él era un pagano; y Herodes oyó a Juan el Bautista; y ellos no debían ser peor que aquellos. Pero ellos me gritaron 'Sal de aquí, sal de aquí.' Así que el portero me tomó otra vez de la mano y me dirigió hacia afuera. Y me regresé a mi posada, y me quedé en Edinburgo, visitando amigos allí y en el área, y fortaleciéndolos en el Señor. Después de un corto tiempo escribí una carta al concilio, para poniendo de manifiesto ante ellos su proceder poco cristianos, al querer desterrarme, a mí que soy un hombre inocente que buscaba la salvación de ellos y su bien eterno.

Al concilio de Edinburgo.

Ustedes que se sientan en el concilio, y llevan a la silla del juzgado al inocente, al justo, sin mostrarme qué mal había hecho yo, y sin declararme culpable de ningún incumplimiento de la ley; y después me destierran de su nación, sin decirme por qué; aunque yo les dije, cuando ustedes me preguntaron cuánto tiempo me quedaría en el país, que mi tiempo aquí no sería mucho, (yo lo dije inocentemente;) y aún así ustedes me desterraron. ¿No se dan cuenta que todos los que temen a Dios verán esto como una perversidad de parte de ustedes? Consideren esto: ¿acaso no se sentaron en un concilio con respecto a Esteban, aquellos que lo apedrearon hasta la muerte? ¿No se sentaron en un concilio acerca de Pedro y Juan, los que los echaron del templo, los sacaron de su concilio por un momento, y discutieron entre ellos; y entonces los trajeron ante ellos otra vez, los amenazaron, y les encargaron a que no hablaran más en ese nombre? ¿No era la intención de ellos detener la difusión de la verdad en esos tiempos? ¿No tenían los sacerdotes algo que ver con estas cosas, con los magistrados y al examinar a Esteban, cuando él fue apedreado hasta la muerte? ¿No se había reunido el concilio en contra de Jesucristo, para darle muerte, y no estuvieron los sacerdotes envueltos en esto? Cuando ellos persiguen al justo, y crucifican al justo, ¿no descuidan entonces el juicio, la misericordia, y la justicia, y los asuntos importantes de la ley, lo cual es justo? ¿No fue el apóstol Pablo echado de un lado para otro y encarcelado por los sacerdotes y los gobernantes? ¿No fue Juan el Bautista echado en la cárcel? ¿No están ustedes haciendo la misma obra, mostrando qué espíritu los controla? Ahora, ¿no muestran ustedes el propósito de su profesión, el propósito de sus oraciones, el propósito de su religión, y el propósito de sus enseñanzas, los que ahora han desterrado la verdad, y a aquel que vino a declarárselas? ¿No muestra esto que todo lo que ustedes tienen son palabras, fuera de la vida de los profetas, de Cristo y de sus apóstoles? Ellos nunca desterraron a nadie. ¿Cómo reciben ustedes a los forasteros, lo cual es un mandamiento de Dios entre los profetas, Cristo y los apóstoles? Algunos al recibir forasteros hospedaron ángeles sin saberlo; pero ustedes destierran a uno que viene a visitar la semilla de Dios, y no representa gasto para ninguno de ustedes. ¿Acaso todos los que temen a Dios no verán esto como rencor y perversidad en contra de la verdad? ¿Cómo es que ustedes dicen que obedecen el mandamiento para amar a los enemigos, y destierran a alguien que es amistoso? ¿Cómo pueden ustedes obedecer el mandamiento de hacer el bien a los que los odian, cuando hacen mal a los que los aman? ¿Cómo pueden cumplir con el mandamiento de amontonar ascuas de fuego sobre las cabezas de los que los odian, y vencer el mal con el bien, cuando ustedes nos han desterrado de esa manera? ¿Acaso no les muestran a todos los que están en la verdad que ustedes no tienen el espíritu cristiano? ¿Cómo es que ustedes me trataron justamente, cuando sin la acusación de ningún mal, ustedes aún así me destierran? Esto muestra que la verdad ha sido desterrada de sus corazones, y ustedes se han unido en contra de la verdad con los que hacen el mal; con los sacerdotes impíos y envidiosos, apedreadores, golpeadores, y burladores en las calles; con éstos se han unido ustedes que destierran; cuando ustedes deberían haber sido un terror para esos hacedores de maldad, y una alabanza para aquellos que hacen el bien, y deberían nutrir a aquellos que están en la verdad; entonces ustedes pudieran haber sido una bendición para la nación; y no hubieran desterrado a aquel que fue inspirado por el Señor para visitar la semilla de Dios, y así hubieran puesto sus nombres en el registro, y hubieran hecho que ellos fueran un escándalo para las edades por venir, entre aquellos que temen a Dios. ¿No fueron los magistrados provocados por los sacerdotes corruptos en las edades antiguas a perseguir o desterrar; y no provocaron los sacerdotes corruptos a la ruda multitud en contra del los justos en otras edades? Por lo tanto sus calles son como Sodoma y Gomorra. ¿Acaso no hicieron los judíos y los sacerdotes que las mentes de los gentiles fueran llenas de envidia en contra de los apóstoles? Y ¿quienes eran aquellos que no querían que el profeta Amós profetizara en el santuario del rey, sino que le dijeron que se fuera? ¿No se unieron los sacerdotes con los príncipes al poner a Jeremías en la cárcel, en el calabozo y en el cepo?  Ahora vean todos, los que han participado en esta obra de desterrar, encarcelar, perseguir, si es que ellos no estaban todos fuera de la vida de Cristo, de los profetas, y de los apóstoles. Yo le hablo a aquello que es testigo de Dios en todos ustedes. Consideren si es cierto o no, que siempre fueron los magistrados ciegos quienes apuntaron sus espadas siempre hacia atrás, quienes no distinguieron entre sus amigos y sus enemigos, y de esa manera golpearon a sus amigos. Los tales magistrados fueron engañados por los halagos.

Jorge Fox


Cuando esto fue entregado, y leído entre ellos, algunos de ellos, yo escuché, estaban turbados por lo que habían hecho; comprendiendo que lo que ellos habían hecho no les sería de beneficio. Pero no pasó mucho tiempo después que me desterraron, que ellos mismos fueron desterrados, o que estuvieran felices de irse; ellos no hicieron el bien en el día cuando ellos tuvieron la posibilidad, ni dejaron a otros que lo hicieran. 

{Vi que el general Monk era un hombre que se había inclinado ante Oliverio Protector, y él tenía una careta [estaba actuando solamente], y cuando la careta fue quitada [cuando él dejó de actuar] volvió a ser el hombre que él había sido antes de Cromwell. Aquellos que me desterraron, fueron desterrados ellos mismos no muchos años después; porque cuando tuvieron el poder, ellos no hicieron el bien, ni dejaron a otros hacer el bien tampoco. [Monk había servido a Carlos I. Cuando Cromwell reemplazó al rey por medio de la revolución, Monk se convirtió en el asistente de Cromwell y comandante en jefe de Escocia, donde él tenía un buen número de cuáqueros bajo su mando como soldados. Fox le escribió a él y al ejército en Escocia una larga carta. Después de la restauración de la monarquía, Carlos II llegó a sustituir a Cromwell, y Monk hizo exactamente lo que Fox había predicho; él se unió a la causa de la realeza Stuart otra vez, mostrando que era un actor muy hábil].}

Después que había pasado un tiempo entre Amigos en Edinburgo, y en el área, m fui de allí a Heads otra vez, donde los Amigos habían estado sufriendo en gran manera, porque los sacerdotes presbiterianos los habían excomunicado, y habían dado órdenes que ninguno podía comprar ni vender con ellos, ni tampoco comer ni beber con ellos. De manera que no podían vender sus mercancías, ni comprar lo que querían; lo que resultaba muy difícil para algunos de ellos; porque si ellos compraban pan u otras viandas de cualquiera de sus vecinos, los sacerdotes los amenazaban con tales maldiciones, que ellos iban y se los quitaban. Pero el coronel Ashfield, siendo juez de paz en esa región, puso fin a las medidas de los jueces. Después el mismo coronel Ashfield fue convencido, estableció una reunión en su casa, y declaró la verdad, y vivió y murió en ella.

Después de haber visitado Amigos en Heads y los alrededores, y de haberlos animado en el Señor, me fui a Glasgow, donde fue anunciada una reunión; pero no vino ninguna persona del pueblo. Cuando yo iba hacia el pueblo, los guardias en la entrada me llevaron ante el gobernador, quien era un hombre moderado. Tuve un gran número de discusiones con él; pero él era una persona muy ligera para recibir la verdad; sin embargo él me puso en libertad, y yo me fui a la reunión. Debido a que ninguna persona del pueblo vino a la reunión, nosotros declaramos la verdad a través del pueblo; entonces nos fuimos, visitando reuniones de Amigos en el área, y regresamos hacia Badcow. Varios Amigos declararon la verdad en sus iglesias, y el poder del Señor estaba con ellos. En una ocasión que yo iba con William Osborn a su casa, un grupo de individuos rudos se encontraban a un lado del camino, donde se habían escondido detrás de los cercos y los arbustos. Al verlos le pregunté a William, '¿Quiénes son esas personas?' 'Oh'  dijo él, 'ellos son ladrones.' Habiendo sido inspirado para ir a hablar con el sacerdote, Roberto Widders fue dejado atrás teniendo la intención de venir con nosotros después; de manera que le dije a William Osborn, ‘Yo me quedaré aquí en este valle, y tú ve a buscar a Roberto Widders.' Pero él no quería ir porque tenía miedo de dejarme allí solo con esos individuos; hasta que le dije que yo no les tenía miedo. Entonces los llamé y les pregunté por qué estaban escondidos allí. Yo les pedí que salieran y que vinieran hacia mí; pero ellos estaban reacios. Yo les advertí que salieran, porque si no lo hacían, podía ser peor para ellos. Entonces ellos vinieron temblando hacia a mí; ya que el temor del Señor los había alcanzado. Yo los amonesté a ser honestos, y los dirigí hacia la luz de Cristo en sus corazones, para que por ella pudieran ver lo malo que era cometer hurtos y robos; y el poder del Señor descendió sobre ellos. Yo me quedé allí hasta que William Osborn y Roberto Widders volvieron, y entonces nos fuimos juntos. Si ambos hubiéramos seguido por el camino cuando recién descubrimos esos ladrones, y si Roberto Widders hubiera regresado solo a encontrarnos, probablemente hubiera sido asaltado porque habían allí tres o cuatro ladrones.

Fuimos a la casa de William Osborn, donde tuvimos una buena oportunidad de declarar la verdad a varias personas que vinieron. Entonces nos fuimos a ver a los Highlanders, quienes estaban tan endiablados que casi nos hirieron seriamente a nosotros y a nuestros caballos con con sus tridentes; pero escapamos por medio de la bondad del Señor, siendo guardados por su poder.
 
De allí nos fuimos a Stirling, donde los soldados nos arrestaron y nos llevaron al guardia principal. Después de una pocas palabras con sus oficiales, y después que el poder del Señor descendió sobre ellos, nos pusieron en libertad; pero el pueblo estaba tan encerrado en la oscuridad que no pudimos hacer una reunión entre ellos en ese pueblo. A la mañana siguiente llegó un hombre con un caballo para participar en una carrera, y la mayoría de la gente del pueblo y los oficiales fueron a verlo. Cuando yo regresaba de la carrera, tuve una oportunidad magnífica de declarar el día del Señor y su palabra de vida entre ellos. Algunos lo confesaron, y algunos se opusieron; pero la verdad y el poder del Señor descendió sobre todos ellos.

Dejando Stirling llegamos a Burnt-Island, donde tuve dos reuniones en la casa del capitán Pool; una en la mañana, y la otra en la tarde. Mientras ellos cenaban yo caminé hacia la orilla del mar, pues no me sentía en libertad de comer con ellos. Tanto él como su esposa fueron convencidos, y después se convirtieron en buenos Amigos; y varios oficiales del ejército vinieron a la reunión y recibieron la verdad.

De allí pasamos por varios otros lugares en esa región, hasta que llegamos a Johnston, donde habían varios bautistas, los que estaban muy amargados, y llegaron furiosos para discutir con nosotros. Éstos eran en realidad hombres vanos, ruidosos y peleadores. Cuando no pudieron prevalecer por medio de las discusiones, se fueron a informar al gobernador en contra de nosotros, y a la siguiente mañana ellos levantaron un grupo a pie, y me desterraron a mí, a Alejandro Parker, Jaime Lancaster, y Roberto Widders, echándonos fuera del pueblo. Mientras nos custodiaban por todo el pueblo, Jaime Lancaster fue inspirado a cantar con un sonido melodioso en el poder de Dios, y yo fui inspirado a proclamar el día del Señor, y predicar el evangelio eterno a la gente. Y casi todo el pueblo salió afuera, de manera que las calles estaban llenas de gente; y los soldados estaban tan avergonzados, que dijeron que ellos hubieran preferido ir a Jamaica que habernos custodiado de esa manera. Pero nos pusieron en una barca con nuestros caballos, y nos dejaron a la deriva. Los bautistas, que eran la causa de que nosotros fuéramos echados así del pueblo, fueron ellos mismos, no mucho después, echados del ejército; y el que era entonces el gobernador fue descartado también cuando llegó el rey.
 
Habiendo sido así sacados de Johnston, nos fuimos a otro pueblo que tenía mercado, donde Eduardo Billing y muchos soldados se alojaban. Fuimos a una posada, y deseábamos celebrar una reunión en el pueblo, para que pudiéramos predicar el evangelio eterno entre ellos. Los oficiales y los soldados dijeron que teníamos que celebrar la reunión en el ayuntamiento; pero los magistrados escoceses por despecho organizaron una reunión allí ese día para tratar los asuntos del pueblo. Cuando el oficial de los soldados entendió y percibió que esa reunión fue organizada por malicia, quisieron que nos fuéramos al ayuntamiento de todas maneras. Pero nosotros les dijimos que no, de ninguna manera; porque los magistrados podían informar al gobernador en contra de ellos y decir que ellos les habían quitado el ayuntamiento por fuerza, cuando ellos fueran a hacer sus negocios allí. Nosotros les dijimos que iríamos al mercado. Ellos nos dijeron que era el día del mercado. Les respondimos que entonces era mucho mejor, porque así tendríamos a toda la gente para que oyera la verdad y conocieran los principios. Entonces Parker fue y se puso de pie en el cruce del mercado con una Biblia en sus manos y declaró la verdad entre los soldados y los mercaderes: pero siendo los escoceses gente tenebrosa y carnal, le dieron poca importancia o escasamente se dieron cuenta de lo que se decía. Poco después, fui inspirado por el Señor Dios a ponerme de pie en el cruce y declarar en alta voz la verdad eterna, y que el día del Señor vendría sobre todo el pecado y la impiedad. En esos momentos la gente vino corriendo desde el ayuntamiento en números tan grandes que por fin tuvimos una reunión grande; porque ellos sólo se habían sentado en la corte para prevenir que nos reuniéramos en el ayuntamiento. Cuando la gente salió del ayuntamiento, los magistrados los siguieron. Algunos pasaron caminando, pero otros se quedaron y escucharon; y el poder del Señor descendió sobre todos y nos mantuvo en silencio. La gente fue dirigida al Señor Jesucristo, quien había muerto por ellos, y los había iluminado, para que con su luz ellos pudieran ver sus obras malas, ser salvos de sus pecados por medio él, y pudieran llegar a conocerlo a él como su maestro. Pero si ellos no recibían a Cristo, y no lo tenían dentro de sí, se les dijo a ellos que esta luz que venía de él sería la condenación de ellos.

Varios de ellos eran muy cariñosos con nosotros, especialmente los ingleses, y algunos llegaron después a convencerse. Pero había un soldado que tenía mucha envidia contra nosotros; él nos odiaba tanto a nosotros como a la verdad, hablaba mal de la verdad, y muy maliciosamente en contra de la luz de Cristo Jesús, de la cual nosotros dimos testimonio. Él apoyaba muy fervientemente a los sacerdotes y a sus oyentes. Cuando este hombre estaba sosteniendo su sombrero delante de su cara, mientras el sacerdote oraba, uno de los oyentes del sacerdote lo apuñaló hasta darle muerte. De manera que él, quien había rechazado las enseñanzas del Señor Jesucristo, y había clamado en contra de los siervos del Señor, fue asesinado entre aquellos con los cuales él había clamado, fue asesinado por uno de ellos.
 
De esta ciudad seguimos viajando a Leith, advirtiendo y exhortando al pueblo a medida que andábamos, para que se acerquen a Señor. En Leith el posadero me dijo que el abogado emitió órdenes para detenernos, porque no me había ido de esa nación después que se habían pasado los siete días en los cuales ellos me habían dicho que me tenía que marchar. También vinieron varios simpatizantes y me dijeron lo mismo. A los cuales yo les dije: '¿Por qué me hablan de las órdenes en contra mía? Si hubiera una carreta llena de ellos, yo no me fijaría; porque el poder del Señor está sobre todos ellos.'

Otra vez me fui de Leith a Edinburgo donde ellos dijeron que se habían dictado órdenes en contra mía . Me fui a la posada donde me había quedado antes, y ningún hombre se entrometió conmigo. Después de haber visitado Amigos en la ciudad durante la mañana, le dije a aquellos que viajaban conmigo que prepararan sus caballos, y nos fuimos de esa ciudad cabalgando juntos. Conmigo estaban Tomás Rawlinson, Alejandro Parker, y Roberto Widders. Cuando nos habíamos salido del pueblo me preguntaron a dónde iba. Yo les dije que el Señor me había inspirado para volver a Johnston, (el pueblo de donde me habían echado la última vez), y también a poner el poder de Dios y su verdad sobre ellos. Alejandro Parker dijo que él iría conmigo, y yo deseaba que los otros dos se quedaran en un pueblo que estaba alrededor de tres millas de Edinburgo hasta que regresáramos. Entonces Alejandro Parker y yo cruzamos el río, el que estaba como a unas tres millas de allí, y cabalgamos por la región; pero en la tarde, su caballo estaba débil y no podía seguir. De manera que yo seguí adelante y me fui a Johnston justo cuando estaban subiendo los puentes. Los oficiales y soldados nunca me cuestionaron, y yo cabalgué por la calle hasta la casa del capitán Davenport, de donde había sido desterrado. Había muchos oficiales con él; y cuando yo llegué, ellos levantaron sus manos, admirando el hecho de que yo había venido otra vez; pero yo les dije que el Señor me había enviado para ir nuevamente con ellos. Así que ellos se fueron por su lado; y los bautistas me enviaron una carta como desafío para tener un debate conmigo al día siguiente. Yo les mandé a decir que me encontraría con ellos en un lugar designado, una casa que estaba alrededor de una milla del pueblo, a una hora designada. Porque yo consideraba que si me quedaba en el pueblo para debatir con ellos, ellos podrían, bajo la pretensión de debatir conmigo, organizar un grupo de hombres para sacarme del pueblo otra vez, como lo habían hecho antes. A la hora designada me fui al lugar en compañía del capitán Davenport y su hijo; donde me quedé y esperé varias horas, pero ninguno de ellos vino. Mientras estaba esperándolos, vi que venía Alejandro Parker. La noche anterior él no había podido llegar al pueblo y había pasado la noche en las afueras del pueblo. Yo estaba muy feliz de haberme podido encontrar con él otra vez.
 
Este capitán Davenport sentía entonces un gran afecto por los Amigos; pero después, a medida que llegó a tener más obediencia a la verdad, perdió su posición por no quitarse su sombrero y por tratarlos de tú.
 
Cuando habíamos esperado más del tiempo razonable para esperar su llegada, nos fuimos; y Alejandro Parker fue inspirado para ir otra vez al pueblo donde tuvimos una reunión en el cruce del mercado. Yo me fui solo al cuartel del teniente Foster, donde encontré a varios oficiales que estaban convencidos. De allí me fui al pueblo donde había dejado a los otros dos Amigos, y ellos y yo nos fuimos a Edinburgo juntos otra vez.

Cuando había llegado a la ciudad, le dije a Roberto Widders que me siguiera; y en el temor y poder del Señor, llegamos ante los primeros dos centinelas; el poder del Señor los abrumó de tal manera que nosotros pasamos por allí sin ser examinados. Entonces cabalgamos por las calles hacia el mercado y pasamos por el guardia principal hasta llegar hacia fuera de las puertas, donde estaba el tercer centinela, y así salimos hasta los suburbios; y allí llegamos a una posada y dejamos los caballos, siendo que era el Séptimo día. En esos momentos yo vi y sentí que habíamos cabalgado hacia la boca del cañón o la punta de la espada, y así fue; pero el poder del Señor y la mano inmediata nos hizo pasar sobre todas sus cabezas. Al día siguiente me fui a la reunión en la ciudad, siendo que los Amigos habían sido avisados que yo llegaría. Muchos oficiales y soldados vinieron, y fue una reunión gloriosa; el poder eterno de Dios fue establecido sobre la nación, y su hijo reinó en su glorioso poder. Todo estuvo tranquilo, y ningún hombre se entrometió conmigo. Cuando la reunión se había acabado, y después que había visitado algunos Amigos, me fui de la ciudad para volver a la posada. Al día siguiente, siendo que era el Segundo día, emprendimos el camino hacia la frontera de Inglaterra.

Cuando viajábamos por la región divisé una iglesia, y me tocó en los más profundo. Pregunté qué iglesia era esa, y se me respondió que era la de Dunbar. Cuando llegué allí y me había alojado en la posada, caminé hacia la iglesia, teniendo uno o dos Amigos conmigo. Cuando llegamos al patio de la iglesia, uno de los hombres principales del pueblo estaba caminado por allí. Le pedí a uno de los Amigos que estaban conmigo que fuera con él y le dijera que al día siguiente, a las nueve de la mañana, se llevaría a cabo una reunión del pueblo de Dios llamado los cuáqueros en ese lugar, de lo cual deseábamos que él diera aviso a la gente del pueblo. Él me mandó a decir que ellos iban a tener una conferencia en ese lugar a las nueve; pero que podíamos tener nuestra reunión allí a las ocho de la mañana si así lo deseábamos. Estuvimos de acuerdo y le pedimos que diera aviso de aquello. Y así en la mañana vinieron tanto ricos como pobres; y debido a que un capitán de la caballería se alojaba en el pueblo, él y sus tropas vinieron también, de manera que tuvimos una gran asamblea de personas; y fue una reunión gloriosa, estando el poder del Señor sobre todos. Después de un rato vino el sacerdote, y entró en la iglesia; pero como nosotros estábamos en el patio, la mayoría de la gente se quedó con nosotros. Los Amigos estaban tan llenos de entusiasmo, y sus voces se elevaban de tal manera en el poder de Dios que el sacerdote podía hacer muy poco en la iglesia; así que salió rápidamente otra vez, estuvo parado un rato, y luego se fue. Yo le manifesté a la gente dónde podrían encontrar a Cristo Jesús, los llevé hacia la luz, con la cual él los había iluminado; y les manifesté que en la cruz ellos podían ver a Cristo que murió por ellos, acercarse a él, y conocerle como su salvador y maestro. Les mostré que los maestros, a los cuales ellos habían seguido hasta entonces, eran asalariados, que hacían del evangelio algo para cobrar. Yo les mostré lo equivocado de los caminos en los que habían caminado, en la noche de la apostasía; y los llevé a Cristo, el nuevo y viviente camino hacia Dios. Les expliqué cómo ellos habían perdido la religión y la adoración, la cual Cristo había establecido en el espíritu y la verdad, y cómo desde entonces, la gente había estado en las religiones y las adoraciones inventadas y establecidas solamente por los hombres. Y después de haber llevado a la gente al espíritu de Dios, el cual había guiado a los hombres santos de Dios a publicar las escrituras, les mostré que ellos también debían venir a recibir y ser guiados por el espíritu que está en ellos mismos, (una medida del cual ha sido dada a cada uno de ellos), si ellos querían alguna vez llegar a conocer a Dios, y a Cristo, y las escrituras correctamente. Habiendo percibido que los otros Amigos que estaban conmigo estaban llenos de poder y de la palabra del Señor, me bajé, dejándoles a ellos declarar lo que tenían del Señor para el pueblo. Cuando la reunión ya llegaba a su fin, algunos profesantes comenzaron a discutir sobre puntos doctrinales. En esos momentos me puse de pie otra vez y respondí sus preguntas, hasta que ellos parecieron estar satisfechos; y nuestra reunión terminó en el poder del Señor, tranquila y pacífica. Esta fue la última reunión que tuve en Escocia. La verdad y el poder de Dios fueron establecidos sobre esa nación, y muchos, por el poder y el espíritu de Dios, fueron llevados al Señor Jesucristo, su salvador y maestro, la sangre del cual había sido derramada por ellos; y después hubo un gran aumento en sus números, y números aún más grandes llegarán a existir en Escocia. Porque cuando yo pisé suelo escocés por primera vez, sentí que la semilla de Dios brillaba alrededor mío, como numerosas chispas de fuego. Esto no negaba la capa de abundante tierra gruesa y con terrones, de hipocresía y falsedad que estaba sobre el suelo; y una naturaleza de zarzamoras, la cual debía ser quemada con la palabra de Dios, y arada con su arado espiritual, antes que la semilla de Dios pueda producir fruto celestial y espiritual para su gloria. Pero el labrador debe esperar con paciencia.
 
De Dunbar llegamos a Berwick, donde fuimos cuestionados un poco por los oficiales; pero el gobernador nos trató amistosamente, y en la tarde tuvimos una pequeña reunión, en la cual el poder del Señor fue manifestada sobre todos.

Dejando Berwick llegamos a Morpeth, y por esa región, visitando Amigos, llegamos a Newcastle, donde yo había estado una vez anteriormente. Los sacerdotes de Newcastle habían escrito muchos libros en contra nuestra, y uno que se llamaba Ledger, que era concejal del pueblo, tenía mucha envidia de la verdad y de los Amigos. Él y los sacerdotes habían dicho que los cuáqueros no llegaban a ninguna ciudad grande, sino que vivían en los campos, como las mariposas. Entonces tomé a Antonio Pearson conmigo, y me fui a ver a este hombre llamado Ledger, que estaba con varios otros concejales. Les dije que nosotros habíamos llegado a esa gran ciudad, y viendo que habían escrito tantos libros en contra nuestra, nosotros deseábamos tener una reunión con la gente del pueblo y con ellos. Pero ellos no permitían una reunión; ni no nos querían escuchar, excepto Ledger y otro concejal. Yo les pregunté si es que no habían llamado a los Amigos mariposas, y si no habían dicho que nosotros no llegaríamos a ninguna ciudad grande. Y ahora que nosotros estábamos en su ciudad, les pregunté si ellos no se reunirían con nosotros, siendo que habían escrito libros en contra de nosotros, y que quienes eran las mariposas ahora. Entonces Ledger comenzó a alegar acerca del día de reposo. Yo le dije que ellos habían abierto sus mercados y ferias en el verdadero día de reposo, porque el verdadero día de reposo era el séptimo día de la semana; mientras que el día en que los cristianos profesos ahora se reúnen, y que llaman su día de reposo, es el primer día de la semana. Debido a que no podíamos tener una reunión pública entre ellos, tuvimos una pequeña reunión entre Amigos y gente amigable a un lado de la entrada; donde ahora continúa una reunión hasta este día en el nombre de Jesús. Cuando pasaba por el mercado, el poder del Señor se levantó en mí para advertirles acerca del día del Señor que venía sobre ellos. Y después de un corto tiempo, cuando vino el rey, todos esos sacerdotes de Newcastle y su profesión fueron expulsados.

De Newcastle, fuimos viajando por otras regiones y de camino visitamos a los Amigos con quienes celebramos reuniones en Northumberland y en Bishoprick. Tuvimos una muy buena reunión en la casa del teniente Dove, donde muchos fueron convertidos al Señor y a sus enseñanzas. Después de eso me fui a visitar un juez de paz, un hombre muy sobrio y afectuoso, quien confesó la verdad.

Entonces llegamos a Durham, y de Londres había llegado allí un hombre a organizar un seminario para hacer ministros de Cristo, como ellos les llaman. Fui, junto con otros, a razonar con él, para hacerle ver que enseñarle a un hombre hebreo, griego y latín y los siete artes, todo lo cual no son más que enseñanzas de hombre, no era la manera de hacerlo ministro de Cristo. Las diferentes lenguas empezaron en Babel y para los Griegos, que hablaban el griego por ser su lengua materna, el predicar la cruz de Cristo era pura tontería; y para los judíos, que hablaban el hebreo, por ser también su lengua materna, Jesucristo era la piedra de tropiezo ; y en cuanto a los romanos que hablaban latín e italiano, persiguieron a los cristianos; y Pilato, gobernador romano, puso el hebreo griego y latín por encima de Jesucristo, cuando lo crucificó. De modo que bien podía ver como las muchas lenguas empezaron en Babel, y como las pusieron por encima de Cristo, la Palabra, cuando lo crucificaron. Y Juan el divino, que predicó la Palabra que fue en el principio, dijo que la bestia y la ramera tenían poder sobre lenguas y lenguajes que son como aguas; así le dije, podía ver cómo la ramera y la bestia, tenían poder sobre las lenguas y los muchos lenguajes que son en la misteriosa Babilonia; porque empezaron en Babel y los perseguidores de Jesucristo, los pusieron por encima de Él, cuando por ellos fue Él crucificado; mas Él, que fue antes de todos ellos, ha sido elevado por sobre de todos. "Y ahora," dije a este hombre, "¿Crees tú hacer ministros de Cristo con esos confusos lenguajes que no tienen nada de espiritual, que salieron de la torre de Babel, fueron admirados en Babilonia y fueron sobrepuestos a Cristo, la vida, por un perseguidor? ¡Oh! no." El hombre aceptó mucho de todo esto que le dije, y entonces le dijimos más; que Cristo hacía sus ministros, enviándoles dones, y los encomendaba a que rogasen al Dios de la cosecha para que mandase más labradores.

Y Pedro y Juan, si bien que ignorantes y no enseñados (de acuerdo con la enseñanza escolar) predicaron a Jesucristo, la Palabra que fue en el principio, antes de que Babel fuera. También Pablo fue hecho apóstol, no de hombre ni por hombre; ni tampoco de hombre recibió el evangelio, sino de Jesucristo, que es ahora el mismo; y también Su evangelio, como era en aquellos días. Luego que así razonamos con este hombre, se volvió muy afable y piadoso; y, después de considerarlo más, renunció a su seminario.

De Durham fuimos a casa de Antonio Pearson que tenía muchos deseos de que fuese con él a ver a Enrique Vane, mas en aquel momento yo no tenía muchos deseos de ir; me lo encomendó mucho y me dijo que Enrique Vane había demostrado gran interés en cuanto a mí. Fui a casa de Enrique Draper y allí vino a verme el capellán de Enrique Vane, quien se acercó a mí y comenzó a declararme acerca de la justicia del hombre, y de la justicia propia, y de la justicia de la ley. Por lo tanto yo le respondí y le dije que yo estaba en la justicia de Cristo, la cual estaba antes de la justicia propia y de la justicia del hombre. El capellán contestó: "ten cuidado de la blasfemia y de la presunción." Yo le pregunté a él que si Cristo no era el fin de la ley por causa de la justicia, y que si él no estaba antes de la justicia propia y de la justicia del hombre, (o de la justicia de la ley también), y que todavía existirá cuando la justicia de ellos se haya acabado; y la justicia de Cristo cumple la ley. Entonces le dije: "tú que llamas a esto blasfemia y presunción no sabes lo que estás diciendo.."

Me preguntó si no quería ir al castillo de Raby, y le respondí que poco le podía decir en cuanto a ello [estando bajo la instrucción del Señor]; pero al siguiente día fui, y me hicieron subir a la cámara de la mujer de Sir Enrique Vane, que subió al cabo de un rato en compañía de un magistrado de Inglaterra; y dijo él, "¿Este es Jorge Fox? Creía que era más viejo."

Fui inspirado por el Señor a hablarle a él acerca de la luz verdadera que ilumina a cada hombre que viene a este mundo, y que Cristo dijo que creyéramos en la luz para que pudiéramos llegar a ser hijos de la luz; y cómo Cristo había prometido el santo espíritu y el espíritu de la verdad, el cual los debe guiar a toda verdad, de lo cual nosotros testificamos; y cómo la gracia de Dios, la cual trae salvación, había aparecido a todos los hombres y era el maestro de los santos en los días de los apóstoles y también ahora.

Entonces él dijo que él había experimentado todo lo que yo había dicho. De manera que yo le pregunté que cómo había sucedido esto, si él no creía en la luz como lo manda Cristo; y cómo podía venir él a la verdad, si no había sido guiado por el espíritu de la verdad, el cual guía a los discípulos a toda la verdad, el cual Cristo prometió enviarles; y cómo podía él conocer la salvación si no era por medio de la gracia de Dios, que la trae y que era la que había enseñado a los santos. Y por lo tanto, le pregunté, cuál y cómo había sido su experiencia. Entonces él comenzó a decirme cómo la palabra se había hecho carne y había vivido entre ellos. 'Sí,' le dije yo, 'eso fue verdad entre los discípulos, pero él ahora era revelado por la luz y el espíritu, de manera que usted ha subido de otra manera por la puerta, y usted ha conocido algo anteriormente; pero ahora hay una montaña de tierra e imaginaciones dentro de usted, y de eso se levanta un humo que ha oscurecido su mente, y usted no es el hombre que era anteriormente." Yo le declaré a él que la promesa de Dios era para la semilla, y que ellos podían saber esto dentro de sí mismos; y que la palabra se había hecho carne, pero no carne corrupta porque Cristo no tomó sobre sí la naturaleza de ángeles, sino que la semilla de Abraham. Para que él [Vane] pudiera conocer la semilla en sí mismo que Cristo pone sobre él, porque los que son de la fe, son de Abraham, y llegan a ser carne de la carne de Cristo, y huesos de sus huesos.

Entonces él dijo que yo había dicho que la semilla era Dios, y debido a que él comenzó esa acusación, el juez de Nueva Inglaterra la afirmó con él también. Pero yo dije que yo no había dicho tal cosa, sino que yo había dicho que Cristo tomó sobre sí mismo no la naturaleza de ángeles, sino la de la semilla. Él recordó mis palabras y confesó su error, pero comenzó a inquietarse y a apasionarse, de manera que ya no había más lugar para la verdad en su corazón. Fui inspirado por el Señor para poner la semilla, Cristo Jesús, sobre su cabeza, y que esa semilla, para la cual era la promesa, no era para muchos, sino para aquellos que podían sentirla en su propio ser.

Más tarde, dijo a unos Amigos que de no haber estado conmigo Antonio Pearson y algún otro, me hubiera echado de su casa por estar yo perturbado. Y así fue como los Amigos que estaban conmigo se extrañaron al ver como estaba en tinieblas y de su impaciencia, pero el poder del Señor descendió sobre todos.

Vi que este hombre era vanidoso, altanero, orgulloso y presumido; y vi que el Señor arremetería en contra de él, y que estaba en contra de él, y que apenaba la vida justa. Él continuó siendo muy altanero hasta que el Rey tomo el trono, y después fue decapitado; pero apenas podía tolerar a los Amigos a menos que se quitaran el sombrero ante él.

De Durham nos fuimos a casa de Antonio Pearson, y de allí nos fuimos a Cleveland, y pasamos por Yorkshire hasta lo último de Holderness, y tuvimos grandes reuniones, y el poder del Señor nos acompañaba.

Después que pasamos por casa de Antonio Pearson, pasamos por Hull y Pomfret a la casa de Jorge Watkinson, y visitamos la mayoría de las reuniones en esas partes, hasta que llegamos a Scalehouse, y a Swarthmore; y el poder eterno y el brazo de Dios nos llevó y nos cuidó. Después de haber visitado Amigos en ese lugar, me fui a Yorkshire y Cheshire, y así por otras regiones hacia Derbyshire y Nottinghamshire; y tuvimos reuniones gloriosas, y la presencia del Señor estuvo con nosotros.

En Nottingham, mandé a buscar a Rice Jones para decirle, que hiciera saber a los de su lugar que tenía yo algo que decirles de parte del Señor. Vino y me dijo que, como muchos vivían en el campo, no sabía como se lo mandaría a decir; y yo le dije que podía hacerlo saber a los que vivían en la ciudad y mandárselo decir a tantos como pudiera de los que vivían en el campo. Al día siguiente nos encontramos en el castillo, y había allí como unas ochenta personas a las que, por cerca de dos horas, declaré la palabra de vida, y el poder del Señor fue sobre todos ellos, de tal manera, que no les fue posible abrir la boca para oponerse. Cuando hube terminado, uno me hizo una pregunta a la que no quería responder, porque veía que nos llevaría a una discusión, y, no estaba dispuesto a llegar a altercados, a causa de que muchos de los que allí estaban eran recién convencidos; y, sin embargo, no sabiendo como evadirla, tuve que responder a ella. Luego me sentí dirigido a hablar a Rice Jones, poniéndole de manifiesto que él era el hombre que había esparcido a los recién venidos a la Verdad y a algunos, que convencidos, se habían apartado de muchas vanidades mundanas que antes él juzgaba severamente; pero ahora juzgaba en ellos el poder de Dios, y ellos, que eran simples, se volvían a él, y así él y los otros se volvían mas vanos que el mundo, porque muchos de sus seguidores eran los mejores jugadores de fútbol y los mejores luchadores del país. Le dije que era la serpiente, en él, la que había esparcido y hecho el daño a los que eran piadosos en el Señor, no obstante, si el esperaba, en el temor de Dios, por la simiente de la mujer, Jesucristo, que aplastaría la cabeza de la serpiente, que era en él y que había esparcido y hecho el mal, podría llegar, por esta celestial semilla, a reunirlos otra vez; si bien que sería trabajo duro el volver a reunirlos, sacándolos de esas vanidades a que él los guiara. A esto repuso Rice Jones, "Tú mientes, no es la simiente de la mujer la que aplasta la cabeza de la serpiente." "No," dije, "¿Qué es entonces?" "Yo digo que es la ley," me respondió, "Mas," le dije, "las Escrituras hablando de la simiente de la mujer dicen, 'ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el talón,' y bien, ¿Tiene la ley un calcañar," proseguí, "para que sea herido?" Entonces Rice Jones y los suyos se resistieron y yo, dirigido a hablarle en el poder del Señor, dije, "Esta simiente, Jesucristo, la simiente de la mujer, que aplastará la cabeza de la serpiente, aplastará tu cabeza y los hará pedazos a todos." Y así dejé sobre sus cabezas la semilla, Cristo, y no mucho después él y los suyos se dividieron, yendo cada uno por su lado; varios se hicieron Amigos y continúan siéndolo en el día de hoy. Muchos se habían ya convencido, ocho años antes, pero se habían apartado guiados por este Rice Jones; porque negaban la cruz interior, el poder de Dios, y, así fueron a la vanidad. Habían pasado unos ocho años, desde que por última vez había estado entre ellos, y en todo ese tiempo siempre pensaba en ir a ellos, viendo que habían desairado la Verdad y poder del Señor, ni de la visitación que les hacía Su amor. Mas ahora me sentí dirigido a ir a verlos otra vez, y fue un gran servicio porque muchos fueron traídos al Señor Jesucristo y se asentaron sobre Él, recogiéndose bajo sus enseñanzas y alimentos, donde se conservaron frescos y verdes; y los otros, los que no quisieron recogerse en El, poco después desaparecieron. Fue este Rice Jones, el que algunos años atrás dijera que, entonces estaba yo en la cúspide y que tenía que caer, mas, ¡Pobre hombre! poco sabía él, lo cerca que estaba su propia caída.

< Capítulo siguiente>>>>

El propósito de este sitio es enseñar cómo vivir
libre de pecado
al beneficiarse de poder de Dios que produce cambio por medio de la cruz
que lleva a la unión con Dios en su Reino.