CAPÍTULO XX

Casamiento en el Sur 1669-1671

Después de esta reunión en Gloucestershire, viajamos hasta que llegamos a Bristol, donde me reuní con Margarita Fell, quien había venido a visitar a su hija Isabel Yeomens. Hacía ya bastante tiempo que comprendiera que era voluntad del Señor que tomase por esposa a Margarita Fell; y cuando por vez primera lo dije a Margarita, sintió ella la respuesta de vida viniendo del Señor. Pero si bien el Señor me había revelado esto, no me había entonces dado mandato de llevarlo a cabo, a pesar de que la gente mucho había hablado de ello y algunos andaban en gran confusión sobre el asunto. En consecuencia había yo dejado la cosa de lado, pero ahora, estando en Bristol, y encontrándome allí con Margarita Fell, me reveló el Señor que el matrimonio debía de llevarse a cabo. Luego que lo hubimos discutido, le dije que de estar ella también conforme, en que la cosa se efectuase, tenía primero que llamar a sus hijos. Le h izo así y cuando vinieron, les pregunté, a las hijas y a los yernos, si estaban de acuerdo con nuestro proyecto; y todos expresaron varias veces su satisfacción porque se realizara. Pregunté entonces a Margarita si había cumplido y ejecutado el testamento de su marido, con respecto a sus hijos; y me replicó que eso los hijos ya lo sabían. Por donde pregunté a los hijos si, en el caso de que su madre contrajese matrimonio, tenían ellos algo que perder; y a Margarita si tenía que responder a sus hijos de haber hecho algo diferente a lo que se decía en el testamento. Dijeron los hijos que su madre les había doblado la herencia y que desearían que no se hablase más de ello; a lo cual les respondí que como yo era muy sencillo quería que todas las cosas se hiciesen con sencillez, ya que no estaba buscando ninguna ventaja material para mí. Después de haberlo comunicado a los hijos de Margarita, anunciamos a los Amigos, en privado y en público, nuestra intención de contraer matrimonio; lo cual les causó gran satisfacción y muchos hubo que dieron testimonio de que era cosa de Dios. Y habiéndose después fijado fecha para una reunión, en la casa donde se celebraban las reuniones públicas en Broadmead, en Bristol, para llevar a cabo nuestro proyecto, nos tomamos uno a otro, uniéndonos el Señor en honorable matrimonio, en el pacto infinito y en la semilla de vida inmortal. Se leyó públicamente un certificado en que constaban las cláusulas del matrimonio, firmado por los parientes y por la mayoría de los antiguos Amigos de aquella ciudad y de diferentes lugares de la nación.

Después de casarnos nos quedamos en Bristol cerca de una semana y después nos fuimos juntos hacia Oldstone; donde separándonos después, en el Señor, volvimos a entregarnos al cumplimiento de nuestra misión. Margarita volvió a su casa, hacia el Norte, y yo como antes seguí mi camino en la obra del Señor. Viajé por Wiltshire, Berkshire, Oxfordshire, Buckinghamshire, y después a Londres, visitando Amigos; y en todos esos condados tuve reuniones grandes y preciosas.

Estando en Londres, fui inspirado a escribirle a los Amigos en toda la nación, acerca de 'poner a los niños pobres en oficios.' Por lo tanto le envié la siguiente epístola a las reuniones trimestrales de los Amigos en todos los condados.

Mis Estimados Amigos,

Que en todas las reuniones trimestrales se hagan averiguaciones por medio de las reuniones mensuales y otras reuniones, para saber cuáles Amigos son pobres, o viudos(as) y otros, o que tengan hijos aptos para ser aprendices; para que una vez por trimestre ustedes produzcan un aprendiz en sus reuniones trimestrales; y así produzcan cuatro al año, uno en cada condado, o más, si hay ocasión. Este aprendiz, cuando haya acabado su tiempo, pueda ayudar a su padre o su madre, y apoyar a su familia que está en necesidad; y, al hacer esto, todos puedan llegar a vivir cómodamente. Si esto se hace en sus reuniones trimestrales, ustedes tendrán conocimiento por todo el condado, en las reuniones mensuales y reuniones particulares, de los maestros aptos para ellos; y en los oficios que sus padres o ustedes deseen, o a las que los hijos estén más inclinados. Y puestos así con Amigos, ellos puedan ser entrenados en la verdad; y por este medio en la sabiduría de Dios, ustedes puedan preservar a los hijos de los Amigos en la verdad; y les permitan ser una fortaleza y una ayuda para sus familias, y proveedores y guardadores de sus parientes en su edad avanzada. Así también, cuando las cosas son ordenadas por la sabiduría de Dios, ustedes obtendrán un mantenimiento continuo, y se librarán de mucha carga. Porque en el campo, como ustedes saben, ustedes pueden poner un aprendiz por un poco en varios oficios, como albañiles, obreros, carpinteros, reparadores de ruedas, reparadores de arados, sastres, curtidores, teñidores de cuero, herreros, zapateros, elaboradores de clavos, carniceros, tejedores de lino y cosas de lana y otros oficios relacionados a la lana, etc. Y ustedes harían bien en tener fondos reservados en sus reuniones trimestrales para este propósito. Todo lo que sea dado por algún Amigo al momento de su muerte (a menos que sea dado para un propósito en particular, o a alguna persona, o reunión) pueda ser entregado al fondo público para ese propósito. Esta es una manera de apoyar a muchos de los que son pobres entre ustedes; y será una manera de ayudar financieramente a las familias pobres. En varios condados esto ya se practica. Algunas reuniones trimestrales patrocinan a dos aprendices; y a veces los hijos de otros que son dejados en la parroquia. Ustedes también pueden dejarlos por pocos o varios años, de acuerdo a su capacidad. En todas aquellas cosas que la sabiduría de Dios les enseñe; por lo cual ustedes puedan ayudar a los hijos de los amigos pobres, para que ellos puedan llegar a criar a sus familias, y guardarlas en el temor de Dios. Por lo tanto no más, sino mi amor en la semilla eterna, por la cual ustedes pueden tener sabiduría para ordenar todas las cosas para la gloria de Dios.

Jorge Fox

4 Londres, el primer día del undécimo mes, del año 1669.

No me quedé mucho tiempo en Londres; pero habiendo visitado Amigos, y habiendo visto que las cosas allí estaban tranquilas y bien, y que el poder de Dios estaba sobre todo, me fui hacia Essex y Hertfordshire, donde tuve muchas reuniones preciosas. Pero antes de irme de Londres, con la intención de ir tan lejos como Leicestershire, le escribí una carta a mi esposa, para dejarle saber que "si ella veía que era conveniente, podía encontrase conmigo allí." De Hertfordshire me fui a Cambridgeshire; después a Huntingdonshire, y de allí a Leicestershire; donde, en vez de encontrarme con mi esposa, escuché que ella había sido arrestada y sacada de su casa y llevada a la cárcel de Lancaster por una orden obtenida del rey y del concilio para llevarla de vuelta a la cárcel por una acusación antigua; aunque había sido puesta en libertad por una orden del rey y del concilio el año anterior. Por lo tanto, habiendo visitado a los Amigos tan lejos como Leicestershire, regresé pasando por Derbyshire y Warwickshire hacia Londres; habiendo tenido muchas reuniones grandes y bendecidas en varios de los condados por donde pasé, y fui confortado entre los Amigos en mis viajes.

{Walter Newton, un vecinos de mis parientes, que había sido un antiguo puritano, dijo que había oído que yo estaba casado; y me preguntó por qué me había casado. Yo le dije que era un testimonio de que todos podían llegar al matrimonio, como lo fue al comienzo, y como un testimonio de que todos podían salir del desierto hacia las bodas de cordero. Él dijo que él pensaba que el matrimonio era sólo para la procreación de los hijos. Yo le dije que yo nunca pensé tal cosa, sino que me casé sólo por obediencia al poder de Señor; yo juzgué que todas tales cosas estaban por debajo de mí. Yo había previsto este matrimonio en la semilla, sin embargo no recibí el mandamiento de casarme hasta seis meses atrás, aunque la gente me había hablado por mucho tiempo acerca de mi posible matrimonio. Las mentes de algunas personas estaban revueltas (confundidas, desorientadas) acerca del matrimonio, pero el poder del Señor vino sobre todos y puso sus espíritus a descansar, lo cual después algunos confesaron.}

Nota: Cuando Fox visitó Swarthmore por primera vez, cuando convenció a Margaret Fell, él también convenció a toda la casa, incluyendo a los siervos. Todas sus hijas sintieron un gran afecto por Jorge Fox desde ese tiempo en adelante, y varios de ellos se convirtieron en ministros.

Así que llegué a Londres di gran prisa a María Lower y a Sara Fell (hijas las dos de mi mujer) para que fuesen a ver al rey, le hiciesen saber de que manera trataban a su madre y viesen de conseguir que la absolvieran definitivamente, para que así pudiese disfrutar de su nuevo estado y vivir libre sin que nadie la molestase. Conseguir esto era bastante difícil, pero, insistiendo con diligencia, por último lo alcanzaron; dando el rey orden a uno llamado Sir Juan Otway de que en una carta, dirigida al alguacil y a demás personas de la región a quienes pudiera concernir, les diera cuenta de cual era su voluntad; y Sara Fell, que con sus hermanos los Rous se dirigía a Lancaster; llevó la carta dándole yo también una carta mía para mi mujer, que decía de esta manera.

Corazón querido, en la Verdad y en la Vida, que nunca varía:

Creí conveniente que María Lower y Sara fueran a ver al rey para hablarle de tu encarcelamiento, y también a Kirby, que así el poder del Señor se apareciese sobre todos ellos en bien de tu libertad. Fueron a ver al rey y luego pensaron en marcharse, mas yo creí mejor que se quedasen un poco más de tiempo para que siguieran el curso de su petición hasta que se hubiese obtenido; lo cual hace ahora conseguido y junto con esta carta te lo envío. Mi última declaración ha sido de gran utilidad, habiendo dado satisfacción a todos en general. Sin más que decirte, sino que recibas mi amor en la santa semilla.

Jorge Fox

La declaración mencionada aquí era una hoja impresa, escrita en la ocasión del surgimiento de una nueva persecución. Porque para el tiempo cuando yo llegué a Londres, se había levantado una nueva tormenta, ocasionada, se pensaba, por esa reunión tumultuosa en la iglesia de Wiltshire o de Gloucestershire, mencionada un poco antes, de la cual, como se dijo, algunos miembros del parlamento se aprovecharon para pasar una ley en contra de las reuniones sediciosas; la cual poco después de ser emitida fue pasada en contra de nosotros, quienes de todas las personas estábamos libres de sedición y tumulto.

MIENTRAS Jorge Fox estaba encerrado en la cárcel, los sufrimientos de los Amigos aumentaron grandemente cuando se pasó la ley, que justamente fue llamada la "infame ley de las sectas." Esta declaraba que "cualquier persona de la edad de dieciséis o más, que fuera hallada en cualquier reunión o secta, bajo la pretensión de un ejercicio de la religión, de cualquier otra manera que la permitida por la liturgia de la iglesia anglicana; y si en esa reunión hay cinco personas o más reunidas, aparte de los miembros de esa casa, se le multarán 5 libras esterlinas por la primera ofensa, o será encarcelado por un término de no más de tres meses; " por la segunda ofensa se multaría 10 libras y encarcelamiento por no más de seis meses, mientras que el castigo por la tercera ofensa era una transportación por siete años. Esta ley entró en efecto el día primero del séptimo mes, del año 1664, y precipitó la justa y dura crítica de las personas más consideradas de Inglaterra. Su interferencia con la privacidad de la vida doméstica; su fomento de los espías e informantes; y el probable resultado de enviar fuera del país a ciudadanos de buena reputación moral, trabajadores, y que contribuían a las riquezas públicas, fueron establecidos, y aquellos que estaban en el poder advirtieron que tal maldad tarde o temprano desencadenaría los juicios de Dios sobre el pueblo. Estaba dirigida, aparentemente, a todos los que no se conformaban, pero raramente se imponía en personas que no fueran Amigos, quienes pronto fueron aglomerados en las cárceles porque no renunciaron a su libertad de conciencia.

Uno de ellos, Jorge Whitehead, proclamó en un panfleto publicado en ese tiempo: "Desde entonces nuestras reuniones son llevadas a cabo en obediencia al Señor Dios, y de acuerdo a la libertad que Él nos ha dado, nosotros no podemos dejar nuestro testimonio de Dios en ese caso, sino que debemos serle fieles a Él, no importa lo que suframos por esta causa." Aprovechándose de su fidelidad en llevar a cabo su deber, los magistrados apresuraron sus procedimientos para que la nación fuera liberada de la gente supuestamente peligrosa, cuya presencia era tan detestable. Después de disolver una reunión, aquellos que asistieron serían enviados a la cárcel por unos pocos días, y cuando fueran puestos en libertad, si eran hallados en las reuniones otra vez, se seguiría el mismo procedimiento, y antes del día doce del octavo mes, sólo seis semanas después que se pasó la ley, ocho personas fueron procesadas por la tercera ofensa. Su acusación fue llevada ante el gran jurado, quienes no pudieron ponerse de acuerdo en cuanto al veredicto e ignoraron la ley. El juez, sin embargo, insistió en que reconsideraran su opinión, y ellos llegaran a un veredicto en contra de los prisioneros. Entonces el juez les dijo a los Amigos que si ellos prometían que no irían a más reuniones, serían puestos en libertad. Ellos, por supuesto, no pudieron hacer esto, y consecuentemente fueron sentenciados como esclavos para ser transportados a altamar, - algunos a la isla de Barbados, y otros a Jamaica.

Una nueva dificultad surgió, porque los capitanes de los barcos que navegaban a estos puertos no querían llevar a tales pasajeros. Uno de ellos al final fue obligado a llevarlos a bordo de su barco, el cual fue sacudido por vientos contrarios, y no pudo avanzar. Después de andar así por dos meses, el capitán y los marineros estaban tan perturbados que hicieron desembarcar a los inocentes cuáqueros en Deal, habiéndoles dado un certificado que declaraba que ellos no se habían escapado, sino que fueron llevados libremente por el capitán, quien añadió: "No me atrevo a irme con estos prisioneros, porque encontré que eran hombres honestos, que no se merecían ser desterrados."

Los Amigos regresaron a sus hogares, y por carta le dejaron saber al rey y al concilio de todo el procedimiento. Esta carta fue leída en la junta del concilio, y ellos fueron remitidos en la cárcel hasta que alguien fuera hallado que se los llevara. Después de un encarcelamiento de siete años, el rey ordenó que fueran puestos en libertad.

Doscientas personas fueron sentenciadas a ser desterradas en ese año y el siguiente, pero la misma dificultad continuó, y sólo diecisiete realmente fueron enviados a salir. El resto se quedó en las ya atestadas cárceles, donde muchos dieron sus vidas por causa de su religión. Sin embargo, el apoyo del poder de su Dios estaba con ellos, como se puede ver en este fragmento de una carta que fue enviada por uno que fue sentenciado a ir a Jamaica: "No hay Dios como nuestro Dios, quien está cerca de nosotros en un tiempo de necesidad, y está presente con nosotros, para refrigerarnos y consolar nuestro corazón." Su constancia se mostró en la respuesta de una mujer cuando se le preguntó lo que ella podía decir acerca de la evidencia que fue dada en contra de ella: "Si yo tuviera tantos cuerpos como pelos en mi cabeza, yo los daría todos por la verdad viviente y eterna del Dios viviente."

Después de lo cual yo escribí una declaración, mostrando desde el preámbulo y términos del acta que no habían tales personas, ni nuestras reuniones eran como las que fueron descritas en esa ley. Aparte de esa declaración, también escribí otro documento corto, en ocasión de esa ley en contra de las reuniones; abriendo nuestro caso a los magistrados, como sigue:

Oh Amigos, consideren esta ley, Amigos, consideren esta ley, que limita nuestras reuniones a cinco personas. ¿Es esto "hacer como quieres que hagan contigo"? ¿Quisieran ustedes que les sirvieran así? Nosotros somos de Cristo Jesús, igual que ustedes, de su venida, su muerte y resurrección; y si fuéramos contrarios a ustedes en algunas cosas, ¿acaso no es la exhortación del apóstol "esperar hasta que Dios lo haya revelado?" ¿Acaso no dice él: "Lo que no es de esta fe es pecado"? Viendo que nosotros no tenemos fe en cosas que ustedes quieren que tengamos, ¿no sería un pecado en nosotros si actuáramos de manera contraria a nuestra fe? ¿Por qué debe un hombre tener poder sobre la fe de otro hombre, siendo que Jesús es el autor de ella? Cuando los apóstoles predicaron en el nombre de Jesús, y las grandes multitudes los oyeron, y las autoridades les prohibieron hablar más en ese nombre, ¿acaso ellos no les dijeron que juzgaran si es que no era mejor obedecer a Dios que al hombre? ¿Acaso esta ley no hubiera condenado a los doce apóstoles y los setenta discípulos, ya que ellos se reunían frecuentemente? Si se hubiera pasado una ley en ese entonces, que no más de cinco se reunieran en Cristo, ¿acaso eso no le hubiera impedido reunirse con sus discípulos? ¿Piensan ustedes que él, que es la sabiduría de Dios, o sus discípulos, la hubieran obedecido? Si una ley así se hubiera pasado en los días de los apóstoles, que no se pudieran juntar más de cinco, que tuvieran una opinión diferente a los judíos o a los gentiles, ¿ustedes piensan que las iglesias de Corinto, Filipos, Éfeso, Tesalonia, o el resto de las iglesias reunidas la hubieran obedecido? Oh, por lo tanto ¡consideren! Porque nosotros somos cristianos, y tomamos parte de la naturaleza y la vida de Cristo. No se esfuercen por limitar al Santo; porque el poder de Dios no puede ser limitado, y no debe ser apagado. "Traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes; porque esto es la ley y los profetas."

Esto viene de aquellos que les desean el bien, y desean su bienestar y prosperidad eternas, que son llamados cuáqueros; quienes buscan la paz y el bien de todas las personas, aunque nos aflijan, y nos causen sufrimiento.

Jorge Fox

Habiéndome propuesto ablandar a los magistrados, y evitar toda aspereza en la ejecución del acta antes mencionada, escribí unas líneas a los Amigos dándoles fuerza y valor para que se mantuvieran firmes en su testimonio, y soportaran con resignación cristiana y alegría los sufrimientos de que iban a ser víctimas. De modo que así les dije en la siguiente epístola:

Mis queridos Amigos:

Manteneos en la fe de Dios, por encima de todas las cosas externas, y en Su poder, que sobre todos os ha dado dominio. El mismo poder de Dios continúa como siempre para dároslo como antes; ya que Dios y Su poder son siempre los mismos. Su semilla está por encima de todos y es antes que todos, y lo será cuando aquello que es causa del sufrimiento haya desaparecido.. De modo que conservad la fe en aquello que nunca cambia; porque todo cuanto hagan en contra de la Verdad, encima ha de caerles y como rueda de molino ha de darles en la cabeza. Si es voluntad del Señor que se os ponga a prueba, abandonadlo todo y pensad en el Señor y en Su poder, que está por encima del mundo entero y permanecerá cuando el mundo haya desaparecido. En el poder y Verdad del Señor regocijaos sobreponiéndoos a lo que causa el sufrimiento, en la Semilla, que ya era antes de que ello fuera; porque la vida, verdad y poder de Dios están por encima de todos. En esto manteneos todos, y si en esto sufrís, es que es voluntad del Señor.

Amigos, el Señor os ha bendecido en las cosas externas; ahora podría ser que el Señor os pusiere a prueba, para saber si vuestra mente está en las cosas externas o en el Señor que os las ha dado. Por consiguiente manteneos en la semilla, creadora de todas las cosas externas y que está por encima de todas ellas. ¡Qué! ¿No debo acaso rezar y hablar a Dios, con el rostro vuelto hacia la celestial Jerusalén, según es mi costumbre? Estad vigilantes, que Dalila no os corte el cabello y así perdáis vuestras fuerzas, ni descanséis en su regazo para que los Filisteos no caigan sobre vosotros de sorpresa. Vuestro descanso lo hallaréis en Jesucristo; de modo que no lo busquéis en nadie más.

Jorge Fox

Londres, el día doce del Segundo mes de 1670

El Primer día de la semana los Amigos se reunieron, como era su costumbre, en el lugar donde cada ministro declaraba a qué reuniones pensaba ir, según se sintiera dirigido a ello. Me preguntaron que a qué reunión pensaba yo ir y les dije, "A la reunión de Gracious Street," porque suponía que sería allí donde primero estallaría la tempestad.

Cuando llegué, encontré la calle llena de gente y los guardias en la puerta para impedir que los Amigos entrasen en la casa donde se reunían. Fui entonces a entrar por la puerta que da a Lombard Street y allí también me encontré con los guardias. Pero el patio estaba lleno de gente y un Amigo estaba hablando. No habló por mucho tiempo, y cuando hubo concluido, yo me puse en pie y me sentí dirigido a decir, "Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues? dura cosa te es dar coces contra el aguijón." Y luego les demostré que era el espíritu de Saulo el que todavía perseguía, y que aquellos que perseguían a Cristo, en sus miembros, en los cuales El se había manifestado, daban coces contra el aguijón. Luego que hube hablado un rato en este sentido, vino un oficial, con una fila de mosqueteros y, mientras me hacían bajar a empellones, dije, "Benditos sean los pacificadores," El comandante me puso entre los soldados y, los encomendó a que me tuviesen en seguridad, mientras me decía, "Vos sois el que estaba buscando." Mientras íbamos por las calles, la gente les gritó, "Cuidad bien de él, que es como un príncipe." Ellos también tomaron a Juan Burneyate junto con otro Amigo, y nos llevaron primero al intercambio, y después hacia Moorfields. A medida que caminamos por las calles, las personas fueron moderadas. Algunos de ellos se rieron del guardia y le dijeron que nosotros no nos escaparíamos. Un informante fue con nosotros sin que lo supiéramos, hasta que empezó a discutir con uno en el grupo y dijo: ‘este nunca será un mundo bueno hasta que toda la gente vuelva a la buena religión de hace doscientos años.' Ante lo cual le pregunté: ‘¿Eres un papista? ¡Qué! ¿Un informante papista? Porque hace doscientos años no había otra religión aparte de la de los papistas.' Él vio que se había descubierto a sí mismo, y se enojó por eso; porque mientras caminábamos por las calles, le hablé frecuentemente y manifesté lo que él era. Cuando llegamos a la casa del alcalde y estábamos en el patio, varios me preguntaron cómo y por qué había sido yo arrestado. Yo deseaba que le preguntaran al informante por qué, y que también le preguntaran cuál era su nombre; pero él rehusó decir su nombre, y comenzó a morderse las uñas. Y en esos momentos uno de los oficiales del alcalde estaba mirando hacia una ventana y dijo que él debía decir su nombre antes de que se fuera; para que el señor alcalde supiera por medio de qué autoridad se inmiscuyó con los soldados para ejecutar esas leyes que debían ser ejecutadas por los magistrados civiles, y no los militares.' Después de esto, él estaba ansioso de irse; y fue hacia el portero para que lo dejaran salir. Uno de los oficiales lo llamó diciendo: ‘¿tú has traído gente aquí para informar en contra de ellos, y ahora te vas antes de que llegue mi señor?' Algunos llamaron al portero para que no lo dejara salir; pero en esos momentos él abrió la puerta por la fuerza y se escabulló. Tan pronto como había llegado a la calle la gente dio un grito que hizo que la calle se estremeciera otra vez, diciendo: ‘¡Un informante papista! ¡Un informante papista!' Le pedimos al guardia y los soldados que fueran a rescatarlo de las manos de la gente, para que no lo lastimaran. Ellos fueron y lo llevaron hacia la entrada del alcalde, donde él se quedó por un rato; pero cuando salió otra vez, la gente lo recibió con otro grito igual. De modo que los soldados se vieron obligados a rescatarlo otra vez; y lo llevaron hacia una casa en un callejón, donde lo persuadieron para que cambiara su peluca, y así pudiera salir sin ser reconocido.

Cuando llegó el alcalde, nos hicieron pasar a la habitación donde éste estaba y me llevaron ante su mesa; y, quitándome los oficiales el sombrero, el alcalde me dijo en tono afable, "Sr. Fox, vos que sois un hombre eminente, entre los que profesan vuestras ideas, ¿Querríais por favor intervenir para disuadirlos de que celebren tan numerosas reuniones? Porque si Cristo prometió que donde se reunieran dos o tres en Su nombre, allí estaría Él en medio de ellos, puesto que el rey y el parlamento tienen a bien permitir que se reúnan hasta cuatro para adorar a Dios, ¿Por qué no participáis de la promesa de Dios, a dos o tres que se reunieren, y de la indulgencia del rey que permite que sean hasta cuatro?" Le pedí que considerase si esta Acta no se hubiera referido a Cristo, con sus doce apóstoles y setenta discípulos, de haber estado en vigor en su época, los cuales acostumbraban a reunirse muchas veces y en grandes números. Sin embargo, le dije que esta Acta no nos concernía; porque se refería a las reuniones sediciosas de los que bajo la capa de la religión tramaban insurrecciones, como (según decía el Acta) últimamente se había comprobado; pero que nosotros habíamos sido ya lo bastante juzgados y puestos a prueba, demostrándose siempre que éramos gente de paz, por donde hacía él bien en establecer la justa diferencia que hay del culpable al inocente. Él dijo: ‘El Acta fue escrita en contra de las reuniones, y los servicios de adoración que no estén de acuerdo con la liturgia.' Yo le dije que “de acuerdo” no era la misma cosa; y le pregunté si la liturgia era de acuerdo a las escrituras. Y si es que él no leía las escrituras, o si no hablaba las escrituras. Él dijo que sí. Yo le dije que esta acta era para aquellos que se reunían para tramar e idear insurrecciones, como las experiencias recientes habían mostrado; pero ellos nunca habían visto esto en nosotros. Porque hay ladrones a veces en el camino, ¿entonces los hombres honestos no deben viajar? Y porque los conspiradores y maquinadores se han reunido para causar daños, ¿acaso eso prohíbe que la gente honesta y apacible se reúna para hacer el bien? Si nosotros fuéramos personas que nos reunimos para conspirar y maquinar insurrecciones, etc., nos hubiéramos reunidos de a cuatro: porque cuatro pueden hacer más daño en sus conspiraciones que si fueran cuatrocientos, porque cuatro pueden expresar sus pensamientos unos a otros más libremente que lo que cuatrocientos pueden hacer. De modo que, siendo nosotros inocentes y no aquellos a quienes el acta se refería, continuaríamos celebrando nuestras reuniones como era nuestra costumbre; y le añadí que estaba convencido de que en conciencia bien sabía él que éramos inocentes. Después de algunas otras razones, tomó nuestros nombres y domicilios y finalmente nos puso en libertad.

Cuando estuvimos libres, los Amigos que estaban conmigo me preguntaron que a donde quería ir, y les dije, "A la reunión de Gracious Street, si no se ha terminado ya." Cuando llegamos, casi todo el mundo se había marchado y sólo quedaban algunas personas ante la verja. Fuimos entonces a casa de Gerardo Robert, y mandé a buscar noticias de lo que había pasado en las otras reuniones de la ciudad, y, según me dijeron, en unas, habían echado a los Amigos fuera del lugar donde se reunían, y en otras, los habían llevado presos, aunque los pusieron en libertad a los pocos días. Fueron aquellos días gloriosos, en que el poder del Señor descendió sobre todos y Su verdad infinita alcanzó gran renombre; porque así como iban llevándose a los que hablaban en las reuniones, así eran otros dirigidos por el Señor a subirse y tomar la palabra, ante la admiración de la gente; y además, muchos Bautistas y otros sectarios, que habían abandonado sus reuniones públicas, vinieron a ver como los Cuáqueros se mantenían firmes. En cuanto al informante que fue previamente mencionado, él estaba tan asustado que esto impidió la aparición pública de cualquier otro informante otra vez en Londres por un tiempo después. Pero el alcalde, cuyo nombre era Samuel Starling, aunque él se comportó bien con nosotros, probó después que era un gran perseguidor de nuestros Amigos, echó a muchos de ellos a la cárcel, y pudo ser visto en el juicio de William Penn, William Mead, y otros en el Old Bailey, (una corte en Londres), este año. {El alcalde y su nombre se convirtieron el algo repugnante y el Señor lo eliminó}.

Al cabo de algún tiempo, empezó a disminuir en Londres el furor de la persecución, celebrándose las reuniones con más tranquilidad, y cuando hube terminado en la ciudad, me fui al campo a visitar a los Amigos. En Reading la mayor parte estaban en la cárcel y allá fui a visitarlos. Hacía ya un rato que estaba con ellos, cuando se reunieron todos los Amigos que estaban presos, viniendo también varias otras personas; de modo que tuve una buena oportunidad para declararles la palabra de vida, dándoles valor para que permaneciesen en la Verdad; y se reconfortaron sintiendo entre ellos la presencia y el poder del Señor. Cuando se hubo terminado la reunión, como el carcelero sabía que estaba yo allí, los Amigos comenzaron a preocuparse, pensando en la manera como podría volver a salir libre de la prisión. Mas luego que hube pasado un rato con ellos, cenando en su compañía, bajé las escaleras y, viendo al carcelero en la puerta, metí la mano en el bolsillo, lo cual él bien observó, y con la esperanza de obtener unas piezas de plata, se olvidó de interrogarme. Le di el dinero y le pedí que fuese bueno y afable con mis Amigos, que estaban en la prisión, a quienes había yo venido a visitar; y después de esto salí de la prisión. Pero poco después cuando Isaac Penington fue a visitarlos, él lo detuvo y lo hizo prisionero.

La mañana siguiente cabalgué hacia la reunión de Baghurst en Hampshire, y Tomás Briggs estaba conmigo. Cuando llegamos a la parroquia, algunas personas sobrias que estaban allí nos dijeron que el sacerdote de la aldea era un hombre envidioso, y nos amenazaron. Nosotros fuimos a la reunión, que era muy grande, y después de un rato Tomás Briggs se paró y habló. Al parecer el sacerdote había obtenido una orden judicial y había enviado a los guardias y otros oficiales hacia la reunión. Ellos entraron en la casa, se quedaron por un tiempo, y después se fueron; pero no vinieron a la reunión. Los que estábamos en la reunión no percatamos su presencia. Después que Tomás Briggs había acabado de hablar, fui inspirado por el Señor a pararme y declarar la palabra de vida a la gente; y tuvimos una reunión preciosa. Cuando la reunión había terminado y todos se habían levantado, oí que había un desorden en el patio; y cuando salimos, el hombre de la casa nos dijo que los oficiales habían estado en la casa anteriormente, y que no entraron en la reunión, sino que se fueron sin hacer nada. El sacerdote se había enfurecido y los había enviado de vuelta con su propio siervo. Ya que la reunión había terminado antes que ellos llegaran, no tuvieron la autoridad para arrestar a nadie. De modo que la buena providencia del Señor nos protegió del plan maligno del sacerdote envidioso.

De allí nos fuimos a la casa de un Amigo en el límite de Berkshire, donde varios Amigos vinieron a visitarnos. Después pasamos hacia Surry, y tuvimos varias reuniones preciosas, hasta que llegamos a la casa de Esteban Smith cerca de Guildford, donde habían ocurrido grandes persecuciones; y mucha propiedad personal había sido confiscada de los Amigos en esa área porque ellos continuaban teniendo sus reuniones; y todavía eran sujetos a amenazas. Sin embargo tuvimos muchas reuniones benditas en esa área, y el poder del Señor estaba sobre todo, por medio del cual fuimos protegidos.

Nos fuimos hacia Sussex, a la casa de Ricardo Baxe, donde tuvimos una reunión grande, preciosa, y silenciosa, aunque los guardias habían hecho amenazas previamente. Tuve más reuniones en ese condado; y aunque hubieron algunas amenazas, las reuniones fueron pacíficas; y los Amigos fueron refrigerados, y establecidos sobre el fundamento de Dios que permanece seguro. Cuando había visitado Sussex completamente, me fui a Kent, y tuve muchas reuniones preciosas y gloriosas en varias partes de ese condado. Me fui a una reunión cerca de Deal, que estuvo muy grande; y regresando de allí hacia Canterbury, visité Amigos en ese lugar; después pasé hacia Isle of Sheppy, donde me quedé dos o tres días. Alejandro Parker, Jorge Whitehead, y Juan Rouse vinieron a verme allí.

*Juan Rouse se casó con la hija de Margarita Fell, que también se llamaba Margarita. Jorge Fox posteriormente se refiere a Juan Rouse como su hijo, después que se casó con Margarita Fell, quien era viuda por once años. Antes de casarse con la hija de Margarita Fell, la oreja de Juan Rouse había sido cortada en Boston por los puritanos de Boston; haga clic aquí para leer el informe de su sufrimiento.

Habiendo terminado mi servicio por el Señor allí, al día siguiente nos fuimos y seguimos camino hacia Rochester y, deteniéndome en la jornada, iba paseando por la ladera de una montaña cuando sentí que un gran peso oprimía mi espíritu. Volví a montar a caballo, mas el peso continuó de tal manera que apenas si podía cabalgar, Finalmente, llegamos a Rochester, pero estaba yo muy falto de fuerzas, tan cargado iba bajo el peso de los espíritus del mundo, que de tal modo oprimían mi vida. Con dificultad llegué a Gravesend y entré a descansar en una posada, pero apenas si pude comer y dormir. Seguí cabalgando, lleno de desasosiego, hasta Stratford, para ir a casa de un Amigo, que se llamaba Guillermo y que había sido capitán. Allí me acosté sumamente débil y por último perdí la vista y el oído. Varios Amigos dé Londres vinieron a verme y les dije que tenía yo que ser la señal, para aquellos que no querían ver y los que no querían oír la Verdad, En tal estado estuve por bastante tiempo, viniendo a verme mucha gente, y, a pesar de que no podía ver sus personas, sentía y distinguía sus espíritus, si eran de honesto corazón o no lo eran. Vinieron a verme varios Amigos que eran doctores y querían tratarme con purgantes; mas yo no quise tomar ninguno, pues sabía de antemano que tenía que pasar por muchos padecimientos. La joven Margarita Rous continuó a mi lado y mucho me conmovió su ternura y amor, como también el de la mujer de Eduardo Mann. Dije a los Amigos que sólo a mujeres que fuesen honestas las dejasen acercarse a mí. Pasé en el lecho varias semanas, bajo grandes sufrimientos, gimiendo con grandes dolores, lleno de pena y opresión. Por todo lo cual mi cuerpo se adelgazó y debilitó de manera que pocos eran los que creían que viviera, marchándose algunos de los que estaban conmigo porque decían que no querían verme morir; y por Londres y por los pueblos se decía ya que había muerto. Mas yo sentí que el poder del Señor me sostenía interiormente. Cuando los que me asistían no dudaban ya de que me moría, les dije que se procurasen un coche y que me llevasen a casa de Gerardo Robert, que estaba como a unas doce millas; porque sentía que allá era adonde tenía que ir. Pedí luego mis ropas, lo cual aun les causó mas temor y perplejidad, en cuanto a mi estado, porque parece ser que es costumbre en todo el mundo pedir que les cambien de ropa poco antes de irse para siempre. Y entonces dijeron que tenía ya todos los síntomas de la muerte, perdiendo todos las esperanzas, con la excepción de dos o tres. Trataron de engañarme en lo de la ropa, con diversas excusas, pero dándome cuenta de ello, les dije que decían mentira; hasta que al fin me trajeron mis ropas y todas mis cosas y me las pusieron. Hablé a los dueños de la casa y vislumbré rápidamente a la mujer de Eduardo Mann sacando mis ropas y le dije que hacía bien; y sentí que el poder del Señor era sobre todos. Bajé un par de peldaños para ir hasta el coche y cuando llegué pareció como si fuese a desplomarme, de tan débil y exhausto como estaba. Subí al coche con algunos Amigos y mientras rodaba podía distinguir la gente y los campos, siendo eso todo lo que podía ver. Después de haber pasado cerca de tres semanas en casa de Gerardo Robert, sentí que tenía que ir a Enfield. Los Amigos temían que me trasladase de lugar, mas les dije que podía hacerlo con toda seguridad. Cuando me fui de la casa de Gerardo y llegué a Enfield, primero fui a visitar a Amor Stoddart, quien estaba muy débil y casi sin habla. Fui inspirado a decirle que él había sido fiel como hombre y fiel a Dios; y que la semilla inmortal de la vida era su corona. Fui inspirado a decirle muchas palabras más; aunque para entonces estaba tan débil, que apenas podía estar de pie; y dentro de unos pocos días Armor murió. Fui a casa de la viuda Dry y allí pasé todo el invierno, guerreando con los malos espíritus del mundo, sin poder soportar el olor de la carne cruda. En aquel entonces se incitaba a la persecución y se puso en acción a malvados delatores, de modo que un Amigo no podía decir unas palabras, en la intimidad de una familia, antes de que se sentaran a comer, sin que alguien no lo delatase.

Porque hubieron grandes persecuciones en este tiempo. Algunas casas de reunión fueron derribadas, y muchas fueron saqueadas por los soldados. A veces venía una tropa a caballo o de infantería; y algunos rompieron sus espadas, carabinas, mosquetes y picas al golpear a los Amigos. Ellos hirieron a tantos que su sangre corría por las calles. Entre los que estaban activos en esta cruel persecución de Londres estaba mi antiguo adversario, el coronel Kirby, quien, con una compañía de infantería, disolvió varias reuniones; muchas veces mientras preguntaba si yo estaba en la reunión que él estaba disolviendo. Una vez, a medida que él cruzaba sobre el agua hacia Horslydown, se formó un altercado entre algunos de sus soldados y algunos hombres de mar, y él le dijo a sus hombres que les dispararan; lo cual ellos hicieron, matando algunos.

Yo estaba bajo mucho sufrimiento durante ese tiempo, más allá de lo que puedo declarar con palabras. Porque fui llevado a lo profundo, y vi todas las religiones del mundo, y la gente que vivía en ellas, y los sacerdotes que las sostenían; quienes eran como una compañía de devoradores de hombres, devorando a la gente como pan, y mordiendo la carne de sus huesos. Pero en cuanto a la religión y la adoración verdadera, y los ministros de Dios, ¡ay! Vi que no había nadie de los que estaban entre el mundo que pretendía tenerlas. Porque ellos pretendían ser una iglesia, pero eran una compañía de devoradores de hombres, hombres de apariencia cruel, y de dientes largos; quienes, aunque habían hablando en contra de los devoradores de hombres (los indios) en América, yo vi que ellos tenían la misma naturaleza. Y así como los grandes judíos profesantes 'comieron al pueblo de Dios como si fuera pan,' y los falsos profetas y los sacerdotes que le predicaron paz a la gente, mientras que la gente 'pusiera pan en sus bocas y los alimentaran,' pero si ellos no los alimentaban, se preparaban para hacer guerra en contra de ellos; 'ellos se comieron la carne de sus huesos, y los desmenuzaron para echarlos en la olla;' de la misma manera éstos que profesan ser cristianos ahora (tanto sacerdotes como profesantes), no están en el mismo poder y espíritu que estaban Cristo y los santos profetas y los apóstoles. En cambio ellos están en la misma naturaleza en que estaban los viejos profesantes judíos, y son devoradores de hombres como ellos también. {De modo que en mi profunda miseria vi cosas más allá de lo que se puede describir con palabras, y vi el ataúd negro, pero pasé sobre él.}

En Droitwich, J. Cartwright vino a la casa de un Amigo; y siendo inspirado por el Señor a hablar unas pocas palabras antes de sentarse a cenar, allí vino un informante y estuvo escuchando bajo la ventana. Cuando él había oído al Amigo hablar, esperando obtener beneficio para sí mismo, fue e informó; y obtuvo una orden para confiscar las propiedades de los Amigos bajo el pretexto que había una reunión en su casa; sin embargo, no había nadie en la casa en esos momentos aparte del Amigo, el hombre de la casa, su esposa y su sirvienta. Cuando este hombre malvado volvió con su orden en la noche, {Cuando él y otro hombre que estaba con él vinieron cerca de la ciudad, un búho voló en frente de ellos y chilló, causando que su compañero dijera: 'Dios le bendiga'; el informante dijo: ¿por qué dijiste esto? ¿tienes miedo?} Pero el informante se cayó de su caballo y se quebró el cuello. Por lo tanto ese fue el fin de un informante malvado, quien quiso enriquecerse a sí mismo al saquear las propiedades personales de los amigos; pero el Señor no se lo permitió, y lo eliminó en su maldad.

Aunque era un tiempo cruel, sanguinario, y de persecución; aun así el poder del Señor estaba sobre todo, su semilla eterna prevaleció, y los Amigos pudieron estar firmes y fieles en el poder del Señor. Y algunas de las personas sobrias del mundo dijeron 'si los Amigos no hubieran estado, la nación entera se hubiera sumergido en la bebida y la promiscuidad.'

Aunque por razón de mi debilidad no pude viajar entre los Amigos como solía hacerlo, en el movimiento de la vida envié las siguientes líneas como testimonio alentador a ellos:

Mis queridos Amigos: La semilla está sobre todo. Caminen en ella, en a cual todos ustedes tienen la vida. Pero no se sorprendan con el tiempo; durante todos los tiempos los justos han sufrido por mano de los injustos, pero los justos tienen el dominio. A través del tiempo usted puede leer que por la fe las montañas fueron subyugadas y la ira de los impíos fue detenida con sus dardos encendidos. Aunque las olas y la tormenta son grandes, su fe los guardará para que puedan nadar sobre ellos; porque son por un tiempo, y la verdad no tiene tiempo. Ustedes que son guiados por la luz a la montaña de la santidad, permanezcan sobre la montaña donde nada les hará daño. No piensen que alguna cosa puede perdurar más que la verdad, la cual permanece segura y está por encima de lo que está fuera de la verdad. Porque la buena voluntad vencerá el mal, la luz vencerá las tinieblas, la vida vencerá a la muerte, la virtud vencerá al vicio, y la justicia vencerá a la injusticia. El profeta falso no puede vencer a la verdad; pero el profeta verdadero, Cristo, vencerá todo lo falso. Por lo tanto sean fieles y vivan en aquello que no piensa que el tiempo es largo.

Jorge Fox

Después de un tiempo le agradó al Señor disminuir la intensidad de esta violenta persecución; y aunque yo estaba muy débil, en mi espíritu sentí la victoria sobre los espíritus de esos sacerdotes y profesantes devoradores de hombres, quienes habían llevado la persecución a ese extremo de crueldad. Yo, mis Amigos que habían venido a visitarme, y aquellos Amigos que estaban conmigo, todos notaron que a medida que las persecuciones cesaron, yo fui liberado de la opresión de los tribulaciones y sufrimientos que habían puesto tal carga sobre mí.* Para el principio de la primavera yo comencé a recuperarme y comencé a caminar otra vez. Esto fue más de lo que muchos esperaba; quienes no pensaron que yo podría viajar fuera del país otra vez porque había estado tan extremadamente débil, por las tribulaciones y ejercicios que estaban sobre mi espíritu. {Pero todos vieron y notaron que cuando las persecuciones cesaron, yo simultáneamente salí de mis tribulaciones y sufrimientos espirituales.}

* Fox estaba sufriendo en el Espíritu por otros en el Cuerpo de Cristo, como hizo Pablo de manera similar. Esto le ayudó a aquellos que no eran suficientemente fuertes para soportar la prueba de sus sufrimientos.

Mientras yo estaba bajo estas tribulaciones y sufrimientos espirituales, el estado de la ciudad Nueva Jerusalén, que desciende del cielo, me fue revelado; que los creyentes de mente carnal piensan que es una ciudad física, como una ciudad externa que desciende del cielo. Pero vi la belleza y la gloria de ella, la longitud, la anchura, y la altura de ella, todo en proporción completa. Yo vi que todos los que están dentro de la luz de Cristo, en su fe, de la cual él es el autor, en el espíritu, el espíritu santo, en el cual estaba Cristo, los santos profetas, y los apóstoles, y dentro de la gracia, la verdad, y el poder de Dios, que son las murallas de la ciudad; los tales están dentro de la ciudad, son miembros de esta ciudad, y tienen derecho a comer del árbol de la vida, que da su fruto cada mes, y cuyas hojas son para sanación de las naciones. Pero aquellos que están fuera de la gracia, la verdad, la luz, el espíritu y el poder de Dios, son aquellos que resisten el Espíritu Santo, apagan, irritan y afligen al espíritu de Dios, quienes odian la luz, transforman la gracia de Dios en lascivia, y despectivamente ignoran al espíritu de gracia. Los tales han errado de la fe, la han convertido en un naufragio y también la buena conciencia, quienes abusan del poder de Dios, y desprecian la profecía, la revelación, y la inspiración, estos son los perros y los incrédulos que están fuera de la ciudad. Éstos componen la gran ciudad de Babilonia, confusión, y su jaula, el poder de la oscuridad; y los espíritus malignos del error los rodean y los cubren. En esta gran ciudad de Babilonia están los profetas falsos; en el poder y el espíritu falsos; la bestia en el poder del dragón, y la ramera se ha ido a fornicar y se ha alejado del espíritu de Dios, y de Cristo, su esposo. Pero el poder del Señor está sobre todo este poder de oscuridad, jaula, ramera, bestia, dragón, profeta falso y sus adoradores, que están para ir al lago que quema con fuego. Muchas cosas más vi con respecto a la ciudad celestial, la Nueva Jerusalén, que son difíciles de pronunciar, y serían difíciles de recibir. Pero, en breve, esta ciudad santa está dentro de la luz; y todos los que están dentro de la luz, están dentro de la ciudad; las puertas de ella están abiertas todo el día (porque allí no hay noche), para que todos puedan entrar. La sangre de Cristo es derramada por todo hombre, él probó la muerte por todos los hombres, e ilumina a cada hombre que viene al mundo; y su gracia, que trae la salvación, habiendo aparecido a todos los hombres, no hay lugar o lengua donde su voz no se pueda oír. Los cristianos en los tiempos primitivos fueron llamados por Cristo 'una ciudad asentada sobre un monte;' a ellos también se les llama 'la luz del mundo,' y 'la sal de la tierra;' pero cuando los cristianos perdieron la luz, la sal, y el poder de Dios, llegaron a ser pisoteados bajo los pies, como sal sin sabor. Así como los judíos fueron puestos sobre todas las naciones mientras guardaron la ley de Dios, pero después, cuando le dieron la espalda a Dios y su ley, ellos fueron pisoteados bajo los pies de otra nación. De la misma manera Adán y Eva, mientras obedecieron a Dios, fueron guardados en su imagen y en el paraíso de Dios, en dominio sobre todas las obras de sus manos; pero cuando desobedecieron a Dios, perdieron la imagen de Dios, la justicia y la santidad en la cual fueron creados; perdieron el dominio, fueron echados del paraíso, y así cayeron bajo el oscuro poder de Satanás, y llegaron a estar bajo las cadenas de la oscuridad. Pero la promesa de Dios fue que la 'descendencia de la mujer, Cristo Jesús, heriría la cabeza de la serpiente,' rompería su poder y su autoridad, que lo había llevado al cautiverio, y lo había mantenido en la cárcel. De modo Cristo, quien es el primero y el último, libera al hombre, y es la resurrección del justo y del injusto, el juez de los vivos y los muertos; y aquellos que están en él están llenos de reposo y paz eterna, fuera de toda la labor, tribulaciones y miserias de Adán en la caída. Por lo tanto, él es suficiente y completamente capaz de restaurar al hombre al estado que él estaba antes de caer; y no sólo en ese estado, sino en el estado también que nunca cayó, y más allá de ese estado aún para sí mismo.

{Este mismo tiempo en el que yo estaba en sufrimiento y tribulaciones, tuve una visión:

Estaba caminando en el campo, y muchos Amigos estaban conmigo. Les dije que cavaran la tierra, lo cual hicieron. Yo fui hacia donde habían cavado y vi una gran bóveda llena de gente hasta arriba. De modo que le dije a los Amigos que abrieran la tierra y liberaran a toda la gente. Ellos lo hicieron, y toda la gente salió en libertad; era un gran lugar.

Cuando los Amigos habían terminado esto, fui y les dije que cavaran otra vez, lo cual ellos hicieron. Encontramos otra gran bóveda. Yo les dije que la derribaran y dejaran salir a la gente, lo cual hicieron.

Otra vez fui y les dije que cavaran. Los Amigos me dijeron: Jorge, tú encuentras todas las cosas. De modo que cavaron allí, y yo bajé. Una mujer de blanco estaba sentada mirando al tiempo pasar. Otra mujer bajó hacia la bóveda donde había un tesoro. La mujer puso una mano sobre el tesoro, y la otra sobre mi mano izquierda; y el tiempo pasó muy rápidamente. Pero entonces yo puse mi mano sobre ella y le dije que no tocara el tesoro. Esto hizo que el tiempo pasara más lento.

Aquellos que entienden estas cosas deben tener la naturaleza terrenal y de piedra quitada de ellos. Vea cómo las piedras y la tierra han estado sobre el hombre desde el comienzo, desde que él se alejó de la imagen de Dios con su justicia y santidad. Yo podría decir mucho acerca de estas cosas, pero las dejo para que el ojo derecho y el lector lo vean y lo entiendan.}

También en este tiempo tuve un gran ejercicio y tribulación de espíritu sobre mí, con respecto a los poderes y gobernadores de estas naciones, del sentido que yo tenía de las muchas tiernas visitaciones y advertencias fieles que se les había dado, y de el gran abuso de ellos con respecto a esto, quienes habían rehusado oír, y habían rechazado el consejo del Señor. Y aunque yo sabía que los Amigos serían inocentes de su sangre, no podía hacer otra cosa que lamentarme por ellos, y escribir estas pocas líneas con respecto a ellos:

Les hemos dado visitación, les hemos advertido fielmente, les hemos declarado nuestra inocencia y rectitud, y que nosotros nunca le hicimos ningún daño al rey, ni a ninguna de su gente. No tenemos nada en nuestro corazón sino amor y buena voluntad hacia él y su gente; y deseamos su bienestar eterno. Pero si ellos no oyen, ENTONCES el día de juicio, dolor, tormento, miseria y destrucción repentina vendrá sobre ellos por parte del Señor; siendo ellos los que han sido la causa de los sufrimientos de miles de personas sencillas, inocentes, inofensivas, que no les han hecho ningún daño, ni tienen estas personas inocentes ningún deseo malo en su contra; más bien, ellos han deseado su bien eterno, por causa de la verdad eterna. La destrucción vendrá sobre aquellos que voltean la espada del magistrado para castigar a los que hacen el bien. Por lo tanto, no cieguen sus ojos; el Señor traerá destrucción repentina y miseria sobre ustedes. De cierto él lo hará, y aliviará a su pueblo inocente, quienes han gemido para ser liberados de la opresión de ustedes, y también han gemido para que ustedes sean liberados de la impiedad. Bendito sea al Señor Dios, que él tiene un pueblo en esta nación que busca el bien de todos los hombres sobre la faz de la tierra; porque tenemos la mente del Señor Jesucristo, que no desea la muerte del pecador, sino la salvación y el bien de todos. ¡Bienaventurado sea el nombre del Señor nuestro Dios para siempre!

Jorge Fox

Mientras continué en Enfield, me sobrevino un sentido de un daño, que a veces sucedía por las personas bajo la profesión de la verdad que salían de un país hacia otro, de tomar un esposo o esposa de entre los Amigos, cuando ellos eran extraños, y no se sabía si ellos tenían claridad y orden o no. Y fue revelado en mí recomendar el siguiente método a los Amigos, para prevenir tales inconveniencias.

Todo los Amigos que se casan, sean hombres o mujeres, si ellos salen de otra nación, isla, plantación o país, que traigan un certificado de la reunión de hombres de ese condado, nación, isla o plantación de donde vinieron, a la reunión de hombres donde ellos proponen su intención de matrimonio. Porque como la reunión de los hombres está compuesta de los fieles, esto detendrá a todos los espíritus malos y crudos de vagar de allá para acá. Cuando alguno venga con un certificado o carta de recomendación de una reunión de hombres a otra, uno es refrigerado para el otro, y pueden dedicar sus manos y corazones a esta cosa. Esto prevendrá muchos problemas. Y después, cuando usted tenga que decirles en el poder de Dios, al amonestarlos e instruirlos, queda para que el poder y espíritu de Dios lo haga, y para dejarles saber el deber matrimonial, y lo que es; para que pueda haber unidad y concordia en el espíritu, y poder, luz, y sabiduría de Dios, en todas las reuniones de hombres en todo el mundo, en uno, en la vida. Que copias de esto sean enviadas a todo condado, nación, e isla, donde estén los Amigos, para que todas las cosas puedan ser guardadas santas, puras, y justas, en unidad y paz, y Dios sobre todo pueda ser glorificado entre ustedes, su terreno, su pueblo y heredad, sus hijos e hijas adoptivos, y herederos de la vida. Por lo tanto nada más, sino mi amor en lo que no cambia.

Jorge Fox
El día 14 del primer mes, del año 1671

Cuando me hube repuesto, de modo que pude caminar un poco de acá para allá, de Enfield fui otra vez a casa de Gerardo Robert y de aquí a la escuela de mujeres en Shacklewell, y así hacia la reunión en la calle Gracechurch, en Londres; donde, con todo y estar aun muy débil, el Señor me sostuvo y dio fuerzas para que declarase Su palabra eterna de vida.

Por esta época me sentí dirigido a rogar al Señor de esta manera:

¡Oh Señor Dios todopoderoso! ¡Qué la Verdad prospere y preservad en la tierra la justicia y la equidad! Hundid toda injusticia e iniquidad, opresión y falsedad, crueldad e ingratitud en la tierra; para que la misericordia y la rectitud puedan florecer.

¡Oh Señor Dios! ¡Impón la verdad y presérvala en la tierra! Hunde todo vicio y disolución, prostitución y fornicación, que en la tierra existe, y también este espíritu de violación que es causa de que la gente no te ame! ¡Oh Dios! ni ame sus propios cuerpos ni sus propias almas, dejando de ser cristianos, modestos o humanos.

Y, ¡Oh Señor! Haz que los magistrados sientan en su corazón el deseo de acabar con toda esta impiedad, violencia y crueldad, profanación, blasfemia y juramentos; y acaba también con todas esas casas de prostitución y casas de juego, que corrompen a la juventud y a todo el mundo, y expúlsalos del reino de Dios, donde no puede entrar nada impuro ni tampoco debe venir. Tales cosas llevan la gente al infierno. Y el Señor en misericordia hunde todo eso en la nación, para evitar que Tu ira ¡Oh Dios! caiga sobre la tierra.

Jorge Fox
Esta oración fue escrita de noche, el día 17 del Segundo mes de 1671.

Antes hice mención de que, al recibir la noticia de que mi mujer volvía a estar en la cárcel, había enviado a dos de sus hijas a ver al rey y que estas habían conseguido de él una orden para el alguacil de Lancaster poniéndola en libertad. Mas a pesar de que yo esperaba que así lo harían, al estallar de repente esta violenta tempestad de persecución, los perseguidores encontraron la manera de seguir teniéndola en la prisión. Pero viendo ahora que la persecución había cesada un tanto, me sentí dirigido a decir a Marta Fisher y a Ana Stringer* que fueran a ver al rey para que la pusiera en libertad. Fueron llenas de Fe y en el poder del Señor, que les dio gracia ante el rey; el cual autorizó la absolución de Margarita bajo el sello real, quedando libres, ella y sus bienes, después de haber estado diez años presa y sus bienes confiscados; todo lo cual no se oía muy comúnmente en Inglaterra. En seguida mandé a Juan Stubbs, con mi caballo, para que le llevase a mi mujer la absolución del rey y una carta mía en que le decía como tenía que hacerla llegar a los magistrados, y le hacía saber que sentía que era voluntad del Señor que tenía que irme mas allá del mar, a las plantaciones de América; y por consiguiente quería que se diera prisa en venir a Londres, tan pronto como le fuera conveniente, después de conseguir su libertad, pues estaba ya el buque disponiéndose para emprender viaje. Entre tanto fui a Kingston y allí estuve en casa de Juan Rous hasta que vino mi mujer. Pero como iba a celebrarse la junta anual, me detuve hasta que se hubo celebrado. Fue una gran y bellísima reunión, a la que vinieron muchos Amigos, de todas partes del país, porque el poder del Señor fue sobre todos y Su siempre alabada Semilla de vida, gloriosa e infinita, fue elevada sobre todos.

*Ana Stranger era una de las personas que habían sido de las colaboradoras de la escapada con Jaime Naylor, habiéndose dirigido a él con muchos títulos elevados; evidentemente ahora restablecida en la verdad y la unidad del espíritu. Esto es un testimonio de la regla de los cuáqueros que si algún error era cometido y condenado por la persona que estaba en el error, éste era completamente olvidado.

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libre de pecado
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