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DIARIO DE LA VIDA Y LABORES EVANGÉLICAS DE JUAN BURNYEAT

PUBLICADO POR PRIMERA VEZ EN EL AÑO 1691, BAJO EL TÍTULO DE
"LA VERDAD EXALTADA EN LOS ESCRITOS
DE ESE EMINENTE Y FIEL SIERVO DE CRISTO,
Juan Burnyeat."

Prólogo del editor del sitio

Juan Burnyeat era una persona verdaderamente digna del Señor, miembro del cuerpo de Cristo, viviendo en el reino de Dios, sirviendo magníficamennte. Él añade otra perspectiva más de la sabiduría de Dios y el misterio del evangelio, el poder de Dios para convertir a un hombre egoísta en una criatura completamente nueva. Su diario está mezclado con muchas de las cartas que él escribió, presentadas en la cronología de la narrativa de su diario. No sólo son sus cartas instructivas y alentadoras, sino que muestran un gran entendimiento y son muy alentadoras. Por esa razón, he incluído una guía para sus cartas en la barra lateral, aunque están esparcidas por todo su diario.

Él estaba entre aquellos que acompañaron a Jorge Fox en su viaje a Norteamérica. A pesar de sus muchos y amplios viajes, él tenía una asociación con la asamblea del pueblo de Dios en las ciudades donde vivió (Cumberland, Inglaterra, y Dublín, Irlanda), a las cuales asistía cuando no estaba viajando. Las cartas de Burnyeat están particularmente llenas de amor, a la vez balanceadas con exhortaciones bien razonadas, expresadas con un lenguaje claro. Los testimonios (al final del diario) son algunos de los tributos escritos más podersos que he leído — indicando fuerza, exhortaciones, reprobaciones, y amor que él impartió a sus hermanos y hermanas de la asamblea; y ese importante tributo sólo es superado por el tributo del Señor y Maestro de Juan Burnyeat hacia él que sigue a continuación, (de la Palabra del Señor en el interior):

"Él fue un gran consuelo para el regocijo de los santos, y muy perjudicial para los judíos.

Él era y sigue siendo un hombre valiente de acción, un valiente defensor de la verdad." 

(Los judíos en la declaración anterior se refiere a los cristianos que tratan de justificarse con ceremonias, rituales y reglas, en vez de una completa renovación del corazón; un cambio que sólo es posible al ir al Señor diariamente, para esperar en él, para velar y escuchar - para ser enseñado por Dios directamente, para ser convencido por el Espíritu Santo, y ser limpiado del pecado en la Luz por la sangre de Cristo.)

La memoria del justo será bendita. Prov 10:7

Para siempre será recordado el justo. Sal 112: 6

UN TESTIMONIO
con respecto a la vida y la muerte
de nuestro querido amigo y hermano en el Señor,
Juan Burnyeat


por Jorge Fox

ÉL fue un fiel amigo y hermano, y un hábil ministro de Cristo Jesús, quien libremente predicó el evangelio eterno, y trabajó para mantenerlo libre; quien fue un verdadero apóstol de Jesucristo, y predicó de él libremente, tanto por mar como por tierra. Él recibió la verdad en 1653, en Cumberland, y murió en el Señor en Irlanda en el año 1690, después que él había pasado por esas grandes tribulaciones, tormentas y pruebas en ese lugar. Él fue una gran fortaleza para los Amigos en el tiempo de su gran sufrimiento; él lo soportó, cuando muchos fueron arruinados, y huyeron a Inglaterra para obtener socorro, y él se quedó [en Irlanda], hasta después de que entró el rey William, y el Rey James salió de Irlanda.*

*El rey James era un rey católico muy impopular que fue echado fuera de Inglaterra por su hija protestante, María, y su esposo protestante, William de Orange. James huyó a Francia que era católica. Un ejército de católicos franceses con James entonces invadieron Irlanda con la esperanza de conquistar a los ingleses que estaban allí y después saltar a Inglaterra para restaurar a James a la mornarquía. William de Orange, rey de Inglaterra, era un general talentoso; él dirigió un ejército a Irlanda y fácilmente derrotó a los franceses y James quien huyó. Antes de que William llegara a sacar a James de Irlanda, aparentemente hubieron grandes persecuciones en contra de todos los no-católicos, incluyendo los cuáqueros.

Y después él fue de allá para acá visitando reuniones de Amigos, que estaban reunidos en el nombre de Jesús: y después él había tenido la intención de venir a Inglaterra; pero allí el murió en el Señor, y es bendecido, y descansa de sus labores, y sus obras lo siguen. Él viajó y predicó el evangelio en Irlanda, Escocia, Barbados, Virginia, Maryland, Nueva Jersey, Long Island, Rhode Island, y por toda Nueva Inglaterra, y tuvo muchas disputas con los muchos sacerdotes y profesantes que se oponían a la Verdad; pero el Señor le dio dominio sobre todos, y para detener las bocas de los contrarios; y él llevó a muchos al Señor, y fue un pacificador; y predicó con su vida y su conducta, como también con sus palabras. Viajó conmigo desde Maryland a través de zones selváticas, y por muchos ríos, y pantanos desesperados, donde se dice que ningún hombre inglés ni caballo había pasado antes; donde nosotros pasamos la noche, y a veces en casas de los indios, y muchas veces con muy pocas provisiones; pero el Señor con su brazo eterno y su poder nos apoyó, y nos guardó a través de todos los peligros; bienaventurado sea su nombre para siempre.

Él fue un anciano, y un pilar en la casa de Dios, y la memoria del justo será bendita, pero el nombre de los impíos se pudrirá. Él fue un hombre muy dotado con la sabiduría de Dios, y en ella tenía cuidado por el bienestar de la iglesia de Cristo, de guardar la paz, fuera de los conflictos y la contienda; y trabajó con los apóstatas y los caídos para llevarlos a Cristo y su pacífica verdad; para que ellos estudiaran para estar en silencio, y mantenerse en la unidad del Espíritu, la cual es un vínculo de paz del Rey de reyes, y Señor de señores. Podría escribir mucho más acerca de nuestro querido hermano en el Señor,—yo lo conocí muy bien, y sus viajes y su servicio en el poder y la verdad del Señor; y también la iglesia de Cristo, entre quienes él será extrañado.

Pero él ha ido al descanso; y el Señor por su eterno brazo y poder es capaz de levantar a otros en su lugar.

DIARIO DE LOS VIAJES DE JUAN BURNYEAT

CAPÍTULO I

Informe de convencimiento de Juan Burnyeat, en 1653;
los varios ejercicios profundos de la mente, por los cuales pasaron él y sus primeros compañeros en la profesión religiosa;
—la adoración del evangelio al cual ellos se habían unido.

EN el año 1653, le agradó al Señor en su amor y misericordia enviar a su fiel siervo Jorge Fox, con otros de sus fieles siervos y mensajeros del evangelio de paz y buenas nuevas, a quienes él suministró con el poder eterno de su palabra; en la sabiduría y poder de los cuales él proclamó que el día del Señor estaba ante nosotros, en este condado de Cumberland, y las partes del norte de Inglaterra, y descubrió el camino correcto de la vida a miles que estaban en error; quienes buscaron al Señor, pero no sabían donde encontrarle, ni cómo llegar a conocerlo, aunque él no estaba lejos de nosotros. Pero este hombre bendito, Jorge Fox, uno entre mil pueden muchos decir, y escogido entre miles, fue enviado entre nosotros, en el poder del Altísimo, lleno con la fortaleza de su palabra; en la sabiduría con la cual él dirigió a miles hacia la luz y la venida de Cristo Jesús su salvador en sus propios corazones, para que ellos pudieran llegar a conocerle, y la gloria del Padre a través de él, en su venida, y así llegar a creer en él con el corazón, y con la boca confesarle para salvación. Y bendito sea el Señor, y el día de misericordia en el cual él visitó; porque a él le agradó hacer esta labor de amor efectiva a miles, entre quienes él envió su siervo a trabajar, y entre quienes le agradó al Señor otorgarme el favor de guardar una porción del beneficio de su bendita visitación; por la cual yo llegué a ser informado con respecto al camino corrcto del Señor, y dirigido a la luz verdadera, hacia la cual el apóstol fue enviado a llevar al pueblo hasta este día, y así de la oscuridad y el poder de Satanás hacia Dios y su bendito poder, el cual yo recibí en mi espera en la luz. Por medio del cual el juicio profundo surgió en mi alma, y gran aflicción creció en mi corazón; por el cual fui llevado a gran tribulación y dolor, de tal manera que yo nunca había experimentado antes en toda mi profesión de religión, para que yo pueda decir en espíritu, que fue el día de la angusta de Jacob; porque el Dios del cielo, por medio de su luz y su bendito Hijo con quien él me había iluminado completamente, la cual resplandeció en mi corazón, me dejó ver el cuerpo de muerte y poder del pecado que reinaba en mí, y me llevó a sentir la culpa de él sobre mi conciencia; para que yo pudiera decir que él me hizo, por así decirlo, poseer los pecados de mi juventud. A pesar de toda mi alta profesión de una justicia imputada, y que, aunque vivía en el acto del pecado, la culpa de él no debería ser puesta sobre mí, sino imputada a Cristo, y su justicia imputada en mí; sin embargo hallé que era de otra manera cuando fui llevado hacia la luz que manifestó todas las cosas reprobadas. Entonces yo llegué a ver que la culpa permaneció, mientras el cuerpo de muerte permaneció, y mientras por medio de este poder [nosotros somos] llevados hacia el acto de pecado. Entonces ví que había necesidad de un salvador para salvar del pecado, como también de la sangre de un Cristo sacrificado para eliminar el pecado, y de fe en su nombre para la remisión de los pecados pasados. Entonces comenzó la guerra del verdadero esfuerzo para entrar en el reino; entonces el estado de Pablo fue visto,— la voluntad estaba presente, pero para hacer, el poder faltaba muchas veces; entonces se conoció ese clamor,—"¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?," y me liberará del poder prevalecedor de la ley que permaneció en los miembros, luchando en contra de la ley de mi mente, y que llevó a la capacidad de la ley del pecado. Entonces, cuando esta guerra había realmente comenzado, toda mi alta soberbia en mi fe teórica inventada, y mi pretensión y esperanzas de justificación por esto, fueron derribadas; de modo que todo lo que yo había edificado por varios años en mi profesión, después de los días de juventud, (en los cuales tiernos impulsos estaban en mí después de que conocí al Señor, y el conocimiento de él, y paz con él), se vio que no era más que una torre de Babel, sobre la cual Dios trajo confusión; y por lo tanto nunca podía ser perfeccionada para alcanzar el cielo, estando fuera de la fe de su pacto, y la cual nunca podía ser llevada a confiar verdaderamente en su palabra, y depender de ella; sino que más bien llevó hacia los inventos, la voluntad y las acciones propias, aunque se habló de otra cosa. Viendo entonces todas mis obras eran confundidas por las visitaciones de Dios, y por el surgimiento del día de lo alto, que descubrió las cosas que eran, viendo que todas terminaron en Babel, y el Dios del cielo trajo confusión sobre ellas, me asombré, y el temor me asedió por todos lados; y comencé a veces a temer que estaba perdido para siempre; porque eso que había entrado en mi corazón había convertido el campo fructífero en un desierto, y convirtió aquello, que yo pensé que había sido como el jardín del Edén, en un bosque; y así el día de Dios descubrió que todo era desolación, sequedad, y muerte, y llevó mi alma a una profunda lamentación, al comienzo de tal dolor que yo nunca había conocido antes. Entonces yo lamenté y lloré muchas veces, y deseé estar en un desierto, donde yo pudiera encontrarme con la tentación o la provocación del exterior para soportar en mi espíritu, esa era mi debilidad. Porque todas las nociones de las que hablé con respecto a que la justicia imputada de Cristo era mía, no estaban confirmadas por el sello de su Espíritu, y por lo tanto mi justicia era sólo una presunción. Ví clarametne que mi supuesta justicia era mi propio invento; y así fue sólo como el delantal de hojas de higuera de Adán, en el cual él no podía soportar la venida de Dios. ¡Оh! ¡la aflicción que se apoderó de mí! ¡La angustia que me llenó! ¡El horror y terror que surgieron en mi seno! ¡La pobreza y carencia en la que se vio mi alma, por medio del surgimiento de la luz descubridora, hacia la cual el ojo de mi alma se volvió! Y a medida que esta luz surgió, de la cual el apóstol escribió en el tiempo antiguo, manifestó todas las cosas,—no sólo la carencia en la que me encontraba, sino también las cosas reprobadas; y entonces el pecado llegó a ser extremadamente pecaminoso, y su carga llegó a ser extremadamente gravosa, y todos los placeres de él fueron quitados de mi y muchos más en ese día. Entonces comenzamos a lamentarnos por un salvador, y a buscar un libertador, y a clamar pidiendo ayuda y un ayudador; porque el día del Señor que hizo desolación nos había sorprendido, y el fuego y espada que Cristo trae a la tierra, por la cual él quita la paz, nos había alcanzado; y sin embargo no supimos de dónde vino, aunque así comenzó a quemar y juzgar, por medio de la cual la suciedad sería quitada.

Y ahora en esta angustia, profundos eran nuestros gemidos y nuestro clamor hacia el Señor, que llegaron a él; y a él le agradó oír, y mostrar misericordia. Porque frecuentemente nos reuníamos, a medida que los mensajeros del Señor (a quienes él envió entre nosotros), nos habían exhortado; y le hicimos caso a la luz de Cristo en nuestros corazones, y lo que ella descubrió; y en nuestro espíritu, por medio de su asistencia, nosotros luchamos y velamos en contra del mal que vimos allí; y de acuerdo al entendimiento recibido, esperamos allí al Señor, para ver lo que él manifestaría después, con una santa resolución de obedecer su voluntad, como nos fuera posible, no importa lo que nos costara; porque yo sé que esta era la condición de muchos en ese día. No valoramos el mundo, ni ninguna gloria o placer en él, en comparación con la redención de nuestra alma para salir de ese estado, y libertad de ese horror y terror bajo la indignación del Señor, porque habíamos pecado, nos empeñamos en esperar hasta que la indignación se acabara, y el Señor en misericordia borrara la culpa que quedaba, (la cual ocasionó la ira), y rociara nuestros corazones y mala conciencia, y nos lavara con agua pura; para que nos podamos acercar con un corazón verdadero, en completa seguridad de fe, como hicieron los cristianos en el tiempo antiguo. Heb 10:22. Pero ¡ay! no tuvimos audacia,—porque nos faltaba la fe viviente; y no teníamos un corazón verdadero para acercarnos, y por lo tanto no podíamos tener completa seguridad; sino que fuimos rodeados de temores, horrores y asombro. Y sin embargo llegamos a conocer que no había otro camino, sino morar en esos juicios, y esperar en ese camino; entendiendo que debemos ser redimidos con juicio, como se dijo de Sión, Isaías 1:27; y esperando así, comenzamos a aprender justicia, y a desear fuertemente caminar así, y no ya no podíamos estar satisfechos con sólo hablar así. Entonces esperando y buscando al Señor, (aunque éramos muy ignorantes con respecto a él), en un profundo sentido de nuestra propia indignidad y falta de preparación para encontrarnos con él, debido a la contaminación de nuestros corazones, (la cual se vio por medio de su luz que resplandeció allí), todavía estábamos inclinados en el espíritu, y afligidos y revueltos en el alma, y no consolados; y nuestros corazones estaban inestables, como agua, — las olas pasaban sobre nuestras cabezas, y nuestras almas estaban en peligro en cada momento, y nuestra fe era tan pequeña, que estábamos listos para hundirnos, como Pedro, a menudo clamando en el peligro. En esa angustia y valle de lágrimas en el cual caminábamos, nuestros corazones llegaron a estar como muertos al mundo, y todos sus placeres y gloria, y también a nuestra profesión antigua que estaba muerta; porque vimos que no había vida en eso, ni ayuda ni salvación en eso, aunque algunos de nosotros lo habíamos intentado completamente. Vimos que era en vano mirar hacia esos montes o montañas de salvación. Y cuando comenzamos a abandonar todo en ambas manos, viendo lo vacío de todo, tanto la gloria como la vanidad, y placer del mundo, y la imagen muerta de profesión, la cual habíamos establecido en nuestras imaginaciones e inventos, y habíamos adorado con nuestros corazones no preparados y nuestros espíritus no santificados, siendo esclavos y cautivos del pecado, (como todos deben ser quienes lo obedecen en sus deseos, de acuerdo a Romanos 6:15-16.), yo digo, cuando nosotros entonces tuvimos una visión y un sentido de la insuficiencia de todo lo que teníamos o podíamos hacer para dar alivio, ayuda o salvación, los negamos todos; y de la manera como habíamos sido dirigidos, nosotros llevamos nuestras mentes hacia la luz de Cristo resplandeciendo en nuestros corazones, y creímos en eso, de acuerdo al mandamiento de Cristo, Juan 12:36; y así nos reunimos a esperar al Señor allí. Entonces comenzaron los profanos a burlarse, mofarse, y a abusarnos; y nuestra relaciones mismas, y antiguos familiares, fueron como extraños para nosotros, y se ofendieron de nosotros; y nos odiaron, y comenzaron a hablar mal de nosotros, y pensaron que era extraño que no corriéramos con ellos hacia los desenfrenos de disolución anteriores, como en el tiempo antiguo, 1 Ped 4:4. También los profesantes, aún aquellos con los que anteriormente habíamos caminado en comunión en nuestra profesión sin vida, comenzaron a reprocharnos y denigrarnos, y hablar males en contra de nosotros, y nos culparon de error y causar división, y de alejarnos de la fe; y también comenzaron a reprochar la luz de Cristo, como natural e insuficiente, y una luz falsa, y una guía falsa. Por lo tanto Cristo, en su venida espiritual, fue reprochado, denigrado, despreciado, y subestimado, y menospreciado por los profesantes carnales de la cristiandad como lo fue en su venida en la carne por los judíos, los profesantes carnales de la ley, quienes no vieron a través del velo hasta el final. En este nuestro débil estado fuimos asediados por toda mano, y grandemente angustiados, lanzados, y afligidos, como lo fue el pobre Israel, cuando el mar estaba ante ellos, y los egipcios estaban atrás,—y su esperanza fue tan pequeña, que ellos no buscaron nada más que la muerte, y le dijeron a Moisés: "¿Acaso no había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para morir en el desierto?" Exo 14:11. Así a través de muchas pruebas y tribulaciones deben entrar en el reino de Dios todos los que se esfuerzan por entrar, de acuerdo al mandato de Cristo. Lucas 13:24.

Cuando estábamos así en nuestros temores profundos, y nuestras mentes no estaban bien familiarizadas con el esfuerzo (fuera del yo) en la luz y la simiente de la vida que prevalece, o con la la verdadera espera o el estar quietos fuera de nuestros propios pensamientos, voluntad, y corriendo, lo cual no obtiene nada, el Señor envió a sus siervos, quienes habían aprendido de él, a dirigirnos en lo que deberíamos esperar, y cómo estar quietos, fuera de nuestros propios pensamientos y nuestros propios esfuerzos, en la luz que descubre; quienes a menudo nos exhortaron a permanecer y morar en el juicio que recibimos allí. A medida que nos acercamos a la luz, así fueron informados nuestros entendimientos, y obtuvimos un grado de seriedad en nuestras mentes, que antes habían sido como el mar agitado,—y una esperanza comenzó a aparecer en nosotros; y nos reunimos a menudo, y esperamos para ver la salvación de Dios, de la cual habíamos oído, que él obraría por su propio poder. Después que nos habíamos reunido por un tiempo, a medida que tuvimos temporadas y oportunidades, y también buscamos al Señor con espíritus esforzados tanto de noche como día, cuando estábamos en nuestros llamados, y sobre nuestra cama (porque no podíamos cesar, nuestras almas estaban tan afligidas), cuando en nuestras asambleas fuimos ejercitados en el juicio viviente que surgió en la luz en nuestras almas, y estábamos buscando la salvación de Dios,—el maravilloso poder de lo alto fue revelado entre nosotros; y muchos corazones fueron alcanzados así, y quebrantados, y derretidos, ante el Dios de toda la tierra; y gran temor y temblor cayó sobre muchos, y las mismas cadenas de la muerte fueron así quebradas, y las ataduras soltadas, y muchas almas aliviadas y puestas en libertad; y los prisioneros de la esperanza comenzaron a salir hacia adelante, y aquellos que se habían sentado en oscuridad para mostrarse a sí mismos. Y las promesas del Señor llegaron a ser cumplidas en muchos, las que fueron anunciadas por el profeta Isaías. Isa 49:9, 62:7, 61:2-3; y se pudo dar testimonio del aceite de gozo, y de una felicidad celestial que entró en los corazones de muchos, quienes en el gozo de sus almas prorrumpieron en alabanzas hacia el Señor; de modo que la lengua de los mudos, que Cristo el sanador de nuestras enfermedades soltó, comenzó a hablar y pronunciar las cosas maravillosas de Dios. Grande fue el temor y la gloria de ese poder, que en una reunión tras la otra fue gentil y ricamente manifestada entre nosotros, quebrando, enterneciendo, y derritiendo nuestra alma y espíritu ante el Señor. Entonces nuestros corazones comenzaron a deleitarse en el Señor y en su camino que él ha puesto; y con gran fervor y celo comenzamos a buscarle, y a reunirnos más seguido que antes, — siendo nuestros corazones afectados con la presencia de ese bendito poder, que diariamente prorrumpió entre nosotros en nuestras reuniones, por el cual fuimos grandemente consolados, fortalecidos y edificados; porque fue el mismo Consolador que nuestro bendito Señor prometió que él le pediría al Padre, y que el Padre enviaría. Juan 14: 26-27, Juan 16:13-15. Este [Consolador], habiendo venido y siendo recibido, nos enseñó a conocer al Padre y al Hijo; y a medida que llegamos conocerlo, y estar en unidad con él, llegamos a ser enseñados por él, y por lo tanto enseñados por el Señor, de acuerdo a esa nueva promesa del pacto,—Ellos serán enseñados por el Señor. Isa 54:13, 1 Juan 2: 27.

Entonces fueron nuestros corazones inclinados a escuchar al Señor, y nuestros oídos, los cuales él abrió para que oyéramos, fueron inclinados a oír lo que era la enseñanza del Espíritu, y lo que Él le dijo a la iglesia, quien es el Pastor principal y Obispo del alma. Así fuimos reunidos en un ejercicio correcto del evangelio y adoración del evangelio hacia Él, por medio de cuyo nombre nosotros habíamos recibido la remisión de nuestros pecados pasados, y cuya sangre había rociado nuestros corazones para no tener una mala conciencia, y quien nos dio el agua pura que nos lavó y nos limpió. De modo que con verdaderos corazones muchos comenzaron a acercarse a Dios en la completa seguridad de la fe, como hicieron los antiguos santos y fueron aceptados, y tuvieron acceso por ese único Espíritu, por el cual llegamos a ser bautizados en un cuerpo, y así llegamos a beber en un Espíritu, y recibimos refrigerio, y fuimos grandemente consolados; y crecimos juntos en el misterio de la comunión del evangelio; y así adoramos a Dios, quien es un Espíritu, en el Espíritu recibimos de él, lo cual es la adoración del evangelio, de acuerdo al nombramiento de Cristo. Juan 4:24. Entonces llegamos a ver sobre todas las adoraciones del mundo, que fueron establecidas ya sea por imitación, o por la invención del hombre; y vimos que era en vano adorar a Dios, y enseñar como doctrinas los mandatos de los hombres, como nuestro Señor ha dicho. Mat 15:9, Isa 29:13; y por lo tanto fuimos constreñidos a alejarnos de ellos, y también (muchos de nosotros) a ir y dar testimonio en contra de ellos en sus adoraciones inventadas y tradicionales, donde ellos fueron ignorantes de la vida y el poder de Dios.

Siendo así reunidos por el Señor Jesucristo, ese gran Pastor y Obispo de nuestras almas, nos convertimos en sus ovejas, y aprendimos a conocer su voz, y a seguirle; y él nos dio vida eterna, y manifestó las riquezas de sus gracia en nuestros corazones, por la cual fuimos salvos por medio de la fe, y liberados de esa ira, miedo, y temor, que habían pesado tanto sobre nuestras almas, y en medida del poder de esa muerte que había reinado, y nos hizo miserables y desdichados; y llegamos a tomar parte de esa vida, de la cual la bendición consiste. Entonces el Señor, convirtiéndose en nuestro Pastor, nos enseñó, y nos guió hacia verdes pastos, donde nos alimentamos y descansamos juntos con gran deleite. ¡Oh! ¡El gozo, el placer, el gran deleite, con el cual nuestros corazones fueron abrumados muchas veces, en nuestras asambleas reverentes y santas! ¡Cómo nuestros corazones se derritieron como cera, y nuestras almas fueron derramadas como agua ante el Señor, y nuestros espíritus como aceite, franquincienso y mirra, ofrecidos al Señor como dulce incienso, cuando ni siquiera una palabra en toda nuestra asamblea se ha pronunciado! Y entonces el Señor se deleitó en descender a su jardín, y caminar en el medio de los lechos de especias; y él hizo que el viento del norte despertara, y el viento del sur soplara sobre su jardín, y las lluvias agradables descendieran, para el refrigerio de sus tiernas plantas para que puedan crecer aun más y más. Y ahora para aquellos que conocieron la noche de llanto, ha venido la mañana de alegría, de acuerdo a esa experiencia antigua de David. Sal 30:5; y los que habían estado en las profundas aflicciones anteriores, y lanzamientos, y angustias, llegaron a dar testimonio del cumplimiento de esa gran promesa del evangelio; "¡Pobrecita, fatigada por la tempestad y sin consuelo! He aquí que yo asentaré tus piedras sobre turquesas y pondré tus cimientos sobre zafiros. Haré tus almenas de rubíes y tus puertas de berilo; y todo tu muro alrededor, de piedras preciosas. Todos tus hijos serán enseñados por Jehovah, y grande será la paz de tus hijos. En justicia estarás afirmada. Estarás apartada de la opresión, la cual no temerás; y lejos del terror, el cual no se acercará a ti." Isa 54:11-14.

Así llegamos por Él a estar reunidos en un pacto con Dios, y a dar testimonio del cumplimiento de las promesas de Dios, en quien todas las promesas son sí y amén; y así llegamos a sentarnos juntos en lugares celestiales en él, y a alimentarnos de alimento celestial, el pan de vida, que descendió del cielo, que Cristo el Pastor celestial nos dio a nosotros; quien nos reunió de entre los pastores que se alimentan a sí mismos con cosas temporales del rebaño, pero no sabían cómo alimentar al rebaño con alimento espiritual, porque ellos no lo tenían. Ahora, nosotros, llegando a estar familiarizados con el poder del Señor Jesucristo en nuestros corazones, llegamos a amarlo grandemente, y a estar deleitados en su placer; habiendo ya contado todas las cosas como basura y estiércol comparados con la excelencia que vimos en eso; y por lo tanto estuvieron dispuestos a sufrir la pérdida de todo, para que podamos ganarlo a él, como sucedió con el apóstol en el tiempo antiguo. Y bendito sea el Señor, muchos obtuvieron su deseo; ellos encontraron a su amado,—se encontraron con su salvador,—testificaron de su salud salvadora, por la cual sus almas fueron sanadas; y así se convirtieron en su rebaño y su familia, o su hogar de fe. Entonces como sus hijos y bendita familia, todavía continuamos reuniéndonos dos veces por semana, o más seguido; y estando reunidos en su nombre y su santo temor, dimos testimonio de su promesa, de acuerdo a Mat 18:20, que él estaba en medio de nosotros, y honramos nuestras asambleas con su poder y su presencia; y ese fue nuestro gran deleite, y la dulzura de ello interactuó maravillosamente con nuestras almas para que lo amáramos, y nuestros corazones para esperarlo a él; porque encontramos que la antigua experiencia de la iglesia era cierta, como fue testificado en las escrituras, "Tu nombre es como perfume derramado; por el olor de tu suave perfume las jóvenes se enamoran de ti." Así creciendo en esta experiencia de la bondad del Señor, y de la dulzura, gloria, y excelencia de su poder en nuestras asambleas, crecimos en fortaleza y celo de nuestras reuniones más y más, y valoramos el beneficio de eso más que cualquier otra ganancia mundana; sí, era algo más que nuestra comida señalada. Así continuando, crecimos más y más en el entendimiento de las cosas divinas y misterios celestiales, por medio de las inspiraciones del poder que estaba entre nosotros diariamente, que obró dulcemente en nuestros corazones, lo cual nos unió más y más a Dios, y nos unió en el vínculo perfecto del amor, de la comunión y la membresía. De modo que llegamos a ser un cuerpo compacto, compuesto de muchos miembros, donde Cristo mismo llegó a ser la cabeza; quien estaba con nosotros, y gobernó entre nosotros, y además nos dió dones, por los cuales llegamos a ser agrandados y más abiertos, para que podamos responder al fin para el cual él nos levantó, y nos bendijo tanto, y nos santificó por medio de su palabra que moró en nuestros corazones. De modo que nosotros todavía estamos en nuestro celo, y nuestro primer amor, y manteniendo nuestras reuniones, y no dejando de reunirnos, (como fue la costumbre de algunos en el tiempo antiguo, cuyo ejemplo el apóstol exhortó a los santos que no siguieran), el poder del Señor continuó con nosotros, y fue renovado diariamente en nuestras reuniones; el cual por medio de su inspiración, nuestros entendimientos fueron agrandados aún más en los miesterios de la vida y las cosas escondidas de Dios; de modo que muchos por medio del favor de Dios, crecieron en sus dones, y tenían sus bocas abiertas, y así llegaron a ser instrumentos en las manos del Señor y dar testimonio al mundo, del día del Señor que prorrumpió otra vez, del gran y notable día que Joel profetizó, y del cual Pedro dio testimonio. Y ellos también fueron enviados a dar testimonio en contra del mundo, y sus obras impías, con todas las falsas religiones con las cuales la humanidad se había cubierto en la oscuridad y la apostasía, la cual se había esparcido sobre ellos, y ahora era vista y descubierta por la luz y el día de Dios.

Así la verdad creció, y los fieles en ella, y muchos se acercaron a Dios; y su nombre, y fama, y gloria, y poder se esparcieron en el exterior, y la obra del enemigo y su reino fueron descubiertos, y fueron quebrantados por el Cordero y sus seguidores. Esto lo hizo comenzar a airarse, y a incitar a sus instrumentos a oponerse a la obra del Señor, y con toda sutilieza a impedirle al pueblo a que siga al Cordero, o que crea en su luz. Por lo tanto con pluma, y con lengua, y manos también, la bestia y sus seguidores comenzaron a hacer guerra, y [restauraron] los azotes, flagelos, encarcelamientos, y toma de propiedades, con reproche, abates, y difamando el camino de la verdad; con todo lo que ellos podían hacer para entorpecer la exaltación del reino del Señor Jesucristo, blasfemando su luz y poder,— llamándole a su luz natural, insuficiente, una guía falsa, con muchos nombres reprochables; y llamando su poder diabólico, y su operación y bendita obra, la cual era tanto para la renovación del espíritu de la mente, como para la reforma de la conversación alejándonos del libertinaje, iniquidad, injusticia, y hechicería; incluso como las personas en el tiempo antiguo, quienes dijeron que Cristo sacaba demonios por medio de Beelzebú, su príncipe. Pero para este tiempo, aquellos que se habían mantenido fieles al Señor, y su luz y Espíritu en sus corazones, quienes habían pasado por medio de profunda tribulación, como fue relatado anteriormente, fueron confirmados, establecidos y satisfechos, y establecidos en la vida que fue manifestada; en la cula ellos vieron por encima de la muerte, y todas las profesiones de los hombres, donde estaban, y de lo que se alimentaban, quienes clamaron de tal manera en contra de la luz y el poder de Cristo, que estuvo de esa manera con nosotros, y obró así en nosotros en nuestras reuniones; y cómo ellos no estaban más que burlándose de los mismos que éstos se burlaban, de lo cual se habla en el segundo capítulo de Hechos, cuando ellos pensaron que los apóstoles estaban llenos de vino, y por lo tanto ebrios. Estos profesantes altaneros de esos días que eran ignorantes del Espíritu Santo, por medio de su resistencia hacia él, blasfemaron la vida y el poder, y en el mejor de los casos, no hicieron más que alimentarse del árbol del conocimiento. Porque yo todavía recuerdo esto bien, que en mi espera del Señor, en la angustia profunda y juicio importante que estaba sobre mi alma, para ver si él aparecería y prorrumpiría, y abriría y daría consuelo de aquello que me derribó como si fueran barras de hierro, de modo que no me pude levantar ni ascender, ni tener acceso, aunque de lo profundo clamé a él para ser liberado; yo digo, yo puedo recordar, que en la primera penetración notable del poder de Dios sobre mi alma, o derramamiento del Espíritu Santo sobre mí, la primera inspiración de lo mismo, era un verdadero descubrimiento del árbol del conocimiento en el misterio, sobre el cual yo ví que había sido alimentado con todos los profesantes carnales de religión; y cómo nosotros habíamos hecho una profesión de aquello de lo cual no teníamos posesión; pero nuestras almas estaban en la muerte, alimentándose de las palabras de aquello de lo cual los santos en el tiempo antiguo sí disfrutaron. Allí ví que no se podía obtener el árbol de la vida, ni que nuestras almas podían ser sanadas por las hojas de él, y así alimentadas de su fruto, para que podamos vivir para siempre, a menos que vayamos para estar bajo la espada hiriente y destructora que Cristo trae, por la cual la vida del hombre viejo llega a ser destruida, quien todavía quiere vivir en el pecado, y servirle, y aún así profesar a Cristo, y ser su siervo, (lo cual es imposible, de acuerdo a las palabras del mismo Cristo, "Ningún hombre puede servir a dos maestros," Mat 6:24), yo ví que no había remedio,—yo debo ser sepultado por ese bautismo de fuego de Cristo con él en su muerte, o de otra manera no puedo levantarme con él en novedad de vida. Debe haber una elevación hacia la novedad de profesión, noción y palabras; pero eso no sería suficiente, es la novedad de vida a la cual debo venir, la otra yo había probado vez tras vez. Yo ví que yo debía morir con él, o ser plantado con él en la semejanza de su muerte, es decir, morir al pecado, si alguna vez yo llegaría a estar plantado con él en la semejanza de su resurrección, y así vivir para Dios, de acuerdo a Romanos el capítulo seis. Entonces, cuando las cosas se abrieron así en mí, ví claramente que todos habíamos sido engañados, al pensar que mientras vivimos en la carne, y según la carne, y así en la muerte, y alimentándonos del árbol del conocimiento, que estaba prohibido para comer, que podíamos hacer una profesión que nos llevara a cosechar vida eterna. Pero pronto ví que según la manera que vive el hombre, así siembra, así cosecha, y no lo que el hombre profesa, o lo que él habla; y entonces estuve dispuesto a inclinarme ante la cruz, bajo el bautismo de fuego del Espíritu, y dejar que aquello que era consumible fuera destruido, para que mi alma pudiera ser salva, y llegar a poseer aquello que sí permanece y perdura, y que no puede ser sacudido. Así fueron sacudidos los cielos también, al igual que la tierra, para que permanezca aquello que no puede ser sacudido, (de acuerdo a Heb 12:27); y por lo tanto aquello que condenó los frutos impíos de la carne, (como nosotros teníamos para que estuvieran en la profesión de nuestros corazones), tanto en nuestra conversación suelta, como también en los deseos de nuestro corazón, y deseos carnales que surgieron así, incluso la misma luz y verdadero testimonio descubrió y condenó nuestra profesión carnal de religión en esa misma naturaleza y mente que produjo el mal, o en la cual el mal moró y gobernó; y así llegó a ser sacudido nuestro cielo, y nuestra cubierta y vestido fue quitado, y estuvimos sin consuelo y desnudos, desamparados y sin habitación. Entonces vimos que nuestro sacrificio y nuestro pecado eran similares ante la vista de Dios; porque nuestras oraciones fueron rechazadas, y todas detestadas, porque ambas se hicieron en una naturaleza y de una y la misma semilla y corazón corrupto; y, por lo tanto, llegó a estar con nosotros como con Judas en el tiempo antiguo, como se puede leer en Isa 1 e Isa 66:3, donde el Señor le dijo a Judá que cuando mataban al toro, o sacrificaban al cordero, o cuando ofrecían una ofrenda o quemaban incienso, era como matar a un hombre, degollar un perro, ofrecer la sangre de un cerdo, y bendecir a un ídolo. Así vimos que por falta de justicia, y de guardar los mandamientos del Señor, y de abandonar nuestros propios caminos, y aquello que era malo, nuestra religión fue destestada por el Señor, y nosotros fuimos rechazados en todas nuestras acciones, y dejados en desolación y desiertos; porque no importa lo que pretendamos, el dicho verdadero debe permanecer: un buen árbol no puede producir fruto malo, ni un árbol malo dar buen fruto; el árbol es conocido por su fruto.

Entonces las cosas se abrieron maravillosamente en nosotros, y no vimos solamente pecados comunes que todos confiesan que así son, aunque viven en ellos,—sino también la hipocresía y pecaminosidad de los profesantes de religión, aún en su religión, que era llevada a cabo fuera del espíritu de gracia y vida, que en el misterio es la sal con la cual todo sacrificio del evangelio debe ser sazonado, de acuerdo al ejemplo en la figura. Por lo tanto se nos mandó que nos retiráramos, y estuviéramos separados en nuestra adoración, y esperáramos para que nuestros corazones fueran santificados, y el espíritu de nuestras mentes fuera renovado, para que podamos ir ante él con vasijas preparadas. Porque pronto aprendimos a ver esto, que debe ser cierto en la sustancia, como en la figura; todas las vasijas del tabernáculo debían ser santificadas, consagradas, o hechas santas. Por lo tanto nosotros salimos de entre medio de ellos en su adoración, quienes vivieron en impureza, y defendían el pecado, que los hacía impuros; y nos reunimos, y esperamos juntos en silencio: podía ser que a veces, ni una palabra [fuera pronunciada] en nuestras reuniones por meses; pero todos los que fuimos fieles, esperamos esta palabra de vida en nuestros corazones, para conocer así la santificación, y una limpieza completa y una renovación de nuestros corazones y del hombre interno. Y al ser limpiados y hechos aptos, llegamos a tener un gran deleite al esperar la palabra en nuestros corazones, para obtener su leche, de la cual habla Pedro, 1 Ped 2:2; y en nuestra espera, recibimos la leche, o su virtud, y así crecimos, y fuimos alimentados con el alimento celestial que nutrió correctamente nuestras almas; y así llegamos a recibir más y más del Espíritu de gracia y vida de parte de Cristo nuestro salvador, quien está lleno de él, en quien mora la plenitud. En ese poder adoramos al Padre, quien es un Espíritu, y esperamos las enseñanzas de su gracia en nuestros corazones; y él nos enseñó así a negar la impiedad y los deseos mundamos, y a vivir justa, piadosa y sobriamente en este impío mundo presente. Así llegamos a conocer al verdadero maestro, del cual dieron testimonio los santos del tiempo antiguo, como dijo el apóstol, Tit 2:12; y por lo tanto no tuvimos falta de un maestro o de verdaderas instrucciones divinas, aunque habíamos dejado a los sacerdotes asalariados, y también otros nocionistas altaneros, y nos sentamos juntos en silencio. Porque este era nuestro deseo, que toda la carne estuviera en silencio ante el Señor, y que su poder estuviera tanto en nuestros corazones, como desde el exterior. Y a medida que así llegamos al verdadero silencio y quietud interna, comenzamos a oír su voz, quien dijo que él era la resurreción y la vida; y nos dijo "vivan," y le dio vida a nuestras almas; y este santo don que él había dado, ha estado con nosotros como un pozo de agua brotando hacia vida eterna, de acuerdo a su promesa; y, por lo tanto, ha sido nuestro deleite todo este tiempo esperarlo, y acercarnos con nuestro espíritu a él, tanto en nuestras reuniones, como también en otros momento; para que podamos tanto ser enseñados como servir por medio de él, porque por él los santos fueron salvos por medio de la fe, como Pablo les escribió, Efe 2:8.

CAPÍTULO II

Su diligencia en asistir a las reuniones;—el deleite y las ganancias experimentadas al mantenerse cerca del poder de la Verdad.—Es inspirado a hablar en los lugares públicos de adoración en Aspetry, Lorton, Brigham—es encerrado en la cárcel de Carlisle.
—En 1658 viaja a Escocia; y en 1659 a Irlanda.

DESDE el año 1653, como se dio a entender anteriormente, año en el que fui convencido de la bendita verdad y el camino de la vida eterna, hasta el año 1657, no me preocupé mucho de viajar al exterior para dar informe de la verdad, excepto sólo para visitar Amigos que eran prisioneros por testimonio de la Verdad; sino que al estar mayormente en casa, permití mi llamado externo. Fui muy diligente al asisitir a nuestras reuniones, teniendo esto en mi corazón, porque hallé gran deleite en ello; y muchas veces, cuando una reunión se acababa, yo en mi labor externa, en la cual también era muy diligente, en mi espíritu anhelaba que llegara el siguiente día de reunión, para que pudiera llegar a la reunión para esperar al Señor con el resto de su pueblo. También puedo decir con seguridad que cuando estaba allí, no era perezoso, sino que con verdadera diligiencia establecía mi corazón para esperar al Señor, para una visitación de él por la revelación de su poder en mi alma; y a medida que esperaba con diligencia, paciencia y fe, puedo decir esto por el Señor, y en su nombre (con muchos más testigos), nosotros no esperamos en vano. Él sí permitió que nuestras expectativas fallaran;—¡gloria eterna, y honor, y adoración para su digno y honorable nombre para siempre! El verdadero recuerdo de su bondad y glorioso poder, revelados y renovados en esos días, llena mi alma. Así en espera diligente, y el Señor en misericordia vistando por medio de su poder en nuestros corazones, mi alma fue afectada diaramente más y más con la gloria, y excelencia y dulzura de él, y con el temor santo con el cual llenó mi corazón,—porque eso llegó a ser agradable; y entonces mi espíritu fue llevado a mantenerse cerca de este poder, y a morar en ese santo temor que el Padre puso en mi corazón. Entonces llegué a ver lo que David exhortó en el segundo Salmo, cuando él le dijo a los reyes y jueces de la tierra que fueran sabios y educados; y además les dijo: "sirvan al Señor con temor, y regocíjense con temor." ¡Oh! ¡las inclinaciones de mi alma! ¡el agradable temor que moró en mi espíritu, y el temblor reverente que llegó a mi corazón, que lo llenó con el gozo viviente, como con médula y gordura! Entonces pude decir en mi corazón con David: Lavaré mis manos en inocencia, e iré alrededor de tu altar, oh Jehovah. ¡Oh! el agradable acercamiento, y este no sin preparación, hacia el altar del Señor por muchos, cuyos corazones estaban llenos, y sus almas y espíritus ungidos con el verdadero ungimiento del Santo, de lo cual habla Juan en su primera epístola, que es la sustancia de lo que fue entendido en ese ungüento que a Moisés se le ordenó que hiciera. Exo 30:25, con el cual todos las vasijas del tabernáculo fueron ungidas.

Cuando mi corazón fue así calificado, llenado y suministrado, como lo fue muchas veces en nuestras santas asambleas, con muchos otros, quienes se sentaron bajo el mismo temor y poder conmigo (porque nuestro templo y tabernáculo, en el cual adorábamos como hijos de la nueva Jerusalén, no era más que uno, esto es, el Señor Dios y el Cordero, como dice Juan, Apoc 21:22); yo digo, cuando mi corazón fue así calificado y llenado, entonces sí intenté mantener mi corazón en sus derretimientos; y grande fue la preocupación de mi corazón, para no poder perder de ninguna manera ni abusar este poder, ni dejar ninguna cosa mala en nuestra mente, para ser traicionado por él. Yo sabía que si suprimía todo lo que era malo, crecería en la sabiduría sensata y un verdadero entendimiento, incluso esos misterios de los cuales el mundo era ignorante; porque el Hijo de Dios al haber venido, fue él quien nos dio el entendimiento, para conocerle a él quien es verdadero, como dijo Juan en el tiempo antiguo, en su primera epístola, y él nos hizo a nosotros sabiduría, como dijo Pablo, 1 Cor 1:30. A menudo observé, y eso con gran cuidado y diligencia, cómo estaba mi propio espíritu en esas temporadas benditas y agradables, en las cuales en Señor apareció tan maravillosamente entre nosotros, y llenó nuestros corazones con la majestad gloriosa de su poder, si es que [mi espíritu] estaba sujeto, como debía estarlo, o no; porque yo claramente ví que el enemigo podía seducir y llevar a las alturas, y hacia el orgullo y vanagloria en eso, de lo cual el alma pronto podía ser privada, si no se mantenía humilde; porque el Señor le enseña a los humildes, y a los mansos él guía en el juicio.

Así, en los gozos más grandes, ví que había una necesidad de que guardáramos un cuidado y un temor; porque como aquellos que llegaron a ser perezosos, ociosos, y descuidados en la espera del poder en una reunión, se sentaron sin el sentido de ello en un estado muerto, seco y estéril; aún aquellos que no fueron diligentes en mantenerse humildes y sensibles, y así tener en mente la naturaleza de la obra del poder, y el estado de su propio espíritu bajo el ejercicio del poder, y también para velar en contra de la sutileza del enemigo (quien está esperando para traicionar), ellos fácilmente podían ser descarriados fuera del camino del poder por el forastero, aún mientras el poder estaba obrando, y el gozo estaba en el corazón. Así por falta de verdadero temor y cuidado, puede el alma llegar a una pérdida antes de estar conciente; y yo creo que algunos han hecho esto, y pueden escasamente encontrar la razón de esto. Grande es el misterio de la piedad, se puede decir verdaderamente, incluso el gran misterio del que escribe Pablo en primera de colosenses, "Cristo en vosotros, la esperanza de gloria;" y a medida que él está allí, grande es el misterio de su obra por medio de su Espíritu, para abrir y aclarar los entendimientos de todos los que correctamente le esperan. Es el alma la que está en la santificación y unidad con la vida y la verdadera unción, que llega a ser el sacerdote, y así del sacerdocio real, escogido y elegido en el pacto de Dios, y eso llega correcta y legítimamente a comer de esas cosas sagradas, y así participar del alimento santificado. Esto observé; y por lo tanto así no se acerca el forastero; y esto fue representado en la figura—"El forastero no debía comer de la Pascua." Exo 12:43; y el mandato de Dios fue a Aarón por medio de Moisés: " Ningún forastero podrá comer de lo que es sagrado," Lev 22:10.

Y nuevamente Salomón dijo: "El corazón conoce la amargura de su alma, y el extraño no se entremeterá en su alegría." Prov 14:10. Mucho más se puede decir, pero este es el asunto,— es sabiduría para el corazón que ha conocido su propia amargura en el juicio y angustia, y por medio de ella ha llegado hacia la paz y el gozo, guardarla allí y no dejar aquello que no quiere tomar parte de ella, interfiera con el gozo; porque si lo hace, pronto derrocará el gozo del alma, y llevará a otro estado; y después no tendrá más piedad en el día de la angustia, que los judíos tuvieron por Judas, cuando ellos le dijeron: "¿Qué nos importa a nosotros? ¡Eso es asunto tuyo!;" después que había traicionado a su Maestro.

Yo continué, como he dicho antes, por estos cuatro años, mayormente siguiendo mi llamado externo, y atendiendo y esperando al Señor en la obra de su santo poder en mi corazón, tanto en reuniones como en otras ocasiones, donde quiera que estuviere o lo que fuera que tuviera que hacer, hallé que a medida que mi corazón era guardado cerca del poder, me mantuvo sensible, blando, y viviendo. Y además encontré, a medida que era diligente al buscarla, que había un flujo dulce y constante, que corría suavemente en mi alma, de paz divina, placer, y gozo, que excedía mucho todos los otros deleites y satisfacciones; y esto llegó a ser el gran entablador de mi alma para velar con tal diligencia, porque encontré que el amor de Dios me constreñía. Y además, observé, que si lo descuidaba, o dejaba que mi mente siguiera según cualquier otra cosa aparte de lo que debía, y así me olvidaba de esto, comenzaba a ser como un extraño; y ví que pronto podría perder mi interés en esas riquezas y tesoro, y en la verdadera comunidad del Israel espiritual de Dios, que Cristo había comprado para mí, y me había dado a probar para heredarla. Siendo así consciente de la sabiduría de Dios, que era de lo alto, y celestial, y no de abajo, ni terrenal, fui preservado, y ayudado, y socorrido en el tiempo necesario. Y debido a las bendiciones y ricas misericordias del Señor que mi alma gozó, estuve dispuesto a servirle en lo que pudiera; y con gusto recibí sobre mí una parte de esa preocupación que llegó a ser apropiada para mí, con otros, para que nosotros la tomáramos en la iglesia; para poder llegar a ser útiles en todas las cosas necesarias.

Así continué en la comunión santa del evangelio de vida y salvación, con el resto de mis hermanos y hermanas; y muchos días gozosos tuvimos juntos en el poder del Espíritu Santo, el cual continuó rica y misericordiosamente entre nosotros, y fue diariamente derramado entre nosotros; de manera que aun crecimos en favor con Dios, y en unidad los unos con los otros, y recibimos diariamente fortaleza del Señor, y un aumento de su sabiduría y Espíritu divino, el cual nos consoló grandemente. En este nuestro agradable estado yo me acuerdo muy bien, mi corazón estuvo satisfecho, y establecido en el contentamiento, donde estuve dispuesto a morar. Pero el Señor quien me había tratado con tanta misericordia, como he dicho, comenzó a despertar mi corazón por medio de su Espíritu, para que me levantara y saliera en la fuerza de su palabra, y declarara en contra de los asalariados quienes se alimentan a sí mismos y no al pueblo, y que mantuvieron a la gente en ignorancia de esas cosas buenas, de las cuales él me hizo a mí testigo junto con otros. Y cuando la palabra del Señor vino a mí con este mensaje, llegó a ser un gran ejercicio para mí; y yo de buena gana lo hubiera reuído, y hubiera morado en ese caso, paz y placer a los cuales el Señor me había llevado; pero no hubo nada sino obedecer al Señor, y dar todo para hacer su voluntad. Pronto llegué a saber esto, porque estaba seguro que era la palabra del Señor; y entonces me rendí en espíritu, y anhelé el día en el que yo pudiera librarme de la carga que estaba sobre mí; porque grande era el temor y la majestad del poder de la palabra de vida que vivió y, como fuego, quemó en mi corazón, de modo que no me pude quedar.

Cuando llegó el primer día de la semana, en obediencia a la palabra del Señor, fui a Aspetry, el lugar al cual el Señor me había enviado antes, para hablarle a un tal Warwick, quien era sacerdote. Cuando llegué, él estaba predicando en la iglesia de ellos, quien, poco después que entré con un amigo que me acompañaba, comenzó a hacer algunas preguntas sutiles para provocarnos a hablar, para que él pueda tener una oportunidad de causar que nos arrastraran hacia afuera, y que seamos enviados a la cárcel; pero yo determiné no hacerle caso a su tentación, sino esperar al Señor. Cuando él no pudo prevalecer con sus preguntas para conseguir su fin, le habló al guardia para denunciarnos, quien contestándole, le pidió que siguiera, y dijo: "ellos no nos molestan." Entonces el sacerdote continuó y terminó su sermón. Cuando había terminado, yo comencé a hablarle a la gente; pero el sacerdote se fue, y la gente me apuró para que saliera, y me mantuvieron separado del sacerdote, de manera que no puede hablar con él esa mañana. Entonces me fui con mi amigo, y pensé regresarme a casa; pero inmediatamente después que me fuí de ese pueblo, la ira y el desagrado del Señor en su palabra surgió espantosamente en mi corazón, y una horrible maldición estuvo dentro de mí por lo mismo, — maldito aquel que hace la obra del Señor negligentemente. Después vi como yo había dejado que entrara un temor dentro de mí, porque yo había evitado al sacerdote y lo había dejado ir, por temor de ser enviado a la cárcel por hablarle, ya que la ley era así en esos días, de que cualquiera que molestara a un ministro, como ellos lo calificaban, debía ser enviado a la cárcel. Cuando me di cuenta de mi debilidad con respecto a esto, que yo le había hablado a la gente, y había dejado ir al sacerdote, en contra de quien se me dio una maldición, entonces tuve mucho temor, y mi corazón estuvo lleno de temor, y una dolorosa maldición [prevalecía] todavía en mí, maldito aquel que hace la obra del Señor negligentemente. Entonces no supe qué hacer, porque la ira del Señor estaba sobre mí; y otra maldición de la misma palabra resonó en mi corazón, diciendo: Babilonia ha pecado, todos los que entesáis el arco. Tirad contra ella, no escatiméis flechas; porque ha pecado. Cuando me sucedió esto, y vi que no había sido fiel, sino que no había cumplido mi servicio, después que había llegado tan lejos hasta el terreno común [los terrenos públicos para el pastoreo] sobre Plumland, me senté; y allí lloré ante el Señor, ante quien me había afligido tanto; y humildemente deseé del Señor que él me diera libertad para ir otra vez a cumplir el mandato, para que pudiera estar en paz con él otra vez; y después de eso, dejar ir la vida exterior o la libertad, la cual yo no valoraba. Por lo tanto, esperándolo a él en este estado humilde e inclinado de espíritu, la palabra de vida surgió en mí otra vez, y abrió mi corazón, y me confirmó que "debía ir." Entonces me levanté con audacia, y fuí con rapidez, hasta que llegué a la iglesia. El sacerdote estaba predicando otra vez en la tarde, así que entré y me paré delante de él, hasta que él había terminado; y entonces mi corazón estuvo lleno de paz, y determiné en el nombre del Señor no dejarlo ir, sino que hablar la palabra del Señor fielmente, sin importar lo que pudiera sufrir por causa de ella; porque comparando de allí en adelante, yo ya no valoraba la vida ni la libertad. Por lo tanto cuando había acabado, le hablé lo que el Señor puso en mi boca; él inmediatamente se fue y no me dio respuesta, pero yo lo seguí rápidamente, y clamé tras de él, que regresara a mí en el cementerio; y después aclaré mi conciencia ante él, y tuvimos una gran disputa, porque yo no lo dejé ir; al final él se fue, y ya no se quiso quedar. Entonces le hablé a la gente, y aclaré mi conciencia entre ellos; después de lo cual me fui en paz, y mi corazón estaba lleno de indescriptible gozo, y mi alma con alegría. Entonces ví que era bueno ser fiel al Señor, y confiar en él, y obedecer su voz; y llegué a sentir y ver más y más el estado miserable y temible en el que estaban los sacerdotes y los asalariados, quienes por su propia ganancia terrenal hicieron mucha mercancía del pueblo. Aunque ellos fueron defendidos por las leyes de los hombres, yo hallé que estaban en la transgresión de las leyes de Dios, y estaban en los caminos de Caín, Coré Balaam, en envidia, y aun rebeldes en contra de la verdad, y amadores de las ganancias de la injusticia, así como escribieron Pedro y Judas, y en contra de lo cual clamó Judas. 2 Pedro 2:15, Judas 10-12.

Algún tiempo después, fui inspirado por el Espíritu del Señor a ir a Lorton, a hablar con un tal Fogoe, un sacerdote, quien estaba predicando al pueblo en su iglesia; y me quedé hasta que él había terminado. Él afirmó en su predicación al pueblo, que tanto él como ellos estaban sin la vida de la ley y el evangelio. Entonces yo hablé con él, y le pregunté qué tenía él para predicar, o para orar, y quién estaba sin la vida de la ley y del evangelio. Pero después de unas pocas palabras, él cayó en una ira y suscitó al pueblo, y ellos cayeron sobre mí, y me sacaron de la casa, y me golpearon, y el sacerdote amenazó ponerme en el cepo. De modo que me fui; y ese día dos semanas después fui inspirado a ir otra vez a hablar con el mismo sacerdote en Loweswater, el distrito donde yo vivía en ese entonces. Cuando entré, y el pueblo comenzó a mirarme, y tomar nota, el sacerdote les pidió que me dejaran tranquilo; si yo me quedaba en silencio él conversaría conmigo, cuando terminara. De modo que me quedé quieto y en silencio, esperando al Señor. El sacerdote se preparó para orar, pero cuando vio que yo no me quité el sombrero (porque no lo podía hacer, debido a que no podía unirme con él en sus oraciones muertas y sin vida), en vez de orar él vociferó en contra de mí, y dijo que yo no debería estar allí en esa postura. Por fin hablé con él, y le pregunté qué tenía él para orar, quién estaba sin la vida de la ley y el evangelio; pero él continuó llamando al pueblo, para que me sacaran; de manera que al final, ya que mi padre estaba allí, y descontento conmigo por molestar a su ministro, él mismo vino y me sacó de la iglesia, y estaba enojado conmigo. Yo me quedé en el cementerio hasta que el sacerdote y el pueblo salieron, y después fui a él y hablé con él otra vez; pero él pronto comenzó a estar airado, y a amenazarme con el cepo, y se fue. Entonces estuvo tranquila mi conciencia ante el pueblo, acerca de lo que yo tenía que decir, y así me fui con gran paz en el Señor. No mucho tiempo después, en el mismo año, fui inspirado por el Señor por medio de su Espíritu a ir a Brigham, a hablar con un sacerdote que se llamaba Denton; él estaba predicando al pueblo en la iglesia, y su sermón, el cual él había preparado de antemano, tenía muchas acusaciones falsas, mentiras y calumnias en contra de los Amigos, y los principios de la verdad. Me quedé hasta que él había terminado, y después hablé con él, pero recibí poca respuesta; pero inmediatamente algunos de sus oyentes cayeron sobre mí, y me golpearon con sus biblias, y con una vara o varas, mientras me echaban fuera de la iglesia, y también fuera del cementerio, de modo que al día siguiente estaba adolorido por causa de los golpes. Entonces el sacerdote mandó al guardia a asegurarme y a un Amigo que estaba conmigo; y al día siguiente le dijo que nos llevara a Launcelot Fletcher de Tallentire, quien emitió una orden para nosotros, y así nos envió de guardia en guardia, a la cárcel común, en Carlisle, donde yo fui prisionero por vientitrés semanas.* Y cuando escribí un documento al sacerdote, en el cual respondí a sus acusaciones falsas, y se lo envié por medio de un Amigo, él no quiso leerlo, sino, como se me dijo, lo puso en el fuego y lo quemó.

* El siguiente parece ser el documento al que se hace referencia.

Para los sacerdotes en Carlisle, y sus seguidores.

USTEDES que se ponen de pie para enseñar al pueblo, contemplen al pueblo a quien le enseñan, y vean lo que ellos traen; tales frutos como nunca se presentaron entre aquellos que fueron enseñados por Dios, ni por alguien a quien él haya enviado. Pero el pequeño efecto de sus enseñanzas sí traen a Dios, evidencias de su rostro, de que ustedes no son enviados por él, sino que corren, y el Señor no los envía; por lo tanto el pueblo no se favorece nada con ustedes, sino que los frutos de la injusticia todavía están entre ellos, y no se han acercado a Dios, ni si han salido de sus pecados por todas las enseñanzas de ustedes. Porque se encuentra la persecución en algunos, y orgullo y ebriedad, y burlas, y mofas, y reproches de los que temen a Dios, quienes parecen ante ellos que los siguieran a ustedes. Oh considérenlo, ustedes que toman en su mano la tarea de enseñarle a este pueblo; ¿acaso alguna vez algún ministro de Cristo tuvo tales cristianos? Considérenlo; ¿acaso se encontró la persecución entre los santos? ¿O acaso ellos encarcelaron a alguien? Muéstrenme un ejemplo en las escrituras de eso, si es que hay alguno. ¿O acaso los apóstoles tuvieron como cristianos a los que persiguieron? ¿No eran ellos enemigos de la verdad, quienes persiguieron y encarcelaron? ¿Y acaso no fueron los santos en contra de quienes surgió la persecución? ¿Y acaso no sufrieron persecución los apóstoles? ¿Acaso no eran ellos enemigos de Cristo quienes los persiguieron? ¿Y acaso no son enemigos de Cristo los que persiguen ahora? ¡Oh! ¡que ustedes consideraran, y vieran de qué generación son ustedes, y qué frutos ustedes producen! Si es que ustedes y sus seguidores llevan los frutos de los ministros de Cristo y los santos, o si llevan los frutos de los falsos profetas, y de la multitud grosera y generación perseguidora quienes persiguieron a los justos. Porque desde el comienzo los justos fueron perseguidos, incluso desde Abel; pero nosotros nunca leímos que los justos hayan perseguido a alguien, sino que siempre fueron los que sufrieron. Por lo tanto es evidente que los que persiguen y encarcelan, son dejados fuera de la vida de aquellos que nos entregaron las escrituras, y son hallados en los pasos de quienes eran los enemigos de la verdad, y persiguieron a aquellos que vivieron en su vida. Ustedes que se proponen el enseñarle al pueblo de esta ciudad, vean su rebaño y miren qué frutos algunos de ellos traen. Sin embargo, por todas estas enseñanzas de ustedes a ellos, ustedes no los han llevado a tanta moderación y amor, como las que estaban en Félix, quien mandó a un centurión a cuidar a Pablo, y a dejarle que tuviera su libertad, y que él no debería prohibirle a nadie que él conociera de que ministrara o viniera a él. Pero no encontramos tanta moderación o amor entre ustedes, quienes dicen que son cristianos; porque somos mantenidos en la cárcel, y a nuestros amigos no se les deja venir a nosotros. Oh, sean avergonzados ante su rebaño, ustedes maestros, que por todas sus enseñanzas, no los han llevado hasta ahora a la moderación y el amor, como estaban aquellos que persiguieron a los apóstoles y los santos; y entonces ellos deben estar lejos de ser verdaderos cristianos. Pero ustedes son malos ejemplos para ellos; porque muchos de ustedes, quienes son maestros, hacen que los inocentes sean echados en la cárcel, y perseguidos; y así ustedes se manifiestan por sus frutos, que no están en la misma vida en la que estaban los apóstoles, quienes siempre sufrieron, y nunca persiguieron a nadie. Por lo tanto consideren bien esto, ustedes maestros, que su rebaño no es un rebaño de ovejas y corderos; sino que la naturaleza de lobos aparece entre ellos, cuyas bocas están abiertas en contra de los inocentes, quienes viven en la naturaleza del cordero. ¿Acaso entonces no son ustedes aquellos que corren y en Señor nunca los envió? Quienes no son nada de provecho para el pueblo, quienes de vez en cuando se paran para enseñarles, y sin embargo ellos permanecen en su vieja naturaleza, no son cambiados de su antigua conversación. ¡Oh paren! Al ver que ningún fruto es llevado ante Dios por toda su obra. ¿Acaso no enseñan ustedes por el amor al dinero? ¿Y acaso no van ustedes tras la lana más que el rebaño? ¿Acaso no van de un lugar a otro para obtener recompensas? Dejen que aquello que es de Dios en nuestras conciencias responda. ¿Acaso no es esto lo que ciega sus ojos, para que ustedes no vean de qué generación son ustedes, cuando ustedes leen las Escrituras? Lo cual testifica quienes son aquellos que persiguieron, y quienes eran los que persiguieron en ese entonces, en los días de los apóstoles. Escudriñen las escrituras, y vean si los perseguidores eran los santos de Dios en esos días. Y si el camino no es el mismo ahora en nuestros días, ¿sí o no?

De uno que ama sus almas, quien está sufriendo con ataduras externas en la cárcel común en Carlisle, por causa de la verdad.

Juan Burnyeat

Mientras estaba en la cárcel, algo me llegó desde Escocia; pero siendo prisionero, y todavía no profundamente familiarizado con el camino y la obra del poder del Señor y su Espíritu en relación a tal servicio, grande fue el ejercicio de mi espíritu bajo el cual yo estaba; y por falta de experiencia y un buen entendimiento, yo fui tragado y por un tiempo muy estuve perdido en la profundidad; donde grande era la angustia de mi alma, de manera incomprensible. Pero el Dios misericordioso por su brazo poderoso, y sanación, Palabra de vida de salvación, restauró y sacó mi alma de la profundidad, donde estuvo sepultada por un tiempo; y él renovó la vida y el entendimiento, e hizo que la luz de su rostro brillara, y la dulzura de su paz surgiera; para que yo pueda decir verdaderamente que él hizo que los huesos que él había quebrantado se regocijaran. Y cuando él hubo entonces aplastado y humillado, y me hubo dejado ver cómo él podía hacer todas las cosas como nada otra vez, y así esconder toda la gloria del hombre, entonces su bondad fue revelada en su gloria, y poder, y presencia, y vida resucitadora, y así abrió en mi entendimiento su buen placer, el cual con toda preparación y disposición de mente yo me entregué, en mi corazón y espíritu. Y después de haberme quedado alrededor de veintitrés semanas en la cárcel, recibí la libertad; y fui a casa, y seguí mi llamado externo ese verano, y crecí más y más en el entendimiento de la mente y la voluntad del Señor, en aquello en lo que tuve la vista mientras estaba en la cárcel. Y al continuar reuniéndome y esperando al Señor en un verdadero esfuerzo del espíritu, después de conocerlo más, y disfrutar más de su poder y palabra, crecí no sólo en entendimiento, sino también en un grado de fortaleza y habilidad apta para responder a ese servicio, al cual el Señor me había llamado.

Por lo tanto, en la fe que estaba en el poder de Dios, alrededor del comienzo del octavo mes, de 1658, me fui de viaje a Escocia; y viejé en esa nación por alrededor de tres meses, y estuve tanto en el norte como en el oeste, llegando hasta Aberdeen en el norte, y después otra vez a Edinburgh, y llendo al oeste hacia Linlithgow, Hamilton, Ayr, y llegando a Port-Patrick; y después otra vez a Ayr y Douglass. Nuestros servicios fueron n sus iglesias, y mercados, y otros lugares, donde nos reunimos con pesonas; y a veces en reuniones de los Amigos, donde fueran. Nuestra obra era llamar al pueblo al arrepentimiento, fuera de su profesión hipócrita y sin vida y sus formalidades muertas, en las cuales ellos estaban establecidos en la ignorancia del Dios verdadero y viviente; y así para llevarlos hacia la verdadera luz de Cristo Jesús en sus corazones; para que ellos puedan llegar a conocer el poder de Dios, y así llegar a conocer la remisión de pecados, y recibir una herencia entre los santificados. Habiendo terminado en esa nación, regresamos a Inglaterra, y fuimos por agua a Bowsteadhill el primer día del onceavo mes, de 1658.

Después que regresé a casa, seguí mi ocupación otra vez hasta el tercer mes de 1659; y entonces me fui de viaje a Irlanda, de acuerdo a lo que se me había inspirado en la verdad, cuando estaba en Escocia; [esta inspiración] creció en mí por medio de la fortaleza del que da crecimiento y la palabra de vida, mientras me quedé en mi llamado en la casa, y fui a las reuniones. Porque el Señor a menudo llenó y enriqueció mi corazón y mi alma con su poder glorioso, y así me santificó y me preparó para aquello que él puso ante mí. Porque a menudo en espíritu fui llevado allí, y lo tuve sellado en mí, que yo debía ir a esa nación a servir al Señor, y dar testimonio de la Verdad, y llamar al pueblo al arrepentimiento, y sostener el camino de vida y salvación ante ellos. Esperé hasta que llegó la plena temporada, de acuerdo al bendito consejo de Dios, en el cual yo hallé su poder guiador conmigo, y que iba ante mí; y en el momento que mencioné anteriormente, me fui de viaje a Whitehaven, y desembarqué en Donaghadee al norte de Irlanda, y viajé a Lisburn, y así hasta Lurgan, y a Kilmore en la región de Armagh, y así de allá para acá en el norte durante un tiempo entre Amigos, y tuve reuniones. Y mucha gente vino a las reuniones, y muchos se convencieron y se acercaron a Dios alejándose del mal y la vanidad de sus caminos. De allí viajé a Dublin, y de allí a Mountmellick, y así avancé a Kilkenny, y a Caperqueen, y Tullow, y a Cork, y Bandon; y de vuelta a Cork, y después a Youghal, Waterford, Ross, y a Wexford. Tuve reuniones mientras viajaba; y de acuerdo a esa habilidad que recibí de Dios, fui fiel y prediqué de la verdad y la fe verdadera de Jesús. De Wexford fui a Carlow y Mountmellick, y así hacia el norte, donde pasé algún tiempo.

Habiendo pasado por [el país,] y en el temor de Dios habiendo publicado su nombre y su verdad, como tuve la oportunidad, estuve dispuesto a regresar a casa a Inglaterra; y para eso al intentarlo, vine a Carrickfegus; pero antes de que llegara allí, me vino la impresión de que debería regresar otra vez a Lurgan y Kilmore, y de allí a Londonderry. De manera que envié el pedido para que se organizara una reunión en Lurgan; y seguí hacia Carrickfergus, y tuve una reunión donde había mucha gente. Estuve libre de ellos en el temor del Señor, y después regresé a Lurgan, como había señalado. Allí me encontré con Roberto Lodge, recién salido de Inglaterra, quien tenía también el deseo en su corazón de ir a Londonderry; esto fue alrededor o al comienzo del séptimo mes del año 1659. De modo que Roberto Lodge y yo llegamos a estar ocupados en una obra, servicio, y viaje juntos, y estuvimos verdaderamente unidos en espíritu, en la unidad de la fe y la vida de Cristo, en cuya unidad bendita y comunión del evangelio del Hijo de Dios obramos y viajamos en esa nación de Irlanda por doce meses, después de que nos reunimos, no separándonos a menudo; aunque a veces fuimos movidos a separarnos por causa del servicio por un corto tiempo, y después reunirnos otra vez. El Señor nos dio una dulce concordia y paz en todos nuestros viajes; porque no recuerdo que estuviéramos incluso enojados o afligidos el uno con el otro en todo ese tiempo. Fuimos a Londonderry juntos; y cuando llegamos allí, pronto se descubrió qué es lo que éramos, y el pueblo no quiso recibirnos, ni dejarnos alojar allí con nuestro dinero. Estuvimos en su gran iglesia el primer día de la semana, y tuvimos mucho tiempo entre el pueblo para declarar la Verdad; pero al final el alcalde envió a sus oficiales, quienes no quisieron permitir que nos quedáramos allí más tiempo, sino que nos forzaron a salir de la ciudad, hacia el barco, y le mandaron al barquero que nos llevara, y no nos trajera de vuelta. Estando liberados, nos fuimos de viaje a Colerain, y de allí al Grange, y a Antrim y Lurgan, y así entre Amigos en el norte. Después de un tiempo nos fuimos de viaje al sur, y viajamso por una gran parte de la nación, hacia Dublin, Mountmellick, y a Athlone, y Galway, Limerick, Cork, y Bandon, y así por todo el sur, y otra vez hacia el norte. Así pasamos el tiempo con diligente labor y duros viajes, a menudo en el frío, con hambre, y privaciones en ese país, el cual estaba en ese tiempo dehabitado en muchas partes. Estuvimos en la cárcel varias veces; una vez en Armagh, una vez en Dublín, dos veces en Cork; aparte de otros abusos que recibimos de muchos, por causa de nuestro testimonio el cual tuvimos que dar por el Señor, en sus ciudades y en sus iglesias, y en contra de sus sacerdotes asalariados, quienes buscaban su recompensa, y amaban la ganancia de la injustica, como Balaam; y peor que él, forzado a alejarse del pueblo, como los hijos de Elí, cuyo pecado fue muy grande. 1 Sam 2:16, 17.

[La siguiente epístola fue escrita alrededor de este tiempo.]

Clanbraiol, Irlanda, el día 4 del cuarto mes, del año 1660.

ESTIMADOS AMIGOS,—Con tierno amor yo los saludo a todos, quienes son fieles al Señor, sin hacer distinción de personas, en cuyas vida y amor yo los siento, en lo cual mi corazón se abre hacia ustedes, y con quienes soy consolado diariamente en Cristo Jesús, la fuente y manantial de vida y consuelo; quien es nuestra Roca y refugio diario, hacia quien nosotros huimos y estamos seguros en el día de tormentas y tempestades, cuando surgen las inundaciones, y las olas rugientes del mar crecen y golpean. Sin embargo en la Luz tenemos un escondite seguro, y una habitación segura y pacífica, en contra de la cual ellos no pueden prevalecer, a medida que permanecemos en el Señor allí, cuyo amor hacia nosotros ha abundado, y abundará, y nosotros permanecemos en él, a lo cual su amor alcanza, lo cual es su propia semilla; y lo cual él ha levantado en nosotros por su propio poder y brazo extendido; en el cual los problemas de la vida y el amor son conocidos y recibidos. Por lo tanto, mis estimados amigos, manténganse en esto, y siéntanlo continuamente; para que ustedes estén frescos y vivos, y abiertos de corazón, siempre en la Vida, para que nada que pueda cubrir a esa semilla pueda entrar, y oprimirla; porque eso detendrá el tema del amor de Dios, que es compartido en el exterior, y se está esparciendo en el exterior en los corazones de todos los fieles, en lo cual nosotros en la abundancia de su amor hemos participado ricamente. Por lo tanto, como una persona que con ustedes ha sido partícipe del rico y eterno amor de Dios, los exhorto, queridos amados, a continuar en su amor, y a permanecer fieles en la Vida, para que la muerte no pueda otra vez pasar sobre ninguno; sino que la vida que Dios ha levantado, pueda sentirse, y pueda ser la regla en cada uno de nosotros, sobre aquel que tiene el poder de la muerte, para su adoración y gloria, quien nos ha redimido, en lo cual consuelo, fortaleza y refrigerio se reciben diariamente de Él, quien es la vida y la fortaleza de todos los que esperan en Él, y quien está cerca para guardarlos a todos los que son rectos en su amor hacia Él. Aquí tenemos audacia, creencia, que ni la tribulación, ni la aflicción, persecución, ni la angustia podrán separarnos del amor de Dios, el cual disfrutamos en Cristo Jesús, aunque podemos permitir que nos vengan grandes cosas, como es en este día, para probarnos; ni todavía separarnos los unos de los otros, ni de romper nuestra unidad en el Espíritu, en la cual nosotros nos sentimos y disfrutamos los unos de los otros. En el cual, mis estimados Amigos, los tengos frecuentemente en mi memoria, para mi gozo y alegría del corazón: porque ustedes en el Señor sin mi gozo muchas veces, cuando todos los otros consuelos sin quitados de mí; pero sólo eso, en lo cual yo los siento y los disfruto, en lo cual nuestra unidad, vida y amor perduran, y en lo cual yo permanezco.

Vuestro hermano en mi medida recibida,

Juan Burnyeat

Habiendo viajado y obrado en el evangelio juntos por doce meses, y ya que muchos han sido convencidos y reunidos en la Verdad, nos liberamos de nuestro servicio allí, y en el séptimo mes de 1660, nos embarcarmos en Carrickfergus, y planeamos ir a Whitehaven en Inglaterra; pero por causa de vientos contrarios fuimos llevados a Kirkowbry en Escocia, y de allí llegamos por tierra a Cumberland, y a Cockermouth. Yo regresé otra vez a mi llamado externo, y lo seguí, y asistí diligentemente a las reuniones; porque todavía era mi deleite hacerlo, y allí ser diligente en esperar al Señor; porque yo siempre hallé que allí recibí un aumento de fortaleza, vida y sabiduría del Señor. A medida que encontré cualquier inspiración sobre mí del Señor para ir a cualquier reunión en el exterior, ya sea en nuestro país o cualquier otro, fui y me liberé, a medida que el Señor nos dio la habilidad; y regresé otra vez a mi llamado, y así a nuestra reunión, donde yo me deleité al esperar en silencio al Señor. Porque yo amaba eso mucho debido a que encontraba un crecimiento interno en eso, por medio de las enseñanzas e inspiraciones de su Espíritu en mi corazón; y cuando algo se abría en mi para hablar en nuestra reunión, yo me daba por vencido en la mayoría de los casos, aunque a veces estaba listo para apagarlo por medio del retraso, pero eso era doloroso; y crecí en eso gradualmente, y aumenté en la fe y santa confianza más y más.

El propósito de este sitio es enseñar cómo vivir
libre de pecado
al beneficiarse de poder de Dios que produce cambio por medio de la cruz
que lleva a la unión con Dios en su Reino.


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