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VIDA Y TESTIMONIO CRISTIANO

DE ESA FIEL SIERVA DEL SEÑOR

ELIZABETH STIRREDGE
(1634-1706)

QUIEN DEJÓ ESTA VIDA, EN SU CASA EN HEMSTEAD, EN HERTFORDSHIRE,
EN SU SEPTUAGÉSIMO SEGUNDO AÑO DE VIDA. ESCRITO POR SU PROPIA MANO.

Engañosa es la gracia y vana es la hermosura;
      la mujer que teme a Jehovah, ella será alabada.

Proverbios 31:30

Prefacio del editor del sitio

No todos los cuáqueros eran evangelistas viajeros. Muchos sirvieron a Dios en sus lugares, y nunca dejaron sus hogares y ocupaciones. Elizabeth Stirredge era madre y esposa, quien crió a sus hijos mientras sirvió a Dios con valentía en su asamblea de Amigos y en su comunidad. Ella es un ejemplo sobresaliente de una mujer piadosa, fiel al Señor, madura en Cristo, y valiente por la justicia y la verdad; una madre en Israel, y una anciana digna y fiel en la iglesia de Cristo en su tiempo. Como una buena madre, ella deseó grandemente que sus hijos caminaran en el camino de Dios, como ella había hecho; este es un testimonio de recordatorio para sus hijos de todas las cosas que Dios había hecho por ella. Es una lectura breve, pero un registro muy excelente de logro cristiano, valor, y consejo sabio.

 

PREFACIO

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Así como la memoria de los justos es bendecida, así también hay una justicia debida a sus memorias para los que caminaron en el camino de los justos la cual es como una luz resplandeciente y son los bendecidos los que mueren en el Señor. Ellos reposan de sus labores y sus obras les siguen a su recompensa en el reino de los cielos. Además, ellos son recordados por el ejemplo y la admonición en aquellos que dejan atrás. Esto es ya sea al publicar las memorias de sus propias vidas, cuando ellos las dejan; o donde esto es necesario, al conmemorarlos de acuerdo al ejemplo de las santas escrituras. El siguiente relato de sus labores y sufrimientos por Cristo, escrito por uno de los primeros discípulos en el día del evangelio, hace innecesario decir mucho de la autora, ya que su propio libro es suficiente memoria de ella y lo que ella era. Sólo como una introducción necesaria a su propio informe, yo tengo lo siguiente para proporcionar acerca de ella.

La conocí por muchos años, porque ella era de mi sección del país. Y este testimonio vive en mi corazón con respecto a ella, que ella era una mujer ejercitada religiosamente, siempre buscando las mejores cosas, y por medio de la bondad de Dios encontró a aquel que su alma amó. Ella soportó muchos ejercicios profundos interior y exteriormente por espíritus contrarios que se oponían a la obra de Dios y sus siervos y siervas. Ella dio un testimonio fiel a medida que el Señor lo puso en ella y abrió un camino para ella, al ser ella una verdadera doliente en Sión por las abominaciones de los tiempos. Ella tenía un testimonio sólido y agradable por la verdad que ella recibió temprano y fue fiel y diligente de acuerdo a su don, y era bien estimada por su servicio por los de corazón honesto en Bristol y sus alrededores y en Chew-magna, en el condado de Somerset y en las regiones adyacentes, donde su servicio tuvo lugar hasta que ella y su esposo y familia se mudaron a Hemstead en Hertfordshire en el año 1688. Ella se quedó en mi casa en Londres, donde ella fue a la reunión anual, y yo fui a menudo reconfortado con su testimonio agradable y al encontrar que la presencia del Señor era tan fresca en ella en sus últimos días. Después de varios años de vivir en Hemstead y trabajar y servir allí, ella murió en el Señor en el año 1706 y septuagésimo segundo de su vida y sin duda ha entrado en el reposo.

Los siguientes documentos fueron en algún momento puestos en mi mano para leer detenidamente, al estar principalmente dentro del alcance de mi conocimiento, especialmente esa parte en relación a su encarcelamiento en Ivelchester, debido que yo era entonces un prisionero allí por el testimonio de la verdad en el tiempo del gran encarcelamiento por asistir a las reuniones en el año 1683. Ella fue tomada en la reunión de Chew-magna junto con casi treinta más y enviada a la cárcel por el malvado perseguidor y bajo el alguacil del condado, John Helliar de Bristol, por instigación del sacerdote de la parroquia, y ambos fueron después cortados por la muerte. El sacerdote, que se llamaba Cross, murió inmediatamente, en una manera muy notable, como se detalla más adelante. Helliar también fue golpeado con gran terror y horror en la mente por la violencia que él había cometido hacia el pueblo de Dios en esa ciudad; él mantuvo hombres para vigilar con él día y noche por temor que el diablo se lo llevara, como he sido informado de manera creíble que él expresó. Otro gran perseguidor que estaba allí era R. Oliffe quien hizo un gran botín* de los cuáqueros. Como yo oí, él clamó que estaba maldecido y que debía hacer una restitución a aquellos que él había perjudicado, lo cual nunca fue capaz de hacer. Y así ambos murieron miserablemente, junto con varios otros.

* El término botín se refiere a la toma de propiedad, bienes, muebles, animales — cualquier cosa que pueda ser llevada por aquellos que habían informado acerca reuniones ilegales, definidas como cualquier reunión religiosa (aparte de la iglesia de Inglaterra) de cuatro personas o más. Los informantes tenían derecho a compartir de una multa impuesta por las cortes, y entonces se les permitía incautar la propiedad de aquellos de quienes habían informado.

Se dice que esa persecución es un negocio tan económico que deja a hombres sin un amigo en el cielo o en la tierra. Oh, que otros pudieran tomar la advertencia a tiempo de los ejemplos de venganza divina para evitar tales cosas y no comportarse más de manera malvada. Porque así como los justos serán tenidos en memoria eterna, así también el nombre de los malvados se pudrirá, y dondequiera que el nombre de Helliar es mencionado este apesta, como también todos los nombres de los perseguidores.

He examinado detenidamente y puesto en orden el siguiente relato que he sido consolado al leer, al ser un asunto de experiencia, advertencia, exhortación y consejo, escrito en un buen entendimiento de las cosas de Dios y los misterios de su reino. A lo cual es añadido un corto suplemento de los últimos catorce años de su vida coleccionados principalmente del informe de su hijo, con una epístola a los Amigos y una advertencia a otros, impresa formalmente, todo lo cual yo espero pueda ser de servicio a su posteridad y de beneficio a otros y que traerá gloria a Dios y consuelo y edificación de su pueblo, a quienes les recomiendo la lectura de esto con mucho amor y sinceridad, y toda la gracia de Dios que es capaz de edificarlos y darles una herencia entre aquellos que son santificados, lo cual, lector, es el sincero deseo de su verdadero amigo,

John Whiting

Londres, el día 21 del segundo mes, 1711

Hay testimonios adicionales con respecto a Elizabeth Stirredge al final de esta página.


LA VIDA DE ELIZABETH STIRREDGE

Al ver que el Señor se ha complacido de contarme como digna de viajar en el camino de Sión y lo he encontrado tan recto y estrecho, y tantos que han sido llamados y algunos que han entrado en él han ido hacia senderos y caminos torcidos otra vez, y he encontrado el efecto bendito de mantenerse en el camino derecho, por lo tanto tengo una gran preocupación en mi espíritu por mis hijos quienes están viniendo después de mi para que ellos no se olviden de mantenerse en el camino recto, donde sea que el Señor se complazca en llevarme alejándome de ellos.

Está en mi corazón, como mi Padre celestial se complacerá en asistirme, dejar un corto testimonio para mis hijos de algunos pasajes de mi vida y de la bondad del Señor hacia mi toda mi vida hasta este mismo día, lo cual es digno para tener en la memoria para siempre, y en reverencia al nombre digno y el poder del Señor se pronuncia, y él tendrá la alabanza de su propia obra para siempre.

En 1634, nací en Thornbury, Gloucestershire, de padres honestos. El nombre de mi padre era William Taylor y mis padres eran personas que temían a Dios y muy celosos en su día. Mi padre fue uno de aquellos llamados puritanos, y él profetizó de los Amigos muchos años antes que llegaran. Él dijo: "Hay un día que viene en el cual la verdad brotará gloriosamente, más gloriosamente que nunca antes desde los días de los apóstoles, pero no viviré para verlo." Él murió en la fe de esto siete años antes que los Amigos llegaran. Su vida honesta y casta está a menudo en mi memoria, y sus oraciones fervientes y celosas entre su familia no son olvidadas por mi. Mis padres me criaron en una manera estricta de modo que yo estaba muy alejada del mundo y sus caminos. En mis primeros años yo tenía un corazón triste y muy preocupado con temor interno, de qué sucedería conmigo cuando yo muriera. Y cuando mi destino era estar cerca de cualquiera que hablara groseramente y jurara o estuviera debilitado con bebida fuerte, yo temía pasar cerca de ellos. Cuando oía un trueno, ¡oh, el temor y terror que caía sobre mi! Y yo iba al lugar más privado que podía encontrar para lamentarme en secreto, pensando que el Señor traería venganza sobre las cabezas de los impíos. Cuando veía los destellos de un rayo, oh, yo pensaba, ¿dónde iré para esconderme de la ira del Dios temible y terrible? Así estaba yo poseída con la preocupación de mi alma. Y antes que tuviera diez años de edad, estaba tan llena con temores y dudas que no podía deleitarme en ninguna cosa de este mundo. Cuando crecí hasta llegar a los años más maduros, fui a oír a aquellos que eran considerados los hombres más religiosos, quienes vivían de acuerdo a lo que se les daba a conocer. Me deleitaba en oírlos y están en compañía de aquellos que hablaban de buenas cosas y discutían las escrituras, de Dios y Cristo, y de la gloria del cielo. ¡Oh! Cuán deleitable era para mi. Pero todavía no estaba satisfecha porque encontré que yo no era un testigo viviente de los estados y las condiciones en el que estaba el pueblo de Dios, en los días anteriores, y cómo alcanzarlos yo no sabía. Entonces me lamenté y dije en mi corazón, oh, que yo hubiera nacido en los días cuando el Señor habló a Moisés y los hijos de Israel, y con un poder alto y maravilloso sacó a su pueblo de Egipto a través del Mar Rojo para que yo pudiera haber sabido cómo caminar en el camino recto y hacer lo que el Señor requería de mi y estar en conocimiento y familiaridad con mi Creador; para que yo pudiera haber sabido cuando agradaba o desagradaba al Señor a quien mi alma amaba, pero no sabía como llegar a conocerlo. ¡Qué no hubiera dejado por el gozo del Señor y la seguridad de la salvación! Seguramente si fuera posible para mi haber gozado de todo el mundo, libremente lo hubiera dejado por la paz y la satisfacción de mi pobre alma angustiada que se lamentaba como si no tuviera esperanza. He pasado mucho tiempo y muchas horas sola, leyendo y lamentándome, cuando ningún ojo me veía ni oído me oía, ni yo podía encontrar consuelo en leer, porque era un libro que estaba sellado para mi. Entonces clamé y dije: "¡Oh! Que yo hubiera nacido en los días cuando nuestro bendito Salvador Jesucristo estuvo sobre la tierra! Cómo yo lo hubiera seguido y me hubiera sentado a sus pies, como hizo María. Cuán libremente podría haber dejado la casa de mi padre y todos mis parientes por la verdadera paz y seguridad de vida eterna para mi alma inmortal."

Bajo este ejercicio llegué a estar muy triste, tanto así que mi madre concluyó que yo iba a ser consumida, y grandemente temía mi muerte y me decía: "¿No puedes deleitarte en nada? Yo quisiera que caminaras en los campos con los jóvenes para recrearte y deleitarte en algo." Y para agradarle, había ido a veces, cuando estábamos fuera de nuestros trabajos, con jóvenes sobrios, pero no encontré consuelo en eso. Entonces entré en una costumbre de leer las escrituras sola en privado, leyendo y llorando, porque no sabía si el poder y espíritu celestial que estaba en los que habían escrito en las escrituras tenía dominio sobre mi. Y nada más sino la sustancia me daría verdadera satisfacción. Por lo tanto, las escrituras eran sólo un libro sellado para mi.

Entonces caí de rodillas y oré al Señor con mi corazón lleno de dolor y las lágrimas corriendo por mi rostro, y no podía pronunciar ni una palabra, lo cual me pareció muy extraño y me puso a pensar que no había nadie más como yo. Pero era la obra del enemigo persuadirme que no había nadie como yo y que porque no podía orar con palabras, como otros podían, y estaba bajo aflicciones, por lo tanto el Señor no tenía consideración de mi. Pero el enemigo es un mentiroso, porque el Señor estaba cerca de mi en todo ejercicio y quebrantó mi corazón y derritió mi espíritu, o de otra manera no hubiera sido así conmigo. ¡Oh! Mi alma ahora pueda contemplar su bondad, porque él estaba cerca de mi, aunque yo no lo sabía y pensaba que nadie era tan miserable como yo, cuando el enemigo intentaba derribarme y hacerme desesperar.

Verdaderamente fue la gran misericordia del Señor que me guardó de ello, porque mi aflicción era grande y muchas mis angustias, y el enemigo me seguía con tentaciones. Y yo quería información correcta con respecto a dónde podía encontrar mi fortaleza, lo cual era haber permanecido quieta y esperar en el Dios viviente por fortaleza para vencerlo. En vez de hacer eso, el enemigo me perturbó y me siguió con sus sutiles atracciones, a veces para alejar mi mente hacia las vanidades de este mundo y para deleitarme en adornarme con ropas finas para que yo pudiera parecer atractiva en los ojos del mundo. "Porque," dijo el enemigo, "con respecto a esta tristeza y aflicción bajo la cual estás, no redundará en ninguna ventaja ni consuelo. No estarás en ninguna estima entre tus vecinos. Por lo tanto, disfruta tu placer y descansa." Él es un mentiroso, y siempre lo fue desde el comienzo. Y, mis estimados hijos, no le crean si es su destino estar bajo tentaciones o ejercicios de alguna clase o cualquier camino que el Señor se pueda agradar en llevarlos para probar su fe y paciencia. El enemigo traicionará tantos como pueda. Por lo tanto, miren al Señor y manténganlo en su memoria y recuérdenle en sus mentes. Aunque ustedes no puedan pronunciar ni una palabra, sepan con seguridad que él está cerca para ayudar a sus hijos afligidos en todo tiempo.

¡Oh! Que yo hubiera sabido esto en los días de mi ignorancia, en mis años jóvenes y tiernos, cuando el Señor estaba obrando en mi corazón y yo no lo sabía. Por falta de entendimiento el enemigo me traicionó y me descarrió en esas cosas al yo oírle y a los jóvenes que eran mis vecinos en persuadirme que sería de gran beneficio para mi, porque yo era joven y no sabía a lo que podía llegar. Fui dejada por mi tierno padre, casi sin ningún amigo, y en mis angustias y aflicciones yo estaba dispuesta a tener un poco de reposo y consuelo.

Le presté oído al enemigo de mi alma y dejé a mi mente ir tras las ropas finas. Cuando fue sacado, no tuvo límites, y cuando me adorné tan finamente como pude, apenas me podía dar contentamiento, porque cuando había hecho algo nuevo y veía una segunda o tercera cosa, tenía tanto deseo de eso como de lo anterior, y así nunca estaba satisfecha. El mentiroso enemigo me había prometido reposo y paz, pero no lo podía dar. Él es un mentiroso y siempre lo fue. Mi alma está en enemistad con él. El Señor me guarde de sus trampas, y mi casa también para siempre.

Pero aunque él había descarriado así mi mente, el Señor no me dejó. Porque muchas veces tuve una preocupación con respecto a qué sería de mi. Y si en algún momento yo era llevada hacia el regocijo o la risa, sentía algo que golpeaba mi corazón y traía gran pesadez sobre mi espíritu. Yo no sabía qué era y raramente pensaba que era el Señor, quien siempre fue bueno y benévolo, amable, misericordioso y lento para la ira y que no deseaba que la gente fuera hacia la destrucción.

Raramente pensaba que él miraba tan estrechamente mis caminos, pero debido a que el Señor se ha complacido en abrir mis ojos, puedo mirar hacia atrás y admirar su bondad. Y bendito es su digno nombre y el brazo derecho de su fortaleza, él ha sido desde temprano mi guía y me ha guardado en gran manera de correr hacia el mal del mundo que grandemente atiende a los jóvenes. Me tomó de la mano y me guió en mis años tiernos cuando no lo sabía. Y si no hubiera escuchado al enemigo, mi condición hubiera estado bien. Tan pronto como él había llevado mi mente hacia el orgullo y a obtener deleite en ropas finas, ellos llegaron a ser mi carga.

Un poco tiempo después, en 1654, el Señor en las riquezas de su amor se agradó en hacer aptos y enviar a sus fieles siervos y dolorosos obreros, cuya industria él grandemente prosperó — dos hombres dignos de tener en la memoria, los estimados John Audland y John Camm. Y cuando oí el reporte de ellos, golpeó mi corazón con terror. Al oír de su sencillez, comencé a pensar: "¿Cómo me voy a rebajar para ir a oírlos?" Un poco tiempo después, hubo una reunión organizada por ellos donde tuve la fortuna de estar presente. El estimado John Audland estaba predicando, y tan pronto como oí su voz, me perforó. Cuando llegué a la reunión y oí su testimonio y contemplé su firme semblante, oh, cómo mi corazón fue afligido dentro de mi, tanto así que yo no sabía que sería de mi.

Después que la reunión se había terminado, me separé de mi compañía y viajé sola por dos millas de modo que nadie podía oírme, gimiendo ante al Señor. Y de la amargura de mi espíritu, dije: "Señor, ¿qué debo hacer para ser salva?" Hubiera hecho cualquier cosa para tener la seguridad de vida eterna y si el Señor se complacía de aceptarme en cualquier término, no importaba qué podría suceder con este cuerpo. Si yo hubiera podido encontrar una cueva en la que pudiera entrar, donde pudiera lamentarme el resto de mis días en dolor y no ver a nadie nunca más, pensaba que podría haber estado contenta. Pero si le agradaba al Señor abrir los ojos de mi entendimiento y llevarme por un camino que yo no conocía y comenzar la obra del primer día en mi corazón, la cual era "el Espíritu del Señor moviéndose sobre las aguas, y separando la luz de la oscuridad." Cuando la separación fue hecha, pude ver mi camino en la luz, la cual era la "luz para los pies de David, y una lumbrera para su camino," que ordena el camino correcto de todos si le prestan atención.

Sería demasiado tedioso revisar todo estado en particular, pero mis clamores más sinceros eran que el Señor me dirigiera por el camino correcto y creara en mi un nuevo corazón y renovara un espíritu recto dentro de mí. "Déjame ser para ti, oh Señor, lo que soy, y no para el hombre. Yo no tengo cuidado de este cuerpo exterior. Redime mi alma de la muerte, de esta horrible fosa en la cual estoy detenida como si estuviera en cadenas de oscuridad y pereceré para siempre si no lo haces, por tu infinita misericordia, ten compasión de mi e inclina tu oído hacia mis clamores, porque no puedo hacer nada más." Puedo decir verdaderamente que mi corazón estaba lleno de dolor, mis suspiros venían antes de comer, y las lágrimas eran como mi dolorosa comida. Cuando me acostaba, era en dolor y mojaba mi almohada con lágrimas antes de poder descansar. Y cuando despertaba, era con el temor del Señor sobre mi corazón.

¡Oh! Mi alma no puede hacer menos que magnificar al Dios viviente quien es digno de alabanza, honor y renombre, acción de gracias y obediencia para siempre. Y, ¿por qué es así? Porque él ha condescendido al estado más bajo de su sierva y ha inclinado su oído a mis oraciones y tuvo consideración de mis clamores, y ha contestado mi petición y me ha dado el deseo de mi corazón, que es ser guiada en el camino correcto. Los pobres viajeros de Sión saben muy bien que esto es un comienzo, o un paso en el camino, porque yo puedo verdaderamente decir que nunca codicié la gloria del cielo más que deseé caminar en el camino que lleva allí.

Y yo verdaderamente creí que el Señor redimiría a un pueblo para sacarlo del mundo, sus caminos y costumbres, lenguaje, matrimonio y entierro, y toda la hipocresía del mundo. Busqué este cambio antes de haberlo visto venir. Pero todo lo que yo temía era que no viviría para verlo, ya que el enemigo siempre me seguía con sus tentaciones para llevarme a la incredulidad y tirarme hacia la desesperación. Mi alma no puede hacer más que darle al Señor Dios la gloria, el honor y el renombre, porque él es digno de ello para siempre.

Y ahora mis queridos hijos, esto es para que ustedes lo recuerden y lo mantengan con ustedes, para que siempre conozcan el camino a la gloria del cielo, y para disfrutar la verdadera paz y satisfacción. Es un camino recto y angosto y cualquiera que piense que no lo es, está equivocado. Manténganse en la cruz diaria todos los días de sus vidas y en el lenguaje de la verdad. Y más especialmente mantengan su corazón en toda diligencia, porque de él salen los asuntos de la vida. Entonces serán llevados más cerca del Señor y crecerán en conocimiento de él, lo cual fue aquello por lo cual mi alma se lamentó en mis primeros años; lo cual no puedo olvidar, y espero que nunca lo haga. Porque encuentro los buenos efectos de esto día tras día. Esto inclina mi espíritu y humilla mi corazón, y me mantiene en un recuerdo viviente de lo que el Señor ha hecho por mi, aunque él se complació en darme las aguas de una copa amarga para beber y alimentarme con el pan de aflicción, y permitir que tentación sobre tentación se acerque a mi.

El enemigo, la serpiente sutil, el antiguo dragón, que era más sutil que todas las bestias del campo, me siguió con sus mentiras para persuadirme que el Señor no tenía consideración de mi, porque si la tuviera, no se deleitaría en afligirme. "Porque no hay nadie como tú," dijo el maligno. "Puedes mirar al exterior y ver dónde puedes encontrar a alguien cuyas penas son como las tuyas."

Entonces deambulaba sola en algún lugar remoto donde ningún ojo podía verme ni oído oírme para lamentarme ante el Señor, quien me ha consolado dulcemente y ha reconfortado mi espíritu muchas veces, y ha mantenido mi cabeza sobre las aguas. Bendito sea el nombre digno del Señor mi Dios y el brazo derecho de su fortaleza que ha obrado maravillosamente para mi liberación, y maldito es el dragón antiguo quien siempre ha envidiado la prosperidad del hombre. Él se esforzó en destruir la obra bendita del Señor, tanto como pudiera, después que el Señor había hecho mucho por mi y en una buena medida redimió mi alma de la muerte; y por una mano poderosa y brazo extendido me había sacado de la oscuridad de Egipto y a través del Mar Rojo, donde mi alma tenía verdadera causa de cantar alabanzas al Dios altísimo, quien vive para siempre.

¡Oh! Que nunca me olvide de esta grande y maravillosa liberación sino que me mantenga en aquello que inclinará mi corazón día tras día y humillará mi espíritu ante el Señor quien se ha complacido de hacer más por mi de lo que mi lengua puede declarar. Y aunque puedo decir que mis ojos han visto aflicciones, y ninguna aflicción parece gozosa sino dolorosa en el presente, sin embargo después trae los frutos pacíficos de la justicia.

Y ahora, mis queridos hijos, mi objetivo es familiarizarlos un poco con la obra del Señor en mi corazón, y también con las estratagemas e inventos sutiles del enemigo de sus almas inmortales. El método de él es poner sus trampas de acuerdo a la naturaleza de las personas, porque así él tiene más probabilidades de prevalecer. Y debido a que yo tenía un corazón triste y estaba muy sujeta a sentirme abatida, con todo su poder él trató de arrojarme hacia la desesperación y la incredulidad, persuadiéndome de que yo nunca debería soportar hasta el final. Entonces yo oraba al Señor para que me preservara hasta el fin, porque mi aflicción era muy grande, tanto interior como exteriormente. Y muchas cosas él puso delante de mi, que parecían muy difíciles para que yo pasara por ellas. Cuando mi mente estaba triste, el enemigo se apoderaba de mi y me llenaba de imaginaciones, hasta que mi corazón se endureció antes que me diera cuenta y había perdido ese gozo dulce y comunión celestial con la cual era consolada.

Tuve un gran motivo para magnificar el nombre digno del Señor quien se complacía en consolar mi alma afligida. Pero cuando el enemigo había obtenido un poco de terreno, él puso su trampa de manera tan agradable para mi naturaleza que cuando yo tuve alguna memoria de la condición en la cual estaba antes y ahora por un poco tiempo había perdido, tuve una gran causa para lamentarme con el Señor quien era capaz de liberarme, como había hecho muchas veces, bendito sea su santo nombre y el brazo derecho de su fortaleza, que vive para siempre. Y aunque él era capaz de hacerlo, sin embargo el enemigo prevaleció sobre mi un poco más cuando yo estaba poniendo mi queja ante el Señor al decir en mi corazón que no había dolor como el mío. Y la razón por la cual ninguno era como el mio es porque yo había perdido a mi amado. Y mi pérdida era tan grande porque él había redimido mi alma de la muerte y me había hecho bien. ¡Oh! no puedo hacer menos que lamentarme por él. Esta lamentación era muy apropiada para mi condición, pero esa serpiente sutil me estaba persuadiendo de que yo estaba descontenta, que era murmuradora y quejumbrosa, y que cansaba al Señor con mi llanto y que yo debería ser dejada fuera de su reino, porque son los murmuradores y los quejumbrosos los que perecen en el desierto.

Pronto fui atrapada por su sutileza, porque él me persuadió de que era en vano esforzarme más, de que yo nunca heredaría el reino del cielo. Pero él era un mentiroso y siempre lo será, mi alma está en enemistad con él. El Señor en quien confío me guarde a mí y a mi casa para siempre. Le agradó a mi Padre celestial quien tenía consideración de mi hacerme un camino para escapar. Porque en un poco tiempo después, fue mi destino estar en una reunión donde estaba un siervo fiel del Señor, de nombre William Dewsbury, cuyo testimonio era principalmente para los angustiados y afligidos, sacudidos por la tempestad y no consolados, y muchos estaban en ese estado en esos días, en 1655. Él era un verdadero mensajero para muchos. Yo tenía veintiún años de edad cuando estaba en esta condición, y después que la reunión había terminado, temí ir con él porque pensaba que él tenía gran discernimiento y sería sensible a la dureza de mi corazón. Y si él me juzgaba, no sería capaz de soportarlo. Pero sin embargo no podía irme en paz hasta que hubiera estado con él.

Viéndome venir tan pesadamente, él levantó su mano y con alta voz me dijo: "Querido cordero, juzga todos los pensamientos y cree, porque benditos son los que creen y no ven." Y en voz alta dijo otra vez: "Benditos son los que vieron y creyeron, pero más benditos son los que creyeron y no vieron." Él era uno que tenía buenas nuevas para mi y y su testimonio tenía gran poder en ese tiempo, porque la dureza fue quitada y mi corazón fue abierto por ese antiguo poder que abrió el corazón de Lidia, eternas alabanzas sean dadas a él que se sienta sobre el trono para siempre, quien me a guardado de las trampas y de las ardides del adversario.

Mis estimados hijos, ustedes han sido criados en el camino de la verdad. Se les ha dado a conocer, y mi alma no puede sino bendecir y alabar al Señor Dios quien me ha guardado del mal del mundo. Por lo tanto confíen en su nombre y crean que él los guardará hasta el fin, lo cual seguramente él hará si ustedes no se alejan de él, lo cual espero que no hagan mientras viven y mis oraciones son tanto de día como de noche por ustedes.

Puedo decir que cuando alguien de nuestra familia ha salido de nuestra habitación, aunque por ocasiones externas, mis oraciones se han elevado al Señor por su preservación. Y hasta este día el Señor ha oído, bendito sea su nombre. Porque ustedes pueden bien recordar que de muchos peligros ustedes han sido resguardados, que han sido posiblemente un peligro para sus vidas. Pero el Señor por su bondad infinita los ha guardado a todos anteriormente de modo que ustedes puedan servirle.

Por lo tanto, estimados, amigos, no se olviden de su deber hacia el Señor y el consejo que Jesucristo le dio a sus discípulos, que era velar y orar para que ustedes puedan ser guardados de todos los peligros, tanto interiores como exteriores, en los que ustedes pueden ser están en peligro de caer si no se mantienen en la guía de su juventud. Pero si ustedes se mantienen en Él, nunca se apartará de ustedes. Y "acuérdense de su Creador en los días de su juventud," entonces él los guardará en la hora de la tentación y los cuidará. Si ustedes "buscan primero el reino de Dios, y su justicia, todas las otras cosas serán añadidas a ustedes." Aquel que no puede mentir lo ha dicho. Por lo tanto, pongan su confianza en él para siempre. Entonces mi Padre celestial hará por ustedes lo que él ha hecho por mi en los días de mi juventud. Él me tomó de la mano y me llevó por un camino que yo no conocía. Él transformó las tinieblas en luz delante de mi y me ha guardado hasta este mismo día en el pacto con él mismo, alabanzas eternas y honor sean dados a su santo nombre para siempre, dijo mi alma.

Ustedes pueden recordar desde que han tenido un entendimiento, los aprietos y dificultades por los que el Señor me ha capacitado para pasar, aunque débil y grandemente afligido con enfermedades y muy cerca de la tumba muchas veces. El Señor renovó mi fortaleza otra vez para dar un fiel testimonio de él y su bendita verdad. Por varios aprietos y dificultades el Señor, mi Redentor, me ha hecho pasar, lo cual cuando miro hacia atrás y lo considero, estoy lleno de admiración al recordar cómo mi alma ha escapado hasta este mismo día. Pero este dicho de Cristo Jesús viene ante mi: "el que está en vosotros es mayor que el que está en el mundo." Y le dijo a sus discípulos "¡tened valor; yo he vencido al mundo!" Esto ha sido un consuelo para mi muchas veces.

A menudo recuerdo un dicho de un fiel siervo y ministro de Jesucristo, cuyo nombre era Miles Halhead, cuando estaba bajo gran ejercicio. Mirándome firmemente, él dijo: "Querida hija, si tú continúas en la verdad serás una mujer honorable para el Señor porque el Señor Dios te honrará con su bendito testimonio." Y diez años después, en 1665, él vino a mi habitación y me dijo: "Mi amor y mi vida están contigo, y eso por causa de esa bendita obra que se está realizando en ti. Que el Señor Dios te mantenga fiel, porque él requerirá de ti cosas más difíciles que lo que ahora conoces. Que el Señor te de fortaleza para realizarlas y te guarde en la fe para su bendito testimonio. Mis oraciones serán por ti tan a menudo como te recuerde."

Poco después, un gran ejercicio cayó sobre nosotros. Fuimos expuestos a mucho sufrimiento y el Señor había abierto mi boca en un testimonio sólo un poco antes. Yo había estado preocupado con temor de que mis amigos sufrieran por mi, pero no por mi mismo. Porque puedo verdaderamente decir que mi corazón fue entregado a servir al Señor, venga lo que venga. Pero el menor de nuestros dolores era la pérdida de bienes, golpizas, sacudidas de un lado para otro, arrastrándonos fuera de los lugares de reunión, y muchos otros abusos que el Señor nos hizo capaces de soportar y santificó para nosotros. Y mi alma bendice al Señor porque él nos ha contado como dignos de sufrir por causa de su nombre.

Porque en el tiempo del sufrimiento un espíritu egoísta y separador comenzó a brotar entre nosotros lo cual añadió a nuestra aflicción más que todo lo que nuestros perseguidores podían hacer. Aunque íbamos a nuestras reuniones con gran peligro para nuestras vidas, los informantes eran tan impíos e inhumanos y llenos con tal envidia y locura que juraron que no era más pecado matarnos que era matar un piojo y que ellos bañarían sus espadas en nuestra sangre. Pero bendito sea el Señor nuestro Dios quien vive para siempre, nosotros en ninguna manera estábamos asustados por estas cosas ni preocupados por ellas, porque sabíamos que aquel en quien creemos era capaz de liberar a sus escogidos quienes pusieron su confianza en Él.

Mis queridos hijos, algunas de estas cosas ustedes saben, sus ojos las han visto. Y aunque no eran más que jóvenes y tiernos, sin embargo el Señor los guardó del temor de los hombres. En este tiempo cayó sobre mi otro gran ejercicio de espíritu que pareció tan extraño y maravilloso que no podía creer que el Señor requeriría tal servicio de mi quien era tan débil y despreciable, tan inadecuado e improbable, mi entendimiento no era más que superficial, y mi capacidad no era más que promedio y muy baja en mis propios ojos. Mirando tanto mi insuficiencia me hizo esforzarme mucho en contra de ella, llorando a veces dentro de mi mismo, diciendo: "Seguramente esto es algo para atraparme, porque el Señor no requiere tales cosas de mi, viendo que hay tantos hombres sabios y buenos que son más honorables y aptos para tal servicio que yo. Oh Señor, aléjalo de mi y requiere cualquier otra cosa de mi que pueda realizar mejor."

Así razoné y me esforcé en contra de ello hasta que mi dolor era tan grande que yo no sabía si el Señor alguna vez podría aceptarme otra vez. Entonces clamé al Señor vez tras vez: "Señor, si me has hallado digna, haz que mi camino sea claro delante de mi y te seguiré, porque tú sabes que yo no te ofendería voluntariamente." Pero conociéndome a mi mismo, que era de una capacidad débil, no pensé que el Señor escogería un instrumento tan despreciable como yo, para dejar mi habitación y mis tiernos hijos que eran pequeños, para ir al Rey Carlos, a cien millas de distancia, y con un testimonio tan simple como el que el Señor requirió de mi. Esto me hizo inclinarme por muchos meses bajo este ejercicio y a veces me esforcé en su contra. No podía obtener reposo sino al entregarme para obedecer al Señor en todas las cosas que él requería de mi.

Y aunque me parecía difícil y extraño, sin embargo el Señor hizo las cosas difíciles fáciles, de acuerdo a su promesa para mi cuando yo me separaba de mis hijos y no sabía si mi vida sería requerida de mi porque mi testimonio era tan simple. Y cuando vi a mis hijos, mi corazón anheló estar con ellos. Esas palabras pasaron por mi: "Sí puedes creer, verás todas las cosas cumplidas, y regresarás en paz y tu recompensa estará contigo." Bendito para siempre sea el nombre y poder del Señor porque él me sostuvo en mi caminata, me dio fortaleza para hacer su voluntad, y me brindó su presencia viva para que me acompañara, lo cual es el consuelo más grande que he disfrutado. Este fue mi testimonio para el rey Carlos II en el undécimo mes del año 1670.

"Esto es para ti, oh rey. Oye lo que el Señor me ha encargado con respecto a ti. Debido a que tú has sido la causa de que muchos fueran desolados, el Señor te desolará. Y todos los que han sido causa de la persecución y derramamiento de la sangre de mis queridos hijos, en el día cuando yo llamo a todos a rendir cuentas, yo les suplicaré, dijo el Señor. Por lo tanto, oigan y teman al Señor Dios del cielo y la tierra, porque de sus justos juicios todos serán hechos partícipes, desde el rey que se sienta sobre el trono hasta el mendigo sobre el muladar."

Este testimonio yo entregué en sus manos con estas palabras: "Oye, oh rey, y teme al Señor Dios del cielo y la tierra." Puedo verdaderamente decir que el terror del Dios altísimo estaba sobre mi lo cual me hizo temblar y gran agonía estaba sobre mi espíritu, tanto así que su rostro se puso pálido y con una voz dolorosa dijo: "te agradezco, buena mujer."

Mi alma honra y magnifica el nombre y poder del Señor mi Dios por mantenerme fiel a su testimonio y darme fortaleza para hacer su voluntad. Y él cumplió su promesa de que si yo podía creer, regresaría en paz y mi recompensa estaría conmigo. Por lo tanto el Señor bendijo mi salida, su presencia estaba conmigo en mi viaje, preservó bien a mi familia, y mi venida a casa fue con gozo y paz en mi seno, alabanzas eternas, gloria y honor sean dados a Aquel que se sienta en el trono y al Cordero para siempre.

Que ustedes recuerden la bondad del Señor hacia sus hijos quienes fielmente le siguen y obedecen con todo su corazón, aunque ellos puedan ser atendidos con mucha debilidad y a veces claman al Señor: "Oh mi debilidad, no puedo seguir adelante con esta gran obra, ni tampoco soy digno. Hay muchos hombres honorables y sabios a quienes tú has preparado para tu servicio que son más aptos que yo. Y hay tantas montañas y dificultades ante mi vista que parece demasiado maravilloso para que yo pase por eso."

Le di paso al razonador muchas veces hasta que mi dolor era tan grande que no sabía qué camino tomar, y esto atenuó mi vista y dañó mi vida, y hundió mi alma en aflicción. Pero le complació al Señor aparecer en una hora necesaria y hacer retroceder al enemigo de la paz de mi alma y mostrarme que él quería escoger a los débiles entre ellos y los que no eran nada en sus propios ojos y no podían hacer nada, no, ni siquiera pronunciar una palabra sino lo que el Señor les da, quiero decir, en un testimonio del Dios viviente, para que las escrituras de la verdad puedan ser cumplidas en este nuestro día, como fue en el tiempo pasado, para que ninguna carne pueda gloriarse en su presencia. A ellos los dejé libremente para obedecer los requisitos del Señor con paz y consuelo y recibí la bendita recompensa en mi seno, como ya he dicho. Nuestro ejercicio continuó por nuestros perseguidores pero, bendito el nombre y poder del Señor por sus infinitas misericordias, según el día, así era nuestra fortaleza.

Un poco tiempo después, los oficiales vinieron y demandaron dinero para el rey por nuestra reunión. Mi esposo les respondió: "Si le debiera algo al rey, seguramente le pagaría. Pero al ver que no le debo dinero, no le pagaré." Ellos pidieron permiso para confiscar sus bienes como garantía, a lo cual él dijo: "Si ustedes quieren tomar mis bienes, no puedo obstaculizarlos, pero no les daré permiso para llevárselos, ni tampoco seré un accesorio para que ustedes se los lleven."

Los oficiales al ver nuestra inocencia, porque estábamos en nuestra tienda atendiendo a nuestro legítimo llamado con nuestras manos para nuestra labor y nuestros hijos con nosotros, el alguacil bajó su cabeza poniéndola en sus manos con gran tristeza, y dijo: "Es en contra de mi consciencia tomar sus bienes de ellos."

Entonces yo dije: "John, cuida de no dañar tu consciencia, porque qué más puede hacer el Señor por ti que poner su buen Espíritu en tu corazón para enseñarte lo que debes hacer y lo que debes dejar sin hacer."

Él dijo: "Yo no sé qué hacer en este asunto. Si pagar el dinero una vez fuera suficiente lo haría, pero no terminará así. Así será mientras tú sigas yendo a la reunión, porque los gobernadores han hecho tales leyes como nunca en ninguna época."

Yo dije: "John, cuando tú has ofendido tu consciencia y has puesto una carga sobre tu espíritu, no son los gobernantes los que la pueden quitar de ti. Si tú vas con los gobernantes y les dices 'yo he hecho lo que era en contra de mi consciencia hacer,' ellos pueden decir como los gobernantes le dijeron a Judas, '¿Qué nos importa a nosotros? ¡Es asunto tuyo!'"

Los oficiales que estaban con él vinieron y derribaron nuestros bienes y el poder del Señor los golpeó, tanto así que sus rostros se pusieron pálidos y sus labios se estremecieron y sus manos temblaron de tal manera que ellos no podían sostenerlo por mucho tiempo. Entonces quisieron forzar a un pobre hombre a tomarlos. Pero él se negó hasta que ellos lo obligaron y los pusieron sobre sus brazos y hombros. Pero él, que parecía más bien un hombre muerto, contestó: "Ustedes me obligan a hacer lo que ustedes mismos no pueden hacer, ni tampoco puedo yo." Él tembló mucho, aunque no teníamos nada más que decirles después que ellos entraron, pero nos podemos regocijar de que el Señor nos había hallado dignos de sufrir por su bendita verdad y testimonio.

Un poco tiempo después ellos tuvieron una reunión para evaluar los bienes tomados de nosotros y otros Amigos en el lugar donde se reunían siete hombres llamados jueces, y los oficiales y alguaciles, comisarios, y muchos más de sus confederados, un gran salón lleno de ellos. Yo estaba trabajando en nuestra tienda y al ver al agente de policía llevando algunos de los bienes para ser evaluados, inmediatamente fui inspirada a ir tras ellos, sin saber ni una palabra de lo que debía decir, lo cual me hizo considerar un poco para qué debiera ir. Pero sentí más y más que debía ir.

Cuando entré en la puerta, me senté como una persona necia y que no tenía nada que decir, tanto como podía contar el tiempo, por la mitad o tres cuartos de una hora. Pero cuando entré, ellos estaban muy inquietos en sus mentes y apurados en sus asuntos. Ellos dijeron que no podían hacer nada mientras yo estaba con ellos. Los jueces se llamaban los unos a los otros para hacer que fuera sacada muchas veces, diciendo: "No haremos ningún negocio este día, sino pasaremos nuestro tiempo en vano si esta mujer se sienta aquí." Ellos a menudo me tentaron a decir lo que tuviera que decir y después irme, pero no pudieron prevalecer conmigo.

Entonces ellos llamaron al hombre de la casa para sacarme de allí, solemnemente protestando que nunca volverían a su casa si él no me sacaba. Pero el hombre no tenía poder para tocarme, sino lleno de aflicción dijo: "Señor, no puedo poner mis manos sobre ella, porque es mi vecina honesta." Y volteándose hacia mi, dijo: "Ora, vecina Stirredge, si tienes algo que decir, habla, para que te puedas ir."

Uno de los jueces con gran ira y furia solemnemente protestó que nunca se sentaría con ellos otra vez si no me sacaban, a veces maravillándose de su estupidez por dejarme en paz. Entonces abrió la puerta de atrás y salió como con la intención de irse. Pero en un corto tiempo volvió otra vez, diciendo: "¡Qué! ¿ella todavía está aquí? ¡Estoy maravillado con vuestra estupidez!"

Entonces el poder del Señor cayó sobre mi y llenó mi corazón con una advertencia para ellos, y les dije: "Es en vano ser hallado luchando en contra del Señor y su pueblo. Sus obras no prosperarán, porque el gran Dios del cielo y la tierra será muy fuerte para ustedes. Por lo tanto yo les advierto a que se arrepientan y enmienden sus vidas antes que sea muy tarde, porque el Señor los golpeará cuando estén desprevenidos y en una hora que ustedes no esperan. Por lo tanto, recuerden que el Señor les ha concedido un día de advertencia antes que venga la destrucción sobre ustedes." Esto y mucho más pasó por mí en ese tiempo y el Señor se complació en un corto tiempo de cumplir ese testimonio en ellos. Porque en unas pocas semanas, cuando ellos estaban festejando en un banquete, dos de ellos murieron de repente después de la cena, y el resto de ellos apenas escapó. Esto fue alrededor del año 1674.

No escribo esto para regocijarme por la caída de nuestros enemigos, sino para que ustedes consideren la bondad, misericordia, y el trato del Señor con su pueblo en todas las edades, y para recordar su amorosa bondad y tolerancia con los muy impíos que están provocándolo a derramar su venganza sobre sus cabezas. Sin embargo, tan grande es su misericordia que él siempre advierte a los impíos y les da tiempo para arrepentirse y espacio para enmendar sus vidas de modo que el Señor pueda ser relevado en el día de dar cuentas, y este día de seguro vendrá sobre todos.

Por lo tanto, mis queridos hijos, recuerden su último fin y el día de dar cuentas, y mantengan un freno en sus lenguas, porque el que no pone un freno en su lengua, su religión es vana. Y manténganse en la cruz diaria, que es el poder de Dios para salvación. Si ustedes quieren ser herederos del reino del cielo y de la corona inmortal, deben tomar su cruz diaria, porque "No cruz, no corona." La cruz mantendrá sus mentes en sujeción al Dios viviente, y al estar en sujeción y en admiración de que ustedes no pecan, los mantendrá cerca del Señor en un conocimiento viviente de él. Entonces él se deleitará de bendecirlos más y más, para instruirlos, y para aconsejarlos en su camino, el cual es puro y santo y no admitirá ninguna impiedad e inmundicia.

Tengan cuidado con el mundo y su gente. No estén en mucha familiaridad con ellos, ni dejen que el espíritu de ellos se mezcle con el de ustedes, que ha sido el dolor de muchos que han hecho un buen comienzo y han continuado en su camino, sin embargo han errado por falta de vigilancia y por no quedarse con la guía de su juventud, la luz de Cristo Jesús, quien es el camino de la salvación, y el que entre por cualquier otro camino, es un ladrón. El camino que ustedes conocen. Ustedes han sido instruidos en él. Y la preocupación de mi espíritu es que ustedes puedan mantenerse en él y preocuparse por sus hijos, como su padre y yo nos hemos preocupados por ustedes. Instrúyanlos en el camino de la verdad y manténganlos fuera de los rudimentos mezquinos de este mundo, para que ellos puedan crecer en sencillez.

Y mantengan el lenguaje sencillo, tanto vos y usted, lo cual se ha convertido en una cosa muy indiferente entre muchos de los profesantes de la verdad. Pero en el comienzo pasamos por un gran ejercicio por decir esas mismas palabras, vos y usted, a una persona. Por mi parte, yo tuve una preocupación sobre mi espíritu porque me desvié muchas veces de esa palabra. Yo hubiera dicho cualquier palabra, en vez de vos o usted, que hubiera respondido el asunto que me preocupaba. Pero aún así fui condenada, y la culpa me siguió. No estaba relevada ante la vista de Dios. Mi camino estaba cubierto de espinas. No podía ir más allá hasta que había rendido obediencia a las cosas pequeñas.

Comentarios del editor del sitio: En el siglo XVII, el uso de los vocablos en inglés thee y thou (traducidos aquí como vos y usted) era enseñado en los libros de gramática como formas apropiadas de dirigirse a otros. Sólo a los siervos y las personas de baja clase se les hablaba en la forma singular, thee y thou. Las personas de clase alta querían que se les hablara con la forma plural, you (ustedes), lo cual era un honor para ellos. Honrar a las personas "importantes" con los pronombres en forma plural es lo que Dios "puso en el polvo." El Señor me mostró su menosprecio por el respeto de las personas debido a su clase o posición, y así mandó a su pueblo también. Debido a que ya no hay honor en el uso de la palabra "you," el Señor no requiere que su pueblo use thee y thou.

El lenguaje sencillo hoy en día sería definido como un lenguaje simple y breve; pero sea vuestro hablar, 'sí', 'sí', y 'no', 'no'. Porque lo que va más allá de esto, procede del maligno. Mat 5:37. Pero yo os digo que en el día del juicio los hombres darán cuenta de toda palabra ociosa que hablen. Mat. 12:36. A menos que seamos purificados, es el espíritu de la serpiente, el maligno, hablando en nosotros. Por lo tanto, hasta que tengamos a Cristo en control de nuestras bocas, después de la purificación y perfección, deberíamos hablar lo menos posible.

Entonces caminé sola, como solía hacer frecuentemente cuando las cosas venían sobre mi como un peso, donde podría estar en privado y lejos de todos excepto la preocupación de mi alma. ¡Oh! Ese lugar desolado donde solía irme sola. Cuántas veces mi alma se he encontrado con mi amado allí, quien me ha consolado dulcemente, cuando mi alma había estado enferma de amor y llena de dudas, por temor de que Él me había abandonado.

Pero bendito sea su nombre quien vive para siempre, él aún apareció en un tiempo necesario cuando mi alma estaba afligida por él, y ese fue el tiempo cuando realmente lo aprecié. Este es el camino del Señor que trata con su pueblo, para que él pueda enseñarles a ser humildes e instruirlos como hijos, para que ellos puedan aprender obediencia en todas las cosas para hacer su voluntad. Y este es fin su cuando él disciplina, hacerlos aptos para su servicio.

No pensaba que el Señor me hubiera escatimado por tantos años para dar un fiel testimonio de su bendita verdad y poderosa venida en la aparición de su luz y vida gloriosa ante muchos miles que estaban sentados en la oscuridad, cuyo estado era miserable y sin la esperanza de ver un buen día, y desesperados. Horror, terror y angustia estaban en su corazón. ¡Oh! Estos eran aquellos que querían recibir y apreciar las benditas ofertas del amor eterno y la venida de Dios, aunque estaba en el camino de sus juicios.

Verdaderamente puedo decir que mi corazón y mi alma se deleitaron en el juicio. Aunque una angustia fue derramada tras la otra, sin embargo bendito sea el día en el cual la verdad eterna sonó por primera vez en mis oídos, lo cual fue cuando tenía diecinueve años de edad. Que esto nunca sea olvidado por mi es el deseo de mi corazón. Pero más bendecido sea el nombre del Señor nuestro Dios y el brazo derecho de su poder que ha sido desnudado de día en día y de año en año para el desempeño de su obra y la preservación de sus hijos.

El ejercicio más grande con el cual me encontré fue con respecto al espíritu separador que primero comenzó a aparecer en John Story y John Wilkinson* alrededor del año 1670. Encuentro en mi espíritu una preocupación para dejar un relato corto de mis ejercicios en el servicio del Señor y su bendita verdad y testimonio de lo que él, en las riquezas de su amor, había hecho que mi corazón y mi alma fueran partícipes, alabanzas sean dadas a su santo nombre para siempre.

[* Story y Wilkinson eran predicadores del evangelio, y ellos habían incluso acompañado a Jorge Fox a Holanda en una visita evangélica. Pero evidentemente no habían alcanzado la unión, donde ellos ya no pudieran caer en la tentación y el pecado porque lideraron a una separación dolorosa en el movimiento cuáquero. Ellos clamaban que la razón principal era porque no creían que las mujeres debían predicar o tener reuniones; sin embargo, Jorge Fox, al reunirse con ellos varias veces, dijo que ellos realmente resentían las reuniones de disciplina, donde se reprendía a todos los cuáqueros que no caminaban de acuerdo a los estándares cristianos de la virtud. Muchos que fueron engañados por Story y Wilkinson regresaron a las filas de los cuáqueros, y el resto pronto pereció.]

En el año 1670, que era un tiempo de gran sufrimiento entre los Amigos y desde ese tiempo en adelante, como es bien sabido, fuimos a nuestras reuniones con peligro para nuestras vidas y nuestros bienes fueron tomados por presas. En este tiempo de gran ejercicio este espíritu divisorio comenzó a aparecer, y en una manera muy astuta atrapó los corazones de los simples. Hubieron muchos a quienes el Señor había alcanzado cuando desató su maravilloso poder y a quienes él había enriquecido tanto interior como exteriormente, pero ellos habían olvidado los días de su angustia donde el Señor los encontró al principio; y ellos habían hecho cesar la ofensa de la cruz y habían ido hacia la facilidad y la libertad. ¡Oh! Cómo cayeron con ellos, para el dolor de las almas de los fieles.

Nuestro dolor por la pérdida de nuestros hermanos fue más grande que por todas nuestras persecuciones o pérdida de bienes, o todos los otros abusos de cualquier clase. Por cierto, grande fue nuestro dolor en toda mano, y mi alma estaba mayormente preocupada por el Señor y su bendita verdad y testimonio. Cómo mi corazón anhelaba al Señor y mi alma se fatigó día y noche ante él por fortaleza para ser un testigo fiel para el Dios viviente con quien yo había hecho un pacto cuando el Señor primero me encontró cuando yo me estaba lamentando, diciendo en mi corazón: "Oh, que yo pudiera encontrar una cueva en la tierra en la cual yo pueda lamentarme en mis días en dolor y no ver a ningún otro hombre, o que el Señor se complaciera de aceptarme en cualquier término, o si mi vida fuera aceptada como rescate por mi alma, yo estaría muy dispuesta de desprenderme de ella." El clamor muchas veces pasó por mi corazón: "Oh Señor, ¿qué haré para ser salva?"

La venida del Señor en ese estado fue muy preciosa para mi y yo muy alegremente entré en un pacto con él para servirle para siempre si él redimía mi alma de la muerte y de estar bajo el poder de aquel que era muy fuerte para mi. Y al ver que el Señor en su misericordia infinita era muy bueno y misericordioso conmigo como para darme el deseo de mi corazón, ¿cómo puedo olvidarlo? No, más bien que mi mano derecha olvide su astucia y mi alma se pegue a mi paladar antes que yo me olvide de cumplir los votos hechos al Señor en mi angustia.

Y ahora voy a abordar el asunto de este espíritu libertino. En el año mencionado, 1670, cuando ellos comenzaron su obra, el hijo del sacerdote de nuestra ciudad fue uno de los informantes y su vicario otro. El hijo del sacerdote compró una espada nueva y juró que él la bañaría con nuestra sangre, y dijo: "No es más pecado matar un cuáquero que es matar un piojo." Por lo tanto, ellos comenzaron su obra terrible, y es muy tediosa para repasar los particulares. Ellos primero clavaron la puerta de nuestro lugar de reunión y pusieron un guardia en frente de ella. Y siendo que era un día en el que se realizaban sesiones menores en la ciudad de Kainsham, a cuatro millas de Bristol, y ya que habían varios jueces allí, ellos enviaron al comisario y otros oficiales, asistidos por una turba que vino en gran ira con palos y otras armas.

Pero el Señor fue misericordioso con nosotros, y nos dio fortaleza de acuerdo con el día y abrió mi boca en un testimonio para el aliento de los Amigos y en alabanza a Dios por contarnos como dignos de sufrir por su nombre y por causa de la verdad. Después, otra mujer habló animando a los Amigos. Y el poder del Señor se sintió de manera tan viva entre nosotros que nuestros enemigos cayeron y apenas podían hablar para preguntar nuestros nombres. Al final nos multaron con veinte libras cada uno, y cuando terminó la reunión, salimos regocijándonos. Ciertamente hubo gran causa para ello, porque el poder de Dios estuvo sobre todos para nuestro gran consuelo.

Pero por todo esto, las nubes acumularon oscuridad, la tormenta se levantó más y más, y días lúgubres aparecieron y muchos pusieron su ingenio a trabajar y consultaron juntos cómo reunirse en privado, fuera de la vista de nuestros enemigos. Fue sólo por un poco tiempo que mantuvimos nuestra reunión porque uno que había sido un gran predicador pronto estaba cansado de estar parado en la calle en nuestro lugar de reunión y se ofendió grandemente porque nosotros no nos íbamos de nuestro lugar de reunión y nos reuníamos con él en su casa. Había un pequeño remanente que no se podía conformar a la voluntad del hombre, sino temía al Señor y temía negarlo ante los hombres.

Entonces R. W., quien era asociado de John Story mientras John Story vivía en nuestra región, envió un mensajero para decirnos que "si podíamos venir y reunirnos con él y algunos otros en privado, deberíamos sentarnos juntos en quietud y silencio y esperar al Señor y disfrutar el beneficio de nuestra reunión, lo cual sería mejor que estar en la calle y estar apurados y apiñados juntos, donde apenas teníamos algún tiempo de quietud para esperar a Dios." Una carnada muy creíble el enemigo puso ante su vista y muchos fueron llevados en la trampa.

Cuando escuché este mensaje entregado por el sabio predicador antes nombrado, ¡oh! la preocupación que cayó sobre mi en consideración de aquellos que habían sido predicadores entre nosotros muchos años y debían haber sido una fortaleza para los débiles y alentadores del pueblo y pies para los cojos y ojos para los ciegos, que algunos hombres no tenían más valor, ni celo, ni amor por el Señor y su bendita verdad.

Llegó a ser mi gran pena y me dolió noche y día. "Señor, fortalece a tus débiles y hace a los pequeños tan fuertes como David. Danos valor y audacia para permanecer fieles testigos de tu bendita verdad." Y bendito para siempre sea el Señor nuestro Dios porque él respondió mi petición, y de acuerdo al día fue nuestra fortaleza renovada, bendita sea la mano que nunca nos falló ni a nadie que puso su confianza en él.

Por lo tanto se alejaron de nosotros y nos dejaron, por decirlo así, en campo abierto para encontrarnos con nuestros enemigos quienes más triunfaron y hicieron una broma de ellos y nosotros, y clamaron: "Aquí están los necios. Los hombres sabios se han ido. Sí," dijeron, "ellos tienen más sentido común que reunirse tan cerca de la casa del juez para agravarlo y arruinarse a sí mismos. Ellos son hombres sabios para salvarse a si mismos y lo que tienen. Pero estos son los necios. Ellos se arruinarán a si mismos, hagamos lo que hagamos. Una pobre compañía de necios ignorantes que no saben la diferencia entre su mano derecha y la izquierda. ¿Piensan que podrán permanecer en contra de todos los poderes de la tierra? ¡Una compañía de tontos insensatos!"

Por lo tanto, ellos se complacieron a si mismos con tales discursos. Perder terreno era un ejercicio doloroso para nosotros al oír que se hablaba así de cualquiera de nuestros hermanos, quienes deberían haber sido como valientes en Israel y haber ido ante los pequeños como campeones valientes para llevar lo peor de la batalla, para que nuestros enemigos puedan haber visto su coraje y valor para el Señor de los ejércitos, para que el Señor, a través de sus instrumentos, pueda ser glorificado y su bendito nombre y verdad honrada y exaltada sobre todo, quien es el único digno de todo honor y alabanza para siempre.

Pero si alguno dice: "¿Fue esto un desaliento para ustedes pequeños?" yo respondo: "No, nuestro temor y celo hacia Dios fue aumentado y podemos decir para la alabanza y honor de su nombre eterno que mis clamores y súplicas ascendieron día y noche hacia Él por fortaleza para permanecer en mi destino y testimonio y para que yo pueda ser capaz de resistir hasta el final. Y para siempre sea bendecido el Señor, él fortaleció mi debilidad e hizo a los débiles tan fuertes como David, y permitió que su presencia viviente esté entre nosotros para nuestro gran consuelo."

Pero todavía mi ejercicio aumentó, lo cual me llevó hacia una búsqueda estrecha y una consideración profunda de cuál era la causa de mi gran ejercicio, clamando al Señor "Señor, ¿qué quieres que haga? ¿Te complacerás de darme a conocer tu voluntad para mi? ¿Hay algo en mi corazón que te ofenda? Oh, purifícalo, te suplico. Escudriña mi corazón y prueba mis riendas, porque yo amo ser escudriñada y probada. Señor, ¿te agradarás más si nosotros vamos y nos reunimos con nuestros Amigos que se han alejado de nosotros? ¿Hay algún servicio allí que no conocemos, o soy yo muy atrevida o muy celosa por tu verdad?" A esta pregunta, la respuesta era apropiada para mi corazón inquisitivo: "Mantén tu horario de reuniones y el lugar. Sé valiente por mi verdad sobre la tierra y te coronaré con honor." ¡Oh! Bendito sea su nombre eterno, mi alma no desea un honor más grande que ser guardada en su temor.

En otro momento, con gran ejercicio, a menudo sonó en mi corazón lo siguiente: "Y os digo que muchos vendrán del oriente y del occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera." Entonces sentí una preocupación sobre mi y mi clamor fue: "¡Salva a los hijos del reino! ¡Oh, reúne desde lejos y acerca a los que están lejos, pero salva a los hijos del reino!" Este era mi ejercicio cada día y cada hora, muchas veces diciendo dentro de mi "Oh Señor, salva a los hijos del reino o llévame a ti mientras tu misericordia continúa sobre mi. No me dejes vivir para ser echada fuera de tu reino."

De este modo el Señor me guió suavemente hacia el servicio y testimonio que él se complació de poner sobre mi para que yo lo llevara; lo que fue la prueba más grande con la cual me he encontrado. Mi ejercicio aumentó, mi dolor interno se hizo más y más fuerte, mi corazón estaba afligido dentro de mi, mis ojos eran como una fuente de lágrimas, y yo clamé: "¡Ay de mi que nací! ¡Oh! Cuál es el problema que todas mis entrañas parecen estar desplazadas." Entonces la siguiente palabra corrió por mi corazón: "Mi indignación está encendida y mi ira se ha calentado en contra de este pueblo, y mi controversia estará con ellos. El tiempo viene cuando ellos traerán más deshonra a mi nombre y verdad de lo que es traído por la obscenidad abierta, y tú serás un instrumento para proclamar en sus oídos."*

[*El Señor habla acerca de aquellos que se separaron de los cuáqueros, seguidores de Story y Wilkinson. Está claro que aquellos que crean divisiones o sectas dentro de su cuerpo son condenados por el Señor.]

Esto me hizo temblar ante el Señor, clamando: "¡Oh Señor! ¿Por qué requieres tales cosas de mi? Señor, mira mis aflicciones y no pongas más sobre mi de lo que yo puedo llevar. No me oirán aquellos para quienes soy un instrumento despreciable. Y ya que ellos desprecian tanto el servicio de las mujeres, haz uso de aquellos que son más dignos." A menudo yo clamo al Señor para que lo quite de mi, todavía clamando por mi indignidad: "¡Oh! ¡Qué inadecuada soy para tal servicio!" La respuesta que recibí fue: "Aquellos que moran humildes en mi temor serán hechos dignos."

Por lo tanto continuamos bajo gran sufrimiento, un pobre pequeño remanente, como alguien podría llamarlo, en el campo abierto para encontrarnos con nuestros enemigos. Pero para siempre magnificado sea el nombre y poder de nuestro Dios, su presencia era nuestra vida y fortaleza, y de acuerdo al día era dada la fortaleza. Por lo tanto, tuvimos mucha causa para decir, "El Señor es Dios, sus misericordias perduran para siempre," y alabado sea su nombre que él nos hizo dignos de sufrir por causa de su verdad, manteniéndonos fieles para defender a nuestro Dios y confesarlo ante los hombres. Porque puedo decir para su alabanza que fui tan alentada en todos los tiempos de persecución en los cuales podría dar mi testimonio por el Señor que había redimido mi alma de la muerte y me levantó del foso de la miseria que yo me regocijé de hacer la voluntad del Señor, porque fue más para mi que todo lo que alguna vez mis ojos contemplaron, y para permanecer siendo un testigo fiel para él.

Fui constreñida en el temor del Señor a advertirles del día terrible del Señor y llamarlos al arrepentimiento por su infidelidad. Y así continuamos en nuestro ejercicio continuo y en la fortaleza del Señor, y por la asistencia de su santo poder fuimos sobrellevados en él.

Pero ahora para llegar a lo que es mayor delante de mi, que todos puedan entender cómo el enemigo obra en un misterio y bajo una pretensión justa para traicionar la vida preciosa de la simpleza del evangelio, lo cual es insensatez para la sabiduría del mundo.

En este tiempo de aflicción me sentí inspirada en el corazón a visitar a los Amigos en Wiltshire donde había oído mucho de las acciones de John Story. Él había reflexionado mucho acerca de varias mujeres por llevar testimonio en contra de ese espíritu de separación. Me encontré con dos buenas mujeres que habían dado un servicio de verdad y tenían un buen testimonio, quienes él afligió, a quienes ordenó a ir a casa para ocuparse de sus asuntos y lavar sus platos y no andar predicando. Y él dijo que Pablo absolutamente prohibió a las mujeres que predicaran, y las envió a casa llorando. Y además, él le aconsejó a los Amigos a usar prudencia cristiana y recordar lo que dicen las escrituras: "Si eres perseguido en una ciudad, huye a otra." Por lo tanto él quería que alteraran el día y el tiempo de su reunión regular.

Hubo una pequeña reunión en una casa y él los importunó para quitarla o alterar el tiempo. Y la mujer Amiga de la casa pronto fue ganada, al no ser tan celosa por la verdad como debería haber sido. Su esposo, siendo más fiel, no quiso ser agarrado en esa trampa. Ella tuvo una diferencia con él, y dijo: "¿Tú piensas que Dios no revela más sus secretos a los tales como John Story que a nosotros? Sí, seguramente, y si el Señor se complace en salvarnos y lo que tenemos y hacerlo un instrumento, ¿por qué no deberíamos recibir su consejo?" Una carnada muy sutil para atrapar a los pobres ignorantes.

Esto fue un gran dolor para los de corazón sincero. Causó que muchos tuvieran días y noches de tristeza. Pero aún así este testimonio siempre vivió en mi corazón, que la ira de Dios fue encendida en contra de ese espíritu, cuyos seguidores han vuelto sus espaldas al testimonio de la verdad y no sólo habían caído hacia la trampa ellos mismos, sino que han intentado atrapar a muchos más. La preocupación de esto comenzó a afectarme, tanto así que temí ir a una reunión por temor de que me pidieran un testimonio, pero el momento todavía no había llegado.

Vino un siervo fiel del Señor a nuestra reunión, cuyo nombre era Miles Halhead, quien estaba dotado profundamente con el poder del Señor y gran discernimiento. Él vino a verme, y dijo: "Mi amor corre hacia ti, y por causa de la obra que está en ti, porque Dios requerirá cosas difíciles de ti. Tú pensarás poco de lo que está obrando en tu corazón. ¡El Señor Dios de mi vida te mantenga fiel! Mis oraciones serán por ti, tan a menudo como te tenga en mi memoria. Tú eres como mi propia vida y sellada en mi seno. No puedo olvidarte. Por lo tanto, querida hija, adiós. El Señor mi Dios me ha enviado una vez más y cuando regrese a casa él cortará el hilo de mi vida en dos." Y así fue.

Pero, oh, la bondad del Señor con ese saludo rebosó mi corazón y me fundió en ternura, y mis ojos como una fuente de lágrimas, diciéndome a mi misma "Qué soy yo sino una pobre criatura indefensa y no soy digna del menor de estos favores y misericordias de las que habla el querido siervo del Señor. Y seguramente si el Señor está conmigo, ¿por qué es así conmigo? Estoy bajo grandes ejercicios diariamente y muchos apuros."

A veces me parecía como si el Señor se había retirado de mi, lo cual causó gran dolor en mi corazón. Un poco tiempo después nuestra suerte fue echada en Bristol donde John Story estaba la mayor parte del tiempo. Y una vez que terminó lo peor de la persecución, él pudo predicar hora tras hora, mientras una palabra se agarraba de la otra, lo cual impidió que varias almas apenadas que habían sufrido en el corazón por un poco tiempo aliviaran sus espíritus y relevaran su deber, para que todos puedan llegar a ser consolados juntos. Pero en esa habitación una nube de oscuridad había venido que hizo hecho gemir a muchos.

[Un verdadero predicador sólo predica las palabras que él oye en tiempo real del Espíritu de Dios en su corazón, y cuando las palabras dejan de llegar, él debe dejar de hablar para permitir que otro miembro de la asamblea hable lo que el Espíritu le ha dado a decir. De esta manera el cuerpo de Cristo edifica, exhorta, y reprende a sus miembros. Pero Story, hablando de su mente carnal, nunca daba pausas que permitieran a otros hablar las palabras inspiradas por el Espíritu. Usted se puede imaginar el dolor que esos otros sufrían, al ser instruidos a hablar con enseñanzas específicas, pero sin poder decir ni una palabra.]

Oh, la agonía en la que he estado para presentar el testimonio que había vivido en mi, en el cual yo había estado confirmado por tanto tiempo. Muchas noches y días, y semanas y meses he pasado en tristeza y dolor y no he comido pan agradable. Y muchas veces me he acostado en tristeza y he mojado mi almohada con mis lágrimas, clamando "Oh Señor, ¿qué sucederá conmigo, y qué he de hacer?" Y el Señor dijo "Un testimonio requiero de ti." Entonces yo dije "Oh Señor, si tú abres mi corazón para declarar tu bondad y lo que tú has hecho por tu pueblo y para hablar de tus actos nobles y tus muchas misericordias, qué lista estaré para hacerlo. Pero estas son cosas difíciles, y quién las puede soportar."

Así razoné con el Señor, hasta que mi carga se hizo muy pesada para llevarla. Cuando había avanzado en mis legítimas preocupaciones y había visto a algunos de los separatistas, el dolor se apoderó de mi, y la angustia y aflicción de espíritu, tanto así que busqué lugares privados en donde lamentarme, diciendo "¿Qué haré? Envíame a una nación de extraño lenguaje, cuyos rostros nunca he visto, y haz uso de un mejor instrumento para esta gran obra. Ellos no me oirán porque soy un instrumento despreciable, ni tampoco yo sé si alguno de ellos recibirá mi testimonio."

Nadie sabía la razón por la cual pasé por tan grandes ejercicios. Muchos Amigos dijeron que algo pesado estaba sobre mi, tanto así que yo difícilmente podía ponerme de pie, y se maravillaron de que no lo dejaba, y decían que yo me había dañado a mi misma y a la reunión también.

No puedo sino admirar grandemente la misericordia y piedad del Señor y su gran paciencia conmigo porque no me cortó en mi desobediencia a él, cuando yo sabía lo que él requería de mi como también lo que estaba en mi mano derecha y mi mano izquierda, y no quería obedecerle. Pero aún así razoné y clamé "¿Qué haré?" Pensé que si alguien había dado testimonio en público antes de mi, yo podía hacerlo mejor. Pero ser uno de los primeros, alguien tan despreciable, no podía hacerlo.

Pero lo que no hizo la misericordia, el juicio hizo. El Señor se complació de poner su mano de manera pesada sobre mi y con su vara de corrección me reprendió. Y sentí más del desagrado del Señor por mi rezago con respecto a sus requisitos de lo que nunca sentí por mis transgresiones anteriores. Podría decir, así como Jonás fue sumergido en lo profundo y su cabeza envuelta en algas, así mi alma estaba sumergida en un abismo de miseria, tanto así que toda la esperanza de encontrar favor con Dios se escondió otra vez de mi, y fui dejada para lamentar en tristeza, como alguien sin esperanza.

Cómo mi corazón se lamentó y mi alma languideció noche y día. Dije "Oh, que el Señor se agradara de mostrarme misericordia una vez más, para levantar mi vida otra vez, y redimir mi alma de esta terrible fosa en la cual estoy sujeta con cadenas. Llévame a mi estado anterior otra vez y exige lo que quieras, y obedeceré tu voz, aunque soy odiada por todos los hombres sobre la faz de la tierra."

Y antes que pudiera tomar algún descanso, hice un compromiso profundo con el Señor de hacer cualquier cosa que él me pidiera, si él me daba la fortaleza y estaba conmigo. Entonces cuando llegó el primer día en la mañana, tuve una gran preocupación sobre mi. Y cuando me senté a esperar al Señor, el poder del Señor se apoderó de mi, lo cual me hizo temblar, tanto así que mis huesos se sacudieron y mis dientes castañearon, y yo estaba en gran agonía. Me puse de pie con un temible testimonio y proclamé la controversia de Dios con los exaltados y altaneros entre los profesantes de la verdad y los que se habían apartado de la cruz del Señor Jesucristo, en contra quienes la ira de Dios se había encendido. Yo les advertí de que se arrepintieran mientras tenían tiempo, y más con respecto a eso, pero tan corto como pude.

Entonces un Amigo se puso de pie con una gran preocupación sobre él, diciendo: "Un testimonio viviente está levantando el Dios del cielo y la tierra entre los pobres y los despreciables que permanecerá sobre sus cabezas para siempre." Entonces él continuó con gran autoridad, y el poder del Señor fue manifestado entre nosotros. Oh, gloria sea a su eterno nombre para siempre, dijo mi alma, por su bendita venida a nosotros este día, y por todas sus misericordias, quien me regresó cien veces a mi seno después de toda mi indigna consulta en contra de los movimientos del Espíritu de un Padre tan misericordioso y compasivo, quien después que él me había corregido me recibió en su favor otra vez. Gloria a él para siempre, porque cuando él había limpiado mi consciencia, la paz y el consuelo que recibí del Señor fueron más que todo el mundo o su amistad.

Algún tiempo después, John Story y tres de su grupo vinieron a mi casa a reprenderme y eran altaneros y hablaron con grandes palabras infladas, pensando así desanimarme. John Story me preguntó de qué lo culpaba y qué tenía en contra de él. Yo le dije que lo que tenía en contra de él no lo recibí de ningún hombre ni por ninguna información de nadie. "Sino lo que tengo en contra tuya es de la evidencia de Dios en mi consciencia."

"La evidencia de Dios en tu consciencia," dijo él en una forma burlona, "¡eso no es suficiente para ti!" Yo le dije que sí era suficiente para mi. ¿Pero como más podría yo probar los espíritus, sino por la evidencia de Dios en mi consciencia? Entonces él dijo otra vez que eso no era suficiente para mi. Mi esposo dijo: "John, ¿a qué nos vas a llevar ahora? ¿Acaso tú y todos los otros Amigos no nos han dirigido al testigo de Dios en nuestra propia consciencia? Y ahora tú dices que no es suficiente." Y él dijo otra vez: "No es suficiente a menos que tú puedas traer un testimonio de que yo he hecho alguna acción malvada", y de qué lo podía acusar, o de otra manera qué significa tener alguna cosa en contra de él.

Yo podría haber puesto suficiente culpa sobre él por su manera de actuar en el tiempo de la persecución. Pero al estar dispuesta a decirle algo corto, le dije: "Tengo esto que decirte, que tu conducta en las reuniones públicas difiere mucho de la del apóstol, quien dijo que si alguna cosa es revelada a aquel que se sienta, lo primero es estar en silencio. Tú tomas todo el tiempo de la reunión, aunque han habido muchos que han estado preocupados ante tu rostro, y grandemente. Por lo tanto, lo que tú haces no es por ignorancia, sino voluntariamente."

Me respondió muy enojadamente, y dijo: "Si eso hago, ¿qué puedes concluir de eso?" Yo le dije: "Estás fuera del orden del evangelio. Porque se dice que la iglesia puede ejercer, uno por uno* y tú no haces como quisieras que hicieran contigo." Y además le dije "este no es tu lugar para permanecer aquí predicando y cargando a las almas de los inocentes. Sino tu lugar es regresar a casa hacia el norte y reconciliarte con tus hermanos antes que vayas a dar tu ofrenda."

[*Porque de esta manera todos podéis profetizar uno por uno, para que todos puedan aprender y todos sean animados. 1 Cor 14:31]

Muchas grandes palabras infladas procedieron de él y sus tres amigos que estaban con él, y ellos se fueron muy disgustados. Su rabia aumentó hacia mi y muchos fieles Amigos que se habían sentado bajo su ministerio muerto*, pero más que nada en contra de mí, por relevar mi deber en obediencia a lo que el Señor requería de mi y puso a mi cargo con respecto a ese espíritu que por algún tiempo se esforzó en gobernar la heredad de Dios, lo cual hizo que muchos que eran sensibles se inclinaran muchas veces. Mi alma es un testigo vivo, con muchos más, de lo que he declarado aquí, lo cual es muy poco de la persecución de ellos en contra de mi, en consideración de lo que sigue. Porque el Señor se complació en continuar mi ejercicio en esa ciudad donde vivió John Story mucho de su tiempo.

[*Hablando de la mente carnal, las palabras no tienen la vida de Dios en ellas, sólo la naturaleza de la muerte; pero las palabras habladas del Espíritu tienen vida en ellas, lo cual imparte vida a los oyentes a medida que ellas son implantadas en sus corazones.]

Varios más de ese espíritu frecuentemente visitaron allí, y el Señor se agradó de hacerme tan sensible de ellos que en el tiempo de la noche tuve muchas penurias de espíritu cuando yo no sabía nada de ellos por información de nadie. Entonces yo clamé al Señor en secreto: "¿Qué haré para pasar por cosas tan difíciles? Oh, que yo pudiera ser excusada o que tú te complazcas en mantenerme en silencio este día. Entonces yo estaría muy dispuesta a ir a una reunión a esperarte y a sentarme bajo la sombra de tus alas con gran deleite, donde tu fruto será agradable para mi gusto." Entonces el pacto que yo hice con el Señor en los días de mi angustia vino ante mí, cuando todo el mundo y su amistad no cedían ni una gota de consuelo a mi pobre alma angustiada. Yo le prometí al Señor en ese día, veinte años antes, que si él redimía mi alma de la muerte y me daba la seguridad de la vida, yo le serviría todos mis días, si él me daba la fortaleza y estaba conmigo. Porque no me importaba por lo que pasara por causa de su nombre.

A menudo venía ante mi que aquellos que seguían al Señor y le amaban más hacían cualquier cosa que él les ordenara. Yo no puedo más que admirar la gran paciencia y piedad del Señor porque él no me había descartado en mi resistencia e infidelidad. Porque nunca quise la asistencia de su Santo Espíritu para entregarme a sus requisitos, bendito sea el nombre del Señor nuestro Dios y el brazo derecho de su fortaleza, para siempre, quien es el único que ha sido nuestro guardador y preservador hasta este mismo día. Gloria sea a su gran nombre para siempre.

Daré un pequeño informe de una reunión en Bristol que fue uno de los ejercicios más grandes con los cuales me encontré o por los que pasé desde que tengo memoria. Cuando estaba yendo a la reunión, tuve un gran ejercicio sobre mi espíritu y no sabía por qué. Pero después de un tiempo de esperar al Señor, vi mi servicio, porque John Story estaba allí, quien vino a Bristol la noche anterior, y varios Amigos le habían "advertido que no viniera ni diera su ofrenda hasta que se reconciliara con sus hermanos," porque si lo hacía, ellos creían que el Señor le daría la preocupación a uno u otro de dar testimonio abiertamente en contra de él. No supe de esto hasta después, porque si lo hubiera sabido, creo que mi servicio no hubiera sido tan duro y extraño para mi. Pero mientras él estaba declarando, una gran nube vino sobre la reunión, y fui grandemente ejercitada en mi espíritu, tanto así que el Señor me constriñó a clamar "¡Ay a ese espíritu que apaga la gloria del Señor y ay a esa olla en la cual permanece la escoria, porque está en el caldo de las cosas abominables, como lo que el Señor odia, y las almas de su pueblo también!" Corrió por mi vez tras vez, y fui presionada en mi espíritu a declararlo, mientras él estaba hablando. Pero yo era sensible de qué disturbio habría en esa reunión. Estaba dispuesta a abstenerme hasta que él lo hubiera hecho, pero no me atreví.

Tenía miedo de hablar y tenía miedo de quedarme en silencio. Si hubiera estado en silencio, sabía que hubiera resistido al Espíritu del Señor en mi propia consciencia. Me esforcé en contra de ello al razonar y decir: "Oh, que el Señor se complaciera en excusarme este día, y que yo no pierda su favor, entonces me hubiera considerado feliz." Todo este razonamiento no hubiera hecho el servicio que Dios tenía para mi ese día, y cuando no encontré una manera de pasar por él, me levanté para aclarar mi consciencia, y relevar mi deber. Cuando consideré la condición débil en la cual había estado, la fortaleza del Señor me sostuvo, porque de acuerdo al día era la fuerza que me era dada, gloria a su nombre eterno para siempre, dijo mi alma. Su bendita recompensa fue regresada a mi seno y él renovó mi fuerza, y levantó mi vida en dominio sobre toda la oposición con la que me encontré entonces.

Por lo tanto, lector, he dado este breve informe del avance y la obra de ese espíritu, desde lo cual he visto que un marchitamiento y una decadencia ha venido sobre ella, habiendo ya pasado cerca de veinte años sobre mi cabeza. Oh, el tratamiento no cristiano que ha sido llevado a cabo por ese espíritu y cómo algunos de ellos han escrito e imprimido en contra de la verdad y su buen orden — volvieron sus espaldas en el día de la batalla y dejaron a sus hermanos en las manos de los enemigos. Cuán dolorosas han sido sus acciones desde el año 1670. Ahora consideremos si el testimonio que Dios levantó en mi corazón en ese tiempo de gran angustia no fue verdadero. Porque puedo decir verdaderamente que pasé bajo el ejercicio de su apostasía muchas veces. El Señor se agradó de ejercerme y hacerme pasar por un valle de lágrimas y una tierra de sequía para humillarme, para que yo pueda inclinarme a su voluntad y obedecerle en todas las cosas, "porque la obediencia es mejor que el sacrificio, y escuchar la voz del Señor es mejor que el sebo de los carneros."

No se oye su voz misericordiosa, sino al humillarnos bajo su gran poder. Entonces él nos da a conocer su voluntad, y benditos son los que oyen su palabra y la obedecen, los que conocen su voluntad y la hacen. Bendito sea su nombre eterno para siempre, dijo mi alma, por todas sus misericordias, y favores, y buenos dones, y muestras de su amor misericordioso que él me ha otorgado. Primero, al mantenerme fuera del mal del mundo en mis años de juventud y guardándome para no caer en muchas tentaciones, de las cuales tuve una gran porción. Y después por llevarme de la mano y guiarme en su camino y también abrió mi ojo espiritual para que yo pueda ver el camino que lleva hacia su reino glorioso, y por mantenerme viva hasta este mismo día en su testimonio, y todas sus muchas misericordias, que están ante mi vista en este tiempo. En el recuerdo de ellas mi corazón está verdaderamente inclinado, y con sincero agradecimiento regreso a mi Padre celestial toda la gloria, y honor, y alabanza. Renombre eterno sea dado a mi Dios, y nuestro Señor y Salvador, Cristo Jesús, quien está sentado sobre su trono, juzgando en justicia y meciendo su cetro en santidad, quien es digno para siempre de ser temido, honrado y obedecido, dijo mi alma, en este momento y para siempre, Amén.

Y ahora, mis queridos hijos, vive más aún en mi corazón para dejar algo de los testimonios que el Señor se complació de poner sobre mi en ese tiempo de gran sufrimiento en Bristol, y cerca de allí.

En el año 1680, estuve muy preocupada de ir al alcalde de Bristol con este testimonio en el día de su sesión en la mañana, esperando afuera de su puerta para que se levantara de su cama. Me encontré con él mientras pasaba por una de sus habitaciones, antes que él estuviera completamente listo, y le dije: "El Dios del cielo y la tierra me ha constreñido esta noche y mañana a venir a ti con este testimonio. Por lo tanto, no lo descartes como una cosa no digna de ser considerada, sino léelo y considera bien lo que está escrito allí. Porque si me pudiera haber relevado ante la vista de Dios al no venir, no hubiera estado aquí este día."

El documento que ella entregó en sus manos contenía el siguiente testimonio.

Esto es para el alcalde, los concejales, y oficiales de todas clases, y todos quienes participan en perseguir a los siervos justos del Dios altísimo llamados los cuáqueros, quienes son queridos por el Señor como la niña de sus ojos. Y el Señor ha dicho en las escrituras de la verdad, '¡No toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas!' Ahora, consideren ustedes personas de todas clases que tienen las Escrituras de la verdad tan frecuentemente entre ustedes. ¡Oh! ¿Hacen ustedes un uso tan malo de ellas como para no notar lo que está escrito allí? Seguramente ellas fueron dadas para un propósito mejor. Porque el Señor nuestro Dios, quien está lleno de compasión y entrañas de amor hacia la obra de sus propias manos, en las riquezas de su amor ha proveído un camino en el cual las personas pueden escapar de su ira y feroz venganza.

El Señor ha puesto una medida de su buen Espíritu en los corazones de ustedes que nunca consintió con el pecado, lo cual, si ustedes ceden a ser guiados por él, los hará felices para siempre. Les enseñaría a hacer a todos los hombres lo que ustedes quisieran que hicieran con ustedes. Esta es una buena lección para que ustedes aprendan y los haría honorables ante la vista de las naciones y los embellecería ante la vista del pueblo. Entonces no se desgarraría, ni se rasgaría o devoraría, ni harían estragos o confiscarían los bienes, ni encarcelarían a los siervos del Altísimo por la respuesta de una buena consciencia, ni golpearían o arrojarían a los ancianos y los débiles porque no pueden tan rápidamente salir del camino, como quisieran ustedes en su apresurada voluntad. ¡Oh! El Dios del cielo rogará por esas cosas y el gran y poderoso Jehová, quien es el Dios de toda la tierra, traerá un día de juicio. Y temible será él en su súplica. ¡Oh! Quién podrá permanecer ante aquel que es como un fuego devorador. Y todos los impíos y todos los que olvidan a Dios serán como rastrojo ante él, dicen las escrituras de la verdad.

Oh ustedes gobernadores y personas de todas clases, lean las escrituras y vean qué pasó con los perseguidores en los días pasados. Porque ellas fueron escritas y dejaron un registro para el consuelo de aquellos que viven la vida de ellas y para advertencia a los impíos y los malvados. Consideren al hombre rico en los días cuando estaba saludable, cómo tenía una vida suntuosa y no consideraba al pobre Lázaro que mendigaba en su puerta. ¡Oh! ¡Qué corazón tan duro tenía! Pero ¿qué sucedió con él? ¿Y qué lugar terrible de tormento está preparado para los impíos y los malvados, en el cual ellos claman por una gota de agua para enfriar sus lenguas cuando ya es muy tarde, y no les será dada. Por lo tanto, por amor a Dios, y por amor a sus propias almas, arrepiéntanse, no sea que perezcan por toda la eternidad.

Por lo tanto, el llamado del Señor es una vez más proclamado entre ustedes, oh ciudad de Bristol, y a los habitantes de ella. Oh, arrepiéntanse, arrepiéntanse antes que sea muy tarde, y pongan fin a sus pecados por medio del verdadero arrepentimiento y sus transgresiones al mostrar misericordia. Defiendan la causa de los inocentes y dejen que los oprimidos sean liberados, y no sean peores que los de antaño, que clamaban 'Ayúdennos, oh hombres de Israel, ...' Hay un grupo de muchachos groseros y turba de la clase más baja, con los oficiales, apiñados entre nosotros, presionándonos sin misericordia, y los oficiales mismos tomándonos de los brazos y arrojándonos hasta que apenas podemos recuperarnos, y tirando los sombreros de los hombres, arrojándolos con gran furia, y arrastrando a muchos a la cárcel en un día.

Oh, avergüéncense, ustedes gobernantes, y todos los que han participado en esta obra y tiemblen ante el grande y terrible Dios que los hizo y les dio aliento y ser. Porque él es capaz de partirlos en pedazos como la vasija de un alfarero y quitar su aliento, y dejarlos como hombres muertos ante él. Por lo tanto, consideren antes que sea muy tarde, antes que los días de su calamidad lleguen sobre ustedes y las flechas del Todopoderoso se les peguen, y no haya nadie que pueda ayudarlos ni liberarlos de sus manos. Porque el Señor seguramente visitará a esta nación por la traición y juramentos maldecidos, el orgullo y la opresión de muchos, cuyos pecados han alcanzado el cielo. Es la determinación del gran Dios del cielo y la tierra enviar a su ángel destructor entre ellos y disminuirlos. Grande será la tristeza, dolor, perplejidad, terror, asombro y aflicción de espíritu de ustedes. ¡Ay! Porque el día será grande —quién podrá permanecer en él sino los puros de corazón y aquellos que han hecho al Señor Jehová su elección y lo aman sobre todas las cosas, tanto en tiempos de paz como en tiempos de angustia; los tales morarán con el Señor para siempre.

Y ahora, oh ustedes magistrados, consideren lo que están haciendo, y ustedes que son padres de niños, no deshonren sus canas tanto que sean hallados alentando esas acciones tan impías. ¡Oh! Consideren sus lugares y por qué el Señor los creó a ustedes. Fue para que le sirvieran, y no para servir el pecado o la impureza. Y cómo el Señor nuestro Dios, quien es rico en misericordia, ordenó los medios, o un camino por el cual los hombres pueden escapar la trampa, pero él quisiera que a todos les fuera bien y vivieran en su favor para siempre. Todos ustedes, despierten este día y levántense, y no duerman en seguridad, porque la destrucción está cerca si ustedes no se arrepienten rápidamente.

Consideren a los sodomitas de antaño, cómo ellos estaban trabajando, y nada los podía satisfacer excepto los siervos del Dios Altísimo, a quienes él había enviado a advertirles. Y en vez de ser advertidos por ellos, provocaron más al Dios justo y santo, quien no quiere la muerte del pecador, sino más bien quisiera que ellos regresaran y vivieran. Por lo tanto, él ha enviado a sus siervos temprano y tarde para advertir al pueblo, para que al tomar la advertencia ellos puedan escapar la ira del Dios Altísimo, en la cual todos ellos pueden caer, quienes están añadiendo pecado al pecado. Y verdaderamente yo no sé de nada que tenga más posibilidades de atraer la venganza de Dios que usar a sus hijos cruelmente y hacerlos gemir bajo su opresión, como el faraón hizo en sus días, hasta que los gemidos penetraron los oídos del Señor, y él dijo: "he oído los gemidos de mi pueblo, y he descendido para liberarlos." Y verdaderamente nuestro Dios es tan grande en poder y tan fuerte en este día como lo fue en aquel tiempo. Y si ustedes continúan así, como ya han hecho, sus días serán acortados y no prosperarán.

Por lo tanto, considérenlo a tiempo, les suplico, mientras ustedes cuidan el bien de sus propias almas y las de sus hijos, y no sean un patrón de crueldad para las generaciones venideras. No dejen sus nombres registrados para acciones tan impías y tratos no cristianos, como perseguir a sus honestos prójimos por mantener sus consciencias libres de ofensa hacia Dios y todos los hombres. Porque es por causa de que tememos al gran Dios del cielo y la tierra quien nos hizo y nos dio nuestro aliento y ser, y no nos atrevemos a traicionar a nuestro Señor y Maestro, como Judas hizo en su tiempo. Y tomen nota de lo que sucedió con él. Yo digo, porque no nos atrevemos a negar al Señor ni dañar nuestras propias almas, por lo tanto sufrimos este día bajo vuestra crueldad.

El justo y recto Dios del cielo y la tierra un día litigará con todo el pueblo, y nadie escapará de su tribunal sin una justa recompensa por sus obras hechas durante su vida. Él no hace acepción de personas, él no considera al rico más que al pobre, él es justo en todos sus juicios, y él es igual en todos sus caminos, siempre bendito y honrado sea su digno nombre y su honorable verdad, dijo mi alma, por los siglos de los siglos, Amén.

Estas cosas han sido muy importantes sobre mi espíritu, y para relevar mi consciencia las he escrito, deseando que vuestra moderación pueda aparecer y que un espíritu noble pueda levantarse en ustedes como el que estaba en los de antaño, quienes "probaron todas las cosas, y retuvieron lo que era bueno." Sin embargo, ya sea que ustedes oigan o se abstengan, yo estaré relevada ante la vista de mi Dios, quien le dijo a su siervo en los días antiguos 'Pero si tú le adviertes al impío y él no se aparta de su impiedad ni de su camino impío, él morirá por su pecado, pero tú habrás librado tu vida.'

Elizabeth Stirredge

Además me queda el deseo de dejar un relato de nuestro sufrimiento, pruebas, y encarcelamiento en el año 1683. Si puede caer la suerte sobre ustedes sufrir por el testimonio de la verdad o por la respuesta de una buena consciencia en algún caso. Me refiero a cosas relacionadas a la respuesta de una buena consciencia hacia Dios, que ustedes pueden estar asegurados de encontrar durante el tiempo de su peregrinación hacia acá, tengo este testimonio que llevar por el Dios viviente y sus eternas misericordias que entre las muchas bendiciones y favores y liberaciones de las que hemos sido partícipes año tras año, por estos treinta y siete años, bendito sea el nombre y poder de nuestro Dios, él me ha hecho un testigo viviente y alguien que disfruta su bendita verdad — entre todas las temporadas de su amor, esta fue la más grande de las misericordias hacia mi.

El Dios del cielo y la tierra estaba con nosotros cuando nos acostábamos y cuando nos levantábamos. Y mientras dormíamos él nos guardaba, y cuando estábamos despiertos él estaba presente con nosotros. La mano derecha de su poder nos defendió y su buen Espíritu nos sostuvo e hizo que las cosas difíciles fueran fáciles para nosotros y que las cosas amargas fueran dulces. Cuando nos despertábamos en la noche, los gemidos espirituales ascendían a Él, y en la luz de la mañana, acciones de gracias vivientes y altas alabanzas eran regresadas a aquel que vive para siempre, quien era Dios y Padre de todas nuestras misericordias y bendiciones y nos dio fortaleza, valor y audacia para permanecer fieles a nuestro testimonio para la alabanza del Señor. El terror de los tiempos malos no nos atemorizó, aunque nuestros enemigos determinaron nuestra ruina y destrucción, y se agradaron en afligirnos.

La manera de nuestra ida a la cárcel y por medio de quién fuimos perseguidos fue Robert Cross, sacerdote de la parroquia de Chew-magna en el condado de Somerset, donde nos habíamos ido a vivir un tiempo antes y donde entonces habitábamos. Él fue un gran perseguidor veinte años antes, pero habiéndolo dejado por algunos años, comenzó de nuevo con nosotros, y su ira se renovó en contra de los Amigos por su fidelidad al Señor y su bendita verdad. Él se ofendió grandemente, pero en contra de mi en particular, al punto de que dijo que si él podía vivir para verme arruinada, y mi esposo por causa mía, no le importaba si moría al día siguiente.

Aquello que lo enfureció en contra de mi fue esto. Cuando estaba con una vecina que yacía muy débil en su lecho de muerte y varios de la congregación del sacerdote estaban presentes, tuve que testificar de un día de mortalidad para ellos, lo cual consecuentemente se redujo a tres o cuatro en dos semanas y fue notorio. Cuando el sacerdote fue informado de ello, se enfureció e hizo uso de varios instrumentos para llevar a cabo su obra cruel. Él envió a llamar al juez vecino y lo amenazó que le costaría cien libras si él no ejecutaba las leyes del rey en contra de los cuáqueros; como el juez mismo me dijo una vez, cuando ellos me sacaron de un entierro y me tuvieron ante ellos, la manera de lo cual relataré a continuación.

En el entierro de la hija de uno que profesaba la verdad, tuve un testimonio para el pueblo; y debido a que muchos de la compañía del sacerdote estaban allí, esto lo ofendió grandemente. La siguiente semana el padre de esta joven también murió. El día de su entierro fue en el mismo día en el que varios jueces fueron encontrados en sus sesiones menores cerca del cementerio de los Amigos. Ellos enviaron una orden judicial con algunos oficiales al patio de nuestro cementerio para llevar al sacerdote y oidores si alguno había decidido predicar. Había una gran concurrencia de personas, muchos que vinieron con los oficiales para ver lo que hacían con nosotros, y un gran grupo estaba en el entierro del cuerpo.

Apenas habíamos llegado al patio cuando el poder del Señor vino sobre mi y me hizo temblar de modo que apenas podía permanecer de pie. Pero, aferrándome de un Amigo que estaba cerca de mi, dije: "Viene un día cuando el Dios del cielo y la tierra será muy fuerte para los de corazón obstinado entre ustedes. Por lo tanto, arrepiéntanse y enmienden sus vidas mientras tienen un día y el tiempo. Porque así como el árbol cae, así se queda, y a medida que la muerte se va, el juicio encuentra, porque no hay arrepentimiento en la tumba. Por lo tanto apresúrense, apresúrense al arrepentimiento y la enmienda de la vida. Porque el gran Dios del cielo y la tierra disminuirá esta nación, porque son muchos los que están en pecando en contra del Señor." Esto y mucho más dije, porque mi corazón se abrió y mi espíritu fue grandemente engrandecido por el poder del Señor y atraído en amor hacia el pueblo.

Vi las lágrimas que caían por muchos rostros y muchos dijeron que ellos nunca serían lo mismo que habían sido antes. El oficial que estaba al lado mío con una orden judicial en su bolsillo tembló excesivamente y apenas podía abrir la orden sin rasgarla, clamando: "Oh, que yo hubiera estado a veinte millas de mi habitación, para que no hubiera tenido parte en esta obra. Por favor no me lo tome a mal, porque he sido forzado a hacerlo. Usted debe ir conmigo ante los jueces. Pero yo desearía haber estado más lejos, y entonces no hubiera tenido parte en molestarla. Por favor no esté enojada conmigo." Yo le dije: "No estés tan afligido. No estoy ofendida. Iré contigo."

Cuando vinimos ante los jueces, uno de ellos estaba muy enojado conmigo, y dijo: "Tú eres una vieja profetisa, yo te conozco de mucho tiempo." Podía bien decirlo porque él era uno de aquellos entre los cuales yo dí testimonio diez años antes. Él me amenazó grandemente y dijo: "Tú irás a la cárcel, y yo arruinaré a tu esposo. ¿Pero dónde está él? Se preocupa poco de ti, yo te garantizo, de otra manera él habría venido contigo y no hubiera permitido que fueras enviada sola a la cárcel. Eres una mujer problemática. Parson Cross se queja de ti. Tú dispersas su rebaño y le has hecho más daño que todos los otros cuáqueros. Hiciste un discurso en la tumba de la hija la semana pasada y ahora en la del padre. Ciertamente irás a la cárcel, eso será lo último que haré contigo."

Así continuó de manera excesiva; y yo permanecí delante de él, mirándolo firmemente, y no respondí ni una palabra en ese momento. Pero él continuó y dijo: "Tú eres una mujer sutil. Tu lengua está en libertad cuando tú estás con tu conventículo, pero estás muda ahora que vienes ante nosotros. Te enviaré a la cárcel."

Yo dije: "No estoy tan asustada de ir a la cárcel como tú piensas que estoy. Pero si tú me envías a la cárcel y acortas mis días por causa de mi debilidad, no harás más que traer sangre inocente sobre tu cabeza y ella clamará en alta voz por venganza."

Él me dijo: "¿Entonces por qué quiebras las leyes del rey? ¿Y por qué no vas a la iglesia? Estás corriendo de cabeza hacia el papado."

"Yo niego al Papa," dije, "y sus acciones."

"¿Amas al rey?" dijo él.

"Sí," dije.

"¿Entonces por qué no obedeces sus leyes?" dijo él.

"No he quebrantado ninguna ley en este día," dije. "Yo estaba en un entierro, y no es una infracción de la ley enterrar a nuestros muertos."

"Bueno," dijo él, "tú dices que no has quebrantado ninguna ley. ¿Obedecerás la ley del rey en el futuro y dejarás de reunirte en conventículos y predicar?"

"Siempre y cuando las leyes del rey no ofendan mi consciencia," dije yo, "las obedeceré, pero no ofenderé mi consciencia por el rey ni por ningún otro hombre. Y yo no sé si el Señor alguna vez pueda abrir mi boca otra vez. Pero si él lo hace y suelta mi lengua para hablar, no me mantendré en silencio."

"Por lo tanto, tú puedes hablar ahora, cuando quieras. Pero," él les dijo a los que estaban sentados con él, "ella estará muda nuevamente vez tras vez. Le haré una pregunta que la enmudecerá otra vez. Bueno, tú dices que no has quebrantado las leyes del rey, que sólo estabas asistiendo un entierro. Pero yo garantizo que tú tuviste un conventículo* entre el pueblo en la casa de John Hall antes que lo presentaras. ¿Qué dices a eso?" No le respondí hasta que él dijo otra vez "¿Por qué no respondes? Yo sabía que estaría muda." Entonces respondí: "No soy una informante. Judas era un informante cuando él traicionó a su maestro."

 *Un conventículo estaba definido en la ley como una reunión de cuatro personas o más, quienes se reunían de manera alborotadora o desenfrenada, cuyo propósito era sedición, insurrección, o rebelión, o quienes se reunían en un servicio religioso que no seguía la liturgia de la iglesia episcopal de Inglaterra.

Entonces el miró a los que estaban con él, y dijo: "Les digo que estos cuáqueros son las personas más sutiles con las que tenemos que lidiar. En un momento ellos no hablan en lo absoluto, y después en otro momento ellos dan respuestas tan cruzadas como estas. Protesto; la enviaré a la cárcel." Él llamó al secretario para que escribiera mi orden de arresto, y el oficial fue llamado. Entonces él se enfureció con este, y dijo: "Tú, hombre necio, has dejado libres a todos los hombres y has traído esta mujer problemática para que causara problemas. Deberías haber traído a dos o tres hombres ricos para haber pagado por todos los conventículos." [Por lo tanto el juez reveló su verdadero interés - ¡dinero!]

"Señor, yo no los conocía," él dijo.

"No, yo te haré jurar que no los conoces. Dénle el libro. Hagan que bese el libro."

El pobre hombres estaba tan asustado con eso que clamó: "Le ruego, señor, no lo haga. No puedo jurar."

Entonces miré a los jueces, y dije: "Mi alma está angustiada de ver cómo ustedes oprimen los espíritus de los hombres al forzarlos a ofender sus consciencias. ¿No piensan ustedes que el Dios justo y recto los visitará por estas cosas? Sí, verdaderamente, el gran Dios del cielo y la tierra exigirá un día de juicio, y será terrible para todos los obradores de iniquidad."

Entonces el otro juez que estaba sentado y se había abstenido de inmiscuirse todo este tiempo, siendo un hombre moderado que no se adelantaba a perseguir a sus prójimos, al ver al otro tan furioso, dijo: "Vayamos al asunto en cuestión. Esta mujer estaba en un entierro y hay muchas religiones en el mundo, y todas tienen su manera de enterrar a sus muertos y no podemos obstaculizarlos. Oficial, díganos la verdad del asunto. ¿Era esto un conventículo o no? Si lo era, debería haber habido un lugar preparado para ella para estar de pie por encima del pueblo para predicar. ¿Fue así?"

"No, señor," dijo el oficial.

"Entonces, ¿sobre qué se paró?"

"Nada más que la tierra de la tumba."

"¿Y qué dijo?"

"Yo nunca escuché algo similar en toda mi vida," dijo él. "Ella dijo que vendría un día en el cual el Dios del cielo y la tierra sería demasiado fuerte para los de corazón obstinado entre nosotros y proclamó el día de mortalidad entre nosotros y nos advirtió a arrepentirnos y enmendar nuestras vidas. Ciertamente hizo que temblara mi corazón."

"¡Cómo! ¿Qué? ¿Una mujer hizo que tu corazón temblara?"

"Sí, señor, y yo no tuve poder para tocarla hasta que ella había dicho todo lo que tenía en su corazón para decir."

"¡Cómo!" dijo el enojado juez. "Eres un tonto, oficial; y tenías una orden severa en tu bolsillo para llevarte al predicador y los oidores, y tú le dejas decir todo lo que tenía que decir. No eres digno de ser un oficial del rey. Llévenselo a la cárcel."

Entonces el juez moderado salió de la habitación y envió a alguien para que me dijera que saliera también. No me adelanté a ir, porque esa confesión honesta del pobre hombre me hizo más bien, según yo pensé, que mi liberación en esos momentos. El juez, al regresar otra vez, dijo: "Por favor, señora Stirredge, váyase a su casa a ocuparse de sus asuntos." Por lo tanto yo regresé a mi hogar otra vez y tuve la paz del Señor en mi seno, alabanzas eternas sean dadas al Señor nuestro Dios.

Este impío sacerdote, después del entierro, fue de casa en casa y amenazó al pueblo de que les costaría cinco libras a cada uno por ir a oír a los cuáqueros. Cuando algunos se asustaron con su amenaza, pidieron perdón. Otros dijeron que irían otra vez. Pero él continuó con su furia, porque nada lo podría haber contentado sino nuestra ruina. Él había enviado a los oficiales a nuestra reunión, quienes nos trataron duramente al tirarnos y arrojarnos y amenazarnos, todo lo cual no lo contentó. Pero mientras él estaba predicando en su púlpito, se cayó como muerto mientras las palabras estaban en su boca, ya que muchos de los oidores que estaban presentes me declararon que ellos pensaron que él nunca respiraría otra vez. Pero después de un gran alboroto y que todos los medios que se podían usar fueron usados, se recuperó un poco. La gente dijo: "Esperamos que sería una advertencia para él para que no persiguiera a sus prójimos." Pero no lo fue, porque se le oyó decir: "Si yo pudiera vivir para terminar esa obra que comencé, no me importa si muerto en el presente."

Al ver que sus prójimos no se adelantaban a responder a su llamado, él envió a llamar a John Hellier de Bristol, con más de sus aliados, quien era el gran perseguidor de Bristol, quien él pensaba que hacía su trabajo al máximo. Ellos vinieron con muchos oficiales a nuestra reunión en Chew-magna, a cinco millas de Bristol, donde solemnemente nos reunimos para esperar al gran Dios del cielo y la tierra. Ellos se metieron entre nosotros, nos arrestaron a todos en el nombre del rey y dejaron una guardia entre nosotros, y después fueron a la casa del sacerdote a cenar y se quedaron cerca de dos horas. En esos momentos tuvimos una reunión pacífica en la cual disfrutamos de la presencia del Señor para el consuelo de nuestras almas, quien nunca le falló a sus hijos en su hora de necesidad, sino que siempre les dio fortaleza adecuada para el día, honor eterno le sean dado a su santo nombre.

Después que se habían alimentado al máximo y habían bebido en abundancia, trajeron consigo haces de madera de la casa del sacerdote, con un hacha pequeña y una grande, y ordenaron al pueblo a asistirles. Así ellos prepararon sus fuerzas mientras venían. Y el pueblo, al ver la postura en la que estaban, gritaron: "¿Qué van a hacer?"

"Destruyan la casa y quemen a los cuáqueros," dijeron ellos. Entonces ellos tiraron su madera en la puerta del lugar de reunión, y gritaron: "Préndanles fuego, destruyan la casa."

La gente gritó: "Se quemarán nuestras casas que están cerca, y tú no eres tan malvado como para quemar a la gente, ¿o sí lo eres?" Entonces ellos entraron en una manera violenta y pusieron sus manos sobre los niños, amenazando con quemarlos. Trayendo algunos hacia afuera, dijeron: "Haremos que ellos sean una advertencia para todos los otros y haremos que se arrepientan de que alguna vez fueron cuáqueros."

Entonces pusieron sus manos sobre nosotros, acarreándonos y arrastrándonos, golpeando a algunos de ellos con un bastón y cortando las patas de los bancos, y tomando otros bancos por los dos extremos, tiraron a los Amigos que estaban sentados en ellos hacia atrás, a menudo llamando a nuestros vecinos para que los ayudaran. Algunos de ellos contestaron: "No podemos trabajar en el día de reposo."

Entonces ellos continuaron hasta que se habían cansado. Después, sacándonos a todos afuera a la calle entre mucha gente, les dije "¿Dónde está vuestro maestro?"

"¿A ti qué?" algunos contestaron. "Tú de seguro sufrirás, si el resto no sufre."

"¿Pero dónde está vuestro maestro?" yo les dije otra vez. "Que él venga y vea el fruto de su labor. Este es su rebaño, y esta es la obra de vuestro día de reposo. Que él venga y contemple los frutos de su labor y vea si él no está avergonzado de esto." Entonces ellos nos forzaron a entrar otra vez y John Helliar hizo que este hombre escribiera nuestra orden de arresto, y nos encerró en la cárcel de Ivelchester donde fuimos cruelmente abusados, como se relata después.

John Helliar, al ser el hombre principal en esta obra, nuestro jefe del vecindario le preguntó qué debería hacer con nosotros. Él contestó: "Haz que se los lleven a la cárcel inmediatamente." Ya que el día estaba muy avanzado y el viaje era largo, ya que eran veintidós millas a la cárcel del condado, él le preguntó a John Helliar cómo nos íbamos a ir. Porque aquí hay muchas mujeres que no pueden viajar a pie. Él respondió: "Solicitaré algunas carretas para llevarlas."

Yo dije: "No estamos avergonzados de ser acarreados por el testimonio de nuestro Señor y Maestro Jesucristo."

Por lo tanto ellos regresaron al sacerdote y le dijeron que habían hecho su obra efectivamente, porque todos estábamos encerrados en la cárcel. Él se quitó su sombrero y les agradeció, y dijo: "Esto añadirá años a mi vida. Ahora viviré en paz." Pero tomen nota de qué cortos fueron sus días. El jefe del vecindario fue la mañana siguiente y le dijo que debía proveer caballos para llevar a los cuáqueros a la cárcel. Él respondió: "El diablo nos tendrá antes que eso pase." Él le preguntó cómo nos llevaría allí. "Condúcelos como a cerdos," dijo el sacerdote.

El oficial era nuestro vecino, un hombre moderado, y lo que él hizo fue completamente en contra de su voluntad. Él vino de la casa del sacerdote a la nuestra y nos dijo lo que él había dicho. Entonces, antes de que fuéramos llevados a la cárcel el sacerdote estaba caminando en el patio de la iglesia donde tuvo una gran cantidad de necios discursos con unos niños que estaban allí jugando, muy tediosos para mencionarlos. Pero las últimas palabras fueron que él le dijo a uno de los niños que tomara un cabestro y se ahorcara, y entonces él se cayó como muerto.

Al ser llamada su familia, trajeron una silla y otras cosas necesarias y lo levantaron en ella y usaron todos los medios necesarios que pudieron para restaurarlo. Habían personas alrededor de él, algunos gritando: "No molesten al anciano, sino déjenlo ir tranquilamente." "Sí," dijeron otros, "déjenlo ir en paz y no lo molesten, para que sus vecinos, los cuáqueros, puedan permanecer en su casa y no ir a la cárcel."

Algunos de los vecinos vinieron a nuestro taller, y dijeron: "Ahora ustedes pueden permanecer en su casa, porque el señor Cross cayó muerto en el patio de la iglesia. Y antes de eso, estaba enloqueciendo," dijo la madre de uno de los niños, "porque él le dijo a mi niño que tomara un cabestro y se ahorcara. ¡Señor ten misericordia! Ese consejo malvado vino de un ministro," dijo ella.

Teníamos una buena esperanza de que su caída en el púlpito hubiera sido una advertencia para él, pero no lo fue. Después de una hora y media, tenía tanta vida que llamó a los que estaban alrededor de él canallas. Por lo tanto ellos lo llevaron en su silla a su cama donde él permaneció algunos días, pero nunca fue sensible, como fui informada por varias personas. Fuimos llevados a la cárcel antes que él muriera, donde tuvimos un tiempo difícil.

Nuestro guardián, Giles Bale, y su esposa, nos puso en la cárcel común con tres delincuentes que fueron condenados a ser ahorcados y no nos permitieron tener paja para acostarnos aunque hubiéramos pagado por ella. Debido a que vivíamos a alguna distancia de la cárcel, ellos nos encerraron y se llevaron la llave con ellos para prevenir que el guardia menor nos mostrara favor. Y la esposa del guardia principal dijo "Dejen que estén, como un grupo de canallas juntos. Si tuviera un lugar peor, los pondría allí." (Este guardia y su esposa murieron poco después, y su familia fue arruinada.)

Era un lugar lúgubre, donde no teníamos ni un tronco ni una roca en la cual sentarnos, ni algún lugar de descanso para recostarnos, sino una muralla negra de piedra, cubierta con hollín, y el suelo húmedo y frío sobre el cual acostarnos. Pero antes de acostarnos tres de nuestros Amigos, que estaban prisioneros en la habitación contigua a la habitación en la que estábamos, nos pasaron a través de las rejillas cuatro almohadas, dos cobijas y algo de paja. Por lo tanto, nos acostamos como un rebaño de ovejas en un corral en un invierno muy frío, como yo no recuerdo haber pasado antes, donde la mayoría de nosotros descansamos muy dulcemente. Pero cuando yo me había acostado, esta consideración entró en mi corazón: "Señor, tú sabes por qué estamos siendo expuestos a estas dificultades. Es porque no podemos traicionar nuestro testimonio ni perjudicar nuestra consciencia, ni tratar nuestras propias almas de manera desleal. Y ya que es así, Señor, sé nuestro consuelo en este tiempo de necesidad, porque es tu presencia la que hace que las cosas difíciles sean fáciles y que lo amargo sea dulce. Y tú has endulzado las aguas de una copa amarga. ¡Oh! Tú, Médico de valor, quien puede fortalecer tanto el alma como el cuerpo, sé con nosotros esta noche, y todas las noches y días que tenemos para vivir en este mundo." Entonces el Señor se complació de abrir mi corazón hacia él y llenarlo con su misericordia y presencia consoladora, tanto así que podría haber cantado a alta voz de la bondad del Señor y sus misericordias y bendiciones dadas a nosotros. Pero, al mirar a mis compañeros de prisión y verlos tan profundamente dormidos, no abrí mi boca para no despertarlos.

En la mañana mucha gente vino a ver cuántos de nosotros estábamos muertos por nuestro estado tan difícil. Algunos de ellos estaban seguros, como dijeron, que yo estaba muerta, porque me veía como si no viviría hasta la mañana. Al encontrarnos a todos vivos y bien, ellos confesaron y dijeron: "Seguramente ustedes son el pueblo de Dios, si hay alguno." Como era el primer día tuvimos una reunión en la cárcel y muchos Amigos vinieron, donde tuvimos una muy buena reunión y la presencia del Señor estuvo con nosotros y llenó nuestros corazones con gozo y alegría, tanto así que fui constreñida a alabar el nombre del Señor y magnificar su poder y testificar en el oído de muchas personas que estaban tan lejos de arrepentirse antes de que llegáramos allí, que tuvimos mucha causa para dar gloria, honor y alabanzas al Señor Dios del cielo y la tierra, porque él nos ha hallado dignos de sufrir por su nombre y verdad. Porque su presencia estuvo con nosotros y santificó nuestras aflicciones, e hizo que la cárcel fuera como un palacio para nosotros, y no quisimos cambiar nuestro estado por toda la gloria del mundo si nos lo hubieran ofrecido.

Grande fue la bondad y misericordia del Señor hacia nosotros día tras día de modo que a veces he dicho: "Seguramente el Señor está honrando a su pueblo y alejándolo del mundo." Me pareció que no tenía habitación aparte de la cárcel. Entonces ese fue el momento para que el Señor revelara sus secretos a sus hijos a quien él había probado y evaluado en tales cosas. Fue la fidelidad lo que hizo al siervo aceptable ante la vista de su maestro e hizo que él dijera: "Bien, siervo bueno y fiel. Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré." No puedo creer que aquel que no es fiel en lo poco alguna vez será puesto sobre mucho. Por lo tanto, manténganse en la verdad en todas las cosas y el lenguaje sencillo, y enséñenle a sus hijos a hacerlo.

En ese tiempo de gran aflicción y sufrimiento y la separación de muchos, esposa de marido y marido de esposa, y ambos de niños pequeños, el Señor se complació de revelar sus secretos a sus hijos. Al ver la bondad del Señor y siendo sensible de su brazo que recoge día tras día, una gran preocupación vino sobre mi por los muchos descuidados que se habían privado de ese bendito beneficio que nuestras almas disfrutaron con el Señor. En consideración de su estado deplorable, mi alma a menudo ha sido derramada ante el Señor, clamando: "Oh Señor, que ellos puedan venir y tomar parte de tus grandes misericordias, como nosotros lo hacemos día tras día." Entonces me vino un pensamiento de cuán grandemente ellos habían deshonrado al Señor y su bendita verdad por su infidelidad e incredulidad. Sí, ellos no podían confiar en el Señor, como si él no tuviera el poder o fortaleza para guardarlos.

Yo clamé: "Oh Señor, muchos son débiles y enfermizos, y la crueldad de los hombres ha sido grande y desesperadamente maligna y tú les has permitido ser muy crueles, para el asombro de muchos, tanto así que muchas pobres almas han sido lanzadas como con una tempestad. Y por no mantenerse en esa bendita guía y roca, Cristo Jesús, quien es el único capaz de darles audacia y valor para pasar por la labor de este día de aflicción, muchos pobres han caído, sin saber que deberían ser privados de una recompensa tan grande como la que disfrutamos, bendito sea tu santo nombre para siempre. Y Señor, tú sabes que mi corazón está adolorido dentro de mi, mi alma está en penuria hacia los pobres y los afligidos, los que han sido lanzados con tempestades y no consolados.

"El enemigo de sus almas está ocupado derribándolos y llenando sus mentes con aflicción e incredulidad, siempre poniendo ante ellos su infidelidad, y con gusto los mantendría en servidumbre y no los dejaría volver a ti por medio del verdadero arrepentimiento para que puedas sanar su apostasía y enseñarles a ser más fieles en el tiempo futuro. ¡Oh Señor! ¿qué haré por ellos? A menudo están en mi memoria. Señor, abre mi corazón en oración más y más e inclina tu oído a la súplica de tu sierva, como has hecho muchas veces, y acepta la oración de tu sierva por aquellos que no pueden orar por sí mismos. ¡Oh Señor! Si yo puedo permanecer con tu bendita voluntad, una vez más permíteles un día de visitación y pruébalos otra vez. No los trates de acuerdo a lo que sus obras merecen sino, te ruego, ten compasión de la obra de tus manos y recuerda a los pobres mortales en este día. Porque seguramente muchos de ellos están grandemente afligidos y presionados con muchas tentaciones, y mi corazón está adolorido por ellos."

En este estado lamentable, el Señor se complació de hablar de manera consoladora conmigo en el secreto de mi corazón, en la primavera de la vida, y dijo,

El tiempo de la liberación de mi pueblo se acerca, y está más cerca de lo que muchos se dan cuenta, aunque he permitido que sus enemigos por un tiempo triunfen sobre ellos, sin embargo muchos han llegado a ser altaneros y arrogantes y han olvidado los días de su aflicción y calamidad y en qué estado estaban cuando los hallé, por así decirlo, sin esperanza. Entonces envié mi luz y mi verdad la cual muchos recibieron con agradecimiento en el corazón y con una mente lista, y se inclinaron y obedecieron por un tiempo. Pero después que yo había confundido a sus enemigos y aparecido para liberarlos y enriquecerlos grandemente, ellos se olvidaron de los días de su aflicción y pobreza, y las muchas promesas que ellos me hicieron en el día cuando fueron acosados por los enemigos, en el interior y el exterior.

Desde que aparecí a ellos y confundí a sus enemigos, y he hecho más por ellos de lo que ellos buscaron, ¡cómo se han olvidado de cumplir sus votos, los que muchos de ellos hicieron en los días de su aflicción! ¿Qué tan lejos han ido hacia los pecados de Israel? No, ¿acaso muchos de ellos no han perdido sus sentidos lo suficiente como para poner luz por oscuridad y oscuridad por luz? Pero benditos son todos aquellos que continúan siendo verdaderamente humildes, porque mi pacto es firme, establecido para siempre, y nunca ha de ser alterado con mi remanente que ha sido fiel, que se han separado de todo aquello que yo he pedido, por causa de mi nombre y la verdad, y quienes no tuvieron otra ayuda en la tierra aparte de mi, nadie en quien apoyarse o en quien confiar, sino el brazo de mi poder, quienes no podían irse ni a la mano derecha ni a la izquierda a menos que yo estuviera ante ellos.

Estos son míos y mis secretos estarán con ellos. Ellos serán hallados dignos de estar en la brecha e interceder por el pueblo, a pesar de su pobreza y de que no son nada en si mismos. Sin embargo, ellos serán como instrumentos en mi mano para proclamar mi día terrible y el día de mi venganza entre el pueblo, para que muchos puedan oír y temer, y acercarse a mi por el verdadero arrepentimiento, para que yo pueda sanar su apostasía y recibirlos libremente.

Y para ese fin yo traeré un día de liberación a mi pueblo, y muchos de ellos alabarán mi nombre y contarán mis maravillosas obras y lo que he hecho por ellos, para que otros puedan ser alentados a ser fieles el resto de sus días. Porque yo he visto a muchos lamentarse en la desolación y llorando por su condición perdida. Muchos han sido desolados por la crueldad del maligno y ellos se han lamentado conmigo. Y yo he visto la lamentación de mi pueblo. He visto las penurias de los fieles por los infieles. Y por los clamores de los pobres y los suspiros de los necesitados yo me levantaré, y obraré un camino para la liberación de mi pueblo. Porque el tiempo está cerca en el que la prisión no los encerrará, sino que ellos saldrán y declararán mis obras maravillosas, porque yo obraré, y nadie será capaz de obstaculizar.

Esto fue buenas noticias que estuvieron conmigo día y noche en el tiempo de mi encierro. Fue una gran satisfacción para mi alma apenada. Respondió a la petición que yo había hecho en la noche al Dios viviente, eterno honor, gloria, y renombre sean dados a aquel que vive para siempre, dijo mi alma. Porque seguramente yo no puedo sino admirar la maravillosa benignidad, misericordia y favores del Señor nuestro Dios, el alto y noble quien habita en la eternidad, al condescender a los pobres, y los humildes, y los pequeños. Él ha revelado sus secretos a muchos que no han pensado que son dignos de ser hechos partícipes de tan gran beneficio, sino su preocupación más grande ha sido la redención de sus almas para ser liberados del poder de Satanás. Ahora, Señor, presérvame en tu temor para siempre y guárdame para no pecar contra ti, para que mi alma no vaya al cautiverio otra vez.

Esto fue parte del ejercicio durante el tiempo de mi encierro con mi esposo y muchos más de los siervos del Dios altísimo en la cárcel de Ivelchester. Cuando salí de la prisión para ir a las sesiones que se llevaban a cabo en Brewton, creí que de seguro el tiempo estaba cerca en el que la prisión yo nos encerraría ya más, aunque era poco probable, porque nuestros perseguidores eran excesivamente impíos en contra de nosotros.

Aunque el sacerdote fue llevado en una manera excepcional, muchos se quedaron quienes eran muy crueles y actuaron injustamente en contra de nosotros, y fueron puestos por el jurado que fue escogido de nuestros vecinos y convocaron a otro jurado presente en la corte, como pensaron que era más adecuado para sus fines. Entonces el secretario comenzó y leyó una acusación: "Que fuimos hallados o tomados en una asamblea ilegal, por la fuerza de las armas, en desacato al rey y sus leyes, su corona, y su dignidad, para el terror del pueblo." Y él le dijo al jurado: "Señores, ustedes han oído su acusación, si ustedes los encuentran culpables, lo hacen por el rey."

Y un obispo que se sentó sobre el estrado con el juez, se levantó y dijo: "El primer cuáquero que alguna vez estuvo en Inglaterra fue ahorcado por estar relacionado con el complot papista." Yo respondí que el primero que fue llamado cuáquero ahora estaba vivo. Él dijo otra vez que podía probar por suficientes testigos que él fue ahorcado por ser uno de los que estaban envueltos en el complot papista. Entonces el obispo, al estar enfurecido porque fue contradicho, levantó su mano hacia nosotros y nos ordenó a tener cuidado con lo que decimos, porque aquellos que tenían propiedades entre nosotros, les costaría sus propiedades, y aquellos que no tenían permanecerían en la cárcel hasta que perecieran.

Tal fue su furia y maldad en contra de nosotros que fue muy doloroso escucharlos. Pero hubo un clamor secreto muchas veces que pasó por mi corazón hacia el Señor: "Señor, obra por causa de tu nombre y confunde su sabiduría y su furia, y derriba su orgullo y espíritus malignos y convierte en nada su ardid malvada que ellos han estado elaborando en contra de tu pueblo inocente, mientras se han estado alegrando, y bebiendo vino al máximo, y alimentándose con la abundancia de la tierra, como lo hizo el hombre rico, y tienen lo que sus corazones desean, y sin embargo ninguna de todas estas cosas les darán contentamiento ni satisfacción, sino la destrucción de un pueblo pobre y despreciado. ¡Oh Señor! Haz que tu poder sea conocido este día, y aquello que se beneficiará más con tu honor y la prosperidad de tu bendita verdad tú lo puedes realizar para que se sepa que hay un Dios en el cielo que puede gobernar los corazones de los hijos de los hombres y a quien todos los hombres deben temer, honrar y obedecer."

Y el Señor se complació de oír las oraciones de sus hijos y de responder a su petición en los días de la aflicción, porque este jurado que ellos escogieron, de la manera que pensaron que sería más apta para la obra, por mucho tiempo se ausentó. Pero cuando ellos entraron con su veredicto, el encargado no pudo hablar fácilmente, sino se veía más bien como un hombre muerto. Entonces el obispo enfurecido le preguntó si éramos culpables o no culpables. Él respondió: "Culpables de no ir a la iglesia, pero no de disturbios."

"De no ir a la iglesia," dijo el obispo, "ese no es el asunto en cuestión. Culpables de disturbios quieres decir."

Entonces el resto del jurado dijo: "No, mi señor, culpables de no ir a la iglesia, pero no de disturbios."

"Entonces ustedes quieren decir de asamblea ilegal."

"Sí," dijo el encargado.

"Bueno, eso es un disturbio ante la ley," dijo el obispo.

Entonces yo respondí: "No somos alborotadores."

Entonces el pregonero de la corte sacudió su vara blanca sobre mi cabeza y dijo: "Cállate."

Yo le dije "No, no podemos callarnos. Somos un pueblo sobrio y vivimos una buena vida y conversación. Le hacemos a todos los hombres lo que queremos que otros hagan con nosotros. Yo nunca le hice daño a ningún hombre, mujer, o niño, y no conozco a nadie que tenga algo en contra de nosotros, a menos que sea por causa de una buena consciencia. Aquí están nuestros vecinos que pueden testificar por nosotros."

El pregonero continuó sacudiendo su vara blanca sobre mi cabeza, gritando: "Silencio, y cállate."

Entonces uno de los jueces, un anciano sobrio, dijo: "Deja que la mujer hable por si misma. Ella habla la verdad y la razón. Deja que más de ellos hablen. Ustedes son muchos en contra de ellos, y si a ellos no se les permite hablar por si mismos, es muy difícil."

Esto detuvo un poco la furia del obispo y el juez. Entonces ellos llamaron a nuestro guardia para que nos llevara y nos trajera cuando ellos nos llamaran otra vez. Así que se fueron a cenar y nosotros nos fuimos con nuestro guardia. Pero tan pronto como se fueron, una gran preocupación cayó sobre mi para seguirlos. No podía comer ni beber pero fui presionada en mi espíritu para ir tras ellos. Y cuando llegué ellos estaban sentados cenando, con música ruidosa tocando mientras subían sus platillos, que eran muchos de las cosas más selectas. Fui entre ellos mientras cenaban, pero no vi una oportunidad apta y esperé hasta que habían terminado. Y cuando se levantaban, entré con un gran temor y asombro sobre mi espíritu.

Uno de los grandes hombres vino a mi, y dijo: "Buena mujer, ¿con quién quieres hablar?"

Yo dije "El juez de las sesiones."

Él dijo: "Yo soy el juez. Si tienes algo que decir, estoy listo para escucharte."

Pero siendo que él no era el hombre que estaba sentado sobre el estrado ese día, dije "Tú no eres el hombre a quien voy."

Entonces él se volvió hacia el juez que se sentó ese día, y dijo:"Esta mujer tiene algo que decirte."

Entonces uno de los jueces puso su mano sobre mi hombro y dijo: "Deja que esta buena mujer diga lo que quiere decir, nosotros la oiremos."

Pero yo, acercándome al juez y al obispo que estaban sentados al final de la mesa, dije: "En vista de que todos ustedes que se sentaron en juicio en contra de nosotros este día están aquí, tengo una preocupación sobre mi espíritu en vindicación de nuestra inocencia. Todos nosotros somos conocidos entre nuestros vecinos como un pueblo sobrio y honesto que vive una buena vida y conversación. No le hacemos daño a nadie. Le podemos hacer bien a aquellos que nos odian y oramos por aquellos que nos ultrajan. No sé de nadie que tenga algo en contra de nosotros, sino con respecto a la ley de nuestro Dios.

"A pesar de todo esto, somos contados entre los transgresores y hemos sido llevados a la cárcel común entre criminales. Nuestros negocios y familias están a riesgo de ser arruinados. Y todas estas cosas no nos sucederán, pero ustedes entenderán con respecto a esto, porque yo estoy aquí este día para testificar la verdad de aquello por lo cual el Dios justo y recto un día implorará. Y tan seguro como el día da su luz y el pacto del día y la noche no puede ser quebrantado, no hay un hombre aquí ni ninguno que respire aire que se escapará del tribunal de la justicia divina de Dios. Todos recibirán una sentencia de recompensa justa por sus acciones realizadas durante su vida, si son buenas o malas."

Puedo verdaderamente decir que el temor del Señor estaba sobre mi, tanto así que ellos quedaron impresionados y una palidez apareció en sus rostros, y ellos no tuvieron ni una palabra que decir. Pero cuando yo iba a continuar, un joven intimidante dijo: "Yo pensé que sería así cuando entró esta mujer. Pensé que ella predicaría cuando el Espíritu la inspirara. Pero ¿porqué le permites molestar a tus invitados?" le dijo al dueño de casa. Después él dijo: "Vete y baja esas escaleras, o yo te arrojaré."

Me volví otra vez y dije: "¿Qué mal le he hecho a alguien aquí? Si pudiera mantener mi consciencia clara al mantenerme alejada, no hubiera estado aquí este día. Pero si es que ustedes oyen o se abstienen, yo seré relevada en el día de dar cuentas por toda vuestra sangre." Así que los dejé y regresé a mi lugar, y tuve gran paz con el Señor.

No fuimos llamados a ir otra vez a la corte ese día, pero temprano la siguiente mañana fuimos llamados para terminar nuestro juicio. Pero el obispo no vino más a la corte de lo que habíamos visto, y el juez fue muy moderado. ¡Ciertamente un gran cambio! Él sólo llamó al guardia para traer a los cuáqueros y nos llamó a algunos de nosotros por nombre, y dijo: "Ustedes que están aquí acusados, la corte los multa cinco chelines cada uno," y nunca dijo una palabra de pago de dinero, sino que disolvió la corte, siendo que su trabajo estaba terminado, y se fueron por su camino y nuestro guardia también nos dejó. Para nuestra gran admiración más de ochenta prisioneros que estaban ante ellos en ese día fueron liberados.

Después de la cena, el pregonero vino entre nosotros, y dijo: "Vecinos y amigos, estoy feliz por vuestra liberación. Ustedes son el pueblo de Dios. Los hombres quieren arruinarlos, pero Dios no les permitirá que lo hagan." Y él dijo: "¿Dónde está la mujer?"

Yo dije "Aquí estoy."

Él respondió: "El Señor te bendiga. Te pido que me perdones, porque no tenía intención de dañarte ni hacer nada en contra tuya. Aunque sacudí mi vara sobre tu cabeza, no lo hice con maldad hacia ti. Así que espero, mis honestos vecinos y amigos, que ustedes me perdonen."

Respondimos "Sí, libremente," y deseamos su bienestar para siempre.

Se fue por su camino con mucho amor, orando a Dios para que nos bendiga, y nosotros regresamos a nuestras habitaciones con la paz del Señor en nuestro seno, alabanzas eternas sean dadas al Señor nuestro Dios para siempre.

Ahora, mis hijos, el fin de que yo les deje esto registrado a ustedes y todos es que las edades futuras puedan saber que el gran Dios del cielo y la tierra, quien sacó a los hijos de Israel del cautiverio de Egipto, quien hizo que el agua se amontonara e hizo pasar a sus hijos a través de tierra seca, y derribó al faraón y todo su ejército, es nuestro Dios en quien creemos, y su poder no es disminuido de manera que no pueda salvar ni su brazo es acortado de modo que no pueda liberar en este día como en los días anteriores, alabanzas a su nombre para siempre.

Esto, mis queridos hijos, ustedes saben que ciertamente es verdad, y ustedes deberían mantener en su memoria estas y todas las otras misericordias que el Señor nuestro Dios nos ha otorgado desde que nos reunió para ser un pueblo, lo cual fue treinta y ocho años atrás. Yo tenía diecinueve años de edad cuando John Camm y John Audland vinieron por primera vez a Bristol en el poder del gran Dios del cielo y la tierra. Y yo soy testigo viviente de que su presencia estaba con ellos e hizo que su ministerio fuera tan terrible que perforó los corazones de muchos. Oh, el terror que se apoderó de mi corazón al oír la voz de John Audland y al verlo, antes de que yo entendiera correctamente lo que él dijo. Pero antes de que se terminara la reunión, el Espíritu del Señor se movió en mi corazón y llegué a ver mi estado deplorable, lo cual me hizo clamar a Dios por misericordia, un día que nunca olvidaré.

Y ahora he llegado a los cincuenta y siete años de edad. ¡Oh! Las muchas liberaciones, tanto interiores como exteriores, de lo cual he sido un testigo viviente. Los decretos que han sido sellados en contra de nosotros, las amenazas de ruina y destrucción que han sonado en nuestros oídos, cómo hemos sido, por así decirlo, muertos todo el tiempo y contados como ovejas para el matadero. Sin embargo, he aquí, estamos vivos hasta este día para la alabanza del Señor. ¡Cómo los enemigos rugieron, tanto interna como externamente, y ahora vienen con bocas abiertas para devorar de inmediato! ¡Y cómo nuestro Dios nos ha ayudado! El gran Dios del cielo y la tierra ha sido nuestra fortaleza en tiempo de necesidad y ha sostenido a su pueblo y mantenido nuestras cabezas sobre las aguas, de modo que no nos han ahogado ni derrocado hasta este día, honor eterno sea dado al Señor para siempre.

Pero él ha derrocado a nuestros enemigos y roto sus ataduras, y él los ha hecho inclinarse bajo su terrible poder y ha quitado a muchos en su disgusto. ¡Qué diré a favor de todas sus maravillosas obras que mis ojos han visto, pero más especialmente la obra interna de regeneración! Mi lengua no es capaz de demostrar una décima parte de aquello por lo que el Señor se ha complacido de hacerme pasar. ¡Oh! ¿Qué diré de la memoria de aquellos la cual en este momento ha venido ante mi con vida? Sólo puedo inclinarme ante el Señor y apreciar sus misericordias para siempre.

Estimados hijos, manténganse fieles al Señor y su bendita verdad en la cual ustedes han sido instruidos, y vuestros ojos verán por si mismos, como los míos han visto por mi misma. Pero sean fieles al Espíritu de Cristo Jesús en sus senos y no pasen por alto las cosas pequeñas, porque aquellos que no son fieles en lo poco nunca serán hechos gobernadores de lo mucho. No se ejerciten en ningún asunto que sea muy elevado para ustedes, sino presten atención al Espíritu de la Verdad en sus propios corazones y escuchen diligentemente la voz del Señor, para que sus almas puedan vivir.

Mantengan al Señor siempre en su memoria, para que no pequen en contra de él. Acuérdense de mantener la cruz diaria que crucificará todos los movimientos de la carne y los mantendrá vivos a Dios y cerca de él. Al hacer esto, ustedes conocerán su consejo. Y busquen el reino del cielo y su justicia, por encima de todas las cosas en este mundo, y otras cosas serán añadidas a ustedes. Porque yo les aseguro que este es el camino en el que mi alma se ha esforzado y ha encontrado el favor de Dios.

Hay una cosa más que he experimentado que ha sido trascendental para mi. En todas mis aflicciones y dolor y tristeza de cuerpo o mente no he buscado confiar en el hombre, sino he aplicado mi corazón al Señor y he derramado mi alma ante él. ¡Oh! Tú Médico de valor, que puedes curar tanto el alma como el cuerpo. Tú que sabes mejor como administrar a mi necesidad de lo que yo puedo pedir. Sólo de ti yo espero consuelo, porque no hay ninguno aparte de ti que pueda administrarme verdadero consuelo. Y el Señor, a su debido tiempo, ha aparecido para mi satisfacción, ha establecido mis caminos, y guardado mis pies para no caer, y mi corazón de descarriarse hasta este mismo día, eterno honor sea dado a su nombre para siempre. Amén.

Desde que he visto los buenos efectos de mi labor y esfuerzo, he rogado seriamente al Señor día y noche para hacer por ti lo que tú has hecho por mi. ¡Cómo mis oraciones han ascendido hacia el Señor en público y en privado, y cuando mi mano ha estado trabajando y en el lado de la carretera! ¡Oh! Mis hijos, que no sea en vano, porque yo verdaderamente puedo decir que ustedes son hijos por quienes muchas oraciones han sido ofrecidas.

Por lo tanto, considérenlo cuando yo me haya ido y ya no pueda cuidarlos, porque mi tiempo se ha acabado. Yo me habré ido y ya no los veré en este mundo, ni los cuidaré, ni les daré consejos. Por lo tanto, yo he escrito este relato de parte de mis viajes para salir del cautiverio de Egipto hacia la tierra de reposo y paz, que ha sido por medio de grandes dificultades y por medio de muchos combates dolorosos con el enemigo de la paz de mi alma, muchas pruebas ardientes, y a través del valle de lágrimas. Pero no estén desanimados por esto, porque ustedes saben cuán maravillosamente el gran Dios del cielo y la tierra ha sido mi apoyo en tiempo de necesidad y ha sostenido mi espíritu y me ha dado más fuerza de lo que yo podría haber creído, aún si hubiera sido declarado así ante mi.

Cuántos profesantes de la verdad en este día están continuando a un ritmo fácil, descuidados, indiferentes, despreciando la cruz, y poco preocupados por el bien de sus almas, despreciando los testimonios de la verdad, y pasando su precioso tiempo que Dios ha puesto en sus manos como si la gloria del cielo y un estado de eternidad no fuera digno de buscar y como si no hubiera Dios para castigar estas cosas, ni tampoco algún día de dar cuentas. La consideración de estas cosas ha sido onerosa para mi espíritu por muchos meses, y mañana y tarde mi corazón ha sido afligido, diciendo dentro de mi misma:

"Señor, qué sucederá con aquellos. Temo que la visitación de muchos de ellos casi se ha terminado. ¡Oh! Cómo mi alma se lamenta por ellos, y tengo una preocupación más grande sobre mi espíritu para interceder con el Señor para que me preserve a mí y a los míos para siempre. Señor, mi corazón está inclinado en este momento en el sentido de tu amor, las misericordias y bendiciones que tú me has otorgado. Y en consideración de este tu gran amor, cómo mi alma ama al Señor y desea para siempre obedecer su voz, y guardar el pacto y permanecer con él para siempre, para que yo pueda ser fiel todos mis días.

"Y ahora, oh Señor mi Dios, al ver que tú te has complacido de tratar conmigo de esta manera y de tener consideración del bajo estado de tu sierva y has oído mis oraciones muchas veces si yo he hallado favor ante tus ojos, una vez más oye mi petición y concédeme mi solicitud. Bendice a mis hijos al guardarlos en tu temor. Haz que ellos recuerden tus misericordias de día a día. Lo que tú has hecho por ellos y por su padre y madre en su gran aflicción, cuando la destrucción y la ruina estaban determinadas en contra de nosotros y cuando estábamos casi sin esperanza, ¡cómo tú has aparecido y confundido a nuestros enemigos ante tus ojos! Señor, que estas cosas nunca sean olvidadas por mí ni por ellos mientras tengamos un día para vivir sobre la tierra. Sino santifica todas tus bendiciones y misericordias sobre nosotros y danos un corazón agradecido y una mente humilde, y más y más únenos a ti y haznos caminar de manera digna de esto.

"¡Oh! Si sólo mi corazón fuera suficientemente digno, porque yo pienso que no es capaz de expresar tus alabanzas. No, seguramente es imposible que la lengua declare tu infinita bondad y tus nobles actos. Pero, Señor, hemos hecho nuestra elección por ti y hemos creído en tu hijo Cristo Jesús, hemos sabido que él es suficiente fortaleza en tiempo de necesidad y tu santo brazo es desnudado para que seamos liberados de nuestro cautiverio, y hemos sabido que es suficiente para guardarnos hasta este mismo día. Por lo tanto, fortalece mi fe, esperanza y confianza de modo que yo pueda creer firmemente que tú guardarás a mis hijos cuando yo me haya ido a mi lugar de reposo. Señor, guarda a mi familia y a tu pueblo. Que ninguno de ellos se pierda o llegue a ser presa del maligno.

"Si tú deseas aún añadir más días a mi vida, no dejes que yo cese de orar por ellos y sus hijos, para que yo pueda hacer mi petición para que ellos entren en tu bendito reino, y así yo vaya a la tumba en paz. Y ahora, los entrego completamente en tus manos, sabiendo que tú eres capaz de guardarlos en la fe y preservarlos todos sus días, y hacer más por ellos de lo que yo soy capaz de pedir. Cualquier ejercicio con el que ellos se encuentren, fortalécelos y levanta sus espíritus, para que no sean vencidos con las tentaciones del maligno, porque tu poder ha sido suficiente para redimir mi alma.

"Señor, una vez más yo me comprometo a guardar mi espíritu para ti, con mis hijos, y todo tu rebaño y familia sobre la faz de la tierra con quien mi alma está en paz y en unidad. Siento la renovación de tu amor en este momento, el cual es el consuelo más grande que se puede disfrutar. Por lo tanto mi corazón, y todo lo que está dentro de mi regresa a ti todas las alabanzas, gloria y honor, con agradecimiento sincero y obediencia pura para siempre. Señor, acéptalo esta noche como un sacrificio de un corazón quebrantado y un espíritu contrito, el cual tú nunca rechazaste, porque tú eres digno de él, desde este momento en adelante, para siempre, y por los siglos de los siglos. Amén."

Esto fue terminado el día 13 del segundo mes, 1692. Por mí,

Elizabeth Stirredge

Los últimos catorce años de su vida ella vivió en Hempstead, Hertfordshire, a donde su esposo se mudó desde Chew-magna en el condado de Somerset en el año 1688. Ella no viajó mucho al exterior en sus últimos días excepto una o dos veces a Bristol, y generalmente a la reunión anual en Londres una vez por año, pero trabajó mayormente en su casa a medida que envejeció y se debilitó. No obstante, frecuentemente, cuando el Señor le daba fortaleza, ella visitaba las reuniones vecinas en el mismo condado, y su servicio allí tendió a edificar y consolar la heredad de Dios, como muchos Amigos fieles en esas partes pueden testificar. Y grande fue su preocupación por la reunión a la cual pertenecía, la cual ella frecuentó tanto tiempo como pudo, muchas veces yendo aunque estaba muy débil. Y muchos testimonios vivos y poderosos, especialmente hacia el final de su vida, ella dio allí, exhortando a los Amigos a la fidelidad, frecuentemente expresando el maravilloso poder que atendió a los Amigos al principio, y que todavía atiende a todos los fieles, de lo cual ella habló a menudo en el comienzo de su última enfermedad entre su propia familia. Ella dejó esta vida en paz con el Señor en Hempstead en el día 7 del noveno mes, del 1706, cuando tenía 72 años de edad.

UNA CARTA A LOS AMIGOS EN BRISTOL

UN SALUDO de mi gran amor en el temor santo de Dios para relevar mi consciencia una vez más
con ustedes en la ciudad de Bristol, entre quienes mi alma se ha esforzado bajo muchos ejercicios,
los cuales han hecho que mi corazón tiemble ante el gran Dios del cielo y la tierra,
quien revelará aún más su día notable en el cual toda la carne temblará ante él.

En el sentido del gran amor de Dios que ha sido extendido continuamente a ustedes que están en esa ciudad al enviar a sus siervos entre ustedes y dotándolos con poder de lo alto de modo que obró efectivamente sobre muchos, a través de lo cual ellos fueron sacados de la oscuridad de Egipto y a través del Mar Rojo espiritualmente y pudieron cantar al Señor, como Moisés y los hijos de Israel hicieron cuando el Señor había obrado maravillosamente por su liberación y por una mano elevada y un poder maravilloso los sacó adelante. ¡Bendito sea el Señor Dios Todopoderoso y honrado sea por su digno nombre y la diestra de su fortaleza! Hay muchos testigos vivientes de estas cosas en este nuestro día. ¡Oh, estimados Amigos! No olviden, sino vivan de manera humilde en el sentido del estado deplorable en el que ustedes estaban cuando el Señor los alcanzó al principio y abrió sus ojos, lo cual los dejó ver que ustedes hubieran estado arruinados para siempre si el Señor no se hubiera levantado para liberarlos, cuando muchos clamaron "Un Salvador, o yo perezco para siempre." ¡Oh Amigos! ¿Qué era demasiado estimado para nosotros como para no alejarnos de ello en ese día por el Señor? Verdaderamente mi alma puede decir que: "Todo lo que mis ojos alguna vez contemplaron fue como nada para mí en comparación con la redención de mi alma." Fue precioso ante mis ojos, y hasta este mismo día el recuerdo vivo de ello está fresco sobre mi espíritu, y mi alma ama al Señor y bendice su santo nombre. Y ahora el Señor está recordando el pacto que muchos hicieron con él en los días de su angustia. ¡Oh! ¡Recuerden, recuerden pagar sus votos al Señor, y miren dentro de sus corazones este día y con la luz del Señor busquen y vean si ustedes están en el pacto con el Señor, o no! Si lo están, seguramente no querrán servirse a si mismos, sino al Dios vivo que los hizo con un propósito para su propia gloria y los redimió con su preciosa sangre.

Y ahora consideren ustedes que están tranquilos en su Sión, y comiendo y bebiendo, y vistiendo lo que parece deseable en sus propios ojos, a pesar de que el honor del Señor está comprometido y sus almas están en peligro, y los siervos del Señor están angustiados por ustedes. ¡Oh! Por causa del Señor y por causa de sus propias almas, las cuales perecerán si no se arrepienten rápidamente, levántense y despójense y sacúdanse de estas cosas y salgan, mientras el llamado del Señor perdura. ¡Oh! No se demoren, porque el día del Señor se apresura. Que nada los obstaculice — no hagan ya más excusas o serán excluidos del reino de Dios y la puerta será cerrada en contra de ustedes. Piensen acerca de esto antes de que llegue clamor de la medianoche en el cual ningún otro día será dado para obrar por el Señor. Entonces ni esposa ni hijos, ni tierras ni trabajos, ni esposos ni comercio, ni oro ni plata redimirá el alma. Entonces esa sentencia triste sonará en contra de los rebeldes: "Apártense ustedes obradores de iniquidad, hacia el fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles."

El sentido de estas cosas permanece muy pesado sobre mi espíritu e inclina mi corazón en reverencia ante el Señor. Y mañana y tarde mi corazón está afligido, tanto así que yo puedo decir, como dijo el profeta: "¡Oh! Quién me diera que mi cabeza fuese agua y mis ojos manantial de lágrimas, para que llorara día y noche por los muertos de la hija de mi pueblo." Porque verdaderamente, Amigos, aunque yo soy la menor entre muchos miles del pueblo del Señor y un instrumento débil, sin embargo mi alma está preocupada y mis oraciones al gran Dios del cielo y la tierra son que él se complaciera otra vez de levantar y hacer sonar su voz, hacer tronar su alarma desde su santa habitación y hacer que los corazones de los hombres tiemblen ante su poder, y que él aún pueda permitirse un día y probarlos otra vez, y que su trompeta pueda sonar una alarma para despertar sus consciencias y sacarlas de ese sueño espiritual en el cual muchos están durmiendo y soñando que todo está bien con ellos; y que ellos son ricos, y gordos, y llenos, y no necesitan nada, cuando su estado es miserable y desdichado, desnudo y descubierto, y arruinados para siempre, si ellos no se arrepienten rápidamente y regresan con todo sus corazón, y claman a Dios por misericordia, y que él perdonará sus iniquidades y sanará su apostasía. Oh, ¡Israel apóstata! Regresa, antes que sea muy tarde, porque el Señor te ha soportado por mucho tiempo.

¡Oh, tú ciudad de Bristol! Mientras el testimonio con la vida surgió en mi corazón un poco antes que tu angustia vino sobre ti, yo estuve constreñida a decir: "¡Oh! Tú ciudad de Bristol, una ciudad de misericordias del Dios viviente, él te ha favorecido grandemente. Tú has tenido un día en el cual tú puedes enriquecerte con los tesoros del reino de Dios y te has fortalecido en el Señor y en el poder de su grandeza, con el cual tú podrías haber permanecido en el testimonio vivo por el Señor, con un consentimiento, como un hombre. Pero ahora he aquí, los días de tu aflicción están cerca y tu calamidad se apresura como un hombre armado, y ¿quién puede lamentarse por ti o quién puede interceder con el Señor por ti? ¿Quién le puede decir al Señor: "¿Por qué has permitido que estas cosas sucedan?" Porque es en su justicia que él lo ha hecho. Y bendito sea su nombre para siempre, él está cumpliendo las profecías de sus siervos a quienes él ha enviado temprano y tarde para proclamar su día terrible en esta ciudad.

Y año tras año y mes tras mes la mente y la voluntad del Señor han sido declaradas, y mensajero tras mensajero ha sido enviado; tanto que muchos estómagos llenos odiaron el panal de miel, y todos los que parecieron recibirlo no hicieron un buen uso de él. Porque el fin del Señor al enviar a sus siervos en días pasados fue que su pueblo pueda ser calificado y preparado, para que el juicio o la destrucción no vengan sobre sus hijos sin que se den cuenta, sino que ellos puedan creer los testimonios de su verdad y ser advertidos por ella; y enmendar sus vidas y ser inclinados en espíritu, y humillados ante el gran Dios del cielo y la tierra, para que sus oraciones en este estado puedan ascender hasta el Dios que ha sido provocado por tanto tiempo, cuya ira se ha encendido. Nada apaciguará su ira sino el verdadero arrepentimiento, y este debe venir con rapidez y un corazón verdaderamente quebrantado.

¿Es este vuestro estado? ¿O están ustedes en este día pisoteando los testimonios de la verdad sobre los sufrimientos de sus queridos hermanos y hermanas que sufren por el testimonio de Jesús y son usados cruelmente? ¡Oh! ¿Pueden olvidar estas cosas? Vengan, pongan sus manos a trabajar y sus hombros a la carga y clamen poderosamente al Señor para que los perdone y les de un poco de tiempo para renovar sus fuerzas en él, para que ustedes puedan hacer algo para el Señor, aunque sea en la última hora. Seguramente la última hora para muchos está muy cerca, y si los que han sido invitados por mucho tiempo se pierden esta hora, ellos nunca tendrán otra hora para obrar por el Dios viviente.

Por lo tanto, mi corazón está adolorido dentro de mi, y la brevedad del tiempo está en gran manera ante mí. Y yo les ruego que ustedes lo pongan en su corazón antes de que sea muy tarde y consideren cuán pronto el Señor puede mandar a llamar vuestro aliento. Nuestras vidas se asemejan a las flores del campo, como el Señor dijo a su profeta cuando dijo: "¿Qué clamaré?" "Clama, toda carne es como la hierba, y toda su gloria es como la flor de la hierba." Les pido que consideren cuán pronto ella se ha marchitado y la belleza de ella ha llegado a ser como nada. Y al ver que es así, ¿por qué la gente corre el riesgo de sus pobres almas por lo que aumentará su miseria, mundo sin fin?

Soy muy sincera con el Señor, y mi corazón está adolorido dentro de mi por ustedes, quienes deberían ser como "pilares en la casa del Señor," que los más débiles puedan apoyarse sobre ustedes, que vuestro coraje y valor puedan aparecer ante la vista de los débiles, que ellos puedan ser alentados por ello. Así el fuerte y el débil pueden haber subido juntos a la montaña de la casa del Señor donde el Señor les hubiera enseñado de sus caminos y ustedes puedan haber caminado en sus senderos. Y él los hubiera fortificado con coraje, fortaleza, y valor para que ustedes hubieran llegado a ser fuertes en el Señor y en el poder de su fortaleza, y sólo ustedes se hubieran entregado completamente y todo lo que él les había dado y le hubieran dado lugar a ese noble espíritu que estaba en Caleb y Josué, quienes resolvieron seguir al Señor, ellos y sus familias.

¡Oh, Amigos! Apenas puedo escribir lo que surge en mi corazón al tocar este asunto. Pero en el temor del Señor tengo esto que decir: Vuestros ojos deberían haber visto las maravillas del Señor en una manera milagrosa, como los que así se apoyaron en el Señor y confiaron en su fortaleza y creyeron en él, y entonces todas las cosas hubieran sido posibles. Porque al obedecer el mandato del Señor, las murallas de Jericó cayeron. Pero si ellos hubieran razonado con carne y sangre o pensado que los instrumentos eran muy pequeños, nunca hubieran visto el poder del Señor hacer su obra. Ni tampoco algunos de los que ahora razonan con carne y sangre. No, primero aprendan obediencia. Entréguense a obedecer al Señor. Y entonces sus ojos verán la bendita obra del Señor cumplida a su debido tiempo. Porque él es Dios Todopoderoso, y todo suficiente. Por lo tanto, que todo corazón confíe en su poder.

Queridos Amigos, mantengan su corazón con toda diligencia, porque de él provienen los asuntos de la vida. Porque todos bien sabemos que el pueblo que vive más casto se mantiene más cerca del Señor, y aquellos que están más cerca oyen más de su consejo. Y verdaderamente amigos, el tiempo está cerca cuando todos estarán angustiados por la voluntad del Señor. Y los más fieles no pueden escatimar el aceite celestial, porque entonces será muy tarde para que alguno lo vaya a comprar.

¡Oh! A menudo surge en mi corazón que aún un poco más y el tiempo de muchos se terminará, por lo cual mi alma está más preocupada que por algún sufrimiento externo. Porque está en mi corazón creer que el gran Dios del cielo y la tierra, quien ha sido por mucho tiempo provocado y ha sacudido su vara sobre esta nación muchas veces, de lo cual nada ha resultado, se levantará en su fortaleza y pasará por las naciones y afligirá a sus habitantes.

Él traerá terror y asombro sobre ellos, de modo que nadie será capaz de liberarse de su mano. Porque él por mucho tiempo ha llamado, y ellos no lo han considerado. Él por mucho tiempo ha extendido su mano, y ellos no lo han puesto en su corazón. Y por lo tanto, su calamidad vendrá en un tiempo cuando ellos no la esperan. Y debido a que ellos no han considerado el llamado del Señor, cuando clamen a él en alta voz, él no los considerará. ¡Oh! Entonces benditos eternamente y felices para siempre serán todos los que han obedecido al Señor en su día y no tienen una porción con los impíos.

Con mi gran amor a ustedes, deseando y orando por la prosperidad de sus almas, yo permanezco vuestra amiga que los ama,

Elizabeth Stirredge

El segundo día del primer mes, 1683

TESTIMONIOS CON RESPECTO A

ELIZABETH STIRREDGE.

Un testimonio de la reunión mensual en Hemel y Hemstead.

Nuestros queridos amigos James y Elizabeth Stirredge vinieron a residir aquí alrededor del año 1688, cuya venida hacia estas partes fue oportuna y creemos que fue ordenada por la buena providencia de Dios. Tuvo una tendencia a la fortaleza y edificación de los Amigos, porque alrededor de ese tiempo algunos estaban ocupados debilitando el amor entre los hermanos bajo pretensiones engañosa de libertad. Pero Elizabeth, siendo dotada para el ministerio y familiarizada con las artimañas y estrategias sutiles del enemigo, fue un instrumento servicial en nuestra defensa y preservación, siendo atendida con poder, sabiduría, y verdadero celo por la prosperidad de la verdad y el pueblo de Dios.

Ella fue sensata y agradable en su doctrina y ministerio público, y tierna y afectuosa en el consejo cristiano y recomendación para el consuelo de los afligidos y ejercitados en espíritu, declarando que el camino del reino de Dios es por medio de la tribulación, de acuerdo con el antiguo informe que leemos en la Sagrada Escritura. Y ella frecuentemente presionó a los Amigos a la sinceridad y rectitud de corazón.

Aunque el Señor le había dado un gran don y una buena expresión, ella no era presuntuosa en aparecer en servicio público excepto cuando una preocupación inmediata venía sobre ella. Ella fue un buen ejemplo al frecuentar reuniones tanto en los primeros días de la semana como en los días de semana y a menudo fue instrumental para despertar las mentes puras de muchos por medio del recuerdo, para nuestro consuelo mutuo, por su testimonio fresco y vivo.

También su esposo, quien dejó esta vida algún tiempo desde su fallecimiento, era un Amigo honesto, celoso y su compañero en la obra del Señor en su propio don, y nuestro verdadero amigo y hermano. Y ambos eran muy cercanos y aceptables a los Amigos tanto aquí como lejos. Pero ¿qué diremos? El Señor los ha llamado a su reposo en una buena edad avanzada. Deseamos sinceramente, como ellos lo hicieron frecuentemente, que la generación joven pueda aumentar en fidelidad y llenar la habitación de todos ellos, siendo animados por el Señor, para que su nombre pueda ser conocido más y más y glorificado para todas las generaciones subsiguientes. Amén.

Nuestra amiga, Elizabeth Stirredge, dejó esta vida en Hemstead (anteriormente mencionado), en el séptimo día del noveno mes, 1706, y fue enterrada en el cementerio de los Amigos en la parroquia en Wood-end.

John Edmonds,
Michael Turpin,
Moses West,
Michael Turpin, Jr.,
Edmond Neale,
James Stirredge.

El informe de John Thornton acerca de su vecina, Elizabeth Stirredge

Tuve un conocimiento íntimo de ella, y así como el Señor le había dado una medida de su Espíritu Santo para llevarla en el camino de la paz, así también él le dio un testimonio público en el cual ella fue muy servicial en nuestras reuniones, siendo atendida con poder, sabiduría, y verdadero celo. Su testimonio era sensato y agradable, para el consuelo de los de corazón recto, y ella fue muchas veces llevada a alentar a los ejercitados y afligidos en el espíritu y llevada a declarar que el camino al reino de Dios es por medio de tribulaciones. Ella frecuentemente presionaba a los Amigos a la rectitud de corazón, la sinceridad y la integridad; y era también un buen ejemplo en su conversación. Aunque el Señor le había dado un gran don, ella estaba renuente a mostrarlo, a menos que considerara que era requerido inmediatamente de ella.

Ella estaba celosamente preocupada en contra de ese espíritu que llevó a la separación y en contra del engaño y la hipocresía, y tuvo un testimonio agudo en contra de los que el gran enemigo había desviado de esa manera. Ella frecuentaba diligentemente las reuniones, tanto los primeros días como los días de semana. Su esposo también era un Amigo honesto y celoso, y ambos eran serviciales a la verdad y los Amigos. Pero sea hecha la voluntad de Dios, porque estoy completamente satisfecho de que ellos han ido al reposo y han entrado en el gozo y la felicidad, donde cesan todas las tristezas y las lágrimas son enjugadas.

John Thornton

El testimonio de John Neale con respecto a Elizabeth Stirredge

Está presente en mi mente escribir algo como un testimonio con respecto a mi querida y bien estimada amiga, Elizabeth Stirredge, fallecida. Ella recibió la verdad en el amor de ella en sus años jóvenes, como he oído de su propia boca durante el tiempo de mi relación con ella, lo cual fue alrededor de quince años.

Ella vivía alrededor de siete millas de nosotros y a veces venía a visitar nuestra reunión en Watford, y yo con muchos más estábamos felices de verla, ya que ella era una en quien el Señor se complació de otorgar un don de ministerio de modo que ella pudiera decirle a otros lo que Dios había hecho por su alma. Mi corazón ha sido bien afectado muchas veces con su testimonio, porque ella habló como una persona que tiene autoridad, casi hasta la admiración, considerando la debilidad de cuerpo con la cual ella fue afligida. Pero el Señor estaba con ella, quien da fortaleza a los débiles, y su poder era su apoyo.

Fue su suerte muchas veces quedarse en nuestra casa, cuando vino a nuestra reunión. Mi querida madre, Hannah Neale, y ella fueron amigas muy íntimas y disfrutaban pasar tiempo juntas, lo cual yo también disfruté, porque era agradable y su discurso era edificante para mi.

Yo he oído informes de los sufrimientos que ella y muchos otros pasaron en los primeros días. Cuando ellos iban a una reunión, lo hacían en peligro de sus vidas; las personas impías y malvadas les arrojaban piedras, terrones, y otras cosas. Y aunque muchos se levantaron en contra de ellos, sin embargo cuán maravillosamente el Señor preservó a su pueblo a través de muchas tribulaciones; de la mayoría de las cuales, bendito sea el Señor, nosotros en este día estamos libres.

Se puede decir mucho con respecto a nuestra amiga. Ella era una mujer valiente por la verdad en la tierra, una madre en Israel, y una anciana digna y fiel en la iglesia de Cristo en su tiempo. Y mi deseo es que nosotros que somos de una generación más joven y todavía estamos atrás en nuestra medida seamos hallados siguiendo los pasos de nuestros ancianos que han servido al Señor fielmente en su generación y son quitados de nosotros.

Aunque nuestra pérdida de tales personas dignas es grande, sin embargo sin duda ellos han entrado en aquellas mansiones de eterna dicha donde gozo inefable y llena de gloria es su porción para siempre.

John Neale

Con respecto a su esposo, James Stirredge, por la misma mano

Él era un hombre a quien conocí bien por muchos años; un hombre honesto y de corazón recto, que temía a Dios y evitaba el mal, celoso por el honor de Dios y por la promoción de su verdad sobre la tierra, quien amaba de corazón a los Amigos fieles. Y en su conversación entre los hombres fue intachable.

Un hombre celoso por las reuniones mensuales y trimestrales del gobierno de la iglesia, su deseo era que los Amigos en esas reuniones pudieran así esperar al Señor para recibir consejo de él, como para actuar en la sabiduría de Dios, para que todo lo que es contrario a los principios de la verdad pueda ser mantenido lejos de ellos y nada sino la verdad tenga preeminencia. Él era un hombre de espíritu manso y mente humilde, más en sustancia que en lo que mostraba. Fui a visitarle en su última enfermedad cuando estaba tan débil que hablaba muy despacio, pero de manera muy sensata, y su mente estaba en muy buen estado; de modo que fui reconfortado en mi visita.

Él fue muy paciente bajo su aflicción y creo que se resignó completamente a la voluntad de Dios. Se fue de esta vida en el octavo mes, del 1708, en Hemstead, Hertfordshire, y fue enterrado en el cementerio de los Amigos en Wood-end, el el mismo condado.

John Neale

EL FIN

El propósito de este sitio es enseñar cómo vivir
libre de pecado
al beneficiarse de poder de Dios que produces cambio por medio de la cruz
que lleva a la unión con Dios en su Reino.


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