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DIARIO DE LA VIDA
DE ESE SIERVO FIEL Y MINISTRO
DEL EVANGELIO DE JESUCRISTO,
WILLIAM CATON

Prefacio del editor del sitio

Will Caton (1636 - 1665) cuando era niño fue seleccionado para ser compañero de escuela y después compañero de vivienda del hijo de Margaret y del juez Fell. Los Fell eran una familia prominente y adinerada en el norte de Inglaterra, y el juez Fell fue miembro de varios parlamentos y juez de la corte de circuito. Will Caton pronto llegó a ser un segundo hijo para la familia, y después sirvió como secretario para Margaret Fell. Cuando Jorge Fox visitó el hogar de los Fell, en Swarthmore, en 1652, Will, junto con el resto de la familia, fue convencido de la verdad. Swarthmore llegó a ser la cuna del cuaquerismo, y Will rápidamente maduró cuando muchos de los gigantes del movimiento de los primeros cuáqueros vinieron para descansar, recuperación de las persecuciones, y crecimiento espiritual. En este ambiente, él creció hasta llegar a una madurez mucho más allá de su edad natural, y rápidamente llegó a ser un ministro de la palabra de vida a la edad de dieciséis. Andando a pie, primero ministró en Inglaterra, pero después pasó la mayor parte de su tiempo en los Países Bajos de Europa — Holanda y partes de Alemania. Él fue dotado maravillosamente por el Espíritu Santo con palabras habladas de parte del Señor, las cuales convencieron a miles. Su vida fue corta, al morir a la edad de veintinueve.

Tal vez el testimonio más grande para su obra fue que Jorge Fox hizo que su obra fuera traducida al holandés, pagó para que se imprimiera de sus fondos personales, y después distribuyó el libro a través de los Países Bajos.

El testimonio de Jorge Fox con respecto a William Caton

EN el año 1663, William Caton fue a Holanda, y no mucho tiempo después que había terminado su testimonio allí, él murió; y pronto después de eso, su esposa murió; y él dejó su diario de pasajes, el cual al ser enviado a mí, pensé que sería apropiado imprimirlo y recomendarlo a todos los que lo conocían. Porque después que él fue convertido, predicó el evangelio de Cristo, y fortaleció a sus hermanos; y ustedes pueden ver que él fue como los escribas convertidos en el reino de Dios, que da a conocer cosas nuevas y antiguas. Él fue como Timoteo, quien fue un ejemplo tanto de inocencia, como simpleza y pureza en su vida y conversación, después que él se había convertido; porque ellos predicaron, así como su doctrina, en las iglesias de Cristo. Y mientras que muchos se han jactado y hablado de la Verdad al comienzo, quienes nunca conocieron lo que era; en su narrativa, ustedes pueden ver tanto un ejemplo como un testimonio de la Verdad al principio, y como por muchos años él viajó con muchos a pie pasos cansados, tanto en Inglaterra como en Escocia y otros lugares, en el servicio del Señor. Su vida inocente predicó tanto justicia como verdad donde quiera que él fue; y él fue de buen aroma a Dios y en el corazón del pueblo. Él era alguien que se preocupaba por la gloria y el honor de Dios, y por esparcir la Verdad y su prosperidad; y en ella él se desgastó y terminó su testimonio; quien, durante su vida, escribió muchas preciosas epístolas a los Amigos, además de varios libros. En sus viajes él tuvo muchas pruebas y ejercicios por los hermanos falsos, reincidentes y apóstatas, además de sus peligros por mar, y entre los sacerdotes y profesantes; pero el Señor con su brazo eterno y poder le dio dominio sobre todo. En cuanto a sus opositores, ellos se marchitaron y se desvanecieron; y después que él había terminado su testimonio murió en el Señor, y es bendecido, y reposa de todas sus labores, y sus obras lo siguen.

Jorge Fox

Gooses, [cerca de Brentwood, Essex, desde la casa de su yerno William Mead] el cuarto día del sexto mes, del 1688

LA VIDA DE WILLIAM CATON

CAPÍTULO I

La infinita misericordia del Señor Dios hacia él desde mi infancia —
— cómo estuvo con él en el día de su juventud—
—su introducción a la familia del juez Fell en Swarthmore.

EL Dios de mi salvación se ha complacido con su infinito amor en mostrarme misericordia desde mi infancia hasta este día presente, y por medio de una mano secreta me ha preservado de muchos de los males en el mundo, que le acontecieron a los hijos de los hombres, y con lo cual muchos de ellos son vencidos. Sí, desde mi niñez me ha tratado de manera muy amable, generosa y misericordiosa, y especialmente debido a que él se complació de darme a conocer su verdad celestial en mi, y su salvación eterna a mi. Por lo tanto, ¿cómo podría yo no mostrar su alabanza, y declarar sus obras maravillosas? [Mi alabanza] hasta el fin, que otros puedan aprender a temerle y conocerle, para servirle y obedecerle, para que sus almas puedan recibir misericordia de él como yo he hecho, y para que ellos puedan alabarle y magnificarle en la tierra de los vivos, — quien es Dios sobre todo, el creador de todas las cosas; para quien sea la gloria, el honor y el dominio para siempre.

Cuando era niño fui nutrido y enseñado con tanto cuidado paternal y afecto maternal, como mis padres en ese tiempo fueron endosados. Cuando yo todavía era muy joven, mi corazón fue inclinado a la sabiduría y entendimiento; y siendo inspirado con un principio divino [el Espíritu Santo] en esos días yo a veces sentí el poder de él que llenaba mi corazón, y engendraba ternura en este hacia mi Creador, cuando había estado meditando acerca de su obra; y por medio de su principio divino, fui muy restringido de algunos vicios a los cuales los niños son propensos. Pero, ay, yo no sabía que lo que me restringía estaba dentro de mi, aunque tuve un terror y temor sobre mi cuando hubiera podido pecar en contra de mi Creador; lo cual ahora sé muy bien que vino por medio del principio divino mencionado anteriormente. También tuve un temor en mi de la reprensión y el castigo de mis padres, quienes de acuerdo a su conocimiento, se esforzaron para educarme en virtud y piedad; y por lo tanto me instruyeron a orar mañana y tarde, a leer a menudo, y a ir frecuentemente a escuchar lo que ellos llamaron la Palabra de Dios. Grande fue su cuidado para criarme en el temor del Señor, de acuerdo a su habilidad y entendimiento, como también en buena manera, como ellos lo llamaron, en el mundo; y por lo tanto, ellos me educaron en las escuelas que habían en ese lugar, y eso por muchos años.

Cuando yo tenía alrededor de catorce años de edad mi padre me llevó a la casa del Juez Fell, para aprender con un pariente, un sacerdote que era tutor del hijo del juez; y así llegué a tener una oportunidad de conversar con aquellos que eran grandes en el mundo. Por medio de la misericordia del Señor, me comporté tan bien entre ellos en lo externo que encontré favor entre toda la familia, incluso desde el mayor hasta el menor de ellos; y fui en el momento apropiado promovido para ser compañero del hijo del juez día y noche, y comí lo que él comía, y me alojé donde él se alojaba, y busqué los placeres que él buscó, como pescar, cazar, disparar, etc.

En ese día mi corazón fue afectado con mi condición; porque la Providencia me había puesto en una familia tan noble, donde había niños tan dulces, con la compañía de quienes fui un poco más que afectado; y viví con ellos en tanto placer, comodidad y abundancia como mi corazón podía desear. Quedaba en mi corazón una integridad hacia Dios, y a menudo invoqué su nombre. Para ese fin me quedaba en la recámara hasta que el hijo del juez, con quien me alojaba, se había ido, para que después yo pudiera orar solo; porque mi alma deseaba tener la bendición y el favor del Señor, en lo cual se podía encontrar satisfacción, pero no en los placeres que yo seguí, ni tampoco en la comodidad y abundancia en la que viví.

Después que habíamos aprendido juntos por algún tiempo en la familia del juez, fuimos trasladados a una escuela en el campo, en un lugar llamado Hawkshead; donde encontré muchas tentaciones, y rara vez estuve con buena compañía, excepto aquellos que eran dados a la estupidez y al desenfreno. Pero el Señor fue maravillosamente misericordioso conmigo; y muchas veces cuando yo no merecía nada más que llagas de parte de él, él había quebrantado y abrumado mi corazón con su amor divino; de modo que a menudo admiré su maravillosa misericordia, paciencia, tolerancia, y bondad infinita. Porque verdaderamente si su compasión hubiera fallado, yo podría haber sido destruido en los pecados de mi juventud. Pero bendito sea su nombre para siempre, él tuvo misericordia de mi. Como lo ordenó la Providencia, no nos quedamos en esa escuela por mucho tiempo, sino regresamos a la casa del juez Fell, donde estuvo conmigo como fue mencionado anteriormente, de modo que comencé a ver la profundidad de lo que el mundo podía permitirse.

Teniendo yo entonces alrededor de quince años de edad, mi corazón estaba muy inclinado a la sabiduría, como también para buscar el conocimiento; porque en esa familia había una gran profesión. Aquellos que podían hablar desde las escrituras, y podían hacer repeticiones de sermones, y parafrasearlos, fueron tenidos en gran estima. Por lo tanto yo me esforcé mucho para retener los principios expuestos, pero cuando mi memoria no me servía para hacer como algunos hicieron en ese particular, yo me usé para escribirle mucho a los sacerdotes; pero aquello que yo así coseché, no podía darle satisfacción a mi alma, la cual a veces tenía mucha hambre por el Señor.

CAPÍTULO II

1652.-La primera visita de Jorge Fox a Swarthmore; la tendencia de su doctrina-
William Caton deja la escuela y llega a estar confinado a la familia Fell, como maestro y escritor
;
el amor divino y consuelo prevaleciente entre ellos

Es movido a ir a las iglesias, mercados, etc. Deja
Swarthmore.

EN el año 1652, alrededor de la mitad del cuarto mes, ese fiel mensajero y siervo del Altísimo, Jorge Fox, vino a nosotros, quien nos declaró el camino de la vida y la paz. De aquellos en esa familia que creyeron su informe, yo fui uno que llegó finalmente a ser afectado con su doctrina; aunque al principio desprecié su inconformidad a nuestras modas, costumbres, y saludos, como los extraños en este día reaccionan a nuestra inconformidad hacia ellos. Sin embargo algo en mi lo amó, y acepté su testimonio. Comencé a encontrar en mi mismo la verdad de lo que él hablaba porque su doctrina tendía a llevarnos en gran manera a "la luz, con la que Cristo Jesús nos había iluminado a todos, que resplandeció en nuestros corazones, y nos convenció del pecado y el mal"; y al amor a eso, y obediencia a eso, él buscó llevarnos, para que así por medio del Hijo podamos ser llevados a la unidad y el pacto con el Señor.

A su debido tiempo el testigo de Dios fue despertado en mi, por lo cual mis pecados fueron puestos en orden ante mi; y esto trajo juicio y condenación sobre mi por causa de ellos; pero debido a que yo era como una novilla salvaje, desacostumbrado al yugo, busqué salirme de él. Lo cual hice a menudo, hasta que llegué a conocer algo del poder de Dios, que llevó esa naturaleza salvaje en mi, la cual estaba desacostumbrada al yugo, hacia la sujeción. Tan bueno era el Señor conmigo que yo no había oído la Verdad por mucho tiempo cuando llegué a ser un testigo del poder de ella en mi mismo; por lo cual el hombre fuerte en mi fue obligado a inclinarse, y los que guardan la casa a temblar.

En ese tiempo yo no había dejado la escuela, sino que fui a ella con el hijo del juez Fell; y que él estuviera algo convencido de la misma verdad, y fuera tocado con el mismo poder; era más fácil y mejor para mi. Sin embargo, a menudo nos comportamos de manera salvaje, vana y disipada, y nos entreteníamos en la estupidez, para extinguir el bien que a veces se encontraba en nosotros. Pero tal era el amor de Dios hacia mi en aquellos días, que yo fui seguramente perseguido con juicio, y fui abrumado con la estupidez. A veces yo me separaba del resto de mis compañeros de escuela, y me retiraba a algún lugar, donde podría esperar al Señor y reflexionar sobre sus obras maravillosas. Cuando así me había retirado, y con singularidad de corazón esperaba al Señor, recibía consuelo de él; pero cuando era apartado a un lado por medio de la provocación de mi compañero, o las tentaciones del impío en mi mismo, entonces estaba turbado y afligido en mi corazón.

En el proceso del tiempo mi estudio llegó a ser mi carga porque cuando estuve en tal aflicción por medio de la condenación que estaba sobre mi, fui más incapaz de hacer temas, versos latinos, etc.; ni tampoco era capaz de darle al maestro de la escuela el trivial cumplido de quitarme el sombrero porque estaba entonces convencido en mi consciencia de la vanidad de hacerlo. Mi amiga especial Margaret Fell, la esposa del juez, se dio cuenta de mi condición. Ella no estuvo dispuesta a permitir que yo fuera a la escuela más tiempo de lo que yo deseara. Por lo tanto me hizo quedarme en casa para enseñarle a sus hijos e ir con ella cuando fuera al exterior, y escribir por ella, etc., lo cual fue un tiempo feliz para mi. Después que había dejado la escuela, estuve muy ocupado en escribir cosas preciosas y sanas relacionadas con la Verdad. Tuve muchas oportunidades de conversar con Amigos, en quienes la vida y justicia había comenzado a brotar y surgir, y quienes crecieron en amor y unidad. Esto afectó grandemente mi alma, y deseé mucho ser uno con ellos en esta; para poder compartir con ellos en la vida de justicia, porque mi alma se deleitó con ella y en ella, mucho más que con los placeres y deleites de este mundo transitorio.

Cuando tenía alrededor de diecisiete años de edad, el poder del Señor Dios estaba poderosamente y eficazmente en mi, purificando, limpiando, y santificándome; y entonces yo comencé a ver algo de la gloria del ministerio de condenación, y de la bondad de la Palabra de vida, que había llegado a ser “como fuego en mis huesos", y "como una espada y martillo en mi corazón". Comencé a ser quebrantado, derretido y vencido con el amor de Dios, que surgió en mi corazón, y con las promesas divinas y preciosas que fueron confirmadas en mi alma. ¡Oh! ¡lo precioso y excelente que fue ese día! ¡Oh! ¡la gloria y bendición de ese día! ¿Cómo, o dónde lo demostraré; o por qué medios lo explicaré, para que generaciones por venir, y aquellos que aún no han nacido, puedan entenderlo, y darle gloria al Señor Jehová?

¡Oh! ¡El amor que en ese día abundó entre nosotros, especialmente en esa familia! La frescura del poder del Señor Dios que estaba entonces entre nosotros; y el celo por Él y su verdad, el consuelo y refrigerio que tuvimos en su presencia, — la cercanía y cariño que estaba entre nosotros, los unos a los otros, — ¡las aperturas y revelaciones que tuvimos entonces! Confieso que me encuentro insuficiente al máximo para declarar estas cosas; ni tampoco ahora tengo la intención de describirlas particularmente; porque entonces podría hacer un volumen mucho más grande de lo que ahora tengo la intención de hacer; pero mi corazón está afectado con el recuerdo de ellos en este día.

En aquellos días las reuniones eran sumamente valiosas para nosotros, tanto así que varios de nosotros solíamos pasar tiempo todas las noches esperando al Señor; sí, a menudo después que el resto de la familia se había ido a dormir. ¡Oh! el consuelo y refrigerio que teníamos juntos, y el beneficio que cosechamos de él; ¡cómo lo declararé! Porque si hubiéramos sufrido pérdida en el día, cuando estuviéramos en el exterior ocupados en nuestros asuntos o algo parecido, entonces hubiéramos llegado a ser restaurados en gran medida otra vez, por medio del amor, poder y misericordia de nuestro Dios, que abundó mucho en nosotros. Sin embargo, a veces fui privado de esa dulce sociedad, cuando mi corazón estuvo con ellos, por causa de que yo me iba a acostar con el hijo del juez, con quien entonces yo me alojaba. Por un tiempo él fue sensible y esperanzado; pero después de encontrarse con muchas tentaciones, su corazón fue apartado de la verdad, y su mente fue detrás de los deleites y placeres de este mundo presente. Cuando se transfirió a otra escuela llegamos a estar separados, lo cual en esos momentos no fue una desventaja para mi en ningún aspecto, aunque algunos lo vieron como una desventaja con respecto a mi preferencia externa. Pero en ese tiempo yo preferí hacer cualquier tipo de trabajo alrededor de la casa con los siervos que estaban en la verdad, que disfrutar los deleites de este mundo con su hijo, o cualquier otra persona, por una temporada. Porque mi deleite ya no estaba, como había estado, en las cosas vanas, perecederas y transitorias del mundo; sino en el Señor, en su misericordia y gran bondad, y en estar con su pueblo; y por cuya compañía yo me hubiera expuesto a un empleo bastante duro. Ni tampoco era muy demasiado despreciable para mi llegar a ser como Amós, el cuidador de ganado, o como Eliseo, para seguir el arado; porque en realidad en esos días disfrutaba y poseía lo que hacía todas las cosas fáciles y ligeras para mi. Y ¡oh, la abundancia de refrigerio viviente que recibí del Señor! Es difícil para mi pronunciar o declarar lo mismo al máximo. A menudo fui abrumado con el amor de mi Padre, que quebrantó y cautivó mi corazón en gran manera, y yo sé que era así con otros de esa familia; y de esos desbordamientos nos comunicamos los unos a los otros, para el consuelo y refrigerio los unos de los otros. Estábamos dispuestos a simpatizar y llevar las cargas los unos de los otros, para ser útiles los unos a los otros, y en amor verdadero y tierno velar los unos por los otros. Y, ¡oh! el amor, misericordia y poder de Dios, que abundó en nosotros, por medio de nosotros, y entre nosotros — ¿quién lo declarará? Así, esa digna familia llegó a ser tan reconocida en la nación, la fama de la cual se esparció mucho entre los Amigos; y el poder y presencia del Señor estuvo tanto más allí con nosotros, que era un medio de inducir a muchos, incluso desde lejos, a ir allí. De modo que al mismo tiempo había Amigos de cinco o seis condados; todo lo cual tendía a aumentar mi refrigerio. Por causa de mis muchos escritos, sucedió que yo estaba especialmente muy familiarizado con ellos, y por lo tanto tuve un privilegio más grande que otros siervos. A menudo estuve con el estimado Jorge Fox, quien, como un tierno padre, después que él me había engendrado por medio del evangelio, buscó nutrirme en toda sabiduría, fidelidad y justicia, para la gloria y alabanza de mi Padre celestial. Por otro lado, fui apreciado y animado en el camino de la vida, por mi enteramente estimada amiga Margaret Fell, quien como una madre de tierno corazón me cuidó, y fue sensible conmigo, como si yo fuera uno de sus propios hijos. La bondad, el respeto y amistad que ella me mostró, nunca serán olvidados por mi.

Cuando había así cosechado tan abundantemente de la misericordia del Altísimo, y su poder había obrado tan efectivamente en mi, para redimir a mi alma de la muerte, entonces su Palabra de vida comenzó a crecer poderosamente en mi; y al ver la oscuridad e ignorancia tan grandes en las cuales la gente estaba envuelta mi espíritu se despertó en mi, y llegó a estar lleno con amor por sus almas, y con celo por Dios y su verdad. Alrededor de ese tiempo comencé a conocer el movimiento de su poder y el mandato de su Espíritu; por el cual llegué a ser movido a ir a los lugares de adoración pública, para declarar en contra de los engaños de los sacerdotes, y los pecados del pueblo, y a advertir a todos a que se arrepintieran; porque yo les testifiqué a ellos que el día del Señor estaba por venir. Pero ¡oh! la debilidad, el temor y temblor en el cual yo fui en contra de este mensaje, — ¿quién lo declarará? Cómo le supliqué al Señor por ese asunto. Porque yo miré mi propia debilidad e insuficiencia, y cómo yo estaba incapacitado en mi propia aprehensión, para encontrarme con los opositores, quien yo sabía que también despreciarían mi juventud. Sin embargo, cualquier cosa que yo alegué por medio de razonar en contra del Señor con respecto a este importante asunto, no podía ser excusado; pero debo ir y declarar lo que Él me da para hablar; y su promesa era que él estaría conmigo.

Cuando vi que tenía que ser así, me llené de valentía en el nombre del Señor; y teniendo fe en él, la cual estaba en su poder, me entregué entonces a su voluntad, y fui en obediencia hacia este movimiento. Cuando llegué al lugar, he aquí que las consultas que yo antes había tenido habían desaparecido, y el temor del hombre se había alejado de mi; y fortaleza, y valor, y audacia, y pronunciamientos me fueron dados, de modo que llegué a ser, por medio de aquel que me fortaleció, un hombre poderoso en vez de un joven, incluso ante las congregaciones. Sin embargo, mi testimonio fue poco considerado por muchos, ni ellos atesoraron lo que yo les declaré. Algunos me cayeron encima, y me abusaron de gran manera; otros se apiadaron de mi y se afligieron mucho por mi; y a veces ellos estaban muy divididos entre si mismos, porque algunos estaban por mi y otros en contra de mi. Pero en medio de ellos el Señor estaba conmigo, y su gran poder me preservó; y cuando yo había relevado mi consciencia entre ellos, regresé con mucha paz y gozo en el Espíritu Santo, porque mi recompensa estaba conmigo.

Después que el Señor me había preparado para su obra como fue mencionado previamente, estuve muy fatigado en ir a las iglesias, hasta el punto que rara vez pasaba un primer día de la semana sin que yo estuviera en una u otra; y estuve a menudo en los mercados, donde fui movido a declarar la verdad eterna de Dios, de la cual por medio de su misericordia infinita yo había llegado a ser su testigo. Aunque cuando fui a tales lugares como fue previamente mencionado, raramente sabía qué iba a decir hasta que llegaba allí; sin embargo, he aquí, cuando era momento de hablar nunca me faltaron las palabras o pronunciamientos para declarar lo que el Señor me había dado para publicar. Al contrario, a menudo tuve plenitud de palabras de Él para mi gran admiración. Los golpes, bofetadas, cepos, apedreamientos, con los muchos reproches, por los cuales pasé en esos días fueron poco para mi; no, no se podían comparar con el refrigerio que tuve por medio del gozo de la vida, poder y amor que el Padre había revelado en mi, y por medio del cual fui llevado a través de ellos y sobre todos ellos. Mientras más me probó el Señor en esos días, más llegué a experimentar su gran amor hacia mi. Después que el Señor llegó a honrarme con su nombre, y me contó como digno de llevar mi testimonio, tanto en público como en privado, para su verdad eterna; recibí mucho favor y respeto de parte de su pueblo y entre ellos, cuyo amor abundó mucho en mi; y al ser sensible a ello, fui apoyado y fortalecido por él en ese servicio que Dios designó para mi, y al cual me llamó. Cuando tal servicio se acabó, regresé otra vez al lugar de mi residencia, donde fui diligente en mi empleo, hasta que el Señor me ordenó ir a otro servicio otra vez, ya sea a reuniones en el exterior en los primeros días de la semana, o de otra manera a las iglesias. El Señor estuvo conmigo, y su palabra de vida a menudo pasó poderosamente por medio de mi, y yo nunca hice ningún servicio por el Señor en el cual fui fiel sin tener siempre mi recompensa conmigo.

Cuando regresé otra vez a esa familia honorable, el lugar donde vivía (me refiero a la casa del juez Fell en Swarthmore, en Lancashire), entonces nuestro refrigerio fue grande juntos en el Señor, y con regocijo hablamos juntos de sus obras maravillosas, que eran muy magníficas en nuestros ojos. Y después que había tenido muchos días gloriosos allí, y había visto muchas de las obras maravillosas del Señor, cuando vino el cumplimiento del tiempo, de acuerdo a la voluntad de Dios, fui llamado a salir de entre ellos, ya que el Señor tenía un servicio para mi en otro lugar. Cuando fue la voluntad del Señor que yo me fuera, el juez Fell se opuso ya que en ese entonces estaba muy reacio a separarse de mi; pero su estimada esposa, quien no podía dejarme ir antes, estuvo dispuesta libremente a entregarme a la voluntad del Señor, especialmente para una causa tan honorable; porque los dejé no para ir a servir a otros hombres, sino para publicar el nombre del Señor y declarar su verdad eterna en el exterior.

CAPÍTULO III

1654. — Dejando Swarthmore él viaja al sur hacia Warwickshire y a Norwich—
y después a Londres
— él y los hermanos tuvieron un gran servicio en esa ciudad.

FUE en el año 1654, en el onceavo mes, cuando tenía alrededor de dieciocho años de edad, que me despedí de esa familia de renombre en Swarthmore. Pero, ¡oh!, las lágrimas que fueron derramadas entre nosotros en nuestra despedida; — las oraciones e intercesiones que fueron hechas al Señor; y qué profunda impresión tuvo nuestra partida en nuestros corazones, quienes pueden declarar esto mismo. Tan infinitamente estábamos unidos y atados, que fue muy difícil para nosotros separarnos. Sin embargo, cuando consideramos por qué causa esto fue, y que a pesar de nuestra partida nos gozaríamos los unos con los otros en el Señor, entonces nos pudimos entregar a la voluntad del Señor de manera mucho mejor en esto. Por lo tanto, de acuerdo a la voluntad del Señor, en su nombre y poder, dirigí mi rostro hacia el sur; y visité Amigos en Lancashire, y en algunas partes de Yorkshire y Derbyshire, y pasé por esos condados hacia Warwickshire a un lugar llamado Badgley donde me encontré con muchos de los hermanos, quienes poseían el poder y el movimiento del mismo, por el cual fui llevado hacia esa gloriosa obra. Siendo muy dulcemente reconfortados juntos, y confirmados en la fe y poder de Dios, y alentados para continuar en ese servicio glorioso y honorable, me despedí de ellos, y continué en el nombre y poder del Señor hacia Norwich en Norfolk, acompañado por otro Amigo.

Al ir a Wellingborough en Northamptonshire, encontramos a varios allí que estaban recién convencidos de la verdad del Señor, con quien fuimos muy reconfortados. Estando allí el primer día de la semana, tuve que ir a su iglesia, donde tuve algo de libertad (pero poca) para declarar la verdad eterna de Dios. Después de eso regresé a las reuniones de los Amigos, donde el poder y presencia del Señor Dios estuvo con nosotros; de modo que tuvimos una reunión muy dulce, agradable y reconfortante. Yo y mi compañero fuimos arrestados, y estuvimos bajo custodia esa noche; pero, al día siguiente, como lo ordenó la Providencia, mientras el sacerdote y algunos con él habían ido a obtener, como se nos había dicho, una orden judicial para llevarnos ante un juez, fuimos liberados por cierto oficial.

Después de eso viajamos hacia Cambridge, donde tuvimos una muy buena oportunidad de visitar Amigos. Entonces pasamos en nuestro viaje hacia Norwich. Eso fue en medio del invierno, y viajamos sólo a pie, así que fue difícil para el hombre externo; pero el Señor estuvo con nosotros, y su gran poder nos sostuvo, y nos llevó a través de todo. Por medio de su misericordia llegamos a Norwich con seguridad; donde estaban varios de nuestros amigos del norte en la cárcel, a quienes visitamos, y con quienes fuimos dulcemente reconfortados.

En esta ciudad tuvimos una reunión muy grande, a la cual vinieron muchas personas; y el Señor estuvo conmigo, y me dio una boca y sabiduría libre y poderosamente para declarar su verdad viviente. En ese tiempo estábamos en gran riesgo de ser arrestados, pero el Señor nos guardó de las manos de hombres irrazonables. En esa ciudad mi compañero me dejó y regresó hacia el norte. Después de haber visitado Amigos y los hermanos allí, fui hacia el campo, y tuve un servicio muy bueno por el Señor. Un corto tiempo después me fui a Londres donde fui muy amablemente recibido por los Amigos, y fuimos reconfortados juntos en el Señor.

No mucho tiempo después varios de los hermanos del norte y otras partes vinieron a Londres; y el gran poder del Señor Dios estaba con nosotros, y fuimos grandemente ejercitados, a veces en las iglesias, y a veces en las reuniones de separatistas. Un primer día de la semana estuve en dos de sus iglesias en la mañana, y en una de ellas tuve gran libertad para hablar. En la tarde fui a una reunión de profesantes, donde estaban seis que hablaron uno después del otro; y tuve libertad de hablar libremente entre ellos sin oposición ni contradicción de ninguno de ellos, y después me alejé en paz.

Alrededor de ese tiempo, la palabra del Señor creció poderosamente en esa ciudad, y muchos fueron añadidos a la fe; y muchas iglesias, y la mayoría de las reuniones en la ciudad fueron visitadas por algunos de los hermanos; porque en un momento habían diez o doce de los hermanos ministradores en la ciudad. La mayoría de nosotros salimos del norte, hombres sencillos, honestos y rectos, como el Señor se agradó de usar en ese día; y fuimos muy diligentes en su obra noche y día, trabajando fielmente de acuerdo a nuestra máxima capacidad, para exaltar su nombre sobre todo, y para dar a conocer su verdad y salvación a todos.

En ese tiempo tuvimos muchas reuniones en la ciudad, y yo comencé a experimentar mucha de la fidelidad del Señor hacia mi, quien me proporcionó de acuerdo a mi necesidad, y se agradó de darme lo que era adecuado para la condición del pueblo, a quien yo debía comunicarlo.

Alrededor de ese tiempo me encontré con mi estimado hermano John Stubbs, quien también había salido del norte para ir a Londres; y aunque en ese tiempo teníamos poco conocimiento externo el uno del otro, sin embargo la Providencia así lo ordenó, que nos hiciéramos amigos y compañeros de viajes. Nos tocó ir hacia el campo, en parte hacia Uxbridge. En cierto lugar a unas pocas millas de Uxbridge, tuvimos un muy buen servicio tanto en la iglesia como también en una reunión que fue ordenada al llegar a ese lugar. El Señor estaba con nosotros, en quien éramos fuertes, y nuestra palabra poderosa, aunque en nuestros ojos éramos débiles, y despreciables en los ojos de muchos. El sacerdote, movido por la envidia, incitó al pueblo en contra de nosotros, de modo que por su medio fuimos detenidos y llevados ante un juez. Pero el juez era un hombre moderado y razonó con nosotros; y percibiendo nuestra inocencia nos dejó ir. Después regresamos a Londres otra vez con gozo y regocijo, cuando vimos cómo el Señor había estado con nosotros, y cómo él había aparecido eminentemente, por medio de nosotros que somos vasijas débiles y despreciables; lo cual dimos a conocer a los hermanos a nuestro regreso, quienes cuando lo entendieron se regocijaron con nosotros.

CAPÍTULO IV

1655.-Él viaja con John Stubbs hacia Kent;
ellos llegaron a Dover, somos arrastrados ante los magistrados—
Luke Howard,— su audacia en su servicio-
Ellos procedieron a Hythe y otro lugar;— son tratados cruelmente en Maidstone
.

Nos quedamos por un tiempo después de esto en la ciudad, donde tuvimos un buen servicio por el Señor; y después nos tocó ir a Kent hacia Dover, lo cual consecuentemente hicimos el día 13 del primer mes, del 1655. Estábamos en una condición de mucha debilidad y temor, siendo no más que jóvenes en la verdad, y oyendo de tales sabios hombres profesantes en esas partes. Sin embargo, continuamos en la fe, teniendo confianza en Dios quien había estado con nosotros y quien estaba con nosotros. En el tiempo debido llegamos a Dover, donde fuimos como peregrinos y extraños, al no conocer el rostro de nadie en la ciudad. Después que había caminado por un tiempo en las calles, sintiéndonos muy presionados y cargados en nuestro espíritu, nos fuimos a alojar a una estancia o posada. Habíamos estado allí sólo una noche cuando el alcalde vino a nosotros, habiendo oído algo de tales hombres en la ciudad, y nos examinó. Era un primer día en la mañana, y él quería que nos detuvieran por el día, pero al no tener nada en contra de nosotros, él no podía cumplir su propósito. Después que él nos dejó sentí el deber de ir a la iglesia, donde tuve sólo un poco de libertad para hablar antes de ser sacado; pero en el patio tuve algo más de libertad para relevar mi consciencia con el pueblo. En cuanto a mi compañero John Stubbs, él estaba al mismo tiempo en la reunión de los anabaptistas. En la tarde él estaba en la otra iglesia, y yo fui inspirado a ir al castillo para ir a la reunión de los así llamados independientes, de modo que para el servicio de ese día el informe de nosotros salió no sólo a través de la ciudad, sino también hacia el campo, y de la verdad de lo cual nosotros dimos testimonio. Poco después tuvimos la libertad de tener una reunión en el lugar de los bautistas a la cual asistieron muchas personas; y el Señor estaba con nosotros y nos dio boca y sabiduría no sólo para declarar poderosamente, sino también celosamente para contender por la verdad eterna, la cual fue después opuesta y negada tanto por los profesantes como por los profanos. Algunos, sin embargo, comenzaron a adherirse a ella, y a ser afectada con ella, y entonces el enemigo comenzó a obrar en los corazones del pueblo en contra de nosotros. Fuimos llevados ante los magistrados, quienes nos examinaron, y probaron muchas maneras para que la ciudad fuera relevada de nosotros, y ordenaron que nadie nos recibiera bajo cierta pena; con lo cual fuimos expulsados de nuestro alojamiento. Pero el Señor levantó a Luke Howard, un zapatero, quien llegó a ser tan amoroso con nosotros, y tan audaz y valiente, que él nos invitó a quedarnos en su casa, a pesar de la orden; donde nos quedamos por varios días. Después tuvimos reuniones en su casa; y varias personas a la vez llegaron a ser convencidos de la verdad, a quienes encomendamos a la gracia de Dios y los dejamos.*

[*El siguiente informe es dado por Luke Howard en su diario, de su primera reunión con William Caton, y de su visita a Dover. Después de describir el estado desconcertado de su propia mente, y que él no podía encontrar un sendero ya andado, ni a algún hombre para sacarlo del desierto, Luke Howard nos informa que él fue hacia Londres en 1654-5; y en el primer día él fue a oír a uno llamado Cardwell, en la calle Lombard. Cuando había terminado, allí estaba un joven que recién había salido del norte, su nombre era William Caton; quien hizo sonar una alarma en Sión y proclamó el evangelio de paz. "En esos momentos me pareció como las predicaciones del sacerdote; mi mente en esos momentos fue movida más al exterior en cosas visibles, que al interior según lo invisible. Esto me hizo decirle a mi compañero 'ven, vamos a cenar' (sin quedarme hasta cuando él lo había hecho); 'porque yo sé tanto como él me puede decir, o más de aquello en lo cual yo o él podemos vivir'; haciéndome así un juez de su vida y doctrina, lo que yo no sabía y por lo tanto le di mi espalda a la verdad, como también muchos hacen. El resto del día lo pasamos caminando en el campo; y la semana siguiente llegué a casa. El siguiente primer día alguien me encontró en la calle, y me dijo que había un cuáquero predicando en el patio de la iglesia, quien era el mismo William Caton previamente mencionado. Ante lo cual yo inmediatamente fui a ver qué tipo de hombre era ese cuáquero; y cuando lo vi mi corazón se estremeció dentro de mi, y fui más alcanzado con su persona esencial en Dover, que con su persona y palabras en Londres. Fui convertido en una salvaguardia para él de los muchachos y espíritus groseros que le ofrecieron abuso. Cuando él había terminado su testimonio, se fue. Entonces noté dónde él fue, y en la noche, como Nicodemo, fui a verlo. Yo estaba reacio a ir en el día, y de buena gana habría obtenido compañía para ir conmigo, pero no pude, así que fui solo. Me encontré con él y su estimado compañero John Stubbs, quien había estado en la otra iglesia. Yo creo que el Señor despertó en mi mente ir a verlos. Los encontré comiendo un poco de pan con cerveza, sin nada para endulzarlo o saborearlo, así que les pedí que salieran afuera conmigo; y fuimos a la casa de un profesante (bautista) quien conversó con ellos mucho, y acordó tener una reunión al día siguiente en la iglesia bautista. Esto se realizó.-[Después de lo cual] muchos los siguieron a su posada, como cuestionadores y observadores, y algunos para oponerse. Entonces los gobernadores de la ciudad enviaron un mensaje al posadero para que los sacara de su casa, o de lo contrario arrancarían su letrero. Por lo tanto el posadero habló conmigo, porque vio que yo simpatizaba con ellos, y deseó que yo les dijera, lo cual hice. Pero también les dije a John y William, 'vengan conmigo a mi casa, porque no me importan los gobernadores ni el alcalde tampoco'. Entonces ellos fueron conmigo, y el quinto día siguiente tuvimos una gran reunión en mi casa; y su testimonio fue para mi como el de Juan el Bautista fue para Herodes, quien lo escuchó gustoso, y como el de Pablo fue para Agripa, quien casi fue persuadido a convertirse en cristiano. Yo estaba convencido en mi juicio, y su testimonio fue para mi como una canción agradable; así la reunión terminó, y todos se fueron en silencio." Él entonces describe su rechazo a renunciar a estos Amigos, cuando se aplica a los oficiales enviados a su casa por el alcalde. "Al día siguiente en mi casa debo decir que otra vez tuvimos una reunión buena y bendecida; en la cual estas palabras fueron entregadas: — que a pesar de la profesión de religión de los hombres, el cuerpo de muerte todavía está en ellos.' Entonces él declaró que se había respondido al testigo en el interior, y él se hizo sensible de su propia condición y su estado de ánimo oscuro; de modo que le pareció a él que era la obra del Señor "mostrarse a sí mismo ante mi, y que yo no era más que muerte y tinieblas, y para vaciarme de ello; de modo que él pueda llenarme de su propia plenitud de gracia y verdad, incluyendo la vida de Cristo Jesús, solo en quien él se agrada. Entonces mis dos amigos y padres en la verdad salieron de la ciudad, y yo fui dos o tres millas con ellos; y ellos tomaron en escrito los nombres de algunas de las ciudades y hombres a lo largo de la costa; — y todos aquellos cuyos nombres yo les había dado los recibieron; y en este tiempo Samuel Fisher era uno de ellos. Después que los dejé mi tristeza fue grande y mis lágrimas muchas; de modo que me tomó mucho esfuerzo mantener mis ojos sin lágrimas cuando volví a Dover.'']

La siguiente carta fue copiada de la original, encontrada en una valiosa colección privada de cartas anteriormente de Swarthmore, podría ser interesante para el lector.]

JOHN STUBBS Y WILLIAM CATON A Francis Howgill y Edward Burrough

Estimados en mi corazón, Francis y Edward,

Fuimos a Dover el séptimo día en la última semana, siendo el día de mercado, casi de noche, y pasamos por las calles y otra vez a través de ellas y al mercado, aunque no se nos había dado nada para que habláramos allí. Después en la noche tomamos una recámara, y nadie nos conocía personalmente. La siguiente mañana el alcalde y algunos de los asistentes vinieron a nuestro alojamiento, y nos examinó con respecto a desde dónde veníamos, etc. — él estaba muy preocupado que no nos habíamos inclinado ante él, y [dijo que] deberíamos ser detenidos como vagabundos. Entonces fuimos llevados ante un capitán, quien es uno de los maestros separados. Él y este alcalde eran muy exactos al examinarnos severamente; ellos nos pidieron cartas, nosotros teníamos documentos.,Ellos los vieron, y nos las regresaron. Obtuvimos nuestra libertad con una orden del alcalde que decía que deberíamos tener buen comportamiento. Después de que nos alejamos de ellos, uno de nosotros fue en la mañana a una iglesia, y el otro a una reunión bautista. William fue sacado en la iglesia, aunque con poca violencia, pero tuvo su libertad para hablar en el patio. Tuve tanta libertad entre los bautistas como podía desear. Vi una semilla entre ellos; pocas palabras fueron pronunciadas; grande fue el poder que nos asistió. En la tarde William fue al capitán donde está la guarnición, y donde el capitán se había opuesto en gran manera, pero los soldados estaban dispuestos a oír. Yo fui a una iglesia de los independientes. Había tantos espíritus altaneros como yo alguna vez me haya encontrado, tanto en el fuerte como en la ciudad. ¡Oh! ¿Quién es suficiente para encontrarse con tal generación? Había un capitán en esa reunión bautista y su esposa, quien nos mandó a llamar a su alojamiento el primer día de la semana en la noche, y algunos otros estaban allí. Hay un convencimiento en ambos, pero especialmente en él. Él está al mando de un castillo entre este lugar y Maidstone, y es un hombre muy moderado y de corazón sencillo; él estaba muy atento en la reunión cuando yo estaba allí. Algunos ricos y algunos pobres que estaban allí vinieron frecuentemente del castillo y de la ciudad a nuestro alojamiento; — oren para que podamos ser mantenidos en un estado de discernimiento. Este día el jefe de correos nos dijo que ellos deseaban tener una reunión privada con nosotros; hay algo que está encendido entre ellos; el hombre es de un espíritu templado, y muy esperanzado. Otro, un zapatero, un tal Howard y su esposa, quienes habían sido bautistas, como él dice estos diez u once años, pero no tienen descanso, — él está claramente convencido. Un fuego fue encendido entre ellos, el cual no puede ser apagado repentinamente. Ellos son ricos y están muy llenos, y ahora ellos tienen temor de llegar a una pérdida; nosotros nos esforzaremos para obtener una reunión entre ellos, y así relevar nuestras conciencias de ellos. Permítannos oír de ustedes tan pronto como puedan, y quisiéramos que ustedes enviaran una docena de algún tipo de libro que ustedes piensen que podrían ser serviciales, y nosotros nos esforzaremos para obtener dinero para ellos. Ustedes pueden dirigirlos para que sean entregados en la casa de Luke Howard, el zapatero, en Dover, para que los envíen a nosotros. El jefe de correos es amable hacia nosotros, pero estamos en una estancia en la ciudad, donde muchos son libres de venir a vernos. Por lo tanto que nuestro amor esté con todos nuestros estimados amigos que están con ustedes. Seguimos siendo sus hermanos ... "

John Stubbs

Will Caton

"Quisiéramos que le enseñaran esto a J." (sin duda Jorge Fox.) Dover, el día 19 del primer es, 1654

(Esta carta es dirigida "Para sus estimados y amados amigos Francis Howgill y Edward Burrough, en la casa del juez Hubbert, en Moorfelds, Londres.") -

Después de eso fuimos allí a una ciudad llamada Folkestone, donde fuimos amablemente recibidos por Thomas Nichols, su esposa y otros, — y tuvimos algunas reuniones buenas allí; el sacerdote de la ciudad y muchos otros estaban presentes en algunas de ellas. Y el testigo de Dios fue alcanzado en algunos, y algunos fueron convencidos de la verdad y la recibieron en el amor de ella. Yo también estuve en su iglesia, pero fui tratado de manera irrespetuosa y sólo se me permitió hablar un poco, hasta que fui sacado violentamente por un tipo grosero; pero algunos que eran simples y moderados estaban preocupados por eso. Cuando fuimos relevados de esa ciudad, viajamos hacia Hythe, y en el camino hacia allá fuimos hacia un castillo que estaba junto al mar [Sandgate Castle,] donde fuimos recibido amablemente tanto por el capitán como por su esposa. Tuvimos una reunión o dos con los soldados y otros, y después de eso fuimos a la previamente mencionada Hythe. Fuimos inspirados a ir a su lugar público de adoración, lo cual hicimos; pero pronto después que uno de nosotros había comenzado a hablar, fuimos sacados violentamente, pero preservados, por medio de la mano del Señor, para no ser dañados por la grosera multitud. Fue bien notorio que aquel que era el más violento en contra de nosotros, después de un corto tiempo tuvo un juicio extraordinario que cayó sobre él.

En esa ciudad los bautistas nos permitieron el uso de su sala de reuniones, y al principio fueron bastante moderados y corteses con nosotros, pero después ellos llegaron a ser (o algunos de ellos) nuestros opositores más grandes. Sin embargo, había algunos en ese lugar que creyeron y recibieron nuestro testimonio.

Partimos de esa ciudad más allá hacia el campo, y estuvimos en Romney y Lydd, donde había muchos altos profesantes, y entre el resto estaba Samuel Fisher, un pastor muy eminente y capaz entre los bautistas. Me sentí inspirado a ir a la reunión de los independientes, y mis estimados hermanos sintieron el deseo de ir a la reunión de los bautistas, donde él tuvo buena libertad. El previamente mencionado Samuel Fisher había estado hablando entre ellos, pero, como fue aparente, estuvo tan afectado con la doctrina de John, que como John había hecho, Samuel comenzó con su sabiduría a parafrasear acerca de ella con excelencia de expresión, para así establecerla en la comprensión de él más allá de lo que John había hecho. En la reunión donde yo estaba apenas me permitieron alguna libertad de relevar mi consciencia entre ellos. Después de eso tuvimos una reunión en ambos lugares. Una vez estábamos en una reunión en la calle en Lydd, porque la casa del Amigo no podía contener la multitud, donde los magistrados, o algunos de ellos, enviaron a llamar al previamente mencionado Samuel Fisher, quien también estaba presente en la reunión, para decirle que se nos podría abrir la puerta de la iglesia, como ellos la llamaban, para entrar allí; pero nos negamos a aceptarlo, y escogimos continuar nuestra reunión en la calle. El previamente mencionado Samuel Fisher creyó nuestro informe, con varios más en esas dos ciudades, quienes fueron convencidos de la verdad de Dios, que no había sido declarada en esas partes por algún Amigo anteriormente.

También estuvimos en la región alrededor de Ashford y Tenterden, y tuvimos grandes reuniones, y fuertes disputas con los profesantes, quienes se opusieron a nosotros grandemente, especialmente en esas dos ciudades. Sin embargo encontramos algunos que eran simples y tiernos de corazón en la mayoría de los lugares donde tuvimos reuniones. También estuvimos en Cranbrook y Staplehurst, donde encontramos un pueblo muy abierto, quienes estaban listos para recibir y para aceptar la verdad eterna, que nosotros libre y poderosamente, de acuerdo a nuestra medida, recibimos, administramos a ellos, en la demostración de su Espíritu eterno. Tuvimos varias reuniones grandes y preciosas entre ellos, y el poder y presencia del Señor Dios estuvo mucho con nosotros, en la cual nos regocijamos juntos, distribuyendo libremente la Palabra de vida a ellos, la cual en ese tiempo moraba rica y ampliamente en nuestros corazones; y como la habíamos recibido libremente, así la dispensamos libremente. Porque aunque habían algunos que nos hubieran dado tanto oro como dinero, que algunos nos hubieran incluso forzado a aceptar, sin embargo no tuvimos libertad para recibir un centavo de ellos; porque les dijimos que no era su posesión, sino ellos mismos, lo que buscábamos. Muchos fueron convencidos y muy afectados con la verdad, la cual con gozo y alegría ellos recibieron. Entre ellos, como en otros lugares, buscamos establecer reuniones, y llevar a aquellos que estuvieron convencidos a esperar al Señor en silencio, en esa luz de vida en si mismos, a la cual los llevamos; para el propósito de que ellos puedan disfrutar la sustancia de lo que ellos habían profesado. En consecuencia, las reuniones llegaron a ser establecidas en la mayoría de los lugares antes mencionados, las cuales aquellos que fueron convencidos mantuvieron después de nuestra partida.-*

[*Los Amigos de Dover estuvieron entre los primeros en establecer este noble ejemplo de reunirse en el hombre de Él, quien prometió estar en el medio de ellos, y quien fue hallado fiel y el verdadero testigo para ellos. "Yo también puedo familiarizarlos un poco con cómo las cosas estaban con nosotros en nuestro primer convencimiento y reuniones, después que llegamos a sentarnos a esperar al Señor en silencio; lo cual era nuestra práctica por algunos años, excepto por algunos Amigos viajeros que vinieron entre nosotros. Puedo decir verdaderamente que el Señor era nuestro maestro, y su presencia y poder se manifestaron entre nosotros, cuando ninguna palabra había sido pronunciada en nuestros oídos externos por varios de nosotros, y en varias ocasiones, en estas reuniones, hemos sentido el poder del Señor, que ha hecho que nuestros cuerpos exteriores tiemblen como también nuestros corazones; un gran temor y reverencia se apoderó de mi corazón; y el Señor confirmó su verdad en mi día tras día, y respondió mis dudas, y estableció mi fe por su poder." - La colección de escritos de Luke Howard, 1704,p- 29.]

Después de eso, fuimos movidos a ir a una gran ciudad llamada Maidstone; y ya que era el primer día de la semana, estábamos en una reunión en la mañana del pueblo llamado bautistas en el campo; y después que habíamos declarado el camino de salvación entre ellos, los dejamos y fuimos a la ciudad previamente mencionada. Cuando llegamos allí, mi estimado hermano John Stubbs se sintió inspirado a ir su lugar público de adoración, y yo me sentí inspirado a ir a la reunión de los independientes, lo cual entonces hicimos; y John fue arrestado en su iglesia, y yo al día siguiente en la posada, y ambos fuimos enviados a la así llamada correccional, donde fuimos registrados, y nuestro dinero, y nuestros tinteros, y Biblia, etc. fueron confiscados. Después fuimos desnudados, y nuestros cuellos y brazos fueron puestos en el cepo, y en esa condición fuimos desesperadamente azotados; y después nos pusieron fierros y nos pusieron grandes zuecos de madera, y en esa condición nos hubieran obligado a trabajar diciendo que el que no trabajaba no debía comer, etc. Porque desde que ellos nos habían tratado tan impíamente, y eso sin una causa justa, ni tampoco podían ellos culparnos justamente con quebrantar ninguna ley, hasta ese momento no éramos libres de consentir con su voluntad cruel con respecto a hacer su trabajo; y por lo tanto nos tuvieron sin comida por varios días. Sólo se nos permitió un poco de agua una vez al día. La persona que nos encerró y el agente principal de crueldad en contra de nosotros era un notable presbiteriano. Los otros prisioneros que estaban allí nos hubieran querido dar de su pan, y las mujeres de la casa fueron movidas con compasión hacia nosotros. Ambos nos hubieran dado algo privadamente, pero nosotros no éramos libres en esos momentos de aceptarlo, hasta que aquellos por cuya orden la provisión nos era negada dio el consentimiento de que podía ser traída a nosotros; lo cual él o ellos finalmente hicieron. Muchos en la ciudad comenzaron a ofenderse por su crueldad, la que ellos manifestaron hacia nosotros. Cuando aquellos que buscaron inclinarnos ante su voluntad fueron inclinados por el poder de Dios, nosotros fuimos libres de recibir provisiones por nuestro dinero, y comimos y fuimos reconfortados.*

* [Los siguientes particulares, además de los que fueron dados anteriormente, son obtenidos de algunos de los primeros registros de Amigos en East Kent.

"William Caton siendo llevado ante el magistrado, fue examinado dónde él habitó, y cuánto tiempo había pasado desde que él salió de su casa, y por qué camino él vino{ con más preguntas similares. William respondió que él había venido de Londres. El magistrado preguntó lo que él había hecho mientras vivió en Londres. William dijo que en dar a conocer la verdad eterna, como él fue inspirado por el Señor; llevando al pueblo de la oscuridad hacia la luz; para que con la luz ellos se vean a si mismos, y sean llevados al arrepentimiento, etc. Entonces el magistrado le dijo que él tenía un amo para él, y que él debía ser puesto a trabajar, y lo ató por tanto como un año. Pero William rehusó ser atado por el hombre, o a ser esclavo de ninguno; diciendo que él estaba en la obra y servicio del Señor, y no podía salir del servicio del Señor para ser esclavo del hombre."

Este registro temprano entonces describe el tratamiento cruel en términos similares como en el Diario recién mencionado, aunque a veces en más detalle. Después de ser sacados de la ciudad ellos pasaron a las manos de muchos alguaciles, y William Caton fue separado de su amigo. El informe entonces declara que esos oficiales comenzaron a ser menos cuidadosos de su orden; y al final los dejaron en los caminos; su apariencia celestial y vidas sobrias y palabras predicaban tanto a ellos, que finalmente les permitieron viajar solos donde ellos quisieran. El registro continúa dando un informe de su regreso a Maidstone y añade: “antes de que llegaran a Dover otra vez, el informe de su trato impío en Maidstone llegó a oídos del alcalde de Dover; quien al reunirse con Luke Howard, dijo: 'Luke, he oído que tus amigos han estado en Maidstone y han sido azotados. Nosotros no los tratamos tan mal aquí'. 'No,' dijo Luke, ‘pero ustedes los trataron peor de lo que deberían haberlos tratado'. Por lo tanto, en un corto tiempo William Caton J. Stubbs vinieron a Dover otra vez, donde ellos estuvieron con Amigos y disfrutaron de sus reuniones pacíficamente, y muchos fueron convencidos.- Manuscrito de Amigos de East Kent.]

Al día siguiente, después de que su crueldad pareció haber disminuido, ellos enviaron a un oficial, quien hizo restitución de algunas de nuestras cosas otra vez que habían sido tomadas de nosotros, pero quemó varios buenos documentos y cartas. Después ellos se despidieron de nosotros, y con oficiales nos sacaron de la ciudad, uno a una orilla de la ciudad, y el otro en la otra, lo cual fue una prueba no pequeña para nosotros el ser separados de esa manera. Fuimos llevados de un oficial al otro en la región, y de esa manera enviados hacia nuestras habitaciones en el norte; pero cuando yo había estado en las manos de alrededor de doce de ellos, ellos comenzaron a ser más descuidados de su orden, y finalmente me permitieron viajar solo, lo cual por consiguiente yo hice hacia Londres.

Al siguiente día me acerqué a Londres, donde estuve más que un poco reconfortado con los hermanos; y allí me encontré con mi querido compañero John Stubbs otra vez, lo cual nos reconfortó mucho. Pronto nos sentimos inspirados para ir a la ciudad de Maidstone otra vez, y hacia esa región, lo cual fue una prueba no pequeña para nosotros, sin embargo nos entregamos a la voluntad del Señor, y regresamos dentro de dos o tres días. Cuando nuestro gran perseguidor en Maidstone oyó acerca de nuestro regreso, él envió un tono y clamor sobre nosotros. Ellos fueron alrededor de ocho millas hacia el campo, llegando a la casa de un amigo donde nos quedamos; pero para entonces ya estábamos en otro lugar; y debido a que era el primer día de la semana, esa mañana nos fuimos a su iglesia, pero el oficial no estaba allí en esos momentos. Entonces la Providencia ordenó de tal manera que fuimos guardados de sus manos. Después pasamos por la región visitando a los hermanos que habían recibido el evangelio, quienes fueron confirmados en la fe, y más aún por medio de nuestro paciente sufrimiento. También estuvimos en Canterbury donde tuvimos un buen servicio, especialmente entre los así llamados bautistas e independientes; porque estuvimos en su reunión y tuvimos libertad de declarar la verdad de Dios entre ellos. Algunos allí recibieron nuestro testimonio y fueron convencidos de la verdad, de modo que una reunión llegó a ser establecida allí. De manera similar en Sandwich tuve un servicio para los holandeses en su iglesia, pero en ese tiempo la verdad fue recibida sólo por unos pocos.

CAPÍTULO V

1655.- Él visita Calais en Francia—regresa a Dover - Viaja a Yarmouth,
y después hacia el norte
—Con John Stubbs navega hacia Holanda;
sus labores en ese país —regresa a Inglaterra.

El día 12 del cuarto mes, del 1655, sentí el deber de ir a Calais en Francia, lo cual por consiguiente hice desde Dover. Cuando llegué allí, y vi que el lugar estaba tan entregado a la idolatría, mi espíritu estuvo muy recargado y deprimido dentro de mi. En el poder del Señor fui a su lugar alto de adoración, donde algunos estaban adorando a sus ídolos mudos [estatuas católicas romanas de María, Jesús, José, Pedro, etc.]. Caminé entre ellos, pero no les podía hablar fácilmente porque ellos no me podían entender, ni tampoco yo podía entender su lenguaje. Pero el Señor después me proveyó la manera de aliviar mi espíritu, y relevar mi consciencia entre algunos de ellos. Porque después de que había estado allí por un corto tiempo, algunos de los principales de la ciudad supieron que estaba allí, quienes desearon verme y hablar conmigo; y algunos de ellos vinieron en persona a buscarme al muelle, donde estaba anclado el barco donde yo estaba. Al entender que yo estaba a bordo, me dijeron que fuera a la orilla del mar, y después fui llevado a un lugar privado, por temor a la multitud grosera. Mi guía me dijo que él había sido asignado para llevarme a una casa grande, donde varios de los principales de la ciudad se habían reunido para verme, oírme, y hablar conmigo. Así que tuve una gran oportunidad de declarar la verdad entre ellos. Un así llamado lord escocés fue el traductor. El Señor se complació de darme dominio precioso sobre sus mentes y espíritus vanos y frívolos, los cuales estaban muy adictos a la ligereza y la vanidad. Cuando había terminado de hablar como me lo exigía mi consciencia, ellos me permitieron irme en paz. Tan pronto como fui relevado, y libre de regresar a Inglaterra, lo hice; y encontré a mi querido compañero, John Stubbs en Bristol.

Alrededor de ese tiempo John Stubbs sintió la necesidad de ir a Holanda, y yo fui liberado por el Señor para acompañarlo. Tuvimos algunos buenos servicios después en el país, en nuestro regreso hacia Gravesend; y de allí fuimos a Colchester, y así a Yarmouth en Norfolk. Exteriormente éramos pobres y débiles, sin embargo llenos de poder y fuertes en el Señor. Fuimos muy conservadores y económicos en nuestros gastos, lo cual podría decir más de lo que ahora soy libre de insertar; sin embargo el Señor nos permitió viajar día tras día, y muchas millas al día, a pesar de que nuestros cuerpos estaban bajo tanto estrés por el viaje. Ni tampoco teníamos necesidad de dinero en esos días, lo cual podríamos haber recibido mucho; pero nuestros corazones estaban libres de codiciar eso. Como el Señor bien sabe, nos mantuvimos apartados y libres de recibir algún dinero; porque como habíamos recibido de gracia, así estuvimos dispuestos a dar de gracia. Lo poco que teníamos, el Señor nos santificó y nos bendijo, y siempre tuvimos nuestra recompensa con nosotros, en cualquier lugar o condición en la que estuviéramos.

Después de que vinimos a Yarmouth, esperamos allí y en esa región la mayor parte de tres semanas para pasar a Holanda. Finalmente la oportunidad de un barco pareció presentarse, y también de viento. Así que abordamos alegremente, aunque no sin alguna dificultad en los caminos; pero después de que el capitán abordó, y percibiendo que estábamos allí, no nos quiso llevar, sino que fuimos forzados a desembarcar otra vez; y esa desilusión, después que habíamos esperado por tanto tiempo, fue una prueba no pequeña para nosotros. Cuando vimos que había poca posibilidad de obtener pasaje a Holanda determinamos ir al norte; y después que habíamos esperado algún tiempo más allí, obtuvimos pasaje a Sunderland, teniendo un peso no pequeño sobre nosotros, el cual fue más pesado porque se informó en la nación entre los Amigos que habíamos ido al extranjero. Cuando llegamos al norte, tuve un gran deseo en mi de ir a ver a mis queridos parientes en el Señor en Swarthmore y sus alrededores, y la Providencia lo ordenó de manera que tuve una oportunidad. ¡Oh! cuánto nos reconfortamos en nuestra reunión, y durante el tiempo que me quedé con ellos, sería difícil para mi declarar al máximo. La estimada Margaret Fell, quien había sido una madre tierna de corazón y cuidadosa conmigo, se reconfortó de oír cómo el Señor había estado conmigo, cómo él había bendecido mis labores, y prosperado su obra en mis manos; por medio de todas esas misericordias, junto con muchas más, regresamos al Señor su debida adoración, y con corazones gozosos le ofrecimos el sacrificio de adoración y acción de gracias. Cuando me había quedado un poco tiempo allí, en el cual fui reconfortado tanto en espíritu como en cuerpo, sentí la necesidad de regresar otra vez, para esforzarme en lograr el previamente mencionado viaje a Holanda; y cuando el tiempo de mi partida había llegado, me despedí de ellos con mucho quebrantamiento de corazón, en lo cual también los dejé. Visitando otros Amigos, regresé otra vez al obispado, donde había dejado a mi querido compañero. Después tuvimos unas preciosas reuniones en esas partes, que junto con las que habíamos tenido antes, fueron un servicio no pequeño; y al estar relevado de esas partes, buscamos otra vez la oportunidad de ir a Holanda.

Llegando a Shields, oímos de un barco que estaba destinado para ir a Flanders, al cual aunque estaba en los dominios del rey de España, y algo lejos de Holanda, estuvimos dispuestos de ir allí, esperando obtener pasaje desde allí. Así que abordo de este barco fuimos finalmente por medio de misericordia hacia Yarmouth Roads otra vez, donde encontramos un barco destinado a Flushing en Zealand, que estaba más cerca de Holanda que Flanders, y nos embarcamos allí. Por medio de la misericordia del Señor llegamos bien a Flushing; donde llegamos entre un pueblo de lenguaje extraño, entre quienes habíamos estado sólo un corto tiempo cuando nuestro espíritu fue desesperado dentro de nosotros por el poder del Señor; por medio del cual fuimos movidos a proclamar su día poderoso, y a publicar su verdad eterna, en sus calles y a través de ellas, ya sea que ellos entendieran o no; lo cual hicimos, y su poder y presencia estuvieron con nosotros. En ese tiempo ningún hombre había puesto manos sobre nosotros; así que después que habíamos descargado nuestros espíritus, al aliviarlos del peso que estaba sobre nosotros por medio de obedecer al Señor, regresamos a nuestro lugar de alojamiento otra vez.

Cuando llegó el primer día de la semana, sentimos la necesidad de ir a la congregación de los ingleses y los escoceses, lo cual hicimos; y muchos se quedaron mirándonos y se maravillaron de nosotros, debido a nuestra falta de conformidad hacia ellos. Pero después que comenzamos a hablar, ellos fueron sacudidos de gran manera, algunos con furia e ira, y otros con admiración; pero aún así ellos no nos permitían hablar mucho, sino nos apresuraron a salir con gran indignación, y alguna violencia fue ofrecida a nosotros. Sin embargo el Señor nos guardó, de modo que recibimos más bien poco daño de parte de ellos, ¡bendito sea su nombre para siempre!

El mismo día fuimos a otra gran ciudad llamada Middleburgh, y llegamos allí antes que el devocional de la tarde hubiera terminado. Cuando llegamos allí fuimos inspirados a ir a la reunión donde se reunían los ingleses y los escoceses, donde esperamos hasta que el sacerdote había terminado. Después uno de nosotros comenzó a hablar, pero el sacerdote no lo permitía, imaginándose al principio, antes que él entendiera bien, que habíamos venido a pedir limosna. Pero cuando percibió que no era así, él y otros estuvieron aún más en contra de nosotros, y algunos fueron especialmente violentos, y me golpearon mucho. En realidad, si el Señor no hubiera estado con nosotros y no nos hubiera guardado por medio de su gran poder, ellos podrían habernos hecho mucho daño; pero bendito sea el Señor, él nos guardó y nos preservó.

Después de eso, el sacerdote nos envió a llamar a su casa, y razonó con nosotros un rato; pero él tenía un espíritu tan altanero y ambicioso, como también lo eran muchos de esa generación, que la verdad podía tener poca entrada en él, o aceptación de parte de él. Después que tuvimos otro buen servicio en la ciudad, y habíamos llegado a estar relevados de ella, nos embarcamos hacia Rotterdam en Holanda; donde, después de alguna dificultad y penurias, llegamos por la misericordia del Señor; pero no conocíamos el rostro de nadie. Cuando habíamos estado algunos días en la ciudad, varios lo supieron, y después de un tiempo tuvimos una reunión en la casa de un mercader inglés, a la cual vinieron muchos mercaderes, tanto holandeses como ingleses. Sufrimos por falta de un buen traductor; porque el que tradujo para nosotros no era verdadero y fiel para interpretar nuestras palabras como nosotros las pronunciamos, sino que a veces al contrario, y los oyentes o algunos de ellos llegaron más bien a estar furiosos en contra de nosotros, en vez de ser ganados hacia la verdad. Sin embargo, el testigo de Dios en algunos, respondió a la verdad de nuestro testimonio. Como no había habido ningún Amigo que declarara la verdad entre ellos en la ciudad, se veía como una cosa muy extraña, y se maravillaron aún más con nosotros; pero al tiempo debido, cuando habíamos relevado nuestras consciencias, y dado un fiel testimonio de la verdad de Dios en ese lugar, nos fuimos de allí y regresamos otra vez a Zealand, donde nos embarcamos para Inglaterra.

Después que habíamos esperado algún tiempo por el viento, tuvimos una oportunidad de navegar, pero nos encontramos con una tormenta muy grande en el mar; sin embargo el Señor nos guardó, y llegamos bien a Burlington (Bridlington), en Yorkshire, pero no se nos permitió ir hacia la ciudad, porque habíamos venido de Holanda, donde se decía que estaba la enfermedad entonces. Sin embargo vimos a nuestros Amigos, y fuimos reconfortados en vernos los unos a los otros. Pronto después de eso nos embarcamos otra vez, y cuando llegamos cerca de Hartlepool, y el viento estaba soplando muy fuerte, perdimos nuestro palo de trinquete, y estuvimos en algún aparente peligro; pero el Señor se complació de guardarnos también en esa ocasión, y de mitigar la violencia de las olas embravecidas por medio de su gran poder, en el cual pusimos nuestra confianza. Cuando por medio de la misericordia habíamos llegado bien a la costa, fuimos hacia el campo entre los Amigos, con quienes estuvimos más que un poco reconfortados en el Señor. Después que tuve varias reuniones en el obispado [Durham] fui otra vez a Lancashire, y llegando a Swarthmore, fui recibido con gozo otra vez en el Señor, en quien nuestro consuelo fue grande, y tuvimos un tiempo muy precioso después juntos, por el cual mi vida misma fue muy revivida y por lo tanto mi alma magnificó al Señor, con el resto de sus corderos y bebés en ese lugar.

<Continuación del diario>>>

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