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UNA MEMORIA DE ELIZABETH HOOTON

Prefacio del editor del sitio

Es triste que no tengamos un registro de un diario de Elizabeth Hooton, porque su ministerio fue ciertamente inspirador y lleno de poder. Pero las memorias de su vida son un testimonio de sus muchos años de ministerio valiente — la primera mujer ministro de los cuáqueros — y uno de los ministros más importantes entre ambos géneros. En Cristo Jesús no hay hombre ni mujer porque todos son hijos de Dios; a esta gran hija de Dios, una de los gigantes valientes de Dios, damos homenaje y tributo.

Aparentemente hubo muchos milagros que acompañaron su testimonio y ministerio, pero no tenemos un registro definitivo, aparte del inusual comentario de Jorge Fox en el siguiente testimonio a favor de Elizabeth: "en las reuniones en su casa, el Señor por su poder obró muchos milagros."

Su valentía y coraje no tienen paralelo, habiendo sido encarcelada varias veces en Inglaterra. Pero dejando a su esposo, su hogar, y sus hijos, ella respondió al llamado de Dios para ir a Nueva Inglaterra, donde los cuáqueros habían sido asesinados y castigados brutalmente en Massachusetts y Connecticut. Ella entonces regresó repetidamente a Boston y Cambridge bajo el llamado de Dios para dar testimonio en contra de la brutalidad del gobierno puritano, siendo que cada vez fue brutalmente azotada con látigos que le destrozaban la carne, enviada a la cárcel, y varias veces fue llevada hacia la intemperie en el invierno, abandonada y dejada allí para morir. Sin embargo, ella nunca dudó regresar, vez tras vez. Hasta que ella finalmente asistió al funeral de su principal perseguidor, el gobernador de Massachusetts John Endicott. Verdaderamente el Señor estaba con ella para sostener la valentía de ella con su gran poder. Ella es un ejemplo de obediencia para que todos nosotros admiremos, siguiendo en las pisadas sangrientas de su Señor y Maestro, el Señor Jesucristo.

Pues para esto fuisteis llamados, porque también Cristo sufrió por vosotros, 
dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas.

1 Ped 2:21

De hecho, si usted es como yo, a medida que lea estas cortas memorias de su vida, su corazón se sentirá pesado, y estará maravillado que alguien pueda ser tan valiente; porque hasta que veamos con nuestros propios ojos el poder de Dios sobre todo el cielo y la tierra, tendremos dudas de que podemos ser tan valientes.

La vida de Elizabeth Hooton es un capítulo importante en el registro glorioso de la fidelidad de los primeros cuáqueros, y su valor, amor y obediencia.

 También todos los que estén decididos
a vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos.

2 Tim 3:12

 - El testimonio de Jorge Fox acerca de Elizabeth Hooton

Ella era una mujer seria y de corazón recto hacia el Señor y recibió su Verdad varios años antes de que fuéramos llamados cuáqueros. Fue movida por el Señor para ir a Nueva Inglaterra, y llevó consigo a su hija, deseando que los sacerdotes perseguidores y magistrados quiten las leyes para encarcelar, confiscar los bienes, azotar, marcar con hierros calientes y cortar los oídos de los Amigos y ejecutarlos. En vez de atender a sus súplicas, ellos la azotaron a ella y a su hija muy cruelmente y las sacaron de su jurisdicción. Ella fue movida por el Señor a regresar a Massachusetts, donde los magistrados de Boston pasaron entonces una sentencia de muerte sobre ella y alrededor de 27 o 28 más, manteniéndolos como prisioneros. Obtuvimos una orden del rey Carlos II y contratamos un barco para llevarla para que ellos pudieran tener un juicio justo ante el rey, tras lo cual los pusieron en libertad aunque no quitaron las leyes persecutorias.

En muchas prisiones esta pobre Elizabeth Hooton fue encarcelada sólo por servir y adorar a Dios y declarar la Verdad, y alrededor del año 1671 ella viajó conmigo y otros a Barbados y a Jamaica. Siendo ella una anciana débil y celosa por el Señor y su Verdad, ella murió en el Señor; y es bendecida, y está en reposo de sus labores, y sus obras la siguen.

Ella fue convencida en Skegby en Nottinghamshire y tuvo reuniones en su casa donde el Señor por su poder obró muchos milagros ... confirmando a la gente de la Verdad que ella recibió allí alrededor de 1646, y realizó su ministerio y terminó su testimonio alrededor de 1672.

Ella fue una mujer piadosa y tuvo un gran cuidado puesto sobre ella por el pueblo para que caminaran en la Verdad que profesó, y desde que recibió la verdad nunca le dio la espalda, sino fue ferviente y fiel a ella hasta la muerte.

Jorge Fox

UNA MEMORIA DE ELIZABETH HOOTON

Elizabeth Hooton,(1600-1672), fue una de las primeras personas que fue convencida de la verdad por Jorge Fox, y la primera mujer en convertirse en ministro de los cuáqueros en 1650. Ella fue la esposa de Samuel Hooton, quien ocupó una posición respetable en la sociedad. Ella no sólo fue la primera mujer ministro de los cuáqueros, sino la segunda ministro de la Sociedad, y contada como una de los sesenta valientes, un grupo de evangelistas que siguieron a Jorge Fox al ser enviados por el Señor a toda Inglaterra. En su diario, Jorge Fox la describe como una mujer muy tierna, cuando él la visitó en 1647. Era una mujer casada de media edad cuando conoció a Fox en 1647 en Skegby, Nottinghamshire, y ya era inconformista — específicamente, bautista. Ella murió mientras viajaba en el ministerio con Jorge Fox y otros en Jamaica en 1672.

"El amor que llevo a las almas de todos los hombres hace que
esté dispuesta a soportar todo lo que se me puede infligir."
Elizabeth Hooton

Ella y su esposo, Samuel, vivieron cerca de Mansfield donde ellos criaron a seis hijos. Su esposo era un anciano en la asamblea local.

En 1647, ella formó parte de una compañía de personas serias quienes ocasionalmente se reunían; y en esta fecha Jorge Fox la menciona como una "mujer muy tierna”. Por tres años posteriormente poco se sabe de su vida; "las reuniones y discusiones", sin embargo, que ella tuvo con Jorge Fox, parecen haber sido el medio para convencerla de los puntos de vista espirituales de los Amigos. En su Historia, Sewel dice que en 1650, "a partir de una verdadera experiencia de la obra del Señor en el hombre, ella se sintió movida públicamente a predicar el camino a la salvación a otros." Jorge Fox había sido previamente el único que predicaba públicamente; ella fue, por lo tanto, no sólo la única de su género, sino la segunda persona que apareció en este carácter entre los primeros cuáqueros. La predicación de las mujeres en este período no era considerada inusual. Se sabía de varias que estaban similarmente ocupadas entre las varias sectas religiosas entonces en Inglaterra. Elizabeth era muy valiente, ya que fue a varias iglesias locales sola para advertir a los miembros y reprender a los ministros como falsos profetas. Elizabeth Hooton no había seguido a su Señor por largo tiempo en esta alta vocación antes que su sinceridad y fidelidad fueran probadas por persecuciones en la cárcel.

En 1651 ella fue encarcelada en Derby por la queja de haber reprendido a un sacerdote; y en el año siguiente, mientras viajaba en Yorkshire, fue encarcelada por exhortar a una congregación en Rotheram al final del servicio y tomada al castillo de York, donde, con su amiga Mary Fisher, ella estuvo confinada por dieciséis meses.

En 1654, mientras estaba en una misión evangelística en Lincolnshire, ella fue encarcelada por cinco meses en Beckingham, "por declarar la verdad en un lugar de adoración pública." En el año siguiente, ella sufrió tres meses de encarcelamiento en el mismo condado "por exhortar al pueblo al arrepentimiento". En el curso de sus primeros viajes en la obra del ministerio, ella también estuvo sujeta a otras clases de sufrimiento.

En el segundo mes llamado abril (1660),* Elizabeth Hooton, pasando tranquilamente en el camino, fue recibida por un tal Jackson, sacerdote de Selston, quien la abusó, la golpeó con muchos golpes, la derribó, y después la metió en el agua; aunque ella no parece ni siquiera haber hablado con él.

*Comentarios del editor del sitio: El año del entonces usado calendario juliano comenzaba en marzo y terminaba en febrero. El calendario actualmente usado es el calendario gregoriano.

Ella obró incansablemente para construir el movimiento, predicando, escribiendo y viajando; incluso en sus sesenta años ella realizó los arduos viajes a Nueva Inglaterra y las colonias del Caribe varias veces, predicando a los no convencidos y fortaleciendo a los convencidos.

Las extremas crueldades a las cuales los Amigos en Nueva Inglaterra habían sido expuestos despertaron una profunda simpatía entre los miembros en casa. Elizabeth Hooton compartió en gran medida este sentimiento; y, aunque consciente de que era casi seguro de que le esperaban sufrimientos, ella dejó su casa en 1661, por un llamado religioso de Dios para ir a esta provincia perseguidora. Este llamado de Dios para dejar su hogar, esposo e hijos debe haber sido muy desconcertante, a pesar de ver el bien que resultaría de él. Tenemos registros de hombres cuáqueros quienes después de recibir el llamado a dejar su familia y hogar, resistieron y retrasaron su decisión, debido al impacto en sus vidas. No sabemos si Elizabeth retrasó su decisión, sólo que ella respondió. Esta visita transatlántica, y otra que le siguió rápidamente, la ocupó por varios años. Los nueve azotes públicos que recibió en Massachusetts exceden a todos los otros números que los autores de esta obra han visto. Ella fue desnudada hasta la cintura, y con sus manos atadas a un poste, públicamente azotada con un látigo de tres cuerdas, que tenía tres nudos en la punta para desgarrar la mayor cantidad de piel con cada latigazo. En su tercera visita a Nueva Inglaterra, su hija, quien viajaba con ella, también fue azotada de la misma manera.

Como ministro del evangelio, ella parece haber estado en alta estima de sus amigos; y aunque muy avanzada de edad, cuando Jorge Fox visitó las islas de las Indias Occidentales y Estados Unidos en 1671, ella estaba entre aquellos que lo acompañaron en este importante y largo viaje.

Los líderes puritanos (congregacionalistas) en Estados Unidos demostraron profundo odio y envidia de los cuáqueros, quienes llegaron por primera vez en 1656. Debido a que los cuáqueros insistieron que el corazón del creyente debe ser completamente purificado para poder caminar libre de pecado, y que incluso la inclinación para pecar debe ser quitada, los puritanos estaban indignados; porque los puritanos creían que ellos eran el pueblo escogido de Dios, salvados por gracia con ningún otro requisito excepto asistencia diligente a la iglesia. Cualquier opinión diferente de cómo agradar a Dios tenía que ser del diablo. Los puritanos de Nueva Inglaterra, siendo que ellos mismos habían huido de Inglaterra escapando persecución, llegaron a ser incluso peores de lo que ellos habían escapado.

En el año 1661,  Elizabeth Hooton sintió que Dios la estaba guiando a visitar Nueva Inglaterra. Junto con su amiga, Joan Brocksoppe, ellas sintieron la necesidad de dar testimonio de la Verdad a los puritanos que estaban persiguiendo a los cuáqueros tan impíamente hasta la muerte. Estas persecuciones tuvieron lugar en Massachusetts y Connecticut. Ellas reconocieron que tendrían que morir por su testimonio mientras demostraban su amor por las almas de los puritanos, quienes ellas esperaban se arrepentirían de sus horribles persecuciones. Ella tenía 63 años de edad cuando comenzó su viaje, lo cual tomó mucho valor de su parte porque cuatro cuáqueros ya habían sido ejecutados en Massachusetts. De modo que ellas sabían que enfrentarían la posibilidad de la muerte; sin embargo Dios quería que testigos fuertes fueran en contra de la maldad de los perseguidores puritanos. Las autoridades habían pasado una ley en contra de los maldecidos cuáqueros, lo cual hizo posible desterrar a cualquier cuáquero de la colonia y ejecutarlos si ellos regresaban. En 1659, William Robinson y Marmaduke Stevenson habían sido ahorcados en Boston. Mary Dyer fue ahorcada en 1660 y William Leddra en 1661.

Comentarios del editor del sitio: Con respecto a sus seguidores, Jesús dijo: aun viene la hora cuando cualquiera que os mate pensará que rinde servicio a Dios. Juan 16:2. Para entender esta declaración, usted necesita entender que cualquier persona que es verdaderamente cambiada por Dios para agradarle a él será tan diferente que la gente se sentirá amenazada por su conducta y conversación, particularmente el establecimiento religioso que oye que su adoración es en vano y su salvación es imaginaria. Porque así como los judíos habían sido tomados por el enemigo, así también el cristianismo había sido tomado por el enemigo. Así como los judíos mataron a Cristo, los cristianos también mataron a muchos cuáqueros en quienes Jesús había sido verdaderamente resucitado para gobernar sus pensamientos, palabras, y acciones — por lo tanto, su verdadero Señor y Maestro. Así como los cristianos mataron a los primeros cuáqueros, los cristianos también serán violentos otra vez en contra de aquellos en quienes el Señor ha sido resucitado para gobernarlos y guiarlos.

Debido a que los puritanos habían promulgado una ley que establecía que cualquier barco que trajera a un cuáquero a Nueva Inglaterra sería multado ₤100, y después tendría que transportarlos de regreso a Inglaterra, ellos no podían encontrar un barco que estuviera dispuesto a llevarlos a Boston. Así que ellos tomaron un barco rumbo a Virginia. Cuando ellos llegaron a Virginia, no podían encontrar un barco que estuviera dispuesto a llevarlos a Boston. Por lo tanto, excepto por una pequeña etapa del viaje en barco, ellos viajaron por tierra, lo cual era muy peligroso.

Después de un viaje largo y duro, ellos llegaron a Boston; pero allí no podían encontrar una casa donde quedarse, porque cualquiera que proporcionara alojamiento o comida a los cuáqueros estaba sujeto a una gran multa. Sin embargo al final una mujer los recibió. Al día siguiente ellos fueron a la cárcel a visitar a sus amigos; pero el carcelero rehusó permitir sus visitas y los arrestó, llevándolos al gobernador Endicott de Massachusetts, quien, con mucho lenguaje injurioso, los llamó 'brujos'. Él le preguntó a Elizabeth '¿Por qué ella había venido?' A lo cual ella respondió: 'Para hacer la voluntad de Aquel que me envió.' Y él reclamó: '¿Cuál es esta?' Ella respondió: 'Advertirle acerca de derramar más sangre inocente'. A lo cual él contestó que 'él ahorcaría aún más [cuáqueros]'; pero ella le dijo que 'él estaba en las manos del Señor, quien podía llevárselo a él primero'. Después del encarcelamiento, ellos fueron llevados a dos días de viaje hacia áreas inhabitadas, entre lobos y osos y entre muchos peligros; los dejaron allí para morir, pero ellos siguieron caminando hasta que llegaron a Rhode Island. Desde esta colonia ellos fueron a visitar las Indias Occidentales; pero creyendo que se les exigía volver a visitar Nueva Inglaterra, y testificar en contra del espíritu de persecución, ellos regresaron a Boston poco después. Las autoridades, sin embargo, empeñadas en su expulsión, causaron que fueran arrestados y los devolvieron al barco en el cual habían venido. En este ellos regresaron a Virginia, y pronto después a su tierra natal.

La siguiente carta, escrita por Joane Brocksoppe a Margaret Fell, después de su expulsión de Boston, todavía está preservada entre los manuscritos originales de Swarthmore.

Barbados, este día 9 del sexto mes, 1661.

Margaret Fell,

Estimada en el amor y la vida inmutable de mi padre celestial, te saludo cariñosamente a ti, quien, en su amor eterno, me has llamado para dar el testimonio de él por causa de su nombre, y en este amor y vida te recibo, y a menudo he sido reanimada con el recuerdo de ti. Estimada de mi corazón, ora por mi, para que yo sea guardada en este para siempre; y cuando tengas libertad y oportunidad, recuérdales de mi amor a Jorge Fox y R. W.; y envío mi amor a todos tus hijos, de quienes yo soy de una de los menores".

Estimada de mi corazón, no mencionaré mucho de los pasajes, porque espero que otros Amigos hayan dado gran información. Sólo esto; por orden de la corte de Boston, yo y veintisiete Amigos más fuimos echados en la cárcel y llevados de alguacil a alguacil, hasta que estuvimos fuera de su jurisdicción. Todavía no he sido absuelta [de las órdenes de Dios] de ese país, pero espero regresar allí otra vez en un corto tiempo. Llegué a tierra aquí en esta isla alrededor de una semana atrás, donde encontré a la querida Ann Cleaton con Josiah Cole, cuyo estimado amor es recordado por ti. También encontré a varios otros Amigos, por quien fui muy reanimada. Entonces que estés bien".

Tu estimada amiga

Joane Brocksoppe

P. D. Elizabeth Hooton, mi compañera, te saluda cariñosamente.

Cuando Elizabeth llegó a su casa en Inglaterra su ganado fue confiscado porque ella no pagó diezmos. El Señor le ordenó a ir a Londres para hacer una apelación al rey y su concilio. Ella declaró que su apelación no era tanto para abordar el asunto de sus propias propiedades, como para usar la injusticia de su ganado que fue quitado para abordar el problema de los poderes respecto a la persecución y sufrimientos de los cuáqueros, no sólo en Inglaterra, pero también en Nueva Inglaterra. El Señor le había dicho en su viaje por mar de regreso a Inglaterra, que ella debía ir al rey, ya sea que él le oyera o no, a riesgo de su vida.

Por lo tanto, en 1662, ella fue y habló muy fuertemente en la corte del rey, en Whitehall, y a muchos soldados en contra de la opresión de los cuáqueros.

Ella siguió al rey a sus canchas de tenis, enfrentándolo a su entrenador, suplicando justicia. Ella lo siguió en sus caminatas al parque, nuevamente enfrentándolo, pero nunca arrodillándose. Ella estuvo afuera de la corte, esperando que él pasara en su carruaje, y entonces le suplicó por justicia. Ella entró en la corte, a través de las simpatías despertadas de los soldados, y predicó al rey y su concilio con el poder de Dios que se levantó en ella; y en esos momentos ellos la expulsaron, prohibiéndole predicar allí. Entonces a la siguiente mañana ella fue en cilicio y ceniza al salón de Westminster, hablando en contra de la injusticia de los abogados, la cual era muy notoria y afectó a muchos.

Ella le escribió al rey muy elocuentemente, recordándole de su persecución en Nueva Inglaterra, y que ella se alió con los comisionados del rey, advirtiéndole a los puritanos que no lucharan por sus leyes que previenen la discriminación, y suplicando en contra de los encarcelamientos opresivos y toma de bienes por no pagar los diezmos. Ella también relató las crueles persecuciones que ella había soportado en Massachusetts.

Elizabeth Hooton no había estado en su casa por mucho tiempo antes de que el deber de regresar a Nueva Inglaterra, más particularmente a Massachusetts, reviviera con mayor peso y claridad. Al hacer un tercer intento de visitar esta colonia perseguidora, ella consideró conveniente, para poder prevenir el destierro, obtener si fuera posible una licencia del rey para establecerse en cualquier colonia de Gran Bretaña, y "comprar una casa para si misma en la cual vivir, reunirse con Amigos, y terreno para sepultar a sus muertos". Ella estaba en circunstancias muy suficientes, y el rey, al ser informado de sus repetidas expulsiones de Massachusetts, inmediatamente le concedió la licencia. Algunos dicen que el rey estuvo contento de concederle su deseo para deshacerse de su presencia condenatoria. Así autorizada, ella zarpó en un barco con destino a Boston, acompañada por su hija Elizabeth. El capitán del barco ignoraba que aquellos que desembarcaran Amigos en esa colonia podían ser objeto de una fuerte multa; pero debido a que su pasajera estaba respaldada por un permiso real, él se sintió seguro en contra de tal imposición. A su llegada a Boston, las autoridades intentaron cobrar una multa de cien libras al capitán, y sólo fueron disuadidos de confiscar los bienes por la cantidad de la licencia en cuestión.

Deseando lograr rápidamente el objetivo por el cual ella vino, Elizabeth Hooton se esforzó para obtener una morada para si misma y para la seguridad de sus amigos. Los gobernantes, quienes habían previamente expulsado a todo predicador cuáquero inglés que se había aventurado dentro de sus límites, resolvieron que Elizabeth Hooton no debía establecerse entre ellos; y, en desacato a la orden real, perentoriamente rehusaron reconocer su derecho a comprar tierras en el territorio. Después de repetidas pero ineficaces solicitudes a las autoridades de Boston sobre este asunto, ella procedió en su misión evangélica a las partes del norte de Massachusetts, en el curso de lo cual fue sujeta a muchos crueles sufrimientos. En Hampton ella fue encarcelada por testificar en contra de la rapacidad de un sacerdote al confiscar los bienes de un Amigo. En Dover, durante un clima muy frío, ella fue puesta en el cepo, y encarcelada por cuatro días. Pasando por Cambridge a su regreso, se sintió llamada a exhortar a los habitantes al arrepentimiento, un acto de dedicación por el cual ella también sufrió grandes adversidades. A instancias de la magistratura, ella fue arrestada y por dos días y dos noches confinada en un "calabozo ruidoso", sin comida y ninguna cosa sobre la cual acostarse, o ni siquiera sentarse. Podría ser difícil estimar la verdadera cantidad de dificultades físicas soportadas por una persona que esté bajo tales dolorosas circunstancias, pero se podrá imaginar fácilmente que con un suelo húmedo de un calabozo pestilente como el único lugar de reposo para una anciana por cuarenta y ocho horas, en clima frío y sin sustento, sus sufrimientos deben haber sido excesivamente grandes. Mientras estaba en esta condición angustiada, un Amigo, tocado con compasión por ella, le trajo un poco de leche; pero por esta acción de bondad cristiana, las autoridades de Cambridge arbitrariamente lo multaron cinco libras, y lo encerraron en la cárcel. En el tercer día de su encarcelamiento, Elizabeth Hooton fue llevada ante la corte, fue sentenciada para ser azotada en tres ciudades y expulsada de la colonia. Elizabeth fue entonces desnudada hasta a cintura y azotada a través de Cambridge, Watertown y Dedham, con un látigo de tres cuerdas que tenía tres nudos en las puntas, los cuales desgarraban la piel; en Cambridge ella fue amarrada al poste de azote, y recibió diez latigazos; en Watertown ella fue golpeada con diez golpes usando varas de sauce; y en Dedham diez latigazos más "dados con excesiva crueldad mientras estaba amarrada a la parte posterior de un carro".

Comentarios del editor del sitio: Cuando alguien entra en el reino, ellos viven en el reino con Jesús en la presencia del Padre; pero también todavía caminan en la tierra, resucitados con Jesús para ser una nueva criatura con una nueva vida y con Jesús gobernándolos y guiándolos. La nueva criatura es capaz de soportar mucho más dolor y sufrimiento que su antiguo hombre de la carne que murió en el bautismo de fuego y muerte.

Miserablemente desgarrada y herida por estas severidades, la sufriente anciana ahora fue puesto arriba de un caballo y llevada hacia las afueras de la ciudad, donde la dejaron en la noche en una condición indefensa para morir en el frío del invierno. De acuerdo a toda la probabilidad humana, su vida sería sacrificada bajo tales graves circunstancias, y esto, al parecer, era lo que sus inhumanos perseguidores tenían en mente; ellos esperaron, como dijeron, que al dejarla en el bosque, nunca la volverían a ver. Sin embargo, sus malvados designios fueron frustrados. Ella fue cuidada de manera notable por su divino Maestro, y a través de "lúgubres desiertos," y "aguas profundas," ella fue favorecida al final para alcanzar la cuidad de Rehoboth, desde donde ella procedió a visitar a sus amigos en Rhode Island, alabando y magnificándolo a Él, quien la había respaldado tanto bajo estas condiciones lamentables, y quien la había contado como digna de sufrir por su gran nombre.

Elizabeth Hooton, durante su destierro de Cambridge, no se le había permitido sacar su ropa ni algunos otros artículos; por lo tanto, después de quedarse en Rhode Island hasta que fue consolada, regresó en compañía de su hija para reclamar su propiedad. Habiendo obtenido su objetivo, y en camino de regreso a Rhode Island con su hija y con Sarah Coleman, una Amiga anciana de Scituate (Pembroke) quien por casualidad se encontró con ellas en el bosque, ellas fueron arrestadas y llevadas otra vez a Cambridge, donde las tres fueron encarceladas inmediatamente. Las autoridades, de acuerdo con su conducta previa, ordenaron que las prisioneras (ella y su hija también) fueran azotadas en tres ciudades, y fueran enviadas fuera de su jurisdicción; a la mañana siguiente, por lo tanto, ellas recibieron el número usual de diez latigazos en Cambridge, y el mismo número en cada una de las otras dos ciudades que estaban en la dirección hacia Rhode Island.

A pesar de las crueldades a las cuales Elizabeth Hooton había sido así expuesta repetidamente, por entrar en Massachusetts, cuando ella creyó que su Divino Maestro lo requería de ella, no dudó en visitar otra vez esa colonia. Antes del fin del año en el cual ella había sido expulsada tan cruelmente de sus límites, ella procedió a ir una tercera vez a Boston a predicar, como es expresado, "arrepentimiento al pueblo"; pero su mensaje fue recibido con desprecio, y sus advertencias fueron desatendidas. Aquí, como en Cambridge, ella fue encerrada en la cárcel, y recibió la sentencia usual de los "cuáqueros vagabundos". De acuerdo con la cruel orden, ella sufrió en el poste de azotes en Boston, y en la parte posterior del carro en las ciudades de Roxbury y Dedham, y fue después durante la noche, en su estado lacerado, llevada a las afueras de la ciudad y dejada allí para morir; sin embargo ella fue capaz, aunque con gran dificultad, de alcanzar Rhode Island al día siguiente.

Pronto ella nuevamente quedó impresionada con la creencia de que se le requería regresar a Boston, y sin "consultar con carne ni sangre" esta ministro perseguida de Cristo fue fiel al llamado divino. Este acto de dedicación, sin embargo, fue otra vez seguido con varios sufrimientos severos. Ella fue azotada desde la prisión de Boston "hasta los confines de la ciudad", y después en otras ciudades y afuera de la jurisdicción; la amenaza fue añadida de que "si ella alguna vez volvía allí otra vez, ellos la ejecutarían, o la marcarían con un hierro en el hombro".*

*Comentarios del editor del sitio: Ellos marcaban profundamente los hombros de las personas con una "H", la cual denotaba un hereje. Esto le sucedió a varios cuáqueros, incluyendo a Humphrey Norton en Connecticut. Más información acerca de las persecuciones de los cuáqueros por los puritanos en Nueva Inglaterra está disponible en este sitio. Haga clic aquí.

Así fue esta mujer devota, quien era de carácter y sustancia respetable, y perfectamente pacífica e inofensiva, por sus esfuerzos fieles para realizar su misión evangélica, perseguida cruelmente con tres encarcelamientos, nueve azotes severos, y dos exposiciones peligrosas en la intemperie para perecer por causa de las bestias salvajes, o por el frío y el hambre. Pero aunque sus aflicciones abundaron de tal manera, sin embargo su consuelo interno fluyó mucho más abundantemente; bajo el precioso gozo del cual ella declaró su disposición a soportar mucho más por la propagación de la justicia, y por su amor por las almas de sus semejantes.

No hay registro de cuánto tiempo Elizabeth Hooton permaneció en Nueva Inglaterra en ocasión de esta visita; los penosos sufrimientos, sin embargo, a los cuales ella había sido sujeta, no causaron que ella renunciara visitar esas tierras otra vez cuando el deber religioso la llamó. En el momento de la muerte de Endicott,* en el primer mes de 1665, la encontramos otra vez en Boston; y cuando ella fue encarcelada por asistir al funeral de este notorio fanático, lo más probable es que ella intentó exhortar al grupo en contra de la persecución, y llamar su atención al juicio del Altísimo sobre el difunto, como estaba evidenciado por la condición miserable en la cual él murió.*

* "Endicott fue visitado", dice Besse, "con una enfermedad asquerosa y repugnante, de modo que él apestaba en vida, y murió en podredumbre"; el vicioso gobernador, quien había hecho azotar a tantos hasta el punto de que toda la piel en sus espaldas fue destruida, él mismo fue afligido de modo que su espalda se pudrió de a poco, con un hedor que ahuyentó a cualquier posible auxilio. Es un hecho impresionante el muchos de aquellos que fueron los perseguidores más importantes de los Amigos en Nueva Inglaterra, fueron eliminados repentinamente, o terminaron sus días de manera miserable. Bellingham murió distraído. Adderton fue arrojado de su caballo y murió instantáneamente. Norton, un ministro de Boston, murió repentinamente, y sus últimas palabras fueron "la mano" o "los juicios de Dios están sobre mi”.

Dos veces después ella fue encarcelada en Boston, una vez en Braintree, y una vez en Salem; en este último lugar su caballo también le fue quitado, lo cual la obligó, para poder llegar a Rhode Island, a viajar setenta millas a pie. A través de todas sus pruebas y aflicciones en este país, ella fue consolada grandemente con la presencia de su Salvador, y en el gozo precioso del cual ella se sintió dispuesta a soportar mucho más por su causa, y por la de sus semejantes. "Sí", observó ella, "el amor que yo tengo por las almas de los hombres me hace estar dispuesta a someterme a cualquier cosa que se me pueda infligir".

Ella nuevamente regresó a Inglaterra, donde resumió su trabajo como predicadora itinerante, pero en 1665 fue encerrada en la cárcel de Londres por tres meses por una acusación de perturbar una congregación.

Jorge Fox, el líder cuáquero, pidió voluntarios para el servicio cristiano en las Indias Occidentales. Elizabeth inmediatamente dio un paso enfrente, sintiéndose joven a los 71 años de edad. Llegó a Barbados, donde por varias semanas ella predicó y exhortó como parte de la misión cuáquera; pero cuando ellos fueron a Jamaica después, ella murió una semana después de desembarcar.

En ese día, 8 de enero de 1672, James Lancaster, un cuáquero, encontró a Elizabeth Hooton débil y luchando para respirar. Esto fue algo sorprendente porque solamente el día anterior esta gigante de los cuáqueros había estado en la ciudad, exhortando a miembros de la Sociedad de Amigos. James subió las escaleras y miró a Elizabeth. "Ella estaba muy hinchada y dije: 'déjenla tomar aire'. Ellos abrieron las ventanas y le abrieron el corpiño; y entonces su aliento salió y ella miró hacia arriba y me vio, pero no podía hablar. Yo dije: 'Pongámosla en la cama para que no se enfríe, y lo hicimos y ella me miró y yo a ella. Mi vida (de Cristo en el interior) se elevó hacia ella y también su vida respondió a la mía con gran gozo entre nosotros.

"Y ella dijo: 'Está bien, James, que hayas venido;' y me abrazó y dijo: 'Bendito sea el Señor Dios que nos hizo partícipes de esas misericordias celestiales...' y más palabras similares; y me abrazó con un beso y se acostó y se volteó hacia un lado y así su respiración se hizo más y más débil hasta que se le acabó, y ella falleció como si hubiera estado dormida; y nadie se dio cuenta de su partida sino porque su aliento había desaparecido..."

Con tal paz, Elizabeth Hooton le dio la bienvenida a la muerte en una misión de aliento a Jamaica.

Los entendidos resplandecerán con el resplandor del firmamento;
y los que enseñan justicia a la multitud, como las estrellas, por toda la eternidad.

Daniel 12:3

El fin

El propósito de este sitio es enseñar cómo vivir
libre de pecado
al beneficiarse de poder de Dios que produce cambio por medio de la cruz
que lleva a la unión con Dios en su Reino.


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