La Cruz Perdida de la Pureza



No cruz, no corona

por William Penn

CAPÍTULO XIII

He llegado a la segunda parte de este discurso, el cual es avaricia y codicia, una epidemia y una enfermedad aguda en el mundo, atendida con todas las maldades que pueden hacer a los hombres miserables en sí mismos, y en la sociedad; tan cercanamente similar al mal y al orgullo anterior, que raramente están aparte. La generosidad, que es casi tan odiosa para el orgulloso como para el codicioso, la definiré de la siguiente manera: la codicia es el amor por el dinero o las riquezas (Efe 5:3-5): el cual, como ha dicho el apóstol, "es la raíz de todo mal" (1 Tim 6:9-10). Se divide en estas tres partes: primero, desear las cosas ilícitas; segundo, deseos ilícitos de cosas lícitas; y finalmente, acumular o retener de manera improductiva el beneficio de ellos para el alivio de personas privadas, o del público. Primero entregaré el sentido de las escrituras, qué ejemplos se encuentran allí en contra de la impiedad; y después mis propias razones, con algunas autoridades de autores de crédito. Por medio de lo cual parecerá que la obra del amor de las riquezas fuera del corazón del pueblo es tanto el asunto de la cruz de Cristo, como el quitar cualquiera de los pecados en los cuales ha caído el hombre.

2. Primero está el deseo o la codicia de cosas ilícitas, lo cual está expresamente prohibido por Dios mismo, en la ley que Él le entregó a Moisés sobre el monte Sinaí, como una regla por la cual su pueblo, los judíos, podrían caminar: "No codiciarás," dijo Dios, "la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo" (Exo 20:17). Esto Dios confirmó por medio de truenos y relámpagos, y otras solemnidades sensibles, para producir en el pueblo más asombro por recibirla y guardarla, y para hacer que el quebrantamiento de estos preceptos morales fuera terrible para ellos. Miqueas se queja durante su tiempo: "Codician los campos y los roban" (Miqueas 2:2); pero su fin fue la miseria. Por lo tanto se dijo en el tiempo antiguo: "Ay del que codicia injusta ganancia;" este es nuestro punto. Tenemos muchos ejemplos notables de esto en las escrituras; dos de los cuales informaré brevemente.

3. David, aunque de otras maneras era un buen hombre, por la falta de vigilancia es vencido. La belleza de la esposa de Urías fue muy difícil para él, estado desarmado, y fuera de su vigilancia espiritual. Nada podía cambiar su deseo; Urías debía ser puesto en un servicio peligroso, donde él tenía la posibilidad de morir. Esto lo hizo para apresurar la satisfacción ilícita de sus deseos, por una manera que estaba cerca del asesinato directo. La ardid funcionó; Urías muere, y su esposa llega a ser rápidamente de David. Este evento mostró la codicia de David. Pero ¿terminó en bien para él? No, su placer pronto se convirtió en angustia y amargura de espíritu. Su alma estaba arrebatada con dolor; las olas pasaron sobre su cabeza (Salmo 51,77,42:7).* Él estaba consumido en el interior. Él estaba hundido en el lodo y el barro; clamó, lloró. Sí, sus ojos eran como fuentes de lágrimas (Salmo 69:2,14). La culpa estaba sobre él, y él debía ser purificado; sus pecados necesitaban ser lavados como la blanca nieve porque eran rojos como el carmesí, o estaría perdido para siempre. Su arrepentimiento prevaleció. ¡Note qué obra hace esta parte de la codicia! ¡Qué maldad! ¡Qué dolor! ¡Oh que el pueblo de esta codicia sienta el sentido del dolor de David profundamente en sus almas, para que ellos puedan llegar a la salvación de David! Restáurame, dijo ese buen hombre; parece que él una vez conoció un mejor estado; sí, y esto puede enseñar el mejor tipo de temor, y estar en asombro también, por temor de pecar y caer. Porque David fue vencido con una desventaja; él estaba fuera de su vigilancia, y alejado de la cruz; la luz no era una lámpara y una luz, en ese instante. Él se separó de su seguridad, su fuerte torre, y así fue sorprendido; allí en esos momentos fue el enemigo quien lo halló, y después lo venció.

*[La caída de David en la codicia y el asesinato fue mucho peor de lo que ha sido descrito. David había estado disfrutando de una comunión con el Señor; David había sido restaurado a la perfección de Adán y Eva. Como Adán, David cayó entonces en la tentación. Él perdió el amor y la comunión con el Señor; él perdió la luz, y fue enviado a la misera de la oscuridad. Entonces él fue enviado también al borde del infierno y fue grandemente afligido por el Señor con dolor sobrenatural y castigo: Vea Salmo 17, 23, 25, 31, 35, 38, 43, 44, 56, 64, 66, 71, 86, 88, 118, 120, 139, 141; (también mencionado en Job 16:9-14, Jeremías, Isaías, y Lamentaciones). Pero por medio de gran sufrimiento y arrepentimiento él fue restaurado al favor con Dios.

De la Palabra del Señor en el interior: "Los cambios que el Espíritu hace son duraderos. En el Antiguo Testamento no era una relación permanente; a menudo la perdían." Jesús hizo posible para nosotros una limpieza y perfección eternas para siempre que no puede caer otra vez (como lo hizo David), por medio de una unión con Cristo quien nunca cayó.]

4. El segundo ejemplo de la penalidad por la codicia ilícita es el de la viña de Nabot (1 Reyes 21). Fue codiciada por Acab y Jezabel, lo cual los llevó a un deseo tan ilícito, y ellos encontraron la manera de obtenerla. Nabot debía morir porque él no quería venderla. Por lo tanto ellos acusaron al hombre inocente de blasfemia, y encontraron dos hombres perversos, hijos de Belial, para dar testimonio en contra de él. Así, en el nombre de Dios, y como muestra de puro celo para su gloria, Nabot debía morir; y por consiguiente fue apedreado hasta morir. Cuando le llegó la noticia a Jezabel, ella le dijo a Acab que se levantara y tomara posesión de la viña, porque Nabot estaba muerto. Pero Dios los siguió a ambos con su feroz venganza. "En el lugar donde los perros lamieron la sangre de Nabot," dijo Elías, en el nombre del Señor, "los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre; y yo traeré este mal sobre ti, y quitaré tu posteridad;" y de Jezabel, su esposa y compañera en su avaricia y asesinato, él añadió: "Los perros comerán a Jezabel en la parcela de Jezreel." Esta es la infamia y el castigo que debía recibir por su parte de la avaricia. Que esto desanime a aquellos que desean cosas ilícitas, los derechos de otros, porque Dios, quien es justo, ciertamente los retribuirá con intereses al final. Pero tal vez estos son pocos; ya sea que ellos no lo hacen, o no se atreven a mostrarlo, porque la ley les morderá si lo hacen. Pero la siguiente parte [se discute a continuación] tiene suficientes personas, quienes aún exclamarán en contra del mal de este aspecto de la codicia; y, por su aparente aborrecimiento de ella, se excusarán a sí mismos de toda culpa en el resto. Consideremos eso a continuación.

5. La siguiente, y más común parte de la codicia es el deseo ilícito de cosas lícitas; especialmente de riquezas. El dinero es lícito, pero el amor de él es la raíz de todo mal. Por lo tanto las riquezas son lícitas, pero aquellos que las buscan caen en varias tentaciones, trampas, y deseos. Él las llama riquezas inseguras, para mostrar la locura de ellas y el peligro que de poner sus corazones en ellas. La codicia es aborrecible para Dios; Él ha anunciado grandes juicios sobre aquellos que son culpables de ella. Dios culpó de esto al Israel antiguo, como una de las razones de su juicio: "Por la iniquidad de su codicia," dijo Dios, "me indigné y lo golpeé" (Isa 57:17). En otro lugar: " cada uno persigue las ganancias deshonestas. Desde el profeta hasta el sacerdote, todos obran con engaño" (Jer 6:13); "por tanto, daré a otros sus mujeres, y sus campos a los conquistadores" (Jer 8:10). En otro lugar Dios se quejó así: "Pero tus ojos y tu corazón no están puestos sino sólo en tus ganancias deshonestas. Pero tus ojos y tu corazón no están puestos sino sólo en tu codicia" (Jer 22:17). Por medio de Ezequiel, Dios renueva y repite su queja en contra de su codicia: "Vienen a ti como el pueblo acostumbra venir, y se sientan delante de ti como mi pueblo. Oyen tus palabras, pero no las ponen por obra. Más bien, expresan motivos sensuales con sus bocas, y su corazón va en pos de su avaricia" (Eze 33:31). Por lo tanto Dios, en la decisión de los magistrados, hizo parte de su calificación el odiar la codicia, previendo la maldad que seguiría a una sociedad o gobierno en el cual los hombres codiciosos estuvieran en el poder; que el yo los influenciaría, y ellos buscarían su propio fin a expensas del público. David deseó que su corazones no se inclinaran a la codicia, sino a los testimonios de su Dios (Salmo 119:36). Y el hombre sabio nos dice explícitamente: "el que aborrece la codicia alargará sus días" (Pro 28:16), nombrando la maldición que la sigue. Y es por medio de Lucas que culpó a los fariseos como una señal de su iniquidad; y Cristo, en ese evangelista les dice a sus seguidores: "guardaos de toda codicia"; y Él les da una razón para ellos que lleva una muy excelente instrucción; "porque ," dijo Él, "la vida de uno no consiste en la abundancia de los bienes que posee" (Lucas 12:15); pero Él dice más aun; Él une la codicia con el adulterio, el asesinato, y la blasfemia (Mar 7:21-22). Con razón entonces el apóstol Pablo es tan liberal en su censura de este mal: él la relaciona con toda injusticia, a los romanos (Rom 1:29). A los efesios Él escribe algo similar, diciendo: "que avaricia no se nombre más entre vosotros" (Efe 5:3): y le ruega a los colosenses a que mortifiquen sus miembros; y nombra varios pecados, como la fornicación, la impureza, y cosas similares, pero termina con "la codicia: la cual," dijo él, "es idolatría" (Col 3:5). Y sabemos que no hay una ofensa más grande en contra de Dios; no, este mismo apóstol llama "el amor al dinero la raíz de todo mal;" "el cual," dijo él, "codiciando algunos, fueron descarriados de la fe y se traspasaron a sí mismos con muchos dolores. Porque los que desean enriquecerse caen en tentación y trampa, y en muchas pasiones insensatas y dañinas. Pero tú, oh hombre de Dios," le dijo él a su amado amigo Timoteo, "huye de estas cosas y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia, la mansedumbre" (1 Tim 6:9-11).

6. Pedro tenía el mismo pensamiento; porque él hace de la codicia una de las grandes señales de los profetas y maestros falsos que se levantarían entre los cristianos, y por eso ellos los conocerían, "quienes," dijo él, "por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras engañosas" (2 Pedro 2:3). Para concluir, por lo tanto, el autor de la carta a los hebreos, al final de su epístola, deja estas palabras, junto con otras cosas, no sin gran celo y peso sobre ellas: "Sean vuestras costumbres," dijo él, "sin codicia" (Heb 13:5); él no se queda con esta generalidad, sino continúa, "contentos con lo que tenéis ahora; porque él mismo ha dicho: Nunca te abandonaré ni jamás te desampararé." ¿Entonces qué? ¿Debemos concluir que aquellos que no están contentos, sino que buscan ser ricos, han abandonado a Dios? La conclusión parece difícil; sin embargo es natural porque evidentemente ellos no están contentos con lo que tienen; quieren tener más. Ellos desean ser ricos, si pudieran; ellos no viven con esa dependencia y consideración de la Providencia a la cual son exhortados, ni es la piedad, con contentamiento, gran ganancia para ellos.

7. Verdaderamente es un reproche para el hombre, especialmente el hombre religioso, que él no sepa cuándo ha tenido suficiente; cuándo parar; cuándo estar satisfecho. A pesar de que Dios le envía una temporada abundante de grano tras otra, él está tan lejos de hacer esa la causa de retirarse de las búsquedas del mundo, que él la hace una razón para lanzarse a él aun más; como si mientras más él tuviera, más él buscara. Por lo tanto él renueva su apetito, se estimula a sí mismo más que nunca, para poder tener parte en el concurso, mientras se puede conseguir algo. Esto lleva a problemas, no al retiro; y ganancia, no contentamiento, el deber y consuelo de un cristiano. ¡Oh que esto fuera mejor considerado! Porque al no ser tan observable ni ofensivo ante la ley* como lo son otros vicios, hay más peligro por falta de esa verificación. Está claro que la mayoría de la gente se esfuerza no por sus necesidades, sino por riquezas. Algunos las aman mucho, y las gastan liberalmente cuando las han obtenido. Aunque es pecaminoso, sin embargo más encomiable que amar el dinero sólo por los beneficios del dinero. Esa es una de las pasiones más bajas con la cual la mente del hombre puede ser cautivada; una lujuria perfecta, y una más grande, y más contaminadora del alma, que cualquiera de los pecados sexuales. Lo cual considerado, debería despertar a las personas a que hicieran un serio examen, de cuánto esta tentación de amor al dinero los ha penetrado; y todavía más porque los pasos que hace hacia la mente son casi imperceptibles, lo cual hace el peligro más grande. Miles se consideran a sí mismos como despreocupados en el cuidado, sin embargo son perfectamente culpables del mal. Ahora, ¿puede ser de otra manera, cuando aquellos que han, de una condición baja, adquirido miles, se esfuerzan aun para multiplicar, sí, doble y triple esos miles; y que con el mismo cuidado y ardid por la cual los obtuvieron? ¿Es esto vivir cómodamente, o ser rico? ¿Acaso no vemos lo temprano que se levantan, lo tarde que se acuestan? ¿Qué tan llenos del cambio, de la tienda, la bodega, la aduana; de billetes, bonos, contratos, etc., están ellos? Corriendo de un lado para el otro, como si eso fuera a salvar la vida de un condenado inocente. Una lujuria insaciable, y en la cual ellos son desagradecidos a Dios, como también hirientes hacia los hombres, quien se los da para su uso, y no para amarlo — por esto es el abuso. Y si este cuidado continuo, y ardid, e industria no viene del amor al dinero en aquellos que tienen diez veces más de la cantidad con la cual comenzaron, y mucho más de que ellos gastan o necesitan, yo no sé qué testimonio puede dar el hombre de su amor por cualquier cosa.

*[¿Qué ley existe todavía para los creyentes que están buscando a Dios? La ley de Dios que está en el corazón de cada hombre y que nunca ha sido cancelada. Para más información acerca de este tema vea Hasta que todas sus palabras y acciones sean ordenadas por Dios, usted debe obedecer a ley interna en el corazón de cada hombre.]

8. Para concluir: La codicia es una enemiga del gobierno y los magistrados; porque tiende a la corrupción. Por lo tanto aquellos a quien Dios ordenó eran como los que lo temían y odiaban la codicia. Siguiente: Daña a la sociedad, porque los mercaderes más viejos mantienen a los más jóvenes en la pobreza. Y la gran razón de por qué algunos tienen muy poco y así son forzados a trabajar como esclavos para alimentar a sus familias, y mantener su cabeza fuera del agua, es porque los ricos trabajan y se esfuerzan para ser más ricos, y codician más, lo cual seca los pequeños flujos de ganancias de los más pequeños. Debería haber una norma, tanto del valor y tiempo del volumen del negocio; y después la ganancia del dueño debería ser compartida con los empleados que lo merecen. Esto ayudaría tanto al joven a ganarse la vida, como a darle al viejo tiempo para pensar acerca de dejar este mundo sabiamente, en el cual ha estado tan ocupado, para que pueda obtener una parte en el próximo mundo, del cual han sido tan descuidados.

9. Hay todavía otra maldad hecha al gobierno porque la codicia lleva a los hombres a abusar y defraudar al gobierno, al cubrir o falsificar los bienes con los que ellos transan; como al traer bienes prohibidos ocultamente; o bienes legales, para evitar el pago de impuestos, o ser dueño de los bienes del enemigo para obtener ganancia; o que ellos no están bien hechos, o deshonestamente medidos; con abundancia de esa clase de engaño.

10. Pero la codicia también ha causado peleas destructivas en las familias, porque las propiedades caen en las manos de aquellos cuya avaricia los ha hecho desear ganancias más grandes para sí mismos que lo que es consistente con la justicia, ha dado lugar a muchos problemas, y ha causado gran opresión. Sucede demasiado a menudo que tales ejecutores han mantenido a los dueños legítimos fuera de la posesión con el dinero que ellos les deberían pagar.

11. Pero esto no es todo porque la codicia traiciona la amistad; un soborno no puede ser puesto en un lugar mejor para hacer algo malo, o deshacer a un hombre. No, la codicia es muy a menudo asesina tanto del alma como del cuerpo. Del alma, porque mata la vida que debería tener en Dios; donde el dinero es amo de la mente; extingue todo el amor a las cosas mejores. Del cuerpo, porque mataría por dinero, por asesinato, envenenamiento, falso testimonio, etc. Concluiré el tema de la codicia con el pecado y la destrucción de dos hombres codiciosos, Judas y Simón el hechicero.

La religión de Judas cayó en tierra con espinos: el amor al dinero la sofocó. El orgullo y la ira en los judíos se propuso matar a Cristo; pero hasta que la codicia puso su mano para efectuarlo, todos estaban perdidos. Ellos hallaron que Judas tenía la bolsa, y probablemente amaba el dinero; ellos querían probarlo, y lo hicieron. El precio fue determinado, y Judas traicionó a su Maestro, su Señor, entregándolo en las manos de sus enemigos más crueles. Pero para corregir su error regresó el dinero, y para vengarse de sí mismo, fue su propio verdugo. Una acción impía, un fin impío. Vengan, codiciosos; ¿Qué le dirán ahora al hermano Judas? ¿Acaso no era un hombre maligno? ¿Acaso no actuó impíamente? Sí, sí; ¿Hubiera hecho usted lo mismo? No, no; por ningún motivo. Muy bien; pero así dijeron esos judíos impíos cuando apedrearon a los profetas, y quienes más aun crucificaron al amado Hijo de Dios; aquel quien vino a salvarlos, y lo hubiera hecho si ellos lo hubieran recibido, en vez de rechazarlo en el día de su visitación. Frótense sus ojos, porque el polvo ha entrado en ellos; y cuidadosamente lean en sus propias conciencias, y asegúrense, por amor, que no hayan traicionado al Justo en ustedes mismos, y así sean hermanos con Judas en la iniquidad. Yo hablo por Dios en contra de un ídolo; ténganme paciencia. ¿Acaso ustedes no han resistido, sí, apagado al buen Espíritu de Cristo en búsqueda de sus amadas riquezas? Examinaos a vosotros mismos para ver si estáis firmes en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no conocéis en cuanto a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que ya estéis reprobados (2 Cor 13:5).

12. El otro hombre codicioso es Simón el hechicero, un creyente bautizado también; pero su fe no era suficientemente profunda para la codicia (Hechos 8:9-24). Él quería hacer un negocio con Pedro: tanto dinero por tanto Espíritu Santo; para que él lo pudiera vender otra vez, y hacer un buen negocio con él; corruptamente comparando a Pedro consigo mismo, como si él tuviera un truco mejor para engañar a la gente de lo que él tenía, quien había establecido en Samaria por el gran poder de Dios, antes de que el poder de Dios en Felipe y en Pedro desengañara a la gente. ¿Pero cuál fue la respuesta y el juicio de Pedro? "Tu dinero," dijo él, "perezca contigo; porque veo que estás destinado a hiel de amargura y a cadenas de iniquidad." Una frase deprimente. Además, la codicia tiende al lujo, y surge a menudo de él porque al tener mucho, ellos gastan mucho, y así llegan a ser pobres por el lujo. Los tales son codiciosos para obtener, para gastar más, lo cual la temperancia prevendría. Porque si los hombres no quisieran, ni pudieran, por medio de buenas leyes bien ejecutadas, y una mejor educación, ser tan extravagantes en sus mesas, casas, muebles, ropas, y juegos, no habría una tentación para codiciar lo que no pueden gastar; porque hay pocos tacaños que aman el dinero sólo por el dinero.

13. Lo cual nos lleva la última parte y más vulgar de la codicia, que es la más sórdida, esto es acaparar, o guardar dinero de manera improductiva, tanto para otros como para sí mismos. Esta es la avaricia de Salomón, que se hace rico, y no tiene nada (Pro 13:7): un gran pecado ante la vista de Dios. Él se quejó de los que habían guardado las labores de los pobres en sus casas; él los llama su botín, y significa moler a los pobres, porque ellos no lo ven otra vez. Él nos exhorta a ser de los que consideran a los pobres, y manda a todos a abrir la mano libremente a su hermano que tiene necesidad (Salmo 41:1, Deut. 15:7-8); no sólo el que es así espiritualmente, sino también naturalmente; y no retener sus dones de los pobres. El apóstol le encarga a Timoteo, ante la vista de Dios, y ante Jesucristo, que él no dejara de "encargarles a los ricos en este mundo que no sean altivos, ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios quien nos provee todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras" (1 Tim 6:17-18). Las riquezas son propensas a la corrupción; y lo que las mantiene dulces y mejor es la caridad. Aquel que no las usa, no las obtiene con el fin con el cual fueron dadas, sino las ama por sí mismas, y no por su servicio. El tacaño es pobre en su riqueza; él tiene necesidad por temor de gastar; y aumenta su temor con su esperanza, la cual es su ganancia. Y por lo tanto él se tortura a sí mismo con su placer; lo más parecido al hombre que escondió su talento en una servilleta, de todos los otros, porque los talentos de este hombre están escondidos en sus bolsas y fuera de la vista, en bóvedas, debajo de tablas, detrás de revestimientos; de otra manera en bonos e hipotecas, creciendo pero como si estuvieran bajo tierra porque no le hacen bien a nadie.

14. El hombre codicioso odia todas las artes útiles y las ciencias como si fueran vanas, por temor de que ellas le cuesten algo de lo cual pueda aprender. Por lo tanto la ingenuidad no tiene más lugar en su mente que en su bolsillo. Él permite que caigan casas, para prevenir los costos de los arreglos; y con respecto a su escasa dieta, sus ropas simples, y muebles baratos, él lo atribuye a la moderación. ¡Oh monstruo de hombre! que puede tomar la cruz [negarse a sí mismo] por razón de la codicia por el dinero, pero no toma la cruz por Cristo.

15. Pero él pretende negativamente tener alguna religión también porque él clama en contra de la extravagancia, para cubrir mejor su avaricia. Si usted derramara una caja de aceite [como lo hizo María sobre los pies de Jesús] sobre la cabeza de un buen hombre; para ahorrar dinero, y para parecer justo, él le hablaría de los pobres [como Judas]. Pero si el pobre viene, él excusa su falta de caridad con la falta de méritos de la persona pobre, o las causas de su pobreza, y que él puede entregar su dinero a aquellos que lo merecen más. Los tales raramente abren su bolsa hasta el día de cambio [el día en que se pagan las rentas y los intereses] por temor de perderla.

16. Pero él es más miserable que los más pobres; porque no disfruta su dinero, sin embargo teme perderlo; ellos no temen la pérdida de las cosas que el dinero puede comprar. Por lo tanto él es pobre al sobre valorar sus riquezas. Pero él es miserable, el que tiene dinero sin embargo tiene hambre en un restaurante. Porque al haber convertido al oro en su dios, ¿quien sabe, pero acaso él piensa que no es natural comer [gastar dinero en comida] lo que él adora?

17. Y para ilustrar más la depravación, yo mismo he conocido a algunos que se han desgastado hasta la tumba para obtener dinero; y para ser fieles a sus principios, cuando están enfermos no gastan dinero con un doctor, para ayudarse a sí mismos a continuar viviendo como pobres esclavos; y así mueren para ahorrar dinero — una realidad que los canoniza como mártires por dinero.

18. Pero ahora veamos qué ejemplos nos dan las escrituras en reprobación de los sórdidos acaparadores y escondedores de dinero. Un buen joven vino a Cristo, y le preguntó acerca del camino a la vida eterna. Cristo le dijo que él sabía los mandamientos. Él respondió que los había guardado desde su juventud; parecía que él no era una persona descontrolada, y en realidad los tales no lo son, para ahorrar dinero. Y sin embargo a él le faltaba una cosa, dijo Cristo; "vende tus bienes y dalo a los pobres; y tendrás tesoro en el cielo. Y ven; sígueme" (Mat 19:21). Parece que Cristo le tocó una parte delicada; Él le dio en el clavo, y le golpeó en el corazón, quien conocía su corazón; así Él probó qué tan bien había guardado el mandamiento de "amar a Dios sobre todas las cosas." Se dice que el joven se sintió muy triste y se fue; y la razón que se da es que él era muy rico. Las mareas se encontraron, el dinero y la vida eterna; deseos contrarios, pero ¿cuál prevaleció? ¡Ay! ¡Sus riquezas! ¿Pero qué dijo Cristo de esto? "Que difícilmente entrará el rico en el reino de los cielos." Y añade: "Le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios" (Mat 19:23-24): es decir, tal man rico, a saber, un hombre rico y codicioso, a quien le es difícil hacer bien con lo que tiene; es más que un milagro. Oh, ¿quién entonces desearía ser rico y codicioso? Fue sobre estos hombres ricos que Cristo pronunció sus ayes, diciendo: "¡ay de vosotros los ricos! Porque estáis recibiendo vuestro consuelo." (Lucas 6:24). ¡Qué! ¿ninguno en los cielos? No, a menos que ustedes lleguen a estar dispuestos a ser hombres pobres, puedan renunciar a todo, vivir despegados del mundo, mantenerlo a distancia, sí, bajo sus pies; usando el dinero como un siervo y no como un amo.

19. El otro ejemplo también es muy deprimente: es el de Ananías y Safira. Al comienzo de los tiempos apostólicos era costumbre que aquellos que recibían la palabra de vida trajeran cualquier sostenimiento que tuvieran y ponerlo ante los pies de los apóstoles; de ellos, José, de apellido Barnabás, fue un ejemplo. Entre el resto, Ananías y su esposa Safira, confesando la verdad, vendieron sus posesiones, pero codiciosamente reservaron una parte del dinero de la venta y no la pusieron en la bolsa común sino se la dejaron para ellos, y trajeron sólo una parte del dinero, y lo pusieron a los pies de los apóstoles. Pero Pedro, un hombre simple y atrevido, en la majestad del Espíritu, dijo: "Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieras al Espíritu Santo y sustrajeras del producto de la venta de la heredad? Reteniéndola, ¿no te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios." (Hechos 5:3-4). Pero ¿qué siguió a esta codicia e hipocresía de Ananías? Bueno, "Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró." Lo mismo le sucedió a su esposa, estando enterada del engaño al que los había llevado su avaricia. Y se dice que "sobrevino gran temor a toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas" (Hechos 5:5-11), y también debería sobre los que las leen. Porque si este juicio fue mostrado y registrado que deberíamos tener cuidado con semejantes males, ¿qué sucederá con aquellos quienes, bajo la profesión del cristianismo, una religión que enseña a los hombres a vivir despegados del mundo, y a entregar todo a la voluntad y el servicio de Cristo, y su reino, no sólo retienen una parte, sino toda; y no pueden separarse de las cosas más pequeñas por Cristo? Yo le imploro a Dios que incline los corazones de mis lectores a que consideren estas cosas. Esto no le hubiera ocurrido a Ananías y Safira si ellos hubieran actuado como si estuvieran en la presencia de Dios, y con ese amor, verdad, y sinceridad completas que son propios de ella. ¡Oh que la gente usara la luz que Cristo les ha dado, para buscar y ver qué tanto están bajo el poder de esta iniquidad! Para que ellos no hicieran otra cosa aparte de velar en contra del amor del mundo, y estar menos en esclavitud a las cosas que se ven, que son mundanales, ellos comenzarían a poner sus corazones en las cosas de arriba, que son de naturaleza eterna. Su vida estaría escondida con Cristo en Dios, fuera del alcance de todas las incertidumbres de tiempo, y angustias, y cambios de moralidad. No, si la gente sólo considerara lo difícil que es obtener riquezas, cuán inciertamente se mantienen, la envidia que ellas provocan; que ellas no pueden hacer a un hombre sabio, ni curar enfermedades, ni añadirle a la vida, mucho menos dar paz en la muerte; no, ni difícilmente dan ningún beneficio más allá de la comida y el vestido (lo cual se puede obtener sin ellas), y que si hubiera algún buen uso de ellas, sería el aliviar a otros que están en aflicción; al ser no más que mayordomos de las abundantes providencias de Dios, y consecuentemente somos responsables de nuestra mayordomía. Si, digo yo, si estas consideraciones tuvieran algún lugar en nuestras mentes, no deberíamos así tratar de obtener, ni procurar esconder ni guardar una cosa tan pobre e impotente [como el dinero]. Oh que la cruz de Cristo, la cual es el Espíritu y el poder de Dios en el hombre, pueda tener más lugar en el alma, para que pueda crucificarnos más y más al mundo, y al mundo para nosotros. ¡Para que, como en los días del paraíso, la tierra pueda otra vez ser el estrado, y el tesoro de la tierra un siervo, y no un dios para el hombre! — Muchos han escrito en contra de este vicio; mencionaré a tres.

20. William Tindal, ese digno apóstol de la reforma inglesa, tiene un discurso entero, al cual yo refiero al lector, titulado "La parábola del impío Mammón." El siguiente es:

21. Peter Charron, un famoso francés, y en particular por el libro que él escribió de la sabiduría, tiene un capítulo en contra de la codicia; parte del cual es como sigue:

"Amar y tener afecto por las riquezas es codicia: no sólo el amor y el afecto, sino también toda preocupación curiosidad acerca de las riquezas. El deseo de bienes, y el placer que tomamos en poseerlos, están basados sólo en la opinión: los inmoderados desean obtener riquezas que son una gangrena en el alma, la cual con un calor venenoso consume nuestros afectos naturales, hasta que al fin puede llenarnos con enfermedades mortales. Tan pronto como se aloja en nuestros corazones, el afecto completamente honesto y natural, el cual lo debemos a nuestros padres, nuestros amigos, nosotros mismos, se desvanece; todo el resto, comparado con nuestras ganancias, parece ser nada. Sí, olvidamos al final, y nos condenamos a nosotros mismos, nuestros cuerpos, nuestras mentes, para esta basura temporaria; y como dice nuestro proverbio: Vendemos el caballo para comprar la paja. La codicia es la pasión vil y baja de los necios vulgares, quienes cuentan las riquezas como el bien principal del hombre, y temen la pobreza como el mal más grande; y no se contentan con los medios necesarios, que no se le prohíben a ningún hombre, pesan lo que es bueno en una balanza de orfebre, cuando la naturaleza nos ha enseñado a medir por necesidad. Porque ¿qué locura más grande puede haber que adorar lo que la naturaleza misma [oro y plata] ha puesto bajo nuestros pies, y escondido en la tierra, como indignos de ser vistos; sí, en vez de ser ordenados, y pisoteados? Esto es lo que el pecado del hombre ha solamente arrancado de las entrañas de la tierra, y ha puesto en la luz para matarse. Nosotros cavamos la tierra, y llevamos a la luz aquellas cosas por las cuales queremos luchar; no estamos avergonzados de estimar aquellas cosas más altamente que están en las partes más bajas de la tierra. La naturaleza parece aún en el primer nacimiento del oro, según una clase, haber presagiado la miseria de aquellos que están enamorados de él; porque ha ordenado el asunto de tal manera, que en esos países donde crece sin pasto ni planta, ni ninguna otra cosa que tiene algún valor. Dándonos a entender por esto, en esas mentes donde crece el deseo de este metal, no puede permanecer ni siquiera una chispa de verdadero honor y virtud. Porque ¿qué cosa puede ser más baja que un hombre se degrade, y que se convierta en siervo y esclavo de aquello que está sujeto a él? Las riquezas sirven a los hombres sabios, pero ordenan al necio: porque un hombre codicioso sirve a sus riquezas, y no ellas a él; y se dice que él tiene bienes como él tiene una fiebre, que sostiene y tiraniza al hombre, y no él sobre ellos. ¿Qué cosa es más vil que amar lo que no es bueno, y que tampoco puede hacer al hombre bueno? Sí, es común, y en la posesión de los más impíos del mundo; el cual muchas veces pervierte los buenos modales, pero nunca los cambia; sin los cuales, tantos hombres sabios se han hecho felices; y tantos hombres impíos han llegado a un mal final. Para ser breve, qué cosa más miserable, que atar a los vivientes a los muertos, como lo hizo Mezencio, hasta el fin su muerte puede estar languideciendo, y ser lo más cruel; para atar el espíritu al excremento y la escoria de la tierra; para penetrar su alma con mil tormentos, que esta pasión amorosa de riquezas trae consigo. Y a enredarse a sí mismo con los vínculos y cuerdas de esta cosa maligna, como las escrituras las llama, que también les llama espinos y ladrones, que roban el corazón del hombre, trampas del diablo, idolatría, y la raíz de todo mal. Y verdaderamente aquel que verá el catálogo de esas envidias y molestaciones que las riquezas arriesgan en el corazón del hombre, como su propio trueno y relámpago, ellos serían más odiados de lo que ahora son amados. La pobreza quiere más cosas, pero la codicia quiere todo: un hombre codicioso no es bueno para nadie, pero peor para sí mismo."

Esto de Charron, un hombre sabio y grande. Mi próximo testimonio es entregado por un autor con posibilidades de interactuar con algún tipo de personas por su bueno juicio; que ellos de igual manera valoricen su moralidad, y el juicio de su tiempo más maduro.

22. Abraham Cowley, un hombre agudo e ingenioso, nos entrega el otro testimonio, de avaricia que él escribe así:

"Hay dos tipos de avaricia, la primera que no es más que un tipo bastardo, y que es un apetito avaricioso de ganancia; no porque sí, sino por el placer de reembolsarla inmediatamente [gastarla en] todos los canales de orgullo y lujo. La otra es la verdadera clase, y llamada así apropiadamente, que es un deseo inquieto e insaciable de riquezas, no por ningún otro fin o uso, sino sólo para acumular y preservar, y perpetuamente aumentarlas. El hombre codicioso de la primera clase es como una avestruz avara que devora cualquier metal, pero con la intención de alimentarse de él, y en efecto, hace un cambio para digerirlo y excretarlo. El segundo es como una chova necia [ave], que ama robar dinero sólo para esconderlo. El primero hace mucho daño a la humanidad, y un poco de bien a algunos pocos; el segundo no le hace bien a nadie; no, ni siquiera a sí mismo. El primero no puede hacer ninguna excusa ante Dios o los ángeles, o los hombres irracionales, por sus acciones. El segundo no puede dar ninguna razón ni color, ni siquiera al diablo mismo, por lo que hace. Es un esclavo de Mammón sin paga. El primero hace un cambio para ser amado, sí, y envidiado también, por algunas personas; el segundo es el objeto universal del odio y del desprecio. No hay vicio que haya sido tan arrojado con buenas frases, y especialmente por los poetas, quienes lo han buscado con sátiras y fábulas, y alegorías y alusiones, y movido, como se dice, cada piedra para arrojársela; entre los cuales yo no recuerdo una corrección más fina que la que fue le dada por una línea de Ovid: — ' Multa Luxuriæ desunt, omnia avaritiæ,' lo cual significa, 'Mucho le falta al lujo, todo a la avaricia.'

"A tal dicho yo tengo deseo de añadir un miembro, y entregarlo así: la pobreza carece algo, el lujo mucho, pero a la avaricia le falta todo. Alguien dijo de un hombre virtuoso y sabio, que no teniendo nada, tiene todo. Esto es exactamente lo opuesto, quien teniendo todas las cosas, sin embargo no tiene nada.

' Y ¡Oh! ¿qué condición del hombre puede ser peor
que la suya, quien con plenitud tiene hambre, y maldice las bendiciones?
Los mendigos deploran sólo un destino,
El hombre rico pobre es enfáticamente pobre.'

"Me pregunto cómo llegó a suceder que nunca ha habido una ley hecha en contra de él. ¿En contra de él digo yo? Quiero decir por él. Así como hay provisiones públicas hechas por todos los otros hombres dementes, es muy razonable que el rey designe a algunas personas para manejar su propiedad, durante su vida, porque sus herederos generalmente no necesitan ese cuidado, y fuera de él para hacerlo su negocio el ver que él no necesite pensión alimenticia adecuada para su condición; lo cual él nunca pudo sacar de sus propios dedos crueles. Nosotros aliviamos a los vagabundos ociosos y los mendigos falsos, pero no nos preocupan para nada estos hombres realmente pobres, quienes deben, pienso yo, ser tratados respetuosamente, con respecto a su calidad. Yo puedo estar en contra de ellos eternamente, pero casi me ahogo con la súper-abundancia del tema. Demasiada abundancia me empobrece, como también a ellos."

Por lo tanto mucho en contra de la avaricia, esa polilla del alma, y úlcera de la mente.

CAPÍTULO XIV

Ahora estoy en el otro extremo, y este es el lujo, el cual es una indulgencia excesiva del yo, en comodidad y placer. Esta es la última gran impiedad atacada en este discurso de la santa Cruz de Cristo, la cual en verdad es en gran manera el sujeto de su virtud y poder mortificantes. Una enfermedad tan epidémica como matar, se mete en todas las estaciones y rangos de los hombres: los más pobres a menudo exceden su habilidad para poder satisfacer su apetito; y los ricos frecuentemente regodeándose en esas cosas que agradan a los deseos de los ojos y la carne, y la vanagloria de la vida; sin importar la severa disciplina de Jesús, a quien ellos llaman Salvador, como si el lujo, y no la cruz, fuera el camino ordenado por el cielo. ¿Qué comeremos, qué beberemos, y con qué nos vestiremos? Una vez fue la preocupación de los paganos lujosos y ahora es la práctica de ellos, lo cual es peor que el estudio de los cristianos fingidos. Pero que ellos sean avergonzados, y se arrepientan; recordando que Jesús no amonestó a los gentiles por esas cosas, para satisfacer a sus seguidores en ellas. Aquellos que quieren que Cristo sea de ellos deben estar seguros de Él; para tener la misma mente, para vivir en temperancia y moderación, al saber que el Señor está cerca. Las ropas suntuosas, ungüentos exquisitos, lavados delicados, muebles majestuosos, cocina costosa, y diversiones como bailes, fiestas de máscaras, reuniones de música, obras de teatro, romances [añadiendo los programas de televisión y películas de hoy], etc., los cuales son el deleite y el entretenimiento de los tiempos, no pertenecen al camino santo que Jesús y sus verdaderos discípulos caminan hacia la gloria. No. "Por muchas pruebas y tribulaciones," dice uno de los más pequeños de ellos, "es preciso que entremos en el reino de Dios" (Hechos 14:22, Efe 3:8). Les imploro seriamente a los celebrantes y lujosos, a cuyas manos este discurso será dirigido, que consideren bien las razones y ejemplos aquí avanzados en contra de su manera de vida; si ellos vienen felizmente a ver lo remoto que está del verdadero cristianismo, y lo peligroso que es para su paz eterna. El Dios Todopoderoso, por su gracia, ablanda sus corazones a la instrucción, y perdió en el exterior su tierno amor por sus almas, para que ellos puedan vencer para arrepentimiento, y por amor del camino santo de la cruz de Jesús, el bendito Redentor de los hombres. Porque ellos no pueden pensar que Él los puede beneficiar, mientras se rehúsan a dejar sus pecados por amor a Él quien dio su vida por amor a ellos. O que Él les dará un lugar en los cielos, a aquellos que lo rechazan en sus corazones sobre la tierra. Pero examinemos el lujo en todas sus partes.

2. El lujo tiene muchas partes; la primera que está prohibida por Jesús quien se niega a sí mismo, es la glotonería,* "Por tanto, no os afanéis diciendo: '¿Qué comeremos?' o '¿Qué beberemos?' — Porque los gentiles buscan todas estas cosas" (Mat 6:31-32). Como si Él hubiera dicho, los paganos, aquellos que viven sin el Dios verdadero, cuyo cuidado es complacer sus apetitos más que buscar a Dios y su reino; ustedes no deben hacer eso, sino "buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mat 6:33). Aquello que es apto para ustedes seguirá; que todo tenga su tiempo y orden.

[La sobreabundancia de comida era uno de los pecados de Sodoma. He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas. Pero ella no dio la mano al pobre y al necesitado. Eze 16:49.

Hoy en día se nos dice que la obesidad está rápidamente aumentando como problema de salud.]

Esto conlleva una seria reprensión al comedor y bebedor lujoso, quien es arrebatado con un cuidado excesivo de su paladar, qué comerá, y qué beberá; quien estando a menudo sin idea de qué comer después, por lo que tiene un oficial para inventar, y un cocinero para preparar, esconder, y ahogar las especias, para que puedan engañar al ojo, y verse nuevas y extrañas; y todo para excitar un apetito, o inspirar una admiración. Para estar seguro que hay gran variedad, y que sea curiosa y costosa; la salsa puede ser más querida que la carne. Y así es alimentado tan abundantemente que sin ella él difícilmente podría sentir su estómago vacío; lo cual es forzar un hambre, más bien que satisfacerla. Y si él come, así el bebe: raramente por sed, sino placer; para satisfacer su paladar. Por ese propósito él tendrá muchas clases, y él debe probarlas todas: una, no importa lo buena que sea, es aburrida y cansadora; la variedad es más encantadora que lo mejor; y por lo tanto el mundo entero es apenas suficiente para llenar su bodega. Pero si él fuera temperado en sus proporciones, su variedad podría ser imputada más bien a la curiosidad que al lujo. Pero lo que el hombre temperado usa como un cordial [un licor pequeño], él bebe a corrientes, y hasta que esté inflamado con el exceso, él es apto para ser un instrumento de la maldad, si no a otras personas, sin embargo siempre a sí mismo, a quien tal vez al final él no conoce; porque a tal brutalidad algunos vendrán, ellos beberán a sorbos hasta perder el conocimiento de sí mismos. Este es el deseo de la carne, que no es del Padre, sino del mundo; porque sobre esto viene en la música y el baile, y la alegría, y la risa, lo cual es locura (Ecl 2:2); para que el ruido de un placer pueda ahogar la iniquidad de otro, por temor de que su propio corazón se ocupe de manera muy simple de él. Así viven los lujosos: ellos se olvidan de Dios, ellos no consideran al afligido. ¡Oh que los hijos y las hijas de los hombres consideren su indulgencia y su iniquidad en estas cosas! ¡Qué mal retribuyen la bondad de Dios en el uso y el abuso de la abundancia que Él les da! ¡Qué crueles son ellos con sus criaturas, qué pródigos de sus vidas y su virtud, qué malagradecidos por ellos; olvidando al Dador, y abusando sus dones, y despreciando el consejo, y echando fuera su instrucción! Ellos pierden la ternura y se olvidan del deber, siendo tragados por la glotonería, añadiendo un exceso al otro. Dios amonestó este pecado en los judíos, por el profeta Amós: "Vosotros suponéis que el día malo está lejos, y acercáis la sede del terror. Dormís en camas de marfil, os extendéis sobre vuestros lechos y coméis los carneros del rebaño y los terneros de engorde. Improvisáis al son de la lira e inventáis instrumentos musicales, al estilo de David. Bebéis vino en grandes copas y os ungís con los más finos perfumes, y no os afligís por la ruina de José." (Amós 6:3-6). Estos, parece, eran los vicios de los judíos degenerados, bajo toda su pretención de religión; y ¿acaso ellos no lo son también de los cristianos en este día? Sí, sí lo son, y estas son las grandes partes del lujo atacadas en este discurso. Recuerden que el hombre rico, con toda su comida lujosa, se fue al infierno: y el apóstol pronuncia serios ayes en contra de aquellos "cuyo dios es su vientre: porque los tales se glorían en su vergüenza" (fil 3:19).

Cristo pone estas cosas en las cortes de los reyes mundanales, no en su reino; haciéndolas impropias en sus seguidores. Su festín, por lo tanto, a la multitud, lo cual fue un milagro, fue simple y sencillo; suficiente, pero sin curiosidad ni arte de cocina; y les vino bien, porque ellos tenían hambre, el mejor y más apto tiempo para comer. Y el apóstol, en sus consejos a su muy amado Timoteo, denigra a los amantes de la satisfacción mundana; aconsejándole a atesorar la piedad y el contentamiento como la ganancia más grande, añadiendo, "así que, teniendo el sustento y con qué cubrirnos, estaremos contentos con esto" (1 Tim. 6:6-8). He aquí la vida abstinente y más contenta de esos peregrinos, los hijos del cielo, e hijos inmortales del gran poder de Dios. Ellos estaban en ayunos y peligros a menudo, y comían lo que se les ponía en frente; y en todas las condiciones aprendieron a estar contentos. ¡Oh, hombres benditos! ¡Oh espíritus benditos! Que mi alma more en ustedes para siempre.

3. Pero las enfermedades que el lujo engendra y nutre lo hacen un enemigo para la humanidad. Porque además de las dificultades que les trae a las almas de las personas, debilita la salud, y acorta la vida del hombre, en que sólo le da mala nutrición y así deja y alimenta funciones corporales corruptas, en las cuales el cuerpo se hace fétido y repugnante, holgazán y enfermizo; inadecuado para el ejercicio, y aún más inadecuado para la labor honesta. Cuando los espíritus son así cargados con carne enferma, y la mente debilitada, el hombre es hecho inactivo, e inútil en la sociedad civil ya que el ocio viene después del lujo, como también las enfermedades. Estas son las cargas del mundo, devoradores de cosas buenas, amantes de sí mismos, y así, olvidadores de Dios. Pero lo que se dice, y sin embargo es justo, es que el fin de los que olvidan a Dios, es ser trasladados al Seol (Salmo 9:17, 2 Tes 1:9).

4. Pero hay otra parte del lujo que tiene un gran lugar con los hombres y mujeres vanos, y es la elegancia en el vestir, uno de los excesos más necios, debido que es el más costoso, vacío e infructífero, que las personas pueden ser culpables de tener.

5. Ni es diferente con las recreaciones, como se les llama; porque están muy cercanamente relacionadas. El hombre fue hecho una criatura noble, racional y seria; su placer estaba en su deber, y su deber en obedecer a Dios: lo cual es amarle, temerle, adorarle y servirle; y al usar la creación con verdadera temperancia y moderación piadosa; sabiendo muy bien que el Señor, su juez, está cerca, el inspector y recompensador de sus obras. En resumen, su felicidad* estaba en su comunión con Dios; su error era dejar esa conversación, y dejar que sus ojos se alejaran para mirar las cosas transitorias. Si las recreaciones de la época fueran tan placenteras y necesarias como se dicen o se hacen ser, Adán y Eva hubieran sido infelices entonces, porque ellos nunca las conocieron. Pero si nunca hubieran caído, y el mundo nunca hubiera sido manchado por su locura y mal ejemplo, tal vez el hombre nunca hubiera conocido la necesidad de usar muchas de estas cosas. El pecado les dio nacimiento, como también a las vestiduras elegantes; una vez que habían pecado, Adán y Eva tuvieron miedo de la presencia del Señor, la cual fue el gozo de su inocencia. Y entonces sus mentes divagaron, buscaron otros placeres, y comenzaron a olvidar a Dios; como Él después se quejó por medio del profeta Amós: "ellos suponían que el día malo estaba lejos; comían los terneros de engorde; bebían vino en grandes copas; se ungían sobre camas de marfil; improvisaban al son de la lira e inventaban instrumentos musicales, como David," y no hacían caso ni recordaban la aflicción y cautiverio del pobre José (Amós 6:3-6). José a quien vendieron impíamente, la inocencia se disipó, y ellos [el pueblo judío] comenzaron a estar acostumbrados a la vergüenza, hasta que llegaron a no tener vergüenza de la imitación [del placer verdadero, lo cual es santidad]. Y verdaderamente, es ahora no menos vergonzoso acercarse a la inocencia primitiva por medio de la modesta sencillez, de lo que era para Adán un asunto de vergüenza que él la perdió; y llegó a ser forzado a ponerse hojas de higuera para cubrirse. Por lo tanto en vano los hombres y mujeres se visten con pretenciones superficiales de religión, y halagan sus miserables almas con títulos como cristiano, inocente, bueno, virtuoso, y cosas así, mientras tales vanidades y locuras reinan. Por lo tanto, a todos ustedes, del Dios eterno, estoy obligado a declarar, ustedes se burlan de Aquel que no será burlado, y se engañan a sí mismos (Gál 6:7); tal intemperancia debe ser negada, y ustedes deben saber que han cambiado, y más cercanamente se han acercado a la pureza primitiva, antes de que puedan tener derecho a lo que ustedes ahora usurpan; porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios (Rom 8:14); el cual guía a toda temperancia y mansedumbre (Gál 5:23).

[La felicidad y el gozo del mundo son fugaces hasta que el hombre haya crucificado su naturaleza maligna y egoísta; entonces al recibir el reino, hay un gozo indescriptible y paz que no se puede imaginar hasta que se experimenta.

El gozo es uno de los frutos del Espíritu Santo— un gozo permanente, más allá del gozo pasajero de la tierra. Richard Claridge, uno de los primeros cuáqueros quien era excepcional, escribió profundamente:

La verdadera felicidad del hombre consiste en ser verdaderamente religioso, o santo, en nuestras medidas, así como Dios es santo; porque la santidad y la felicidad están tan relacionadas, que la una no puede ser, o subsistir, sin la otra. La santidad es felicidad que ha comenzado, y felicidad es santidad en perfección.]

6. Pero el mundo cristiano, como se quiere llamar, es justamente acusado, porque el final mismo de la institución del vestido está grandemente pervertido. El servicio máximo para el cual fueron diseñadas las ropas originalmente, cuando el pecado los había desvestido de su inocencia original, era, como se ha dicho, para cubrirlos, y era por lo tanto, sencilla y modesta; lo siguiente, para guardarlos del frío, por lo tanto primordial; finalmente, para declarar los sexos, por lo tanto distintiva. De modo que entonces la necesidad provocó el vestido, pero ahora, orgullo y curiosa vanidad; en tiempos antiguos se obtuvo algún beneficio, pero ahora, indulgencia y placer. Entonces ellos las procuraban para cubrirse, pero ahora, esa es la parte menos importante; a sus ojos codiciosos se les debe proporcionar superfluidades llamativas, como si hicieran sus ropas para decorarse, para ser vistas en vez de usadas; sólo para otras curiosidades que deben ser bordadas sobre ellas, aunque ni los guardan del frío, ni distinguen los sexos; pero muestran señaladamente sus mentes indulgentes, fantásticas, completamente alimentadas, que las llevan.

7. Entonces las recreaciones eran para servir a Dios, ser justo, seguir sus ocupaciones, cuidar su rebaño, hacer bien, ejercitar sus cuerpos de manera que fuera adecuada para la seriedad, temperancia y virtud; pero ahora esa palabra, recreaciones, es extendida a casi toda locura. Tanto se han degenerado los hombres desde Adán en su desobediencia; tanto más confiados y artificiales se han hecho en todas sus impiedades; sí, sus mentes, a través de las costumbres, se han hecho tan insensibles a la inconveniencia que atiende a las locuras similares, que lo que antes era mera necesidad ahora es el deleite, placer, y recreación de este tiempo. ¡Qué innoble es, qué innoble e indigno de una criatura razonable! El hombre, quien es dotado con entendimiento, apto para contemplar la inmortalidad, y hecho como compañía (si no superior) a los ángeles, ¡que él pueda desear un poco de polvo, unos pocos trapos vergonzosos; inventos de mero orgullo y lujo; juguetes tan estrafalarios y fantásticos, entretenimientos tan sordos y terrenales, que una sonaja, un bebé, un caballo de juguete, un trompo, los cuales no son para nada necios para un simple niño, ni indignos de sus pensamientos, son tales inventos del cuidado y placer de hombres adultos!* Es una señal de gran estupidez que tales vanidades debieran ejercitar la noble mente del hombre, y la imagen del gran Creador de los cielos y la tierra.

[Penn está diciendo que aunque los juguetes son aptos para los niños, los hombres adultos no deben buscar juguetes para obtener placer, como botes, aviones, esquíes, motocicletas, tablas de surfear, carros de carreras, ipods, sistema de cine en casa, computadoras, etc.]

8. De esto muchos entre los paganos antiguos tenían una visión tan clara que ellos detestaban toda vanidad de esas, la ver la curiosidad en el vestir, y esa variedad de recreaciones que ahora está de moda y estima entre los cristianos falsos, como algo que destruye el buen comportamiento, en que más fácilmente robaba las mentes de las personas de la sobriedad a la disipación, ociosidad, afeminación [debilidad en los hombres y adicción al placer], y los hizo sólo compañeros para las bestias que perecen. Vean a estos hombres famosos, Anaxágoras, Sócrates, Platón, Aristides, Cato, Seneca, Epicteto, etc., quienes ponen el verdadero honor y satisfacción en nada más bajo que la virtud y la inmortalidad. No, tales son los restos de la inocencia entre algunos moros e indios en nuestros tiempos, que si un cristiano, (aunque sea uno extraño), dice una mala palabra, es costumbre para ellos, por medio de la moral, llevarle agua para que se limpie la boca. ¡Cuánto acusan de gran locura e intemperancia a las personas que profesan el cristianismo las virtudes similares y ejemplos razonables! Oh que los hombres y mujeres tuvieran el temor de Dios ante sus ojos; y que ellos fueran tan caritativos consigo mismos como para recordar de dónde ellos vinieron, lo que están haciendo, y a lo que deben regresar. Para que cosas más nobles, más virtuosas, más racionales, y celestiales puedan ser los motivos de su placer y entretenimiento. Para que ellos sean de una vez persuadidos a creer qué inconsistentemente la locura, la vanidad, y conversación en la cual están más ejercitados, realmente están con la nobleza verdadera de una alma razonable. Y que ese principio justo, que le enseñó a los paganos, les enseñe a ellos; temiendo que sea hallado más tolerable para los paganos que para tales cristianos, en el día del juicio. Porque en sus nociones más cortas, y sentido más imperfecto de las cosas todavía podían reconocer tanta vanidad; si su grado de luz lo condenó, y ellos, en desobediencia a esto, cesaron de usarlo; ¿no les conviene a los cristianos tanto más?

9. Nuevamente: estas cosas, que han sido condenadas anteriormente nunca han sido la conducta o la práctica de los hombres y mujeres santos de los tiempos antiguos, a quienes las escrituras recomiendan como ejemplos santos, dignos de ser imitados. Abraham, Isaac, y Jacob eran hombres simples, y príncipes, como lo son los animales de pasto, sobres sus familias y rebaños. Ellos no eran solícitos a las vanidades en las cuales vive la gente de esta generación, porque ellos agradaban a Dios por medio de la fe. Abraham primero dejó la casa de su padre, su parentela, y su país; un verdadero tipo o figura de esa negación propia que todos deben conocer, por la cual Abraham sería su padre. Ellos no deben pensar en vivir en esos placeres, modas, y costumbres que han sido llamados a dejar; no, sino que deben partir con todas las esperanzas de la gran recompensa o premio, y ese lugar mejor que es eterno en los cielos (Heb 11:26,16,2 Cor 5:1). Los profetas eran generalmente pobres: uno un pastor, otro cuidaba rebaños, etc. Ellos a menudo clamaron a los israelitas indulgentes y bien alimentados para que se arrepintieran, con temor y terror del Dios viviente, a que abandonaran los pecados y vanidades en los que vivían; pero ellos nunca los imitaron. Juan el Bautista, el mensajero del Señor, predicó su mensaje al mundo en ropas de pelo de camello, una vestimenta agreste y sencilla (Mat 3:4). Ni tampoco se puede concebir que Jesucristo mismo estaba mucho mejor vestido, quien, de acuerdo a la carne, era de linaje pobre, y vivía con gran sencillez; puesto que era normal decir como burla: "¿No es este Jesús, el carpintero, el hijo de María?" (Mat 13:55, Mar 6:3). Y este Jesús le dice a sus seguidores que "los que llevan ropas lujosas y viven en placeres están en los palacios reales" (Lucas 7:25); insinuando que Él y sus seguidores no debían seguir esas cosas; sino que parece expresar con esto la gran diferencia que existía entre los amantes de las modas y costumbres del mundo, y aquellos que Él había escogido para que salieran de él. Y Él no sólo vino en esa forma pobre y despreciable para poder manchar el orgullo de toda carne, sino que por medio de esto llegó a ser ejemplo a sus seguidores, de lo que una vida de auto-negación debe ser, si ellos querían ser sus verdaderos discípulos. No, Él además se los pone en una parábola, con el fin de que pueda hacer una impresión más profunda, y que ellos puedan ver lo inconsistente que es una vida pretenciosa que agrada al mundo con el reino que Él vino a establecer y el cual Él llama a todos los hombres a tener posesión de él; y es en la notable historia del hombre, quien es presentado al principio, como un hombre rico (Lucas 16:19-31); después como un hombre indulgente en sus ricas vestiduras, sus muchos platillos, y su jauría de perros; y finalmente, como un hombre poco caritativo, o que estaba más preocupado con complacer los deseos de los ojos, los deseos de la carne y la vanagloria de la vida, y comer suntuosamente todos los días, que tener compasión por el pobre Lázaro que estaba en su puerta; no, sus perros tenían más lástima y eran más buenos que él. Pero ¿cuál fue el final de este hombre alegre, este hombre rico? Leemos que fue el tormento eterno; pero el de Lázaro, eterno gozo con Abraham, e Isaac, y Jacob, en el reino de Dios. En resumen, Lázaro era un buen hombre, el otro un gran hombre; el primero era pobre y temperado, el otro rico y lujoso. Hay muchos de ellos que están vivos hoy; y sería bueno si este fin los pudiera despertar al arrepentimiento.

10. Ni tampoco eran los doce apóstoles, quienes eran los mensajeros inmediatos del Señor Jesucristo, nada más que hombres pobres; uno un pescador, otro un fabricante de tiendas, y el que tenía el empleo más importante, aunque tal vez no el mejor, era un cobrador de impuestos (Mat 4:18,9:9, Hechos 18:3). De modo que es muy improbable que alguno de ellos fuera seguidor de las modas del mundo. No, ellos estaban tan lejos de ellas, que, como correspondía a los seguidores de Cristo (1 Cor 4:9-14), vivieron vidas pobres, afligidas, de negación propia; aconsejando a las iglesias a que caminaran como ellos lo habían hecho como ejemplo (Fil 3:17, 1 Pedro 2:21). Y para anular este argumento en particular, ellos dieron este relato conmovedor de las mujeres santas en tiempos antiguos, como un ejemplo de temperancia piadosa (1 Pedro 3:3-4), a saber, que al principio ellas expresamente se abstuvieron del oro, plata, cabellos ostentosos, vestiduras finas, o cosas por el estilo; y después, que su adorno era un espíritu manso y humilde, y el hombre escondido del corazón, los cuales son de gran precio para el Señor; afirmando que aquellos que viven en el placer están muertos en vida (1 Tim. 5:6). Porque los cuidados y placeres de este vida ahogan y destruyen la semilla del reino (Lucas 8:14), y estorban todo progreso en la vida escondida y divina. Por lo tanto encontramos que los hombres y mujeres santos de los tiempos antiguos no estaban acostumbrados a estos placeres y vanas recreaciones; sino que teniendo sus mentes puestas en las cosas de arriba, buscaron otro reino, que consiste en justicia, paz, y gozo en el Espíritu Santo: quien, habiendo recibido un buen testimonio, y habiendo entrado en el reposo eterno, sus obras les siguen, y les alaban en las puertas (Rom 14:17, Heb 11:2,4:9, Apoc 14:13).

CAPÍTULO XV

Pero tal exceso en vestimentas y placer estaba no sólo prohibido en las escrituras, sino era el fundamento de ese afligido mensaje dado por el profeta Isaías al pueblo de Israel: "Asimismo dijo Jehovah: "Por cuanto las hijas de Sión son altivas, andan con el cuello erguido, lanzan miradas seductoras, caminan zapateando y hacen resonar los adornos de sus pies, el Señor pelará con tiña la cabeza de las hijas de Sión; Jehovah desnudará sus frentes." En aquel día el Señor quitará los adornos de los tobillos, las diademas, las lunetas, los aretes, los brazaletes, los velos, los adornos de la cabeza, los adornos de los pies, las cintas, los frasquitos de perfume, los amuletos, los anillos, los joyeles de la nariz, las ropas festivas, los mantos, los pañuelos, los bolsos, los espejos, la ropa íntima, los turbantes y las mantillas. Y sucederá que habrá hediondez en lugar de los perfumes, soga en lugar de cinturón, rapadura en lugar de los arreglos del cabello. En lugar de ropa fina habrá ceñidor de cilicio; porque en lugar de belleza habrá vergüenza. Tus hombres caerán a espada, y tu poderío caerá en la batalla. Sus puertas lamentarán y se enlutarán; y abandonada, ella se sentará en tierra" (Isa 3:16-26). He aquí, ¡oh habitantes vanos y necios de Inglaterra y Europa vuestra locura y destrucción! (La práctica misma, y atuendo, y vanidad de esta época responsable de la ira de Dios, que cuelga sobre Inglaterra y Europa, y está lista para ser ejecutada sobre sus habitantes rebeldes.) Sin embargo lean la visión del profeta Ezequiel de la miserable Tiro, qué castigo le trajo su orgullo y placer; y entre muchas otras circunstancias estas son algunas: "Estos eran tus mercaderes en todas clases de cosas; en vestiduras azules y obras bordadas, y en arcas llenas de vestiduras elegantes, esmeraldas, púrpuras, linos finos, coral y ágata, especias, con todas las piedras preciosas, y oro, caballos, y carros," etc.; por lo cual oigan parte de su destrucción: "tus riquezas, tus mercaderías, tus productos, tus marineros, tus timoneles, los que reparaban tus desperfectos, los agentes de tu intercambio, todos tus hombres de guerra que están en ti, y toda la multitud que se halla en medio de ti  caerán en medio de los mares. Todos los habitantes de las costas se horrorizan a causa de ti. Los mercaderes de los pueblos silban a causa de ti. Has venido a ser objeto de espanto, y dejarás de existir para siempre." (Eze 27). Así Dios ha declarado su desagrado en contra del lujo de este mundo lascivo [indulgente]. Sin embargo además el profeta Sofonías dice lo siguiente: "Sucederá en el día del sacrificio que hará Jehovah, que castigaré a los principales, a los hijos del rey y a todos los que llevan vestido extranjero" (Sof 1:8). ¡Qué graves consecuencias tenía en esos tiempos que los hombres más importantes se dieran a sí mismos la libertad de seguir las costumbres vanas de otras naciones; o de cambiar el fin normal de las vestimentas, o atuendos, para gratificar curiosidades necias!

2. Esto le encargó el Señor Jesucristo expresamente a sus discípulos de que no se preocuparan: insinuando que los que eran así no podían ser sus discípulos, porque Él dice: "Por tanto, no os afanéis diciendo: '¿Qué comeremos?' o '¿Qué beberemos?' o '¿Con qué nos cubriremos?' Porque los gentiles buscan todas estas cosas, pero vuestro Padre que está en los cielos sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." (Mat 6:31-33). Bajo esta categoría de comer, beber y vestir, Él abarca todas las cosas externas. Esto es tan común entre los cristianos mundanos, al ser ignorantes del invisible reino celestial de Dios y su justicia; los asuntos que Él les manda a ignorar son su prioridad más importante; convirtiendo la comida y el vestido en un problema para ellos, cuando más bien deberían ser disfrutados inocentemente. Si entonces, en esos casos, las mentes de sus discípulos no fueron solícitas, mucho menos en inventos necios, supersticiosos y ociosos, para gratificar los apetitos carnales y las mentes de los hombres, así es que aquellos que viven en eso no son sus seguidores, sino que son gentiles y paganos; y como Él dice en otro lugar: "Las naciones del mundo que no conocen a Dios" (Lucas 12:22-33). Si entonces la marca distintiva entre los discípulos de Jesús y los que son del mundo es que los unos se preocupan de las cosas del cielo y el reino de Dios, que "permanece en justicia, paz, y gozo en el Espíritu Santo" (Rom 14:17); (al no preocuparse de las cosas externas, ni siquiera las más inocentes y necesarias); y que los otros se preocupan de comer, beber, el vestido, y los asuntos de este mundo, con los deseos, placeres, ganancias y honores que le pertenecen; les ruego por el bien de sus almas, oh habitantes de Inglaterra, que sean serios, para reflejar por un momento acerca de sí mismos, qué cuidados y costo ustedes tienen en tiempo y dinero, acerca de cosas necias, no, mezquinas; tan alejados están ustedes de la vida cristiana primitiva. ¡Qué comprar y vender, qué negociar y discutir, qué escribir y promocionar, qué esfuerzo y labor, qué ruido, apuro, trajín y confusión, qué estudio, qué pequeños artificios y extra-limitaciones, qué comida, bebida, vanidad de vestido, recreaciones más ridículas; en resumen, qué levantarse temprano, acostarse tarde, gasto de tiempo precioso hay con respecto a cosas que perecen! Vean las calles, tiendas, intercambios, juegos, parques, cafés, etc., y ¿no está el mundo, este mundo que se desvanece, escrito sobre cada rostro? No digan dentro de sí mismos: "¿De qué otra manera debería vivir el hombre y existir el mundo?" Esta es una objeción común pero frívola. Hay suficiente para todos. Que algunos estén contentos con menos; unas pocas cosas, simples y decentes, le sirven a la vida cristiana. Son los deseos, el orgullo, y la codicia, que empujan a los hombres a tal locura. Si el reino de Dios fuera más a menudo la ocupación de sus mentes, estos entretenimientos que perecen no ocuparían sus pensamientos o su tiempo más que un poco.

3. Esta doctrina de negación propia fue confirmada y reforzada por los apóstoles con su ejemplo, como ya lo hemos mostrado; y en sus preceptos también, como probaremos con esos dos pasajes extraordinarios de Pablo y Pedro; donde no sólo nos dicen lo que se debe hacer, sino también lo que se debe negar y evitar: "Asimismo, que las mujeres se atavíen con vestido decoroso, con modestia y prudencia; no con peinados ostentosos, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos; (entonces parece que estos son vergonzosos) sino más bien con buenas obras, como conviene a mujeres que profesan reverencia a Dios" (1 Tim. 2:9-10). Insinuando absolutamente que aquellas que se visten con oro, plata, peinados lujosos, perlas, vestidos costosos, al hacer eso no pueden ser mujeres que profesen piedad; convirtiendo estas cosas en contrarias a la modestia, y consecuentemente son impías, e impropias para mujeres que profesan piedad. A lo cual el apóstol Pedro añade otro precepto similar, a saber: "Vuestro adorno no sea el exterior, con arreglos ostentosos del cabello y adornos de oro, ni en vestir ropa lujosa;" ¿Qué entonces? "sino que sea la persona interior del corazón, en lo incorruptible de un espíritu tierno y tranquilo. Esto es de gran valor delante de Dios." (1 Pedro 3:3-5). Y como un incentivo, añade: "Porque así también se adornaban en tiempos antiguos aquellas santas mujeres que esperaban en Dios." Lo cual no sólo muestra que las mujeres santas se adornaron así, también que se requiere de las que quieren ser santas, y confían en el Dios santo, estén adornadas de esta manera; pero también, que aquellas que usaban esos adornos prohibidos eran las mujeres y las personas en todas las edades, que, a pesar de lo que decían, no eran santas, ni confiaban en Dios. Los tales están tan lejos de confiar en Dios que el apóstol Pablo expresamente dice que "la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta" (1 Tim. 5:6). Y el mismo apóstol además ordenó que los cristianos deben tener sus conversaciones en el cielo, y sus mentes puestas en las cosas de arriba (Fil 3:20, Col 3:1-4); "Andemos decentemente, como de día; no con fiestas y borracheras, ni en pecados sexuales y desenfrenos, ni en peleas y envidia." (Rom 13:13): "Pero la inmoralidad sexual y toda impureza o avaricia no se nombren más entre vosotros, como corresponde a santos; ni tampoco la conducta indecente, ni tonterías ni bromas groseras, cosas que no son apropiadas; sino más bien, acciones de gracias" (Efe 5:3-4): "Ninguna palabra obscena salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación según sea necesaria, para que imparta gracia a los que oyen" (Efe 4:29); sino "más bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no hagáis provisión para satisfacer los malos deseos de la carne." (Rom 13:14). Y "no entristezcáis al Espíritu Santo," como lo hace toda conversación que no es edificante, (Mat 11:26, Efe 4:29-30): sino " sed imitadores de Dios como hijos amados: Mirad, pues, con cuidado, cómo os comportáis; no como imprudentes sino como prudentes. Valorad vuestro tiempo, porque los días son malos" (Efe 5:1,5:15-16).

4. Por medio de esto mídanse a sí mismos, oh habitantes de esta tierra, quienes piensan que han sido dañados, si no los contamos como cristianos; vean qué proporción vuestras vidas y espíritus tienen con estos preceptos y ejemplos santos de negación propia. Bueno, amigos, mi alma se lamenta por ustedes; yo he estado con ustedes y entre ustedes; sus vidas y pasatiempos no son extraños a mí; y con compasión, sí, piedad inexpresable, yo lamento la locura de ustedes. ¡Oh, que ustedes fueran sabios! ¡Oh que el ejemplo justo en ustedes fuera oído! ¡Oh que la eternidad tuviera tiempo para rogarles un poco! ¿Por qué sus camas, sus vasos, sus ropas, sus mesas, sus amores, sus juegos, sus parques, sus regalos, sus recreaciones — pobres gozos que perecen — son dueños de todas su alma, su tiempo, su preocupación, su bolsillo, y consideración? Sean amonestados, les imploro, en el nombre del Dios viviente, por alguien que algunos de ustedes saben que ha tenido parte en estas cosas, y consecuentemente, tiempo para saber lo poco que tales vanidades llevan a la felicidad verdadera y sólida. No, amigos, el Dios Todopoderoso sabe, y quisiera que ustedes me creyeran y me siguieran; ellas terminan en vergüenza y dolor. Fiel es el Santo, quien ha determinado que todo hombre y mujer cosechará lo que ha sembrado. ¿Y acaso la aflicción, la angustia y el desaliento no son una cosecha triste y terrible para que ustedes recojan, por todo el tiempo y sustancia malgastados, con respecto a los excesos y vanas recreaciones? Retírense entonces; no apaguen el Espíritu Santo que está en ustedes; rediman su tiempo valioso y abusado. Frecuenten tales conversaciones que les pueden ayudar en contra de sus inclinaciones impías; así seguirán ustedes los ejemplos, y guardarán los preceptos de Jesucristo, y todos sus seguidores. Porque hemos demostrado claramente que ninguna manera de vivir así, como se practica entre ustedes en esta tierra, alguna vez ha sido, ni puede ser verdaderamente cristiana.

5. Pero la mejor recreación es hacer el bien. Y todas las costumbres cristianas tienden a la abstinencia de los excesos, y para algún final bueno y beneficioso; lo cual más o menos puede estar en cada acción (1 Pedro 1:15, Heb 10:25, 1 Pedro 4:9-11, Mat 25:36-37). Los hombres y mujeres serían diligentes al seguir sus respectivos llamados; frecuentar las asambleas de personas religiosas; visitar a los prójimos sobrios para ser edificados, y a los impíos para reformarlos; ser cuidadosos en la instrucción de sus hijos, ejemplares ante sus siervos; aliviar a los necesitados, ver a los enfermos, visitar a los encarcelados; proveer para sus debilidades e indisposiciones, procurar la paz entre prójimos. También, estudiar moderadamente tales artes encomiables, beneficiosas y útiles, como la navegación, aritmética, geometría, cría de animales, jardinería, labores manuales, medicina, etc.; y que las mujeres hilen, cosan, tejan, entrelacen, cultiven, conserven, y cosas por el estilo, aquellas cosas que corresponden a una esposa y que son empleos honestos, la práctica de las damas más importantes y nobles, y de la juventud, incluso entre los paganos; ayudar a otros, quienes por falta de fondos no pueden tener siervos, para facilitarles en sus quehaceres necesarios. A menudo en retiro privado de todos los objetos mundanales, ellos disfrutan al Señor, con meditaciones privadas y constantes en la vida divina y la heredad celestial; lo cual si se deja sin terminar o si se logran otras cosas, bajo la noción de recreación, es falta de respeto a lo que es bueno. Es lo más vano para cualquiera el objetar que no pueden hacer estas cosas siempre, y por lo tanto ¿por qué no poder usar estas diversiones comunes? Yo pregunto, ¿cuáles diversiones? ¿Qué quieren hacer? ¿Qué quieren tener? Aquellos que están en los oficios no tienen tiempo suficiente para hacer la mitad lo que ha sido recomendado. Y con respecto a aquellos que no tienen nada que hacer, y de verdad no hacen nada, lo cual es peor que todo lo demás excepto el pecado, lo cual es lo peor de todo, ellos ruegan tener para sí mismos una variedad de empleos y diversiones placenteras, beneficiosas, sí, supuestamente muy honorables. Los tales pueden sentarse en una obra de teatro con gran deleite, o un baile, una fiesta de máscaras, a las cartas, dados, etc., bebiendo, deleitándose, festejando, y cosas por el estilo, un día entero; sí, convierten la noche en día, y cambian el orden mismo de la creación, para aplacar sus deseos (Amós 6:3-8); y si no fuera por comer y dormir, se podría poner en duda si es que ellos encontrarían tiempo para cesar de esos pasatiempos vanos y pecaminosos, hasta que el llamado apresurado de la muerte les ordene a aparecer en otro mundo. Sin embargo piensan que es intolerable y difícilmente posible para cualquier persona sentarse por la misma cantidad de tiempo en un ejercicio beneficioso o religioso.

6. Pero ¿cómo piensan estos que van a pasar la eternidad? "Si el árbol cae, allí quedará" (Ecl 11:3). Que nadie se engañe a sí mismo, ni burle su alma inmoral con un sueño placentero, pero de lo más falso y destructivo, que ellos serán cambiados por un poder constreñidor e irresistible, justo cuando sus almas dejen sus cuerpos; no, no, mis amigos, "lo que ustedes siembren, eso segarán" (Gál 6:4-9). Si ustedes siembran vanidad, locura, deleites visibles, placeres que se desvanecen, no segarán nada mejor que corrupción, dolor y la angustia lamentable de las decepciones eternas. Pero ¡ay! ¿cuál es la razón de que el dicho es tan común: "Debemos siempre consentir con estas cosas?" Porque seguramente es esto: ellos no conocen el gozo y la paz de hablar y actuar, como si estuviéramos en la presencia del Dios santo que excede con mucho tal entendimiento vano (Efe 4:18-20). Ellos están en tinieblas con las glorias y placeres del dios de este mundo (2 Cor 4:4); cuya religión consiste en tantas palabras balbuceantes e ignorantemente devotas, como si ellos pudieran enseñarle a los pericos. Porque si ellos fueran de lo que tienen sus corazones puestos en las cosas de arriba, y cuyo tesoro está en el cielo, allí habitarían sus mentes, y allí estaría constantemente su placer más grande. Y los que le llaman a eso una carga, y buscan ser entretenidos por tales pasatiempos como una obra de teatro, un baile, una fiesta de máscaras, cartas, dados, o cosas por el estilo, yo soy audaz en afirmar, ellos no sólo nunca conocieron la divina excelencia de Dios y su verdad, sino que así se declararon a sí mismos como no aptos para ellos en el otro mundo. Porque ¿cómo es posible que ellos puedan ser deleitados por la eternidad con esa satisfacción;* que es tan tediosa e irritante por treinta o cuarenta años, que, por una provisión de recreación para sus mentes, los pequeños juguetes y vanidades de este mundo maldito deben ser llevados a la práctica y petición? De seguro, aquellos que deben ser juzgados por toda palabra ociosa (Mat 12:36), no deben usar los deportes para pasar ese tiempo que se les ha ordenado tan diligentemente que valoren, considerando que no menos trabajo debe hacerse que hacer su llamado y elección algo seguro (Efe 5:16, Fil 3:14, 2 Pedro 1:10, Col 4: 5). Mucho menos deberían ellos estudiar para inventar recreaciones para sus mentes vanidosas, y pasar la mayor parte de sus días, y meses, y años en eso, no permitiendo una cuarta parte de ese tiempo para la gran preocupación de sus vidas y almas, para lo cual les fue dado ese tiempo. (Santiago 4:14)

[Y ninguno que bebe el vino añejo inmediatamente quiere el vino nuevo, porque dice: "El vino añejo es lo mejor." Lucas 5:39.

Si el pecador primero no ha purgado lentamente los pecados de su corazón, mientras aprende a odiar todo el mal, incluso si ese pecador fuera trasladado al cielo, no sería feliz porque no podría continuar con todas sus antiguas adicciones. Si usted muere cuando todavía está pecando, sería absolutamente miserable en el cielo; todos sus placeres y deseos, al no haber sido crucificados en la tierra, no estarán disponibles en el cielo, y usted será miserable sin ellos. Usted estará anhelando el viejo vino, que usted piensa que es mejor que el nuevo vino porque usted no ha sido preparado, crucificado, purificado (los odres nuevos) y liberado de sus deseos, enojo, deseos sexuales, resentimiento, envidia, codicia, mentiras, celos, necedad, fiestas, borracheras, placeres, etc. Aun sus pensamientos serían oídos por todos los que están a su alrededor; usted estaría aterrado, y desearía correr hacia la oscuridad donde esperaría que sus pensamientos no fueran oídos por nadie. El hombre debe crucificar sus pasiones y afectos en la cruz interna de la negación propia antes de que pueda disfrutar de la comunión en los cielos.

Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos. De otra manera, el vino nuevo romperá los odres; el vino se derramará, y los odres se perderán. Lucas 5:37. Si el Señor pusiera su Espíritu en medida en usted repentinamente, sin haber sido limpiado lentamente del pecado, su cuerpo no podría tolerarlo, lo cual le produciría pérdida a usted y a su Espíritu.]

7. Hay poca necesidad de pasar tiempo con diversiones necias porque el tiempo vuela tan rápidamente por sí mismo; y, cuando se ha ido una vez, nunca puede ser recuperado. Obras de teatro, parques, entretenimientos, romances, música, sonetos de amor, y cosas por el estilo, serán una súplica muy inválida, para cualquier otro propósito que la condena de los que son llevados y deleitados por ellos, durante la revelación del juicio justo de Dios.

[Hoy en día tenemos que añadir los programas de televisión y las películas a la lista de diversiones necias; porque ahora las tenemos disponibles siete días por semana, veinticuatro horas al día, una diversión de pasatiempo constante, de la cual su contenido generalmente promueve la inmoralidad sexual y además la violencia. Estos pasatiempos modernos no son sólo necios sino viciosamente destructivos, que promueven la pornografía, el adulterio, la homosexualidad, la promiscuidad, la obscenidad, y cualquier otra cosa que sus autores puedan imaginar para seducir sus mentes.

El aparato de televisión, o el equipo de cine en casa, se ha convertido en nuestro dios. En vez de sentarnos a esperar a Dios para oír su guía y consejo, nos sentamos en frente de la televisión por horas cada día. Es la parte central de nuestras vidas.

Y después está nuestra obsesión con los deportes, el más importante de los cuales es el fútbol. ¿Cuántos fanáticos pierden la vida en disturbios en los estadios de fútbol? ¿Cuánto tiempo, cuánto dinero, cuánta adrenalina, cuántos gritos como animales salvajes, gastamos en nuestra obsesión con los deportes? Para mí, asistir a eventos deportivos siempre significó mucho problema, pero mirarlos en la televisión era fácil. El fútbol profesional fue una de las últimas cosas que se me dijo que abandonara. No lo extraño. La falta de adrenalina fue notoria. Ahora me paso el tiempo buscando a Dios. Años después la Palabra del Señor en el interior me dijo por qué se me había ordenado que dejara el fútbol: "la razón por la cual me opongo al fútbol es que alienta a los jugadores a lesionar a los que son del equipo opuesto; el fútbol toma a niños pequeños y los convierte en animales." Jorge Fox describió a un fanático que gritaba en un evento deportivo de la siguiente manera: "Estos en sus deportes gritan y chillan como asnos salvajes. Son como ganado o bestias cuando se las pone a pastar, mugiendo cuando están llenas."

Glorificamos a aquellos que tienen habilidades atléticas innatas, las cuales les fueron dadas por el creador; pero olvidamos al creador cuando vemos a sus seres creados competir los unos con los otros en juegos infantiles, y nos enorgullecemos grandemente cuando nuestro equipo gana la competencia infantil.]

¡Oh mis amigos! Estas nunca fueron inventadas, sino por la mente que al principio había perdido el gozo y deleites arrebatadores de la santa presencia de Dios. De modo que concluimos que de esos muchos excelentes empleos, (ya mencionados como dignos de poseer tales mentes que se inclinan a estas vanidades), hay más que suficiente para ocuparlos, no sólo para tomar sus horas libres, sino el doble de eso; y que con gran deleite, diversión, y provecho, tanto para sí mismos como para otros; de una vez ellos fueron despegados de las locuras vanas e infructíferas. Y si ellos sólo consideraran qué gran satisfacción, y lo certero que es la recompensa, que atiende a esto, y la otra vida; y de tal beneficios universales y virtuosos ejemplos. La segunda conclusión es que lo que es afirmado por mí no puede ser desagradable ni ingrato para nadie, excepto aquellos que no conocen lo que es caminar con Dios, para prepararse para una mansión eterna, para tener la mente ejercitada en cosas celestiales y buenas, para seguir los ejemplos de los hombres y mujeres santos de las felices épocas anteriores. Aquellos que no conocen la doctrina de Cristo, su vida, muerte, y resurrección [al experimentar cada una de ellas] sino sólo tienen sus mentes atadas a la carne y a los deseos de la carne, son seducidos, engañados, y arruinados miserablemente. Y finalmente, son aquellos que menosprecian el cielo, y los gozos que no se ven, aunque eternos, por unas malditas pequeñeces que ellos sí ven; aunque ellas han sido decretadas de que pasarán. ¿Cómo están estos [estas personas] bautizadas con Cristo, en su vida santa, crueles sufrimientos, vergonzosa muerte, y levantados con Él para deseos inmortales, meditaciones celestiales, una vida nueva divina, creciendo en el conocimiento de los misterios celestiales, y toda santidad, a la medida de la estatura de Jesucristo, el gran ejemplo de todos (Rom 6:3-8, 1 Cor 12:13, Gál 3:27, Col 2:12-13, Efe 4:13)? ¿Cómo, digo yo, es que estos [estas personas] se acercan a las calificaciones cristianas más necesarias; y qué parte tienen en ellas? Que sus conciencias les digan después de una seria indagación al aire del día.

8. Pero en el siguiente lugar, tal vestimenta y pasatiempos no sólo enseñan la mundanalidad excesiva de las inclinaciones de la gente, y su muy grande ignorancia de los gozos divinos; pero al imitar estas modas, y frecuentar estos lugares y diversiones, no sólo se omite mucho bien, sino una cierta puerta es abierta para que se cometa mucha maldad: primero, tiempo precioso, que vale un mundo para el que está moribundo en una cama, se pierde; el dinero que se podría emplear para el bien general, es gastado vanamente; se obtiene placer de la mera vergüenza; los deseos son gratificados; las mentes de las personas son alejadas de las cosas celestiales, y ejercitadas en mera locura; y los hombres llegan a ser aceptables por su apariencia y el estilo actual de su vestido y su atuendo; de lo cual el respeto [la parcialidad] a las personas surge naturalmente (Santiago 2:1-9), y sólo negarlo es afirmar que el sol no brilla al mediodía. Nada es más notorio que el servil, raspado llamado de señor, y llamar a las personas señoras, de acuerdo a lo llamativo y rico que es su vestido; lo cual es detestable ante Dios, y tan absolutamente prohibido en las escrituras, que hacerlo es violar la ley completa, y consecuentemente incurrir en el castigo de ella. Entonces, ¡qué grandes hoyos dejan tales prácticas en las propiedades de los hombres! ¡Cómo son sus vocaciones descuidadas, las jóvenes engañadas, la cama matrimonial invadida, contiendas y resentimientos engendrados, separaciones de hombres y mujeres, el desheredar hijos, y despedir siervos! Por otro lado, los siervos son hechos esclavos, los hijos ignorados, las esposas despreciadas y vergonzosamente abusadas, por medio de la intemperancia de sus esposos; lo cual los pone sobre la misma extravagancia, tomar tal cruel injusticia a pecho, que se pasan sus días en dolor y miseria. Pero de todos estos miserables inventos, el teatro [hoy en día la televisión, las películas, y los DVD], como tantos seminarios infernales, conducen de la manera más perniciosa a estos finales tristes y miserables; donde poco más que hábitos triviales, sueltos, si no directamente obscenos y profanos son representados, los cuales tienen notoriamente malas consecuencias sobre la mente de la mayoría de las personas, especialmente la juventud que los frecuenta. Y así es que las obras ociosas y corruptas son alentadas y mantenidas; lo cual puede ser difícilmente una abominación más grande que ese nivel de pasatiempos impíos, como se mostrará particularmente dentro de poco; y verdaderamente nada sino el placer excesivo que la gente tiene en ellos puede cegar sus ojos para que no lo vean.

9. Pero finalmente, la gran aversión de la mente en la gente para seguir meditaciones sólidas, serias y celestiales; por la reflexión casi continua, como también placentera en sus mentes, de aquellas varias aventuras con las cuales han sido entretenidos, lo cual en los más jóvenes nunca puede dejar de encender y fortalecer sus estados bullentes y susceptibles. Y en el resto de las recreaciones comunes de bailes, fiestas de máscaras, sorpresas, cartas, dados, etc., hay oportunidades similares para promover males similares. Y aun más; ¡cuántas riñas, animosidades, no, asesinatos también, como también gasto de propiedad y precioso tiempo, han sido las consecuencias inmediatas de tales prácticas! En resumen, estos eran los caminos de los gentiles que no conocían a Dios, pero nunca la práctica de aquellos que temían a Dios (Efe 4:17-25). No, los más nobles entre los paganos mismos, a saber, Anáxagoras, Sócrates, Platón, Antístenes, Heráclito, Zeno, Aristides, Cato, Tully, Epicteto, Séneca, etc., han dejado su repugnancia a estas cosas en un registro, como odiosas y destructivas, no sólo del honor del Dios inmortal, sino de todo buen orden y gobierno; como algo que lleva a la soltura, ociosidad, ignorancia, y afeminación [debilidad en los hombre con adicción al placer] , las grandes úlceras y ruina de todos los estados e imperios. Y la inocencia fingida de éstos les roba sus mentes de lo que es bueno, y las lleva hacia el amor a ellos; en verdad, les da confianza para rogar por ellos, y por ningún motivo pensarán de manera diferente. ¿Pero por qué? Porque es una libertad que alimenta la carne y gratifica el deseo de los ojos y el paladar de pobre mortalidad. Por lo tanto ellos piensan que es una condición loable ser no mejor que la bestia, que come y bebe lo que su naturaleza requiere; aunque el número es muy pequeño de los tales, tan exorbitante son los hombres y mujeres han llegado a ser en este tiempo presente. Porque la mayoría cree que sus acciones deben estar gobernadas por su propia voluntad; o si no en el mejor de los casos, que el no estar manchado con la maldad más vil es un asunto para jactarse grandemente; y en realidad lo es en un tiempo cuando nada es muy impío como para no realizarlo. Pero ciertamente, es una señal de impiedad universal en un territorio, cuando no ser culpable de los pecados que los paganos mismos odian, es ser virtuoso, sí, y cristiano también; y esa es su gran afirmación de buena reputación — ¡un síntoma deprimente para un país! Pero ¿no es para ser grandemente cegado, que aquellos que llamamos infieles detesten esas prácticas como infames, las cuales las personas que se llaman a sí mismas cristianos no pueden o no quieren ver eso, sino que se cubren con estos lindos títulos de ornamento, decencia, recreación, y cosas similares? Bueno, mis amigos, si no hubiera Dios, ni cielo, ni infierno, ni ejemplos santos, ni Jesucristo, en cruz, doctrina, y vida, para conformarse a ellos; sin embargo la caridad a los pobres, ayuda a los necesitados, paz entre vecinos, visita a los enfermos, cuidado de las viudas y huérfanos, con el resto de aquellas prácticas piadosas ya repetidas, pueden ser un empleo más noble, y mucho más digno de su gasto y dolor. Ni tampoco se debe concebir, que el camino a la gloria es alisado con tal variedad de placeres carnales; porque entonces la convicción, un espíritu quebrantado, una mente regenerada (Prov 18:14,51:17; Mat 5:4, Lucas 6:25, Rom 2:7, Sal 40:8, Rom 7:22, Heb 11:13-16, Rom 1:25-30); en una palabra, inmortalidad, probaría ser una mera ficción que algunos crean, y otros por lo tanto lo piensan. No, estas prácticas deben para siempre extinguirse y expulsarse de toda sociedad cristiana. Porque yo afirmo que para los que internamente conocen a Dios, y tienen un sentido de su bendita presencia, todas esas recreaciones son la muerte; sí, más peligrosamente impías, y más aptas para robar su mente del ejercicio celestial, que actos más repugnantes e impíos. Porque los de clase más repugnante son tan grandes que se pueden ver fácilmente; tan sucios que son fácilmente detectados, y la educación de ellos y temperancia común, como también el estado de ánimo de muchos, les enseñan a aborrecer. Y si los actos más repugnantes son cometidos, ellos acarrean una convicción más fuerte. Pero estos actos de inocencia fingida, estas satisfacciones supuestamente inofensivas (Job 1:4), son más sorprendentes, más destructivas; porque ya que fácilmente obtienen admisión por los sentidos, así más pretenden inocencia, más se aseguran las mentes de la gente en el uso común de sus consecuencias impías, para que con gran confianza ellos puedan rogar por ellas.

10. Pero como esto es claramente no negarse a sí mismos (1 Juan 2:15-17), sino al contrario, es para emplear los vanos inventos de los hombres y mujeres carnales, para gratificar los deseos de los ojos, los deseos de la carne, y la vanagloria de la vida (todo lo cual ejercita la mente por debajo de lo divino y sólo el verdadero placer, de otra manera, díganme qué es lo que esto hace). Por lo tanto que aquellos que son así sepan que la vida celestial y gozos cristianos son de otra clase, como ya ha sido expresado. Sí, que los verdaderos discípulos del Señor Jesucristo sean crucificados a estos como a objetos y empleos que llevan hacia abajo, y que sus afectos sean elevados a una conducta más sublime y espiritual; para usar este mundo, aún en sus gozos más inocentes, como si no lo usaran. Pero si se gozan en cualquier cosa de abajo, debería ser en prácticas buenas como las que fueron mencionadas anteriormente, lo cual puede resultar en un beneficio de algunos con respecto a otros. En lo cual Dios es honrado sobre todas las cosas visibles, la nación aliviada, el gobierno golpeado, ellos mismos presentados como ejemplo de lo bueno, y así justamente con derecho a tener felicidad presente, una memoria dulce con posteridad — así como también sentarse a su mano derecha, donde hay gozos y placeres para siempre (Job 36:7; Salmo 5:12; Prov 10:7,11); de lo cual no puede haber nada más honorable, nada más certero, que el mundo sin fin.

Comentarios del editor del sitio:

>Por supuesto que tenemos que esforzarnos lo más posible para dejar las prácticas ilícitas: mentir, engañar, jurar, robar, recriminar, inmoralidad sexual, etc.

Pero en nuestra cultura estamos sumergidos en pasatiempos legítimos: deportes, televisión, películas, internet, DVD, música, conciertos, teatro, carreras, fisicoculturismo, compras, blogging, etc. ¿Entonces por dónde comenzamos? No podemos dejar todo de una vez, o nos quedaremos como un esqueleto vacío. Tenemos que ser guiados por él en lo que vayamos dejando, un paso a la vez, y él estará produciendo en nosotros más hambre de él después de cada paso. Tito 2:11-14 dice: la gracia nos enseñará a negar la impiedad y los deseos mundanos, cómo vivir sobriamente, justa y piadosamente. Hay ciertas cosas de las que debemos alejarnos con toda nuestra fuerza de voluntad, particularmente aquellas que llevan a la inmoralidad sexual. La adicción a la pornografía es el mal de esta era y donde sea que aparezca, debe ser eliminado revistas, calendarios, libros, televisión, películas, juegos de videos, internet, etc. Si usted es adicto a la pornografía por internet, por lo menos quite esos sitios de su lista de Favoritos. Hágalo para que tenga que hacer más de un clic antes del fracaso; deshágase de sus tarjetas de crédito - cualquier cosa que usted pueda hacer para impedir su perversión; incluso, deshacerse de su conexión de Internet o su computador si es necesario.

Pero con respecto a los pasatiempos que no son dañinos: sepa que eventualmente tendrán que ser probablemente eliminados, pero espere a que el Señor lo guíe en su negación, cuando él le de la fortaleza para acceder y más hambre de él para llenar el vacío creado cuando usted los deje. Como el Señor me ha dicho: "No quiero que la gente deje todo de una vez, sin permitirme a mí que los guíe y los llene a través del camino, o terminarán como un esqueleto vacío. Todos deben apartarse de lo que están haciendo por causa de la justicia."

Con respecto a los deportes, como Penn indica, el ejercicio corporal que lo mantiene saludable es importante y no debería ser clasificado como un pasatiempo, siempre y cuando usted no está obsesionado con ganar o con el orgullo que resulta de una apariencia mejor. Los gimnasios, que son frecuentemente una fuente de tentaciones sexuales, no son necesarios porque hacer abdominales, lagartijas y sentadillas son suficientes para la mayoría de las personas.]

<Continúa en el capítulo 16 >>

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al beneficiarse del poder de Dios que produce cambios por medio de la cruz,
lo cual lleva a la unión con Dios en su reino.


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