La Cruz Perdida de la Pureza



No cruz, no corona

por William Penn


CAPÍTULO XVI

No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo.
Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
1 Juan 2:15

(No ame lo que el sistema del mundo y el hombre ha inventado:
ropas, sensaciones de comidas, deportes, placeres, juguetes, aparatos, costumbres, tradiciones, entretenimientos, pasatiempos, etc.)

Use las cosas del mundo como si no estuviera absorbido por ellas y con indiferencia. 1 Cor 7:31

porque todo lo que hay en el mundo
--los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la soberbia de la vida--
no proviene del Padre, sino que existen por causa del mundo.
1 Juan 2:16

(Porque lo que su carne y sus ojos desean, y el orgullo asociado con haberlo alcanzado,
no viene del Creador, sino que viene del sistema del mundo,
que es gobernado por el dios de este mundo, Satanás.
Cualquier cosa que usted codicie, eso es idolatría.)

El lujo [indulgencia de placer para los sentidos] al que se opone este discurso no debería ser permitido entre los cristianos, porque aquello que lo inventa se deleita en él, y ruega tanto por él, que es inconsistente con el verdadero espíritu del cristianismo; ni es la naturaleza del cristianismo compatible con él. La inmortalidad y la vida eterna fueron llevadas a la luz, para que todos los placeres inventados de la vida mortal, en la cual vive el mundo, puedan ser negados y renunciados. Y es por esta razón que nada menos que inmensas recompensas y mansiones eternas han sido prometidas, para que los hombres y mujeres puedan por lo tanto ser animados a abandonar voluntariamente la vanidad y las satisfacciones carnales del mundo, y se enfrenten con audacia a la vergüenza y los sufrimientos que deben esperar recibir, tal vez de mano de las personas más íntimamente relacionadas a ellos.

Porque si la religión cristiana hubiera admitido la posesión de este mundo en cualquier otra manera que el simple y sencillo uso de esas criaturas, dadas por Dios para la necesidad y conveniencia de toda la creación; (por ejemplo, si el cristianismo permitiera todo el orgullo, vanidad, curiosidad, pompa, intercambio de vestimentas, honores, preferencias, modas, y las reacciones acostumbradas del mundo, con cualquier cosa que pueda deleitar y gratificar sus sentidos); entonces qué necesidad hay de una cruz diaria; una vida de negación propia; esforzándose por su salvación con temor y temblor; buscando las cosas que están arriba; teniendo el tesoro y el corazón en el cielo; sin conversaciones ociosas, ni bromas vanas. ¿Qué necesidad habría de temer y esperar a Dios todo el día; soportando toda clase de reproche, desprecio, abuso, bromas amargas, y muerte cruel? ¿Qué necesidad hay de estas cosas? ¿Y por qué deberían estas cosas [sacrificios y persecuciones] ser esperadas para poder alcanzar esa gloriosa inmortalidad y eterna corona, si la vanidad, orgullo, gasto, ociosidad, deseo, envidia, malicia, y toda clase de forma de vida entre los así llamados cristianos, son permitidas por la verdadera religión cristiana? Ciertamente no hay necesidad. Pero el Señor Jesucristo sabía muy bien en qué necias pequeñeces y vanos placeres, como también impiedades repugnantes, las mentes de los hombres y mujeres estaban ocupados; y cuánto ellos se degeneraron del principio celestial de vida hacia una búsqueda lujuriosa e ilegítima de los gozos de este mundo que perece; peor aún, inventando diariamente nuevas satisfacciones para gratificar los apetitos carnales. De modo que Él también previó la dificultad que todos tendrían al renunciarlos y abandonarlos todos al escuchar su llamado, y con gran vacilación ellos los dejarían. Por lo tanto para inducirlos a esto, Él no les habló en el lenguaje de la ley, para que ellos tuvieran una Canaán terrenal, (tierra prometida), grandes dignidades, muchos descendientes, una larga vida, y cosas por el estilo. No, más bien lo contrario, para tomar estas cosas en su curso, Él les habla en un de un esfuerzo más alto: es decir, Él les asegura de un reino y una corona que son inmortales, que ni el tiempo, ni la crueldad, ni la muerte, ni la tumba, ni el infierno, con todos sus instrumentos, podrá desilusionar o quitar de aquellos que desean creer en Él y obedecerle. Además, para que ellos puedan ser llevados a esa alianza cercana de amigos cercanos, sí, la relación divina íntima de hermanos que se aprecian, y co-herederos con Él de toda la felicidad celestial, y una gloriosa inmortalidad. Por lo tanto, si está registrado que aquellos que no oyeron a Moisés debían morir, entonces cuánto más aquellos que rehúsan oír y obedecer los preceptos de este gran y eterno Recompensador de todos los que le buscan diligentemente y lo siguen.

2. Y por lo tanto Él se agradó de darnos, en su propio ejemplo, una probada de lo que sus discípulos deben esperar para beber profundamente, a saber, la copa de la negación propia, las pruebas crueles, y las más amargas aflicciones. Él no vino a consagrar un camino hacia el descanso eterno, por medio de oro, y plata, cintas, encajes, grabados, perfumes, ropas costosas, cortes curiosos, vestidos correctos, joyas valiosas, recreaciones placenteras, fiestas, obras de teatro, bailes, fiestas de máscaras, deleites, romances, canciones de amor, y pasatiempos por el estilo del mundo; no, no, ¡ay! sino al abandonar toda esa clase de entretenimientos, sí, y a veces gozos legítimos también; y alegremente pasando por la pérdida de todo por un lado, y el reproche, la vergüenza, y la persecución más cruel de parte de hombres impíos en la otra. A él nunca le hubiera faltado tal variedad de placeres mundanales si ellos hubieran sido aptos a la naturaleza de este reino porque Él fue tentado, como lo son sus seguidores, con no menos anzuelo que todas las glorias del mundo. Pero si él les ordenara a buscar otra tierra y poner sus tesoros en los cielos que no se desvanecen; y por lo tanto Él les encargó a nunca pensar acerca de lo que debían comer, beber, o vestir, "porque," dijo Él, "estas son las cosas que los gentiles," que no conocen a Dios, "buscan" (Mat 6:19-33); (y también los cristianos que pretenden conocerle), pero "teniendo el sustento y con qué cubrirnos, estaremos contentos con esto" (1 Tim 6:6-11); Aquel, digo yo, que ordenó esta doctrina, y llevó a ese ejemplo santo y celestial, es decir el Señor Jesucristo, les dijo a aquellos que querían ser sus discípulos que tomaran la misma cruz y lo siguieran (Lucas 14:26-27, Lucas 14:33).

3. Oh ¿quién le seguirá? ¿Quienes serán verdaderos cristianos? No debemos pensar de irnos por otro camino, ni beber de otra copa, de lo que el Capitán de nuestra salvación ha hecho ante nosotros (Heb 2:10), [y que insistió que hiciéramos lo mismo]. No, porque es la misma pregunta que Él le hizo a Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo en lo antiguo cuando ellos desearon sentarse a su diestra y siniestra en su reino: "¿Podéis beber la copa que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo que yo soy bautizado?" (Mat 20:22). De otra manera ellos no son sus discípulos, no son cristianos. Cualquiera que desee venir a Cristo y ser un verdadero cristiano, debe inmediatamente abandonar todo deleite que pudiera robarle los afectos de la mente, y debe ejercitarla para el principio divino de la vida, y libremente escribir un certificado de divorcio para toda vanidad adorada; y todo lo que está bajo el Sol de Justicia es vanidad comparado con Él.

4. Objeción 1. Pero algunos están listos para objetar, quienes usarán las escrituras para justificar sus deseos, aunque sea mal aplicada: El reino de Dios no consiste en comida, ni bebida, ni en vestido, [ni en la negación de esas cosas, lo cual es su posición] etc.

Respuesta. Correcto; nosotros estamos fuera de ellos. Pero seguramente ustedes tienen menos razón que cualquiera para objetar a causa de esto. Ustedes, que hacen estas cosas [comida y vestido] tan necesarias para su conducta, deberían tener menos razón para objetar a que nosotros no nos conformemos a ellas [no buscarlas ni hablar de ellas]; más bien nuestro rechazo de su búsqueda en nuestra conducta hace que ustedes nos critiquen como ofensivos. Permitan que el principio justo en nuestras conciencias determinen qué tan cristiana es, o qué tanto se parece a la justicia, paz, y gozo en el cual está el reino celestial. Nuestra conducta permanece en temperancia, y ella permanece en justicia, por la cual hemos obtenido ese reino, en el cual la latitud de ustedes y su exceso no tiene parte ni interés. Si nadie, por lo tanto, puede ser un verdadero discípulo excepto aquellos que llegan a cargar la cruz diaria, aquellos que siguen el ejemplo del Señor Jesucristo (Fil 3:10, 1 Pedro 4:13, Tito 2:11-13, Rom 6:6, Gál 2:20, 5:24, 6:4), por medio de su bautismo, aflicciones, y tentaciones; y que ninguno es bautizado así con Él sino aquellos cuyas mentes están alejadas de las vanidades en las cuales vive la mayoría del mundo, y llegan a ser obedientes a la santa luz y divina gracia con la cual ellos han sido iluminados desde lo alto, y así diariamente son ejercitados para crucificar todo afecto contrario, y llevar la inmortalidad a la luz; si nadie es un verdadero discípulo excepto aquellos, como la mayoría sin duda no lo son, entonces que la gente de estos días refleje un poco de sobriedad sobre sí mismos, y ellos concluirán que nadie que vive y se deleita en estas vanas costumbres y esta conducta poco cristiana puede ser un verdadero cristiano o discípulo de Jesús crucificado; porque de otra manera, ¿cómo podría ser una cruz; o cómo podría ser la vida cristiana un asunto de dificultad o reproche? No, la ofensa de la cruz pronto cesaría, la cual es "el poder de Dios para aquellos que creen" (Gál 5:11, 1 Cor 1:18); eso vence todo deseo y vanidad, y es aquello por lo cual el hombre es llevado a una santa sujeción de la mente a la voluntad celestial de su Creador. Porque por lo tanto se ha dicho que Jesucristo era y es manifestado, para que por su vida de negación propia y doctrina, y por la inmortalidad Él trajo, y diariamente trae, a la luz, y así Él pueda manchar la gloria de sus reposos y placeres que se desvanecen (1 Cor 1:27-29); para que teniendo sus mentes alejadas de ellas, y así siendo crucificados, ellos puedan buscar otra tierra, y obtener la herencia eterna. Porque "las cosas que se ven son mundanales" (2 Cor 4:18), y ellos debían ser redimidos de descansar en ellas (como lo son todos los cristianos verdaderos). Pero las cosas que no se ven son eternas; esas [cosas de arriba] ellos deberían, y todos deben ser llevados a ellas, y tener sus afectos fijos sobre ellas.

5. Por lo tanto un verdadero discípulo del Señor Jesucristo debe tener su mente tan versada en las cosas celestiales, que las cosas de este mundo puedan ser usadas como si no lo fueran; que teniendo tales cosas como las que son necesarias y convenientes, él estará contento, sin la superfluidad del mundo (1 Tim 6:8). Por medio de esto el placer que en tiempos de ignorancia fue tomado en las costumbres y modas del mundo pueda ser más abundantemente proporcionado en la vida escondida y celestial de Jesús. Porque a menos que haya una permanencia en Cristo, será imposible llevar tanto fruto (Juan 15:4-8), lo cual él requiere de la mano de sus seguidores, y con lo cual el Padre es glorificado. Pero ya que está claro que aquellos que viven en las vanidades, placeres, recreaciones y deseos del mundo no permanecen en Él y no lo conocen a Él porque aquellos que lo conocen se alejan de la iniquidad; así es su permanencia y deleite [de aquellos que no lo conocen] en esos placeres hechizantes, la razón misma por la cual ellos son tan ignorantes e insensibles a Él. Él, quien continuamente está a llamando a la puerta de sus corazones (Apoc 3:20); en quien ellos deberían permanecer, y cuyo poder divino ellos deberían saber que es la cruz sobre la cual todo deseo amado y vanidad seductora es destruida y crucificada; para que ellos puedan sentir la vida celestial que brota en sus corazones, y que ellos mismos son despertados para buscar las cosas que están arriba; para que cuando Cristo aparezca, ellos puedan aparecer con Él en gloria, quien está sobre todo, Dios bendito para siempre (Col 3:1, Col: 3-4, Rom 9:5). Amén.

CAPÍTULO XVII

Después, esas costumbres y modas, que componen la vestimenta común y la conducta de los tiempos, obstruyen eminentemente el retiro interno de la mente de las personas, por el cual ellos pueden llegar a contemplar las glorias de la inmortalidad. En vez de temer a su Creador en los días de su juventud, y buscar el reino de Dios como la prioridad más importante de sus vidas (Ecl 12:1, Mat 6:33 ), esperando la adición de tales otras cosas como sean necesarias y convenientes (Lucas 12:30), de acuerdo a los mandatos de Dios y el Señor Jesucristo; más bien, tan pronto como pueden hacer algo, ellos buscan el orgullo, la vanidad, y esa conducta que es más atractiva para la carne (Efe 2:3), la cual llega a ser su entretenimiento más atractivo. Todas estas cosas que sólo engendran ideas lujuriosas, e inflaman los pensamientos desorbitados, discursos inmorales, comportamiento lascivo, si no al final acciones impías. Para ellos es tedioso y ofensivo hablar del cielo y de otra vida. Díganles que reflejen acerca de sus acciones, que no aflijan al Espíritu Santo, que consideren la destrucción eterna, que se preparen para el juicio; y la mejor respuesta que es común son bromas reprochadoras (Efe 5:3-4), y respuestas profanas, sino incluso golpes directos. Sus pensamientos están empleados de otra manera, sus mañanas son muy cortas para que ellos se laven, suavicen, pinten, parchen, trencen, enricen, engomen, polvoreen, y de alguna otra manera se vistan y se adornen a sí mismos. Sus tardes son comúnmente usadas para visitas y juegos; donde el entretenimiento frecuente son algunas historias tomadas de los romances más aprobados; algunas pasiones extrañas, algunas historias de amor apasionado, rechazos desagradables, grandes impedimentos, discursos apremiantes, desilusiones miserables, sorpresas maravillosas, encuentros inesperados, castillos sorprendidos, amantes encarcelados que son rescatados, y reuniones de supuestos muertos; duelos sangrientos, voces débiles resonando de tumbas solitarias, quejas apenadas que son oídas, profundos suspiros enviados de desiertos agrestes, e intrigas manejadas con sutileza inaudita (Salmo 12:2; Isa 5:12; 59:3-4). Y mientras todas las cosas parecen estar a la distancia más grande, entonces la gente muerta está viva, los enemigos son amigos, la desesperación se convierte en gozo, y todas sus imposibilidades son reconciliadas; cosas que nunca existieron, ni fueron, ni nunca serán ni pueden ser, todas se llevan a cabo. Como si los hombres y mujeres fueran muy lentos para responder a las sugerencias sueltas de la naturaleza corrupta; o estuvieran muy resueltos en divinas especulaciones y asuntos celestiales, ellos tienen todo lo que es posible para que los ingenios más extravagantes inventen; no sólo mentiras explícitas, sino absolutas imposibilidades para la naturaleza misma, con el propósito de excitar sus mentes en esas pasiones ociosas, e intoxicar sus caprichos atolondrados con cosas hinchadas que no son nada sino ficciones irreales. Éstas no sólo consumen su tiempo, afeminan [debilidad en los hombres y adicción al placer] sus naturalezas, rebajan su razón, y los establece para que sean una realidad en sus vidas, haciendo cada aventura como suya por medio de la imitación. Pero si están desilusionados (como puede uno esperar de tales meras imaginaciones), ellos buscan matar su frustración con cualquier cosa que sea su vicio más grande. Y sin embargo estas son algunas de sus recreaciones más inocentes, las cuales son las trampas mismas de Satanás, para atrapar a la gente; apuntadas a su debilidad, e ilógicamente capturando sus afectos por medio de los entretenimientos, que son los más seductores para sus deseos físicos. Estas cosas crean vanidad en sus corazones, y sus ojos sólo ven lo que es compatible con sus pensamientos lujuriosos, y sus miradas susurran las inflamaciones secretas de sus mentes intemperantes (Pro 7:10-21); deambulando en el exterior por tanto tiempo, hasta que sus acciones lujuriosas traen la noche al hogar, y llenan sus mentes y reputaciones con deseos y atributos escandalosos.

[La interpretación moderna de esto es: obras de teatro, películas, televisión, DVDs, videos musicales, todos crean los peores pensamientos y deseos sexuales, los cuales son una seria depravación de la mente. No sólo tienen contenido sexual, son profanos, a menudo violentos, frecuentemente promueven drogas, y reflejan el denominador común más bajo de la vida. Incluso los comerciales están llenos de sexo; las portadas de las revistas en el supermercado del vecindario hacen alarde de inmoralidad sexual y desvergüenza cuando usted espera en línea para pagar. Los carteles, los anuncios en los buses, los sitios web de noticias — todos muestran mujeres con ropa reveladora, que atraen los deseos y nos quitan la sensibilidad hacia el adulterio, la fornicación, y la homosexualidad, lo cual sólo nos sirve para ser excluidos del cielo en la próxima vida. Entretener esos pensamientos en su mente es suficientemente grave para usted, pero tales pensamientos también llevan a caer en acciones, que no sólo lo dañan aún más, sino también dañan a otros también.]

2. Este es el propósito de sus modas y recreaciones: satisfacer el deseo de los ojos, el deseo de la carne, y la vanagloria de la vida (1 Juan 2:16). Las ropas que fueron dadas para cubrir, ahora necesitan una cubierta para cubrir su exceso vergonzoso; y aquello que debería recordarle a los hombres su inocencia perdida, ellos se enorgullecen y glorían en ellas. La centésima parte de esas cosas le costó al hombre perder el paraíso, las cuales ahora se usan como una recreación agradable, sí, la pérdida de tiempo. Porque como fue la culpa de Adán el buscar una satisfacción para sí mismo, aparte de lo que Dios había ordenado; así también es el ejercicio, placer, y perfección de la época pasar la porción más grande de su tiempo en vanidades, las cuales están tan lejos del fin de la creación, a saber, una vida divina, que ellos la destruyen.

3.Si los placeres de esta época fueran verdaderos y sólidos, Adán y Eva hubieran sido miserables en su inocencia, quienes no los conocieron. Pero como fue una vez su felicidad, el no conocerlos de ninguna manera, así es para los que verdaderamente conocen a Cristo, ser redimidos y elevados al amor de la inmortalidad por medio de su eterno poder. Esto es aún un misterio para aquellos que viven y tienen placer en sus cortes curiosos, vestiduras elegantes y que cambian fácilmente, la belleza de sus vestidos, invento e imitación de modas, vestiduras costosas, paso refinado [caminar con afectación], miradas lujuriosas, romances, obras de teatro, fiestas, bailes, festines, y conductas así deseadas. Porque así como estas nunca hubieran existido si el hombre se hubiera quedado en casa con su Creador y le hubiera dado el ejercicio completo de su mente a los fines nobles de su creación, así es cierto que el uso de estas vanidades no es sólo una señal que los hombres y mujeres todavía son ignorantes de su [potencial] reposo y placer verdaderos, sino que obstruye y dificulta la retirada de sus mentes y la investigación seria de aquellas cosas que son eternas. ¡Oh que hay tanto ruido, desorden, invento, tráfico, curiosidad, diligencia, dolores, y gran gasto de tiempo y propiedades, para agradar y satisfacer la pobre mortalidad vana! Y sin embargo el alma, la imagen misma de la divinidad, tiene tan poco de su consideración. ¡Qué! ¡Oh, qué ejemplos significativos y símbolos evidentes pueden ser dados, de que es el cuerpo, los sentidos, el caso, (un poco de carne y hueso cubierto con piel), los juguetes, las locuras y las vanidades mismas de vida mortal y mundo maldito que agradan, que toman, que las captura; con lo cual ellos consientes; y piensan que nunca tienen suficiente tiempo, amor, o dinero para otorgarles!

4. Así están sus mentes empleadas; y ellos son tan vanos en sus imaginaciones y oscuros en sus entendimientos que ellos no sólo creen que son inocentes, sino se persuaden a sí mismos de que son buenos cristianos durante todo ese tiempo; y reprenderlos es peor que una herejía (Lucas 8:14,Pro 1:30,10:17,12:1,15:14,Isa 58:1-10). Por lo tanto son extraños a la vida escondida; y por medio de estas cosas son alejados de todo examen serio de sí mismos, (Jer 14:19-21). Estos así llamados cristianos están satisfechos con un poco de balbuceo de memoria y un celo forzado de discurso de media hora en palabras de otros hombres, [los sermones semanales de sus sectas], los cuales resultan en nada diferente a lo que ellos hacen (Eze 33:32,Mat 6:7); [las palabras balbuceadas y leídas] ya no son su estado, o por lo menos su intención, como lo enseñan sus obras, de lo que lo eran del joven en el evangelio, que dijo que iría pero no fue. ¡Pero ay! ¿por qué? ¡Oh, hay otros huéspedes! ¿Qué son? Faramundo, Cleopatra, Casandra, Clelia; una obra de teatro, un baile, una huerta de primavera; el parque, caballero, el intercambio — en otras palabras, el mundo. Estos se quedan, estos llaman, estos hacen señas, y estos siguen, y estos son los asociados más conocidos. Así son son cautivados sus corazones y alejados del ejercicio divino y de tales asuntos externos que los benefician a ellos o a los vecinos necesitados; más bien ellos se ocupan con las ideas recibidas de esos juguetes y locuras en sus mentes sueltas y livianas; y si en todas las cosas ellos no pueden practicarlas porque carecen de los medios para ello, sin embargo tanto como se pueda, por lo menos consentirlos sobre sí mismos, sean tomados con ellos, y voluntariamente permitan que sus pensamientos vayan tras ellos. Todo lo cual indispone las mentes grandemente, y distrae las almas de la gente de la vida divina y el principio del santo Jesús; pero, como se ha dicho a menudo, más especialmente las mentes de los que son más jóvenes, a quienes las diversiones como estas (Jer 2: 5), (en las cuales sus inclinaciones son presentadas con lo que es bueno para ellos, y ellos llegan a estar emocionados con más vanidad de lo que habían pensado antes), son incomparablemente más estimados que todo lo que puede decirse del temor de Dios, una vida retirada, recompensas eternas, y gozos inefables y llenos de gloria. Tan vanos, tan ciegos, y tan insensibles son los hombres y las mujeres, de lo que verdaderamente significa ser un discípulo de Cristo (Rom 13:11-12, Mat 15:7-14). ¡Oh! que ellos reflexionaran de estas cosas, y velaran en contra de ellas, y salieran de todas estas vanidades, por la venida del Señor, por temor a estar desprevenidos; y tomados con los otros invitados, ellos no entran en su reposo eterno.

5. Lo cual manifiesta más aún la impiedad de estas modas y recreaciones, que ellas son inventos de mentes vanas, ociosas y lujuriosas, para satisfacer sus propias sensualidades, y despertar la curiosidad igualmente impía en otros, para imitar lo mismo; por medio de lo cual nada sino la lujuria y la locura son promovidos; o las ardides del sentido indigente y empobrecido, quienes lo hacen la siguiente manera de ganarse la vida. En ambos de estos aspectos ellos deberían ser detestados. Porque las primeras licencias expresan impiedad, y la siguiente aprueba una manera de ganarse la vida que es miserable, y consecuentemente los aleja de los empleos más legítimos, más serviciales, y más necesarios. Que tales personas son tanto los inventores como los actores de todas estas locuras no es difícil de demostrar; porque si fuera posible que alguien pudiera traernos la faja del padre Adán, y el delantal de la madre Eva, ¡qué risas, qué burlas, qué bromas harían de sus modas sencillas! Seguramente su sastre encontraría pocas otras personas interesadas en comprarlas, aunque leemos que fue Dios mismo quien les hizo ropas de pieles (Gen. 3:21). Lo mismo se puede preguntar de todas las otras vanidades, con respecto a los hombres y mujeres santos a través de todas las generaciones de las santas escrituras. ¿Cuántos pedazos de cinta, y qué plumas, bandas de encaje, y cosas así, usaron Adán y Eva en el paraíso, o fuera de él? ¿Qué bordados finos, sedas, puntos, etc. tuvieron Abel, Enoc, Noé, y el buen Abraham? ¿Acaso Eva, Sara, Susana, Elizabeth, y la virgen María solían rizar, polvorear, parchar, pintar, usar rizos falsos, o colores extraños, puntos elegantes, cortes, vestidos de encaje, chaquetas bordadas, zapatos con empeines con encajes de seda o plateados, y rayados como patas de paloma, con varios metros, si no pedazos de cinta? ¿A cuántas obras de teatro asistieron Jesús y sus apóstoles por placer y diversión? ¿Qué poemas, romances, comedias y cosas por el estilo crearon o usaron los apóstoles y los santos para pasar el tiempo? Yo sé que todos ellos trataron de ahorrar su tiempo, para evitar las conversaciones necias, burlas vanas, balbuceos profanos, e historias fabulosas (Efe 5:1-5;15-16; 2 Tim. 2:16, 22; Mat 25:13; Fil 2:12-13; Col 3:1-2, 3:5) como lo que tiende a la impiedad. Y más bien se dedicaron a vigilar, a esforzarse por su salvación con temor y temblor, a huir de la necedad y los deseos juveniles, y a buscar la justicia, paz, bondad, amor, caridad; y a pensar en las cosas de arriba ya que desearon tener honor, gloria, inmortalidad y vida eterna.

6. Pero si se me preguntara, ¿entonces de dónde vinieron?, yo podría responder rápidamente, de los gentiles, quienes no conocían a Dios. Porque algunos entre ellos detestaron esas vanidades, como se mostrará; ellas eran los placeres de un afeminado [debilidad en los hombres y adicción al placer] Sardanápalos, un fantástico Milagros, un cómico Aristófanes, un pródigo Caraxo, un lujurioso Aristipo; y las prácticas de tales mujeres como la infame Clitemnestra, la pintada Jezabel, la lasciva Kampaspe, la inmodesta Posthumia, la costosa corinta Lais, la más insolente Flora, la egipcia lasciva Cleopatra, y la más insaciable Mesalina. Estas personas cuyas memorias han apestado a través de todas las edades, y que cargan con ellas una putrefacción perpetua; éstos, y no sólo los hombres y mujeres que se negaban a sí mismos en los tiempos antiguos, fueron devotos de las recreaciones y vanos deleites como esos. No, los más sobrios de los paganos mismos, bajo un principio de gran virtud, como es confesado por todos, detestaron las prácticas similares de locura y lascivia. Ninguna de ellas se encuentra en Platón, o las obras de Séneca; Pitágoras, Sócrates, Foción, Zenón, etc., no estaban acostumbrados a estos entretenimientos. La virtuosa Penélope, la casta Lucrecia, y la seria Cornelia, con muchas otras, se hallaban suficientemente empleadas con sus hijos, siervos, y vecinos. Ellas, aunque nobles, después de su devoción, se deleitaban más en hilar, tejer, cuidar su jardín, la costura, y deberes domésticos similares, y entretenimientos encomiables; quienes, aunque llamadas paganas, expresaron mucho más cristianismo en todas sus acciones que las personas descontroladas y necias de estos tiempos, a pesar de ser llamados cristianos. Pero sobre todo, ustedes promotores de los juegos, ¿de dónde creen que vienen sus apasionadamente amadas comedias; porque no hay otra diversión que sea más destructiva, que tenga más en estima, y que sea cariñosamente frecuentada? Bueno, les digo: su bisabuelo fue un pagano, y no de la mejor clase; su nombre era Epicarmo. Es verdad, él es llamado filósofo, y amante de la sabiduría; pero lo era sólo de nombre; y no más que los comediantes de estos tiempos son verdaderos cristianos. Se reporta de él por medio de Suidas, un historiador griego, que fue el primer hombre que inventó las comedias; y que por medio de la ayuda de Formo, él también creó cincuenta fábulas. Pero ¿conocen ustedes su país, y la razón de su invento? Su patria fue Siracusa, la ciudad principal de Sicilia, famosa por la infamia de muchos tiranos; para agradar y satisfacer los deseos de algunos, él puso su inteligencia a trabajar. ¿No consideran ustedes esto un mal origen? Y ¿acaso no es peor que alguien lo imite, o que lo justifique, ya que los más sobrios paganos lo han condenado ellos mismos? No, ¿acaso no es una abominación que ellos se llamen a sí mismos cristianos tanto para imitar como para justificar tales inventos? Ni tampoco tenían las tragedias melancólicas un mejor origen, a saber, un tal Tepsis, poeta ateniense; a quien ellos también atribuyen el origen de esa costumbre insolente de pintar rostros, y la falsificación, o representación de otras personas, por medio del cambio de hábito, humores, etc., todos los cuales ahora son tan usados y tienen tan buena reputación entre los grandes de los tiempos. A éstos permítanme añadir a ese poeta amoroso, a quien una pasión desordenada de amor transportó al principio a esos raptos poéticos de admiración, en realidad de afeminación sórdida [debilidad en los hombres y adicción al placer], si no idolatría; ellos lo llaman Alcmán o Alcina, un lidio: él, estando muy enamorado de una joven de su propio país, se dice que fue la primera persona que le dio al mundo un vistazo de esa clase de locura, a saber, historias de amor y versos; los cuales han sido tan diligentemente imitados por casi todas las naciones en sus romances desde esos tiempos.

7. Objeción 2. Yo sé que muchos dirán: Pero tenemos muchas comedias y tragedias, sonetos, cánones, etc., para contrarrestar el vicio, y por medio del cual aprendemos muchas cosas encomiables. Aunque esta excusa es vergonzosa, sin embargo muchos la han usado, por falta de vergüenza o entendimiento, o ambos. Ahora yo inmediatamente confieso que entre los paganos fue el siguiente remedio en contra de los vicios comunes para los más serios y éticos discursos de sus filósofos, de los cuales doy dos como ejemplo: Euripides, a quien Suidas llama un poeta trágico educado, y Eupolis, a quien el mismo historiador llama un poeta cómico. El primero fue un hombre tan casto, y por lo tanto tan diferente a los de nuestros días, que se decía que él odiaba a las mujeres, esto es, sólo a las descontroladas, porque él estuvo casado dos veces; el otro él caracteriza como un crítico de las fallas más severas. De lo cual yo entiendo que su designio no era alimentar los caprichos holgazanes de la gente, ni tampoco solamente para obtener dinero. Sino por medio del buen sentido que está suelto, la gente había sido corrompida; su trabajo fue entonces reclamarlos, convirtiendo el vicio en algo ridículo, y llevando el sentido a estar en contra de la impiedad. Y esto parece ser correcto, a partir de la descripción dada, que se suponía que Eurípides había sido hecho pedazos por mujeres sueltas; lo cual sin duda fue por haber clamado en contra de su desfachatez; y el otro, habiendo sido destruido en la batalla entre los atenienses y los laedonios, fue extrañado de tal manera, que una ley posterior prohibió que esos poetas llevaran armas; sin duda fue porque al perderlo, ellos perdieron a alguien que los convencía de sus vicios. El propósito de los comediantes y trágicos aprobados de esos tiempos fue sólo reformar a la gente al hacer del pecado algo odioso. Ellos hicieron esto no tanto por un medio racional y argumentativo, la manera usual de los filósofos; sino más bien emplearon burlas penetrantes, severas reflexiones, y mostraron que sus pecados viciosos eran vergonzosos, ridículos y detestables; para que por causa de la reputación la gente tratara de no ser culpable de ellos; lo cual para mí es sólo un poco más suave que un azote o una cárcel. Ahora si les ruego que estén contentos de ser contados como paganos, y también entre aquellos que son de la clase más viciosa e impía, que prefieren recibir burlas que discutir acerca de sus pecados, reconoceremos ante ustedes que tales comedias y tragedias pueden ser útiles. Pero si lo son, ¡entonces qué vergüenza! No abusen del nombre de Cristo Jesús tan descaradamente al llamarse a sí mismos cristianos; ustedes cuyos deseos son tan fuertes, que los fuerzan a usar los caminos vergonzosos de los paganos para rechazarlos para apartarse del mal; y no por amor a la virtud, sino por temor, vergüenza, o reputación. ¿Es este el amor de ustedes por Jesús, su reverencia a las Escrituras, que por medio de la fe pueden equipar al hombre perfecto de Dios? ¿Acaso todas sus palabras acerca de las ordenanzas, oraciones, sacramentos, cristianismo, y cosas por el estilo, llegan a esto; que al final ustedes deben depender de tales instructores, a quienes los paganos sobrios les permitieron reclamar a las personas más viciosas que había entre ellos? También, ¿confían ustedes en remedios, nada de lo cual es más bajo, excepto el castigo corporal?

[Nuestras obras de teatro, películas, programas de televisión, videos, y música, ya no pretenden ser campeones del bien sobre el mal; son pornográficos, violentos, orientados a las drogas, profanos — llenos del comportamiento humano más bajo. Se siguen pasando de la raya para poder ser sensacionales, atraer publicidad, y crear controversia, lo cual seduce más a la gente para que los miren. Mientras más miremos estas cosas impías, más normal parecen ser, lo cual nos alienta a seguir más las depravaciones. Nuestra sociedad completa ha sido grandemente degradada desde que Penn escribió esto.

Se piensa que las comedias son lo menos dañino por la sociedad, pero analice cuidadosamente lo que lo hace reír, y descubrirá que usted está siendo insensibilizado a lo impío aun en las comedias. Lo que es chistoso es típicamente vulgar, o profano, o sexualmente insinuante, o una crítica a alguien, o completa necedad, o algo estúpido (más necedad), o abusivo hacia otra persona, o algo que rebaja la humanidad del hombre. Mientras más se ríe usted de eso, más lo acepta e incluso llega a ser como aquello que usted piensa que es chistoso.

Manténgase alejado de los medios de comunicación por un año, y usted se sorprenderá de lo que usted antes aceptaba y gozaba, pero la gran mayoría de las personas nunca considerarían dejar su televisión, a pesar de que típicamente les cuesta alrededor de $100 por mes por el cable, y que es el desperdicio de tiempo más grande en nuestra cultura. Aprecie su tiempo; usted está muy preocupado en ahorrar y preparar para su jubilación, pero ¿está haciendo lo mejor posible para prepararse para su vida después de la tierra que será eterna?]

8. Esto está tan lejos del cristianismo que muchos de los paganos más nobles, hombres y mujeres, fueron enseñados de mejor manera, y están más predispuestos; ellos hallaron contemplaciones más serias, y temas de naturaleza eterna sobre los cuales meditar. No, hasta ahora ellos superaron a los cristianos de estos tiempos, que no sólo eran ejemplares por sus conversaciones serias y sobras; sino por su beneficio público los atenienses instituyeron el Gynæçosmi, o veinte hombres, quienes se encargaban de observar las vestimentas y comportamiento; que si alguno fuera hallado inmodesto, o se rebajara a sí mismo sueltamente, ellos tenían completa autoridad para castigarlos. Pero el caso ahora está alterado; es sancionable el reprender a estos; sí, es un asunto de insolencia y reproche de lo más grande. No, algunos han llegado a ser tan insolentes en su impiedades, que se ríen de tales personas religiosas; y no sólo manifiestan una gran negligencia por la piedad, y una vida seria por su propia soltura, pero su desprecio extremo de ella, al convertirla en algo ridículo, a través de burlas cómicas y abusivas en escenarios públicos. Qué peligroso es, y apto para hacer la religión de poca estima en los ojos de las personas. Además de la demostración de este tiempo, recordemos que Aristófanes no tenía una manera más lista de cuestionar la reputación de Sócrates con la gente, quienes lo reverenciaban grandemente por su vida y doctrina seria y virtuosa, que por sus representaciones abusivas de él en obras de teatro; lo cual hizo que la multitud liviana, lasciva e inestable más bien se alejara de Sócrates serio en vez de Sócrates en burla. Ni tampoco se puede dar una mejor razón de por qué los pobres cuáqueros son desdeñados de tal manera por los hombres, que por causa de sus severos reproches de pecado y vanidad, y su conducta de negación propia, entre tanta intemperancia en todas las satisfacciones mundanales. Sin embargo todos estos libertinos fanfarronean y se inflan en orgullo como cristianos, mientras están en contra de los preceptos y ejemplos; ¿pero insisten que debemos ser extravagantes, engreídos, taciturnos, y melancólicos, o de otra manera somos herejes, engañadores? ¡Oh ceguera! ¡Hipocresía farisaica! Es como si ellos fueran aptos para ser los jueces de la religión; o si fuera posible para ellos tener un vistazo y un sentido de la verdadera religión, o ser realmente religiosos, mientras están oscurecidos en sus entendimientos por el dios de los placeres de este mundo; y mientras sus mentes están tan enredadas en gozos externos, y la variedad de deleites mundanos. No, en el nombre del Dios eterno, ustedes se burlan de Él, y engañan sus almas; porque la ira del Todopoderoso está en contra de todos ustedes mientras están en ese espíritu y condición. En vanos son todos sus balbuceos y actuaciones montadas, Dios se ríe de eso en desprecio; su ira se está encendiendo por causa de estas cosas. Por lo tanto ustedes están siendo advertidos a que sean temperantes y se arrepientan.

9. Además, este tipo de gente no sólo son impíos, sueltos y vanidosos, que inventan y realizan estas cosas; sino por su gran deleite en tales inventos vanos ustedes animan a otros así, impidiéndoles de esta manera que tengan un empleo más honesto y servicial. Porque ¿cuál es la razón que la mayoría de las mercancías son retenidas a precios tan excesivos, sino que la mano de obra es tan cara? Y ¿por qué es así, sino porque tantas manos están ocupadas de otra manera, aun en la vanidad de vanidades? No, qué común es que estos facilitadores mercenarios de la locura de la gente, que cuando sus carteras comienzan a disminuir, ellos les presenten una moda nueva y pretendidamente más conveniente; y que tal vez sea antes de que los costosos hábitos anteriores hayan realizado la mitad de su servicio; los cuales debe ser regalados, o costosamente modificados para estar de moda. ¡Oh locura pródiga sin embargo frecuente!

10. Objeción 3. Yo sé que estoy llegando a encontrar la objeción más plausible que se usa para justificar cuando llegamos a estar en un aprieto, a saber: ¿pero cómo subsistirán esas muchas familias cuyo sustento depende de tales modas y recreaciones que ustedes tan seriamente denuncian? Yo respondo: es un mal argumento pedir que se cometa el menor de los males aunque venga un bien por ello. Si ustedes y ellos han hecho de la impiedad su placer y ganancia, estén contentos de que sea su pena y castigo hasta que el consumidor pueda aprender a estar sin tales vanidades, y los empleados hayan encontrado empleos más honestos. Es la vanidad de los pocos ricos que hacen tanto trabajo duro para los muchos que son más pequeños; y el gran exceso de los unos provocan la gran labor de los otros. Si los hombres aprendieran a estar contentos con pocas cosas, que son necesarias y convenientes (la vida cristiana antigua), todas las cosas serían más baratas, y los hombres podrían vivir por un tiempo. Si los propietarios tuvieran menos lujurias que satisfacer, los inquilinos podrían tener menos renta que pagar, y cambiarían de pobres a ricos, con lo cual ellos podrían encontrar empleos más honestos y domésticos para sus hijos que convertirse en estafadores y vivir de su ingenio, lo cual es sólo una palabra mejor para sus pecados. Si el reporte de los más inteligentes en la cría de animales es fiable, las tierras son mejorables en un cincuenta por ciento. Si hubieran más manos empleadas en productos más legítimos y serviciales, ellos serían más baratos, y se haría una venta más grande de ellos, por lo cual el beneficio redundaría al mundo en general. En cambio, la carga es más pesada para el país laborioso, que tantas manos y hombros son empleados por los proveedores de la lujuria de las ciudades, hay una falta de aquellos que trabajan en el arado y el cuidado de animales. Si los hombres nunca se imaginan a sí mismos como suficientemente ricos, están constantemente ocupados y metidos en líos; pero aquellos que pueden tomar el estado primitivo y la creación de Dios como su modelo pueden aprender a estar contentos con un poco; como sabiendo que los deseos de riquezas no sólo previenen o destruyen la fe verdadera, sino, cuando se alcanzan, sólo aumentan sus trampas y dificultades. No es impío arrepentirse de lo impío; pero eso no puede suceder mientras los hombres defienden aquello de lo cual se deberían arrepentir. Es un mal argumento evitar la temperancia, o justificar excesos, porque los actores e inventores de los excesos carecerían de sustento; ya que alimentarlos es fomentar el exceso en vez de matarlo de hambre. Que aquellos mercaderes de vanidad que han obtenido suficiente, estén contentos de retirarse, y gastarlo de una manera más honestamente de la cual lo obtuvieron; y aquellos que son muy pobres, más bien sean auxiliados por la caridad para obtener mejores empleos. Esto es más prudente, más cristiano, que consumir dinero en juguetes y locuras tan necias. Las casas públicas de trabajo serían remedios efectivos para todos estos apetitos holgazanes y lujuriosos, con más ganancias y una mejor conciencia. Por lo tanto los cristianos no pueden, no se atreven, a justificar nuestra conducta por la del mundo. No, sino por nuestra sencillez y moderación testificamos en contra de tales vanidades extravagantes; y por medio de nuestra vida seria y constante manifestamos nuestra aversión, en nombre de Dios, de tal curiosidad intemperante y suelta. Sí, incluso nos negamos a nosotros mismos lo que de otra manera podríamos usar legítimamente con una indiferencia justa, si no satisfacción, por causa de ese abuso que está entre el público general.

[Hoy en día el comercio está dominado por corporaciones, no propietarios únicos como menciona Penn aquí. Y aunque los propietarios podían ser persuadidos a estar contentos con mucho, y no esforzarse por obtener más, dándole así espacio a los competidores más pequeños para que crezcan y prosperen también; esto es imposible con las corporaciones porque ellas tienen una posesión insaciable que cambia, la que compra acciones esperando crecimiento y demandando crecimiento. Todo el mundo financiero hoy en día está enfocado en ingresos y ganancias cada vez más grandes en las corporaciones que tienen acciones que son vendidas públicamente.]

11. Objeción 4. Yo sé que algunos están listos para objetar aun más: ¿Acaso Dios nos ha dado estos gozos a propósito para condenarnos si los usamos? Respuesta: Pero a tales almas miserables, pobres y necias, quienes quisieran más bien culpar al altísimo y santo Dios con el invento o creación de sus sucias vanidades que querer una súplica para justificar su propia práctica, no sabiendo cómo, por vergüenza, o temor, o amor para desecharas; yo respondo: que lo que Dios hizo para que el hombre lo usara era bueno, y lo que el bendito Señor Jesucristo permitió o mandó, o nos dio en su ejemplo celestial, debe ser observado, creído y practicado (Lucas 8:14; 12:28-31). Pero en todo el catálogo de las escrituras dado a ambos, nunca encontré vestimentas, recreaciones y maneras de vivir, en tanta solicitud con la generalidad de los cristianos en esos tiempos. No ciertamente, Dios creó al hombre como una criatura santa, sabia, sobria, seria y razonable, apta para gobernarse a sí mismo y al mundo. Pero la divinidad era entonces el gran objeto de su razón y placer; todos los gozos externos de los dones de Dios eran para suplir la necesidad, conveniencia, y deleite legítimo — (con esta provisión también), que el Todopoderoso debía ser visto, y gozado sensiblemente y reverenciado en el gozo de todos ellos. Pero qué lejos están los cristianos de estos tiempos de esta institución primitiva no es difícil de determinar, aunque ellos hacen pretensiones tan grandes a ese Jesús santísimo. Él, quien no sólo le dio al mundo una cierta evidencia de una feliz restauración por su propia venida, sino que prometió su asistencia a todos los que quisieran seguirle en la negación propia y el camino de su santa cruz (Juan 8:12; 15:7-8; 17:20); y por lo tanto él ha tan severamente mandado a nada menos en todo, si ellos quieren ser salvos para siempre. Yo planteo dos preguntas: 1) si las mentes de los hombres y mujeres no envueltos profundamente en todo exceso y vanidad, están menos envueltas comparadas con aquellos que lo conocen por sólo rumores [o lectura]; y 2) si son así desterrados de la presencia del Señor, por su búsqueda codiciosa de las cosas que son de abajo, y así habiendo perdido el gusto por el placer divino, ¿acaso no se han ellos resignado a un placer imaginario para poder acallar o ahogar su conciencia, y pasar su tiempo sin esa angustia y aflicción que son las consecuencias del pecado, para que ellos puedan estar cómodos y seguros mientras están en el mundo? Que sus propias conciencias declaren la respuesta a estas preguntas (Rom 2:8-9). La tentación de Adán es representada por el fruto de un árbol (Gen 3:6), imitando así la gran influencia de los objetos externos, a medida que exceden en belleza, impresionan nuestros sentidos; por lo tanto a menos que la mente se mantenga en constante vigilancia, tan prevalecientes son las cosas visibles que es difícil que uno escape de ser engañado en ellas (Mar 13:33-37). Y él sólo necesitará ser engañado a veces para poner un velo tan grueso sobre la mente que no sólo continuará con placer sus cadenas hacia la lujuria y la vanidad, sino que orgullosamente censurará a los que rehúsan confían en ellas, pidiendo mucho por ellas, como serviciales y convenientes. Qué pasiones extrañas generan estos objetos que perecen en aquellas mentes donde se les permite, y se entretienen la lujuria y la vanidad. Pero Cristo Jesús es manifestado en nosotros, y nos a dado una muestra y entendimiento de Aquel que es verdad; y a todos ellos una proporción de su buen Espíritu, lo suficiente si ellos lo obedecieran, para redimir sus mentes de ese cautiverio en el que han estado a la lujuria y la vanidad; y completamente rescatarlos del dominio de todos los objetos visibles, y cualquier cosa que gratifique los deseos de los ojos, los deseos de la carne, y la vanagloria de la vida (1 Juan 2:15-16). Por Él ellos pueden ser regenerados en sus mentes, cambiados en sus afectos, y tienen todo su corazón puesto en las cosas de arriba, donde ni la polilla ni el moho puedan pasar, ni entrar a dañar o destruir.

12. Pero es una señal manifiesta de qué molde y hechura son las personas, que practican y ruegan por esos trapos y placeres egipcios vergonzosos. Es de esperar que nunca supieron, o de temer que han olvidado, la vida humilde, simple, mansa, santa, de negación propia y ejemplar, con la que el Espíritu eterno santifica a todos los corazones obedientes. Sí, es incuestionable que los tales siempre han sido ignorantes, o que ellos han perdido de vista esta buena tierra, ese lugar celestial, esa heredad bendita que ellos una vez tuvieron una expectativa de tener (Gál 5:22-25; Efe 5:8-11,15-16). ¡Oh, que ellos pudieran retirarse un rato, sentarse, y sopesar y considerar consigo mismos donde están, y el trabajo y la voluntad de quién están haciendo! ¡Que ellos una vez creyeran que el diablo no tiene una estrategia más destructiva para sus almas inmortales que esta de ejercitar sus mentes en las modas necias y recreaciones sueltas de los tiempos! Grandes y groseras impiedades engendran un aborrecimiento en la opinión de entendimiento y reputación sobrios; y por lo tanto, debido a que el diablo ve correctamente que tales cosas no tienen éxito con muchos, es su próximo, y el más fatal, diseño para encontrar otros entretenimientos que tienen menos apariencia de completo mal, (aunque más aceptable, debido a menos escándalo). Y entonces el diablo promueve más placer en sus placeres, a propósito para ocupar y arrestar a la gente, alejándolos de una búsqueda e indagación diligente, tras esos asuntos que necesariamente preocupan su paz eterna (Efe 6:10-17). Siendo ignorantes de la vida celestial, ellos puede que no sean inducidos a seguirla; pero al ser sólo formalmente religiosos, de acuerdo a las tradiciones y preceptos de otros, proceden a sus placeres comunes, y no encuentran prueba de ello, a la vez que su religión y su conducta están de acuerdo en casi todo. Por lo tanto un aumento en el conocimiento de Dios, yendo de gracia en gracia, creciendo a la medida de la estatura de Jesucristo mismo (Efe 4:12-13), no es conocido. Pero como lo fue al comienzo a la edad de siete años, así es a los setenta; aunque no tan inocente, a menos que sea por razón del viejo dicho: "Los hombres viejos son niños dos veces."

¡Oh! el misterio de piedad, la vida celestial, el verdadero cristiano, y otra cosa. Por lo tanto concluimos que como el diseño del diablo, donde él no puede envolver y atraer hacia el pecado grosero, es ocupar, deleitar y atraer las mentes de hombres y mujeres por entretenimientos que parecen más inocentes, a propósito para que él pueda más fácilmente asegurarlos de que no piensen en su deber y progreso, y obediencia al único Dios verdadero, lo cual es vida eterna (Juan 17:3). Y de esa manera arrebatar sus mentes de las cosas celestiales y eternas; de manera que aquellos que podrían ser liberados de esas trampas se preocupen de las enseñanzas santas, justas, serias y de negación propia de la gracia de Dios y su espíritu en sí mismos, para que puedan rechazar, y para siempre abandonar la vanidad y el mal (Tito 2:11-15); y por una conducta reformada condenar al mundo en su intemperancia. Así se obtendrá el verdadero discipulado, porque de otra manera muchas consecuencias enormes y destructivas seguirán. Es para animar a tales personas impías a continuar y proceder en el oficio de alimentar la lujuria de las personas; y de esa manera los tales se hacen a sí mismos participantes de sus plagas, quienes, por medio de un nuevo deseo continuo por las curiosidades similares, y esa manera de gastar tiempo y propiedad, los inducen a gastar más tiempo estudiando cómo abusar el tiempo; temiendo, por medio de sus ahorros y pequeña mesada, esos pródigos deberían recordar la casa de su padre. Porque sea lo que sea que piensen, anzuelos más agradables, objetos atrayentes, entretenimientos reconocidos, emisarios astutos, sermones aceptables, charlas insinuantes, oradores fascinantes, el astuto diablo nunca ha tenido, por lo cual persuadir y atrapar las mentes de la gente, y totalmente desviarlas de las reflexiones celestiales y meditaciones divinas, que la vestimenta, los deportes, los juegos, y los pasatiempos de esta era pagana, la escuela y el taller de Satanás, antes tan razonablemente condenados.

CAPÍTULO XVIII

Pero a pesar de que estos desvíos de pasatiempo son destructivos, y por lo tanto en contra de la ley de Dios, yo nunca escuché ninguna crítica más allá de la mera indiferencia. Sin embargo tan grande es su abuso, tan universalmente triste son sus efectos, como una infección, que ellos deberían ser rechazados por todos. Deberían ser especialmente rechazados por aquellos cuya sobriedad los ha preservado en este lado de ese exceso, o cuyos juicios, aunque en sí mismos sean culpables, pueden ver que son un desperdicio de tiempo. Porque ¿qué es indiferencia, sino lo que puede ser hecho, o que quedar sin hacer? Sin embargo tanto la razón como la religión enseñan que cuando estas cosas se satisfacen, el quitarlas llega a ser una cruz para sus deseos; por lo tanto los desvíos de pasatiempo sobrepasan la mera indiferencia, y llegan a ser una necesidad de sus vidas. Esto viola la naturaleza misma de las cosas, y entra un perfecto abuso; y consecuentemente ellos ya no pueden ser considerados en el rango de las cosas simplemente indiferentes, sino violan la ley.

[Penn está diciendo que cuando nuestros placeres de pasatiempo son más importantes que buscar a Dios, ellos son ídolos que violan la ley.]

2. Ahora que todo el intercambio de cosas, en contra de las cuales he contendido tan seriamente, son generalmente abusadas por el exceso en casi todas las edades, sexos, y cualidades de las personas, ellas serán confesadas por muchos; pero aquellos que las usan sin abuso, al no ver ningún mal sólo porque otros las abusan y así son dañados. Yo respondo que debido a que ellos han reconocido su indiferencia a estas cosas; y si es así, debido a que ellos reconocen su gran abuso, ellas deberían ser completamente abandonadas. Porque debido a que ellos pueden dejarlas como se hace en cualquier momento, seguramente deberían entonces por deber ser dejadas, cuando su uso alienta el exceso general, y un mero apoyo a que otros las continúen abusando, porque ellos encuentran personas consideradas sobrias que los imitan, o de otra manera les dan un ejemplo (Fil 3:17). Los preceptos no son ni la mitad de lo forzosos de lo que son los ejemplos.

[Penn está diciendo que aunque usted pueda ser capaz de participar en placeres de pasatiempo de manera segura, su participación es una promoción para aquellos que son indulgentes hasta el exceso y que se dañan a sí mismos; por lo tanto debemos abstenernos por consideración del bienestar de otros].

3. Todos los que pretenden ser serios deberían inspeccionarse a sí mismos, y ver si han sido muy deseosos de ayudar en los excesos. Una persona nunca se puede apurar mucho para salir de esas inconveniencias que por su ejemplo pasado él ha llevado a alguien; que por un nuevo ejemplo esa persona pueda poner un control conveniente a la intemperancia de otros. Un padre sabio siempre aleja esos objetos, no importa lo inocentes que sean en sí mismos, que son muy predominantes sobre los sentidos débiles de sus hijos, con el propósito de que sean dejados. Y es tan frecuente en los hombres doblar tanto un palo torcido en la dirección opuesta, que pueden al final enderezarlo. Aquellos que tienen más sobriedad que otros no deberían olvidar su mayordomía, sino ejercitar ese don de Dios para la protección de su prójimo. Fue el asesino Caín quien le preguntó al Señor: "¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?" (Gen. 4:9). Porque todo hombre está necesariamente obligado a eso; y por lo tanto debería ser tan sabio como para negarse a sí mismo el uso de tales placeres indiferentes que no pueden ser usados por él sin animar manifiestamente la insensatez de su prójimo.

4. Dios ha emocionado suficientemente a los hombres a lo que se dice; porque en el caso de la serpiente de bronce (2 Reyes 18:3-4), la cual era una institución celestial y un tipo de Cristo, Él con gran desagrado mandó a que se rompiera en pedazos porque ellos estaban muy encariñados y la adoraban. Sí, las mismas arboledas, no importa cuán agradables sean para la situación, hermosas por sus caminatas y árboles, deben ser cortadas; ¿y por qué? Sólo porque ellas habían sido abusadas por usuarios idólatras. Y ¿qué es un ídolo sino aquello sobre lo cual la mente pone una sobre-estima o valor? Nadie se puede beneficiar tanto por una cosa indiferente como otros al no usar esa libertad abusada.

5. Si esas cosas fueran convenientes en sí mismas, lo cual es un paso más cerca de la necesidad que la mera indiferencia, sin embargo por las circunstancias ellos llegaron a ser prejuiciosos, tal conveniencia misma debe ser quitada; mucho más lo que es sólo indiferente debería ser negado. La gente no debería considerar sus satisfacciones privadas más que un bien público; ni complacerse a sí mismos en un uso muy libre de cosas indiferentes, a costo de ser perjudicial para el público como ciertamente lo son, cuyo uso de ellos, si no peor, llega a ser un mal ejemplo para otros, y engendra una impaciencia en sus mentes para tener lo similar. Por lo tanto es tanto razonable como obligatorio en todos hacer sólo tales cosas necesarias como cuidar la vida y la piedad (2 Ped 1:3), y emplear su libertad con más ventaja para sus prójimos. Por lo tanto esta es una obligación doble; una es no ser un mal ejemplo en el uso de tales cosas, que aunque ellos las puedan usar, sin embargo no sin dar mucho ánimo al abuso y vanidad excesiva de sus prójimos. La otra obligación es que ellos deben ir tan lejos como para rendirse en consideración de tales personas religiosas, quienes están ofendidos con estas modas, y esa clase de conducta como para rechazarlos (Rom 14:1-23).

[Penn está diciendo que deberíamos rechazar los pasatiempos: 1) por causa de aquellos que son dañados en su indulgencia y 2) para no ofender a la gente de las sectas fundamentales que los ven como pecados.]

6. Ahora aquellos que, no obstante lo que he instado, procederán de todas maneras; ¿qué es eso sino que ellos han estado tan envueltos y sus afectos en ellos, que es muy difícil reformarlos; y eso por todas sus muchas solemnes declaraciones en contra de su deseo por tales necedades, ellos realmente los aman más que Cristo y su cruz? Los tales no pueden buscar el bien en otros, quienes tienen tan poco respeto por lo suyo propio. Porque, después de una seria consideración, ¡qué vanidad, orgullo, ociosidad, gasto de tiempo y propiedades han sido y todavía son! ¡Cuántas personas se comportaron de manera libertina alejándose de su primera sobriedad, y las mujeres de su dulzura natural e inocencia, hacia prácticas sueltas, ligeras, lascivas, y muchas veces más enormes! Cuántas propiedades abundantes han sido sobrepasadas por numerosas deudas; la castidad entrampada por intrigas malditas y lujuriosas; la salud de la juventud sobrepasada por la captura apresurada de los destemples que no son naturales, y los días restantes de los tales son gastados sobre un estante de la búsqueda de sus vicios, y se hicieron esclavos a los no misericordiosos pero necesarios efectos de sus placeres desordenados. Y en esta agonía ellos prometen la temperancia más grande, pero no están más pronto fuera de ella, que en su vicio otra vez (Lam 4:5, Job 21:13-14,Sal 55:23, 37:10, Ecl 8:12, Sal 37:1-2, Pro 2:22).

7. Que estas cosas son así, y casi innumerablemente más, estoy persuadido que ninguna persona ingenua de cualquier experiencia puede negar. Cómo entonces, después de seria reflexión, cualquiera que pretenda tener conciencia, o el temor del Dios Todopoderoso, puede continuar más tiempo en el atuendo, gremio, y conducta de aquellos cuya vida entera tiende a poco más de lo que he repetido, mucho menos unirse con ellos en su exceso abominable, lo dejo al justo principio en sí mismo para que lo juzgue (Jer 16:5-9). ¡Seguro que no! Esto no es obedecer la voz de Dios, quien en todas las edades clamó en alta voz a todos, Salid (¿de qué?) de los caminos, modas, conversaciones, y espíritu de Babilonia (Isa 3:13-16, Jer 1:16, 15:6-7, Amós 6:3-7). ¿Qué es eso? La gran ciudad de todas esas prácticas vanas, necias, inmorales, superfluas e impías, en contra de las cuales las escrituras denuncian con los juicios más terribles; atribuyéndole toda la intemperancia de los hombres y mujeres a la copa de iniquidad que ella les ha dado a beber; quienes no están preocupados de las cosas de la iniquidad, como si ellos deberían estarlo. Y por testigo, Juan en su revelación dice, en la descripción de ella, cómo ella se ha glorificado a sí misma tanto, y vivió deliciosamente, por lo tanto denle tal tormento y pena. Y los reyes de la tierra, quienes han vivido deliciosamente con ella, se lamentarán de ella; y los mercaderes de la tierra llorarán y se lamentarán por ella; porque ningún hombre todavía compra su mercancía. La mercancía de oro, y plata, y piedras preciosas, y de perlas, y lino fino, y púrpura, y seda, y escarlata, y madera fragante, y toda clase de objetos de marfil, y toda clase de objetos de la madera más preciosa, y de bronce, y hierro, y mármol; y canela, y olores, y ungüentos, e incienso, y vino, y aceite, y harina fina, y trigo, y bestias, y ovejas, y caballos, y carruajes, y esclavos, y almas de los hombres (Apoc 18:7-9,11-13). Contemplen el carácter y el juicio del lujo; y aunque yo sé que tiene un significado espiritual más grande que lo que es literal, sin embargo hay suficiente para mostrar la pompa, abundancia, plenitud, ociosidad, alivio, inmoralidad, vanidad, lujuria, y exceso de lujos que reinan en ella. Pero en el día terrible ¿quién irá todavía al intercambio de ella? ¿Quién irá a sus obras de teatro? ¿Quién seguirá sus modas entonces? ¿Y quién traficará en sus delicados inventos? Ni uno; porque ella será juzgada. Ninguna súplica excusará o la rescatará de la ira del juicio; porque fuerte es el Señor quien lo realizará (Apoc 18:8). Si esas súplicas razonables no prevalecen, sin embargo yo les advertiré en la repetición de parte de la ruina miserable de Babilonia; piensen, mis amigos, más cosas celestiales se apresuran a obedecer ese Espíritu justo [dentro de ustedes], que quisiera ejercitar y deleitarlos en lo que es eterno; o de otra manera con Babilonia, la madre de la lujuria y la vanidad, los frutos que sus almas desean se apartarán de ustedes, y todas las cosas que son delicadas y considerables se apartarán de ustedes, y ustedes ya no las encontrarán. ¡Oh hombre rico que ignoras a Lázaro! No más (Apoc 18:14). Pongan sus tesoros, entonces, en el cielo, oh habitantes de la tierra, donde nada puede penetrar para dañarlos (Lucas 12:33-34); pero donde el tiempo pronto será tragado en la eternidad.

8. Pero mis argumentos en contra de estas cosas no terminan aquí porque lo opuesto más que nade conduce al bien; a saber, temperancia en la comida, simpleza en la vestidura, con un espíritu manso, avergonzado y quieto, y esa conversación que sólo expresa lo mismo en toda honestidad piadosa; como dijo el apóstol: "Que ninguna comunicación corrupta salga de sus bocas, sino lo que es bueno para edificar, para que pueda ministrar gracia a los oyentes; ni la suciedad, ni las conversaciones necias, ni bromear, sino más bien dar gracias; no dejen que nadie los engañe con palabras vanas, porque de estas cosas viene la ira de Dios a los hijos de desobediencia" (Col 4:5-6, 1 Tes 4:11-12, 1 Ped 3:1-4, Efe 4:29, 5:3-6, 1 Tim 4:12, Fil 3:16-20). Si los hombres y mujeres fueran así adornados de esta manera verdaderamente cristiana, la impudicia pronto recibiría un control; y la lujuria, el orgullo, la vanidad, y la inmoralidad encontrarían una reprimenda (2 Pedro 2:12; Prov 31:23-31; Santiago 2:2-9). Ellos no podrían atacar tal castidad universal o encontrar tal austeridad piadosa. La virtud tendría crédito, y el vicio estaría atemorizado y avergonzado, y el exceso no se atrevería a mostrar su cara. Habría un fin de la glotonería y la sofisticación en el vestido, los títulos aduladores, y la vida lujosa (2 Pedro 3:11); y entonces la inocencia primitiva y la simplicidad volverían (Salmo 26:6), y esa vida simple, completa, e inofensiva sería restaurada, sin mucha preocupación acerca de qué deberíamos comer, beber o con qué vestirnos (Lucas 12:22-30), como Cristo nos dice que hicieron los gentiles, y como sabemos que las personas en estos tiempos hacen diariamente, detrás de toda su conversación de religión. Pero vivir como los antiguos, quienes con cuidado moderado por las necesidades y conveniencias de la vida, se dedicaron a sí mismos a los asuntos del reino celestial, y más se ocuparon en mejorar en la justicia que en aumentar la riqueza; porque ellos pusieron sus tesoros en el cielo (Mat 25:21), y soportaron tribulaciones por una herencia que no puede ser quitada.

9. Pero la temperancia por la cual yo suplico no sólo es religiosamente buena sino también políticamente: es para el provecho del buen gobierno el frenar y reprender el exceso; esto previene muchas maldades. El lujo trae afeminamiento [hombres que llegan a ser más blandos y débiles, dados al placer], pereza, pobreza y miseria (Prov 10:4; Ecl 10:16-18); pero la temperancia conserva la tierra. Deja fuera las vanidades exteriores, y mejora nuestras propias mercancías. Ahora somos sus deudores, pero entonces estas cosas serían nuestros deudores para nuestra fabricación oriunda. Por este medio, tales personas que por sus excesos, no su caridad, han prometido sus propiedades, pueden en un espacio corto ser habilitados para aclararlos de esos estorbos que de otra manera, como polillas, pronto se comen esas abundantes ganancias. Mejorar sus pequeña existencia le ayuda a las personas de medios humildes, para que ellos no gasten sus apreciadas ganancias y salarios duramente ganados en vestiduras superfluas, juegos necios, obras de teatro, bailes, espectáculos, tabernas, cervecerías, y necedades e intemperancia de ese tipo, de lo cual esta tierra está infestada, y por lo cual es hecha más ridícula que cualquier reino en el mundo. Porque ninguna nación que yo conozco está tan infestada con charlatanes* tramposos, bailarines salvajes,** carteristas, y jugadores que actúan, haciéndole un desaire a la religión, vergüenza para el gobierno y gran ociosidad, gasto y desenfreno de la gente; por lo cual el Espíritu es afligido, y los juicios del Todopoderoso están a la puerta, y la frase lista para ser pronunciada: "El que es injusto, haga injusticia todavía." (Apoc 22:11; Ecl 12:1). Por lo tanto no podemos más que a voz alta clamar acerca de la generalidad de los tiempos, y testificar tanto por nuestra vida como por nuestra doctrina en contra de tales vanidades y abusos, que si posiblemente alguien pueda ser alejado de su necesidad, y escoger el buen camino antiguo de la temperancia, la sabiduría, la seriedad, y la santidad, la única manera de heredar las bendiciones de la paz y la abundancia aquí, y la felicidad eterna después.

* charlatanes- alguien que vende medicinas en lugares públicos que sólo tienen curas falsas.
** bailarines salvajes- Hombres en faldas escocesas que bailan desenfrenadamente.

10. Finalmente, suponiendo que no tuviéramos ninguna de estas razones anteriores para reprender justamente la práctica del mundo en estas cosas en particular; sin embargo, que sea suficiente para nosotros el decir, que cuando la gente primero ha aprendido a temer, adorar, y obedecer a su Creador, a pagar sus numerosas deudas viciosas, a aliviar y ayudar a sus oprimidos arrendatarios; pero más que ninguna consideración externa, cuando las caras pálidas son más compadecidas, cuando los hambrientos pobres, las viudas angustiadas, los huérfanos desamparados (las obras de Dios y las otras criaturas, son proporcionadas); entonces, yo digo, si entonces será tiempo suficiente para que ustedes defiendan la indiferencia de sus placeres. Pero que el sudor y la labor tediosa del agricultor, temprano o tarde, frío o caliente, mojado o seco, sean convertidos en el placer, descanso y pasatiempo de un pequeño número de hombres; para que el cuidado, el arado, el mayal, en esa severidad continua puesta sobre las diecinueve partes de la tierra deban alimentar los deseos desordenados y deliciosos apetitos de la número veinte, está tan lejos de lo designado por el gran Gobernador del mundo, y Dios de los espíritus de toda carne; que imaginar tal horrible injusticia como los efectos de sus determinaciones, y no la intemperancia de los hombres, es miserable y blasfemo. Como por otro lado, sería para no merecer piedad, ni ayuda, ni alivio del Dios Todopoderoso, que la gente continúe ese gasto en vanidad y placer, mientras las grandes necesidades de tales objetos quedan sin responder; especialmente debido a que Dios ha hecho a los hijos de los hombres nada más que mayordomos de las necesidades urgentes y alivio los unos de los otros. Sí, es ordenado de manera tan estricta, que en la omisión de estas cosas, encontramos que esta terrible frase es en parte válida: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno," etc. (Mat 25:41-46). Como por el contrario, visitar a los enfermos, ir a ver a los encarcelados, aliviar a los necesitados, etc., son tales excelentes propiedades a cuentas de Cristo, que sobre esto Él pronunciará a los tales como bendecidos, diciendo: "¡Venid, benditos de mi Padre! Heredad el reino que ha sido preparado para vosotros," etc. (Mat 25:34-40). De manera que los grandes no deben, como el leviatán en lo profundo, angustiar a los pequeños, mucho menos hacer un deporte de las vidas y el trabajo de los que son menos, para satisfacer sus sentidos desordenados.

11. Por lo tanto yo humildemente ofrezco una atención a la seria consideración de los magistrados civiles, que, si el dinero que es gastado en cada parroquia en tales modas vanas como usar encaje, joyas, bordados, cintas innecesarias, recortes, muebles costosos, y asistencia, junto con lo que es comúnmente consumido en tabernas, fiestas, juegos, etc., pudiera ser recolectado en un suministro público, o algo más en vez este gasto extravagante e infructífero, puede haber una reparación para los arrendatarios que estén quebrantados, lugares de trabajo para los que son capaces, y asilos para los ancianos e impotentes. Entonces no tendríamos mendigos en la tierra, el llanto de la viuda y del huérfano cesarían, y el alivio caritativo podría fácilmente usarse para la redención de los cautivos que son pobres, el refrigerio de tales protestantes afligidos como los que trabajan bajo la miseria de la persecución en otros países. No, las necesidades de Échiquier, en sólo emergencias, pueden ser suplidas por un banco así. Este sacrificio y servicio le agradaría al justo y misericordioso Dios; sería un ejemplo de seriedad y temperancia para los estados extranjeros, y un beneficio innombrable para nosotros aquí.

¡Ay! ¿Por qué deben los hombres ser persuadidos acerca aquello a lo que su propia felicidad tan necesariamente los lleva? Si los virtuosos de estos tiempos tuvieran aunque sea un sentido de la generosidad del pagano Catón, ellos preferirían negar sus apetitos carnales que dejar tal noble iniciativa sin hacer. Sino que ellos debieran comer, beber, jugar y desgastar su salud, sus propiedades, y más que nada, su irrevocable y precioso tiempo, que debería ser dedicado al Señor como una introducción necesaria a la bendita eternidad, y que, si ellos sólo lo supieran, ninguna comodidad mundana competiría con ello. Yo digo, que el que ellos estén continuamente ocupados con estas pobres y humildes cosas, es hacer que los paganos los juzguen en los días de Dios, así como los preceptos y ejemplos cristianos los condenan. Y su ruina final será más extraordinaria, en que esta vanidad y exceso son realizados bajo una profesión de la religión de negación propia de Jesús, cuya vida y doctrina son un reproche perpetuo para la mayoría de los cristianos. Porque Él era humilde, pero ellos son orgullosos; Él es perdonador, ellos vengativos; Él es manso, ellos feroces; Él es simple, ellos llamativos; Él es abstemio, ellos suntuosos; Él es casto, ellos descontrolados; Él es un peregrino en la tierra, ellos son ciudadanos del mundo. En verdad, Él nació pobre, pobremente atendido, y oscuramente criado; Él vivió despreciado, y murió odiado por los hombres de su propia nación. ¡Ustedes que pretenden ser seguidores de este Jesús crucificado! Examínense a sí mismos, pruébense a sí mismos, para ver si no se conocen a sí mismos; si Él no mora, si Él no gobierna en ustedes, para ver si ustedes son reprobados. (2 Cor 13:5) No os engañéis; Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre siembre, eso mismo cosechará, (Gál 6:7-8) al final con arrepentimiento forzado,* lo que ustedes siembren, eso segarán en el día de Dios. Yo les imploro que me oigan, y recuerden que fueron invitados y ofrecidos la salvación de Dios. Lo que siembres, eso cosecharás: si ustedes son enemigos de la cruz de Cristo — y ustedes lo son si no la llevan, pero hacen lo que quieren, y no lo que deben; si ustedes no están circuncidados en el corazón y el oído, y ustedes son así si ustedes no oyen, y le abren a Aquel que llama a la puerta en el interior; y si ustedes resisten y apagan el Espíritu en ustedes mismos que se esfuerza para llevarlos a Dios, (lo cual ciertamente hacen cuando se rebelan en contra de sus propuestas, reprensiones e instrucciones), entonces ustedes siembran en la carne para satisfacer sus deseos, y de la carne ustedes cosecharán los frutos de corrupción, aflicciones, angustia, y tribulación (Rom 2:8-9), de Dios, el Juez de los vivos y los muertos, por Jesucristo. Pero si ustedes diariamente llevan la santa cruz de Cristo, y siembran para el Espíritu; si ustedes oyen a la luz y la gracia que viene de Jesús, y que Él ha dado a todo el pueblo para salvación; y conforman sus pensamientos, palabras, y acciones de acuerdo a ella, lo cual guía y enseña a los que la aman a negar toda impiedad y los deseos del mundo, y a vivir sobria, justa y piadosamente en este mundo impío presente, entonces pueden ustedes con confianza buscar la bendita esperanza y gozosa venida, y gloriosa aparición del gran Dios y salvador, Jesucristo (Tito 2:11-13). Que así sea, ¡Oh ustedes cristianos, y escapen la ira que ha de venir! ¿Morirán ustedes? Dejen que el tiempo que ha pasado baste: recuerden que si no hay Cruz, no hay Corona. Rediman su tiempo, porque los días son malos (Efe 5:16), y los de ustedes son pocos (Santiago 4:14). Por lo tanto ciñan los lomos de sus mentes, sean sobrios, velen, oren, y soporten hasta el final; recordando para su ánimo y consuelo, que todos los que por medio de la paciencia y el hacer el bien esperan la inmortalidad (Rom 2:7) cosecharán gloria, honor, y vida eterna en el reino del Padre, de quien es el reino, el poder, y la gloria para siempre. Amén.

*Penn escribe acerca del arrepentimiento forzado en la próxima vida, (el infierno), para aquellos que no se arrepienten a través de la cruz en esta vida. Dios sólo indirectamente fuerza nuestro arrepentimiento. Él le da a todos lo que desean en su corazón, Él nos pone en la oscuridad sin su influencia restrictiva para que nosotros nos dejemos llevar por los deseos de nuestro corazón hasta estar saciados con ellos y hasta que lleguen a ser molestos, desagradables, y finalmente horriblemente opresivos — tan horribles que escogemos desesperadamente arrepentirnos de ellos.

Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán temprano y diligentemente y no me hallarán,
por cuanto aborrecieron el conocimiento y no escogieron el temor de Jehovah.
No quisieron mi consejo y menospreciaron toda reprensión mía.
Entonces comerán del fruto de su camino y se saciarán de sus propios deseos.
Porque el descarrío [de mi consejo] de los ignorantes los matará, y la dejadez descuidada de los necios los destruirá. Prov 1:28-32

 

El Fin

Existe una Parte III de No Cruz, No Corona en la cual Penn cita a veintenas de gobernadores paganos antiguos y filósofos que escribieron de la virtud. Penn esperaba que la clase alta de Inglaterra (quienes estaban llevando a Inglaterra por los caminos de la disipación), pudiera hacer más caso a los paganos antiguos de lo que le hacían caso a Pedro o Pablo.

Aunque es históricamente interesante, ha sido omitido con la confianza que los lectores de hoy en día están convencidos por los escritos de Pedro, Pablo, Juan, Judas, Santiago, Mateo, Marcos, Lucas, Jorge Fox, William Penn, William Dewsbury, Esteban Crisp, Margarita Fox, Francis Howgill, Edward Burrough, Isaac Penington, y otros.

El propósito de este sitio web es mostrar cómo llegar a ser
libre de pecado
al beneficiarse del poder de Dios que produce cambio a través de la cruz,
que lleva a la unión con Dios en su reino.


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