La Cruz Perdida de la Pureza



CAPÍTULO V

1. YO TENGO ahora que ir al yo ilegítimo, que, más o menos, es la preocupación inmediata de gran parte de la humanidad. Este yo ilegítimo tiene dos facetas. Primero, en lo que se refiere a la adoración religiosa; y segundo, aquello que tiene que ver con la conducta moral y civil en el mundo. Y ambos tienen infinitas consecuencias para que nosotros las consideramos, en lo cual seré tan breve como pueda, con tranquilidad en mi conciencia, y sin perjuicio al asunto.

2. Ese yo ilegítimo en la religión, que debe morir por la Cruz de Cristo, es el invento humano y el comportamiento humano de adoración a Dios como divino, lo cual no es así, ni en su institución o su comportamiento. Aquellas personas se llaman a sí mismas cristianas, a pesar de que son muy externas, presuntuosas, y supersticiosas en su adoración. Estas personas no sólo no están espiritualmente preparadas en su manera de adorar a Dios Todopoderoso, quien es un Espíritu Eterno; sino que su adoración misma es completamente inconsistente con la forma y la práctica de la doctrina de Cristo, como también difieren del ejemplo de los apóstoles. La adoración de los apóstoles era simple y espiritual; la de ellos es chillona y mundana. La verdadera adoración de Cristo es mayormente interna y mental; la adoración de ellos es exterior y realizada físicamente. La adoración de los apóstoles se conformaba a la naturaleza de Dios, quien es espiritual, mientras que la de ellos se centra en la parte más carnal del hombre. De manera que, en vez de excluir la carne y la sangre, ellos muestran una adoración calculada para gratificar la carne y la sangre; como si su adoración no estuviera diseñada para agradar a Dios, sino para agradarse a sí mismos. Una adoración vestida con tales edificios majestuosos e imágenes, muebles y adornos lujosos, raras voces y música, lámparas costosas, velas de cera, e incienso; y todo actuado con esa variedad tan placentera a los sentidos externos que puede inventar o comprar el dinero. Su adoración es como si el mundo se hubiera convertido en judío o egipcio otra vez; o que Dios era en realidad un hombre anciano, y Cristo un niño pequeño, para ser tratado con un tipo de máscara religiosa, porque así se lo imaginan ellos en sus templos, y muchos en sus mentes. Y la verdad es que tal adoración puede muy bien adaptarse a una idea tan errónea de Dios; porque cuando los hombres pueden pensar que Él es como ellos, no sorprende que ellos se dirijan a Él en la manera más agradable en que otros se dirigen a ellos.

3. ¿Pero qué le dijo el Todopoderoso a la gente tan sensual en el tiempo antiguo, muy similares a hoy en día? "Ciertamente pensabas que yo sería como tú, pero yo te reprenderé, y pondré tus pecados ante tus ojos. Entended pues esto, los que olvidáis de Dios, no sea que yo os arrebate sin que nadie os libre." Pero, "al que ordena su camino, le mostraré la salvación de Dios " (Sal 50:21-23). Esta es la adoración que es aceptable para Él, "hacer justicia, amar la misericordia, y caminar humildemente con Dios" (Miq 6:8). Porque Aquel que escudriña el corazón, y prueba la moderación del hombre, y pone sus pecados en orden ante él, quien es el Dios de los espíritus de toda carne, no mira la tela exterior, sino el marco interno del alma, y la inclinación del corazón. Ni tampoco es algo que es pensado sobriamente, que Aquel que está "vestido de gloria y de esplendor divinos; quien se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una tienda; que construye sus altas moradas sobre las aguas, que hace de las nubes su carroza, que anda sobre las alas del viento; que hace a los vientos sus mensajeros, y a las llamas de fuego sus servidores. Él fundó la tierra sobre sus cimientos; no será jamás removida " (Sal 104:1-5), puede ser adorado adecuadamente por esos inventos humanos, el refugio de un pueblo apóstata del poder original de la religión y espiritualidad de la adoración cristiana.

4. Cristo sacó a sus discípulos de la gloria y la adoración del templo exterior, e instituyó una adoración más interna y espiritual, en la cual Él instruyó a sus seguidores. "Ni en este monte ni en Jerusalén," le dijo Cristo a la mujer samaritana, "adoraréis al Padre; Dios es espíritu, y aquellos que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad " (Juan 4:21-24). Como si Él hubiera dicho, por causa de la debilidad de las personas, Dios condescendió en el tiempo antiguo a limitarse a sí mismo a un tiempo, lugar, templo y servicios externos, en el cual y por medio del cual Él sería adorado; pero esto fue durante el tiempo de la ignorancia de su omnipresencia, [él está en todas partes, incluyendo dentro de nosotros], y ellos no consideraron lo que Dios es, ni tampoco donde está. Pero yo he venido a revelarlo a cuantos quieran recibirme; y yo les digo que Dios es Espíritu, y debe ser adorado en espíritu y en verdad. La gente debe conocerlo como un Espíritu, y considerarlo y adorarlo como tal. No es que esa adoración corporal, y servicios de ceremonias, que son usadas por ustedes ahora, servirán o serán aceptadas por Dios quien es Espíritu: no, ustedes deben obedecer su Espíritu que contiende con ustedes, para sacarlos del mal del mundo; que al inclinarse a las instrucciones y mandamientos de su Espíritu en sus propias almas, ustedes puedan saber lo que es adorarlo como un Espíritu; entonces ustedes entenderán que no es ir a este monte, o a Jerusalén, sino hacer la voluntad de Dios, guardar sus mandamientos, y estar en contacto con su propio corazón, y no pecar; tome su cruz, medite en su santa ley,* y siga el ejemplo de Él [su obediencia demostrada]** a quien el Padre ha enviado.

*[A menos que usted escuche la voz del Señor y la siga, la ley interna en el corazón de todo hombres es su tutor. Para más información acerca de este tema vea Hasta que todas sus palabras y acciones sean ordenadas por Dios, usted debe obedecer a ley interna en el corazón de cada hombre. A menos que usted pueda adorar en espíritu y en verdad, usted debe estar en silencio para permitirle a Dios que lo prepare para poder hacerlo.

** Mucho antes de que Jesús muriera en la cruz, él nos dijo que nosotros debemos tomar nuestra cruz diariamente, negarnos a nosotros mismos, y perder nuestra vida para salvarla. Entonces él murió sobre la cruz en obediencia al Padre, lo cual él mismo deseó evitar en alguna manera, pero se sometió a una muerte horrible como el ejemplo a nosotros para seguir. Si no tomamos nuestra cruz interna de la negación propia, estamos menospreciando la muerte y la sangre de Cristo.]

5. Por lo tanto Esteban, ese audaz mártir de Jesús, le dijo a los judíos, cuando era prisionero por disputar acerca del fin de su amado templo y sus servicios, pero acusado falsamente de blasfemia, dijo "Salomón le edificó una casa a Dios; no obstante el Altísimo no habita en casas hechas por mano, como dice el profeta: ' El cielo es mi trono, y la tierra es el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor. ¿Cuál será el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas?"' (Hechos 7:47-50). Reconozca que este es un derrocamiento de todos los templos mundanales, y sus adoraciones ceremoniales. Esteban continúa su ataque sobre los judíos apóstatas, quienes en esos tiempos eran adoradores presuntuosos, ceremoniosos y mundanos: "¡Duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo. Como vuestros padres, así también vosotros." (Hechos 7:51). Como si Él les hubiera dicho: sus templos externos, ritos, y servicios oscuros, sus pretensiones para la sucesión en la naturaleza desde Abraham, y en la religión desde Moisés - todos cuentan como nada. Ustedes resisten el Espíritu, se oponen a sus instrucciones; ustedes no se inclinan a su consejo, ni sus corazones son rectos ante Dios. Ustedes son los sucesores de la iniquidad de sus padres; y aunque son admiradores verbales, sin embargo ninguno son sucesores de los profetas en la fe y la vida.

Pero el profeta Isaías lo lleva un poco más lejos que lo que cita Esteban. Porque después de haber declarado lo que no es la casa de Dios, el lugar donde habita su honor, sigue inmediatamente con estas palabras: "Pero a éste miraré con aprobación: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra." (Isa 66:1-2). ¡He aquí, oh hombre carnal y supersticioso, y el lugar del reposo de Dios! Esta es la casa y el templo de Aquel a quien los cielos no pueden contener; una casa no se puede edificar a sí misma, ni puede ninguno por el poder del hombre preparar o consagrar su casa.

6. Pablo, ese gran apóstol de los gentiles, dos veces se refiere expresamente a la palabra templo como hombre. Una vez en su epístola a la iglesia de Corinto; "¿O no sabéis," dice él, "que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que mora en vosotros, el cual tenéis de Dios?" (1 Cor 6:19), y no el edificio de la mano y el corazón del hombre. Nuevamente él le dice a la misma gente, en su segunda epístola, "Porque nosotros somos templo del Dios viviente, como Dios dijo" (2 Cor 6:16); y después cita las palabras de Dios por medio del profeta, "Habitaré en ellos y andaré en ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo." Este es el templo evangélico, la iglesia cristiana, cuyos ornamentos no son los bordados y muebles del mundo y las riquezas, sino las gracias del Espíritu: benignidad, amor, fe, paciencia, dominio propio y caridad. Aquí está, que la sabiduría eterna, que estaba con Dios desde la eternidad, antes que los montes fueran asentados, antes que las colinas, escoge habitar y "me recreo," dice la sabiduría, "en su tierra habitada, y tengo mi delicia con los hijos del hombre" (Pro 8:22-25,31); no en casas construidas de madera y piedra. Esta casa viviente es más gloriosa que la casa muerta de Salomón; y de la cual la de él era no más que una figura, como él, el edificador, era de Cristo, quien edifica un templo santo para Dios. Fue prometido en el tiempo antiguo, que la gloria de la última casa debiera trascender la gloria de la primera (Hag. 2:9), lo cual se puede aplicar a esto: no un templo o casa externa para superar otra en brillo exterior; ¿porque cuál es el beneficio de eso? Pero la gloria divina, la belleza de la santidad en la casa del evangelio o iglesia, hecha de creyentes renovados, debería exceder la gloria externa del templo de Salomón, el cual, en comparación con los últimos días, era no más que carne al espíritu, con una semejanza apagada de la sustancia eterna.

Pero para todo esto, los cristianos [cuáqueros] tienen lugares de reunión,* sin embargo no en un estado judío o pagano; más bien sus lugares de reunión son simples, libres de pompa o ceremonia, bien adaptada a la simplicidad de su bendita vida y doctrina. Porque la presencia de Dios no está con la casa, sino con aquellos que están adentro, quienes son la iglesia evangélica, no la casa. ¡Oh! si sólo aquellos que se llaman a sí mismos cristianos conocieran la verdadera santidad en sí mismos que viene por el lavamiento de la gracia regeneradora de Dios, en vez de la santidad imaginaria atribuida a los lugares; ellos sabrían entonces lo que la iglesia es, y en estos días evangélicos sabrían dónde está el lugar de la venida de Dios. Esto le hizo a David decir, "Toda gloriosa está la hija del rey; de perlas engastadas en oro es su vestido" (Sal 45:13). ¿Cuál es la gloria que está dentro de la iglesia verdadera, y qué oro es el que forma esa gloria interna? Dime, ¡oh hombre supersticioso! ¿Acaso son tus templos majestuosos, tus altares, mesas, alfombras, tapices; tus vestiduras litúrgicas, órganos, voces, velas, lámparas, incensarios, platos y joyas, con los muebles de tus templos terrenales? Estas cosas no cuentan por nada; no se comparan con los adornos divinos de la hija del Rey del Cielo, la bendita y redimida iglesia de Cristo. ¡Los edificios mundanos son una apostasía miserable! Y son como suplementos desdichados en la pérdida y la ausencia de la vida apostólica, la gloria espiritual de la iglesia primitiva.

*[Por mucho años, los primeros cuáqueros se reunieron en el campo, en graneros, en casas. Entonces ellos procuraron o edificaron casas de reunión sencillas, sin candelabros, lámparas suntuosas, vitrales, santuarios, estructuras góticas de piedra, túnicas, órganos, púlpitos, banquillos para arrodillarse, himnarios, ministros profesionales, coros, recaudadores de dinero, platillos de ofrenda, altares, cruces, ujieres, flores, etc.]

7. Pero sin embargo algunos de estos admiradores de la pompa y la gloria externa en la adoración quieren parecer como amantes de la cruz, y para ese fin han atraído a muchos seguidores. Pero ¡ay! ¿Qué esperanza puede haber de reconciliar la pompa externa con el cristianismo? Porque mientras más cercana esté la pompa a su semejanza, más lejos está en realidad. Su cruz y su negación propia son una forma inventada; y mientras que ellos creen que adoran a Dios con ella, se alejan peligrosamente de la verdadera cruz de Cristo, y esa santa negación propia que Cristo ordenó. Es verdad, tienen una cruz, pero es un sustituto de la real; y es tan delicada que el único requisito es usarla para aparentar. Porque en vez de hacer morir su voluntad con ella, la hicieron y la usan de acuerdo a su voluntad. De manera que la cruz ha llegado a ser su emblema de hacer nada más que lo que ellos quieren. Sin embargo, por medio de su despliegue intencionado de esta insignia de cristiandad, ellos quieren creer que son sus discípulos; pero los verdaderos discípulos nunca hicieron su propia voluntad, sino sólo la voluntad de su Padre celestial.

8. Este es el tipo de cruz que la carne y sangre pueden cagar porque la carne y sangre la inventaron; por lo tanto no es la cruz de Cristo, que crucifica la carne y sangre. Miles de estas cruces no tienen más virtud que un pedazo de estiércol de vaca. Son pobres sombras vacías, ni siquiera imágenes de la cruz verdadera. Algunos las cargan como amuletos, pero no espantan ni un mal con ellas. Pecan con ellas sobre sus espaldas; y aunque las ponen sobre su pecho, sus amados deseos también están allí, sin la menor preocupación. Son tan mudos como los dioses falsos de Elías (1 Reyes 18:27); no hay vida ni poder en ellos. ¿Cómo pueden ellos tener el poder de la vida, cuya materia es terrenal, y cuya figura y hechura no son más que el invento y obra de los artistas mundanos? ¿Es posible que tales cruces puedan curar a sus hacedores de pecado? ¡Por cierto que no!

9. Estos son yugos sin restricción, y cruces que nunca contradicen [la voluntad egoísta del hombre]. Un carga entera de estas cruces dejaría al hombre sin morir, tal como lo encontraron. Los hombres podrían sacarse sus cerebros antes que sus pecados; y eso, me temo, muchos de ellos saben en sus consciencias que las usan. Ellos en realidad las adoran, tal adoración y orgullo sólo es posible con las cruces falsas, ya que la cruz verdadera destruye el orgullo, si en realidad es cargada.

10. Como su religión, su cruz es muy chillona y triunfante; ¿pero en qué? En metales preciosos y gemas, compradas con el dinero de la gente que apoya la superstición. Esta cruces están hechas de tesoros terrenales, en vez de la cruz que lleva a la negación del tesoro terrenal; y como los hombres, las cruces son respetadas por su apariencia externa. Una cruz rica tendrá muchos admiradores y personas que la miren; las cruces pobres, como las otras cosas, son más ignoradas. Yo podría apelar a ellos para que se deshicieran de esta gran vanidad y superstición, que es muy deficiente comparada con la cruz bendita de Jesús, que quita los pecados del mundo, y del pecador.

11. Ni es la vida de un recluso, la justicia de la que muchos se jactan, mucho más encomiable, o una que es destruida más cerca de la naturaleza de la cruz verdadera. Porque no es ilegítima como lo son otras cosas, no es natural, la cual la religión verdadera no enseña. El verdadero convento y monasterio cristiano están dentro del creyente, donde el terreno está protegido del pecado. Los verdaderos seguidores de Cristo llevan esta casa religiosa con ellos, quienes no se hacen exentos de la conversación del mundo, aunque se mantienen alejados del mal del mundo en su conversación. El monasterio o convento es una negación propia perezosa, oxidada, sin provecho, [que no fue mandada], gravosa para otros que sienten su holgazanería; confusiones religiosas, donde la gente se resguarda por temor que ellos puedan hacer daño afuera; paciencia a fuerzas; negación propia en contra de su voluntad, más bien ignorante que virtuosa; y fuera del camino de la tentación, en vez de contentos en él. No hay nada que vencer si nunca son tentados. Lo que el ojo nunca ve, el corazón no desea, y no gobierna.

12. La cruz de Cristo es de otra naturaleza; verdaderamente vence al mundo, y lleva a una vida de pureza a pesar de sus encantos; aquellos que la cargan no están entonces encadenados por temor a morder; ni encerrados por temor a que puedan ser robados. No, ellos reciben poder de Cristo su Capitán, para resistir el mal, y hacer lo que es bueno ante la vista de Dios. Ellos son cambiados para despreciar el mundo, y amar su reproche más que su alabanza. Son llevados a ser inofensivos hacia otros, pero a amar a aquellos que los ofenden, aunque no por ofenderlos. ¡Qué mundo tendríamos si todos, por temor a transgredir, se confinaran dentro de cuatro paredes! Esto no es necesario porque la perfección de la vida cristiana se aplica e incluye toda trabajo honesto o comercio que se encuentre entre los hombres. Un aislamiento tan severo no es el efecto del espíritu libre de Cristo, sino una humildad voluntaria y carnal; las meras restricciones de su propia hechura y postura, sin mandamiento o razón. En todo lo cual es claro que ellos son sus propios legisladores, y ponen sus propias reglas, privaciones y rescate, un rigor obligado, incompatible con el resto de la creación. Porque la sociedad tiene un gran beneficio de la cruz, (y no es ser destruido por temor al mal); porque el pecado que estropea a la sociedad es eliminado, por una reprensión firme y un ejemplo evidente de virtud probada. La verdadera piedad no saca a los hombres del mundo, sino que les permite vivir mejor en él, y estimula sus esfuerzos para mejorar el mundo; no a esconder su luz bajo un cajón, sino ponerla en un candelabro. Además, el aislamiento es un invento egoísta; y un invento del hombre nunca puede ser la verdadera cruz, la cual se toma para llevar los inventos a sujeción. Pero nuevamente, este humor se escapa de sí mismo, y deja al mundo atrás para que se pierda; los cristianos deben mantenerse en el timón, y guiar la nave a su puerto; no escapar irresponsablemente a la popa del mundo, y dejar a aquellos que están en él sin un piloto, para ser llevados por la furia de los tiempos malos. sobre la roca y la arena de la ruina. En realidad, este aislamiento monástico de la vida, si es tomado por la gente joven, es una manera común de cubrir la ociosidad, o pagar las herencias, para salvar a los holgazanes del dolor del castigo, o las clases altas de la desgracia de la pobreza. Uno no funcionará, y el otro le hace desdén. Si se trata de una persona de edad, una vida larga de culpa a veces huye hacia la superstición para encontrar refugio, y después de hacer su propia voluntad en otras cosas, termina su vida en una religión intencionada, para enmendar las cosas con Dios.

13. Pero tomar la cruz de Jesús es un ejercicio más externo. Es la circunspección y disciplina del alma en conformidad a la mente divina dentro del creyente que es revelada. El cuerpo sigue al alma, no el alma al cuerpo. ¿Acaso aquellos que toman la cruz interna no saben que nada que es aplicado externamente puede alejar al alma de la lujuria, o la mente de una infinidad de imaginaciones impías? Los pensamientos del corazón del hombre son malos, y ocurren continuamente. El mal viene del interior del corazón, y no del exterior. ¿Entonces cómo puede una aplicación externa quitar la causa interna; o una restricción sobre el cuerpo obrar un confinamiento de la mente? El confinamiento de los pensamientos de la mente es menos exitoso donde es la acción menor, porque hay mucho tiempo para pensar; y si esos pensamientos no son guiados por un principio más alto, los conventos son más dañinos para el mundo que las casas de comercio. Y sin embargo el retiro periódico es tanto excelente como necesario; los santos peregrinos de la antigüedad no frecuentaban muy a menudo las multitudes y gentíos.

14. Examínate a ti mismo, oh hombre. Cuál es tu fundamento, y quién te puso allí; para que al final de esto tú no seas hallado que has confiado en el fraude externo para tu propia alma. Confieso que yo deseo la salvación de otros hombres, habiendo encontrado la misericordia con mi Padre celestial. Yo preferiría que nadie se engañara a sí mismo para perdición especialmente con respecto a la religión, donde la gente es más apta para dar todo por sentado, y perder infinitamente por su propia dignidad y negligencia imaginarias. La justicia de Jesús interna y firme es más que toda la devoción artificial de los pobres hombres supersticiosos; y ser aprobados ante la vista de Dios, supera cualquier ritual en la religión que resulta del invento de los hombres. El alma que es despertada y guardada por su santo poder y espíritu, vive para Él en el camino que él mismo ha instituido, y lo adora a Él en su propio Espíritu, es decir, en el santo sentido, vida e inspiración de él; lo cual en realidad es la adoración evangélica. Yo no desairo un verdadero retiro; porque no sólo reconozco, sino admiro la soledad. Cristo mismo fue un ejemplo de ella. Él amó y escogió frecuentar las montañas, los jardines, y las playas. Es un requisito para el crecimiento de la piedad, y tengo reverencia por la virtud que lo busca y lo usa; deseando que hubiera más de esto en el mundo; pero entonces deberíamos poder salir y entrar en él libremente, no por obligación. ¿Cómo puede un retiro obligado y por castigo beneficiar la mente, cuando debería ser por placer? No, por mucho tiempo he pensado que era un error entre toda clase de órdenes mosásticas no tener un retiro para los afligidos, los tentados, los solitarios, y los devotos, donde ellos puedan esperar a Dios sin interrupción, y pasar por sus ejercicios religiosos; y, al ser así fortalecidos, puedan, con más poder sobre sus propios espíritus, entrar en el negocio necesario del mundo otra vez. Aunque mientras menos necesario mejor, por seguro. Porque los placeres divinos se encuentran en la soledad libre.

CAPÍTULO VI

PERO hay otros que tienen una especulación más refinada, y práctica más reformada, que no se atreven a usar, y menos adorar, un pedazo de madera o piedra, una imagen de plata u oro; pero permiten la pompa judía, o aún pagana en la adoración, que es practicada por otros; como si la adoración de Cristo fuera de este mundo, (aunque su reino no lo es). Aunque son doctrinalmente contrarios a tal superstición, se inclinan a sus propios deberes religiosos, y estiman su actuación formal de varias partes de la adoración, aunque están en contra de su propia comodidad carnal, y una precisión en ella, lo cual no es una cruz pequeña para ellos. Creen que si se abstienen de los actos de los pecados horribles y escandalosos, aunque entretienen los pensamientos constantes de ellos, piensan que están suficientemente a salvo dentro del área del discipulado y las paredes de la cristiandad. Pero esto también es muy poca disciplina comparada con la cruz de Cristo; y aquellos que se halagan a sí mismos con esta forma de tomarla serán engañados al final con un fundamento arenoso, y un clamor de media noche. Porque Cristo dijo: "Pero yo os digo que en el día del juicio los hombres darán cuenta de toda palabra ociosa que hablen" (Mat 12:36). [Uno no se puede simplemente abstener de los actos pecaminosos y ver la salvación; su corazón debe ser cambiado para llegar a odiarlos y para sentir ninguna atracción por ellos.]

2. Porque primero, no es llevar a cabo los deberes de la religión, sino el surgimiento del acto lo que Dios ve. Los hombres pueden, (y algunos lo hacen), contrariar su propia voluntad en su propia voluntad: la omisión y comisión voluntarias: "¿quién pide esto de vuestras manos?" (Isa 1:12), dijo el Señor de la antigüedad a los judíos, cuando ellos parecían ser diligentes en servirle a Él; pero era de cierta manera algo de su propia idea y su propio invento, y en su propio tiempo y voluntad; no con el alma verdaderamente tocada y preparada por el poder divino de Dios, sino una adoración del cuerpo [negación de la salud] solamente. Esto, nos dice el apóstol, es de poco provecho. No mantener la manera de tomar la cruz en la adoración como en otras cosas ha sido una causa grande de superstición problemática que todavía está en el mundo. Porque los hombres no han llevado su adoración para ser probada más que sus pecados, ni menos porque han pensado ignorantemente que la adoración era un tipo de excusa para sus pecados; y no que sus actos religiosos deberían necesitar una cruz, o una disculpa.

3. Pero la adoración verdadera sólo puede venir de un corazón preparado por el Señor (Pro 16:1). Esta preparación es por medio de la santificación del Espíritu; por medio del cual, si los hijos de Dios son guiados en el curso general de sus vidas, como enseña Pablo (Rom 8:14), mucha más de su adoración es para su creador y redentor. Y cualquier oración que se haga, o doctrina que sea pronunciada, si no viene de la inspiración del Espíritu Santo, no es aceptable para Dios. Sólo por medio de la preparación y ayuda del Espíritu puede ser real la adoración evangélica, que es en espíritu y en verdad. Porque ¿qué es un montón de las palabras más patéticas para Dios Todopoderoso; o la dedicación de cualquier lugar o tiempo para Él? Él es un Espíritu, para quien las palabras, lugares y tiempos, estrictamente considerados, son inapropiados e inadecuados; aunque ellos son los instrumentos de la adoración pública, son sólo carnales y visibles, y no pueden llegar nuestras peticiones más lejos, mucho menos recomendarlas al Dios invisible. Ni puede tal adoración carnal beneficiar la congregación, porque es el lenguaje del alma lo que oye Dios. Nadie puede orar correctamente sin la ayuda del Espíritu; nadie puede gemir correctamente al Dios Todopoderoso sin la asistencia del Espíritu.

4. El alma del hombre, no importa lo viva que sea en otras cosas, está muerta para Dios a menos que Él sople el espíritu de vida en ella. No puede vivir para Él, mucho menos adorarle, sin el Espíritu. Entonces Dios nos dice, por medio de Ezequiel, cuando estaba en una visión de la restauración de la humanidad, en la persona de Israel, (una manera común de hablar entre los profetas, como a veces confundida), "abriré vuestros sepulcros," dijo el Señor, "pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis" (Eze 37:12-14). Por lo tanto, aunque Cristo le enseñó a los discípulos a orar, ellos eran, de alguna manera, discípulos antes que Él les enseñara; no hombres mundanos, cuyas oraciones son una abominación para Dios. Y sus enseñanzas para ellos no son un argumento que todos deben decir esa oración, si él la puede decir con el mismo corazón, y bajo las mismas calificaciones, como sus pobres discípulos o seguidores hicieron, o no; como es ahora muy supersticiosa y presuntuosamente practicado; sino más bien que ellos entonces, y así ahora nosotros, no debemos orar nuestras propias oraciones, sino las de él. Es decir, las que él nos permite hacer, como Él les permitió a ellos.

5. Ya que si no pensamos lo que vamos a decir cuando estemos en frente de los príncipes del mundo, porque nos será dado; y que "no seremos nosotros los que hablemos, sino el Espíritu de nuestro Padre celestial que habla en nosotros" (Mat 10:19-20); mucho menos se puede necesitar nuestra habilidad, ni debemos estudiar por nosotros mismos las formas de hablar en nuestras peticiones al gran Príncipe de príncipes, Rey de reyes, y Señor de señores. Porque si es por su grandeza, no debemos por el mandato de Cristo; si es por nuestra relación con Él como hijos, no necesitamos; Él nos ayudará, Él es nuestro Padre; es decir, si Él en realidad está en control de nosotros por medio de su Espíritu. Por lo tanto no sólo la boca sino el espíritu es cerrado, hasta que Dios lo abra; y por lo tanto Él ama oír su lenguaje. La oración del cuerpo [la mente carnal del hombre] nunca debe ir antes de la oración del alma. Su oído está abierto a tales peticiones, y su Espíritu intercede fuertemente por aquellos que los ofrecen.

6. ¿Cómo recibimos esta preparación del corazón, que nos da su Espíritu para adorar en Espíritu y en Verdad?

Yo respondo: Al esperar pacientemente, pero velando y estando atentos a Dios: "Señor," dice el salmista, "el deseo de los humildes tú escuchas; tú dispones sus corazones y tienes atento tu oído " (Sal 10:17); y, dice la sabiduría: "Los planes del corazón del hombre son del Señor " (Pro 16:1). Así, usted no debe pensar sus propios pensamientos, ni hablar sus propias palabras, lo cual en realidad es el silencio de la santa cruz, sino ser secuestrado de todas las imaginaciones confusas que son aptas a atestar y presionar la mente en esos santos retiros. No es su tarea pensar vencer al Todopoderoso por medio de un asunto más compuesto, pronunciar la frase más apta; no, no; un gemido, un suspiro, de un alma herida, un corazón tocado con el verdadero remordimiento, un pesar sincero y piadoso, lo cual es la obra del Espíritu de Dios, sobresale y prevalece con Dios. Por lo tanto estén quietos en sus mentes, esperen sentir algo que es divino, para prepararlos y disponerlos a adorar a Dios verdadera y aceptablemente. Así ustedes toman la cruz, y cierran la puerta y ventanas del alma en contra de todo lo que podría interrumpir esta atención a Dios, no importa lo placentero que sea el objeto en sí mismo, lo legítimo o necesario que haya sido en otro tiempo; el poder del Todopoderoso irrumpirá, su Espíritu obrará y preparará el corazón, para que pueda ofrecer un sacrificio aceptable. Es Él quien descubre e impresiona los deseos sobre el alma; y cuando clama, es sólo Él quien las suple. Las peticiones, que no surgen del sentido y preparación del Espíritu, son formales y ficticias; no son verdaderas porque que los hombres oran en sus propios deseos ciegos, y no en la voluntad de Dios, y su oído está cerrado a ellos; "por la opresión de los pobres, por el gemido de los necesitados," Dios ha dicho, "me levantaré ahora " (Salmo 12:5); es decir, el pobre en espíritu, el alma necesitada, aquellos que necesitan su asistencia, quienes están listos para ser abrumados, que sienten una necesidad, y claman a alta voz por un libertador, y que no tienen a nadie en la tierra que los ayude; nadie en el cielo sino a Él, ni en la tierra que se compare a Él; "Librará," dijo David, "al necesitado que suplica, y al pobre que no tiene quien le socorra. De la opresión y la violencia redimirá sus vidas; la sangre de ellos será preciosa a sus ojos " (Salmo 72:12-14). "Este pobre clamó," dice él, "y Jehová le escuchó, y lo libró de todas sus angustias. El ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen y los libra " (Salmo 34:6-8), y entonces invita a todos a venir y probar lo bueno que es el Señor; sí, "bendecirá a los que temen a Jehová, a pequeños y a grandes " (Salmo 115:13).

7. Pero ¿qué es esto para aquellos que no tiene hambre? "los sanos no tienen necesidad de médico " (Mat 9:12); los que están llenos son felices, y los ricos no claman por ayuda. Ellos no son sensibles a sus propias necesidades internas, quienes no temen su compulsión al pecado, quienes no sienten necesidad del poder de Dios para ayudarles, ni de la luz de su semblante para consolarlos; ¿por qué oran? Su devoción es, en el mejor de los casos, una burla seria al Todopoderoso. Ellos no conocen, ni quieren, ni desean aquello por lo cual oran. Ellos oran diciendo hágase tu voluntad, y constantemente hacen la suya propia; a pesar de las consecuencias. Ellos piden gracia, y abusan lo que tienen. Ellos oran por el Espíritu, pero lo resisten en sí mismos, y ridiculizan el Espíritu en otros. Ellos piden misericordia y bondad de Dios, pero no sienten una necesidad real de la misericordia. Y en esta insensibilidad interior, no son capaces de alabar a Dios por lo que tienen, como para orar por lo que no tienen. "Alabarán a Jehová," dice David, "los que le buscan, porque él sacia al alma sedienta y llena de bien el alma hambrienta " (Salmo 22:26,107:9). Él también reserva esto para el pobre y el necesitado, y aquellos que temen a Dios. Que los espiritualmente pobres y necesitados alaben su nombre. Los que teméis a Jehová, alabadle; glorificadle, los descendientes de Jacob. Jacob era un hombre sencillo, de corazón recto: y los que son así, son sus descendientes. Y aunque (con él) ellos pueden ser tan pobres como gusanos en sus propios ojos, sin embargo reciben el poder para luchar con Dios, y prevalecer como él prevaleció.

8. Pero sin la preparación y consagración de este poder, ningún hombre es apto para ir ante Dios; de otra manera, menos santidad y reverencia para adorar a Dios eran necesarios bajo el evangelio que existía en los tiempos de la ley, cuando todos los sacrificios eran rociados antes de ser ofrecidos; la gente había consagrado sus ofrendas, antes de presentarse a sí mismos ante el Señor (Num 8; 19:2, y Crónicas 30:16-17). Si tocar a los muertos o bestias impuras en aquel tiempo hacía a la gente indigna del templo o del sacrificio, a menos que antes fueran rociados y santificados, ¿cómo podemos pensar tan mal acerca de la adoración que fue instituida por Cristo en los tiempos del evangelio, cuando nos presentamos, sin estar preparados o santificados, como ofrendas? O permitir que aquellos que, ya sea en pensamientos, palabras o acciones, sí tocan diariamente lo que es moralmente impuro, puedan, sin ir a la sangre de Jesús, que rocía la conciencia de las obras muertas, adoren de manera aceptable al Dios puro; es una contradicción del sentido común. Los impuros no pueden adorar de manera aceptable lo que es santo; o los impuros lo que es perfecto. Hay un intercambio y una comunión santa entre Cristo y sus seguidores; pero nada entre Cristo y Belial; entre Él y aquellos que desobedecen sus mandamientos, y no viven la vida de su bendita cruz y la negación propia (2 Cor 6:15-16).

[A menos que su corazón haya sido limpiado del mal, su adoración, aparte del silencio mientras espera ser convencido y purificado, es inaceptable para Dios – incluso una abominación.]

9. Pero así como el pecado no puede adorar a Dios, tampoco puede la formalidad adorar a Dios; no, aunque la manera sea de su propia ordenación; lo cual hizo al profeta, personificando a una persona en grandes apuros, clamar, "¿Con qué me presentaré a Jehová y me postraré ante el Dios Altísimo? ¿Me presentaré a él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Aceptará Jehová millares de carneros o miríadas de arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mi vientre por el pecado de mi alma? ¡Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno! ¿Qué requiere de ti Jehová? Solamente hacer justicia, amar misericordia y caminar humildemente con tu Dios" (Miqueas 6:6-8). El profeta real, sensible a estas palabras, clama también a Dios de esta manera: "Señor, abre mis labios, y proclamará mi boca tu alabanza" (Salmo 51:15-17). Él no se atrevió a abrir sus propios labios, él sabía que no podía alabar a Dios; Y ¿Por qué? "Porque no quieres sacrificio, de otra forma yo lo daría:" si mi ofrenda formal sirviera, tú no la querrías; no te deleitas en holocaustos. "Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado. Al corazón quebrantado y contrito no desprecias tú." ¿Y por qué? Porque esta es la obra de Dios, el efecto de su poder; y sus propias obras lo alaban. Con el mismo propósito Dios mismo habla por la boca de Isaías, en oposición a las formalidades y adoración de labios de los judíos degenerados: "Así ha dicho Jehovah: "El cielo es mi trono, y la tierra es el estrado de mis pies. ¿Dónde está esa casa que me edificaréis? ¿Dónde está ese lugar para mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas. Pero a éste miraré con aprobación: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra." (Isa 66:1-2). ¡Oh mirad al verdadero adorador! Que ha sido preparado por Dios, circuncidado en el corazón y el oído, que no resiste al Espíritu Santo, como esos altivos judíos profesantes. ¿Entonces era esto, aún en el tiempo de la ley, que era la dispensación de las acciones externas y sombrías; y podemos nosotros ahora esperar aceptación sin la preparación del Espíritu del Señor en estos tiempos del evangelio, que son tiempos apropiados para el derramamiento del Espíritu? De ninguna manera; Dios es lo que Él era; y sus verdaderos adoradores son sólo aquellos que lo adoran en su propio espíritu. A ellos él atiende como la niña de sus ojos; el resto sólo se burlan de Él, y lo desprecian. Oigan lo que les sigue a esas personas, porque es el estado y la porción de los cristianos de hoy: "El que mata un toro es como el que mata a un hombre; el que sacrifica una oveja es como el que desnuca un perro; el que presenta ofrenda vegetal es como el que presenta sangre de cerdo; el que hace una ofrenda memorial de incienso es como si bendijese a un ídolo. Así como ellos escogieron sus propios caminos y sus almas se complacieron en sus abominaciones" (Isa 66:3). Que nadie diga que no ofrecen ese tipo de oblaciones, porque no es así. Dios no fue ofendido con las ofrendas, sino con los que las ofrecían. Estas eran formas legales de sacrificio que Dios había designado; pero debido a que ellos no las estaban presentado en ese marco espiritual, y bajo esa disposición correcta del alma que se requiere, Dios declaró su aborrecimiento, y eso con gran agravación; y en los otros lugares, por el mismo profeta, les prohíbe traer oblaciones vanas ante Él; "incienso," dijo Dios, "es una abominación para mí. Los sábados y el convocar asambleas no puedo soportar, ni asamblea festiva." Y "Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos. Aunque multipliquéis las oraciones, yo no escucharé." (Isa 1:13-15). Una renunciación muy terrible de su adoración; ¿y por qué? Porque sus corazones estaban contaminados; ellos no amaron al Señor con todo su corazón, sino quebrantaron su ley, y se rebelaron en contra de su Espíritu, y no hicieron lo que era recto ante él. La causa es sencilla, por la corrección que él exige: "Lavaos," dice el Señor, "limpiaos, quitad la maldad de vuestras acciones de delante de mis ojos. Dejad de hacer el mal. Aprended a hacer el bien, buscad el derecho, reprended al opresor, defended al huérfano, amparad a la viuda." (Isa 1:16-17). Con estos términos, y nada menos, Él les dice que vengan a Él, y les dice que "Aunque sus pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana." (Isa 1:18).

Tan cierto es este notable pasaje del salmista: "Venid; oíd, todos los que teméis [reverentemente] a Dios, y contaré lo que ha hecho por mi vida. A él invoqué con mi boca y con mi lengua lo ensalcé. Si en mi corazón yo hubiese consentido la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. ¡Pero de veras Dios me ha escuchado! Él atendió a la voz de mi oración. ¡Bendito sea Dios, que no echó de sí mi oración ni de mí su misericordia!" (Salmo 66:16-20).

10. Muchas cosas de esta clase se podrían citar, para mostrar el desagrado de Dios en contra de la apariencia de adoración hacia él, cuando se lleva a cabo sin su propio Espíritu, y esa preparación necesaria del corazón en el hombre, que nada más puede obrar o dar; la cual, sobre todos los escritores sagrados, es más frecuentemente y enfáticamente recomendada a nosotros por el ejemplo del salmista, quien recordó sus propias grandes caídas, y la causa de ellas, y la manera en la cual él llegó a ser aceptado por Dios, y para obtener la fortaleza y el consuelo de Él, se recuerda a sí mismo que debe esperar a Dios. "Encamíname en tu verdad y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación. En ti he esperado todo el día." (Salmo 25:5). Su alma buscó a Dios para obtener salvación, para ser liberado de las trampas y los males del mundo. Esto muestra un ejercicio interno, y una atención espiritual, que se basaba no en las apariencias externas, sino en la ayuda divina interna.

Y verdaderamente, David tenía un gran ánimo para hacer esto; la bondad de Dios le invitó a hacerlo y lo fortaleció. Porque dice él: "Pacientemente esperé a Jehovah, y él se inclinó a mí y oyó mi clamor. Y me hizo subir del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso. Puso mis pies sobre una roca y afirmó mis pasos" (Salmo 40:1-2). Es decir, el Señor apareció internamente para consolar el alma de David, quien esperó su ayuda, y para liberarlo de las tentaciones y aflicciones que estaban listas para abrumarlo, y darle seguridad y paz. Por lo tanto, dice él: "El Señor ha establecido mis caminos;" es decir, fijado su mente en la justicia. Antes, todo paso que tomaba lo atascaba, y él escasamente podía andar sin caer; la tentación estaba por todos lados; pero él esperó pacientemente a Dios. Su mente estaba retirada, vigilante, y absorta en su ley y su Espíritu; y él sintió que el Señor se inclinaba a él. Su necesidad y su clamor sensible entraron en el cielo, y prevalecieron; entonces vino la liberación y el rescate a David, en el tiempo de Dios, no el de David; y la fortaleza para pasar por sus ejercicios, y superar todos sus problemas. Por lo cual, él nos dice, un cántico nuevo fue puesto en su boca, alabanzas a su Dios (Salmo 40:3). Pero fue Dios quien lo hizo y lo puso, no él.

Otra vez, le oímos clamar así: "Como ansía el venado las corrientes de las aguas, así te ansía a ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo iré para presentarme delante de Dios?" Esto va más allá de la formalidad, y no puede ser atada a ninguna lección. Pero podemos ver por esto que la verdadera adoración es una obra interna; que el alma debe ser tocada y elevada en sus deseos celestiales por el Espíritu celestial, y que la verdadera adoración es en la presencia de Dios. "Cuándo iré para presentarme." No en el templo, ni con sacrificios externos, sino ante Dios en su presencia. Para que las almas de los adoradores verdaderos vean a Dios, comparezcan delante de Él; y ellos esperan esto, ansían, tienen sed de esto. ¡Oh, qué alejada está la mayor parte de la cristiandad del ejemplo de David! Con razón, entonces, este buen hombre nos dice: "De cierto en Dios espera mi alma;" y él le encarga a su alma hacer esto; "Oh alma mía, reposa sólo en Dios, porque de él es mi esperanza." Como si él hubiera dicho, nadie más puede preparar mi corazón, o suplir mis deseos; de manera que mi esperanza no está en mi propio acto voluntario, ni la adoración del cuerpo que yo puedo darle a Él; estas cosas no tienen valor; no me pueden ayudar a mí, ni tampoco le agradan a Él. Pero yo lo espero a Él para obtener fortaleza y poder para presentarme a mí mismo así ante Él, como sea de manera más agradable a Él; porque Aquel que prepara el sacrificio ciertamente lo aceptará. Por lo tanto en dos versículos él lo repite tres veces: "Espero al Señor - Mi alma lo espera - Mi alma espera al Señor más que los centinelas a la mañana." Sí, tan intensamente, y con esa alma incansable, que él dice en un lugar, "Mis ojos han desfallecido esperando a mi Dios" (Salmo 69:3). Él no estaba contento con tantas oraciones, con una adoración tan fija, o con la repetición limitada; no, él no se va hasta que encuentra al Señor, es decir, el consuelo de su presencia, que trae la respuesta de amor y paz a su alma. Ni era esta su única práctica, como un hombre inspirado más que ordinariamente; porque él habla de ella como la manera de adorar del verdadero pueblo de Dios en ese entonces, el Israel espiritual, y la circuncisión en el corazón, de ese tiempo; "He aquí," dice él, "como los ojos de los siervos miran la mano de sus amos, y como los ojos de la sierva miran la mano de su ama, nuestros ojos miran a Jehovah, nuestro Dios, hasta que tenga compasión de nosotros" (Salmo 123:2). En otro lugar: "Nuestra alma espera en Jehovah; Él es nuestra ayuda y nuestro escudo." (Salmo 33:20). "En presencia de tus fieles esperaré en tu nombre, porque es bueno" (Salmo 52:9). Fue una petición de los verdaderos hombres piadosos de ese tiempo, y la manera en que llegaron a disfrutar a Dios, y adorarle aceptablemente. Y de su propia experiencia del beneficio de esperar a Dios, y de la práctica de los santos de esos tempos, él le recomienda a otros: "Espera en Jehovah. Esfuérzate, y que tu corazón esté confiado. ¡Sí, espera en Jehovah!" (Salmo 27:14). Es decir, espera en fe y paciencia, y Él vendrá a salvarte. Nuevamente, "Calla delante de Jehovah, y espera en él." Es decir, arrójate sobre él; conténtate, y espéralo para que te ayude en tus deseos; no puedes imaginarte lo cerca que Él está de aquellos que lo esperan: ¡Oh! intenta y ten fe. Y una vez más él nos dice: "Espera en Jehovah y guarda su camino" (Salmo 37:34). ¡Vean la razón por la cual muy pocos se benefician! están fuera de su camino; y los tales nunca pueden esperarlo correctamente. David tenía grandes razones para decir lo que dijo, quien se había, con tanta comodidad y ventajas, encontrado con el Señor en su bendito camino.

[Esperar a Dios es sentarse persistentemente en humilde silencioescuchar su voz y sus palabrasvelar para ver sus revelacionesoír sus mandatos, y después obedecerle. La espera en Dios se registra en toda la Biblia, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo TestamentoEsperar a Dios es la manera en como la iglesia primitiva hizo que se cumplieran las promesas del verdadero evangelio: ser liberado de la esclavitud del pecado, para entrar en el reino de Dios, y estar en unión con Cristo y con Dios.

>Y aparecerá una segunda vez, ya no para llevar el pecado, sino para traer completa salvación a los que le esperan persistente y pacientemente. Heb 9:28

Esperar persistente y pacientemente es presenciar a Jesús trayéndole su salvación; lo que usted oye usted debe hacer caso y obedecer para obtener la salvación: habiendo sido perfeccionado, [Jesús] llegó a ser Autor y fuente de eterna salvación para todos los que presten atención y le obedezcan, Heb 5:9; es por gracia que a usted se le enseña y es cambiado para llegar a ser puro. Tit 2:11-14

>Esperar a Dios nos da el acceso al poder del Espíritu Santo que destruirá la naturaleza pecaminosa dentro de nosotros, por medio de nuestra obediencia a la cruz interna de la negación propia. Esperar a Dios es la manera de responder cuando Jesús nos dice "ven a mí," lo cual él dijo muchas veces a través de todas las escrituras. Haga clic aquí para verlas todas.

Esperar a Dios y después obedecerle es la manera como usted muestra su respeto y amor por Él.]

11. El profeta Isaías nos dice que aunque las reprensiones del Señor por su apostasía eran dolorosas para la gente, sin embargo en el camino de sus juicios, en el camino de sus reprensiones y desagrado, ellos lo esperaron, y el deseo de sus almas, ese es el punto más grande, era su nombre y su memoria (Isa 26:8). Ellos estaban contentos de ser reprendidos y castigados, porque habían pecado; y el conocimiento de Él era muy deseable para ellos. ¡Pero qué! ¿acaso no vino Él al final, y eso en misericordia también? Sí, Él vino, y ellos lo conocieron cuando Él vino, una doctrina que los necios no conocen, "Este es nuestro Dios; en Él hemos esperado y Él nos salvará " (Isa 25:9). ¡Oh bendito gozo! ¡Oh preciosa confianza! Esto es esperar en fe lo que prevaleció. Toda adoración que no es en la fe es infructuosa para el adorador, y también desagrada a Dios; y esta fe es el don de Dios, y la naturaleza de la fe es purificar el corazón, y darle a los que verdaderamente creen la victoria sobre el mundo. Bueno, pero ellos continúan: "Le hemos esperado; estaremos contentos, y nos gozaremos en su salvación." El profeta añade: "Bienaventurados son todos los que esperan a Dios:" ¿y por qué? porque "aquellos que esperan al Señor renovarán sus fuerzas;" nunca se cansarán, nunca se fatigarán (Isa 30:18,40:31); el ánimo es grande. Oh óiganle una vez más: "Desde la fundación del mundo no se ha escuchado, ni el oído ha percibido, ni el ojo ha visto a ningún Dios fuera de ti, que actúe a favor del que en él espera " (Isa 64:4). Miren la vida interna y el gozo de los justos, los verdaderos adoradores; aquellos cuyos espíritus se inclinaron a la venida del Espíritu de Dios en ellos, dejando y abandonando todo en contra de lo cual apareció, y aceptando cualquier cosa hacia lo cual los guió. En el tiempo de Jeremías, los verdaderos adoradores también esperaron a Dios (Jer 14:22): y él nos asegura, que "bueno es Jehová para los que en él esperan, para el alma que le busca " (Lam 3:25). Aquí está, que el profeta Oseas exhorta a la iglesia de entonces a que se vuelvan y esperen a Dios. "Tú, pues, vuélvete a Dios; practica la lealtad y el derecho, y espera siempre en tu Dios " (Oseas 12:6). Y Miqueas es muy celoso y resuelto en este buen ejercicio: "Pero yo miraré a Jehová; esperaré en el Dios de mi salvación. ¡Mi Dios me escuchará!" (Miqueas 7:7). Así también los hijos del Espíritu, que tenían sed de un sentido interno de Él. Los impíos no pueden hacer esto; ni aquellos que oran, a menos que esperen. Se le acusa a Israel en el desierto, como causa de su desobediencia e ingratitud a Dios, que ellos "no esperaron su consejo." Podemos estar seguros que es nuestro deber, y esto se espera de nosotros; porque Dios se lo pidió a Sofonías: "Por tanto, dice Jehová, esperad el día en que me levante," (Sof 3:8). ¡Oh! Que todos los que profesan el nombre de Dios pudieran esperar, y no ofrecer una adoración sin Él; entonces lo sentirían a Él moviéndose y levantándose en ellos para ayudarlos y prepararlos y santificarlos. Cristo expresamente le encargó  a sus discípulos, "que no se fuesen de Jerusalén, sino que esperasen el cumplimiento de la promesa del Padre, el bautismo del Espíritu Santo" (Hechos 1:4-8), para poder estar preparados para la predicación del evangelio glorioso de Cristo al mundo. Aunque ese era un mandamiento extraordinario para una obra extraordinaria, sin embargo el nivel no cambia el tipo; al contrario, si tanta espera y preparación por el Espíritu era necesario para hacerlos aptos para predicarle al hombre; algo, por lo menos, será necesario para hacernos aptos a nosotros para hablarle a Dios.

12. Cerraré esta gran doctrina acerca de esperar con un pasaje en Juan acerca del estanque de Betesda: "En Jerusalén, junto a la puerta de las Ovejas, hay un estanque con cinco pórticos que en hebreo se llama Betesda. En ellos yacía una multitud de enfermos, cojos y paralíticos que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel del Señor descendía en ciertos tiempos en el estanque y agitaba el agua. Por tanto, el primero que entraba después del movimiento del agua era sanado de cualquier enfermedad que tuviera" (Juan 5:2-4). Esta es una representación muy exacta de lo que significa todo lo que se ha dicho acerca del tema de esperar. Porque como era entonces algo externo y legal, así ahora hay un evangelio y Jerusalén espiritual, la iglesia de Dios; que consiste en los fieles. El estanque en esa vieja Jerusalén, de alguna manera, representaba esa fuente, que ahora es abierta en esta nueva Jerusalén. Ese estanque era para aquellos que estaban bajo las debilidades del cuerpo; esta fuente es para todos los que son impotentes en el alma. Había un ángel entonces que movía el agua, para hacerla beneficiosa; ahora es el ángel de Dios, el gran ángel* de su presencia, que bendice esa fuente con éxito. Aquellos que entonces entraron, y no miraron al ángel, ni aprovecharon su movimiento, no encontraron ningún beneficio al entrar. Aquellos que no esperan el movimiento del ángel de Dios, sino que por la devoción de su propia formación y su tiempo, ellos se apresuran ante Dios como el caballo hacia la batalla, y esperan tener éxito, de seguro malograrán sus expectativas. Por lo tanto, como cuando ellos esperaron con toda paciencia y atención el movimiento del ángel, quienes querían y deseaban ser sanados; así hacen los verdaderos adoradores de Dios ahora, quienes necesitan y oran por su presencia, que es la vida de sus almas, como el sol es para las plantas en el campo. Ellos a menudo han probado la falta de rentabilidad de sus propias obras, y ahora han venido al sábado de verdad. Ellos no se atreven a poner sus propias estratagemas, ni a ofrecer pedidos no santificados, mucho menos ofrecer una adoración corporal, en la que el alma es realmente insensible o no está preparada por el Señor. En la luz de Jesús ellos siempre esperan para ser preparados, retirados y reclusos de todos los pensamientos que causan la menor distracción y descompostura en la mente, hasta que ven al ángel que se mueve, y hasta que su amado se complace en despertar; ni tampoco se atreven a llamar antes de tiempo. Y ellos temen hacer un servicio en su ausencia; porque saben que no sólo no es provechoso, sino censurable: "¿quién pide esto de vuestras manos? .... El que crea no se apresure." (Isa 1:12, 28:16). Aquellos que adoran con lo suyo propio sólo pueden hacer como los Israelitas, convertir sus aretes en una imagen fundida, y ser malditos por sus dolores. Ni tampoco les fue mejor a aquellos que reunieron leña en el tiempo antiguo, y "encendieron un fuego, y andaban a la luz de las antorchas que encendieron" (Isa 50:11); porque Dios les dijo que "debieran yacer en el dolor." No sólo debería ser algo sin ventaja, y no hacerles ningún bien, sino incurrir en juicio de parte de Él; dolor y angustia del alma deberían ser su porción. ¡Ay! la carne y la sangre alegremente orarían, aunque no pueden esperar y ser santo, aunque no puede soportar hacer o sufrir la voluntad de Dios; con la lengua bendice a Dios, y con la lengua maldice a los hombres, hechos a su semejanza. Llama a Jesús Señor, pero no por el Espíritu Santo; y a menudo llama el nombre de Jesús, sí, inclina su rodilla ante él también; pero no se aleja de la iniquidad; esto es abominable para Dios.

*[Un ángel de Dios es un espíritu ministrador. Esa es la razón por la que Penn le llama al Espíritu Santo el gran ángel de Su presencia.]

13. En resumen, hay cuatro cosas que son tan necesarias para adorar a Dios correctamente, y que ponen su práctica más allá del poder del hombre, que parece que se necesita muy poco aparte de nombrarlas. La primera es la satisfacción del adorador. Segundo, la consagración de la ofrenda; lo cual ya se ha discutido anteriormente de manera extensa. Tercero, por qué orar; lo cual no lo sabe ningún hombre que no ora con la ayuda del Espíritu de Dios; y por lo tanto sin ese Espíritu ningún hombre puede realmente orar. Esto el apóstol lo pone más allá de ninguna disputa: "No sabemos," dice él, "cómo debiéramos orar, pero el Espíritu ayuda a nuestras debilidades" (Rom 8:26). Los hombres que no están familiarizados con la obra y el poder del Espíritu Santo ignoran la mente de Dios; y aquellos, ciertamente, nunca pueden agradarle con sus oraciones. No es suficiente saber los que nos falta; sino que debemos aprender si no es enviado como una bendición, desilusiones a los orgullosos, pérdidas a los codiciosos, y a los negligentes llagas; quitar estas cosas era asegurar la destrucción, no ayudar a la salvación del alma.

El mundo vil no sabe nada que no sea carnal, según una manera y una interpretación carnal; y muchos que se consideran a sí mismos como iluminados son aptos para llamar a las providencias por el nombre incorrecto; por ejemplo, las aflicciones que ellos consideran como juicios, y pruebas, más preciosas que el amado oro, ellos les llaman miserias. Por otro lado, ellos le llaman a las preferencias del mundo por el nombre de honor, y su riqueza felicidad; porque una vez que son así, se debe temer mucho que son enviadas por Dios cien veces como juicio, por lo menos como prueba, a sus poseedores. Por lo tanto, lo que se debe mantener, lo que se debe rechazar, lo que se debe desear, es una dificultad que sólo Dios puede resolver en el alma. Y debido a que Dios sabe mejor que nosotros lo que necesitamos, Él nos puede decir mejor que lo que debemos pedir de lo que nosotros le podemos pedir a Él: lo cual le hace a Cristo exhortar a sus discípulos que eviten las oraciones largas y repetitivas (Mat 6:7-8); diciéndole a aquellos a quienes conocía el Padre celestial lo que necesitaban antes de que ellos lo pidieran: y por lo tanto les dio un patrón para orar; no, como algunos creen, para que sea un texto para las liturgias humanas, las cuales de todos los servicios son los que más justamente se notan y cargan por su duración y repetición; sino expresamente para reprender y evitarlas. Pero si esos deseos que son el tema de la oración fueron una vez acordados, aunque ese sea un punto importante, sin embargo cómo orar es todavía de más importancia que orar; no es el pedido, sino el marco del espíritu del que pide. El deseo puede ser apropiado, pero la manera en que se pide puede ser defectuosa. Como dije, Dios no necesita que le digamos lo que necesitamos, quien nos lo debe decir a nosotros; sin embargo él permite que se lo digamos, tanto para que le busquemos, como para que Él venga a nosotros. Pero cuando se hace esto, "A éste miraré con aprobación, dice el Señor: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra." (Isa66:2); al corazón enfermo, al alma herida, el hambriento y sediento, al cansado y recargado; tal sinceridad desea una ayuda.

14. Ni es suficiente completar la adoración del evangelio; el cuarto requisito es necesario, y es la fe; fe verdadera, fe preciosa, la fe de los escogidos de Dios, que purifica sus corazones, que vence al mundo, y es la victoria de los santos.

Esto es lo que anima la oración y la lleva a casa, como la mujer inoportuna, que no aceptó ser negada; a quien Cristo, pareciendo admirarla, le dijo: "¡Oh mujer, grande es tu fe!" (Mat 15:28). Este es el momento más alto en nuestra parte, darle a nuestras peticiones éxito con Dios; pero no con nuestro poder, porque es un don de Dios: de él lo debemos recibir; y con un grano de eso se hacen más obras, se produce más liberación, y más bondad y misericordia se reciben, que de todo el correr, los deseos, y los trabajos duros del hombre, con sus inventos y ejercicios corporales; los cuales, debidamente considerados, fácilmente explicarán por qué tanta adoración trae tan poco beneficio al mundo, como vemos que sucede, a saber la fe verdadera se ha perdido. "Ellos piden, pero no reciben" (Santiago 4:3); ellos buscan y no encuentran: ellos tocan, pero no se les abre. El caso es sencillo; sus pedidos no están mezclados con la fe purificadora, por la cual ellos deberían prevalecer, como eran los de Jacob, cuando él luchó con Dios y prevaleció. Y la verdad es que la mayoría de las personas todavía están en sus pecados, siguiendo los deseos de sus corazones, y viviendo en los placeres del mundo, siendo extraños a esta preciosa fe. Es la razón dada por el profundo autor a los Hebreos, de la falta de beneficio de la palabra predicada a algunos en esos días; "No identificados," dice él, "por fe con los que la obedecieron" (Heb 4:2). ¿Puede entonces el ministro predicar sin fe? No; y mucho menos puede algún hombre predicar con propósito sin fe, especialmente cuando se nos dice que el "justo por fe vivirá" (Heb 10:38), porque la adoración es el acto supremo de la vida del hombre; y lo que sea necesario para actos inferiores de religión no debe hacer falta allí.

15. Esto podría moderar el asombro en algunos, ¿por qué Cristo tan frecuentemente reprendió a sus discípulos al decirles "Hombres de poca fe"? sin embargo nos dice que un grano de ella, aunque sea tan pequeño como una semilla de mostaza, una de las semillas más pequeñas, si es verdadera y correcta, es capaz de mover montañas.* Como si Él dijera que no hay tentación tan poderosa que no pueda ser vencida. Por lo tanto aquellos que son cautivados por las tentaciones, y permanecen sin ser suplidos en sus deseos espirituales, no tienen esta fe poderosa; esa es la causa verdadera. Era tan necesaria, que Cristo no podía hacer muchas de sus muchas obras poderosas cuando la gente no creía; aunque su poder producía maravillas en otros lugares, la fe abría el camino; por lo tanto es difícil decir si ese poder por fe, o la fe por ese poder, producían la curación. Recordemos las cosas famosas que un poco de barro y saliva, un toque del manto de Cristo, y unas pocas palabras de su boca (Juan 9:6, Lucas 8:43-48), hicieron por la fuerza de la fe en los pacientes: "¿Crees que puedo abrir tus ojos?" (Mat 9:28-29); "Sí, Señor," dijo el ciego, y vio. Al principal de la sinagoga: "sólo cree " (Marcos 5:36); él lo hizo, y su hija muerta recuperó la vida. Nuevamente dice: "Si puedes creer:" Sí creo, le dice el padre, ayuda mi incredulidad, y el espíritu inmundo salió, y el niño se recuperó. Él le dijo a uno: "Vete, tu fe te ha salvado " (Marcos 10:52); y a otro: "Tu fe te ha salvado; tus pecados te son perdonados " (Lucas 7:48-50). Y para animar a sus discípulos a creer, quienes estaban admirando lo pronto que su declaración se cumplió en la higuera sin fruto, él les dice:  "De cierto os digo que si tenéis fe y no dudáis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si decís a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, así será. Todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis. " (Mat 21:20-22). Este pasaje convence a la cristiandad de flagrante infidelidad; porque ella [la cristiandad] ora y no recibe.

*[La fe es oír la palabra en el interior diciéndole lo que debe hacer y decir, y después obedecer. La fe no es hacer sus propias decisiones de lo que usted quiere que se haga con su mente carnal, y después orar para que sea hecho. ¡Oh no! Esa clase de fe es una fe demoniaca, proveniente de la voluntad de una mente que es enemiga de Dios; esa clase de fe que produce caos en el mundo. Su fe debe ser en obediencia a lo que Dios le pida a usted que ore para que se haga. Jesús nunca hizo, ni dijo, ni formó una opinión, aparte de lo que el Padre le instruyó a hacer; y así nosotros debemos morir al yo, para que seamos dirigidos en todo por la inspiración espiritual de Dios en pensamiento, palabra, acción, y oración. Jesús sólo hizo la voluntad del Padre, y así debemos hacer nosotros si esperamos entrar en el reino del cielo.]

16. Pero algunos pueden decir que es imposible recibir todo lo que el hombre pueda pedir. No es imposible recibir todo lo que el hombre, que así lo cree, puede pedir (Mat 19:26). Los frutos de fe no son imposibles para aquellos que realmente creen en el Dios que hace que sean posibles. Cuando Jesús le dijo al principal de la sinagoga: "Si puedes creer," Él añadió: "Al que cree todo le es posible " (Marcos 9:23). Bueno, pero entonces algunos pueden decir que es imposible tener tal fe; porque esta generación tan desleal quisiera excusar su falta de fe al hacer imposible tener la fe que ellos carecen. Pero la respuesta de Cristo a la infidelidad de esa época refutará mejor la incredulidad de esta: "Las cosas que son imposibles para los hombres son posibles para Dios " (Marcos 10:27). Se puede concluir entonces que no es imposible para Dios darnos esa fe; aunque es seguro que sin fe es imposible agradar a Dios; porque así enseña el autor de los Hebreos (Heb 11:6). Y si es imposible agradar a Dios de otra manera, también lo debe ser orar a Dios sin esta preciosa fe.

17. Pero algunos pueden decir: ¿Qué es esta fe que es tan necesaria para adorar, y que le da a la adoración tal aceptación ante Dios y le regresa ese beneficio al hombre? Yo digo que es una santa resignación a Dios, y confianza en Él testificada por una obediencia religiosa a sus santos requisitos, que le da la evidencia segura al alma de las cosas que todavía no se pueden ver, y un sentido y sabor general de la sustancia de aquellas cosas que se esperan; esto es, la gloria que debe ser revelada de aquí en adelante. Ya que esta fe es el don de Dios, esta purifica los corazones de aquellos que la reciben. El apóstol Pablo es testigo de que no morará sino en una conciencia pura (1 Tim 3:9). Por lo tanto en un lugar él asocia el corazón puro y la fe sincera (1 Tim 1:5); en otro, la fe y una buena conciencia (1 Tim 1:19). Santiago une la fe con la justicia (Santiago 2); y Juan une la fe con la victoria sobre el mundo. "Esta," dice él, "es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe. " (1 Juan 5:4).

18. Los herederos de esta fe son los verdaderos hijos de Abraham (Rom 4:12), en que ellos caminan en los pasos de Abraham, de acuerdo a la obediencia de fe, la cual, sólo les da el derecho de ser hijos de Abraham. Esta fe vive por encima del mundo, no sólo en su pecado, sino en justicia; a esta [fe que resulta en salvación] no viene ningún hombre, sino por medio de la muerte al yo por medio de la cruz de Jesús, y una dependencia completa, por Él, en Dios.

Famosas son las proezas de este regalo divino; faltaría el tiempo para contarlas todas; todas las historias sagradas están llenas de ellas. Pero baste con decir que por fe los antiguos santos soportaron toda prueba, vencieron a todos sus enemigos, prevalecieron con Dios, le dieron renombre a su verdad, terminaron su testimonio, y obtuvieron la recompensa de los fieles – una corona de justicia, que es la bendición eterna de los justos.

CAPÍTULO VII

HABIENDO así descargado mi conciencia en contra de esa parte del yo ilícito que felizmente quisiera ser cristiano, creyente, santo, mientras que un simple extraño a la Cruz de Cristo, y el santo ejercicio de ella; y en eso descubrí brevemente lo que es la adoración verdadera, y el uso y asunto de la santa cruz, para hacer que su realización sea agradable al Dios Todopoderoso; yo ahora, con la asistencia del mismo Señor, de manera más grande procesaré a la otra parte del yo ilícito, que llena el estudio, el cuidado, y la conversación del mundo, presentada a nosotros en estos tres deseos capitales, es decir, el orgullo, la codicia, y el lujo; de donde fluyen todos los otros daños diariamente, como corrientes de sus fuentes apropiadas; cuya muerte hace la otra; y en verdad una gran parte de la obra de la cruz verdadera; y aunque esté en último lugar, aún así primera en experiencia y deber. La cruz introduce, en el lugar de aquellos hábitos impíos, que tanto necesitan reforma, los benditos efectos de: la mortificación, la humildad, la temperancia, el amor, la paciencia, y la mentalidad celestial, con todas las otras gracias del Espíritu, llegando a ser seguidores del perfecto Jesús, el hombre más celestial.

El cuidado y el amor de toda la humanidad son dirigidos ya sea por Dios o por sí mismos. Aquellos que aman a Dios sobre todo siempre están humillando al yo de acuerdo a sus mandatos, y sólo aman al yo en sumisión a Aquel que es Señor de todo. Pero aquellos que han rehusado el amor de Dios son amadores de sí mismos más que de Dios; porque el amor supremo debe centrarse en uno de estos dos. A ese excesivo amor propio, el apóstol justamente une a los orgullosos y los soberbios (2 Tim 3:2-4). Porque tan pronto como los ángeles habían rehusado su amor, deber y reverencia a Dios, ellos amaron y se valoraron a sí mismos excesivamente; lo cual los hizo sobrepasarse de su lugar, y aspirar a estar encima del orden de la creación. Este fue su orgullo, y esta triste deserción fue su funesta caída; quienes están reservados en cadenas de oscuridad para el juicio del gran día de Dios.

2. El orgullo, ese mal destructor, que comienza el capítulo, también comenzó la gran miseria de la humanidad; es una cualidad muy dañina, y tan comúnmente conocida por sus movimientos y sus tristes efectos, que todo corazón no mortificado acarrea orgullo. El orgullo es un exceso de amor propio, unido con una subestima de otros y un deseo de dominio sobre ellos; la cosa más problemática del mundo. Hay cuatro cosas por las cuales se ha hecho más conocido para la humanidad, las consecuencias de lo cual han traído miseria igual a su maldad:

  • La primera es una búsqueda excesiva de conocimiento;
  • la segunda es unas ansias ambiciosas y búsqueda de poder;
  • la tercera, un deseo extremo de respeto personal y deferencia, y
  • el último exceso es el de las posesiones y adornos mundanos.

Para el testigo justo y verdadero del Dios eterno, puesto en las almas de todas las personas, yo apelo con respecto a la verdad de estas cosas.

3. A la primera, está claro que un deseo excesivo de conocimiento introdujo la miseria del hombre, y produjo una caída universal de la gloria de su estado primitivo. Adán deseó ser más sabio de lo que Dios lo había hecho. No era suficiente conocer a su Creador, y darle ese honor santo que su ser y su inocencia naturalmente lo llamaban y lo emocionaban a hacer; ni a tener un entendimiento por encima de todas las bestias del campo, las aves del cielo, y los peces del mar, unidos con un poder para gobernar sobre toda la creación visible de Dios; sino que él tenía que llegar a ser tan sabio como Dios también. Esta búsqueda injustificada, y tan necia como la ambición injusta, lo hizo indigno de la bendición que él recibió de Dios. Esto lo sacó del paraíso; y en vez de ser amo de todo el mundo, Adán llegó a ser el más desdichado vagabundo de la tierra.

4. ¡Un cambio extraño! En vez de llegar a ser como dioses, ellos cayeron por debajo de las mismas bestias; en comparación de quienes, aún Dios los había hecho como dioses. La lamentable consecuencia de esta gran deserción ha sido un intercambio de inocencia por culpa, y de un paraíso por un desierto. Pero, lo que es aún peor, en este estado Adán y Eva tenían otro dios aparte del único Dios viviente y verdadero; y aquél que los sedujo a todo este mal, los llenó de conocimiento vano, y sabiduría destructiva - la habilidad de las mentiras y las equivocaciones, los cambios, evasiones y excusas. Ellos habían perdido su sencillez y sinceridad; y de un corazón recto, con la imagen del cual Dios había hecho al hombre, el [hombre] llegó a ser una serpiente torcida, entretejida, y retorcida; la imagen de ese espíritu injusto de la serpiente, ante cuyas tentaciones ellos cedieron con su obediencia su paraíso de felicidad.

5. Ni está esto limitado a Adán; porque todos, quienes han quedado cortos de la gloria de dios, son nacidos hijos de su desobediencia. Ellos, como él, han comido de los que se les había prohibido; ellos han cometido las cosas que ellos no debían haber hecho, y han dejado sin hacer lo que ellos debían haber hecho.

Ellos han pecado en contra de la luz divina del conocimiento, que Dios les ha dado. Ellos han afligido a su Espíritu; y esa funesta sentencia ha sido ejecutada, "el día que comas de él, ciertamente morirás."* Es decir, cuando ustedes hagan lo que no deben hacer, ustedes ya no vivirán en mi favor ni disfrutarán de las comodidades de la paz de mi Espíritu, que es una muerte a todos aquellos deseos santos e inocentes y a los afectos con los cuales Dios creó al hombre; y él llega a ser como uno frío y adormecido, insensible al amor de Dios, de su Espíritu Santo, poder y sabiduría, de la luz y gozo de su semblante y la evidencia de una buena conciencia y el co-testimonio y aprobación del Espíritu Santo de Dios.

[Y aunque vivamos una vida, vivimos sin la VIDA de Dios. Dios no mintió, ellos murieron a la VIDA de Dios ese mismo día. Por causa de Adán, todos estamos muertos en nuestros pecados, muertos a la vida de Dios, Gen 2:17,3:24, estando cortado nuestro acceso al árbol de la vida. Esta VIDA de Dios es lo que Cristo dijo que él vino a restaurar: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia [en una forma superior]", Juan 10:10. "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres", Juan 1:4. Yo soy la luz del mundo; el que me sigue nunca andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida", Juan 8:12.]

6. De modo que el conocimiento de Dios de ese Adán caído no estaba más en una experiencia diaria de amor y de la obra de Dios en su alma, sino en una noción de lo que él una vez supo y experimentó; que al no ser la sabiduría verdadera y viviente que viene de arriba, sino una mera ilustración, no puede preservar al hombre en la pureza; sino que infla, hace a la gente orgullosa, altanera, e impaciente de la contradicción. Este era el estado del los judíos apóstatas antes que vinera Cristo; y ha sido la condición apóstata de los cristianos desde que Él vino; su religión está establecida, con la excepción de algunas funciones corporales, ya sea en lo que ellos una vez supieron de la obra de Dios en sí mismos, y de lo cual se han sublevado; o en una creencia histórica,* y un concepto imaginario** y paráfrasis de las experiencias y profecías de tales hombres y mujeres santos de Dios que en todas las edades han merecido el estilo y carácter de sus verdaderos hijos.

[*La fe que los apóstoles predicaron no era una fe externa, sino una fe interna. El objeto de ambos tipos de fe era el mismo, pero las diferencias son cruciales para hacer realidad las promesas de Dios. Los dos tipos de fe son:

  1. coincidir con la historia en la Biblia que Jesús era el hijo de Dios, nacido de una virgen, resucitado de los muertos, ascendió al cielo, etc.; eso es fe bíblica externa,

  2. oír la Palabra de Dios, la cual está en su corazón para obedecerla esta es la palabra de fe que los apóstoles predicaron. El oír y obedecer a Jesús hablarle a usted desde el interior de su corazón es fe operacional, fe interna, fe que Jesús mismo le da a usted. Con obediencia persistente a los mandatos oídos de Dios dentro de su corazón, esta fe en el interior justifica; purifica, redime, hace justo, santifica, y salva; para darle paz, gozo, y justicia en unión y comunión con Cristo y el Padre — esto es ver y oír a su amado, viviendo una vida santa que le agrada.

** Cada una de las 41,000 sectas toma un subconjunto de las escrituras y crea su propia imagen de Dios y Jesús y luego adora esa imagen, todo basado en su opinión colectiva acerca de cuáles versículos son inválidos y cuáles creen que les dan la vida eterna. Dios sólo es conocido por medio de la revelación: Dios sólo es conocido por lo que oyes y ves en tu corazón. Rom 1:19, Mat 11:27. Dios no se encuentra al ir a los servicios o leer acerca de él.]

7. Como tal, un conocimiento así de Dios no puede ser verdad. Por experiencia nosotros vemos que tal fe siempre produce frutos que no son verdadera sabiduría. Porque como la sabiduría celestial "es primeramente pura; luego es pacífica, tolerante, complaciente, llena de misericordia" (Santiago 3:17); así el conocimiento de los hombres degenerados y no mortificados es primeramente impuro; porque vino por medio de cometer un mal, y es sostenido en una conciencia impía e impura en aquellos que desobedecen las leyes de Dios, y que diariamente hacen aquellas cosas que no deberían hacer; por las cuales son condenados ante el juicio de Dios en las almas de los hombres; la luz de cuya presencia busca las cosas escondidas en los lugares oscuros, los pensamientos más secretos, y las inclinaciones ocultas de los hombres impíos. La sabiduría terrenal es la ciencia, así falsamente llamada: y así como es impura, no tiene paz, cruz, y es difícil de convencer; desobediente, perversa y perseguidora; celosa de cualquiera que sea mejor que ellos; y odia y abusa a los que lo son.

8. Fue el orgullo el que hizo a Caín un asesino (Gen 4:8): es una característica maliciosa; llena de envidia y venganza. ¡Qué! ¿No eran su religión y su adoración tan buena como la de su hermano? Él tenía todas las partes exteriores de la adoración; él ofreció tan bien como Abel; y la ofrenda en sí misma podría haber sido tan buena; pero pareciera que el corazón no fue ofrecido. De modo que mucho tiempo atrás Dios consideró la adoración interna del alma. Bueno, ¿cuál fue la consecuencia de esta diferencia? El orgullo de Caín no lo aguantó. Él no pudo soportar ser superado por su hermano. Llegó a tener ira, y decidió vindicar su ofrenda al vengarse del rechazo de ella con la vida de su hermano; y sin ninguna consideración del afecto natural, o de la condición baja y temprana de la humanidad, barbáricamente manchó sus manos con la sangre de su hermano.

9. La religión de los judíos apóstatas no fue mejor. Porque habiendo perdido la vida interior, el poder y el espíritu de la ley, ellos se inflaron con ese conocimiento que tenían; y sus pretensiones de Abraham, Moisés, y las promesas de Dios, en ese contexto, sirvieron sólo para hincharlos en su insoportable orgullo, arrogancia y crueldad. Porque ellos no pudieron tolerar la visión verdadera o profecía cuando llegó a visitarlos; y recibieron a los mensajeros de paz [los profetas] como si hubieran sido lobos y tigres.

10. Sí, es notable, los profetas falsos, los grandes ingenieros en contra de los verdaderos, se aseguraban consistentemente de perseguir a los profetas verdaderos como si fueran falsos; y por su interés con los príncipes terrenales, o la pobre multitud seducida, los profetas falos los hicieron los instrumentos de su malicia. Así fue que un santo profeta fue aserrado en dos, otro apedreado a muerte, etc. Tan orgulloso y obstinado es el conocimiento falso, y los que lo buscan; lo cual hizo al santo Esteban proclamar: " ¡Duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo. Como vuestros padres, así también vosotros" (Hechos 7:51).

11. El verdadero conocimiento vino con el gozo de los ángeles, que cantaron: "en la tierra paz entre los hombres con los que él se agrada, que son hombres de buena voluntad." (Lucas 2:14); el conocimiento falso recibió el mensaje con difamación. Cristo fue juzgado como un impostor; y su poder de obrar milagros fue juzgado como si fuera del diablo; pero estos milagros en realidad probaron lo contrario. Ellos frecuentemente trataron de matarlo, lo cual por lo menos malignamente lograron. ¿Pero cuál fue su motivo principal? Vaya, él clamó en contra de su hipocresía, sus ropas largas con grandes filacterias - el honor que ellos buscaron de los hombres. Para resumir, ellos mismos dieron la razón con estas palabras: "Si le dejamos seguir así, todos creerán en él;" es decir, Él quitará la credibilidad que tenemos con el pueblo; ellos se le unirán, y nos dejarán a nosotros; y así perderemos nuestro poder y reputación con la multitud.

12. Y la verdad es: Él vino a nivelar su honor, para derrocar su estatus de rabinos, y por su gracia a llevar a la gente a ese conocimiento interior de Dios, del cual ellos, por su transgresión, se había apartado; para que ellos pudieran ver el engaño de sus guías ciegos, quienes por sus tradiciones vanas habían invalidado la justicia de la ley; y quienes estaban tan lejos de ser verdaderos maestros y vivos expositores de ella, que en realidad eran hijos del diablo, quien había sido un orgulloso, mentiroso y cruel asesino desde el comienzo.

13. Su orgullo en el falso conocimiento, habiéndolos hecho incapaces de recibir la sencillez del evangelio, Cristo agradece a su Padre por esconder los misterios del evangelio de los sabios y los prudentes, y sólo revelarlo a los niños (Mat 11:25). Fue esta falsa sabiduría que hinchó las mentes de los atenienses hasta el punto que ellos despreciaron la predicación del apóstol Pablo como una cosa vana y necia. Pero ese apóstol quien, más que todo el resto, tenía una educación en el aprendizaje de esos tiempos, amargamente reflexiona acerca de esa sabiduría, tan valorada por los judíos y los griegos: "¿Dónde está el sabio?" dice él, "¿Dónde el escriba? ¿Dónde el disputador de esta edad presente? ¿No es cierto que Dios ha transformado en locura la sabiduría de este mundo?" (1 Cor 1:20). Y él da una buena razón para esto, "a fin de que nadie se jacte delante de Dios" (1 Cor 1:29). Lo cual significa que Dios manchará el orgullo del hombre en el conocimiento falso, para que él no pueda tener nada de que enorgullecerse en esta ocasión; el conocimiento sólo debe atribuirse a la revelación del Espíritu de Dios. El apóstol va más allá y afirma que "el mundo no ha conocido a Dios mediante la sabiduría" (1 Cor 1:21); es decir, la sabiduría terrenal estaba tan lejos de ser una ayuda que, como los hombres la usan, era un estorbo para el conocimiento verdadero de Dios. Y en su primera epístola a su amado Timoteo, él concluye lo siguiente: "Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas y vanas palabrerías y los argumentos de la falsamente llamada ciencia" (1 Tim 6:20). Este era el sentido de los tiempos apostólicos, cuando la gracia divina dio el verdadero conocimiento de Dios, y fue la guía de los cristianos.

14. Bueno pero, ¿cuál ha sido el éxito de aquellos tiempos que siguieron al tiempo de los apóstoles? ¿Ha sido un poco mejor que los tiempos de los judíos? Ni siquiera un poco. Éstos [los líderes religiosos profesantes] han excedido a aquellos; en sus pretensiones de sabiduría más grande, como también en su degeneración de la verdadera vida cristiana. Porque aunque ha tenido un patrón más excelente que el de los judíos, a quienes Dios habló por medio de Moisés su siervo, Él les habló a ellos por medio de su amado Hijo, la imagen expresa de su sustancia, la perfección de toda mansedumbre y humildad; y aunque ellos parecían estar adictos a nada más que una adoración de su nombre, y una veneración para la memoria de sus benditos discípulos y apóstoles, sin embargo su deserción del poder interior y la vida del cristianismo en el alma fue tan grande, que su respeto era apenas formal y ceremonioso. Porque a pesar de que ellos, como los judíos, eran celosos en arreglar su apariencia externa para mostrar piedad; a pesar de que ellos eran exactos en tallar sus imágenes, no sólo para guardar las apariencias con pretensiones que puedan ser las reliquias de su persona, sino recomendando miles de cosas como reliquias, las cuales son puramente ficticias, y muchas veces ridículas, y por seguro totalmente no cristianas; sin embargo, con respecto a las cosas grandes e importantes de la ley cristiana, es decir, el amor, la mansedumbre, y la negación propia, el cristianismo se ha degenerado. Aquellos en el cristianismo llegaron a ser altaneros, orgullosos, presumidos, sin afecto natural, curiosos, y controversiales, siempre desconcertando a la iglesia con sus preguntas dudosas y sospechosas; llenado a la gente con disputas, conflictos, y riñas, separándolos en grupos, hasta que al fin cayeron en el derramamiento de sangre; de modo que convertirse en cristianos los hizo peores de lo que eran antes.

¡Oh el estado miserable de estos cristianos en apariencia! Que en vez de la doctrina de Cristo y sus apóstoles; de amar a sus enemigos, y bendecir aquellos que los maldicen, ellos le enseñaron al pueblo, bajo la noción del celo cristiano, a asesinarse los unos a los otros de la manera más inhumana; y en vez de permitir que su propia sangre fuera derramada por el testimonio de Jesús, ellos decidieron derramar la sangre de los testigos de Jesús por ser herejes.* [estaban ebrios con la sangre de los santos y los mártires]. Así la sutil serpiente, o hábil espíritu maligno, que tentó a Adán a dejar la inocencia, y a los judíos a dejar la ley de Dios, ha seducido a los cristianos, con mentiras vanidosas, para alejarse de la ley cristiana de la santidad, y así ellos se han convertido en esclavos de él; porque él gobierna en los corazones de los hijos de la desobediencia.

[*Durante la Edad media (del 800 A.C. hasta el 1500 D.C.) nueve millones de almas fueron llevadas a la muerte por la iglesia Católica, acusadas de brujería. Y mientras esta iglesia falsa es a menudo identificada por los protestantes como la iglesia romana, los protestantes son todos parte de la misma falsa ramera (la bestia tiene muchos nombres), y las sectas deficientes que practicaban las invenciones creadas por el hombre: el bautismo de infantes, jugo de uva y pan, la trinidad, (que no se menciona en las escrituras), el matrimonio por los sacerdotes, los edificios vanos y orgullosos, torres con campanas, túnicas negras, camisas negras, collares especiales, los credos, la lectura de los sermones, los sacramentos, los vicarios, secretarios, párrocos, curas, bachilleres de arte, magisteres, padres, la Navidad, Semana Santa, y los bachilleres de divinidad; la salvación sobre la base de decir ciertas palabras, el agua, el pan y el vino — todos los rituales supersticiosos — en lugar de un cambio completo de corazón — circuncidado para ser un nuevo corazón y una mente nueva en una criatura completamente nueva; todos son inventos heredados de la madre del protestantismo, los católicos romanos.

Muchas persecuciones católicas romanas fueron justificadas por las famosas palabras de San(?) Agustín: "¿Por qué ... no debería la iglesia usar fuerza para forzar a sus hijos perdidos a regresar, si los hijos perdidos fuerzan a otros a ir a su destrucción?" — Un clásico ejemplo de "el fin justifica los medios", que hacer perder de vista el mandato principal de Cristo para "amar a los enemigos," no destruirlos. Otro supuesto santo(?), Tomás Aquinas escribió: De parte de la Iglesia, sin embargo, hay misericordia que busca la conversión del errante, por lo cual ella no condena de inmediato, sino "después de la primera y la segunda amonestación," como el apóstol los dirige: después de eso, si él es todavía rebelde, la Iglesia ya no espera su conversión, sino busca la salvación de otros, al excomulgarlo y separarlo de la Iglesia, y además lo entrega a un tribunal secular para ser exterminado así del mundo por la muerte.

Los protestantes mataron herejes también. Juan Calvino fue uno de los fundadores principales del protestantismo, quien tuvo una gran influencia sobre los presbiterianos, congregacionalistas, bautistas, y aún luteranos. Calvino hizo que Serveto fuera arrestado, escribió una acusación de herejía en contra de él, y testificó en contra de él durante su juicio; el crimen de Serveto fue negar el apoyo bíblico de la trinidad y el bautismo de los niños. Las acusaciones de Calvino y el arresto de Serveto resultaron en que él fue quemado en la estaca. Jacques Gruet, un conocido opositor de Calvino, fue arrestado, torturado por un mes y decapitado en Julio 26 de 1547, por poner una carta en el púlpito de Calvino llamándole hipócrita. Calvino también hizo que treinta y cuatro mujeres fueran quemadas en la estaca como brujas, acusadas de ser responsable de una plaga; a su teocracia en Ginebra se le adjudican un total de 58 sentencias de muerte. Calvino justificó la ejecución de herejes, escribiendo: Quien sea que afirme que se les hace un mal a los herejes y blasfemos al castigarlos se hace a sí mismo cómplice de su crimen y tan culpable como ellos. No hay duda aquí en cuanto a la autoridad del hombre; es Dios quien habla, y está claro cual ley él quiere que se guarde en la iglesia, hasta el fin del mundo. Por lo cual él demanda de nosotros una severidad tan extrema, si no para mostrarnos que no se le da el honor apropiado, para que nosotros no perdonemos a familia, ni sangre de ninguno, y nos olvidemos de toda la humanidad cuando el asunto es combatir por su gloria. Los apologistas de la frase de Calvino que habla de derramar sangre y olvidarse de toda la humanidad señalan que muchos otros protestantes mataron también - (la defensa que dice que todos lo han hecho; dando a entender que todos los grandes hombres de Dios? fueron entonces asesinos.)

Otro venerado fundador de los protestantes, Martin Lutero preparó el camino para la persecución Nazi de los judíos. En sus populares escritos, considerados sagrados por el pueblo alemán, Lutero defendió la quema las sinagogas, destruir los libros de oraciones judías, prohibir que los rabinos prediquen, la toma de las propiedades y el dinero de los judíos, la destrucción de sus casas, y asegurarse que estos "gusanos venenosos" fueran obligados a hacer trabajos forzados o que fueran expulsados "para siempre;" él también pareció haber consentido con la matanza de judíos, cuando escribió: "Tenemos la culpa por no matarlos." La persecución nazi de los judíos en Alemania comenzó de manera masiva en Kristallnacht, (La noche de los Cristales Rotos), en la cual 200 sinagogas fueron quemadas; libros judíos fueron quemados; 7.500 fachadas de negocios judíos fueron destrozadas, (por eso el nombre cristales rotos); lápidas y tumbas fueron arrancadas; 30.000 judíos fueron arrestados y llevados a campos de concentración; por lo menos 100 fueron asesinados inmediatamente; y muchos hogares fueron saqueados. Una matanza similar de magnitud similar ocurrió en Viena, Austria esa misma noche. Estos eventos ocurrieron en el 9 y 10 de noviembre, 1938: el cumpleaños de Lutero es el 10 de noviembre. El consejo de Lutero se cumplió en Kristallnacht al pie de la letra. Este fue el comienzo de la solución final y el holocausto.

Cuando Lutero publicó su Biblia en Alemania, fue una sensación. La gente depravada escuchó sus enseñanzas acerca de la fe y la justificación y concluyó que ellos eran santos; algunos concluyeron que eran profetas; algunos concluyeron que eran apóstoles. Ellos comenzaron a mal completamente interpretar otros pasajes en la Biblia (después de todo, todos eran santos — sí, claro), incluyendo "los mansos heredarán la tierra" como queriendo decir que la propiedad de la clase alta era de ellos por derecho divino; y así ellos organizaron el ejército del Señor de 300.000 hombres, y comenzaron a violar, matar, y saquear a 100.000 católicos y miembros de la nobleza en la Guerra de los campesinos

Martín Lutero fue un virulento antisemita, cuyos escritos influyeron profundamente la persecución Nazi de los judíos. El fundador de la secta Episcopal, el rey inglés Enrique VIII, tenía 72.000 personas, mayormente católicos romanos. En la guerra de los campesinos en Alemania, liderada por déspotas religiosos inspirados por Lutero, murieron 100.000 personas de la nobleza y católicos romanos. En 50 años, los episcopales, presbiterianos, bautistas, y congregacionalistas de Inglaterra y Norteamérica encarcelaron a más de diez mil cuáqueros y mataron a más de 869 cuáqueros en el siglo 17 , incluyendo a tres hombres y a una mujer ahorcada en Boston por los puritanos creyentes de la Biblia. Se le dio poder a la bestia para vencer a los santos. La iglesia falsa, la ramera de Babilonia, estaba ebria con la sangre de los santos, y con la sangre de los mártires de Jesús.

Martín Lutero también fue selectivo en sus creencias de las escrituras. Lutero rechazó la autenticidad de los libros de Ester, Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis. Llamó a la epístola de Santiago "una epístola de paja", creyendo que estaba en conflicto con la creencia de que la salvación de Cristo vine sólo por creer. Sin embargo, Santiago era un apóstol, un hermano natural de Jesús, y uno de los pilares de la iglesia en Jerusalén, junto con Juan y Pedro; todo lo cual le hizo mucho mayor en Cristo que Lutero. Pero, al igual que muchos fundadores de sectas que no estaban regenerados, Lutero construyó una doctrina de salvación basada en subconjuntos de escrituras, ignorando o descontando escrituras que no apoyaron su opinión; y su doctrina ha sido la piedra angular de la doctrina protestante durante los últimos 400 años. En contraste, los primeros cuáqueros encontraron que todas las escrituras eran totalmente compatibles con sus entendimientos y creencias.

El rey inglés Enrique VIII, el fundador de los episcopales, hizo que 72.000 opositores (mayormente católicos) fueran asesinados.

Los puritanos se rebelaron en contra del rey de Inglaterra, derrocando al rey, y decapitándolo. En esta revolución, Inglaterra, Escocia e Irlanda sufrieron tres guerras civiles de puritanos que pelearon brutalmente en contra de los gobiernos que estaban en el poder, lo que dejó 190,00 muertos en Inglaterra, (3,7% de la población); 60.000 muertos en Escocia, (6% de la población); y 616.000 muertos en Irlanda, (41% de la población, que era en su mayoría católica). Habiendo justificado su revolución como la forma de traer el reino de Cristo a la tierra, los puritanos consideraban a sus adversarios como enemigos de Cristo. Los oficiales puritanos de su ejército con frecuencia inspiraron a sus tropas al gritar una cita del Antiguo Testamento en contra la idolatría pagana: "Maldito el que hace la obra del Señor con engaño, y retrae su cuchillo de la sangre." Los puritanos victoriosos y soldados parlamentarios, con sus extraordinarios nombres bíblicos — Barebones Alabado sea Dios y sargento Tala en Pedazos a Agag Delante del Señor — vagaban por el país, rompiendo las imágenes en las iglesias, destrozando los tubos de los órganos, quebrando las ventanas de vitral, y estabulando sus caballos en las catedrales.

Cualquier secta que mataba, (o que aprobaba matar), los que tienen una opinión religiosa diferente eran muy diferentes a los verdaderos cristianos; al siquiera considerar cometer asesinato, estaban siguiendo y cediendo a su padre el diablo, quien era el asesino desde el principio. Ellos cruelmente ignoraron los versículos del Nuevo Testamento que indican claramente que debemos amar a nuestros enemigos, que debemos orar por nuestros enemigos, que debemos poner la otra mejilla, y que era una idea satánica siquiera pensar en matar a los que no comparten nuestra fe. Jesús dijo, además, que si alguien está violando las normas de la iglesia verdadera, (pecando), que se supone deben ser advertidos por uno, después advertidos por dos o tres, después censurados por todo el cuerpo de creyentes, — y si no llegan a arrepentirse de su error, se supone que deben ser expulsados y rechazados — no asesinados, ni encarcelados, ni torturados, ni despojados de su propiedad. Cualquier así llamado cristiano que hace eso: 1) niega que Él es Señor y Maestro, 2) niega que Él ha venido en la carne, y 3) es un anticristo. Se supone que debemos amar y orar por nuestros enemigos, no destruirlos.]

15. Y se puede observar que es el orgullo, el cual siempre es seguido por la superstición y la terquedad, el que hizo que Adán buscara un lugar más alto del cual Dios lo había puesto; y así como los judíos, con el mismo orgullo, para superar su patrón, que les fue dado de Dios por medio de Moisés sobre el monte, enseñaron como doctrinas sus propias tradiciones, tanto así que cuando cualquier persona violaba sus tradiciones, el grito "crucifícale, crucifícale" se oía en contra de ellos. Por lo tanto los cristianos nominales, con el mismo pecado del orgullo, con gran superstición y arrogancia, han introducido, en vez de adoración espiritual y disciplina, lo que es obvia ceremonia, ritual y lo que es mundano; con tales innovaciones y tradiciones de los hombres con frutos de la sabiduría inferior. Vean sus numerosos y perplejos concilios y credos, con la afirmación "confórmense o sean quemados," [crean a nuestra manera o sufran en el infierno para siempre] al final de ellos.

16. Y este orgullo injustificado primeros los hizo pervertir la espiritualidad de la adoración cristiana, haciéndola más bien parecerse a la religión oscura de los judíos, y la adoración chillona de los egipcios, que a la gran sencillez y simpleza de la institución cristiana, que ni debe parecerse a la de la montaña, ni a la otra de Jerusalén; así el mismo orgullo y arrogancia los estimuló, por todas las crueldades imaginables a mantener su gran Diana [la diosa]. Ni las mansas súplicas, ni las humildes sugerencias para lo contrario por aquellos que se mantenían cerca de la pureza primitiva en la adoración y la doctrina, pudieron prevalecer con estos cristianos nominales para que abandonaran la imposición de sus tradiciones no apostólicas; pero así como los ministros y obispos de estos cristianos degenerados dejaron sus dolorosas visitaciones y el cuidado del rebaño de Cristo, y se hicieron más ambiciosos, codiciosos, y amantes de los lujos, pareciéndose más a los reyes terrenales que a los humildes de espíritu y mortificados seguidores del bendito Jesús; así casi todo relato histórico nos habla del orgullo y la crueldad, la sangre y masacre, y las inusuales y exquisitas torturas, con que ellos han perseguidos a los santos miembros de Cristo en el mundo; y que con tales anatemas, tanto como pudieron, ellos los han desilusionado de las bendiciones del cielo también. Los cristianos verdaderos llaman a estos perseguidos seguidores de Jesús mártires; pero el clero, como los judíos perseguidores, los han caracterizado como blasfemos y herejes. Así ellos han cumplido la profecía de nuestro Señor Jesucristo, quien no dijo que ellos pensarían que le hacían un servicio a los dioses al matar a los cristianos, sus estimados seguidores, que se puede referir a las persecuciones de los gentiles idólatras; sino en cambio que ellos creerían que estaban sirviendo a Dios al matarlos a ellos (Juan 16:2). Esto muestra que ellos profesaban que creían en el verdadero Dios, como los cristianos apóstatas han pretendido hacer todo este tiempo. Por lo tanto estos asesinos deben ser esos lobos, de los cuales predijo el apóstol, que se levantarían entre ellos, y preocuparían al rebaño de Cristo (Hechos 20:29), después que comenzara la gran apostasía. Estos eventos fueron predichos por él, y fueron hechos necesarios, para poder probar a los fieles, y la revelación del gran misterio de la iniquidad.

Concluiré el tema con esta afirmación: que es muy innegablemente cierto, que dondequiera que el clero tiene más poder y autoridad, y donde han tenido la influencia más grande sobre los príncipes y los estados, ha habido más confusión, riñas, derramamiento de sangre, embargos, encarcelamientos, y exilios; para justificar esta afirmación yo apelo al testimonio de los registros de todos los tiempos. Cómo esto se relaciona a nuestros tiempos, yo lo dejo a la experiencia de los vivos. Sin embargo hay una demostración que difícilmente nos puede fallar; la gente no está convertida, sino depravada de tal manera que el tiempo no nos permitiría dar ejemplos detallados. La adoración del cristianismo es visible, ceremoniosa, y chillona; el clero, ambicioso de preferencias mundanas, bajo la pretensión de promociones espirituales; haciendo las ganancias terrenales de los clérigos mucha de la razón de su función; siendo ambiciosos y codiciosos para solicitar y obtener beneficios de un título y un salario mayor. Para que con su orgullo y codicia, que el buen Pedro previó que sería su trampa, ellos han llevado la ignorancia, miseria, y religión falsa sobre el cristianismo.

17. La manera de recuperarse de esta miserable deserción es llegar a un conocimiento salvador de la religión; es decir, una experiencia de la obra divina de Dios en el alma. El obtener la diligencia para obedecer la gracia que aparece en su alma, ¡Oh hombre! Esto trae la salvación (Tito 2:11-12). Esto lo aleja del camino ancho hacia el camino angosto; de sus deseos a su deber; del pecado a la santidad; de Satanás a Dios. Usted debe mirarse y aborrecerse a sí mismo; usted debe velar, y debe orar, y debe ayunar. Usted no debe mirar a su tentador, sino a su protector. Evite todas las malas compañías, apártese para estar en soledad, y sea un casto peregrino en este mundo impío. Así usted llegará al conocimiento de Dios y de Cristo, que trae vida eterna al alma; a una seguridad bien fundamentada de lo que el hombre siente y sabe dentro de sí mismo. Los tales no serán movidos con las malas corrientes.

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