La Cruz Perdida de la Pureza



 

CAPÍTULO VIII

1. Veamos el efecto más común, emintente y malicioso de este mal. El orgullo ansía extremadamente el poder, el cual ha probado ser más problemático y destructivo para la raza humana que ninguna otra cosa. Esto no es difícil de probar, ya que la mayoría de las guerra entre las naciones, despoblación de los reinos, ruinas de las ciudades, con la esclavitud y miseria que han seguido, tanto nuestra experiencia como la historia muestran que han sido el efecto de la ambición, la cual es el deseo del orgullo tras el poder.

2. Sin importar cuán convincente puedan ser las pretenciones de Coré, Datán, y Abiram, en contra de Moisés, fue su emulación de este gran poder en el campamento de Israel que los hizo llegar a las conspiraciones y los motines. Ellos deseaban su autoridad, y el que no la tuvieran era el crimen de él; porque ellos querían ser las cabezas y líderes del pueblo. Num 16:1-2,8-10. Las consecuencias de lo cual fue la notable destrucción de sí mismos y todos sus infelices cómplices. Num 16:24-35.

3. Absalóm también estaba de parte de los derechos del pueblo en contra de la tiranía de su padre y su rey (2 Sam 15); por lo menos con esta pretención él disfrazó su ambición; pero su rebelión mostró que él era impaciente de poder, y que él había resuelto sacrificar su deber como hijo y súbdito por la insistencia de su impaciente orgullo; lo cual le trajo una muerte miserable para sí mismo y una matanza extraordinaria de su ejército.

4. Nabucodonosor es un ejemplo prominente del deseo excesivo del orgullo por obtener poder. Sus éxitos y su imperio fueron muy intoxicantes para él; tan fuerte para su entendimiento que él olvidó que no se hizo a sí mismo, o que había un poder superior al suyo. Él hizo una imagen, y todos se tenían que inclinar a ella, o ser quemados. Y cuando Sadrac, Mesac y Abednego rehusaron obedecer, él dijo: "¿quién es el Dios que los librará de mis manos?" (Dan 3:15). Y a pesar de las convicciones de Dios que él había recibido previamente, con la certeza de esos excelentes hombres, y la interpretación de Daniel de sus sueños, no pasó mucho tiempo antes que su orgullo de poder había llenado su corazón, y después su boca, con esta pregunta altanera: " ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué como residencia real, con la fuerza de mi poder y para la gloria de mi majestad?". Pero se nos dice que mientras las palabras todavía estaban en su boca, una voz del cielo reprendió el orgullo de su espíritu, y él fue alejado de la sociedad de los hombres para pastar entre las bestias del campo. Dan 4:30-33.

5. Si miramos las historias del mundo, encontraremos muchos casos para probar las malicias de este deseo del orgullo, [el deseo de poder]. Mencionaré unos pocos de ellso por causa de aquellos que nos las han leído o considerado.

Solón liberó Atenas por su excelente constitución de leyes; pero la ambición de Pisístrato comenzó la ruina de ella ante sus ojos. Alejandro, no contento con su propio reino, invadió otros, y tomó botín y masacró en esos países que él subyugó; y el hombre tenía razón, quien, cuando Alejandro lo acusó de piratería, le dijo en su cara que Alejandro era el pirata más grande del mundo. Era la misma ambición que hizo al César* convertirse en un traidor para su superiores, y con el propio ejército de ellos (confiado a él por su servicio), los subyugó a su yugo, y usurpó el gobierno. Así César destruyó la libertad y la virtud en ese lugar; porque la bondad rápidamente llegó a estar aislada en Roma. La sobriedad y la sabiduría, que siempre habían sido para la estima de los senadores de Roma, más bien llegaron a ser peligrosas para su seguridad; tanto así que los sucesores de César difícilmente dejaron a alguien que ellos no mataran o desterraran, a menos que éstos se convirtieran en aduladores de su injusta adquisición, e imitadores de sus viciosos hábitos.

*[El logro de Julio César que hizo sobresalir su reputación fue matar a 6.000.000 personas para subyugar la población de Galia. Hitler mató a 6.000.000 de judíos y por lo tanto es justamente vilipendiado; pero la historia considera a Julio César como un gran hombre.]

6. Los turcos son una gran ilustración del efecto del orgullo. Para extender su dominio, ellos han causado mucho derrame de sangre, y desolado muchos países majestuosos.

Y sin embargo ellos son superados por los cristianos apóstatas; cuya práctica por lo tanto debe ser más condenada, porque ellos han sido mejor enseñados. Ellos han tenido un maestro de otra doctrina y ejemplo. Es cierto, ellos todavía le llaman Señor,* pero dejaron que su ambición reinara. Ellos aman el poder más que los unos a los otros; y para obtenerlo, se matan los unos a los otros. Y ellos matan aunque Cristo les mandó a no golpear, sino amar y servirse los unos a los otros. Esta tragedia llega a ser peor porque todos los afectos naturales son sacrificados a la furia de este deseo con los ejemplos de su homicidio de padres, hijos, tíos, sobrinos, maestros, etc.

*[Aunque los cristianos le llaman Señor, sus palabras y acciones lo niegan como Señor y Maestro. Ellos son hipócritas: adorándole con sus labios, mientras sus corazones están llenos de maldad, el cual dirige sus palabras impías y los conduce en su vida diaria; la indiferencia y la desobediencia hacia sus enseñanzas y mandatos lo niegan como Señor y Maestro. Ya que todavía están pecando, ellos son esclavos del pecado. Ya que todavía están pecando, Jesús no es su salvador, porque él no los ha salvado de sus pecados.]

7. Si nosotros miramos afuera hacia partes remotas del mundo, raramente oímos de guerras; pero en el cristianismo raramente oímos de paz. En el cristianismo, los problemas pequeños muchas veces son la base de una riña entre naciones. En el cristianismo cualquier pacto o tratado puede ser quebrantado y disuelto para aumentar el territorio. Los ambiciosos deben obtener lo que desean, no importando quién, ni cuántos sean asesinados, enviudados o hechos huérfanos, o pierdan sus propiedades y su sustento; qué países sean arruinados; qué pueblos y ciudades sean arrasados. Sólo en los últimos seis años, hemos tenido muchas guerras que han comenzado por una pobre excusa, y terminado en gran desolación. No, los últimos doce años de nuestro tiempo son el peor ejemplo de la ambición destructiva del cristianismo de cualquier edad. Es muy tedioso, y no es asunto mío, hablar en particular: esto ha sido frecuentemente observado por otros, y es sabido por casi todos. Me refiero a la guerra francesa, española, alemana, inglesa y holandesa.

Actualización moderna del Señor: El Señor me ha dicho: "Donde hay obediencia, hay justicia; sin ella, tendrás la Segunda Guerra mundial." No nos olvidemos que la alemania nazi era una nación "cristiana". Desde los primeros años de la formación del partido nazi y a través del período de conquista y crecimiento, Hitler expresió su apoyo cristiano a la ciudadanía alemana y sus soldados. Se cita a Hitler a continuación:

Mis sentimientos como cristiano me apuntan a mi Señor y Salvador como un luchador. Me apuntan al hombre que una vez en soledad, rodeado sólo de unos pocos seguidores, reconoció a estos judíos por lo que eran y mandó a llamar a los hombres a que pelearan en contra de ellos y quien, ¡la verdad de Dios!, fue el más grande no como un sufriente sino como un luchador. En el amor sin fronteras como cristitano y como hombre, yo leí el pasaje que nos dice cómo el Señor al final se levantó en su poder y se apoderó del látigo para sacar del templo a la camada de víboras. Qué terrible fue su lucha por el mundo en contra del veneno judío. Hoy en día, después de dos mil años, con la emoción más profunda reconozco más completamente que antes el hecho que fue por esto que Él tuvo que derramar su sangre sobre la cruz. Como cristiano yo no tengo el deber de permitir que yo sea engañado, pero tengo el deber de ser un luchador por la verdad y la justicia .... Y si hay algo que puede demostrar que estamos actuando correctamente es la aflicción que crece diariamente. Porque como un cristiano yo también tengo un deber hacia mi propio pueblo.... Cuando yo salgo en la mañana y veo a estos hombres parados en sus filas y miro sus rostros enjutos, entonces creo que no sería un cristiano, sino el mismo diablo, si no sintiera lástima por ellos, si yo no hiciera como hizo el Señor dos mil años atrás, al ir en contra de aquellos por causa de quienes hoy en día este pobre pueblo es saqueado y explotado.

-Adolf Hitler, en su discurso en Munich el 12 de abril de 1922

Aunque este discurso sea horrible y desagradable, ilustra cómo el confiar en un pequeño grupo de versículos bíblicos, mientras ignoramos las escrituras en su totalidad, puede producir una religión mostruosa. Hoy en día hay 45,000sectas cristianas, cada una con sus diferentes subconjuntos de escrituras, cada una con sus diferentes interpretaciones, cada una sin obediencia, cada una sin justicia. Como dijo el Señor anteriormente: con obediencia hay justicia, sin obediencia hay Segunda Guerra Mundial.

8. Pero la ambición no sólo habita en las cortes y senados. Es muy natural para cada individuo esforzarse por obtener poder. Diariamente vemos cómo tales hombres obran con gran ingenio e interés para ser grandes, para obtener posiciones más altas, o títulos más altos de lo que ellos tienen, para que puedan verse más grandes y más reconocidos; tomar el lugar de sus iguales, y así igual a aquellos que una vez fueron sus superiores: forzar a amigos, y vengarse de los enemigos. Esto hace que el cristianismo de los hombres mundanos sea tan poco estimado. El reino del verdadero cristianismo no es de este mundo. Aunque los cristianos mundanos hablan del reino, es el mundo lo que ellos aman. Nosotros podemos realmente decir que la gente profesa el cristianismo, pero siguen al mundo. Ellos no están buscando el reino del cielo primeramente, y su justicia, Mat 6:33, y confiar en Dios para el resto; sino más bien buscan asegurarse riquezas y la gloria de este mundo, mientras están preocupados acerca de la salvación sólo cuando están enfermos o en una crisis de la vida, si todavía creen en la vida después de la muerte.

9. Para concluír este tema: Grande es la paz de quienes tienen un límite para sus mentes ambiciosas; quienes han aprendido a estar contentos con sus nombramientos y los límites de la providencia; quienes no se están esforzando para ser grandes; sino siendo humildes hacen el bien y así son grandes. Los tales mantienen sus ingenios con sus conciencias, y con una mente uniforme pueden en todo tiempo medir el mundo no uniforme, descansar fijos en medio de todas sus incertidumbres. Los tales tienen un interés en un mundo mejor, para que venga en el tiempo y la buena voluntad de Dios, cuando ellos alegremente dejan este mundo. Pero los ambiciosos, concientes de sus prácticas impías, y llevados a la tumba con su culpa, deben ir a un tribunal para que no puedan asombrar ni sobornar.

CAPÍTULO IX

1. EL tercer efecto maligno del orgullo es un deseo excesivo de honor y respeto personal. Por lo tanto el orgullo ama el poder, para que ella pueda ser reverenciada, y que todos puedan darle honor, y aquellos que no lo hacen, se exponen a sí mismos a su ira y venganza. Y como orgullo, de manera que este efecto maligno es más o menos difundido a través de la humanidad; y ha sido ocasión de gran animosidad y malicia en el mundo.

2. Tenemos un ejemplo clásico en las escrituras de qué tipo de malicia y venganza es capaz un hombre orgulloso, cuando no es gratificado en este aspecto particular. Casi le costó su vida a Mardoqueo, y también a todo el pueblo judío, porque él no quiso inclinarse ante Amán, quien era un gran favorito del rey Asuero. Y la práctica del mundo, aún en nuestra era, nos dirá que no golpear una bandera o vela, y no saludar ciertos puertos o guarniciones, sí, aún cosas menos importantes han dado lugar a grandes guerras entre estados y reinos, con grandes costos de tesoros, pero más de sangre. Lo tal ha seguido la precedencia de príncipes y sus embajadores. También la envidia, disputas, y malicia que han sucedido entre personas privadas, por su engreimiento de que no han sido respetados por su grado o calidad entre los hombres, sin sombrero, rodilla, o título: de seguro, hacen duelo y asesinan, pero no a pocos. Una vez yo estuve en Francia, (lo cual fue antes de que yo profesara la comunión a la cual pertenezco ahora), atacado alrededor de las once de la noche, mientras caminaba a mi albergue, por una persona que me asaltó, con su espada desenfundada en la mano, quien demandó satisfacción de mí por no notarlo a él en un momento cuando él me saludó cortesmente con su sombrero; aunque la verdad es que yo no lo había visto en esos momentos. Supongo que él me hubiera querido matar, porque me dio varios pases. Yo, en mi defensa, lo pudiera haber matado cuando lo desarmé, como pudo ver el siervo del conde de Crawford, quien estaba cerca. Yo le pregunto a cualquier hombre de entendimiento o conciencia si todo el asunto era digno del precio de la vida de un hombre; considerando la dignidad de la naturaleza del hombre, y la importancia de la vida del hombre; y considerándolos con respecto a Dios su creador, a sí mismo, y el beneficio de una sociedad civil.

3. Pero la verdad es, el mundo, bajo su degeneración al alejarse de Dios, se ha apartado del honor verdadero y el respeto, como en otras cosas. Mucho de los honores y respetos que son expresados en el mundo son sólo una muestra, y típicamente son vanidad. Como dice el apóstol Pablo acerca de la ciencia falsa, son honores y respetos falsos, que no tienen nada de la naturaleza del verdadero honor y respeto en ellos. Más bien, han sido diseñados para degenerar a los hombres, que aman ser honrados; por lo tanto el orgullo sólo los ama y los busca, y es afrentado y airado si se le niega. Si los hombres conocieran el verdadero estado cristiano, y el honor que viene de arriba, que Jesús enseña, ellos no codiciarían estas mismas vanidades, mucho menos insistirían acerca de ellas.

 Sino más bien, es judío el que lo es en lo interior,
y la circuncisión es la del corazón, 
por el espíritu y no por la letra.
La alabanza del tal no proviene de los hombres, sino de Dios.
Rom 2:29

4. Esta es mi oportunidad para definir las razones más particularmente, por qué yo, y el pueblo con el cual yo camino en sociedad religiosa, han rehusado, como algo vano y necio, varias costumbres mundanas y modas de respeto, que son muy solicitadas a esta hora del día. Yo le imploro, lector, que ponga a un lado todo prejuicio y desprecio, y con la mansedumbre y la indagación de una mente sobria y discreta, lea y considere lo que se alega aquí en nuestra defensa; y si estamos equivocados, más bien tenga lástima e informe, que desprecie y abuse nuestra simpleza.

5. El primer y más urgente motivo sobre nuestros espíritus es rechazar la práctica de estas costumbres presentes de quitarse el sombrero, inclinando el cuerpo o la rodilla, y dar títulos y epítetos llamativos en nuestros saludos y discursos. Esta calidad, dada a nosotros por una visión y sentido de Dios por su luz y Espíritu dentro de nosotros, fue la causa de la apostasía del mundo cristiano al alejarse de Dios y los efectos de esa grande y lamentable defección. En el descubrimiento de la causa de esta defección, el sentido de nuestro estado vino primero ante nosotros, y se nos hizo verlo a Él a quien traspasamos, y lamentarnos por ello. Un día de humillación nos sorprendió, y perdimos los placeres y deleites que una vez amamos. Al principio nuestras obras fueron juzgadas, y una búsqueda meticulosa fue realizada, y las palabras del profeta llegaron a ser bien entendidas por nosotros: "¿Quién podrá resistir el día de su venida? o ¿quién podrá mantenerse en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador y como lejía de lavanderos." (Mal. 3:2). Y el apóstol dijo: "Y si el justo a duras penas se salva, ¿en qué irá a parar el impío y pecador?" (1 Pedro 4:18). "Conociendo, entonces," dijo el apóstol Pablo, "el temor del Señor, persuadimos a los hombres;" (2 Cor 5:11): ¿qué hacer? Salir de la naturaleza, espíritu, lujuria, y costumbre de este mundo impío: recordando que, como Jesús dijo, "Pero yo os digo que en el día del juicio los hombres darán cuenta de toda palabra ociosa que hablen." (Mat 12:36).

Nota del editor del sitio: Penn está describiendo la profundidad de la salvación de los primeros cuáqueros: el regreso del Señor, para su juicio, para la limpieza final. Él está presentando los argumentos que ellos tenían un conocimiento tan íntimo de Dios, una experiencia tan abrumadora de sobrecogimiento y respeto, que incluso las pequeñas "cortesías" del día para honrar al hombre llegaron a ser aberrantes para ellos porque ellas menoscababan su honor hacia Dios, como también ellos temían desagradarle por medio de palabras y acciones frívolas. Y como dijo Jorge, su temor de Dios no era tanto como para que ellos fueran castigados, sino más bien era que ellos lo decepcionarían a Él, a quien ellos tanto amaban.

Esta preocupación de mente y abatimiento de espíritu era visible a nuestros prójimos; y nosotros no estamos avergonzados de reconocer que los terrores del Señor se apoderaron tanto de nosotros, porque por mucho tiempo, bajo una profesión de religión, afligimos el Espíritu Santo de Dios, que nos reprobó en secreto por nuestra desobediencia; que a medida que aborrecimos pensar acerca de continuar en nuestros viejos pecados, así temimos usar las cosas legítimas, por temor de usarlas de manera ilegítima. Nuestro cielo pareció derretirse, y nuestra tierra pareció ser quitada de su lugar; y nosotros éramos como hombres, como dijo el apóstol, sobre quienes los fines del mundo habían venido. Dios sabe que así era en este día; el resplandor de su venida a nuestras almas es descubierto, y el aliento de su boca destruído, toda planta* que Él no había plantado en nosotros. Él era un testigo rápido en contra de todo mal pensamiento y toda obra infructífera; y, bendito sea su nombre, no fuimos ofendidos por Él, o por sus juicios justos. Ahora fue que una gran investigación vino sobre nuestra vida completa: toda palabra, pensamiento y obra fueron llevados a juicio, la raíz examinada, y su tendencia considerada. "Los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la soberbia de la vida" (1 Juan 2:16), fueron abiertos ante nuestra vista; el misterio de la iniquidad en nosotros. Al conocer la levadura impía, y sus varios efectos impíos en nosotros mismos, como había obrado, y qué había hecho, llegamos a tener un sentido y conocimiento de los estados de otros; y lo que no podíamos, no, no nos atrevíamos a dejar vivir y continuar en nosotros mismos, algo que fue manifestado a nosotros como procedente de un principio maligno en el tiempo de la degeneración del hombre, no podíamos cumplirlo en otros. Ahora digo esto, y que en el temor y la presencia del Dios justo que todo lo ve, los presentes honores y respeto del mundo, entre otras cosas, llegaron a ser pesados para nosotros. Vimos que no tenían lugar en el paraíso, que ellos crecían en la noche, y que vinieron de una raíz enferma; y que ellos sólo deleitaban una mente vana y enferma, y que mucho orgullo y locura estaban en ellos.

*Penn ha descrito de manera muy modesta el legendario regreso de Jesús, su experiencia del fin del mundo, la destrucción del anticristo dentro de ellos, y su entrada en el reino de Dios; es tan modesto porque él sólo está tratando de explicar su restricción al no honrar a los hombres debido a su tremendo cambio interno producido por Cristo.

6. Y aunque fácilmente anticipamos las tormentas de reproche que caerían sobre nosotros por rehusarnos a practicar estos honores de los hombres, sin embargo estábamos tan lejos de ser sacudidos en nuestro juicio, que los anticipados reproches grandemente confirmaron nuestra creencia en su necesidad. El hombre es tan exaltado y ama tanto el honor y el respeto, aún de las criaturas como él, que tan pronto como nuestra sensibilidad de conciencia hacia Dios resultó en que dejáramos esos honores, él [otros hombres] ignoró todo lo demás que dijimos con respecto a la salvación, mientras se enfocó solamente en que no lo honramos con vanas superficialidades. Cualquier principio que declaramos relacionado al honor de Dios y nuestra propia salvación, él [otros hombres] consideró como mucho más importante, una herejía y blasfemia más grande rehusarle a él el honor de quitarnos nuestro sombrero; o negarle los títulos halagadores; o negarle un juramento a su salud [al tomar alcohol, un brindis a la salud de alguien], o rehusar jugar cartas o dados con él. Cualquier otra cosa que nuestra religión practicara, no era importante para él, porque todas las otras prácticas de nuestra religión eran eclipsadas por nuestra negativa de honrarle con vanas superficialidades.

[Pero si hacéis distinción de personas, cometéis pecado y sois reprobados por la ley como transgresores. Santiago 2:9 Mostrar parcialidad con las personas es una manera en que los cristianos quebrantan la ley. ¿Qué ley? La ley que está en el corazón de todo hombre y nunca ha sido cancelada.]

7. Se argumenta frecuentemente que nuestra negativa es sólo formas precisas externas de piedad, pero esa acusación es sólo una falsedad usada para unir a nuestros opositores. Yo declaro, en el temor del Dios Todopoderoso, que estos argumentos imaginados y vanas construcciones vienen de hombres no informados. Estos opositores no tienen el entendimiento, que el Señor nos ha dado, de lo que surge de las raíces buenas y malas en el hombre. Cuando tales censuradores de nuestra sencillez sean tocados interiormente y despertados por el gran poder de Dios, de manera que ellos vean cosas como en la luz de su naturaleza y sus semillas; entonces ellos conocerán sus obligaciones similares. Ellos entonces podrán ver fácilmente nuestra inoncencia, y el error de sus acusaciones anteriores de nuestra locura e hipocresía al negarnos a honrar a los hombres.

8. Ellos dicen que nosotros colamos las cosas pequeñas, lo cual es incompatible con nuestras pretensiones de libertad de espíritu. Yo respondo con mansedumbre, verdad y sobriedad; primero, ninguna de las cosas que Dios hace un asunto de conciencia el hacerlo, o dejar sin hacer, es pequeño. Después, no importa cuán pequeñas nuestros opositores digan que son estas cosas coladas, nuestros opositores consideran el que nosotros las retengamos lo suficientemente importante como para golpearnos, encarcelarnos, rehusar hacernos justicia, etc.; ignorando el escarnio y reproche que ha sido frecuentemente arrojado a nosotros por esta causa. Por lo tanto si hubiéramos querido prueba de la verdad de nuestra creencia interna y juicio, las reacciones violentas de nuestros opositores fue suficiente confirmación. Basta decir que "la sabiduría es justificada por sus hechos" (Mat 11:19); nosotros sólo pasivamente dejamos la práctica de lo que se nos ha enseñado a creer que es vano y poco cristiano. Un cese pasivo no puede ser atribuído como una forma de piedad; porque al quitar las prácticas, no establecemos nuevas formas.

9. El mundo está tan establecido en ceremonias externas, que ha sido la sabiduría de Dios en todas las edades presentar sus dispensaciones con muy diferentes apariencias a sus costumbres establecidas. Por lo tanto la dispensación de Dios ha contradecido los inventos humanos, y por lo tanto probó la integridad de sus confesores. No, la negativa de dar honor es una prueba para el mundo. Ella pone a prueba qué paciencia, bondad, sobriedad y moderación ellos tienen. Si los rudos y groseros que están fuera de la verdad no tropiezan al ser quitado este honor, cuya belleza es interior, un gran descubrimiento ocurre dentro de ellos. Porque aquel que rehúsa una joya preciosa, porque es presentada en una caja sencilla, nunca estimará su valor, ni establecerá su corazón en guardarla. Por lo tanto yo la llamo una prueba, porque muestra dónde están pegados los corazones y los afectos del pueblo, después de toda su gran pretención de cosas más excelentes.

10. También es una prueba poderosa sobre el pueblo de Dios. Cuando el mundo descubre su contradicción a las costumbres generalmente recibidas y estimadas del mundo, ellos [el pueblo de Dios] están expuestos al asombro, desprecio, y abuso de la multitud. Pero hay un tesoro escondido en esto: nos aisla del escarnio, nos enseña a despreciar la reputación falsa del mundo, y a someternos silenciosamente a la contradicción y desprecio de los devotos del mundo; y finalmente, con una mansedumbre y paciencia cristiana, a vencer sus heridas y menosprecio. Añádale a esto: lo aleja de sus amistades; porque al ser despreciado por ellos como un idiota, un tonto, un fanático, etc., usted es liberado de una tentación más grande; y ese es el poder y la influencia de su vana conversación. Lo último de todo, lo pone en la lista de la compañía del bendito, ridiculizado y perseguido Jesús; para pelear bajo su estandarte en contra del mundo, la carne, y el diablo; para que después de haber fielmente sufrido con Él en un estado de humillación, usted pueda reinar con Él en un estado de glorificación; quien glorifica a sus pobres, despreciados y certeros seguidores con la gloria que Él tenía con el Padre antes de la fundación del mundo (Juan 17:5). Esta es la razón primera y principal de nuestra negativa a practicar los recién mencionados honores, respetos, etc.

11. La segunda razón por la cual nos negamos y rehusamos el presente uso de estas costumbres en nuestros discursos y saludos, viene de la consideración de su gran frivolidad y vanidad; que no hay nada de verdadero honor y respeto en ellos, aún si ellos no fueran malos. Así como la religión y la adoración se han degenerado a una forma y ceremonia, y ellas [las formas y ceremonias del cristianismo] no están de acuerdo a la práctica de los primeros cristianos, tampoco lo es el honor y el respeto [no están de acuerdo a la práctica de los primeros cristianos]. Hay tan poco verdadero honor en el mundo como también verdadera religión y adoración; y, de seguro, en estas costumbres, ninguna era justificable por las escrituras o la razón.

12. En las escrituras encontramos que la palabra honor es usada frecuentemente. Primero para obediencia, como cuando Dios dijo: "los que me honran" (1 Sam 2:30); esto es, los que guardan mis mandatos. "Honrad al rey" (1 Pedro 2:17); esto es, obedeced al rey. "Honra a tu padre y a tu madre" (Exo 20:12); esto es, dijo el discípulo a los efesios: "Obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo" (Efe 6:1-2); haced caso de sus preceptos y consejos: siempre presuponiendo que los gobernadores y padres ordenan cosas lícitas, de otra manera ellos se deshonran a sí mismos para imponer cosas ilícitas; y los súbditos y niños deshonran a sus superiores y sus padres, al obedecer sus mandatos injustos. También Cristo usa esta palabra así, cuando dice: "Yo no tengo demonio. Más bien, honro a mi Padre, pero vosotros me deshonráis" (Juan 8:49); esto es, hago la voluntad de mi Padre en lo que hago, pero ustedes ni me quieren oír; ustedes rechazan mi consejo, y no quieren obedecer mi voz. No era rehusar el sombrero o la rodilla, ni pequeñeces frívolas; no, era desobediencia, resistir a Aquel que Dios había enviado, y no creer en Él. Este era el deshonor que Él les impuso; acusándolo como impostor, a quien Dios ordenó para la salvación del mundo. Y de estos deshonradores hay muchos en este día. Cristo tiene un dicho con el mismo propósito: "para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió" (Juan 5:23); esto es, aquellos que no escuchan a Cristo, y no lo adoran ni obedecen, ellos no oyen, ni adoran, ni obedecen a Dios. Así como ellos pretenden creer en Dios, ellos debieran haber creído en Él; Él se los dijo. Esto se muestra claramente en el caso del centurión, cuya fe fue tan elogiada por Cristo; cuando, dándole a Jesús un informe de su honorable estación, él le dijo que tenía soldados bajo su autoridad, y cuando él le decía a uno "ve", él iba; y a otro "ven", y venía; a un tercero "haz esto", y lo hacía. (Lucas 7:8). En las acciones resultantes, Él puso el honor en su capacidad, y el respeto de sus soldados, y no en los sombreros y en inclinarse; ni todavía están tales costumbres aun en uso entre soldados que son afeminados, e indignos de gravedad masculina.

13. En el siguiente lugar, el honor es [se supone que debe ser] usado con una colocación superior de confianza y empleos eminentes. De modo que el salmista, hablándole a Dios: "le has coronado de gloria y de honra": nuevamente, "honra y esplendor has puesto sobre él" Salmo 8:5,21:5; esto es, Dios le ha dado a Cristo poder sobre todos sus enemigos, y lo ha exaltado para que tenga gran dominio. Así el sabio sugiere, cuando él dice: "El temor de Jehovah es la enseñanza de la sabiduría, y antes de la honra está la humildad" (Prov 15:33). Esto es, antes del avance y la preferencia está la humildad. Además, él dice: "Como nieve en el verano y lluvia en la siega, así no le caen bien los honores al necio" (Prov 26:1); esto es, un necio no es capaz de la dignidad de la confianza, empleo o preferencia; lo cual requiere virtud, sabiduría, integridad, diligencia, las cuales los necios carecen. Y sin embargo si los respetos y títulos que se usan entre nosotros [la gente de Inglaterra en el siglo 17] son para recibir marcas de honor, el proverbio de Salomón tendrá lugar, y sin duda así es, sobre la práctica de esta época, que rinde tanto de ese honor para muchos de los necios de Salomón; quienes no sólo son hombres tontos, sino impíos también; los que rehúsan esta instrucción, y odian el temor del Señor (Prov 13:18); los cuales [instrucción y temor] sólo lo hacen uno de sus hombres sabios.

14. Así como la virtud y la sabiduría son lo mismo, también lo son la locura y la impiedad. Así se le llama cuando Siquem se acostó con Dina, la hija de Jacob (Gen 34:7); también Josúe llamó la rebelión y la impiedad de los israelitas (Josué 7:15). El salmista lo expresa así: "Hieden y supuran mis heridas a causa de mi locura" (Salmo 38:5); esto es, su pecado. Y, "El Señor hablará paz a su pueblo y a sus fieles, para que no se vuelvan a la locura" (Salmo 85:8); esto es, al mal. "Sus propias maldades," dice Salomón, "apresarán al impío, y será atrapado en las cuerdas de su propio pecado. Él morirá por falta de disciplina, y a causa de su gran insensatez se echará a perder." (Prov 5:22-23). Cristo menciona la necedad con la blasfemia, el orgullo, el robo, los homicidios, adulterios, impiedad, etc. (Mar 7:21-22). Yo estaba más dispuesto a añadir estos pasajes, a mostrar las diferencias entre la mente del Espíritu Santo, y la noción que esas edades tenían de los necios, que no merecían honor, y lo que generalmente significa decir necios y locura en nuestro tiempo; para que podamos entender mejor la desproporción que hay entre honor, como se entendía entonces por medio del Espíritu Santo, y aquellos que fueron guiados por él; y la aprensión de él, y la práctica de esas épocas posteriores de cristianos profesos.

15. Pero honor también se considera reputación, y de esa manera la entendemos nosotros: "La mujer agraciada," dice Salomón, "obtendrá honra" (Prov 11:16); esto es, ella mantiene su crédito; y por su virtud matiene su reputación de sobriedad y castidad. En otro lugar dice: "Al hombre le es honroso apartarse de la contienda" (Prov 20:3); esto es, le da una reputación como un hombre sabio y bueno. Cristo usa la palabra de esta manera, cuando dice: "No hay profeta sin honra sino en su propia tierra" (Mat 13:57); esto es, él tiene el crédito, y es valorado, excepto en la casa. El apóstol a los tesalonicenses tiene algo que decir acerca de esto: "que cada uno de vosotros sepa controlar su propio cuerpo en santificación y honor" (1 Tes 4:4); esto es, en castidad y sobriedad. En todo lo cual ninguna de las modas que nosotros rechazamos está de otra manera relacionado que estar completamente excluido.*

[Traducción: no hay referencia a modas de honor, el cual los cuáqueros rechazaron darle a los hombres, como algo que fuera honrado en las escrituras. Penn dice esto porque el mundo insiste que inclinarse, quitarse el sombrero, y los títulos superfluos para dirigirse a alguien eran sólo "mostrar honor" a otros hombres].

16. Existe aun otro uso de la palabra honor en las escrituras, y este es para funciones y capacidades; como cuando se dice: "Los ancianos son dignos de doble honor" (1 Tim 5:17); esto es, se merecen doble estima, amor y respeto; siendo santos, misericordiosos, temperados, pacíficos, humildes, etc., especialmente uno que trabaja en la palabra y la doctrina. Por lo tanto Pablo recomienda a Epafrodito a los filipenses; "Recibidle, pues, en el Señor con todo gozo y tened en alta estima a hombres como él" (Fil 2:29); como si él hubiera dicho: permitan que sean valorados y considerados por ustedes en lo que dicen y enseñan; lo cual es la manera más verdadera, y más natural y convencedora de testificar respeto a un hombre de Dios. Como Cristo le dijo a sus discípulos: "El que me ama mi palabra guardará." Además, el apóstol nos dice que honremos a las viudas que realmente son viudas: esto es, las mujeres que tienen una vida casta y virtud ejemplar son honorables.

17. La palabra honor, en las escrituras, también se usa de superiores a inferiores. Lo cual se ve claramente en el caso de Asuero a Amán: "¿Qué se hará al hombre a quien el rey desea honrar?" (Ester 6:6). Se le asciende poderosamente, como sucedió con Mardoqueo después. Y más particularmente se dice que "Los judíos tuvieron esplendor y alegría, regocijo y honra" (Ester 8:16); esto es, ellos escaparon la persecución que estaba apunto de caer sobre ellos, y por medio de Ester y Mardoqueo, ellos disfrutaron no sólo de paz, sino favor y aprobación también. En este sentido el apóstol Pedro aconsejó a los hombres cristianos a "honrar a sus esposas" (1 Pedro 3:7); esto es, amarlas, valorarlas y estimarlas por su fidelidad y afecto a sus esposos, por su tierno cuidado de sus hijos, y por su diligencia y prudencia en sus familias. No hay comportamiento ceremonioso, o títulos llamativos que se requieran para expresar este honor. Entonces Dios honra sólamente a los hombres santos: "Yo honraré," dice el Señor "a los que me honran, pero los que me desprecian serán tenidos en poco" (1 Sam. 2:30); esto es, les haré bien a ellos, amaré, bendeciré, aprobaré y prosperaré a los que me honran, que me obedecen; pero aquellos que me desprecian, que resisten mi Espíritu, y quebrantan mi ley, ellos serán tenidos en poco, poco establecidos o considerados; ellos no encontrarán favor con Dios, ni con los hombres justos. Así lo vemos diariamente entre los hombres: si los grandes visitan o se preocupan de ayudar al pobre, decidmos que tales grandes hombres hicieron el honor de venir y ver, o ayudar, en la necesidad.

18. Concluiré esto con un pasaje más, y es uno muy grande, claro y pertinente: "Honrad a todos; amad a los hermanos" (1 Pedro 2:17): esto es, el amor está por encima del honor, y aquel está reservado para los hermanos. Pero el honor, que es estima y consideración, se lo debemos a todos los hombres; y si a todos, entonces a nuestros inferiores. Pero ¿por qué a todos los hombres? Porque ellos son la creación de Dios, y también la parte más notable de su creación; ellos también son de su mismo género; sea natural, y asístalos con lo que pueda; esté listo a realizar cualquier respeto real, y cédales cualquier bien o amabilidad que usted pueda.

19. Y sin embargo parece haber una limitación en el mandamiento Honrad a todos los hombres, en ese pasaje del piadoso David: "¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién residirá en tu santo monte? aquel ante cuyos ojos es menospreciado el vil, pero que honra a los que temen a Jehovah" (Sal 15:1-4). Aquí el honor está limitado y adherido a las personas piadosas; y el deshonor es hecho el deber de los justos a los impíos; y una marca de que son justos es que ellos deshonran, esto es, desairan o desprecian a los injutos. Para concluir esta indagación bíblica del honor, contrataré el tema bajo tres capacidades: superiores, iguales, e inferiores; el honor a los superiores es obediencia; a los iguales, amor; a los inferiores, aprobación y ayuda. Estos son ejemplos de acuerdo a la mente de Dios, y la moda antigua del pueblo santo.

20. Pero qué poco de todo esto se puede ver o tener en un pobre y vacío sombrero, reverencia, en rebajarse, o en un título llamativo y halagador; que todos los testigos de Dios que hablan la verdad en toda la humanidad juzguen esto. Porque yo no debo atraer al hombre corrupto, orgulloso y egoísta, del bien o mal de esas costumbres. Porque tan raramente como un hombre así practicaría estos honores con otros, las amaría o buscaría, y él está furea del humor y la ira si él no los recibe.

Esta es nuestra segunda razón de por qué nosotros rehusamos practicar las acostumbradas ceremonias de honor y respeto; porque no hallamos tal noción o expresión de honor y respeto, recomendadas a nosotros por el Espíritu Santo en las escrituras de la verdad.

21. Nuestra tercera razón por no usarlas como testimonio de honor y respeto es porque no hay descubrimiento de honor o respecto hecho por ellos; más bien es eludirlo o equivocarlo, robándole a la gente el honor y el respeto que se les debe, y dándoles nada con la pretensión de darles algo. Dentro de ellos [las ceremonias de honor y respeto] no hay obediencia los superiores, ni amor a los iguales, ni ayuda o aprobación a los inferiores.

22. Nosotros estamos, declaramos a todo el mundo, para el honor verdadero y respeto; honramos al rey, nuestros padres, nuestros amos, nuestros magistrados, nuestros patrones, unos a otros; sí, todos los hombres, según el camino de Dios, una práctica de los hombres y mujeres santos del tiempo antiguo. Pero rehusamos estas costumbres [de quitarse el sombrero, inclinarse y títulos halagadores], como vanidosos y engañosos; no respondiendo al propósito para el cual son usados.

23. Pero, en cuarto lugar, se puede decir aun más: encontramos que esa gente vanidosa, suelta, y mundana son los grandes amantes y practicantes de esas cosas, y los que más ridiculizan nuestra sencillez de comportamiento. Ahora nosotros sabemos con seguridad, por los sagrados testimonios, que esas personas no pueden dar verdadero honor si viven en un espíritu deshonorable; ellos no lo entienden; pero ellos pueden dar el sombrero y la rodilla, y son muy liberales con ellos, nadie es más experto en esto. Esto es para nosotros una prueba de que ningún honor verdadero puede ser testificado por aquellas costumbres que la vanidad y lo disoluto aman y usan.

24. Después de esto yo añado hipocresía y venganza también. Porque ¡cuán poco se preocupan muchas personas de otras! No, qué rencor, envida, animosidad, deslealtad secreta, y trama de los unos en contra de los otros, suceden bajo el uso de estos respetos ociosos; hasta que la pasión, muy fuerte para la malicia, derrumba la hipocresía y llega a la afrenta abierta y la venganza. Es incompatible con las definiciones bíblicas del honor. Obedecer, o preferir a un hombre, por causa del rencor, no se hace usualmente; y amar, ayudar, servir, y mostrar bondad a una persona, para engañar y vengarse de él, es algo que nunca se menciona en las escrituras. Las escrituras nunca defienden la hipocresía ni la venganza. Los hombres no dan repeto superficial para disminuir la mala voluntad; los testimonios son más bien lo contrario. Es absurdo imaginarlo, porque es imposible hacerlo.

25. Nuestra sexta razón es que el honor existía desde el comienzo, pero los repetos de sombrero y la mayoría de los títulos vinieron después. Por lo tanto el verdadero honor existía antes que los sombreros y la mayoría de los títulos; y consecuentemente el verdadero honor no está en ellos. Y cualquiera fuera la manera de expresar verdadero honor todavía es la mejor manera; y esto enseña las escrituras mejor de lo que lo hacen los maestros bailarines.

26. En séptimo lugar, si el honor consiste en tales ceremonias, entonces se entiende que los que son más capaces de mostrar honor son los que lo realizan de manera más exacta, de acuerdo a la manera o moda de los tiempos; consecuentemente, un hombre así no tiene la medida del verdadero honor, de un principio justo y razonable en sí mismo, sino por los medios y la habilidad de los fantásticos maestros bailarines de los tiempos; y es por esta causa que vemos que muchos dan mucho dinero para que sus hijos aprendan sus honores, falsamente así llamados. Y qué hace esto sino completamente excluir a los pobres que viven en el campo; quienes, aunque aran, labran, cosechan, van al mercado, y en todas las cosas obedecen a sus jueces, patrones, padres y amos, con sinceridad y sobriedad, raramente usan estas ceremonias; pero si lo hacen, es hecho tan torpe y pobremente que ellos son estimados por un crítico de la corte como tan pobremente favorecidos que más bien están para bromear y reirse de esto; pero ¿qué hombre sobrio no considerará su obediencia como más allá de la vanidad e hipocresía de otros? Esta noción base del honor abre la puerta a la verdad, y pone lo falso en su lugar. Que sea considerado que aun más que el camino o la manera de hacerlo está mucho más en el diseño de los que los realizan, como también la vista de sus espectadores, que el respeto mismo. Y se dice comúnmente: él es un hombre de buen comportamiento [caracter]; o: ella es una mujer de comportamiento exacto. Y qué es este comportamiento sino posturas fantásticas y contraídas, antinaturales para su forma; y si no estuviera de moda, entonces sería ridículo ante la vista de todo el pueblo; y por lo tanto es para los países orientales un proverbio.

27. Pero sin embargo, en octavo lugar, el honor real no consiste en [quitarse] el sombrero, inclinarse, o tener títulos, porque todas estas cosas se pueden tener por dinero, razón por la cual, ¡cuántas escuelas de baile, obras de teatro, etc., hay en esta región, a las cuales los jóvenes en general son enviados para ser educados en estas modas vanidosas! Mientras son ignorantes del honor que es de Dios, y sus mentes son atraídas a cosas visibles que perecen; y, en vez de recordar a su Creador, son atraídos a juguetes y afectaciones; y a veces tanto peor, de manera que les cuesta una exclusión de la herencia, y sus indiscreciones, a los padres aflicción y miseria todos sus días (Prov 3:9). Si los padres honraran a Dios en la ayuda a los pobres con la sustancia que ellos le otorgan a esa educación, ellos encontrarían un reporte mucho mejor al final.

28. Pero finalmente, no podemos estimar las reverancias, los títulos y el quitarse el sombrero, porque esas costumbres han sido prohibidas por Dios, su Hijo, y los siervos en días pasados. Esto yo me esforzaré para que sea mostrado por tres o cuatro autoridades explícitas.

29. Mi primer ejemplo y autoridad es tomado del ejemplo de Mardoqueo y Amán; tan cercano a este punto, que pienso que por lo menos deberían inspirar silencio a las objeciones frecuentemente avanzadas en contra de nosotros. Amán fue primero ministro de estado, y favorito del rey Asuero. El texto dice que el rey estableció su trono sobre todos los príncipes que estaban con él; y todos los siervos del rey se inclinaron y reverenciaron a Amán; porque el rey había mandado esto con respecto a él; pero Mardoqueo, al parecer, no se inclinó, ni lo reverenció (Ester 3:1,2). Esto al principio resultó en problema para Mardoqueo; una horca fue preparada para él por orden de Amán. Pero la continuación de la historia muestra que Amán probó [fue colgado en] su propio invento, y así terminó su orgullo con su vida. Bueno ahora, hablando como el mundo habla, y mirando a Mardoqueo sin conocimiento del éxito; ¿acaso no fue Mardoqueo un payaso, por lo menos un hombre absurdo, lúgubre y cómico, al correz tal riesgo por una pequeñez [como inclinarse ante Amán]?

¿Qué daño le hubiera hecho haberse inclinado y honrado al que el rey honraba? ¿Acaso no despreció al rey al ignorar a Amán? No, ¿acaso el rey no mandó a darle ese respeto, y no debemos nosotros honrar y obedecer al rey? Alguno hubiera pensado que él se podría haber inclinado por causa del rey, sin importar lo que estuviera en su corazón, y aún así salir bastante bien; porque él no se hubiera inclinado solamente ante Amán, sino a la autoridad del rey; además, era sólo una ceremonia inocente. Pero parece que Mardoqueo era muy simple y coruplento, y no suficientemente fino y sutil como para evitar el desagrado de Amán.

No obstante, él era un hombre excelente; él temía a Dios, y obraba justicia. En esto mismo él también agradaba a Dios, y al rey también, al final, quien tenía la razón más grande para estar airado con él porque él lo elevó a la dignidad que tenía Amán; y si se pudiera, a un honor más grande. Es verdad, primero vinieron las noticias tristes; no menos que la destrucción para Mardoqueo, y todo el pueblo de los judíos también, por causa de él; pero la integridad de Mardoqueo y su humillación, su ayuno, y fuertes clamores a Dios prevalecieron, y el pueblo fue salvo; y el pobre y condenado Mardoqueo llega, después de todo, a ser exaltado por encima de los príncipes, ya sea en este o cualquier otro aspecto. Aquellos que permanecen fieles en lo que están convencidos que Dios les exige, aunque vayan en contra de la tendencia del mundo, y de ellos también, encontrarán una bendita recompensa al final. Hermanos míos, recuerden la copa de agua fría: "a su tiempo cosecharemos, si no desmayamos." Y acuérdense que nuestro Capitán no se inclinó ante aquel que le dijo: "Si te postras y me adora, te daré la gloria del mundo;" ¿nos inclinaremos nostros entonces? ¡Oh no! Sigamos a nuestro bendito Líder.

30. Pero antes de que deje esta sección es apto añadir que en conferencia con un obispo ya difunto, y no poco eminente, acerca de este tema y este caso, recuerdo que él trató de evadirlo así: "Mardoqueo," dijo él, "no rehusó inclinarse, porque que era un testimonio de respeto al favorito del rey; pero él, siendo figura y tipo de Cristo, rehusó porque Amán era de la incircunsición, y debía más bien inclinarse ante él." A lo cual yo respondí que, al permitir que Mardoqueo sea una figura de Cristo, y los judíos del pueblo de Dios o la iglesia; y que como los judíos fueron salvados por Mardoqueo, así la iglesia es salva por Cristo; esto me hace a mí; porque entonces, por esa razón, la circunsición espirutal, o pueblo de Cristo, no deben recibir ni inclinarse a las modas y costumbres de la incircunsición espiritual, quienes son los hijos del mundo, de los cuales los que eran condenables tanto tiempo atrás en el tiempo del tipo y la figura, no pueden por ningún medio ser recibidos o practicados de manera justificable en el tiempo del anti-tipo o la sustancia misma. Al contrario, esto muestra explícitamente que somos fieles al rechazar esas costumbres mundanas, y no comportarnos de acuerdo a la conducta del pueblo mundanal; sino ser renovados y cambiados en nuestros caminos, y mantenernos cerca de nuestro Mardoqueo; quien si no se inclinó, nosotros tampoco debemos inclinarnos, los que somos su pueblo y sus seguidores. Cualquiera sean nuestros sufrimientos o reproches, tendrán un fin; Mardoqueo, nuestro capitán, quien aparece para su pueblo a través de todas las provincias, en la puerta del rey, nos entregará al final; y, por causa de él, seremos favorecidos y amados por el rey mismo también. Tan poderoso es el fiel Mardoqueo al final. Por lo tanto miremos todos a Jesús, nuestro Mardoqueo, el Israel en verdad; Aquel que tiene poder con Dios, y no quiere inclinarse en la hora de la tentación, sino que ha prevalecido poderosamente; y por lo tanto es un Príncipe para siempre, y "su gobierno no tiene fin" (Isa 9:7).

31. El siguiente ejemplo bíblico en contra del cual yo insto es un pasaje en Job, que se expresa así: "Yo no haré distinción de personas, a ningún hombre adularé. Porque nunca he sabido adular; mi Hacedor me llevaría en breve." (Job 32:21-22).

La pregunta que surgirá después del alegato de este versículo es esto, a saber: ¿qué títulos son halagadores? La respuesta es obvia, a saber: títulos que son vacíos y ficticios y que lo hacen más de lo que es; como llamar al hombre lo que no es, para complacerlo; o para exaltarlo más allá de su verdadero nombre, oficio, o desierto, para ganar su afecto; quien, al parecer, desea el honor y el respeto de los que son así: gran excelencia, más sagrado, su merced, su señoría, más temida majestad, justo y honorable, justo y adorable, el más adorable, podría agradar a su majestad, su gracia, su señoría, su honor [reverendo], su adoración, y títulos y atributos innecesarios como estos, calculados sólo para agradar y entusiasmar a los hombres pobres, orgullosos, vanidos, pero mortales. De la misma manera, llamar al hombre lo que no es, como mi señor, mi amo, etc., y sabio, justo, y bueno, cuando él no es ninguna de esas cosas, sólo para agradarle, y enseñarle respeto.

Esto fue hecho entre los judíos, bajo su degeneración: Por lo tanto uno vino a Cristo y le dijo: "Maestro bueno, ¿qué haré para obtener la vida eterna?" (Lucas 18:18). Era un saludo o discurso de respeto en esos tiempos. Es familiar ahora: buen señor mío, buen señor, buen maestro, haga esto, o haga lo otro. Pero ¿cuál fue la respuesta de Cristo? ¿Cómo lo tomó Él? "¿Por qué me llamas "bueno"?" dijo Cristo; "Ninguno es bueno, sino sólo uno, Dios" (versículo 19). Aquel que lo rechazó tenía más derecho a guardarlo que toda la humanidad; ¿y por qué? ¿Porque acaso había uno más grande que Él? Y Él vio que el hombre se lo dirigió a su humanidad, como era la costumbre de esos tiempos, y no a su divinidad, que moraba dentro del hombre. Por lo tanto Cristo la rehusó, mostrándonos e instruyéndonos de que no debemos dar tales epítetos y títulos comúnmente a los hombres; ya que bueno sólo se le puede llamar a Dios y la piedad, sólo se puede decir en halagos a los hombres caídos, y por lo tanto es pecado decirlo.

Esta vida sencilla y exacta le pareció bien a Cristo, que fue a propósito manifestada para regresar y restaurar al hombre de su lamentable degeneración, a la inocencia y pureza de su primera creación; quien nos ha enseñado a ser cuidadosos de cómo usamos y damos atributos al hombre con ese dicho tan severo: "en el día del juicio los hombres darán cuenta de toda palabra ociosa que hablen" (Mat 12:36). Y que debe advertirle a todos los hombres de la latitud que toman aquí, y justifica suficientemente nuestra sensibilidad es esta: que el hombre puede escasamente cometer un daño y ofensa más grande en contra del Dios Todopoderoso que atribuir cualquiera de sus atributos al hombre, la criatura de su palabra, y la obra de sus manos. Él es un Dios celoso de su honor, y no le dará su gloria a otro. Además, está tan cerca del pecado de los ángeles caídos que trataron de ser más grandes y mejores de lo que fueron hechos por el gran Señor de todo. Autorizar al hombre a una estación por encima de su hechura y orbe, se ve tanto como idolatría (el pecado imperdonable bajo la ley), que es difícil pensar cómo los hombres y mujeres que profesan el cristianismo, y seriamente reflejan de su vanidad y maldad en estas cosas, pueden continuar en esas cosas, mucho menos rogar por ellos; y menos aún reprochar y ridiculizar a aquellos que por medio de la sensibilidad de la conciencia no pueden usarlos y dárselos. Parece que Eliú no se atrevió a hacerlo; sino que le puso tanta importancia al asunto como para hacer esto una razón de su contención, a saber: "Por temor a que mi Hacedor me lleve en breve": es decir, por temor de que Dios me destruya, no me atrevo a darle a los hombres títulos que estén por encima de ellos, o títulos meramente para complacerlos. Yo no puedo, de ninguna manera, satisfacer ese espíritu que desea tales cosas. Dios debe ser exaltado, y el hombre rebajado. Dios está celoso de cuando el hombre es puesto más arriba de su estación. Él prefiere que mantenga su lugar, como su original, y recuerde la roca de donde él vino; que lo que él ha pedido prestado, no es suyo sino de su Hacedor, quien lo creó y lo sustentó; lo cual el hombre es muy apto a olvidar. Por temor a que yo sea accesorio de eso al dar títulos halagadores, en vez de decirle verdadera y claramente lo que él es, y usándolos como él debe ser tratado, y así provocando a mi Hacedor al desagrado, y que Él en su enojo y celos me tome pronto, o cause mi muerte repentina y final prematuro, no me atrevo a usarlos; no me atrevo a dar títulos halagadores a los hombres.

32. Pero si no tuviéramos esto para afirmarlo del Antiguo Testamento, debería bastarle a los cristianos que estas costumbres son severamente censuradas por el gran Señor y Maestro de su religión; quien está tan lejos de requerir que las personas se den honores los unos a los otros, que Él no los satisface de esa manera, no importa las costumbres que tengan en el país donde viven. Porque Él culpa a los judíos de eso como marca de su apostasía: "¿Cómo podéis vosotros creer? Pues recibiendo la gloria los unos de los otros, no buscáis la gloria que viene de parte del único Dios." Así su infidelidad con respecto a Cristo es efectuada al buscar los honores mundanales en vez de sólo los honores celestiales. Esto se entiende fácilmente si consideramos que el amor propio y el deseo de recibir honor de los hombres es inconsistente con el amor y la humildad de Cristo. Ellos buscaron la buena opinión y respeto del mundo; y ¿quién vino de manera inesperada, lo cual violó su mente y su descontrol? El significado de nuestro Señor Jesús es claro porque Él nos dice qué era ese honor que ellos dieron y recibieron, por el cual Él los condenó, y de lo cual Él le dijo a los discípulos para que tuvieran cuidado de la reacción del mundo a su humildad y su cruz. Sus palabras son estas, y Él las pronuncia no refiriéndose a la muchedumbre, sino a los doctores, los hombres grandes, los hombres de honor entre los judíos: "Aman," dice Él, "los primeros asientos en los banquetes" (Mat 23:6), es decir, lugares del rango y respeto más alto; y "salutaciones" (Mar 12:38-39), es decir, saludos de respeto, como quitarse el sombrero, e inclinar el cuerpo son en nuestra era, en los lugares de mercado, es decir, en los lugares de nota y reunión, los lugares públicos para caminar y los intercambios en el país. Y finalmente, "aman," dice Cristo, "ser llamados por los hombres Rabí, Rabí;" uno de los títulos más eminentes entre los judíos. Una palabra que comprende una excelencia igual a muchos títulos, puede significar su gracia, su señoría, reverendo padre, etc. Es sobre estos hombres de crianza y calidad que Él pronuncia estos ayes, haciendo de estas prácticas algunas de las marcas impías por las cuales los podemos conocer, como también algunos de los motivos de sus amenazas en contra de ellos. Pero Él no ha terminado aun en sus enseñanzas con respecto al honor. Él desarrolla este mismo punto de honor más que todo el resto en su advertencia a sus discípulos; a quien Él les mandó: "Pero vosotros, no seáis llamados Rabí; porque uno solo es vuestro Maestro, y todos vosotros sois hermanos. Ni os llaméis maestro. Pero el que es mayor entre vosotros será vuestro siervo; porque el que se enaltece será humillado" (Mat 23: 8-12). Está claro que estos pasajes llevan una severa reprimenda, tanto para el honor mundano en general, como a aquellos miembros y expresiones de este honor en particular, lo cual, tan cercano al lenguaje de las escrituras y las costumbres de esa edad como se permita, claramente alcanzan y aluden a aquellos de nuestro propio tiempo; porque su disminuición nosotros hemos sufrido tal desprecio y abuso, tanto en nuestras personas como en nuestras propiedades. ¡Dios perdone a los autores irracionales de ello!

33. El apóstol Pablo tiene un dicho de mucha importancia y fervor, en su epístola a los romanos, muy de acuerdo con esta doctrina de Cristo; es esta: "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y aceptable para Dios, que es vuestro servicio espiritual y adoración. No os conforméis a este mundo; más bien, transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, de modo que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta." (Rom 12:1-2). Él le escribió a un pueblo que estaba en medio de la pompa atrapadora y la gloria del mundo. Roma era la sede del César, y del imperio; la amante de la invención. Sus modas, como las de Francia hoy en día, eran como leyes para el mundo, por lo menos en Roma; donde se dice el proverbio: Cure fueris Romæ, Romano vivito more - "Cuando estás en Roma, debes hacer lo que hace Roma." Pero el apóstol tiene otra idea; él advierte a los cristianos de esa ciudad que no se conformen; esto es, que no sigan las modas vanas y las costumbres de este mundo, sino que las dejen. El énfasis está en esto, como también en conformarse; y como se insinúa, que este mundo, al cual ellos no debían conformarse, era la condición corrupta y degenerada de la humanidad en esa era. Por lo tanto el apóstol procede a exhortar a esos creyentes, y que por medio de las misericordias de Dios, el más poderoso y ganador de todos los argumentos, ellos fueran transformados; esto es, cambiados de la forma de vida que era habitual entre los romanos; y probaran lo que es la voluntad aceptable de Dios. Como si él hubiera dicho, examinen lo que hacen y practican; vean si es correcto, y si le agrada a Dios; lleven todo pensamiento, palabra y acción a juicio (Juan 3:21); prueben para ver si son obrados en Dios o no; para que ustedes puedan probar o conocer lo que es bueno, y aceptable, la perfecta voluntad de Dios.

34. La siguiente autoridad bíblica a la que apelamos, en nuestra vindicación, es un pasaje del apóstol Pedro, en su primera epístola escrita a los forasteros creyentes a través de las regiones de Pontus, Galacia, Capadocia, Asia, y Bitinia; las cuales eran las iglesias de Jesucristo en esas partes del mundo, reunidas por su poder y espíritu. Es esta: "Por eso, sean resueltos de la mente, sean sobrios, y esperan hasta el final la gracia que os es traída en la revelación de Jesucristo. Como hijos obedientes, no os conforméis a las pasiones que antes teníais, estando en vuestra ignorancia." (1 Pedro 1:13-14). Es decir, no ser hallado en las vanas modas y costumbres del mundo, a las cuales ustedes se conformaron en su ignorancia anterior; sino a medida que ustedes han creído en una manera más simple y excelente, sean sobrios y fervientes, y esperen hasta el fin. No se den por vencido; dejen que se burlen de ustedes; soporten la contradicción de los pecadores constantemente, como hijos obedientes, para que ustedes puedan recibir la bondad de Dios, en la revelación de Jesucristo. Y por lo tanto el apóstol los llama forasteros, usando lenguaje figurado, personas alejadas de las costumbres del mundo, que tienen nueva fe y modales; y por lo tanto son desconocidos para el mundo. Y si ellos son forasteros, entonces no se han de moldear ni conformar a sus respetos ni honores agradables, de los cuales ellos fueron alejados, porque la condición de forasteros consiste en dejar lo que era costumbre y familiar para ellos antes. Las siguientes palabras prueban que él usó la palabra forasteros en un sentido espiritual: "conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación" (1 Pedro 1:17); es decir, pasen el tiempo de su estadía como forasteros en la tierra con temor; no según las modas del mundo. Una palabra en el próximo capítulo explica aun más su sentido, donde él le dice a los creyentes que son un pueblo peculiar; a saber, un pueblo distinto, único y separado del resto del mundo; ya no para formarse a sí mismos de acuerdo a sus costumbres. Pero yo no sé cómo es posible, si ellos viven en comunión con los respetos y honores del mundo, que tal comportamiento no sea ser un pueblo peculiar o separado de las modas del mundo, sino más bien ser como ellas, conformándose a ellas.

35. Concluiré mis testimonios bíblicos en contra de los asuntos anteriores, con ese memorable y cercano pasaje del apóstol Santiago en contra de hacer distinción de las personas en general según las modas del mundo: "Hermanos míos, tened la fe de nuestro glorioso Señor Jesucristo, sin hacer distinción de personas. For if there come to your assembly a man with a gold rinPorque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y ropa lujosa, y también entra un pobre con vestido sucio, y sólo atendéis con respeto al que lleva ropa lujosa y le decís: "Siéntate tú aquí en buen lugar"; y al pobre le decís: "Quédate allí de pie" o "Siéntate aquí a mis pies", ¿no hacéis distinción entre vosotros, y no venís a ser jueces [de esa persona] con malos criterios?" (Santiago 2:1-4). Es decir, ellos sabían que hacían mal: "Si de veras cumplís la ley real conforme a las Escrituras: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, hacéis bien. Pero si hacéis distinción de personas, cometéis pecado y sois reprobados por la ley como transgresores." (Santiago 2:8-9). Esto es tan completo que parace que no me queda nada por añadir, o para que otros objecionen. No debemos hacer distinción [mostrar parcialidad a personas peculiares], esto es lo primero; lo segundo es, si lo hacemos, cometemos pecado, y quebrantamos la ley,* a nuestra propia cuenta y riesgo. Sin embargo tal vez algunos piensen que así nosotros derribamos toda distinción entre los hombres, bajo sus muchas cualidades, e introducimos un respeto recíproco y relacional en su lugar. Pero si así fuera, no puedo evitarlo; el apóstol Santiago debe responderlo, quien nos ha dado esta doctrina. Sin embargo uno más grande que él le dijo a sus discípulos, de quienes Santiago era uno: "Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean sobre ellos," .... "Entre vosotros no será así. Más bien, cualquiera que anhele ser grande entre vosotros será vuestro servidor" (Mat 20:25-27). Es decir, aquel que desee gobernar, y busque ser el mayor, será estimado como el menor entre ustedes. Para decir la verdad sobre todo el asunto, ya sea que consideremos aquellos tiempos primitivos del mundo, que fueron antes de la venida de Cristo o poco tiempo después, existía aun una sencillez más grande que en los tiempos en los cuales hemos caído. Porque esos tiempos primitivos del mundo, a pesar de lo malo que fueron en otros aspectos, fueron muy diferentes a estos disparates; no, ellos casi nunca los usaron, o por lo menos rara vez lo hicieron. Porque si leemos las escrituras, tales títulos como mi señor Adán, aunque fue señor del mundo, no se puede encontrar; ni tampoco mi señor Noé, el segundo señor de la tierra; ni tampoco mi señor Abraham, el padre de los fieles; ni mi señor Isaac, ni mi señor Jacob; ni mucho menos mi señor Pablo, etc., se pueden encontrar en la Biblia; y todavía menos su santidad, o su gracia. [¿Y qué se puede decir de los de hoy en día, como reverendo o su señoría?] No, entre los gentiles, las personas usaron sus propios nombres con más sencillez, y no usaron la ceremonia de discurso que ahora es practicada entre los cristianos, ni nada parecido a eso. Mi señor Solon, mi señor Poción, mi señor Platón, mi señor Aristóteles, mi señor Scipio, mi señor Fabip, mi señor Cato, mi señor Cícero, no se pueden leer en ninguna de las historias griegas o latinas, y sin embargo ellos fueron algunos de los sabios y héroes de esos grandes imperios. No, sus propios nombres eran suficientes para distinguirlos de otros hombres, y su virtud y empleo en el servicio público eran sus títulos de honor. Ni ha entrado mucho todavía esta vanidad en los escritores latinos, donde es familiar que los autores citen a los más eruditos y los más nobles, sin añadir nada a sus nombre, a menos que sea digno o instruido; y si sus obras se los dan, no nos afecta la consciencia el negárselos. Por ejemplo: los Padres sólo citan a estos: Policarpo, Ignacio, Irenao, Cipriano, Tertuliano, Origen, Arnobio, Lactancio, Crisóstomo, Jerónimo, etc. Escritores más modernos: Damascen, Rabano, Pascasio, Teofilacto, Bernardo, etc. Y de la última época: Lutero, Melanchthon, Calvino, Beza, Zuinglio, Marlorat, Vossius, Grotius, Dalleus, Amyralldus, etc. Y de nuestro propio país: Gildas, Beda, Alcuinus, Horn, Bracton, Grosteed, Littleton, Cranmer, Ridley, Jewel, Whitaker, Seldon, etc. Y sin embargo yo supongo que esto no será considerado como descortés o grosero. ¿Por qué entonces es nuestra sencillez [de los cuáqueros], (y tan honestamente fundada también, como consciencia en contra del orgullo en el hombre, y tan malvada y perniciosamente ama y busca adoración y grandeza), tan despreciada y abusada; y ese abuso viene de cristianos profesados también, quienes afirman ser seguidores de Aquel que ha prohibido estas costumbres necias, tan claramente como cualquier otra impiedad condenada en su doctrina? Yo les ruego seriamente a los amantes, usuarios, y los que esperan estas ceremonias, que permitan que este documento tenga alguna consideración y peso con ellos.

[*Santiago dice que mostrar parcialidad con las personas es quebrantar la ley. ¿Qué ley? La ley de Dios que está en el corazón de todo hombre y nunca ha sido cancelada. Para más información de este tema vea A menos que sus palabras y obras sean inspiradas por Dios, usted debe obedecer el corazón moral de la ley.]

36. Sin embargo, los verdaderos cristianos no son tan malcriados como el mundo piensa [retienendo las vanidades de los honores a los hombres], porque ellos también muestran respeto. Pero la diferencia entre ellos está en la naturaleza del respeto que ellos utilizan, y las razones de ello. El respeto del mundo es una ceremonia vacía, sin alma ni sustancia. El respeto de los verdaderos cristianos es sustancial, ya sea por obeciencia a los superiores, amor a los que son iguales, o ayuda y bondad a los inferiores. Siguiente, sus razones y motivos para honrar y respetar son grandemente diferentes. Las vestiduras finas, los títulos vacíos, o grandes ganancias son los motivos del mundo, y estas son cosas que sus hijos adoran. Pero los motivos del cristiano son el sentido de su deber ante la vista de Dios: primero a los padres y magistrados, y después a las relaciones inferiores; y por último a todo el pueblo, de acuerdo a su verdadera virtud, sabiduría, y piedad; la cual está lejos del respeto a las meras personas de los hombres, o a tener su admiración como recompensa; mucho menos con motivos tan pobres y bajos como la riqueza o la ropa elegante.

37. Fácilmente garantizaremos que nuestro honor y nuestra religión están más escondidos; y que ninguna de las dos cosas son de esa manera discernibles por los hombres mundanales, ni apreciadas por ellos. Nuestra sencillez es rara, burda, y está grandemente a contracorriente; pero así hizo y hace el cristianismo y por las mismas razones. Si el espíritu pagano no hubiera prevalecido por tanto tiempo bajo un disfraz de profesión cristiana, no sería tan difícil discernir el bien del mal. ¡Oh, que los cristianos se vieran a sí mismos con el espejo de la justicia, que les dice la verdad y les da un conocimiento exacto de sí mismos! Y después permítanles examinarse para saber qué es lo que en ellos, o alrededor de ellos, está de acuerdo con la doctrina de Cristo y su vida; y ellos deben pronto resolver, si son cristianos reales, o simplemente paganos bautizados con el nombre de cristianos.

ALGUNOS TESTIMONIOS DE ESCRITORES ANTIGUOS Y MODERNOS

EN FAVOR DE NUESTRO COMPORTAMIENTO

38. Marlorat, del estudio de Lutero y Calvino, con respecto a ese notable pasaje que recién cité del apóstol Santiago, nos da el sentido que los reformistas primitivos tenían del respeto a las personas con estas palabras, a saber: "Respetar a las personas así es tener consideración del hábito y el atuendo. El apóstol quiere decir que tal respeto de personas es contrario a la fe verdadera, y que ellos son completamente inconsistentes. Pero si la pompa, y otras consideraciones prevalecen, y debilitan lo que es de Cristo, es una señal de fe que está en decadencia. Sí, tan grande es la gloria y el esplendor de Cristo en una alma piadosa, que todas las glorias del mundo no tienen encantos, ni belleza, en comparación de aquella, para uno que esté tan justamente inclinado. El apóstol hace que un respeto así hacia las personas sea tan repugnante a la luz que está entre ellos, que aquellos que siguen estas prácticas son condenados desde el interior de sí mismos. De manera que la santidad debe ser la razón o el motivo de todo respeto externo; y que ninguno debe ser honrado por ninguna causa excepto la santidad." Así mucho Marlorat. Pero si esta es verdadera doctrina, estamos muy en lo correcto al rehusar la conformidad a los respetos vanos de los hombres mundanos.

39. Pero añadiré estas, las amonestaciones de un escritor antiguo educado, quien vivió alrededor de 1200 años atrás [500 d.C.], de gran estima, a saber, Jerónimo, quien, escribiéndole a una madrina noble, Celentia, dirigiéndola a cómo vivir en el medio de su prosperidad y honores, entre muchas otras instrucciones religiosas, habla de esta manera: "No haga caso a su nobilidad, ni deje que esa sea la razón para que usted gobierne sobre muchos; no estime a los que son de una extracción más pobre como inferiores; porque nuestra religión no admite hacer acepción de personas, ni nos induce a pensar altamente de los hombres, basados en cualquier condición externa, sino sólo de su estructura interna y disposición de mente. Es por esto que nosotros pronunciamos hombres como nobles o bajos. Con Dios, el no servir el pecado es ser libre; y sobresalir en virtud es ser noble. Dios ha escogido a lo pobre y despreciable de este mundo, con lo cual humillar a los grandes. Además, es una locura para alguien hacer alarde de su finura, ya que todos son estimados de la misma manera por Dios. El rescate de los pobres y los ricos le costó a Cristo un precio igual de sangre. Ni es importante en qué estado ha nacido el hombre; la nueva criatura no hace distinción. Aun si nosotros nos olvidamos de como todos hemos descendido de un Padre; nosotros debemos por lo menos perpetuamente recordar que sólo tenemos un salvador."

40. Pero debido a que estoy envuelto en contra de estas costumbres apreciadas e infructíferas, los efectos apropiados y deleites de mentes vanas y orgullosas, permítanme todavía añadir un pasaje más que es memorable de la manera que fue relatado por el famoso Casaubon, en su discurso de Usos y costumbres, donde él brevemente reporta lo que pasó entre Sulpitius Severus y Paulinus, obispo de Nola (quien había dado todo para redimir a los cautivos; mientras otros de esa función, para poder mostrar quién es su maestro, están haciendo a muchos tanto mendigos como cautivos, al aprovar el saqueo y encarcelamiento de los cristianos, por tener una consciencia pura con Dios). Él declara su caso de esta manera: "Él no es considerado un hombre civil ahora, los últimos años entre nosotors, ya que él lo piensa mucho, o rehusa suscribirse a sí mismo como siervo, aunque sea a uno igual o inferior." Al contrario, Sulpitius Severus una vez fue fuertemente amonestado por suscribirse a sí mismo su siervo, en una de sus cartas, diciendo: "Pongan atención, de aquí en adelante, de cómo ustedes, que siendo siervos son llamados a la libertad, se suscriben a sí mismos como siervos de alguien que es su hermano y siervo como ustedes; porque es una adulación pecaminosa, no un testimonio de humildad, darle esos honores a un hombre, que también es pecador, los cuales se le deben dar a un Señor, y un Maestro, y un Dios" Así podemos ver el sentimiento de algunos de los obispos más apostólicos, acerca de los modales y las modas tan consideradas con el pueblo que se llama a sí mismo cristianos y obispos, y quienes afirman ser sus sucesores. Lo que antes era pecado, por medio de ellos se ha convertido en un logro; lo que era entonces una adulación, ahora es repeto; entonces era apto ser severamente reprendido; y ahora, ¡ay! es merecer reprensión no usarla. ¡Oh monstruosa vanidad! ¡Cuánto, cuán profundamente, aquellos que son llamados cristianos se han sublevado de la simpleza de los días primitivos, y la práctica de los hombres y mujeres santos de las edades anteriores! ¡Cómo se han ellos degenerado convirtiéndose a las costumbres sueltas, orgullosas y lascivas del mundo, las cuales no son de Dios; a quienes el uso ha hecho estas cosas, condenadas por las escrituras, razón, y ejemplo, casi natural. Y tan insensibles son ellos de tanto la causa como los malos efectos, que ellos no solo continúan practicándolos, sino que ruegan por ellos, y de manera no cristiana se burlan de aquellos que no pueden imitarlos. Pero yo procederé a lo que queda todavía por decir en nuestra defensa, por rehusar otra costumbre, lo cual ayuda tanto a hacernos la piedra de tropiezo de esta era ligera, vana e inconsiderada.

 

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