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Un resumen sin terminología bíblica

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Hoy en día el hombre vive en un estado espiritual mucho más bajo que el de Dios, más bajo que nuestros antepasados originales. El hombre fue creado para estar unido con Dios firmemente en su corazón, guiando su corazón, enseñándole, y dirigiéndolo en un estado de gozo y felicidad perpetua. El hombre disfrutó esto por un tiempo, pero fue tentado por un espíritu contrario para llegar a ser como Dios, decidiendo lo que es bueno y lo que es malo, para hacer sus propias decisiones, sin el consejo, sabiduría, guía, y gozo de la dirección de Dios. Así cada hombre se hizo independiente de la dirección de Dios, decidiendo lo que era bueno y lo que era malo para sí mismo — y así cada hombre actuó en efecto como su propio Dios. Obviamente, todos sabemos que personas diferentes llegan a conclusiones diferentes. El hombre se hizo esclavo de sus propios deseos, placeres, ira, orgullo, y auto-gratificación con este comportamiento egocéntrico — a menudo a las expensas de otros alrededor de él.

Hay una historia completa de la lucha de Dios con este hombre egocéntrico, incluyendo cuando le dio un conjunto de reglas por las cuales vivir – que se llamaba la Ley, entregada por Moisés. Pero esto no resultó en la restauración a gran escala del hombre hacia la unidad con Dios. Esta restauración fue dejada a Dios, quien envió un hombre perfecto a la tierra, nacido de una mujer, pero concebido por Dios — el hombre llamado Jesús. Antes de venir a la tierra como un hombre, Jesús había creado previamente los cielos y la tierra, habiendo sido el primogénito de la creación de Dios en quien Dios entonces moró para gobernar los cielos y la tierra. Jesús se despojó de su gloria y parentesco, viniendo a la tierra para enseñar el próximo paso en la restauración de Dios. El hombre Jesús [que significa un salvador] Cristo [que significa con el espíritu de Dios] murió a manos de los hombres religiosos de su tiempo, quienes no reconocieron su carácter divino y retrocedieron ante la condenación divina de el egoísmo humano, de su orgullo, y de los rituales religiosos sin un cambio de corazón. Jesús nos dio muchas enseñanzas acerca del amor y la necesidad de eliminar el espíritu egoísta en cada uno de nosotros, de modo que el espíritu de Dios lo pueda reemplazar, restaurándonos a la unidad con Dios; y después para vivir una vida de gozo, paz, fe, bondad, amabilidad, paciencia y amor — mientras se disfruta la guía, consejo, sabiduría, y felicidad que se tiene con la guía de Dios.

Jesús vino para poder enseñar a los hombres y las mujeres cómo volver a estar en comunión y felicidad con su creador. Cuando el hombre cayó, había una semilla de Dios que todavía quedaba en el hombre y la mujer, llamada la Luz en el hombre. Cristo es esta Luz, la cual está en nuestras conciencias. Esta Luz nos hace sentir mal cuando mentimos o robamos, y ella silenciosa y anónimamente nos ruega que nos alejemos del mal. Esta Luz, dentro de todos los hombres, ha sido la fuente de sabiduría a través de las edades. Las buenas nuevas que Jesús anunció era que con obeciencia completa a la luz dentro de ellos, cada persona puede llegar a ser libre de pecado y llegar a estar unidos con Dios, teniedo comunión con Él en el cielo, pero mientras todavía estamos en la tierra. Cada hombre y mujer tiene su día de visitación en el cual el Espíritu de Dios razona con ellos para que cambien sus caminos. Si hacemos caso del consejo del Espíritu o la Luz dentro de nosotros, recibiremos más consejos. Si ignoramos el consejo, Dios nos ignora hasta que decidamos buscar su consejo y guía.

Jesús dio muchas enseñanzas acerca de cómo debemos cambiar para llegar a ser aceptables ante Dios, la más famosa de las cuales es su Sermón del Monte, (haga clic para leerlo). Entonces él nos dijo lo que debemos hacer para encontrar verdadera felicidad, paz, y gozo: hacer del buscar a Dios la prioridad más importante en la vida, aún más importante que la comida y el vestido; y que si lo hacíamos, todas nuestras necesidades serían suplidas. Él entonces nos dijo cómo buscarle, la única cosa necesaria, la buena parte, que nunca será quitada: venir a Élsentarse a sus pies, y oírle hablándonos. Esto es llamado "esperar a Dios." Esperar a Dios es sentarse persistentemente en humilde silencioescuchar su voz y sus palabrasvelar para oír sus revelacionesoír sus mandatos, y entonces obedecerle; sólo aquellos que prestan atención y le obedecen reciben las promesas eternas de Dios. Sin obediencia a los mandamientos que ha oído, no hay un progreso espiritual; pero la obediencia lleva hacia la pureza y la promesa de unión con Dios, entrando en otra dimensión de conciencia y discernimiento, el reino de los cielos. Jesús dijo que él había venido a la tierra a declarar las buenas nuevas acerca del reino del cielo, el cual no viene con señales externas, sino que está dentro y alrededor del hombre – una dimensión diferente en este mismo espacio físico.

Mientras esperamos a Dios, la Voz y la Luz del Señor nos enseñará qué debemos dejar de hacer y qué debemos negar. La Voz y la Luz nos enseñará los defectos egoístas de nuestro corazón; si nosotros nos lamentamos de los defectos que se nos muestren y resolvemos tratar de ser diferentes, (cuando somos llamados a cambiar nuestros caminos, es decir el arrepentimiento), él nos cambiará para poder ser capaces de ser diferentes – mostrándonos nuestros defectos y después quitándolos. A medida que continuamos esperando sus enseñanzas diarias, él nos cambiará con el tiempo, un defecto a la vez, hasta que lleguemos a ser puros. A medida que nos purifica, él se acerca a nosotros, dándonos la satisfacción de recibir sus estímulos, enseñanzas y entendimientos acerca de la vida de Dios  – a la cual Él desea restaurarnos. Por medio de nuestra fe en lo que oímos que Él nos enseña; por medio de nuestra creencia de que lo que estamos oyendo es Jesús, la palabra y la luz dentro de nuestro corazón; y por medio de nuestra obediencia a lo que Él nos manda a hacer; Dios entonces quita aún el deseo del pecado, uno por uno, de nuestro corazón por medio de su gracia.

Al final de la muerte del espíritu egoísta dentro de la persona, Jesús se unirá con esa persona, creando una persona completamente nueva, que se ve igual, pero cuya conciencia está en una dimensión más alta, viviendo en la presencia y gloria de Dios, y con la máxima felicidad posible, sirviendo a Dios con amor hacia los otros seres humanos — una vida completamente nueva que lo que hemos conocido. De la Palabra del Señor en el interior: "La nueva vida es tan radicalmente diferente como un hombre que ha vivido bajo tierra toda su vida, que de repente sale a la superficie para ver el sol, el cielo, las plantas, los animales, el viento, las estrellas." En 1690, el cuáquero Esteban Crisp, quien habitó en el reino, testificó que en un día bajo el gobierno de Cristo, (en el reino), uno tiene más placer y deleite que en mil días fuera de él.

Esta muerte del espíritu egoísta es llamada la muerte en la cruz, como la muerte física de Cristo sobre la cruz. Pero nuestra cruz no es una cruz física, más bien es las acciones de negación propia y obediencia a lo que el Señor nos manda. La negación propia comienza con esperar a Dios diariamente, de manera persistente y paciente, escuchando velando para oír sus mandatos, en vez de buscar nuestros propios placeres anteriores. La negación propia es entonces obedecer cualquier mandato que recibimos de Dios, haciendo que sea hecha tu voluntad en la tierra así como en el cielo, no nuestra voluntad.

Esta es la cruz interna de la negación propia. Lucas 9:23

Debido a que nuestro espíritu y mente son egoístas, al negar el yo, nosotros estamos matando lentamente nuestro espíritu egoísta, nuestra mente, caminos, palabras, y pensamientos. Al esperar a Dios, recibimos las enseñanzas de la gracialas convicciones de la gracia, y la eliminación del pecado por medio de la gracia, lo cual termina en nuestra salvación por medio de la gracia.

De modo que si usted desea agradar a su creador, o tener la sabiduría de su dirección, o conocer a su creador, o estar seguro de su felicidad máxima para siempre, usted tratará de escuchar y seguir la dirección de su creador. Buscar a Dios como la prioridad más importante requiere una fuerte motivación, la cual sólo Él puede proveer; y si usted le promete a Dios humildemente que usted hará lo mejor posible para encontrar la voluntad de Él para su vida, Él le responderá dándole una maravillosa revelación que lo motive a hacer que esa experiencia sea permanente.

Dios nunca nos quitará nuestro libre albedrío. Antes que el Señor nos quite lo impío de nuestro corazón (lo cual Él nos revela), debemos aprender a odiar y deplorar nuestros deseos, nuestras adicciones, nuestro orgullo y placeres. Debemos odiarlos tanto que nunca consideraríamos regresar a los patrones de egoísmo o rebelión en contra del liderazgo de Dios.

Cuando morimos, si no hemos sido purificados aquí en la tierra, seremos purificados en la vida siguiente. Pero la purificación en la vida siguiente (llamada Infierno), es mucho más dolorosa y difícil; y el resultado final después de la purificación, aunque es mejor que la vida en la tierra, es mucho menos satisfactorio que si somos reunificados con Dios mientras estemos en la tierra. El dolor, el tiempo, y la dificultad en el Infierno son directamente proporcionales al grado de nuestra auto gratificación en esta vida. Todos se lamentarán para siempre de que no usaron esta vida como una oportunidad para encontrar la unión con Dios mientras estamos en la tierra. Vean ¿Hay esperanza para todos? para más información acerca de este proceso de purificación en la vida siguiente.

Éste es el propósito principal de la vida — encontrar y ser unidos con Dios. Confíe en su creador. Dios es amor. Él quiere cambiarnos más que cualquier otra cosa, para que podamos estar en su compañía, para ser amados por él, y que nosotros lo amemos a él. Él es perfecto, con gran misericordia y bondad, con los brazos abiertos, anhelando a aquellos que escogen agradarlos. Pero, si somos egoístas, no habiendo aprendido a odiar nuestra ira, orgullo, lujuria, y adicciones, no somos aptos para estar en la presencia de Dios. La unión sólo puede suceder después de que somos purificados.

Las así llamadas iglesias cristianas de hoy no tienen idea acerca del arrepentimiento, la pureza, la unión con Dios, y la entrada al reino de Dios. Ellos dependen de las oraciones habladas con palabras especiales, de mojarse, comer hostias de pan o tomar jugo de uva — todos rituales y ceremonias supersticiosas, lo cual ustedes se supone que deben aceptar como verdaderos sin experimentar a Dios en sí mismos. Éste déficit es difícilmente sorprendente, cuando consideramos que los discípulos y los apóstoles de Cristo (Juan, Pedro, Pablo, y Judas) escriberon de falsos maestros y predicadores en su tiempo; y en el libro de Apocalipsis, Juan vio que el mundo iría tras los falsos profetas y la iglesia falsa, lo cual ocurrió poco tiempo después. En vez de enseñarles a escuchar al Señor ustedes mismos, los ministros de las sectas deficientes les leen la Biblia y les dicen que estudien la Biblia para crecer como cristianos. Pero el Señor desea enseñarle Él mismo, no hacer que usted oiga palabras leídas de un libro. Cuando el Señor le enseñe Él mismo, y si usted cree lo que usted oye que es cierto y que viene de Él, entonces, y sólo entonces, usted tendrá una fe verdadera en Dios; no fe en lo que alguien le dijo o en lo que usted leyó, sino la fe de la cual Dios es el autor y que Dios le da como regalo.

Cuando usted oiga al Señor hablándole, usted estará encantado; su fe crecerá a pasos agigantados. Él es bueno. Él nunca censura. Sus palabras y visiones son entendidas inmediatamente. Sus suaves recordatorios de la condición suya son fácilmente aceptados como si vinieran de un amigo amable o un padre. Él nunca mantiene un registro de las ofensas. A pesar de nuestras fallas, si las lamentamos y decidimos actuar mejor la próxima vez, él ya está listo para proceder con nuestro mejoramiento. Él le contará acerca de su amor por usted. Él lo animará y lo felicitará por sus éxitos. Él es perfecto. Él es el único Maestro verdadero, enseñándonos a negar la impiedad y los deseos mundanos, (dándonos instrucciones específicas de qué negar y qué abandonar), y cómo vivir sobria, justa, y piadosamente en este siglo.

Nota: Estos escritos se refieren solamente a los primeros cuáqueros.
Muchas de las sectas cuáqueras de hoy no exigen creer en Cristo o ni siquiera en Dios.

Hay muchos libros escritos entre los años 1650 y 1725 por los primeros cuáqueros — en inglés, sin necesidad de traducción, eliminando así muchos errores de traducción. Muchos de estos escritos están en este sitio, siendo el Diario de Jorge Fox y las Cartas los más prominentes. Todas estas cosas testifican de la experiencia de miles de hombres y mujeres que alcanzaron la pureza y la unión con Dios en su Reino. (Desafortunadamente, para el año 1880, los cuáqueros perdieron completamente cualquier sustancia de la verdadera religión y ya ni siquiera exigen una creencia en Dios). Los primeros cuáqueros tuvieron tres testimonios acerca de la validez de su mensaje de pureza:

  1. Amor los unos por los otros - y amor por sus enemigos.
    Jesús dijo: 'que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.' Juan 13:34-35 

  2. Los cuáqueros fueron perseguidos ampliamente por los congregacionalistas, bautistas, y presbiterianos — 13000 cuáqueros fueron encarcelados, 200 enviados a la servidumbre, y 869 muertos en prisiones o por grupos hostiles de "cristianos." Decenas de miles perdieron sus propiedades por no pagar los diezmos a las iglesias aprobadas.
    De sus verdaderos seguidores, Jesús dijo: "Un siervo no es mayor que su señor." Si me persiguieron a mí, también os perseguirán a vosotros; si guardaron mi palabra, también guardarán la vuestra. Juan 15:20
  3. Muchas señales y milagros acompañaron su ministerio y su mensaje.
    Los discípulos salieron y predicaron por todas partes, y el Señor los ayudaba en la obra y confirmaba su palabra con las señales que la acompañaban. Marcos 16:20 

El propósito de este sitio es mostrarle a usted la verdadera esperanza de pureza, unión con Dios, y entrada en el paraíso — el Reino de Dios — mientras estamos en la tierra y después para siempre. Hay tres claves para alcanzar esta esperanza, todas claves para que el poder de Dios obre en ustedes para cambiarlos:

  1. Creer en la promesa de pureza, unión, y entrada al paraíso — el reino de Dios
  2. Creer en el nombre de Jesucristo — sólo la creencia en su nombre desata el poder de Dios — pensar en su nombre cuando esperar a Dios.
  3. Llevar la cruz de Cristo por medio de la negación del yo y el resultante arrepentimiento.

Que, librados de nuestros enemigos,
sin temor lo serviríamos en santidad y en justicia
delante de él todos nuestros días.
Lucas 1:74


¡El recompensa a los que lo buscan diligentemente! Hebreos 11:6

Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo,
delicias a tu diestra para siempre. Sal 16:11

Vea Cómo Beneficiarse del Poder de Dios que Produce Cambio para más información acerca de cómo oír la voz del Señor, llegar a ser iluminados, alcanzar la paz, y ser restaurados a la comunión y la unión con Dios en el Reino de Dios.


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